sindrome de alienacion parental SAPO

¿Qué es el SAP?

Hace unas semanas, se estrenó en televisión un documental donde Rocío Carrasco contaba los malos tratos que había sufrido durante años a manos de su pareja, el padre de sus dos hijos.

Tras años de silencio, el documental, emitido en prime time, provocó una gran controversia, debates en redes y el posicionamiento de numerosas figuras de todos los ámbitos, incluso de la política.

Al hilo del documental, el término SAP (Síndrome de Alienación Parental) ha saltado a la palestra.

¿Qué significa la alienación parental?

El término SAP fue introducido por primera vez en 1985 por el psiquiatra norteamericano Richard Gardner.

Gardner exponía que los niños podían sufrir este diagnóstico como consecuencia de la manipulación de uno de los progenitores (haciendo hincapié en que en su mayoría eran madres contra el padre) hacia sus hijos para posicionarles en contra del otro progenitor.

Gardner se refería a estas madres como “fanáticas, paranoicas y obsesivas”, describiéndolas como egoístas y manipuladoras.

Consideraba que estas mujeres tenían tal afán de controlar a sus hijos que inventaban características desagradables de sus maridos con el fin de ponerles de su lado en los juicios donde se debatía su custodia.

Gardner aseguraba que incluso en los casos judiciales donde hubiese denuncias por abuso sexual o maltrato hacia los hijos, era el padre quien debía mantener la custodia.

Todo eran invenciones de las madres.

La terapia que Gardner proponía se llamaba “terapia de amenaza”.

Amenazar a las madres con quitarles la custodia de sus hijos e hijas si no retiraban la denuncia contra sus exparejas.

Menuda “terapia”.

¿Existe realmente este síndrome?

Este concepto carece de evidencia científica alguna. El síndrome de alienación parental no existe.

Esta supuesta patología es considerada pseudo-ciencia por la OMS.

No está reconocida por ninguna entidad ni organización de salud mental.

En nuestro país, el Consejo General del Poder Judicial desaconseja explícitamente que se utilice en procesos judiciales.

Recientemente el Gobierno ha querido señalar el SAP como un tipo de violencia institucional, incluyéndolo en una ley contra la violencia en la infancia y destacando que no hay evidencia científica alguna de que exista.

¿Por qué se sigue utilizando?

Si buscamos en internet información acerca del SAP,  encontraremos bufetes de abogados ofreciendo asesoramiento para padres (hombres) que se encuentran en trámites de divorcio.

El SAP aparece en escena cuando los y las menores son víctimas colaterales de la pelea de sus padres y suele haber denuncias previas de violencia machista o abuso hacia los menores.

El SAP no deja de ser un claro reflejo y un síntoma más de la sociedad patriarcal.

Este “síndrome” subordina a  las mujeres, las invalida como madres y las deja a ellas y a sus hijos e hijas menores desamparados ante la ley.

Gardner coloca a las madres en la posición de villanas y a los padres en la de víctimas.

Da por falsos los testimonios de los hijos e hijas, anulando sus derechos.

Lo que sí existe: la violencia vicaria.

Cuando una persona pretende anular a otra mediante el sufrimiento de terceros, en este caso los hijos, no estamos hablando de ninguna patología o síndrome, sino de una forma específica de violencia: la violencia vicaria.

La violencia vicaria consiste en “castigar” o hacer daño a alguien a través del daño a terceros, ya sean personas, objetos o mascotas.

Tiene que ser algo o alguien con quien la persona a la que se quiere perjudicar tenga un vínculo afectivo.

Lamentablemente, todos conocemos algún caso en el que un hombre ha llegado a matar a sus hijos sólo para torturar a su pareja o expareja.

Rocío Carrasco era víctima de este tipo de violencia: “te vas a enterar, tus hijos te van a odiar, te voy a hacer la vida imposible”. Le amenazaba su ex.

Cuando este fenómeno aparece en un contexto de violencia de género, donde el hombre juzgado por malos tratos trata de poner a sus hijos en contra de su madre, no se trata de ninguna patología.

Estos hombres utilizan a sus hijos para conseguir más poder y control.

No estamos hablando de un síndrome sino de una instrumentalización.

¿Cómo afecta este fenómeno a nivel psicológico?

Las mujeres se sienten desamparadas e indefensas ante la ley.

Es habitual que estas madres, impulsadas por el miedo a perder la custodia de los hijos e hijas y por la impotencia ante la situación jurídica, se rindan y decidan no denunciar el maltrato o retirar las denuncias si ya las han puesto con anterioridad.

Estas mujeres no solo han de hacer frente a la violencia directa que ya han recibido por parte de su pareja.

Cuando consiguen romper la relación, si hay hijos en común, se ven envueltas en un enrevesado proceso judicial que puede verse influenciado por este tipo de pseudo-fenómenos.

Son cuestionadas como madres por un supuesto síndrome del que no existe evidencia científica alguna.

Esto puede provocar un proceso de revictimización y un aumento de la sintomatología postraumática.

Incluso si la mujer ya está o ha estado en un proceso terapéutico para salir del pozo de la violencia de género. Todo vuelve.

Las emociones, los sentimientos de inferioridad, el miedo.

Por no hablar del daño psicológico que se genera en los menores.

Solo el 3% de los casos de violencia de género terminan en la retirada de la custodia o el régimen de visitas a los padres condenados por malos tratos.

Estos menores han de vivir una situación realmente traumática.

En muchas ocasiones no tienen herramientas para manejar la situación.

Como consecuencia, pueden sufrir estrés postraumático, depresión, trastornos de ansiedad o baja autoestima.

Estas complicaciones pueden dar pie a problemas en el ámbito escolar y a nivel afectivo que pueden mantenerse hasta la edad adulta.

El SAP fue un síndrome inventado con el fin de tapar y tratar de justificar malos tratos y abusos sexuales a menores de edad, aumentando la brecha social que existe entre hombres y mujeres. Una brecha que provoca nefastas consecuencias a nivel social, jurídico y psicológico.

Desde Quiero Psicología, queremos dar visibilidad a estos fenómenos tan comunes e injustamente silenciados donde no solo las mujeres sufren, sino también los menores, a través de conceptos, como el SAP, que realmente no existen.

Solo poniendo el foco en estos procesos y tomando conciencia de esta problemática podremos denunciar las terribles consecuencias que este tipo de conductas acarrean.

Si crees que has experimentado algún tipo de violencia o te identificas con alguna de las consecuencias psicológicas quete mostramos, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

¿Cómo puedo visibilizar la Violencia de Género?

En el post “La invisibilidad de la violencia de género” hablamos de los cimientos invisibles sobre los que se construye la sociedad desigual y patriarcal en la que vivimos.

Vimos como en las diferentes etapas de la vida hay ejemplos suficientes que mantienen esta desigualdad. Al igual que es muy importante conocer qué sostiene a la Violencia de Género, también es importante saber cómo podemos cambiar las cosas.

¿Qué puedes hacer tú para desmontar esta estructura y crear una más igualitaria?

Si no se te ocurre nada, usa estas propuestas, comenzando por el principio:

Infancia.

Cuando te dirijas a un niño o a una niña, trátales por igual.

Déjales hablar de lo que a ellos les gusta, sin juzgar. Puede haber niños que quieran jugar con muñecas, vestirse con falda o pintarse la cara, y eso está bien. Puede haber niñas que quieran jugar con coches, al fútbol o trepar por los árboles, y eso también está bien.

Es necesario y positivo para su desarrollo que niños y niñas puedan explorar, interesarse por cosas diferentes, experimentar aquello que les genera curiosidad y definir quiénes son.

Permíteles hacerlo de manera flexible.

¿Qué tal si en vez de decir “esto es de niños” o “esto es de niñas” pruebas a decir “normal que te guste esto, es muy chulo”?

Así les harás sentir comprendidos, escuchados, respetados y validados. Y, sobre todo, les dejas claro el mensaje de que pueden explorar libremente y que eso está bien.

Al hablar de emociones o de regular emocionalmente a un niño y a una niña, trátalos igual.

Pregúntale a tu hijo por qué está triste.

Dile que está bien sentirse así a veces. Que puede sentirse triste y eso es síntoma de valentía, no de debilidad.

Explícale que está bien que sea cariñoso contigo, con sus amigos y amigas o con sus familiares.

Permite que se enfade y ponga límites, es necesario que aprenda para así poder defenderse de las cosas que le hacen sentir mal.

Si hablas con una niña, evita frases como “las niñas no se enfadan”, “tienes que ser buena”.

Nuestros hijos deben aprender a expresar emociones como la tristeza, el miedo o el enfado, independientemente de si son niños o niñas. Solo así podrán desarrollarse como adultos sanos y regulados emocionalmente.

Evita mandarles mensajes implícitos con preguntas cerradas.

“¿Qué tal son los niños de tu colegio?”

Con esta pregunta abierta, das opción a que te hable libremente de cómo son los niños y niñas con los que se relaciona.

De esta forma será más fácil que te diga si hay alguien que le hace sentir mal o si tiene algún amigo íntimo, incluso si le gusta alguien.

También es importante explorar qué significa “gustar” en edades tempranas.

Puede ser que haya oído algo sobre tener novio o novia, de lo que hacen las parejas y se limite a reproducirlo sin tener realmente consciencia de ello.

Es importante que nuestros hijos e hijas tenga relaciones ajustadas a su edad y no asumiendo roles de adulto.

“¿Que cosas te gusta hacer?”

Si a un niño o niña le gusta hacer algo, probablemente tienda a repetirlo y esto puede hacer que se le dé mejor.

Potenciar las cosas que le gustan o que se le dan bien hace que desarrolle una mejor autoestima, haciendo que se sienta útil, válido y capaz.

Da igual si las cosas que le gustan “no son apropiadas para un niño” o son “cosas que las niñas no hacen”. De lo que se trata es de permitir a nuestros hijos desarrollar sus mejores capacidades, sin poner el límite más que en aquello que les gusta o les disgusta.

“¿Por qué no me ayudas con las tareas de casa?”

Tanto si es niño o niña, es importante que aprenda a responsabilizarse de las tareas de casa.

Enséñale lo que hay que hacer y llega a un acuerdo para que se responsabilice de algo adecuado a su edad: recoger los juguetes, hacer la cama, etc.

Gran parte de la desigualdad reflejada en la sociedad, nace en el reparto poco equitativo de las tareas del hogar.

“¿Qué quieres por tu cumpleaños/navidad?”

Escucha lo que pide y pon un límite que no resida en si o que quiere es “para niños” o “para niñas”.

El juego es fundamental en la infancia. Es fuente de exploración y de crecimiento, permite poner en marcha sus recursos y habilidades.

No hay juegos para niños o para niñas, hay juegos, punto. Permite que el juego sea algo libre y sin juicios.

Adolescencia.

Este es un periodo crítico en el que se establecen relaciones íntimas con los iguales y se tienen las primeras relaciones de pareja. Es en la adolescencia donde aparecen y se desarrollan muchas de las bases que sostienen la violencia de género, normalmente de forma inconsciente.

Con los adolescentes es importante que te puedas acercar a ellos desde la escucha incondicional, el entendimiento y la aceptación.

Intenta ser un modelo positivo que puedan seguir, tanto a la hora de regular tus emociones como cuando te relacionas con tus iguales o tu pareja.

Aprendemos a través de los otros, especialmente de los modelos más cercanos.

Trata de mostrar tus emociones de una manera equilibrada. Explica la importancia de sentirte triste o de sentir miedo y gestionarlo de una manera adecuada.

Ser un referente al que tus hijos e hijas puedan acudir sin miedo ni vergüenza facilitará que detectes y actúes sobre comportamientos que pueden ser dañinos para ellos y ellas.

Marca límites en tus relaciones, para que tus hijos e hijas aprendan desde una base sólida.

Diles que las chicas no necesitan que los chicos las protejan. Chicas y chicos pueden llegar a sentirse igual de seguros y pueden ayudarse mutuamente en caso de necesidad.

Enséñales que las chicas no son sumisas por definición. No tienen que aguantarlo todo. Es importante que aprendan a poner límites o a irse a tiempo. Su papel no es el de cuidadoras.

Es importante que tus hijos tengan un modelo real de lo que es el sexo, siéntate a hablar con ellos. Explícales que las relaciones sexuales tienen que ser consentidas y que los chicos no tienen mayor deseo sexual que las chicas.

Haz que entiendan que la base de toda relación es la confianza. Si se sienten controlados, explícales que eso no es sano ni normal y que una buena relación no necesita control.

Que tengan claro que la violencia no es una forma de expresar las emociones ni la manera de solucionar nada.

Demuéstrales que pueden contar contigo, que les valoras por lo que son, que les quieres y que les apoyas.

En la adolescencia, detrás de la Violencia de Género puede haber fuertes sentimientos de inseguridad: miedo a que la pareja se vaya, necesidad de pertenecer al grupo o de reconocimiento, entre otras.

Para evitar en la medida de lo posible esa inseguridad, es fundamental que los y las adolescentes sepan que son importantes y válidos solo por ser quiénes son, sin necesidad de aparentar ni cumplir esos “roles” que son tan perjudiciales.

Detrás de la masculinidad tóxica y del rol de cuidadora de la mujer hay una gran sensación de malestar, insatisfacción, frustración, baja autoestima y ansiedad.

Humor sexista.

El objetivo de una broma es hacer reír y resultar neutral. La broma termina cuando el mensaje que transmite hace daño.

No refuerces las “gracias” que perpetúan la violencia. Suelen ser recurrentes las relacionadas con las mujeres y las tareas del hogar; su mal humor; el control que ejercen sobre sus parejas masculinas; las pocas ganas que tienen de mantener relaciones sexuales, etc.

Micromachismos.

Identifica los mensajes en los que hay una valoración negativa a la mujer: “las tías son todas unas histéricas”, “no puedo confiar en las mujeres”, “las chicas son bastantes sueltas”.

Cuidado con reforzar o validar este tipo de generalizaciones. Puedes responder diciendo “quizá tu última experiencia con esta persona ha sido desagradable, eso no significa que todas las mujeres sean así”.

Cosificación.

“Las mujeres están para lo que están”.

Este tipo de comentarios facilitan la normalización de situaciones injustas, irreales y terribles para la mujer.

Normalizar la prostitución es un claro ejemplo de la cosificación de la mujer. Se presupone que las mujeres están para dar placer sexual y que su única función es esa, quedan reducidas a ser un servicio para el hombre.

La publicidad nos bombardea con mensajes implícitos donde la mujer se somete al hombre.

Las mujeres no disfrutan siendo sometidas ni dominadas, disfrutan siendo libres y estando en relaciones de igualdad.

Compartir fotos de chicas en el grupo de wasap sin su consentimiento ni su conocimiento, es otro ejemplo de cosificación. Lo que se busca es tener el control sobre las mujeres y manipular su intimidad. Si observas este comportamiento en tu hijo, déjale claro lo que está haciendo.

Lenguaje.

Cuando oigas comentarios despectivos sobre una mujer, señálalos. Si se ve a una mujer en la TV que desempeña un puesto laboral y oyes la típica frase de “está ahí por ser quién es” rebátelo y destaca por lo que realmente está ahí.

Cuesta reconocer los logros de las mujeres, se tiende a infravalorarlas y decir que están ahí por otros motivos o que son menos válidas en general que los hombres. Cada caso es un mundo.

Anulación.

Ningún hombre tiene el derecho a minusvalorar, hablar o tratar con superioridad a una mujer por el mero hecho de serlo.

Tu hija tiene derecho a poner límites y eres tú la persona encargada de enseñarle dónde, cuándo y cómo ha de hacerlo.

Es complicado poner límites cuando hay una sociedad que respalda ese tipo de conductas.

Que los compañero la saluden repetidamente diciéndole lo guapa que está, o lo bien que le queda esa ropa puede hacerle sentir que sólo vale por lo guapa que es o el estilo que tiene.

Si en su grupo de amigos y amigas hay alguien que siempre hace comentarios que pisan lo que está diciendo, puede sentirse anulada, poco valorada o ignorada.

Es tarea tuya prestar atención a los comentarios que ella pueda hacer a este respecto, haciendo hincapié en su valía por otras cosas o en su capacidad para decir que se calle a ese que siempre la interrumpe.

Como puedes ver, el cambio puede comenzar desde el principio.

La mejor herramienta que tenemos es la educación y el ejemplo.

Cambiar los cimientos desde abajo, construir una sociedad desde el principio depende de ti y de todos nosotros.

Con las pautas que te proponemos en este post podrás empezar a identificar y cambiar aquellas cosas que has podido normalizar e interiorizar.

Si quieres revisarte y dar un espacio a todo lo que llevas vivido, te esperamos en quiero para ayudarte a trabajar en ello.