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¿Te da miedo volver a parar en un nuevo confinamiento?

Quizás las primeras dos semanas de aquel encierro que hoy parece lejano fueron fáciles para ti por que supiste sacar jugo a cada minuto.

¿Qué pasó después? ¿Se te hicieron interminables las semanas?

Estar en casa y tener cosas que hacer impide tener tiempo libre, y eso a su vez, reduce el tiempo a solas, es decir, tiempo en el que no se lleve a cabo ninguna tarea distractora y por lo tanto, llene nuestra cabeza de pensamientos.

¿Qué ocurre cuando escuchas a tus pensamientos?

¿Qué ocurre cuando no tienes nada que hacer?

¿Tengo miedo a parar?

Si te sientes identificado/a con las siguientes afirmaciones te animamos a leer este post:

-Estás algo molesto por que tienes unos amigos bastante aburridos que no proponen planes o que no aceptan los miles que tú les propones, ¡no aprovechan el tiempo!

-Tienes todo el mes de agosto planificado y sólo un fin de semana al aire libre sin saber qué hacer y esto te genera algo de intranquilidad.

-Las vacaciones llegaron para darte un soplo de aire fresco que eliminó todo tu malestar ¡justo lo que necesitabas!.

-Piensas que la cuestión no es lamentarse sino seguir “adelante” y aprovechar el tiempo sin paralizarse.

-Te consideras una persona activa y que siempre está haciendo algo.

¿Por qué tengo miedo?

Si coincides con lo anteriormente escrito nos gustaría que hicieras la siguiente reflexión: ¿te has planteado alguna vez qué pasa cuando paras? ¿crees que te incomoda estar mucho tiempo sin socializar o sin hacer nada? ¿por qué siempre haces algo para evitar esto?

Es un buen momento para reflexionar sobre la dinámica de “hacer” que llevas a cabo sin parar, día tras día, sin pensar en aquello que realmente te genera malestar.

Nunca es tarde para reconocer que quizás tienes una parte exigente que te impide parar, impide que te sientas triste o aburrido más de 4 minutos seguidos.

Es posible que, al no tener en cuenta esta perspectiva, no seas consciente de lo que puede estar sucediendo, incluso es posible que tu cuerpo haya intentado avisarte y que sus señales hayan sido ignoradas: dolores de cabeza, problemas estomacales, cierta taquicardia, irritabilidad, sensación de ahogo, etc. ¿a qué crees que son debidos estos síntomas?

“Seguir adelante” parece que tiene un significado de fortaleza o de superación, sin embargo, esta asociación no es del todo real. La capacidad de seguir adelante o sobreponerte de las situaciones que te generen malestar no se basa en el poco tiempo que pases por ejemplo, llorando.

Permitir que las emociones que estés experimentando (agradables o no) sean expresadas y reconocidas generará en ti un desahogo y una mayor conexión con tus propias necesidades.

¿Qué es esto de «necesidades»?

El simple hecho de vivir implica sentir y experimentar gran variedad de emociones, si algunos estados emocionales son vividos como desagradables, en principio los evitamos, pero si evitamos de forma constante y sistemática, ¿qué sucede con esas emociones? ¿el mensaje que quieren darte, lo escuchas?

Realizar un “escaneo emocional” es atender a necesidades. No sólo existen necesidades como el hambre, la sed o el sueño, también necesidad de atención, afecto, escucha, etc. Si no prestas atención a la necesidad no podrás solucionarla, y el malestar que en principio evitas, sólo se hará más grande e intenso con el tiempo.

Si algo de lo que has leído te suena, pero no ubicas si es eso lo que te pasa o no entiendes el porqué, te animamos a iniciar terapia psicológica.

En Quiero Psicología te ayudaremos a entender tu proceso y a crear herramientas personalizadas que permitan establecer una dinámica saludable en tu día a día. Contacta aquí.

¿Le hemos perdido el miedo al coronavirus?

Es una pregunta que tras todo este tiempo de confinamiento y la vuelta a esta rara «nueva normalidad» mucha gente puede seguir haciéndose: ¿me asusto lo suficiente o no frente al coronavirus? ¿le he perdido el miedo?

¿Qué es asustarse suficiente?

Lo primero que hay que aclarar es que todas las emociones en su justa medida sirven, funcionan y están ahí para algo. Pero cuando rebasamos la intensidad emocional óptima lo único que ocurre es que nos bloqueamos, saturamos y lejos de que la emoción ayude a conseguir objetivos buenos, nos inunda.

Por ejemplo, es bueno tener algo de ansiedad ante un examen, si no, no estudiaríamos, pero si tenemos demasiada nos podemos quedar en blanco en mitad de la prueba.

El miedo es una emoción que nos sirve en su modo funcional para que no nos acerquemos a algo que represente un peligro para nosotros.

Pero claro, en esta crisis lo que no sabemos es cómo medir cómo de peligroso es contagiarse y cómo de fácil. Todos los días nos vemos inundados de noticias, algunas supuestamente de fuentes fiables y expertos pero que contradicen a otras fuentes fiables y expertos. Todo el día a todas horas oímos: cuidado que….mira las cifras que….

El miedo a los rebrotes parece acechar a la vuelta de la esquina y no sabes si salir, si no, si ir a la playa, si ir de vacaciones. No hay nada claro y no tenemos nada claro.

Entonces ¿qué hago?

Es evidente que hay muchísimos motivos para tomar precauciones: el riesgo de contagiarte tú y contagiar a otros (incluidas personas de riesgo) sigue flotando en el ambiente. Se toman medidas, pero sigue habiendo personas infectadas, contagios, ingresos.

¿No estoy lo suficientemente asustado?

No te pedimos que mantengas el miedo como herramienta para manejar la situación puesto que parece ser que ya no es necesario. Te hablamos de ser prudente y de hasta dónde puedes llevar esa prudencia sin reenganchar con el miedo ni pasar olímpicamente de la situación. La idea es mantener el equilibrio entre ambos extremos.

Si piensas que todo esto son pamplinas, que no hay que volverse histérico y que ya es tiempo de ir de chiringuitos, puede que estés disociado de la situación, que seas una persona que siempre resta importancia a todo aquello que le puede afectar emocionalmente para distanciarse creyendo que es una manera sana de adaptación. Quizás te interesa leer nuestro post sobre la gestión emocional. Vencer esa forma de pensar es duro sobre todo cuando tu propia evitación te hace creer que no tienes ningún problema. No te vas a plantear si estás lo suficientemente asustado o si tomas suficientes precauciones.

¿Estoy demasiado asustado?

Si eres una persona que intenta ser responsable y que ahora mismo ya no sabe ni qué medidas tomar, se siente culpable por si contagia a otros (sobre todo personas de riesgo) y tiene todo el tiempo miedo.

Ahí es cuando el miedo tiene riesgo de no servir para nada excepto para colapsarte. Así que te damos unas pautas:

Controla sólo lo que controles

Lo que viene siendo lo mismo que: no te vuelvas loco pensando en todas las posibilidades infinitas que no controlas, tipo «y si en realidad estoy asintomático y sigo contagiando», «y si mi abrigo ha rozado una estantería y no lo he desinfectado y entonces eso toca con…». Elige las precauciones que te den seguridad dentro de lo razonable y llévalas a cabo. Todas las demás déjalas. Y sobre todo deja de ver mil informaciones de supuestos expertos que cada vez añaden 7 cosas más que hay que hacer.

¿Cómo sabes que estás intentando controlar de más? pues por la ansiedad que te genera pensar las ocho mil trescientas variables. Ser responsable no implica tener que vivir ansioso.

No anticipes

Anticipar lo que va a ocurrir después, ya sea por el propio virus: «contagiaré a alguien o me contagiaré yo», «mi madre va a morir», etc. O por la crisis asociada: «no voy a tener trabajo», «mi sector ya no se recuperará», «no volveremos a ir de vacaciones»…. No te va a servir de ayuda.

Toda crisis es cambio y todo cambio conlleva muchísima incertidumbre. No anticipes sobre todo lo que no controlas, pensar en lo que ocurrirá después no ayuda porque ahora mismo no lo controlamos, cuando lleguemos a ese futuro pondremos en marcha nuestros recursos que no son pocos.

No tomes un ejemplo aislado para entrar en pánico

Por ejemplo: «he leído que hay un caso de un perro contagiado, entonces seguro que mi perro va a morir», o «ha muerto una persona de 20 años entonces eso es que todos podemos morir», o «hay rebrotes en 15 comunidades, de esta volvemos a la cuarentena»…

Tienes que valorar las probabilidades reales, igual que te podría caer una maceta en la cabeza y a lo mejor este mes alguien ha muerto así, pero como no estás expuesto a esa información no tienes miedo a eso. Relativiza las cifras según las probabilidades y si no puedes, desconecta un rato de informaciones.

Cuidado con los supuestos expertos

Pon siempre cabeza en lo que oigas y tradúcelo a lo razonable. Hemos llegado a oír que el perro no tiene que salir de un rincón, que nunca debes tocar a tu hijo, o que según llegues de la calle debes meter la ropa en la lavadora y directo a la ducha.

Informaciones que lejos de ser demasiado útiles provocan maltrato y obsesión.

¿Y si no puedo seguir estos consejos?

¿Qué pasa si no puedo seguir estas recomendaciones porque la ansiedad me sobrepasa?

Quizá antes de esta crisis, del confinamiento y de esta vuelta a la normalidad, ya había unos rasgos predisponentes o un problema subyacente que ha explotado y necesitas ayuda. Quizá no sólo es ansiedad por esto sino también por lo que ves que los demás están haciendo o dejando de hacer.

Lo fundamental es que encuentres el equilibrio entre la prudencia y el miedo paralizante, si necesitas ayuda para manejar todas las emociones que te han surgido durante el confinamiento y esas otras que están apareciendo ante la normalidad, contacta con nosotras y disfruta de tu primera cita gratuita.

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Sigue tus propios ritmos de desescalada

¿Eres de los que ya ha salido varias veces a tomar algo?  

¿Eres de los que aún no ha visto a nadie?

Son dos polos opuestos y esto puede dar pie a todo tipo de comentarios: “ya no hay que preocuparse tanto, ¡sal!”, “no puedes estar así todo el tiempo”, “¿cómo puedes aguantar?”,  “la gente es irresponsable, no deberían salir”, “¿seré un bicho raro por no querer ver a gente?

Quizás estés leyendo esto desde la Comunidad de Madrid o desde La Gomera y, en función de en qué punto del mapa te encuentres, estarás en una fase de la desescalada u otra pero, lo que de cualquier forma va a suceder tarde o temprano es la vuelta a la “normalidad”.

¿Qué pasa si no voy con los ritmos de desescalada de mis amigos o familiares?

Si has leído atentamente, la palabra normalidad está entre comillas, es decir, no hablamos de la normalidad que conocemos, sino, de una nueva forma de volver al día a día, algo nuevo.

Si eres de las personas que ya ha vuelto a salir de casa con asiduidad lo que leerás a continuación no te representará mucho aunque, quizás, te ayude a comprender la perspectiva contraria.

Si por el contrario no te sientes bien volviendo a la “normalidad” este post es para ti.

Como hemos escrito previamente, la vuelta a la normalidad está siendo diferente y esto puede generar en ti una variedad de emociones y sensaciones: miedo a contaminarte; tristeza por dejar la tranquilidad que tenías en casa; presión en el pecho al volver al trabajo; enfado al ver a personas sin respetar las distancias, etc. Con todo ese cóctel lo natural y lógico para ti es no querer volver a lanormalidad.

Olvidemos el juicio de si está bien o mal y centrémonos en, simplemente, permitir expresar y validar lo que estás sintiendo. No querer salir no está mal, no es algo raro y, si puedes elegir, no tienes la obligación de hacerlo si no quieres.

Repítete como un mantra este párrafo y date tregua.

Estamos ante una pandemia mundial, lo que ha supuesto una situación de peligro real y un cambio en la dinámica a la que estábamos acostumbrados y esto requiere de una adaptación por parte de todos/as. Esta adaptación es tan personal y hay tantas opciones como indivíduos.

Cada uno/a tiene un ritmo y lo adecuado es respetarlo.

De lo contrario, el estrés y la dificultad de ir contra tu proceso generará mayor malestar.

Ser más cauteloso/a forma parte de una reacción natural del ser humano ante situaciones de peligro como la que estamos viviendo en las que el miedo es la alarma que nos hace sobrevivir. Este estado de alerta te permite entender que la vuelta a la vida no será como siempre y te hará tomar las precauciones necesarias para cuidar tu salud y la de los demás.

La realidad que haya vivido cada persona influye también en su proceso. Por ejemplo: ser una persona de riesgo o convivir con alguien de riesgo; haber estado en primera línea siendo testigo de situaciones extremas como ver a compañeros/as saturados/as en el trabajo; presenciar fallecimientos o gestionar un funeral. Incluso sin estar dentro de estas experiencias es posible que estés empatizando con ellas.

¿Qué hago entonces?

Puede también que el confinamiento te haya permitido tener más tiempo para ti y los tuyos, que hayas podido conectar con una tranquilidad que no tenías antes de la pandemia, hacer cosas que habías dejado de hacer por la vorágine del día a día. Es perfectamente natural y comprensible que perder esto que te genere malestar.

-Aprovecha este tiempo para reflexionar sobre cómo te sientes, qué necesitas, qué te gustaría cambiar.

-Respeta lo que suceda en ti.

-Mantén el teletrabajo si puedes y si así te sientes mejor.

-Toma precauciones que te hagan sentir más seguro si tienes que salir.

-Comunica a tu entorno cómo te sientes para que comprendan tu situación.

-Vuelve gradualmente a la “normalidad”, no tienes que hacerlo todo de golpe.

-Evita sentirte juzgado o juzgar a otros. Cada persona tiene su proceso.

Exprime cada situación y aprende de cada experiencia. Esto te permitirá desarrollar recursos que quizás antes no tenías, contribuyendo a mejorar bienestar.

Si sientes que la situación te sobrepasa y necesitas ayuda profesional para adaptarte a esta nueva “normalidad” en Quiero Psicología podemos acompañarte en este proceso sin moverte de casa a través de sesiones online. Contacta aquí con nosotras.

Violencia en pareja y el confinamiento.

Si crees que tu pareja te está maltratando porque durante la cuarentena la situación se ha puesto especialmente tensa o porque tus sensaciones y sentimientos han cambiado o están cambiando a peor, te recomendamos hacer una lista de cosas que han podido pasar, como señales de alarma para identificar si has vivido o estás en una relación tóxica o violenta.

En otros post hemos visto de qué manera ha podido afectar negativamente el confinamiento a tu relación de pareja. No es agradable tener discusiones con tu pareja, pero es importante ver cómo ha sido realmente esa dinámica. Porque no es lo mismo haber tenido desacuerdos donde el nivel de intensidad ha sido más alto que en otras ocasiones a que hayas vivido una situación de violencia.

¿Cómo sé si he vivido situaciones de violencia?

Puede que sea difícil que veas lo que es “normal” y lo que no lo es, especialmente si tu relación lleva tiempo funcionando de esta misma forma y ha sido la cuarentena, pasar todo el tiempo juntos/as, lo que te ha hecho sentir malestar, incomodidad o miedo.

También puede que sea difícil identificar un comportamiento violento o tóxico en la persona que se supone que te quiere y a la que quieres, pero es importante detectarlo para poder trabajar en ello.

¿Cómo puedo diferenciarlo?

Hay una serie de comportamientos o indicadores que te van ayudar a hacerlo, estos son algunos de ellos:

¿Te ha sobrecargado de responsabilidades?

Tú asumes la mayor parte de las tareas de la casa; tu pareja se ha dedicado a tener espacios personales y en cambio tú no has tenido tiempo para ti; te ha exigido que la casa estuviera limpia o la comida lista sin haberte ayudado ni colaborado; tienes que estar siempre disponible y a su servicio para cuando quiera o te culpa de cualquier conflicto familiar.

Todas estas exigencias te generan agotamiento y hacen que no atiendas tus propias necesidades.

¿Distorsiona la realidad?

Te confunde porque te puede halagar a la vez que te humilla; muestra una imagen diferente de cara a los demás a la que tiene en casa; te miente, tergiversa vuestras conversaciones o los acuerdos que teníais; te sorprende con regalos que luego utiliza para manipularte; está convencido/a que es superior y que siempre tiene razón e incluso puede afectar a tu estado físico alterándote el sueño o incitándote a tomar tranquilizantes.

Este comportamiento cambiante te mantiene en un estado de confusión e inseguridad en el que no sabes qué es real y qué no.

¿Te devalúa?

Te hace sentir inferior; te insulta o hace comentarios críticos sobre tu aspecto físico y tu imagen; constantemente busca errores en ti o fallos; te devalúa como pareja; ridiculiza tus metas, actitudes y habilidades; se ríe de todo lo que no considera que es valioso o importante o incluso puede llegar a mostrar desprecio hacia tu familia de origen.

Esta actitud por parte de tu pareja puede afectarte muy negativamente, minando tu autoestima y haciendo que te avergüences.

¿Utiliza estrategias defensivas?

Quizás esquiva su responsabilidad o justifica este comportamiento restándole importancia, argumentando que no ha sido para tanto; explicando con todo lujo de detalles que es correcto lo que ha hecho; utilizando la racionalización y la lógica para explicar coherentemente por qué lo ha hecho; desviando su responsabilidad sobre el problema hacia causas externas; negando los hechos o las discusiones como defensa para restar credibilidad a lo que tú dices que ha pasado; haciéndose el/l olvidadizo/o, asegurando que no recuerda lo ocurrido o recurriendo al chantaje emocional para conseguir que sientas lástima por él/ella.

Si estas estrategias le funcionan, lo que consigue es que te acabas sintiendo culpable de cosas que no te pertenecen.

¿Te controla?

Te pregunta que a dónde vas incluso ahora que sólo has podido salir a comprar; decide dónde puedes y no puedes ir; te aísla de tus relaciones familiares y de tus amigos; te ha llegado a retener en casa; desconecta el teléfono o internet cuando se va a pasear y no permite que le acompañes; te oculta información sobre la situación económica pero te exige que le expliques detalladamente tus gastos.

Todos estos límites y controles, sumados a la situación de confinamiento, aumentan y agravan la sensación de aislamiento que pasa de ser una sensación a ser una realidad.

¿Te intimida?

Te intimida de forma verbal utilizando gestos, miradas o tonos de voz que sientes como amenazantes o, directamente, te dice que va a echarte de casa o a quitarte a tus hijos. Ha llegado a amenazarte o a agredirte físicamente con  empujones, zarandeos, tirándote cosas, etc.

La intimidación que puede ser difícil de reconocer como comportamiento si se da de forma puntual o muy espaciada en el tiempo, genera sensaciones de ansiedad y miedo que pueden generalizarse, de forma que estés constantemente esperando una reacción violenta del tipo que sea, aumentando el estrés que experimentas.

Detectar estas conductas puede ser a veces muy difícil, porque muchas de ellas son sutiles o porque te encuentras inmerso/a en una relación donde no tienes la opción de tomar perspectiva y verte “desde fuera” de la relación.

Si reconoces alguna de estas señales, si tus sensaciones y alarmas saltan cuando lees este post, no dudes: llámanos y empezaremos a trabajar en esta situación. Tienes derecho a vivir y a vivir bien.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene depresión o ansiedad?

La empatía es la clave en estos casos.

¿Cómo puedo reconocer si un familiar o un amigo está mal?

Tu ser querido ya no está como antes, no tiene ganas de salir a la calle, ha dejado de hacer las actividades que parecían gustarle, no se preocupa tanto de su aspecto físico, repite frases como: “no tengo ganas de nada”, “me siento muy cansado”, “todo me supone mucho esfuerzo”, hay momentos en los que se muestra muy ansioso/a y parece que todo le genera agobio, va acelerado/a, no se concentra en lo que hace, tiene despistes, etc.
Si te suena lo anterior, es posible que tu familiar/amigo/pareja pueda estar padeciendo algún episodio depresivo o ansioso. Y tú te preguntarás, “¿qué puedo hacer yo?”, ver así a esa persona te preocupa y quieres que vuelva a ser el mismo que antes, pero no sabes qué hacer para ayudarle. Muchas veces se intenta ayudar pero en vez de hacer sentir mejor a la otra persona, se le genera una mayor carga y presión.

Qué no hacer

Bien, empecemos por los errores habituales que debemos evitar decir y que podemos sustituir por alternativas menos dañinas:

• “No puedes seguir así”


La persona que se siente deprimida o ansiosa no está a gusto con su situación, le está generando malestar y si por ella fuera no seguiría así, pero no puede o no sabe cómo salir. Por eso, podrías intentar decirle “entiendo que la situación en la que estás te está haciendo sufrir mucho, ¿qué te parece si buscamos ayuda profesional?”. En vez de generarle mayor angustia y frustración al hacerle sentir juzgado/a, se sentirá comprendido/a, acompañado/a y apoyado/a.

• El «tienes qué»


“Tienes que salir de casa”: ¿A alguien que se acaba de partir una pierna le dirías “venga hombre no te puedes quedar en casa, tienes que caminar”? ¿No, verdad? Pues cuando lo que se ha roto es una parte de nosotros que no se ve, sucede lo mismo. Pero como no se puede ver a simple vista, parece que no existe, cuando la realidad es que sí existe y que puede ser igual o más incapacitante que partirse una pierna.

El «tienes que»implica una exigencia que puede empeorar cómo se siente la persona. Qué tal si en vez de eso le dices “estando así entiendo que te cueste mucho salir de casa, ¿qué te parece si nos vamos poniendo objetivos para que poco a poco vayas recuperando las rutinas?”. En vez de exigir y por lo tanto invisibilizar cómo está, le estás validando y proponiéndole un cambio más ajustado, teniendo en cuenta sus limitaciones y el ritmo que necesita. Los «tienes que» están muy presentes en nuestro lenguaje: tienes que disfrutar, tienes que alegrarte, tienes que dejar de pensar en eso, tienes que…

• “Cambia esos pensamientos”


Las ideas que tenemos de los otros y del mundo pueden variar en función de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Si tu familiar está atravesando una circunstancia vital complicada, es normal que sus pensamientos acerca del mundo y los demás hayan cambiado.


Escuchar frases como: «el mundo no es un lugar bonito», «los demás siempre te van a hacer daño», «la vida no tiene sentido»,»hagas lo que hagas al final siempre acabas fracasando», etc. de una persona que quieres no es agradable, y puede que te preocupes porque no entiendes cómo puede estar diciendo algo así. Pero los pensamientos no son fáciles de cambiar cuando lo que estás viviendo te está haciendo sentir triste, enfadado, desesperanzado, etc. Como alternativa, le podrías decir “lo que estás viviendo tiene que ser muy doloroso, entiendo que te estés sintiendo así”.

¿Qué hago entonces?

Al principio, es importante acompañar a la persona con su emoción y más tarde se puede empezar a plantear una alternativa de pensamiento o soluciones. El hecho de ver a una persona cercana pasarlo mal no es agradable y al final tú también puedes acabar sintiendo malestar porque te preocupas e intentas ayudar y puedes experimentar culpa, frustración, rabia o tristeza, y por eso puede ser que presiones de más a tu ser querido cuando eso no le ayuda.


En Quiero Psicología sabemos que no sólo el que sufre de ansiedad o depresión lo pasa mal sino también sus familiares y allegados. Por eso te ofrecemos un espacio para que te dediques tiempo a ti y puedas expresar lo que estás sintiendo, para darte pautas para afrontarlo y ayudar. ¿Hablamos? Contacta aquí.

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Consejos para cerrar tu duelo

Si parece que nunca superas el duelo de alguien que perdiste, te damos una serie de consejos para ayudarte con el cierre.

¿Cómo sé que no he cerrado un duelo?

Las señales de que un duelo no está cerrado son claras:


Pensar en esa persona te despierta un montón de emociones, con una intensidad muy elevada.


Estas emociones pueden ser sólo de tristeza muy intensa o puede haber otro tipo de emociones como culpa, rabia, etc. Estas últimas indican no sólo que el duelo no está cerrado sino que hay pensamientos erróneos que no se han superado y que te atormentan.


Ha pasado mucho tiempo y sigue siendo igual de intenso. Al principio es normal tener emociones muy intensas que con el tiempo se transforman en un sentimiento de aceptación (aunque siga existiendo la pérdida y la añoranza por no tener a esa persona, eso siempre es normal).


Sigues trayendo a esa persona a la mente una y otra vez, de forma demasiado frecuente.
No te engañes, los duelos superados no causan esto. Se puede sentir añoranza, un poco de tristeza o amor, o recordar a la persona de vez en cuando, pero no emociones intensas que no se corresponden con el tiempo presente.

¿Por qué puede pasar esto?

En un duelo donde aún sigas sintiendo una tristeza exagerada, un llanto incontrolable cuando hables o recuerdes a la persona que perdiste (a pesar del tiempo que pasó) lo que sucede es que esa persona te aportaba algo que aún no te has dado a ti mismo y por ello no puedes renunciar a ella. Por ejemplo: tu abuela era la que más te animaba, la que te daba importancia, la que te decía que tú podías hacer de todo. Y tú, a día de hoy, no sólo no te dices nada de eso sino que te machacas a ti mismo. Por eso no puedes despedirte de tu abuela, porque ella te hacía sentir una calidez y un amor que a día de hoy no has sabido interiorizar y sentir por ti mismo.


También puede suceder que la muerte haya sido compleja y se haya mezclado con otros sentimientos hacia la persona que ha fallecido, como rabia por irse pronto, por tratarme mal, o culpa porque si yo hubiera hecho esto y aquello lo mismo seguiría vivo… En este caso más que el ritual que te propongo, te recomiendo acudir a terapia para reconstruir el duelo y perdonarte o perdonar a la persona que se fue porque estás en un terreno complejo.

¿Cómo me despido y cierro mi dolor?

El ritual es tan sencillo como escribir una carta, una carta especial porque tiene que cumplir varios requisitos:

Dirígete a esa persona


Sé que te costará muchísimo porque al pronunciar su nombre te darán ganas de llorar, pero es importante que te despidas de ella, que le digas lo que sientes y sentiste.

Dile todo lo que te aportó


Haz una lista de todas las cosas que tienes que agradecerle, todo lo que bueno que suponía en tu vida y todo lo que aprendiste: que te enseñó a luchar por lo que querías o que te encantaba la forma en que te cuidaba….

Dile lo que no te gustó


Parece que siempre cuando una persona fallece se transforma en un ángel que no rompió un plato. Esto no es verdad. Seguro que tuvo cosas buenas y cosas malas, que hacía cosas que no te gustaban o que te hicieron daño. Es importante mencionar estas también y expresar el perdón. Aceptar que él o ella eran así.

Expresar lo que aprendiste de todo esto


Integrar lo que tú quieres hacer tuyo de esa persona, hacer que la huella que te dejó nunca se pierda es la mejor manera de honrar su muerte. En esta parte es importante decir lo que sacas de tu experiencia con él / ella y marcarte incluso objetivos de cosas que quieres hacer tuyas. Por ejemplo: tú me hacías sentir que valía mucho y que podía con todo y ahora quiero hacer eso yo en mi vida, o gracias a tu cabezonería aprendí que no quería ser así o educar a mis hijos así y te lo agradezco….

Gracias y adiós


Y por último la despedida final, donde aceptas, perdonas y te marcas objetivos para ti. Esta despedida no supone que ya no puedas recordar a la persona y que no puedas seguir integrando cosas de ella, sólo supone que ya no te sentirás fatal. No tengas miedo a decir adiós.

Otros aspectos del ritual


Después de escribir esta carta puedes leerla en voz alta y enterrarla, o ir a la tumba de la persona querida y leérsela, o leerla con alguien querido que te arrope, los detalles de cómo hagas esta despedida te los dejamos a ti, no hay una ley sobre esto.


Y si te ves incapaz de hacer este trabajo o hay sentimientos muy complicados o intensos en todo tu duelo, llámanos, somos especialistas en duelos y traumas y sabremos ayudarte con las mejores herramientas. Contacta aquí.