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¿Te ves peor tras el confinamiento?

El confinamiento ha sido una experiencia que nos ha obligado a cambiar unos hábitos por otros, y en general, nuestra actividad física ha disminuido.

¿Cómo te ha afectado esto? ¿Sientes que has cambiado físicamente? ¿Te ves peor?

Al igual que es importante la perspectiva y la mirada con la que vemos lo que nos pasa, también es importante los ojos con los que nos miramos. Si esos ojos que te miran ahora mismo están teñidos por la exigencia, la distorsión o la insatisfacción, probablemente te estés sintiendo incomodo/a contigo mismo, puede que no te guste lo que ves en el espejo, que sientas que has engordado o que estás demasiado delgado/a, que lo que habías conseguido en meses de gimnasio ha desaparecido absorvido en la nada, en definitiva: te gustaría verte y sentirte diferente.

Esto te está generando sensaciones desagradables, hay un malestar general que no desaparece y, probablemente, has comenzado a hablarte peor, a despreciar parte de ti o incluso a tratarte mal.

¿De qué forma te estás tratando últimamente?

La imagen que tienes de ti mismo/a es algo que has ido formando a lo largo de tu experiencia vital. Cómo te veían los demás, los comentarios que recibías, cómo tu abuela puntualizaba si estabas demasiado delgada o demasiado gordo, cómo las modelos eran aclamadas por tener un determinado cuerpo, cómo los hombres en los anuncios marcan abdominal hasta en las pestañas, etc.

En definitiva, has ido creando una idea de lo que la sociedad considera apropiado físicamente, una idea generada por modelos inalcanzables e irreales que, en muchas ocasiones, sufren lo indecible para mantener unas medidas deshumanizadas ajustándose a estándares de belleza y salud que no son, ni de lejos, ni reales ni saludables ni recomendables.

Es inevitable que esto te genere frustración y malestar constante, especialmente por el bombardeo de imágenes y consejos sobre cómo debes cuidarte para estar estupenda o qué desodorante has de usar para atraer a las mujeres como moscas a la miel, que nos llega a diario y desde todos los frentes. Evidentemente, si tu meta es llegar a alcanzar lo inalcanzable nunca estás donde quieres estar.

Puede que a principios de año mantuvieras unas rutinas de ejercicio y/o alimentación que con la pandemia y sus consecuencias han volado por los aires. Ahora, después del confinamiento, no te ves igual que antes. Has dejado de ir andando al trabajo, has dejado de comer sano, has hecho menos ejercicio del que te hubiera gustado por no poder salir, por estar todo cerrado y todo esto hace que no te encuentres a gusto.

Cuanto más te miras, menos te gustas y peor te tratas. Has entrado en un bucle destructivo que te está haciendo daño. Y no va a ir a mejor a no ser que te pongas a ello.

¿Cómo pararlo?

Te dejamos unos pequeños tips para que puedas ir moderando este comportamiento y evitar que se enquiste y se convierta en una forma de malvivir:

  • Observa la forma en la que te hablas.

¿Cuántos adjetivos negativos utilizas para hablar contigo mismo? ¿cuánto te permites equivocarte? ¿cómo te hablas cuando cometes un error? ¿cuánto aprecias las cosas que haces bien?

Este tipo de cuestiones, la forma en la que te juzgas y te hablas, tiene mucho que ver con tu autoestima: si es baja, tu juez interior será inmisericorde e incluso cruel, dando poca o ninguna importancia a los logros que consigues y poniendo siempre el foco en los pequeños detalles que no salieron como tenías pensado.

Si tu autoestima está más equilibrada, serás capaz de valorar lo positivo y aprender de lo negativo, “respondiendo” a ese juez interior con criterio para evitar autoanularte ni sabotearte, mejorando lo que no te gusta y avanzando poco a poco hacia un objetivo real y alcanzable.

Observar este comportamiento, te ayudará a identificar lo que la manera en la que te estás dañando sin darte cuenta y ese es el primer paso para poder cambiar.

  • Escribe una carta objetiva y amable dirigida a cada parte de ti que no te gusta o que ha cambiado.

Permítete escribirle a esas partes lo que no te gusta de ellas, podría empezar así: “Queridos brazos…”, se trata de que seas objetivo/a por lo que los adjetivos subjetivos como “horrible, feo, asqueroso, repugnante” no valen.

Trata de escribir de la manera más objetiva posible, siempre desde la amabilidad, incluyendo en cada parte de tu cuerpo algo que sí te gusta de ella o algo que le agradeces: “gracias piernas por llevarme al trabajo cada día”, “gracias brazos por permitirme abrazar a mis seres queridxs”, algo así con tus propias palabras.

La idea es ser consciente de lo que quieres cambiar dándole un valor positivo que ya tiene y rebajando las sensaciones negativas que te produce.

  • Identifica los pensamientos críticos que aparecen, obsérvalos y no entres a dialogar con ellos.

Céntrate en lo que sí está pasando y lo que sí tienes en ese mismo momento (sigues teniendo buena salud, has mantenido tus relaciones sociales, puedes recuperar tus antiguas rutinas o crear otras nuevas que te satisfagan, etc). Puedes elegir dónde centrar tu atención, escoge aquello que te resulte agradable y que también está pasando, en vez de en lo que no tienes y cómo te gustaría ser.

La idea es ir dejando de lado la figura del juez interior, suavizando esa parte negativa imperante sin eliminar lo que realmente hay, los hechos son los hechos, no queremos camuflarlos sino tener más cosas en cuenta.

Obviamente, estas sugerencias no son la solución, ni a corto ni a largo plazo, pero son un punto de partida en el que puedes comenzar a trabajar desde ya para ir mejorando paso a paso.

Si sientes que te esta situación te genera mucho malestar y no sabes que más hacer para que vaya mitigándose hasta desaparecer, llámanos y trabajaremos para que la imagen que tienes de ti mismo/a deje de hacerte sufrir.