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Aprende qué es el Mindfulness

Quizás conozcas a alguien a tu alrededor que te haya dicho que está practicando mindfulness, o incluso es posible que te hayan aconsejado realizarlo, pero…

¿Qué es Mindfulness?

En este post te lo explicaremos, veremos sus beneficios y de qué forma puedes empezar a incluirlo en tu práctica cotidiana.

Antes de explicar qué es Mindfulness, vamos a ver con unos simples ejemplos qué no es. Imaginemos que estamos en el trabajo y comenzamos a pensar en cómo organizar el próximo viaje que tenemos en mente y una vez que estamos en nuestro destino comenzamos a pensar en todo lo que tenemos que hacer a la vuelta. O estamos con un hambre voraz y al sentarnos a comer empezamos a pensar en aquello que nos dijo un amigo que nos molestó ¿Qué tienen de común estos dos escenarios? Un exceso de futuro y pasado y una absoluta desconexión del presente. Digamos que lo opuesto a Mindfulness es esa falta de conciencia plena, sería cómo esa tarde de domingo que no terminas de saborear por estar pensando en el lunes que se avecina.

Evolución del Mindfulness

“Mindfulness” en su concepción más antigua, datada en 1921, proviene de la traducción al inglés de la palabra Sati, que en el idioma pali (en que están escritos las enseñanzas de Buda) significa conciencia, atención y recuerdo. Todo ello se entiende como la intención de ser consciente y dirigir la atención a nuestra propia experiencia.

Desde su adaptación a la psicoterapia occidental, se han incluido otros elementos a esta acepción antigua considerando el no juzgar, la aceptación y la compasión. John Kabat-Zinn merece una especial mención, pues fue él quien extendió la aplicación de la práctica del mindfulness al campo terapéutico y lo definió del siguiente modo “es la conciencia que surge de prestar atención intencionalmente en el momento presente y sin juzgar, a las experiencias que se despliegan a cada momento”.

Mindfulness rema en dirección contraria al piloto automático que todos llevamos encendidos en mayor o menor medida. No obstante, a veces se puede caer en el error de visualizar esta práctica como una persona aislada meditando sin sentir ni padecer y es exactamente lo contrario.

No se pretende dejar la mente en blanco sino tomar conciencia de nuestros pensamientos. Tampoco pretende perseguir un estado de felicidad utópica, sino aceptar las emociones desagradables sin tratar de defendernos de ellas, lo que conllevará a no aumentar el sufrimiento innecesario que surge de la evitación del malestar.

Bajo el paraguas de la palabra “mindfulness” están englobadas diferentes meditaciones y ejercicios que complican entender qué es exactamente. Podemos encontrar la meditación basada en la concentración donde se centra la atención en un elemento central que a menudo suele ser la respiración o una frase/palabra recurrente. Es cierto que la meditación va implícita en la práctica del mindfulness, pero en vez de concentrar la atención en un punto se centra en ser consciente plenamente de nuestra experiencia. La meditación mindfulness hace referencia a un proceso de introspección (vipassana bhavana) que incluye observar cómo divaga nuestra mente y tomar conciencia para volver al momento presente. Es habitual que nuestra mente se vaya a otros lugares y en casos, volver a la respiración facilitará el proceso retomando la atención plena en nosotros.

¿Qué beneficios tiene la práctica de la atención plena?

Como hemos señalado, se potencia una apertura a nuestra experiencia interna sin juzgarla. Esto supone aceptarla y por tanto bajaremos nuestros escudos para dejar de defendernos de aquello que genera malestar (pensamientos negativos, emociones desagradables). Mediante este proceso disminuye la rumiación en torno a nuestros pensamientos, conlleva a menores niveles de ansiedad y a una mejor regulación emocional. Su práctica continuada conlleva en definitiva a un mayor bienestar y por ello es aconsejable que comencemos a emplearlo.

Trabajando tu yo-compasivo.

La práctica del mindfulness puede ayudarnos a trabajar las heridas emocionales que se reabren en nuestra vida actual incluso sin llegar a ser conscientes. Imaginemos que estando en el trabajo ante una elevación de voz vemos que un compañero se paraliza y desde una posición externa no entendemos lo desproporcionado de su reacción. Esto ocurre porque a menudo nuestro cuerpo responde de una forma instintiva obedeciendo a nuestra experiencia previa y a los esquemas que hemos ido construyendo. Nuestro cuerpo reacciona desde nuestros propios pensamientos como si fueran un hecho. Aquí puede comenzar una ardua batalla para tratar de suprimir esas sensaciones y emociones desagradables. Por ello hay que andar en dirección contraria, permitir que las emociones ocupen el espacio que se merecen y ser más bondados@ contigo.

Para favorecer este distanciamiento con los pensamientos y alejarte del dialogo de tu “yo problemático” (invalidante, critico etc.) primero adopta un rol de observador que te ayude a conectar con la realidad actual, centrándote en describir objetivamente lo que ha ocurrido. Luego mantén un dialogo más amable contigo mismo por ejemplo diciéndote las cosas que le dirías a tu mejor amig@ si se estuviera hablando de una forma tan negativa.

Aplicaciones en la vida diaria

La práctica del mindfulness es algo que se puede cultivar. Por ello, te proponemos una serie de ejercicios para que los incluyas en tu día a día.

  • Comer con conciencia plena: Como veíamos en el ejemplo del comienzo, a veces nos sentamos a comer y terminamos sin haber saboreado apenas la comida. Para disfrutar de este momento con plenitud te proponemos el siguiente ejercicio. Antes de tu próxima comida, siéntate delante del plato y haz varias respiraciones. No te apresures a comer, simplemente contacta con el momento, observa lo que te rodea. Elige un alimento sólido para poder hacer esta práctica, como por ejemplo una manzana. Cógela con la mano y observa el movimiento de llevarla hasta tu boca. Presta atención a la función de los dientes y la lengua, saborea, no tengas prisa, incluso puedes frenarte cumpliendo un mínimo de masticaciones (ej. 20) antes de tragar y finalizar el primer bocado. Es posible que te resulte difícil, pero seguro que tomarás conciencia de las veces que has dejado de “saborear” esta experiencia.
  • Meditación tumbada: Antes de comenzar el día puede ser un buen momento para realizar este ejercicio. Aprovecha para hacer unos estiramientos y luego pon atención plena a la respiración. Conecta con ella y recorre tu cuerpo centrándote en cada parte desde la cabeza a los pies. Si hay alguna zona que te moleste, respira y siéntela. Pon atención al momento presente, permítete sentir las diferentes emociones que aparecen y observa como van variando tus sensaciones.
  • Mindfulness visual: Póngase de pie delante de una ventana y elija un objeto. Durante la exploración no trate de ponerle una etiqueta a lo que ve, (ej. Un coche), simplemente aprecie sus características como por ejemplo qué color/es tiene, si emite algún sonido, qué forma tiene, qué textura imagina que tendría, si hay diferentes partes en él. Piense si alguna vez ha tocado ese objeto, qué sensaciones le podría transmitir. No abandone esta practica hasta que piense que ha conectado con él todo lo que podría. Si durante el ejercicio la mente sus pensamientos se dispersan a otro lugar que no sea el ejercicio, tome conciencia de ello y vuelva al presente.

La práctica del Mindfulness puede formar parte de la terapia. Si estas pasando por un mal momento desde Quiero Psicología podemos ayudarte a poner en práctica éstas o a encontrar las herramientas que te funcionen.

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¿Qué es la parentalización?

La parentalización o parentificación es un proceso donde, a raíz de diferentes circunstancias, el hijo ha de hacerse responsable de sus propios padres. Esto provoca una inversión de roles, el niño pasa a desempeñar la figura paterna, responsabilizándose y cuidando de sus progenitores.

Formas de la parentalización:

La parentalización puede darse a través de múltiples formas:

  • Emocional: Existen padres con dificultades para regular sus emociones, que tienden a delegar la toma de decisiones relevantes en sus hijos ante su falta de estrategias de afrontamiento. Estos hijos, desde los primeros años de vida, tienden a hacer de sostén emocional, a cuidar la salud mental de sus padres o incluso ejercen de mediadores entre las disputas de sus progenitores.
  • Económica: Se trata de niños o adolescentes que han de hacer frente a gastos económicos para sostener a la familia porque sus padres se encuentran en situación de desempleo o sufren de alguna alteración que les impide trabajar. Estos menores o bien han de combinar la escuela con un trabajo, o en los peores casos, acaban abandonando sus estudios.
  • Instrumental: Estos niños se encargan de realizar las tareas domésticas como la limpieza del hogar, la compra, cocinar, llevar a sus hermanos menores al colegio, etc.

¿Por qué ocurre?

La parentificación tiene lugar cuando nos encontramos con padres que carecen de habilidades de afrontamiento y de regulación emocional suficientes para manejar sus propios estados mentales, y por tanto, para también responder a las de sus hijos.

Cuando un progenitor no es capaz de empatizar con las necesidades individuales que tiene su hijo ni presenta la capacidad para poder responder adecuadamente a sus demandas, se da un cuidado negligente. ¿Qué quiere decir esto? Que las necesidades del niño no se reconocen correctamente o se ignoran.

A consecuencia, el niño desarrolla diferentes estrategias a modo de supervivencia. Habrá menores que tenderán más a la evitación, ignorando y bloqueando sus emociones y necesidades, porque saben que no se les va a atender o incluso, pueden ser sancionados. Mientras que otros, ante esta negligencia, tenderán a hiperresponsabilizarse ellos mismos no solo de sus propias necesidades sino también de las de sus padres.

Estos fenómenos suelen ser recurrentes en entornos donde uno de los progenitores padece algún trastorno mental, entre padres que se encuentran bajo un proceso de divorcio, familias donde ha fallecido uno de los principales cuidadores, situaciones de riesgo social, padres que consumen sustancias o relaciones de maltrato.

¿Qué consecuencias tiene en la vida adulta?

Cuando somos bebés, somos seres totalmente dependientes de nuestros cuidadores. Nuestro cerebro y por tanto, las principales funciones ejecutivas, están todavía sin desarrollar, por lo que recibir un cuidado adecuado y mantener un vínculo seguro con nuestros cuidadores es esencial para poder lograr un funcionamiento adaptativo en la vida adulta.

Si crecemos en un entorno parentalizado, evidentemente, estas necesidades básicas no se van a poder cubrir adecuadamente.

Como hemos explicado antes, el niño, desde su propia inmadurez cerebral y siguiendo las reacciones de sus padres, desarrollará sus propias estrategias para evitar el sufrimiento: Reprimir sus emociones, ignorar sus propias necesidades, anteponer las demandas de sus padres a las suyas, sobreproteger a sus cuidadores, etc.

Siguiendo la teoría del apego, y cómo podemos ver a través de las personas que atendemos, estos patrones de comportamiento y roles quedan instaurados en la memoria del niño y generan por un lado, una representación de cómo han de actuar en el resto de situaciones sociales y por otro lado, una serie de expectativas de cómo actúan los demás.

Es como si el cerebro, con el fin de simplificar la información y ahorrar energía, crease una especie de mapa mental o guión de actuación para poder enfrentarse a las situaciones sociales y evitar así el malestar.

El problema surge cuando estos mapas son representaciones distorsionadas de la realidad, es decir, cuando el niño ha asumido una inversión de roles que no le corresponden a su edad madurativa y por tanto, no representan un adecuada relación paterno-filial.

A consecuencia, hablamos de niños inseguros, con baja autoestima, sensación de desprotección y por tanto, un elevado nivel de ansiedad, que podrá interferir en la vida adulta.

Estas personas, ante la ausencia de un modelo de regulación emocional eficaz, suelen tener dificultades para identificar sus estados emocionales y regular sus propias emociones.

De hecho, es muy habitual que estos niños parentalizados desempeñen un rol cuidador en el resto de situaciones sociales, como con amigos y pareja, ya que han aprendido que lograrán ser reforzados y escuchados si anteponen las necesidades de la otra persona a las suyas.

Suelen ser personas con dificultades para expresar su opinión, poner límites, decir que no, y sobre todo, dependen mucho del refuerzo externo para reafirmar su valía.

Otra estrategia muy común es la de desarrollar un patrón evitativo. Estos menores cuando exponen sus necesidades o sus estados emocionales, son ignorados y a veces incluso castigados. Por ende, ante esta negligencia, aprenden que la mejor forma de sobrevivir, y no resultar molestos para sus padres, es desconectarse de sus emociones.

Si crees que has sido un niño parentalizado y te sientes identificado con este post, tiendes a hiperresponsabilizarte de las necesidades de tu entorno y experimentas malestar, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Qué es terapia y qué no lo es?

Acudir a terapia es una decisión que puede resultar costosa ya que implica el reconocimiento de nuestro sufrimiento y nuestro dolor, que en muchas ocasiones llevamos arrastrando durante largo tiempo.

Pero una vez decidido iniciar un proceso terapéutico, nos encontramos con otra dificultad, dónde acudir.

Consultamos con amigxs y cada unx nos da su opinión y siempre hay alguien que comenta que se puede acudir a la sanidad pública y, claro, como es la opción con menor coste económico, optamos por probar suerte. Una vez acudimos a nuestro centro de salud y conseguimos que nos deriven a salud mental nos encontramos con otra piedra en el camino, no nos dan cita de forma inminente, con suerte (con mucha), nos atienden el mes que viene.

Por si acaso cogemos la cita que nos ofrecen, no vaya a ser, pero nosotrxs queremos que nos atiendan antes, estamos sintiendo el malestar en este momento y queremos, necesitamos que nos ayuden a aliviarlo lo antes posible, con lo que continuamos con la lista de opciones y optamos por acudir a un psicólogx privado.

Manos a la obra, cogemos el móvil o el ordenador, abrimos el buscador y escribimos “psicólogx y la zona en la que vivimos”.

Aparece un listado y ¿cuál elegimos?

Dentro de este listado en muchas ocasiones se cuelan opciones de menor coste económico y que aparentemente te ofrecen soluciones fáciles, rápidas y llamativas que simple vista pueden parecer la mejor opción. Pero en la mayoría de las ocasiones son pseudoterapias que desvirtúan la figura del psicólogx y que dañan tanto a profesionales como a pacientes.

Señales que te pueden ayudar a identificar qué es terapia y qué no es terapia

1. Detrás de una terapia psicológica siempre ha de haber un profesional titulado en psicología y colegiado.

2. Descarta aquellas opciones que te ofrecen soluciones en un breve espacio de tiempo. La terapia es un proceso relativamente largo, de varios meses o incluso años, por lo que frases como “en tres sesiones solucionamos tu problema” desconfía.

3. Otra de las frases que ha de hacerte desconfiar es “sin esfuerzo”. Todo aquello que implica un cambio supone un esfuerzo. No sólo se trabaja durante las sesiones, has de poner en práctica aquello que habéis hablado o abordado durante la cita.

4. Fíjate en la duración de cada sesión ya que una sesión en la que se pueda trabajar bien tiene una duración media de una hora. Menos, no es tiempo suficiente, más nuestros niveles de atención, tanto los tuyos como los del terapeuta disminuyen y se pierde eficacia.

5. Sesiones de orientación. Estas sesiones son las citas que se dan en primera instancia para que puedas conocer al terapeuta y su método de trabajo y suelen tener una duración menor de una hora. En esta primera cita podrás comprobar si conectas con el terapeuta y no es condicionante para iniciar terapia con esa persona.

6. Existencia de documentación y consentimiento informado. La existencia de este tipo de documentación es punto a valorar, puesto que en ella te indicarán e informarán de tus derechos y deberes si decides iniciar el proceso terapéutico y se te indicará que puedes revocar el acuerdo si así lo consideras. Una terapia nunca será efectiva si sientes que la estás realizando por obligación o que no hay mejorías.

Antes de iniciar un proceso terapéutico has de estar segurx y sentir confianza con el centro y con el psicólogx  que escojas, es una decisión importante, por lo que no dudes en preguntar e informarte bien.

Si ya has tomado la decisión de acudir a terapia pero no sabes dónde, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotras, ya que estaremos encantadas de informarte y atender todas las dudas que te plantees.

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Trabaja con tu lado «más oscuro»

Celebremos Samhain

¿Qué es Samhain?

Samhain se celebra la noche del 31 de Octubre al 1 de noviembre y es una de las fiesta más importantes de la tradición Celta, en esta fiesta, como en muchas otras que conocemos (La noche de difuntos, el día de Todos los Santos, el Día de los Muertos, etc…) se cree que el velo que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se difumina y así te puedes reunir con tus antepasados fallecidos.

Pero Samhain, además, supone el «año nuevo celta», o como significa su etiología gaélica «el fin del verano», y por lo tanto el comienzo de lo que se llama «la época oscura». Y efectivamente todos comprobamos en nuestras carnes lo que significa esto: las horas de luz se acortan, dan más ganas de quedarse en casa, hay muchos días nublados o incluso nos levantamos más tristes o sin energía.

¿Puedo beneficiarme de esta «época oscura»?

En la tradición Celta, como en otras tradiciones o religiones se cree que hay un momento para cada cosa y este momento de la época oscura es propicio para meterse «hacia dentro», para parar, pensar, empezar a idear nuevos proyectos, empezar a tejer las cosas que queremos o necesitamos para nosotros mismos, para estar a solas con nuestras cosas, para analizar lo que ha ido bien y mal en nuestras vidas…

Es decir, en general, para estar tranquilos y empezar un trabajo más reposado y en la intimidad de nuestro hogar, por eso para los Celtas esta época es también estupenda para trabajar con lo que ellos llaman «la sombra».

¿Qué es tu sombra? aquello que no quieres mostrar al mundo, lo que has hecho inconsciente, tus traumas, tus heridas, las cosas de ti que te dan vergüenza y no has confesado a nadie, tus secretos, las cosas que consideras inaceptables o vergonzosas de ti mismo.

Todos llevan una sombra, y cuanto menos se encarna en la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.

Carl Jung

Os pongo unos ejemplos para entenderlo:

  • De repente un día contestas a alguien de una manera que jamás le habrías contestado a otra persona y no sabes porqué.
  • Haces una cosa de un determinado modo y no puedes cambiar esa manera porque si no te da miedo y no entiendes a qué.
  • Te da vergüenza hacer algo y por mucho que te expones no se te pasa esa vergüenza y no sabes de dónde viene.
  • Situaciones parecidas que no sabes porqué haces o porqué sientes algo.

Ritual para trabajar con tu sombra

Hay mil millones de maneras de hacer conscientes esa sombra para que no influya en tu vida y te condicione, evidentemente una de ellas es ir a terapia y empezar a poner en palabras aquello que has estado callando (o que a lo mejor no sabes ni lo que tienes oculto por ahí), pero hoy te propongo un ritual para que trabajes con ella en casa.

  1. Si tienes claro que es lo que estás callando y no le cuentas al mundo escríbelo en una lista. Si no tienes idea de qué es lo que te pasa pasa escribe las situaciones que haces que no entiendes (reacciones que tienes con la gente, miedos que no sabes de dónde salen, etc…)
  2. El siguiente paso puedes hacerlo de 2 maneras:
  • VERSIÓN A CON MEDITACIÓN. Si eres capaz de concentrarte en la meditación o eres una persona que la practica siempre es recomendable esta opción. Busca un momento tranquilo, a solas, puedes decorar el espacio, por ejemplo poner inciensos, velas, una esterilla si tienes, etc… Pon esta música que te ayudará a concentrarte: https://www.youtube.com/watch?v=Tb8x0QbK0og. Y apaga la luz y cierra y los ojos. Respira hinchando en estómago en lugar del pecho. Coge aire, retenlo 1,2,3 segundos y suéltalo lentamente por la boca. Hazlo hasta que te sientas tranquilo, y después imagina que entras en una cueva y que está oscura, pero que, a medida que sueltas el aire por tu boca la estancia se hace más y más luminosa, así en cada respiración hasta que la cueva está totalmente iluminada. Y ahora piensa en la lista que has apuntado, piensa en cuándo te pasan las cosas que no entiendes, piensa en qué estas callando y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.
  • VERSIÓN B SIN MEDITACIÓN. Si no sueles practicar meditación y te pone aún más nervioso intentarlo, coge la canción del punto anterior, úsala en unos cascos y ve a caminar, es importante que sea caminar o correr o alguna actividad análoga. Y lo mismo que en el punto anterior, piensa en lo apuntado, en los situaciones de vergüenza o miedo o en las cosas que callas y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.

3. Apunta todas las conclusiones que saques o todas las cosas que te hayan venido a la cabeza (incluso a veces por poco sentido que las encuentres), si no ha salido nada nuevo, no desesperes, a veces se tarda más, lo importante es la constancia de poder ir entrando poco a poco en ti mismo, lo cual es una práctica que apenas hacemos. Vuelve a hacerlo mañana, coge las situaciones que te hayan venido a la cabeza, incluso aquellas que no sabes porqué te vienen o crees que no tienen relación y repite el proceso.

4. Si ahora tienes claro lo que está detrás de tus acciones, cuál es el secreto que estás guardando, párate, piensa sobre ello, piensa qué le dirías a una amiga que te cuenta lo que tú estás callando porque seguramente no la juzgarías tan duro como te estás juzgando a ti. Y piensa cómo te sentirías si contaras lo que te atormenta. Elige la amiga, amigo o pariente de más confianza, ese que sabes que no te va a juzgar y que siempre te ayuda (no elijas por favor aquel que te hace sentir mal cuando le pides consejo o le cuentas algo). Y atrévete a contárselo. Libérate de la carga. A lo mejor te lleva días planear cómo contárselo, no importa, a lo mejor se lo cuentas con miedo, no importa. Respeta tus tiempos y sé comprensivo contigo mismo.

Más trabajo con tu sombra

Si te quedas atascado en alguna parte del ritual, o si ves que son demasiadas las situaciones que no entiendes, o al intentar pensar en ellas te desbordas emocionalmente a lo mejor necesitas un trabajo más profundo contigo mismo, un proceso en al que alguien te acompañe, a lo mejor los traumas son más de los que creías y por eso tu consciente no te deja acceder a ellos y necesitas ayuda.

Para eso estamos en Quiero Psicología, llámanos, escríbenos y acepta todas las partes de ti, incluidas las «más oscuras». Porque no serías tú mismo sin tu sombra.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene ideación suicida?

En este post hablaremos sobre una parte de la realidad social silenciada como es el suicidio. Según los últimos datos del INE, en el año 2019 en España se produjeron 3671 suicidios. Estas cifras traducidas al día a día implican que hay 10 suicidios diarios (cada dos horas y media). Respecto a la diferencia en sexos, 900 personas eran mujeres y 2.771 hombres. No obstante, es necesario señalar que las mujeres realizan hasta tres veces más intentos autolíticos respecto a los hombres y ellos lo consuman tres veces más. Este dato es muy relevante ya que se considera un factor de riesgo el número de intentos autolíticos previos.

A nivel mundial, cada año hay 800.000 suicidios, lo que supone que cada 40 segundos una persona se suicida.

Viendo estas cifras, es evidente que se trata de un asunto de salud pública de gran magnitud.

¿por qué hay cierto reparo en hablar de ello?

Del efecto Werther al efecto Papageno

Vivimos en una sociedad con tintes tanatofobicos, donde en general hay cierta aprensión a hablar sobre la muerte y todo lo que le rodea. En el caso del suicidio, el Efecto Werther no ha ayudado a su visibilización. Este efecto está basado en la novela ”Las penas del joven Werther “(1974) tras cuya publicación aumentaron los suicidios de forma considerable. Por el lado contrario, nos encontramos con el Efecto Papageno, basado en un personaje de “La flauta mágica” donde se muestran opciones diferentes a la consumación del suicidio. Este efecto supone que mediante un trato adecuado de la información por parte de los medios de comunicación ( sin señalar el método y sin romantizarlo viéndolo como el fin del sufrimiento) se puede contribuir a la prevención del suicidio. Del otro modo, el estigma social conlleva al silencio y dilatan el sufrimiento de la persona.

Mitos

Por este mismo motivo que acabamos de mencionar, la sociedad tiene un papel fundamental para la prevención del suicidio. El primer paso tiene que ver con tener información sobre ello y desmontar los mitos que sobrevuelan al suicidio para no juzgar a las personas ni banalizar y /o deslegitimar sus actos.

Vamos a hablar sobre aquellos mitos más extendidos al respecto:

  1. Las personas que hablan acerca del suicidio no se hacen daño, solo quieren llamar la atención: FALSO. De cada diez personas que lo consumaron, nueve avisaron de ello y la otra insinuó de algún modo su intención. Toda manifestación relacionada con el daño a un@ mism@ debe tomarse en serio y entenderlo como una petición de ayuda.
  2. El suicidio no se puede prevenir, es un acto impulsivo: FALSO. Las manifestaciones verbales o conductuales que suelen realizar la mayoría de las personas que lo intentan son una muestra de momentos de ambivalencia respecto a considerar su decisión.

A nivel social, es posible trabajar en su prevención mediante la implementación de las políticas necesarias, del mismo modo que ha venido ocurriendo en el caso de los accidentes de trafico y la violencia de género, cuyas víctimas se han reducido en un 69,79% y un 12,7% respectivamente desde el año 2000.

  1. Al hablar con una persona en situación de crisis sobre el suicidio puede incitarle a que lo haga: FALSO. Hablarlo reduce el riesgo de cometerlo, pues este espacio de comunicación es una oportunidad de validación emocional que contribuye a disminuir su sufrimiento y puede convertirse en un momento de reflexión sobre sus intenciones.
  2. Las personas que se suicidan son cobardes (o valientes):  FALSO. No es un acto que se pueda juzgar. La consumación del suicidio es una manifestación extrema del sufrimiento de la persona.

¿Qué hago si estoy ante una persona con intento autolítico?

Como venimos hablando, es importante no juzgar a las personas ni ignorar o minimizar sus verbalizaciones. Resultará fundamental ofrecer un sostén adecuado en los momentos de crisis. ¿Cómo podrías actuar en esas situaciones? Veamos una serie de orientaciones básicas.

  • Es entendible que la situación te abrume, pero es necesario aportar calma a la situación mediante tu lenguaje no verbal y verbal.
  • Retira los objetos que sean potencialmente peligrosos para esas personas (elementos que pueda usar con un fin autolesivo, medicamentos etc).
  • Favorece la escucha de la persona. Pregúntale sobre los sentimientos que tiene, si había pensado antes sobre el suicidio. En el caso de que fuese afirmativa la respuesta, pregúntale cuales fueron sus frenos y anima a la persona a verbalizar sus razones para vivir actualmente. Realiza preguntas para saber si ha pensado en un plan sobre cómo consumar el acto (si lo ha planificado y es viable que lo realice, supone un alto riesgo).
  • En esos momentos, la persona esta desesperanzada ante su presente y futuro y solo contempla el suicidio como solución. Interésate por aquello que le está generando ese sufrimiento y habla con esa persona sobre alternativas a la muerte que le ayudarían a gestionar su situación.
  • Permanece a su lado sin dejarle sol@. Si no sabes qué decir sí puedes realizar una buena escucha permitiendo que hable contigo. Será un tiempo ganado a favor ya que es una oportunidad para sentirse escuchado, entendido y acompañado. Transmítele tu preocupación sobre su plan y dile de forma explícita que para ti y para otras personas es alguien importante.
  • No reproches su planteamiento ( ej. “Qué cosas dices”,” cómo puedes pensar eso”) ni lances mensajes sobre lo bonita que es la vida.
  • No asegure la confidencialidad y busque apoyo en la red social/familiar más cercana. En caso de riesgo potencial, es necesario activar las acciones preventivas necesarias como contactar con los diferentes Servicios de Emergencias Médicas mediante el 112.

Puede ocurrir que no se haya dado este momento de crisis, pero estés preocupad@ por alguna persona cercana a ti. Es importante tener en cuenta señales de alerta como: comentarios negativos sobre sí mismo y su futuro, verbalizaciones explicitas sobre la muerte o cualquier comportamiento que simbolice una despedida (tanto verbal como conductual). Ante alguna de estas señales invítale a hablar y ofrécele buscar ayuda juntos.

Si estas si estas viviendo esta situación o estas preocupado por alguien de tu entorno, desde Quiero Psicología queremos decirte: “no está sol@”.

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Consejos frente al duelo perinatal

Llamamos duelo al proceso psicológico que conlleva una pérdida o fallecimiento. En este proceso de adaptación, surgen diferentes emociones que nos ayudan a procesar que esa persona ya no está entre nosotros, como por ejemplo la tristeza, la rabia o el enfado.

Cuando un embarazo no llega a término o el bebé fallece tras el parto, se desencadenan una serie de emociones adaptativas que reciben el nombre de duelo perinatal.

Si bien la OMS define el período perinatal desde las 22 semanas de gestación hasta una semana después del nacimiento, a nivel psicológico esta acotación resulta realmente limitada, ya que dejaría de lado los abortos que se dan en las primeras semanas de gestación o las muertes producidas en las primeras semanas de vida.

Esta definición, en la que la gran mayoría del sistema sanitario se basa, invalida el dolor de los progenitores que se encuentran fuera de este rango, lo que aumenta aún más el estigma que sufren estas personas y el silencio de la sociedad ante estas situaciones.

Emociones más comunes del duelo perinatal:

Tristeza: Independientemente del tiempo de gestación, estos progenitores están experimentando una pérdida, la ruptura de un proyecto vital y de una serie de expectativas generadas en función de ese embarazo.

Culpa: El ser humano tiende a seguir un pensamiento lógico de causa-consecuencia. Sin embargo, ante un hecho imprevisto o improbable, encuentra serias dificultades para poder comprender qué factores han propiciado este desenlace.

Ante esta falta de respuestas, y teniendo en cuenta la postura del sistema sanitario, es muy común encontrarnos con madres que se sienten culpables o busquen algún tipo de explicación en comportamientos pasados como por ejemplo: Quizás sea porque ese día hice ejercicio, me tenía que haber cuidado más…

Vergüenza: Como hemos dicho, la falta de información, el miedo a dañar a estos padres y la ansiedad por no encontrar respuestas, genera un silencio y tabú social, que puede provocar que estos progenitores sientan vergüenza por comunicar lo que les ha ocurrido, ya que pueden sentirse juzgados o no comprendidos.

Impotencia: La falta de explicaciones contundentes, la falta de apoyos y una experiencia médica tan traumática pueden generar emociones como impotencia, rabia o frustración.

Miedo: Es habitual que surjan dudas y desesperanza acerca de la posibilidad de un nuevo embarazo, o también miedo a tener que enfrentarse a otro duelo.

Fracaso: Muchas mujeres sienten que están fracasando socialmente ante la imposibilidad de tener hijos de forma biológica o padecer problemas de fertilidad.

Como podemos observar, este tipo de duelo requiere de especial atención, por lo que silenciarlo solo aumentará el dolor de estas personas.

¿Qué frases NO debemos decir?

-Por lo menos estabas de pocas semanas

-Peor hubiese sido que el embarazo estuviese más avanzado

No intentes encontrar algo positivo en esta situación, estamos hablando de una pérdida y del dolor que ésta conlleva.

– Todavía sois jóvenes y podéis volver a intentarlo

Esto invalida las emociones de los progenitores. El hecho de tener o no otro bebé en el futuro, no va a eliminar la pérdida que acaban de sufrir, y mucho menos, sustituirla. No minimices su pérdida mostrando datos acerca de la probabilidad de un futuro embarazo.

Hubiera sido más duro si lo hubieseis conocido

Esto es un mito, ya que los datos demuestran que las emociones de rabia e impotencia pueden intensificarse en el caso de padres a los que se les ha impedido ver el feto o despedirse de su hijo.

Es una decisión del destino; cuando tenga que ser, será

Tener un hijo es una decisión personal y cuando se inicia el embarazo, surgen una serie de expectativas y proyectos asociados que se ven truncados cuando éste se interrumpe de forma inesperada. No busques dar consuelo a estas personas con este tipo de frases, ya que pueden aumentar la sensación de impotencia y desesperanza.

Como hemos explicado previamente, el ser humano tiende a buscar explicaciones y causas ante los sucesos que no esperaba, si bien hay personas que pueden verse reconfortadas en apoyarse en cuestiones más espirituales, también podemos encontrar personas a las que les produzca rechazo y mayor desconsuelo.

¿Cómo puedo ayudar?

Pregunta cómo se sienten y a ambos progenitores: No evites conectar con el dolor de esas personas, permite que expresen su dolor y sus sensaciones, y lo que es más importante: No quites de la ecuación al padre. Se ha comprobado que ante estas situaciones, ambos progenitores tienen la mismas emociones de duelo.

Pregúntales directamente por la pérdida, si tenían algún nombre pensado, si guardan algún objeto de recuerdo… Hablarlo no va a producirles más dolor, sino que puede ayudarles a sanar la herida. Recordemos que habitualmente estas situaciones son tabú en la sociedad, por lo que debemos crear espacios seguros para poder comunicarnos.

Valida sus emociones: No minimices sus dolor, estas personas están experimentando una pérdida y cada persona procesa el duelo como mejor puede. El silencio solo aumentará la sensación de desesperanza.

Muéstrate disponible: Ofréceles tu voluntad de ayudar y escucharles cuando lo necesiten, a buscar información médica o asesoramiento psicológico si lo necesitan, siempre y cuando, se respete también su espacio de duelo.

Coincidiendo con el mes internacional de la concienciación de la muerte gestacional y perinatal, desde Quiero Psicología queremos dar visibilidad a estos procesos y ofrecer un entorno seguro donde poder hablarlo, sin temor a ser juzgado o rechazado.

Si lamentablemente has experimentando una pérdida de este tipo, si te sientes identificado con las emociones expuestas anteriormente o crees que necesitar sanar un duelo, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Cómo me cuido si soy psicóloga/o?

Hoy vengo a hablar de nosotras y nosotros, compañeras y compañeros de profesión.

En nuestro día a día activamos todos nuestros sentidos para entender qué le sucede a la persona que tenemos delante. Cómo podemos acompañar y comprender su emoción, su historia. Sostenemos estados emocionales de distinto contenido e intensidad.

¿Te has parado a pensar de qué forma nuestro trabajo nos afecta mental y físicamente?

¿Qué implica ser psicóloga o psicólogo?

Ni que decir tiene la de horas que pasamos delante de un libro leyendo, aprendiendo y actualizando conocimientos que nos acerquen algo más a este inalcanzable saber sobre la mente humana.

Además de esta parte “teórica”, hay una parte práctica y real en esto de ser psicóloga/o y es, ser un humano frente a otro. Es acoger emociones y testimonios en tu propio cuerpo y en tu propia mente. Es hacerles un hueco entre todo tu barullo y mirarlo.

Para “mirar” a la persona hace falta empatizar y esto, es conectar con su sensación y su vivencia. Cuando esto sucede, como profesional entrenada/o mantienes cierta distancia emocional que te permite ver más allá del dolor o de lo irracional y estar desde una posición “neutral” u objetiva.

No obstante, la transmisión de información recae en nosotras y nosotros como una gota sobre el mar en calma y hace vibrar la superficie dejando rastro del movimiento.

¿Qué resuena en ti?

Según tus vivencias, conectarás con alguna historia en mayor o menor medida. Es importante que cuides esta parte que se pone en marcha durante nuestra labor profesional y que puede afectar no sólo a tu estado anímico sino además a la propia intervención.

¿Cómo puedo tener en cuenta esta parte?

  • Realiza una terapia personal en la que ahondes sobre ti misma/o y puedas conocer tu historia y hacerte cargo de tus necesidades. De esta forma será más sencillo que durante tu jornada laboral sepas identificar aquello que “toca” partes internas de ti.
  • Mantén revisiones de casos con otras/os compañeras/os. Tener otro espejo que devuelva información te facilitará ver más allá y adquirir otros puntos de vista o formas de trabajar.
  • Crea conexiones con profesionales de distintos ámbitos, modalidades y lugares. De esta forma podrás recurrir a ellas/os siempre que necesites aclarar una cuestión e incluso derivar un caso.
  • Derivar. Tan oportuno como necesario en muchas ocasiones. Cuando no te sientas capaz, cuando no tengas la preparación adecuada o simplemente no te apetezca. Conocer tus limitaciones te permitirá hacer una gran labor profesional y cuidar a la persona que llega a ti.
  • Organiza tu tiempo. Define horas de trabajo fuera y dentro de casa. Mantén un espacio para el ocio, tiempo personal, social y/o de actividad física. Oxigenar y no saturar.
  • Detecta en qué momento estás, cuáles son tus necesidades. Quizás estés pasando por un periodo de duelo y te sea complicado sostener a una persona que se encuentra en el mismo proceso que tú. Identifica tus emociones tras tu jornada laboral o sesión y hazte cargo en la medida de lo posible.
  • Permite expresarte emocionalmente. Si un día sientes tristeza o ansiedad, date permiso para sentir, expresar y entender qué te sucede. No lo saltes y toma consciencia de tu estado.
  • Mantén un límite a eso de “ser psicólogo/a”. No tienes que ser esa figura para toda tu familia o amigos. Tu profesión tiene su espacio y no puedes estar para tds en todo momento.
  • Sabemos que nuestra profesión es vocacional y que es una de nuestras aficiones pero, intenta potenciar otras áreas que generen placer y bienestar.
  • Cuida tu mente y también tu cuerpo. La postura, la tensión tras cada sesión…

Y por supuesto, no olvides que tú también puedes pedir ayuda si en algún momento la necesitas.

En Quiero Psicología sabemos de primera mano lo que implica nuestro trabajo y podremos acompañarte a sostener como persona y como profesional.

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La autoestima y las redes sociales

Es innegable que se está viviendo una verdadera revolución digital y estos cambios tecnológicos han afectado a distintas escalas a un mundo cada vez más globalizado. A nivel individual ha impactado generando un cambio en la forma de relacionarse con los otros, el estilo de vida y condicionando en cierta medida el desarrollo de cada uno.

Te contamos unas cuantas claves de cómo repercuten las redes sociales en la autoestima.

Valgo en función de los likes

La autoestima es la relación positiva entre la valoración objetiva de uno mismo y el ideal de aquello que le gustaría ser. El factor sociocultural en la construcción de ésta tiene un papel fundamental, donde entran el juego los valores sociales que se premian en la sociedad y el éxito y el atractivo asociado a la popularidad. En este último punto se encuentra uno de los aspectos claves para entender la importancia de las redes sociales y su relación con la autoestima.

Los nativos digitales, es decir, aquellos que han crecido en una época donde los cambios tecnológicos estaban ya implantados, se han adaptado a vivir con redes sociales y de hecho va implícito en su forma de vida. Esto supone una ventaja en cuanto a los beneficios que implica la tecnología, pero se exponen también a riesgos que pueden pasar desapercibidos. Es muy importante considerar el impacto sobre los adolescentes.

En esta época de crisis vital, llena de contradicciones, inexperiencia y búsqueda de identidad, el criterio de su grupo de iguales será el baremo con el que se midan. En un futuro adulto, la comparación con los otros también estará presente como una forma de regulación. Este es el caldo de cultivo para que las redes sociales sea el lugar idóneo para ello.

De este modo, una publicación en una red social lleva consigo cierta búsqueda de aprobación donde un “like/me gusta” premiará el comportamiento. Además las redes sociales ofrecen la posibilidad de usar filtros, no solo para la imagen, sino que se puede seleccionar qué se muestra y qué no. Así, poco a poco, la persona puede ir construyendo su imagen social ideal (su “ yo online”), mostrando en función de lo que sea valorado y que servirá como una afirmación de su identidad.

Cuando llega el dislike

El espacio de las redes sociales no es simplemente un escaparate social, sino además ahora un lugar que es la fuente de ingresos para muchas personas que obtienen retribución económica, pero pagando el peaje de vivir con “los haters”. Éstos son personas que desde la sensación de invulnerabilidad que ofrece la pantalla digital dirigen comentarios negativos hacia otros, llegando a acosar a diario. Lamentablemente son un elemento instalado ya en las redes sociales.

El motivo de estos comentarios negativos puede explicarse (aunque nunca estará justificado) desde la defensa de otros valores contrarios a lo que la otra persona ha expuesto, desde una comparación que ha despertado inseguridades en el otro y desde un deseo deliberado de dañar. Recientemente se ha publicado que conocidas influencers se han retirado temporalmente por estos motivos en un gesto de cuidado de su salud mental.

No obstante, sin llegar a esos niveles de popularidad, este feedback negativo también ocurre a nivel usuario y aunque ocurra en menor medida es igual de dañino para la autoestima de la persona. Estos comentarios negativos (o ausencia de comentarios positivos) son potencialmente destructores si la persona termina explicando esa situación desde ella misma (ej. “Lo he hecho mal”, “ no soy tan valida como X” “ haga lo que haga me criticarán” ), obviando la acción del otro y exculpándole de su responsabilidad.

Yo online -vs- yo offline.

Las redes sociales posibilitan experimentar diferentes roles, así por ejemplo es habitual encontrar que una persona tenga diferentes perfiles (personal, laboral, proyecto personal etc) e interactúe en función del público al que se dirige.

Del mismo modo, la existencia de estos filtros comentados hace que el mundo virtual no tenga la autenticidad y espontaneidad propias del contacto cara a cara y ofrece por tanto un intervalo para pensar qué quieres decir y cómo.

Las redes sociales supondrán una ventaja para aquellos que no tengan habilidades para enfrentarse a las situaciones sociales y favorecerá la expresión de sentimientos, pensamientos y emociones que de otro modo no tendrían cabida en su vida. Será un arma de doble filo puesto que si recibe un feedback positivo, reforzará que continúe aislándose y relacionándose tras la pantalla.

A veces, este espacio virtual es el único lugar donde los niños/adultos encuentran la posibilidad de habla, en los adolescentes además cobra más importancia, porque será un mundo con sus propias reglas.

La otra cara de la hiperconexión

Otra de las características del mundo virtual es la inmediatez que ofrece para acceder a la información y contactar con los demás, favoreciendo en este último caso una hipersocialización.

Esto en la adolescencia supone una ventaja para poder acceder a los iguales, pero también despierta fenómenos como el ya conocido FOMO (Fear of missing out o Miedo a perderse algo). Este miedo causado por la sensación de estar quedando al margen de experiencias gratificantes de otros genera cierta ansiedad social que se palia mediante un exceso de conexión a las redes para permanecer en contacto con los otros. Este continuo contacto genera a su vez una constante comparación de la vida de los demás respecto a la nuestra, fijando la atención en lo positivo de los demás y en las carencias y aspectos negativos de nuestra vida.

¿Qué hacer desde el entorno?

Como hemos hablado, el mundo virtual es un refugio en ocasiones, pero desde los distintos sistemas en los que se mueve la persona se puede trabajar en pro de la autoestima.

Desde casa y desde la escuela es importante que por parte de los padres y profesores se generen espacios de escucha, que se ajusten expectativas en cuanto a la capacidad de las personas y se brinden las ayudas (tanto materiales como emocionales) que permitan el avance. Es igual de importante ayudar como resaltar esos avances, sin caer en comparaciones y sin dar por hecho que “es lo que tienen que hacer”.

Desde el entorno familiar, no hay que olvidar que los adultos sirven de modelo para los hijos y por tanto es importante demostrar y enseñar un uso responsable de las redes sociales. Es necesario fomentar pautas saludables como no usar el móvil mientras se comparten momentos familiares, enseñarles el uso que le das a las redes sociales, pedirle que comparta contigo lo que ve en redes sociales y sobre todo, advertirle de los riesgos que supone la exposición sin medida.

Cuidar los mensajes que se lanzan desde el entorno en edades tempranas es importante porque quedarán grabados e irán estableciendo los pilares sobre los que creará el autoconcepto la persona y los terminará interiorizando. En un futuro, las experiencias negativas inherentes a la vida, activarán estas viejas heridas relacionadas con estos mensajes negativos pasados sobre “no ser suficiente”.

¿Qué puedo hacer para que las redes sociales no afecten a mi autoestima?

Es posible que al meterte en una red social pienses “mi vida no es tan interesante como la de los demás”. Esto surge ante comparaciones respecto a las actividades que hacen los demás y al dirigir la atención al número de likes que tiene una persona ante una publicación o el numero de seguidores que acumula.

Estos pensamientos pueden aparecer y el objetivo no es que desaparezcan sino reconducirlos ya que pensar en lo que nos falta es devastador a nivel emocional. ¿Y cómo se logra esto?

Puede ser que estando en las redes sociales surja la comparación y comiences a tener pensamientos negativos y a sentirte mal. Revisa qué es lo que exactamente te genera malestar ante esa publicación. Si está relacionado con un área de tu vida que no estás atendiendo, piensa qué pequeño cambio podrías hacer para satisfacerla.

Puede ser que tengas un ideal utópico en cómo debería ser tu vida. No elijas como baremo la vida de los demás puesto que recuerda que en redes solo se muestra una pequeña parte de la vida y está muy lejos de la realidad.

No publiques pensando en lo que va a gustar, muestra aquello que para ti sea importante, que te represente y vaya de acuerdo a tus valores. Si esa publicación no recibe likes, recuerda por qué lo has subido.

Reduce el tiempo que le dedicas a las redes sociales ya que te aleja de los demás y de lo verdaderamente importante en tu vida.

Cambiar este dialogo interno será un pequeño gran cambio.

Si te has sentido identificado o conoces a alguien que puede estar pasando por esta situación, desde Quiero Psicologia podemos ayudarte.

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Cuidando al cuidador

Cuando estamos al cuidado de un familiar o amigo enfermo, tenemos la tendencia de organizar los horarios acorde a sus demandas. Sin embargo, si la enfermedad se cronifica, es habitual que progresivamente nuestra vida empiece a girar en torno a sus necesidades.

En este caso, llamamos cuidador a la persona encargada de cubrir las necesidades especiales de alguna persona ya sea por su edad, condiciones físicas o porque padece algún tipo de enfermedad. Por ejemplo, una persona que se dedica a cuidar a algún familiar anciano o a una persona con discapacidad física.

En España, se estima que el 90% de las personas dependientes se encuentran bajo la atención de algún familiar.

Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, existe el riesgo de que el cuidador acabe desarrollando una sensación de sobrecarga y fatiga, que a largo plazo, puede repercutir negativamente en su área laboral, social y emocional.

¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE EL ROL DE CUIDADOR?

Sobrecarga:

La gran mayoría de estas personas también han de hacer frente a su trabajo, tareas domésticas y cubrir sus propias necesidades. Es habitual que si nos encontramos en esta situación experimentemos la sensación de no poder llegar a todo.

Fatiga:

La sobrecarga de tareas y sobreimplicación en los cuidados provoca, inevitablemente, un elevado grado de cansancio que puede acabar generando lesiones musculares y problemas de salud.

Ansiedad por el futuro:

Muchos de los cuidadores se preguntan: ¿quién cuidará a esta persona cuando yo no esté? O ¿si yo enfermo, quién se hará cargo de sus cuidados?. Por lo que es muy habitual experimentar preocupaciones y desesperanza hacia el futuro.

Aislamiento social:

La sobrecarga puede dar pie a cancelar planes sociales, posponer compromisos laborales o médicos, evitar conocer a gente nueva, etc. Paulatinamente, esto provoca la limitación del contacto social y a largo plazo, el aislamiento.

Descuido de los hábitos de salud:

Cuando debes hacer frente a tantas demandas, puedes acabar dejando de lado los hábitos alimenticios, de higiene y de sueño. Cuando tu horario se centra en los cuidados de la otra persona es normal acabar adaptando toda tu rutina a al suya.

Tristeza por la pérdida de reforzadores:

Cuando la vida del cuidador se limita a cuidar a la persona dependiente y deja de lado a sus amistades y compromisos laborales, es normal experimentar una sensación de vacío y soledad.

La emoción de tristeza surge ante las pérdidas, por lo que estas personas pueden verse inmersas en una espiral constante de pérdidas, al focalizar su rutina únicamente en el bienestar de su familiar y descuidar su propia salud.

Culpa:

Esta emoción surge cuando la persona cuidadora antepone sus necesidades o compromisos a los de la persona cuidada, considerando, de una forma distorsionada, que está haciendo algo malo y actuando de forma desconsiderada por no estar dedicada exclusivamente al rol de cuidador.

LOS CUIDADORES DURANTE LA PANDEMIA

El Informe sobre el Bienestar de los Cuidadores de 2020, señala que todo este malestar se ha intensificado a raíz de la pandemia.

El hecho de tener que limitar los contactos sociales, la disminución de plazas en los centros de día y la sobrecarga de la atención primaria, han disminuido considerablemente los apoyos de estas personas y por tanto, reducido su autonomía.

A esto habría que sumarle el gran porcentaje de personas que afirma tener miedo de padecer COVID y por tanto, no poder hacerse cargo de la persona que cuida, aumentando así su hiperresponsabilidad y nivel de ansiedad.

Otro dato interesante de este informe, es la desigualdad entre sexos, ya que existe un mayor porcentaje de mujeres cuidadoras, que hombres cuidadores.

¿QUÉ PUEDES HACER? CUÍDATE

Recuerda tus derechos:

Tienes derecho a decir NO, a equivocarte, a descansar, a no poder con todo, a pedir ayuda y delegar responsabilidades.

Establece límites:

Prioriza las tareas importantes de las tareas urgentes pero no importantes. Veamos un ejemplo de este concepto para entenderlo mejor:

Imaginemos que yo tengo la costumbre de desayunar café con leche todas las mañanas y mi día establecido para hacer la compra son los jueves por la tarde. Resulta que un jueves por la tarde me invitan a una pequeña fiesta de cumpleaños que coincide con mi hora habitual de realizar la compra. Si no compro leche, no me podré hacer mañana mi café rutinario, pero si voy a hacer la compra a la hora de siempre, me perderé la celebración.

En este caso, quizás me compense más acudir a la fiesta, que es un evento único, y modificar mi rutina de desayuno. Es cierto que si no voy a la compra, no podré desayunar el viernes mi desayuno habitual, pero puedo hacer la excepción al no tratarse de un problema urgente, y desayunar fuera de casa o comer algo diferente.

Fomenta el autocuidado:

Una vez establecida una rutina realista, es imprescindible incluir pequeños momentos de autocuidado, siendo obligatorio contemplar como mínimo un momento al día para ello.

Con autocuidado no nos referimos a acudir a un spa a diario, sino realizar actividades que nos resulten gratificantes como escuchar música, leer, caminar, hacer ejercicio físico, dibujar, etc.

Mantén hábitos saludables de higiene, alimentación y sueño:

Trata de acostarte siempre a la misma hora y de mantener una dieta equilibrada, que incluya todas las comidas.

Apóyate en asociaciones o en grupos de apoyo:

Estos servicios permiten por un lado, obtener información sobre la enfermedad para establecer metas realistas y ajustadas, y por otro lado, establecer una red donde poder desahogarse y apoyarse ante una situación tan compleja.

En conclusión, no podemos cuidar a otra persona adecuadamente si no nos cuidamos primero a nosotros. Si te sientes identificado con este post y te gustaría recibir más información, en Quiero Psicología estaremos encantadas de atenderte y poder acompañarte en este proceso.

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¿Qué es la violencia estética?

Vivimos en una sociedad que está obsesionada con la delgadez, con ajustarnos a un determinado canon de belleza impuesto; una configuración normativa que nos invade a través de redes sociales, de la televisión, de las películas, de las series, de las fotografías.

Es un canon impuesto y calificado como sano, si te ajustas a este tipo de configuración estás sano físicamente, de la salud mental, obviamente, no hablamos.

Es una imposición que recibimos de forma externa pero gota a gota va calando en nuestra mente y en nuestra forma de pensar, provocando que de manera inconsciente cambiemos nuestra forma de actuar, modifiquemos nuestras costumbres, que nuestras conversaciones giren entorno a la apariencia física de quienes rodean, ya sean personas cercanas, familiares, o simples transeúntes.

Aunque todos estamos expuestos a este tipo de violencia, las mujeres somos más vulnerables y la vivimos de forma mucho más intensa y marcada. Es otro tipo de violencia al que se nos somete, teniendo que seguir unas exigencias estéticas y sufriendo una obsesión por la belleza corporal definida por una sociedad patriarcal y con marcados intereses machistas.

Es una violencia que se ejerce a nivel psicológico, pero que las mujeres expresamos modificando nuestro aspecto físico, intentando adaptarnos a un patrón subjetivo y previamente definido como bello, estético, deseable, femenino.

Lo malo de este tipo de violencia es que es tan sumamente sutil que no la percibimos y todas hacemos determinadas cosas con nuestra imagen corporal y con nuestro físico de manera automática y tradicional que ya las consideramos como parte de la idiosincrasia de ser mujer.

Nos depilamos, no arreglamos las cejas de determinada forma, no salimos sin estar maquilladas… ¿por qué lo hacemos?, ¿por qué nos sentimos bien? ¿por qué nos gusta? ¿Somos conscientes de los motivos que nos llevan a realizar determinadas acciones?

¿De dónde sacamos el modelo a seguir?

Pero, de dónde obtenemos el modelo a seguir para que todas nos tengamos que ajustar a él, al cuerpo que es normativo, que tiene una forma determinada, un peso concreto, un tono de moreno y un color de pelo.

Nos bombardean con imágenes de mujeres definidas como perfectas, con estas características corporales, pero que también visten de una manera determinada, siguiendo unas tendencias que nos dicen que vamos a la moda.

Desde la televisión, en los anuncios publicitarios, en instagram, en tik tok, a través de los vídeos musicales, de las películas de cine o de las series netflix.

¿Cuántas veces hemos visto una serie apocalíptica en la que los protagonistas, llevan meses caminando a través de carreteras abandonas, enfrentándose a peleas contra diferentes seres, durmiendo en condiciones deplorables y con una higiene cuanto menos deficiente? Y, ¡qué curioso! Los personajes femeninos van perfectamente depiladas, con el pelo limpio y con ropa que no les va a permitir moverse con agilidad, mientras que a los personajes masculinos se les permite que se les note el paso del tiempo y las consecuencias de las condiciones en las que están viviendo.

Parece algo sin importancia, ¿verdad? Pero provoca que de manera inconsciente nos vaya calando la imagen a la que nos debemos ajustar para ser “la mujer perfecta”.

Nos venden como eslóganes publicitarios que para sentirnos bien, debemos vernos bien y vernos bien es cumplir con determinadas características que seguimos a pies juntillas a costa de nuestra salud mental y en muchas ocasiones de la física.

Consecuencias del ajuste al modelo

Podemos pensar que no estamos sufriendo las consecuencias directas del ajuste a este canon normativo de belleza ya que realizamos determinadas conductas todos los días que hemos interiorizado como “lo que hay que hacer”. Lo hacía nuestra madre y la madre de nuestras amigas en el colegio, nuestra profesora del instituto, y casi cualquier mujer que nos encontramos en nuestro día a día.

Hay que comer fit, hay que hacer ejercicio diariamente, hay que consumir determinados productos, para ajustarnos a ese modelo de cuerpo en muchas ocasiones inalcanzable ya que se obvian las características genéticas de altura, construcción, metabolismo…

Desde este punto de vista, podemos abordar cuestiones como la gordofobia, las distorsiones de la percepción que tenemos de nuestro cuerpo, las modificaciones corporales que se hacen a través de las cirugías estéticas e incluso los trastornos de la conducta alimentaria.

Consecuencias que a su vez están distorsionadas ya que le quitamos importancia a que alguien se ponga botox en los labios, siga un dieta alimenticia “para encontrarse mejor”, o que tengamos conversaciones en las que nuestra manera de clasificar al otro sea por su peso o su forma de vestir.

Todas estas consecuencias pueden provocar en cada persona, en cada mujer que sintamos que no somos válidas, que no somos suficientes, que no somos deseables, que no somos “buenas mujeres”.

¿Qué podemos hacer?

Es necesario tomar consciencia de nuestros actos, realizarlos de manera crítica; conocer nuestras motivaciones.

No te juzgues o te critiques por darte cuenta que realizas determinadas acciones, cuestiona la motivación por las que las haces. Piensa si ese acto concuerda con tu vida, con lo que quieres transmitir de manera consciente e intencional y si es así, ¡hazlo!

Ponte tacones, píntate los labios de rojo o usa zapatillas de deporte; depílate o no lo hagas. Acude al gimnasio, a zumba, a pilates o a musculación.

Ponte ese vaquero que está de moda o la camisa de tu abuelo.

Vive de manera consciente, real, intencional, vive siendo tú, ajustándote a tu propia idea de quien eres, porque de esa manera eres perfecta, eres sana y eres completa.

Y no te olvides que no estás sola durante este proceso, que más mujeres están en el mismo camino que tú. Pero si aún así, necesitas un ayuda extra, no dudes en acudir a un profesional que te permita realizar este camino hacia una salud plena física y mental.