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¿Qué es ser una persona altamente sensible?

En el mundo en el que vivimos, nos han enseñado desde pequeños a camuflar las emociones. Si un niño pequeño se cae, enseguida aparece un adulto que le dice que no pasa nada, que deje de llorar y continúe jugando. Ese pequeño detalle enseña a que las emociones calificadas de “negativas” sean escondidas.

Las emociones no son negativas ni positivas, todas y cada una de ellas son adaptativas desde la mayor alegría hasta la peor de las tristezas. Cuando una persona tiene la habilidad de poder ser consciente de sus emociones, reconociendo aquello que le perjudica, se le llega a etiquetar de
una persona “muy sensible”, no obstante, a veces lo confundimos con una persona con alta sensibilidad

¿Acaso sabemos lo que realmente significa una persona altamente sensible?

Utilizar esa etiqueta a la ligera infravalora a las personas con que realmente tiene una alta sensibilidad.

Los últimos estudios sobre el cerebro señalan que el hemisferio derecho de las PAS (persona altamente sensible) es más activo. Es la zona relacionada con las emociones, los sentimientos y la creatividad. Dentro de ella, el área frontal y la amígdala están en un estado de alerta superior al de la media. Estas estructuras se iluminan más en las pruebas de resonancia magnética.


• El lóbulo frontal es un centro para el procesamiento de la información social y es una pieza clave en el circuito de la empatía. Su hiperactivación se traduce en personas muy empáticas con una capacidad superior para entender las emociones de los demás y ofrecer una respuesta adecuada a sus necesidades.
• La amígdala es el centro del cerebro emocional y quienes la tienen más excitada viven las emociones con mayor intensidad. Según las investigaciones de Elaine Aron y su marido Arthur Aron, llegaron a la conclusión de que el 20% de la población mundial son personas altamente sensibles, lo que conlleva un sistema neurosensibilidad sensorial más desarrollado que el resto de la gente, esto hace que reciban mucha más información sensorial.
Los estudios parecen indicar que las PAS reaccionan al entorno y a los estímulos sensoriales de forma distinta. Esta forma de gestionar la información acerca de los estímulos externos es más lenta debido al procesamiento profundo. La naturaleza es muy sabía, ya que, la posibilidad de observar detenidamente y no dejarse llevar por los primeros impulsos permite que el ser humano analice la situación y valore que camino es el más indicado.


Las personas altamente sensibles pueden tener las siguientes características:


• Se ven afectados por la iluminación intensa, olores fuertes y alto nivel de ruido.
• Pueden sentir mayor estrés por la carga laboral y las aglomeraciones.
• Se identifican con personalidad más tímidas.
• Mayor creatividad.
• Llegan a sentir una empatía desbordada.
• La empatía les genera la necesidad de ser más solidarios.
• Facilidad para el enamoramiento.
• Un umbral de dolor más bajo.
• Pueden tener dificultad a la hora de marcar límites.
• Más observadores.
• Dificultad a la hora de gestionar las emociones.


¿Cómo identificar si soy una persona altamente sensible?


• Es importante hacer una revisión general de tu vida, para comprobar cómo te sentías en comparación a otros niños y cómo recuerdas tu mundo emocional en las diferentes etapas de tu vida, así como el cómo te percibían tus familiares.
• Leer e informarte todo lo que puedas sobre el rasgo y hacer los test que puedes encontrar en internet en la página de Elaine Aron: https://hsperson.com/ es por el momento el test más oficial con respecto a esto. Es muy fácil de responder.
Acudir a Psicoterapia Especializada en PAS, Acudir a un profesional de la Salud Mental que pueda ayudarte e investigar si tu experiencia hace referencia al rasgo o a otros aspectos psicológicos diferentes (ej: hipersensibilidad como respuesta al Trauma).


¿Qué puedo hacer si me doy cuenta que soy una persona altamente sensible?

  • Aceptación: No es una enfermedad, forma parte de tu capacidad de ver el mundo.
  • Observación de uno mismo: Investiga cómo te afecta tu sensibilidad, focalizarse en aquellos momentos que notaste mayor tensión, ver que estaba pasando, te ayudará a reconocer las situaciones que más te pueden perjudicar.
  • Poner límites: Absorbes una cantidad de información que te satura, pon en práctica la comunicación asertiva y respeta tus tiempos para volver a recargar la energía.
  • Actividades que te ayuden a canalizar: haz ejercicio físico (mejor suave y en contacto con la naturaleza), practica la meditación (mindfulness), trabaja la respiración con técnicas energéticas, pinta, toca un instrumento, canta o haz teatro…
  • Socializar: busca un grupo y si no lo encuentras, organiza tú uno. Conocer a otras personas con las que te sientes identificado te mostrará que hay más gente capaz de sentir como tú sientes.
  • Crear un espacio seguro: Intenta estar completamente solo con la menor información sensorial posible, cuando necesites desconectar. Estar en silencio y a oscuras te permitirá desconectar.
    Te recomendamos sobre el tema una serie de libros:
  • “Personas altamente sensibles”:Karina Zegers Beijl
    • “Niños con alta sensibilidad”: Karina Zegers Beijl
    • “El don de la sensibilidad” Elaine Aron
    • “El poder de la sensibilidad: Cómo identificar a las personas altamente sensibles y qué
    podemos aprender de ellas”.Libro de Carmen Bas y Kathrin Sohst
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El apego y las relaciones de pareja

Hace unos meses, publicamos un post definiendo el apego y explicando cómo los diferentes estilos podían afectar en la vida adulta. Puedes leerlo aquí. Hoy, queremos explicar, concretamente, cómo el tipo de apego de cada persona puede influir a la hora de establecer y mantener relaciones de pareja.

Recordemos que dentro del apego inseguro, podemos encontrar 3 subtipos: El apego ansioso, el apego evitativo y por último, el apego desorganizado. Afortunadamente, el apego desorganizado es el menos prevalente en la sociedad, por lo que centraremos el post de hoy en el apego seguro, el apego ansioso y el apego evitativo.

Comportamientos según el estilo de apego

Para entender mejor la diferencia entre estos estilos, observemos 3 casos diferentes:

  • Pedro lleva saliendo con Víctor un par de meses, lo pasan muy bien juntos y siente que le apetece dar un “paso más” en la relación. Al ver que ya no ha vuelto a quedar con otros chicos y que cada vez le apetece pasar más tiempo con Víctor, se plantea comunicarle cómo se siente y proponer que sean pareja estable.
  • Luis tiene muchas ganas de tener pareja, ha probado en varias aplicaciones y aunque ha conocido a gente maravillosa, nunca ha logrado establecer una relación duradera. Cree que ha tenido muy mala suerte, pero empieza a plantearse que quizás sea él el culpable, se pregunta si hará algo mal para que las relaciones no se mantengan.
  • María se define como un “alma libre”, dice que le encanta conocer gente, mantener relaciones sexuales, pero eso sí, “sin pillarse”. Se define como una persona autosuficiente. Cuando percibe que la persona que está conociendo exige más compromiso, empieza a experimentar agobio y miedo, y acaba rompiendo el vínculo.

Como explicamos en el anterior post, en función de la relación que establezcan nuestros cuidadores con nosotros, y el grado de sintonía entre nuestras demandas y sus respuestas, desarrollaremos una serie de esquemas mentales y expectativas, que repetiremos en la edad adulta.

Es como si nuestro cerebro esperara que la gente nos trate igual que nuestros cuidadores nos han tratado, y que por tanto, deberemos comportarnos y socializarnos, acorde a las estrategias que hemos desarrollado para que nuestros padres nos atiendan.

Pedro muestra un estilo de apego seguro, ya que no teme al compromiso y pretende afrontar sus dudas mostrando sus emociones y comunicándose de forma asertiva. Sabe que tiene derecho a exponer su postura y que la mejor forma de conocer la opinión de la otra persona es preguntando y explorando.

Luis, en cambio, se ha criado en un entorno inconsistente. Muchas veces, se ha tenido que ocupar de mediar entre las discusiones de sus padres. Su madre se caracteriza por ser muy ansiosa, con el fin de “proteger a su hijo”, le obliga a cumplir un horario estricto de salidas, pregunta con quién sale y se preocupa cuando llega tarde. Su padre, en cambio, se limita a apoyar a la madre, dice que llega muy cansado de trabajar y no tiene tiempo.

María, por otro lado, es una persona muy estudiosa desde la infancia. Con el fin de contentar a sus padres, siempre se ha esforzado en ser “la niña perfecta”, no meterse en líos y mantener un expediente brillante. Sus padres mantienen una relación que se caracteriza por escasas muestras de cariño, discusiones y una vida dedicada al trabajo. Al estar tan ocupados y mostrar poca expresión emocional, cuando María tenía un problema, tendía a guardárselo y no compartirlo, ya que igualmente, sería ignorada.

¿Qué consecuencias tiene esto?

No es que Luis esté haciendo algo mal o que resulte una persona insoportable, el problema es que desde pequeño, le han hecho sentir eso. Luis ha desarrollado un apego ansioso.

Luis ha crecido observando las innumerables preocupaciones de su madre, lo que le ha llevado a pensar que el mundo es caótico e impredecible, que no te puedes fiar de nadie. ¿Qué hace su cerebro para poder enfrentarse a ese mundo impredecible? Controlar, intentar tener todo bajo control.

No es que María sea un alma libre, es que desde pequeña, ha tenido que cubrir sus necesidades por ella misma porque sus padres no le han ayudado adecuadamente. María ha desarrollado un apego evitativo.

Como sus padres no atendían sus necesidades y apenas expresaban su afecto, María tiende a evitar las situaciones que implican intimidad, como lo son las relaciones de pareja estables. Inconscientemente, y a modo de superviviencia, su cerebro no se permite pedir ayuda, expresar emociones o establecer vínculos comprometidos, porque no quiere reexperimentar la sensación de rechazo.

Pedro, a diferencia de María y Luis, y a pesar de darle vergüenza dar el paso de tener una conversación con Víctor acerca de su relación, no se siente responsable de las emociones de su pareja, ni cree que por expresar cómo se siente vaya a molestarle o ser ignorado.

Ansioso y evitativo, una mala combinación

Ante una amenaza, así como el ansioso se hiperactivará, el evitativo, en cambio, se desactivará. Por lo que cuando experimenten peligro, el ansioso tenderá a aproximarse más, preguntará, se reasegurará de la información, se mostrará más cerca; mientras que el evitativo, se alejará.

Imaginaos las parejas que están formadas por una persona ansiosa y otra evitativa: La excesiva proximidad del ansioso implicará una amenaza para el evitativo, por lo que se alejará aun más, algo que el ansioso percibirá como peligroso. A consecuencia, se aproximará más y se formará un círculo vicioso.

Si te has sentido identificado con alguno de estos comportamientos y experimentas malestar en tus relaciones, no dudes en escribirnos. Afortunadamente, el estilo de apego de cada uno no es irreparable y éste puede modificarse con psicoterapia.

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¿Qué es la cultura de la violación?

Puede que muchxs de nosotrxs pensemos que en nuestro país ya se ha conseguido la igualdad total entre hombres y mujeres o que estemos muy cerca de conseguirla, de hecho, España es el sexto país con mayores índices de igualdad entre hombres y mujeres de la unión europea. Sin embargo, cada año crecen de forma significativa las denuncias por delitos contra la libertad sexual.

Actualmente se denuncian seis violaciones al día, es decir, una cada cuatro horas. Pero ¿cómo es posible que estemos avanzando tanto en igualdad y que al mismo tiempo haya cada vez mas denuncias por delitos sexuales?

Por una parte, hay que tener en cuenta que cada vez denunciamos más, puesto que estamos mucho más concienciadas al respecto, no obstante, no denunciamos porque sí, si hay denuncias es porque hay violencia.

Por otra parte, ha habido una incidencia en este tipo de delitos porque según afirman lxs expertxs, algunos han visto peligrar sus privilegios y continuar ejerciendo este tipo de violencia es una forma de seguir posicionando a las mujeres en una situación de subordinación.

Además, partidos políticos con gran representación parlamentaria han negado en reiteradas ocasiones la violencia de género.  Hace menos de un año se intentó tumbar la ley “sólo sí es sí” por considerarla “innecesaria”, “una caza de brujas” y por asegurar que criminaliza a los hombres, además de ridiculizar que se ponga en el centro el consentimiento.

Este tipo de discursos tan habituales, sostienen la cultura de la violación.

¿Qué es entonces la cultura de la violación?

La cultura de la violación es un término utilizado para referirse a sociedades que normalizan la violencia sexual, al ignorarla, minimizarla o fomentarla con actitudes misóginas. Básicamente consiste en normalizar cualquier tipo de violencia sexual al considerarlo algo cotidiano, negar la gravedad o el daño, culpar a la víctima o partir de una concepción estereotipada de lo que es una agresión sexual o de cómo es un violador. Es decir, solo se consideran violaciones las que se llevan a cabo bajo coacciones y agresividad y los violadores son enfermos mentales y/o psicópatas.

Lo que no encaja dentro de eso no se considera una violación y muchos abusadores tampoco se perciben como tal porque son personas adaptadas y con un buen circulo social que los respalda, además lejos de considerarse abusadores, son calificados por gran parte de la sociedad como “machotes”.

Sin ir más lejos, hace unos días, uno de los streamers más seguidos de España, llamó “trucazo” al hecho de ir a las discotecas sin consumir ningún tipo de sustancia y “llevarse a pibas que sí estaban colocadas”, además al colega protagonista de tal hazaña lo denominó “crack, fuera de serie y un puto pro».

Mientras que al hombre se le alaba por cometerun acto cuanto menos cuestionable, las mujeres tienen que escuchar este tipo de frases:

Normal que te digan cosas, mira cómo vas vestida.

Es que bebes mucho, no tienes cuidado.

No dijiste que no.

Dices que no, pero en el fondo quieres tema.

¿Cómo quieres que te respeten si no te respetas a ti misma?

¿Dónde ibas tus sola a esas horas por la calle?

Si no querías follar, ¿para qué fuiste a su casa?

¿Quién te va a violar a ti con lo fea/gorda que eres?

Voy a invitarla a una copa, a ver si ‘cae’.

A ‘esta’ la emborracho y me la ligo.

Normal, si es que vas provocando.

En definitiva, aun queda mucho por hacer, empezando por no repetir este tipo de discursos ya que hacen apología de la violación. Y si tú dices o has dicho este tipo de frases te invitamos desde aquí a que te lo pienses.

Si te has sentido identificadx con este post por haberte sentido cuestionada, en Quiero psicología podemos ayudarte.

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Operación bikini: frustración asegurada

Se acerca el verano y ya muchos se encuentran en la famosa operación “bikini”. Lo que podría ser un objetivo (como cualquier otra meta que podamos marcarnos), acaba derivando muchas veces en conductas desadaptativas y hábitos poco saludables como: dietas restrictivas y culpa al comer, ejercicio desmesurado, o expectativas poco realistas. No te preocupes…

Te damos 6 tips para rebajar tu nivel de ansiedad

Identifica si tu meta surge de ti o de tu entorno:

Como presiones sociales y estereotipos del “cuerpo ideal”:

¿Hay un cuerpo ideal para disfrutar de la playa o piscina? ¿Quieres cambiar tu cuerpo o es lo que se supone que se hace ahora?

¿Por qué es una meta ahora y no es un hábito que has querido implantar antes? Si tienes dudas al respecto, intenta limitar tu uso de redes sociales, especialmente con perfiles que normalicen este tipo de conductas desadaptativas, o al menos intenta seguir perfiles educativos y sanos. Por ejemplo, perfiles que fomenten el movimiento #bodypositive para normalizar todos los cuerpos e identificar estereotipos y mitos sobre la belleza y mensajes sociales de autoexigencia y odio hacia tu propio cuerpo.

Valora las expectativas que puedas tener:

Es cierto que un objetivo específico ayuda a motivarnos durante el camino, pero queremos ser realistas: Si crees que en unos meses puedes conseguir aquellos que en un año no has conseguido, puede que tengas que reajustar las expectativas del cambio esperado: “tal vez no tendré el estómago plano, pero puedo tener algo más hábito de deporte que antes”. ¿Qué es lo que quiero cambiar específicamente? ¿Mis hábitos alimenticios? ¿mi resistencia o nivel de ejercicio? ¿Mi cuerpo? Cuanto más medible y pequeños sea el objetivo mejor, siempre puedes aumentar tu objetivo si lo vas consiguiendo.

Ten en cuenta las resistencias:

Si no lo has hecho anteriormente, puede que sea porque es más complicado de lo que se pueda uno imaginar. Cambiar hábitos no ocurre de la noche a la mañana, sé consciente de los esfuerzos que estás dispuesto a hacer y del coste que tienen. Por ejemplo, puede que quiera adelgazar un par de kilos, pero si no estoy dispuesto a cambiar mi alimentación, ni mi nivel de actividad, ni experimentar emociones desagradables en ese reajuste, puede que esa estrategia no sea la ideal, o al menos de una forma extrema.

Sé compasivo contigo mismo:

Celebra los pequeños logros, si no ves los progresos que quieres, intenta averiguar si se trata de la estrategia que has utilizado (si puede cambiarse en intensidad o cambiar de estrategia por completo). No olvides que recurrir a un profesional, es una estrategia muy útil, especialmente si no se ven progresos. Puedes practicar esa autocompasión y aceptación con meditaciones o audios centrados en la aceptación y/o compasión. También, acepta las emociones como frustración o rabia que puedan surgirte, son señales que pueden ser muy útiles y luchar contra su aparición puede ser mucho más contraproducente.

Respecto a la alimentación:

Recuerda que no existe una solución mágica para perder peso, especialmente si la intención es no recuperarlo después: las dietas restrictivas pueden funcionar, pero pueden tener un gran impacto negativo en nuestra salud y ser poco efectivas a largo plazo. Intenta buscar una nutrición equilibrada o intuitiva: sigue perfiles de profesionales habilitados que promocionen ese tipo de alimentación o busca la ayuda de un profesional (nutricionistas, endocrinos…) que pueda conocer tus circunstancias específicas para aconsejarte mejor. Puedes probar comer con atención plena, para poder pausar la ingesta y ser más consciente de tus sensaciones físicas y sabor de la comida. No queremos obsesionarnos con la alimentación, solo aprender a alimentarnos con cariño y equilibro. Si crees que eso ya está pasando (cuentas calorías, realizas conductas de forma extrema para compensar, te privas de comer, etc.), es importante que busques ayuda profesional para trabajarlo.

Si estás intentándolo y experimentas alguna de estos síntomas, o simplemente crees que necesitas apoyo profesional para manejar todas aquellas emociones que se asocian a la ambigua “operación bikini”, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantados de ayudarte.

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Cuando el conflicto no tiene solución

¿Te has visto enfrentándote al mismo conflicto una y otra vez con algún ser querido? ¿Te encuentras repitiendo los mismos argumentos y escuchando la misma respuesta una y otra vez?

Lo cierto es que hay algunos conflictos que no tienen solución como tal: porque nadie va a dar su brazo a torcer o porque hay factores o circunstancias que se escapan a nuestro control. A veces soy yo la persona que no está dispuesta a cambiar y en otras ocasiones es la otra persona quién no quiere (o no puede) cambiar.

Encontrar un punto medio entre mis deseos y los de la otra persona puede ser extremadamente difícil, pero en otras ocasiones es imposible. Yo puedo tener necesidades que son incompatibles con las de la otra persona y por desgracia puede no haber ningún punto medio u opción de consenso.

Identificar que no vamos a llegar a un acuerdo es crucial, además de un acto de valentía. Es muy difícil reconocer que no podemos encontrarle solución a algo, pero nos ahorrará mucho sufrimiento y malestar a largo plazo.

En estas situaciones cabe plantearse: ¿me merece la pena discutir por esto? ¿Quiero continuar esta conversación? Si la respuesta es no te ofrecemos a continuación dos opciones para abordar estas situaciones.

Lo primero es recordar mis derechos asertivos:

Tengo derecho a decir que no.

Tengo derecho a actuar conforme a mi criterio y mis valores. Tengo derecho a expresar mis emociones y mis necesidades.

Una vez recordemos nuestros derechos nos será más fácil ejercerlos.

Existen múltiples técnicas de asertividad que nos pueden ayudar a ejercer nuestros derechos asertivos y poner distancia con ciertos conflictos. Hoy exploraremos las siguientes: el disco rayado y el banco de niebla.

El disco rayado: ¿hemos establecido un límite que no se está respetando? ¿ya hemos dicho que no queremos hacer algo o que no queremos quedar esta tarde, pero nos insisten?

El disco rayado consiste en expresar nuestro límite una y otra vez (exacto, ¡como un disco rayado!). “No, no voy a ir”, “te agradezco la oferta, pero no voy a acudir”, “no voy a hacerlo”.

Podemos usar nuestra creatividad para repetir lo mismo parafraseándolo de distintas formas o simplemente repetir la misma oración una y otra vez “no, gracias”.

Por supuesto también podemos ofrecer quedar otro día, hacer planes en otro momento u ofrecer alternativas a lo que nos están proponiendo, pero es importante recordar que si no queremos hacer algo estamos en nuestro derecho.

Y, sobre todo si nos insisten o presionan no tenemos que dar ninguna explicación respecto a nuestro comportamiento.

La segunda técnica de asertividad que nos puede ayudar en estas situaciones de conflicto sin solución es el banco de niebla.

En ocasiones, podemos envolvernos en discusiones que no van a ningún lado y no queremos continuar. Las emociones pueden escalar y vemos que nos está afectando y queremos parar la discusión. Esta estrategia es especialmente útil cuando quiero decir que no o si se me falta al respeto o se está teniendo un comportamiento hostil hacia mí.

Similar al disco rayado, puedo escoger verbalizar oraciones que no entran en el conflicto. Escojo no añadir más leña al fuego e intento parar la situación, sin intentar imponerme ni dar la razón a la otra persona.

Algunos ejemplos de respuesta si nos presionan, nos acusan o machacan y no queremos escalar el problema son los siguientes: “lo tendré en cuenta”, “lo pensaré”, “lo reflexionaré”.

En ningún caso estamos pretendiendo quitarle la razón o invalidar a la otra persona, pero tampoco estamos cediendo ni dando la razón. “Entiendo lo que dices, pero yo no lo veo así”.

Por último, es importante recordar que nuestros derechos asertivos también conllevan responsabilidad asertiva (y afectiva). Si yo tengo derecho a decir que no, a querer parar una situación que me hace daño o en la que siento que se está siendo hostil contra mí, las demás personas también tienen esos mismos derechos.

¿Y tú, qué más derechos asertivos se te ocurren que tenemos todas las personas? ¿De qué forma podrías ejercitarlos y honrarlos más a menudo?

Y ya sabes, si o te sientes capaz de ejercitarlos ya sabes que en Quiero Psicología estamos para ayudarte.

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La impaciencia cognitiva

Reinventarse es una cuestión que nos ha tocado hacer desde que empezaron los contagios por COVID-19. La vida, en ocasiones, nos da la sensación de ser frenética e imparable, haciendo malabares para llegar a todo tipo de planes posibles, entre lo social, lo laboral y lo personal.


Tomarnos una pausa y esperar pacientemente es bienvenido cuando se opta por ello de manera voluntaria. Sin embargo, estos nuevos tiempos nos ha obligado a frenar los ritmos de vida, modificar nuestros planes y manejarnos con lo único que tenemos claro, el presente.

No obstante, no vivimos desconectados y cada vez más, estamos aumentando nuestra focalización en las nuevas tecnologías y en las redes sociales. El mundo de internet sumado a la impaciencia de quererlo todo “ahora y rápido” esta ocasionando la denominada, Impaciencia cognitiva.


La impaciencia cognitiva hace referencia a la falta de atención sostenida, provocando el salto de tarea en tarea sin llegar a terminar ninguna. Los principales afectados por ella serían personas jóvenes y de mediana edad. La exposición continuada a los entornos digitales donde hay tanta información produce cambios dinámicos cognitivos en las personas.

La soledad ha dejado paso a una presencia permanente que nos interrumpe constantemente y en cualquier circunstancia, una presencia que se encarga en la mensajería instantánea, las redes sociales, el consumo compulsivo de información, etc.


¿Cómo nos puede perjudicar por lo tanto, este fenómeno?


• La falta de atención disminuye nuestra capacidad para tomar decisiones por nuestra propia cuenta y limita el pensamiento libre.


• La tranquilidad es necesaria para la concentración y la reflexión; estar en constante interrupción por el poder que ejercen las nuevas tecnología impide esa calma.


• Al ser víctima de la impaciencia cognitiva, resulta más complicado comprender ideas complejas.


La retención de información en la memoria también se ve afectada, si no hay focalización no se puede llegar a realizar el ejercicio de memorización.


• La falta de atención llega a afectar a las relaciones sociales.

Es importante resaltar que todo esto puede conllevar a una alteración de nuestro sistema basal, conllevando un trastorno ansioso. La impaciencia cognitiva ataca precisamente la atención superior, esa que potencia nuestra autoconciencia y las capacidades de crítica, deliberación y planificación.


Cuando saltamos de un estímulo a otro, solo capta nuestra atención aquello que consideramos peligroso o que tiene una gran repercusión emocional. De los 20 titulares por los que discurren nuestros ojos, solo nos atrapará aquel que genere una resonancia emocional. Por lo tanto, nos focalizaremos en aquello que consideraremos peligroso y se pondrán en marcha nuestro sistema de alerta fisiológico.


¿Cómo escapar de la cultura de la impaciencia?

Aprender a crear espacios de calma y tranquilidad en los que cultivar la paciencia.

No hace falta coger un fin de semana y escapar al campo para que seamos capaces de crear nuestro propio espacio de intimidad y relajación. Es decir, intentar buscar en los huecos disponibles de nuestro día a día un momento “refugio” aquella actividad, paseo o ejercicio que nos ayude a desconectar y centrarnos en el presente. Las técnicas de relajación y la respiración abdominal nos ayudarán a controlar las sensaciones fisiológicas y de ésta manera, también nuestra mente. Otros ejercicios que pueden ser beneficiosos son los relacionados con la atención plena. Por ejemplo, si notas ansiedad y la aceleración, céntrate en un objeto y descúbrelo como si fueras un niño pequeño, poniendo esa atención en la forma, color, olor, sabor, tacto, función, etc.


Reflexionar sobre nuestra vida y darnos cuenta de cómo esa ansiedad por tener resultados inmediatos nos puede llevar a veces a tomar decisiones precipitadas.

Una vez hecha las reflexiones y ser conscientes, necesitamos ponerlo en práctica. Poniendo fuerza de voluntad acabaremos consiguiendo un nuevo patrón de conducta, poco a poco. Elige un aspecto pequeño de tu vida cotidiana en el que hayas detectado que tienes poca paciencia. Regula la situación mediante auto-instrucciones que te permitan controlar el impulso nervioso (“no tengo motivos para tener prisa, puedo intentar hacerlo con calma”).


A medida que vayamos notando los efectos y beneficios de practicar la paciencia, nos iremos motivando y podremos pasar a ampliar el entrenamiento a otra actividad cotidiana… y luego a otra y luego a otra. De esta manera se estarán produciendo nuevos automatismos. Podremos observar la agradable sensación de tener el control y entonces no nos importara esperar para retomar determinadas actividades o planes que teníamos planificados.

Si necesitas ayuda para poder retomar el control, no dudes en acudir a un profesional de la psicología. Nosotras estamos aquí para ayudarte a ello.

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Enfermedades psicosomáticas: cuando el cuerpo habla

Es probable que al leer el título del post te hayas preguntado qué son las enfermedades psicosomáticas. Para entenderlo mejor, pondremos dos ejemplos.

Imaginemos a una mujer que durante unos meses ha sentido dolor en una mano. Ha sufrido un periodo de estrés agudo en el que ella no ha reparado. Ante esa preocupación, acude a diversos médicos y tras varias pruebas no hay explicación orgánica para su molestia. Es posible que continue por una peregrinación a diferentes especialistas sin obtener una respuesta.

Imaginemos ahora a un hombre recientemente separado. Su mujer ha roto la relación y él no se esperaba esta decisión. Se ha aislado de su entorno y siente mucha rabia constante desde que ocurrió. Ha sufrido un infarto de miocardio.

Estas situaciones se diferencian en que en el primer caso la persona está sufriendo una dolencia que no puede explicarse desde un diagnóstico médico. En el segundo caso, la afección psicosomática se presenta en forma de enfermedad (infarto). A su vez también tienen algo en común y es que ambas pueden ser abordadas desde la medicina psicosomática, puesto que en los dos casos los factores psicológicos están implicados.

No hay mente separada del cuerpo.

¿Qué es la psicosomática?

Inicialmente el término “trastorno psicosomático” se refería a aquellas enfermedades cuyo inicio estaba relacionado con factores psicológicos. En su concepción más actual, no se reduce a eso, sino que se considera que el desarrollo de una enfermedad surge en un sistema donde el cuerpo, el individuo y su contexto están en constante interacción. De hecho, la OMS define la salud, no como ausencia de enfermedad, sino como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”.

¿Cómo se presentan en nuestra vida?

Es más que probable que en determinado momento de tu vida hayas sufrido problemas de acné repentino. No es casualidad que muchos síntomas físicos sean dermatológicos, es la superficie que nos separa del entorno y donde se plasman las emociones. De ahí frases como “tienes la piel muy fina” “tengo la carne de gallina”.

En el siguiente listado, aparecen los tipos de enfermedades psicosomáticas más frecuentes.

  • Diabetes
  • Afecciones gastrointestinales: síndrome de intestino irritable, úlceras
  • Afecciones cardiovasculares: hipertensión, infarto de miocardio.
  • Dermatología: acné, eczemas, psoriasis, alopecia areata, dermatitis
  • Trastornos del sueño
  • Aparato respiratorio: ej. asma
  • Dolor crónico: Fibromialgia, artritis reumatoide
  • Migrañas, cefaleas tensionales

Factores influyentes en la vulnerabilidad a las enfermedades

Experiencias tempranas y estrés:

En las primeras experiencias vitales cualquier elemento resulta novedoso y requiere de una respuesta para su adaptación y posterior integración. Numerosos estudios han relacionado la importancia de las figuras de apego para la regulación de estas primeras experiencias. Si el cuidador principal no traduce esta experiencia en elementos entendibles para el menor, este evento generará miedo y desconcierto y asumirá creencias erróneas sobre sí mismo y el mundo. A veces afectará generando una hiperactivación del eje de estrés y también se ha observado que en función de la experiencia puede generar una baja activación del mismo como una forma de desconectar de la situación y tener cierta seguridad. Sea como fuera, su implicación futura es importante ya que, si tanto por exceso como por defecto el cuerpo no reacciona en proporción con la carga de estrés, no se produciría la adaptación adecuada dejando al cuerpo en una situación de alta vulnerabilidad.

Eventos traumáticos:

Cuando una situación supone un alto impacto emocional hay una desconexión con la parte del cerebro que integra toda la información de la experiencia, pero quedará recogida en el cuerpo en forma de sensaciones. El trastorno psicosomático es el lenguaje del cuerpo cuando no podemos poner en palabras algo que nos sobrepasa. Se bloquea el sufrimiento, pero se abre una puerta a la expresión mediante la enfermedad del cuerpo.

Red de apoyo social:

La red de apoyo es un factor de protección de la salud puesto que ayuda a disminuir los niveles de estrés y por ende disminuye la vulnerabilidad a enfermar. Indudablemente, si se ha desarrollado enfermedad tener una red de apoyo ayuda a soportar el impacto emocional que supone recibir un diagnóstico y puede contribuir favorablemente al curso de la enfermedad.

Factores de protección de la salud:  

Hace referencia a la relación de estilos de vida insanos y el desarrollo de enfermedades frecuentes como por ejemplo la diabetes.

¿Cómo puede ayudar la terapia?

Como hemos comentado el estrés juega un papel fundamental en el desarrollo y evolución de las enfermedades, por lo tanto, la terapia puede ayudar a adoptar estrategias de afrontamiento más adaptativas y adquiriendo herramientas para el control de la activación.

También se ha relacionado la presencia de trastornos psicosomáticos con la alexitimia (literalmente significa “sin palabras para las emociones”). Desde la terapia se puede abordar trabajando en la regulación emocional, puesto que ayudar a identificar y a gestionar las emociones va a contribuir a que disminuyan los niveles de estrés y malestar.

Señalamos al inicio del post, que la mente y el cuerpo son un todo en sí mismo. Desde esta visión podemos entender que trastornos comunes como la ansiedad y la depresión van a dejar al cuerpo en una situación de vulnerabilidad por el propio desgaste de hacer frente a la situación de malestar. Asimismo, desarrollar una enfermedad con frecuencia se relaciona con la presencia a posteriori de ansiedad y/o depresión. Por tanto, la terapia puede ayudar a abordar esta sintomatología con el fin de disminuir su interferencia en su día a día y aumentar la calidad de vida de la persona.

Es importante ver en qué contexto y momento se ha desarrollado la enfermedad, puesto que a veces el órgano dañado es un símbolo, como si el cuerpo supiera algo que la mente no.

En estos casos, la terapia puede ayudar a acceder a este evento traumático, poder procesar la información e integrarla con su propia historia.

Si ahora estas sufriendo una enfermedad y te has sentido identificado con lo comentado, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

Horóscopo-efecto-psicológico

No soy yo, es mi signo del zodíaco

Capricornio, eres una persona reservada, pero ante personas de confianza, eres el alma de la fiesta. Leo, saca tu potencial, esta semana tendrás la oportunidad profesional que te mereces. Géminis, ten cuidado con las personas que acabas de conocer, puede que más de uno se esté intentando aprovechar.

¿Te encajan estos enunciados?, ¿qué pasaría si cambiásemos estos signos por otros?. ¿Por qué todos nos identificaríamos con  estas descripciones independientemente de nuestro signo del zodiaco?, ¿puedo fiarme de lo que me dice el  horóscopo?

El Efecto Forer

En 1948 el psicólogo Bertram Forer realizó a sus estudiantes una investigación que dio pie a este conocido sesgo de pensamiento.

Los estudiantes completaron un test de personalidad y posteriormente, recibieron los supuestos resultados de su examen. Una vez que leían los resultados y la supuesta descripción de su personalidad, debían calificar de 0 a 5 el grado de acuerdo con la información recibida.

La media de las puntuaciones fue de 4,2 puntos, por lo que el alumnado quedó bastante satisfecho con el perfil obtenido.

La descripción recibida fue la siguiente:

Tienes la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren, y sin embargo, eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que no has aprovechado. Tiendes a ser disciplinado y controlado por el exterior, pero preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus apreciaciones tienden a ser bastante poco realistas.

¿Se te ocurre alguna persona con este perfil?, ¿a caso no te  identificas tú con este enunciado?

Resulta que independientemente de las respuestas que dieron los estudiantes, todos recibieron la misma descripción de su perfil.

¿Por qué pasa esto?

El efecto Forer consiste en identificarse  con una descripción que en realidad es genérica, inespecífica y se podría ajustar a la mayoría de la población.

Si damos enunciados vagos, coherentes con la mayoría de circunstancias y contenido inespecífico, es muy probable que la gran mayoría de nosotros nos atribuyamos la descripción y estemos de acuerdo con ello.

¿Por qué caemos en esta trampa?

  • Necesidad de control: El ser humano maneja muy mal la incertidumbre, necesita tener información para poder obtener cierta predicción de lo que pueda ocurrir y disminuir así la ansiedad o la preocupación.
  • Sesgo de confirmación: Este tipo de error de pensamiento consiste en dar por hecho y reafirmar mediante un estímulo externo, como podría ser en este caso el horóscopo, una convicción de la que no nos sentimos tan seguros.
  • Evitación de la responsabilidad: Es más fácil culpar a la predicción del horóscopo o a tu signo zodiacal del comportamiento que has tenido, que tener que asumir las consecuencias de tu propio comportamiento.
  • Baja autoestima o falta de autoconocimiento: Si no conocemos nuestras fortalezas ni competencias, y tenemos una identidad poco definida, será habitual verte dentro de estas descripciones genéricas.

Pero es que a veces acierta…

Efectivamente, hablamos de descripciones tan genéricas que prácticamente, lo difícil sería no identificarse con nada de lo descrito. Las palabras utilizadas no han sido elegidas al azar, Forer utilizó expresiones vagas como “generalmente”, “a veces” o “tiendes”. De esta forma no se utilizan términos absolutos ni demasiado específicos con el fin de generalizar.

Profecía autocumplida

Cuando observamos que ha ocurrido algo que el tarot u el horóscopo predijo, es fácil asociarlo a la predicción previa que obtuvimos. Sin embargo, existe un último efecto que explicaría este fenómeno.

Llamamos profecía autocumplida al proceso en el cual se nos da una predicción o etiqueta, generamos una expectativa, y acabamos actuando acorde a ella, aumentando por tanto, la probabilidad de que la predicción se cumpla.

En otras palabras, la consecuencia acaba convirtiéndose en la causa.

Si nos afirman que somos de determinado perfil y nos anticipan que van a ocurrir ciertos eventos en un futuro, generaremos una expectativa y actuaremos acorde a ello. No será que la tarotista ha acertado, sino que ha provocado que generemos una especie de mapa mental, que inconscientemente, iremos siguiendo.

De hecho, en los años 50, se realizó un experimento que a día de hoy sería imposible de de replicar por cuestiones éticas más que evidentes: Una clase de estudiantes, tras realizar un test de aptitudes, fue dividida aleatoriamente en un grupo experimental y grupo control. Independientemente de los resultados, el grupo experimental recibió buen feedback acerca de sus competencias académicas, mientras que el grupo control recibió malas calificaciones y pobres competencias.

¿Qué efecto tuvieron estos supuestos resultados académicos? Que el grupo experimental, que había recibido tantas alabanzas, mejoró su media académica, mientras que en el grupo control aumentó la tasa de abandono escolar.

No fueron los resultados ni las aptitudes de los estudiantes los que provocaron este efecto, sino las predicciones y etiquetas que se les emitieron.

Si percibes que te cuesta tolerar la incertidumbre, que te gustaría conocerte más y potenciar tu identididad o que tienes dificultades para asumir las consecuencias de tus actos, tendiendo a escudarte en factores externos, desde Quiero Psicología podemos darte las mejores herramientas para poder enfrentarte a ello.

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.

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¿Qué estilo de apego tengo?

En numerosas ocasiones, escuchamos frases como “este niño está muy apegado a sus padres” o “mi pareja tiene demasiado apego hacia mí”, sin embargo, ¿en qué se traducen estas frases?, ¿el apego es algo bueno, o algo de lo que avergonzarnos?. ¿Qué definimos realmente como apego?

Para comprender esta teoría, en primer lugar, necesitaremos echar la vista atrás  y pensar en un bebe recién nacido. Cuando un bebé nace, todos coincidiremos en que estamos ante un ser dependiente. Este bebé dependerá de sus cuidadores para lograr cubrir sus necesidades, como ser alimentado, mantener su higiene y ser reconfortado.

En otras palabras, cuando nacemos, somos seres dependientes, necesitamos ser cuidados para sobrevivir, debido a la inmadurez de nuestro cerebro. De hecho, somos la especie que más depende de sus cuidadores para desarrollar estrategias de afrontamiento y lograr autonomía.

A consecuencia, el apego se define como el vínculo afectivo que se establece entre el niño y sus cuidadores. Este vínculo tiene como objetivo la supervivencia del niño, que como hemos dicho previamente, es inmaduro y dependiente.

Este vínculo comienza a desarrollarse ya desde la gestación y los estudios científicos coinciden en que aproximadamente termina de establecerse en torno a los 7 meses del bebé.

¿Cuál es el problema? Que no todos los cuidadores tienen la capacidad para desarrollar un vínculo afectivo adecuado con sus hijos.

Como hemos visto, el término apego suele utilizarse indistintamente para expresar una vinculación. Sin embargo, existen diferentes tipos de apego y no todos serán adecuados.

Estilos de apego

Apego seguro

Este estilo de apego se desarrolla cuando los progenitores establecen una base segura con su hijo, respondiendo adecuadamente y de forma coherente a sus necesidades. Para ello, se mostrará como una figura de cuidado disponible, capaz de atender y cubrir las necesidades físicas y emocionales de su hijo.

De esta forma, se establecerá una sintonía entre las demandas de los hijos y las respuestas de los padres. Se trata de progenitores que empatizan y conectan con las necesidades individuales de sus hijos, haciéndoles sentir atendidos y reconfortados.

Cuando un niño desarrolla un apego seguro, mostrará curiosidad y seguridad para explorar su entorno, pudiendo desarrollar así su propia autonomía y una base segura que le permitirá establecer en un futuro, más vínculos afectivos.

Apego inseguro

Si bien un niño dependerá de sus progenitores o cuidadores para poder cubrir sus necesidades y sobrevivir, porque no tiene la madurez suficiente ni las capacidades para poder hacerlo por sí solo, podemos encontrar estilos de crianza que no sean capaces de cubrir adecuadamente estas necesidades.

Anteriormente, explicamos que la parentalización se definía como el proceso de inversión de roles donde los hijos ejercían de cuidadores de sus propios progenitores. Estos niños, que no pueden recurrir a sus padres para cubrir sus necesidades y ven como estos no tienen la capacidad para atenderles, desarrollarán un tipo de apego inseguro.

Existen 3 tipos de apego inseguro:

Apego evitativo

Este tipo de vínculo surge ante progenitores con dificultades para manejar estados emocionales. Ante esta incapacidad, tienden a ignorar y desatender las necesidades emocionales de sus hijos, por lo que no conectan con las emociones de los niños, no etiquetan ni interpretan los estados emocionales que muestran y por tanto, no facilitan la expresión emocional.

A consecuencia, los niños desarrollan dificultades para entender sus propios estados emocionales, empatizar con las emociones de los demás y expresar cómo se sienten. Aprenden que para ser atendidos, deberán evitar temas de conversación con contenido emocional, por lo que se centrarán en actividades más lúdicas, el ámbito académico o en pasar desapercibidos.

Habitualmente se convierten en seres muy independientes y con miedo a relaciones que implican intimidad.

Apego ansioso-ambivalente

Este estilo surge cuando los cuidadores responden de forma inconsistente, caótica e incoherente a las demandas de sus hijos. Esto provoca que el niño no pueda predecir cómo van a responder sus padres, provocando por tanto, inseguridad y un elevado grado de ansiedad y angustia.

Muchas veces, estos padres atenderán a sus hijos en función de cómo se encuentren, dependerá por tanto, de su estado emocional. Son padres que también muestran dificultades para gestionar sus propias emociones, por lo que primero priorizan cómo se sienten ellos, sin tener en cuenta que como hemos explicado previamente, los niños son seres inmaduros y dependientes.

Un ejemplo de este estilo de crianza sería la sobreprotección, donde los padres priorizan sus propias necesidades, ignorando las de sus hijos, impidiendo que el niño explore el mundo de una forma segura.

Por ende, estos niños suelen ser vistos públicamente como niños miedosos, demandantes e insistentes. Sin embargo, esto es fruto de la angustia que sienten, al haber sido criados en un ambiente impredecible e inconsistente.

En la edad adulta, estos miedos repercuten en sus relaciones sociales, especialmente las de pareja, ya que se trata de personas con miedo al abandono, inseguridad y baja autoestima.

Apego desorganizado

Este vínculo ocurre cuando la figura de cuidado es por un lado, fuente de protección, pero a su vez, fuente de peligro y dolor para el niño.

Hablamos de padres con grandes dificultades para gestionar emociones, sin inteligencia inter ni intra personal, que en ocasiones padecen un trastorno psicológico, han sido también criados en ambientes hostiles y traumáticos, etc.

Este estilo de apego es el menos prevalente en la sociedad y el que mayor interferencia psicológica produce.

Nos referimos a padres con un estilo de crianza inestable, contradictorio, negligente y con ausencia de conexión con las demandas que requieren sus hijos.

El niño observará que sus padres, las figuras que deberían cuidarle y proporcionar una base de seguridad en su crecimiento, son paradójicamente las mismas que le provocan malestar y dolor. Por lo tanto, estos niños verán a sus progenitores como una amenaza.

Se estima que aproximadamente, solo un 60% de la población ha podido establecer un estilo de apego seguro con sus cuidadores. Si te has podido sentir identificado con estos patrones de crianza y reconoces dificultades a la hora de relacionarte con tus amistades o pareja, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.