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Identidad(es) No Binaria(s): Más Allá de las Fronteras de Género.

La conceptualización de identidad de género ha evolucionado significativamente en las últimas décadas y una de las identidades que ha ido ganando más visibilidad es la de las personas NB (no binarias). Esta identidad es una experiencia única y personal que desafía las categorías tradicionales de sexo-género y es complicado definirla como algo generalizable a todas las personas que se identifican con esta categoría.

¿Qué es ser género no binario?

Esta identidad desafía la noción tradicional de género, que en las culturas occidentales suele ser binaria y hace una distinción clara entre lo masculino y lo femenino. Ser nb significa que una persona no se identifica como hombre o como mujer. Cada persona define, vive y expresa su identidad de una forma. Lo que tienen en común es la ruptura del binarismo hombre/mujer visibilizando la problemática que generan estas categorías. Así pues, pueden identificarse como género neutro, género fluido, agénero o cualquier otra identidad que no se ajuste a las convenciones tradicionales.

Pronombres y expresión de Género

En la interacción con otras personas es fundamental preguntar los pronombres. Y, de hecho, es una costumbre que deberíamos tener con todas las personas que conocemos. Independientemente de con qué se identifiquen. Preguntar los pronombres a las personas con las que nos relacionamos rompe de manera transversal con los prejuicios o estereotipos desde los cuales nos relacionamos. No debería ser algo que utilicemos única y exclusivamente con las personas nb o personas cuya expresión de género se salga de la norma. ¿Por qué? Porque precisamente no hay una única forma de ser nb. La expresión de género de las personas que se identifican como nb es diversa y no por tener una expresión de género “más congruente” con su género asignado al nacer es menos nb.

No hay una prueba que te haga ser más o menos nb al igual que no hay una persona que sea más o menos trans por haber realizado modificaciones corporales. Por esta razón, no deberíamos reducir la cuestión de los pronombres a aquellas personas que pensamos que no encajan en las categorías hombre/mujer sino que lo ideal sería que lo hiciéramos con todas las personas.

Algunas personas no binarias pueden preferir pronombres de género neutro como «they/them» en inglés, «elle/ellx» en español. No obstante, esto no es así para todas las personas nb. Muchas de ellas prefieren los pronombres de él o ella y estos pronombres son igual de legítimos y válidos que el pronombre neutro. Sí es cierto que el uso del lenguaje neutro lleva asociada una discriminación y nbfobia concreta por la ridiculización trasgeneracional que la sociedad ha hecho de este lenguaje.

¿Qué es la nbfobia?

Es la discriminación que sufren las personas nb por el hecho de serlo. La más evidente es la falta de reconocimiento de su identidad de género. En España aún nos queda mucho trabajo de educación y visibilización para normalizar esta forma de ser y de estar en el mundo como están el resto de identidades. No obstante, la identidad no binaria sigue siendo ridiculizada, discriminada e infravalorada de manera constante por parte de la población general y las instituciones. Por otro lado, al igual que en la LGTBIQ+fobia, es constante el acoso verbal o físico así como la discriminación en el ámbito laboral, educativo y médico.

Referentes NB o dónde informarme más

Bibliografía

Butler, J. (1990). Gender trouble and the subversion of identity. New York et Londres:  Routledge.

Fausto-Sterling, A., y García Leal, A. (2006). Cuerpos sexuados: La política de género y  la construcción de la sexualidad. Barcelona: Melusina.

Missé, M., y Coll-Planas, G. (2010). El género desordenado. Críticas en torno a la  patologización de la transexualidad. Madrid: Egales.

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¿Síndrome postvacacional o depresión?

Las vacaciones son un momento de relajación y recarga, pero para muchas personas, el regreso a la rutina diaria puede ser un desafío emocional. Este fenómeno se conoce como síndrome postvacacional. Aunque es una experiencia común, puede ser difícil de manejar si no se aborda adecuadamente. En el post de hoy, exploraremos qué es el síndrome postvacacional y ofreceremos consejos para superarlo de manera saludable.

¿Qué es el síndrome postvacacional?

El síndrome postvacacional es una respuesta emocional y psicológica que algunas personas experimentan al regresar a sus responsabilidades laborales, académicas o familiares después de un período de vacaciones. Los síntomas pueden variar desde fatiga y tristeza hasta irritabilidad y ansiedad. Es importante comprender que estos sentimientos son normales y temporales, pero pueden afectar la calidad de vida si no se manejan adecuadamente.

¿Por qué hacemos hincapié en que estos síntomas son normales, aunque sean desagradables?

Porque si hemos estado haciendo planes divertidos y variados, volver a estudiar/trabajar con la presión que eso supone, lo más habitual es que no nos guste demasiado.

Hemos pasado, sin comerlo ni beberlo, de un contexto con mucha estimulación agradable, novedosa e inmediata, a un contexto donde casi todo es impuesto y donde tenemos que esperar al fin de semana para que llegue la tranquilidad y el ocio.

De repente pasas de ser tú quien elige tu rutina, desde a que hora levantarse, como hasta que vas a comer, a un entorno en que tienes que cumplir con muchas obligaciones y muy poca libertad.

Por todas estas cosas, decimos que hasta cierto punto es normal sentir emociones desagradables al volver a nuestra “vida real”. Sin embargo, vamos a comentar algunos tips que pueden ayudar a sobrellevar este período de una forma un poco más amable.

  • Planificación y anticipación: Saber que la transición de las vacaciones a la rutina puede ser difícil es el primer paso. Antes de regresar, establece expectativas realistas y planifica gradualmente la vuelta a tu rutina.
  • Cuida tu bienestar físico: Mantén una dieta equilibrada, haz ejercicio regularmente y asegúrate de descansar lo suficiente.
  • Establece metas y objetivos: Definir metas personales o profesionales para el período después de las vacaciones puede brindarte un sentido de propósito y dirección.
  • Programa momentos agradables: Asegúrate de incluir momentos de relajación y disfrute en tu rutina diaria. Esto puede ser tiempo para practicar la meditación, leer un libro o practicar una actividad que te guste.
  • Planifica tu próxima escapada: No es lo mismo tener dos semanas de vacaciones al año y ya está, que de vez en cuando hacer una escapada de fin de semana, aunque sea al pueblo de tu abuela, donde no tienes que pagar alojamiento.

Sin embargo, si notas que los síntomas son más graves de lo normal o persisten durante un período prolongado, podrían ser indicativos de una respuesta más severa al estrés postvacacional o de un problema subyacente. Aquí hay algunas señales de que el síndrome postvacacional podría ser más grave de lo normal:

  • Intensidad extrema: Si tus síntomas, como la tristeza, la ansiedad o la fatiga, son excepcionalmente intensos y afectan significativamente tu capacidad para funcionar en la vida diaria.
  • Duración prolongada: Si los síntomas persisten durante varias semanas o incluso meses después de regresar de las vacaciones, esto podría indicar un problema más grave.
  • Impacto en el trabajo o las relaciones: Si el síndrome postvacacional está afectando tu desempeño laboral, tus relaciones personales o tu calidad de vida de manera importante.
  • Síntomas adicionales: Si experimentas síntomas adicionales que no son típicos del síndrome postvacacional, como pensamientos suicidas, abuso de sustancias o una fuerte sensación de desesperación, es crucial buscar apoyo profesional de inmediato.

En estos casos, es importante no ignorar los síntomas y buscar la ayuda de un profesional de la salud mental.

Desde quiero psicología podemos ayudarte.

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Depresión y soledad

La depresión es un trastorno mental que afecta el estado de ánimo, los pensamientos, el comportamiento y la salud en general de una persona. Es más que simplemente sentirse triste o desanimada de vez en cuando, como muchas personas puedan pensar.

La depresión es un estado prolongado de tristeza profunda y pérdida de interés en las actividades cotidianas, que puede interferir significativamente en la vida diaria de una persona.

¿Qué se siente en una depresión?

Los síntomas de la depresión pueden variar, pero comúnmente incluyen:

  • Sentimientos persistentes de tristeza, vacío o desesperanza.
  • Pérdida de interés o placer en actividades que antes eran agradables.
  • Cambios en el apetito o el peso.
  • Dificultades para dormir o dormir en exceso.
  • Fatiga o falta de energía.
  • Dificultades para concentrarse, recordar o tomar decisiones.
  • Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva.
  • Agitación o ralentización psicomotora.
  • Pensamientos de autodestrucción o suicidio.

¿Por qué puede ocurrir la depresión?

La depresión es un trastorno complejo y su desarrollo puede estar influenciado por múltiples factores interrelacionados. Vamos a comentar algunas de las posibles causas y factores de riesgo asociados a la depresión:

  • Factores biológicos: Ciertas afecciones médicas, como trastornos hormonales, enfermedades crónicas, problemas neurológicos y desequilibrios en el sistema inmunológico, pueden aumentar el riesgo de desarrollar problemas depresivos.
  • Factores psicológicos: Experiencias traumáticas, abuso físico, emocional   y/o sexual, pérdidas significativas, estrés crónico, problemas de autoestima y otros eventos emocionales pueden contribuir al desarrollo de la depresión.
  • Factores ambientales: El entorno en el que una persona vive puede tener un impacto en su salud mental. Factores como la exposición a situaciones estresantes, pobreza, desempleo, violencia o falta de apoyo social, las expectativas culturales, la discriminación, la marginación y otros factores sociales.
  • Historia personal: Experiencias negativas en la infancia, como negligencia, abandono o abuso, pueden aumentar la vulnerabilidad a la depresión en la edad adulta.
  • Factores hormonales: Los cambios hormonales, como los que ocurren durante el embarazo, el posparto, la menopausia y ciertas condiciones médicas como el hipotiroidismo, también pueden influir.
  • Uso de sustancias: El abuso de alcohol y drogas puede desencadenar o empeorar los síntomas depresivos en algunas personas.
  • Predisposición personal: Algunas personas pueden tener una predisposición a interpretar las situaciones de manera negativa o a sentirse abrumadas por el estrés, lo que aumenta su vulnerabilidad con este tipo de problemas psicológicos.

Es importante tener en cuenta que la depresión puede ser causada por una combinación de estos factores y que no existe una única causa que se aplique a todas las personas. Cada individuo es único y puede tener diferentes factores que contribuyen a su experiencia depresiva.

Sin embargo, hoy queríamos hablar del impacto que puede tener la soledad en la depresión y en la salud mental en general. La relación entre la soledad y la depresión es compleja y bidireccional, lo que significa que la soledad puede contribuir al desarrollo o exacerbación de la depresión, y la depresión también puede llevar a una sensación intensificada de soledad.

¿Pero de qué forma puede influir la soledad en la depresión?

  • Falta de apoyo y aislamiento social: La soledad implica sentirse aislado y desconectado de los demás, la falta de apoyo social y emocional puede aumentar la sensación de tristeza y desesperanza ya que la falta de interacciones sociales y relaciones significativas puede dificultar la expresión y el procesamiento de emociones. Esto puede llevar a la acumulación de emociones negativas y aumentar la carga emocional.
  • Rumiación y pensamientos negativos: Las personas que se sienten solas a menudo pueden caer en patrones de rumiación, que es la tendencia a dar vueltas repetitivas a pensamientos distorsionados. Esto puede intensificar los síntomas depresivos y mantener a la persona atrapada en un ciclo de pensamientos negativos.
  • Falta de actividades gratificantes: La interacción social y las actividades compartidas pueden proporcionar distracciones y experiencias positivas que ayudan a mitigar los síntomas de la depresión. La soledad puede privar a las personas de estas distracciones y actividades agradables que podrían mejorar su estado de ánimo, ya que se expondrían a estímulos que son mucho más reforzantes.
  • Impacto en la autoestima: La soledad prolongada puede afectar a la autoestima y a la apercepción de uno mismo. Las personas pueden empezar a cuestionar su valía y su capacidad para conectarse con los demás, lo que puede aumentar los sentimientos de inutilidad y tristeza propios de la depresión.
  • Efecto en la percepción del mundo: La soledad puede influir en cómo una persona percibe el mundo que la rodea. Puede hacer que todo parezca más sombrío y desolado, lo que se alinea con los síntomas de la depresión.

En resumen, contar con una red de apoyo en el tratamiento de la depresión puede ser sumamente beneficioso para mejorar el bienestar emocional, facilitar la recuperación y brindar un entorno de comprensión y apoyo durante los momentos difíciles.

Si estás experimentando sentimientos de soledad y depresión, buscar apoyo de amigos, familiares o profesionales de la salud mental puede marcar una diferencia significativa en tu bienestar. En Quiero psicología te atenderemos encantadas.

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Por qué la terapia no sirve sin continuidad

Afortunadamente, la salud mental va teniendo cada vez más visibilidad e importancia para las personas. Aunque cuidar de nuestra salud mental no siempre implica iniciar un proceso terapéutico, muchas personas acaban por buscar ayuda profesional, habiendo pasado un espacio de tiempo en el que se ha contemplado la idea o se han buscado profesionales. De estas personas, existe un porcentaje de personas que recurren a profesionales, lo hacen de una forma ineficaz, desde el desconocimiento mayormente, que puede ser perjudicial: desmotivando a la persona hasta que incluso descarte la opción de pedir ayuda, estigmatizando, aumentando el sentimiento de desesperanza respecto a sus problemas, posponiendo un aspecto de autocuidado esencial, etc.).  Por ello, te daremos unas pocas pistas que pueden romper mitos acerca de la frecuencia de la terapia.

Con una sesión me vale

Aunque puedas salir muy contento o con ciertas herramientas a corto plazo de la primera sesión, esto no equivale a una terapia: Una terapia implica un proceso terapéutico con una evaluación e intervención, que por supuesto no puede darse en una sesión (especialmente si no es de 1 hora).

La primera sesión sirve especialmente para averiguar si te sientes cómodo con tu terapeuta y con el tipo de terapia que practica.

Haber puesto en práctica esas herramientas es muy buena señal de que estás motivado para tu terapia y posiblemente de que te sientas a gusto con tu terapeuta, así que ¡enhorabuena! Sigue con tu proceso y aprovecha ese impulso de energía y ánimo, y no te dejes llevar por la emoción del momento que te dice que ya todo está bien. Si aun así sientes que el problema era algo muy puntual y está solucionado, comunícalo a tu terapeuta y espera a ver si esos cambios se mantienen: la terapia no es milagrosa, pero no se puede tampoco subestimar el efecto que tiene sentirnos escuchados, validados y con la confianza de poder enfrentarnos a situaciones y emociones complejas.

Voy cuando lo necesito

Aunque no todos los procesos terapéuticos son iguales, sí que es fácil observar cómo este proceso no suele implicar una mejora de forma lineal nuestro estado de ánimo: existen altibajos, similares a lo que ocurre fuera de las sesiones. Esto puede llevar de forma impulsiva a “volver” a terapia cuando nos sentimos mal, sin aprender a gestionar esos altibajos, sino con intención de “quitarlos”.

De esta manera, la terapia se convierte en intentar apagar fuegos, en vez de poder averiguar que los genera para estar mejor a largo plazo, impidiendo un aprendizaje sostenible.

Además, cuando se recurre a las sesiones de esa forma tan poco constante, es difícil poder trabajar de forma continuada un mismo problema (ya que pueden suceder muchos eventos nuevos en nuestra vida) y estando a un nivel que permita el aprendizaje (teniendo una intensidad emocional muy alta, bajar la intensidad para poder gestionar la emoción puede ser la prioridad).

Si solo vas al gimnasio una vez para fortalecer, a pesar de que hagas mucho en ese entrenamiento, esto no tendrá efectos, y es probable que te lesiones o tengas tantas agujetas que no puedas, ni quieras, continuar con tu objetivo.

«Es que no tengo dinero /tiempo»

Si la frecuencia tan irregular se debe a complicaciones económicas, coméntalo con tu terapeuta para que podáis encontrar una frecuencia que te sea cómoda a la vez que eficaz, se entiende que la terapia es un esfuerzo económico y la idea es poder facilitarla en la medida de lo posible. Si se trata de complicaciones debido a poco tiempo libre u horarios cambiantes, la mayoría de los terapeutas tenemos en cuenta la variabilidad del horario laboral de muchos (si además se tienen varios trabajos y/o labores domésticas), pero puedes comentarlo para definir la disponibilidad que es más recurrente para las sesiones (y confirmar solo entre dos opciones) o en la que cuando podréis definir la sesión (según te entreguen tus horarios, por ejemplo) y puedes considerar la opción de poder tener sesiones online, especialmente para ahorrar tiempo en desplazamientos. Ir a terapia es una inversión de tiempo, no es fácil, pero tu bienestar lo merece.

“Vengo porque me lo ha pedido mi pareja/familia”

En este tipo de casos, hablamos de personas, que si bien hacen un esfuerzo por una persona o tras ultimátums porque quieren conservar la relación que sea, no están inherentemente motivadas en la terapia. Esto no quiere decir que no pueda haber una reflexión posterior y que luego se encuentren motivados, pero los cambios en terceras personas no pueden ser objetivos del proceso terapéutico (“quiero que mi expareja vuelva conmigo, o vea que estoy mejor”): si no eres tú la persona que quiere conseguir un cambio, el esfuerzo no suele ser ni fácil, ni fructífero.

Una variante de esta idea es venir para “ser feliz”, y, aunque es una idea que se promueve mucho en la sociedad, es un concepto idealista que es importante redefinir en términos cuantificables y personales.

Si se busca eliminar las emociones o situaciones desagradables, es probable que la terapia se abandone, puesto que es una parte importante de ella aprender a sentir de forma segura y gestionar lo que solemos evitar de forma intuitiva, pero acaba siendo perjudicial.

Si te decides a iniciar tu proceso terapéutico, de forma seria y para tu crecimiento y bienestar, estaremos encantadas de poder ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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¿Has perdido recientemente a una amiga?

Seguro que muchas de nosotras hemos pasado por una ruptura sentimental y sabemos que una ruptura de una pareja puede ser un proceso emocionalmente difícil, una experiencia dolorosa y traumática, independientemente de quién tomó la decisión de terminar la relación. Es normal sentir una amplia gama de emociones durante una ruptura, incluyendo tristeza, ira, confusión, frustración y soledad.

Sin embargo, es cierto que en la sociedad no se habla tanto sobre la pérdida de una amiga como se habla sobre la pérdida de un familiar o de una pareja. Esto puede deberse a varios factores, como la idea de que las amistades no son tan importantes como otras relaciones, la falta de comprensión sobre lo que significa perder una amiga y la idea errónea de que las amistades son más superficiales o menos duraderas que otras relaciones.

No obstante, la pérdida de una amiga puede ser tan significativa y dolorosa como la pérdida de otros tipos de relaciones. Las amistades pueden ser profundas, duraderas y tener un gran impacto en nuestras vidas. Desde otros modelos relacionales, como por ejemplo la anarquía relacional, las amistades son vistas igual de valiosas y significativas, que las relaciones de pareja, en las que se puede encontrar apoyo emocional, compañía, diversión, conexión, intimidad y complicidad.

Es importante hablar sobre este tipo de pérdidas y reconocer su importancia, de esta forma podemos ayudar a las personas a sentirse comprendidas y apoyadas, y también podemos promover una mayor comprensión sobre la importancia de las amistades en nuestra vida. Además, al igual que en otros tipos de duelo, puede haber diferentes etapas o fases, que varían de persona a persona.

  • Negación: En esta etapa, es común que se niegue la pérdida o se tenga dificultades para aceptar que la amistad ha terminado. Puede haber pensamientos como «esto no puede estar sucediendo» o «tal vez las cosas puedan arreglarse».
  • Ira: En esta etapa, puede haber sentimientos de ira o frustración hacia la otra persona, hacia uno mismo o hacia la situación en general. Se pueden tener pensamientos como «¿cómo pudo hacerme esto?» o «esto no es justo».
  • Negociación: En esta etapa, se pueden hacer promesas o compromisos para intentar recuperar la amistad. Se pueden tener pensamientos como «tal vez si cambio algo, podremos volver a ser amigos» o «voy a intentar hablar con él/ella para arreglar las cosas».
  • Depresión: En esta etapa, se pueden experimentar sentimientos de tristeza, soledad o desesperanza. Pueden aparecer pensamientos como «nunca volveré a tener una amistad como esa» o «no puedo creer que haya perdido a mi mejor amigo/a».
  • Aceptación: En esta etapa, se comienza a aceptar la pérdida y se empieza a buscar formas de seguir adelante. Pueden aparecer pensamientos como «tal vez no podemos ser amigos, pero puedo encontrar otras personas con las que conecte» o «voy a enfocarme en otras áreas de mi vida».

Desde Quiero psicología, queremos brindar una serie de recomendaciones que pueden ayudarte si estas atravesando un proceso similar.

  • Permítete sentir tus emociones: Es normal sentir dolor, tristeza y enfado después de perder a un amigo, permítete sentir y procesar tus emociones.
  • Cuida de ti misma y dedícate tiempo: duerme lo suficiente, haz ejercicio y come bien. Dedica tiempo para hacer cosas que te gustan y disfrutar de actividades que te hagan feliz.
  • No te aísles: A veces ante una pérdida, podemos pensar que el mundo es un lugar hostil y que no podemos confiar en nadie, sin embargo, si hacemos esto no dejaremos de reforzar esa idea y no podremos desmontarla.
  • Sé amable contigo misma: Trata de no culparte a ti mismo, a veces hay muchas variables que influyen y sobre todo recuerda que es algo de dos. 
  • Tómate el tiempo que necesitas: No hay un plazo para superar un duelo de amistad. No te sientas presionada para «superarlo» rápidamente.

Sin embargo, si sientes que ya nada tiene sentido, que has descuidado otras áreas de tu vida y que no puedes tu sola, no dudes en buscar ayuda profesional, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte.

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Acompañar un duelo: no sé cómo ayudar

Durante la vida, las personas que nos rodean y nosotros vivimos muchos duelos, desde una separación o divorcio, hasta el fallecimiento de un ser querido. Aunque pueda parecer que se respeta hoy en día los duelos, especialmente los fallecimientos (porque el duelo parece estar más justificado al conllevar una muerte física), se puede caer fácilmente en respuestas y frases estereotípicas, que suelen hacer más daño que bien. Te daremos unos consejos para poder acompañar a personas cercanas en su proceso de duelo.

1. El duelo es de la persona, no tuyo.

Aunque el impulso de dar opinión, consejos o ayuda puede ser muy fuerte, cada uno lleva el duelo de diferente manera y su experiencia es lo único que importa. Puede que tú hicieras las cosas de diferente manera en un duelo similar, o que hayas visto lo que puede funcionar, pero no intentes imponérselo a esa persona. Como acompañante, solo puedes estar presente, dar tu amor y apoyo, aunque no tengas respuestas o soluciones.

2. Anticípate ayudando en las pequeñas cosas.

Si esperar que esa persona te pida ayuda, seguramente no lo haga, ya que en este momento estará en modo “supervivencia” y no tendrá la energía o el interés para identificar qué necesita y a quién pedírselo. Por ello, intenta anticiparte avisándole de forma concreta como estarás ahí (por ejemplo, estaré de 5 a 7 el lunes, para ayudarte a pasear al perro). Es importante que estemos presentes y accesibles, sin agobiar y dándoles espacio.

También puedes ayudar en tareas recurrentes y aburridas que puedan aliviarle la carga del día a día, como pasear al perro, recoger el correo, hacer la compra, etc. Ten en cuenta que otro tipo de tareas pueden ser más delicadas, y que debes preguntar primero, ya que pueden ser significativas para la personas (aunque no para ti), especialmente si son reversible, como limpiar la casa o lavar la ropa: puede que esa botella vacía que vas a tirar, para ayudar de la mejor manera, sea la última cosa que una persona difunta tocó, o que el olor de una camiseta sucia sea algo a lo que esa persona se aferre.

Si se trata de tareas relativas al duelo (organizar el funeral, repasar los bienes en común, recoger la ropa de la expareja, etc.), ofrece la ayuda que quieras y puedas dar: aunque sea esa persona quien vaya a decidir, puedes acompañarle, haciéndoselo más ameno.

3. Céntrate en el presente.

Surgen de forma natural los comentarios sobre el pasado o sobre el futuro, pero no ayuda hablar de qué ocurrirá (con frases generalizadas como “todo estará bien”), ni del bienestar o felicidad que hubieran experimentado anteriormente (“al menos disfrutaste de esta persona años”). Es el momento de sentir el malestar, no podemos quitárselo y es injusto invalidar su dolor o menospreciarlo porque hubiera buenos momentos o porque creamos que el futuro será mejor (porque no podemos garantizarlo). Céntrate en lo que sabes al 100%: “esto duele, ahora mismo se siente fatal, estoy aquí para acompañarte y te quiero”.

4. Esto no tiene nada que ver contigo.

Durante el duelo, la persona puede pasar por muchas emociones y tiene derecho a sentirse desbordado. Esto puede generarte malestar, ya que puede herir tus sentimientos, ya sea por comentario que realicen o porque necesiten un espacio a solas (o en el que tú no estés). Ahora mismo, esa persona no puede cuidarte ni cuidar vuestra relación, no porque no quiera, sino porque no tiene espacio mental o energía para ello. No te lo tomes como algo personal, y busca apoyarte en otras personas, especialmente si decides estar presente mientras hace su duelo.

Especialmente, si su duelo resuena con el tuyo, o te genera mucho malestar presenciar el dolor de alguien, recuerda que tienes derecho a retirarte, ya que estar presente mientras alguien al que quieres sufre no es NADA FÁCIL.

5. Designar una persona que filtre el resto del mundo.

La cantidad de personas que quiere ayudar o la cantidad de información que recibir del mundo exterior pueden ser demasiado para la persona. Intentad elegir a una persona cercana y de confianza (o si eres tú) para ser el puente con todas esas personas que quieren dar o recibir información, para poder reducir lo abrumador que puede ser. Además, es importante poder normalizar el duelo, especialmente si te preguntan por esa persona: verbalizar que el duelo no tiene tiempos establecidos y que las reacciones son variadas (incluso poco consistentes, estando mejor en algunos momento y en otros peor).

Si tu duelo, o el de un ser querido a tu alrededor, se está complicando, no dudes en contactar con nosotras, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar todas las emociones y situaciones que aparezcan

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Lo duro de ir a terapia

Mucha gente llega a terapia con una idea errónea de lo que es el cambio, de lo que es adquirir herramientas emocionales para tener más recursos.

En general, se cree que el cambio será todo coser y cantar. El paciente viene a terapia pensando: este síntoma tan molesto que tengo me lo quitan y ya está.

Error. El síntoma no se quita. El síntoma se interpreta lo que significa, lo que está expresando para poder saber de dónde viene: si es que te cuesta decir que no, si es que tienes miedo a las personas de autoridad, si es que tu autoestima está dañada, si es que pasaste por una pareja tóxica y un largo etcétera.

El paciente se sorprende al descubrir que la causa estaba en otro sitio. Algunos en este proceso abandonan porque quieren quitarse el síntoma molesto pero no “remover la mierda”. Muchos perfiles evitativos huirán.

Pero, oh sorpresa, para mejorar el dolor no se puede rodear. El dolor se atraviesa. Sólo de esta manera saldrás del otro lado sintiéndote más fuerte y mejor.

Ahora, si eres tan valiente como para seguir trabajando en ello (o ya lo has sido), enhorabuena, pero ahora entrarás (o habrás entrado ya) en un camino que a ratos se puede hacer muy duro.

¿Qué tiene «malo» ir a terapia?

Un tabú del que no se habla es de lo que te espera ahora. Si haces una terapia profunda y completa adquirir esas herramientas emocionales te hará más sabio o sabia, hará que identifiques lo que te hace daño, tus traumas, tu forma de querer y la forma en la que te han querido pero también te hará ver el mundo de una forma que hasta ahora no lo has contemplado. Y eso no siempre se va a sentir como fácil.

Te relato aquí alguna de las cosas más clásicas que puedes o has podido experimentar:

  1. Ves más claro a las personas que te rodean, para lo bueno y para lo malo. Te darás cuenta de que alguna (o mucha) de la gente que te rodea es tóxica, manipuladora o simplemente sin ningún recurso emocional y te pondrá en la duda de cortar, cambiar o alejarte de relaciones. Spoiler: lo harás. Y dependiendo de la relación puede ser muy costoso emocionalmente, habrá momentos donde preferirás no haberlo visto. Pero al final nunca te arrepentirás, quizá conserves menos personas en tu vida, pero éstas no te harán sentir solo, no te criticarán y hundirán tu autoestima.
  2. Ves el mundo mucho más claro: cuando de repente aprendes sobre tipos de apego, formas de manipulación, características tóxicas, tipos de personalidad, etc, te das cuenta mucho más rápido y mejor de quién hace qué y porqué. Sin embargo: la gente de tu entorno no lo hará. Muchos te negarán esa realidad que ahora ves, la minimizarán, te dirán “ya conoces a fulanito”, “te tomas todo muy a pecho” o “es que es tu madre”. Esto te puede hacer sentir solo o ignorado. Te encuentras en un mundo de repente, que, de nuevo, tampoco te arrepentirás al final haber descubierto, pero sé consciente de que lo verá menos gente, porque sólo lo ve la gente que ha trabajado en ellos mismos, en asumirse y conocerse. Y esto no abunda tanto.
  3. Te darás cuenta de tu historia vital: probablemente descubrirás traumas (porque todos tenemos) sobre ti, tu familia, amigos y parejas y esto provocará que pases épocas en duelo, triste o enfadado. Es necesario cambiar la historia errónea que te habías contado, es necesario quitarte culpas que nunca debiste tener, responsabilizar a los otros de lo que te hicieron y otras cosas te harán verte a ti mismo de una manera distinta. Cuando avances verás cómo tu autoestima crece, cómo atraviesas esos dolores, pero no siempre será todo sencillo.

¿Merece la pena hacer terapia?

Con esto quiero decir que todo el que se somete a un proceso de terapia se verá reforzado, mejorará y sentirá que cambia su vida, pero no es todo un camino de rosas. Por eso es de admirar a todos aquellos pacientes que se someten a estos procesos de cambio, algunos de ellos lo hacen pensando que son débiles porque tienen ansiedad o están deprimidos o les agobia los exámenes. Pero nada más lejos de la realidad, todo lo contrario: es mucho más valiente intentar mejorar todos los días y enfrentarse a lo que nos duele que quedarse en el mismo sitio sin hacer nada.

Si has elegido empezar (o ya llevas tiempo en un proceso de terapia) sólo puedo decirte que estés orgulloso de ti, que todo ese dolor que ahora sientes se disipará. Atraviésalo, que del otro lado te espera algo mejor.

Y si no, y quieres empezarlo, en Quiero Psicología te estamos esperando.

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Gestionar emocionalmente un cambio laboral

En la actualidad vivimos una situación de incertidumbre debido a los problemas que la inflación pueda estar provocando, esto se ve reflejado en el panorama laboral. Muchas personas se ven obligadas a cambiar constantemente de trabajo para buscar aquellos objetivos laborales que necesitan o mejorar las condiciones salariales que les permita tener una vida.

Últimamente, observamos mucho en los medios de comunicación como en especial, los jóvenes, se pueden ver afectados por los cambios o la incertidumbre laboral. En terapia también observamos la demanda de muchos jóvenes con inseguridades y miedo a cambiar de trabajo o verse en situaciones totalmente precarias. Hay que tener en cuenta, que muchos jóvenes hoy en día tienen una formación muy amplía y están muy cualificados para poder avanzar en su profesión.

Sin embargo, es muy significativo cuando comprobamos que a pesar de toda la preparación adecuada, se ven sometidos en trabajo precarios y abusivos, en los que además no son valorados profesionalmente. Todo esto puede conllevar una inestabilidad emocional, además de afectar gravemente a la autoestima.

Algunas demandas en terapia más allá de ayudar a gestionar dichos cambios, también nos hacemos frente ante despidos improcedentes con alegaciones incoherentes o la privación de  renovaciones contractuales con la única finalidad de tener contratos temporales que permitan mayor ahorro económico por parte de la empresa. Debido a estas situaciones, mucha gente acaba optando por la posibilidad de opositar, pero este camino tampoco es fácil ya que, conlleva un cambio importante en el modo de vida.

Todos estos factores pueden perjudicar a la estabilidad emocional de una persona. ¿Cómo podemos gestionar emocionalmente los cambios laborales?

  • Deja fluir las emociones,  al contrario de lo que opinan muchas personas, reprimir las emociones solo nos puede perjudicar. Respetemos nuestro momento de indecisión, nuestro miedo o nuestra rabia. Son emociones necesarias y está bien vivirlas para que puedan ser pasajeras y no se queden enquistadas.
  • Aceptar la situación, es mejor focalizarse en aquello que sí podemos gestionar o controlar por nuestra parte que frustrarnos por acontecimientos o cambios que no están en nuestro poder.
  • Busca tus refugios externos, aquellos sitios o momentos del día a día que te permite resetear y afrontar los cambios desde otro punto de vista.
  • Focalizate en los aspectos positivos del cambio, en ocasiones puede provocar mucho vértigo cambiar de trabajo o asumir nuevos patrones en un mismo puesto laboral, pero puede que dentro de estos cambios se dé una oportunidad buena, busca aquello que puedes ganar con el cambio.
  • Valora tus cualidades laborales, y manten objetivos profesionales a los que quieras llegar y ponte a ello, actuación para alcanzarlos.
  • Siempre te puedes apoyar en tus seres queridos, te puede ayudar a despejar la mente y valorar la situación desde otra perspectiva.

Por otro lado, nos podemos ver en la situación de interrumpir nuestro ejercicio profesional en contra de nuestra voluntad. ¿Qué pasa si me han despedido?

El despido es un duelo como otro cualquiera y necesita pasar una serie de fases que nos permita gestionar lo sucedido.

  • Negación. A veces es muy díficil reconocer la situación acontecida. Esto puede conllevar rabia y frustración constante posicionando a la persona en irritabilidad constante.
  • Negociación, en esta fase nos intentamos autorregular utilizando frases como, “todo va a salir bien”.
  • Tristeza, esta fase se caracteriza por un sentimiento de vacío e incertidumbre, esto provoca una desmotivación profunda. Es importante tener en cuenta que los motivos de despedido, en ocasiones, van más allá de nuestras cualidades y profesionalidad.
  • Valoración de la situación, se revisa los aspectos de la organización y se empieza a valorar nuevas oferta de empleo.
  • Aceptación, que consiste en reconocer de forma sincera la situación y aceptarla, sin buscar culpables y asumiéndola. Es un proceso de adaptación a la nueva situación, sin resignación.

Cualquier cambio laboral o situación de desempleo  es un factor estresante que en ocasiones sea difícil de gestionar, por ello, no dudes en contactarnos desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Duelo ambiguo: estar sin estar

A lo largo de nuestra vida, experimentamos muchas pérdidas, lo que lleva a que realicemos muchos duelos: ya sea por personas o animales que han fallecido, parejas que ya no forman parte de nuestra vida o pérdidas materiales, que, aun siendo materiales, pueden significar mucho para nosotros, como mudarse de la casa familiar.

Además de lo complejo que puede ser un duelo, existe un tipo de duelo que puede ser especialmente difícil, se trata del duelo ambiguo. En este caso, la pérdida no es total, ni completamente tangible, a pesar de estar ocurriendo: se trata de una pérdida ambivalente que sucede de forma confusa, no permitiendo a la persona despedirse o asimilar el cambio de realidad. Esto puede mantener el dolor y prolongar el duelo, desgastando a la persona.

¿Qué casos podrían ser duelos ambiguos? Puede ser el caso de personas físicamente ausentes, pero presentes emocionalmente, por ejemplo, desapariciones, adopciones, migraciones o incluso divorcios. O también pueden ser casos en los que las personas siguen físicamente presentes, pero ausentes emocionalmente, como serían los casos de personas con enfermedades degenerativas como Alzheimer o demencias.

Los duelos ambiguos pueden generar:

  • Emociones de injusticia, soledad, ansiedad, rabia, incomprensión e incluso indefensión. No solo de cara a la pérdida, sino también pueden estar dirigidos hacia uno mismo por verse en esa situación o sentirse sobrepasado por estas emociones.
  • Una emoción intensa de incertidumbre y confusión, que puede aumentar los niveles de ansiedad y de estado de ánimo, provocando irritabilidad y explosiones emocionales
  • Sentimientos de bloqueo o paralización, sintiendo que no se puede retomar o avanzar, incluso culpa ante la posibilidad de hacerlo o al hacerlo.

Todo esto puede conllevar a la evitación experiencial, es decir tener conductas o hábitos (como el abuso de medicación, drogas o alcohol) para no sentir estas emociones, lo cual puede tener el efecto contrario, cronificando el duelo y complicando el proceso.

Algunas pautas que pueden ayudarte:

  • No hay formula mágica para el duelo, pero tomarse un tiempo para asimilar como ha cambiado la situación y aceptar el malestar que estás pudiendo sentir es importante. Aunque nos gustaría acelerar estos momentos para pasar a “estar bien”, es importante elaborar este duelo y pasar por todo el proceso, no hay prisa.
  • Puedes dedicarte un momento para comprobar como te vas sintiendo emocionalmente con un diario o simplemente con unos minutos de reflexión diaria, sin juzgar si lo que sientes es “normal”, lógico o malo. Sé compasivo contigo mismo. La incertidumbre es de las emociones más desagradables y difíciles de gestionar para la mayoría de las personas, que te esté costando, no quiere decir nada sobre tu valía, tu capacidad, ni sobre ti.
  • Aunque puede suponerte un gran esfuerzo, intenta cuidarte mucho en estos momentos, o puedes pedir a personas que te conozcan que te ayuden a iniciar ese autocuidado.
  • Es importante sentirse acompañado en cualquier proceso de duelo, especialmente si es ambiguo. Apóyate en personas de tu círculo cercano, con las que te sientas comprendido y acogido. No es necesario que nos den “soluciones” o que nos quiten el malestar, solo que nos acompañen.

Busca una forma que sea significativa para ti de poder despedirte de esa persona, existen muchos rituales de despedida, pero valora de qué forma te gustaría a ti o a esa persona, honrar vuestra relación y cerrar este momento de incertidumbre. A veces ese ritual puede repetirse, especialmente al principio, para cuando necesites estar en contacto con esa persona o recordarla desde el cariño y la aceptación (por ejemplo, visitar el lugar donde hiciste ese ritual).

Si no sabes si has cerrado el duelo y quieres saber síntomas que podría generarte también puedes leer nuestro anterior post aquí.

Si ves que sigues teniendo dificultad para gestionar ese duelo ambiguo o las emociones que te está generando, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Llora tus pérdidas

Muchas veces en esta vida (por no decir prácticamente todas) nos han enseñado a evitar las emociones negativas, en especial, la tristeza.

¿Por qué?

Hay la creencia generalizada de que sufrir no «sirve» para nada. Esta actitud totalmente racional y utilitarista en realidad no encaja en nuestro mundo emocional (y por lo tanto irracional). Nuestro cerebro, nuestro cuerpo, no entiende ese mensaje frío al que le intentamos someter.

Si no lloras una pérdida (o cualquier otra cosa importante) eso se te quedará atascado y empezará a provocar otros problemas.

Te pongo un ejemplo muy visual: Si tu vas llenando un vaso y no lo vacías en algún momento rebosará e inundará el espacio alrededor. Pues así vivimos, sólo que esas inundaciones provocan otros síntomas, que, la mayoría de veces ni siquiera los relacionamos con esa pena.

Y tú te preguntarás ¿pero qué consecuencias puedo tener? o ¿cómo puedo saber si tengo algo que no he llorado y me está afectando?

Rabia

Una de las formas más habituales que tiene nuestro cuerpo de tratar de paliar estas «inundaciones», o acumulaciones de tristeza, es la ira.

¿Por qué? porque la ira viene a defendernos de aquellos o de aquella cosa que pensamos que nos hizo daño. Puede ser que de repente te notes irritado con los que tienes alrededor o especialmente con una persona pero no sabrías ni decir por qué. En el caso de duelos no resueltos puede que incluso estés enfadado con esa persona que te abandonó o que se murió. O en el caso de duelos de pareja no resueltos puede ser que te enfades sin motivo con tu nueva pareja.

La rabia es muy tentadora porque nos evita la tristeza y es normalmente bien acogida por el entorno («sí, sí, tu ex es un cabrón») pero a la larga no dará buenos resultados, sólo hará que se te quede atascada esa pena y cuanto más tiempo pases sin mirarla peores problemas te puede provocar como por ejemplo sabotear nuevas relaciones trasladando el trauma que te dejaron y actuando a la defensiva con quien no tiene la culpa.

Evitación máxima

Otra manera de no afrontar es precisamente esta, evitarlo todo. De repente todo lo que rodea esta tristeza se transforma en tabú, en secreto, se cambia de tema. Esto es muy típico verlo en las familias, por ejemplo aquel tío tuyo que abandonó a tu tía y de lo que no se habla, aquel abuelo que murió del que no te queda ni una foto, o aquella persona que murió pero que su casa sigue sin haberse movido un ápice en el tiempo con todas sus pertenencias en su sitio. O ese ex que parece que ni pasara por tu vida porque jamás hablas de él.

Pudiera parecer que la pena desaparece porque se entierra, pero no desaparece, de hecho cuando ese tema salga notarás que te activas, que sube tu ansiedad, o que te derrumbas interna o externamente (llanto descontrolado, rabia o ansiedad como si hubiera pasado ayer).

En casos extremos esto puede llevar a una disociación, es decir, ni siquiera recuerdas que aquello pasara, hay una laguna en tu memoria porque tu cuerpo asumió que no podía llorarlo en ese momento y ahí se quedó. Incluso puede haber una disociación aún más complicada, lo recuerdas y a pesar de que sabes que debería de ser dolorosa ya no sientes nada, lo cuentas como si contaras que ayer comiste macarrones.

En todos estos casos ocurre lo mismo, notas síntomas, emociones desbordantes, sin venir a cuento, algunas de ellas ya no sabes ni de dónde narices te vienen.

Otras

Hay otras muchas consecuencias, por ejemplo que distorsiones tu memoria para que encaje el recuerdo en otro relato del acontecimiento menos traumático (pero que te lleva a culparte o a narrarlo de forma que afecta a tu vida), ponerte a cuidar desmesuradamente a los demás para negar tu propio sufrimiento, hacerte el fuerte continuamente para que los demás no sufran o para no romper tu autoimagen, etc…

¿Qué hago entonces con mis penas y pérdidas?

Pues lo que te voy a decir no es una novedad, y es algo, que aunque pueda parecer sencillo, muchas veces no lo es: Llóralas.

Nuestro cuerpo necesita atravesar ese sufrimiento, entender que esa pérdida ha sucedido para poder adaptarse y readaptarse. Necesitas parar y darle importancia a tu dolor. Sé que una de las principales pegas aquí si la tristeza es muy profunda será ¿pero y si me pongo a llorar y no paro nunca?¿y si me deprimo?

Créeme que el cuerpo tiene sus propios mecanismos para volver a salir a flote, y lo que lloras hoy no tienes que llorarlo mañana. En mi metáfora del vaso verás como se va vaciando aunque a veces pases ratos donde puedas pensar que te ahogas.

Cómo en algunas situaciones este puede ser un proceso difícil, y en ocasiones, dependiendo del tema, incluso puede ser largo, aquí te dejamos una serie de consejos. Pero para lo que necesites estamos formadas en ello y te podremos acompañar para que te liberes de aquello que tanto te cuesta.