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¿Cómo evito obsesionarme con el contagio?

Ahora que empieza la desescalada, que poco a poco vamos a ir retomando la rutina, es una oportunidad para que los pensamientos se pongan en marcha y se presenten de forma más intensa recordándote que te puedes contagiar. Ya hemos hablado en otros post sobre cómo funciona el miedo y qué puedo hacer con esta emoción: mira aquí nuestro post anterior. El miedo hace que los pensamientos ganen fuerza y se mantengan durante más tiempo. 

¿Qué son los pensamientos?

Los pensamientos son producto de tu cabeza, al igual que no eliges que aparezcan, tampoco puedes elegir cuándo se van. Hay un tipo de pensamientos, los Pensamientos Negativos Automáticos (PAN), que son aquellos pensamientos que nos generan malestar porque se ponen en lo peor, pero que tienen alguna relación con las situaciones que hemos vivido o que estamos viviendo.

Por otro lado están los pensamientos obsesivos, que son aquellas ideas, imágenes o impulsos cuya mera presencia genera miedo.

Por ejemplo, puedes pensar que si sales al supermercado tienes posibilidades de contagiarte y eso te genera malestar.

Es normal, no es una situación agradable pero, ¿hay otra forma alternativa de verlo? Sí, al igual que piensas eso, también puedes pensar que realmente no tienes por qué contagiarte si sigues las medidas recomendadas.

Esto sería un pensamiento negativo, sin embargo, si la idea de ir al supermercado te genera un miedo muy elevado que te impide salir, podríamos estar hablando de una obsesión.

¿Qué puedo hacer con los pensamientos?

Cada persona es un mundo y conviene hacer terapia para entender el origen de los pensamientos y, sobre todo, ver qué es lo que mejor te funciona. Como he dicho anteriormente, no puedes elegir cuándo los pensamientos vienen ni cuándo se van pero sí puedes elegir qué hacer con ellos.

En primer lugar, te puedes hacer esta pregunta: ¿puedo hacer algo al respecto? Si la respuesta es sí, es el momento de ponerte manos a la obra y ocuparte de aquello que está dentro de tu alcance: voy a pensar en qué cosas necesito para salir a la calle, voy a guardar la distancia de seguridad, etc. 

Si la respuesta es no y el pensamiento se repite de manera recurrente e intensa, es el momento de hacer lo siguiente: es importante que aceptes los pensamientos. Intentar no pensar, dialogar con tus pensamientos o juzgarlos, lo que realmente hace es alimentarlos y fortalecerlos. “Tú no eres tus pensamientos, al igual que el cielo no es únicamente las estrellas, eres mucho más”. Acepta que han venido de nuevo y que se acabarán yendo.

Pero, ¿qué puedo hacer mientras tanto? 

Focaliza tus 5 sentidos en lo que está pasando.

Pregúntate: ¿qué estoy viendo?, ¿qué estoy tocando, qué tengo en las manos, cómo es la textura?, ¿que estoy sintiendo, hace frío, hace calor?, ¿a qué huele?, ¿qué estoy oyendo?. El objetivo es que centres tu atención en lo que está pasando, en el momento presente, y así dejar de prestarla a lo que pasa en tu cabeza. 

Dedica un rato del día a pensar únicamente en lo que te preocupa.

Elige un momento del día, busca un sitio y piensa o escribe sobre ello, sin parar. Este tiempo es para la preocupación únicamente, para darle todas las vueltas que necesite. 

Haz una conducta incompatible con la preocupación y la sensación de activación.

Por ejemplo, aunque el pensamiento siga en tu cabeza, ponte a hacer algo a un ritmo muy lento, lo que te apetezca y tengas a mano, pero lentamente para que así el cerebro reciba señales de calma. 

Los pensamientos vienen y van, y algunos son más desagradables que otros. Pero tú eres más que tus pensamientos. Si los pensamientos negativos te llevan acompañando toda tu vida, quizá sea el momento de empezar a cambiar esto. En Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo. Contacta aquí.

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Ritual de despedida

¿Qué implica para ti una despedida?

Despedirse no sólo implica decir adiós a una persona, también puede ser de un trabajo, un objeto, un lugar o incluso, despedirte de una época de tu vida.

Hay personas que disfrutan haciéndolo y otras que evitan a toda costa este acto.

Te sonará el ejemplo de alguien que prefiere no despedirse y seguir como si nada. Su lema es seguir adelante para, supuestamente, no sufrir. “Lo pasado, pasado está”, y esto es cierto aunque hay que tener en cuenta que no todo sigue tal y como estaba, ya que se ha producido una pérdida que implica cambios y readaptación.

Este proceso que se inicia cuando perdemos a una persona o un objeto, se llama duelo. Cuando se produce esta pérdida ‘del objeto amado’ se ponen en marcha mecanismos que te van a permitir entender que ha ocurrido un cambio en tu vida, aceptarlo y continuar tu vida con esa falta. Si este proceso no se da porque evitas y bloqueas el procesamiento de la situación, quedará enquistado y las consecuencias derivadas serán más dolorosas.

¿Crees que es importante realizar un ritual de despedida?

Los ritos funerarios a los que estamos acostumbrados son el inicio del proceso de duelo. Permite a tu cerebro digerir una información muy dolorosa que en principio, es difícil de creer. Como defensa, la negación o el estado de Shock, son el amortiguador a este duro golpe.

Un ritual comienza a ser la puerta de entrada a una vida sin ese objeto o ser amado. Por lo tanto, es importante, y más si no has tenido la ocasión de realizar ningún tipo de despedida, elaborar un ritual en el que puedas dejar ir y continuar adelante.

¿Ha fallecido alguien querido?

Si la respuesta es sí, y además estás viviendo cualquiera de estas circunstancias con una pandemia global que nos limita en muchos aspectos, te animamos a realizar el siguiente ritual de despedida.

Estar lejos y no poder acompañar a tu ser querido, o hacerlo con medidas estrictas que impidan lo que podría ser un velatorio habitual, son situaciones que pueden hacer más difícil el inicio del proceso de duelo y que te pueden mantener en un estado de negación prolongado en el tiempo.

El ritual de despedida que te proponemos

Este ritual de despedida vamos a describirlo sobre la pérdida de una persona.

  • Para ello, es necesario que encuentres un lugar, un espacio determinado al que llamaremos rincón del recuerdo. Éste tiene que ser íntimo o que al menos en él, tengas tranquilidad.
  • Coloca algún objeto simbólico que tenga que ver con la persona. Puede ser una foto, una prenda, lo que te conecte al vínculo entre la figura perdida y tú.
  • Decora ese espacio como desees. Puedes colocar un sillón cómodo en el que sentarte, poner música, flores o incluso plantar una planta.
  • Cada vez que quieras, podrás acudir a ese rincón y manifestarte como necesites. Esto incluye a todos los miembros de la casa que quieran participar. Por ejemplo, hablándole a la persona, o estando en silencio, recordar anécdotas, rezar, etc.
  • Puedes expresar cómo te sientes, hablarle y contarle lo que significa para ti que no esté, cómo supones que podrá ser tu vida a partir de esto, hablar sobre cómo te hubiera gustado despedirte, etc.
  • Por último, desde la distancia actualmente es posible estar algo más cerca de nuestros seres queridos y poder compartir estos momentos virtualmente con quien desee hacerlo. Puede ser un ritual compartido en el que a través de las redes digáis adiós de una forma diferente a la que estamos acostumbrados aunque, sin duda, os facilitará el proceso de despedida y por tanto el proceso de duelo.

Si estás pasando por una situación así, en Quiero Psicología podemos ayudarte durante el proceso. Contacta aquí con nosotras.

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¿Qué puedo hacer si me da miedo salir a la calle?

A raíz de lo que está pasando y de lo que ha pasado, puede que el hecho de retomar la rutina y volver a hacer vida normal te genere una sensación de miedo. Miedo a poder estar en contacto con el COVID-19.

¿Qué pasa cuando el peligro está en tu cabeza, cuando sientes que hagas lo que hagas no va a servir de nada?

Esto ocurre cuando sufrimos un “secuestro emocional” y por mucho que dialoguemos con nuestra parte miedosa y le hagamos entender que realmente salir a la calle no implica entrar directamente en una habitación llena de coronavirus, no nos va a escuchar.

¿Por qué? Porque el miedo se cree realmente que entramos en esa habitación y que las probabilidades de contagio son del 100%.

¿Tengo agorafobia?

La agorafobia, viene de la palabra ágora (lugar público) y fobia (temor). Se define como un miedo a estar en lugares o situaciones de los que pueda ser difícil escapar o en los que pueda no disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico.

Como esta sensación es muy desagradable, se evita salir o, si no queda otro remedio, se soporta a costa de un gran malestar, es decir, con una sensación de mucho miedo. Algo parecido está ocurriendo con la situación actual.

Los momentos que generan esas sensaciones a las personas con agorafobia son:

• Estar solo fuera de casa.
• Estar en lugares concurridos (muchedumbres).
• Estar en teatros, restaurantes, centros comerciales o iglesias.
• Estar en espacios cerrados como ascensores o túneles.
• Viajar en transportes públicos (autobuses, trenes, aviones, metro, etc).

¿Te suenan? ¿Coinciden con las situaciones que te dan más miedo?

Posibles soluciones para tu malestar

Para ti esta situación está siendo desagradable y te está generando malestar, por lo que te preguntarás ¿qué puedo hacer?

El miedo, como todas las emociones, funciona como una curva.
Una curva que va ascendiendo hasta que llega a su punto más alto, y en este punto es cuando el miedo se presenta con mayor intensidad, es un momento en el que solo sientes miedo y todo lo que está pasando a tu alrededor lo estás viviendo como un peligro que amenaza tu vida.

¿Qué me pasa cuando siento miedo?

Es muy importante que entiendas cómo funciona el miedo y que sepas que nadie se ha muerto por miedo, así que tú no vas a ser ni el primero ni la primera.

Es un momento muy desagradable donde se aparecen sensaciones físicas como respiración entrecortada, taquicardia, sudoración, tensión muscular, mareo… Fisiológicamente, tu cuerpo se está preparando para luchar o huir, pero realmente no puedes hacerlo.

Acepta lo que estás sintiendo en el cuerpo.

Puedes acompañarlo con una respiración lenta y profunda: inspira por la nariz durante 3 o 4 segundos, reten el aire un par de segundos y exhala por la boca durante 4 o 5 segundos. Repite estas respiraciones tantas veces como necesites, prestando atención sólo a la sensación del aire entrando y saliendo por tu nariz y tu boca.

Mantente en la situación.

Poco a poco la curva irá descendiendo y volverá la calma. Esto puede durar más o menos tiempo, depende de ti y del miedo que te dé la situación.

Habla con el miedo:

“Entiendo que estés aquí miedo, entiendo que me estés avisando de un peligro pero yo estoy ocupándome de todo lo que está dentro de mi alcance así que me voy a quedar aquí”.

Al conseguir poco a poco estar en la situación, vas experimentando sensación de logro, por lo que cada vez estarás preparado/a para enfrentarte a más situaciones que te asusten.

¿Entonces, me expongo directamente a lo que me da miedo ?

Es importante que la exposición sea progresiva, poco a poco te vas exponiendo a las situaciones y vas ganando confianza, entendiendo que el miedo es una parte de ti, pero no eres tú completamente.

¿Cómo lo hago?

Primero haz una lista con todas las situaciones que te den miedo. Por ejemplo:

Ir al supermercado.
Salir a dar un paseo.
Ir a por el pan.
Viajar en transporte público.
Ir a restaurantes.
Ir a ver a algún amigo a casa.
Ir a parques.
Sacar la basura.
Hacer una cola.

En segundo lugar, puntúa cada situación de 0 al 10, donde 0 es nada de miedo y 10 es mucho. Es importante hacer una jerarquía para irte enfrentando a las situaciones poco a poco, de menor a mayor.

En tercer lugar, elige exponerte a la situación que te dé menos miedo, es decir, la que menos puntuación tenga. Es importante que intentes hacerlo aunque sientas miedo, recuerda que es una emoción más que te va a acompañar durante la situación.

Adaptando los consejos que te damos a lo permisivo de la cuarentena, comienza a practicar para mejorar. Si te sientes identificado/a con lo anterior y quieres trabajarlo en profundidad, o tienes tanta ansiedad que no puedes manejarla contacta aquí y trabajaremos juntos.

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¿Qué tipo de personalidad has demostrado en confinamiento?

Seguro que has conocido durante este periodo de pandemia a personas que han restado importancia a lo que está sucediendo y a personas que lo han vivido con un intenso temor.

Quizás te preguntas:

¿Por qué yo no me he preocupado en exceso por el coronavirus como han hecho otros?

O ¿soy demasiado exagerado/a por el miedo que he sentido a raíz de todo esto?

¿Esto qué demuestra?

Son posturas opuestas que pueden observarse en la población. La manera que cada individuo tiene para interpretar y gestionar situaciones va ligada a patrones aprendidos desde la infancia que son los mecanismos que se ponen en marcha de manera inconsciente ante situaciones críticas y/o extraordinarias.

¿Eres de las personas que ha vivido todo el proceso de pandemia con tranquilidad, sin apenas inmutarte?

Puede que este comportamiento te parezca lo normal porque sueles actuar así ante cualquier situación.

Rupturas de parejas, fallecimiento de algún familiar, problemas en el trabajo, etc, son eventos vitales que habrán ocupado un tiempo determinado en tu cabeza pero que rápidamente habrás «superado» siguiendo adelante con tu vida (muchas se quedarán sin procesar porque las evitarás demasiado).

Te caracterizas por avanzar, por estar haciendo cosas, consigues tus objetivos y hablar de dificultades pasadas te hace sentir que pierdes el tiempo, y que mejor a otra cosa.

Hablaríamos de un perfil evitativo.

¿Has vivido la pandemia con muchísimos nervios?

Si no te identificas con lo anterior, puede que sí lo hagas con la ansiedad y la inseguridad que te ha podido generar el coronavirus.

¿Sientes que has tenido miedo intenso cuando estabas, por ejemplo, en el transporte público o en el supermercado?

¿Te pones muy nervioso/a al ver las noticias que hablan de la pandemia?

Si sueles percibir el mundo como un lugar peligroso, con miedo a una mala noticia o pendiente de lo que pueda suceder, podríamos hablar de un perfil ansioso- preocupado.

Sueles sentir que las situaciones que has vivido (usando los ejemplos anteriores) una ruptura de pareja, el fallecimiento de alguien cercano, problemas en el trabajo, etc, han sido muy difíciles y que has invertido muchos esfuerzos y energías en superarlas y aún te cuesta.

Pero, ¿es bueno o malo cualquiera de estos perfiles?

Realmente no vamos a hablar en términos de positivo ni negativo, si no, más bien de funcional o no. Si nos centramos en la pandemia mundial que estamos viviendo, estos mecanismos que se ponen en marcha según tus patrones aprendidos reflejarán si hay una buena adaptación o no a la situación.

Cuando nos referimos a funcional, hablamos de adaptación, de ser capaces de regularnos emocionalmente, es decir, ser capaces de sentir con la intensidad que corresponde a cada una de las situaciones. Si tu hijo se hace un rasguño, no va a morir desangrado, si un familiar cercano cae enfermo, la preocupación por lo que pueda pasarle es necesaria.

Si soy evitativo

Si eres de las personas con un perfil más evitativo, quizás consigas sobreponerte demasiado rápido, y cuando decimos demasiado, significa que no has tenido tiempo de conectar con las emociones y no sería del todo funcional.

Por ejemplo, ante una situación que está siendo excepcional, traumática para muchas personas, de riesgo para la población y con restricción de libertades, entre otras cosas, pasar como si nada o habituarte a noticias de alarma social o vivir como si eso no fuera contigo,puede implicar que estás experimentando una desconexión emocional.

Ante una pandemia global, sentir miedo (ajustado) es natural. Si vivo ignorando una situación peligrosa o cualquier otra situación que me genere malestar, significa que evito a toda costa estar mal y por tanto, no permito el drenaje adecuado de mis emociones. ¿Qué ocurre si llenamos de agua de manera constante una botella con el tapón puesto? Que tarde o temprano, explotará.

Parar y escuchar lo que nuestra mente nos dice es importante para seguir adelante de una forma sana con todas las situaciones integradas y entendiendo cómo nos han hecho sentir y qué conecta en nosotros/as. De lo contrario, es muy probable que lo emocional se exprese, por ejemplo, a través de somatizaciones como dolor de cabeza, malestar en el estómago, etc.

Si soy ansioso – preocupado

Si te encuentras cercano al perfil ansioso-preocupado, el miedo que sientes es tan intenso que te bloquea y paraliza, hablaríamos de algo disfuncional. El miedo, como hemos dicho en una situación de alerta mundial, es natural, pero es necesario ajustarlo para que no nos desborde la emoción y nos impida retomar el bienestar.

Pensar que en cualquier momento puede ocurrir algo desagradable en tu vida te mantendrá en estado de alerta constante, con el consiguiente desgaste que esto supone.

Las personas que se ajustan a alguno de estos perfiles son capaces de vivir en aparente normalidad, los mecanismos aprendidos les habrán permitido vivir y puede que les hayan sido útiles. Quizás ahora sea un buen momento para reflexionar acerca de ello y de re-aprender patrones algo más adaptativos, creando recursos que permitan ajustarte adecuadamente a las situaciones.

Recuerda que estamos hablando sobre dos tipologías bien diferentes: personas evitativas o ansiosas, teniendo en cuenta que no son los únicos perfiles existentes aunque sí bastante comunes. Las características que has leído no tienen que ser necesariamente las que te representen, aunque, si te suenan algunas de las pautas de comportamiento que hemos expuesto, es importante que sea un profesional quien te ayude a valorarlo.

Si te has sentido identificado/a y quieres profundizar en tus patrones de comportamiento, en Quiero Psicología podemos trabajar contigo estos mecanismos para mejorar tu autoconocimiento y aprender una adecuada gestión de estas situaciones. Contacta con nosotras aquí.

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Posibles problemas de pareja por el confinamiento

El confinamiento que estamos viviendo es una situación extraordinaria y excepcional, y como tal, hace que la convivencia también lo sea. Si estás viviendo esta situación con tu pareja puede que estéis atravesando momentos complicados.

¿Por qué?

Por un lado, la situación en sí requiere que pongas en marcha tus propios recursos para gestionar lo que está pasando, por otro lado, tu pareja también trata de adaptarse como puede o sabe.

¿Qué puede dar lugar a un conflicto?

Modelos de afrontamiento diferente:

Puedes estar sintiendo mucho miedo por lo que estás viviendo y que eso te esté desbordando, mientras que tu pareja está evitando lo que pasa.

Esto hace que no te pueda acompañar con tu emoción ni entender cómo te estás sintiendo realmente, ya que no es capaz ni de conectar con su propia emoción.

Aquí entran en juego las distintas personalidades que tengáis y las experiencias que hayáis vivido, por ejemplo, una persona de la pareja que puede ser más evitativo, y rechazar sentirse con miedo o con tristeza. Esta persona no afronta y a veces, ni siente las emociones, mientras que la otra parte de la pareja puede que sí conecte con sus emociones y entonces sienta que le falta el apoyo, la escucha y la comprensión de su compañero/a.

Es un buen momento para revisar cómo te sientes en la relación y analizar qué cosas te gustaría trabajar. En una relación se maneja la negociación, por eso es muy importante identificar qué cosas te están generando malestar y comunicárselo a tu pareja de una manera asertiva. Su respuesta y su posible cambio forman parte del otro.

Necesidades diferentes:

En estos tiempos que corren, ya no nos sirven las rutinas que teníamos y ya no nos indican desde fuera qué hacer y cuando hacerlo, por lo que nuestro tiempo depende únicamente de nosotros.

Aquí pueden surgir conflictos si tú tienes unas necesidades diferentes a las de tu pareja y no os estáis poniendo de acuerdo. Como por ejemplo qué cantidad de tiempo pasar juntos.

Puede que para tu pareja cuente como tiempo juntos el ver una película al final del día contigo pero tu sientas que eso no es suficiente.

Esta situación de confinamiento hace que inevitablemente pasemos una mayor cantidad de tiempo juntos y eso te permite ver qué necesidades estás teniendo y entender de dónde vienen.

Puede que tu necesidad de cariño y de atención estén haciendo que te dirijas a tu pareja en forma de exigencia o de reproche y eso provoque que tengáis discusiones.

Tienes derecho a identificar y expresar tus necesidades, pero esto no implica delegar en el otro y tratar de que tu pareja sea la responsable de satisfacerte.

Además, tu pareja también tiene derecho a tener sus propias necesidades y que no siempre tengan que ver contigo. ¿Sientes que te gustaría pasar más tiempo de calidad con tu pareja? Exprésale como te sientes y proponle alguna alternativa en la que también respetes sus necesidades.

Desregulación emocional:

Regular correctamente las emociones es muy importante, y en esta situación que estamos viviendo lo es más todavía.

¿Por qué?

Porque al tratarse de una vivencia excepcional, hace que conectemos con mayor facilidad con diferentes tipos de emociones. Podemos sentir miedo por lo que está pasando; rabia hacia lo incontrolable de la situación y hacia quiénes toman decisiones con las que no estamos de acuerdo; tristeza por las pérdidas que experimentamos, porque estamos lejos de las personas que nos importan, etc.

Si no tenemos las gestionamos correctamente, estás emociones pueden tomar el control y afectar a nuestra relación.

¿Cómo?

Si el miedo te hace estar en un estado de hiperactivación y alerta y esto lo proyectas en tu pareja mediante riñas o exigencias, puedes hacer que se sienta invadido/a y quiera poner un límite o alejarse. Si la tristeza te impide disfrutar de las cosas que sí sigues manteniendo o de las nuevas oportunidades que surgen de esta situación, también te impide que disfrutes de los momentos con tu pareja. Tener un espacio personal para permitirte conectar y escuchar lo que sientes es fundamental, si te puedes hacer cargo de ti, no necesitas que tu pareja se haga cargo de cómo te sientes y podrás disfrutar más de los momentos que tenéis para estar juntos.

Entonces ¿qué hago?

Esta situación puede ser una oportunidad para ver cómo te estás sintiendo, para resolver conflictos y conseguir una negociación, es una experiencia única la que estáis viviendo y esto podrá marcar un antes y un después en tu relación.

Podéis elegir seguir creciendo y compartiendo momentos juntos, o por el contrario, puede ser una buena oportunidad para analizar si es el momento de finalizar la relación. Si sientes que hay cosas que no entiendes, si ya no sabes qué depende de ti y qué de tu pareja, en Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo y ayudarte a tomar otra perspectiva que te acerque a ti. Contacta con nosotras aquí.

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¿Cómo manejo mi ansiedad durante el confinamiento por coronavirus?

¿Sientes ansiedad? ¿Tienes problemas al dormir? ¿Se te hace difícil estar en casa? ¿La mente te va a mil por hora y no sabes cómo controlarla? ¿Comienzas a sentirte agobiado/a?

¿Qué es la ansiedad?

Puede que normalmente no suelas experimentar ansiedad y ahora la estés sintiendo, o puede que usualmente convivas con la ansiedad y ahora notes como se intensifica aún más. La ansiedad durante la crisis del coronavirus es normal

En ambos casos, hay que tener en cuenta que estamos actualmente viviendo una situación de alerta sanitaria que implica estar activados ante un peligro. Es decir, la ansiedad se pone en marcha para que luches o huyas ante un peligro, para que sobrevivas.

¿Qué experimentas cuando sientes que hay un peligro o sientes que lo hay?

Probablemente tu respuesta sea miedo. Exacto, la ansiedad significa sentir miedo y, es natural que en estos momentos sientas esto.

Las noticias diarias de muertes y enfermedad elevan la ansiedad por el coronavirus, la distancia física de las personas que quieres, estar en casa sin poder hacer “nada”, y un largo etc., puede contribuir, si no se gestiona adecuadamente, a que la ansiedad se descontrole y el miedo te bloquee.

¿Qué puedo hacer?

Una vez que hayas entendido la función que tiene la ansiedad y que comprendas que es natural sentirla debido a la situación, lo siguiente sería identificar aquello que active tus miedos, cómo te hacen sentir y qué haces con ellos. Aprovecha esta situación para escucharte y conocerte más a ti mismo/a.

  • ¿En qué situaciones experimentas ansiedad? ¿Cuántas veces al día/semana?
  • ¿Qué emociones o pensamientos tienes?
  • ¿Qué haces con esa ansiedad?

Es importante que detectes qué te da miedo y qué se activa en ti. El miedo en una dosis adecuada, es adaptativo. Esto quiere decir que nos permite protegernos, por tanto, no es malo sentirlo. Ahora bien, si este miedo es desmedido puede llevarnos al bloqueo o evitación de situaciones, por ejemplo, restando importancia a la situación o no tomando las medidas adecuadas.

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Ilustración de Albert Montt

¡Test! ¿Cómo sé si el miedo ha tomado el control?

  • Escribe una lista con todo aquello que te genere ansiedad.
  • A continuación, de toda tu lista, escoge aquellas situaciones en las que puedas hacer algo es decir, que dependan de ti. Agrupa esas situaciones en un círculo escribiéndolas en su interior. Este círculo se llama círculo de influencia.
  • De nuevo vuelve a la lista inicial y escoge aquellas situaciones que te generen ansiedad y que no dependan de ti y mételas en otro círculo tal y como hiciste antes. Este círculo se llama círculo de preocupación.
  • Comprueba qué círculo es mayor. Si el círculo de preocupación es más grande que el círculo de influencia, es probable que la ansiedad que experimentas sea elevada ya que te estás centrando en aspectos que no puedes controlar. Todas tus energías están centradas en situaciones o aspectos que no puedes gestionar, y esto aumentará la ansiedad.
  • Por tanto, focaliza tu energía en aquello que esté incluido en el círculo de influencia. Esto contribuye a disminuir tu ansiedad.

¿Cómo me quito un pensamiento de la cabeza?

Debido al miedo, percibimos la realidad de manera distorsionada y negativa de como realmente es, y para ello es importante que una vez tengas el registro de pensamientos, que cambies cómo piensas las cosas, una cosa es que tengas respeto y otra ansiedad desmedida por el coronavirus.

  • Por ejemplo: “Me voy a contaminar seguro”. Establece porcentajes en cuanto a la probablidad de contagiarte o no. Al final comprobarás que aunque existe la posibilidad de contaminarte, ésta no es del 100% si sigues las pautas de higiene y desinfección recomendadas.
  • Por último, elabora un pensamiento alternativo, ajustado con la realidad como por ejemplo: “es normal que me de miedo contaminarme, pero si sigo las instrucciones no me contagiaré, además se están llevando a cabo medidas y se está trabajando activamente en controlar la situación”.

Mi nivel de ansiedad es elevado, ¿qué más puedo hacer?

Como hemos dicho anteriormente, en este estado de alarma mundial, sentir ansiedad es natural, por lo tanto pretender eliminar al 0% este miedo puede ser algo imposible.

No se trata de no sentir emociones que no te resulten agradables, sino, de aprender a convivir con ellas comprendiendo por qué están ahí y sabiendo regularlas.

No obstante, sí podemos trabajar en reducir las “revoluciones”,

¿Cómo?

Conecta y escúchate.

Observa las sensaciones físicas, por ejemplo, dolor de estómago, cosquilleo, aumento de la temperatura corporal, etc. Esto te permite detectar los momentos en los que la ansiedad está presente y así poder gestionarla. Estar conectado/a con tu cuerpo es hacerse responsable de lo que te ocurre y hacerte cargo de la situación.

A nivel emocional puede que, por ejemplo, te hayas sentido algo irritado/a, y no sabías por qué. Simplemente has hablado algo más brusco y no te paraste a pensar qué estaba ocurriendo en ti.

Dedica un tiempo y espacio para escuchar la necesidad que estés teniendo en ese momento.

No cedas a la presión del «hacer».

Está de moda ahora insistir en que tenemos más tiempo libre y que por lo tanto tendrías que aprender un idioma, o leer mucho, aprender a tocar el ukelele y otro millón de cosas.

Sé realista con si de verdad tienes tiempo de más. Si sigues trabajando, tienes niños, ahora tienes que cocinar más, etc… no es que te sobre el tiempo.

Ilustración de Albert Montt.

Técnicas de relajación.

Dedica una parte de tu día a aprender algún ejercicio y practicarlo hasta convertirlo en hábito. Permite que los pensamientos pasen sin que perturben tu estado, exprésate a través de la escritura o el dibujo, ponte música, toma algo de sol y focaliza tu atención en las sensaciones físicas y la respiración. Respira profunda y lentamente.

Rutina.

Además, dada la situación que estamos viviendo, el tener habitualmente una rutina basada en horarios, trabajo, tareas que hacer, etc., y dejar de tenerlas para estar todo el día en casa, puede ser abrumador. Este “desorden” hay que gestionarlo y para ello, estructurar el día a día es importante y te permitirá estar más relajado/a ante la cantidad de tiempo libre.

Respeta los horarios de sueño y tu alimentación, esto también contribuye a fomentar un estado óptimo a nivel físico y mental y por tanto, reducir la ansiedad.

Ejercicio físico

Sé realista. No es necesario que te conviertas en el mayor atleta del bloque pero sí que evites el sedentarismo.

Contacta con aquellas personas que aprecies.

Una llamada o un mensaje pueden contribuir a estar más calmados y reducir la ansiedad. Exprésales cómo te sientes y comparte tu experiencia.

Dedica un momento concreto del día para noticias en relación al Covid-19. No es necesario estar al tanto durante las 24 horas.

Si consideras que la ansiedad te sobrepasa y no encuentras recursos personales para hacerte cargo, recuerda que puedes ponerte en contacto con nosotras aquí.

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¿Sufro un trauma?

Trauma no es sólo ser soldado en una guerra.

¿Qué es un trauma?

Al contrario de lo que piensa la gente, un trauma no son sólo cosas que se ven objetivamente como terribles: que vivas una guerra, que te violen, que se mueran tus padres en un accidente de coche, etc.


Trauma es todo aquello que te marca emocionalmente de manera muy profunda. Por ejemplo, para un niño un trauma de manual sería perderse en el supermercado y no encontrar a sus padres, ese niño piensa que le han abandonado y que se muere. Esa sensación horrible puede quedarse atascada y hacer que ese niño no duerma, que no coma… pero no se sabrá qué le ha pasado porque no ha sucedido un hecho grave o excepcional, ¿cuántas veces se ha extraviado un niño yendo de compras? No parece que tenga mayor importancia.

¿Qué tipos de traumas son más frecuentes?

¿Te has sentido poco escuchada cuando eras niña?


¿Has sentido tristeza cuando te dejaban en el campamento de verano y se iban lejos, sin ti?


¿Tus compañeros del colegio te insultaban y te tiraban cosas y no se lo contabas a nadie?


¿Te reñían si expresabas miedo?


¿Sentías miedo y rabia cuando tus padres discutían?


¿Alguna vez te has sentido rechazado por los que eran tus amigos?


¿Te suenan? Son vivencias cotidianas con las que te has podido encontrar a lo largo de tu vida, quizá te han venido a la cabeza ahora porque ya ni te acordabas. Son situaciones desagradables que en el momento no supiste cómo afrontar y fueron muy dolorosas. Te hubiera gustado que alguien se acercara a ti para preguntarte qué te pasaba y así poder expresar lo que estabas sintiendo. Te hubiera gustado que la otra persona te acogiera, te explicara, le pusiera nombre y te apoyara. Pero al no poder entenderlo y ser tan doloroso, has decidido no volver a pensar en ello y se ha quedado atascado, enterrado en el olvido y te limita.


Aquí es importante explicar que hay dos tipos de traumas:

Trauma simple:


Es el que sucede de repente, un único evento, por ejemplo: mañana tu pareja te abandona sin explicaciones. Es como una taladradora que te destroza. Un hecho puntual que queda clavado en tu mente.

Trauma complejo:


Que sería como una gota que va cayendo, cayendo y cayendo hasta que hace un agujero. Por ejemplo: todos los días te insultaban en el colegio cuando tenías 8 años y esto hace que ahora sientas que eres un pringado.

¿Qué pasa cuando he sufrido un trauma?

Sientes que realmente hay una sensación o creencia que no se termina de ir y de alguna forma busca llamar tu atención para que te ocupes de lo que pasó. Y no solo la mente recuerda, también lo hace el cuerpo ¿cómo? En forma de emociones intensas, conductas irracionales, creencias falsas y síntomas.

Emociones intensas


Tus emociones tristeza/rabia/asco/miedo no fueron escuchadas ni entendidas ni aceptadas en su momento, por lo que aparecen en el presente de una forma muy fuerte y en situaciones cotidianas cuando no les encuentras sentido, por ejemplo:

Te genera mucha rabia que tu amiga quede con otra persona antes que contigo, llegando a experimentar sensación de abandono.


El estar solo en casa te produce una gran tristeza.


Te da miedo que lleguen las vacaciones y no tengas amigos para hacer un viaje.


Todo esto son emociones que están intentando llamar tu atención para que las escuches y las integres, ya que en su momento no supiste cómo o no pudiste hacerlo.

Conductas irracionales


Como las emociones son muy intensas, te llevan a hacer cosas que no encajan mucho con la situación, cosas que muchas veces son desproporcionadas con lo que está sucediendo en el presente. Por ejemplo:


Prefiero no pasar por esa calle porque me trae recuerdos, así que doy un rodeo aunque me haga tardar 8 minutos más para llegar a casa.


Cuando mi pareja me dice que no me puede acompañar hasta casa de mi amiga porque tiene cosas que hacer, le empiezo a gritar y a tirar objetos.


Cuando alguien me habla con un tono más elevado y fuerte, me pongo a llorar desconsoladamente porque no soporto los gritos.

Creencias falsas


Al no haber podido integrar la situación, el recuerdo se ha quedado fragmentado y hace que tengas una idea de ti mismo y del mundo errónea.


Cuando eras pequeño no te escucharon lo suficiente, por eso piensas que lo que te pasa no es lo suficientemente importante. Como los niños de tu clase se metían contigo, ahora te ves como una persona que no vale nada y que no merece que la quieran.


Estas creencias son erróneas y te llevan a verte de una manera distorsionada, por eso es muy importante revisarlas y ajustarlas a la realidad.

Síntomas


Por mucho que evites pensar en ello, el cerebro busca oportunidades para recordarte lo que ha sucedido, ya sea en forma de flashbacks y/o en modo pesadilla.


¿Hay veces que, de repente, te aparecen imágenes de algo que ha sucedido hace mucho tiempo y aún te genera inquietud?


¿Te has despertado sobresaltado porque estabas soñando con esa situación tan desagradable?


¿Tienes contracturas, dolores de cabeza, insomnio…?

Si tengo un trauma ¿qué hago?

Cuando somos pequeños no somos capaces de poner nombre a las emociones, por eso es importante la figura del cuidador, para que nos escuche, entienda, acepte y ponga nombre a lo que nos está pasando. Si esta figura no ha hecho su función, es posible que a día de hoy no sepas ponerle nombre a lo que te está sucediendo.


En Quiero Psicología te ofrecemos un espacio de confianza para que puedas hablar de aquello, para que puedas entenderlo, aceptarlo y darle un nuevo significado que te permita liberarte de toda esa carga. Trabajar con traumas suele ser muy complejo localizar el origen y saber tratarlo en profundidad, acude a nosotras como expertas si no sabes qué te está pasando en el presente y lo sientes distorsionado. No vivas toda la vida las limitaciones del trauma. Libérate ahora. Contacta aquí.