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La Violencia Económica

Cuando hablamos de violencia género tenemos claro cuando es evidente su existencia, como por ejemplo mediante la agresion fisica. No obstante, hay otros tipos de violencia que son igual de importantes y que hay que saber detectarlos a tiempo porque ayudará a que la violencia no siga subiendo en escalada hacia el escalón final mas evidente.

La gran desconocida de la VG: La violencia económica

Lamentablemente, por diferentes testimonios y noticias recientes, hemos podido conocer más en profundidad qué es la violencia de género y sabemos más sobre el concepto de violencia vicaria por ejemplo del que ya os hablamos en otra entrada del blog que os dejamos por aquí https://www.quieropsicologia.com/la-violencia-vicaria-un-subtipo-de-la-vg/ .

En este post nos vamos a centrar en otra gran desconocida: la violencia económica.

La violencia económica es un tipo de violencia que ejerce el agresor sobre la mujer durante la relación y que puede continuar una vez finalizada. Se ejerce desde el control de la economía doméstica y la reducción de la autonomía económica de la mujer.

Según la macroencuesta de la Violencia contra la mujer del año 2019 el 11,5% de las mujeres residentes en España ha sufrido violencia económica a lo largo de la vida, que traducido en cifras supone que 2.350.684 mujeres sufren esta violencia. Un 2% lo sufrieron en los últimos 12 meses.

La encuesta muestra que este tipo de violencia se ejerce más sobre las mujeres entre 25 y 54 años, aunque si se observa lo que ocurre con las parejas actuales, se aprecia que es mayor entre las mujeres de 65 años.

La macroencuesta también ofrece los siguientes datos sobre las situaciones más comunes ordenadas de mayor a menor frecuencia:

  • La pareja ha impedido a la mujer tomar decisiones en la economía familiar y / o hacer compras de forma independiente.
  • La pareja se ha negado a darle dinero para gastos del hogar.
  • No les han dejado trabajar fuera del hogar.
  • Su pareja ha usado el dinero y/o tarjeta de crédito o ha pedido prestamos a su nombre sin su consentimiento.

Rompiendo mitos

Conocer lo que implica la violencia de genero también supone romper los mitos acerca de ella. Uno de ellos sería sobre de los mitos de la marginalidad asumiendo que “ La violencia de genero solo ocurre en familias o personas con pocos recursos”. Evidentemente este mito es falso, ya que ni los maltratadores ni las mujeres victimas de violencia de genero obedecen a un perfil determinado. La violencia de género no va ligada al nivel socioeconómico.

Refiriéndonos de nuevo a la violencia económica, las mujeres que no posean un trabajo remunerado se encontraran en una situación de mayor vulnerabilidad, al igual que ocurre en mujeres con discapacidad, mujeres del entorno rural y mujeres migrantes.

Pese a que lo se pudiera pensar, la violencia económica también ocurre entre las mujeres con trabajo estable. De hecho, en la anterior Macroencuesta realizada en el 2015 se observó que la violencia económica es más habitual entre las mujeres que trabajan.

Después de la relación

Como hemos comentado, este tipo de violencia se puede ejercer tras finalizar la relación. En el caso de que haya hijos en común se puede manifestar mediante el impago de las pensiones. Está considerado como delito dejar de pagar durante dos meses consecutivos o cuatro no consecutivos las prestaciones económicas establecidas en el convenio regulador.

No estamos hablando de situaciones donde el progenitor no tenga solvencia económica para hacer frente a las obligaciones. Estamos hablando de la voluntad de no hacerse cargo, de la intención de generar daño en la mujer y una situación de tensión constante.

En otras ocasiones, no tiene por qué tratarse de impago de pensiones, sino que los retrasos en el pago también son un indicador de violencia económica. En muchos casos esperan hasta el último día para hacer el pago, haciendo que la mujer siga estando en alerta permanente incluso después de haber finalizado la relación.

Existen otro tipo de impagos al margen de las pensiones, como por ejemplo no hacer frente a los gastos extraordinarios relacionados con la salud, actividades extraescolares, etc . Esto también afectará al desarrollo de los hijos. Al igual que no pagar la parte de la hipoteca correspondiente, puede conllevar a que la mujer y los hijos tengan que ser finalmente desalojados.

Todo esto supone una doble agresión tanto por el daño causado a los hijos como por el sobreesfuerzo que tendrá que hacer la madre para cubrir las necesidades de los hijos. Además, si se están dando este tipo de impagos, la mujer no puede negarse a las visitas de los hijos con su progenitor. Se puede imaginar cómo esto prolonga el sufrimiento de la mujer y aumenta la sensación de impotencia y desesperanza.

Además, a veces el progenitor no hace frente a todos estos gastos comentados, pero realiza regalos desmedidos a los hijos. Esto facilita que se posicionen en contra de la madre, que es posible que no pueda hacerlos, pero sobre quien recae la disciplina y el cuidado diario.

Consecuencias psicológicas

La violencia económica no ocurre de forma aislada, sino que en el 85 % de los casos implica también violencia psicológica. Supone la extensión del dominio mediante el control del dinero.

Como señalan las encuestas del 2015, más del 50 % de las mujeres presentaban de forma habitual síntomas como llorar, ansiedad, inestabilidad en el estado de ánimo y dificultades para dormir. A nivel de salud física, es común que derive en problemas de salud que se alargan en el tiempo y que impedirán el desempeño laboral y/o sus actividades cotidianas.

La falta de autonomía en cuanto a la disposición del dinero, tiene un impacto directo en la vida diaria, limitando las actividades que se pueden realizar. Cuanto más frecuente y sostenido en el tiempo sea el maltrato, esto generará menor autoestima, más vulnerabilidad y por lo tanto mayor dependencia del agresor. Esto dificulta que las mujeres pueden abandonar la relación.

Si te has sentido identificado con lo comentado en el post, desde Quiero Psicología podemos ayudarte. Y si conoces a alguien que este en esta situación, comparte este post.

Hablar de dinero nunca ha sido fácil, pero hacerlo en estas situaciones es vital.

ciberacoso

Cuando la Violencia de Género es Online

Como ya hemos hablado en anteriores post, la era digital ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Hoy en día, podemos establecer vínculos afectivos a pesar de la distancia física, conocer a gente mediante aplicaciones, compartir nuestros recuerdos y tener nuevas alternativas de ocio.

Sin embargo, estos cambios también han dado pie a nuevas formas de ejercer violencia.

Recordemos, que la violencia de género implica una relación asimétrica y de dominio que puede darse en múltiples formas: Violencia física, sexual, psicológica, económica, reproductiva… y que además, esta violencia puede darse de forma activa y/o pasiva.

A consecuencia, a raíz del auge de las nuevas tecnologías, ha surgido una nueva forma de ejercer violencia.

Ciberacoso

Este fenómeno se caracteriza por ejercer una relación de dominio a través de las nuevas tecnologías. Implica insultar, ridiculizar, amenazar o acosar a otra persona mediante redes sociales.

También se incluiría la suplantación de identidad, donde el acosador puede hacerse pasar por esa persona y difundir mensajes falsos o compartir información privada de la víctima.

Actualmente, como ya sabemos, los teléfonos móviles forman una parte imprescindible en nuestras vidas. Ahí guardamos fotos, información íntima, conversaciones con amistades, accedemos a redes sociales, etc.

Es por esto por lo que ejercer ciberacoso constituye una violación a nuestra privacidad y un total acceso a nuestra información.

La violencia online puede verse reflejada en diferentes formas:

Sexting no consentido:

Este fenómeno proviene del acrónimo sex (sexo) y texting (chatear), ya que consiste en comunicarse o enviar fotos de contenido sexuales a través de mensajería instantánea.

Estas acciones pueden formar parte de la intimidad de una pareja. Sin embargo, cuando estas imágenes de contenido sexual se difunden sin consentimiento alguno, estamos hablando de violencia, y por tanto, de un delito.

El acosador puede difundir estas imágenes con el objetivo de ridiculizar a la víctima, amenazarla o chantajearla con publicarlas, con el fin de coaccionarla.

Grooming:

Esta práctica digital consiste en la puesta en contacto de un adulto con un menor a través de las nuevas tecnologías con fines sexuales.

Estos pederastas en primer lugar, tratan de ganarse la confianza de menor formando un vínculo afectivo, por lo que es habitual que estas personas al principio simulen ser también menores.

Una vez obtenido el vínculo, el acosador tiende a solicitar imágenes de carácter sexual, pudiendo llegar incluso a difundirlas por otras redes.

La diferencia reside en que en este fenómeno, el acosador siempre es un adulto y la víctima una persona menor de edad.

Uso de redes sociales:

El acosador puede utilizar las redes sociales de la víctima para controlar sus acciones, los “me gusta” que da, las fotos que publica, etc. Estas personas pueden ejercer su dominio prohibiendo a la víctima subir material que ellos consideren inoportuno, utilizar los “me gusta” como forma de castigo o refuerzo, o espiar las interacciones que hace la víctima.

Por otro lado, el acosador puede crear un perfil falso suplantando la identidad de la víctima, pudiendo compartir rumores falsos o imágenes sexuales convirtiéndola en motivo de burla.

¿Qué diferencia el acoso online del offline?

Al formar parte de una sociedad donde las nuevas tecnologías forman un pilar básico de comunicación, el perfil de ciberacosador es mucho más amplio.

Estas personas pueden aprovecharse del carácter anónimo que pueden darte las redes, para acosar y controlar a la víctima con mayor facilidad. Esto implica que las opciones para ejercer violencia también aumentan, ya que es habitual que hoy en día tengamos un perfil abierto en diferentes redes o contemos con diferentes medios tecnológicos para comunicarnos.

Asimismo, el riesgo de dañar a la otra persona es mayor, ya que las tecnologías suponen un canal donde poder transmitir un mismo mensaje a un gran número de personas con un solo click. A diferencia del acoso offline, la dimensión se da a un nivel más global o macro.

Si la víctima ha bloqueado el perfil del acosador en redes, éste tiene la opción de acceder a ella a través de otro medio o crear un nuevo perfil sin tener que desvelar explícitamente su identidad.

¿Qué puedo hacer ante este fenómeno?

En primer lugar, debemos prevenir estas prácticas y minimizar el riesgo de que el ciberacoso ocurra.

Si somos padres de un menor de edad, en primer lugar, debemos comunicar los riesgos que implica el uso de redes sociales, destacando la importancia de mantener los perfiles con la mayor privacidad posible. Así como de advertir los riesgos que conlleva interactuar o dar permiso de acceso a tus datos a personas desconocidas.

En el caso de los adultos, si sospechamos que estamos siendo víctimas de ciberacoso, estaríamos hablando de un delito penal, y por tanto, contaríamos con la opción de denunciar.

Es importante limitar el acceso de nuestras redes a personas de confianza, minimizando el riesgo de que las fotos o la información se difundan. En caso de recibir insultos, amenazas o acoso de una persona, deberemos bloquear el perfil y hacer uso de la opción de denunciar perfil que ofrecen actualmente las redes sociales.

Si te sientes identificado con esta práctica digital y te gustaría recibir ayuda especializada, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de recibirte.

sindrome de alienacion parental SAPO

¿Qué es el SAP?

Hace unas semanas, se estrenó en televisión un documental donde Rocío Carrasco contaba los malos tratos que había sufrido durante años a manos de su pareja, el padre de sus dos hijos.

Tras años de silencio, el documental, emitido en prime time, provocó una gran controversia, debates en redes y el posicionamiento de numerosas figuras de todos los ámbitos, incluso de la política.

Al hilo del documental, el término SAP (Síndrome de Alienación Parental) ha saltado a la palestra.

¿Qué significa la alienación parental?

El término SAP fue introducido por primera vez en 1985 por el psiquiatra norteamericano Richard Gardner.

Gardner exponía que los niños podían sufrir este diagnóstico como consecuencia de la manipulación de uno de los progenitores (haciendo hincapié en que en su mayoría eran madres contra el padre) hacia sus hijos para posicionarles en contra del otro progenitor.

Gardner se refería a estas madres como “fanáticas, paranoicas y obsesivas”, describiéndolas como egoístas y manipuladoras.

Consideraba que estas mujeres tenían tal afán de controlar a sus hijos que inventaban características desagradables de sus maridos con el fin de ponerles de su lado en los juicios donde se debatía su custodia.

Gardner aseguraba que incluso en los casos judiciales donde hubiese denuncias por abuso sexual o maltrato hacia los hijos, era el padre quien debía mantener la custodia.

Todo eran invenciones de las madres.

La terapia que Gardner proponía se llamaba “terapia de amenaza”.

Amenazar a las madres con quitarles la custodia de sus hijos e hijas si no retiraban la denuncia contra sus exparejas.

Menuda “terapia”.

¿Existe realmente este síndrome?

Este concepto carece de evidencia científica alguna. El síndrome de alienación parental no existe.

Esta supuesta patología es considerada pseudo-ciencia por la OMS.

No está reconocida por ninguna entidad ni organización de salud mental.

En nuestro país, el Consejo General del Poder Judicial desaconseja explícitamente que se utilice en procesos judiciales.

Recientemente el Gobierno ha querido señalar el SAP como un tipo de violencia institucional, incluyéndolo en una ley contra la violencia en la infancia y destacando que no hay evidencia científica alguna de que exista.

¿Por qué se sigue utilizando?

Si buscamos en internet información acerca del SAP,  encontraremos bufetes de abogados ofreciendo asesoramiento para padres (hombres) que se encuentran en trámites de divorcio.

El SAP aparece en escena cuando los y las menores son víctimas colaterales de la pelea de sus padres y suele haber denuncias previas de violencia machista o abuso hacia los menores.

El SAP no deja de ser un claro reflejo y un síntoma más de la sociedad patriarcal.

Este “síndrome” subordina a  las mujeres, las invalida como madres y las deja a ellas y a sus hijos e hijas menores desamparados ante la ley.

Gardner coloca a las madres en la posición de villanas y a los padres en la de víctimas.

Da por falsos los testimonios de los hijos e hijas, anulando sus derechos.

Lo que sí existe: la violencia vicaria.

Cuando una persona pretende anular a otra mediante el sufrimiento de terceros, en este caso los hijos, no estamos hablando de ninguna patología o síndrome, sino de una forma específica de violencia: la violencia vicaria.

La violencia vicaria consiste en “castigar” o hacer daño a alguien a través del daño a terceros, ya sean personas, objetos o mascotas.

Tiene que ser algo o alguien con quien la persona a la que se quiere perjudicar tenga un vínculo afectivo.

Lamentablemente, todos conocemos algún caso en el que un hombre ha llegado a matar a sus hijos sólo para torturar a su pareja o expareja.

Rocío Carrasco era víctima de este tipo de violencia: “te vas a enterar, tus hijos te van a odiar, te voy a hacer la vida imposible”. Le amenazaba su ex.

Cuando este fenómeno aparece en un contexto de violencia de género, donde el hombre juzgado por malos tratos trata de poner a sus hijos en contra de su madre, no se trata de ninguna patología.

Estos hombres utilizan a sus hijos para conseguir más poder y control.

No estamos hablando de un síndrome sino de una instrumentalización.

¿Cómo afecta este fenómeno a nivel psicológico?

Las mujeres se sienten desamparadas e indefensas ante la ley.

Es habitual que estas madres, impulsadas por el miedo a perder la custodia de los hijos e hijas y por la impotencia ante la situación jurídica, se rindan y decidan no denunciar el maltrato o retirar las denuncias si ya las han puesto con anterioridad.

Estas mujeres no solo han de hacer frente a la violencia directa que ya han recibido por parte de su pareja.

Cuando consiguen romper la relación, si hay hijos en común, se ven envueltas en un enrevesado proceso judicial que puede verse influenciado por este tipo de pseudo-fenómenos.

Son cuestionadas como madres por un supuesto síndrome del que no existe evidencia científica alguna.

Esto puede provocar un proceso de revictimización y un aumento de la sintomatología postraumática.

Incluso si la mujer ya está o ha estado en un proceso terapéutico para salir del pozo de la violencia de género. Todo vuelve.

Las emociones, los sentimientos de inferioridad, el miedo.

Por no hablar del daño psicológico que se genera en los menores.

Solo el 3% de los casos de violencia de género terminan en la retirada de la custodia o el régimen de visitas a los padres condenados por malos tratos.

Estos menores han de vivir una situación realmente traumática.

En muchas ocasiones no tienen herramientas para manejar la situación.

Como consecuencia, pueden sufrir estrés postraumático, depresión, trastornos de ansiedad o baja autoestima.

Estas complicaciones pueden dar pie a problemas en el ámbito escolar y a nivel afectivo que pueden mantenerse hasta la edad adulta.

El SAP fue un síndrome inventado con el fin de tapar y tratar de justificar malos tratos y abusos sexuales a menores de edad, aumentando la brecha social que existe entre hombres y mujeres. Una brecha que provoca nefastas consecuencias a nivel social, jurídico y psicológico.

Desde Quiero Psicología, queremos dar visibilidad a estos fenómenos tan comunes e injustamente silenciados donde no solo las mujeres sufren, sino también los menores, a través de conceptos, como el SAP, que realmente no existen.

Solo poniendo el foco en estos procesos y tomando conciencia de esta problemática podremos denunciar las terribles consecuencias que este tipo de conductas acarrean.

Si crees que has experimentado algún tipo de violencia o te identificas con alguna de las consecuencias psicológicas quete mostramos, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

micromachismos

La perpetuación de la sociedad patriarcal en nuestro día a día.

¿Te has preguntado alguna vez qué puedes estar haciendo tú para perpetuar la sociedad patriarcal?

¿Te ríes de las bromas machistas, hablas infravalorando a las mujeres o menosprecias su capacidad intelectual y laboral porque son eso, mujeres?

¿Reproduces los roles de género, reduces a las mujeres a su físico o las utilizas como un objeto sexual?

Cada vez que haces algo de esto ayudas a que la sociedad desigual se siga perpetuando.

Dependiendo del ámbito en el que nos encontremos, podemos ver diferentes ejemplos de cómo puedes estar colaborando a que esta desigualdad se mantenga.

Ámbito laboral.

Puedes comenzar a observar si te comportas diferente con las mujeres de tu trabajo que con los hombres.

Si sueles tener pensamientos automáticos del tipo: “pobrecita, seguro que le cuesta más todo”, “fijo que es madre y está cansada”, “juraría que se estresa más”.

Quizás seas de los que utilizan la frase “deja que te explique” cuando una compañera comienza a exponer una idea.

Este comportamiento en concreto se conoce como mansplaining: la tendencia de los hombres de explicar, con un marcado punto de condescendencia, algo a las  mujeres como si no supieran de lo que están hablando, o interrumpir sus discursos o explicaciones (“perdona que te interrumpa, parece que quieres decir esto”, “anda deja eso tú céntrate en lo tuyo”).

Eres un hombre, ¿crees que tomas esta actitud paternalista con las mujeres de tu familia o con tus amigas?

Si eres mujer, ¿sientes que has vivido esto o lo has visto desde fuera?

Como sociedad y como individuos tenemos la responsabilidad de cambiarlo.

Cuando ves o vives una situación así, señalarlo marcará poco a poco la diferencia. Poner el foco en este tipo de actitudes y comportamientos ayudará a desmontar algo que está más que normalizado.

Otro punto sobre el que puedes reflexionar es en si haces este tipo de preguntas a las mujeres con las que trabajas:

“¿Vas a venir a la cena?”, “¿quién se queda con tus hijos?”, dando por hecho que es la mujer la que tiene que encargarse del cuidado de los hijos. A los hombres se le presupone mayor libertad, menor responsabilidad sobre según qué cosas.

¿Alguna vez le has hecho estas preguntas a tus compañeros?

El aspecto físico y el cuidado de la imagen de los demás también es un punto a observar: “¿Te pondrás guapa para la presentación?”, “mañana te pondrás falda para la reunión, y tacones ¿verdad?”.

Tanto si eres hombre como si eres mujer, ¿le has hecho este tipo de preguntas u otras similares a tus compañeras? ¿se la haces a tus compañeros?

Las mujeres son las se tienen que preocupar de su aspecto físico, las que son juzgadas por su imagen.

De los hombres se resalta lo bien que hablan, lo bien que se expresan o lo competentes que son. De su aspecto físico sólo importa que estén aseados y limpios.

Nadie les pregunta qué se van a poner para una reunión, si van a ir a la peluquería o se van a maquillar “que tienes unas ojeras que parece que no pegas ojo”.

La capacidad de las mujeres para desarrollar su trabajo es otro punto de fricción importante, especialmente en empresas en las que hay mujeres en puestos de jefatura o con subordinados a su cargo.

Aquí surgen frases y preguntas del estilo: “seguro que Carmen está aquí por lo guapa que es”, “Tania se está llevando muy bien con el jefe, seguro que quiere ascender”, “la nueva es bastante guapa, ya era hora, hacía falta una así en el equipo”.

Con estas palabras estás reduciendo a las mujeres a su físico. Las ves como un mero objeto de disfrute o placer en vez de por la capacidad que puedan tener para realizar el trabajo que se les encomienda.

Pones en duda su valía como trabajadoras y cuestionas los medios por los que han conseguido o consiguen sus éxitos.

¿Lo más lamentable de estos comportamientos?

Que los puedes estar llevando a cabo de forma totalmente inconsciente.

Además, no son exclusivos de los hombres, muchas mujeres hacen exactamente lo mismo.

Están tan arraigados en nuestro tejido laboral que lo raro es que alguien los cuestione.

Entorno familiar.

En los eventos familiares, ¿quiénes son las que se encargan de preparar la comida? ¿quién pone la mesa y la recoge?

Permitir esto y asumirlo como normal es reproducir y perpetuar los roles de género. Las mujeres “tienen” que hacerse cargo de todo lo relacionado con las tareas de la casa y los hombres se limitan a disfrutar.

Como hombre, ¿ayudas en las tareas del hogar o te responsabilizas de ellas?

No es lo mismo decir “yo también ayudo” como si se tratara de una tarea exclusiva de las mujeres, que decir “yo me encargo de unas cosas y mi pareja de otras, de forma equitativa”.

¿Quién se ocupa del cuidado de los hijos?

Si eres hombre, ¿te sientas con tus hijos a hacer los deberes? ¿les das la cena? ¿te preocupas de ir a buscarlos al colegio? ¿les llevas a las actividades extraescolares o les recoges?

Si eres mujer, ¿sientes que el trabajo del hogar está equitativamente repartido, que sale natural de él ocuparse de las cosas?

Es importante que tú como mujer tampoco normalices eso, “es que ya sabes como son estos hombres”, “si quiero que esté bien hecho, mejor lo hago yo” “no saben hacer nada y nos toca todo a nosotras”.

Eso no debería ser así y tienes derecho a que sea diferente.

En cuanto al tiempo de ocio personal, ¿crees que tenéis el mismo tiempo de ocio tú y tu pareja?

¿Tienes la sensación de que tu novio/marido tiene más tiempo para sí mismo? Tiene más tiempo para deporte, queda con los amigos, sale a cenar o comer fuera, etc.

En cambio tú sientes que no tienes tanto tiempo para ti misma e incluso lo disfrazas de “es que yo no sé qué hacer”, “yo mejor aprovecho y limpio la casa”, “es que no quiero tiempo para mi misma, no me hace falta”.

Realmente tienes derecho a dedicarte tiempo para ti, para encontrar momentos donde poder bajar la guardia y no estar pendiente de nada más.

Ni niños, ni la compra, ni la cena.

Tiempo de calidad, no unos minutos entre una tarea y otra.

En lo social.

¿Te ríes y normalizas bromas que son despectivas hacia las mujeres?

¿Utilizas frases generalistas del estilo de :“están todas locas”, “son unas histéricas”, “ya sabes que cuando te casas, se acabó el sexo”, etc?

Hacer bromas constantes sobre algún rasgo de las mujeres, ya sea su parte emocional (“son inestables”), su parte física (“hay cosas que una mujer no puede hacer y un hombre sí”) o su capacidad intelectual (“no les da para mucho”, etc.) ayuda a seguir normalizando y manteniendo mitos que devalúan a las mujeres.

¿Tus amigos suelen pasar por los chats de grupo fotos de chicas desnudas?

¿Hacen comentarios despectivos y humillantes sobre chicas con las que han tenido relaciones sexuales?

Cuando ves cómo se invade la intimidad de otras personas, en este caso de las mujeres, y no haces nada por evitarlo, estás normalizando algo muy grave, de hecho, estás siendo cómplice de un delito.

Todos, hombres y mujeres, tenemos derecho a que se respete nuestra intimidad.

¿Le preguntas a las mujeres que cuándo van a ser madres?

“A ver si te echas ya novio, que se te va a pasar el arroz”, “te vas a quedar para vestir santos”, etc.

Frases que hacen hincapié en reproducir el rol de que el objetivo vital de todas y cada una de las mujeres del planeta es ser madre.

Además, si no tienen pensado serlo algo va mal en ellas.

Esto les genera presión y reduce su función a la de ser madre obviando que, además de mujeres que pueden o no elegir ser madres, son personas.

Personas con deseos, necesidades, prioridades y proyectos que no tienen porqué incluir ni la maternidad ni el matrimonio.

Es importante que todos, hombres y mujeres, tomemos conciencia de cuál es nuestra parte de responsabilidad.

Ser conscientes de cómo nos relacionamos y de las cosas que decimos.

Fijarnos un poco en nuestros comportamientos, expresiones y actitudes para así poder modificar todo aquello que sigue haciendo que se perpetúe la sociedad patriarcal.

Observa si alguna de las propuestas que te comentamos en este post se da en tu entorno laboral, familiar o de amigos y amigas.

Fíjate si tú, ya seas hombre o mujer, actúas de esta forma.

Pregúntate qué hace que lo hagas. Si quieres cambiarlo, quizás necesites ayuda. En Quiero Psicología estaremos encantadas de escucharte.