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Qué no hacer en una discusión

Las personas crecemos e interactuamos en muchos contextos muy diferentes, formando nuestras opiniones y experimentando la vida de forma muy ampliamente diferente. Una de las experiencias que más crecimiento y conocimiento nos pueden aportar son las conversaciones con otros, y especialmente las discusiones, pero sólo si éstas se enfocan desde el respeto, la empatía y la voluntad de llegar a un entendimiento.

Generalmente, las discusiones que más nos remueven emocionalmente suelen ser con las personas más cercanas a nosotros (familiares, parejas, y amistades) y sobre los temas que más cerca nos tocan (creencias, experiencias emocionales, tareas o personas en común…). Por ello, es fácil sentirse desbordado durante un discusión y caer en conductas poco sanas y desadaptativas.

Tu interlocutor no es tu enemigo, sino todo lo contrario: sois un equipo, buscando llegar a un acuerdo o entendimiento. Con este artículo, intentaremos ayudarte a sortear los obstáculos que pueden surgir en una comunicación efectiva.

Estilos de comunicación y Apego

Existen tres estilos principales de comunicación que se ubican dentro del espectro de la comunicación que hay que tener en cuenta cuando hablamos con alguien.

Estilo pasivo

En un extremo estaría el estilo pasivo en el que no se suelen comunican las necesidades y deseos, pueden parecer sumisos o excesivamente flexibles para no expresar su opinión o enfrentarse a una confrontación (real o imaginaria).

Estilo agresivo

en el otro extremo, estaría el estilo agresivo, expresando de manera determinante las opiniones y deseos, pudiendo anteponerlas a las de los demás y frecuentemente invalidando a la otra persona.

Estilo asertivo

En medio se encontraría el estilo asertivo, cuando se expresan verbal y no verbalmente, con empatía y firmeza, lo deseado y defender sus posturas. Aunque el estilo ideal sería el asertivo, según la persona con la que estemos hablando, se puede cambia de un extremo a otro: por ejemplo, si la persona con la que hablo tiene un estilo más agresivo, pero no tengo una relación cercana ni me interesa el asunto a discutir, se puede adoptar un estilo más pasivo.

Estilo pasivo-agresivo

Un cuarto estilo de comunicación podría ser el estilo pasivo-agresivo, en el que la persona no se siente cómoda expresando su opinión y acaba interviniendo con frases irónicas o sarcásticas, hiriendo de forma enmascarada.

Otro factor importante es el estilo de apego, especialmente en el apego inseguro. Si se tiene un tipo de apego más evitativo, es probable que pueda haber un estilo de comunicación más pasivo, que directamente rehúyan las discusiones, para evitar el posible malestar, o más pasivo-agresivo para no enfrentarse de manera directa con la persona. Si se tiene un tipo de apego más ansioso-ambivalente, la comunicación puede ser más agresiva o pasivo-agresiva, al verse superados por las emociones que se puedan generar durante la discusión. Conocer tu estilo de apego y el de la persona con la que hablas (si está en tu entorno cercano), puede ayudar redirigir la conversación hacia una conversación más asertiva en la que ambos os sintáis lo más a gusto posible.

Tips para discutir bien

Elegir un tema de discusión

No saques errores del pasado o discusiones anteriores, a no ser que sea imprescindible o quieras usarlo de ejemplo para una conducta positiva (momentos en los que sí habéis gestionado la solución o te has sentido cuidado, escuchado, etc.). Cuando estamos discutiendo es fácil sentir enfado o frustración, lo que puede conectarnos con otros momentos en los que nos hemos sentido así anteriormente y acabar fácilmente en una serie de reproches poco útiles. Si hay varios asuntos que queráis discutir, aunque pueda parecer artificial, establecer momentos para poder discutir tranquilamente puede ser muy útil (así evitamos hacerlo en lugares o momentos poco apropiados).

Reflexionar y expresar

Las críticas constructivas pueden ser tan dolorosas como los ataques, esto no quiere decir que no puedas tomar un tiempo para reflexionar. Si tu o la otra persona estáis sintiéndoos atacados, es MUY IMPORTANTE y válido que podáis parar la discusión, antes de que ocurran estos ataques: esto quiere decir que la discusión se retomará cuando estéis más tranquilos, eso sí.

De la misma forma, ya sea antes o durante la discusión, tomate unos minutos para pensar qué te ha molestado o que quieres pedir. Habla desde tu punto de vista “Yo siento” o “A mí” es esencial para no caer en culpabilizar o en frases muy ambiguas y malentendidos, y hacerlo (siempre que se pueda) desde ejemplos concretos.

Turnos a la hora de hablar

Intenta no interrumpir, aunque parezca que lo que tienes que decir no puede esperar, si es importante, lo seguirá siendo dentro de 1 minuto. Así evitarás también estar enfocado en lo que te está comentando la otra persona y no tanto en lo que quieres responder.

No atacar

Aunque sientas mucho enfado o rabia, no te dejes llevar: puede resultar en gritos, insultos o comentario hirientes. No solo esto no ayuda a resolver el conflicto, sino que además puedes arrepentirte de lo que ha sucedido y la comunicación no será efectiva. Si no entiendes o estás de acuerdo con lo que la otra persona está expresando, intenta gestionar el impulso de rebatírselo (por ejemplo “pues no te sientas así” “no tiene sentido como te sientes”). Todos tenemos experiencias y emociones diferentes y todas ellas son válidas, por lo que es importante hacer porque la otra persona se sienta escuchada y validada, aunque no compartáis la misma experiencia.

Ni asumir ni generalizar

No asumir lo que la otra persona pretende, siente o piensa, no nos gusta que lo hagan con nosotros así que buscaremos no hacerlo. No está de más que puedas pedir aclaraciones o retomar lo que te han dicho para asegurarte de que estás entendiendo bien lo que se está comunicando: puede parecer absurdo, pero esto suele evitar malentendidos que escalen rápido la discusión. Tampoco uses generalizaciones, ya que estas no son pruebas concretas. No solo perderemos credibilidad, sino que estamos buscando resolver el conflicto sobre una base muy endeble.

Si te encuentras incomodo discutiendo o los conflictos te superan, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte a tener las herramientas necesarias para mejorar tu comunicación y reducir el malestar durante las discusiones.

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¿He sufrido violencia sexual?

La violencia sexual se refiere a cualquier actividad sexual que se impone a otra persona sin su consentimiento o que se obtiene mediante el uso de la fuerza, el miedo, la coerción o el engaño, además, la violencia sexual puede ocurrir en cualquier contexto y puede afectar a personas de todas las edades, géneros, razas, orientaciones sexuales y condiciones socioeconómicas. Al mismo tiempo, la víctima puede no haber podido dar su consentimiento debido a su edad, discapacidad, estado de intoxicación, vulnerabilidad o cualquier otra circunstancia que impida su capacidad de dar un consentimiento informado.

Hay muchos tipos de violencia sexual:

  • Violación: cuando una persona obliga a otra a tener relaciones sexuales sin su consentimiento.
  • Acoso sexual: se produce cuando una persona usa su posición de poder para obtener favores sexuales de otra, o para hacer comentarios o insinuaciones sexuales no deseadas.
  • Explotación sexual: se refiere a la utilización de la sexualidad de una persona con fines comerciales, como la prostitución, la pornografía, la trata de personas con fines de explotación sexual, etc.
  • Abuso sexual: se trata de cualquier actividad sexual que se impone a otra persona mediante la fuerza, el engaño o la manipulación, y que causa daño físico o psicológico.
  • Mutilación genital femenina: es una práctica que implica la eliminación total o parcial de los genitales femeninos externos.
  • Matrimonio forzado: cuando una persona es obligada a casarse contra su voluntad, lo que puede incluir relaciones sexuales no deseadas.
  • Acoso sexual por internet: se produce cuando una persona recibe mensajes, imágenes o comentarios de contenido sexual no deseados a través de Internet o las redes sociales.

El abuso sexual en la propia pareja

Tenemos la idea errónea de que este tipo de violencias sólo suceden en la calle y a manos de enfermos mentales y/o psicópatas. Sin embargo, la mayoría de los abusos sexuales ocurren en el hogar o en el entorno familiar y los perpetradores suelen ser personas cercanas a la víctima, como padres, hermanos, tíos, abuelos o la propia pareja.

Las conductas de abuso sexual dentro de la pareja pueden tomar muchas formas, y algunas de las más comunes son las siguientes:

  • Coerción: esto puede implicar la utilización de la fuerza física, la amenaza de violencia, la manipulación emocional, la intimidación o la presión para obligar a la pareja a tener relaciones sexuales.
  • Obligar a la pareja a tener relaciones sexuales sin protección: esto puede constituir una forma de abuso sexual y puede poner en peligro la salud de la pareja.
  • Controlar la sexualidad de la pareja: esto puede incluir la prohibición de tener relaciones sexuales con otras personas, la imposición de prácticas sexuales específicas, o la manipulación emocional para mantener el control sobre la pareja.
  • Amenazar con la violencia: esto puede incluir la amenaza de violencia física si la pareja no cumple con las demandas sexuales del abusador.
  • Ignorar los límites sexuales: puede implicar la insistencia para tener relaciones sexuales cuando la pareja no está interesada o no se siente cómoda, o la imposición de prácticas sexuales no deseadas o dolorosas. Las manipulaciones dentro de la pareja para tener sexo se refieren a cualquier comportamiento que una persona adopta para obtener gratificación sexual de su pareja, sin tener en cuenta sus deseos o necesidades sexuales. Esto puede incluir presionar o persuadir a la pareja para tener relaciones sexuales cuando no está interesada, utilizar la culpa o la manipulación emocional para conseguir sexo, o incluso ignorar las señales de que la pareja no está interesada en tener relaciones sexuales. Es importante destacar que estas “pequeñas” manipulaciones pueden parecer sutiles o incluso inocentes, pero en realidad son una forma de violencia sexual, ya que la persona que las ejerce está utilizando la fuerza o el engaño para obtener gratificación sexual sin el consentimiento de su pareja y pueden tener graves consecuencias emocionales y psicológicas para la víctima.

Si te has sentido identificada con algunas de estas formas de violencia, es importante que pidas ayuda, ya que dejar pasar este tipo de cosas, podría tener consecuencias muy negativas para tu bienestar psicológico y tu sexualidad.

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Acompañar un duelo: no sé cómo ayudar

Durante la vida, las personas que nos rodean y nosotros vivimos muchos duelos, desde una separación o divorcio, hasta el fallecimiento de un ser querido. Aunque pueda parecer que se respeta hoy en día los duelos, especialmente los fallecimientos (porque el duelo parece estar más justificado al conllevar una muerte física), se puede caer fácilmente en respuestas y frases estereotípicas, que suelen hacer más daño que bien. Te daremos unos consejos para poder acompañar a personas cercanas en su proceso de duelo.

1. El duelo es de la persona, no tuyo.

Aunque el impulso de dar opinión, consejos o ayuda puede ser muy fuerte, cada uno lleva el duelo de diferente manera y su experiencia es lo único que importa. Puede que tú hicieras las cosas de diferente manera en un duelo similar, o que hayas visto lo que puede funcionar, pero no intentes imponérselo a esa persona. Como acompañante, solo puedes estar presente, dar tu amor y apoyo, aunque no tengas respuestas o soluciones.

2. Anticípate ayudando en las pequeñas cosas.

Si esperar que esa persona te pida ayuda, seguramente no lo haga, ya que en este momento estará en modo “supervivencia” y no tendrá la energía o el interés para identificar qué necesita y a quién pedírselo. Por ello, intenta anticiparte avisándole de forma concreta como estarás ahí (por ejemplo, estaré de 5 a 7 el lunes, para ayudarte a pasear al perro). Es importante que estemos presentes y accesibles, sin agobiar y dándoles espacio.

También puedes ayudar en tareas recurrentes y aburridas que puedan aliviarle la carga del día a día, como pasear al perro, recoger el correo, hacer la compra, etc. Ten en cuenta que otro tipo de tareas pueden ser más delicadas, y que debes preguntar primero, ya que pueden ser significativas para la personas (aunque no para ti), especialmente si son reversible, como limpiar la casa o lavar la ropa: puede que esa botella vacía que vas a tirar, para ayudar de la mejor manera, sea la última cosa que una persona difunta tocó, o que el olor de una camiseta sucia sea algo a lo que esa persona se aferre.

Si se trata de tareas relativas al duelo (organizar el funeral, repasar los bienes en común, recoger la ropa de la expareja, etc.), ofrece la ayuda que quieras y puedas dar: aunque sea esa persona quien vaya a decidir, puedes acompañarle, haciéndoselo más ameno.

3. Céntrate en el presente.

Surgen de forma natural los comentarios sobre el pasado o sobre el futuro, pero no ayuda hablar de qué ocurrirá (con frases generalizadas como “todo estará bien”), ni del bienestar o felicidad que hubieran experimentado anteriormente (“al menos disfrutaste de esta persona años”). Es el momento de sentir el malestar, no podemos quitárselo y es injusto invalidar su dolor o menospreciarlo porque hubiera buenos momentos o porque creamos que el futuro será mejor (porque no podemos garantizarlo). Céntrate en lo que sabes al 100%: “esto duele, ahora mismo se siente fatal, estoy aquí para acompañarte y te quiero”.

4. Esto no tiene nada que ver contigo.

Durante el duelo, la persona puede pasar por muchas emociones y tiene derecho a sentirse desbordado. Esto puede generarte malestar, ya que puede herir tus sentimientos, ya sea por comentario que realicen o porque necesiten un espacio a solas (o en el que tú no estés). Ahora mismo, esa persona no puede cuidarte ni cuidar vuestra relación, no porque no quiera, sino porque no tiene espacio mental o energía para ello. No te lo tomes como algo personal, y busca apoyarte en otras personas, especialmente si decides estar presente mientras hace su duelo.

Especialmente, si su duelo resuena con el tuyo, o te genera mucho malestar presenciar el dolor de alguien, recuerda que tienes derecho a retirarte, ya que estar presente mientras alguien al que quieres sufre no es NADA FÁCIL.

5. Designar una persona que filtre el resto del mundo.

La cantidad de personas que quiere ayudar o la cantidad de información que recibir del mundo exterior pueden ser demasiado para la persona. Intentad elegir a una persona cercana y de confianza (o si eres tú) para ser el puente con todas esas personas que quieren dar o recibir información, para poder reducir lo abrumador que puede ser. Además, es importante poder normalizar el duelo, especialmente si te preguntan por esa persona: verbalizar que el duelo no tiene tiempos establecidos y que las reacciones son variadas (incluso poco consistentes, estando mejor en algunos momento y en otros peor).

Si tu duelo, o el de un ser querido a tu alrededor, se está complicando, no dudes en contactar con nosotras, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar todas las emociones y situaciones que aparezcan

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Recomendaciones a profesionales para trabajar con personas trans

Para la visibilidad Trans, nos hemos animado a traeros algunas recomendaciones aportadas por la evidencia científica, que ha demostrado que un correcto acompañamiento por parte de diferentes profesionales aumenta la salud mental y la sensación de bienestar de las personas Trans.

Esta pensado principalmente para profesionales de la salud mental no especializades en diversidad, para estudiantes que finalizan su formación, aquelles que se planteen realizar voluntariado con el colectivo LGTBIQA+, y la población con sensibilidad y curiosidad por revisarse prejuicios y estereotipos.

  • Primer paso, asumir que el género NO es un constructo binario.

Se ha de tener presente, que algunas personas trans han carecido de acceso a referentes, personas con visibilidad, modelos con los que sentirse identificades. Esto puede ahondar en un sentimiento de aislamiento social. 

  • Como acompañante, procura trabajar la aceptación a la ambigüedad, realiza un acompañamiento promoviendo el desarrollo y exploración sobre aspectos de género. Esto especialmente si se trabaja con población infanto/juvenil.

Realizar un acompañamiento sin juicios, asumiendo que la identidad de género como algo fluido y variable, ayuda a reducir sentimiento de rechazo o discriminación.

  • Importante, sobre todo para aquellas personas que comienzan a acercarse a la diversidad afectivo sexual y de género, que la identidad y la orientación son cosas diferentes. Revisa y recomienda referentes, forma y sensibiliza sobre terminología, estudia que recursos puedes ofrecer a las personas y sus familias para realizar un acompañamiento integral.
  • Es necesario tomar conciencia de los sesgos y actitudes fruto de la socialización, para realizar un acompañamiento respetuoso y transafirmativo.
  • Desarrollar sensibilidad frente a las situaciones de prejuicio y discriminación que reciben las personas trans. E identificar fortalezas, recursos de apoyo, estrategias de autodefensa y estrategias de afrontamiento para aumentar sus recursos de protección y autocuidado.
  • Se tendrá que identificar aquellos estresores que pueden permitir u ocasionan violencia, afectando al bienestar social y psicológico.
  • Si hablamos del acompañamiento a infancia y adolescencias trans, será sumamente importante que desarrollemos una constante actualización a través de literatura científica, así como una actitud crítica con mensajes polarizados, sin base ni evidencia científica.
  • Se anima a crear espacios de encuentro para compartir y validar las experiencias trans, aumentando con ello, la validación emocional, la empatía y la construcción de redes de apoyo.
  • Desde el ámbito profesional, especialmente desde la psicología se ha de entender que muchas de las preocupaciones, obstáculos y malestar, no tienen relación con la identidad de género, y sí con los efectos psicológicos que ocasiona el estrés por pertenencia a una minoría.
  • Uno de los valores importantes en el acompañamiento es identificar los apoyos afirmativos, y ayudar en la construcción de redes de apoyo sociales que acepten y afirmen su identidad de género.
  • En lo referente a las relaciones sexo afectivas, las profesionales que acompañan a personas trans, tendrán que hacerlo diferenciando si se trata de relaciones ya consolidadas o iniciales. En el momento de comenzar la transición, se procurará un acompañamiento a la pareja en el primer caso.
  • Promover la diversidad en la crianza y en la formación de familias para adaptarse a toda la variabilidad de formas que pueden adoptar.
  • Por último, animar a profesionales de la psicología a realizar investigaciones en las diferentes aéreas que afectan a las personas trans. A pesar de que han aumentado muy rápido la cantidad de investigaciones, todavía quedan muchos desafíos, sobre todo en el ámbito social.

Fuente:

American Psychological Association. (2015). Guidelines for psychological practice with transgender and gender nonconforming people. American Psychologist, 70(9), 832-864.

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Violencia intragénero ¿la puedo estar sufriendo?

Con este tipo de violencia nos referimos aquella que es ejercida dentro de una pareja LGBTIQ+ por parte de uno de sus miembros. En estas circunstancias, se puede señalar como violencia intragénero conductas en las que haya:

Violencia psicológica y emocional: Comprende los intentos de una persona de perturbar el bienestar mental y/o afectivo de su pareja. Puede ejercerse en público o en privado, siendo muy difícil de detectar cuando solo se ejerce en el ámbito privado. Esta violencia incluye: llamar por apodos, manipulación, insultos, críticas, humillaciones, abandono, aislamiento social, chantaje, control, amenazas o hacer sentir inferior al otro.

Violencia física. Es el acto deliberado o el intento de infligir lesiones físicas hacia la otra persona. Se considera violencia física independientemente de que se consiga o no el objetivo de dañar. Algunos ejemplos de violencia física son: bofetadas, patadas, ahogar, lanzamiento de objetos, empujones, agarrar a la víctima, limitarle la salida, mordiscos, negar el sueño o la comida, obligar a tomar sustancias nocivas para su salud, utilización de armas, intento de homicidio y asesinato.

Violencia sexual: Comprende cualquier actividad sexual no deseada impuesta a la persona por su pareja a través de intimidación o coacción o bien cuando se producen en otras situaciones de indefensión. Alguno ejemplos son: tocamientos no deseados, violaciones, negarse a usar protección en las relaciones, obligar a la pareja a realizar prácticas que no le gustan, obligarle a mantener relaciones sexuales con otros.

Violencia económica o financiera: Incluye el control de los gastos e ingresos de la víctima, hacer que la pareja dependa económicamente, negar el acceso a los recursos económicos, impedir la asistencia a clases o al trabajo o cualquier otra acción que haga que la pareja dependa económicamente o use la superioridad económica para controlar a la víctima

Violencia digital: Incluiría el ciberacoso, el sexting, controlar el móvil y las redes sociales, instalar aplicaciones de localización, amenazar por email o redes sociales, entre otras.

Violencia vicaria: La violencia vicaria dentro de una pareja es aquella en la que se causa daño físico y/o emocional los hijos e hijas que tienen en común para hacer sufrir a su pareja o expareja. Este tipo también incluye el daño causado a los menores por la observación de malos tratos entre los progenitores. El impacto psicológico es lo que se busca, a través del control, el sometimiento y las agresiones a personas que no están directamente involucradas en el núcleo del conflicto.

Las dinámicas que se dan dentro de este tipo de relaciones se parecen mucho a las de la violencia de género, no obstante, también tiene ciertos elementos que son característicos de las parejas que forman parte del colectivo LGTBIQA+, como veremos a continuación.

Outing: La pareja puede amenazar con revelar la orientación sexual de la víctima a sus jefes, amigos y familiares, lo que puede llevar a un gran aislamiento social y al despido.  El outing puede ser una herramienta de abuso y una barrera para buscar ayuda, ya que las personas LGTBIQ+ a menudo ocultan su orientación sexual o identidad de género por temor al estigma y a la discriminación.

Violencia relacionada con el VIH: Las amenazas de contagio y de descubrir el estado seropositivo de la pareja a sus familiares y amigos, impedirle tener acceso a la medicación o a tener prácticas sexuales seguras, manipular a la víctima a través de la enfermedad, etc.

Violencia sobre la orientación sexual: La orientación sexual puede ser utilizada como un método de control sobre la otra persona. La persona maltratadora utilizaría los estereotipos que definen a las personas LGTBIQ+, en general para abusar de su pareja por no entrar dentro de ellos. La persona maltratadora puede amenazar para limitar la participación de su pareja en la comunidad o desalentarla a denunciar porque al hacerlo avergüenza a la comunidad.

El uso de la LGTBIQ+ fobia interiorizada como herramienta de violencia psicológica. Las personas abusadoras pueden aprovecharse de la LGTBIQ+ fobia interiorizada de su pareja para ejercer control, manipulación o chantaje emocional.

¿Qué mitos pueden estar impidiéndome verla?

Los mitos sobre la violencia intragénero contribuyen a su invisibilidad y obstaculizan su adecuado tratamiento y, en consecuencia, la protección de las víctimas.

Los hombres gais nunca pueden sufrir maltrato por sus parejas. Las mujeres lesbianas nunca son maltratadas por otras mujeres. El maltrato no solo es una cuestión de sexismo, tambiénes un tema de poder, un tema legal y un tema de salud mental.

La violencia en parejas de hombres gais es una lucha justa entre iguales. En este punto los autores hablan del mito del ring de boxeo. Según este mito entre dos hombres no hay relación de maltrato, sino una situación simétrica. Este mito presupone que todos los hombres tienen una predisposición a ser violentos los unos con los otros.

En las parejas de mujeres nunca hay violencia. Según esto, las mujeres nunca son violentas en sus relaciones de pareja con otras mujeres.Esto es lo que algunas autoras definen como utopía igualitaria. Desde este marco teórico se piensa en la relación de pareja entre personas deun mismo género como un vínculo inmune a las relaciones de poder. Un idealcontradictorio, porque obvia las diferentes maneras de construir relaciones depoder a partir de la edad, de la cultura, del estatus profesional, etc. No hemos de olvidar que las lesbianas tienden, a construir relaciones de fusión o codependencia. Estas relaciones han sido definidas poralgunos autores como relaciones de poder, del poder que se ejerce através del mundo de las emociones.

 Quienes maltratan son siempre más grandes y fuertes. Esto supone presuponer que la violencia siempre es física y obviar la violenciapsicológica que puede darse en el seno de la pareja.

La violencia intragénero no es real o es menos grave: La violencia intragénero es un problema muy real y serio. Aunque las parejas del mismo género pueden experimentar algunos desafíos únicos, como la falta de recursos específicos para personas LGBTIQ+, el acoso y la discriminación, los patrones de violencia en las relaciones son similares a los de las relaciones heterosexuales.

¿Cómo puedo saber si estoy sufriendo violencia intragénero?

Si tu pareja te controla, si te dice con quién puedes hablar, dónde puedes ir o qué puedes hacer.

Si tu pareja te insulta o humilla: si te dice cosas desagradables sobre ti o te critica constantemente.

Si tu pareja te amenaza o intimida: si te amenaza con hacerte daño o te asusta para que hagas lo que ella quiere.

Si tu pareja te aísla: si te impide ver a tus amigos o familiares o si te aleja de ellos.

Si tu pareja te obliga a tener relaciones sexuales: si te fuerza a tener relaciones sexuales cuando no quieres o te manipula para que lo hagas.

Si tu pareja te agrede físicamente: si te empuja, te golpea o te lastima de alguna manera.

Si experimentas alguna de estas situaciones, es posible que estés sufriendo violencia intragénero. Es importante buscar ayuda y apoyo para salir de esta situación y asegurarte de estar segura, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.