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Tácticas de maltrato psicológico

A día de hoy, pese a que hemos avanzado muchísimo en el conocimiento de lo que es violencia y sobre todo violencia en la pareja todavía seguimos equiparando maltrato a maltrato físico. O como mucho, cuando hablamos de maltrato psicológico nos imaginamos gritos, chantajes, control evidente…

Pero no tiene que ser así.

El maltrato más efectivo es aquel que es invisible.

Y el maltrato más invisible de todos es el pasivo. Es decir, aquel en el que no se realizan conductas activas como chillar, gritar o vejar, sino más bien el que consiste en no hacer nada, como por ejemplo el ignorar a la persona y no contestarla (el famoso ghosting del que ahora tanto hablamos).

Este maltrato no es que haga daño sino que normalmente hace más daño que incluso el activo ¿por qué? porque siempre le acompaña la luz de gas, la sensación de estar volviéndote loca, siempre está abierto a interpretación. Por ejemplo si me ignoran ¿soy una histérica porque pido mucho?¿simplemente es un enfado y debo respetarlo?¿me dijo que no quería compromiso y lo que pasa es que yo me he flipado?.

El maltrato pasivo además te hace dudar muchísimo, pero encima puede no apoyarte tu entorno… Si alguien te chilla: «eres una puta» todo el mundo lo condenará, pero si alguien te ignora tus amigos o familia pueden justificarlo: «lo mismo es su manera de enfadarse, todo el mundo necesita espacio», etc.

¿Qué tácticas típicas hay de maltrato psicológico pasivo?

Ignorar:

Con los objetos no se habla. Este es el mensaje que nos llega. No te hablo porque no me importas. Me das igual. Así es cómo se siente una persona cuando es sistemáticamente ignorada. Como el resto de tácticas de maltrato pasivo hace falta que sea sistemático, que lo hagan reiteradamente, no valdría con un enfado donde no te han hablado una hora. Esta táctica es una de la más destructivas, hace pensar a la persona que vale lo mismo que un zapato y además, la deja sin explicaciones, no tiene información para saber qué ha hecho y es mil veces más frecuente que se culpe.

Deformar el lenguaje

Por ejemplo cambiando de tema o diciendo reproches generales. «Es que así no me gusta» pero luego no aclarar lo que es «así» o decir cosas como: «pues es evidente el qué». El motivo de conflicto nunca es debatido de verdad, no se da pie a aclarar lo que ocurre y por lo tanto la víctima se vuelve loca.

Aquí suele acompañar a la persona que maltrata un halo de sabiduría como si supiera más que nadie y no suele chillar ni levantar la voz, sólo hace que el otro se desestabilice para luego poder culparle aún más. Por ejemplo puede utilizar un lenguaje que está vacío pero es muy barroco o culto: «es típico en casuísticas como la tuya que los tormentos se expresen así». Eso desconcierta pero en realidad no dice nada de verdad.

Mentir

Aquí más que nunca la persona siente una luz de gas terrible y que se vuelve loca, porque sabe que le ocultan o le mienten algo pero se lo niegan. Entonces o entra en conflicto, que no servirá para nada, o disocia ambas realidades para seguir pudiendo relacionarse con la pareja.

Sarcasmo, burla o desprecio

La persona que maltrata hace bromas que podrían ser consideradas anodinas pero en realidad van a atacar a las inseguridades de la persona o incluso la ridiculizan en su entorno.

Por ejemplo, poner motes, como «gordi» a una persona que está acomplejada con su peso. Y aunque le moleste ese apelativo decirlo en su entorno para que todo el mundo siga la broma. También puede burlarse de los traumas de la persona maltratada en público para que todo el mundo se ría de ellas, o también puede hacerlo de sus ideas políticas, ética o convicciones. Pero de nuevo, si intentas confrontar volverá a ignorar el problema y a decirte que es una broma.

Aislamiento

Por supuesto esta es una de las más conocidas, separarte de tu entorno. Lo más normal es que vaya poniendo pensamientos paranoicos en ti sobre tus amigos o familiares, como que no te quieren, que no se preocupan por ti, cuando no directamente iniciará guerras con ellos para que entres en conflicto con tu entorno. Pero a lo mejor ni te has enterado de que tu maltratador fue el artífice.

Lo que digo y lo que hago no tiene que ver

Esta es otra de las más centrales y de las que más daño hace. La persona se vuelve loca intentando buscar coherencia a todo. Puede ser que te digan que te quieren pero que luego no te hagan caso, o te dicen que se preocupan por ti pero no están en los momentos difíciles….

Siempre manipularán los ejemplos o te culparán de lo que hacen. «No estuve porque es que tú me enfadaste», «te dije que te sería fiel pero en ese momento para mi no éramos pareja», «claro que me importas ¿no te acuerdas que te llevé a aquel concierto?».

¿Qué hago si me pasa a mi?

Puede que estés viviendo una situación así y no sabes cómo salir de ella. Lo primero es ponerle nombre. Sí. Es maltrato. Analízalo, busca información, contacta con un profesional. Lo es.

Mira los patrones y como se repiten, una vez lo desenmascaras es mil veces más fácil. Te das cuenta por ejemplo que no aclara lo que le molesta, que no discute de verdad o que siempre opina mal de cada persona que se te acerca. Una vez lo ves ya no puedes dejar de verlo.

Pero si aún así te cuesta, te sientes hundida o sin fuerzas en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a salir de esta situación. Pide ayuda hoy, no esperes más a ser libre.

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Cuando eres demasiado «sincero»

Es probable que te resulte familiar el concepto “sincericidio” o quizás no, pero es muy posible que la frase “yo soy así, voy con la verdad por delante” la hayas escuchado alguna vez. Si esto es así, ya has tenido tu primera experiencia con un sincericida y con alta probabilidad ha sido un contacto desagradable ya que esta frase típica sirve como pretexto para decir todo cuanto se le antoje a la persona.

También es posible que estés pensando en algún momento donde creas que has hecho daño a otros con tus palabras, por no haberlas medido o porque has pensado solo en lo que tu creías cierto. En este post, vamos a aprender a identificar qué es, cómo detectarlo y cómo cambiar este comportamiento.

¿Qué es el sincericidio?

El termino sincericidio no está recogido en la RAE, pero hace alusión a un comportamiento habitual en la sociedad. Este concepto hace referencia a “matar” “usando la “verdad” como arma, sin medir las palabras, sin tener en cuenta al otro y sin que se le haya pedido esta información.

Gran parte de este compromiso con la verdad encuentra sus raíces en los mandatos sociales que aparecen en las primeras experiencias vitales como por ejemplo cuando de pequeños recibes el mensaje de “no se miente”, cuando se jura sobre la biblia para decir “la verdad y nada más que la verdad” etc. A nivel social se premia la verdad y se castiga la mentira, pero ¿es lo mismo sinceridad que sincericidio?.

¿Cómo se comporta un sincericida?

Los sincericidas equiparan su opinión a la verdad absoluta y desde esa premisa se consideran con el derecho y el deber de compartir esta información.

Pensemos por ejemplo que se está produciendo una discusión. En esos momentos, es difícil a veces considerar otras visiones alternativas porque estás secuestrado por la emoción. En estas situaciones hay diferentes formar de reaccionar: unos optarían por huir de la conversación o se callarían, otros tendrían una comunicación responsable y hablarían sin herir al otro. El “sincericida» no establecería un filtro entre lo que piensa y lo que dice y avasallaría con sus “verdades” caiga quien caiga.

Este es el modo de comunicarse que mantiene un sincericida en la relación con los demás (sin necesidad de discusión).

¿Por qué ocurre?

Cualquier tipo de comportamiento que se mantiene a lo largo del tiempo está ejerciendo una función para la persona.

En el caso de la mentira, nos protege de enfrentarnos a situaciones que no deseamos o nos resultan desagradables, o nos beneficia porque conseguimos algo de este modo.

Del mismo modo ocurre con el sincericidio y estas palabras envenenadas están sirviendo de algo para quien las dice.

Es posible que esa persona no repare en cómo se puede sentir el otro, es decir, no tenga la capacidad de empatizar.

En otras ocasiones, esta forma de actuar es una forma de expresar la rabia. Esta emoción está ligada a la defensa y se dispara ante situaciones donde se siente rechazo o un trato injusto.

Otras veces, este tipo de comunicación se disfraza de sincericidad, pero a menudo se hace con la intencionalidad de dañar al otro de forma deliberada.

Y este comportamiento se lleva a cabo desde la presuposición de ser un ejemplo a seguir por haber sido “honest@”, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que se trata de una actitud agresiva, que conlleva consecuencias negativas en la vida de esa persona.

Si este tipo de comportamiento se perpetúa, es muy probable que las relaciones sociales no se mantengan a lo largo del tiempo, ya que nadie querrá tener al lado a una máquina de decir verdades hirientes puesto que genera un daño emocional innecesario.

Asimismo, al irse quedando sin red de apoyo, las posibles creencias que tenga esa persona sobre el trato injusto de los demás hacia ésta se verán reforzadas. Por tanto, le alentará a seguir defendiéndose desde la palabra y se mantendrá así este comportamiento tóxico.

CÓMO SER SINCERO: No hay sinceridad sin asertividad.

La “asertividad” es una habilidad social que nos ayuda a expresar nuestras opiniones, emociones y sentimientos logrando nuestros objetivos, con el mínimo coste emocional y cuidando la relación con los demás.

La defensa de tus derechos no tiene que ver con ignorar los sentimientos de los demás. De esto se trata la sinceridad, de la capacidad de comunicar sin herir al prójimo.

¿Y cómo se hace eso?

En primer lugar, es necesario adquirir la responsabilidad de qué decir y cómo hacerlo. Ten en cuenta que no tienes que decir absolutamente todo lo que piensas.

Antes de comunicarlo, plantéate para qué quieres decir lo que vas a decir, qué tipo de beneficio obtendría la otra persona de ello y cómo afectará a la relación.

Mantén una actitud empática. Esto implica plantearse en qué circunstancias vas a comunicar lo que quieres decir. Elige el momento más adecuado y valora la situación de la otra persona. Quizás no esté emocionalmente preparada para recibir esa información o no quiera recibirla. Si tienes duda, puedes preguntarle directamente si quisiera saber tu opinión. Si la respuesta es afirmativa, de nuevo recuerda: FILTRA.

Si no sabes cómo defender una opinión, utiliza “mensajes yo”: habla desde tus pensamientos , opiniones y o sentimientos (ej. “Yo pienso/considero/opino..”). De este modo podrás mantener un dialogo constructivo y facilitarás la conversación y la participación de los demás.

¿Qué hacer si estoy ante un sincericida?

Si estas en contacto continuo con una persona que actúa de este modo, házselo saber. Evita calificarle con una etiqueta (ej. “eres insoportable”) y céntrate en las conductas que te hacen sentir mal ( ej. “ Cuando dices…me haces sentir…te agradecería que no se vuelva a repetir/que la próxima vez (pedir cómo te gustaría que se comportara contigo).

Este sería un ejemplo de sinceridad sana. Si es un vínculo que deseamos mantener, de este modo se le está dando la oportunidad a la otra persona de cambiar y de que siga permaneciendo en tu vida.

Es posible que la otra persona no reaccione como esperas o no realice cambios. En ese caso, ese vinculo esta generando un daño innecesario y marcar el límite es una actitud de responsabilidad afectiva para contigo.

Si duele, ahí no es. Y si tienes problemas para poner esos límites, recuerda que desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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La Violencia Económica

Cuando hablamos de violencia género tenemos claro cuando es evidente su existencia, como por ejemplo mediante la agresion fisica. No obstante, hay otros tipos de violencia que son igual de importantes y que hay que saber detectarlos a tiempo porque ayudará a que la violencia no siga subiendo en escalada hacia el escalón final mas evidente.

La gran desconocida de la VG: La violencia económica

Lamentablemente, por diferentes testimonios y noticias recientes, hemos podido conocer más en profundidad qué es la violencia de género y sabemos más sobre el concepto de violencia vicaria por ejemplo del que ya os hablamos en otra entrada del blog que os dejamos por aquí https://www.quieropsicologia.com/la-violencia-vicaria-un-subtipo-de-la-vg/ .

En este post nos vamos a centrar en otra gran desconocida: la violencia económica.

La violencia económica es un tipo de violencia que ejerce el agresor sobre la mujer durante la relación y que puede continuar una vez finalizada. Se ejerce desde el control de la economía doméstica y la reducción de la autonomía económica de la mujer.

Según la macroencuesta de la Violencia contra la mujer del año 2019 el 11,5% de las mujeres residentes en España ha sufrido violencia económica a lo largo de la vida, que traducido en cifras supone que 2.350.684 mujeres sufren esta violencia. Un 2% lo sufrieron en los últimos 12 meses.

La encuesta muestra que este tipo de violencia se ejerce más sobre las mujeres entre 25 y 54 años, aunque si se observa lo que ocurre con las parejas actuales, se aprecia que es mayor entre las mujeres de 65 años.

La macroencuesta también ofrece los siguientes datos sobre las situaciones más comunes ordenadas de mayor a menor frecuencia:

  • La pareja ha impedido a la mujer tomar decisiones en la economía familiar y / o hacer compras de forma independiente.
  • La pareja se ha negado a darle dinero para gastos del hogar.
  • No les han dejado trabajar fuera del hogar.
  • Su pareja ha usado el dinero y/o tarjeta de crédito o ha pedido prestamos a su nombre sin su consentimiento.

Rompiendo mitos

Conocer lo que implica la violencia de genero también supone romper los mitos acerca de ella. Uno de ellos sería sobre de los mitos de la marginalidad asumiendo que “ La violencia de genero solo ocurre en familias o personas con pocos recursos”. Evidentemente este mito es falso, ya que ni los maltratadores ni las mujeres victimas de violencia de genero obedecen a un perfil determinado. La violencia de género no va ligada al nivel socioeconómico.

Refiriéndonos de nuevo a la violencia económica, las mujeres que no posean un trabajo remunerado se encontraran en una situación de mayor vulnerabilidad, al igual que ocurre en mujeres con discapacidad, mujeres del entorno rural y mujeres migrantes.

Pese a que lo se pudiera pensar, la violencia económica también ocurre entre las mujeres con trabajo estable. De hecho, en la anterior Macroencuesta realizada en el 2015 se observó que la violencia económica es más habitual entre las mujeres que trabajan.

Después de la relación

Como hemos comentado, este tipo de violencia se puede ejercer tras finalizar la relación. En el caso de que haya hijos en común se puede manifestar mediante el impago de las pensiones. Está considerado como delito dejar de pagar durante dos meses consecutivos o cuatro no consecutivos las prestaciones económicas establecidas en el convenio regulador.

No estamos hablando de situaciones donde el progenitor no tenga solvencia económica para hacer frente a las obligaciones. Estamos hablando de la voluntad de no hacerse cargo, de la intención de generar daño en la mujer y una situación de tensión constante.

En otras ocasiones, no tiene por qué tratarse de impago de pensiones, sino que los retrasos en el pago también son un indicador de violencia económica. En muchos casos esperan hasta el último día para hacer el pago, haciendo que la mujer siga estando en alerta permanente incluso después de haber finalizado la relación.

Existen otro tipo de impagos al margen de las pensiones, como por ejemplo no hacer frente a los gastos extraordinarios relacionados con la salud, actividades extraescolares, etc . Esto también afectará al desarrollo de los hijos. Al igual que no pagar la parte de la hipoteca correspondiente, puede conllevar a que la mujer y los hijos tengan que ser finalmente desalojados.

Todo esto supone una doble agresión tanto por el daño causado a los hijos como por el sobreesfuerzo que tendrá que hacer la madre para cubrir las necesidades de los hijos. Además, si se están dando este tipo de impagos, la mujer no puede negarse a las visitas de los hijos con su progenitor. Se puede imaginar cómo esto prolonga el sufrimiento de la mujer y aumenta la sensación de impotencia y desesperanza.

Además, a veces el progenitor no hace frente a todos estos gastos comentados, pero realiza regalos desmedidos a los hijos. Esto facilita que se posicionen en contra de la madre, que es posible que no pueda hacerlos, pero sobre quien recae la disciplina y el cuidado diario.

Consecuencias psicológicas

La violencia económica no ocurre de forma aislada, sino que en el 85 % de los casos implica también violencia psicológica. Supone la extensión del dominio mediante el control del dinero.

Como señalan las encuestas del 2015, más del 50 % de las mujeres presentaban de forma habitual síntomas como llorar, ansiedad, inestabilidad en el estado de ánimo y dificultades para dormir. A nivel de salud física, es común que derive en problemas de salud que se alargan en el tiempo y que impedirán el desempeño laboral y/o sus actividades cotidianas.

La falta de autonomía en cuanto a la disposición del dinero, tiene un impacto directo en la vida diaria, limitando las actividades que se pueden realizar. Cuanto más frecuente y sostenido en el tiempo sea el maltrato, esto generará menor autoestima, más vulnerabilidad y por lo tanto mayor dependencia del agresor. Esto dificulta que las mujeres pueden abandonar la relación.

Si te has sentido identificado con lo comentado en el post, desde Quiero Psicología podemos ayudarte. Y si conoces a alguien que este en esta situación, comparte este post.

Hablar de dinero nunca ha sido fácil, pero hacerlo en estas situaciones es vital.

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Cuando la Violencia de Género es Online

Como ya hemos hablado en anteriores post, la era digital ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Hoy en día, podemos establecer vínculos afectivos a pesar de la distancia física, conocer a gente mediante aplicaciones, compartir nuestros recuerdos y tener nuevas alternativas de ocio.

Sin embargo, estos cambios también han dado pie a nuevas formas de ejercer violencia.

Recordemos, que la violencia de género implica una relación asimétrica y de dominio que puede darse en múltiples formas: Violencia física, sexual, psicológica, económica, reproductiva… y que además, esta violencia puede darse de forma activa y/o pasiva.

A consecuencia, a raíz del auge de las nuevas tecnologías, ha surgido una nueva forma de ejercer violencia.

Ciberacoso

Este fenómeno se caracteriza por ejercer una relación de dominio a través de las nuevas tecnologías. Implica insultar, ridiculizar, amenazar o acosar a otra persona mediante redes sociales.

También se incluiría la suplantación de identidad, donde el acosador puede hacerse pasar por esa persona y difundir mensajes falsos o compartir información privada de la víctima.

Actualmente, como ya sabemos, los teléfonos móviles forman una parte imprescindible en nuestras vidas. Ahí guardamos fotos, información íntima, conversaciones con amistades, accedemos a redes sociales, etc.

Es por esto por lo que ejercer ciberacoso constituye una violación a nuestra privacidad y un total acceso a nuestra información.

La violencia online puede verse reflejada en diferentes formas:

Sexting no consentido:

Este fenómeno proviene del acrónimo sex (sexo) y texting (chatear), ya que consiste en comunicarse o enviar fotos de contenido sexuales a través de mensajería instantánea.

Estas acciones pueden formar parte de la intimidad de una pareja. Sin embargo, cuando estas imágenes de contenido sexual se difunden sin consentimiento alguno, estamos hablando de violencia, y por tanto, de un delito.

El acosador puede difundir estas imágenes con el objetivo de ridiculizar a la víctima, amenazarla o chantajearla con publicarlas, con el fin de coaccionarla.

Grooming:

Esta práctica digital consiste en la puesta en contacto de un adulto con un menor a través de las nuevas tecnologías con fines sexuales.

Estos pederastas en primer lugar, tratan de ganarse la confianza de menor formando un vínculo afectivo, por lo que es habitual que estas personas al principio simulen ser también menores.

Una vez obtenido el vínculo, el acosador tiende a solicitar imágenes de carácter sexual, pudiendo llegar incluso a difundirlas por otras redes.

La diferencia reside en que en este fenómeno, el acosador siempre es un adulto y la víctima una persona menor de edad.

Uso de redes sociales:

El acosador puede utilizar las redes sociales de la víctima para controlar sus acciones, los “me gusta” que da, las fotos que publica, etc. Estas personas pueden ejercer su dominio prohibiendo a la víctima subir material que ellos consideren inoportuno, utilizar los “me gusta” como forma de castigo o refuerzo, o espiar las interacciones que hace la víctima.

Por otro lado, el acosador puede crear un perfil falso suplantando la identidad de la víctima, pudiendo compartir rumores falsos o imágenes sexuales convirtiéndola en motivo de burla.

¿Qué diferencia el acoso online del offline?

Al formar parte de una sociedad donde las nuevas tecnologías forman un pilar básico de comunicación, el perfil de ciberacosador es mucho más amplio.

Estas personas pueden aprovecharse del carácter anónimo que pueden darte las redes, para acosar y controlar a la víctima con mayor facilidad. Esto implica que las opciones para ejercer violencia también aumentan, ya que es habitual que hoy en día tengamos un perfil abierto en diferentes redes o contemos con diferentes medios tecnológicos para comunicarnos.

Asimismo, el riesgo de dañar a la otra persona es mayor, ya que las tecnologías suponen un canal donde poder transmitir un mismo mensaje a un gran número de personas con un solo click. A diferencia del acoso offline, la dimensión se da a un nivel más global o macro.

Si la víctima ha bloqueado el perfil del acosador en redes, éste tiene la opción de acceder a ella a través de otro medio o crear un nuevo perfil sin tener que desvelar explícitamente su identidad.

¿Qué puedo hacer ante este fenómeno?

En primer lugar, debemos prevenir estas prácticas y minimizar el riesgo de que el ciberacoso ocurra.

Si somos padres de un menor de edad, en primer lugar, debemos comunicar los riesgos que implica el uso de redes sociales, destacando la importancia de mantener los perfiles con la mayor privacidad posible. Así como de advertir los riesgos que conlleva interactuar o dar permiso de acceso a tus datos a personas desconocidas.

En el caso de los adultos, si sospechamos que estamos siendo víctimas de ciberacoso, estaríamos hablando de un delito penal, y por tanto, contaríamos con la opción de denunciar.

Es importante limitar el acceso de nuestras redes a personas de confianza, minimizando el riesgo de que las fotos o la información se difundan. En caso de recibir insultos, amenazas o acoso de una persona, deberemos bloquear el perfil y hacer uso de la opción de denunciar perfil que ofrecen actualmente las redes sociales.

Si te sientes identificado con esta práctica digital y te gustaría recibir ayuda especializada, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de recibirte.

La Violencia Vicaria -un subtipo de la VG-

El pasado viernes 11 de junio nos encontramos todos con la sobrecogedora noticia de que habían encontrado el cuerpo sin vida de una menor que había sido presuntamente asesinada por manos de su padre. Y también desde ese mismo día el concepto Violencia Vicaria está dentro de nuestras conversaciones.

No sabemos claramente qué es, pero nos recorre un escalofrío por la espalda cada vez que se menciona, porque sabemos que debido a este tipo de violencia la vida de una menor se ha visto interrumpida.

¿Qué es la Violencia Vicaria?

La Violencia Vicaria o violencia por sustitución es un nuevo término que se refiere a un subtipo de violencia contra las mujeres en el que el hombre, de manera consciente, usa o daña a personas significativas para su pareja o expareja como instrumento para hacerla daño. Lo más habitual es que se use a los hijos, pero esta agresión puede ser ejercida usando a padres, hermanos o amigos, es decir, cualquier persona emocionalmente significativa para la mujer.

Aunque no es una violencia tan mediática como otras, es decir, no estamos escuchando que se mencione todos los días en la televisión, sí que aparece en más situaciones de las que nos imaginamos. Simplemente nos enteramos de aquellos que tienen una consecuencia tan grave como la muerte del menor, pero diariamente se produce mediante amenazas y control hacia la mujer a través de los niños.

En este tipo de violencia se cosifica al menor, interpretando a los hijos como “algo” de su propiedad y a través de una actitud egoísta les agreden con el objetivo de controlar a la madre. En los casos más graves aparece el asesinato.

Tipos de violencia vicaria

Como en todos en otros casos, este tipo de violencia se puede presentar en diferentes grados de intensidad; en los casos más graves aparecen agresiones directas y daños físicos, incluso la muerte, pero previamente ya se ha agredido o desatendido a los menores.

Las amenazas, las manipulaciones, los actos de control extremo son habituales dentro de la violencia vicaria.

Por ello debemos estar atentos a las señales que pueden aparecer tras las visitas al padre o las estancias derivadas de la custodia compartida.

Observar que se han interrumpido tratamientos médicos o actividades positivas y favorecedoras para el crecimiento y desarrollo del menor ha de ponernos en alerta y tomar consciencia de lo que puede estar ocurriendo.

Otros signos son que el menor regrese al domicilio materno descuidado, desatendido, desaseado o con cambios físicos con los que el menor y la madre no están de acuerdo, como por ejemplo, cortes de pelo o cambios radicales en la vestimenta.

Ser conocedor de que se habla mal de la madre en presencia del menor, ya sea por parte del padre o que este permita que terceros hablen mal de ella.

Hay que observar cualquier cambio de humor, de conducta o de estado de ánimo del menor, ya que pueden ser señales de que algo está ocurriendo.

Amenazas y manipulaciones que se provocan de manera habitual y constante en el menor y que pueden tener consecuencias en el comportamiento de éste; miedo, ansiedad y negativas antes de la visitas o estancias con el padre nos dicen e indican que algo puede estar pasando.

Cuando el maltrato se produce a nivel físico, las marcas y señales se pueden observar con facilidad y no hay una explicación lógica y normal para ellas. Arañazos, moratones, daños en la ropa y pertenencias de menor.

Consecuencias de la violencia vicaria en el menor

Todas las situaciones en las que el menor es cosificado y eliminada su identidad para convertirse en un instrumento con el dañar a la madre tiene consecuencias graves a nivel emocional, mental y psicológico del niño que lo padece.

Dentro de las consecuencias nos podemos encontrar con:

  • Dificultades de atención y concentración.
  • Bajada del rendimiento académico.
  • Pérdida de habilidades sociales.
  • Cambios en los comportamientos relacionales en el colegio y con amistades y familiares.
  • Desmotivación generalizada.
  • Aparición de miedos desproporcionados.
  • Pesadillas, terrores nocturnos.
  • Dificultades para conciliar el sueño.
  • Cambios en las pautas alimenticias.
  • Anhedonia (no experimentar placer en actividades que antes eran gratificantes).
  • Ansiedad.
  • Depresión.

¿Qué podemos hacer?

Ante la aparición de estos síntomas nunca debemos callar. Busquemos apoyo en la familia, investiguemos y verifiquemos que puede estar ocurriendo.

Acudamos al centro escolar, pidamos tutorías, acudamos al centro de salud, al pediatra y comuniquemos nuestras sospechas; vayamos a la policía a poner una denuncia y activemos todos los protocolos necesarios de custodia necesarios para proteger a nuestro hijo.

Pidamos ayuda en centros especializados en violencia de género para poder abordar la situación desde todos los frentes y además abordar desde un plano psicológico todas aquellas consecuencias que tiene el haber estado expuesto a una situación de violencia.

sindrome de alienacion parental SAPO

¿Qué es el SAP?

Hace unas semanas, se estrenó en televisión un documental donde Rocío Carrasco contaba los malos tratos que había sufrido durante años a manos de su pareja, el padre de sus dos hijos.

Tras años de silencio, el documental, emitido en prime time, provocó una gran controversia, debates en redes y el posicionamiento de numerosas figuras de todos los ámbitos, incluso de la política.

Al hilo del documental, el término SAP (Síndrome de Alienación Parental) ha saltado a la palestra.

¿Qué significa la alienación parental?

El término SAP fue introducido por primera vez en 1985 por el psiquiatra norteamericano Richard Gardner.

Gardner exponía que los niños podían sufrir este diagnóstico como consecuencia de la manipulación de uno de los progenitores (haciendo hincapié en que en su mayoría eran madres contra el padre) hacia sus hijos para posicionarles en contra del otro progenitor.

Gardner se refería a estas madres como “fanáticas, paranoicas y obsesivas”, describiéndolas como egoístas y manipuladoras.

Consideraba que estas mujeres tenían tal afán de controlar a sus hijos que inventaban características desagradables de sus maridos con el fin de ponerles de su lado en los juicios donde se debatía su custodia.

Gardner aseguraba que incluso en los casos judiciales donde hubiese denuncias por abuso sexual o maltrato hacia los hijos, era el padre quien debía mantener la custodia.

Todo eran invenciones de las madres.

La terapia que Gardner proponía se llamaba “terapia de amenaza”.

Amenazar a las madres con quitarles la custodia de sus hijos e hijas si no retiraban la denuncia contra sus exparejas.

Menuda «terapia».

¿Existe realmente este síndrome?

Este concepto carece de evidencia científica alguna. El síndrome de alienación parental no existe.

Esta supuesta patología es considerada pseudo-ciencia por la OMS.

No está reconocida por ninguna entidad ni organización de salud mental.

En nuestro país, el Consejo General del Poder Judicial desaconseja explícitamente que se utilice en procesos judiciales.

Recientemente el Gobierno ha querido señalar el SAP como un tipo de violencia institucional, incluyéndolo en una ley contra la violencia en la infancia y destacando que no hay evidencia científica alguna de que exista.

¿Por qué se sigue utilizando?

Si buscamos en internet información acerca del SAP,  encontraremos bufetes de abogados ofreciendo asesoramiento para padres (hombres) que se encuentran en trámites de divorcio.

El SAP aparece en escena cuando los y las menores son víctimas colaterales de la pelea de sus padres y suele haber denuncias previas de violencia machista o abuso hacia los menores.

El SAP no deja de ser un claro reflejo y un síntoma más de la sociedad patriarcal.

Este «síndrome» subordina a  las mujeres, las invalida como madres y las deja a ellas y a sus hijos e hijas menores desamparados ante la ley.

Gardner coloca a las madres en la posición de villanas y a los padres en la de víctimas.

Da por falsos los testimonios de los hijos e hijas, anulando sus derechos.

Lo que sí existe: la violencia vicaria.

Cuando una persona pretende anular a otra mediante el sufrimiento de terceros, en este caso los hijos, no estamos hablando de ninguna patología o síndrome, sino de una forma específica de violencia: la violencia vicaria.

La violencia vicaria consiste en “castigar” o hacer daño a alguien a través del daño a terceros, ya sean personas, objetos o mascotas.

Tiene que ser algo o alguien con quien la persona a la que se quiere perjudicar tenga un vínculo afectivo.

Lamentablemente, todos conocemos algún caso en el que un hombre ha llegado a matar a sus hijos sólo para torturar a su pareja o expareja.

Rocío Carrasco era víctima de este tipo de violencia: “te vas a enterar, tus hijos te van a odiar, te voy a hacer la vida imposible”. Le amenazaba su ex.

Cuando este fenómeno aparece en un contexto de violencia de género, donde el hombre juzgado por malos tratos trata de poner a sus hijos en contra de su madre, no se trata de ninguna patología.

Estos hombres utilizan a sus hijos para conseguir más poder y control.

No estamos hablando de un síndrome sino de una instrumentalización.

¿Cómo afecta este fenómeno a nivel psicológico?

Las mujeres se sienten desamparadas e indefensas ante la ley.

Es habitual que estas madres, impulsadas por el miedo a perder la custodia de los hijos e hijas y por la impotencia ante la situación jurídica, se rindan y decidan no denunciar el maltrato o retirar las denuncias si ya las han puesto con anterioridad.

Estas mujeres no solo han de hacer frente a la violencia directa que ya han recibido por parte de su pareja.

Cuando consiguen romper la relación, si hay hijos en común, se ven envueltas en un enrevesado proceso judicial que puede verse influenciado por este tipo de pseudo-fenómenos.

Son cuestionadas como madres por un supuesto síndrome del que no existe evidencia científica alguna.

Esto puede provocar un proceso de revictimización y un aumento de la sintomatología postraumática.

Incluso si la mujer ya está o ha estado en un proceso terapéutico para salir del pozo de la violencia de género. Todo vuelve.

Las emociones, los sentimientos de inferioridad, el miedo.

Por no hablar del daño psicológico que se genera en los menores.

Solo el 3% de los casos de violencia de género terminan en la retirada de la custodia o el régimen de visitas a los padres condenados por malos tratos.

Estos menores han de vivir una situación realmente traumática.

En muchas ocasiones no tienen herramientas para manejar la situación.

Como consecuencia, pueden sufrir estrés postraumático, depresión, trastornos de ansiedad o baja autoestima.

Estas complicaciones pueden dar pie a problemas en el ámbito escolar y a nivel afectivo que pueden mantenerse hasta la edad adulta.

El SAP fue un síndrome inventado con el fin de tapar y tratar de justificar malos tratos y abusos sexuales a menores de edad, aumentando la brecha social que existe entre hombres y mujeres. Una brecha que provoca nefastas consecuencias a nivel social, jurídico y psicológico.

Desde Quiero Psicología, queremos dar visibilidad a estos fenómenos tan comunes e injustamente silenciados donde no solo las mujeres sufren, sino también los menores, a través de conceptos, como el SAP, que realmente no existen.

Solo poniendo el foco en estos procesos y tomando conciencia de esta problemática podremos denunciar las terribles consecuencias que este tipo de conductas acarrean.

Si crees que has experimentado algún tipo de violencia o te identificas con alguna de las consecuencias psicológicas quete mostramos, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

¿Cómo puedo visibilizar la Violencia de Género?

En el post “La invisibilidad de la violencia de género” hablamos de los cimientos invisibles sobre los que se construye la sociedad desigual y patriarcal en la que vivimos.

Vimos como en las diferentes etapas de la vida hay ejemplos suficientes que mantienen esta desigualdad. Al igual que es muy importante conocer qué sostiene a la Violencia de Género, también es importante saber cómo podemos cambiar las cosas.

¿Qué puedes hacer tú para desmontar esta estructura y crear una más igualitaria?

Si no se te ocurre nada, usa estas propuestas, comenzando por el principio:

Infancia.

Cuando te dirijas a un niño o a una niña, trátales por igual.

Déjales hablar de lo que a ellos les gusta, sin juzgar. Puede haber niños que quieran jugar con muñecas, vestirse con falda o pintarse la cara, y eso está bien. Puede haber niñas que quieran jugar con coches, al fútbol o trepar por los árboles, y eso también está bien.

Es necesario y positivo para su desarrollo que niños y niñas puedan explorar, interesarse por cosas diferentes, experimentar aquello que les genera curiosidad y definir quiénes son.

Permíteles hacerlo de manera flexible.

¿Qué tal si en vez de decir “esto es de niños” o “esto es de niñas” pruebas a decir “normal que te guste esto, es muy chulo”?

Así les harás sentir comprendidos, escuchados, respetados y validados. Y, sobre todo, les dejas claro el mensaje de que pueden explorar libremente y que eso está bien.

Al hablar de emociones o de regular emocionalmente a un niño y a una niña, trátalos igual.

Pregúntale a tu hijo por qué está triste.

Dile que está bien sentirse así a veces. Que puede sentirse triste y eso es síntoma de valentía, no de debilidad.

Explícale que está bien que sea cariñoso contigo, con sus amigos y amigas o con sus familiares.

Permite que se enfade y ponga límites, es necesario que aprenda para así poder defenderse de las cosas que le hacen sentir mal.

Si hablas con una niña, evita frases como “las niñas no se enfadan”, “tienes que ser buena”.

Nuestros hijos deben aprender a expresar emociones como la tristeza, el miedo o el enfado, independientemente de si son niños o niñas. Solo así podrán desarrollarse como adultos sanos y regulados emocionalmente.

Evita mandarles mensajes implícitos con preguntas cerradas.

“¿Qué tal son los niños de tu colegio?”

Con esta pregunta abierta, das opción a que te hable libremente de cómo son los niños y niñas con los que se relaciona.

De esta forma será más fácil que te diga si hay alguien que le hace sentir mal o si tiene algún amigo íntimo, incluso si le gusta alguien.

También es importante explorar qué significa “gustar” en edades tempranas.

Puede ser que haya oído algo sobre tener novio o novia, de lo que hacen las parejas y se limite a reproducirlo sin tener realmente consciencia de ello.

Es importante que nuestros hijos e hijas tenga relaciones ajustadas a su edad y no asumiendo roles de adulto.

“¿Que cosas te gusta hacer?”

Si a un niño o niña le gusta hacer algo, probablemente tienda a repetirlo y esto puede hacer que se le dé mejor.

Potenciar las cosas que le gustan o que se le dan bien hace que desarrolle una mejor autoestima, haciendo que se sienta útil, válido y capaz.

Da igual si las cosas que le gustan «no son apropiadas para un niño» o son «cosas que las niñas no hacen». De lo que se trata es de permitir a nuestros hijos desarrollar sus mejores capacidades, sin poner el límite más que en aquello que les gusta o les disgusta.

“¿Por qué no me ayudas con las tareas de casa?”

Tanto si es niño o niña, es importante que aprenda a responsabilizarse de las tareas de casa.

Enséñale lo que hay que hacer y llega a un acuerdo para que se responsabilice de algo adecuado a su edad: recoger los juguetes, hacer la cama, etc.

Gran parte de la desigualdad reflejada en la sociedad, nace en el reparto poco equitativo de las tareas del hogar.

«¿Qué quieres por tu cumpleaños/navidad?»

Escucha lo que pide y pon un límite que no resida en si o que quiere es «para niños» o «para niñas».

El juego es fundamental en la infancia. Es fuente de exploración y de crecimiento, permite poner en marcha sus recursos y habilidades.

No hay juegos para niños o para niñas, hay juegos, punto. Permite que el juego sea algo libre y sin juicios.

Adolescencia.

Este es un periodo crítico en el que se establecen relaciones íntimas con los iguales y se tienen las primeras relaciones de pareja. Es en la adolescencia donde aparecen y se desarrollan muchas de las bases que sostienen la violencia de género, normalmente de forma inconsciente.

Con los adolescentes es importante que te puedas acercar a ellos desde la escucha incondicional, el entendimiento y la aceptación.

Intenta ser un modelo positivo que puedan seguir, tanto a la hora de regular tus emociones como cuando te relacionas con tus iguales o tu pareja.

Aprendemos a través de los otros, especialmente de los modelos más cercanos.

Trata de mostrar tus emociones de una manera equilibrada. Explica la importancia de sentirte triste o de sentir miedo y gestionarlo de una manera adecuada.

Ser un referente al que tus hijos e hijas puedan acudir sin miedo ni vergüenza facilitará que detectes y actúes sobre comportamientos que pueden ser dañinos para ellos y ellas.

Marca límites en tus relaciones, para que tus hijos e hijas aprendan desde una base sólida.

Diles que las chicas no necesitan que los chicos las protejan. Chicas y chicos pueden llegar a sentirse igual de seguros y pueden ayudarse mutuamente en caso de necesidad.

Enséñales que las chicas no son sumisas por definición. No tienen que aguantarlo todo. Es importante que aprendan a poner límites o a irse a tiempo. Su papel no es el de cuidadoras.

Es importante que tus hijos tengan un modelo real de lo que es el sexo, siéntate a hablar con ellos. Explícales que las relaciones sexuales tienen que ser consentidas y que los chicos no tienen mayor deseo sexual que las chicas.

Haz que entiendan que la base de toda relación es la confianza. Si se sienten controlados, explícales que eso no es sano ni normal y que una buena relación no necesita control.

Que tengan claro que la violencia no es una forma de expresar las emociones ni la manera de solucionar nada.

Demuéstrales que pueden contar contigo, que les valoras por lo que son, que les quieres y que les apoyas.

En la adolescencia, detrás de la Violencia de Género puede haber fuertes sentimientos de inseguridad: miedo a que la pareja se vaya, necesidad de pertenecer al grupo o de reconocimiento, entre otras.

Para evitar en la medida de lo posible esa inseguridad, es fundamental que los y las adolescentes sepan que son importantes y válidos solo por ser quiénes son, sin necesidad de aparentar ni cumplir esos “roles” que son tan perjudiciales.

Detrás de la masculinidad tóxica y del rol de cuidadora de la mujer hay una gran sensación de malestar, insatisfacción, frustración, baja autoestima y ansiedad.

Humor sexista.

El objetivo de una broma es hacer reír y resultar neutral. La broma termina cuando el mensaje que transmite hace daño.

No refuerces las «gracias» que perpetúan la violencia. Suelen ser recurrentes las relacionadas con las mujeres y las tareas del hogar; su mal humor; el control que ejercen sobre sus parejas masculinas; las pocas ganas que tienen de mantener relaciones sexuales, etc.

Micromachismos.

Identifica los mensajes en los que hay una valoración negativa a la mujer: “las tías son todas unas histéricas”, “no puedo confiar en las mujeres”, “las chicas son bastantes sueltas”.

Cuidado con reforzar o validar este tipo de generalizaciones. Puedes responder diciendo “quizá tu última experiencia con esta persona ha sido desagradable, eso no significa que todas las mujeres sean así”.

Cosificación.

“Las mujeres están para lo que están”.

Este tipo de comentarios facilitan la normalización de situaciones injustas, irreales y terribles para la mujer.

Normalizar la prostitución es un claro ejemplo de la cosificación de la mujer. Se presupone que las mujeres están para dar placer sexual y que su única función es esa, quedan reducidas a ser un servicio para el hombre.

La publicidad nos bombardea con mensajes implícitos donde la mujer se somete al hombre.

Las mujeres no disfrutan siendo sometidas ni dominadas, disfrutan siendo libres y estando en relaciones de igualdad.

Compartir fotos de chicas en el grupo de wasap sin su consentimiento ni su conocimiento, es otro ejemplo de cosificación. Lo que se busca es tener el control sobre las mujeres y manipular su intimidad. Si observas este comportamiento en tu hijo, déjale claro lo que está haciendo.

Lenguaje.

Cuando oigas comentarios despectivos sobre una mujer, señálalos. Si se ve a una mujer en la TV que desempeña un puesto laboral y oyes la típica frase de “está ahí por ser quién es” rebátelo y destaca por lo que realmente está ahí.

Cuesta reconocer los logros de las mujeres, se tiende a infravalorarlas y decir que están ahí por otros motivos o que son menos válidas en general que los hombres. Cada caso es un mundo.

Anulación.

Ningún hombre tiene el derecho a minusvalorar, hablar o tratar con superioridad a una mujer por el mero hecho de serlo.

Tu hija tiene derecho a poner límites y eres tú la persona encargada de enseñarle dónde, cuándo y cómo ha de hacerlo.

Es complicado poner límites cuando hay una sociedad que respalda ese tipo de conductas.

Que los compañero la saluden repetidamente diciéndole lo guapa que está, o lo bien que le queda esa ropa puede hacerle sentir que sólo vale por lo guapa que es o el estilo que tiene.

Si en su grupo de amigos y amigas hay alguien que siempre hace comentarios que pisan lo que está diciendo, puede sentirse anulada, poco valorada o ignorada.

Es tarea tuya prestar atención a los comentarios que ella pueda hacer a este respecto, haciendo hincapié en su valía por otras cosas o en su capacidad para decir que se calle a ese que siempre la interrumpe.

Como puedes ver, el cambio puede comenzar desde el principio.

La mejor herramienta que tenemos es la educación y el ejemplo.

Cambiar los cimientos desde abajo, construir una sociedad desde el principio depende de ti y de todos nosotros.

Con las pautas que te proponemos en este post podrás empezar a identificar y cambiar aquellas cosas que has podido normalizar e interiorizar.

Si quieres revisarte y dar un espacio a todo lo que llevas vivido, te esperamos en quiero para ayudarte a trabajar en ello.