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Mi pareja me genera ansiedad

La ansiedad en una relación puede ser desafiante y, a veces, abrumadora. Es natural experimentar ciertas dosis de ansiedad en una relación, ya que implica abrirse emocionalmente y establecer vínculos con otra persona. Sin embargo, cuando la ansiedad se convierte en algo persistente y debilitante, es importante comprender las razones subyacentes detrás de este sentimiento.

Motivos por los que esto ocurre

Algunas de estas razones pueden ser:

Patrones de apego: la teoría del apego sugiere que nuestras primeras experiencias de vínculo afectivo con nuestrxs cuidadorxs primarixs pueden influir en cómo nos relacionamos en nuestras relaciones adultas. Si has experimentado relaciones inconsistentes o poco seguras en el pasado, es posible que desarrolles ansiedad en tu relación actual por miedo a ser abandonadx o rechazadx.

Expectativas poco realistas sobre la pareja y la relación: las expectativas poco realistas sobre cómo debería ser tu pareja o tu relación pueden contribuir a la ansiedad. Si tienes una imagen idealizada de cómo debería comportarse tu pareja o cómo debería ser tu relación, es probable que te sientas ansiosx cuando la realidad no cumple con esas expectativas.

Falta de comunicación: la falta de comunicación efectiva puede dar lugar a malentendidos, incertidumbre y preocupaciones innecesarias. Si no te sientes segurx expresando tus necesidades, deseos o preocupaciones con tu pareja, es probable que experimentes ansiedad por temor a que tus necesidades no sean satisfechas o tus preocupaciones no sean tomadas en serio.

Inseguridad: La baja autoestima y la inseguridad pueden aumentar la ansiedad en una relación. Si no te sientes segurx de ti mismo o de tu valía como pareja, es posible que busques constantemente la validación y la aprobación de tu pareja, lo que puede generar ansiedad ante el miedo al rechazo o a no ser lo suficientemente buenx.

Confianza: La confianza es fundamental en cualquier relación. Si has experimentado traición o desconfianza en el pasado, es posible que te cueste confiar plenamente en tu pareja en la actualidad. La falta de confianza puede alimentar la ansiedad, haciéndote sentir constantemente preocupadx por lo que tu pareja está haciendo o pensando.

Recomendaciones en este caso:

Algunas recomendaciones para lidiar con la ansiedad son:

  1. Comunica tus sentimientos: exprésale a tu pareja cómo te sientes y por qué experimentas ansiedad. La comunicación abierta y honesta puede ayudar a fortalecer la conexión emocional y a abordar las preocupaciones subyacentes.
  2. Trabaja en tu autoestima: dedica tiempo a trabajar en ti mismx y a cultivar una mayor confianza en tus habilidades y cualidades. La terapia individual puede ser útil para abordar las inseguridades personales y mejorar la autoestima.
  3. Establece límites saludables: aprende a establecer límites saludables en tu relación y a comunicar tus necesidades de manera clara y respetuosa. Esto puede ayudar a reducir la ansiedad al sentirte más segurx en la relación.
  4. Practica el autocuidado: dedica tiempo a actividades que te ayuden a reducir el estrés y a mantener un equilibrio emocional, como el ejercicio regular, la meditación y el tiempo para ti.
  5. Busca apoyo profesional: si la ansiedad persiste y afecta significativamente tu bienestar emocional y tu relación considera buscar ayuda de un profesional especializado que pueda ayudarte a explorar las causas subyacentes de tu ansiedad y a desarrollar estrategias efectivas para manejarla.

¿Y si lo que ocurre es que mi pareja es tóxica?

Por otro lado, experimentar ansiedad en una relación de pareja puede ser una señal de alerta sobre la salud de esa relación. A veces, la dinámica entre tú y tu pareja puede generar sentimientos de ansiedad que pueden ser indicativo de que la relación no es tan saludable como debería ser. Explorar las razones detrás de esta ansiedad puede proporcionar claridad y guía sobre cómo proceder en la relación.

Las relaciones no saludables pueden manifestarse de diferentes maneras pero algunas señales comunes incluyen:

  • Falta de comunicación para comunicarse abierta y honestamente.
  • Control por parte de tu pareja sobre tus acciones, pensamientos o relaciones puede hacerte sentir atrapado y ansioso.
  • Falta de apoyo emocional o invalidación de tus sentimientos.
  • Abuso emocional o verbal que incluye insultos, críticas constantes o manipulación.

Así mismo, algunas de las causas de la ansiedad en una relación no saludable son:

  • Miedo a la reacción de tu pareja: si has experimentado reacciones negativas o abusivas por parte de tu pareja en el pasado, es natural que te sientas ansiosx ante la posibilidad de provocar una respuesta similar en el futuro.
  • Incertidumbre sobre el futuro: las relaciones no saludables suelen caracterizarse por una falta de estabilidad y previsibilidad. La incertidumbre sobre el futuro de la relación puede generar ansiedad sobre qué pasará a continuación.
  • Desequilibrio de poder: si sientes que estás en una posición de vulnerabilidad o desventaja en la relación, es probable que experimentes ansiedad debido al temor a ser explotadx o maltratadx por tu pareja.
  • Percepción distorsionada de la realidad: en algunas relaciones no saludables, la percepción distorsionada de la realidad por parte de tu pareja puede generar ansiedad al hacerte dudar de tu propio juicio y percepción de la situación.

Por todo ello las recomendaciones para abordar la ansiedad y la relación van encaminadas a:

  • Evaluar la relación: reflexiona sobre los patrones de comportamiento y las dinámicas en tu relación para determinar si es saludable o no. Reconocer los problemas es el primer paso para abordarlos.
  • Establecer límites: si te sientes incómodx o ansiosx debido al comportamiento de tu pareja, es importante establecer límites claros y comunicar tus necesidades de manera efectiva.
  • Búsqueda de apoyo: no enfrentes la ansiedad y los desafíos de la relación solx. Busca el apoyo de amigxs, familiares o profesionales de la salud mental que puedan brindarte perspectiva y orientación.
  • Considera la terapia: la terapia individual o de pareja puede ser beneficiosa para explorar tus emociones, identificar patrones de comportamiento y trabajar en la construcción de relaciones más saludables.

Por todo esto, la ansiedad en una relación de pareja puede ser compleja y multifacética, pero abordar las preocupaciones subyacentes y trabajar en la comunicación y la confianza puede ayudar a construir una relación más sólida y satisfactoria para ambas partes. Además, puede ser una señal de que algo no está bien.

Reconocer y abordar la ansiedad puede ayudarte a tomar decisiones informadas sobre tu relación y tu bienestar emocional. Recuerda que mereces estar en una relación que te haga sentir segurx, apoyadx y valoradx. Y si no lo sientes así en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Tips para vacaciones familiares tranquilas

Las vacaciones de verano suelen ser el momento para poder descansar y disfrutar de tiempo de calidad y en cantidad con tus seres queridos, ya que muchas personas coinciden en la disponibilidad y el buen tiempo invita a este descanso a mitad de año.

Ya sea con tu familia directa o tu familia política, e incluso las amistades más cercanas de tu pareja o tuyas (circulo que para muchos es la familia elegida), muchas veces las vacaciones familiares están cargadas de expectativas altas, entusiasmo y ganas de crear muchos recuerdos inolvidables.

Sin embargo, en estas vacaciones, se suele convivir de forma excepcional con personas con las que no solemos convivir, y esto puede dar lugar a tensiones y conflictos. Para que estas vacaciones sean gratificantes y emocionalmente satisfactorias, es importante considerar algunos aspectos que pueden ayudarte a gestionar mejor las emociones en esa circunstancia.

1.      Ajustar expectativas y establecer límites

Es importante que ajustes tus expectativas: pensar que vas a convivir con personas con las que hace mucho o nunca has convivido sin tensiones puede ser poco realista. Intenta definir qué cosas específicas quieres hacer o sacar de esas vacaciones, y si es posible, que dependan en gran parte de ti. Por ejemplo, poder ir a la playa la mayoría de los días, o acabar el libro que te has traído. Puedes comunicarlo en la medida de lo posible, especialmente si crees que los demás pueden tener una perspectiva diferente a la tuya.

Unos de los mayores puntos de discusión suelen ser las actividades, reparto de las tareas y distribución del tiempo. No menosprecies la importancia de tener una conversación para poder asentar ciertas bases, establecer límites claros y negociar cuando sea necesario: ceder en ciertas situaciones y encontrar compromisos ayudará a mantener un ambiente armonioso.  Además, acordar rutinas flexibles (“de vacaciones”) para dar estructura a nuestros días y tener una guía que oriente las actividades y comidas ayuda a disfrutar del descanso sin perturbar nuestro descanso ni generar desacuerdos.

2.      Comunicación abierta y empática

La base de cualquier relación sólida es la comunicación. Durante las vacaciones en familia, es fundamental mantener una comunicación abierta y empática. Intenta escuchar activamente a cada persona, especialmente en referencia a sus pensamientos y sentimientos y respeta sus opiniones, aunque no siempre estés de acuerdo. Asimismo, intenta comunicar tu estado mental en la medida en la que te sientas cómodo, para que todos podáis tener en cuenta esto a la hora de hablar e interactuar entre vosotros. Si algo te sienta mal, intenta aclararlo con preguntas, ya que una comunicación clara y afectuosa puede prevenir malentendidos y minimizar conflictos.

3.      Tiempo para ti y tiempo con los demás

Aunque las vacaciones familiares implican pasar tiempo juntos, es crucial respetar el espacio personal de cada miembro de la familia. Planifica momentos a solas, ya sea para leer, dar un paseo o simplemente descansar, y comunicarlo (esto no siempre está muy normalizado, pero es importante que los demás puedan tenerlo en cuenta).

Si crees que puede generar reacciones adversas (por ejemplo, que piensen que no quieres pasar tiempo con ellos), planifica tiempo con los demás, para que haya espacios y actividades conjuntas igualmente.  Puedes incluso buscar que todos colaboren en la planificación de esas actividades conjuntas: que cada miembro elija una actividad durante las vacaciones garantizará que todos se sientan incluidos y disfruten de algo que les interese. Además, realizar actividades relajantes, como meditar, hacer yoga o simplemente disfrutar de una caminata por la naturaleza, pueden ayudar a generar un clima más tranquilo y de conexión emocional.

4.      Practicar la tolerancia y la paciencia

Durante las vacaciones, es normal que surjan diferencias de opinión y roces entre los miembros de la familia. En estos momentos, es esencial practicar la tolerancia y la paciencia. Recuerda que todos tienen diferentes personalidades y formas de abordar situaciones, y lo que es importante es encontrar soluciones respetuosas y comprensivas. Asimismo, si crees que hay temáticas que no quieres que se aborden o de los que tu prefieres permanecer alejado, comunícalo: puede que no respeten tu límite, pero eres libre de salir de la situación si esto ocurre, ya que lo has avisado.

Aunque hablamos de como aliviar tensiones, puede ocurrir conflictos y las emociones se desborden y haya personas ofendidas o heridas: Date un tiempo para gestionar lo que haya ocurrido, pero recuerda que nadie es perfecto y es importante aprender a disculparse y aceptar disculpas sinceras, para poder seguir adelante sin rencores.

Si aun así, se dan situaciones que crees que hayan impacto mucho en tu bienestar emocional o que crees que pueden haber perjudicado la relación que tienes con esos familiares y puede que tengas que seguir viendo, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Qué no hacer en una discusión

Las personas crecemos e interactuamos en muchos contextos muy diferentes, formando nuestras opiniones y experimentando la vida de forma muy ampliamente diferente. Una de las experiencias que más crecimiento y conocimiento nos pueden aportar son las conversaciones con otros, y especialmente las discusiones, pero sólo si éstas se enfocan desde el respeto, la empatía y la voluntad de llegar a un entendimiento.

Generalmente, las discusiones que más nos remueven emocionalmente suelen ser con las personas más cercanas a nosotros (familiares, parejas, y amistades) y sobre los temas que más cerca nos tocan (creencias, experiencias emocionales, tareas o personas en común…). Por ello, es fácil sentirse desbordado durante un discusión y caer en conductas poco sanas y desadaptativas.

Tu interlocutor no es tu enemigo, sino todo lo contrario: sois un equipo, buscando llegar a un acuerdo o entendimiento. Con este artículo, intentaremos ayudarte a sortear los obstáculos que pueden surgir en una comunicación efectiva.

Estilos de comunicación y Apego

Existen tres estilos principales de comunicación que se ubican dentro del espectro de la comunicación que hay que tener en cuenta cuando hablamos con alguien.

Estilo pasivo

En un extremo estaría el estilo pasivo en el que no se suelen comunican las necesidades y deseos, pueden parecer sumisos o excesivamente flexibles para no expresar su opinión o enfrentarse a una confrontación (real o imaginaria).

Estilo agresivo

en el otro extremo, estaría el estilo agresivo, expresando de manera determinante las opiniones y deseos, pudiendo anteponerlas a las de los demás y frecuentemente invalidando a la otra persona.

Estilo asertivo

En medio se encontraría el estilo asertivo, cuando se expresan verbal y no verbalmente, con empatía y firmeza, lo deseado y defender sus posturas. Aunque el estilo ideal sería el asertivo, según la persona con la que estemos hablando, se puede cambia de un extremo a otro: por ejemplo, si la persona con la que hablo tiene un estilo más agresivo, pero no tengo una relación cercana ni me interesa el asunto a discutir, se puede adoptar un estilo más pasivo.

Estilo pasivo-agresivo

Un cuarto estilo de comunicación podría ser el estilo pasivo-agresivo, en el que la persona no se siente cómoda expresando su opinión y acaba interviniendo con frases irónicas o sarcásticas, hiriendo de forma enmascarada.

Otro factor importante es el estilo de apego, especialmente en el apego inseguro. Si se tiene un tipo de apego más evitativo, es probable que pueda haber un estilo de comunicación más pasivo, que directamente rehúyan las discusiones, para evitar el posible malestar, o más pasivo-agresivo para no enfrentarse de manera directa con la persona. Si se tiene un tipo de apego más ansioso-ambivalente, la comunicación puede ser más agresiva o pasivo-agresiva, al verse superados por las emociones que se puedan generar durante la discusión. Conocer tu estilo de apego y el de la persona con la que hablas (si está en tu entorno cercano), puede ayudar redirigir la conversación hacia una conversación más asertiva en la que ambos os sintáis lo más a gusto posible.

Tips para discutir bien

Elegir un tema de discusión

No saques errores del pasado o discusiones anteriores, a no ser que sea imprescindible o quieras usarlo de ejemplo para una conducta positiva (momentos en los que sí habéis gestionado la solución o te has sentido cuidado, escuchado, etc.). Cuando estamos discutiendo es fácil sentir enfado o frustración, lo que puede conectarnos con otros momentos en los que nos hemos sentido así anteriormente y acabar fácilmente en una serie de reproches poco útiles. Si hay varios asuntos que queráis discutir, aunque pueda parecer artificial, establecer momentos para poder discutir tranquilamente puede ser muy útil (así evitamos hacerlo en lugares o momentos poco apropiados).

Reflexionar y expresar

Las críticas constructivas pueden ser tan dolorosas como los ataques, esto no quiere decir que no puedas tomar un tiempo para reflexionar. Si tu o la otra persona estáis sintiéndoos atacados, es MUY IMPORTANTE y válido que podáis parar la discusión, antes de que ocurran estos ataques: esto quiere decir que la discusión se retomará cuando estéis más tranquilos, eso sí.

De la misma forma, ya sea antes o durante la discusión, tomate unos minutos para pensar qué te ha molestado o que quieres pedir. Habla desde tu punto de vista “Yo siento” o “A mí” es esencial para no caer en culpabilizar o en frases muy ambiguas y malentendidos, y hacerlo (siempre que se pueda) desde ejemplos concretos.

Turnos a la hora de hablar

Intenta no interrumpir, aunque parezca que lo que tienes que decir no puede esperar, si es importante, lo seguirá siendo dentro de 1 minuto. Así evitarás también estar enfocado en lo que te está comentando la otra persona y no tanto en lo que quieres responder.

No atacar

Aunque sientas mucho enfado o rabia, no te dejes llevar: puede resultar en gritos, insultos o comentario hirientes. No solo esto no ayuda a resolver el conflicto, sino que además puedes arrepentirte de lo que ha sucedido y la comunicación no será efectiva. Si no entiendes o estás de acuerdo con lo que la otra persona está expresando, intenta gestionar el impulso de rebatírselo (por ejemplo “pues no te sientas así” “no tiene sentido como te sientes”). Todos tenemos experiencias y emociones diferentes y todas ellas son válidas, por lo que es importante hacer porque la otra persona se sienta escuchada y validada, aunque no compartáis la misma experiencia.

Ni asumir ni generalizar

No asumir lo que la otra persona pretende, siente o piensa, no nos gusta que lo hagan con nosotros así que buscaremos no hacerlo. No está de más que puedas pedir aclaraciones o retomar lo que te han dicho para asegurarte de que estás entendiendo bien lo que se está comunicando: puede parecer absurdo, pero esto suele evitar malentendidos que escalen rápido la discusión. Tampoco uses generalizaciones, ya que estas no son pruebas concretas. No solo perderemos credibilidad, sino que estamos buscando resolver el conflicto sobre una base muy endeble.

Si te encuentras incomodo discutiendo o los conflictos te superan, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte a tener las herramientas necesarias para mejorar tu comunicación y reducir el malestar durante las discusiones.

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Comunicación en pareja: hábitos saludables que podrías instaurar en tu pareja.

¿Por qué es importante la comunicación en una pareja?

Una buena comunicación es importante en cualquier relación, ya sea laboral, familiar o afectivo-sexual, pero es más fácil que surjan más emociones o complicaciones en este último área, ya que suelen ser relaciones que se convierten en una gran parte de nuestra vida (todavía más si convivimos con esa persona o tenemos responsabilidades en común como hijos, animales, hipotecas, etc.)

No importa el punto temporal de la relación (os estéis conociendo o ya llevéis un tiempo) o el tipo de relación (monógama, poliamorosa, etc.) en el que te encuentres, la comunicación abre un canal entre dos personas que permite ajustar expectativas, resolver desacuerdos y construir una base sólida para la relación. En especial, si estás empezado, sentar un buen precedente de comunicación ayuda a que el resto de la relación se gestione de la mejor manera posible, y minimiza malentendidos; y si estás en una relación poliamorosa, la comunicación es esencial para manejar las emociones y circunstancias tan complejas, al haber más personas involucradas.

Una mala comunicación puede fomentar:

  • Malentendidos, estresores y situaciones más complejas
  • Sentimientos de estrés, confusión, decepción o frustración, que pueden ser muy intensos y recurrentes, ya que es fácil que se magnifiquen con cada pequeña situación desagradable que pueda darse de forma natural, al adoptar una posición defensiva.
  • Sentimientos de incomprensión, soledad o baja autoestima, que interfieran con otras áreas (trabajo, vida social…), aumenten la sensación de indefensión, desesperanza e incapacidad de cara a resolver problemas en todas las áreas y disminuyan la expresión de emociones, deseos y opiniones propios.
  • Sentimientos de ira, rechazo, desconfianza, que favorecen las dudas sobre la relación, intolerancia al malestar del otro y actitudes defensivas.
  • Una distancia emocional y física, debido a los eventos y emociones anteriores, que hacen menos atractivo el tiempo, proyectos y entorno que en común con la pareja. A su vez, esto retroalimenta esas emociones desagradables y dificulta que se pueda reparar o mejorar la comunicación, y puede llevar a una independencia total (vidas paralelas).

Obstáculos en la buena comunicación

Tener una conversación en la que la comunicación sea clara y sincera es más complicado de lo que parece, y especialmente si se tratan de temas delicados o que nos tocan emocionalmente. A continuación, os dejamos algunas situaciones o conductas que dificultan la comunicación:

  • Objetivos contradictorios, ver a la otra persona como un enemigo o rival, y momentos o lugares inadecuados
  • Cambiar de contenido constantemente o hablar de forma vaga y ambigua, el alejamiento temporal (hablar en exceso del pasado o de un futuro hipotético), o la expresión desconectada (mencionar ejemplos irrelevantes o situaciones hipotéticas),
  • Un escaso lenguaje positivo o excesivo lenguaje negativo sobre o hacia el otro
  • Una comunicación de una de las personas excesiva o escasa (en el discurso y en la velocidad de respuesta), ignorar, no escuchar o interrumpir a la otra persona
  • Excesivas generalizaciones y afirmaciones radicales (como todo o nada)
  • Interpretaciones erróneas (asumir que sabes cómo el otro se siente o piensa, o al revés)
  • Estados emocionales muy intensos.
  • El uso de sarcasmo o ironías para ridiculizar a la otra persona,
  • Insultos, acusaciones o amenazas, y responder a quejas con otras quejas.

Algunos consejos saludables para mejorar la comunicación

  • Elige bien el momento y lugar para hablar, centraros en el tema elegido, con información tan específica como puedas, y en el marco temporal que le pertenece (si es presente, no ir al pasado o futuro).
  • Para la conversación cuando los estados emocionales sean muy intensos (se va a hablar del tema, pero no es muy adecuado hacerlo con mucha ira, ansiedad…).
  • Escucha activa y empatía: como si fueran a hacerte un examen de comprensión, asiente, asimila, empatiza y busca ponerte en el lugar de la otra persona. Intenta turnaros para hablar, para no interrumpir.
  • Acepta críticas y haz peticiones: Sois un equipo frente a una situación, tu pareja no es tu rival, por lo que no estás “perdiendo” al llegar a un acuerdo o aceptar parcialmente las críticas (no somos perfectos y no hay nada malo en admitirlo).
  • Expresa tus deseos y necesidades: tu pareja puede conocerte muy bien, pero no te lee la mente, es importante ser claro y sincero con lo que uno quiere o necesita (y al revés, poder preguntar). Si no lo tienes claro, puedes decirlo o pedir tiempo para averiguarlo.
  • Habla desde tus sentimientos (frases “YO me siento” “ME gustaría”) y haciendo referencia a situaciones o conductas específicas, por ejemplo, decir “cuando dices que quieres hacer eso, no me siento valorado” en vez de “eres un egoísta por exigirme esto”. Intenta no atacar ni acusar, ni asignar etiquetas, ni “deberías”, ni generalizaciones (“siempre”, “nunca”)

Intenta equilibrar las conversaciones más complicadas, hablando de aspectos positivos de la relación o de la persona, así como con momentos agradables.

Y si no puedes seguir estos consejos o te resulta muy difícil ya sabes que en Quiero Psicología podemos ayudarte.

La-isla-del-todo-mal

La isla de las tentaciones ¿o la isla de «todo mal»?

Hace unas semanas, comenzó la quinta temporada de la Isla de las tentaciones. Como ya sabréis este programa consiste en llevar a cinco parejas a un entorno paradisiaco para que pongan a prueba su relación. Las chicas son enviadas a una villa, donde convivirán con varios pretendientes y tendrán citas, fiestas y mucho alcohol. Y los chicos, más de lo mismo. El problema es que nos sentamos en el sofá a ver un programa en el que hay muchas cosas mal, empezando por la heteronorma y terminando por la reproducción del amor romántico.

Después de cinco temporadas, a nadie se le ha ocurrido llevar parejas diversas, la gran mayoría de las personas que participan en el reality (por no decir todas) son personas cis heteros, blancas, sin ningún tipo de discapacidad y con cuerpos irreales. Que por una parte hasta te alegras de que no hayan metido a una persona gay con todos los clichés del mundo, para parecer inclusivos.

Con respecto a los cuerpos de estas personas, poco o nada se parecen a los que tenemos nosotras o vemos por la calle. Ni un pelo donde no tiene que haberlo, ni un ápice de grasa, ni flacidez, celulitis, cicatrices, ojeras, granos, canas, ni un pie más grande que otro, pechos y/o culos operados y chicos que se ponen a hacer flexiones a las 2 de la tarde al sol en la república dominicana. No podemos hablar de la relación que tienen con la comida porque prácticamente no se ve (quiero pensar que es porque durante las comidas no pasa nada interesante a nivel de salseo).

¿Cómo te afecta esta cultura en tu pareja?

Las frases de “si no estas celoso es porque no me quieres”, “Quiero verla bien, pero que tampoco demasiado bien”, “si lo pasa mal es porque me quiere” entre otras muchas, es lo más escuchado en ambas villas. Seguimos escuchando y reproduciendo los peligrosos mitos del amor romántico y al parecer, ninguna de las treinta personas que hay en la isla, se escandaliza.

Porque lo peor que puede hacer tu pareja es ponerte los cuernos, la luz de gas, la manipulación, las mentiras, la falta de comunicación, el control, la desconfianza y las faltas de respeto, no nos indignan tanto. Parece que el único modelo relacional que está bien visto es la monogamia, (y con esto no queremos decir que todo el mundo tenga que practicar el poliamor o las relaciones abiertas) y como consecuencia, la mayor muestra de amor es la exclusividad sexual.

Este tipo de programas pueden ser perjudiciales, sobre todo para les más jóvenes porque pueden sacar conclusiones equivocadas. Como por ejemplo que las personas con cuerpos no normativos, racializadas, neurodivergentes, discapacitadas, queer, y un largo etcétera, no suponemos una tentación para nadie y que por lo tanto no tenemos derecho a relacionarnos sexo afectivamente. O que, si no controlamos, no estamos celosas, no manipulamos o mentimos, ejercemos violencia de algún tipo, o nos sentimos atraídas por alguien más, dudamos, nos cuestionamos la relación, ponemos límites y los respetamos es porque no queremos a nuestras parejas, y nada más lejos de la realidad.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantadas de acompañarte y ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Sexualidad

¿Cuándo y cómo quiero tener sexo?

La visibilización de relaciones no normativas y de una sexualidad liberal han hecho que el aspecto físico de una relación tome protagonismo hoy en día. Esto es algo maravilloso, pero también pone el foco en un área con la que algunas personas no se sienten a gusto. Esto se potencia si te encuentras en la situación de estar iniciando una relación o conociendo a personas de forma activa: La presión de ser abierto o liberal, las ganas de complacer a tu pareja, la ansiedad o miedo que pueda crearte la idea de “perder” a esa persona, o el sentimiento de querer compensar inseguridades que puedas tener sobre ti mismo, hacen que puedas sentirte empujado a realizar actividades sexuales con las que no te sientes demasiado cómodo.

Las relaciones sexuales permiten establecer una conexión con uno mismo y/o con otra persona, explorar nuestra intimidad y disfrutar de nuestro cuerpo, así como el de la otra persona. Pueden ser una actividad muy placentera y bastante reveladora: El sexo nos puede hacer producir grandes cantidades de hormonas, como dopamina, noradrenalina, serotonina y oxitocina, que actúan sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer, la excitación, la sensación de bienestar, incrementando la complicidad, afecto y confianza con la pareja. Sin embargo, no todas las personas o las relaciones sexuales son igual: es importante que tengamos en cuenta las emociones que sentimos de cara a esa intimidad, ya sea antes, durante o después.

Desde aquí, te daremos unas recomendaciones para poder evitar que la situación se complique.

1. Escanea tu cuerpo para observar si tienes algún tipo de emoción o sensación física que pueda ser desagradable al pensar en tener intimidad con una persona.

2. Si estas sensaciones son muy intensas, intenta gestionarlas antes de decidirte a hacer nada con nadie. Puedes probar a verbalizarlo y compartirlo con alguna persona de confianza. Es probable que lo que estés sintiendo sea algo que los demás hayan podido experimentar o que al menos puedan empatizar. También puedes aprender a gestionarlo con un profesional.

3. Si no estás preparado para hacer nada, comunícalo a la persona con la que estás pensando tener intimidad. Ya sea establecer tu límite o compartir lo que sea que estés sintiendo, puede ser útil para que la otra persona te entienda y un alivio para ti. Tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no es algo de lo que avergonzarse, ni algo que tengas que ocultar. Pero puedes compartirlo, si así lo deseas o si sientes que tienes suficiente confianza con esa persona, o vas a sentirte respetada por ella. Si esa persona no buscar entenderte o respeta tus límites, entonces tal vez no es la persona con la que quieras tener intimidad (si no te respeta antes, es muy probable que no lo haga durante).

4. Si sigues teniendo algunas dudas, puedes establecer una lista de conductas o hablar de forma más informal con esa persona sobre las actividades que te gustan o que te disgustan, así como aspectos más globales (hay personas más sexuales que otras o con otro ritmos). No todos somos iguales, ni tenemos los mismos gustos, entonces es importante comunicarse (Especialmente si es una persona que estamos conociendo todavía): De hecho, es algo que es muy importante que podamos hacer antes, pero también durante el sexo, comunicar que nos gusta y cómo nos gusta. Si esto ocurre antes de las relaciones sexuales, puede ser una buena forma de excitar o iniciar los preliminares. Pero también durante, ya que se puede convertir en un juego erótico o Un momento de exploración compartido con otra persona. Recuerda que puedes parar y cambiar de opinión EN CUALQUIER MOMENTO.

5. Otro aspecto a vigilar es que las relaciones sexuales sean la única forma en la que te sientas seguro en tu relación con una persona: sentir la necesidad de mantenerlas, para evitar sentirte inseguro, te reduce a un cuerpo y minimiza lo que eres. Eres más que tu cuerpo, y es importante que puedas sentirte a gusto en otros aspectos de tu relación (si es lo que quieres).

Si ves que tu sexualidad te está creando malestar, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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Maltrato psicológico: el gran invisible

¿Cómo lo identifico?

Muchas veces en esta sociedad seguimos pensando o asimilando que el maltrato grave es el maltrato físico. No es raro escuchar cosas como:

Ah ¿pero fulanito maltrata a fulanita? pero… ¿le pega?

Y esa pregunta se hace para saber si realmente es tan «terrible» lo que le ocurre a fulanita.

Pues empecemos por desbancar ese mito: el maltrato psicológico es uno de los más graves que puede ocurrir en una relación. Este tipo de maltrato cuando ya te han anulado, vejado y eres poco más que invisible es el que puede llevar (o no) a maltrato físico porque así ya no te defenderás, estarás totalmente sometido.

La violencia que hace que la persona, tu amiga, tu madre, tu amigo, tu hermana o tu primo desaparezcan delante de ti y ya no sean «ellas mismas» es el maltrato psicológico.

Ese maltrato puede ser más evidente, pueden ser insultos, comentarios terribles, desplantes delante de los amigos o de los compañeros de trabajo… Pero el más peligroso es del que hablaremos después que es el maltrato psicológico pasivo.

Pero ¿cuál es el mejor indicador de que estás sufriendo maltrato psicológico?: El cómo te sientes. Si sientes que todo lo que dices/haces está mal, o que hará enfadar a la persona que tienes delante, si te sientes juzgado, estás constantemente en tensión, ya no tienes la misma alegría, y te cuesta ser tu mismo, por no decir que has dejado de serlo… Plantéate qué o quién te está haciendo sentir así.

El maltrato psicológico pasivo: el más silencioso.

Puede que a pesar de que te estén maltratando y te sientas como te acabo de indicar nadie se está dando cuenta, y más aún, encima nadie te apoye, te digan que quizá exageras, que lo que le pasa a tu novio o a tu jefe es que estará estresado, y normalicen comportamientos que a ti te hacen muchísimo daño.

Esa es una de las grandes tácticas del maltrato psicológico pasivo: nadie lo verá, te sentirás aún más solo/a y lo peor de todo, te hará sentir que has perdido la cabeza, que te estás volviendo loca/o.

Pasivo significa que no hace cosas «activamente» sino lo contrario: que deja de hacer cosas (como hablarte) o que hay cosas que no cuadran unas con las otras.

Aquí te pongo alguna de las tácticas más frecuentes de este maltrato:

Rechazar la comunicación directa

Si no hablo contigo te doy a entender dos cosas: o que has hecho algo mal que me ha enfadado o que me has dejado de importar, que ya no cuentas para mi.

Si te dejo de hablar pero niego la existencia del conflicto «no pasa nada», «no sé qué me hablas», etc. Hago que el otro se plantee qué estará haciendo mal y rellene los huecos de información que le faltan echándose la culpa de todo.

Por lo tanto, acabo hundiendo a la persona en un mar de dudas y de culpa solamente con dejar de dirigirle la palabra, tardar mucho más de lo normal en contestarle a sus mensajes, estar de morros pero no decir porqué…

Normalmente esto hace que la víctima se intente comunicar por todos los medios, sobre todo el escrito y ponga grandes parrafadas que se pueden utilizar en su contra para tacharlo de loca/o.

Mentir

Pero si la mentira fuera directa y cruel la gente podría ver qué pasa y no sería un maltrato tan invisible. Normalmente las mentiras son difíciles de pillar y van disfrazadas de mensajes incoherentes.

Por ejemplo, alguien declarado feminista, que lanza grandes peroratas sobre la igualdad de la mujer pero luego maltrata a su pareja, o alguien que dice: «las mujeres son muy pesadas» para a continuación decirte «pero no es a ti en concreto, no sé porqué te pones así».

Por supuesto aquí debemos meter también a los infieles que niegan totalmente la existencia de dicha infidelidad, incluso aún cuando les están pillando hacen sentir a su pareja que son unos delirantes exagerados.

La paradoja

Hay una gran diferencia entre el discurso y lo que se hace. La gente menos allegada compra ese discurso y te hace sentir que eres tú el que está juzgando mal. Si todo el mundo dice que tu pareja es un tipo fantástico ¿cómo va a ser mentira? Dicen que es buena persona, si a ti te habla mal debe ser tu culpa o que le pillaste en un mal día… Si a todo el mundo le parece un jefe estupendo porque compra pizza, debe ser que tú eres muy estricta con quedarte más allá del horario laboral.

A veces la distancia de estos mensajes es también el tono, te pueden decir algo muy violento con una sonrisa en la boca, o se pueden burlar de ti en un tono serio.

Muchas veces no se produce ni si quiera una discusión a gritos, pero tampoco hay conversaciones reales para aclarar lo que ocurre. la víctima se va llenando de dudas y dudas y ya no sabe si es que ella está equivocada o si realmente le están maltrando.

Divide y vencerás

Ya sabemos la forma de maltrato clásico donde la víctima se la aísla de su entorno por los celos, el: «no veas a tu familia», «es que siempre estás con tus amigas», » si sales de fiesta eres muy puta»…

Pero hay otras formas de aislar ala víctima, por ejemplo dando pena, si cada vez que tú sales tu pareja se pone triste, o justo tiene un bajón ese día… Al final optarás por no salir para cuidarle.

Y otra de las formas es utilizar el sarcasmo, la burla o el desprecio, pero no solo para hablar de tu familia o amigos muy mal o para que acabes en su paranoia alejándote de ellos, si no al revés, puede inventar chismes sobre ti, o ponerte a parir o incluso usar bromas «anodinas» sobre lo histérica que eres, etc, que te hacen quedar mal con tus amigos o tu familia. Al final no es que tú te alejes de ellos sino que ellos también se alejarán de ti.

¿Qué hago?

Si has visto varias de estas tácticas y manipulaciones en una persona que tienes cerca, como tu pareja, tu amigo, tu jefe… debería plantearte bien esa relación, saca una lista de todas las cosas malas que te hace sentir, desenmascara sus artimañas, escribe sobre ello, cuéntalo a gente que pueda ser objetiva sobre esa persona…

Pero si crees que tú solo/a no puedes o que tienes ya consecuencias en tu estado de ánimo o tu autoestima en Quiero Psicología estamos para ayudarte.

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.

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¿Qué estilo de apego tengo?

En numerosas ocasiones, escuchamos frases como “este niño está muy apegado a sus padres” o “mi pareja tiene demasiado apego hacia mí”, sin embargo, ¿en qué se traducen estas frases?, ¿el apego es algo bueno, o algo de lo que avergonzarnos?. ¿Qué definimos realmente como apego?

Para comprender esta teoría, en primer lugar, necesitaremos echar la vista atrás  y pensar en un bebe recién nacido. Cuando un bebé nace, todos coincidiremos en que estamos ante un ser dependiente. Este bebé dependerá de sus cuidadores para lograr cubrir sus necesidades, como ser alimentado, mantener su higiene y ser reconfortado.

En otras palabras, cuando nacemos, somos seres dependientes, necesitamos ser cuidados para sobrevivir, debido a la inmadurez de nuestro cerebro. De hecho, somos la especie que más depende de sus cuidadores para desarrollar estrategias de afrontamiento y lograr autonomía.

A consecuencia, el apego se define como el vínculo afectivo que se establece entre el niño y sus cuidadores. Este vínculo tiene como objetivo la supervivencia del niño, que como hemos dicho previamente, es inmaduro y dependiente.

Este vínculo comienza a desarrollarse ya desde la gestación y los estudios científicos coinciden en que aproximadamente termina de establecerse en torno a los 7 meses del bebé.

¿Cuál es el problema? Que no todos los cuidadores tienen la capacidad para desarrollar un vínculo afectivo adecuado con sus hijos.

Como hemos visto, el término apego suele utilizarse indistintamente para expresar una vinculación. Sin embargo, existen diferentes tipos de apego y no todos serán adecuados.

Estilos de apego

Apego seguro

Este estilo de apego se desarrolla cuando los progenitores establecen una base segura con su hijo, respondiendo adecuadamente y de forma coherente a sus necesidades. Para ello, se mostrará como una figura de cuidado disponible, capaz de atender y cubrir las necesidades físicas y emocionales de su hijo.

De esta forma, se establecerá una sintonía entre las demandas de los hijos y las respuestas de los padres. Se trata de progenitores que empatizan y conectan con las necesidades individuales de sus hijos, haciéndoles sentir atendidos y reconfortados.

Cuando un niño desarrolla un apego seguro, mostrará curiosidad y seguridad para explorar su entorno, pudiendo desarrollar así su propia autonomía y una base segura que le permitirá establecer en un futuro, más vínculos afectivos.

Apego inseguro

Si bien un niño dependerá de sus progenitores o cuidadores para poder cubrir sus necesidades y sobrevivir, porque no tiene la madurez suficiente ni las capacidades para poder hacerlo por sí solo, podemos encontrar estilos de crianza que no sean capaces de cubrir adecuadamente estas necesidades.

Anteriormente, explicamos que la parentalización se definía como el proceso de inversión de roles donde los hijos ejercían de cuidadores de sus propios progenitores. Estos niños, que no pueden recurrir a sus padres para cubrir sus necesidades y ven como estos no tienen la capacidad para atenderles, desarrollarán un tipo de apego inseguro.

Existen 3 tipos de apego inseguro:

Apego evitativo

Este tipo de vínculo surge ante progenitores con dificultades para manejar estados emocionales. Ante esta incapacidad, tienden a ignorar y desatender las necesidades emocionales de sus hijos, por lo que no conectan con las emociones de los niños, no etiquetan ni interpretan los estados emocionales que muestran y por tanto, no facilitan la expresión emocional.

A consecuencia, los niños desarrollan dificultades para entender sus propios estados emocionales, empatizar con las emociones de los demás y expresar cómo se sienten. Aprenden que para ser atendidos, deberán evitar temas de conversación con contenido emocional, por lo que se centrarán en actividades más lúdicas, el ámbito académico o en pasar desapercibidos.

Habitualmente se convierten en seres muy independientes y con miedo a relaciones que implican intimidad.

Apego ansioso-ambivalente

Este estilo surge cuando los cuidadores responden de forma inconsistente, caótica e incoherente a las demandas de sus hijos. Esto provoca que el niño no pueda predecir cómo van a responder sus padres, provocando por tanto, inseguridad y un elevado grado de ansiedad y angustia.

Muchas veces, estos padres atenderán a sus hijos en función de cómo se encuentren, dependerá por tanto, de su estado emocional. Son padres que también muestran dificultades para gestionar sus propias emociones, por lo que primero priorizan cómo se sienten ellos, sin tener en cuenta que como hemos explicado previamente, los niños son seres inmaduros y dependientes.

Un ejemplo de este estilo de crianza sería la sobreprotección, donde los padres priorizan sus propias necesidades, ignorando las de sus hijos, impidiendo que el niño explore el mundo de una forma segura.

Por ende, estos niños suelen ser vistos públicamente como niños miedosos, demandantes e insistentes. Sin embargo, esto es fruto de la angustia que sienten, al haber sido criados en un ambiente impredecible e inconsistente.

En la edad adulta, estos miedos repercuten en sus relaciones sociales, especialmente las de pareja, ya que se trata de personas con miedo al abandono, inseguridad y baja autoestima.

Apego desorganizado

Este vínculo ocurre cuando la figura de cuidado es por un lado, fuente de protección, pero a su vez, fuente de peligro y dolor para el niño.

Hablamos de padres con grandes dificultades para gestionar emociones, sin inteligencia inter ni intra personal, que en ocasiones padecen un trastorno psicológico, han sido también criados en ambientes hostiles y traumáticos, etc.

Este estilo de apego es el menos prevalente en la sociedad y el que mayor interferencia psicológica produce.

Nos referimos a padres con un estilo de crianza inestable, contradictorio, negligente y con ausencia de conexión con las demandas que requieren sus hijos.

El niño observará que sus padres, las figuras que deberían cuidarle y proporcionar una base de seguridad en su crecimiento, son paradójicamente las mismas que le provocan malestar y dolor. Por lo tanto, estos niños verán a sus progenitores como una amenaza.

Se estima que aproximadamente, solo un 60% de la población ha podido establecer un estilo de apego seguro con sus cuidadores. Si te has podido sentir identificado con estos patrones de crianza y reconoces dificultades a la hora de relacionarte con tus amistades o pareja, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.