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¿Cómo evito obsesionarme con el contagio?

Ahora que empieza la desescalada, que poco a poco vamos a ir retomando la rutina, es una oportunidad para que los pensamientos se pongan en marcha y se presenten de forma más intensa recordándote que te puedes contagiar. Ya hemos hablado en otros post sobre cómo funciona el miedo y qué puedo hacer con esta emoción: mira aquí nuestro post anterior. El miedo hace que los pensamientos ganen fuerza y se mantengan durante más tiempo. 

¿Qué son los pensamientos?

Los pensamientos son producto de tu cabeza, al igual que no eliges que aparezcan, tampoco puedes elegir cuándo se van. Hay un tipo de pensamientos, los Pensamientos Negativos Automáticos (PAN), que son aquellos pensamientos que nos generan malestar porque se ponen en lo peor, pero que tienen alguna relación con las situaciones que hemos vivido o que estamos viviendo.

Por otro lado están los pensamientos obsesivos, que son aquellas ideas, imágenes o impulsos cuya mera presencia genera miedo.

Por ejemplo, puedes pensar que si sales al supermercado tienes posibilidades de contagiarte y eso te genera malestar.

Es normal, no es una situación agradable pero, ¿hay otra forma alternativa de verlo? Sí, al igual que piensas eso, también puedes pensar que realmente no tienes por qué contagiarte si sigues las medidas recomendadas.

Esto sería un pensamiento negativo, sin embargo, si la idea de ir al supermercado te genera un miedo muy elevado que te impide salir, podríamos estar hablando de una obsesión.

¿Qué puedo hacer con los pensamientos?

Cada persona es un mundo y conviene hacer terapia para entender el origen de los pensamientos y, sobre todo, ver qué es lo que mejor te funciona. Como he dicho anteriormente, no puedes elegir cuándo los pensamientos vienen ni cuándo se van pero sí puedes elegir qué hacer con ellos.

En primer lugar, te puedes hacer esta pregunta: ¿puedo hacer algo al respecto? Si la respuesta es sí, es el momento de ponerte manos a la obra y ocuparte de aquello que está dentro de tu alcance: voy a pensar en qué cosas necesito para salir a la calle, voy a guardar la distancia de seguridad, etc. 

Si la respuesta es no y el pensamiento se repite de manera recurrente e intensa, es el momento de hacer lo siguiente: es importante que aceptes los pensamientos. Intentar no pensar, dialogar con tus pensamientos o juzgarlos, lo que realmente hace es alimentarlos y fortalecerlos. “Tú no eres tus pensamientos, al igual que el cielo no es únicamente las estrellas, eres mucho más”. Acepta que han venido de nuevo y que se acabarán yendo.

Pero, ¿qué puedo hacer mientras tanto? 

Focaliza tus 5 sentidos en lo que está pasando.

Pregúntate: ¿qué estoy viendo?, ¿qué estoy tocando, qué tengo en las manos, cómo es la textura?, ¿que estoy sintiendo, hace frío, hace calor?, ¿a qué huele?, ¿qué estoy oyendo?. El objetivo es que centres tu atención en lo que está pasando, en el momento presente, y así dejar de prestarla a lo que pasa en tu cabeza. 

Dedica un rato del día a pensar únicamente en lo que te preocupa.

Elige un momento del día, busca un sitio y piensa o escribe sobre ello, sin parar. Este tiempo es para la preocupación únicamente, para darle todas las vueltas que necesite. 

Haz una conducta incompatible con la preocupación y la sensación de activación.

Por ejemplo, aunque el pensamiento siga en tu cabeza, ponte a hacer algo a un ritmo muy lento, lo que te apetezca y tengas a mano, pero lentamente para que así el cerebro reciba señales de calma. 

Los pensamientos vienen y van, y algunos son más desagradables que otros. Pero tú eres más que tus pensamientos. Si los pensamientos negativos te llevan acompañando toda tu vida, quizá sea el momento de empezar a cambiar esto. En Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo. Contacta aquí.

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¿Qué puedo hacer si me da miedo salir a la calle?

A raíz de lo que está pasando y de lo que ha pasado, puede que el hecho de retomar la rutina y volver a hacer vida normal te genere una sensación de miedo. Miedo a poder estar en contacto con el COVID-19.

¿Qué pasa cuando el peligro está en tu cabeza, cuando sientes que hagas lo que hagas no va a servir de nada?

Esto ocurre cuando sufrimos un “secuestro emocional” y por mucho que dialoguemos con nuestra parte miedosa y le hagamos entender que realmente salir a la calle no implica entrar directamente en una habitación llena de coronavirus, no nos va a escuchar.

¿Por qué? Porque el miedo se cree realmente que entramos en esa habitación y que las probabilidades de contagio son del 100%.

¿Tengo agorafobia?

La agorafobia, viene de la palabra ágora (lugar público) y fobia (temor). Se define como un miedo a estar en lugares o situaciones de los que pueda ser difícil escapar o en los que pueda no disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico.

Como esta sensación es muy desagradable, se evita salir o, si no queda otro remedio, se soporta a costa de un gran malestar, es decir, con una sensación de mucho miedo. Algo parecido está ocurriendo con la situación actual.

Los momentos que generan esas sensaciones a las personas con agorafobia son:

• Estar solo fuera de casa.
• Estar en lugares concurridos (muchedumbres).
• Estar en teatros, restaurantes, centros comerciales o iglesias.
• Estar en espacios cerrados como ascensores o túneles.
• Viajar en transportes públicos (autobuses, trenes, aviones, metro, etc).

¿Te suenan? ¿Coinciden con las situaciones que te dan más miedo?

Posibles soluciones para tu malestar

Para ti esta situación está siendo desagradable y te está generando malestar, por lo que te preguntarás ¿qué puedo hacer?

El miedo, como todas las emociones, funciona como una curva.
Una curva que va ascendiendo hasta que llega a su punto más alto, y en este punto es cuando el miedo se presenta con mayor intensidad, es un momento en el que solo sientes miedo y todo lo que está pasando a tu alrededor lo estás viviendo como un peligro que amenaza tu vida.

¿Qué me pasa cuando siento miedo?

Es muy importante que entiendas cómo funciona el miedo y que sepas que nadie se ha muerto por miedo, así que tú no vas a ser ni el primero ni la primera.

Es un momento muy desagradable donde se aparecen sensaciones físicas como respiración entrecortada, taquicardia, sudoración, tensión muscular, mareo… Fisiológicamente, tu cuerpo se está preparando para luchar o huir, pero realmente no puedes hacerlo.

Acepta lo que estás sintiendo en el cuerpo.

Puedes acompañarlo con una respiración lenta y profunda: inspira por la nariz durante 3 o 4 segundos, reten el aire un par de segundos y exhala por la boca durante 4 o 5 segundos. Repite estas respiraciones tantas veces como necesites, prestando atención sólo a la sensación del aire entrando y saliendo por tu nariz y tu boca.

Mantente en la situación.

Poco a poco la curva irá descendiendo y volverá la calma. Esto puede durar más o menos tiempo, depende de ti y del miedo que te dé la situación.

Habla con el miedo:

“Entiendo que estés aquí miedo, entiendo que me estés avisando de un peligro pero yo estoy ocupándome de todo lo que está dentro de mi alcance así que me voy a quedar aquí”.

Al conseguir poco a poco estar en la situación, vas experimentando sensación de logro, por lo que cada vez estarás preparado/a para enfrentarte a más situaciones que te asusten.

¿Entonces, me expongo directamente a lo que me da miedo ?

Es importante que la exposición sea progresiva, poco a poco te vas exponiendo a las situaciones y vas ganando confianza, entendiendo que el miedo es una parte de ti, pero no eres tú completamente.

¿Cómo lo hago?

Primero haz una lista con todas las situaciones que te den miedo. Por ejemplo:

Ir al supermercado.
Salir a dar un paseo.
Ir a por el pan.
Viajar en transporte público.
Ir a restaurantes.
Ir a ver a algún amigo a casa.
Ir a parques.
Sacar la basura.
Hacer una cola.

En segundo lugar, puntúa cada situación de 0 al 10, donde 0 es nada de miedo y 10 es mucho. Es importante hacer una jerarquía para irte enfrentando a las situaciones poco a poco, de menor a mayor.

En tercer lugar, elige exponerte a la situación que te dé menos miedo, es decir, la que menos puntuación tenga. Es importante que intentes hacerlo aunque sientas miedo, recuerda que es una emoción más que te va a acompañar durante la situación.

Adaptando los consejos que te damos a lo permisivo de la cuarentena, comienza a practicar para mejorar. Si te sientes identificado/a con lo anterior y quieres trabajarlo en profundidad, o tienes tanta ansiedad que no puedes manejarla contacta aquí y trabajaremos juntos.

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¿Qué tipo de personalidad has demostrado en confinamiento?

Seguro que has conocido durante este periodo de pandemia a personas que han restado importancia a lo que está sucediendo y a personas que lo han vivido con un intenso temor.

Quizás te preguntas:

¿Por qué yo no me he preocupado en exceso por el coronavirus como han hecho otros?

O ¿soy demasiado exagerado/a por el miedo que he sentido a raíz de todo esto?

¿Esto qué demuestra?

Son posturas opuestas que pueden observarse en la población. La manera que cada individuo tiene para interpretar y gestionar situaciones va ligada a patrones aprendidos desde la infancia que son los mecanismos que se ponen en marcha de manera inconsciente ante situaciones críticas y/o extraordinarias.

¿Eres de las personas que ha vivido todo el proceso de pandemia con tranquilidad, sin apenas inmutarte?

Puede que este comportamiento te parezca lo normal porque sueles actuar así ante cualquier situación.

Rupturas de parejas, fallecimiento de algún familiar, problemas en el trabajo, etc, son eventos vitales que habrán ocupado un tiempo determinado en tu cabeza pero que rápidamente habrás «superado» siguiendo adelante con tu vida (muchas se quedarán sin procesar porque las evitarás demasiado).

Te caracterizas por avanzar, por estar haciendo cosas, consigues tus objetivos y hablar de dificultades pasadas te hace sentir que pierdes el tiempo, y que mejor a otra cosa.

Hablaríamos de un perfil evitativo.

¿Has vivido la pandemia con muchísimos nervios?

Si no te identificas con lo anterior, puede que sí lo hagas con la ansiedad y la inseguridad que te ha podido generar el coronavirus.

¿Sientes que has tenido miedo intenso cuando estabas, por ejemplo, en el transporte público o en el supermercado?

¿Te pones muy nervioso/a al ver las noticias que hablan de la pandemia?

Si sueles percibir el mundo como un lugar peligroso, con miedo a una mala noticia o pendiente de lo que pueda suceder, podríamos hablar de un perfil ansioso- preocupado.

Sueles sentir que las situaciones que has vivido (usando los ejemplos anteriores) una ruptura de pareja, el fallecimiento de alguien cercano, problemas en el trabajo, etc, han sido muy difíciles y que has invertido muchos esfuerzos y energías en superarlas y aún te cuesta.

Pero, ¿es bueno o malo cualquiera de estos perfiles?

Realmente no vamos a hablar en términos de positivo ni negativo, si no, más bien de funcional o no. Si nos centramos en la pandemia mundial que estamos viviendo, estos mecanismos que se ponen en marcha según tus patrones aprendidos reflejarán si hay una buena adaptación o no a la situación.

Cuando nos referimos a funcional, hablamos de adaptación, de ser capaces de regularnos emocionalmente, es decir, ser capaces de sentir con la intensidad que corresponde a cada una de las situaciones. Si tu hijo se hace un rasguño, no va a morir desangrado, si un familiar cercano cae enfermo, la preocupación por lo que pueda pasarle es necesaria.

Si soy evitativo

Si eres de las personas con un perfil más evitativo, quizás consigas sobreponerte demasiado rápido, y cuando decimos demasiado, significa que no has tenido tiempo de conectar con las emociones y no sería del todo funcional.

Por ejemplo, ante una situación que está siendo excepcional, traumática para muchas personas, de riesgo para la población y con restricción de libertades, entre otras cosas, pasar como si nada o habituarte a noticias de alarma social o vivir como si eso no fuera contigo,puede implicar que estás experimentando una desconexión emocional.

Ante una pandemia global, sentir miedo (ajustado) es natural. Si vivo ignorando una situación peligrosa o cualquier otra situación que me genere malestar, significa que evito a toda costa estar mal y por tanto, no permito el drenaje adecuado de mis emociones. ¿Qué ocurre si llenamos de agua de manera constante una botella con el tapón puesto? Que tarde o temprano, explotará.

Parar y escuchar lo que nuestra mente nos dice es importante para seguir adelante de una forma sana con todas las situaciones integradas y entendiendo cómo nos han hecho sentir y qué conecta en nosotros/as. De lo contrario, es muy probable que lo emocional se exprese, por ejemplo, a través de somatizaciones como dolor de cabeza, malestar en el estómago, etc.

Si soy ansioso – preocupado

Si te encuentras cercano al perfil ansioso-preocupado, el miedo que sientes es tan intenso que te bloquea y paraliza, hablaríamos de algo disfuncional. El miedo, como hemos dicho en una situación de alerta mundial, es natural, pero es necesario ajustarlo para que no nos desborde la emoción y nos impida retomar el bienestar.

Pensar que en cualquier momento puede ocurrir algo desagradable en tu vida te mantendrá en estado de alerta constante, con el consiguiente desgaste que esto supone.

Las personas que se ajustan a alguno de estos perfiles son capaces de vivir en aparente normalidad, los mecanismos aprendidos les habrán permitido vivir y puede que les hayan sido útiles. Quizás ahora sea un buen momento para reflexionar acerca de ello y de re-aprender patrones algo más adaptativos, creando recursos que permitan ajustarte adecuadamente a las situaciones.

Recuerda que estamos hablando sobre dos tipologías bien diferentes: personas evitativas o ansiosas, teniendo en cuenta que no son los únicos perfiles existentes aunque sí bastante comunes. Las características que has leído no tienen que ser necesariamente las que te representen, aunque, si te suenan algunas de las pautas de comportamiento que hemos expuesto, es importante que sea un profesional quien te ayude a valorarlo.

Si te has sentido identificado/a y quieres profundizar en tus patrones de comportamiento, en Quiero Psicología podemos trabajar contigo estos mecanismos para mejorar tu autoconocimiento y aprender una adecuada gestión de estas situaciones. Contacta con nosotras aquí.

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Posibles problemas de pareja por el confinamiento

El confinamiento que estamos viviendo es una situación extraordinaria y excepcional, y como tal, hace que la convivencia también lo sea. Si estás viviendo esta situación con tu pareja puede que estéis atravesando momentos complicados.

¿Por qué?

Por un lado, la situación en sí requiere que pongas en marcha tus propios recursos para gestionar lo que está pasando, por otro lado, tu pareja también trata de adaptarse como puede o sabe.

¿Qué puede dar lugar a un conflicto?

Modelos de afrontamiento diferente:

Puedes estar sintiendo mucho miedo por lo que estás viviendo y que eso te esté desbordando, mientras que tu pareja está evitando lo que pasa.

Esto hace que no te pueda acompañar con tu emoción ni entender cómo te estás sintiendo realmente, ya que no es capaz ni de conectar con su propia emoción.

Aquí entran en juego las distintas personalidades que tengáis y las experiencias que hayáis vivido, por ejemplo, una persona de la pareja que puede ser más evitativo, y rechazar sentirse con miedo o con tristeza. Esta persona no afronta y a veces, ni siente las emociones, mientras que la otra parte de la pareja puede que sí conecte con sus emociones y entonces sienta que le falta el apoyo, la escucha y la comprensión de su compañero/a.

Es un buen momento para revisar cómo te sientes en la relación y analizar qué cosas te gustaría trabajar. En una relación se maneja la negociación, por eso es muy importante identificar qué cosas te están generando malestar y comunicárselo a tu pareja de una manera asertiva. Su respuesta y su posible cambio forman parte del otro.

Necesidades diferentes:

En estos tiempos que corren, ya no nos sirven las rutinas que teníamos y ya no nos indican desde fuera qué hacer y cuando hacerlo, por lo que nuestro tiempo depende únicamente de nosotros.

Aquí pueden surgir conflictos si tú tienes unas necesidades diferentes a las de tu pareja y no os estáis poniendo de acuerdo. Como por ejemplo qué cantidad de tiempo pasar juntos.

Puede que para tu pareja cuente como tiempo juntos el ver una película al final del día contigo pero tu sientas que eso no es suficiente.

Esta situación de confinamiento hace que inevitablemente pasemos una mayor cantidad de tiempo juntos y eso te permite ver qué necesidades estás teniendo y entender de dónde vienen.

Puede que tu necesidad de cariño y de atención estén haciendo que te dirijas a tu pareja en forma de exigencia o de reproche y eso provoque que tengáis discusiones.

Tienes derecho a identificar y expresar tus necesidades, pero esto no implica delegar en el otro y tratar de que tu pareja sea la responsable de satisfacerte.

Además, tu pareja también tiene derecho a tener sus propias necesidades y que no siempre tengan que ver contigo. ¿Sientes que te gustaría pasar más tiempo de calidad con tu pareja? Exprésale como te sientes y proponle alguna alternativa en la que también respetes sus necesidades.

Desregulación emocional:

Regular correctamente las emociones es muy importante, y en esta situación que estamos viviendo lo es más todavía.

¿Por qué?

Porque al tratarse de una vivencia excepcional, hace que conectemos con mayor facilidad con diferentes tipos de emociones. Podemos sentir miedo por lo que está pasando; rabia hacia lo incontrolable de la situación y hacia quiénes toman decisiones con las que no estamos de acuerdo; tristeza por las pérdidas que experimentamos, porque estamos lejos de las personas que nos importan, etc.

Si no tenemos las gestionamos correctamente, estás emociones pueden tomar el control y afectar a nuestra relación.

¿Cómo?

Si el miedo te hace estar en un estado de hiperactivación y alerta y esto lo proyectas en tu pareja mediante riñas o exigencias, puedes hacer que se sienta invadido/a y quiera poner un límite o alejarse. Si la tristeza te impide disfrutar de las cosas que sí sigues manteniendo o de las nuevas oportunidades que surgen de esta situación, también te impide que disfrutes de los momentos con tu pareja. Tener un espacio personal para permitirte conectar y escuchar lo que sientes es fundamental, si te puedes hacer cargo de ti, no necesitas que tu pareja se haga cargo de cómo te sientes y podrás disfrutar más de los momentos que tenéis para estar juntos.

Entonces ¿qué hago?

Esta situación puede ser una oportunidad para ver cómo te estás sintiendo, para resolver conflictos y conseguir una negociación, es una experiencia única la que estáis viviendo y esto podrá marcar un antes y un después en tu relación.

Podéis elegir seguir creciendo y compartiendo momentos juntos, o por el contrario, puede ser una buena oportunidad para analizar si es el momento de finalizar la relación. Si sientes que hay cosas que no entiendes, si ya no sabes qué depende de ti y qué de tu pareja, en Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo y ayudarte a tomar otra perspectiva que te acerque a ti. Contacta con nosotras aquí.

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¿Cómo manejo mi ansiedad durante el confinamiento por coronavirus?

¿Sientes ansiedad? ¿Tienes problemas al dormir? ¿Se te hace difícil estar en casa? ¿La mente te va a mil por hora y no sabes cómo controlarla? ¿Comienzas a sentirte agobiado/a?

¿Qué es la ansiedad?

Puede que normalmente no suelas experimentar ansiedad y ahora la estés sintiendo, o puede que usualmente convivas con la ansiedad y ahora notes como se intensifica aún más. La ansiedad durante la crisis del coronavirus es normal

En ambos casos, hay que tener en cuenta que estamos actualmente viviendo una situación de alerta sanitaria que implica estar activados ante un peligro. Es decir, la ansiedad se pone en marcha para que luches o huyas ante un peligro, para que sobrevivas.

¿Qué experimentas cuando sientes que hay un peligro o sientes que lo hay?

Probablemente tu respuesta sea miedo. Exacto, la ansiedad significa sentir miedo y, es natural que en estos momentos sientas esto.

Las noticias diarias de muertes y enfermedad elevan la ansiedad por el coronavirus, la distancia física de las personas que quieres, estar en casa sin poder hacer “nada”, y un largo etc., puede contribuir, si no se gestiona adecuadamente, a que la ansiedad se descontrole y el miedo te bloquee.

¿Qué puedo hacer?

Una vez que hayas entendido la función que tiene la ansiedad y que comprendas que es natural sentirla debido a la situación, lo siguiente sería identificar aquello que active tus miedos, cómo te hacen sentir y qué haces con ellos. Aprovecha esta situación para escucharte y conocerte más a ti mismo/a.

  • ¿En qué situaciones experimentas ansiedad? ¿Cuántas veces al día/semana?
  • ¿Qué emociones o pensamientos tienes?
  • ¿Qué haces con esa ansiedad?

Es importante que detectes qué te da miedo y qué se activa en ti. El miedo en una dosis adecuada, es adaptativo. Esto quiere decir que nos permite protegernos, por tanto, no es malo sentirlo. Ahora bien, si este miedo es desmedido puede llevarnos al bloqueo o evitación de situaciones, por ejemplo, restando importancia a la situación o no tomando las medidas adecuadas.

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Ilustración de Albert Montt

¡Test! ¿Cómo sé si el miedo ha tomado el control?

  • Escribe una lista con todo aquello que te genere ansiedad.
  • A continuación, de toda tu lista, escoge aquellas situaciones en las que puedas hacer algo es decir, que dependan de ti. Agrupa esas situaciones en un círculo escribiéndolas en su interior. Este círculo se llama círculo de influencia.
  • De nuevo vuelve a la lista inicial y escoge aquellas situaciones que te generen ansiedad y que no dependan de ti y mételas en otro círculo tal y como hiciste antes. Este círculo se llama círculo de preocupación.
  • Comprueba qué círculo es mayor. Si el círculo de preocupación es más grande que el círculo de influencia, es probable que la ansiedad que experimentas sea elevada ya que te estás centrando en aspectos que no puedes controlar. Todas tus energías están centradas en situaciones o aspectos que no puedes gestionar, y esto aumentará la ansiedad.
  • Por tanto, focaliza tu energía en aquello que esté incluido en el círculo de influencia. Esto contribuye a disminuir tu ansiedad.

¿Cómo me quito un pensamiento de la cabeza?

Debido al miedo, percibimos la realidad de manera distorsionada y negativa de como realmente es, y para ello es importante que una vez tengas el registro de pensamientos, que cambies cómo piensas las cosas, una cosa es que tengas respeto y otra ansiedad desmedida por el coronavirus.

  • Por ejemplo: “Me voy a contaminar seguro”. Establece porcentajes en cuanto a la probablidad de contagiarte o no. Al final comprobarás que aunque existe la posibilidad de contaminarte, ésta no es del 100% si sigues las pautas de higiene y desinfección recomendadas.
  • Por último, elabora un pensamiento alternativo, ajustado con la realidad como por ejemplo: “es normal que me de miedo contaminarme, pero si sigo las instrucciones no me contagiaré, además se están llevando a cabo medidas y se está trabajando activamente en controlar la situación”.

Mi nivel de ansiedad es elevado, ¿qué más puedo hacer?

Como hemos dicho anteriormente, en este estado de alarma mundial, sentir ansiedad es natural, por lo tanto pretender eliminar al 0% este miedo puede ser algo imposible.

No se trata de no sentir emociones que no te resulten agradables, sino, de aprender a convivir con ellas comprendiendo por qué están ahí y sabiendo regularlas.

No obstante, sí podemos trabajar en reducir las “revoluciones”,

¿Cómo?

Conecta y escúchate.

Observa las sensaciones físicas, por ejemplo, dolor de estómago, cosquilleo, aumento de la temperatura corporal, etc. Esto te permite detectar los momentos en los que la ansiedad está presente y así poder gestionarla. Estar conectado/a con tu cuerpo es hacerse responsable de lo que te ocurre y hacerte cargo de la situación.

A nivel emocional puede que, por ejemplo, te hayas sentido algo irritado/a, y no sabías por qué. Simplemente has hablado algo más brusco y no te paraste a pensar qué estaba ocurriendo en ti.

Dedica un tiempo y espacio para escuchar la necesidad que estés teniendo en ese momento.

No cedas a la presión del «hacer».

Está de moda ahora insistir en que tenemos más tiempo libre y que por lo tanto tendrías que aprender un idioma, o leer mucho, aprender a tocar el ukelele y otro millón de cosas.

Sé realista con si de verdad tienes tiempo de más. Si sigues trabajando, tienes niños, ahora tienes que cocinar más, etc… no es que te sobre el tiempo.

Ilustración de Albert Montt.

Técnicas de relajación.

Dedica una parte de tu día a aprender algún ejercicio y practicarlo hasta convertirlo en hábito. Permite que los pensamientos pasen sin que perturben tu estado, exprésate a través de la escritura o el dibujo, ponte música, toma algo de sol y focaliza tu atención en las sensaciones físicas y la respiración. Respira profunda y lentamente.

Rutina.

Además, dada la situación que estamos viviendo, el tener habitualmente una rutina basada en horarios, trabajo, tareas que hacer, etc., y dejar de tenerlas para estar todo el día en casa, puede ser abrumador. Este “desorden” hay que gestionarlo y para ello, estructurar el día a día es importante y te permitirá estar más relajado/a ante la cantidad de tiempo libre.

Respeta los horarios de sueño y tu alimentación, esto también contribuye a fomentar un estado óptimo a nivel físico y mental y por tanto, reducir la ansiedad.

Ejercicio físico

Sé realista. No es necesario que te conviertas en el mayor atleta del bloque pero sí que evites el sedentarismo.

Contacta con aquellas personas que aprecies.

Una llamada o un mensaje pueden contribuir a estar más calmados y reducir la ansiedad. Exprésales cómo te sientes y comparte tu experiencia.

Dedica un momento concreto del día para noticias en relación al Covid-19. No es necesario estar al tanto durante las 24 horas.

Si consideras que la ansiedad te sobrepasa y no encuentras recursos personales para hacerte cargo, recuerda que puedes ponerte en contacto con nosotras aquí.

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¿Qué inseguridades he podido heredar de mi familia?

Nuestra familia determina de muchas maneras quiénes somos

¿De verdad la familia me ha influido tanto?

Todas las teorías psicológicas dicen que nuestras relaciones con los demás modelan quiénes somos y, sobre todo, las relaciones con nuestros familiares, ya que son ellos los que nos enseñan cómo es el mundo, a través de ellos aprendemos a regularnos y a relacionarnos con los demás.


Estar expuestos desde pequeños a determinados comentarios, situaciones y dinámicas familiares, hacen que nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos afectan las cosas y cómo afrontamos lo que sucede, se vean influenciados.

¿Y que cosas he podido «heredar»?

¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

Sensación de alerta


No soportas que tu madre/padre sean unos pesados contigo, preguntándote a todas horas que donde estás, con quién estás, que qué vas a hacer, etc. Y cuando por fin te vas de casa, parece que esa sensación de ansiedad te acompaña, aunque ya no estén ellos para recordarte todos los peligros que puede haber, vives con una sensación de alerta constante pensando que te van a robar, que debes volver pronto a casa porque te puede pasar algo, etc. Esto sucede porque tu padre/madre te han mostrado que el mundo es que es un lugar peligroso donde tienes que estar siempre pendiente de todo.

Sentimiento de culpa


¿No te has sentido escuchado y te han cargado de responsabilidad en vez de quitarte carga? “Tendrías que haberlo hecho de otra forma”, “si te ha pasado eso es porque tú has hecho tal”… Hicieras lo que hicieras, la responsabilidad y la culpa eran tuyas, no has sentido que te escucharan, te comprendieran y te quitaran el peso de encima explicándote que tienes derecho a equivocarte y aprender de ello. Por eso, a día de hoy, te dedicas a pensar una y otra vez “debería haberle dicho que me ha parecido mal su comentario”, “no tendría que haberle dicho eso porque ahora seguro que lo está pasando mal”, “debería estar más triste ya que acabo de romper la relación”. Sientes culpa de lo que haces/dices en cualquier situación además de tener pensamientos insistentes sobre ello.

Inseguridad


Cuando somos pequeños, nuestros padres/abuelos son nuestros referentes, se convierten en nuestras gafas a través de las que comprendemos el mundo y a los otros. También se convierten en esas manos/brazos donde ir cuando tenemos miedo, estamos preocupados, enfadados, o incluso cuando no entendemos algo. Si te escuchan, te acogen, te validan y te explican lo que está sucediendo en ti, entenderás y podrás integrar lo que está pasando, por lo tanto sentirás seguridad. Si esto no ha sido así, es normal que hayas crecido dudando de ti y de todo lo que tenga que ver contigo: “Seguro que no lo he hecho bien”, “voy a suspender”, “seguro que no le termino de gustar”. Al final no te crees que tú puedas hacer algo bien.

¿Y si me pasa esto?

La familia de la que vienes y las situaciones que has vivido son las que son, y eso ha hecho que tú hoy seas la persona que eres. Tus miedos, inseguridades, sentimientos de culpa, etc. que te llevan acompañando durante toda tu vida buscan ser escuchados, comprendidos y entendidos.

Cuando nos hacemos cargo de lo que nos genera malestar y entendemos su origen, empezamos a conocernos más y a localizar donde tenemos que trabajar. Esto es lo que se hace en nuestras consultas, uno no puede volver atrás para cambiar el pasado pero sí podemos hacer que no nos influya en el hoy ¿Te animas a contarnos que es aquello que te acompaña y te genera malestar? Contacta aquí.

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Síntomas después de un ictus

Las consecuencias psicológicas son frecuentes

¿Qué cambia en el comportamiento de alguien que ha sufrido un ictus?

Son bien conocidas las alteraciones en la memoria, atención, movimiento, etc., que ocurren tras un ictus pero, ¿sabes cuáles son las consecuencias psicológicas?


¿Notas distinto a tu familiar?


¿Sientes que tu madre actúa de manera diferente a como era antes?


¿Te cuesta entender qué le pasa en determinadas situaciones?


Tras un ictus, se dan una serie de consecuencias que cambian la vida de la persona y de los de su alrededor. Estos cambios se observan a nivel emocional, de conducta y de personalidad pero no suelen ser tan conocidos y pillan por sorpresa a la persona que sufre el ictus o a sus allegados.

Consecuencias más comunes:

Según cada caso, las consecuencias no serán exactamente iguales para todo el mundo, sin embargo, a continuación leerás las más frecuentes:

Enfados:


¿Sientes que a tu familiar cualquier cosa le molesta? ¿contesta a las preguntas de forma agresiva? ¿ha llegado alguna vez a romper objetos? Los cambios producidos tras el ictus pueden generar bastante frustración y por ello, que sea más sencillo perder el control y estar más irritable.


Falta de motivación:

¿Las cosas que hacía antes ya no le apetecen? Puede ocurrir que le cueste trabajo programar actividades y que por ello se sienta desmotivado/a.


«Egoísmo»:

Quizás observes que tu familiar ahora imponga más sus necesidades sin tenerte en cuenta a ti o a los demás. Esto se debe a la alteración en la capacidad de reconocer las emociones del otro.


Insistencia:

¿Has llegado a pensar: “¡parece una niña chica!”? es probable que veas un comportamiento de persistencia similar a la que vemos en niños y que por ello, por ejemplo, sea más irresponsable respecto a cómo era antes.


Intensidad emocional:

¿Le pasa que de repente antes de hacer alguna actividad llora muchísimo? Estas emociones incontrolables de tristeza, miedo o enfado son comunes ante el nuevo cambio presente en su vida. Tolera menos la frustración y reacciona de forma más intensa y desmesurada.


Dificultad de adaptación:


¿Parece que le cuesta adaptarse a los cambios? ¿le propones que realice una actividad diferente a la que suele hacer y no sabe cómo empezarla? Esto se debe a la alteración producida a nivel cognitivo, es decir, los mecanismos que nos permiten añadir información nueva, gestionarla, ordenarla y ejecutarla, están dañados y por ello es mucho más difícil planificar de forma instantánea algo diferente a lo establecido. Es lo que se conoce como rigidez del pensamiento.


Reacciones emocionales:

¿Consideras que cambia su estado de ánimo de un momento a otro? ¿tiene reacciones que no corresponden con la situación, como por ejemplo, reír a carcajadas en algún lugar en el que el ambiente sea más serio? La labilidad emocional consiste en no regular las emociones, expresar emociones que no concuerdan con el contexto, o una expresión emocional alterada por la cantidad de veces que ocurre, la intensidad o el tiempo que duren las mismas.


Impulsividad:

¿Ha llegado a realizar conductas inapropiadas en lugares públicos? ¿Ha dicho algo que en una situación “normal” jamás diría? Es consecuencia de la desinhibición, ya que se ve alterado el control de impulsos.


Tristeza:

¿Sientes que está triste? ¿Qué el sentimiento de desesperanza le invade? ¿se siente rechazado/a? La sintomatología depresiva y/o ansiosa es muy común en personas que han sufrido un ictus bien por el daño sufrido, o por la adaptación que supone la situación presente frente a la vida pasada que se ha ido. Es posible también que tenga los síntomas de un trauma (que explicamos aquí).


Alucinaciones:

¿Ha tenido posterior al ictus alucinaciones o pensamientos sin mucho sentido? Es lo que se llama delirio: cambios en el comportamiento y confusión mental que puede llegar a la pérdida del contacto con la realidad viéndose afectada la conciencia y la atención.


Cansancio:

¿Está muy cansado/a, con falta de energía y motivación? La fatiga puede ocurrir entre otras causas, por el elevado estrés al que esté sometida la persona.


Falta de conciencia:

¿Te da la sensación de que no es consciente de lo que le ha pasado? Esto se llama anosognosia, es decir, la falta de conciencia sobre la situación actual ocurrida tras el ictus.

Si estoy viendo estas consecuencias ¿qué hago?

En Quiero Psicología ofrecemos terapia psicológica para trabajar todas las alteraciones ocurridas, de manera que complemente el tratamiento llevado a cabo por otros profesionales de la salud.


También ofrecemos terapia para los propios familiares y amigos que sufren así mismo las consecuencias emocionales de lo que le ocurre a su ser querido. Contacta aquí.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene depresión o ansiedad?

La empatía es la clave en estos casos.

¿Cómo puedo reconocer si un familiar o un amigo está mal?

Tu ser querido ya no está como antes, no tiene ganas de salir a la calle, ha dejado de hacer las actividades que parecían gustarle, no se preocupa tanto de su aspecto físico, repite frases como: “no tengo ganas de nada”, “me siento muy cansado”, “todo me supone mucho esfuerzo”, hay momentos en los que se muestra muy ansioso/a y parece que todo le genera agobio, va acelerado/a, no se concentra en lo que hace, tiene despistes, etc.
Si te suena lo anterior, es posible que tu familiar/amigo/pareja pueda estar padeciendo algún episodio depresivo o ansioso. Y tú te preguntarás, “¿qué puedo hacer yo?”, ver así a esa persona te preocupa y quieres que vuelva a ser el mismo que antes, pero no sabes qué hacer para ayudarle. Muchas veces se intenta ayudar pero en vez de hacer sentir mejor a la otra persona, se le genera una mayor carga y presión.

Qué no hacer

Bien, empecemos por los errores habituales que debemos evitar decir y que podemos sustituir por alternativas menos dañinas:

• “No puedes seguir así”


La persona que se siente deprimida o ansiosa no está a gusto con su situación, le está generando malestar y si por ella fuera no seguiría así, pero no puede o no sabe cómo salir. Por eso, podrías intentar decirle “entiendo que la situación en la que estás te está haciendo sufrir mucho, ¿qué te parece si buscamos ayuda profesional?”. En vez de generarle mayor angustia y frustración al hacerle sentir juzgado/a, se sentirá comprendido/a, acompañado/a y apoyado/a.

• El «tienes qué»


“Tienes que salir de casa”: ¿A alguien que se acaba de partir una pierna le dirías “venga hombre no te puedes quedar en casa, tienes que caminar”? ¿No, verdad? Pues cuando lo que se ha roto es una parte de nosotros que no se ve, sucede lo mismo. Pero como no se puede ver a simple vista, parece que no existe, cuando la realidad es que sí existe y que puede ser igual o más incapacitante que partirse una pierna.

El «tienes que»implica una exigencia que puede empeorar cómo se siente la persona. Qué tal si en vez de eso le dices “estando así entiendo que te cueste mucho salir de casa, ¿qué te parece si nos vamos poniendo objetivos para que poco a poco vayas recuperando las rutinas?”. En vez de exigir y por lo tanto invisibilizar cómo está, le estás validando y proponiéndole un cambio más ajustado, teniendo en cuenta sus limitaciones y el ritmo que necesita. Los «tienes que» están muy presentes en nuestro lenguaje: tienes que disfrutar, tienes que alegrarte, tienes que dejar de pensar en eso, tienes que…

• “Cambia esos pensamientos”


Las ideas que tenemos de los otros y del mundo pueden variar en función de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Si tu familiar está atravesando una circunstancia vital complicada, es normal que sus pensamientos acerca del mundo y los demás hayan cambiado.


Escuchar frases como: «el mundo no es un lugar bonito», «los demás siempre te van a hacer daño», «la vida no tiene sentido»,»hagas lo que hagas al final siempre acabas fracasando», etc. de una persona que quieres no es agradable, y puede que te preocupes porque no entiendes cómo puede estar diciendo algo así. Pero los pensamientos no son fáciles de cambiar cuando lo que estás viviendo te está haciendo sentir triste, enfadado, desesperanzado, etc. Como alternativa, le podrías decir “lo que estás viviendo tiene que ser muy doloroso, entiendo que te estés sintiendo así”.

¿Qué hago entonces?

Al principio, es importante acompañar a la persona con su emoción y más tarde se puede empezar a plantear una alternativa de pensamiento o soluciones. El hecho de ver a una persona cercana pasarlo mal no es agradable y al final tú también puedes acabar sintiendo malestar porque te preocupas e intentas ayudar y puedes experimentar culpa, frustración, rabia o tristeza, y por eso puede ser que presiones de más a tu ser querido cuando eso no le ayuda.


En Quiero Psicología sabemos que no sólo el que sufre de ansiedad o depresión lo pasa mal sino también sus familiares y allegados. Por eso te ofrecemos un espacio para que te dediques tiempo a ti y puedas expresar lo que estás sintiendo, para darte pautas para afrontarlo y ayudar. ¿Hablamos? Contacta aquí.

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¿Sufro un trauma?

Trauma no es sólo ser soldado en una guerra.

¿Qué es un trauma?

Al contrario de lo que piensa la gente, un trauma no son sólo cosas que se ven objetivamente como terribles: que vivas una guerra, que te violen, que se mueran tus padres en un accidente de coche, etc.


Trauma es todo aquello que te marca emocionalmente de manera muy profunda. Por ejemplo, para un niño un trauma de manual sería perderse en el supermercado y no encontrar a sus padres, ese niño piensa que le han abandonado y que se muere. Esa sensación horrible puede quedarse atascada y hacer que ese niño no duerma, que no coma… pero no se sabrá qué le ha pasado porque no ha sucedido un hecho grave o excepcional, ¿cuántas veces se ha extraviado un niño yendo de compras? No parece que tenga mayor importancia.

¿Qué tipos de traumas son más frecuentes?

¿Te has sentido poco escuchada cuando eras niña?


¿Has sentido tristeza cuando te dejaban en el campamento de verano y se iban lejos, sin ti?


¿Tus compañeros del colegio te insultaban y te tiraban cosas y no se lo contabas a nadie?


¿Te reñían si expresabas miedo?


¿Sentías miedo y rabia cuando tus padres discutían?


¿Alguna vez te has sentido rechazado por los que eran tus amigos?


¿Te suenan? Son vivencias cotidianas con las que te has podido encontrar a lo largo de tu vida, quizá te han venido a la cabeza ahora porque ya ni te acordabas. Son situaciones desagradables que en el momento no supiste cómo afrontar y fueron muy dolorosas. Te hubiera gustado que alguien se acercara a ti para preguntarte qué te pasaba y así poder expresar lo que estabas sintiendo. Te hubiera gustado que la otra persona te acogiera, te explicara, le pusiera nombre y te apoyara. Pero al no poder entenderlo y ser tan doloroso, has decidido no volver a pensar en ello y se ha quedado atascado, enterrado en el olvido y te limita.


Aquí es importante explicar que hay dos tipos de traumas:

Trauma simple:


Es el que sucede de repente, un único evento, por ejemplo: mañana tu pareja te abandona sin explicaciones. Es como una taladradora que te destroza. Un hecho puntual que queda clavado en tu mente.

Trauma complejo:


Que sería como una gota que va cayendo, cayendo y cayendo hasta que hace un agujero. Por ejemplo: todos los días te insultaban en el colegio cuando tenías 8 años y esto hace que ahora sientas que eres un pringado.

¿Qué pasa cuando he sufrido un trauma?

Sientes que realmente hay una sensación o creencia que no se termina de ir y de alguna forma busca llamar tu atención para que te ocupes de lo que pasó. Y no solo la mente recuerda, también lo hace el cuerpo ¿cómo? En forma de emociones intensas, conductas irracionales, creencias falsas y síntomas.

Emociones intensas


Tus emociones tristeza/rabia/asco/miedo no fueron escuchadas ni entendidas ni aceptadas en su momento, por lo que aparecen en el presente de una forma muy fuerte y en situaciones cotidianas cuando no les encuentras sentido, por ejemplo:

Te genera mucha rabia que tu amiga quede con otra persona antes que contigo, llegando a experimentar sensación de abandono.


El estar solo en casa te produce una gran tristeza.


Te da miedo que lleguen las vacaciones y no tengas amigos para hacer un viaje.


Todo esto son emociones que están intentando llamar tu atención para que las escuches y las integres, ya que en su momento no supiste cómo o no pudiste hacerlo.

Conductas irracionales


Como las emociones son muy intensas, te llevan a hacer cosas que no encajan mucho con la situación, cosas que muchas veces son desproporcionadas con lo que está sucediendo en el presente. Por ejemplo:


Prefiero no pasar por esa calle porque me trae recuerdos, así que doy un rodeo aunque me haga tardar 8 minutos más para llegar a casa.


Cuando mi pareja me dice que no me puede acompañar hasta casa de mi amiga porque tiene cosas que hacer, le empiezo a gritar y a tirar objetos.


Cuando alguien me habla con un tono más elevado y fuerte, me pongo a llorar desconsoladamente porque no soporto los gritos.

Creencias falsas


Al no haber podido integrar la situación, el recuerdo se ha quedado fragmentado y hace que tengas una idea de ti mismo y del mundo errónea.


Cuando eras pequeño no te escucharon lo suficiente, por eso piensas que lo que te pasa no es lo suficientemente importante. Como los niños de tu clase se metían contigo, ahora te ves como una persona que no vale nada y que no merece que la quieran.


Estas creencias son erróneas y te llevan a verte de una manera distorsionada, por eso es muy importante revisarlas y ajustarlas a la realidad.

Síntomas


Por mucho que evites pensar en ello, el cerebro busca oportunidades para recordarte lo que ha sucedido, ya sea en forma de flashbacks y/o en modo pesadilla.


¿Hay veces que, de repente, te aparecen imágenes de algo que ha sucedido hace mucho tiempo y aún te genera inquietud?


¿Te has despertado sobresaltado porque estabas soñando con esa situación tan desagradable?


¿Tienes contracturas, dolores de cabeza, insomnio…?

Si tengo un trauma ¿qué hago?

Cuando somos pequeños no somos capaces de poner nombre a las emociones, por eso es importante la figura del cuidador, para que nos escuche, entienda, acepte y ponga nombre a lo que nos está pasando. Si esta figura no ha hecho su función, es posible que a día de hoy no sepas ponerle nombre a lo que te está sucediendo.


En Quiero Psicología te ofrecemos un espacio de confianza para que puedas hablar de aquello, para que puedas entenderlo, aceptarlo y darle un nuevo significado que te permita liberarte de toda esa carga. Trabajar con traumas suele ser muy complejo localizar el origen y saber tratarlo en profundidad, acude a nosotras como expertas si no sabes qué te está pasando en el presente y lo sientes distorsionado. No vivas toda la vida las limitaciones del trauma. Libérate ahora. Contacta aquí.

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Cómo saber si tengo obsesiones

¿Qué son las obsesiones?

¿Hay determinados pensamientos que se presentan en tu cabeza de repente y te generan un gran malestar?


Puede que sean obsesiones o puede que sean otro tipo de pensamientos, por ello vamos a especificar en qué consisten las obsesiones.

No sólo son pensamientos:


Me he referido a las obsesiones en forma de pensamiento, pero eso es solo una manifestación más, también se pueden presentar como ideas, imágenes o impulsos. Por ejemplo:


– En formato idea sería pensar todos los días que no has cerrado la puerta y te van a robar.


– En formato imagen sería por ir paseando con la bici al lado de una verja y de repente verte en tu imaginación con un trozo de alambre atravesando tu ojo.


– En formato impulso sería estar en el andén del metro y venirte el impulso de querer tirarte (a pesar de que ni quieres hacerlo ni lo vas a hacer).

El contenido puede ser considerado desproporcionado, extraño y anormal:


Las obsesiones generan un gran malestar porque aquello que te viene a la cabeza es desproporcionado o desagradable.


A veces la persona sí siente que encuentra un razonamiento lógico en sus obsesiones con justificaciones de lo que está haciendo, aunque sea desproporcionado, por ejemplo: compruebo el documento que voy a enviar 6 veces pero digo que lo hago porque si no podría tener un error y lo encuentro muy coherente (a pesar de que eso me haya hecho llegar una hora tarde al clase).


O, a veces, el contenido se aleja de lo que la propia persona considera “normal” y “coherente” y se siente horrible, raro o un monstruo. Por ejemplo: puedes llegar a imaginar situaciones realmente grotescas, como la idea repentina de agredir a alguien con quien estás hablando o incluso la idea de coger un objeto dañino y clavártelo.

No sientes ningún control, te asaltan una y otra vez:


Este es uno de los primeros motivos por los que una persona viene a consulta, si las obsesiones avanzan pueden tomar el control de tu vida y asaltarte repetidamente causando muchísimo malestar y angustia. Sientes que no puedes pararlo.

Generan alerta:


La emoción que acompaña a las obsesiones es el miedo. La obsesión provoca un nivel de alerta exagerado llegando a creer que aquello que piensas o sientes es la realidad. Esto sucede porque pones al mismo nivel la realidad (hechos) con la fantasía (imaginación). Por ejemplo: sientes que si no ordenas por colores todas tus camisas serás una persona desorganizada y horrible que vive en el caos y no puedes no hacerlo, o, te viene a la cabeza la imagen de ti mismo empujando a alguien a las vías del metro y por eso crees que podrías ser capaz de hacerlo.

La estrategia para liberar tensión: las compulsiones.


Como el contenido de las obsesiones es muy desagradable, llegando a causarte mucha angustia, llevas a cabo estrategias defensivas que se traducen en forma de compulsión. Las compulsiones son conductas rígidas y repetitivas cuyo fin es reducir la ansiedad o tener la falsa sensación de que así se va a impedir que suceda aquello tan temido. En el primer ejemplo hablamos de un caso en el que piensas que todos los días que van a atracar tu casa porque no has cerrado la puerta, la compulsión sería volver a comprobar que está cerrada cada vez que sales (y en ocasiones varias veces).
En las compulsiones puedes realizar acciones como ordenar, comprobar, limpiar o lavarte, o por el contrario, actividades mentales como rezar, pensar en inglés o contar. Si tienes dudas de cuál es tu compulsión, respóndete a esta pregunta: ¿Qué haces cuando te pones nervioso?

Las obsesiones más comunes:

En función a las compulsiones que se llevan a cabo, encontramos diferentes tipos de obsesiones que son las más comunes. Aquí te las explicamos:

Limpieza

Cuando sientes que puedes estar contaminado, sucio o que puedes contagiarte de alguna enfermedad.

Comprobación


Con el fin de evitar que ocurra alguna catástrofe como un incendio, un escape de gas o ser robado. Intentas reasegurarte.

Orden


Cuando todo tiene que estar ordenado, las cosas tienen que cumplir una simetría.

Repetición


Haces cosas repetidamente como ordenar las llaves de un llavero o comprobar documentos o mails cuando tienes una sensación de alerta y sientes que de no hacerlo la consecuencia sería terrible (aunque racionalmente si lo piensas sabes que no tiene lógica y que no es para tanto).

Acumulación


Cuando temes tirar algo importante para ti o que en el futuro puedas necesitar. El ejemplo más representativo de este tipo de obsesión es el Síndrome de Diógenes: el estereotipo sería típica persona que sale en los programas de la tele que ha convertido su casa en un vertedero.

¡Cuidado! Solo hemos puesto algunos ejemplos pero, cada persona es diferente y por lo tanto puede que tú tengas otro tipo de obsesiones y de manifestaciones.

Creo que yo tengo obsesiones ¿qué hago?

Si te has sentido identificado con lo que acabas de leer es el momento de pedir ayuda. En realidad las obsesiones y las compulsiones son el síntoma, lo visible de lo que te está pasando emocionalmente. Quizá debajo de ello haya un duelo sin elaborar, una ansiedad que viene de otro lado (de la familia, del trabajo…) y por lo tanto no es sencillo que tú sólo puedas identificar y solucionar la causa de lo que te ocurre, pero en Quiero Psicología conocemos cómo funcionan este tipo de procesos y te ayudaremos a trabajarlo. Te esperamos con la puerta abierta. Contacta aquí.