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Duelo perinatal (II)

Hace unos meses, se escribió un artículo sobre el duelo perinatal orientado a aconsejar a personas cercanas a como tratar la situación desde la delicadeza, comprensión y valoración de las emociones de las personas que han sufrido la pérdida. Por ello, se identificaban las emociones más comunes en este proceso de duelo y que consejos seguir para que la gente de alrededor pueda apoyar. En este post queremos profundizar sobre ello.


Antes vamos a identificar diferentes términos desde los conceptos obstétricos.


Muerte fetal


Es la muerte del producto de la concepción antes de la expulsión o su extracción completa del cuerpo de la madre, independientemente del tiempo de duración de embarazo. Se divide en:


Muerte fetal temprana
:
Todas las muertes desde la concepción hasta la semana 22 de gestación. Estaríamos hablando aquí de los abortos.


Muerte fetal intermedia:
Muertes fetales que tienen lugar entre la semana 22 y la 28 de gestación.


Muerte fetal tardía:
A partir de la semana 28 de gestación.


Muerte neonatal:
Es la muerte del recién nacido en las primeras 4 semanas de vida (28 días).


Muerte neonatal precoz:
Del recién nacido en los primeros 7 días de vida.


Muerte neonatal tardía:
Del neonato desde los 7 días completos hasta los 28 días completos de vida.


El duelo siempre es una situación muy difícil de afrontar. El duelo perinatal como se comentó en su momento, ocurre por la pérdida durante el embarazo o incluso en momentos posteriores al parto.


Ocurren dos sucesos; la vida y la muerte. La madre gestante se prepara para dar vida y recibe un choque extremo. Este duelo tiene un componente hormonal muy elevado que va dirigido exclusivamente a la maternidad. El vínculo con el bebé se desarrolla desde el primer instante e incluso antes de llegar al embarazo, el deseo de tener un hijo es un factor muy importante.

El fallecimiento de este conlleva una ruptura abrupta con todas las expectativas futuras e ilusiones creadas. Este dolor se ve incrementado cuando las mujeres de forma natural generan prolactina (hormona que genera la leche materna) junto con cortisol (hormona del estrés) creando un cóctel hormonal muy difícil de gestionar. Cabe destacar que biológicamente hablando es incomprensible la pérdida de un hijo.


¿Cuál es el proceso natural de un duelo?


El duelo perinatal, también tiene unas fases previas a la aceptación:

Negación: Shock emocional.

Regresión: Tristeza extrema que conlleve comportamientos viscerales y explosivos.

Enfado: Ira desbordada enfado con todo y con todos.

Culpa: Culpabilizarse por no haber podido hacer “nada”

Desolación: Tristeza de impotencia y reconocimiento de que no podíamos haberlo cambiado.

Acción: Empieza la movilización.

Aceptación: Comienza la cicatrización. Hay una diferenciación entre la pérdida y como persona individual.

Parece que cada vez más se esta visibilizando esto duro proceso, debido a las pérdidas que han tenido algunos famosos, no obstante, esto sigue siendo un gran tabú. Como sucede con todos los tabús, el silencio e ignorar estos sucesos no favorece al afrontamiento, sino que desprotege, lo que conlleva que no haya una formación real y completa en algunos profesionales. No existe ningún protocolo específico de intervención en estas situaciones. Por ello, es necesario conocer como intervenir en los primeros momentos más críticos de la pérdida.


Método LAST (ERST):


El método LAST (en inglés) es un método que permite a los profesionales de la salud, tanto médicos como enfermeros y psicólogos, apoyo principal en el momento de mayor emergencia. Es muy importante una adecuada intervención desde el principio.


Escuchar (listen) activamente las necesidades y emociones que están experimentando las personas afectadas.
Reconocimiento (acknowledgement), la validación por parte de los profesionales del sufrimiento que están sintiendo, esto permite que el autocuestionamiento de los padres se reduzca considerablemente.
Apoyo (support), la comunicación y la compasión son factores beneficiosos para la familia. Sería oportuno que el profesional pudiese facilitar información necesaria sobre grupos de apoyo y terapias.
Tacto (touch), la comunicación no verbal es muy significativa a la hora de que la familia sienta el apoyo necesario.

Películas recomendadas sobre el duelo perinatal:
• Fragmentos de mujer (2020)
• Volver a cero (Return to Zero) (2014)
• El amor y otras cosas imposibles (2011)
• La memoria del agua (2014)

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Enfermedades psicosomáticas: cuando el cuerpo habla

Es probable que al leer el título del post te hayas preguntado qué son las enfermedades psicosomáticas. Para entenderlo mejor, pondremos dos ejemplos.

Imaginemos a una mujer que durante unos meses ha sentido dolor en una mano. Ha sufrido un periodo de estrés agudo en el que ella no ha reparado. Ante esa preocupación, acude a diversos médicos y tras varias pruebas no hay explicación orgánica para su molestia. Es posible que continue por una peregrinación a diferentes especialistas sin obtener una respuesta.

Imaginemos ahora a un hombre recientemente separado. Su mujer ha roto la relación y él no se esperaba esta decisión. Se ha aislado de su entorno y siente mucha rabia constante desde que ocurrió. Ha sufrido un infarto de miocardio.

Estas situaciones se diferencian en que en el primer caso la persona está sufriendo una dolencia que no puede explicarse desde un diagnóstico médico. En el segundo caso, la afección psicosomática se presenta en forma de enfermedad (infarto). A su vez también tienen algo en común y es que ambas pueden ser abordadas desde la medicina psicosomática, puesto que en los dos casos los factores psicológicos están implicados.

No hay mente separada del cuerpo.

¿Qué es la psicosomática?

Inicialmente el término “trastorno psicosomático” se refería a aquellas enfermedades cuyo inicio estaba relacionado con factores psicológicos. En su concepción más actual, no se reduce a eso, sino que se considera que el desarrollo de una enfermedad surge en un sistema donde el cuerpo, el individuo y su contexto están en constante interacción. De hecho, la OMS define la salud, no como ausencia de enfermedad, sino como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”.

¿Cómo se presentan en nuestra vida?

Es más que probable que en determinado momento de tu vida hayas sufrido problemas de acné repentino. No es casualidad que muchos síntomas físicos sean dermatológicos, es la superficie que nos separa del entorno y donde se plasman las emociones. De ahí frases como “tienes la piel muy fina” “tengo la carne de gallina”.

En el siguiente listado, aparecen los tipos de enfermedades psicosomáticas más frecuentes.

  • Diabetes
  • Afecciones gastrointestinales: síndrome de intestino irritable, úlceras
  • Afecciones cardiovasculares: hipertensión, infarto de miocardio.
  • Dermatología: acné, eczemas, psoriasis, alopecia areata, dermatitis
  • Trastornos del sueño
  • Aparato respiratorio: ej. asma
  • Dolor crónico: Fibromialgia, artritis reumatoide
  • Migrañas, cefaleas tensionales

Factores influyentes en la vulnerabilidad a las enfermedades

Experiencias tempranas y estrés:

En las primeras experiencias vitales cualquier elemento resulta novedoso y requiere de una respuesta para su adaptación y posterior integración. Numerosos estudios han relacionado la importancia de las figuras de apego para la regulación de estas primeras experiencias. Si el cuidador principal no traduce esta experiencia en elementos entendibles para el menor, este evento generará miedo y desconcierto y asumirá creencias erróneas sobre sí mismo y el mundo. A veces afectará generando una hiperactivación del eje de estrés y también se ha observado que en función de la experiencia puede generar una baja activación del mismo como una forma de desconectar de la situación y tener cierta seguridad. Sea como fuera, su implicación futura es importante ya que, si tanto por exceso como por defecto el cuerpo no reacciona en proporción con la carga de estrés, no se produciría la adaptación adecuada dejando al cuerpo en una situación de alta vulnerabilidad.

Eventos traumáticos:

Cuando una situación supone un alto impacto emocional hay una desconexión con la parte del cerebro que integra toda la información de la experiencia, pero quedará recogida en el cuerpo en forma de sensaciones. El trastorno psicosomático es el lenguaje del cuerpo cuando no podemos poner en palabras algo que nos sobrepasa. Se bloquea el sufrimiento, pero se abre una puerta a la expresión mediante la enfermedad del cuerpo.

Red de apoyo social:

La red de apoyo es un factor de protección de la salud puesto que ayuda a disminuir los niveles de estrés y por ende disminuye la vulnerabilidad a enfermar. Indudablemente, si se ha desarrollado enfermedad tener una red de apoyo ayuda a soportar el impacto emocional que supone recibir un diagnóstico y puede contribuir favorablemente al curso de la enfermedad.

Factores de protección de la salud:  

Hace referencia a la relación de estilos de vida insanos y el desarrollo de enfermedades frecuentes como por ejemplo la diabetes.

¿Cómo puede ayudar la terapia?

Como hemos comentado el estrés juega un papel fundamental en el desarrollo y evolución de las enfermedades, por lo tanto, la terapia puede ayudar a adoptar estrategias de afrontamiento más adaptativas y adquiriendo herramientas para el control de la activación.

También se ha relacionado la presencia de trastornos psicosomáticos con la alexitimia (literalmente significa “sin palabras para las emociones”). Desde la terapia se puede abordar trabajando en la regulación emocional, puesto que ayudar a identificar y a gestionar las emociones va a contribuir a que disminuyan los niveles de estrés y malestar.

Señalamos al inicio del post, que la mente y el cuerpo son un todo en sí mismo. Desde esta visión podemos entender que trastornos comunes como la ansiedad y la depresión van a dejar al cuerpo en una situación de vulnerabilidad por el propio desgaste de hacer frente a la situación de malestar. Asimismo, desarrollar una enfermedad con frecuencia se relaciona con la presencia a posteriori de ansiedad y/o depresión. Por tanto, la terapia puede ayudar a abordar esta sintomatología con el fin de disminuir su interferencia en su día a día y aumentar la calidad de vida de la persona.

Es importante ver en qué contexto y momento se ha desarrollado la enfermedad, puesto que a veces el órgano dañado es un símbolo, como si el cuerpo supiera algo que la mente no.

En estos casos, la terapia puede ayudar a acceder a este evento traumático, poder procesar la información e integrarla con su propia historia.

Si ahora estas sufriendo una enfermedad y te has sentido identificado con lo comentado, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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El impacto emocional de la Guerra en Ucrania

La Guerra en Ucrania es una situación que nos está afectando, tengamos familiares o amigos en Ucrania, y seamos de la nacionalidad que seamos. Muchas personas, especialmente aquellas con lazos con el país y aquellas altamente sensibles, se sienten sobrepasadas por el clima actual.

Algunas consecuencias que se pueden experimentar son:

  • Pérdida de esperanza o fé en la humanidad. Para muchos, la rapidez con la que ha escalado la situación, así como la guerra en sí, parece surrealista. Es fácil que las creencias de que el mundo tiene sentido, la gente es buena o el mundo es seguro, se puedan quebrar en estos momentos.
  • Emociones desagradables intensas. Según obtenemos más información al respecto de los eventos, podemos experimentar emociones de impotencia, injusticia, rabia, tristeza o desesperanza. Aun siendo emociones muy desagradables, son reacciones adaptativas ante una situación tan excepcional como la que estamos viviendo. 
  • Miedo, inseguridad, incertidumbre y ansiedad. La cercanía del conflicto no quiere decir que éste no pueda impactarnos: desde pensamientos catastrofistas de cara al futuro o dejar de lado metas que teníamos planteadas, por la inseguridad creada por la situación.

¿Qué puedo hacer para gestionar estas emociones?

Intenta obtener información solo de fuentes fiables y evita la sobreinformación:

Puedes limitar las veces que lees noticias al respecto; o, si surge el tema de conversación en tu entorno, explica tus límites, si no te sientes a gusto hablando del conflicto. Puede surgirte culpa al respecto, pero recuerda que tienes derecho a no querer saber, especialmente si es información sensacionalista y dado el desgaste emocional que hemos tenido en los últimos años.

Se ha demostrado que el cerebro reacciona más intensa y rápidamente a los estímulos negativos y los recuerdos desagradables se guardan en la memoria a largo plazo más fácilmente que los recuerdos agradables. Nuestro cerebro está predispuesto a fijarse y recordar lo negativo, para protegernos. Sé amable contigo y recuerda que esas emociones de injusticia y de rabia son naturales ante la situación.

Esas creencias que pueden verse afectadas no tienen que ser tan extremas:

Recuerda que también existen personas que están volcándose para ayudar en este conflicto y que tú también puedes ayudar, si decides hacerlo y en la medida que desees: Puedes buscar asociaciones o entidades que estén colaborando: puedes ser voluntario, donar dinero, ropa u otros artículos de primera necesidad.

Intenta no anticipar consecuencias o futuros desenlaces de la guerra, céntrate en lo que estás viviendo tú en el momento presente y no dejes de realizar actividades agradables para ti o continuar con tus metas, aunque sea a un ritmo diferente.

Si tienes familiares o amigos en Ucrania, es natural que estas emociones que se han mencionado sean más intensas: Intenta ponerte en contacto con ellos, intentando no anticipar si la respuesta no es inmediata y centrarte en solo que sí sabes que está pasando. Si alguien de tu entorno tiene familiares o amigos allí, recuerda que solo estar acompañando o disponible para escucharlos y apoyarlos ya puede ser de gran ayuda (¡siempre mientras te sientas cómodo haciéndolo!).

Si te sientes sobrepasado por la situación, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo: en Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte.

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Volver a casa por Navidad

¿Cuántas películas tienen como gancho la vuelta a casa por navidad?, ¿cómo son las emociones que nos venden los anuncios en estas fechas? Felicidad, abrazos, nostalgia….

Si bien hace una semana exponíamos cómo los compromisos navideños y sociales de estas fechas podían afectar a nuestro estado de ánimo, pudiendo provocar emociones desagradables como enfado, ansiedad o vergüenza; hoy queremos centrarnos en la extraña sensación de volver a tu ciudad de origen o casa familiar por navidad.

Esto se da en personas que durante el resto del año viven en otro domicilio, y especialmente nos referimos a las personas que viven en otra ciudad o país, alejados de su familia. Este distanciamiento puede ser por motivos laborales, legales, afectivos o simplemente, por decisión personal.

Si bien no nos gusta etiquetar, esta sensación ha recibido el nombre de Síndrome de regresión navideña por la prensa. Esto no quiere decir, por tanto, que sea un diagnóstico, ni mucho menos una patología, sino que es una sensación más habitual de lo que creemos en la población.

Esta no es mi habitación.

Después de meses fuera de casa, de ser autosuficiente económicamente y tener tu propio alojamiento… llegas a casa de tus padres y te toca dormir en tu habitación de la infancia. Todavía quedan algunos peluches y posters de tus ídolos adolescentes en las paredes. La cama es pequeña y la decoración ya nada tiene que ver con cómo eres.

Incluso habrá familias que habrán dado otro uso a la habitación, quizás ahora sea un despacho o vestidor, por lo que ya no contarás con un espacio propio para ti.

Ante esta situación es habitual experimentar recuerdos del pasado, nostalgia, pero también vergüenza, tristeza o incluso enfado. Percibir esa falta de vinculación con tus antiguas pertenencias y ver cómo todo ha cambiado puede provocar un pequeño proceso de duelo.

¿A qué hora vuelves?

Una vez independizado, lejos quedan las preguntas de ¿con quién sales esta noche? o las advertencias del tipo “ten cuidado y vuelve pronto”. Sin embargo, la vuelta al hogar familiar puede traer de vuelta ciertas exigencias que quedaron atrás hace mucho tiempo.

Si bien tus estrategias de afrontamiento han cambiado, puede que tus padres sigan manteniendo las mismas rutinas y normas, que por alguna razón, dejaste atrás y afortunadamente, has olvidado.

Esto puede generar conflictos y provocar una sensación de regresión al rol de niño del que huiste.

Todo es igual, pero nada es lo mismo.

Quieres volver a ver a esas amistades que hace tiempo que no ves, poneros al día y disfrutar de un buen rato juntos. No obstante, resulta que algunos de ellos están fuera, otros están con su pareja y el otro grupo ya tiene planes.

Si bien esto puede resultar un tanto exagerado, al igual que tú has tenido la oportunidad de madurar, vivir nuevas experiencias y cambiar (como podemos apreciar cuando volvemos a nuestra vieja habitación), debemos asumir que nuestras antiguas amistades también lo habrán hecho.

Es muy común que el viejo círculo de amistades haya cambiado, quizás se haya reducido, o que ahora también se incluyan parejas, gente nueva, etc. También se podrán apreciar cambios de gusto, de identidad, de opinión política… no podemos pretender que todo siga igual que lo dejamos.

Esto no tiene por que suponer un límite, de hecho, puede resultar incluso enriquecedor. No obstante, es importante ajustar las expectativas previas al viaje, ya que si nosotros hemos cambiado, no podemos exigir que nuestro entorno social siga igual y gire en torno a nuestra vuelta.

¿Cómo afrontar la vuelta a casa?

Por mucho que los anuncios nos vendan felicidad, volver al hogar no tiene por qué ser algo placentero.

Regresar puede reactivar viejos estilos de apego, y hay que tener cuidado e identificarlo, deberemos poner en práctica todo lo trabajado hasta ahora en terapia.

  • Marca límites con asertividad: Ya no eres el niño que montó esa cama y decoró esas paredes. Explica tu necesidad de privacidad expresando tus emociones, a través de los mensajes yo, y no hace falta que respondas a todas las preguntas que te planteen.
  • Dedícate tiempo a solas y fomenta el autocuidado: Pasar de vivir de forma independizada y autosuficiente a convivir con la familia bajo sus normas, puede resultar estresante. Todos necesitamos un tiempo a solas para conectar con nuestras necesidades y emociones. Si ves que tienes dificultades para obtener esa privacidad en casa de tus padres, sal a dar una vuelta, haz ejercicio o practica alguna actividad que no podrías hacer en otro momento o lugar.
  • Aprovecha para compartir tus cambios y conocer los de los demás: Afortunadamente, las experiencias van moldeando nuestra personalidad y poco a poco vamos forjando nuestra identidad. Es probable, y beneficioso, que ya no seamos como nuestra familia o incluso viejas amistades nos recuerdan, lo mismo nos pasará con ellos. Dedica este tiempo para compartir ideas y si esto resulta una fuente de conflicto, recuerda, no estás obligado a estar de acuerdo con todos y tienes derecho a proteger tu intimidad.

Por mucho que nos vendan los beneficios de la navidad, para muchas personas supone toda una serie de obligaciones y un importante estresor. Es un periodo breve donde socialmente nos empujan a juntarnos con gente que habitualmente apenas vemos, desplazarnos a otras ciudades u hogares, etc. Sin embargo, debemos recordar que por suerte o desgracia, tiene fecha final.

Recuerda que no estás obligado a seguir esas tradiciones si no lo deseas, y si no eres capaz de poner límites a tu familia siempre puedes contar con nuestra ayuda experta.

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¿Qué es la parentalización?

La parentalización o parentificación es un proceso donde, a raíz de diferentes circunstancias, el hijo ha de hacerse responsable de sus propios padres. Esto provoca una inversión de roles, el niño pasa a desempeñar la figura paterna, responsabilizándose y cuidando de sus progenitores.

Formas de la parentalización:

La parentalización puede darse a través de múltiples formas:

  • Emocional: Existen padres con dificultades para regular sus emociones, que tienden a delegar la toma de decisiones relevantes en sus hijos ante su falta de estrategias de afrontamiento. Estos hijos, desde los primeros años de vida, tienden a hacer de sostén emocional, a cuidar la salud mental de sus padres o incluso ejercen de mediadores entre las disputas de sus progenitores.
  • Económica: Se trata de niños o adolescentes que han de hacer frente a gastos económicos para sostener a la familia porque sus padres se encuentran en situación de desempleo o sufren de alguna alteración que les impide trabajar. Estos menores o bien han de combinar la escuela con un trabajo, o en los peores casos, acaban abandonando sus estudios.
  • Instrumental: Estos niños se encargan de realizar las tareas domésticas como la limpieza del hogar, la compra, cocinar, llevar a sus hermanos menores al colegio, etc.

¿Por qué ocurre?

La parentificación tiene lugar cuando nos encontramos con padres que carecen de habilidades de afrontamiento y de regulación emocional suficientes para manejar sus propios estados mentales, y por tanto, para también responder a las de sus hijos.

Cuando un progenitor no es capaz de empatizar con las necesidades individuales que tiene su hijo ni presenta la capacidad para poder responder adecuadamente a sus demandas, se da un cuidado negligente. ¿Qué quiere decir esto? Que las necesidades del niño no se reconocen correctamente o se ignoran.

A consecuencia, el niño desarrolla diferentes estrategias a modo de supervivencia. Habrá menores que tenderán más a la evitación, ignorando y bloqueando sus emociones y necesidades, porque saben que no se les va a atender o incluso, pueden ser sancionados. Mientras que otros, ante esta negligencia, tenderán a hiperresponsabilizarse ellos mismos no solo de sus propias necesidades sino también de las de sus padres.

Estos fenómenos suelen ser recurrentes en entornos donde uno de los progenitores padece algún trastorno mental, entre padres que se encuentran bajo un proceso de divorcio, familias donde ha fallecido uno de los principales cuidadores, situaciones de riesgo social, padres que consumen sustancias o relaciones de maltrato.

¿Qué consecuencias tiene en la vida adulta?

Cuando somos bebés, somos seres totalmente dependientes de nuestros cuidadores. Nuestro cerebro y por tanto, las principales funciones ejecutivas, están todavía sin desarrollar, por lo que recibir un cuidado adecuado y mantener un vínculo seguro con nuestros cuidadores es esencial para poder lograr un funcionamiento adaptativo en la vida adulta.

Si crecemos en un entorno parentalizado, evidentemente, estas necesidades básicas no se van a poder cubrir adecuadamente.

Como hemos explicado antes, el niño, desde su propia inmadurez cerebral y siguiendo las reacciones de sus padres, desarrollará sus propias estrategias para evitar el sufrimiento: Reprimir sus emociones, ignorar sus propias necesidades, anteponer las demandas de sus padres a las suyas, sobreproteger a sus cuidadores, etc.

Siguiendo la teoría del apego, y cómo podemos ver a través de las personas que atendemos, estos patrones de comportamiento y roles quedan instaurados en la memoria del niño y generan por un lado, una representación de cómo han de actuar en el resto de situaciones sociales y por otro lado, una serie de expectativas de cómo actúan los demás.

Es como si el cerebro, con el fin de simplificar la información y ahorrar energía, crease una especie de mapa mental o guión de actuación para poder enfrentarse a las situaciones sociales y evitar así el malestar.

El problema surge cuando estos mapas son representaciones distorsionadas de la realidad, es decir, cuando el niño ha asumido una inversión de roles que no le corresponden a su edad madurativa y por tanto, no representan un adecuada relación paterno-filial.

A consecuencia, hablamos de niños inseguros, con baja autoestima, sensación de desprotección y por tanto, un elevado nivel de ansiedad, que podrá interferir en la vida adulta.

Estas personas, ante la ausencia de un modelo de regulación emocional eficaz, suelen tener dificultades para identificar sus estados emocionales y regular sus propias emociones.

De hecho, es muy habitual que estos niños parentalizados desempeñen un rol cuidador en el resto de situaciones sociales, como con amigos y pareja, ya que han aprendido que lograrán ser reforzados y escuchados si anteponen las necesidades de la otra persona a las suyas.

Suelen ser personas con dificultades para expresar su opinión, poner límites, decir que no, y sobre todo, dependen mucho del refuerzo externo para reafirmar su valía.

Otra estrategia muy común es la de desarrollar un patrón evitativo. Estos menores cuando exponen sus necesidades o sus estados emocionales, son ignorados y a veces incluso castigados. Por ende, ante esta negligencia, aprenden que la mejor forma de sobrevivir, y no resultar molestos para sus padres, es desconectarse de sus emociones.

Si crees que has sido un niño parentalizado y te sientes identificado con este post, tiendes a hiperresponsabilizarte de las necesidades de tu entorno y experimentas malestar, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Qué es terapia y qué no lo es?

Acudir a terapia es una decisión que puede resultar costosa ya que implica el reconocimiento de nuestro sufrimiento y nuestro dolor, que en muchas ocasiones llevamos arrastrando durante largo tiempo.

Pero una vez decidido iniciar un proceso terapéutico, nos encontramos con otra dificultad, dónde acudir.

Consultamos con amigxs y cada unx nos da su opinión y siempre hay alguien que comenta que se puede acudir a la sanidad pública y, claro, como es la opción con menor coste económico, optamos por probar suerte. Una vez acudimos a nuestro centro de salud y conseguimos que nos deriven a salud mental nos encontramos con otra piedra en el camino, no nos dan cita de forma inminente, con suerte (con mucha), nos atienden el mes que viene.

Por si acaso cogemos la cita que nos ofrecen, no vaya a ser, pero nosotrxs queremos que nos atiendan antes, estamos sintiendo el malestar en este momento y queremos, necesitamos que nos ayuden a aliviarlo lo antes posible, con lo que continuamos con la lista de opciones y optamos por acudir a un psicólogx privado.

Manos a la obra, cogemos el móvil o el ordenador, abrimos el buscador y escribimos “psicólogx y la zona en la que vivimos”.

Aparece un listado y ¿cuál elegimos?

Dentro de este listado en muchas ocasiones se cuelan opciones de menor coste económico y que aparentemente te ofrecen soluciones fáciles, rápidas y llamativas que simple vista pueden parecer la mejor opción. Pero en la mayoría de las ocasiones son pseudoterapias que desvirtúan la figura del psicólogx y que dañan tanto a profesionales como a pacientes.

Señales que te pueden ayudar a identificar qué es terapia y qué no es terapia

1. Detrás de una terapia psicológica siempre ha de haber un profesional titulado en psicología y colegiado.

2. Descarta aquellas opciones que te ofrecen soluciones en un breve espacio de tiempo. La terapia es un proceso relativamente largo, de varios meses o incluso años, por lo que frases como “en tres sesiones solucionamos tu problema” desconfía.

3. Otra de las frases que ha de hacerte desconfiar es “sin esfuerzo”. Todo aquello que implica un cambio supone un esfuerzo. No sólo se trabaja durante las sesiones, has de poner en práctica aquello que habéis hablado o abordado durante la cita.

4. Fíjate en la duración de cada sesión ya que una sesión en la que se pueda trabajar bien tiene una duración media de una hora. Menos, no es tiempo suficiente, más nuestros niveles de atención, tanto los tuyos como los del terapeuta disminuyen y se pierde eficacia.

5. Sesiones de orientación. Estas sesiones son las citas que se dan en primera instancia para que puedas conocer al terapeuta y su método de trabajo y suelen tener una duración menor de una hora. En esta primera cita podrás comprobar si conectas con el terapeuta y no es condicionante para iniciar terapia con esa persona.

6. Existencia de documentación y consentimiento informado. La existencia de este tipo de documentación es punto a valorar, puesto que en ella te indicarán e informarán de tus derechos y deberes si decides iniciar el proceso terapéutico y se te indicará que puedes revocar el acuerdo si así lo consideras. Una terapia nunca será efectiva si sientes que la estás realizando por obligación o que no hay mejorías.

Antes de iniciar un proceso terapéutico has de estar segurx y sentir confianza con el centro y con el psicólogx  que escojas, es una decisión importante, por lo que no dudes en preguntar e informarte bien.

Si ya has tomado la decisión de acudir a terapia pero no sabes dónde, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotras, ya que estaremos encantadas de informarte y atender todas las dudas que te plantees.

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Trabaja con tu lado «más oscuro»

Celebremos Samhain

¿Qué es Samhain?

Samhain se celebra la noche del 31 de Octubre al 1 de noviembre y es una de las fiesta más importantes de la tradición Celta, en esta fiesta, como en muchas otras que conocemos (La noche de difuntos, el día de Todos los Santos, el Día de los Muertos, etc…) se cree que el velo que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se difumina y así te puedes reunir con tus antepasados fallecidos.

Pero Samhain, además, supone el «año nuevo celta», o como significa su etiología gaélica «el fin del verano», y por lo tanto el comienzo de lo que se llama «la época oscura». Y efectivamente todos comprobamos en nuestras carnes lo que significa esto: las horas de luz se acortan, dan más ganas de quedarse en casa, hay muchos días nublados o incluso nos levantamos más tristes o sin energía.

¿Puedo beneficiarme de esta «época oscura»?

En la tradición Celta, como en otras tradiciones o religiones se cree que hay un momento para cada cosa y este momento de la época oscura es propicio para meterse «hacia dentro», para parar, pensar, empezar a idear nuevos proyectos, empezar a tejer las cosas que queremos o necesitamos para nosotros mismos, para estar a solas con nuestras cosas, para analizar lo que ha ido bien y mal en nuestras vidas…

Es decir, en general, para estar tranquilos y empezar un trabajo más reposado y en la intimidad de nuestro hogar, por eso para los Celtas esta época es también estupenda para trabajar con lo que ellos llaman «la sombra».

¿Qué es tu sombra? aquello que no quieres mostrar al mundo, lo que has hecho inconsciente, tus traumas, tus heridas, las cosas de ti que te dan vergüenza y no has confesado a nadie, tus secretos, las cosas que consideras inaceptables o vergonzosas de ti mismo.

Todos llevan una sombra, y cuanto menos se encarna en la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.

Carl Jung

Os pongo unos ejemplos para entenderlo:

  • De repente un día contestas a alguien de una manera que jamás le habrías contestado a otra persona y no sabes porqué.
  • Haces una cosa de un determinado modo y no puedes cambiar esa manera porque si no te da miedo y no entiendes a qué.
  • Te da vergüenza hacer algo y por mucho que te expones no se te pasa esa vergüenza y no sabes de dónde viene.
  • Situaciones parecidas que no sabes porqué haces o porqué sientes algo.

Ritual para trabajar con tu sombra

Hay mil millones de maneras de hacer conscientes esa sombra para que no influya en tu vida y te condicione, evidentemente una de ellas es ir a terapia y empezar a poner en palabras aquello que has estado callando (o que a lo mejor no sabes ni lo que tienes oculto por ahí), pero hoy te propongo un ritual para que trabajes con ella en casa.

  1. Si tienes claro que es lo que estás callando y no le cuentas al mundo escríbelo en una lista. Si no tienes idea de qué es lo que te pasa pasa escribe las situaciones que haces que no entiendes (reacciones que tienes con la gente, miedos que no sabes de dónde salen, etc…)
  2. El siguiente paso puedes hacerlo de 2 maneras:
  • VERSIÓN A CON MEDITACIÓN. Si eres capaz de concentrarte en la meditación o eres una persona que la practica siempre es recomendable esta opción. Busca un momento tranquilo, a solas, puedes decorar el espacio, por ejemplo poner inciensos, velas, una esterilla si tienes, etc… Pon esta música que te ayudará a concentrarte: https://www.youtube.com/watch?v=Tb8x0QbK0og. Y apaga la luz y cierra y los ojos. Respira hinchando en estómago en lugar del pecho. Coge aire, retenlo 1,2,3 segundos y suéltalo lentamente por la boca. Hazlo hasta que te sientas tranquilo, y después imagina que entras en una cueva y que está oscura, pero que, a medida que sueltas el aire por tu boca la estancia se hace más y más luminosa, así en cada respiración hasta que la cueva está totalmente iluminada. Y ahora piensa en la lista que has apuntado, piensa en cuándo te pasan las cosas que no entiendes, piensa en qué estas callando y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.
  • VERSIÓN B SIN MEDITACIÓN. Si no sueles practicar meditación y te pone aún más nervioso intentarlo, coge la canción del punto anterior, úsala en unos cascos y ve a caminar, es importante que sea caminar o correr o alguna actividad análoga. Y lo mismo que en el punto anterior, piensa en lo apuntado, en los situaciones de vergüenza o miedo o en las cosas que callas y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.

3. Apunta todas las conclusiones que saques o todas las cosas que te hayan venido a la cabeza (incluso a veces por poco sentido que las encuentres), si no ha salido nada nuevo, no desesperes, a veces se tarda más, lo importante es la constancia de poder ir entrando poco a poco en ti mismo, lo cual es una práctica que apenas hacemos. Vuelve a hacerlo mañana, coge las situaciones que te hayan venido a la cabeza, incluso aquellas que no sabes porqué te vienen o crees que no tienen relación y repite el proceso.

4. Si ahora tienes claro lo que está detrás de tus acciones, cuál es el secreto que estás guardando, párate, piensa sobre ello, piensa qué le dirías a una amiga que te cuenta lo que tú estás callando porque seguramente no la juzgarías tan duro como te estás juzgando a ti. Y piensa cómo te sentirías si contaras lo que te atormenta. Elige la amiga, amigo o pariente de más confianza, ese que sabes que no te va a juzgar y que siempre te ayuda (no elijas por favor aquel que te hace sentir mal cuando le pides consejo o le cuentas algo). Y atrévete a contárselo. Libérate de la carga. A lo mejor te lleva días planear cómo contárselo, no importa, a lo mejor se lo cuentas con miedo, no importa. Respeta tus tiempos y sé comprensivo contigo mismo.

Más trabajo con tu sombra

Si te quedas atascado en alguna parte del ritual, o si ves que son demasiadas las situaciones que no entiendes, o al intentar pensar en ellas te desbordas emocionalmente a lo mejor necesitas un trabajo más profundo contigo mismo, un proceso en al que alguien te acompañe, a lo mejor los traumas son más de los que creías y por eso tu consciente no te deja acceder a ellos y necesitas ayuda.

Para eso estamos en Quiero Psicología, llámanos, escríbenos y acepta todas las partes de ti, incluidas las «más oscuras». Porque no serías tú mismo sin tu sombra.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene ideación suicida?

En este post hablaremos sobre una parte de la realidad social silenciada como es el suicidio. Según los últimos datos del INE, en el año 2019 en España se produjeron 3671 suicidios. Estas cifras traducidas al día a día implican que hay 10 suicidios diarios (cada dos horas y media). Respecto a la diferencia en sexos, 900 personas eran mujeres y 2.771 hombres. No obstante, es necesario señalar que las mujeres realizan hasta tres veces más intentos autolíticos respecto a los hombres y ellos lo consuman tres veces más. Este dato es muy relevante ya que se considera un factor de riesgo el número de intentos autolíticos previos.

A nivel mundial, cada año hay 800.000 suicidios, lo que supone que cada 40 segundos una persona se suicida.

Viendo estas cifras, es evidente que se trata de un asunto de salud pública de gran magnitud.

¿por qué hay cierto reparo en hablar de ello?

Del efecto Werther al efecto Papageno

Vivimos en una sociedad con tintes tanatofobicos, donde en general hay cierta aprensión a hablar sobre la muerte y todo lo que le rodea. En el caso del suicidio, el Efecto Werther no ha ayudado a su visibilización. Este efecto está basado en la novela ”Las penas del joven Werther “(1974) tras cuya publicación aumentaron los suicidios de forma considerable. Por el lado contrario, nos encontramos con el Efecto Papageno, basado en un personaje de “La flauta mágica” donde se muestran opciones diferentes a la consumación del suicidio. Este efecto supone que mediante un trato adecuado de la información por parte de los medios de comunicación ( sin señalar el método y sin romantizarlo viéndolo como el fin del sufrimiento) se puede contribuir a la prevención del suicidio. Del otro modo, el estigma social conlleva al silencio y dilatan el sufrimiento de la persona.

Mitos

Por este mismo motivo que acabamos de mencionar, la sociedad tiene un papel fundamental para la prevención del suicidio. El primer paso tiene que ver con tener información sobre ello y desmontar los mitos que sobrevuelan al suicidio para no juzgar a las personas ni banalizar y /o deslegitimar sus actos.

Vamos a hablar sobre aquellos mitos más extendidos al respecto:

  1. Las personas que hablan acerca del suicidio no se hacen daño, solo quieren llamar la atención: FALSO. De cada diez personas que lo consumaron, nueve avisaron de ello y la otra insinuó de algún modo su intención. Toda manifestación relacionada con el daño a un@ mism@ debe tomarse en serio y entenderlo como una petición de ayuda.
  2. El suicidio no se puede prevenir, es un acto impulsivo: FALSO. Las manifestaciones verbales o conductuales que suelen realizar la mayoría de las personas que lo intentan son una muestra de momentos de ambivalencia respecto a considerar su decisión.

A nivel social, es posible trabajar en su prevención mediante la implementación de las políticas necesarias, del mismo modo que ha venido ocurriendo en el caso de los accidentes de trafico y la violencia de género, cuyas víctimas se han reducido en un 69,79% y un 12,7% respectivamente desde el año 2000.

  1. Al hablar con una persona en situación de crisis sobre el suicidio puede incitarle a que lo haga: FALSO. Hablarlo reduce el riesgo de cometerlo, pues este espacio de comunicación es una oportunidad de validación emocional que contribuye a disminuir su sufrimiento y puede convertirse en un momento de reflexión sobre sus intenciones.
  2. Las personas que se suicidan son cobardes (o valientes):  FALSO. No es un acto que se pueda juzgar. La consumación del suicidio es una manifestación extrema del sufrimiento de la persona.

¿Qué hago si estoy ante una persona con intento autolítico?

Como venimos hablando, es importante no juzgar a las personas ni ignorar o minimizar sus verbalizaciones. Resultará fundamental ofrecer un sostén adecuado en los momentos de crisis. ¿Cómo podrías actuar en esas situaciones? Veamos una serie de orientaciones básicas.

  • Es entendible que la situación te abrume, pero es necesario aportar calma a la situación mediante tu lenguaje no verbal y verbal.
  • Retira los objetos que sean potencialmente peligrosos para esas personas (elementos que pueda usar con un fin autolesivo, medicamentos etc).
  • Favorece la escucha de la persona. Pregúntale sobre los sentimientos que tiene, si había pensado antes sobre el suicidio. En el caso de que fuese afirmativa la respuesta, pregúntale cuales fueron sus frenos y anima a la persona a verbalizar sus razones para vivir actualmente. Realiza preguntas para saber si ha pensado en un plan sobre cómo consumar el acto (si lo ha planificado y es viable que lo realice, supone un alto riesgo).
  • En esos momentos, la persona esta desesperanzada ante su presente y futuro y solo contempla el suicidio como solución. Interésate por aquello que le está generando ese sufrimiento y habla con esa persona sobre alternativas a la muerte que le ayudarían a gestionar su situación.
  • Permanece a su lado sin dejarle sol@. Si no sabes qué decir sí puedes realizar una buena escucha permitiendo que hable contigo. Será un tiempo ganado a favor ya que es una oportunidad para sentirse escuchado, entendido y acompañado. Transmítele tu preocupación sobre su plan y dile de forma explícita que para ti y para otras personas es alguien importante.
  • No reproches su planteamiento ( ej. “Qué cosas dices”,” cómo puedes pensar eso”) ni lances mensajes sobre lo bonita que es la vida.
  • No asegure la confidencialidad y busque apoyo en la red social/familiar más cercana. En caso de riesgo potencial, es necesario activar las acciones preventivas necesarias como contactar con los diferentes Servicios de Emergencias Médicas mediante el 112.

Puede ocurrir que no se haya dado este momento de crisis, pero estés preocupad@ por alguna persona cercana a ti. Es importante tener en cuenta señales de alerta como: comentarios negativos sobre sí mismo y su futuro, verbalizaciones explicitas sobre la muerte o cualquier comportamiento que simbolice una despedida (tanto verbal como conductual). Ante alguna de estas señales invítale a hablar y ofrécele buscar ayuda juntos.

Si estas si estas viviendo esta situación o estas preocupado por alguien de tu entorno, desde Quiero Psicología queremos decirte: “no está sol@”.

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Consejos frente al duelo perinatal

Llamamos duelo al proceso psicológico que conlleva una pérdida o fallecimiento. En este proceso de adaptación, surgen diferentes emociones que nos ayudan a procesar que esa persona ya no está entre nosotros, como por ejemplo la tristeza, la rabia o el enfado.

Cuando un embarazo no llega a término o el bebé fallece tras el parto, se desencadenan una serie de emociones adaptativas que reciben el nombre de duelo perinatal.

Si bien la OMS define el período perinatal desde las 22 semanas de gestación hasta una semana después del nacimiento, a nivel psicológico esta acotación resulta realmente limitada, ya que dejaría de lado los abortos que se dan en las primeras semanas de gestación o las muertes producidas en las primeras semanas de vida.

Esta definición, en la que la gran mayoría del sistema sanitario se basa, invalida el dolor de los progenitores que se encuentran fuera de este rango, lo que aumenta aún más el estigma que sufren estas personas y el silencio de la sociedad ante estas situaciones.

Emociones más comunes del duelo perinatal:

Tristeza: Independientemente del tiempo de gestación, estos progenitores están experimentando una pérdida, la ruptura de un proyecto vital y de una serie de expectativas generadas en función de ese embarazo.

Culpa: El ser humano tiende a seguir un pensamiento lógico de causa-consecuencia. Sin embargo, ante un hecho imprevisto o improbable, encuentra serias dificultades para poder comprender qué factores han propiciado este desenlace.

Ante esta falta de respuestas, y teniendo en cuenta la postura del sistema sanitario, es muy común encontrarnos con madres que se sienten culpables o busquen algún tipo de explicación en comportamientos pasados como por ejemplo: Quizás sea porque ese día hice ejercicio, me tenía que haber cuidado más…

Vergüenza: Como hemos dicho, la falta de información, el miedo a dañar a estos padres y la ansiedad por no encontrar respuestas, genera un silencio y tabú social, que puede provocar que estos progenitores sientan vergüenza por comunicar lo que les ha ocurrido, ya que pueden sentirse juzgados o no comprendidos.

Impotencia: La falta de explicaciones contundentes, la falta de apoyos y una experiencia médica tan traumática pueden generar emociones como impotencia, rabia o frustración.

Miedo: Es habitual que surjan dudas y desesperanza acerca de la posibilidad de un nuevo embarazo, o también miedo a tener que enfrentarse a otro duelo.

Fracaso: Muchas mujeres sienten que están fracasando socialmente ante la imposibilidad de tener hijos de forma biológica o padecer problemas de fertilidad.

Como podemos observar, este tipo de duelo requiere de especial atención, por lo que silenciarlo solo aumentará el dolor de estas personas.

¿Qué frases NO debemos decir?

-Por lo menos estabas de pocas semanas

-Peor hubiese sido que el embarazo estuviese más avanzado

No intentes encontrar algo positivo en esta situación, estamos hablando de una pérdida y del dolor que ésta conlleva.

– Todavía sois jóvenes y podéis volver a intentarlo

Esto invalida las emociones de los progenitores. El hecho de tener o no otro bebé en el futuro, no va a eliminar la pérdida que acaban de sufrir, y mucho menos, sustituirla. No minimices su pérdida mostrando datos acerca de la probabilidad de un futuro embarazo.

Hubiera sido más duro si lo hubieseis conocido

Esto es un mito, ya que los datos demuestran que las emociones de rabia e impotencia pueden intensificarse en el caso de padres a los que se les ha impedido ver el feto o despedirse de su hijo.

Es una decisión del destino; cuando tenga que ser, será

Tener un hijo es una decisión personal y cuando se inicia el embarazo, surgen una serie de expectativas y proyectos asociados que se ven truncados cuando éste se interrumpe de forma inesperada. No busques dar consuelo a estas personas con este tipo de frases, ya que pueden aumentar la sensación de impotencia y desesperanza.

Como hemos explicado previamente, el ser humano tiende a buscar explicaciones y causas ante los sucesos que no esperaba, si bien hay personas que pueden verse reconfortadas en apoyarse en cuestiones más espirituales, también podemos encontrar personas a las que les produzca rechazo y mayor desconsuelo.

¿Cómo puedo ayudar?

Pregunta cómo se sienten y a ambos progenitores: No evites conectar con el dolor de esas personas, permite que expresen su dolor y sus sensaciones, y lo que es más importante: No quites de la ecuación al padre. Se ha comprobado que ante estas situaciones, ambos progenitores tienen la mismas emociones de duelo.

Pregúntales directamente por la pérdida, si tenían algún nombre pensado, si guardan algún objeto de recuerdo… Hablarlo no va a producirles más dolor, sino que puede ayudarles a sanar la herida. Recordemos que habitualmente estas situaciones son tabú en la sociedad, por lo que debemos crear espacios seguros para poder comunicarnos.

Valida sus emociones: No minimices sus dolor, estas personas están experimentando una pérdida y cada persona procesa el duelo como mejor puede. El silencio solo aumentará la sensación de desesperanza.

Muéstrate disponible: Ofréceles tu voluntad de ayudar y escucharles cuando lo necesiten, a buscar información médica o asesoramiento psicológico si lo necesitan, siempre y cuando, se respete también su espacio de duelo.

Coincidiendo con el mes internacional de la concienciación de la muerte gestacional y perinatal, desde Quiero Psicología queremos dar visibilidad a estos procesos y ofrecer un entorno seguro donde poder hablarlo, sin temor a ser juzgado o rechazado.

Si lamentablemente has experimentando una pérdida de este tipo, si te sientes identificado con las emociones expuestas anteriormente o crees que necesitar sanar un duelo, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Cuidando al cuidador

Cuando estamos al cuidado de un familiar o amigo enfermo, tenemos la tendencia de organizar los horarios acorde a sus demandas. Sin embargo, si la enfermedad se cronifica, es habitual que progresivamente nuestra vida empiece a girar en torno a sus necesidades.

En este caso, llamamos cuidador a la persona encargada de cubrir las necesidades especiales de alguna persona ya sea por su edad, condiciones físicas o porque padece algún tipo de enfermedad. Por ejemplo, una persona que se dedica a cuidar a algún familiar anciano o a una persona con discapacidad física.

En España, se estima que el 90% de las personas dependientes se encuentran bajo la atención de algún familiar.

Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, existe el riesgo de que el cuidador acabe desarrollando una sensación de sobrecarga y fatiga, que a largo plazo, puede repercutir negativamente en su área laboral, social y emocional.

¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE EL ROL DE CUIDADOR?

Sobrecarga:

La gran mayoría de estas personas también han de hacer frente a su trabajo, tareas domésticas y cubrir sus propias necesidades. Es habitual que si nos encontramos en esta situación experimentemos la sensación de no poder llegar a todo.

Fatiga:

La sobrecarga de tareas y sobreimplicación en los cuidados provoca, inevitablemente, un elevado grado de cansancio que puede acabar generando lesiones musculares y problemas de salud.

Ansiedad por el futuro:

Muchos de los cuidadores se preguntan: ¿quién cuidará a esta persona cuando yo no esté? O ¿si yo enfermo, quién se hará cargo de sus cuidados?. Por lo que es muy habitual experimentar preocupaciones y desesperanza hacia el futuro.

Aislamiento social:

La sobrecarga puede dar pie a cancelar planes sociales, posponer compromisos laborales o médicos, evitar conocer a gente nueva, etc. Paulatinamente, esto provoca la limitación del contacto social y a largo plazo, el aislamiento.

Descuido de los hábitos de salud:

Cuando debes hacer frente a tantas demandas, puedes acabar dejando de lado los hábitos alimenticios, de higiene y de sueño. Cuando tu horario se centra en los cuidados de la otra persona es normal acabar adaptando toda tu rutina a al suya.

Tristeza por la pérdida de reforzadores:

Cuando la vida del cuidador se limita a cuidar a la persona dependiente y deja de lado a sus amistades y compromisos laborales, es normal experimentar una sensación de vacío y soledad.

La emoción de tristeza surge ante las pérdidas, por lo que estas personas pueden verse inmersas en una espiral constante de pérdidas, al focalizar su rutina únicamente en el bienestar de su familiar y descuidar su propia salud.

Culpa:

Esta emoción surge cuando la persona cuidadora antepone sus necesidades o compromisos a los de la persona cuidada, considerando, de una forma distorsionada, que está haciendo algo malo y actuando de forma desconsiderada por no estar dedicada exclusivamente al rol de cuidador.

LOS CUIDADORES DURANTE LA PANDEMIA

El Informe sobre el Bienestar de los Cuidadores de 2020, señala que todo este malestar se ha intensificado a raíz de la pandemia.

El hecho de tener que limitar los contactos sociales, la disminución de plazas en los centros de día y la sobrecarga de la atención primaria, han disminuido considerablemente los apoyos de estas personas y por tanto, reducido su autonomía.

A esto habría que sumarle el gran porcentaje de personas que afirma tener miedo de padecer COVID y por tanto, no poder hacerse cargo de la persona que cuida, aumentando así su hiperresponsabilidad y nivel de ansiedad.

Otro dato interesante de este informe, es la desigualdad entre sexos, ya que existe un mayor porcentaje de mujeres cuidadoras, que hombres cuidadores.

¿QUÉ PUEDES HACER? CUÍDATE

Recuerda tus derechos:

Tienes derecho a decir NO, a equivocarte, a descansar, a no poder con todo, a pedir ayuda y delegar responsabilidades.

Establece límites:

Prioriza las tareas importantes de las tareas urgentes pero no importantes. Veamos un ejemplo de este concepto para entenderlo mejor:

Imaginemos que yo tengo la costumbre de desayunar café con leche todas las mañanas y mi día establecido para hacer la compra son los jueves por la tarde. Resulta que un jueves por la tarde me invitan a una pequeña fiesta de cumpleaños que coincide con mi hora habitual de realizar la compra. Si no compro leche, no me podré hacer mañana mi café rutinario, pero si voy a hacer la compra a la hora de siempre, me perderé la celebración.

En este caso, quizás me compense más acudir a la fiesta, que es un evento único, y modificar mi rutina de desayuno. Es cierto que si no voy a la compra, no podré desayunar el viernes mi desayuno habitual, pero puedo hacer la excepción al no tratarse de un problema urgente, y desayunar fuera de casa o comer algo diferente.

Fomenta el autocuidado:

Una vez establecida una rutina realista, es imprescindible incluir pequeños momentos de autocuidado, siendo obligatorio contemplar como mínimo un momento al día para ello.

Con autocuidado no nos referimos a acudir a un spa a diario, sino realizar actividades que nos resulten gratificantes como escuchar música, leer, caminar, hacer ejercicio físico, dibujar, etc.

Mantén hábitos saludables de higiene, alimentación y sueño:

Trata de acostarte siempre a la misma hora y de mantener una dieta equilibrada, que incluya todas las comidas.

Apóyate en asociaciones o en grupos de apoyo:

Estos servicios permiten por un lado, obtener información sobre la enfermedad para establecer metas realistas y ajustadas, y por otro lado, establecer una red donde poder desahogarse y apoyarse ante una situación tan compleja.

En conclusión, no podemos cuidar a otra persona adecuadamente si no nos cuidamos primero a nosotros. Si te sientes identificado con este post y te gustaría recibir más información, en Quiero Psicología estaremos encantadas de atenderte y poder acompañarte en este proceso.