niños y pantallas

Niños, niñas y pornografía.

A finales del año 2020 saltó una noticia aterradora.

La detención de un grupo de hombres, entre ellos bastantes menores, por viralizar a través de la red social Instagram vídeos de contenido pornográfico. Entre los vídeos publicados, se encontraban tres en los que se veían violaciones a bebés de menos de 3 años.

Alrededor de 40 detenidos en toda España de los cuales la mayoría, 34, eran menores de edad. Todos ellos pertenecían a un grupo de whatsapp donde se compartían vídeos violentos y pornográficos porque les parecía “gracioso”. Estos menores fueron invitados al grupo por el conocido de un amigo.

Durante algunas de las detenciones se produjeron situaciones en las que los menores se reían diciendo lo gracioso que les había parecido compartir esos contenidos.

Mientras, los padres de esos chicos lloraban desconcertados, preguntándose cómo sus hijos habían podido llegar a visionar y más tarde viralizar ese tipo de contenido.

Algunos de los menores incluso “habían olvidado” haber compartido esos vídeos.

Padres y madres alarmados, asustados, dándose cuenta de lo poco que conocen a sus hijos. Alucinando con lo que habían hecho y con la forma en que se tomaban que estaban siendo detenidos.

Menores que no eran conscientes de que sus actos eran reprobables, ilegales y cuestionables a todos los niveles.

Estos hechos ponen de relevancia que algo falla en la educación en general de esos menores y en la educación sexual en particular.

Un fallo terrible que ha provocado que los menores quedaran expuestos a situaciones de vulnerabilidad. Totalmente ignorantes de que ellos mismos estaban vulnerando los derechos fundamentales de niños y niñas menores de 3 años, agrediendo e intensificando el trauma sufrido.

Estos menores estaban usando este contenido pornográfico y delictivo de manera frívola sin aparentemente conocer el alcance de sus actos. Creyéndose impunes, protegidos por la falsa sensación que producen las redes sociales y el actuar tras una pantalla.

Cuando vemos este tipo de sucesos, cuestionar la educación sexual que reciben nuestros hijos e hijas es lo mínimo que nos pasa por la cabeza.

¿Desde dónde se debe facilitar la educación sexual?

La información sexual que llega a nuestros hijos e hijas debe ofrecerse desde los entornos en los que ellos y ellas interaccionan.

La principal responsabilidad recae en la escuela y en la familia.

Dos entornos que deben complementarse, ofreciendo información clara, concisa y adecuada a la edad del niño o la niña. Este trabajo complementario ayudará a que nuestros hijos e hijas aprendan, interioricen, se cuestionan y, sobre todo que hagan un posterior uso adecuado y beneficioso.  

Aún así, observando estos hechos, nos damos cuenta de que algo ha fallado durante la transmisión de la información.

Es obvio que estos menores tienen una visión frívola de la sexualidad. Visión en la que se cosifica al otro para el mero de disfrute de uno mismo.

Es posible que estos niños tengan conocimientos fisiológicos sobre lo que es el aparato reproductor femenino y masculino.

Seguramente conozcan a la perfección el proceso para procrear y tener hijos.

Lo que casi seguro que desconocen es que la sexualidad es algo más que sexo. Que implica más aspectos que los físicos como el respeto, la intimidad, el placer y el afecto.

Es precisamente en estos aspectos donde la educación sexual está incompleta.

Nuestros hijos e hijas reciben una información mínima y sesgada, lo que provoca que desarrollen su incipiente sexualidad de manera autónoma y sin guía.

Suelen acudir a otros menores, quizás de mayor edad pero igual de inexpertos y desinformados. Es muy raro que pregunten a alguno de los adultos de su entorno.

Esto sucede fundamentalmente por el concepto social generalizada de que «de sexo no se habla y menos con los padres».

Sexo vs pornografía.

Tenemos acceso a internet, a todo tipo de información desde casi cualquier dispositivo electrónico. Una pantalla, una red wiffi y podemos ver, leer o escuchar casi cualquier cosa: textos, imágenes, vídeos con una amplia variedad de contenido. Y por supuesto, pornografía.

Es alarmante observar que la edad de acceso a la pornografía comienza a los 8 años y que a los 14 ya está generalizado.

Con 8 años estamos hablando de niños que se encuentran en 3º de Primaria, están en plena infancia.

Una edad en la que ni su mente ni su cuerpo están preparados para recibir, analizar o procesar esta información.

Sucede que, en la mayoría de los casos, no la están buscando. Acceden a ella de manera accidental, pinchando en un bánner de publicidad o en un enlace que salta en algo que estén viendo. Quedan totalmente expuestos.

Además de la edad, también es preocupante que la mayoría de menores que acceden a contenido pornográfico luego no hablan con un adulto.

No pueden saber cómo de real es lo que han visto. No son capaces de interpretarlo correctamente y probablemente no sepan procesar cómo les ha hecho sentir.

En el mejor de los casos, consultan a algún amigo que suele tener el mismo nivel de desconocimiento, y entre ellos sacan sus propias conclusiones.

Ahora comienzan a generar en sus mentes el concepto de lo que debe ser el sexo y de lo que es el placer.

Cuando llegan a la adolescencia, este concepto pervertido e irreal ha arraigado en sus mentes. Es el ideal de cómo debe ser una relación sexual y se deciden a buscar aquello que han visto. Esto provoca un choque con una realidad que no cumple con las expectativas generadas. Aparecen aquí frustraciones e intentos de conseguir esas imágenes que consideran «lo que tiene que ser».

Sin una orientación clara sobre lo que es la sexualidad, nos encontramos con adolescentes que están perdidos ante sus primeras experiencias sexuales.

Chicos y chicas, que se exponen a peligros físicos (embarazos no deseados, infecciones y enfermedades de transmisión sexual, entre otros).

Que sufren consecuencias emocionales y psicológicas (autoconceptos y autoestimas bajas, banalización de la sexualidad o cosificar o dejarse cosificar por el otro).

Consecuencias que se transformarán en secuelas que les acompañarán a lo largo de su vida.

Padres y madres, educadores, profesores, instructores de actividades deportivas o clases extra escolares, etc. Todos los que participamos y estamos involucrados con niños y niñas, debemos ser conscientes de la responsabilidad que tenemos en su educación sexual.

En ocasiones de manera directa, en otras de forma transversal, debemos actuar con consciencia y voluntariedad a la hora de transmitir valores fundamentales.

El respeto por el otro, la aceptación de las diferencias y de los desacuerdos en las relaciones, expresar cuando algo nos agrada y cuando algo nos desagrada, escuchar cuando el otro lo hace. Cosas que nos parecen muy básicas y evidentes pero que no nos ocupamos por enseñar conscientemente a nuestros hijos.

¿Qué podemos hacer?

Noticias como esta son alarmas que ponen el foco en algo que, lamentablemente, sigue siendo tabú en nuestra sociedad: el sexo.

Hasta que no seamos conscientes de que el sexo es algo tan natural como cualquier otro proceso físico que nuestro cuerpo experimenta.

Mientras que no mostremos a nuestros hijos e hijas que se puede hablar de sexo abiertamente.

En tanto que no tengamos claro que no hay nada de feo o de sucio en el sexo consentido, es muy probable que poco o nada cambie.

Hay una serie de cambios que son imprescindibles.

Necesitamos profesionales que se ocupen de dar información pertinente, acertada y veraz sobre la sexualidad humana.

Es imperativo que en las escuelas y los institutos se impartan clases de sexualidad adecuadas a las edades de nuestros hijos e hijas.

En la sociedad, es fundamental que dejemos de cosificar el cuerpo femenino y de rebajarlo a mero objeto de placer para el hombre.

Padres y madres debemos normalizar hablar del sexo y sexualidad de una forma natural y adecuada al desarrollo de nuestros hijos e hijas.

No es un tema que tenga un solo abordaje, tiene varios y algunos están directamente en tu mano.

Si observas en tu hijo o hija comportamientos peligrosos o inconscientes que tienen que ver con la forma en la que expresa su sexualidad incipiente, en Quiero Psicología podemos ayudarte a abordar el tema de la mejor forma posible.

No dejes para mañana lo que puedes hacer. La salud sexual de tu hijo o hija está en juego.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta