¿Qué “tienes que” tener a los 30?

¿Sientes un cosquilleo cuando te das cuenta de que en poco tiempo cumplirás 30 años? ¿Te da pavor que te pregunten tu edad? Si la respuesta es sí, este post es para ti.

Parece que hay una línea divisoria entre una franja de edad y otra. Por debajo de 30 años, se te da la libertad de vivir y hacer lo que quieras, sin cuestionarte pero, cuando llegas al número 3, tenemos la sensación de “tener que” ajustarnos a unas expectativas que se presuponen “tenemos que cumplir” a partir de esa edad y que, sin embargo, quedan en gran parte muy lejos de la realidad.

Tener un trabajo estable, estar en pareja con posibilidad de formar una familia en unos años, obtener ingresos suficientes como para poder pagar una hipoteca o, al menos, tener un vehículo propio, etc. Todo esto es parte de la exigencia a la que has de ajustarte si vas a cumplir o ya tienes los 30 años. Pero ¿realmente es así de sencillo? Si sólo fuera saltar de una edad a otra y con un chasquido de dedos conseguir esta situación vital, no estaríamos haciendo este post ni tú sufriendo el malestar que puede generar esta situación.

¿Qué puedo hacer si me siento así?

-Evalúa si la exigencia viene de fuera o de dentro.

¿Realmente tienes la necesidad de tener pareja ahora mismo? Identifica cuál es tu necesidad real independientemente a tu edad. La sociedad construye una serie de patrones o de normas que van cambiando a lo largo del tiempo y, donde antes era lógico casarse con 20 años, ahora es más bien una idea remota. No te dejes arrastrar por esas condiciones y escúchate.

-Comparaciones.

Cada persona tiene su ritmo y las circunstancias son cambiantes para tod@s. Focalizar tu atención en “sólo” aquellas personas que tienen lo que se presupone que hay que tener a cierta edad, generará en ti frustración e inseguridad al no ajustarte a ese patrón. Es como centrar tu atención en un detalle concreto y perder de vista el alrededor o, como querer ajustarte a unos zapatos talla 32 teniendo una 40.

-Pensamientos “negativos”.

La forma que tienes de hablarte a ti mism@ te hace sentir de determinada manera. Si cuando hablas con amig@s tu mente te lanza mensajes del tipo “debería plantearme ser madre ya, voy a defraudar a mi familia” “él tiene bastante dinero ahorrado y yo no, soy un desgraciado”, sin lugar a duda, te vas a sentir con muchísimo malestar. Trabaja la compasión y el cariño hacia tu propia persona, elabora un discurso más ajustado y comprensivo contigo mism@. No es que seas un desgraciado o que se te esté pasando el arroz, es que quizás no tienes los recursos actualmente o que te sientes bien tal y como estás, pero acabas sucumbiendo a la presión social.

-Sensación fatalista o catastrofista.

“O tengo esto ya, o nunca podré conseguirlo”. El tiempo es limitado, es cierto, pero no todo es blanco o negro. Que cumplas 30 años o que tengas 32 y que no tengas lo que se espera que has de tener, no significa que no puedas conseguir objetivos y cumplir metas en otro momento vital. El ser humano es capaz de adaptarse a múltiples situaciones y de reinventarse en cualquier momento.

-Aquí y ahora.

Pensar todo el rato en el futuro que tu mente catastrofista te dice que no vas a tener, o entrar en bucle rumiativo sobre lo que hiciste mal en el pasado, etc., te aleja de una realidad incuestionable y es que, lo único que realmente “poseemos” es el momento presente. Este preciso instante es lo único seguro y con garantía que tienes. Entrena la capacidad de focalizarte en el presente y el tomar consciencia de lo que estás haciendo-viviendo en este momento. Disfruta lo que hay y valora lo que tienes.

Esto es parte de lo que puedes hacer para sentirte mejor respecto a la “presión social” asociada a la edad. Si consideras que esta exigencia está generando mucho malestar e incluso te resulta limitante en tu día a día, en Quiero Psicología trabajaremos para comprender lo que te sucede y ayudarte a encontrar una forma de disfrutar del maravilloso arte de cumplir años, y lo que es mejor, estar viv@ y tener mil posibilidades de volver a empezar una y otra vez.

yoísta

¿Eres un yoísta o “sufres” a uno?

Es posible que tengas cierta tendencia a llevar las conversaciones a tu terreno.

Puede que sea una costumbre que te haya pasado desapercibida y hasta que alguien no te lo ha comentado no te hayas dado cuenta.

Quizás esta situación te sea familiar: estás con una amiga y te cuenta que ha tenido muchísimo estrés durante el día, que se siente agobiada y que necesita relajarse para poder sentirse mejor.

Te lo cuenta mientras estáis de cañas improvisadas que te ha pedido tomar a última hora del día.

Tú, en respuesta a todo lo que ella te va contando, contestas con un “pues yo llevo un día también súper estresante. Mi jefe no ha parado de darme la tabarra…que ganas de irme a dormir”.

Rediriges la atención a lo que a ti te pasa.

Es una conversación que aparentemente resulta habitual y totalmente funcional.

Nada que objetar.

Sin embargo, si se da de forma repetida y en la mayoría de tus interacciones, puede que estés obviando las necesidades de los demás sin conectar en absoluto con la otra persona.

Esto no quiere decir que no puedas hablar de ti, o que utilizar la palabra Yo sea un error.

Quiere decir que la tendencia a no escuchar con atención al otro y saltar inmediatamente a tus emociones y sensaciones hace que la conversación sea unidireccional y egocéntrica.

Basada en tí, tus experiencias, necesidades o intereses.

Estás muy cerca de ser una persona yoísta.

Este es un término que la RAE aun no contempla, pero su significado implica, entre otras cosas, que hables constantemente de ti mismo/a y que estés más interesado/a en contar tus propias experiencias antes de seguir escuchando lo que los demás tienen que decir.

Si es algo significativo, que se repite de forma más o menos habitual, es probable que tu entorno ya te haya dado cierto feedback.

Desde el cariño que te tienen, intentan hacerte ver el llamativo uso del “yo” que puede que estés haciendo.

En exceso, este comportamiento puede hacer que los demás no se sientan escuchados.

Puede que piensen que lo que cuentan no es validado.

Quizás sientan agotamiento o rechazo al estar con alguien (tú) que tiende a soltar un discurso repetitivo centrado en su propia persona.

Esto último se hace más evidente si las conversaciones centradas en tu Yo suelen, además de ir sobre ti y tus experiencias, estar orientadas a términos pesimistas o negativos sobre algo que te sucede o ha sucedido.

¿Qué puedo hacer si veo que hago esto?

Una vez que identifiques si esto te sucede, plantéate el origen de esta conducta.:

  • ¿Tienes mucho que contar y llevas tiempo sin hablar con nadie?
  • ¿Sueles tener a tu familia desde la infancia pendiente de ti todo el rato?
  • ¿Has pasado mucho tiempo solo o sola?

Desentrañar tu pasado te hará entender tus dinámicas actuales.

  • Intenta tomar consciencia a la hora de hablar con alguien.
  • Piensa antes de hablar lo que vas a decir, así podrás darte cuenta de las veces que hablas sólo de ti y de cuál es el contenido de tu discurso

Escucha con atención lo que te cuenta la otra persona y muestra interés.

  • Puede que la persona con la que estés interactuando esté expresando algo doloroso o que te esté contando algo que le es difícil expresar con palabras, etc.
  • Pregúntale, da tu opinión si es necesario o simplemente acompaña la escucha con expresiones no verbales.
  • Presta atención al discurso, contenido y forma.

Darte cuenta de todo lo que engloba la conversación te hará captar los detalles y dar respuestas ajustadas y adecuadas

Cuando sea oportuno compartir tu experiencia, hazlo.

Compartir experiencias parecidas no deja de ser una conversación.

Atiende al tiempo que estás hablando para no monopolizar la conversación.

Conozco a alguien así, ¿qué puedo hacer para decírselo sin pasar apuro?

Desde el cariño es posible comunicar con asertividad lo que consideres.

Dar un reflejo, hacer de espejo con la intención de hacer mejorar a alguien sobre lo que ves en ella/él, debería ser aceptado con agrado.

En caso de no ser así, o de tener miedo a la reacción, échale un vistazo a nuestro post sobre la evitación de conflictos: https://www.quieropsicologia.com/evitas-los-conflictos-a-toda-costa/

Pregúntale a esa persona si es consciente de lo que hace ofrécele ayuda (si lo consideras necesario y si te ves capaz) para que se dé cuenta y pueda cambiarlo en el momento.

Dile cómo te sientes cuando estás hablando con él/ella y apenas te hace comentarios sobre lo que cuentas.

Habla en primera persona de tus sensaciones cuando pasa esto.

Se puede dar el caso de que intentes comunicar cómo te sientes sobre este punto y la otra persona se lo tome a mal.

Puede que no quiera reconocer ni cambiar su comportamiento,

Si esto pasa, plantéate si te has expresado claramente y de la forma más asertiva posible.

Cuando tu sensación sea que sí, que lo has hecho de la forma más correcta, empática y asertiva que eres capaz de hacer y, aun así la forma de relacionarse de la otra persona no cambia, surge el problema.

Aquí tu “trabajo” será poner límites y respetar tu necesidad y tu espacio.

Estar con alguien que dirige las conversaciones sobre su vida, sus vivencias y sus ejemplos de forma constante puede generar agotamiento.

Este “monopolio” exige una atención individualizada y exclusiva que probablemente no es posible dar de forma permanente.

O, simplemente, te has cansado de hacerlo.

No te sientas mal amigo/a si no correspondes esta exigencia y decides poner límites para preservar tu energía y tu bienestar.

Si esta es tu situación, te recomendamos que leas nuestro post sobre marcar límites en las relaciones interpersonales: https://www.quieropsicologia.com/poner-limites-en-las-relaciones-personales/

Si te has identificado de cualquier forma con este post, bien porque tiendes a monopolizar las conversaciones, bien porque sufres a alguien que lo hace, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Aprender a gestionar tus habilidades comunicativas, explorar el por qué de esta dinámica y compartir con tu entorno tus sensaciones de forma que puedas trasladar el mensaje sin dañar y sin ser dañado/a.

Si estás encerrado/a entre las cuatro paredes de alguien que te hace sentir así y no sabes cómo parar, podremos trabajar sobre ello y conseguir abrir una puerta y encontrar salida.