perdonar

¿Qué es el perdón?

¿Sabemos realmente qué supone perdonar?

¿Somos conscientes del proceso que implica?

Todos tenemos en mente que cuando perdonamos a alguien tras una ofensa, olvidamos o minimizamos la importancia de lo que nos ha hecho para restaurar la relación que teníamos.

Lo vemos como un acto individual, como un resultado.

Pero el perdón es un proceso en varias etapas en las que buscamos reducir el malestar provocado por la ofensa. Como proceso que es, lleva tiempo y, si la ofensa ha sido grave, también implica esfuerzo.

Reconocer la ofensa.

La primera fase de este proceso es reconocer la ofensa, ser conscientes de que hemos sido tratados de forma injusta y que este daño ha podido ser intencionado o cuanto menos negligente. Darnos cuenta de que la persona que nos ha dañado podría haber actuado de otra forma.

Una vez reconocida la ofensa nos encontramos en una situación de malestar, en la que podemos sentir rabia, indignación, dolor, amargura, tristeza, sensación de traición o incluso vergüenza y humillación. Podríamos decir que nos encontramos el momento del no-perdón.

En este momento, no queremos tener relación con la persona que nos ha ofendido, de hecho, podemos sentir deseos de venganza. Nuestros pensamientos pueden ser recurrentes y dedicamos mucho tiempo a pensar una y otra vez en la ofensa, qué pasó, cómo pasó, por qué, cómo podríamos haber actuado, qué podríamos haber dicho, etc.

Con el tiempo, este malestar puede disminuir, pero que lo haga no implica que perdonemos a quien nos ha ofendido. Para poder perdonar, hay que tomar decisiones, hay cosas que hacer.

Elegir.

El perdón es un derecho, no una obligación y puede llegar a ser más beneficioso para la persona ofendida que para la que ha ofendido. El perdón es para nosotros, no para el otro.

Cuando perdonamos, buscamos reducir el malestar generado por la ofensa.  Consiste en disminuir las emociones de rencor, rabia, vergüenza, humillación, odio, dolor, amargura o impotencia.

Por este motivo, tenemos la capacidad de elegir si perdonar o no, sabiendo y  reconociendo que cada elección tendrá unas consecuencias distintas en nosotros.

Perdonar no es olvidar.

Si decidimos perdonar, debemos ser conscientes de que hacerlo no es olvidar la ofensa recibida, que ni siquiera implica recuperar la relación, ni mucho menos ignorar el daño.

El perdón se produce cuando consideramos que es una opción y nos planteamos hacerlo. En ese momento, nuestros sentimientos de odio disminuyen o desaparecen, incluso podemos comenzar a sentir compasión hacia quien nos ha ofendido, teniendo en cuenta que sentir compasión no implica justificar la agresión.  

El perdón unilateral.

Como hemos visto, perdonar nos ofrece beneficios y ventajas a nosotros mismos en primer lugar y no siempre tiene que implicar a la persona que nos ha hecho daño.

Por ello, hablamos de perdón unilateral cuando el objetivo no es el cambio en la otra persona, ni siquiera es necesario retomar la relación que tuviésemos con él o ella.

El objetivo que buscamos con el perdón unilateral es reducir nuestro malestar, cambiar a mejor nuestra experiencia personal.

La persona que se ha sentido dañada es la protagonista, trabaja sus emociones, sus sentimientos hasta poder cambiar la percepción que tiene sobre sí mismo. El objetivo es pasar de ser víctima a ser superviviente. Para ello es capaz de abandonar los sentimientos de debilidad e impotencia y de reconocer su propia fortaleza, recuperando el control de la situación.

Aprender a perdonar no siempre es fácil y depende en gran medida del daño percibido, teniendo en cuenta que ese daño puede ser totalmente subjetivo y que algo puede parecernos algo tremendo y ser algo insignificante a los ojos de los demás.

Perdonar depende también de lo estrecha que sea la relación con la persona que nos ha hecho daño. Cuanto más cercana y más confianza, más grave nos puede parecer lo sucedido.

Depende también de nuestra capacidad de autoobservación para ser capaces de descubrir qué pasó que dolió tanto, si realmente es necesario darle tanta importancia, si podemos pasar página y recuperar la relación o es imperativo romper definitivamente.

El perdón no es fácil. Si ya hablamos de perdonarnos a nosotros mismos, entramos en mayores dificultades.

Si sientes la necesidad de perdonar o de perdonarte, en Quiero Psicología estamos para escucharte y ayudarte a encontrar el perdón que necesitas.

personas-tóxicas-positivas

La censura de las emociones negativas.

“Anímate, no pasa nada”, “no te sientas mal”.

¿Ayudan estos consejos a que te sientas mejor?

NO. Te explicamos porqué.

La positividad tóxica se manifiesta en frases como:

“Tienes que estar bien”

“No seas tan negativo”

“Tienes que animarte”,

“No puedes estar así”,

“Deja de llorar y anímate”  

“Tú pasa y ya está”.

“Estar triste no sirve de nada”

Aparentemente son frases que pretenden hacerte sentir mejor, ¿verdad? Pero lo que realmente esconden detrás es un mensaje muy dañino. Las has podido escuchar en tu familia o en tu grupo de amigos. Cuando tenías un problema y recurrías a alguien de tu confianza, recibías este mensaje, de manera que has aprendido a hablarte de la misma forma.

¿Cuándo sientes tristeza qué sueles hacer?

¿Y cuando estás enfadado?

¿Reconoces cuando tienes vergüenza? El hecho de saber lo que sientes y por qué lo haces te ayuda a entenderte, a conocerte y a saber lo qué necesitas y lo qué no.

Si has aprendido que la tristeza es una emoción que no sirve para nada, que “solo sirve para ponerte mal”, cuando te pase algo que te haga estar triste, utilizarás esta estrategia para evitarlo.

¿Sueles salir a tomar algo? ¿llamas a tus amigas para irte con ellas? ¿te sueles hablar desde la exigencia y no te permites estar mal?

Puedes sentir que la tristeza es un túnel en el que vas a entrar y del que no vas a salir, pero realmente la tristeza es un puente que te permite pasar al otro lado, te permite integrar que alguien se ha ido, que algo ya no va a volver a ser igual o que lo que está pasando te está haciendo daño.

¿Te permites enfadarte? ¿o el enfado no forma parte de tu repertorio habitual?

Si has aprendido que no está bien expresar el enfado, probablemente aguantes y aguantes hasta que un día explotas. Y si no lo explotas hacia fuera, explotarás hacia adentro en forma de frustración o tristeza.

El enfado sirve para poner límites y preservar tu espacio personal. Tienes derecho a enfadarte, tienes derecho a defender tu espacio.

¿Qué haces cuando sientes vergüenza? ¿Te sientes vulnerable por decir que tienes vergüenza?

Si para ti la vergüenza es sinónimo de debilidad y has aprendido que si te muestras débil corres más riesgo de que te hagan daño o de que los demás no te vayan a aceptar, evitarás a toda costa sentir y expresar la vergüenza. Pero la vergüenza es una emoción más que te da información de aquello en lo que no te encuentras lo suficientemente seguro o válido. Puede ser una puerta que te permita entrar en un espacio para trabajar en ti.

¿Qué pasa cuando tienes miedo? ¿te dejas sentir el miedo porque sabes que es una parte más de ti?

El miedo es una emoción más, forma parte de todos nosotros. Si realmente no identificas qué es lo que te da miedo y te haces cargo de ello, es posible que tengas otros síntomas ya que el miedo busca salir de alguna forma. Quizá sea ansiedad, pensamientos obsesivos y recurrentes o ataques de pánico. Es importante que el miedo tenga su espacio para que lo escuches, lo entiendas y te hagas cargo.

Como puedes ver, las emociones forman parte de ti. Es sano experimentar emociones en una medida ajustada y adecuada a la situación.

En cambio, el exceso de positividad es tóxico porque censura las emociones que son más desagradables y no te permite atender a las partes dañadas. ¿Quieres aprender a identificar qué sientes? ¿Quieres aprender a dejar de censurarte? Ven y cuéntanos, trabajaremos contigo. Contacta aquí.

duelo-familiar

Ritual de despedida

¿Qué implica para ti una despedida?

Despedirse no sólo implica decir adiós a una persona, también puede ser de un trabajo, un objeto, un lugar o incluso, despedirte de una época de tu vida.

Hay personas que disfrutan haciéndolo y otras que evitan a toda costa este acto.

Te sonará el ejemplo de alguien que prefiere no despedirse y seguir como si nada. Su lema es seguir adelante para, supuestamente, no sufrir. “Lo pasado, pasado está”, y esto es cierto aunque hay que tener en cuenta que no todo sigue tal y como estaba, ya que se ha producido una pérdida que implica cambios y readaptación.

Este proceso que se inicia cuando perdemos a una persona o un objeto, se llama duelo. Cuando se produce esta pérdida ‘del objeto amado’ se ponen en marcha mecanismos que te van a permitir entender que ha ocurrido un cambio en tu vida, aceptarlo y continuar tu vida con esa falta. Si este proceso no se da porque evitas y bloqueas el procesamiento de la situación, quedará enquistado y las consecuencias derivadas serán más dolorosas.

¿Crees que es importante realizar un ritual de despedida?

Los ritos funerarios a los que estamos acostumbrados son el inicio del proceso de duelo. Permite a tu cerebro digerir una información muy dolorosa que en principio, es difícil de creer. Como defensa, la negación o el estado de Shock, son el amortiguador a este duro golpe.

Un ritual comienza a ser la puerta de entrada a una vida sin ese objeto o ser amado. Por lo tanto, es importante, y más si no has tenido la ocasión de realizar ningún tipo de despedida, elaborar un ritual en el que puedas dejar ir y continuar adelante.

¿Ha fallecido alguien querido?

Si la respuesta es sí, y además estás viviendo cualquiera de estas circunstancias con una pandemia global que nos limita en muchos aspectos, te animamos a realizar el siguiente ritual de despedida.

Estar lejos y no poder acompañar a tu ser querido, o hacerlo con medidas estrictas que impidan lo que podría ser un velatorio habitual, son situaciones que pueden hacer más difícil el inicio del proceso de duelo y que te pueden mantener en un estado de negación prolongado en el tiempo.

El ritual de despedida que te proponemos

Este ritual de despedida vamos a describirlo sobre la pérdida de una persona.

  • Para ello, es necesario que encuentres un lugar, un espacio determinado al que llamaremos rincón del recuerdo. Éste tiene que ser íntimo o que al menos en él, tengas tranquilidad.
  • Coloca algún objeto simbólico que tenga que ver con la persona. Puede ser una foto, una prenda, lo que te conecte al vínculo entre la figura perdida y tú.
  • Decora ese espacio como desees. Puedes colocar un sillón cómodo en el que sentarte, poner música, flores o incluso plantar una planta.
  • Cada vez que quieras, podrás acudir a ese rincón y manifestarte como necesites. Esto incluye a todos los miembros de la casa que quieran participar. Por ejemplo, hablándole a la persona, o estando en silencio, recordar anécdotas, rezar, etc.
  • Puedes expresar cómo te sientes, hablarle y contarle lo que significa para ti que no esté, cómo supones que podrá ser tu vida a partir de esto, hablar sobre cómo te hubiera gustado despedirte, etc.
  • Por último, desde la distancia actualmente es posible estar algo más cerca de nuestros seres queridos y poder compartir estos momentos virtualmente con quien desee hacerlo. Puede ser un ritual compartido en el que a través de las redes digáis adiós de una forma diferente a la que estamos acostumbrados aunque, sin duda, os facilitará el proceso de despedida y por tanto el proceso de duelo.

Si estás pasando por una situación así, en Quiero Psicología podemos ayudarte durante el proceso. Contacta aquí con nosotras.

trauma-psicológico

¿Sufro un trauma?

Trauma no es sólo ser soldado en una guerra.

¿Qué es un trauma?

Al contrario de lo que piensa la gente, un trauma no son sólo cosas que se ven objetivamente como terribles: que vivas una guerra, que te violen, que se mueran tus padres en un accidente de coche, etc.


Trauma es todo aquello que te marca emocionalmente de manera muy profunda. Por ejemplo, para un niño un trauma de manual sería perderse en el supermercado y no encontrar a sus padres, ese niño piensa que le han abandonado y que se muere. Esa sensación horrible puede quedarse atascada y hacer que ese niño no duerma, que no coma… pero no se sabrá qué le ha pasado porque no ha sucedido un hecho grave o excepcional, ¿cuántas veces se ha extraviado un niño yendo de compras? No parece que tenga mayor importancia.

¿Qué tipos de traumas son más frecuentes?

¿Te has sentido poco escuchada cuando eras niña?


¿Has sentido tristeza cuando te dejaban en el campamento de verano y se iban lejos, sin ti?


¿Tus compañeros del colegio te insultaban y te tiraban cosas y no se lo contabas a nadie?


¿Te reñían si expresabas miedo?


¿Sentías miedo y rabia cuando tus padres discutían?


¿Alguna vez te has sentido rechazado por los que eran tus amigos?


¿Te suenan? Son vivencias cotidianas con las que te has podido encontrar a lo largo de tu vida, quizá te han venido a la cabeza ahora porque ya ni te acordabas. Son situaciones desagradables que en el momento no supiste cómo afrontar y fueron muy dolorosas. Te hubiera gustado que alguien se acercara a ti para preguntarte qué te pasaba y así poder expresar lo que estabas sintiendo. Te hubiera gustado que la otra persona te acogiera, te explicara, le pusiera nombre y te apoyara. Pero al no poder entenderlo y ser tan doloroso, has decidido no volver a pensar en ello y se ha quedado atascado, enterrado en el olvido y te limita.


Aquí es importante explicar que hay dos tipos de traumas:

Trauma simple:


Es el que sucede de repente, un único evento, por ejemplo: mañana tu pareja te abandona sin explicaciones. Es como una taladradora que te destroza. Un hecho puntual que queda clavado en tu mente.

Trauma complejo:


Que sería como una gota que va cayendo, cayendo y cayendo hasta que hace un agujero. Por ejemplo: todos los días te insultaban en el colegio cuando tenías 8 años y esto hace que ahora sientas que eres un pringado.

¿Qué pasa cuando he sufrido un trauma?

Sientes que realmente hay una sensación o creencia que no se termina de ir y de alguna forma busca llamar tu atención para que te ocupes de lo que pasó. Y no solo la mente recuerda, también lo hace el cuerpo ¿cómo? En forma de emociones intensas, conductas irracionales, creencias falsas y síntomas.

Emociones intensas


Tus emociones tristeza/rabia/asco/miedo no fueron escuchadas ni entendidas ni aceptadas en su momento, por lo que aparecen en el presente de una forma muy fuerte y en situaciones cotidianas cuando no les encuentras sentido, por ejemplo:

Te genera mucha rabia que tu amiga quede con otra persona antes que contigo, llegando a experimentar sensación de abandono.


El estar solo en casa te produce una gran tristeza.


Te da miedo que lleguen las vacaciones y no tengas amigos para hacer un viaje.


Todo esto son emociones que están intentando llamar tu atención para que las escuches y las integres, ya que en su momento no supiste cómo o no pudiste hacerlo.

Conductas irracionales


Como las emociones son muy intensas, te llevan a hacer cosas que no encajan mucho con la situación, cosas que muchas veces son desproporcionadas con lo que está sucediendo en el presente. Por ejemplo:


Prefiero no pasar por esa calle porque me trae recuerdos, así que doy un rodeo aunque me haga tardar 8 minutos más para llegar a casa.


Cuando mi pareja me dice que no me puede acompañar hasta casa de mi amiga porque tiene cosas que hacer, le empiezo a gritar y a tirar objetos.


Cuando alguien me habla con un tono más elevado y fuerte, me pongo a llorar desconsoladamente porque no soporto los gritos.

Creencias falsas


Al no haber podido integrar la situación, el recuerdo se ha quedado fragmentado y hace que tengas una idea de ti mismo y del mundo errónea.


Cuando eras pequeño no te escucharon lo suficiente, por eso piensas que lo que te pasa no es lo suficientemente importante. Como los niños de tu clase se metían contigo, ahora te ves como una persona que no vale nada y que no merece que la quieran.


Estas creencias son erróneas y te llevan a verte de una manera distorsionada, por eso es muy importante revisarlas y ajustarlas a la realidad.

Síntomas


Por mucho que evites pensar en ello, el cerebro busca oportunidades para recordarte lo que ha sucedido, ya sea en forma de flashbacks y/o en modo pesadilla.


¿Hay veces que, de repente, te aparecen imágenes de algo que ha sucedido hace mucho tiempo y aún te genera inquietud?


¿Te has despertado sobresaltado porque estabas soñando con esa situación tan desagradable?


¿Tienes contracturas, dolores de cabeza, insomnio…?

Si tengo un trauma ¿qué hago?

Cuando somos pequeños no somos capaces de poner nombre a las emociones, por eso es importante la figura del cuidador, para que nos escuche, entienda, acepte y ponga nombre a lo que nos está pasando. Si esta figura no ha hecho su función, es posible que a día de hoy no sepas ponerle nombre a lo que te está sucediendo.


En Quiero Psicología te ofrecemos un espacio de confianza para que puedas hablar de aquello, para que puedas entenderlo, aceptarlo y darle un nuevo significado que te permita liberarte de toda esa carga. Trabajar con traumas suele ser muy complejo localizar el origen y saber tratarlo en profundidad, acude a nosotras como expertas si no sabes qué te está pasando en el presente y lo sientes distorsionado. No vivas toda la vida las limitaciones del trauma. Libérate ahora. Contacta aquí.

supera-tu-duelo

Consejos para cerrar tu duelo

Si parece que nunca superas el duelo de alguien que perdiste, te damos una serie de consejos para ayudarte con el cierre.

¿Cómo sé que no he cerrado un duelo?

Las señales de que un duelo no está cerrado son claras:


Pensar en esa persona te despierta un montón de emociones, con una intensidad muy elevada.


Estas emociones pueden ser sólo de tristeza muy intensa o puede haber otro tipo de emociones como culpa, rabia, etc. Estas últimas indican no sólo que el duelo no está cerrado sino que hay pensamientos erróneos que no se han superado y que te atormentan.


Ha pasado mucho tiempo y sigue siendo igual de intenso. Al principio es normal tener emociones muy intensas que con el tiempo se transforman en un sentimiento de aceptación (aunque siga existiendo la pérdida y la añoranza por no tener a esa persona, eso siempre es normal).


Sigues trayendo a esa persona a la mente una y otra vez, de forma demasiado frecuente.
No te engañes, los duelos superados no causan esto. Se puede sentir añoranza, un poco de tristeza o amor, o recordar a la persona de vez en cuando, pero no emociones intensas que no se corresponden con el tiempo presente.

¿Por qué puede pasar esto?

En un duelo donde aún sigas sintiendo una tristeza exagerada, un llanto incontrolable cuando hables o recuerdes a la persona que perdiste (a pesar del tiempo que pasó) lo que sucede es que esa persona te aportaba algo que aún no te has dado a ti mismo y por ello no puedes renunciar a ella. Por ejemplo: tu abuela era la que más te animaba, la que te daba importancia, la que te decía que tú podías hacer de todo. Y tú, a día de hoy, no sólo no te dices nada de eso sino que te machacas a ti mismo. Por eso no puedes despedirte de tu abuela, porque ella te hacía sentir una calidez y un amor que a día de hoy no has sabido interiorizar y sentir por ti mismo.


También puede suceder que la muerte haya sido compleja y se haya mezclado con otros sentimientos hacia la persona que ha fallecido, como rabia por irse pronto, por tratarme mal, o culpa porque si yo hubiera hecho esto y aquello lo mismo seguiría vivo… En este caso más que el ritual que te propongo, te recomiendo acudir a terapia para reconstruir el duelo y perdonarte o perdonar a la persona que se fue porque estás en un terreno complejo.

¿Cómo me despido y cierro mi dolor?

El ritual es tan sencillo como escribir una carta, una carta especial porque tiene que cumplir varios requisitos:

Dirígete a esa persona


Sé que te costará muchísimo porque al pronunciar su nombre te darán ganas de llorar, pero es importante que te despidas de ella, que le digas lo que sientes y sentiste.

Dile todo lo que te aportó


Haz una lista de todas las cosas que tienes que agradecerle, todo lo que bueno que suponía en tu vida y todo lo que aprendiste: que te enseñó a luchar por lo que querías o que te encantaba la forma en que te cuidaba….

Dile lo que no te gustó


Parece que siempre cuando una persona fallece se transforma en un ángel que no rompió un plato. Esto no es verdad. Seguro que tuvo cosas buenas y cosas malas, que hacía cosas que no te gustaban o que te hicieron daño. Es importante mencionar estas también y expresar el perdón. Aceptar que él o ella eran así.

Expresar lo que aprendiste de todo esto


Integrar lo que tú quieres hacer tuyo de esa persona, hacer que la huella que te dejó nunca se pierda es la mejor manera de honrar su muerte. En esta parte es importante decir lo que sacas de tu experiencia con él / ella y marcarte incluso objetivos de cosas que quieres hacer tuyas. Por ejemplo: tú me hacías sentir que valía mucho y que podía con todo y ahora quiero hacer eso yo en mi vida, o gracias a tu cabezonería aprendí que no quería ser así o educar a mis hijos así y te lo agradezco….

Gracias y adiós


Y por último la despedida final, donde aceptas, perdonas y te marcas objetivos para ti. Esta despedida no supone que ya no puedas recordar a la persona y que no puedas seguir integrando cosas de ella, sólo supone que ya no te sentirás fatal. No tengas miedo a decir adiós.

Otros aspectos del ritual


Después de escribir esta carta puedes leerla en voz alta y enterrarla, o ir a la tumba de la persona querida y leérsela, o leerla con alguien querido que te arrope, los detalles de cómo hagas esta despedida te los dejamos a ti, no hay una ley sobre esto.


Y si te ves incapaz de hacer este trabajo o hay sentimientos muy complicados o intensos en todo tu duelo, llámanos, somos especialistas en duelos y traumas y sabremos ayudarte con las mejores herramientas. Contacta aquí.