enfermedad crónica

Tengo una enfermedad crónica. ¿Cómo me afecta psicológicamente?

Ser diagnosticado con una enfermedad crónica supone un antes y un después. Cada persona puede vivir este proceso a su manera aunque en este post queremos hablar sobre las consecuencias a nivel psicológico que de todos podemos experimentar.


Es muy importante que comprendas que las emociones que sientes son normales, esto te permitirá digerir, entender y aceptar la enfermedad en tu vida. Además, saber que no estás solo/a en tu vivencia te aportará compañía y calma, siendo esto vital para el afrontamiento diario de tu situación.


Al principio, la medicación, los hospitales, las pruebas, etc, comienzan a ocupar gran parte del tiempo. Pasa todo muy rápido, y no te das cuenta realmente de los cambios que se han producido en tu día a día. Esto es normal y es muy importante que poco a poco vayas elaborando un duelo.

¿Un duelo? Sí, también es necesario cuando algo cambia en tu vida de forma drástica.

El duelo implica adaptar tu vida a una nueva situación. Las diferencias pueden ser muy diversas: perder capacidad pulmonar y que te cueste más subir escaleras; invertir más tiempo en realizar una tarea porque no rindes igual a nivel mental; abandonar determinadas actividades por no poderlas hacer; salir menos por malestar físico; viajar con más dificultad por necesitar condiciones especiales al dormir o al andar, y un largo etc.

Tienes que aceptar que tu vida ha cambiado y eso no es tarea fácil.

Es posible que debido al estado de shock o de negación de la enfermedad, no seas consciente del duelo que te toca iniciar. Es importante que poco a poco vayas aceptando que tienes que trabajar la pérdida e integrar los nuevos cambios que verás y experimentarás en tu vida.

Elaborar el duelo te permitirá entender lo que ha pasado, reducir la frustración, generar alternativas y estrategias de afrontamiento, comprender el abanico de emociones que sientas, aprender a convivir con los cambios, etc.

Una enfermedad crónica afecta sin duda a nivel psicológico y estos cambios repercuten en diferentes áreas de tu vida:

Se puede producir una pérdida de autonomía o independencia.

Esto puede influir en tu rutina o en tus hábitos. Supone de alguna manera perder el control de ti mismo/a, por ejemplo:

  • la obligación de asistir a citas hospitalarias con frecuencia
  • llevar medicación a cualquier lugar al que vayas
  • necesitar ayuda de alguien para moverte, alimentarte ocomunicarte
  • evitar alimentos que antes tomabas
  • no poder hacer algunas actividades o hacerlas con dificultad
  • tener que realizar otras que no son de tu gusto, etc.

Cambios a nivel laboral.

Es posible que tengas que cambiar de puesto o incluso de trabajo. La frustración que puedas sentir al no desempeñar tu cargo como antes puede hacer que te sientas inútil, incapaz, desplazado/a, frustrado/a, etc.

La forma de relacionarte también puede cambiar.

Tus relaciones personales pueden verse afectadas al no poder salir porque te encuentres mal o cansado/a o por no poder realizar determinadas actividades porque tu salud te lo impida o porque tus amigas y amigos no tienen claro cómo tratarte ahora o incluso puede que tú no sepas cómo mantener vivas tus relaciones.

En esta espiral incesante de cambios mantenerse equilibrado y firme a nivel mental es imprescindible y puede suponer un gran esfuerzo.

¿Qué cambios pueden aparecer a nivel psicológico a raíz de una enfermedad crónica?

Depresión o síntomas depresivos.

Tristeza, apatía, poca motivación, frustración, etc. No te apetece llamar a tus amigos/as para que ver plan tienen, te levantas desanimado/a porque piensas que te volverá el dolor, piensas en cómo sería tu día si volvieras a estar como antes, etc.

Ansiedad.

Provocada por miedo ante la duda constante de cómo estarás; miedo a morir; estrés ante el posible dolor; miedo de volver a trabajar por no hacer las cosas al mismo nivel que antes; dudas ante la capacitación para el nuevo puesto; perspectivas y expectativas siempre negativas, etc.

Trastorno adaptativo.

Tu vida ha cambiado. Puede haberlo hecho un poco o por completo y no es fácil aceptar esto de la noche a la mañana.

Adaptarse a la nueva situación te puede provocar emociones encontradas que se mantengan durante demasiado tiempo y se conviertan en un trastorno con una dimensión más amplia.

Culpa.

Es posible que tu cabeza dé vueltas a lo que pudiste haber hecho en el pasado para evitar esta situación actual o que busques justificación constante para resolver estos porqués, apareciendo el arrepentimiento o la culpa, especialmente si tienes a alguien a tu cargo (hijos, familiares…) que también se han visto afectados por esta nueva situación.

Rabia.

Es normal que experimentes multitud de emociones, especialmente de las llamadas “negativas” y más concretamente pueden surgir estallidos de ira. Parecerán incontrolables y quizás aparezcan es las situaciones menos indicadas o en las que “no vengan a cuento”.

Permite que esa ira salga, no es conveniente restringir las emociones cuando surjan, pero hay maneras de aprender a manejarlas y que te enfades o estés más irritable contigo mismo/a o con los que te rodean es algo que se puede gestionar.

Sentimiento de incomprensión.

Las secuelas del coronavirus o enfermedades como la fibromialgia, la fatiga crónica, la endometriosis, la diabetes, el asma, el lupus, etc., suelen ser reconocidas a nivel físico pero ¿qué sucede a nivel psicológico?

Entender una enfermedad sin una causa orgánica aparente puede crear incredulidad o difícil aceptación por parte de algunas personas, especialmente si no la padecen o son incapaces de ponerse en el lugar de los y las demás.

En cualquier enfermedad crónica, más allá de la dolencia física, hay una parte mental fundamental que necesita ser cuidada. Es normal que si por parte de tu entorno o a nivel social no hay apoyo o entendimiento de tu situación, te sientas incomprendido/a y que esto te genere mucho malestar.

No es fácil sobrellevar solo/a los brotes reiterados, las crisis, tomar medicación a diario, cubrir los costes económicos, pasar a ser dependiente en mayor o menor grado o vivir tu día a día con una enfermedad que te acompañará siempre.

Para cuidar tu salud, tanto física como mental, es importante la cooperación y la solidaridad: apoyo familiar, social, asociaciones con personas que estén viviendo lo mismo que tu, etc.

Distorsiones cognitivas.

Según como percibas e interpretes la realidad, tu actitud ante las circunstancias variará. Si solías tender a los extremos, tras un diagnóstico de una enfermedad crónica es probable que pienses “¿porqué todo me pasa a mí?”. Es importante trabajar en reestructurar esos pensamientos que te llevan a tener una visión más negativa de lo que sucede.

Indefensión aprendida.

Es esa sensación de “¿para qué voy a ir al médico si no me va a quitar esto? ¿para qué tomar la medicación si cada vez estoy peor?”. Esto pasa cuando no “controlamos” los síntomas o la propia enfermedad.

Si no gestionas adecuadamente esa sensación, puede llevarte a tomar una estrategia desadaptativa como dejar un tratamiento o no acudir a tus citas hospitalarias, lo que sin duda empeorará la situación ya que seguir las indicaciones de los profesionales siempre será mejor que no hacerlo.
En definitiva, quizás no es fácil vivir algo así pero, con cariño y paciencia, podrás adaptarte y conseguir recuperar el bienestar emocional.

Si padeces alguna enfermedad crónica y necesitas ayuda para integrarla enfermedad en tu vida, en Quiero Psicología trabajaremos contigo para que puedas gestionar, aceptar, afrontar y mejorar tu situación.


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