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Aprende qué es el Mindfulness

Quizás conozcas a alguien a tu alrededor que te haya dicho que está practicando mindfulness, o incluso es posible que te hayan aconsejado realizarlo, pero…

¿Qué es Mindfulness?

En este post te lo explicaremos, veremos sus beneficios y de qué forma puedes empezar a incluirlo en tu práctica cotidiana.

Antes de explicar qué es Mindfulness, vamos a ver con unos simples ejemplos qué no es. Imaginemos que estamos en el trabajo y comenzamos a pensar en cómo organizar el próximo viaje que tenemos en mente y una vez que estamos en nuestro destino comenzamos a pensar en todo lo que tenemos que hacer a la vuelta. O estamos con un hambre voraz y al sentarnos a comer empezamos a pensar en aquello que nos dijo un amigo que nos molestó ¿Qué tienen de común estos dos escenarios? Un exceso de futuro y pasado y una absoluta desconexión del presente. Digamos que lo opuesto a Mindfulness es esa falta de conciencia plena, sería cómo esa tarde de domingo que no terminas de saborear por estar pensando en el lunes que se avecina.

Evolución del Mindfulness

“Mindfulness” en su concepción más antigua, datada en 1921, proviene de la traducción al inglés de la palabra Sati, que en el idioma pali (en que están escritos las enseñanzas de Buda) significa conciencia, atención y recuerdo. Todo ello se entiende como la intención de ser consciente y dirigir la atención a nuestra propia experiencia.

Desde su adaptación a la psicoterapia occidental, se han incluido otros elementos a esta acepción antigua considerando el no juzgar, la aceptación y la compasión. John Kabat-Zinn merece una especial mención, pues fue él quien extendió la aplicación de la práctica del mindfulness al campo terapéutico y lo definió del siguiente modo “es la conciencia que surge de prestar atención intencionalmente en el momento presente y sin juzgar, a las experiencias que se despliegan a cada momento”.

Mindfulness rema en dirección contraria al piloto automático que todos llevamos encendidos en mayor o menor medida. No obstante, a veces se puede caer en el error de visualizar esta práctica como una persona aislada meditando sin sentir ni padecer y es exactamente lo contrario.

No se pretende dejar la mente en blanco sino tomar conciencia de nuestros pensamientos. Tampoco pretende perseguir un estado de felicidad utópica, sino aceptar las emociones desagradables sin tratar de defendernos de ellas, lo que conllevará a no aumentar el sufrimiento innecesario que surge de la evitación del malestar.

Bajo el paraguas de la palabra “mindfulness” están englobadas diferentes meditaciones y ejercicios que complican entender qué es exactamente. Podemos encontrar la meditación basada en la concentración donde se centra la atención en un elemento central que a menudo suele ser la respiración o una frase/palabra recurrente. Es cierto que la meditación va implícita en la práctica del mindfulness, pero en vez de concentrar la atención en un punto se centra en ser consciente plenamente de nuestra experiencia. La meditación mindfulness hace referencia a un proceso de introspección (vipassana bhavana) que incluye observar cómo divaga nuestra mente y tomar conciencia para volver al momento presente. Es habitual que nuestra mente se vaya a otros lugares y en casos, volver a la respiración facilitará el proceso retomando la atención plena en nosotros.

¿Qué beneficios tiene la práctica de la atención plena?

Como hemos señalado, se potencia una apertura a nuestra experiencia interna sin juzgarla. Esto supone aceptarla y por tanto bajaremos nuestros escudos para dejar de defendernos de aquello que genera malestar (pensamientos negativos, emociones desagradables). Mediante este proceso disminuye la rumiación en torno a nuestros pensamientos, conlleva a menores niveles de ansiedad y a una mejor regulación emocional. Su práctica continuada conlleva en definitiva a un mayor bienestar y por ello es aconsejable que comencemos a emplearlo.

Trabajando tu yo-compasivo.

La práctica del mindfulness puede ayudarnos a trabajar las heridas emocionales que se reabren en nuestra vida actual incluso sin llegar a ser conscientes. Imaginemos que estando en el trabajo ante una elevación de voz vemos que un compañero se paraliza y desde una posición externa no entendemos lo desproporcionado de su reacción. Esto ocurre porque a menudo nuestro cuerpo responde de una forma instintiva obedeciendo a nuestra experiencia previa y a los esquemas que hemos ido construyendo. Nuestro cuerpo reacciona desde nuestros propios pensamientos como si fueran un hecho. Aquí puede comenzar una ardua batalla para tratar de suprimir esas sensaciones y emociones desagradables. Por ello hay que andar en dirección contraria, permitir que las emociones ocupen el espacio que se merecen y ser más bondados@ contigo.

Para favorecer este distanciamiento con los pensamientos y alejarte del dialogo de tu “yo problemático” (invalidante, critico etc.) primero adopta un rol de observador que te ayude a conectar con la realidad actual, centrándote en describir objetivamente lo que ha ocurrido. Luego mantén un dialogo más amable contigo mismo por ejemplo diciéndote las cosas que le dirías a tu mejor amig@ si se estuviera hablando de una forma tan negativa.

Aplicaciones en la vida diaria

La práctica del mindfulness es algo que se puede cultivar. Por ello, te proponemos una serie de ejercicios para que los incluyas en tu día a día.

  • Comer con conciencia plena: Como veíamos en el ejemplo del comienzo, a veces nos sentamos a comer y terminamos sin haber saboreado apenas la comida. Para disfrutar de este momento con plenitud te proponemos el siguiente ejercicio. Antes de tu próxima comida, siéntate delante del plato y haz varias respiraciones. No te apresures a comer, simplemente contacta con el momento, observa lo que te rodea. Elige un alimento sólido para poder hacer esta práctica, como por ejemplo una manzana. Cógela con la mano y observa el movimiento de llevarla hasta tu boca. Presta atención a la función de los dientes y la lengua, saborea, no tengas prisa, incluso puedes frenarte cumpliendo un mínimo de masticaciones (ej. 20) antes de tragar y finalizar el primer bocado. Es posible que te resulte difícil, pero seguro que tomarás conciencia de las veces que has dejado de “saborear” esta experiencia.
  • Meditación tumbada: Antes de comenzar el día puede ser un buen momento para realizar este ejercicio. Aprovecha para hacer unos estiramientos y luego pon atención plena a la respiración. Conecta con ella y recorre tu cuerpo centrándote en cada parte desde la cabeza a los pies. Si hay alguna zona que te moleste, respira y siéntela. Pon atención al momento presente, permítete sentir las diferentes emociones que aparecen y observa como van variando tus sensaciones.
  • Mindfulness visual: Póngase de pie delante de una ventana y elija un objeto. Durante la exploración no trate de ponerle una etiqueta a lo que ve, (ej. Un coche), simplemente aprecie sus características como por ejemplo qué color/es tiene, si emite algún sonido, qué forma tiene, qué textura imagina que tendría, si hay diferentes partes en él. Piense si alguna vez ha tocado ese objeto, qué sensaciones le podría transmitir. No abandone esta practica hasta que piense que ha conectado con él todo lo que podría. Si durante el ejercicio la mente sus pensamientos se dispersan a otro lugar que no sea el ejercicio, tome conciencia de ello y vuelva al presente.

La práctica del Mindfulness puede formar parte de la terapia. Si estas pasando por un mal momento desde Quiero Psicología podemos ayudarte a poner en práctica éstas o a encontrar las herramientas que te funcionen.

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¿Qué es terapia y qué no lo es?

Acudir a terapia es una decisión que puede resultar costosa ya que implica el reconocimiento de nuestro sufrimiento y nuestro dolor, que en muchas ocasiones llevamos arrastrando durante largo tiempo.

Pero una vez decidido iniciar un proceso terapéutico, nos encontramos con otra dificultad, dónde acudir.

Consultamos con amigxs y cada unx nos da su opinión y siempre hay alguien que comenta que se puede acudir a la sanidad pública y, claro, como es la opción con menor coste económico, optamos por probar suerte. Una vez acudimos a nuestro centro de salud y conseguimos que nos deriven a salud mental nos encontramos con otra piedra en el camino, no nos dan cita de forma inminente, con suerte (con mucha), nos atienden el mes que viene.

Por si acaso cogemos la cita que nos ofrecen, no vaya a ser, pero nosotrxs queremos que nos atiendan antes, estamos sintiendo el malestar en este momento y queremos, necesitamos que nos ayuden a aliviarlo lo antes posible, con lo que continuamos con la lista de opciones y optamos por acudir a un psicólogx privado.

Manos a la obra, cogemos el móvil o el ordenador, abrimos el buscador y escribimos “psicólogx y la zona en la que vivimos”.

Aparece un listado y ¿cuál elegimos?

Dentro de este listado en muchas ocasiones se cuelan opciones de menor coste económico y que aparentemente te ofrecen soluciones fáciles, rápidas y llamativas que simple vista pueden parecer la mejor opción. Pero en la mayoría de las ocasiones son pseudoterapias que desvirtúan la figura del psicólogx y que dañan tanto a profesionales como a pacientes.

Señales que te pueden ayudar a identificar qué es terapia y qué no es terapia

1. Detrás de una terapia psicológica siempre ha de haber un profesional titulado en psicología y colegiado.

2. Descarta aquellas opciones que te ofrecen soluciones en un breve espacio de tiempo. La terapia es un proceso relativamente largo, de varios meses o incluso años, por lo que frases como “en tres sesiones solucionamos tu problema” desconfía.

3. Otra de las frases que ha de hacerte desconfiar es “sin esfuerzo”. Todo aquello que implica un cambio supone un esfuerzo. No sólo se trabaja durante las sesiones, has de poner en práctica aquello que habéis hablado o abordado durante la cita.

4. Fíjate en la duración de cada sesión ya que una sesión en la que se pueda trabajar bien tiene una duración media de una hora. Menos, no es tiempo suficiente, más nuestros niveles de atención, tanto los tuyos como los del terapeuta disminuyen y se pierde eficacia.

5. Sesiones de orientación. Estas sesiones son las citas que se dan en primera instancia para que puedas conocer al terapeuta y su método de trabajo y suelen tener una duración menor de una hora. En esta primera cita podrás comprobar si conectas con el terapeuta y no es condicionante para iniciar terapia con esa persona.

6. Existencia de documentación y consentimiento informado. La existencia de este tipo de documentación es punto a valorar, puesto que en ella te indicarán e informarán de tus derechos y deberes si decides iniciar el proceso terapéutico y se te indicará que puedes revocar el acuerdo si así lo consideras. Una terapia nunca será efectiva si sientes que la estás realizando por obligación o que no hay mejorías.

Antes de iniciar un proceso terapéutico has de estar segurx y sentir confianza con el centro y con el psicólogx  que escojas, es una decisión importante, por lo que no dudes en preguntar e informarte bien.

Si ya has tomado la decisión de acudir a terapia pero no sabes dónde, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotras, ya que estaremos encantadas de informarte y atender todas las dudas que te plantees.

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Trabaja con tu lado «más oscuro»

Celebremos Samhain

¿Qué es Samhain?

Samhain se celebra la noche del 31 de Octubre al 1 de noviembre y es una de las fiesta más importantes de la tradición Celta, en esta fiesta, como en muchas otras que conocemos (La noche de difuntos, el día de Todos los Santos, el Día de los Muertos, etc…) se cree que el velo que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se difumina y así te puedes reunir con tus antepasados fallecidos.

Pero Samhain, además, supone el «año nuevo celta», o como significa su etiología gaélica «el fin del verano», y por lo tanto el comienzo de lo que se llama «la época oscura». Y efectivamente todos comprobamos en nuestras carnes lo que significa esto: las horas de luz se acortan, dan más ganas de quedarse en casa, hay muchos días nublados o incluso nos levantamos más tristes o sin energía.

¿Puedo beneficiarme de esta «época oscura»?

En la tradición Celta, como en otras tradiciones o religiones se cree que hay un momento para cada cosa y este momento de la época oscura es propicio para meterse «hacia dentro», para parar, pensar, empezar a idear nuevos proyectos, empezar a tejer las cosas que queremos o necesitamos para nosotros mismos, para estar a solas con nuestras cosas, para analizar lo que ha ido bien y mal en nuestras vidas…

Es decir, en general, para estar tranquilos y empezar un trabajo más reposado y en la intimidad de nuestro hogar, por eso para los Celtas esta época es también estupenda para trabajar con lo que ellos llaman «la sombra».

¿Qué es tu sombra? aquello que no quieres mostrar al mundo, lo que has hecho inconsciente, tus traumas, tus heridas, las cosas de ti que te dan vergüenza y no has confesado a nadie, tus secretos, las cosas que consideras inaceptables o vergonzosas de ti mismo.

Todos llevan una sombra, y cuanto menos se encarna en la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.

Carl Jung

Os pongo unos ejemplos para entenderlo:

  • De repente un día contestas a alguien de una manera que jamás le habrías contestado a otra persona y no sabes porqué.
  • Haces una cosa de un determinado modo y no puedes cambiar esa manera porque si no te da miedo y no entiendes a qué.
  • Te da vergüenza hacer algo y por mucho que te expones no se te pasa esa vergüenza y no sabes de dónde viene.
  • Situaciones parecidas que no sabes porqué haces o porqué sientes algo.

Ritual para trabajar con tu sombra

Hay mil millones de maneras de hacer conscientes esa sombra para que no influya en tu vida y te condicione, evidentemente una de ellas es ir a terapia y empezar a poner en palabras aquello que has estado callando (o que a lo mejor no sabes ni lo que tienes oculto por ahí), pero hoy te propongo un ritual para que trabajes con ella en casa.

  1. Si tienes claro que es lo que estás callando y no le cuentas al mundo escríbelo en una lista. Si no tienes idea de qué es lo que te pasa pasa escribe las situaciones que haces que no entiendes (reacciones que tienes con la gente, miedos que no sabes de dónde salen, etc…)
  2. El siguiente paso puedes hacerlo de 2 maneras:
  • VERSIÓN A CON MEDITACIÓN. Si eres capaz de concentrarte en la meditación o eres una persona que la practica siempre es recomendable esta opción. Busca un momento tranquilo, a solas, puedes decorar el espacio, por ejemplo poner inciensos, velas, una esterilla si tienes, etc… Pon esta música que te ayudará a concentrarte: https://www.youtube.com/watch?v=Tb8x0QbK0og. Y apaga la luz y cierra y los ojos. Respira hinchando en estómago en lugar del pecho. Coge aire, retenlo 1,2,3 segundos y suéltalo lentamente por la boca. Hazlo hasta que te sientas tranquilo, y después imagina que entras en una cueva y que está oscura, pero que, a medida que sueltas el aire por tu boca la estancia se hace más y más luminosa, así en cada respiración hasta que la cueva está totalmente iluminada. Y ahora piensa en la lista que has apuntado, piensa en cuándo te pasan las cosas que no entiendes, piensa en qué estas callando y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.
  • VERSIÓN B SIN MEDITACIÓN. Si no sueles practicar meditación y te pone aún más nervioso intentarlo, coge la canción del punto anterior, úsala en unos cascos y ve a caminar, es importante que sea caminar o correr o alguna actividad análoga. Y lo mismo que en el punto anterior, piensa en lo apuntado, en los situaciones de vergüenza o miedo o en las cosas que callas y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.

3. Apunta todas las conclusiones que saques o todas las cosas que te hayan venido a la cabeza (incluso a veces por poco sentido que las encuentres), si no ha salido nada nuevo, no desesperes, a veces se tarda más, lo importante es la constancia de poder ir entrando poco a poco en ti mismo, lo cual es una práctica que apenas hacemos. Vuelve a hacerlo mañana, coge las situaciones que te hayan venido a la cabeza, incluso aquellas que no sabes porqué te vienen o crees que no tienen relación y repite el proceso.

4. Si ahora tienes claro lo que está detrás de tus acciones, cuál es el secreto que estás guardando, párate, piensa sobre ello, piensa qué le dirías a una amiga que te cuenta lo que tú estás callando porque seguramente no la juzgarías tan duro como te estás juzgando a ti. Y piensa cómo te sentirías si contaras lo que te atormenta. Elige la amiga, amigo o pariente de más confianza, ese que sabes que no te va a juzgar y que siempre te ayuda (no elijas por favor aquel que te hace sentir mal cuando le pides consejo o le cuentas algo). Y atrévete a contárselo. Libérate de la carga. A lo mejor te lleva días planear cómo contárselo, no importa, a lo mejor se lo cuentas con miedo, no importa. Respeta tus tiempos y sé comprensivo contigo mismo.

Más trabajo con tu sombra

Si te quedas atascado en alguna parte del ritual, o si ves que son demasiadas las situaciones que no entiendes, o al intentar pensar en ellas te desbordas emocionalmente a lo mejor necesitas un trabajo más profundo contigo mismo, un proceso en al que alguien te acompañe, a lo mejor los traumas son más de los que creías y por eso tu consciente no te deja acceder a ellos y necesitas ayuda.

Para eso estamos en Quiero Psicología, llámanos, escríbenos y acepta todas las partes de ti, incluidas las «más oscuras». Porque no serías tú mismo sin tu sombra.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene ideación suicida?

En este post hablaremos sobre una parte de la realidad social silenciada como es el suicidio. Según los últimos datos del INE, en el año 2019 en España se produjeron 3671 suicidios. Estas cifras traducidas al día a día implican que hay 10 suicidios diarios (cada dos horas y media). Respecto a la diferencia en sexos, 900 personas eran mujeres y 2.771 hombres. No obstante, es necesario señalar que las mujeres realizan hasta tres veces más intentos autolíticos respecto a los hombres y ellos lo consuman tres veces más. Este dato es muy relevante ya que se considera un factor de riesgo el número de intentos autolíticos previos.

A nivel mundial, cada año hay 800.000 suicidios, lo que supone que cada 40 segundos una persona se suicida.

Viendo estas cifras, es evidente que se trata de un asunto de salud pública de gran magnitud.

¿por qué hay cierto reparo en hablar de ello?

Del efecto Werther al efecto Papageno

Vivimos en una sociedad con tintes tanatofobicos, donde en general hay cierta aprensión a hablar sobre la muerte y todo lo que le rodea. En el caso del suicidio, el Efecto Werther no ha ayudado a su visibilización. Este efecto está basado en la novela ”Las penas del joven Werther “(1974) tras cuya publicación aumentaron los suicidios de forma considerable. Por el lado contrario, nos encontramos con el Efecto Papageno, basado en un personaje de “La flauta mágica” donde se muestran opciones diferentes a la consumación del suicidio. Este efecto supone que mediante un trato adecuado de la información por parte de los medios de comunicación ( sin señalar el método y sin romantizarlo viéndolo como el fin del sufrimiento) se puede contribuir a la prevención del suicidio. Del otro modo, el estigma social conlleva al silencio y dilatan el sufrimiento de la persona.

Mitos

Por este mismo motivo que acabamos de mencionar, la sociedad tiene un papel fundamental para la prevención del suicidio. El primer paso tiene que ver con tener información sobre ello y desmontar los mitos que sobrevuelan al suicidio para no juzgar a las personas ni banalizar y /o deslegitimar sus actos.

Vamos a hablar sobre aquellos mitos más extendidos al respecto:

  1. Las personas que hablan acerca del suicidio no se hacen daño, solo quieren llamar la atención: FALSO. De cada diez personas que lo consumaron, nueve avisaron de ello y la otra insinuó de algún modo su intención. Toda manifestación relacionada con el daño a un@ mism@ debe tomarse en serio y entenderlo como una petición de ayuda.
  2. El suicidio no se puede prevenir, es un acto impulsivo: FALSO. Las manifestaciones verbales o conductuales que suelen realizar la mayoría de las personas que lo intentan son una muestra de momentos de ambivalencia respecto a considerar su decisión.

A nivel social, es posible trabajar en su prevención mediante la implementación de las políticas necesarias, del mismo modo que ha venido ocurriendo en el caso de los accidentes de trafico y la violencia de género, cuyas víctimas se han reducido en un 69,79% y un 12,7% respectivamente desde el año 2000.

  1. Al hablar con una persona en situación de crisis sobre el suicidio puede incitarle a que lo haga: FALSO. Hablarlo reduce el riesgo de cometerlo, pues este espacio de comunicación es una oportunidad de validación emocional que contribuye a disminuir su sufrimiento y puede convertirse en un momento de reflexión sobre sus intenciones.
  2. Las personas que se suicidan son cobardes (o valientes):  FALSO. No es un acto que se pueda juzgar. La consumación del suicidio es una manifestación extrema del sufrimiento de la persona.

¿Qué hago si estoy ante una persona con intento autolítico?

Como venimos hablando, es importante no juzgar a las personas ni ignorar o minimizar sus verbalizaciones. Resultará fundamental ofrecer un sostén adecuado en los momentos de crisis. ¿Cómo podrías actuar en esas situaciones? Veamos una serie de orientaciones básicas.

  • Es entendible que la situación te abrume, pero es necesario aportar calma a la situación mediante tu lenguaje no verbal y verbal.
  • Retira los objetos que sean potencialmente peligrosos para esas personas (elementos que pueda usar con un fin autolesivo, medicamentos etc).
  • Favorece la escucha de la persona. Pregúntale sobre los sentimientos que tiene, si había pensado antes sobre el suicidio. En el caso de que fuese afirmativa la respuesta, pregúntale cuales fueron sus frenos y anima a la persona a verbalizar sus razones para vivir actualmente. Realiza preguntas para saber si ha pensado en un plan sobre cómo consumar el acto (si lo ha planificado y es viable que lo realice, supone un alto riesgo).
  • En esos momentos, la persona esta desesperanzada ante su presente y futuro y solo contempla el suicidio como solución. Interésate por aquello que le está generando ese sufrimiento y habla con esa persona sobre alternativas a la muerte que le ayudarían a gestionar su situación.
  • Permanece a su lado sin dejarle sol@. Si no sabes qué decir sí puedes realizar una buena escucha permitiendo que hable contigo. Será un tiempo ganado a favor ya que es una oportunidad para sentirse escuchado, entendido y acompañado. Transmítele tu preocupación sobre su plan y dile de forma explícita que para ti y para otras personas es alguien importante.
  • No reproches su planteamiento ( ej. “Qué cosas dices”,” cómo puedes pensar eso”) ni lances mensajes sobre lo bonita que es la vida.
  • No asegure la confidencialidad y busque apoyo en la red social/familiar más cercana. En caso de riesgo potencial, es necesario activar las acciones preventivas necesarias como contactar con los diferentes Servicios de Emergencias Médicas mediante el 112.

Puede ocurrir que no se haya dado este momento de crisis, pero estés preocupad@ por alguna persona cercana a ti. Es importante tener en cuenta señales de alerta como: comentarios negativos sobre sí mismo y su futuro, verbalizaciones explicitas sobre la muerte o cualquier comportamiento que simbolice una despedida (tanto verbal como conductual). Ante alguna de estas señales invítale a hablar y ofrécele buscar ayuda juntos.

Si estas si estas viviendo esta situación o estas preocupado por alguien de tu entorno, desde Quiero Psicología queremos decirte: “no está sol@”.

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La autoestima y las redes sociales

Es innegable que se está viviendo una verdadera revolución digital y estos cambios tecnológicos han afectado a distintas escalas a un mundo cada vez más globalizado. A nivel individual ha impactado generando un cambio en la forma de relacionarse con los otros, el estilo de vida y condicionando en cierta medida el desarrollo de cada uno.

Te contamos unas cuantas claves de cómo repercuten las redes sociales en la autoestima.

Valgo en función de los likes

La autoestima es la relación positiva entre la valoración objetiva de uno mismo y el ideal de aquello que le gustaría ser. El factor sociocultural en la construcción de ésta tiene un papel fundamental, donde entran el juego los valores sociales que se premian en la sociedad y el éxito y el atractivo asociado a la popularidad. En este último punto se encuentra uno de los aspectos claves para entender la importancia de las redes sociales y su relación con la autoestima.

Los nativos digitales, es decir, aquellos que han crecido en una época donde los cambios tecnológicos estaban ya implantados, se han adaptado a vivir con redes sociales y de hecho va implícito en su forma de vida. Esto supone una ventaja en cuanto a los beneficios que implica la tecnología, pero se exponen también a riesgos que pueden pasar desapercibidos. Es muy importante considerar el impacto sobre los adolescentes.

En esta época de crisis vital, llena de contradicciones, inexperiencia y búsqueda de identidad, el criterio de su grupo de iguales será el baremo con el que se midan. En un futuro adulto, la comparación con los otros también estará presente como una forma de regulación. Este es el caldo de cultivo para que las redes sociales sea el lugar idóneo para ello.

De este modo, una publicación en una red social lleva consigo cierta búsqueda de aprobación donde un “like/me gusta” premiará el comportamiento. Además las redes sociales ofrecen la posibilidad de usar filtros, no solo para la imagen, sino que se puede seleccionar qué se muestra y qué no. Así, poco a poco, la persona puede ir construyendo su imagen social ideal (su “ yo online”), mostrando en función de lo que sea valorado y que servirá como una afirmación de su identidad.

Cuando llega el dislike

El espacio de las redes sociales no es simplemente un escaparate social, sino además ahora un lugar que es la fuente de ingresos para muchas personas que obtienen retribución económica, pero pagando el peaje de vivir con “los haters”. Éstos son personas que desde la sensación de invulnerabilidad que ofrece la pantalla digital dirigen comentarios negativos hacia otros, llegando a acosar a diario. Lamentablemente son un elemento instalado ya en las redes sociales.

El motivo de estos comentarios negativos puede explicarse (aunque nunca estará justificado) desde la defensa de otros valores contrarios a lo que la otra persona ha expuesto, desde una comparación que ha despertado inseguridades en el otro y desde un deseo deliberado de dañar. Recientemente se ha publicado que conocidas influencers se han retirado temporalmente por estos motivos en un gesto de cuidado de su salud mental.

No obstante, sin llegar a esos niveles de popularidad, este feedback negativo también ocurre a nivel usuario y aunque ocurra en menor medida es igual de dañino para la autoestima de la persona. Estos comentarios negativos (o ausencia de comentarios positivos) son potencialmente destructores si la persona termina explicando esa situación desde ella misma (ej. “Lo he hecho mal”, “ no soy tan valida como X” “ haga lo que haga me criticarán” ), obviando la acción del otro y exculpándole de su responsabilidad.

Yo online -vs- yo offline.

Las redes sociales posibilitan experimentar diferentes roles, así por ejemplo es habitual encontrar que una persona tenga diferentes perfiles (personal, laboral, proyecto personal etc) e interactúe en función del público al que se dirige.

Del mismo modo, la existencia de estos filtros comentados hace que el mundo virtual no tenga la autenticidad y espontaneidad propias del contacto cara a cara y ofrece por tanto un intervalo para pensar qué quieres decir y cómo.

Las redes sociales supondrán una ventaja para aquellos que no tengan habilidades para enfrentarse a las situaciones sociales y favorecerá la expresión de sentimientos, pensamientos y emociones que de otro modo no tendrían cabida en su vida. Será un arma de doble filo puesto que si recibe un feedback positivo, reforzará que continúe aislándose y relacionándose tras la pantalla.

A veces, este espacio virtual es el único lugar donde los niños/adultos encuentran la posibilidad de habla, en los adolescentes además cobra más importancia, porque será un mundo con sus propias reglas.

La otra cara de la hiperconexión

Otra de las características del mundo virtual es la inmediatez que ofrece para acceder a la información y contactar con los demás, favoreciendo en este último caso una hipersocialización.

Esto en la adolescencia supone una ventaja para poder acceder a los iguales, pero también despierta fenómenos como el ya conocido FOMO (Fear of missing out o Miedo a perderse algo). Este miedo causado por la sensación de estar quedando al margen de experiencias gratificantes de otros genera cierta ansiedad social que se palia mediante un exceso de conexión a las redes para permanecer en contacto con los otros. Este continuo contacto genera a su vez una constante comparación de la vida de los demás respecto a la nuestra, fijando la atención en lo positivo de los demás y en las carencias y aspectos negativos de nuestra vida.

¿Qué hacer desde el entorno?

Como hemos hablado, el mundo virtual es un refugio en ocasiones, pero desde los distintos sistemas en los que se mueve la persona se puede trabajar en pro de la autoestima.

Desde casa y desde la escuela es importante que por parte de los padres y profesores se generen espacios de escucha, que se ajusten expectativas en cuanto a la capacidad de las personas y se brinden las ayudas (tanto materiales como emocionales) que permitan el avance. Es igual de importante ayudar como resaltar esos avances, sin caer en comparaciones y sin dar por hecho que “es lo que tienen que hacer”.

Desde el entorno familiar, no hay que olvidar que los adultos sirven de modelo para los hijos y por tanto es importante demostrar y enseñar un uso responsable de las redes sociales. Es necesario fomentar pautas saludables como no usar el móvil mientras se comparten momentos familiares, enseñarles el uso que le das a las redes sociales, pedirle que comparta contigo lo que ve en redes sociales y sobre todo, advertirle de los riesgos que supone la exposición sin medida.

Cuidar los mensajes que se lanzan desde el entorno en edades tempranas es importante porque quedarán grabados e irán estableciendo los pilares sobre los que creará el autoconcepto la persona y los terminará interiorizando. En un futuro, las experiencias negativas inherentes a la vida, activarán estas viejas heridas relacionadas con estos mensajes negativos pasados sobre “no ser suficiente”.

¿Qué puedo hacer para que las redes sociales no afecten a mi autoestima?

Es posible que al meterte en una red social pienses “mi vida no es tan interesante como la de los demás”. Esto surge ante comparaciones respecto a las actividades que hacen los demás y al dirigir la atención al número de likes que tiene una persona ante una publicación o el numero de seguidores que acumula.

Estos pensamientos pueden aparecer y el objetivo no es que desaparezcan sino reconducirlos ya que pensar en lo que nos falta es devastador a nivel emocional. ¿Y cómo se logra esto?

Puede ser que estando en las redes sociales surja la comparación y comiences a tener pensamientos negativos y a sentirte mal. Revisa qué es lo que exactamente te genera malestar ante esa publicación. Si está relacionado con un área de tu vida que no estás atendiendo, piensa qué pequeño cambio podrías hacer para satisfacerla.

Puede ser que tengas un ideal utópico en cómo debería ser tu vida. No elijas como baremo la vida de los demás puesto que recuerda que en redes solo se muestra una pequeña parte de la vida y está muy lejos de la realidad.

No publiques pensando en lo que va a gustar, muestra aquello que para ti sea importante, que te represente y vaya de acuerdo a tus valores. Si esa publicación no recibe likes, recuerda por qué lo has subido.

Reduce el tiempo que le dedicas a las redes sociales ya que te aleja de los demás y de lo verdaderamente importante en tu vida.

Cambiar este dialogo interno será un pequeño gran cambio.

Si te has sentido identificado o conoces a alguien que puede estar pasando por esta situación, desde Quiero Psicologia podemos ayudarte.

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Cuidando al cuidador

Cuando estamos al cuidado de un familiar o amigo enfermo, tenemos la tendencia de organizar los horarios acorde a sus demandas. Sin embargo, si la enfermedad se cronifica, es habitual que progresivamente nuestra vida empiece a girar en torno a sus necesidades.

En este caso, llamamos cuidador a la persona encargada de cubrir las necesidades especiales de alguna persona ya sea por su edad, condiciones físicas o porque padece algún tipo de enfermedad. Por ejemplo, una persona que se dedica a cuidar a algún familiar anciano o a una persona con discapacidad física.

En España, se estima que el 90% de las personas dependientes se encuentran bajo la atención de algún familiar.

Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, existe el riesgo de que el cuidador acabe desarrollando una sensación de sobrecarga y fatiga, que a largo plazo, puede repercutir negativamente en su área laboral, social y emocional.

¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE EL ROL DE CUIDADOR?

Sobrecarga:

La gran mayoría de estas personas también han de hacer frente a su trabajo, tareas domésticas y cubrir sus propias necesidades. Es habitual que si nos encontramos en esta situación experimentemos la sensación de no poder llegar a todo.

Fatiga:

La sobrecarga de tareas y sobreimplicación en los cuidados provoca, inevitablemente, un elevado grado de cansancio que puede acabar generando lesiones musculares y problemas de salud.

Ansiedad por el futuro:

Muchos de los cuidadores se preguntan: ¿quién cuidará a esta persona cuando yo no esté? O ¿si yo enfermo, quién se hará cargo de sus cuidados?. Por lo que es muy habitual experimentar preocupaciones y desesperanza hacia el futuro.

Aislamiento social:

La sobrecarga puede dar pie a cancelar planes sociales, posponer compromisos laborales o médicos, evitar conocer a gente nueva, etc. Paulatinamente, esto provoca la limitación del contacto social y a largo plazo, el aislamiento.

Descuido de los hábitos de salud:

Cuando debes hacer frente a tantas demandas, puedes acabar dejando de lado los hábitos alimenticios, de higiene y de sueño. Cuando tu horario se centra en los cuidados de la otra persona es normal acabar adaptando toda tu rutina a al suya.

Tristeza por la pérdida de reforzadores:

Cuando la vida del cuidador se limita a cuidar a la persona dependiente y deja de lado a sus amistades y compromisos laborales, es normal experimentar una sensación de vacío y soledad.

La emoción de tristeza surge ante las pérdidas, por lo que estas personas pueden verse inmersas en una espiral constante de pérdidas, al focalizar su rutina únicamente en el bienestar de su familiar y descuidar su propia salud.

Culpa:

Esta emoción surge cuando la persona cuidadora antepone sus necesidades o compromisos a los de la persona cuidada, considerando, de una forma distorsionada, que está haciendo algo malo y actuando de forma desconsiderada por no estar dedicada exclusivamente al rol de cuidador.

LOS CUIDADORES DURANTE LA PANDEMIA

El Informe sobre el Bienestar de los Cuidadores de 2020, señala que todo este malestar se ha intensificado a raíz de la pandemia.

El hecho de tener que limitar los contactos sociales, la disminución de plazas en los centros de día y la sobrecarga de la atención primaria, han disminuido considerablemente los apoyos de estas personas y por tanto, reducido su autonomía.

A esto habría que sumarle el gran porcentaje de personas que afirma tener miedo de padecer COVID y por tanto, no poder hacerse cargo de la persona que cuida, aumentando así su hiperresponsabilidad y nivel de ansiedad.

Otro dato interesante de este informe, es la desigualdad entre sexos, ya que existe un mayor porcentaje de mujeres cuidadoras, que hombres cuidadores.

¿QUÉ PUEDES HACER? CUÍDATE

Recuerda tus derechos:

Tienes derecho a decir NO, a equivocarte, a descansar, a no poder con todo, a pedir ayuda y delegar responsabilidades.

Establece límites:

Prioriza las tareas importantes de las tareas urgentes pero no importantes. Veamos un ejemplo de este concepto para entenderlo mejor:

Imaginemos que yo tengo la costumbre de desayunar café con leche todas las mañanas y mi día establecido para hacer la compra son los jueves por la tarde. Resulta que un jueves por la tarde me invitan a una pequeña fiesta de cumpleaños que coincide con mi hora habitual de realizar la compra. Si no compro leche, no me podré hacer mañana mi café rutinario, pero si voy a hacer la compra a la hora de siempre, me perderé la celebración.

En este caso, quizás me compense más acudir a la fiesta, que es un evento único, y modificar mi rutina de desayuno. Es cierto que si no voy a la compra, no podré desayunar el viernes mi desayuno habitual, pero puedo hacer la excepción al no tratarse de un problema urgente, y desayunar fuera de casa o comer algo diferente.

Fomenta el autocuidado:

Una vez establecida una rutina realista, es imprescindible incluir pequeños momentos de autocuidado, siendo obligatorio contemplar como mínimo un momento al día para ello.

Con autocuidado no nos referimos a acudir a un spa a diario, sino realizar actividades que nos resulten gratificantes como escuchar música, leer, caminar, hacer ejercicio físico, dibujar, etc.

Mantén hábitos saludables de higiene, alimentación y sueño:

Trata de acostarte siempre a la misma hora y de mantener una dieta equilibrada, que incluya todas las comidas.

Apóyate en asociaciones o en grupos de apoyo:

Estos servicios permiten por un lado, obtener información sobre la enfermedad para establecer metas realistas y ajustadas, y por otro lado, establecer una red donde poder desahogarse y apoyarse ante una situación tan compleja.

En conclusión, no podemos cuidar a otra persona adecuadamente si no nos cuidamos primero a nosotros. Si te sientes identificado con este post y te gustaría recibir más información, en Quiero Psicología estaremos encantadas de atenderte y poder acompañarte en este proceso.

violencia-estetica

¿Qué es la violencia estética?

Vivimos en una sociedad que está obsesionada con la delgadez, con ajustarnos a un determinado canon de belleza impuesto; una configuración normativa que nos invade a través de redes sociales, de la televisión, de las películas, de las series, de las fotografías.

Es un canon impuesto y calificado como sano, si te ajustas a este tipo de configuración estás sano físicamente, de la salud mental, obviamente, no hablamos.

Es una imposición que recibimos de forma externa pero gota a gota va calando en nuestra mente y en nuestra forma de pensar, provocando que de manera inconsciente cambiemos nuestra forma de actuar, modifiquemos nuestras costumbres, que nuestras conversaciones giren entorno a la apariencia física de quienes rodean, ya sean personas cercanas, familiares, o simples transeúntes.

Aunque todos estamos expuestos a este tipo de violencia, las mujeres somos más vulnerables y la vivimos de forma mucho más intensa y marcada. Es otro tipo de violencia al que se nos somete, teniendo que seguir unas exigencias estéticas y sufriendo una obsesión por la belleza corporal definida por una sociedad patriarcal y con marcados intereses machistas.

Es una violencia que se ejerce a nivel psicológico, pero que las mujeres expresamos modificando nuestro aspecto físico, intentando adaptarnos a un patrón subjetivo y previamente definido como bello, estético, deseable, femenino.

Lo malo de este tipo de violencia es que es tan sumamente sutil que no la percibimos y todas hacemos determinadas cosas con nuestra imagen corporal y con nuestro físico de manera automática y tradicional que ya las consideramos como parte de la idiosincrasia de ser mujer.

Nos depilamos, no arreglamos las cejas de determinada forma, no salimos sin estar maquilladas… ¿por qué lo hacemos?, ¿por qué nos sentimos bien? ¿por qué nos gusta? ¿Somos conscientes de los motivos que nos llevan a realizar determinadas acciones?

¿De dónde sacamos el modelo a seguir?

Pero, de dónde obtenemos el modelo a seguir para que todas nos tengamos que ajustar a él, al cuerpo que es normativo, que tiene una forma determinada, un peso concreto, un tono de moreno y un color de pelo.

Nos bombardean con imágenes de mujeres definidas como perfectas, con estas características corporales, pero que también visten de una manera determinada, siguiendo unas tendencias que nos dicen que vamos a la moda.

Desde la televisión, en los anuncios publicitarios, en instagram, en tik tok, a través de los vídeos musicales, de las películas de cine o de las series netflix.

¿Cuántas veces hemos visto una serie apocalíptica en la que los protagonistas, llevan meses caminando a través de carreteras abandonas, enfrentándose a peleas contra diferentes seres, durmiendo en condiciones deplorables y con una higiene cuanto menos deficiente? Y, ¡qué curioso! Los personajes femeninos van perfectamente depiladas, con el pelo limpio y con ropa que no les va a permitir moverse con agilidad, mientras que a los personajes masculinos se les permite que se les note el paso del tiempo y las consecuencias de las condiciones en las que están viviendo.

Parece algo sin importancia, ¿verdad? Pero provoca que de manera inconsciente nos vaya calando la imagen a la que nos debemos ajustar para ser “la mujer perfecta”.

Nos venden como eslóganes publicitarios que para sentirnos bien, debemos vernos bien y vernos bien es cumplir con determinadas características que seguimos a pies juntillas a costa de nuestra salud mental y en muchas ocasiones de la física.

Consecuencias del ajuste al modelo

Podemos pensar que no estamos sufriendo las consecuencias directas del ajuste a este canon normativo de belleza ya que realizamos determinadas conductas todos los días que hemos interiorizado como “lo que hay que hacer”. Lo hacía nuestra madre y la madre de nuestras amigas en el colegio, nuestra profesora del instituto, y casi cualquier mujer que nos encontramos en nuestro día a día.

Hay que comer fit, hay que hacer ejercicio diariamente, hay que consumir determinados productos, para ajustarnos a ese modelo de cuerpo en muchas ocasiones inalcanzable ya que se obvian las características genéticas de altura, construcción, metabolismo…

Desde este punto de vista, podemos abordar cuestiones como la gordofobia, las distorsiones de la percepción que tenemos de nuestro cuerpo, las modificaciones corporales que se hacen a través de las cirugías estéticas e incluso los trastornos de la conducta alimentaria.

Consecuencias que a su vez están distorsionadas ya que le quitamos importancia a que alguien se ponga botox en los labios, siga un dieta alimenticia “para encontrarse mejor”, o que tengamos conversaciones en las que nuestra manera de clasificar al otro sea por su peso o su forma de vestir.

Todas estas consecuencias pueden provocar en cada persona, en cada mujer que sintamos que no somos válidas, que no somos suficientes, que no somos deseables, que no somos “buenas mujeres”.

¿Qué podemos hacer?

Es necesario tomar consciencia de nuestros actos, realizarlos de manera crítica; conocer nuestras motivaciones.

No te juzgues o te critiques por darte cuenta que realizas determinadas acciones, cuestiona la motivación por las que las haces. Piensa si ese acto concuerda con tu vida, con lo que quieres transmitir de manera consciente e intencional y si es así, ¡hazlo!

Ponte tacones, píntate los labios de rojo o usa zapatillas de deporte; depílate o no lo hagas. Acude al gimnasio, a zumba, a pilates o a musculación.

Ponte ese vaquero que está de moda o la camisa de tu abuelo.

Vive de manera consciente, real, intencional, vive siendo tú, ajustándote a tu propia idea de quien eres, porque de esa manera eres perfecta, eres sana y eres completa.

Y no te olvides que no estás sola durante este proceso, que más mujeres están en el mismo camino que tú. Pero si aún así, necesitas un ayuda extra, no dudes en acudir a un profesional que te permita realizar este camino hacia una salud plena física y mental.

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¿Te frustra sentir que tu verano no es estupendo?

¿Estás deseando que termine el verano? ¿te quema ver las redes sociales por lo que publican los demás? ¿sientes que tu verano está siendo nefasto en comparación con el de otras personas?

Quizás el periodo vacacional para muchos sea la mejor etapa del año y para otros sea un suplicio. Si para ti está siendo complicado lidiar con las distintas realidades que presentan los demás sobre su verano, este post puede interesarte.

Abres una red social y automáticamente sientes presión en el pecho o taquicardia, observas los lugares paradisíacos a los que van las demás personas, las reuniones sociales y familiares o la cantidad de actividades que pueden llegar a hacer y tú, comienzas a sentirte totalmente alejado/a de esa realidad.

Tras un rato observando fotos, vídeos, lugares y personas, decides dejar el teléfono sintiendo a continuación una mezcla entre tristeza, ansiedad y desmotivación.

Entras en bucle con diálogos internos sobre lo “poco divertido” que está siendo tu verano, lo “poco que aprovechas” y la “mala suerte” que tienes.

Quedas exhausto/a y llegas a perder hasta el apetito o a no conciliar bien el sueño y, en definitiva, deseas fuertemente que el verano llegue a su fin para recuperar la rutina de trabajo/estudios y que todo el mundo vuelva a sus quehaceres.

Llegados a este punto te planteas, ¿qué puedo hacer para no sentirme así?

Parece que hay determinadas fechas en el calendario que están cargadas de clichés a los que ajustarse y el verano es una de ellas. Reuniones, viajes, fiestas, etc., son ingredientes que parecen indispensables para poder “decirle al mundo” que has tenido un verano como “debe de ser”.

Se inicia una competición por ver quién viaja al lugar más espectacular, quién ha pasado menos tiempo en casa y quién llega a septiembre con el color de piel más dorado. Todo lo que no se ajuste a dicho patrón de vacaciones “ideales” queda relegado a otra cosa que, desde luego, no puede ser considerado “verano” y, por tanto, se presupone como una “pérdida de tiempo”.

Si observas los meses comprendidos entre junio y agosto desde el filtro que acabamos de describir, siento decirte que con alta probabilidad vas a experimentar como poco, una gran frustración.

Aprovechando que aún queda medio mes para que todos volvamos a la rutina, te animo a que observes qué te quieren decir las distintas emociones-sensaciones que estás sintiendo en relación con lo que hablamos hoy.

La sensación de malestar puede ser una señal de tu mente-cuerpo que está pidiendo a gritos que escuches y que hagas algo al respecto. Esto no quiere decir que tengas que buscar el primer vuelo a Menorca que veas si no, que tal vez, deberías escuchar tu diálogo interno para llegar al fondo de tu necesidad real. Veamos una serie de ejemplos:

-Acabo de ver que mi compañera de trabajo se ha ido de vacaciones con su pareja a otro país y que están visitando lugares espectaculares. Sientes tristeza, envidia, rabia….

Si ahondamos en tus emociones, puede que observes que tu necesidad no es viajar a otro país, si no, pasar más tiempo con tu pareja. Hace mucho que no os dedicáis tiempo de calidad y algo dentro de ti se activa cuando ves a los demás haciéndolo.

-Tu hermano se va a pasar una semana con sus amigos a una casa rural con piscina. Cuando lo ves haciendo la maleta te vas, estás irritado y no quieres ni verlo….

Cuando escuchas tu emoción, conectas con la sensación de echar de menos a tus amistades. Hace varios veranos que no coincidís todos juntos para hacer una escapada y esto te llena profundamente de tristeza, ojalá tú pudieras hacer esto con tu grupo.

-Tienes una cena programada y unas copas luego, pero te comienzas a agobiar porque no tienes ropa nueva y quieres ir con un modelito nuevo. Al final, no encuentras nada que te convenza y cancelas el plan…

Al calmarte te das cuenta de que no has cancelado por el capricho de “no tener un modelito nuevo”. La realidad es que era una quedada importante y querías usar ropa que no sea la habitual pero no cobras lo suficiente en tu trabajo y no has podido aún renovar algo tu armario. La vía de escape fue cancelar ante el malestar que esto te generaba.

Con estos ejemplos (y mil más que podríamos poner), analizamos como detrás de una o varias emociones hay una necesidad real que, si escuchamos y atendemos, podremos cubrir y, por tanto, sentirnos mejor.

Buscar un trabajo con mejores condiciones, comunicar con tu pareja cómo te sientes y qué necesitas, ampliar tu red social para compartir con más personas el tiempo y no quedar relegado/a al grupo de siempre y su disponibilidad, etc… son cosas que sí son «solucionables»

Lo que observas en redes sociales puede dar pie a determinar qué estás necesitando y no tienes y hacia dónde te gustaría encaminarte, pero recuerda, que no todo lo que se muestra es la realidad general de las personas. Dedica tiempo a escucharte, identificar tus necesidades e intentar cubrirlas a corto-medio o largo plazo.

¿Qué puedo hacer entonces?

Durante este proceso en el que eres compasivo/a contigo mismo/a y te permites entender qué te está sucediendo al compararte con otros/as, puedes realizar una serie de conductas concretas que pueden ayudar a reducir el malestar:

Limita tu tiempo en redes sociales. No toda la realidad es justo lo que se publica, por tanto, no alimentes tu angustia observando todo el tiempo sólo la parte “ideal”

Relativiza y añade argumentos racionales que equilibren la parte emocional a tu bucle rumiativo. Elimina los mitos y prejuicios asociados a lo que es el verano. Se puede pasar esta etapa del año en casa descansando y viendo películas, no “tienes que” ir a una playa para ser feliz o rodearte de 50 personas diferentes

-Practica alguna actividad física. Salir a andar, correr, nadar, ejercicios desde casa, etc.

Estimula otras áreas. Lee, dibuja, escribe, escucha música distinta, etc.

-Ejercita la atención en el aquí y el ahora. Toma plena consciencia sobre lo que estás haciendo en este preciso instante, el lugar, los olores, sabores o sonidos. Disfruta lo que tienes en este momento. Pueden ser personas, salud, un lugar físico, etc.

Es posible que a pesar de tu esfuerzo sigas encontrando dificultad para reducir el malestar y sentirte mejor, y éste puede ser el momento clave para pedir ayuda. En Quiero Psicología continuamos dando atención en esta estación del año por lo que podemos comenzar a acompañarte en este proceso sin esperar a septiembre.

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¿Qué es el síndrome del impostor?

¿Alguna vez te has sentido culpable tras haber sido seleccionada para un empleo?, ¿te preocupa no estar a la altura de tu puesto de trabajo?, ¿crees que no mereces tener éxito laboral y estás engañando a tus jefes?

Si la respuesta es afirmativa, probablemente sufras lo que comúnmente se conoce como el síndrome del impostor.

Este fenómeno social, lejos de ser una patología o un trastorno, se caracteriza por la sensación de no ser merecedor del éxito personal o laboral y por tanto, sentirse culpable y con miedo de no poder cumplir las expectativas.

Si te identificas con esta sensación, coincidirás en que en muchas ocasiones has experimentado ansiedad y preocupación de que se “descubra” que no estás a la altura de ese puesto, y que por tanto, eres un fraude o impostor.

Las personas que experimentan este fenómeno, sienten que sus compañeros de trabajo o jefes han sido engañados, y que su desempeño no está a la altura de las responsabilidades que conlleva su puesto. A consecuencia, quienes padecen el síndrome del impostor suelen permanecer en una alerta y preocupación constante, con el fin de no ser “descubiertos” y tratan de estar a la altura de las expectativas que ellos mismos han generado.

¿Quiénes padecen este síndrome?

Normalmente, hablamos de personas muy autoexigentes y perfeccionistas, que ya desde la infancia han sido sometidas a ambientes de mucha responsabilidad y exigencia, provocando baja autoestima e inseguridad.

Estas personas se caracterizan por un alto grado de responsabilidad y autocrítica, ya que no han podido crecer en un ambiente reforzante. Es común que estas personas se hayan desarrollado en un contexto donde pocas veces se premiaba el esfuerzo porque nunca era suficiente, o se omitían las emociones.

Por ende, y aunque parezca paradójico, son personas que a pesar de haber conseguido grandes logros a nivel académico y laboral a través de su esfuerzo, creen que sus logros se deben al azar o a factores ajenos a ellos. Creen que no son dignos de merecer ese reconocimiento.

Habitualmente, estas personas se ven envueltas en un círculo vicioso: Ante la preocupación de no estar a la altura de su puesto laboral, suelen aumentar sus esfuerzos para paliar su ansiedad. Sin embargo, este sobre esfuerzo acaba generándoles aun más preocupaciones y mayor ansiedad, aumentando por tanto, su inseguridad.

¿Patología o fenómeno social?

No obstante, como ya hemos dicho antes, el síndrome del impostor no es una patología que figure en los manuales de psiquiatría, sino un fenómeno cultural y social, por lo que no es casualidad que mayoritariamente lo experimenten mujeres.

Durante años, a través de la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos, las mujeres y los hombres han sido educados para desempeñar diferentes roles, quedando la mujer relegada a un plano más doméstico o familiar.

De esta forma, las mujeres internalizan una serie de esquemas sociales sobre cómo han de comportarse, qué se puede esperar de ellas y qué rol pueden desarrollar en la sociedad. Parece que cuando una mujer escapa de alguno de estos estereotipos está quebrantando una serie de reglas sociales no escritas, defraudando a la imagen que se espera de ella.

Esto no solo afecta, por tanto, a nivel laboral, sino que también puede dar pie a problemas de autoestima que acaban generando inseguridad con el propio cuerpo, con la relación de pareja o con el rol de madre/hija. Por lo tanto, es habitual experimentar emociones de culpa, ansiedad y vergüenza.

¿Cómo podemos superarlo?

Si coincides con las sensaciones descritas anteriormente, no padeces ninguna enfermedad, estás experimentando una serie de pensamientos irracionales que responden a las demandas de la sociedad actual.

  • Identifica tus fortalezas y tu trayectoria profesional, ¿cuánto tiempo y esfuerzo has invertido para llegar donde estás? Pregúntate si realmente es cuestión de azar o si estás recogiendo los frutos de tanto esfuerzo.
  • Normaliza tus errores y asume que somos seres en constante aprendizaje. La experiencia se obtiene a base de preguntar, equivocarse, repetir y practicar. Tus compañeros o superiores también comenzaron siendo inexpertos en ese puesto.
  • ¿Qué es lo peor que puede pasar?. Preguntante si las consecuencias que anticipadas van a ser tan catastróficas como temes y la escasa probabilidad que hay de que eso ocurra.
  • Focalízate en el presente y disfruta de tus logros. Si has llegado hasta esa posición es gracias a tu valor, conecta con las emociones agradables que supone tu éxito.

Con todo, si te has sentido identificada con este post y te gustaría reducir tu malestar, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de darte las pautas necesarias para manejar esta sensación y permitirte saborear el éxito que te mereces.

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¿Qué creencias sobre la familia están limitando tu vida?

Vamos a hacer un juego, ¿te animas? Imagina que un día vas por el medio de un camino y te encuentras unas semillas, decides recogerlas y guardarlas cuidadosamente para que al llegar a casa poder germinarlas y plantarlas.

De vuelta acudes a la tienda y adquieres todo lo necesario; una maceta bonita, la escoges cuidadosamente, el mejor sustrato, el adecuado para las semillas que has encontrado, compras todos los útiles para el cuidado y crecimiento óptimo de la futura planta que saldrá de esas semillas encontradas.

Al llegar, lo preparas todo y comienzas con el proceso, todo como se debe hacer y al poco tiempo salen los primeros brotes. ¡Qué ilusión!, sigues con los cuidados, le das luz, agua, la observas, analizas si tiene alguna necesidad especial y si es así intentas cubrirla. Es un proyecto valioso para ti, se está creando una vida en esa maceta que parte de aquellas semillas encontradas.

Con el paso del tiempo la planta está grande y fuerte gracias a tus cuidados. ¡Qué alegría!

Ahora piensa que esa planta que primero fueron unas semillas no es una planta, es el vínculo que se genera en todas las relaciones. Al principio es débil, pequeño, al que hay que prestarle una atención especial, regarlo, alimentarlo para que vaya creciéndose y haciéndose más fuerte.

Pero, ¿qué ocurriría con esa planta si llega un momento que dejamos de regarla, de alimentarla, que no le damos la atención y cuidados que necesita? La planta terminaría por marchitarse y morir, ¿verdad? Lo mismo ocurre con las relaciones, si no las cuidamos de la forma necesaria, atendiendo a las necesidades que tienen en cada momento, el vínculo se marchita y se debilita.

Este vínculo se crea en todas las relaciones y cuando decimos todas es en absolutamente todas las relaciones, incluso en las familiares, un tipo de relaciones que son particulares ya que están vinculadas a muchos mitos.

Mitos en las relaciones familiares

Cuando decimos mitos dentro del entorno familiar estamos refiriendo a un conjunto de creencias que comparten los miembros de la misma familia con respecto al papel que deben cumplir cada miembro dentro de la estructura familiar y sobre la naturaleza de la relación.

Dentro de los mitos podemos hacer una clasificación en dos tipos:

1. Aquellos que son únicos y particulares de la familia. Este tipo de mito se han generado debido a la historia familiar y el contexto socioeconómico y político en el que ha ido creciendo la familia desde sus orígenes (abuelos, padres, hijos…)

2. Mitos familiares que podríamos denominar como más universales y que muchas familias comparten. Estos últimos son los que vamos a describir.

La familia es lo primero”

En muchas familias nos encontramos con que hay que anteponer las necesidades familiares grupales a las personales e individuales. Cuando existe este mito familiar nos podemos encontrar con una sensación de estar enjaulados, de que nuestro crecimiento y desarrollo personal se ve limitado y juzgado.

Cada vez que mostramos interés en algo que “no interesa” en la familia se nos puede llegar a tachar de manera explícita o no de egoístas y de no pensar en los demás.

Pero en realidad, incluso con la familia debemos mostrar un “egoísmo sano”, preocuparnos por nuestras necesidades y cuidar de nosotros mismos. Si nosotros estamos carentes, no podemos ofrecer atención y cuidado al otro.

En la familia todo se perdona”

Por el hecho de pertenecer a la misma familia tenemos carta blanca para hacer lo que nos plazca a los demás miembros de la familia. Todo debe aguantarse, asumirse, tolerarse, aunque dañe a otro.

Bajo este mito se pueden llegar a sustentar relaciones de maltrato en mayor o menor grado.

Los vínculos han de cuidarse (acuérdate de la plantita) y por mucho que sea un miembro de la familia no debemos tolerar que nadie nos agreda de ninguna forma. Por ello, es necesario ponernos límites propios, es decir, cual es el punto donde vamos a decir “basta” y exponerlos y explicarlos al resto de los miembros de la familia poniéndoles límites también a ellos.

Es de tu sangre, tienes que quererlo”

Compartir sangre, sólo nos hace parientes, es decir, compartimos genética con esa persona, compartimos una historia pasada compartida, al igual que con el resto de la humanidad.

Pero dentro de esa carga genética no hay un gen en particular que sea el del amor recíproco; el amor recíproco se crea, se alimenta, se cuida con las buenas relaciones, con los intereses comunes y con el respeto por la individualidad del otro.

Solo hay un modelo válido de familia”

Nada más lejos de la realidad. La familia son aquellas personas en las que sientes que estás en casa, como cuando éramos niños y jugábamos a pillar y había un lugar seguro donde no podía pillarte, donde sentimos eso, ahí es familia.

Una familia puede estar por parientes, pero también puede estar formada por amigos, por mascotas, por miembros de otras familias…

Familia es allí donde nos sentimos seguros.

La familia debe estar unida, pase lo que pase”

Sentir unidad dentro de nuestro entorno familiar es algo que nos hace sentir plenos y seguros, y es precisamente esa plenitud y seguridad la que nos hace estar unidos a nuestras familias.

Pero, y si tengo que estar unido por obligación a personas con las que no tengo nada en común, con las que no me siento seguro, con las que no se preocupan por ti, ni por tus intereses y cuando lo hacen es para criticarlos o juzgarte.

En ese momento, la unidad familiar puede convertirse en una cárcel.

Con todo lo que hemos dado por ti”

De este mito se pueden generar sentimientos de culpa, de deuda en la persona que la escucha del resto de sus parientes.

Hay determinados hechos, como los cuidados básicos, alimentación, ropa y cobijo que se dan por supuesto cuando llega un bebé al mundo; se dan por supuesto, porque es conocido por todos que hay en determinados casos que ni siquiera se dan los cuidados básicos.

Pero recibir estas atenciones durante nuestra infancia y nuestro crecimiento, en el que nos posibiliten el estudiar y formarnos en aquello que queremos no nos pone en deuda con nuestros padres o cuidadores principales.

El haber recibido “todo por su parte” no es condición sine qua non para que dejemos de lado nuestros proyectos de vida, intereses y motivaciones.

En mi casa jugamos así”

Hay en familias que no se habla de las emociones, de la muerte, de los miedos, de las dudas, no se muestran los enfados ni las tristezas; no se permite nada que pueda tener relación con una supuesta debilidad.

No se habla de aquellas cuestiones que alteran el aura de perfección y felicidad que se debe mostrar.

No se abordan aquellas cuestiones que pueden poner de relieve que hay problemas de vínculo entre los miembros de la familia o que el entorno familiar no es un lugar seguro.

¿Qué ocurre si rompemos estos mitos?

Los mitos cumplen la función de dinamizar las relaciones familiares, son los que se encargan de cada uno cumplamos nuestro papel otorgado e impuesto.

Son creencias, reglas son reglas implícitas, en algunas ocasiones casi secretas y prácticamente ocultas en el día a día de la familia.

Estas reglas estructuran la forma en la que nos relacionamos dentro del entorno familiar y que nadie osa a romperlas ya que si así lo hace corre el riesgo de ser considerado “la oveja negra de la familia” y de sentirse excluido de nuestro primer entorno relacional, por ello, en la mayoría de los casos, callamos y seguimos con el juego.

Pero seguir con el juego puede tener consecuencias muy negativas para nosotros ya que estaremos enviando al fondo del baúl nuestras necesidades, nuestros intereses, nuestras motivaciones en la vida.

Cuando esta situación se perpetua en el tiempo, nos encontramos con una lucha interna entre la lealtad hacia la familia y la responsabilidad para con nosotros mismos y nuestra vida, pudiendo generar síntomas de depresión, ansiedad y otros trastornos que sin duda deberán ser abordados con un especialista, con un terapeuta.

Si identificas alguno de estos mitos u otros más particulares en tu entorno familiar, si sientes que la lealtad familiar te impide crecer y desarrollarte, da igual la edad que tengas, ponte en contacto con nosotras, que en Quiero estamos encantadas de poder ofrecerte una mano que te acompañe.