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Maltrato psicológico: el gran invisible

¿Cómo lo identifico?

Muchas veces en esta sociedad seguimos pensando o asimilando que el maltrato grave es el maltrato físico. No es raro escuchar cosas como:

Ah ¿pero fulanito maltrata a fulanita? pero… ¿le pega?

Y esa pregunta se hace para saber si realmente es tan «terrible» lo que le ocurre a fulanita.

Pues empecemos por desbancar ese mito: el maltrato psicológico es uno de los más graves que puede ocurrir en una relación. Este tipo de maltrato cuando ya te han anulado, vejado y eres poco más que invisible es el que puede llevar (o no) a maltrato físico porque así ya no te defenderás, estarás totalmente sometido.

La violencia que hace que la persona, tu amiga, tu madre, tu amigo, tu hermana o tu primo desaparezcan delante de ti y ya no sean «ellas mismas» es el maltrato psicológico.

Ese maltrato puede ser más evidente, pueden ser insultos, comentarios terribles, desplantes delante de los amigos o de los compañeros de trabajo… Pero el más peligroso es del que hablaremos después que es el maltrato psicológico pasivo.

Pero ¿cuál es el mejor indicador de que estás sufriendo maltrato psicológico?: El cómo te sientes. Si sientes que todo lo que dices/haces está mal, o que hará enfadar a la persona que tienes delante, si te sientes juzgado, estás constantemente en tensión, ya no tienes la misma alegría, y te cuesta ser tu mismo, por no decir que has dejado de serlo… Plantéate qué o quién te está haciendo sentir así.

El maltrato psicológico pasivo: el más silencioso.

Puede que a pesar de que te estén maltratando y te sientas como te acabo de indicar nadie se está dando cuenta, y más aún, encima nadie te apoye, te digan que quizá exageras, que lo que le pasa a tu novio o a tu jefe es que estará estresado, y normalicen comportamientos que a ti te hacen muchísimo daño.

Esa es una de las grandes tácticas del maltrato psicológico pasivo: nadie lo verá, te sentirás aún más solo/a y lo peor de todo, te hará sentir que has perdido la cabeza, que te estás volviendo loca/o.

Pasivo significa que no hace cosas «activamente» sino lo contrario: que deja de hacer cosas (como hablarte) o que hay cosas que no cuadran unas con las otras.

Aquí te pongo alguna de las tácticas más frecuentes de este maltrato:

Rechazar la comunicación directa

Si no hablo contigo te doy a entender dos cosas: o que has hecho algo mal que me ha enfadado o que me has dejado de importar, que ya no cuentas para mi.

Si te dejo de hablar pero niego la existencia del conflicto «no pasa nada», «no sé qué me hablas», etc. Hago que el otro se plantee qué estará haciendo mal y rellene los huecos de información que le faltan echándose la culpa de todo.

Por lo tanto, acabo hundiendo a la persona en un mar de dudas y de culpa solamente con dejar de dirigirle la palabra, tardar mucho más de lo normal en contestarle a sus mensajes, estar de morros pero no decir porqué…

Normalmente esto hace que la víctima se intente comunicar por todos los medios, sobre todo el escrito y ponga grandes parrafadas que se pueden utilizar en su contra para tacharlo de loca/o.

Mentir

Pero si la mentira fuera directa y cruel la gente podría ver qué pasa y no sería un maltrato tan invisible. Normalmente las mentiras son difíciles de pillar y van disfrazadas de mensajes incoherentes.

Por ejemplo, alguien declarado feminista, que lanza grandes peroratas sobre la igualdad de la mujer pero luego maltrata a su pareja, o alguien que dice: «las mujeres son muy pesadas» para a continuación decirte «pero no es a ti en concreto, no sé porqué te pones así».

Por supuesto aquí debemos meter también a los infieles que niegan totalmente la existencia de dicha infidelidad, incluso aún cuando les están pillando hacen sentir a su pareja que son unos delirantes exagerados.

La paradoja

Hay una gran diferencia entre el discurso y lo que se hace. La gente menos allegada compra ese discurso y te hace sentir que eres tú el que está juzgando mal. Si todo el mundo dice que tu pareja es un tipo fantástico ¿cómo va a ser mentira? Dicen que es buena persona, si a ti te habla mal debe ser tu culpa o que le pillaste en un mal día… Si a todo el mundo le parece un jefe estupendo porque compra pizza, debe ser que tú eres muy estricta con quedarte más allá del horario laboral.

A veces la distancia de estos mensajes es también el tono, te pueden decir algo muy violento con una sonrisa en la boca, o se pueden burlar de ti en un tono serio.

Muchas veces no se produce ni si quiera una discusión a gritos, pero tampoco hay conversaciones reales para aclarar lo que ocurre. la víctima se va llenando de dudas y dudas y ya no sabe si es que ella está equivocada o si realmente le están maltrando.

Divide y vencerás

Ya sabemos la forma de maltrato clásico donde la víctima se la aísla de su entorno por los celos, el: «no veas a tu familia», «es que siempre estás con tus amigas», » si sales de fiesta eres muy puta»…

Pero hay otras formas de aislar ala víctima, por ejemplo dando pena, si cada vez que tú sales tu pareja se pone triste, o justo tiene un bajón ese día… Al final optarás por no salir para cuidarle.

Y otra de las formas es utilizar el sarcasmo, la burla o el desprecio, pero no solo para hablar de tu familia o amigos muy mal o para que acabes en su paranoia alejándote de ellos, si no al revés, puede inventar chismes sobre ti, o ponerte a parir o incluso usar bromas «anodinas» sobre lo histérica que eres, etc, que te hacen quedar mal con tus amigos o tu familia. Al final no es que tú te alejes de ellos sino que ellos también se alejarán de ti.

¿Qué hago?

Si has visto varias de estas tácticas y manipulaciones en una persona que tienes cerca, como tu pareja, tu amigo, tu jefe… debería plantearte bien esa relación, saca una lista de todas las cosas malas que te hace sentir, desenmascara sus artimañas, escribe sobre ello, cuéntalo a gente que pueda ser objetiva sobre esa persona…

Pero si crees que tú solo/a no puedes o que tienes ya consecuencias en tu estado de ánimo o tu autoestima en Quiero Psicología estamos para ayudarte.

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.

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¿Qué estilo de apego tengo?

En numerosas ocasiones, escuchamos frases como “este niño está muy apegado a sus padres” o “mi pareja tiene demasiado apego hacia mí”, sin embargo, ¿en qué se traducen estas frases?, ¿el apego es algo bueno, o algo de lo que avergonzarnos?. ¿Qué definimos realmente como apego?

Para comprender esta teoría, en primer lugar, necesitaremos echar la vista atrás  y pensar en un bebe recién nacido. Cuando un bebé nace, todos coincidiremos en que estamos ante un ser dependiente. Este bebé dependerá de sus cuidadores para lograr cubrir sus necesidades, como ser alimentado, mantener su higiene y ser reconfortado.

En otras palabras, cuando nacemos, somos seres dependientes, necesitamos ser cuidados para sobrevivir, debido a la inmadurez de nuestro cerebro. De hecho, somos la especie que más depende de sus cuidadores para desarrollar estrategias de afrontamiento y lograr autonomía.

A consecuencia, el apego se define como el vínculo afectivo que se establece entre el niño y sus cuidadores. Este vínculo tiene como objetivo la supervivencia del niño, que como hemos dicho previamente, es inmaduro y dependiente.

Este vínculo comienza a desarrollarse ya desde la gestación y los estudios científicos coinciden en que aproximadamente termina de establecerse en torno a los 7 meses del bebé.

¿Cuál es el problema? Que no todos los cuidadores tienen la capacidad para desarrollar un vínculo afectivo adecuado con sus hijos.

Como hemos visto, el término apego suele utilizarse indistintamente para expresar una vinculación. Sin embargo, existen diferentes tipos de apego y no todos serán adecuados.

Estilos de apego

Apego seguro

Este estilo de apego se desarrolla cuando los progenitores establecen una base segura con su hijo, respondiendo adecuadamente y de forma coherente a sus necesidades. Para ello, se mostrará como una figura de cuidado disponible, capaz de atender y cubrir las necesidades físicas y emocionales de su hijo.

De esta forma, se establecerá una sintonía entre las demandas de los hijos y las respuestas de los padres. Se trata de progenitores que empatizan y conectan con las necesidades individuales de sus hijos, haciéndoles sentir atendidos y reconfortados.

Cuando un niño desarrolla un apego seguro, mostrará curiosidad y seguridad para explorar su entorno, pudiendo desarrollar así su propia autonomía y una base segura que le permitirá establecer en un futuro, más vínculos afectivos.

Apego inseguro

Si bien un niño dependerá de sus progenitores o cuidadores para poder cubrir sus necesidades y sobrevivir, porque no tiene la madurez suficiente ni las capacidades para poder hacerlo por sí solo, podemos encontrar estilos de crianza que no sean capaces de cubrir adecuadamente estas necesidades.

Anteriormente, explicamos que la parentalización se definía como el proceso de inversión de roles donde los hijos ejercían de cuidadores de sus propios progenitores. Estos niños, que no pueden recurrir a sus padres para cubrir sus necesidades y ven como estos no tienen la capacidad para atenderles, desarrollarán un tipo de apego inseguro.

Existen 3 tipos de apego inseguro:

Apego evitativo

Este tipo de vínculo surge ante progenitores con dificultades para manejar estados emocionales. Ante esta incapacidad, tienden a ignorar y desatender las necesidades emocionales de sus hijos, por lo que no conectan con las emociones de los niños, no etiquetan ni interpretan los estados emocionales que muestran y por tanto, no facilitan la expresión emocional.

A consecuencia, los niños desarrollan dificultades para entender sus propios estados emocionales, empatizar con las emociones de los demás y expresar cómo se sienten. Aprenden que para ser atendidos, deberán evitar temas de conversación con contenido emocional, por lo que se centrarán en actividades más lúdicas, el ámbito académico o en pasar desapercibidos.

Habitualmente se convierten en seres muy independientes y con miedo a relaciones que implican intimidad.

Apego ansioso-ambivalente

Este estilo surge cuando los cuidadores responden de forma inconsistente, caótica e incoherente a las demandas de sus hijos. Esto provoca que el niño no pueda predecir cómo van a responder sus padres, provocando por tanto, inseguridad y un elevado grado de ansiedad y angustia.

Muchas veces, estos padres atenderán a sus hijos en función de cómo se encuentren, dependerá por tanto, de su estado emocional. Son padres que también muestran dificultades para gestionar sus propias emociones, por lo que primero priorizan cómo se sienten ellos, sin tener en cuenta que como hemos explicado previamente, los niños son seres inmaduros y dependientes.

Un ejemplo de este estilo de crianza sería la sobreprotección, donde los padres priorizan sus propias necesidades, ignorando las de sus hijos, impidiendo que el niño explore el mundo de una forma segura.

Por ende, estos niños suelen ser vistos públicamente como niños miedosos, demandantes e insistentes. Sin embargo, esto es fruto de la angustia que sienten, al haber sido criados en un ambiente impredecible e inconsistente.

En la edad adulta, estos miedos repercuten en sus relaciones sociales, especialmente las de pareja, ya que se trata de personas con miedo al abandono, inseguridad y baja autoestima.

Apego desorganizado

Este vínculo ocurre cuando la figura de cuidado es por un lado, fuente de protección, pero a su vez, fuente de peligro y dolor para el niño.

Hablamos de padres con grandes dificultades para gestionar emociones, sin inteligencia inter ni intra personal, que en ocasiones padecen un trastorno psicológico, han sido también criados en ambientes hostiles y traumáticos, etc.

Este estilo de apego es el menos prevalente en la sociedad y el que mayor interferencia psicológica produce.

Nos referimos a padres con un estilo de crianza inestable, contradictorio, negligente y con ausencia de conexión con las demandas que requieren sus hijos.

El niño observará que sus padres, las figuras que deberían cuidarle y proporcionar una base de seguridad en su crecimiento, son paradójicamente las mismas que le provocan malestar y dolor. Por lo tanto, estos niños verán a sus progenitores como una amenaza.

Se estima que aproximadamente, solo un 60% de la población ha podido establecer un estilo de apego seguro con sus cuidadores. Si te has podido sentir identificado con estos patrones de crianza y reconoces dificultades a la hora de relacionarte con tus amistades o pareja, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Excitación sexual: miedos y presiones

¿Qué es la excitación sexual?

La Excitación Sexual se entiende como a un proceso de aprendizaje individual y único. Cada persona, en su contexto y con sus propias circunstancias, pone a prueba los estímulos (supuestamente) excitantes para conformar, poco a poco, su propio mapa erótico, sus preferencias en cuanto a prácticas y técnicas.

Esta fase está definida por el placer y el deseo de mantener o aumentar los estímulos y las emociones. Se trata de un proceso en el que nuestras prioridades y necesidades cambian en función de la excitación sentida y del deseo, que ésta provoca, de aumentar la intensidad e incluso de buscar alcanzar el orgasmo, a través de comportamientos eróticos.

A nivel erótico, estamos más relajadxs, abandonándonos y concentrándonos a nivel sensorial y mental. Los sentidos aumentan el umbral de percepción de las caricias de todo tipo, táctiles, auditivas, olfativas, gustativas… y la imaginación se recrea en fantasías eróticas.

¿Qué errores o problemas pueden aparecer?

En ocasiones, ciertos errores de aprendizaje pueden interferir en dicho proceso, alterando nuestra vivencia sexual individual y/o de pareja. Estos elementos pueden afectar otras fases de la respuesta sexual, como el deseo o el orgasmo.

Muchos de los siguientes factores comentados no aparecen en solitario, sino que se complementan y propician unos a otros. La persona con una educación sexual insuficiente puede no conocer los requisitos básicos para mantener la excitación y generar así un miedo al fracaso, incluso en ausencia de problemas previos, que podría aumentarse si concibe a su pareja como más o menos coital o le atribuye, erróneamente o no, exigencias hacia la sexualidad o su satisfacción, etc

  • Ausencia de información o información errónea: La ignorancia, que en muchos casos es el único obstáculo a una buena vivencia sexual, afecta tanto al placer y su recepción, y tanto a la entrega personal como al abandono a las sensaciones.

Un mito no fundado pero muy generalizado está constituido por el orgasmo coital como criterio de normalidad. Desde este mito se difunde la idea de que las personas con vulva tienen un problema cuando no obtienen fácilmente el orgasmo por simple estimulación intravaginal, pudiendo originar complejos y tensiones en muchas de ellas que van a interferir en su respuesta excitatoria. También el mito del orgasmo simultáneo preocupa a muchas parejas heterosexuales que al ver en ello un criterio obligatorio de normalidad, incluyen en sus relaciones esa meta; así, todo el proceso de excitación quedará oculto, y en desventaja, frente a las estrategias y medios a aplicar para tener éxito.

  • Disvalor de la sexualidad: La educación diferencial de género hace de este disvalor una causa preminentemente femenina pues la sexualidad masculina ha sido ensalzada y promovida, mientras la femenina ha sido perseguida y castrada. De esta forma algunas personas socializadas como mujer pueden considerar la excitación como un mero trámite o un efecto colateral a otros beneficios como puedan ser el acercamiento emocional o la evitación de mayores conflictos. Mientras tanto, algunos hombres bajo esta situación es muy probable que no vean afectada su erección, aunque su excitación fuera menor de lo esperado/deseado, pues el simple hecho de mantener relaciones suele ser, bajo la educación tradicional masculina, suficiente.

Por otro lado, podemos encontrar también ciertos factores de ansiedad que influyen en nuestro proceso de excitación, como por ejemplo:

  • Temor al fracaso: En los hombres cisgénero (y algunas mujeres trans) esta causa va a estar siempre presente una vez que hemos generado el primer fracaso, pues no es más que la anticipación y el miedo a las consecuencias negativas experimentadas (y ahora imaginadas). Así, una vez vivido un fallo excitatorio y los malestares asociados es tremendamente sencillo crear un miedo que los prevenga e incluso los evite. Se suma, además, el fantasma de la impotencia: nuestra cultura falocrática ha vanagloriado tanto al pene, su tamaño, potencia o valor, que la simple posibilidad de su pérdida en términos de impotencia (problema no sólo sexual sino vital, inamovible, rígido, absoluto…) genera en gran número de hombres un pánico interno inconfesable.

En términos psicológicos hablamos de Profecía Autocumplida: cuando temo que algo pueda ocurrir y, por prestarle tanta atención, finalmente propicio el suceso. Teniendo en cuenta los elementos comentados en torno a la erección masculina (relación con la masculinidad, autoexigencia, ausencia de una erótica desgenitalizada, miedo a la impotencia, etc.) es terriblemente fácil crear un círculo vicioso iniciado por un primer fallo que provoca cierta preocupación y que nos llevaría a perder la Clave Erótica y así provocarnos el fallo excitatorio.  

  • Rol de espectador: es un comportamiento de auto evaluación y vigilancia que se dan al mismo tiempo que la persona está implicada en la actividad sexual. Se trata de un desdoblamiento de la persona: mientras se desenvuelve en la relación sexual, mantiene centrada la atención en su propio desempeño para evaluar su éxito o fracaso. Este juicio de bien o mal, éxito o fracaso, por su concepción absolutista de todo o nada genera bastante ansiedad a lo largo de todo el comportamiento vigilado durante el encuentro sexual.
  • Huida ante el placer: Estos comportamientos inconscientes de evitar toda sexualidad satisfactoria pueden esconder una gran ansiedad y una culpabilidad ligadas al placer. Dedicar poco tiempo a la relación sexual, rehuir toda caricia que podría ser excitante, orientar exclusivamente la relación hacia la consecución del orgasmo, son ejemplos de comportamientos destinados a evitar la ansiedad, la inseguridad o el fracaso.

Si te ha resonado alguno de estos factores, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. En Quiero Psicología disponemos de un servicio de asesoramiento y terapia sexológica para brindarte la mejor atención posible.

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Mitos sobre la infidelidad en la pareja

Con el avance de los tiempos, las personas nos sentimos más libres para decidir que clase de relación queremos establecer con otra persona, siempre llegando a un acuerdo entre ambas partes.


Se puede tener relaciones liberales, poliamorosas, polígamas, con compromisos, sin compromisos, etc. Siendo fundamental comentar las necesidades de cada uno para llegar a un punto donde ambos se encuentren cómodos con la relación que quieren mantener. Tampoco hay que olvidar, que se puede empezar estableciendo una pareja monógama y después cambiar a otro tipo de relación o a la inversa. Las relaciones avanzan y cambian al igual que las personas.


Un punto en común que mantienen todas las relaciones es la confianza, siendo fundamental para establecer un vínculo sano, que nos proporcione seguridad a la hora de comunicarnos con la otra persona.

En ocasiones esa confianza puede dañarse por diferentes motivos, en este caso vamos a comentar la infidelidad en una relación cerrada, haciendo hincapié en los mitos que la rodean.

Al igual que nos encontramos con muchos mitos acerca de las relaciones sentimentales debido a las creencias culturales que nos inculca la sociedad, también hay una serie de mitos que rodean la infidelidad dentro de una relación.

Mitos más comunes


En muchas ocasiones nos encontramos en consulta relaciones sentimentales que dan por hecho determinados actos, pensamientos y situaciones dirigidos por lo social, ya que hay un esquema social de lo que se considera una relación o una infidelidad, creando mitos, que se definen como una verdad incuestionable socialmente aceptada.

“Si se tiene en casa lo que se necesita, no hace falta buscarlo en otro sitio”


Como ya hemos mencionado anteriormente, las relaciones cambian al igual que cambian los integrantes de ella. No tiene porque haber ningún conflicto importante, ni dejar de querer, ni insatisfacción sexual para que se produzca una infidelidad, puede darse por diferentes motivos.


“Los hombres son infieles por aburrimiento y miedo a la intimidad y las mujeres lo son por el sentimiento de soledad y necesidad de intimar”


Los hombres y las mujeres tienen los mismos conflictos internos, los mismos miedos e inseguridades. Sin embargo, la sociedad nos impone tanto a los hombres como a las mujeres maneras diferentes de afrontar estas situaciones, lo que puede generar un malestar por la disonancia de lo que socialmente se “tendría que hacer” y lo que realmente queremos hacer.


“La relación fiel es madura, comprometida y realista; la infiel es inmadura, egoísta y carente de control”.


Llevar a cabo una infidelidad, no significa ser una persona inmadura incapaz de establecer un
compromiso o responsabilidades, se pueden dar contextos o factores difíciles de gestionar.


“Los romances son dañinos, no ayudan a un matrimonio y no pueden ser aceptados”.


Esto seria un planteamiento ideológico. Es posible que incluso un romance fuera de la relación, pueda ayudar a entender lo que está sucediendo y como solucionarlo.


“La única manera de restaurar la confianza y la intimidad es a través de la verdad, el arrepentimiento y la absolución por parte del ofendido”.


¿Qué es la verdad y cuánta verdad es necesaria para poder reparar algo? En ocasiones la verdad puede hacer mucho daño. Una de las maneras de dejar el sentimiento de culpabilidad es trasladar la responsabilidad en la otra persona, contando con detalles todo lo que ha sucedido para que sea esta quien tome las decisiones, en vez de responsabilizarnos de nuestros propios actos.


“El divorcio otorga más auto respeto que el perdón”.

Se considera “normal” que una vez se da una infidelidad se tiene que optar por el divorcio o una separación, no obstante, las parejas se mantienen por muchos motivos y es fundamental el respeto de las decisiones de cada uno, evaluando siempre el malestar que se puede generar y trabajando para que se desarrolle un ambiente confortable.


Las relaciones sentimentales evolucionan y no siempre tenemos las herramientas suficientes para poder gestionar los acontecimientos o establecer una comunicación emocional donde se manifiesten las necesidades que se presentan. Esto nos puede llevar a cometer determinados actos que perjudiquen la relación y provoquen malestar.

Por ello, si consideras que tienes inconvenientes en relación a esto, es recomendable acudir a un especialista que te pueda ayudar, en Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

¿Qué son las no-monogamias?

¿En qué piensas cuanto te hablan sobre no monogamias? poliamor, swinger, parejas abiertas, anarquía relacional… son conceptos que aluden a los ya conocidos modelos relacionales disidentes de una norma bajo la que se nos ha educado. Ahora, ¿has pensado alguna vez la cantidad de estereotipos o prejuicios que podemos haber introyectado al respecto?

Hace unos años, hablando con unos colegas tomando algo, salía este tema seguido de “uf, ya… gente un poquito promiscua ¿no?” o “yo creo que se abre la relación para evitar un compromiso con esa persona”.

Es comprensible que, viviendo en un mundo donde lo normal – es decir, la norma- es la monogamia, todo lo que se salga de este limitado cuadrado se discrimine, patologice, ridiculice o denigre. ¿Te suena esta forma de hablar?

¿Qué es entonces lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en monogamia? Algunas respuestas de personas a las que se les ha preguntado esto fueron: celos, exclusividad, relación más importante, proyecto de vida en común, amor-de-verdad o prioridad.

Este pack es lo que nos llega sobre las no-monogamias, lo que está en la cultura popular, pero… como seguramente ya sepas, todo lo relativo al ser humano se da en un contexto político y social que influye considerablemente en cómo concebimos las cosas, cómo nos sentimos y cómo nos comportamos.

Spoiler: pocas cosas son “naturales” cuando hablamos de emociones y comportamientos.

¿Qué se te pasa por la cabeza si te digo que esto del poliamor, en verdad, no va de tener múltiples parejas?

En palabras de Brigitte Vasallo, nos hemos puesto a desmontar la monogamia sin saber lo que es. Y no es que no esté definida, sino que está mal definida. La monogamia no es una práctica. No es tener una pareja con exclusividad sexual y afectiva. Las personas amamos a mucha gente, pero solo a un tipo de amor le ponemos cierta carga (ese amor-de-verdad).

Cuando oímos la palabra amor, pensamos en amores de pareja, amores sexualizados, pero no en el amor a nuestras criaturas, por ejemplo, a nuestros animales de compañía o amistades. Por ello, algunas visiones acerca de la monogamia la sitúan no tanto como un modelo relacional, sino como un sistema, una superestructura que determina nuestra vida privada, organizando nuestros vínculos: cómo, cuándo, a quién, de qué manera amar, qué circunstancias son motivo de tristeza, rabia etc.

El amor lo vivimos todas y todos de maneras distintas, es algo abstracto que forma parte de un mundo emocional que no puede codificarse tan fácilmente. Sin embargo, cuando aparece la monogamia, esta codifica la noción de amor. Por eso, cuando hoy hablamos de amor, hablamos de una forma concreta de amor que pasa por una forma concreta de pareja.

El sistema monógamo es también al amor Disney, ese amor que nos han metido desde pequeñas.

La jerarquía

La monogamia entonces es un sistema que nos organiza los afectos a nivel social y de manera jerárquica. No tiene que ver con la cantidad. El foco, en su lugar, iría de la cantidad de personas involucradas a las dinámicas que hay entre ellas, y entre dichas personas y el entorno.

El poliamor no viene definido por el número de relaciones, sino por el tipo de relación”.

La confrontación:

La confrontación o competitividad es uno de los mecanismos básicos del sistema capitalista. El conflicto horizontal (es decir que nos peleemos entre nosotras) legitima dicha estructura jerárquica, sin afectar a su funcionamiento. Por lo que para que se mantenga esta estructura jerárquica se necesita a la envidia.

No es arbitrario que se de principalmente entre mujeres. Nuestra socialización de género nos ha enseñado que el fin de nuestra vida, aquello por lo que lo damos todo, gira alrededor de la idea de “príncipe azul”. Y por lo tanto parece generar la idea de que competimos para conseguirlo.

Por eso es sumamente relevante darnos cuenta de esta confrontación introyectada y minimizarla. Supone mirar hacia dentro y observar cómo el sistema nos influye para poder frenarlo en la realidad. Ahí es donde reside la verdadera revolución.

La exclusividad:

El imaginario monógamo nos convence de que “si amas de verdad, no desearás a nadie más”. En esta forma de pensamiento competitiva y jerárquica, te enamoras de “la mejor persona para ti”, tu media naranja.

Así, el pensamiento monógamo es sustitutivo: desear a alguien nuevo implica dejar de desear a la anterior persona, o como mínimo, ese deseo se ve matizado. De nuevo, volvemos a la pirámide: para que alguien más llegue a la cima, hay que desocupar la cumbre. Si la ensanchamos, pierde exclusividad y, por tanto, valor.

Si bien es cierto que, en ocasiones, la multiplicidad de afectos puede implicar descuidos o maltratos, pero esto no se debe a la multiplicidad en sí, sino a la manera en que nos situamos en esa multiplicidad, usándola como consumo de cuerpos.

Es curioso como también, la exclusividad la entendemos referida principalmente a lo sexual. Acostarse con otra persona es un drama, pero nuestra pareja “puede” ejercer violencia contra nosotras y tendremos, o el entorno tenderá, al “no es para tanto”, “es que tenía un mal día”. ¿Dónde estamos poniendo el peso?

¿Se puede ser poliamorosa y ser responsable afectivamente?

En ocasiones vemos a personas a las que se les llena la boca con el discurso de la responsabilidad afectiva, pero… ¿sabemos qué es realmente? ¿hablamos tanto de ella como la practicamos en nuestro día a día? La responsabilidad afectiva es:

  • Saber que los vínculos que construimos con otras personas implican cuidados. No confundamos aquí ser independiente con no estar pendiente de la pareja.
  • No ilusionar a alguien con planes de futuro si no quieres eso realmente.
  • Tener en cuenta el mundo emocional de la otra persona sabiendo que puede ser muy diferente al tuyo.
  • No confundir a la otra persona con “ahora sí, ahora no”, no siendo claras y honestas.
  • Dejar claras tus intenciones y expectativas que tienes con las personas que te vinculas.
  • Establecer límites y acuerdos entre las partes implicadas para respetarnos y no herirnos.
  • Asertividad, asertividad y más asertividad: “tenemos que hablar de esto que me ha molestado y ver cómo podemos solucionarlo”
  • Ser consciente de las consecuencias de lo que decimos/hacemos.
  • No hacer bombas de humo / ghosting y toda esa retahíla de evitaciones modernas

Como primo cercano de la responsabilidad afectiva están los cuidados. En muchas relaciones no monógamas, lo que a veces se hace con los celos es ponerlos sobre la persona que los siente bajo un “cariño, gestiónatelo”. Algo muy propio del individualismo.

Creo que es importante levantar un poco la mirada y darnos cuenta de que los dolores vienen, además de la mochila de aprendizaje de esa persona donde se encuentran apegos, relaciones pasadas, vulnerabilidades etc… de un sistema. Esto no exime la responsabilidad de los miembros de la red, para nada. Pero si que es necesario establecer acuerdos, pactos de realidad.

Se que alguien estará pensando que sí, que los acuerdos son importantes, pero si la persona no tiene cierto trabajo personal hecho, se pueden seguir reproduciendo ciertas violencias. Y estás en lo cierto. Las personas que llevan a cabo dichos pactos tienen que saber colocarse a si mismas en la red, saber desde qué lugar dicen qué cosas. Y, como no, esto en muchas ocasiones pasa por tener tiempo para el trabajo con una misma y dinero para poder pagarte la terapia correspondiente. Entonces, me surge otra pregunta: ¿son las relaciones no monógamas una cuestión de clase? ¿un privilegio?

Imagino que a estas alturas del artículo estarás un poco removida, poniendo la vista en el pasado y, con suerte, vislumbrando esas veces en las que no te han cuidado o no has cuidado como era debido. Está bien. Quizás también te estés planteando abrir tu relación de pareja, pero no sabes cómo hacerlo sin que nadie salga herido. Puede que también estés reflexionando desde qué lugar te vinculas, o en qué lugar dejas parte de tu entorno en pro de ese amor de película.

Permítete ese espacio de reflexión que seguro dará pie a una mejora en ti. Que sepas que desde Quiero Psicología también te acompañamos en ese quebradero de cabeza.

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La Violencia Económica

Cuando hablamos de violencia género tenemos claro cuando es evidente su existencia, como por ejemplo mediante la agresion fisica. No obstante, hay otros tipos de violencia que son igual de importantes y que hay que saber detectarlos a tiempo porque ayudará a que la violencia no siga subiendo en escalada hacia el escalón final mas evidente.

La gran desconocida de la VG: La violencia económica

Lamentablemente, por diferentes testimonios y noticias recientes, hemos podido conocer más en profundidad qué es la violencia de género y sabemos más sobre el concepto de violencia vicaria por ejemplo del que ya os hablamos en otra entrada del blog que os dejamos por aquí https://www.quieropsicologia.com/la-violencia-vicaria-un-subtipo-de-la-vg/ .

En este post nos vamos a centrar en otra gran desconocida: la violencia económica.

La violencia económica es un tipo de violencia que ejerce el agresor sobre la mujer durante la relación y que puede continuar una vez finalizada. Se ejerce desde el control de la economía doméstica y la reducción de la autonomía económica de la mujer.

Según la macroencuesta de la Violencia contra la mujer del año 2019 el 11,5% de las mujeres residentes en España ha sufrido violencia económica a lo largo de la vida, que traducido en cifras supone que 2.350.684 mujeres sufren esta violencia. Un 2% lo sufrieron en los últimos 12 meses.

La encuesta muestra que este tipo de violencia se ejerce más sobre las mujeres entre 25 y 54 años, aunque si se observa lo que ocurre con las parejas actuales, se aprecia que es mayor entre las mujeres de 65 años.

La macroencuesta también ofrece los siguientes datos sobre las situaciones más comunes ordenadas de mayor a menor frecuencia:

  • La pareja ha impedido a la mujer tomar decisiones en la economía familiar y / o hacer compras de forma independiente.
  • La pareja se ha negado a darle dinero para gastos del hogar.
  • No les han dejado trabajar fuera del hogar.
  • Su pareja ha usado el dinero y/o tarjeta de crédito o ha pedido prestamos a su nombre sin su consentimiento.

Rompiendo mitos

Conocer lo que implica la violencia de genero también supone romper los mitos acerca de ella. Uno de ellos sería sobre de los mitos de la marginalidad asumiendo que “ La violencia de genero solo ocurre en familias o personas con pocos recursos”. Evidentemente este mito es falso, ya que ni los maltratadores ni las mujeres victimas de violencia de genero obedecen a un perfil determinado. La violencia de género no va ligada al nivel socioeconómico.

Refiriéndonos de nuevo a la violencia económica, las mujeres que no posean un trabajo remunerado se encontraran en una situación de mayor vulnerabilidad, al igual que ocurre en mujeres con discapacidad, mujeres del entorno rural y mujeres migrantes.

Pese a que lo se pudiera pensar, la violencia económica también ocurre entre las mujeres con trabajo estable. De hecho, en la anterior Macroencuesta realizada en el 2015 se observó que la violencia económica es más habitual entre las mujeres que trabajan.

Después de la relación

Como hemos comentado, este tipo de violencia se puede ejercer tras finalizar la relación. En el caso de que haya hijos en común se puede manifestar mediante el impago de las pensiones. Está considerado como delito dejar de pagar durante dos meses consecutivos o cuatro no consecutivos las prestaciones económicas establecidas en el convenio regulador.

No estamos hablando de situaciones donde el progenitor no tenga solvencia económica para hacer frente a las obligaciones. Estamos hablando de la voluntad de no hacerse cargo, de la intención de generar daño en la mujer y una situación de tensión constante.

En otras ocasiones, no tiene por qué tratarse de impago de pensiones, sino que los retrasos en el pago también son un indicador de violencia económica. En muchos casos esperan hasta el último día para hacer el pago, haciendo que la mujer siga estando en alerta permanente incluso después de haber finalizado la relación.

Existen otro tipo de impagos al margen de las pensiones, como por ejemplo no hacer frente a los gastos extraordinarios relacionados con la salud, actividades extraescolares, etc . Esto también afectará al desarrollo de los hijos. Al igual que no pagar la parte de la hipoteca correspondiente, puede conllevar a que la mujer y los hijos tengan que ser finalmente desalojados.

Todo esto supone una doble agresión tanto por el daño causado a los hijos como por el sobreesfuerzo que tendrá que hacer la madre para cubrir las necesidades de los hijos. Además, si se están dando este tipo de impagos, la mujer no puede negarse a las visitas de los hijos con su progenitor. Se puede imaginar cómo esto prolonga el sufrimiento de la mujer y aumenta la sensación de impotencia y desesperanza.

Además, a veces el progenitor no hace frente a todos estos gastos comentados, pero realiza regalos desmedidos a los hijos. Esto facilita que se posicionen en contra de la madre, que es posible que no pueda hacerlos, pero sobre quien recae la disciplina y el cuidado diario.

Consecuencias psicológicas

La violencia económica no ocurre de forma aislada, sino que en el 85 % de los casos implica también violencia psicológica. Supone la extensión del dominio mediante el control del dinero.

Como señalan las encuestas del 2015, más del 50 % de las mujeres presentaban de forma habitual síntomas como llorar, ansiedad, inestabilidad en el estado de ánimo y dificultades para dormir. A nivel de salud física, es común que derive en problemas de salud que se alargan en el tiempo y que impedirán el desempeño laboral y/o sus actividades cotidianas.

La falta de autonomía en cuanto a la disposición del dinero, tiene un impacto directo en la vida diaria, limitando las actividades que se pueden realizar. Cuanto más frecuente y sostenido en el tiempo sea el maltrato, esto generará menor autoestima, más vulnerabilidad y por lo tanto mayor dependencia del agresor. Esto dificulta que las mujeres pueden abandonar la relación.

Si te has sentido identificado con lo comentado en el post, desde Quiero Psicología podemos ayudarte. Y si conoces a alguien que este en esta situación, comparte este post.

Hablar de dinero nunca ha sido fácil, pero hacerlo en estas situaciones es vital.

La Violencia Vicaria -un subtipo de la VG-

El pasado viernes 11 de junio nos encontramos todos con la sobrecogedora noticia de que habían encontrado el cuerpo sin vida de una menor que había sido presuntamente asesinada por manos de su padre. Y también desde ese mismo día el concepto Violencia Vicaria está dentro de nuestras conversaciones.

No sabemos claramente qué es, pero nos recorre un escalofrío por la espalda cada vez que se menciona, porque sabemos que debido a este tipo de violencia la vida de una menor se ha visto interrumpida.

¿Qué es la Violencia Vicaria?

La Violencia Vicaria o violencia por sustitución es un nuevo término que se refiere a un subtipo de violencia contra las mujeres en el que el hombre, de manera consciente, usa o daña a personas significativas para su pareja o expareja como instrumento para hacerla daño. Lo más habitual es que se use a los hijos, pero esta agresión puede ser ejercida usando a padres, hermanos o amigos, es decir, cualquier persona emocionalmente significativa para la mujer.

Aunque no es una violencia tan mediática como otras, es decir, no estamos escuchando que se mencione todos los días en la televisión, sí que aparece en más situaciones de las que nos imaginamos. Simplemente nos enteramos de aquellos que tienen una consecuencia tan grave como la muerte del menor, pero diariamente se produce mediante amenazas y control hacia la mujer a través de los niños.

En este tipo de violencia se cosifica al menor, interpretando a los hijos como “algo” de su propiedad y a través de una actitud egoísta les agreden con el objetivo de controlar a la madre. En los casos más graves aparece el asesinato.

Tipos de violencia vicaria

Como en todos en otros casos, este tipo de violencia se puede presentar en diferentes grados de intensidad; en los casos más graves aparecen agresiones directas y daños físicos, incluso la muerte, pero previamente ya se ha agredido o desatendido a los menores.

Las amenazas, las manipulaciones, los actos de control extremo son habituales dentro de la violencia vicaria.

Por ello debemos estar atentos a las señales que pueden aparecer tras las visitas al padre o las estancias derivadas de la custodia compartida.

Observar que se han interrumpido tratamientos médicos o actividades positivas y favorecedoras para el crecimiento y desarrollo del menor ha de ponernos en alerta y tomar consciencia de lo que puede estar ocurriendo.

Otros signos son que el menor regrese al domicilio materno descuidado, desatendido, desaseado o con cambios físicos con los que el menor y la madre no están de acuerdo, como por ejemplo, cortes de pelo o cambios radicales en la vestimenta.

Ser conocedor de que se habla mal de la madre en presencia del menor, ya sea por parte del padre o que este permita que terceros hablen mal de ella.

Hay que observar cualquier cambio de humor, de conducta o de estado de ánimo del menor, ya que pueden ser señales de que algo está ocurriendo.

Amenazas y manipulaciones que se provocan de manera habitual y constante en el menor y que pueden tener consecuencias en el comportamiento de éste; miedo, ansiedad y negativas antes de la visitas o estancias con el padre nos dicen e indican que algo puede estar pasando.

Cuando el maltrato se produce a nivel físico, las marcas y señales se pueden observar con facilidad y no hay una explicación lógica y normal para ellas. Arañazos, moratones, daños en la ropa y pertenencias de menor.

Consecuencias de la violencia vicaria en el menor

Todas las situaciones en las que el menor es cosificado y eliminada su identidad para convertirse en un instrumento con el dañar a la madre tiene consecuencias graves a nivel emocional, mental y psicológico del niño que lo padece.

Dentro de las consecuencias nos podemos encontrar con:

  • Dificultades de atención y concentración.
  • Bajada del rendimiento académico.
  • Pérdida de habilidades sociales.
  • Cambios en los comportamientos relacionales en el colegio y con amistades y familiares.
  • Desmotivación generalizada.
  • Aparición de miedos desproporcionados.
  • Pesadillas, terrores nocturnos.
  • Dificultades para conciliar el sueño.
  • Cambios en las pautas alimenticias.
  • Anhedonia (no experimentar placer en actividades que antes eran gratificantes).
  • Ansiedad.
  • Depresión.

¿Qué podemos hacer?

Ante la aparición de estos síntomas nunca debemos callar. Busquemos apoyo en la familia, investiguemos y verifiquemos que puede estar ocurriendo.

Acudamos al centro escolar, pidamos tutorías, acudamos al centro de salud, al pediatra y comuniquemos nuestras sospechas; vayamos a la policía a poner una denuncia y activemos todos los protocolos necesarios de custodia necesarios para proteger a nuestro hijo.

Pidamos ayuda en centros especializados en violencia de género para poder abordar la situación desde todos los frentes y además abordar desde un plano psicológico todas aquellas consecuencias que tiene el haber estado expuesto a una situación de violencia.

yoísta

¿Eres un yoísta o «sufres» a uno?

Es posible que tengas cierta tendencia a llevar las conversaciones a tu terreno.

Puede que sea una costumbre que te haya pasado desapercibida y hasta que alguien no te lo ha comentado no te hayas dado cuenta.

Quizás esta situación te sea familiar: estás con una amiga y te cuenta que ha tenido muchísimo estrés durante el día, que se siente agobiada y que necesita relajarse para poder sentirse mejor.

Te lo cuenta mientras estáis de cañas improvisadas que te ha pedido tomar a última hora del día.

Tú, en respuesta a todo lo que ella te va contando, contestas con un “pues yo llevo un día también súper estresante. Mi jefe no ha parado de darme la tabarra…que ganas de irme a dormir”.

Rediriges la atención a lo que a ti te pasa.

Es una conversación que aparentemente resulta habitual y totalmente funcional.

Nada que objetar.

Sin embargo, si se da de forma repetida y en la mayoría de tus interacciones, puede que estés obviando las necesidades de los demás sin conectar en absoluto con la otra persona.

Esto no quiere decir que no puedas hablar de ti, o que utilizar la palabra Yo sea un error.

Quiere decir que la tendencia a no escuchar con atención al otro y saltar inmediatamente a tus emociones y sensaciones hace que la conversación sea unidireccional y egocéntrica.

Basada en tí, tus experiencias, necesidades o intereses.

Estás muy cerca de ser una persona yoísta.

Este es un término que la RAE aun no contempla, pero su significado implica, entre otras cosas, que hables constantemente de ti mismo/a y que estés más interesado/a en contar tus propias experiencias antes de seguir escuchando lo que los demás tienen que decir.

Si es algo significativo, que se repite de forma más o menos habitual, es probable que tu entorno ya te haya dado cierto feedback.

Desde el cariño que te tienen, intentan hacerte ver el llamativo uso del “yo” que puede que estés haciendo.

En exceso, este comportamiento puede hacer que los demás no se sientan escuchados.

Puede que piensen que lo que cuentan no es validado.

Quizás sientan agotamiento o rechazo al estar con alguien (tú) que tiende a soltar un discurso repetitivo centrado en su propia persona.

Esto último se hace más evidente si las conversaciones centradas en tu Yo suelen, además de ir sobre ti y tus experiencias, estar orientadas a términos pesimistas o negativos sobre algo que te sucede o ha sucedido.

¿Qué puedo hacer si veo que hago esto?

Una vez que identifiques si esto te sucede, plantéate el origen de esta conducta.:

  • ¿Tienes mucho que contar y llevas tiempo sin hablar con nadie?
  • ¿Sueles tener a tu familia desde la infancia pendiente de ti todo el rato?
  • ¿Has pasado mucho tiempo solo o sola?

Desentrañar tu pasado te hará entender tus dinámicas actuales.

  • Intenta tomar consciencia a la hora de hablar con alguien.
  • Piensa antes de hablar lo que vas a decir, así podrás darte cuenta de las veces que hablas sólo de ti y de cuál es el contenido de tu discurso

Escucha con atención lo que te cuenta la otra persona y muestra interés.

  • Puede que la persona con la que estés interactuando esté expresando algo doloroso o que te esté contando algo que le es difícil expresar con palabras, etc.
  • Pregúntale, da tu opinión si es necesario o simplemente acompaña la escucha con expresiones no verbales.
  • Presta atención al discurso, contenido y forma.

Darte cuenta de todo lo que engloba la conversación te hará captar los detalles y dar respuestas ajustadas y adecuadas

Cuando sea oportuno compartir tu experiencia, hazlo.

Compartir experiencias parecidas no deja de ser una conversación.

Atiende al tiempo que estás hablando para no monopolizar la conversación.

Conozco a alguien así, ¿qué puedo hacer para decírselo sin pasar apuro?

Desde el cariño es posible comunicar con asertividad lo que consideres.

Dar un reflejo, hacer de espejo con la intención de hacer mejorar a alguien sobre lo que ves en ella/él, debería ser aceptado con agrado.

En caso de no ser así, o de tener miedo a la reacción, échale un vistazo a nuestro post sobre la evitación de conflictos: https://www.quieropsicologia.com/evitas-los-conflictos-a-toda-costa/

Pregúntale a esa persona si es consciente de lo que hace ofrécele ayuda (si lo consideras necesario y si te ves capaz) para que se dé cuenta y pueda cambiarlo en el momento.

Dile cómo te sientes cuando estás hablando con él/ella y apenas te hace comentarios sobre lo que cuentas.

Habla en primera persona de tus sensaciones cuando pasa esto.

Se puede dar el caso de que intentes comunicar cómo te sientes sobre este punto y la otra persona se lo tome a mal.

Puede que no quiera reconocer ni cambiar su comportamiento,

Si esto pasa, plantéate si te has expresado claramente y de la forma más asertiva posible.

Cuando tu sensación sea que sí, que lo has hecho de la forma más correcta, empática y asertiva que eres capaz de hacer y, aun así la forma de relacionarse de la otra persona no cambia, surge el problema.

Aquí tu «trabajo» será poner límites y respetar tu necesidad y tu espacio.

Estar con alguien que dirige las conversaciones sobre su vida, sus vivencias y sus ejemplos de forma constante puede generar agotamiento.

Este «monopolio» exige una atención individualizada y exclusiva que probablemente no es posible dar de forma permanente.

O, simplemente, te has cansado de hacerlo.

No te sientas mal amigo/a si no correspondes esta exigencia y decides poner límites para preservar tu energía y tu bienestar.

Si esta es tu situación, te recomendamos que leas nuestro post sobre marcar límites en las relaciones interpersonales: https://www.quieropsicologia.com/poner-limites-en-las-relaciones-personales/

Si te has identificado de cualquier forma con este post, bien porque tiendes a monopolizar las conversaciones, bien porque sufres a alguien que lo hace, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Aprender a gestionar tus habilidades comunicativas, explorar el por qué de esta dinámica y compartir con tu entorno tus sensaciones de forma que puedas trasladar el mensaje sin dañar y sin ser dañado/a.

Si estás encerrado/a entre las cuatro paredes de alguien que te hace sentir así y no sabes cómo parar, podremos trabajar sobre ello y conseguir abrir una puerta y encontrar salida.

Las relaciones en la era digital

Vivimos en la época del “aquí y ahora”.

De la inmediatez, del consumismo y las relaciones digitales.

Es un tema del que ya hemos hablado en otros términos en nuestro post «El amor en el siglo XXI».

Tenemos acceso a cientos de aplicaciones para conocer gente, publicar información o compartir cómo nos encontramos.

Con un simple movimiento de manos podemos hacer match con diferentes personas, conseguir plan para el fin de semana, y quién sabe, incluso encontrar pareja.

Sin embargo, esta sobreestimulación puede llevarnos a descuidar nuestras relaciones, afectando a la forma en que nos comunicamos.

El hecho de contar con tanta oferta convierte las relaciones en una especie de mercado.

Accedemos a un amplio escaparate de personas donde elegir.

Las nuevas tecnologías han eliminado barreras físicas entre nosotros, pero, ¿realmente están favoreciendo la comunicación? ¿acaso no están fomentando una sociedad cada vez más individualista?

Si alguien nos gusta, solo tenemos que deslizar a la derecha, si no nos llama la atención, deslizar a la izquierda.

Con un sólo movimiento podemos encontrar a numerosas personas a través de estas aplicaciones.

Es más, si no queremos saber nada más de alguien, es suficiente con borrar su contacto o bloquear su perfil en nuestras redes.

Lamentablemente, estas prácticas son cada vez más frecuentes y están claramente identificadas:

Ghosting

Llamamos ghosting (derivado de ghost del inglés, fantasma) a la práctica de eliminar toda comunicación sin aviso previo, llegando incluso a borrar el teléfono de contacto, dejando de seguir a esa persona por redes sociales, bloqueándola, etc.

La persona en cuestión, quien te hace ghosting, desaparece de tu vida sin justificación aparente.

Quienes utilizan esta táctica se caracterizan por no comunicar sus intenciones y sentimientos de una forma clara y concisa. Prefieren evitar decir cómo se sienten, bien por falta de estrategias de manejo emocional o por falta de habilidades sociales.

Deciden cortar directamente y que sea la otra persona quien asuma que la relación ha finalizado.

Si eres tú quien está sufriendo esta práctica, ante esta situación inesperada y la falta de información, es normal que te surjan preguntas:

¿Habré hecho algo que le haya molestado?

¿Será mi culpa?

¿Le habrá pasado algo?

Orbiting

El orbiting (del ingles to orbit, orbitar) se diferencia del ghosting en que la persona que deja la relación mantiene el contacto de forma virtual a través de las redes sociales.

La comunicación se interrumpe bruscamente y sin motivo aparente, igual que en el ghosting, no responde a los mensajes, etc. pero a la vez, y paradójicamente, comenta tus stories o da “like” a tus publicaciones.

De ahí su nombre, es como si estuviesen orbitando alrededor tuyo de una forma ambigua e incoherente.

En lugar de desaparecer y poder asumir que esa persona ya no va a estar más en tu vida, esta práctica te genera más incertidumbre y hace mucho más difícil el proceso de duelo.

Es normal que quienes hayan sufrido estas conductas tiendan a justificar la actuación de la otra persona con excusas de todo tipo.

Resulta muy complicado comprender un comportamiento tan contradictorio, mejor me busco una explicación que me pueda creer.

¿Qué puedo hacer si me han hecho ghosting u orbiting?

En primer lugar, debes tener claro que no es tu culpa. Si te han hecho ghosting no es porque hayas hecho algo mal.

No es fácil tolerar la incertidumbre.

Tendemos a buscar cualquier explicación que encaje en lo sucedido, aunque no sea válida ni real.

Lo que intentamos es reducir nuestra ansiedad.

Así, ante la total falta de información, tendemos a buscar un comportamiento causal, buscar el culpable de que la relación haya finalizado.

¿Por qué habrá desaparecido?

¿Le habrá pasado algo?

¿Le molestó algo que hice?

A veces la falta de respuesta ya es una respuesta en sí.

Lamentablemente no es la más adecuada.

Este comportamiento solo nos indica que el otro o la otra no tiene la suficiente madurez emocional como para hacer frente a una relación ni para asumir responsabilidades afectivas.

La responsabilidad está en quien corta la relación sin previo aviso, nunca en la persona que lo sufre.

Ante el orbiting, es normal que aparezcan pensamientos del tipo “pero si no estuviese interesada no me hablaría por redes”.

Es cierto, la otra persona parece tener interés, pero no al mismo nivel.

Parece que él o ella no es capaz de mantener una relación comprometida y mantenida en el tiempo.

No es porque no tú seas lo suficientemente valioso o valiosa.

Es el otro quien carece de las herramientas necesarias para mantener una relación estable.

Tampoco es capaz de gestionar las rupturas.

Probablemente se sienta terriblemente incómoda o incómodo al hablar de sus emociones o sentimientos.

Es muy probable que actúe así como norma, no es nada personal para contigo.

Estos individuos que experimentan dificultades para mantener lazos afectivos, muestran una tendencia evitativa.

Evitan situaciones comprometidas o delicadas.

Se trata de un mecanismo de defensa ante los vínculos sociales.

No tienen, por el motivo que sea, las habilidades necesarias para hacer frente a estos momentos.

Una «herramienta» muy recomendable es asumir que quien te hace ghosting, orbiting o cualquier otro palabro similar, lo hace en base a un patrón de comportamiento suyo.

Tú no eres responsable de que corte sin previo aviso el contacto.

No tienes la culpa de que actúe de una forma ambigua, como dando rodeos.

Tampoco has hecho nada para merecer que te traten así.

Puede ser complicado darse cuenta de lo que está sucediendo.

Suele llevarnos un tiempo aceptar que es eso lo que está pasando y, una vez aceptado, nos toca trabajar la pérdida y la tristeza que llegan de la mano.

Querer solo cuando a la otra persona le conviene no es bueno para ti, genera más incertidumbre y ansiedad.

Es importante ser conscientes, en la medida de cada uno, de nuestros sentimientos, acciones y de la forma en que afectan o repercuten en los demás.

Responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva consiste en tomar conciencia de nuestro comportamiento y empatizar con las consecuencias que éste puede tener en la persona o personas con las que mantenemos algún tipo de relación.

No importa que esta relación sea esporádica, que no tenga etiquetas o que acabe de empezar.

Cualquier vínculo afectivo genera una serie de emociones en todas las partes implicadas, somos seres sociales por naturaleza.

Realmente, no es tan complicado ser una persona afectivamente responsable:

Atiende a tus emociones.

Sentir nos hace humanos, no es peligroso.

Tu identidad no va a cambiar por estar en una relación ni tienen por qué hacerte daño.

Permitirte experimentar y expresar tus emociones te facilitará enormemente crear y mantener relaciones duraderas.

Pregúntate qué tipo de relación quieres establecer.

Hasta que no tengas claro lo que quieres, no podrás expresarlo adecuadamente.

Si no lo tienes claro, exponlo con honestidad, date tiempo y permite que la otra parte sepa lo que puede esperar.

Pide y pregunta, es tu derecho.

Sé empático.

Piensa en cómo puede sentirse la otra persona ante tu falta de respuesta.

Cuando no tenemos capacidad de predecir lo que va a pasar o estamos pendientes de una respuesta que nunca llega, es normal experimentar ansiedad.

Si tú no quieres sentirla, intenta no provocarla en los demás.

Sé asertivo.

Una ruptura puede ser dolorosa, pero puedes ayudar a que sea lo menos dolorosa posible.

Es importante comunicar cómo te sientes desde el yo: “siento que siempre soy yo quien propone planes”, “me gustaría que no nos viéramos más”, «esto no es lo que quiero«, etc.

Claramente, parece mucho más sencillo señalar a los demás: “eres muy pesado, me estás agobiando” o “eres un egoísta”.

Obviamente, esto no son soluciones para un problema afectivo más profundo, pero sí que son ideas que te pueden ayudar a identificar el lugar en el que te encuentras.

Si sientes que alguna de estas ideas te suena conocida, crees que te cuesta establecer vínculos afectivos o asumir el fin de una relación, en Quiero Psicología estaremos encantadas de escucharte y ayudarte a encontrar soluciones.