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¿Qué es el síndrome del impostor?

¿Alguna vez te has sentido culpable tras haber sido seleccionada para un empleo?, ¿te preocupa no estar a la altura de tu puesto de trabajo?, ¿crees que no mereces tener éxito laboral y estás engañando a tus jefes?

Si la respuesta es afirmativa, probablemente sufras lo que comúnmente se conoce como el síndrome del impostor.

Este fenómeno social, lejos de ser una patología o un trastorno, se caracteriza por la sensación de no ser merecedor del éxito personal o laboral y por tanto, sentirse culpable y con miedo de no poder cumplir las expectativas.

Si te identificas con esta sensación, coincidirás en que en muchas ocasiones has experimentado ansiedad y preocupación de que se “descubra” que no estás a la altura de ese puesto, y que por tanto, eres un fraude o impostor.

Las personas que experimentan este fenómeno, sienten que sus compañeros de trabajo o jefes han sido engañados, y que su desempeño no está a la altura de las responsabilidades que conlleva su puesto. A consecuencia, quienes padecen el síndrome del impostor suelen permanecer en una alerta y preocupación constante, con el fin de no ser “descubiertos” y tratan de estar a la altura de las expectativas que ellos mismos han generado.

¿Quiénes padecen este síndrome?

Normalmente, hablamos de personas muy autoexigentes y perfeccionistas, que ya desde la infancia han sido sometidas a ambientes de mucha responsabilidad y exigencia, provocando baja autoestima e inseguridad.

Estas personas se caracterizan por un alto grado de responsabilidad y autocrítica, ya que no han podido crecer en un ambiente reforzante. Es común que estas personas se hayan desarrollado en un contexto donde pocas veces se premiaba el esfuerzo porque nunca era suficiente, o se omitían las emociones.

Por ende, y aunque parezca paradójico, son personas que a pesar de haber conseguido grandes logros a nivel académico y laboral a través de su esfuerzo, creen que sus logros se deben al azar o a factores ajenos a ellos. Creen que no son dignos de merecer ese reconocimiento.

Habitualmente, estas personas se ven envueltas en un círculo vicioso: Ante la preocupación de no estar a la altura de su puesto laboral, suelen aumentar sus esfuerzos para paliar su ansiedad. Sin embargo, este sobre esfuerzo acaba generándoles aun más preocupaciones y mayor ansiedad, aumentando por tanto, su inseguridad.

¿Patología o fenómeno social?

No obstante, como ya hemos dicho antes, el síndrome del impostor no es una patología que figure en los manuales de psiquiatría, sino un fenómeno cultural y social, por lo que no es casualidad que mayoritariamente lo experimenten mujeres.

Durante años, a través de la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos, las mujeres y los hombres han sido educados para desempeñar diferentes roles, quedando la mujer relegada a un plano más doméstico o familiar.

De esta forma, las mujeres internalizan una serie de esquemas sociales sobre cómo han de comportarse, qué se puede esperar de ellas y qué rol pueden desarrollar en la sociedad. Parece que cuando una mujer escapa de alguno de estos estereotipos está quebrantando una serie de reglas sociales no escritas, defraudando a la imagen que se espera de ella.

Esto no solo afecta, por tanto, a nivel laboral, sino que también puede dar pie a problemas de autoestima que acaban generando inseguridad con el propio cuerpo, con la relación de pareja o con el rol de madre/hija. Por lo tanto, es habitual experimentar emociones de culpa, ansiedad y vergüenza.

¿Cómo podemos superarlo?

Si coincides con las sensaciones descritas anteriormente, no padeces ninguna enfermedad, estás experimentando una serie de pensamientos irracionales que responden a las demandas de la sociedad actual.

  • Identifica tus fortalezas y tu trayectoria profesional, ¿cuánto tiempo y esfuerzo has invertido para llegar donde estás? Pregúntate si realmente es cuestión de azar o si estás recogiendo los frutos de tanto esfuerzo.
  • Normaliza tus errores y asume que somos seres en constante aprendizaje. La experiencia se obtiene a base de preguntar, equivocarse, repetir y practicar. Tus compañeros o superiores también comenzaron siendo inexpertos en ese puesto.
  • ¿Qué es lo peor que puede pasar?. Preguntante si las consecuencias que anticipadas van a ser tan catastróficas como temes y la escasa probabilidad que hay de que eso ocurra.
  • Focalízate en el presente y disfruta de tus logros. Si has llegado hasta esa posición es gracias a tu valor, conecta con las emociones agradables que supone tu éxito.

Con todo, si te has sentido identificada con este post y te gustaría reducir tu malestar, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de darte las pautas necesarias para manejar esta sensación y permitirte saborear el éxito que te mereces.

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¿Qué creencias sobre la familia están limitando tu vida?

Vamos a hacer un juego, ¿te animas? Imagina que un día vas por el medio de un camino y te encuentras unas semillas, decides recogerlas y guardarlas cuidadosamente para que al llegar a casa poder germinarlas y plantarlas.

De vuelta acudes a la tienda y adquieres todo lo necesario; una maceta bonita, la escoges cuidadosamente, el mejor sustrato, el adecuado para las semillas que has encontrado, compras todos los útiles para el cuidado y crecimiento óptimo de la futura planta que saldrá de esas semillas encontradas.

Al llegar, lo preparas todo y comienzas con el proceso, todo como se debe hacer y al poco tiempo salen los primeros brotes. ¡Qué ilusión!, sigues con los cuidados, le das luz, agua, la observas, analizas si tiene alguna necesidad especial y si es así intentas cubrirla. Es un proyecto valioso para ti, se está creando una vida en esa maceta que parte de aquellas semillas encontradas.

Con el paso del tiempo la planta está grande y fuerte gracias a tus cuidados. ¡Qué alegría!

Ahora piensa que esa planta que primero fueron unas semillas no es una planta, es el vínculo que se genera en todas las relaciones. Al principio es débil, pequeño, al que hay que prestarle una atención especial, regarlo, alimentarlo para que vaya creciéndose y haciéndose más fuerte.

Pero, ¿qué ocurriría con esa planta si llega un momento que dejamos de regarla, de alimentarla, que no le damos la atención y cuidados que necesita? La planta terminaría por marchitarse y morir, ¿verdad? Lo mismo ocurre con las relaciones, si no las cuidamos de la forma necesaria, atendiendo a las necesidades que tienen en cada momento, el vínculo se marchita y se debilita.

Este vínculo se crea en todas las relaciones y cuando decimos todas es en absolutamente todas las relaciones, incluso en las familiares, un tipo de relaciones que son particulares ya que están vinculadas a muchos mitos.

Mitos en las relaciones familiares

Cuando decimos mitos dentro del entorno familiar estamos refiriendo a un conjunto de creencias que comparten los miembros de la misma familia con respecto al papel que deben cumplir cada miembro dentro de la estructura familiar y sobre la naturaleza de la relación.

Dentro de los mitos podemos hacer una clasificación en dos tipos:

1. Aquellos que son únicos y particulares de la familia. Este tipo de mito se han generado debido a la historia familiar y el contexto socioeconómico y político en el que ha ido creciendo la familia desde sus orígenes (abuelos, padres, hijos…)

2. Mitos familiares que podríamos denominar como más universales y que muchas familias comparten. Estos últimos son los que vamos a describir.

La familia es lo primero”

En muchas familias nos encontramos con que hay que anteponer las necesidades familiares grupales a las personales e individuales. Cuando existe este mito familiar nos podemos encontrar con una sensación de estar enjaulados, de que nuestro crecimiento y desarrollo personal se ve limitado y juzgado.

Cada vez que mostramos interés en algo que “no interesa” en la familia se nos puede llegar a tachar de manera explícita o no de egoístas y de no pensar en los demás.

Pero en realidad, incluso con la familia debemos mostrar un “egoísmo sano”, preocuparnos por nuestras necesidades y cuidar de nosotros mismos. Si nosotros estamos carentes, no podemos ofrecer atención y cuidado al otro.

En la familia todo se perdona”

Por el hecho de pertenecer a la misma familia tenemos carta blanca para hacer lo que nos plazca a los demás miembros de la familia. Todo debe aguantarse, asumirse, tolerarse, aunque dañe a otro.

Bajo este mito se pueden llegar a sustentar relaciones de maltrato en mayor o menor grado.

Los vínculos han de cuidarse (acuérdate de la plantita) y por mucho que sea un miembro de la familia no debemos tolerar que nadie nos agreda de ninguna forma. Por ello, es necesario ponernos límites propios, es decir, cual es el punto donde vamos a decir “basta” y exponerlos y explicarlos al resto de los miembros de la familia poniéndoles límites también a ellos.

Es de tu sangre, tienes que quererlo”

Compartir sangre, sólo nos hace parientes, es decir, compartimos genética con esa persona, compartimos una historia pasada compartida, al igual que con el resto de la humanidad.

Pero dentro de esa carga genética no hay un gen en particular que sea el del amor recíproco; el amor recíproco se crea, se alimenta, se cuida con las buenas relaciones, con los intereses comunes y con el respeto por la individualidad del otro.

Solo hay un modelo válido de familia”

Nada más lejos de la realidad. La familia son aquellas personas en las que sientes que estás en casa, como cuando éramos niños y jugábamos a pillar y había un lugar seguro donde no podía pillarte, donde sentimos eso, ahí es familia.

Una familia puede estar por parientes, pero también puede estar formada por amigos, por mascotas, por miembros de otras familias…

Familia es allí donde nos sentimos seguros.

La familia debe estar unida, pase lo que pase”

Sentir unidad dentro de nuestro entorno familiar es algo que nos hace sentir plenos y seguros, y es precisamente esa plenitud y seguridad la que nos hace estar unidos a nuestras familias.

Pero, y si tengo que estar unido por obligación a personas con las que no tengo nada en común, con las que no me siento seguro, con las que no se preocupan por ti, ni por tus intereses y cuando lo hacen es para criticarlos o juzgarte.

En ese momento, la unidad familiar puede convertirse en una cárcel.

Con todo lo que hemos dado por ti”

De este mito se pueden generar sentimientos de culpa, de deuda en la persona que la escucha del resto de sus parientes.

Hay determinados hechos, como los cuidados básicos, alimentación, ropa y cobijo que se dan por supuesto cuando llega un bebé al mundo; se dan por supuesto, porque es conocido por todos que hay en determinados casos que ni siquiera se dan los cuidados básicos.

Pero recibir estas atenciones durante nuestra infancia y nuestro crecimiento, en el que nos posibiliten el estudiar y formarnos en aquello que queremos no nos pone en deuda con nuestros padres o cuidadores principales.

El haber recibido “todo por su parte” no es condición sine qua non para que dejemos de lado nuestros proyectos de vida, intereses y motivaciones.

En mi casa jugamos así”

Hay en familias que no se habla de las emociones, de la muerte, de los miedos, de las dudas, no se muestran los enfados ni las tristezas; no se permite nada que pueda tener relación con una supuesta debilidad.

No se habla de aquellas cuestiones que alteran el aura de perfección y felicidad que se debe mostrar.

No se abordan aquellas cuestiones que pueden poner de relieve que hay problemas de vínculo entre los miembros de la familia o que el entorno familiar no es un lugar seguro.

¿Qué ocurre si rompemos estos mitos?

Los mitos cumplen la función de dinamizar las relaciones familiares, son los que se encargan de cada uno cumplamos nuestro papel otorgado e impuesto.

Son creencias, reglas son reglas implícitas, en algunas ocasiones casi secretas y prácticamente ocultas en el día a día de la familia.

Estas reglas estructuran la forma en la que nos relacionamos dentro del entorno familiar y que nadie osa a romperlas ya que si así lo hace corre el riesgo de ser considerado “la oveja negra de la familia” y de sentirse excluido de nuestro primer entorno relacional, por ello, en la mayoría de los casos, callamos y seguimos con el juego.

Pero seguir con el juego puede tener consecuencias muy negativas para nosotros ya que estaremos enviando al fondo del baúl nuestras necesidades, nuestros intereses, nuestras motivaciones en la vida.

Cuando esta situación se perpetua en el tiempo, nos encontramos con una lucha interna entre la lealtad hacia la familia y la responsabilidad para con nosotros mismos y nuestra vida, pudiendo generar síntomas de depresión, ansiedad y otros trastornos que sin duda deberán ser abordados con un especialista, con un terapeuta.

Si identificas alguno de estos mitos u otros más particulares en tu entorno familiar, si sientes que la lealtad familiar te impide crecer y desarrollarte, da igual la edad que tengas, ponte en contacto con nosotras, que en Quiero estamos encantadas de poder ofrecerte una mano que te acompañe.

¿Qué “tienes que” tener a los 30?

¿Sientes un cosquilleo cuando te das cuenta de que en poco tiempo cumplirás 30 años? ¿Te da pavor que te pregunten tu edad? Si la respuesta es sí, este post es para ti.

Parece que hay una línea divisoria entre una franja de edad y otra. Por debajo de 30 años, se te da la libertad de vivir y hacer lo que quieras, sin cuestionarte pero, cuando llegas al número 3, tenemos la sensación de “tener que” ajustarnos a unas expectativas que se presuponen “tenemos que cumplir” a partir de esa edad y que, sin embargo, quedan en gran parte muy lejos de la realidad.

Tener un trabajo estable, estar en pareja con posibilidad de formar una familia en unos años, obtener ingresos suficientes como para poder pagar una hipoteca o, al menos, tener un vehículo propio, etc. Todo esto es parte de la exigencia a la que has de ajustarte si vas a cumplir o ya tienes los 30 años. Pero ¿realmente es así de sencillo? Si sólo fuera saltar de una edad a otra y con un chasquido de dedos conseguir esta situación vital, no estaríamos haciendo este post ni tú sufriendo el malestar que puede generar esta situación.

¿Qué puedo hacer si me siento así?

-Evalúa si la exigencia viene de fuera o de dentro.

¿Realmente tienes la necesidad de tener pareja ahora mismo? Identifica cuál es tu necesidad real independientemente a tu edad. La sociedad construye una serie de patrones o de normas que van cambiando a lo largo del tiempo y, donde antes era lógico casarse con 20 años, ahora es más bien una idea remota. No te dejes arrastrar por esas condiciones y escúchate.

-Comparaciones.

Cada persona tiene su ritmo y las circunstancias son cambiantes para tod@s. Focalizar tu atención en “sólo” aquellas personas que tienen lo que se presupone que hay que tener a cierta edad, generará en ti frustración e inseguridad al no ajustarte a ese patrón. Es como centrar tu atención en un detalle concreto y perder de vista el alrededor o, como querer ajustarte a unos zapatos talla 32 teniendo una 40.

-Pensamientos “negativos”.

La forma que tienes de hablarte a ti mism@ te hace sentir de determinada manera. Si cuando hablas con amig@s tu mente te lanza mensajes del tipo “debería plantearme ser madre ya, voy a defraudar a mi familia” “él tiene bastante dinero ahorrado y yo no, soy un desgraciado”, sin lugar a duda, te vas a sentir con muchísimo malestar. Trabaja la compasión y el cariño hacia tu propia persona, elabora un discurso más ajustado y comprensivo contigo mism@. No es que seas un desgraciado o que se te esté pasando el arroz, es que quizás no tienes los recursos actualmente o que te sientes bien tal y como estás, pero acabas sucumbiendo a la presión social.

-Sensación fatalista o catastrofista.

“O tengo esto ya, o nunca podré conseguirlo”. El tiempo es limitado, es cierto, pero no todo es blanco o negro. Que cumplas 30 años o que tengas 32 y que no tengas lo que se espera que has de tener, no significa que no puedas conseguir objetivos y cumplir metas en otro momento vital. El ser humano es capaz de adaptarse a múltiples situaciones y de reinventarse en cualquier momento.

-Aquí y ahora.

Pensar todo el rato en el futuro que tu mente catastrofista te dice que no vas a tener, o entrar en bucle rumiativo sobre lo que hiciste mal en el pasado, etc., te aleja de una realidad incuestionable y es que, lo único que realmente “poseemos” es el momento presente. Este preciso instante es lo único seguro y con garantía que tienes. Entrena la capacidad de focalizarte en el presente y el tomar consciencia de lo que estás haciendo-viviendo en este momento. Disfruta lo que hay y valora lo que tienes.

Esto es parte de lo que puedes hacer para sentirte mejor respecto a la “presión social” asociada a la edad. Si consideras que esta exigencia está generando mucho malestar e incluso te resulta limitante en tu día a día, en Quiero Psicología trabajaremos para comprender lo que te sucede y ayudarte a encontrar una forma de disfrutar del maravilloso arte de cumplir años, y lo que es mejor, estar viv@ y tener mil posibilidades de volver a empezar una y otra vez.

ciberacoso

Cuando la Violencia de Género es Online

Como ya hemos hablado en anteriores post, la era digital ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Hoy en día, podemos establecer vínculos afectivos a pesar de la distancia física, conocer a gente mediante aplicaciones, compartir nuestros recuerdos y tener nuevas alternativas de ocio.

Sin embargo, estos cambios también han dado pie a nuevas formas de ejercer violencia.

Recordemos, que la violencia de género implica una relación asimétrica y de dominio que puede darse en múltiples formas: Violencia física, sexual, psicológica, económica, reproductiva… y que además, esta violencia puede darse de forma activa y/o pasiva.

A consecuencia, a raíz del auge de las nuevas tecnologías, ha surgido una nueva forma de ejercer violencia.

Ciberacoso

Este fenómeno se caracteriza por ejercer una relación de dominio a través de las nuevas tecnologías. Implica insultar, ridiculizar, amenazar o acosar a otra persona mediante redes sociales.

También se incluiría la suplantación de identidad, donde el acosador puede hacerse pasar por esa persona y difundir mensajes falsos o compartir información privada de la víctima.

Actualmente, como ya sabemos, los teléfonos móviles forman una parte imprescindible en nuestras vidas. Ahí guardamos fotos, información íntima, conversaciones con amistades, accedemos a redes sociales, etc.

Es por esto por lo que ejercer ciberacoso constituye una violación a nuestra privacidad y un total acceso a nuestra información.

La violencia online puede verse reflejada en diferentes formas:

Sexting no consentido:

Este fenómeno proviene del acrónimo sex (sexo) y texting (chatear), ya que consiste en comunicarse o enviar fotos de contenido sexuales a través de mensajería instantánea.

Estas acciones pueden formar parte de la intimidad de una pareja. Sin embargo, cuando estas imágenes de contenido sexual se difunden sin consentimiento alguno, estamos hablando de violencia, y por tanto, de un delito.

El acosador puede difundir estas imágenes con el objetivo de ridiculizar a la víctima, amenazarla o chantajearla con publicarlas, con el fin de coaccionarla.

Grooming:

Esta práctica digital consiste en la puesta en contacto de un adulto con un menor a través de las nuevas tecnologías con fines sexuales.

Estos pederastas en primer lugar, tratan de ganarse la confianza de menor formando un vínculo afectivo, por lo que es habitual que estas personas al principio simulen ser también menores.

Una vez obtenido el vínculo, el acosador tiende a solicitar imágenes de carácter sexual, pudiendo llegar incluso a difundirlas por otras redes.

La diferencia reside en que en este fenómeno, el acosador siempre es un adulto y la víctima una persona menor de edad.

Uso de redes sociales:

El acosador puede utilizar las redes sociales de la víctima para controlar sus acciones, los “me gusta” que da, las fotos que publica, etc. Estas personas pueden ejercer su dominio prohibiendo a la víctima subir material que ellos consideren inoportuno, utilizar los “me gusta” como forma de castigo o refuerzo, o espiar las interacciones que hace la víctima.

Por otro lado, el acosador puede crear un perfil falso suplantando la identidad de la víctima, pudiendo compartir rumores falsos o imágenes sexuales convirtiéndola en motivo de burla.

¿Qué diferencia el acoso online del offline?

Al formar parte de una sociedad donde las nuevas tecnologías forman un pilar básico de comunicación, el perfil de ciberacosador es mucho más amplio.

Estas personas pueden aprovecharse del carácter anónimo que pueden darte las redes, para acosar y controlar a la víctima con mayor facilidad. Esto implica que las opciones para ejercer violencia también aumentan, ya que es habitual que hoy en día tengamos un perfil abierto en diferentes redes o contemos con diferentes medios tecnológicos para comunicarnos.

Asimismo, el riesgo de dañar a la otra persona es mayor, ya que las tecnologías suponen un canal donde poder transmitir un mismo mensaje a un gran número de personas con un solo click. A diferencia del acoso offline, la dimensión se da a un nivel más global o macro.

Si la víctima ha bloqueado el perfil del acosador en redes, éste tiene la opción de acceder a ella a través de otro medio o crear un nuevo perfil sin tener que desvelar explícitamente su identidad.

¿Qué puedo hacer ante este fenómeno?

En primer lugar, debemos prevenir estas prácticas y minimizar el riesgo de que el ciberacoso ocurra.

Si somos padres de un menor de edad, en primer lugar, debemos comunicar los riesgos que implica el uso de redes sociales, destacando la importancia de mantener los perfiles con la mayor privacidad posible. Así como de advertir los riesgos que conlleva interactuar o dar permiso de acceso a tus datos a personas desconocidas.

En el caso de los adultos, si sospechamos que estamos siendo víctimas de ciberacoso, estaríamos hablando de un delito penal, y por tanto, contaríamos con la opción de denunciar.

Es importante limitar el acceso de nuestras redes a personas de confianza, minimizando el riesgo de que las fotos o la información se difundan. En caso de recibir insultos, amenazas o acoso de una persona, deberemos bloquear el perfil y hacer uso de la opción de denunciar perfil que ofrecen actualmente las redes sociales.

Si te sientes identificado con esta práctica digital y te gustaría recibir ayuda especializada, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de recibirte.

operación bikini

La maldita “operación bikini”

Ya está aquí junio.

Damos la bienvenida al verano y al inicio de las preocupaciones por tener que exhibir el cuerpo en la piscina, playa o donde sea que tengamos la oportunidad de refrescarnos.

Este año, además, llega en circunstancias especiales.

Tras una época de confinamientos y limitaciones varias en la que muchos y muchas hemos manejado la ansiedad y la falta de actividad mediante la comida.

Esto se ha traducido en un “posible”  aumento de peso.

Varios estudios estiman que en este periodo cada uno de nosotros hemos engordado una media de tres kilos.

“Para anticuerpo, el que vamos a tener este verano”

Esta frase se ha repetido en numerosas ocasiones desde que se inició la pandemia y, aunque que pretende ser una frase con humor, encierra un mensaje de base que se ha instalado en nuestra sociedad: tenemos que estar perfectos y perfectas para el verano.

La “operación bikini” no debería ser una dieta restrictiva y temporal, sino un cambio de hábitos que persiguen un objetivo de vida saludable.

Todos los días del año.

Todo el tiempo.

La sociedad nos demanda “la imagen perfecta”.

A todos.

Es innegable que las mujeres sufren una presión social mayor.

No se ha oído hablar de “la operación bañador”.

Niños y niñas, hombres y mujeres hemos sido educados de forma diferente.

Ya hemos hablado sobre esto en algunos posts anteriores (https://www.quieropsicologia.com/ninos-ninas-y-normas/ por ejemplo) y todos nos sentimos presionados por adaptarnos a lo que se considera ser “una mujer deseable o un hombre deseable”.

A los hombres se les ha orientado hacia el éxito propio y las mujeres han recibido una educación orientada a la aceptación de los otros.

Ser una mujer valorada supone, además de otros mucho atributos, estar sometida a unos cánones de belleza y buscar encajar en ellos.

Por lo que atañe a este post: la delgadez.

Cada verano las nuevas colecciones de trajes de baño las lucen mujeres con cuerpos que representan el ideal de belleza del momento.

Constantemente nos bombardean con publicidad sobre pastillas para acelerar la perdida de peso, dietas milagro y un sinfín de mensajes que buscan la esclavitud hacia el propio cuerpo, eliminando y corrigiendo partes de él para encajar en lo aceptado socialmente.

Bikini o bañador ¿elección o imposición?

Desde finales del siglo XIX se empezaron a usar los trajes de baños de dos piezas, que inicialmente llegaban a la altura de los tobillos y poco a poco fueron enseñando más partes del cuerpo.

Fue en 1946 cuando Michele Bernardini lució el primer bikini.

A lo largo de estos años, las formas de los trajes de baño han ido variando y se puede elegir entre diferentes partes de arriba y de abajo o recurrir a la pieza entera que es el bañador.

En los últimos tiempos desde el mundo del diseño y de la moda, desde algunos espacios al menos, intentan buscar la aceptación de todo tipos de cuerpos y las modelos que los lucen tienen diferentes tallas, abarcando la diversidas que existe en la sociedad.

Aun así, no dejan de existir las etiquetas “ curvy” o “ talla grande” para señalar a quien no encaja en el modelo de cuerpo “ideal”.

En los últimos años los bañadores se han convertido en pieza clave en la moda de verano y muchas mujeres han optado por usarlo cada vez más.

Puede que te guste en sí el bañador o te sientas más cómoda.

Sucede también que es algo que sintamos que podemos elegir: preferimos tapar el cuerpo por anticipar el rechazo social.

Si has optado este verano por usar bañador, es importante que te plantees si es una decisión libre o te estás autocensurando.

¿Cómo afectan los ideales de belleza a la autoestima?

Un tercio de nuestra autoestima está relacionada con la valoración positiva o negativa de la autoimagen.

Si tendemos a valorar negativamente nuestra imagen, nos resultará difícil prestar atención a otras áreas que también conforman nuestra autoestima.

Visibilizando todo tipos de cuerpo luchamos para romper con el ideal de belleza establecido en la sociedad actual.

Cuanto más diversidad, menos exigente y utópico será el ideal que queremos alcanzar.

Esto ayudará a que nuestra autoestima mejore: nuestra autovaloración no estará tan lejos del ideal de belleza si ese ideal contempla todo tipo de opciones.

Llegados a este punto se podría ver la “operación bikini” como la suma de varios elementos:

  • Mayoritariamente, ser mujer (los hombres no usan bikini).

+

  • Orientado a los otros (qué van a pensar, qué me van a decir, no pueden verme así).

+

  • La belleza como clave para la aceptación social (la belleza acorde con el cánon imperante, para mujeres y para hombres).

+

  • Autoimagen como factor clave en la autoestima (directamente afectada por el cánon de belleza).

Crea tu propia operación bikini: este es mi cuerpo

Una vez visto todo el peso que nos ponen encima y que nos llevamos de vacaciones año sí y año también, te proponemos algunas ideas para que vayas soltándolo poco a poco.

O de golpe, como prefieras:

Toma conciencia de tu lenguaje interior

  • Es posible que tengas un discurso negativo sobre ti mismo o misma que te repitas cada día y no te hayas dado cuenta de su presencia.
  • Cuando comiences a sentirte mal con tu imagen, observa qué mensajes te estás diciendo.
  • Comienza a cambiarlos y a hablarte de forma más positiva, reconociendo tus puntos fuertes que seguro que los tienes.

Enriquece tu autoconcepto

  • No solo eres un cuerpo.
  • Tu autoconcepto está formado por tu aspecto físico, pero también por otras áreas como el modo en que te relacionas con los demás; tu personalidad; cómo te perciben los demás; tu rendimiento en los estudios y/ o trabajo; la forma en que funcionas en el día a día; tus capacidades mentales, tu inteligencia; tu sexualidad, etc. Analiza cómo se encuentran esas áreas en tu vida actual y enfócate en enriquecerlas.

Tu cuerpo no limita tu vida

Es posible que sientas miedo de exponerte a estar en traje de baño por temor a qué podrían pensar los demás.

En estas ocasiones puedes estar tentada o tentado a no ir a determinados eventos o a privarte de algo que te gustaría hacer.

Otras veces es posible que decidas acudir, pero los mensajes negativos que esperas recibir o los que ya te estás enviando tú, te impiden disfrutar de la situación, lo que aumentará la posibilidad de que en un futuro no vayas de nuevo.

Intenta focalizarte en lo positivo del momento, lo bien que lo pasas, lo bonito del lugar, lo agradable de la compañía, etc. y luego registrar en un cuaderno.

Coge el bikini

Vete a la playa, piscina, río, donde sea que te apetezca ir.

Ponte crema solar por todas partes.

Disfruta.

Si te sientes identificada o identificado con lo hablado en este post y te está generando un malestar que no sabes cómo manejar, en Quiero Psicología podemos ayudarte a ello.

Que este verano no sea uno malo.

adicto a videojuegos

Adicciones del siglo XXI

Tenemos acceso directo a videojuegos a través de varias plataformas o dispositivos: tablet, ordenador, móvil, consola, etc.

La temática de los juegos es realmente amplia, incluso se han desarrollado algunos con fines educativos y terapéuticos.

Los videojuegos permiten desarrollar las funciones ejecutivas (la atención, orientación y memoria).

Gracias a ellos, podemos transmitir un mismo mensaje a diferentes interlocutores, obtener recompensas inmediatas o interactuar con personas situadas en la otra punta del mundo.

A pesar de todos estos “beneficios”, recientemente, la OMS catalogó como trastorno mental el abuso de los videojuegos.

Este trastorno se asemeja a otras adicciones como al alcohol, sustancias o juegos de azar.

La diferencia y la importancia de este trastorno radica en que, cuando observamos a la población que lo padece, la población infanto-juvenil supera con creces a la población adulta.

Es importante darse cuenta de que los dispositivos no son adictivos por sí mismos, lo es el uso que hacemos de ellos.

¿Cuándo pasar el rato jugando se convierte en un problema?

Hay una serie de pautas que te pueden ayudar a identificar si el tiempo que pasas jugando se está convirtiendo en un problema.

Probablemente nunca te hayas parado a pensar la cantidad de horas al día o a la semana que le dedicas a los videojuegos, pero sí vas notando que cada vez tienes menos tiempo para hacer otras cosas.

Recortas tiempo al estudio.

Quedas con tus amigos de forma virtual, para jugar, etc.

Estos son algunos avisos a los que puedes prestar atención:

Interferencias en tu día a día

Percibes que no te concentras igual para estudiar o trabajar, notas más cansancio o sueño porque has estado hasta la madrugada jugando o dejas de comer para jugar más horas.

Síndrome de abstinencia

Si pasa “demasiadas” horas sin jugar, sientes ansiedad, inquietud o nerviosismo que no se te pasa hasta que te pones de nuevo a los mandos.

Eso que experimentas, es muy similar al mono que sufren los drogadictos.

Cambios en el estado de ánimo

Puede que te sientas más triste, irritable o nervioso de lo habitual, muy relacionado con el mono del que acabamos de hablar.

Impulsividad y uso compulsivo

Tras algunas o muchas horas de juego, pueden aparecer conductas impulsivas:

  • gastar dinero en comprar vidas extras o recursos para conseguir un récord o matar a ese enemigo que se te resiste
  • dificultades para abandonar el juego, no sabes cuando parar
  • impaciencia a la hora de jugar, etc.

Dejar de lado otras actividades

  • haces los deberes deprisa y corriendo o, directamente, no los haces
  • te inventas excusas para no ir a clase o al trabajo; pasa de hacer la compra o de limpiar la casa o tu habitación
  • reduces al mínimo el tiempo que dedicas a tu familia o amigos, etc.

Aislamiento social

Cuanto más tiempo dedicas al mundo online, más desconectado estarás de la vida en el mundo real.

Hay mucha gente que se esconde tras un avatar para interactuar socialmente y evitar el contacto físico con otras personas.

Lo que parece una solución, se puede convertir en un problema: esta evitación, a largo plazo, solo genera mayor ansiedad ante las situaciones sociales y menor autoestima.

¿Qué puedo hacer si descubro que sí, que tengo una adicción?

Si has llegado hasta aquí y has sido capaz de darte cuenta tú solo o sola de que sí, tienes un problema de adicción a los videojuegos, enhorabuena.

No creas que es fácil salir del círculo vicioso en el que te encuentras.

Darse cuenta es el primer paso pero no el único:

Acepta lo que te ocurre y díselo a la gente más cercana

No es necesario poner etiquetas a lo que te está pasando.

Saber que no estás bien y que tienes un problema, es suficiente para empezar.

Aceptar lo que te ocurre no te hace más débil, sino que te facilitará la búsqueda de ayuda especializada y el apoyo de tu entorno más próximo.

Busca ayuda especializada

Seguramente hayas tratado ya de dejar de jugar o estás intentando controlar las horas que pasas enganchado y te esté costando mucho esfuerzo.

Es normal.

Hemos hablado ya del síndrome de abstinencia.

Tu cuerpo, habituado a jugar durante tanto tiempo, ha convertido el juego en tu estrategia de afrontamiento.

¿Puedes hacerlo solo? quizás, pero te ahorrarás mucho sufrimiento, encontrarás herramientas y serás capaz de manejarlo mejor si pides ayuda profesional.

Ya has sufrido bastante, pedir ayuda para salir de una situación tan grave, no te hace débil, al contrario, te ayudará a manejar este malestar y desarrollar nuevas habilidades.

Respeta las normas PEGI

Estas normas son la clasificación que determina la edad mínima recomendada para jugar a un videojuego.

Es obligatorio que en el videojuego en cuestión haya una etiqueta avisando del contenido sensible que puede aparecer en la pantalla (sexo, drogas o violencia).

Estas normas las marca un colectivo de expertos, se aplican a nivel europeo y tienen su sentido y su por qué.

Establece un horario

  • empieza por dedicar tiempo a las tareas prioritarias como el trabajo o la escuela, incluyendo las tareas o actividades extraescolares
  • crea y mantén unos hábitos de sueño, higiene y alimentación saludables
  • establece una rutina que puedas sostener con facilidad.
  • trata de comer siempre acompañado y hazlo en un espacio diferente al lugar en el que juegas, cuanto más alejado, mejor.

Busca estrategias de afrontamiento alternativas

Si te encuentras agitado o inquieto y sientes que el síndrome de abstinencia te está rondando, trata de realizar alguna actividad física como salir a caminar, correr, montar en bici o ir al gimnasio.

Apóyate en tus amistades o familiares para comunicarles como te encuentras en esos momentos de riesgo agudo de recaída.

Intenta manejar la tristeza y realiza actividades de autocuidado: date una ducha o un baño relajante, prepárate una rica comida, ponte música que te guste y baila, etc.

Busca alternativas de ocio fuera

Cuanto más tiempo permanezcas alejado de los dispositivos o lugares donde habitualmente juegas, más desarrollarás tu tolerancia a estar alejado de ellos.

Es como si quisieses dejar de fumar.

Seguro que pasar por el estanco donde compras habitualmente sentirás un deseo irrefrenable de fumar.

Con los videojuegos pasa exactamente lo mismo.

Es fundamental que aprendas a controlar los estímulos que te incitan a jugar para prevenir el deseo y la recaída.

¿Qué puedo hacer si es mi hijo o hija quien tiene esta adicción?

Supervisa la temática del videojuego

Préstale atención a la clasificación PEGI que ya hemos comentado.

Evita los videojuegos que no sean recomendados para su edad.

Infórmate de con quién está manteniendo contacto tu hijo o hija a través de los juegos online.

Limita sus horarios

Establece un horario con tus ellos que priorice las tareas escolares y las horas mínimas de sueño.

Es recomendable prohibir el uso de dispositivos después de cenar, para evitar que el cuerpo se active antes de acostarse y prevenir los problemas de insomnio.

Limita la cuenta bancaria del menor

Obviamente, si tu hijo o hija es mayor de edad, este paso es más complejo.

Intenta llegar a un acuerdo con él o ella para que no tenga acceso a tarjetas o formas de pago online.

Muchos videojuegos ofrecen expansiones o recompensas extra si realizas un pago a través de la aplicación o plataforma, por lo que al ser menores de edad, es muy recomendable restringir su acceso.

Fomenta el ocio fuera y las actividades extraescolares

Es importante que tus hijos e hijas desarrollen estrategias de afrontamiento externas a los videojuegos.

Que cuenten con una red de apoyo y actividades gratificantes alternativas para prevenir el uso compulsivo de los videojuegos.

Comunica tus emociones

Ya hemos hablado en otros post de la importancia de expresar tus emociones.

Di cómo te sientes.

Comparte tus preocupaciones de una forma cercana y asertiva con tus hijos e hijas.

Los padres y adultos de su entorno sois tanto su modelo de actuación, como su figura de seguridad.

Ten en cuenta que la expresión de las emociones funciona mejor cuando es bidireccional: permítele expresar cómo se siente y valida sus emociones.

No uses los videojuegos como refuerzo positivo o como castigo

Estas acciones pueden llevar a que tus hijos e hijas utilicen los juegos como estrategias de afrontamiento para reducir su malestar, lo que acaba generando mayor adicción.

Para finalizar, te recordamos, como hemos explicado previamente, que los videojuegos pueden ser una actividad gratificante que, cuando se juega de forma responsable y limitada, puede aportar numerosos beneficios.

Sin embargo, si la persona que juega descuida sus obligaciones, se aísla de su entorno y experimenta malestar en las horas en las que no está jugando, estamos hablando de una adicción y no de un simple pasatiempo.

Si te sientes identificado o identificada con alguno de estos síntomas o crees que tienes riesgo de desarrollar una adicción, recuerda que el primer paso es reconocer el peligro.

Cuando la persona que te preocupa es alguno de tus hijos o hijas porque pasa demasiado tiempo delante de la pantalla, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a abordar con él o con ella el problema.

¿Crees que estás deprimido o “sólo” sientes que estás triste?

Hace unos meses, comentábamos en otro post, Salud mental y Covid, la importancia del cuidado de la salud mental en tiempos de pandemia.

En las últimas semanas, se ha hablado mucho de la salud mental, específicamente de la falta de ella a raíz de todo lo experimentado en el 2020.

Desde Quiero Psicología creemos que esto tiene dos lectura: por un lado es lamentable que solo en circunstancias tan extremas se hable de algo que es un pilar fundamental para el bienestar de todo ser humano.

Por otro, al menos se ha puesto el foco en el cuidado y la atención que nuestra salud mental necesita.

No ahora, siempre.

Tendemos a preocuparnos mucho más por nuestra salud física que por la mental dando por sentadas demasiadas cosas que no siempre son positivas.

Como que siempre tenemos que sentirnos felices.

Que si me echo a llorar mientras como o paseo, no pasa nada.

O que pasar el poco tiempo que tengo libre engullendo series es normal.

Pues bien, ninguno de estos síntomas (sí, síntomas) son buenos.

Muy al contrario, son farolillos rojos a los que deberíamos prestar atención.

Puede ser que estemos pasando por una época más triste y está bien.

Pero quizás lo que estos farolillos nos cuentan es algo más profundo.

Es importante diferenciar entre tristeza y depresión.

¿Sabrías hacerlo?

Si no lo tienes claro, te vamos a dar algunas pistas para que entiendas esas diferencias:

La tristeza es un estado de ánimo.

Es algo pasajero, una emoción, por definición no suele mantenerse mucho en el tiempo.

Cuando estás triste, puede suceder que te falte motivación, que no tengas ganas de hacer nada.

Quizás dejes un poco de lado a tus amigos y amigas, centrando tus relaciones en tu círculo más íntimo, aquellos con quienes compartes las cosas realmente importantes, los hombros en los que llorar.

Cuando estás triste, parece que todo cuesta más.

Tal vez notas que vas más despacio, pero sigues adelante.

No vamos a entrar a valorar los motivos por lo que estás triste, que, obviamente, pueden ser muchos y muy diversos, lo importante es que cuando te sientes así, sigues pudiendo disfrutar.

Te ríes de los chistes, puedes hacer planes de futuro, eres capaz de interpretar tu tristeza como algo que pasará.

Te sigue apeteciendo ir al cine, o a cenar o salir de cañas.

Quizás te cueste ponerte en marcha, pero, cuando lo haces, lo pasas bien.

La depresión, sin embargo, es un trastorno, una enfermedad.

Si la depresión no se trata, puede llegar a convertirse en crónica.

Cuando la tristeza se mantiene de forma constante y bien definida durante un período largo de tiempo (6 meses, por ejemplo), podemos sospechar que estamos ante una depresión.

La abulia (pasividad, desinterés o falta de voluntad según la RAE) se hace persistente, cuando estás deprimido o deprimida, la vida te supera.

No eres capaz de llevar una vida “normal”, dejas de realizar cualquier actividad que suponga un esfuerzo y todo te lo supone.

También aparece o puede aparecer una sensación de cansancio constante que, curiosamente, suele ir asociada a insomnio o a una calidad de sueño muy pobre (te despiertas mil veces, tardas mucho en dormirte y te levantas más cansado que antes de acostarte).

El aislamiento va aumentando poco a poco, prefieres estar solo antes que compartir tu pena o relacionarte con nadie más.

Cualquier interrelación social se convierte en un peso, en algo que te cuesta enormemente, por lo que prefieres ir espaciando esa interacción hasta llegar a no salir de casa prácticamente para nada o nada en absoluto.

Es como si la depresión se fuera apoderando de ti.

Alteras tus rutinas, cualquier compromiso, por agradable que fuera en un principio, se convierte en un ejercicio agotador, como subir el Everest.

Incluso ir a trabajar te cuesta.

Das tantas excusas como puedes para mantener ese aislamiento que parece que es el único formato en el que encuentras algo de paz.

Lenta y progresivamente, el pozo en el que sientes que estás se hace más y más profundo.

Desaparece el interés, el deseo, la esperanza.

No eres capaz de ver otro futuro que el momento en el que te encuentras.

Vivir te agota y te supera.

El cuerpo comienza a responder a esa falta de estímulos.

Aparecen dolores musculares, de cabeza, mareos, etc.

Si te animas a ir al médico, probablemente te dirá que no te pasa nada, que estás perfecto, que no hay nada de lo que preocuparse.

Pero no dejas de sentirte mal.

Poco a poco, parece que tu organismo se ralentiza.

Te mueves como a cámara lenta.

No es solo tu cuerpo el que va al ralentí: tu cerebro también parece que está de vacaciones.

Concentrarte en algo es un suplicio, ordenar o planificar es un esfuerzo titánico.

Cometes pequeños fallos prácticamente a diario y cada vez son más y más importantes.

No eres capaza de ver nada positivo a tu alrededor.

Todo está mal y va a ir a peor.

Sientes que no tienes control sobre absolutamente nada en tu vida.

Ni siquiera tu cuerpo o tu mente.

Progresivamente, conseguir salir de la cama es cada día más dificil.

No entiendes para qué tienes que hacerlo.

Si te encuentras en la situación que te describimos o si te reconoces en alguno de los síntomas, escríbenos.

No esperes, observa lo que sientes y lo que estás experimentando.

Normalmente no nos damos cuenta de lo deprimidos que estamos hasta que lo estamos mucho, cuanto más tarde, más te va a costar reponerte.

En Quiero Psicología te ayudamos a mejorar, te escuchamos y te proveemos de herramientas para que aprendas a gestionar la tristeza.

Estás a un solo clik de comenzar a cambiar.

Las relaciones en la era digital

Vivimos en la época del “aquí y ahora”.

De la inmediatez, del consumismo y las relaciones digitales.

Es un tema del que ya hemos hablado en otros términos en nuestro post “El amor en el siglo XXI”.

Tenemos acceso a cientos de aplicaciones para conocer gente, publicar información o compartir cómo nos encontramos.

Con un simple movimiento de manos podemos hacer match con diferentes personas, conseguir plan para el fin de semana, y quién sabe, incluso encontrar pareja.

Sin embargo, esta sobreestimulación puede llevarnos a descuidar nuestras relaciones, afectando a la forma en que nos comunicamos.

El hecho de contar con tanta oferta convierte las relaciones en una especie de mercado.

Accedemos a un amplio escaparate de personas donde elegir.

Las nuevas tecnologías han eliminado barreras físicas entre nosotros, pero, ¿realmente están favoreciendo la comunicación? ¿acaso no están fomentando una sociedad cada vez más individualista?

Si alguien nos gusta, solo tenemos que deslizar a la derecha, si no nos llama la atención, deslizar a la izquierda.

Con un sólo movimiento podemos encontrar a numerosas personas a través de estas aplicaciones.

Es más, si no queremos saber nada más de alguien, es suficiente con borrar su contacto o bloquear su perfil en nuestras redes.

Lamentablemente, estas prácticas son cada vez más frecuentes y están claramente identificadas:

Ghosting

Llamamos ghosting (derivado de ghost del inglés, fantasma) a la práctica de eliminar toda comunicación sin aviso previo, llegando incluso a borrar el teléfono de contacto, dejando de seguir a esa persona por redes sociales, bloqueándola, etc.

La persona en cuestión, quien te hace ghosting, desaparece de tu vida sin justificación aparente.

Quienes utilizan esta táctica se caracterizan por no comunicar sus intenciones y sentimientos de una forma clara y concisa. Prefieren evitar decir cómo se sienten, bien por falta de estrategias de manejo emocional o por falta de habilidades sociales.

Deciden cortar directamente y que sea la otra persona quien asuma que la relación ha finalizado.

Si eres tú quien está sufriendo esta práctica, ante esta situación inesperada y la falta de información, es normal que te surjan preguntas:

¿Habré hecho algo que le haya molestado?

¿Será mi culpa?

¿Le habrá pasado algo?

Orbiting

El orbiting (del ingles to orbit, orbitar) se diferencia del ghosting en que la persona que deja la relación mantiene el contacto de forma virtual a través de las redes sociales.

La comunicación se interrumpe bruscamente y sin motivo aparente, igual que en el ghosting, no responde a los mensajes, etc. pero a la vez, y paradójicamente, comenta tus stories o da “like” a tus publicaciones.

De ahí su nombre, es como si estuviesen orbitando alrededor tuyo de una forma ambigua e incoherente.

En lugar de desaparecer y poder asumir que esa persona ya no va a estar más en tu vida, esta práctica te genera más incertidumbre y hace mucho más difícil el proceso de duelo.

Es normal que quienes hayan sufrido estas conductas tiendan a justificar la actuación de la otra persona con excusas de todo tipo.

Resulta muy complicado comprender un comportamiento tan contradictorio, mejor me busco una explicación que me pueda creer.

¿Qué puedo hacer si me han hecho ghosting u orbiting?

En primer lugar, debes tener claro que no es tu culpa. Si te han hecho ghosting no es porque hayas hecho algo mal.

No es fácil tolerar la incertidumbre.

Tendemos a buscar cualquier explicación que encaje en lo sucedido, aunque no sea válida ni real.

Lo que intentamos es reducir nuestra ansiedad.

Así, ante la total falta de información, tendemos a buscar un comportamiento causal, buscar el culpable de que la relación haya finalizado.

¿Por qué habrá desaparecido?

¿Le habrá pasado algo?

¿Le molestó algo que hice?

A veces la falta de respuesta ya es una respuesta en sí.

Lamentablemente no es la más adecuada.

Este comportamiento solo nos indica que el otro o la otra no tiene la suficiente madurez emocional como para hacer frente a una relación ni para asumir responsabilidades afectivas.

La responsabilidad está en quien corta la relación sin previo aviso, nunca en la persona que lo sufre.

Ante el orbiting, es normal que aparezcan pensamientos del tipo “pero si no estuviese interesada no me hablaría por redes”.

Es cierto, la otra persona parece tener interés, pero no al mismo nivel.

Parece que él o ella no es capaz de mantener una relación comprometida y mantenida en el tiempo.

No es porque no tú seas lo suficientemente valioso o valiosa.

Es el otro quien carece de las herramientas necesarias para mantener una relación estable.

Tampoco es capaz de gestionar las rupturas.

Probablemente se sienta terriblemente incómoda o incómodo al hablar de sus emociones o sentimientos.

Es muy probable que actúe así como norma, no es nada personal para contigo.

Estos individuos que experimentan dificultades para mantener lazos afectivos, muestran una tendencia evitativa.

Evitan situaciones comprometidas o delicadas.

Se trata de un mecanismo de defensa ante los vínculos sociales.

No tienen, por el motivo que sea, las habilidades necesarias para hacer frente a estos momentos.

Una “herramienta” muy recomendable es asumir que quien te hace ghosting, orbiting o cualquier otro palabro similar, lo hace en base a un patrón de comportamiento suyo.

Tú no eres responsable de que corte sin previo aviso el contacto.

No tienes la culpa de que actúe de una forma ambigua, como dando rodeos.

Tampoco has hecho nada para merecer que te traten así.

Puede ser complicado darse cuenta de lo que está sucediendo.

Suele llevarnos un tiempo aceptar que es eso lo que está pasando y, una vez aceptado, nos toca trabajar la pérdida y la tristeza que llegan de la mano.

Querer solo cuando a la otra persona le conviene no es bueno para ti, genera más incertidumbre y ansiedad.

Es importante ser conscientes, en la medida de cada uno, de nuestros sentimientos, acciones y de la forma en que afectan o repercuten en los demás.

Responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva consiste en tomar conciencia de nuestro comportamiento y empatizar con las consecuencias que éste puede tener en la persona o personas con las que mantenemos algún tipo de relación.

No importa que esta relación sea esporádica, que no tenga etiquetas o que acabe de empezar.

Cualquier vínculo afectivo genera una serie de emociones en todas las partes implicadas, somos seres sociales por naturaleza.

Realmente, no es tan complicado ser una persona afectivamente responsable:

Atiende a tus emociones.

Sentir nos hace humanos, no es peligroso.

Tu identidad no va a cambiar por estar en una relación ni tienen por qué hacerte daño.

Permitirte experimentar y expresar tus emociones te facilitará enormemente crear y mantener relaciones duraderas.

Pregúntate qué tipo de relación quieres establecer.

Hasta que no tengas claro lo que quieres, no podrás expresarlo adecuadamente.

Si no lo tienes claro, exponlo con honestidad, date tiempo y permite que la otra parte sepa lo que puede esperar.

Pide y pregunta, es tu derecho.

Sé empático.

Piensa en cómo puede sentirse la otra persona ante tu falta de respuesta.

Cuando no tenemos capacidad de predecir lo que va a pasar o estamos pendientes de una respuesta que nunca llega, es normal experimentar ansiedad.

Si tú no quieres sentirla, intenta no provocarla en los demás.

Sé asertivo.

Una ruptura puede ser dolorosa, pero puedes ayudar a que sea lo menos dolorosa posible.

Es importante comunicar cómo te sientes desde el yo: “siento que siempre soy yo quien propone planes”, “me gustaría que no nos viéramos más”, “esto no es lo que quiero“, etc.

Claramente, parece mucho más sencillo señalar a los demás: “eres muy pesado, me estás agobiando” o “eres un egoísta”.

Obviamente, esto no son soluciones para un problema afectivo más profundo, pero sí que son ideas que te pueden ayudar a identificar el lugar en el que te encuentras.

Si sientes que alguna de estas ideas te suena conocida, crees que te cuesta establecer vínculos afectivos o asumir el fin de una relación, en Quiero Psicología estaremos encantadas de escucharte y ayudarte a encontrar soluciones.

cuidado de mayores

Nuestros mayores y la pandemia.

Tras más de un año de pandemia, seguimos envueltos en una dinámica que nos obliga a estar alerta a muchos niveles.

Aparecen nuevos términos asociados al Covid, como la “fatiga pandémica”.

Es esa sensación de agotamiento que estamos viviendo tras mucho tiempo sosteniendo la incertidumbre, la alerta y todo lo que envuelve a la pandemia.

A cada uno le afecta de una forma u otra. Cada experiencia es única y personal.

Hoy queremos hablar de una población que ha sufrido especialmente esta experiencia.

Una población que sigue siendo la más vulnerable, la que más precauciones sigue necesitando tomar.

Hablamos de las personas mayores.

Nuestros mayores están padeciendo de forma directa y mucho más grave que otros grupos de población todo lo referente a la pandemia.

La reducción del contacto social y físico ha sido una de las primeras restricciones que se aplicaron y que se han mantenido firmes.

Las visitas a nuestros abuelos y abuelas en las residencias, prohibidas.

Ir a casa de la tía los domingos, prohibido.

Pasar la tarde con tu madre, prohibido.

El alimento que son los abrazos, los besos, la interacción social, prohibido.

Esta situación ha generado un aislamiento que nuestros mayores pueden intentar cubrir a través de videollamadas.

¿Te has parado a pensar lo importante que puede ser para ellos recibir una llamada, aunque sea breve?

La pandemia también se llevó por delante los Centros de día, los polideportivos, las clases y los talleres que nuestros mayores solían disfrutar y aprovechar.

Si eres joven, tendrás muchas opciones para entretenerte.

La universidad, clases, trabajo, gimnasio, bares, etc.

Las personas mayores podían estructurar su rutina incluyendo clases de informática o talleres de pintura.

¿Qué ha pasado cuando todo estaba cerrado?

¿Qué han hecho nuestros familiares con todo ese tiempo para llenar?

La falta de actividades ha fomentado el sedentarismo y el aburrimiento.

Muchos de nuestros familiares han comenzado a experimentar ansiedad y una profunda tristeza. La monotonía del día a día puede ser peligrosa si no les ayudamos a sobrellevarla.

El autocuidado personal como el uso de la mascarilla, gel desinfectante o mantener las distancias, supone estar pendiente todo el tiempo para no cometer errores que te pongan en peligro ni pongan en peligro a los demás.

Esto genera mucha inseguridad y puede llegar a suponer un peso agotador para cualquiera.

Prestar atención a que los demás también se cuiden y que si se acercan a ti lo hagan con garantía de que lo hacen genera mucha tensión y miedo.

Saltan un montón de preguntas que no tenemos tiempo ni de formular.

¿Habrá estado con muchas personas antes de venir a verme?

¿Se habrá lavado las manos al entrar a casa?

¿Por qué no se coloca bien la mascarilla?

A toda esta tensión diaria, podemos sumar la que les vamos poniendo nosotros cuando les llamamos o hablamos con nuestros mayores: “ten cuidado como pilles el virus puede ser muy peligroso” “deberías no salir a la calle ni recibir visitas” “las personas mayores tienen menos probabilidades de sobrevivir”, etc.

Ahora, imagina estar escuchando todo el rato este tipo de frases.

Encender la televisión y ver la cantidad de noticias que te recuerdan la peligrosidad y letalidad del virus a partir de cierta edad.

Todo esto genera en las personas mayores miedo.

Un miedo que se traduce en elevados niveles de ansiedad que suele venir acompañada de una sensación de aburrimiento y que mantiene y aumenta la cantidad de pensamientos rumiativos negativos.

Todas estas sensaciones y pensamientos generan malestar, sensación de desamparo, soledad e inutilidad.

La aparición y la suma de todo esto incentiva e incrementa cualquier sintomatología preexistente, no sólo física sino también psicológica.

¿Cómo puedes ayudarles?

Lo primero es ser conscientes de la situación que viven, ponernos en su piel y no ignorar su malestar.

Hacernos cargo como sociedad y como familiares.

Hablar con ellos por teléfono o video llamada, especialmente en momentos concretos del día como la tarde o la noche.

Preguntarles cuándo se sienten peor para acompañarles, aunque sea a través de las pantallas.

Según el caso, facilitarles el uso de alguna plataforma con la que contactar no sólo por voz sino por imagen puede hacerles sentir aún más cerca a las personas.

Darles mensajes de esperanza, de responsabilidad, pero también de certeza.

Ya se está vacunando a muchos de nuestros mayores y la situación y la tensión a la que se han visto sometidos, se irá relajando poco a poco.

En cualquier caso, podemos y debemos darles seguridad.

La vacuna no va a reparar su mundo emocional que ha quedado tocado. Necesitan recuperar su vida “normal” y debemos estar ahí para apoyarles en el intento.

Crear temas de conversación que no giren en torno a la pandemia y lo desastroso o difícil que está siendo todo.

Ellos y ellas ya lo saben y no es necesario desahogarnos con ellos y hacer que se preocupen más aún.

Tampoco es necesario mentir, pero debemos tener en cuenta que su cuidado y su salud mental son prioritarios.

Cuidarlos implica saber que, en este momento, no son nuestro paño de lágrimas ya que puede generarles aún más impotencia y malestar.

Es importante facilitarles actividades que puedan hacer a nivel individual.

Sopas de letras, puzzles, películas o series si tienen la opción, música o radio, libros, manualidades, etc. para que puedan pasar el tiempo.

Planificarles tareas para hacer deporte que puedan hacer sin dañarse.

Ejercicios sencillos y simples pero que les hagan mantenerse activos.

Técnicas de relajación y meditación a través de audio o vídeo o incluso vía teléfono para guiar paso a paso y hacerlo en compañía.

Acompañarles en la medida de lo posible y compartir el proceso, mostrando interés por lo que están haciendo.

Hacer visitas con todas las precauciones a menudo, para que, aunque sea breve, sientan el calor humano.

En el mejor de los casos, poder hacer turnos para convivir durante unos días o el fin de semana teniendo en cuenta las medidas de protección necesarias.

Utilizar elementos de higiene diferenciados e incluso mantener la mascarilla a pesar de estar juntos solo unas horas.

Hay que tener en cuenta también que puede que muchos familiares, amigos o vecinos hayan sufrido la peor de las consecuencias del Covid-19 como puede ser secuelas graves o incluso la muerte.

Perder a gente a su alrededor o contemplar la posibilidad de ser uno de ellos, genera mucho miedo y tristeza.

Es importante ayudarles a elaborar el duelo y acompañar en este proceso.

En los casos que sea necesario, aportar ayuda psicológica puede ser una opción acertada.

Si ha habido ingresos y han tenido que pasar ese período en soledad, aislados en un hospital, esta situación puede dejar secuelas que también hay que atender y escuchar.

Puede que estén algo más irritables en ocasiones, testarudos y testarudas, que se quejen constantemente, etc., como todos.

Se trata de comprender las pocas opciones que tienen y las limitaciones sociales y de salud que la pandemia y toda esta situación les ha creado.

Lo que hemos hablado de cómo les afecta todo esto.

Necesitan sentir que validamos sus emociones y no reñirles.

Escuchar y permitir la ventilación mental más que el rechazo será un soplo de aire fresco para ellos y ellas.

Si se te ocurren otras formas, serán bienvenidas y la propia persona mayor te lo agradecerá. Validar su etapa vital y darles cuidado propiciará que esta pandemia pase con más estabilidad y bienestar.

No seamos egoístas y cuidemos a las personas que tanto nos ha dado y que aún tiene mucho que ofrecer.

Si eres una persona mayor que necesita desahogo, te escuchamos.

También te podemos ayudar si cuidas de alguno de tus mayores y no sabes gestionar alguna cosa.

En Quiero Psicología ofrecemos terapia individual tengas la edad que tengas y con las precauciones necesarias para estar en un espacio seguro.

salir del armario

¿Por qué no salgo del armario?

En una sociedad donde impera “la presunción de heterosexualidad”, o lo que es lo mismo, esperar que si eres chico te van a gustar las chicas y si eres chica te van a gustar los chicos, puede generarte un conflicto el asumir que a ti te puede atraer alguien de tu mismo género.

Muchas personas viven en el armario durante tiempo indefinido, preocupadas por el qué dirán.

Viviendo una mentira, de cara a la galería, encajando en lo que se espera de ellos.

La vida dentro del armario es una tortura.

¿Cómo descubrirme a mi mismo/a?

Redescubrirte es aproximarse a ti mismo, a ti misma.

Es estar más cerca de conectar con tus necesidades reales.

Metafóricamente imagina que eres una cebolla.

Cada vez que te redescubres, te quitas una capa y otra capa, hasta llegar a lo que te mueve y te impulsa de verdad.

Estas capas son tan opacas y tan pesadas que solapan tus deseos.

Las capas son tan impuestas, que no te permiten someterlas a juicio y desarrollar un pensamiento crítico.

Las capas vienen de aquellos que más te quieren por lo que las asumes como parte de ti.

Pueden ser comentarios de tu familia como: “María, ¿ya tienes novio?”, “con lo guapo que eres, seguro que tienes a todas las chicas detrás”, “¿cómo que lo has dejado con Carlos, Irene? Hacíais una pareja estupenda”.

También pueden ser mitos familiares y culturales: “el ideal de vida de una mujer es casarse con un hombre y tener hijos”, “un hombre tiene que ser protector y encargarse económicamente de su familia”.

Precisamente porque son impuestas, no tienes la obligación de identificarte con ellas ni de cumplirlas punto por punto.

¿Cómo averiguar qué necesitas?

Detectar, cuestionar y romper con todo esto que llevas asumiendo consciente o inconscientemente durante toda tu vida no es tarea fácil.

La primera batalla consiste en aceptar lo que está pasando.

¿Sueles cuestionarte lo que piensas, lo que sientes o lo que haces?

¿Te planteas si realmente te gusta o lo que sucede es que estás confundido/a?

¿Sientes que una amiga te atrae, pero no te lo reconoces y dudas de ti?

¿Cuando piensas que te puedes gustar alguien de tu mismo género, te avergüenzas?

El primer paso es aceptar lo que estás sintiendo y lo que está pasando.

Para poder hacerlo, es muy importante que detectes cuáles son tus capas y qué es lo que está detrás de eso realmente, teniendo en cuenta que tienes derecho a sentir lo que sientes.

Sea lo que sea.

Una vez que has aceptado como parte de ti esos sentimientos y te identificas con ellos, viene la segunda batalla:

Reafirmarte en lo que eres de cara a los demás.

¿Siendo mujer, te gustaría contarle a tu familia que tienes una relación con una chica?

¿Siendo hombre, te da miedo que tus amigos te rechacen porque ahora estés con un chico?

¿Qué puedes hacer?

1. Tienes derecho a sentir lo que sientes y a ser cómo eres.

Tú eres el único, la única que puede ocuparse de ti, de escuchar y atender tus necesidades, y tienes derecho a hacerlo.

Eres la única persona responsable de tu vida, y es contigo con quien vas a pasar el resto del tiempo.

Es contigo con quien tienes que sentirte cómodo o cómoda.

Como decía Mecano: “lo que opinen los demás está de más”.

2. Es importante que sepas que la respuesta de los demás está fuera de tu control.

A veces esa respuesta puede no ser la más apropiada porque los demás tienen prejuicios, inseguridades e ideas irracionales.

Aunque esa respuesta te pueda hacer daño, tienes que tener claro que forma parte de los demás, no es algo que tú puedas cambiar. 

3. Si alguien decide no acompañarte durante este proceso de tu vida o te rechaza, quizá no sea una persona que merezca la pena tener al lado.

Cuando tomamos decisiones drásticas sobre la forma en que vivimos o sobre lo que hacemos, esto puede suponer un gran descubrimiento.

Un descubrimiento para ti mismo/a cuando haces las cosas que realmente quieres hacer, las que te representan y con las que te identificas.

También un descubrimiento en relación con tu entorno: habrá gente que se alegre por ti y contigo.

Habrá otros que no entiendan lo que está sucediendo pero lo acepten.

Otros ni lo entenderán ni lo aceptarán.

Cualquiera de las opciones es válida para quien elige tomarla.

Es aquello de “quien me quiere, que me siga”.

Lo importante es que tu proceso es tuyo y de nadie más.

No puedes vivir tu vida dependiendo de lo que los demás opinen, de lo cómodos que se sientan.

Tu vida es tuya y sólo tienes una.

De lo que se trata es de estar cómodo con quién eres y con lo que haces.

Desde Quiero Psicología entendemos que el proceso de aceptación puede dejar heridos por el camino, ya sea a nosotros mismos o a los de nuestro alrededor.

Si sientes que estás lidiando alguna batalla y necesitas una mano extra, ponte en contacto con nosotras, estaremos encantadas de acompañarte durante este proceso.