maltrato reality

Realities o la normalización de la toxicidad.

Si asistes al espectáculo de los realities ¿Te sientes identificado/a con algún/a concursante?

En los que muestran parejas ¿Crees que son un reflejo real de cómo son las relaciones, las mujeres y los hombres?

¿Si a ti te pasara algo así, no podrías aguantarlo?

Como norma general en casi cualquier reality, ya desde los primeros minutos observamos dinámicas cargadas de prejuicios, estereotipos, roles de género, toxicidad, etc.

Si nos centramos en los que nos muestran a parejas en un lugar paradisíaco, con villas de lujo y cuerpos esculturales como cebo para justificar infidelidades. “Esta experiencia hay que vivirla” , “esto ocurre porque te sientes en otro mundo” y otros argumentos sobre el por qué es tan fácil descontrolarse o perder la cabeza en aquel lugar.

Vamos a desgranar algunas de las «perlas» que nos muestran este tipo de programas:

Roles de género.

Chicos que abrazan a sus novias por la espalda en señal de protección, posesión y control. Chicas abrazadas por sus novios como signo de dependencia, fragilidad y sumisión.  “Las chicas son celosas”, “las chicas nos molestamos por todo” , mitos y categorías que distan mucho de la realidad: no por ser mujer tienes que ser celosa, y no por ser hombre te enfadas menos. “Bastante tenemos con nuestras novias ya”, la mujer como una carga pesada.

Rivalidad y odio.

“Chihuahua” ,“una mujer que viene a quitarle el novio a otra mujer me demuestra los valores que tiene” , discusiones, insultos y hostilidad entre las chicas y las tentaciones de sus parejas, perdiendo el respeto entre mujeres por luchar por la atención o el cariño de los chicos. A esto le añadimos que los chicos, para calmar a sus novias, infravaloran al resto de chicas con comentarios despectivos como “es fea”.

Lucha de egos.

Al inicio del programa, los chicos tienen que colocar un collar de flores en señal de interés por alguna de las chicas, una lucha de poder entre los «gallitos» en la que la mujer pasa a ser un objeto por el que dos hombres pelean. Ella es sólo un trofeo si opinión ni deseo ni, casi, cerebro.

Amor líquido.

Haciendo referencia a este concepto de Bauman, otra de las «situaciones» es cuando aparecen nuevas tentaciones en las villas. Si quiero cambiar mi cita por otra, puedo hacerlo, tengo donde elegir, hoy quiero contigo y mañana no, al instante. Cambian personas como si cambiasen de pantalones.

Normalización del conflicto.

“Discutimos mucho pero nos queremos” , «estamos teniendo discusiones ya como si fuéramos una pareja” , “nuestra relación es tricíclica, estamos bien, estamos mal y estamos muy mal”. Conductas en las que se acepta el conflicto en las relaciones como algo normal y típico en las parejas. Lo cierto es que está muy lejos de ser normal: el amor es que experimentes tranquilidad y sosiego en tus relaciones de manera habitual y sea un lugar de calma para ti.

Sentido de propiedad sobre las personas.

“Me van a quitar a mi novia” ,“no me importaría que tocara a otra chica”, “le dije que nadie le hiciera masajes”. Conductas posesivas en chicos y chicas. Tratar a una persona como si fuera algo tuyo implica anular sus emociones y necesidades, tener derecho sobre él/ella y estar por encima, yo decido, yo mando.

Ansiedad por separación.

“No puedo estar sin ti”, “no nos separemos nunca más”, “me quiero morir, no voy a aguantar”. Estar lejos de alguien a quien aprecias puede ser doloroso, pero ser incapaz de vivir y continuar debido a la ausencia de tu pareja implica dependencia y la total reducción de tu autonomía. Corres un grave peligro si tu bienestar depende por completo de que alguien se quede o no. 

Comprobaciones constantes de su amor.

“Tengo que verlo todo para saber si puedo confiar al 100% en él”, “no es su prototipo”. Amar no es poner a prueba a tu pareja para estar completamente seguro/a de él/ella. El amor no es un campo de batalla en el que tengas que observar que tu pareja resiste y consigue salir ileso/a ante un montón de tentaciones para saber si realmente te quiere o no. Observar cada paso que da te hace estar alerta constantemente, con el consiguiente desgaste ya que además, nunca podrás controlar absolutamente todo.

Atribuciones erróneas sobre responsabilidades.

“Él está harto de mis celos”, “para no destrozar nuestra relación miento” , “me he cohibido muchas cosas por ella”, “estoy cansado de no poder ser como soy”. ¿Quién es el/la último/a responsable de nuestras propias conductas? Nosotros/as mismos/as, salvo casos en los que exista algún tipo de desequilibrio en la relación y poderes y haya una amenaza. Hacer responsable a tu pareja de algo culpabilizándola, no es amor. Si algo no te gusta, tienes la opción de irte y si decides mantenerte en la relación, no justifiques tus actos culpando a tu pareja.

Aguantar todo por amor.

“Nunca habla bien de mi”, “no me hace masajes”, “en toda la relación nunca ha bailado conmigo”. Una pareja no tiene por qué complementarte en absolutamente todo, sin embargo, si para ti es importante el cariño, y tu pareja no suele tener gestos cariñosos o afectivos hacia ti, quizás habría que replantear si te sientes a gusto y tus necesidades están cubiertas. Muchos son los comentarios de chicos y chicas que denotaban insatisfacción por carencias en sus relaciones o la aceptación de dinámicas contrarias a las que uno desea. Si no te sientes bien, romper la relación también es una opción.

Desconfianza.

“No te acercas a una persona que no conoces sin un interés”, “si yo me siento así, es por algo”. No me fío ni de ti ni de mi, cuestiono todo lo que haces porque me provoca emociones negativas que no sé gestionar ni reconocer. Mi propia inseguridad la vuelco en ti y en tus actos.

Autoestima y calma a través del dolor de otros.

«Ya no quiero que disfrute, quiero verlo triste”, «me hubiera hasta arrodillado”, “a uno le sienta bien ver como dos chicas se pelean por ti”. Si le veo mal, significa que me quiere. Pensamientos alejados de lo que es amar a alguien, ya que, además de tu bienestar también te importa el suyo.

Desprecios.

“Tiene un carácter de mierda”, “no te preocupes, no pueden hacer nada”, “está loca”. Cuando no sé cómo gestionar lo que la otra persona hace, me limito a insultarla y descalificarla porque no soy capaz ni de entender lo que hace, ni el porqué.

Incertidumbre y confusión. Miedo y descontrol.

Una de las parejas que más atención obtiene (T y M) son el ejemplo claro de cómo no tratar a tu pareja: cuando hay un problema de celos, lo ideal es que exista comunicación fluida, empatía, comprensión, calma y seguridad. Si este problema persiste y se hace insostenible, la solución sería terminar la relación antes que estar en una dinámica de desconfianza, mentiras o dudas.

T. era ambivalente y lo mismo le decía un “te quiero” que rompía el compromiso con M. para besarse con otra chica a sus espaldas. Ante la inseguridad que siente M., estas conductas mantienen el bucle y el malestar se intensifica. Lejos de ser sincero y honesto, T. prefiere mantener viva la ilusión de que “todo está bien” “es sólo un juego” y “no ha pasado nada” , desconcertando y manipulando a una M. totalmente dependiente hacia él.

M. pierde el control y experimenta emociones con una intensidad desmedida, presa del miedo se olvida completamente de ella misma, reacciona con agresividad, posesión y sumisión lo que le imposibilita para actuar de la forma más adaptativa y saludable.

Pues bien, los realities no dejan de ser un reflejo pervertido de lo que sucede en la sociedad, si te has sentido identificado/a con alguna de estas situaciones que te mostramos o de alguna otra que resuene en ti y no tienes los recursos para gestionar lo que sucede, en Quiero Psicología trabajaremos toda la esfera que envuelve una relación para ayudarte a conseguir seguridad, calma y bienestar.

Violencia en pareja y el confinamiento.

Si crees que tu pareja te está maltratando porque durante la cuarentena la situación se ha puesto especialmente tensa o porque tus sensaciones y sentimientos han cambiado o están cambiando a peor, te recomendamos hacer una lista de cosas que han podido pasar, como señales de alarma para identificar si has vivido o estás en una relación tóxica o violenta.

En otros post hemos visto de qué manera ha podido afectar negativamente el confinamiento a tu relación de pareja. No es agradable tener discusiones con tu pareja, pero es importante ver cómo ha sido realmente esa dinámica. Porque no es lo mismo haber tenido desacuerdos donde el nivel de intensidad ha sido más alto que en otras ocasiones a que hayas vivido una situación de violencia.

¿Cómo sé si he vivido situaciones de violencia?

Puede que sea difícil que veas lo que es “normal” y lo que no lo es, especialmente si tu relación lleva tiempo funcionando de esta misma forma y ha sido la cuarentena, pasar todo el tiempo juntos/as, lo que te ha hecho sentir malestar, incomodidad o miedo.

También puede que sea difícil identificar un comportamiento violento o tóxico en la persona que se supone que te quiere y a la que quieres, pero es importante detectarlo para poder trabajar en ello.

¿Cómo puedo diferenciarlo?

Hay una serie de comportamientos o indicadores que te van ayudar a hacerlo, estos son algunos de ellos:

¿Te ha sobrecargado de responsabilidades?

Tú asumes la mayor parte de las tareas de la casa; tu pareja se ha dedicado a tener espacios personales y en cambio tú no has tenido tiempo para ti; te ha exigido que la casa estuviera limpia o la comida lista sin haberte ayudado ni colaborado; tienes que estar siempre disponible y a su servicio para cuando quiera o te culpa de cualquier conflicto familiar.

Todas estas exigencias te generan agotamiento y hacen que no atiendas tus propias necesidades.

¿Distorsiona la realidad?

Te confunde porque te puede halagar a la vez que te humilla; muestra una imagen diferente de cara a los demás a la que tiene en casa; te miente, tergiversa vuestras conversaciones o los acuerdos que teníais; te sorprende con regalos que luego utiliza para manipularte; está convencido/a que es superior y que siempre tiene razón e incluso puede afectar a tu estado físico alterándote el sueño o incitándote a tomar tranquilizantes.

Este comportamiento cambiante te mantiene en un estado de confusión e inseguridad en el que no sabes qué es real y qué no.

¿Te devalúa?

Te hace sentir inferior; te insulta o hace comentarios críticos sobre tu aspecto físico y tu imagen; constantemente busca errores en ti o fallos; te devalúa como pareja; ridiculiza tus metas, actitudes y habilidades; se ríe de todo lo que no considera que es valioso o importante o incluso puede llegar a mostrar desprecio hacia tu familia de origen.

Esta actitud por parte de tu pareja puede afectarte muy negativamente, minando tu autoestima y haciendo que te avergüences.

¿Utiliza estrategias defensivas?

Quizás esquiva su responsabilidad o justifica este comportamiento restándole importancia, argumentando que no ha sido para tanto; explicando con todo lujo de detalles que es correcto lo que ha hecho; utilizando la racionalización y la lógica para explicar coherentemente por qué lo ha hecho; desviando su responsabilidad sobre el problema hacia causas externas; negando los hechos o las discusiones como defensa para restar credibilidad a lo que tú dices que ha pasado; haciéndose el/l olvidadizo/o, asegurando que no recuerda lo ocurrido o recurriendo al chantaje emocional para conseguir que sientas lástima por él/ella.

Si estas estrategias le funcionan, lo que consigue es que te acabas sintiendo culpable de cosas que no te pertenecen.

¿Te controla?

Te pregunta que a dónde vas incluso ahora que sólo has podido salir a comprar; decide dónde puedes y no puedes ir; te aísla de tus relaciones familiares y de tus amigos; te ha llegado a retener en casa; desconecta el teléfono o internet cuando se va a pasear y no permite que le acompañes; te oculta información sobre la situación económica pero te exige que le expliques detalladamente tus gastos.

Todos estos límites y controles, sumados a la situación de confinamiento, aumentan y agravan la sensación de aislamiento que pasa de ser una sensación a ser una realidad.

¿Te intimida?

Te intimida de forma verbal utilizando gestos, miradas o tonos de voz que sientes como amenazantes o, directamente, te dice que va a echarte de casa o a quitarte a tus hijos. Ha llegado a amenazarte o a agredirte físicamente con  empujones, zarandeos, tirándote cosas, etc.

La intimidación que puede ser difícil de reconocer como comportamiento si se da de forma puntual o muy espaciada en el tiempo, genera sensaciones de ansiedad y miedo que pueden generalizarse, de forma que estés constantemente esperando una reacción violenta del tipo que sea, aumentando el estrés que experimentas.

Detectar estas conductas puede ser a veces muy difícil, porque muchas de ellas son sutiles o porque te encuentras inmerso/a en una relación donde no tienes la opción de tomar perspectiva y verte “desde fuera” de la relación.

Si reconoces alguna de estas señales, si tus sensaciones y alarmas saltan cuando lees este post, no dudes: llámanos y empezaremos a trabajar en esta situación. Tienes derecho a vivir y a vivir bien.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

¿Ha afectado el confinamiento a mi relación?

La situación excepcional que hemos vivido y estamos viviendo nos afecta a nivel personal y, por tanto, a cualquier vínculo como puede ser el de la pareja.

Las condiciones que formaban parte del día a día antes de la pandemia, se han visto modificadas durante el confinamiento. Pasar todo el tiempo, incluido el del trabajo, en casa; que los hijos/as no puedan asistir al colegio; la restricción de libertades que impiden salir para cualquier plan con normalidad y un largo etc.

Para poder gestionar el posible deterioro hay que conocer en qué punto os encontrabais antes de esta nueva situación y en cuál estáis ahora.

Hay parejas que no pasaban tanto tiempo juntos/as y se han visto frente a frente, haciendo surgir las discrepancias que previamente existían. Además, la aparición de nuevos conflictos invita a la reflexión al mostrar partes quizás desconocidas de la pareja que pueden generar un distanciamiento o un acercamiento.

¿Esta nueva situación os ha pillado por sorpresa y han surgido conflictos que antes no ocurrían?

¿El deterioro comenzó antes y ahora se ha incrementado?

¿Os ha fortalecido?

Para trabajar y solventar esta situación es importante contar con un cóctel que tenga como ingredientes la motivación de ambas partes para comprender lo que está ocurriendo y como no, contar con los pilares que facilitan una relación sana: respeto, equilibrio en los espacios propios y de la pareja, confianza, reciprocidad y comunicación.

Para intentar conocer en qué punto estáis utilizaremos la metáfora de la cuenta bancaria:

Los ahorros de la relación se establecen en función de los ingresos y gastos emocionales de cada miembro de la pareja, y son imprescindibles para afrontar el día a día. Cada pareja tiene una dinámica y estos límites se establecen de forma subjetiva para cada relación.

  • La primera pregunta es ¿tengo ahorros? Estos ahorros pueden estar a un nivel óptimo o pueden estar por ejemplo, bajo mínimos. ¿En qué punto estás?
  • La segunda pregunta es ¿cuánto estoy ingresando? Puede que durante el confinamiento tu pareja o tú, o ambos/as, hayáis descuidado los ingresos, o todo lo contrario.

Por ejemplo: “bah, mi pareja está ahí, estamos acostumbrados/as y no le presto tanta atención”. En este caso no estarías invirtiendo sino sólo gastando.

  • La tercera pregunta es ¿cuánto quiero sacar? Aquí puede surgir el conflicto ante las expectativas que tienes de la relación y la realidad que hayáis estado viviendo.
  • La cuarta y última pregunta requiere de imaginación. Si tuvieses una varita mágica ¿cómo sería tu relación?

Manteniendo el lenguaje metafórico que estamos usando ¿cuánto quieres invertir?

Si cada parte de la pareja realiza esta actividad de manera individual y luego os juntáis para exponer los resultados, podréis trabajar sobre la situación emocional de cada uno/a y reconectar entendiendo lo que ha podido “fallar”. Podéis hacer esta reflexión pensando en la relación antes de la pandemia y después de ella.

En estos momentos hay que contar con antídotos para hacer frente a una situación excepcional que puede llegar a envenenar la relación. Estos antídotos pueden ser:

La flexibilidad, que permitirá entender que estamos en una situación única en la que las emociones pueden estar a flor de piel.

-La empatía, que ayuda a ver más allá de ti mismo/a y comprender que tu pareja también puede tener miedo, inseguridad o estrés.

-La comprensión, que es el puente para crear nuevas pautas de funcionamiento para readaptaros a lo nuevo.

-La comunicación, porque sin una buena comunicación no podréis comprender las necesidades del otro/a, ni comunicar las tuyas propias.

Si sientes que tu relación se ha visto afectada por el confinamiento o que ya estaba deteriorada desde antes y has sido consciente ahora, y quieres (o queréis) trabajar en ello, en Quiero Psicología ofrecemos terapia individual y de pareja en función a lo que necesites.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja y vivir con miedo la situación, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

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Posibles problemas de pareja por el confinamiento

El confinamiento que estamos viviendo es una situación extraordinaria y excepcional, y como tal, hace que la convivencia también lo sea. Si estás viviendo esta situación con tu pareja puede que estéis atravesando momentos complicados.

¿Por qué?

Por un lado, la situación en sí requiere que pongas en marcha tus propios recursos para gestionar lo que está pasando, por otro lado, tu pareja también trata de adaptarse como puede o sabe.

¿Qué puede dar lugar a un conflicto?

Modelos de afrontamiento diferente:

Puedes estar sintiendo mucho miedo por lo que estás viviendo y que eso te esté desbordando, mientras que tu pareja está evitando lo que pasa.

Esto hace que no te pueda acompañar con tu emoción ni entender cómo te estás sintiendo realmente, ya que no es capaz ni de conectar con su propia emoción.

Aquí entran en juego las distintas personalidades que tengáis y las experiencias que hayáis vivido, por ejemplo, una persona de la pareja que puede ser más evitativo, y rechazar sentirse con miedo o con tristeza. Esta persona no afronta y a veces, ni siente las emociones, mientras que la otra parte de la pareja puede que sí conecte con sus emociones y entonces sienta que le falta el apoyo, la escucha y la comprensión de su compañero/a.

Es un buen momento para revisar cómo te sientes en la relación y analizar qué cosas te gustaría trabajar. En una relación se maneja la negociación, por eso es muy importante identificar qué cosas te están generando malestar y comunicárselo a tu pareja de una manera asertiva. Su respuesta y su posible cambio forman parte del otro.

Necesidades diferentes:

En estos tiempos que corren, ya no nos sirven las rutinas que teníamos y ya no nos indican desde fuera qué hacer y cuando hacerlo, por lo que nuestro tiempo depende únicamente de nosotros.

Aquí pueden surgir conflictos si tú tienes unas necesidades diferentes a las de tu pareja y no os estáis poniendo de acuerdo. Como por ejemplo qué cantidad de tiempo pasar juntos.

Puede que para tu pareja cuente como tiempo juntos el ver una película al final del día contigo pero tu sientas que eso no es suficiente.

Esta situación de confinamiento hace que inevitablemente pasemos una mayor cantidad de tiempo juntos y eso te permite ver qué necesidades estás teniendo y entender de dónde vienen.

Puede que tu necesidad de cariño y de atención estén haciendo que te dirijas a tu pareja en forma de exigencia o de reproche y eso provoque que tengáis discusiones.

Tienes derecho a identificar y expresar tus necesidades, pero esto no implica delegar en el otro y tratar de que tu pareja sea la responsable de satisfacerte.

Además, tu pareja también tiene derecho a tener sus propias necesidades y que no siempre tengan que ver contigo. ¿Sientes que te gustaría pasar más tiempo de calidad con tu pareja? Exprésale como te sientes y proponle alguna alternativa en la que también respetes sus necesidades.

Desregulación emocional:

Regular correctamente las emociones es muy importante, y en esta situación que estamos viviendo lo es más todavía.

¿Por qué?

Porque al tratarse de una vivencia excepcional, hace que conectemos con mayor facilidad con diferentes tipos de emociones. Podemos sentir miedo por lo que está pasando; rabia hacia lo incontrolable de la situación y hacia quiénes toman decisiones con las que no estamos de acuerdo; tristeza por las pérdidas que experimentamos, porque estamos lejos de las personas que nos importan, etc.

Si no tenemos las gestionamos correctamente, estás emociones pueden tomar el control y afectar a nuestra relación.

¿Cómo?

Si el miedo te hace estar en un estado de hiperactivación y alerta y esto lo proyectas en tu pareja mediante riñas o exigencias, puedes hacer que se sienta invadido/a y quiera poner un límite o alejarse. Si la tristeza te impide disfrutar de las cosas que sí sigues manteniendo o de las nuevas oportunidades que surgen de esta situación, también te impide que disfrutes de los momentos con tu pareja. Tener un espacio personal para permitirte conectar y escuchar lo que sientes es fundamental, si te puedes hacer cargo de ti, no necesitas que tu pareja se haga cargo de cómo te sientes y podrás disfrutar más de los momentos que tenéis para estar juntos.

Entonces ¿qué hago?

Esta situación puede ser una oportunidad para ver cómo te estás sintiendo, para resolver conflictos y conseguir una negociación, es una experiencia única la que estáis viviendo y esto podrá marcar un antes y un después en tu relación.

Podéis elegir seguir creciendo y compartiendo momentos juntos, o por el contrario, puede ser una buena oportunidad para analizar si es el momento de finalizar la relación. Si sientes que hay cosas que no entiendes, si ya no sabes qué depende de ti y qué de tu pareja, en Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo y ayudarte a tomar otra perspectiva que te acerque a ti. Contacta con nosotras aquí.

depresión

¿Qué hago si alguien que quiero tiene depresión o ansiedad?

La empatía es la clave en estos casos.

¿Cómo puedo reconocer si un familiar o un amigo está mal?

Tu ser querido ya no está como antes, no tiene ganas de salir a la calle, ha dejado de hacer las actividades que parecían gustarle, no se preocupa tanto de su aspecto físico, repite frases como: “no tengo ganas de nada”, “me siento muy cansado”, “todo me supone mucho esfuerzo”, hay momentos en los que se muestra muy ansioso/a y parece que todo le genera agobio, va acelerado/a, no se concentra en lo que hace, tiene despistes, etc.
Si te suena lo anterior, es posible que tu familiar/amigo/pareja pueda estar padeciendo algún episodio depresivo o ansioso. Y tú te preguntarás, “¿qué puedo hacer yo?”, ver así a esa persona te preocupa y quieres que vuelva a ser el mismo que antes, pero no sabes qué hacer para ayudarle. Muchas veces se intenta ayudar pero en vez de hacer sentir mejor a la otra persona, se le genera una mayor carga y presión.

Qué no hacer

Bien, empecemos por los errores habituales que debemos evitar decir y que podemos sustituir por alternativas menos dañinas:

• “No puedes seguir así”


La persona que se siente deprimida o ansiosa no está a gusto con su situación, le está generando malestar y si por ella fuera no seguiría así, pero no puede o no sabe cómo salir. Por eso, podrías intentar decirle “entiendo que la situación en la que estás te está haciendo sufrir mucho, ¿qué te parece si buscamos ayuda profesional?”. En vez de generarle mayor angustia y frustración al hacerle sentir juzgado/a, se sentirá comprendido/a, acompañado/a y apoyado/a.

• El «tienes qué»


“Tienes que salir de casa”: ¿A alguien que se acaba de partir una pierna le dirías “venga hombre no te puedes quedar en casa, tienes que caminar”? ¿No, verdad? Pues cuando lo que se ha roto es una parte de nosotros que no se ve, sucede lo mismo. Pero como no se puede ver a simple vista, parece que no existe, cuando la realidad es que sí existe y que puede ser igual o más incapacitante que partirse una pierna.

El «tienes que»implica una exigencia que puede empeorar cómo se siente la persona. Qué tal si en vez de eso le dices “estando así entiendo que te cueste mucho salir de casa, ¿qué te parece si nos vamos poniendo objetivos para que poco a poco vayas recuperando las rutinas?”. En vez de exigir y por lo tanto invisibilizar cómo está, le estás validando y proponiéndole un cambio más ajustado, teniendo en cuenta sus limitaciones y el ritmo que necesita. Los «tienes que» están muy presentes en nuestro lenguaje: tienes que disfrutar, tienes que alegrarte, tienes que dejar de pensar en eso, tienes que…

• “Cambia esos pensamientos”


Las ideas que tenemos de los otros y del mundo pueden variar en función de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Si tu familiar está atravesando una circunstancia vital complicada, es normal que sus pensamientos acerca del mundo y los demás hayan cambiado.


Escuchar frases como: «el mundo no es un lugar bonito», «los demás siempre te van a hacer daño», «la vida no tiene sentido»,»hagas lo que hagas al final siempre acabas fracasando», etc. de una persona que quieres no es agradable, y puede que te preocupes porque no entiendes cómo puede estar diciendo algo así. Pero los pensamientos no son fáciles de cambiar cuando lo que estás viviendo te está haciendo sentir triste, enfadado, desesperanzado, etc. Como alternativa, le podrías decir “lo que estás viviendo tiene que ser muy doloroso, entiendo que te estés sintiendo así”.

¿Qué hago entonces?

Al principio, es importante acompañar a la persona con su emoción y más tarde se puede empezar a plantear una alternativa de pensamiento o soluciones. El hecho de ver a una persona cercana pasarlo mal no es agradable y al final tú también puedes acabar sintiendo malestar porque te preocupas e intentas ayudar y puedes experimentar culpa, frustración, rabia o tristeza, y por eso puede ser que presiones de más a tu ser querido cuando eso no le ayuda.


En Quiero Psicología sabemos que no sólo el que sufre de ansiedad o depresión lo pasa mal sino también sus familiares y allegados. Por eso te ofrecemos un espacio para que te dediques tiempo a ti y puedas expresar lo que estás sintiendo, para darte pautas para afrontarlo y ayudar. ¿Hablamos? Contacta aquí.

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Mini test de dependencia emocional

¿Soy dependiente emocional?

Si empiezas a sospechar que necesitas demasiado a tu pareja te voy a dar una serie de claves para saber si es posible que estés confundiendo el amor con la dependencia.

Mini test de dependencia emocional


¿Sientes que quieres estar todo el rato con tu pareja cueste lo que cueste?


¿Te pasa que, si tu pareja no te muestra en algún momento cariño, lo pasas mal?


¿Crees que inviertes la mayor parte de tu tiempo en tu pareja?


¿Ves nada, o casi nada a tus amigos/as?


¿Consideras que has reducido tu actividad laboral o de ocio por tu pareja?


¿El miedo a estar sin la persona amada te lleva a pasarlo mal, obsesionarte, preocuparte o incluso tener comportamientos celosos/controladores?


¿A pesar de las posibles consecuencias desagradables sigues repitiendo estos pasos una y otra vez?


¿Sientes que no estás nada bien con tu pareja pero sigues una y otra vez buscándola?


Si contestas a todo o casi todo con un sí, seguramente estés en una relación de dependencia.

¿Qué significa y de donde viene ser dependiente emocional?

El vínculo afectivo empieza a desarrollarse desde que nacemos. Recibir afecto y cuidado nos permite crecer de forma saludable. ¿Qué ocurre cuando este vínculo afectivo ha sido irregular o ha faltado? Puede que nos genere una carencia que posteriormente busquemos en los demás y nos lleve a la dependencia.

La dependencia es apegarse de forma insana, es decir, actuar según una necesidad.

¿Crees que es lo mismo decir, “me gustaría estar con mi pareja este fin de semana”, que decir, “necesito estar con mi pareja este fin de semana”?


Relacionarnos desde la necesidad, implica exigencia y miedo. Es como si eso que deseamos tuviera que ocurrir a toda costa. La consecuencia es la incapacidad de renunciar, es el sufrir constantemente si no se da aquello que necesitas.


Imagina que esta necesidad fuera una cebolla. Ve quitando capa a capa hasta quedarte en el centro, ¿qué es lo que queda? El miedo. Miedo que te invade y que se convierte en el gran protagonista de la dependencia. Miedo a sentirte solo/a, miedo a no ver en tu pareja esas “mismas ganas” que tú, miedo a que tu pareja encuentre otras formas de ocio que no sean contigo, en definitiva, miedo a que esa fuente de placer/seguridad se pierda.

Entonces ¿qué es lo sano?

Aprender a diferenciar el deseo de estar con tu pareja o incluso sentir miedo en algunas circunstancias, frente a la adicción, es fundamental para tener una dinámica sana en tu relación.


Los pilares para un vínculo seguro son la independencia, la no posesividad y la no adicción.

La independencia.


Tiene que ver con la autoestima ya que si sientes que tienes la capacidad de gestionar tu propia vida por ti mismo/a no necesitarás de manera imperiosa a otra persona para conseguir tus metas o desarrollarte. Es rellenar esa carencia contigo mismo primero.

La no posesividad.

Es la tranquilidad de saber que nadie te pertenece y viceversa, sin embargo, lo contrario implica vivir con el miedo a la constante incertidumbre de ver si esa persona se va o se queda.

La no adicción.


Es aquel acto de amor propio en el que eliminamos posibles sesgos o autoengaños sobre nosotros/as y nuestra pareja ajustando las expectativas con la realidad para no engancharnos de forma impulsiva e irracional que responden a necesidades no cubiertas del pasado.


Es decir, con amor, confianza, respeto y aceptación, podremos tener una relación de pareja en la que crecer individualmente, y con el otro.

¿Cómo lo soluciono?

Si sientes que te ocurre esto con tu pareja o con familiares y amigos/as, y quieres cambiar la dinámica, en Quiero Psicología podemos ayudarte. Trabajaremos sobre tu presente para cambiar las distorsiones y te daremos estrategias eficaces para actuar con la situación, pero, por otro lado, iremos al origen para erradicar esa carencia que ahora te hace necesitar a otra persona.


Sobre todo, no tengas vergüenza de pedir ayuda, nosotras tratamos a la persona, no juzgamos los síntomas nunca. Contacta aquí.

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¿Sufro violencia de género en mi pareja?

«Sin ti no soy nada, una gota de lluvia mojando mi cara…»

Amaral

¿Cuáles son las señales de alarma de que mi pareja me maltrata?

Las conductas que leerás a continuación pueden dar la sensación de que provienen de alguien que te cuida y te quiere, dado que los mitos del amor romántico han hecho mucho daño haciéndonos pensar que el sufrimiento, el control y la necesidad son inherentes a tener pareja. Estos mitos nos han llevado a pensar que si no veo a mi pareja me muero o se muere él, en que si insiste en verme a todas horas es que me ama con locura o que si pregunta una y otra vez lo que hago o donde estoy es porque se preocupa. Sin embargo, estos y otros comportamientos no son más que señales que indican posesión, desconfianza y sospecha.


Lo que al principio parecía un amor pasional se convierte en un infierno de control. Ahora, ten en cuenta que no todos los maltratos son iguales porque según la personalidad de tu pareja hará unas cosas u otras, no siempre encontrarás todas las características pero si te identificas en general con lo que describimos a continuación sospecha que tu pareja te maltrata. Algunas de las señales de alerta serían:

Intrusión.


Preguntas del tipo, ¿dónde estás? ¿con quién? ¿a dónde vas? ¿a qué hora vuelves?, o se presenta en tu lugar de trabajo, en tu lugar de reuniones con amigos/as sin previo aviso. Al principio puedo parecer muy «romántico», que te quiere tanto que te busca a todas horas pero luego te irás sintiendo invadida y sin control de tus espacios.

Celos.


¿Alguna vez has estado con un grupo de personas y tu pareja te ha comentado que un miembro del grupo te mira demasiado? ¿alguna vez tu pareja ha hecho comentarios sobre la ropa que llevas y lo provocativa que vas esa noche? ¿te ha prohibido salir o te ha chantajeado con la pena para que no lo hicieras?. Si tu pareja es celosa ten en cuenta que no dejará de serlo sólo porque le aportes pruebas tipo: enseñarle el móvil, dejar de salir con el amigo que le despierta celos, etc. Esto no mejorará la situación, de hecho la empeorará, dado que cuanto más control tenga sobre ti, más pedirá. Tú no tienes la culpa de que él sea celoso.


Posesión.

¿Te suena la frase, “eres sólo mía”? Frases de ese tipo pueden parecer románticas cuando lo que esconden es control, lo descubrirás cuando esas afirmaciones justifiquen aislarte del resto. Por ejemplo: «es que eres mi novia y tienes que estar conmigo, no salir a todas horas», «es que eres mía y no quiero que otros chicos te miren». En su mente «eres mi novia» equivale a «harás lo que yo diga».

Cambios de humor.


¿Te has sentido alguna vez desconcertada al ver que tu pareja, de estar contento pasa a estar enfadado en décimas de segundos? ¿Estos cambios de humor sin motivo aparente ocurren a menudo? ¿su enfado es desproporcionado con respecto a lo que ha sucedido? También puede pasar que (con o sin enfado, pero sin ser proporcionado) desaparezca, te deje de hablar y hasta que te deje como pareja durante días o semanas hasta que vayas rogándole. Cualquier cosa por descabellada que sea puede ser motivo de disputa: llegar 5 minutos tarde, limpiar una sartén con un trapo amarillo o la ropa que lleves. Además, como no entiendes el motivo del enfado tenderás a buscar la lógica aunque no tenga y por ello a culparte («a lo mejor si hubiera llegado antes…», «a lo mejor si no llevara esta falda…»). Así empezarás a limitar tu propia libertad sin entender que los cambios de humor son porque tu pareja tiene problemas emocionales no porque tú hayas hecho nada.

Aislamiento.


Pasar mucho tiempo solos tu pareja y tú, comentarios que desprecien actividades que a ti te gusta realizar, argumentar algo negativo sobre tus amistades de forma continuada, o cuestionar el número de veces que ves a tu familia, son formas de aislarte del mundo que te rodea.

Chantajes y amenazas


Si es frecuente que oigas «claro, porque no me quieres», «claro, es que no te preocupas por mi», o «si haces eso te dejo» tu pareja está intentando controlarte por medio de la pena o del miedo. Si tiendes a preocuparte más de cómo está él que de cómo estás tú sólo harás caso de su sufrimiento y de que no quieres perderle y cederás una y otra vez hasta que controle casi todo lo que hagas.

Consecuencias en tu salud


Las consecuencias presentes en ti pueden ser físicas (dolor abdominal, hematomas, fracturas, etc.), o psicológicas, como vergüenza, sensación de nerviosismo, pérdida de autoestima, ambivalencia al maltratador ( sentir “amor” y miedo al mismo tiempo por él), sentimiento de culpa, fracaso, retraimiento en todos los ámbitos de su vida, desvalorización, miedo, indecisión, etc.

¿Por qué decimos de género si esto son comportamientos presentes en cualquier maltrato de pareja?

La violencia de género es cuando ocurre violencia contra una mujer por el mero hecho de serlo (por ejemplo, entre otras cosas, violencia de género sería que una mujer cobrara menos salario que un hombre por el mismo trabajo, por tanto, no sólo se reduce a la violencia en pareja).


En la sociedad se asumen los estereotipos que nos han enseñado sobre los géneros (hombre fuerte, poderoso; mujer débil, cuidadora e histérica) y esto hace que veamos como más «normales» estos comportamientos de maltrato en la pareja heterosexual. Para abordar por lo tanto estas situaciones hay que «desprogramar» muchos aprendizajes de nuestro pasado incluidos estos estereotipos.


Por eso, la terapia, además de tratar todos los factores psicológicos, abordará cómo estos factores educacionales te influyen ¿cómo te ha afectado toda la vida que te llamaran exagerada porque eras más emocional?¿porqué sientes que eres débil o histérica por sufrir o mostrar emociones cuando estás mal?¿sientes que tienes que cuidar siempre y que tienes más en cuenta al otro que a ti? todo eso son aprendizajes sociales por ser mujer y que te pueden dificultar salir de tu relación. Por eso es importante que el terapeuta que aborde esta problemática esté formado en perspectiva de género, como lo estamos nosotras.


Si decides dar el paso (ya sea para dejar a tu pareja o porque la has dejado y aún estás mal) en Quiero Psicología te podemos ayudar ya que somos expertas en esta temática y en las secuelas que te pueda causar. Cambia tu vida ahora. Contacta.

¿Estoy en una relación tóxica?

Hoy en día todos podemos sufrir en una relación tóxica o incluso ser víctima de maltrato psicológico y/o físico en nuestra pareja.

Si he empezado a limitar mi vida, a dejar relaciones de lado, a estar intranquilo por lo que dirá mi pareja sobre lo que hago puedo estar en una relación tóxica.

¿Cómo identificarlo?

Aquí te dejo una lista de situaciones que te pueden indicar si estás en una relación así:

JUSTIFICAR SU COMPORTAMIENTO


Muchas veces la justificación está tan solo en encontrar la explicación del comportamiento agresivo y no hacer nada más. “Claro, es que él es así porque sé que ha tenido una infancia muy dura”, “bueno, es que yo también le hinché las narices”, “es que ayer tenía el día cruzado”. Pregúntate ¿realmente tiene justificación lo que te hace?¿es justo para ti?¿te ayuda en algo encontrarle la explicación?

CREER QUE VA A CAMBIAR


“Bueno, pero se da cuenta a veces y pide perdón”, “he visto algún cambio, lleva días sin haber un enfado”. ¿Pero ves un cambio real? ¿ha ido a un terapeuta? ¿está dando pasos reales para lograrlo o esto ya te lo ha prometido otras veces y ha durado dos días? Si él / ella es igual que ayer, si ninguno de los dos se está relacionando de manera distinta ¿cómo se va a producir el cambio?

CREER QUE ESTÁ EN TU CONTROL CAMBIARLO / CORTAR TU LIBERTAD


“Cuando yo dejo de hablar con chicos todo está bien”, “si yo no le digo que salgo no discutimos”, “cuando algo me molesta mejor me callo porque si no se lía”. Esto solo son parches, de repente saltará porque hoy no has contestado a un mensaje lo suficientemente rápido, porque un chico te ha hablado a ti y te ha sonreído, porque ha descubierto que ayer saliste, etc…


No vas a poder controlar todo lo que le produce enfado, y lo peor, cada vez habrá más cosas que le produzcan enfado, primero era solo un amigo en concreto, luego que salieras de fiesta y luego… Así mientras tú crees que controlas, otro va tomando el control sobre ti, pierdes tu libertad, tus intereses. Vives en un nerviosismo constante.

HIPERVIGILANCIA (ANSIEDAD)


Como crees que vas a poder cambiar o evitar su comportamiento agresivo, estás todo el tiempo pendiente de no hacer nada que pueda molestarle, vigilas todo lo que haces durante el día y cuando te enfrentas a una situación de “peligro” (entiéndase una en donde él/ ella pueda enfadarse) en lugar de actuar libremente guiado por tus deseos lo primero que piensas es en el lío que se podría montar.


Por ejemplo, tu pareja es celosa y unos amigos te invitan a un cumpleaños o a un festival y lo primero que piensas no es “qué bien, qué ganas”, sino: “mierda se va a enfadar si voy”. En definitiva, vives con ansiedad ante situaciones que deberían ser normales para ti, que podrían ser incluso alegrías. Pregúntate si esa es la calidad de vida que quieres.

SÍNTOMAS DEPRESIVOS


Has ido perdiendo el control de tu vida y todo el rato te sientes juzgado/a y culpable. Empiezas a pensar que no hay salida, que esto es así o que es todo a lo que puedes aspirar. Si piensas en salir de la relación te sientes impotente y te repites que no puedes, que lo habéis dejado 85 veces y aún seguís juntos.Eras una persona alegre y ahora te sientes una persona amargada, la gente te llega a preguntar que qué te ha pasado y tú no sabes bien qué contestar.

AGRESIONES, AMENAZAS, INSULTOS, SILENCIOS


La parte más visible de un maltrato es la física, los moretones se ven pero ¿y si es solo psicológico?


El maltrato psicológico incluye el menosprecio, las vejaciones, los insultos explícitos (puta, perro, cabrón, zorra, inútil…), las insinuaciones, el control (de dónde vas, lo que haces, lo que dices), las amenazas (“si sales de fiesta te dejo”, “si me dejas te quito a los niños”, etc). Muchas veces todo esto es muy sutil, es compararte con otra persona que “es mejor que tú” o con su ex “que era maravillosa”, o es contar tu intimidad a desconocidos o dejarte en ridículo delante de alguien, también puede ser repetirte lo mal que haces las cosas, etc. Hay infinitos comportamientos que pueden destruir tu integridad.


Pero el maltrato también incluye los silencios, ignorarte, dejarte con la palabra en la boca (el mensaje que hay detrás es: “no te hablo porque no eres importante, no eres nadie”). Todo esto hace que tu autoestima disminuya, empiezas a dudar de todas tus acciones, siempre piensas que podrías haberlo hecho mejor, te sientes sin herramientas porque ante un silencio, o cuando te ignoran no puedes hacer nada. A veces piensas que te vas a volver loco/a.
Cuidado con este punto, una cosa es un insulto puntual o un grito puntual, todo el mundo puede perder los nervios o hacer una crítica, pero otra cosa es una dinámica donde te acabas sintiendo controlado e inferior.

MALA AUTOESTIMA / DESEQUILIBRIO DE PODER


Aunque antes no lo pensaras, te llegas a creer que tú no puedes hacer nada, que no vales nada, que sus opiniones cuentan más. A veces no lo piensas conscientemente pero si tú tienes una necesidad o un deseo siempre queda relegado a lo que la otra persona desea. Sus planes son más importantes. Ellos tienen más derechos que tú, pueden salir, pueden ligar, pueden hablar con todo el mundo, o incluso te han puesto los cuernos, pero tú no podrías.

ALIMENTAR TU MALA AUTOESTIMA: TOMAR COMO REFERENCIA LO QUE TÚ HACES


“Es que yo también me enfrento y le chillo”, “Una vez hasta le dí un bofetón”, “Soy una histérica le llegué a llamar 20 veces seguidas”.


El maltrato no es una situación normal, por lo tanto tus reacciones son reacciones normales ante comportamientos anormales. Muchas víctimas se culpan porque también tienen ira, porque también chillan, porque incluso llegan a tener un comportamiento violento físico para defenderse (como un bofetón), también pueden empezar a tener celos (cuando a lo mejor antes nunca habías sido celoso/a) o porque muestran un comportamiento obsesivo (le llamas o le escribes cientos de veces para saber qué ha pasado, si él / ella sigue enfadado, etc). Todas estas conductas son normales cuando estás siendo víctima de un maltrato, pero no significa que ello te defina, que tú seas así, una histérica o un loco, no eres agresivo/a. Es que pierdes el control porque te sientes impotente ante una situación que se te escapa de las manos.

VERGÜENZA / INCOMPRENSIÓN


No eres capaz de contar lo que ocurre en tu pareja a la gente, te da mucha vergüenza reconocer todas estas cosas. O, si lo has contado, la gente no entiende porqué sigues en la relación, te dicen que lo dejes, que no merece la pena, etc. Muchas veces suele ocurrir que incluso se enfadan contigo porque no rompes con él /ella, pierden la paciencia y te hablan mal. Si esto ocurre probablemente dejes de contar lo que te pasa o que cuentes una versión a medias. Así te empiezas a sentir más aislado/a e impotente. “Es que tienen razón, estoy siempre con lo mismo, soy una pesada”, “ellos no lo entienden”.

SENTIRME CULPABLE POR COSAS QUE NO DEBERÍA


Me echa en cara muchísimas cosas que cuando lo pienso fríamente sé que no son mi culpa, pero me lo repite una y otra vez y cuando me lo está echando en cara me pregunto “¿será verdad que yo soy una histérica?”, “¿he sido yo el culpable del enfado?”, “¿este chico/a está intentando ligar conmigo y yo le habré dado pie?”


Llegas a dudar de muchas de las cosas que haces, o pides perdón por millones de cosas que no son tu culpa pero así el enfado se pasa, así las cosas se arreglan, si yo tengo que pedir perdón para que todo esté bien, lo hago. Pero… ¿bien por cuánto tiempo?

DEPENDENCIA O CODEPENDENCIA


Ambos sois dependientes en la relación porque a pesar de todo lo que pasa, no lo dejáis. “Si pienso racionamente los pros y los contras de la relación debería haberle dejado hace tiempo pero le quiero”. No encuentras ninguna razón más. A veces, a ratos, estáis bien, pero si hicieras balance de lo bueno y lo malo saldría ganando por goleada lo malo. Pero le quiero.


También puede pasar que te hayas convencido de que no puedes dejarlo, te pones mil excusas (“ahora me viene mal, no tengo trabajo”, “es que ayer todo estuvo calmado, quizá cambie”). Incluso piensas que dejarlo sería tan horrible y te causa tanta ansiedad que ni quieres pensarlo. En el fondo sabes que no te merece la pena.
A veces también puedes estar siendo manipulado/a con tus hijos, o con la casa, la familia, los bienes o los amigos. Te amenaza de tal manera que prefieres quedarte en la relación porque irte crees que sería peor.


Hay otro caso donde podrías mantener la relación a pesar de todo, la codependencia, pero ésta tiene otro matiz: soy su cuidador. “Si yo me voy ¿quién le va a querer?”,”¿quién le va a cuidar?”, “es una persona muy difícil (o con muchos problemas) y si yo no le apoyo y estoy a su lado acabará muy mal”.

SI DEJO LA RELACIÓN FRACASO


Has invertido tanto emocionalmente en la relación que ahora no puedes dejar que se acabe sin más. No puedes permitir que te deje así. Además, te tienes que defender de sus ataques, tienes que demostrar que anoche no estabas ligando, que no eres un mentiroso/a , que tú no le quieres engañar, o que no eres una puta… Tienes que explicarle todo, convencerle.
¿Alguna vez funciona? ¿Alguna vez reconoce que estaba equivocado/a? ¿Alguna vez te pide perdón por montarte el pollo? Si tu respuesta es no, vas a tener que preguntarte si la inversión de tiempo, esfuerzo y de nervios que supone explicarte sirve para algo ¿qué pasaría si dejaras de justificarte?

¿Qué hacer una vez identificado?

Puede que leer esto haya sido un jarro de agua fría, quizá ya lo sospecharas pero ahora te parece más claro todo. Ese es el primer paso para tu recuperación. Identificar lo que te ocurre, reconocerlo. Sin ese paso el resto de pasos no tendrían sentido. No hace falta que te sientas identificado/a con todos los síntomas, con que te veas reflejado/a en muchas cosas probablemente sea un maltrato.


No es fácil reconocerlo, implica mucho para ti. La sociedad lo trata como algo excepcional que parece que además solo le ocurre a personas “débiles”. Todo eso es mentira. Le pasa a un montón de gente, mucha más de la que tú crees, esos mismos amigos que te critican y se enfadan por estar en una relación así podrían acabar ellos mismos en una relación parecida.

Pida ayuda a una persona experta

No te vamos a juzgar, podrás soltar toda tu rabia, podremos mejorar la autoestima, trabajar la culpa, las ideas distorsionadas, etc. Es todo un proceso de curación pero con una recompensa tremenda.

Hazlo ya. Cuanto más se destruya tu autoestima más difícil te será dejarlo, cuanto más estás en la relación más difícil es salir. Piénsalo, al principio te hubiera sido muy fácil pero ahora es cada vez más duro ¿verdad?. ¡Escríbenos en el formulario de contacto!¿Cuánto tiempo más vas a ser infeliz?

¿Qué terapia necesito si tengo vaginismo?

El vaginismo consiste en la contracción involuntaria de la musculatura del suelo pélvico, una afección más común de lo que se piensa.

Son muchas las mujeres que presentan o han presentado a lo largo de su vida esta complicación, que consiste en una contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina, cuando mantienen relaciones sexuales con penetración.
Esta contracción produce un cierre casi total de la vagina, imposibilitando completamente la penetración ya sea con un dedo, con el pene, con un dildo o incluso un tampón. Aparecen también intensas molestias y dolores cuando se intenta.

La mejor solución para este problema es la terapia sexológica

La terapia sexológica identificará las posibles causas que pueden estar contribuyendo al mantenimiento del problema. El miedo a que una penetración duela, al embarazo, a las ITS, el desconocimiento sobre la anatomía genital femenina, la falta de educación sexual, etc. Son factores que aparecen siempre ante esta causa.

Una vez localizados, se empieza a trabajar con la paciente. Primero con ejercicios de relajación, ya que la anticipación y el miedo contribuyen al cierre de los músculos. Y segundo con el uso de dilatadores vaginales progresivos. Estos juguetes suelen venir en packs con diferentes tamaños de grosor y de longitud.

El tratamiento se iniciará con el dilatador más pequeño y más fino, acompañado de unas indicaciones a la paciente sobre como estar tranquila, relajada, siendo consciente del ejercicio y siempre con lubricante.


Con el uso de los dilatadores, la paciente verá y será consciente que de forma progresiva pueden ir introduciendo en su vagina distintos tamaños de dilatador.


El primer dilatador que se empiece a utilizar puede ser una bala vibradora que suelen tener un tamaño bastante reducido y además vibra, por lo que la paciente puede empezar a estimularse el clítoris y la entrada de la vagina y con la excitación y la relajación ir introduciéndolo poco a poco.


Lo bueno de hacer el ejercicio con algo que vibre y que estimule, es que no lo vuelve tan mecánico como el hecho de introducir un dilatador sin más. Después se irá aumentando el tamaño de los dilatadores, pero aun así la bala se puede seguir utilizando a la vez o antes para estimular.


Cuando ya se haya conseguido introducir sin molestias el ultimo tamaño de dilatador, se recomienda que la paciente busque una réplica del pene de su pareja (o lo más parecido posible) para que ella pueda acostumbrarse al tamaño y grosor antes de tener un encuentro sexual que vaya a incluir penetración.


Existen dildos y vibradores de muchos tamaños, el material más recomendable materiales es la silicona médica, incluso existen marcas que imitan el tacto real de la piel.

Estos últimos serian los más recomendados para esta última fase del tratamiento.


Como mantenimiento, se le recomendará a la paciente el uso de bolas chinas para hacer los ejercicios de Kegel, que consisten en contraer el suelo pélvico. De esta forma seguiremos teniendo conciencia de esta musculatura y podremos trabajarlos durante toda la vida.


El tratamiento del vaginismo es uno de los más eficaces y gratificantes para la paciente ya que los resultados se empiezan a ver relativamente pronto. Es importante hacer un tratamiento específico ya que de forma espontanea esta complicación no desaparece.


Por ello pide ayuda a nuestra especialista en terapia sexual si sufres de este problema.

Tips para afrontar la ruptura de pareja

Todo lo que un día empieza, otro día se termina. Y los motivos pueden ser varios. Motivos que, muchas veces, se escapan de nuestro control. Nos vemos inmersos en una situación que no conocíamos.

Cuando una persona con la que hemos compartido parte de nuestro tiempo y parte de nosotros se va, algo se nos rompe por dentro y no sabemos qué hacer.

Varias emociones nos pueden acompañar durante este proceso: tristeza, miedo, culpa, decepción, vergüenza, ira… todas ellas son útiles y debemos aceptarlas para así poder elaborar un correcto duelo. Toda experiencia nos aporta un aprendizaje y añade contenido a la narrativa de nuestra vida.

¿Qué pautas podemos seguir cuando estamos atravesando una ruptura sentimental?

Distanciarnos de nuestra ex pareja: retirar todo lo que nos recuerde y nos vincule a la relación. Por ejemplo, evitar frecuentar los mismos sitios.


Dejar de idealizar al otro y a la relación: dedicar unos minutos diarios a pensar dos cosas negativas de nuestra ex pareja y dos positivas sobre nuestra vida actual.


Incrementar las actividades agradables mejorando así nuestro estado de ánimo.


Cuidarnos: alimentación, sueño, deporte.


• Controlar la ansiedad: relajación, respiración…


Cuidar la manera en la que nos hablamos: tratémonos con cariño.


Perdonar y perdonarse: el odio y el rencor hacia los demás o uno mismo impide que nos sintamos bien.


Afrontar los miedos y preocupaciones: limitar el tiempo que dedicamos a darle vueltas a lo que nos preocupa.


Expresar adecuadamente nuestro malestar: expresar el dolor alejándonos del rol de víctimas.


Buscar el apoyo social: sentir el cariño y el apoyo de nuestros seres queridos.


Aprender a disfrutar de la soledad: nuestro mejor amigo, somos nosotros mismos.


Plantearnos nuevos objetivos personales y vitales: tenemos que reajustar nuestra visión del mundo y los objetivos vitales.

¿Y si no puedo seguir estas pautas?

Si no te ves capaz de llevar a cabo todas estas pautas puede ser que alguna variable psicológica pueda estar afectándote: baja autoestima, dependencia emocional, que tu pareja fuera una persona tóxica, etc…
Si es así no dudes en pedirnos ayuda. Contacta ahora


*La información extraída es de la lectura “Cómo afrontar la ruptura de pareja” de Montserrat Montaño.