LGBTIAQ+

Algunas cosas que quiero decirte como persona LGBTIAQ+

Si estás leyendo este texto es muy posible que seas una persona del colectivo LGBTIAQ+ o bien alguien que tiene a una persona del colectivo cerca.

Si perteneces a la primera categoría este escrito es para dar voz a ciertas experiencias que puede que te resuenen: para describir lo que significa ser disidente en una sociedad que espera e incluso impone que seamos personas heterosexuales, cisgénero (que se identifican con el género asignado a sus genitales), alosexuales (que no son asexuales)… y normativas y como nos afecta en nuestros entornos sociales y familiares. Este texto es para ti y que puedas compartirlo con quien quieras cuando lo necesites.

Si no es el caso y perteneces a la segunda categoría tienes a una persona cercana a ti, sea familiar, amiga, ligue, pareja, hija, hermana, sobrino… o alguna persona en tu vida que quiere tener una conversación contigo que posiblemente no sea fácil o cómoda. Te invito a leer este texto hasta el final para iniciarla porque os merecéis estar a gusto y sentir seguridad y cercanía.

Esta persona en tu vida pertenece a alguna (o varias) de las siguientes categorías: lesbiana, gay, bisexual, trans, no-binaria, poliamorosa, asexual, intersex…

Este post en concreto no va sobre explicar que quiere decir en profundidad cada uno de estos términos, sino de que la persona que te ha enviado esto pertenece al colectivo y esto supone unas consecuencias injustas o difíciles en nuestras vidas que nos gustaría compartir contigo.

Nos gustaría decirte que recibimos rechazo o silencio cuando tratamos de ser nosotras mismas y nos cuesta hablar de nuestra vida personal porque no recibimos siempre el interés o el apoyo que necesitamos. El hecho de que no seamos lo que nuestros círculos sociales o familiares esperan de nosotras nos somete a presión para encajar o callarnos y nos hace muchísimo daño. Nos hace sentir expulsadas y rechazadas de muchos círculos. Duele no poder ser nosotras mismas. Duele no poder compartir nuestras experiencias. Duele que nos intenten forzar a ser algo que no somos.

El dolor de no poder traer todo nuestro ser a comidas familiares, a conversaciones casuales, a lo más pequeño y cotidiano de nuestras vidas es demoledor. No podemos ser quienes somos plenamente.  Es injusto. Es frustrante. Es un camino solitario en el cual podemos sentirnos abandonadas o desamparadas. Y no nos lo merecemos.

Merecemos cariño, cuidados, apoyo e interés en nuestras vidas como todas las demás personas. Merecemos poder contar con quien estamos saliendo o dejamos de salir, quien nos gusta, quien nos hace daño o con quien rompemos. Merecemos hablar de quienes somos.

Nos merecemos sentirnos libres, escuchadas, deseadas, celebradas. Merecemos una vida rica, colorida, segura y llena de amor. Y justamente por esto es posible que alguien que te importa te haya pasado esto. Porque necesita recibir esto de ti también.

Necesitamos conversaciones incómodas y difíciles que hagan que nos sintamos escuchadas y comprendidas.

Necesitamos sentirnos en casa con la gente de nuestro entorno y para ello necesitamos que iniciéis conversaciones para las cuales no estéis preparadas. No necesitamos que tengáis las palabras perfectas, pero necesitamos que lo intentéis.

Necesitamos que afrontéis el miedo a lo desconocido, a lo distinto, a pasar un rato incómodo. Porque le importas a la persona que te ha mandado esto y quiere que sepas como se siente.

Estás en su vida y le es importante poder compartir esto contigo. Poder sentirse segura y que le vas a escuchar y que puede ser ella misma. Que está a salvo, que no le vas a juzgar y que le vas a apoyar. Para esto es muy importante que no estés a la defensiva, porque para trabajar una relación (del tipo que sea) necesitamos poder mostrarnos vulnerables todas las partes involucradas. Para ello es importante entender que esto no es un reproche ni un ataque, es la necesidad de sentirnos escuchadas y sólo conseguiremos esa cercanía si nos cuidamos y escuchamos plenamente. ¡Para nosotras esto no es nada fácil!

Me encantaría que por favor intentes hacer esto lo mejor que puedas, que nos tengamos paciencia y nos digamos las cosas con cariño y que intentes entender quien soy. Que te informes si lo necesitas sobre mi identidad, que me preguntes con mucho cariño y mimo si tienes dudas. Pero necesito tu apoyo y comprensión.

Necesito conversaciones incómodas para poder entendernos, necesito que entiendas que la incomodidad es parte del cambio, de aprender y de conectar entre nosotras y tener una mejor relación. Necesito que me aceptes tal y como soy.

Necesito que me preguntes sobre mí y sobre mi vida para poder mostrarme ante ti tal y como soy plenamente, sin recortar las partes de mí que no entiendes. Necesito no tener que censurarme y que aceptes todas las partes de mi ser, especialmente aquellas que no comprendes del todo para poder sentirme cuidada. Necesito que me entiendas, cuides y quieras justo ahí donde menos me entiendes, necesito que busques comprenderme para poder ser quien soy.  Te garantizo que esto va a hacer que sea más fácil y fluido poder hablar entre nosotras y va a mejorar como nos hablamos y cuidamos.

Si lo haces te lo agradeceré y estoy segura de que tú también te alegrarás de haberlo hecho.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Felicidad

7 comportamientos para sentirse «pleno»

En muchas ocasiones nos encontramos en terapia personas que acuden con el propósito principal de ser «feliz».

A veces se entiende la felicidad como un concepto invariable y estático en el tiempo.

Cuando nuestra meta está focalizada en algo, al conseguirlo se tiene la creencia errónea de que a partir de ese momento seremos felices para siempre. Es decir, la felicidad está relacionada a los deseos y objetivos que una persona ha conseguido.

Es importante entender que la felicidad es una experiencia subjetiva y relativa, por lo tanto, la gente sabe reconocer cuando siente esa felicidad y cuando no.

No existen requisitos explícitos para ser feliz, cada persona tiene sus propias circunstancias y motivaciones.

La felicidad se considera hedónica, este término hace referencia a la satisfacción de conseguir una meta y como esa satisfacción acaba desapareciendo con el tiempo, planeando ya la siguiente meta. Por ello, se podría considerar la felicidad como momentos de la vida en la que sentimos autorrealización y satisfacción plena, sin ser algo estático en el tiempo.

No obstante, el sentimiento prolongando en el tiempo de bienestar mente sería la Plenitud emocional.

La plenitud emocional es el sentimiento de bienestar emocional que siente una persona y en muchos ámbitos de su vida y permite un adecuado funcionamiento en las relaciones con otras personas. También permite que tengas habilidades para aceptar las circunstancias complicadas que lleguen.

La plenitud emocional permite tomar decisiones de manera más objetiva y constructiva manteniendo una mente abierta que permita orientarse a las posibles soluciones ante los problemas de la vida.

¿Qué conlleva la plenitud emocional?

1. Desvincularse y decir adiós

Liberarse tanto del pasado como vínculos hacia personas que no nos atraen ningún beneficio, permite despegarnos y crecer personalmente. Reparar las heridas emocionales del pasado permite centrarse en la solución de problemas desde el presente.

2. Mirar al pasado sin sufrimiento.

La tristeza es una emoción totalmente necesaria tanto para la supervivencia como para el crecimiento personal. Las personas con esa plenitud emocional pueden aceptar los daños ocurridos y enfrentar el presente.

3. Ser más consciente tanto de los pensamientos como de las emociones.

Las personas plenas tienen una mayor conciencia tanto de los pensamientos como de los sentimientos internos y externos, llevando a cabo la solución de problemas desde el autocuidado y respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Esto conlleva que sean más resilientes, por lo tanto, los cambios que se produzcan en su vida se verán desde la forma constructiva y no destructiva.

4. Empatizar

Al tener un mayor reconocimiento de sus propias emociones saben dirigirlas, gestionarlas y entender las emociones ajenas. Ese autoconocimiento y aceptación optimizará el equilibrio con las relaciones de su vida.

5. Flexibilidad mental sin autoexigencia.

Los errores nos permite ser tolerantes y saber corregir o reconocer qué otro camino necesitamos para continuar. Las personas maduras aceptan los errores como una forma de innovar.

No hay sentimientos de culpabilidad por no llegar a determinadas expectativas, aceptan  limitaciones sin que sea un fracaso.

6. Expresión emocional.

A través de la confianza en nosotros mismos podremos identificar y gestionar mejor las dificultades que se nos presenten en la vida.

A veces también da miedo expresar emocionalmente lo que uno siente por las posibles incomprensiones de otras personas, pero la barrera emocional dificulta las cosas.

7. Buscar soluciones sin caer en la queja.

Es totalmente lícito quejarse de una situación que se puede considerar injusta, no obstante, en ocasiones nos vemos sometidos a una retroalimentación de lamentos y quejas sin encontrar la salida. Las personas emocionalmente plenas aprenden a encontrar diferentes caminos y rectificar en caso que sea necesario, tomarán decisiones saliendo de la zona de confort y tomarán otras alternativas que puedan tener mejores resultados.

¿Quieres aprender a vivir con plenitud emocional? No dudes en ponerte en contacto con nosotras, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a crecer y obtener el bienestar que te mereces!

Gordofobia

Gordofobia en el sistema sanitario

Antes de meternos de lleno en el meollo del asunto, vamos a definir este término que se ha empezado a escuchar en los últimos años. Y como ya os podéis imaginar

La gordofobia es el odio, el rechazo, la discriminación y un largo etcétera que sufren las personas gordas por el simple hecho de estarlo.  

El bullying a la niña gorda de la clase, las críticas a la adolescente gorda por parte de sus amigas con cuerpos más normativos y por supuesto el rechazo o la indiferencia de los chicos a nivel sexoafectivo (porque aunque no estemos hablando de personas heterosexuales, todas sabemos que es lo que “te tiene” que gustar), el rechazo por parte de las empresas a la hora de acceder al mercado laboral, los comentarios de hate en redes sociales por el simple hecho de subir una foto comiendo una hamburguesa.

las ridiculizaciones de unos hombres a otros por haber tenido relaciones sexuales con una mujer gorda, las dificultades para encontrar ropa de su talla, las miradas y los cuchicheos en piscinas y playas, la incredulidad de que una mujer gorda esté con un hombre con un cuerpo normativo, la preocupación de todo el mundo por tu estado de salud, el acoso que reciben en la calle etc.

Todas estas situaciones tienen que vivir las personas gordas por el simple hecho de estarlo, sin que haya ninguna variable más por medio.

Podríamos pensar que cuando acudimos a cualquier profesional de la salud (profesiones vocacionales, que requieren de tantos años de formación) lo que va a hacer es eso, velar por nuestra salud, sin embargo, nos encontramos con innumerables situaciones de gordofobia en la consulta. Profesionales, que deberían de saber cómo afecta el estrés y la ansiedad que generan los comentarios despectivos, las ridiculizaciones y las infravaloraciones de nuestras quejas, en la salud física (presión arterial alta, insuficiencia cardiaca, diabetes, problemas hormonales, problemas dermatológicos, problemas digestivos) y por supuesto a la salud mental, que deberían saber que un cuerpo no normativo no tiene por qué estar relacionado con enfermedad y que puede haber salud en todas las tallas.

  • Carolina, mujer de 38 años que acudió en cinco ocasiones al hospital, a consecuencia de un fuerte dolor abdominal, pérdida del periodo y subida repentina de peso. Estaba EMBARAZADA, y hasta el momento de parto no se le realizó una prueba de embarazo, el único tratamiento que le dieron fue hacer dieta. No fue hasta la quinta visita al hospital cuando se la ingresó con pronóstico grave ya que tenía dos coágulos en la cabeza y demás complicaciones producidas por el parto.
  • Miguel de 43 años, acudió al médico de cabecera con dolores en la zona del tórax y dificultad para respirar, el médico le dijo que si no era Covid-19 era por estar gordo y que adelgazase. Sufría una EMBOLIA PULMONAR.

Estos son solo dos ejemplos de los tantos que hay, en atención primaria, en especialistas digestivos, ginecológicos o traumatología. Acudir al médico por dolores menstruales y que te digan que tienes que adelgazar sabiendo que nada tiene que ver con el motivo de consulta. Produciendo, por una parte, el infra diagnóstico por la vergüenza que nos ocasiona acudir a una cita médica y por la falta de pruebas que se les realizan a las personas gordas. Llegando a pensar que tienes un problema de salud y que tu cuerpo tiene algo malo y que tiene que ser cambiado a cualquier coste.

No debería ser tan difícil encontrar un profesional que te trate con lo mínimo que todas las personas se merecen: respeto

Estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

factores-fertilidad

Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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¿Por qué tengo ansiedad?

Muchísimas veces oímos en consulta esta duda con mucha sorpresa por parte de nuestro paciente

¿Pero por qué me da la ansiedad cuando estoy más relajado? ¡No entiendo nada! A lo mejor he pasado un día ajetreado, hasta he discutido, me ha pasado de todo y no notaba nada de ansiedad. Y llego a casa, me pongo una serie, me relajo en el sofá y ¡zasca!

Otra de las preguntas que sigue a esta es: ¿y por qué ese momento y no otro?

Pero yo voy a ir contestando una a una otras preguntas que te irán aclarando qué puede ocurrirte.

Primero ¿por qué tengo ansiedad?

La ansiedad, al contrario de lo que la persona que la vive está sintiendo, no ha venido para matarte. Ha venido para decirte que hay algo mal en tu vida que deberías cambiar. Pero lo hace en forma de alerta «mortal». Vamos, que te hace buscar un peligro inminente y horrible, puede ser desde que te haga rebuscar el error terrible que has podido cometer con el comentario que hiciste esta mañana en el trabajo hasta que interprete que el dolor del pecho es un infarto que te va a matar, cada uno busca su «peligro mortal» en una cosa distinta, que a veces puede tener relación con el origen de su ansiedad, o no, simplemente esa explicación pasaba por allí y venía al pelo. ¿Cuánta gente en pandemia no ha focalizado su ansiedad en que se iba a morir de COVID (él mismo o alguien que quería) hasta convertirse en obsesión?

¿Entonces para qué ha venido?

Contestar a esta pregunta certeramente en tu caso particular es difícil, suele requerir un proceso de terapia y de análisis para saber qué te ha pasado exclusivamente a ti, pero te voy a dar una serie de «pistas» que pueden hacerte reflexionar sobre cuál podría ser la posible causa. Aquí te dejo algunas de las más clásicas:

-Me puede estar indicando problemas en mis relaciones.

No es extraño que al empezar un proceso de terapia una persona se de cuenta de que tiene relaciones que no le convienen en su entorno. La pareja suele ser una de la principales razones. Muchas veces detrás de la ansiedad hay una relación que no nos conviene. En los casos más extremos directamente un maltrato, lo que causa un estrés crónico en forma de alerta continua.

Una manera muy frecuente de presentarse la ansiedad en estos casos es que la persona mira y revisa qué va a decir, siempre piensa que va a cagarla y es que muchas veces sí que recibe muy malas respuestas de su entorno.

Así que una de las primeras cosas que te podrías responder es: ¿estoy bien con las personas en mi entorno?¿Alguien me hace estar alerta?¿me siento tranquilo con mis relaciones? esto se extiende a la familia y el trabajo ¿no me siento presionado por nadie?¿no siento que defraudo a nadie?

-Me puede alertar de problemas en mi autoestima.

La mayoría de personas te dirán que su autoestima de base ya no era muy buena (este mundo no se ha enfocado en construir buenas autoestimas, sino personas productivas), pero quizá por muchos eventos (relaciones tóxicas, presiones en el trabajo, en la familia, etc) tienes la autoestima bajo mínimos y no paras de hablarte negativo, de pensar que todo va a salir terrible, y que te centres en castigarte.

Una de las «top ten» es el no sentirse suficiente. Que sientas que no llegues a los estándares que «deberías» haber llegado. Que a tu edad ya deberías tener un trabajo estable, o una casa, o independencia económica, o a una pareja. O incluso que tu entorno te lo remarque (a veces ni directamente pero sí porque ellos lo tienen), eso te hace esforzarte tanto en conseguirlo que acabas desquiciado porque no puedes controlarlo todo. Esta se relaciona con la siguiente.

-Quizá ha venido a decirme que he perdido el control.

Muchas veces expreso en consulta que la ansiedad es una metáfora que te hace perder el control para que te des cuenta de que lo has perdido en otro espacio de tu vida. Puede ser como he dicho antes porque las relaciones, las presiones del trabajo te dominen, porque sientas que tu vida no es lo que debería, etc…

Pero un hecho significativo que puede ocurrir es que hayas desarrollado obsesiones, mandatos, que «compensan» esa pérdida de control, y esas mismas obsesiones te hagan perder más el control. Por ejemplo te has exigido ser perfecta y no puedes no sacar un 10 en un examen y eso te hace generarte una ansiedad tremenda en exámenes. O te has exigido estar para todo el mundo, para que no te abandonen y no defraudarlos y ahora ya nunca estás para ti. O te has centrado en una actividad que sí controlas como comprobar si la puerta está cerrada y cada vez te estás obsesionando con eso. O tienes miedo a tus sensaciones corporales y para controlarlas te monitorizas continuamente y te des cuenta de hasta el más mínimo calambre lo que hace que pierdas aún más el control.

-Te señala el miedo a la pérdida.

Unos de los miedos primigenios del ser humano, uno con los que venimos programados desde pequeños como buenos mamíferos es que no podemos perder a nuestros vínculo principales. Con lo cuál es una de las razones más probables cuando alguien experimenta una gran ansiedad.

Puede ser que que pienses que en realidad no has perdido ahora justo a alguien, ni está cercano, pero no es tan literal. Quizá sí que tuviste miedo a perderlos o los perdiste en otro momento (una pareja que te dejó sin explicaciones, una familiar que estuvo muy enfermo o casi se murió, la vejez de tus padres…). Y aquí hay otro clásico: que tú mismo estuvieras a punto de morir (por una catástrofe, un accidente, una enfermedad). Sí, la muerte es otro «miedo a perder a los que queremos».

Esto puede que te generara o genera un miedo muy fuerte que te obliga a estar en alerta, seas consciente o no, y es un clásico (aunque con ansiedades muy fuertes siempre lo es, no sólo por esto) que te cause una hipocondría o un miedo a morir muy fuerte u obsesiones con la muerte.

-Puede estar causada por una acumulación de traumas o por uno gordo que enterré hace mucho.

En realidad todo lo señalado anteriormente son traumas, pero quizá ni has sido ni consciente de la acumulación de ellos. Por ejemplo, tu tía enfermó de COVID y casi muere, tu madre tuvo un accidente con el coche y pasaron horas hasta que supiste que no le pasó nada, te echaron del trabajo aunque luego conseguiste otro, tu novio te dejó por otra pero tú ya sabías que era un cabrón… Y todo esto en un año. A lo mejor tienes todo eso ahí y ni lo has pensado, ni lo has procesado, ni lo has llorado, ni sabes cómo puso en alerta a tu cuerpo porque aunque racionalmente todos quedaron en un «susto» tu cuerpo se preparó para ellos y ahora busca la siguiente alerta.

Haz un repaso ¿qué ha pasado en tus últimos años de vida? lo mismo piensas «Ostras viendo todo esto junto lo mismo sí tengo razones para tener ansiedad».

Otra causa aquí puede ser que no sea una trauma ni demasiado actual, sino uno antiguo, uno gordo que se enterró hace un tiempo. Señales de esto serían que tienes una época de tu vida más borrada, que te da rabia cuando te señalan una época («¡NO A MI ESO NO ME AFECTÓ NADA, NI ES UN TRAUMA!»), que ahora hay cosas actuales que te pueden refrescar el trauma (por ejemplo tu pareja de maltrató y ahora por primera vez desde entonces vuelves a tener pareja), o que hay alguna época o tema en tu vida que no puedes ni pensar porque del terror que te da inmediatamente cambias de tema.

Los traumas a veces pueden ser complicados y son una de las causas más frecuentes de que aunque te hayas leído el artículo y te haya resonado algo puede que sigas sin aclarar qué narices te puede estar pasando a ti. Por ello se necesita muchas veces de una mano experta que analice tu caso de manera pormenorizada.

Y respondiendo a la última pregunta ¿por qué me da la ansiedad cuando estoy más tranquilo?

Por que en realidad la ansiedad está siempre ahí, pero mientras la mantienes «ocupada» o tienes activada tu mente racional parece que está bajo control. Pero no lo está. Espera a tener su momento para volver a recalcarte la necesidad de que hagas algo. Seguro que lo pospones, pensando que ya se te pasará, pero no. Saltará en otro momento, y si no le haces caso parece que se agrava y cada vez va inundando más y más tu vida. No lo dejes pendiente. Averigua lo que te ocurre. Y si quieres que nosotras seamos la mano experta que te acompañe estaremos encantadas.