autoestima-y-redes-sociales

La autoestima y las redes sociales

Es innegable que se está viviendo una verdadera revolución digital y estos cambios tecnológicos han afectado a distintas escalas a un mundo cada vez más globalizado. A nivel individual ha impactado generando un cambio en la forma de relacionarse con los otros, el estilo de vida y condicionando en cierta medida el desarrollo de cada uno.

Te contamos unas cuantas claves de cómo repercuten las redes sociales en la autoestima.

Valgo en función de los likes

La autoestima es la relación positiva entre la valoración objetiva de uno mismo y el ideal de aquello que le gustaría ser. El factor sociocultural en la construcción de ésta tiene un papel fundamental, donde entran el juego los valores sociales que se premian en la sociedad y el éxito y el atractivo asociado a la popularidad. En este último punto se encuentra uno de los aspectos claves para entender la importancia de las redes sociales y su relación con la autoestima.

Los nativos digitales, es decir, aquellos que han crecido en una época donde los cambios tecnológicos estaban ya implantados, se han adaptado a vivir con redes sociales y de hecho va implícito en su forma de vida. Esto supone una ventaja en cuanto a los beneficios que implica la tecnología, pero se exponen también a riesgos que pueden pasar desapercibidos. Es muy importante considerar el impacto sobre los adolescentes.

En esta época de crisis vital, llena de contradicciones, inexperiencia y búsqueda de identidad, el criterio de su grupo de iguales será el baremo con el que se midan. En un futuro adulto, la comparación con los otros también estará presente como una forma de regulación. Este es el caldo de cultivo para que las redes sociales sea el lugar idóneo para ello.

De este modo, una publicación en una red social lleva consigo cierta búsqueda de aprobación donde un “like/me gusta” premiará el comportamiento. Además las redes sociales ofrecen la posibilidad de usar filtros, no solo para la imagen, sino que se puede seleccionar qué se muestra y qué no. Así, poco a poco, la persona puede ir construyendo su imagen social ideal (su “ yo online”), mostrando en función de lo que sea valorado y que servirá como una afirmación de su identidad.

Cuando llega el dislike

El espacio de las redes sociales no es simplemente un escaparate social, sino además ahora un lugar que es la fuente de ingresos para muchas personas que obtienen retribución económica, pero pagando el peaje de vivir con “los haters”. Éstos son personas que desde la sensación de invulnerabilidad que ofrece la pantalla digital dirigen comentarios negativos hacia otros, llegando a acosar a diario. Lamentablemente son un elemento instalado ya en las redes sociales.

El motivo de estos comentarios negativos puede explicarse (aunque nunca estará justificado) desde la defensa de otros valores contrarios a lo que la otra persona ha expuesto, desde una comparación que ha despertado inseguridades en el otro y desde un deseo deliberado de dañar. Recientemente se ha publicado que conocidas influencers se han retirado temporalmente por estos motivos en un gesto de cuidado de su salud mental.

No obstante, sin llegar a esos niveles de popularidad, este feedback negativo también ocurre a nivel usuario y aunque ocurra en menor medida es igual de dañino para la autoestima de la persona. Estos comentarios negativos (o ausencia de comentarios positivos) son potencialmente destructores si la persona termina explicando esa situación desde ella misma (ej. “Lo he hecho mal”, “ no soy tan valida como X” “ haga lo que haga me criticarán” ), obviando la acción del otro y exculpándole de su responsabilidad.

Yo online -vs- yo offline.

Las redes sociales posibilitan experimentar diferentes roles, así por ejemplo es habitual encontrar que una persona tenga diferentes perfiles (personal, laboral, proyecto personal etc) e interactúe en función del público al que se dirige.

Del mismo modo, la existencia de estos filtros comentados hace que el mundo virtual no tenga la autenticidad y espontaneidad propias del contacto cara a cara y ofrece por tanto un intervalo para pensar qué quieres decir y cómo.

Las redes sociales supondrán una ventaja para aquellos que no tengan habilidades para enfrentarse a las situaciones sociales y favorecerá la expresión de sentimientos, pensamientos y emociones que de otro modo no tendrían cabida en su vida. Será un arma de doble filo puesto que si recibe un feedback positivo, reforzará que continúe aislándose y relacionándose tras la pantalla.

A veces, este espacio virtual es el único lugar donde los niños/adultos encuentran la posibilidad de habla, en los adolescentes además cobra más importancia, porque será un mundo con sus propias reglas.

La otra cara de la hiperconexión

Otra de las características del mundo virtual es la inmediatez que ofrece para acceder a la información y contactar con los demás, favoreciendo en este último caso una hipersocialización.

Esto en la adolescencia supone una ventaja para poder acceder a los iguales, pero también despierta fenómenos como el ya conocido FOMO (Fear of missing out o Miedo a perderse algo). Este miedo causado por la sensación de estar quedando al margen de experiencias gratificantes de otros genera cierta ansiedad social que se palia mediante un exceso de conexión a las redes para permanecer en contacto con los otros. Este continuo contacto genera a su vez una constante comparación de la vida de los demás respecto a la nuestra, fijando la atención en lo positivo de los demás y en las carencias y aspectos negativos de nuestra vida.

¿Qué hacer desde el entorno?

Como hemos hablado, el mundo virtual es un refugio en ocasiones, pero desde los distintos sistemas en los que se mueve la persona se puede trabajar en pro de la autoestima.

Desde casa y desde la escuela es importante que por parte de los padres y profesores se generen espacios de escucha, que se ajusten expectativas en cuanto a la capacidad de las personas y se brinden las ayudas (tanto materiales como emocionales) que permitan el avance. Es igual de importante ayudar como resaltar esos avances, sin caer en comparaciones y sin dar por hecho que “es lo que tienen que hacer”.

Desde el entorno familiar, no hay que olvidar que los adultos sirven de modelo para los hijos y por tanto es importante demostrar y enseñar un uso responsable de las redes sociales. Es necesario fomentar pautas saludables como no usar el móvil mientras se comparten momentos familiares, enseñarles el uso que le das a las redes sociales, pedirle que comparta contigo lo que ve en redes sociales y sobre todo, advertirle de los riesgos que supone la exposición sin medida.

Cuidar los mensajes que se lanzan desde el entorno en edades tempranas es importante porque quedarán grabados e irán estableciendo los pilares sobre los que creará el autoconcepto la persona y los terminará interiorizando. En un futuro, las experiencias negativas inherentes a la vida, activarán estas viejas heridas relacionadas con estos mensajes negativos pasados sobre “no ser suficiente”.

¿Qué puedo hacer para que las redes sociales no afecten a mi autoestima?

Es posible que al meterte en una red social pienses “mi vida no es tan interesante como la de los demás”. Esto surge ante comparaciones respecto a las actividades que hacen los demás y al dirigir la atención al número de likes que tiene una persona ante una publicación o el numero de seguidores que acumula.

Estos pensamientos pueden aparecer y el objetivo no es que desaparezcan sino reconducirlos ya que pensar en lo que nos falta es devastador a nivel emocional. ¿Y cómo se logra esto?

Puede ser que estando en las redes sociales surja la comparación y comiences a tener pensamientos negativos y a sentirte mal. Revisa qué es lo que exactamente te genera malestar ante esa publicación. Si está relacionado con un área de tu vida que no estás atendiendo, piensa qué pequeño cambio podrías hacer para satisfacerla.

Puede ser que tengas un ideal utópico en cómo debería ser tu vida. No elijas como baremo la vida de los demás puesto que recuerda que en redes solo se muestra una pequeña parte de la vida y está muy lejos de la realidad.

No publiques pensando en lo que va a gustar, muestra aquello que para ti sea importante, que te represente y vaya de acuerdo a tus valores. Si esa publicación no recibe likes, recuerda por qué lo has subido.

Reduce el tiempo que le dedicas a las redes sociales ya que te aleja de los demás y de lo verdaderamente importante en tu vida.

Cambiar este dialogo interno será un pequeño gran cambio.

Si te has sentido identificado o conoces a alguien que puede estar pasando por esta situación, desde Quiero Psicologia podemos ayudarte.

ciberacoso

Cuando la Violencia de Género es Online

Como ya hemos hablado en anteriores post, la era digital ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Hoy en día, podemos establecer vínculos afectivos a pesar de la distancia física, conocer a gente mediante aplicaciones, compartir nuestros recuerdos y tener nuevas alternativas de ocio.

Sin embargo, estos cambios también han dado pie a nuevas formas de ejercer violencia.

Recordemos, que la violencia de género implica una relación asimétrica y de dominio que puede darse en múltiples formas: Violencia física, sexual, psicológica, económica, reproductiva… y que además, esta violencia puede darse de forma activa y/o pasiva.

A consecuencia, a raíz del auge de las nuevas tecnologías, ha surgido una nueva forma de ejercer violencia.

Ciberacoso

Este fenómeno se caracteriza por ejercer una relación de dominio a través de las nuevas tecnologías. Implica insultar, ridiculizar, amenazar o acosar a otra persona mediante redes sociales.

También se incluiría la suplantación de identidad, donde el acosador puede hacerse pasar por esa persona y difundir mensajes falsos o compartir información privada de la víctima.

Actualmente, como ya sabemos, los teléfonos móviles forman una parte imprescindible en nuestras vidas. Ahí guardamos fotos, información íntima, conversaciones con amistades, accedemos a redes sociales, etc.

Es por esto por lo que ejercer ciberacoso constituye una violación a nuestra privacidad y un total acceso a nuestra información.

La violencia online puede verse reflejada en diferentes formas:

Sexting no consentido:

Este fenómeno proviene del acrónimo sex (sexo) y texting (chatear), ya que consiste en comunicarse o enviar fotos de contenido sexuales a través de mensajería instantánea.

Estas acciones pueden formar parte de la intimidad de una pareja. Sin embargo, cuando estas imágenes de contenido sexual se difunden sin consentimiento alguno, estamos hablando de violencia, y por tanto, de un delito.

El acosador puede difundir estas imágenes con el objetivo de ridiculizar a la víctima, amenazarla o chantajearla con publicarlas, con el fin de coaccionarla.

Grooming:

Esta práctica digital consiste en la puesta en contacto de un adulto con un menor a través de las nuevas tecnologías con fines sexuales.

Estos pederastas en primer lugar, tratan de ganarse la confianza de menor formando un vínculo afectivo, por lo que es habitual que estas personas al principio simulen ser también menores.

Una vez obtenido el vínculo, el acosador tiende a solicitar imágenes de carácter sexual, pudiendo llegar incluso a difundirlas por otras redes.

La diferencia reside en que en este fenómeno, el acosador siempre es un adulto y la víctima una persona menor de edad.

Uso de redes sociales:

El acosador puede utilizar las redes sociales de la víctima para controlar sus acciones, los “me gusta” que da, las fotos que publica, etc. Estas personas pueden ejercer su dominio prohibiendo a la víctima subir material que ellos consideren inoportuno, utilizar los “me gusta” como forma de castigo o refuerzo, o espiar las interacciones que hace la víctima.

Por otro lado, el acosador puede crear un perfil falso suplantando la identidad de la víctima, pudiendo compartir rumores falsos o imágenes sexuales convirtiéndola en motivo de burla.

¿Qué diferencia el acoso online del offline?

Al formar parte de una sociedad donde las nuevas tecnologías forman un pilar básico de comunicación, el perfil de ciberacosador es mucho más amplio.

Estas personas pueden aprovecharse del carácter anónimo que pueden darte las redes, para acosar y controlar a la víctima con mayor facilidad. Esto implica que las opciones para ejercer violencia también aumentan, ya que es habitual que hoy en día tengamos un perfil abierto en diferentes redes o contemos con diferentes medios tecnológicos para comunicarnos.

Asimismo, el riesgo de dañar a la otra persona es mayor, ya que las tecnologías suponen un canal donde poder transmitir un mismo mensaje a un gran número de personas con un solo click. A diferencia del acoso offline, la dimensión se da a un nivel más global o macro.

Si la víctima ha bloqueado el perfil del acosador en redes, éste tiene la opción de acceder a ella a través de otro medio o crear un nuevo perfil sin tener que desvelar explícitamente su identidad.

¿Qué puedo hacer ante este fenómeno?

En primer lugar, debemos prevenir estas prácticas y minimizar el riesgo de que el ciberacoso ocurra.

Si somos padres de un menor de edad, en primer lugar, debemos comunicar los riesgos que implica el uso de redes sociales, destacando la importancia de mantener los perfiles con la mayor privacidad posible. Así como de advertir los riesgos que conlleva interactuar o dar permiso de acceso a tus datos a personas desconocidas.

En el caso de los adultos, si sospechamos que estamos siendo víctimas de ciberacoso, estaríamos hablando de un delito penal, y por tanto, contaríamos con la opción de denunciar.

Es importante limitar el acceso de nuestras redes a personas de confianza, minimizando el riesgo de que las fotos o la información se difundan. En caso de recibir insultos, amenazas o acoso de una persona, deberemos bloquear el perfil y hacer uso de la opción de denunciar perfil que ofrecen actualmente las redes sociales.

Si te sientes identificado con esta práctica digital y te gustaría recibir ayuda especializada, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de recibirte.

yoísta

¿Eres un yoísta o “sufres” a uno?

Es posible que tengas cierta tendencia a llevar las conversaciones a tu terreno.

Puede que sea una costumbre que te haya pasado desapercibida y hasta que alguien no te lo ha comentado no te hayas dado cuenta.

Quizás esta situación te sea familiar: estás con una amiga y te cuenta que ha tenido muchísimo estrés durante el día, que se siente agobiada y que necesita relajarse para poder sentirse mejor.

Te lo cuenta mientras estáis de cañas improvisadas que te ha pedido tomar a última hora del día.

Tú, en respuesta a todo lo que ella te va contando, contestas con un “pues yo llevo un día también súper estresante. Mi jefe no ha parado de darme la tabarra…que ganas de irme a dormir”.

Rediriges la atención a lo que a ti te pasa.

Es una conversación que aparentemente resulta habitual y totalmente funcional.

Nada que objetar.

Sin embargo, si se da de forma repetida y en la mayoría de tus interacciones, puede que estés obviando las necesidades de los demás sin conectar en absoluto con la otra persona.

Esto no quiere decir que no puedas hablar de ti, o que utilizar la palabra Yo sea un error.

Quiere decir que la tendencia a no escuchar con atención al otro y saltar inmediatamente a tus emociones y sensaciones hace que la conversación sea unidireccional y egocéntrica.

Basada en tí, tus experiencias, necesidades o intereses.

Estás muy cerca de ser una persona yoísta.

Este es un término que la RAE aun no contempla, pero su significado implica, entre otras cosas, que hables constantemente de ti mismo/a y que estés más interesado/a en contar tus propias experiencias antes de seguir escuchando lo que los demás tienen que decir.

Si es algo significativo, que se repite de forma más o menos habitual, es probable que tu entorno ya te haya dado cierto feedback.

Desde el cariño que te tienen, intentan hacerte ver el llamativo uso del “yo” que puede que estés haciendo.

En exceso, este comportamiento puede hacer que los demás no se sientan escuchados.

Puede que piensen que lo que cuentan no es validado.

Quizás sientan agotamiento o rechazo al estar con alguien (tú) que tiende a soltar un discurso repetitivo centrado en su propia persona.

Esto último se hace más evidente si las conversaciones centradas en tu Yo suelen, además de ir sobre ti y tus experiencias, estar orientadas a términos pesimistas o negativos sobre algo que te sucede o ha sucedido.

¿Qué puedo hacer si veo que hago esto?

Una vez que identifiques si esto te sucede, plantéate el origen de esta conducta.:

  • ¿Tienes mucho que contar y llevas tiempo sin hablar con nadie?
  • ¿Sueles tener a tu familia desde la infancia pendiente de ti todo el rato?
  • ¿Has pasado mucho tiempo solo o sola?

Desentrañar tu pasado te hará entender tus dinámicas actuales.

  • Intenta tomar consciencia a la hora de hablar con alguien.
  • Piensa antes de hablar lo que vas a decir, así podrás darte cuenta de las veces que hablas sólo de ti y de cuál es el contenido de tu discurso

Escucha con atención lo que te cuenta la otra persona y muestra interés.

  • Puede que la persona con la que estés interactuando esté expresando algo doloroso o que te esté contando algo que le es difícil expresar con palabras, etc.
  • Pregúntale, da tu opinión si es necesario o simplemente acompaña la escucha con expresiones no verbales.
  • Presta atención al discurso, contenido y forma.

Darte cuenta de todo lo que engloba la conversación te hará captar los detalles y dar respuestas ajustadas y adecuadas

Cuando sea oportuno compartir tu experiencia, hazlo.

Compartir experiencias parecidas no deja de ser una conversación.

Atiende al tiempo que estás hablando para no monopolizar la conversación.

Conozco a alguien así, ¿qué puedo hacer para decírselo sin pasar apuro?

Desde el cariño es posible comunicar con asertividad lo que consideres.

Dar un reflejo, hacer de espejo con la intención de hacer mejorar a alguien sobre lo que ves en ella/él, debería ser aceptado con agrado.

En caso de no ser así, o de tener miedo a la reacción, échale un vistazo a nuestro post sobre la evitación de conflictos: https://www.quieropsicologia.com/evitas-los-conflictos-a-toda-costa/

Pregúntale a esa persona si es consciente de lo que hace ofrécele ayuda (si lo consideras necesario y si te ves capaz) para que se dé cuenta y pueda cambiarlo en el momento.

Dile cómo te sientes cuando estás hablando con él/ella y apenas te hace comentarios sobre lo que cuentas.

Habla en primera persona de tus sensaciones cuando pasa esto.

Se puede dar el caso de que intentes comunicar cómo te sientes sobre este punto y la otra persona se lo tome a mal.

Puede que no quiera reconocer ni cambiar su comportamiento,

Si esto pasa, plantéate si te has expresado claramente y de la forma más asertiva posible.

Cuando tu sensación sea que sí, que lo has hecho de la forma más correcta, empática y asertiva que eres capaz de hacer y, aun así la forma de relacionarse de la otra persona no cambia, surge el problema.

Aquí tu “trabajo” será poner límites y respetar tu necesidad y tu espacio.

Estar con alguien que dirige las conversaciones sobre su vida, sus vivencias y sus ejemplos de forma constante puede generar agotamiento.

Este “monopolio” exige una atención individualizada y exclusiva que probablemente no es posible dar de forma permanente.

O, simplemente, te has cansado de hacerlo.

No te sientas mal amigo/a si no correspondes esta exigencia y decides poner límites para preservar tu energía y tu bienestar.

Si esta es tu situación, te recomendamos que leas nuestro post sobre marcar límites en las relaciones interpersonales: https://www.quieropsicologia.com/poner-limites-en-las-relaciones-personales/

Si te has identificado de cualquier forma con este post, bien porque tiendes a monopolizar las conversaciones, bien porque sufres a alguien que lo hace, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Aprender a gestionar tus habilidades comunicativas, explorar el por qué de esta dinámica y compartir con tu entorno tus sensaciones de forma que puedas trasladar el mensaje sin dañar y sin ser dañado/a.

Si estás encerrado/a entre las cuatro paredes de alguien que te hace sentir así y no sabes cómo parar, podremos trabajar sobre ello y conseguir abrir una puerta y encontrar salida.

operación bikini

La maldita “operación bikini”

Ya está aquí junio.

Damos la bienvenida al verano y al inicio de las preocupaciones por tener que exhibir el cuerpo en la piscina, playa o donde sea que tengamos la oportunidad de refrescarnos.

Este año, además, llega en circunstancias especiales.

Tras una época de confinamientos y limitaciones varias en la que muchos y muchas hemos manejado la ansiedad y la falta de actividad mediante la comida.

Esto se ha traducido en un “posible”  aumento de peso.

Varios estudios estiman que en este periodo cada uno de nosotros hemos engordado una media de tres kilos.

“Para anticuerpo, el que vamos a tener este verano”

Esta frase se ha repetido en numerosas ocasiones desde que se inició la pandemia y, aunque que pretende ser una frase con humor, encierra un mensaje de base que se ha instalado en nuestra sociedad: tenemos que estar perfectos y perfectas para el verano.

La “operación bikini” no debería ser una dieta restrictiva y temporal, sino un cambio de hábitos que persiguen un objetivo de vida saludable.

Todos los días del año.

Todo el tiempo.

La sociedad nos demanda “la imagen perfecta”.

A todos.

Es innegable que las mujeres sufren una presión social mayor.

No se ha oído hablar de “la operación bañador”.

Niños y niñas, hombres y mujeres hemos sido educados de forma diferente.

Ya hemos hablado sobre esto en algunos posts anteriores (https://www.quieropsicologia.com/ninos-ninas-y-normas/ por ejemplo) y todos nos sentimos presionados por adaptarnos a lo que se considera ser “una mujer deseable o un hombre deseable”.

A los hombres se les ha orientado hacia el éxito propio y las mujeres han recibido una educación orientada a la aceptación de los otros.

Ser una mujer valorada supone, además de otros mucho atributos, estar sometida a unos cánones de belleza y buscar encajar en ellos.

Por lo que atañe a este post: la delgadez.

Cada verano las nuevas colecciones de trajes de baño las lucen mujeres con cuerpos que representan el ideal de belleza del momento.

Constantemente nos bombardean con publicidad sobre pastillas para acelerar la perdida de peso, dietas milagro y un sinfín de mensajes que buscan la esclavitud hacia el propio cuerpo, eliminando y corrigiendo partes de él para encajar en lo aceptado socialmente.

Bikini o bañador ¿elección o imposición?

Desde finales del siglo XIX se empezaron a usar los trajes de baños de dos piezas, que inicialmente llegaban a la altura de los tobillos y poco a poco fueron enseñando más partes del cuerpo.

Fue en 1946 cuando Michele Bernardini lució el primer bikini.

A lo largo de estos años, las formas de los trajes de baño han ido variando y se puede elegir entre diferentes partes de arriba y de abajo o recurrir a la pieza entera que es el bañador.

En los últimos tiempos desde el mundo del diseño y de la moda, desde algunos espacios al menos, intentan buscar la aceptación de todo tipos de cuerpos y las modelos que los lucen tienen diferentes tallas, abarcando la diversidas que existe en la sociedad.

Aun así, no dejan de existir las etiquetas “ curvy” o “ talla grande” para señalar a quien no encaja en el modelo de cuerpo “ideal”.

En los últimos años los bañadores se han convertido en pieza clave en la moda de verano y muchas mujeres han optado por usarlo cada vez más.

Puede que te guste en sí el bañador o te sientas más cómoda.

Sucede también que es algo que sintamos que podemos elegir: preferimos tapar el cuerpo por anticipar el rechazo social.

Si has optado este verano por usar bañador, es importante que te plantees si es una decisión libre o te estás autocensurando.

¿Cómo afectan los ideales de belleza a la autoestima?

Un tercio de nuestra autoestima está relacionada con la valoración positiva o negativa de la autoimagen.

Si tendemos a valorar negativamente nuestra imagen, nos resultará difícil prestar atención a otras áreas que también conforman nuestra autoestima.

Visibilizando todo tipos de cuerpo luchamos para romper con el ideal de belleza establecido en la sociedad actual.

Cuanto más diversidad, menos exigente y utópico será el ideal que queremos alcanzar.

Esto ayudará a que nuestra autoestima mejore: nuestra autovaloración no estará tan lejos del ideal de belleza si ese ideal contempla todo tipo de opciones.

Llegados a este punto se podría ver la “operación bikini” como la suma de varios elementos:

  • Mayoritariamente, ser mujer (los hombres no usan bikini).

+

  • Orientado a los otros (qué van a pensar, qué me van a decir, no pueden verme así).

+

  • La belleza como clave para la aceptación social (la belleza acorde con el cánon imperante, para mujeres y para hombres).

+

  • Autoimagen como factor clave en la autoestima (directamente afectada por el cánon de belleza).

Crea tu propia operación bikini: este es mi cuerpo

Una vez visto todo el peso que nos ponen encima y que nos llevamos de vacaciones año sí y año también, te proponemos algunas ideas para que vayas soltándolo poco a poco.

O de golpe, como prefieras:

Toma conciencia de tu lenguaje interior

  • Es posible que tengas un discurso negativo sobre ti mismo o misma que te repitas cada día y no te hayas dado cuenta de su presencia.
  • Cuando comiences a sentirte mal con tu imagen, observa qué mensajes te estás diciendo.
  • Comienza a cambiarlos y a hablarte de forma más positiva, reconociendo tus puntos fuertes que seguro que los tienes.

Enriquece tu autoconcepto

  • No solo eres un cuerpo.
  • Tu autoconcepto está formado por tu aspecto físico, pero también por otras áreas como el modo en que te relacionas con los demás; tu personalidad; cómo te perciben los demás; tu rendimiento en los estudios y/ o trabajo; la forma en que funcionas en el día a día; tus capacidades mentales, tu inteligencia; tu sexualidad, etc. Analiza cómo se encuentran esas áreas en tu vida actual y enfócate en enriquecerlas.

Tu cuerpo no limita tu vida

Es posible que sientas miedo de exponerte a estar en traje de baño por temor a qué podrían pensar los demás.

En estas ocasiones puedes estar tentada o tentado a no ir a determinados eventos o a privarte de algo que te gustaría hacer.

Otras veces es posible que decidas acudir, pero los mensajes negativos que esperas recibir o los que ya te estás enviando tú, te impiden disfrutar de la situación, lo que aumentará la posibilidad de que en un futuro no vayas de nuevo.

Intenta focalizarte en lo positivo del momento, lo bien que lo pasas, lo bonito del lugar, lo agradable de la compañía, etc. y luego registrar en un cuaderno.

Coge el bikini

Vete a la playa, piscina, río, donde sea que te apetezca ir.

Ponte crema solar por todas partes.

Disfruta.

Si te sientes identificada o identificado con lo hablado en este post y te está generando un malestar que no sabes cómo manejar, en Quiero Psicología podemos ayudarte a ello.

Que este verano no sea uno malo.

adicto a videojuegos

Adicciones del siglo XXI

Tenemos acceso directo a videojuegos a través de varias plataformas o dispositivos: tablet, ordenador, móvil, consola, etc.

La temática de los juegos es realmente amplia, incluso se han desarrollado algunos con fines educativos y terapéuticos.

Los videojuegos permiten desarrollar las funciones ejecutivas (la atención, orientación y memoria).

Gracias a ellos, podemos transmitir un mismo mensaje a diferentes interlocutores, obtener recompensas inmediatas o interactuar con personas situadas en la otra punta del mundo.

A pesar de todos estos “beneficios”, recientemente, la OMS catalogó como trastorno mental el abuso de los videojuegos.

Este trastorno se asemeja a otras adicciones como al alcohol, sustancias o juegos de azar.

La diferencia y la importancia de este trastorno radica en que, cuando observamos a la población que lo padece, la población infanto-juvenil supera con creces a la población adulta.

Es importante darse cuenta de que los dispositivos no son adictivos por sí mismos, lo es el uso que hacemos de ellos.

¿Cuándo pasar el rato jugando se convierte en un problema?

Hay una serie de pautas que te pueden ayudar a identificar si el tiempo que pasas jugando se está convirtiendo en un problema.

Probablemente nunca te hayas parado a pensar la cantidad de horas al día o a la semana que le dedicas a los videojuegos, pero sí vas notando que cada vez tienes menos tiempo para hacer otras cosas.

Recortas tiempo al estudio.

Quedas con tus amigos de forma virtual, para jugar, etc.

Estos son algunos avisos a los que puedes prestar atención:

Interferencias en tu día a día

Percibes que no te concentras igual para estudiar o trabajar, notas más cansancio o sueño porque has estado hasta la madrugada jugando o dejas de comer para jugar más horas.

Síndrome de abstinencia

Si pasa “demasiadas” horas sin jugar, sientes ansiedad, inquietud o nerviosismo que no se te pasa hasta que te pones de nuevo a los mandos.

Eso que experimentas, es muy similar al mono que sufren los drogadictos.

Cambios en el estado de ánimo

Puede que te sientas más triste, irritable o nervioso de lo habitual, muy relacionado con el mono del que acabamos de hablar.

Impulsividad y uso compulsivo

Tras algunas o muchas horas de juego, pueden aparecer conductas impulsivas:

  • gastar dinero en comprar vidas extras o recursos para conseguir un récord o matar a ese enemigo que se te resiste
  • dificultades para abandonar el juego, no sabes cuando parar
  • impaciencia a la hora de jugar, etc.

Dejar de lado otras actividades

  • haces los deberes deprisa y corriendo o, directamente, no los haces
  • te inventas excusas para no ir a clase o al trabajo; pasa de hacer la compra o de limpiar la casa o tu habitación
  • reduces al mínimo el tiempo que dedicas a tu familia o amigos, etc.

Aislamiento social

Cuanto más tiempo dedicas al mundo online, más desconectado estarás de la vida en el mundo real.

Hay mucha gente que se esconde tras un avatar para interactuar socialmente y evitar el contacto físico con otras personas.

Lo que parece una solución, se puede convertir en un problema: esta evitación, a largo plazo, solo genera mayor ansiedad ante las situaciones sociales y menor autoestima.

¿Qué puedo hacer si descubro que sí, que tengo una adicción?

Si has llegado hasta aquí y has sido capaz de darte cuenta tú solo o sola de que sí, tienes un problema de adicción a los videojuegos, enhorabuena.

No creas que es fácil salir del círculo vicioso en el que te encuentras.

Darse cuenta es el primer paso pero no el único:

Acepta lo que te ocurre y díselo a la gente más cercana

No es necesario poner etiquetas a lo que te está pasando.

Saber que no estás bien y que tienes un problema, es suficiente para empezar.

Aceptar lo que te ocurre no te hace más débil, sino que te facilitará la búsqueda de ayuda especializada y el apoyo de tu entorno más próximo.

Busca ayuda especializada

Seguramente hayas tratado ya de dejar de jugar o estás intentando controlar las horas que pasas enganchado y te esté costando mucho esfuerzo.

Es normal.

Hemos hablado ya del síndrome de abstinencia.

Tu cuerpo, habituado a jugar durante tanto tiempo, ha convertido el juego en tu estrategia de afrontamiento.

¿Puedes hacerlo solo? quizás, pero te ahorrarás mucho sufrimiento, encontrarás herramientas y serás capaz de manejarlo mejor si pides ayuda profesional.

Ya has sufrido bastante, pedir ayuda para salir de una situación tan grave, no te hace débil, al contrario, te ayudará a manejar este malestar y desarrollar nuevas habilidades.

Respeta las normas PEGI

Estas normas son la clasificación que determina la edad mínima recomendada para jugar a un videojuego.

Es obligatorio que en el videojuego en cuestión haya una etiqueta avisando del contenido sensible que puede aparecer en la pantalla (sexo, drogas o violencia).

Estas normas las marca un colectivo de expertos, se aplican a nivel europeo y tienen su sentido y su por qué.

Establece un horario

  • empieza por dedicar tiempo a las tareas prioritarias como el trabajo o la escuela, incluyendo las tareas o actividades extraescolares
  • crea y mantén unos hábitos de sueño, higiene y alimentación saludables
  • establece una rutina que puedas sostener con facilidad.
  • trata de comer siempre acompañado y hazlo en un espacio diferente al lugar en el que juegas, cuanto más alejado, mejor.

Busca estrategias de afrontamiento alternativas

Si te encuentras agitado o inquieto y sientes que el síndrome de abstinencia te está rondando, trata de realizar alguna actividad física como salir a caminar, correr, montar en bici o ir al gimnasio.

Apóyate en tus amistades o familiares para comunicarles como te encuentras en esos momentos de riesgo agudo de recaída.

Intenta manejar la tristeza y realiza actividades de autocuidado: date una ducha o un baño relajante, prepárate una rica comida, ponte música que te guste y baila, etc.

Busca alternativas de ocio fuera

Cuanto más tiempo permanezcas alejado de los dispositivos o lugares donde habitualmente juegas, más desarrollarás tu tolerancia a estar alejado de ellos.

Es como si quisieses dejar de fumar.

Seguro que pasar por el estanco donde compras habitualmente sentirás un deseo irrefrenable de fumar.

Con los videojuegos pasa exactamente lo mismo.

Es fundamental que aprendas a controlar los estímulos que te incitan a jugar para prevenir el deseo y la recaída.

¿Qué puedo hacer si es mi hijo o hija quien tiene esta adicción?

Supervisa la temática del videojuego

Préstale atención a la clasificación PEGI que ya hemos comentado.

Evita los videojuegos que no sean recomendados para su edad.

Infórmate de con quién está manteniendo contacto tu hijo o hija a través de los juegos online.

Limita sus horarios

Establece un horario con tus ellos que priorice las tareas escolares y las horas mínimas de sueño.

Es recomendable prohibir el uso de dispositivos después de cenar, para evitar que el cuerpo se active antes de acostarse y prevenir los problemas de insomnio.

Limita la cuenta bancaria del menor

Obviamente, si tu hijo o hija es mayor de edad, este paso es más complejo.

Intenta llegar a un acuerdo con él o ella para que no tenga acceso a tarjetas o formas de pago online.

Muchos videojuegos ofrecen expansiones o recompensas extra si realizas un pago a través de la aplicación o plataforma, por lo que al ser menores de edad, es muy recomendable restringir su acceso.

Fomenta el ocio fuera y las actividades extraescolares

Es importante que tus hijos e hijas desarrollen estrategias de afrontamiento externas a los videojuegos.

Que cuenten con una red de apoyo y actividades gratificantes alternativas para prevenir el uso compulsivo de los videojuegos.

Comunica tus emociones

Ya hemos hablado en otros post de la importancia de expresar tus emociones.

Di cómo te sientes.

Comparte tus preocupaciones de una forma cercana y asertiva con tus hijos e hijas.

Los padres y adultos de su entorno sois tanto su modelo de actuación, como su figura de seguridad.

Ten en cuenta que la expresión de las emociones funciona mejor cuando es bidireccional: permítele expresar cómo se siente y valida sus emociones.

No uses los videojuegos como refuerzo positivo o como castigo

Estas acciones pueden llevar a que tus hijos e hijas utilicen los juegos como estrategias de afrontamiento para reducir su malestar, lo que acaba generando mayor adicción.

Para finalizar, te recordamos, como hemos explicado previamente, que los videojuegos pueden ser una actividad gratificante que, cuando se juega de forma responsable y limitada, puede aportar numerosos beneficios.

Sin embargo, si la persona que juega descuida sus obligaciones, se aísla de su entorno y experimenta malestar en las horas en las que no está jugando, estamos hablando de una adicción y no de un simple pasatiempo.

Si te sientes identificado o identificada con alguno de estos síntomas o crees que tienes riesgo de desarrollar una adicción, recuerda que el primer paso es reconocer el peligro.

Cuando la persona que te preocupa es alguno de tus hijos o hijas porque pasa demasiado tiempo delante de la pantalla, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a abordar con él o con ella el problema.

maltrato de hijos a padres

Maltrato de hijos/ hijas a padres/madres: el maltrato filio-parental

Cada mañana me despierto con los mismos sonidos al otro lado de la pared: la voz de un adolescente de unos 13 años que insulta a su madre de manera desproporcionada porque le despierta para ir al colegio.

Al principio, simplemente eran quejas.

Pronto aparecieron palabras malsonantes que se fueron trasladando paulatinamente a los insultos, agresiones verbales y amenazas.

Desde hace poco han comenzado a escucharse golpes en la pared o contra el mobiliario.

Antes era por la mañana.

Ahora es lo único que se oye a través de la pared cuando la madre da alguna indicación a su hijo.

Son las respuestas que usa cuando no quiere dejar la video consola para comer en la mesa junto con su madre, exige que le lleven el plato de comida a su habitación para no dejar lo que esté haciendo o quizás, para no interactuar con ella, ¿quién sabe?

El hecho es que esta escena no es única en un vecindario.

Se reproduce diariamente en muchas “al otro lado de la pared”.

En más familias de las que nos damos cuenta, los niños y niñas se han convertido en agresores y sus víctimas son sus padres, mayoritariamente las madres.

Desde 2006 se ha visto una escalada en las cifras de la violencia filio-paternal llegando al número abrumador de 4.833 casos relacionados con este tipo de violencia en Madrid, de los cuales un 10% eran menores de 14 años.

Son cifras que nos hacen plantearnos qué está ocurriendo en la población infantil y juvenil para que se conviertan en los verdugos de sus padres, aquellos que por definición les ofrecen protección y cuidado.

Muchos podríamos pensar que este tipo de conductas sólo se dan en familias que tienen algún tipo de vulnerabilidad, patología o que están en una situación social complicada.

Las solemos asociar a familias relacionadas con consumos de drogas o alcohol, pero no es así.

La violencia filio-paternal se da en todos los estratos sociales, en familias con distintas características.

¿Qué es la violencia filio-paternal?

Este tipo de violencia se podría definir como un conjunto de acciones y conductas dirigidas de los hijos e hijas a los padres.

Conductas como agresiones físicas, verbales, no verbales o psicológicas; amenazas, golpes, insultos, ruptura de objetos…

Hablamos del maltrato de hijos o hijas a padres y madres.

De forma constante y reiterada.

Esta puntualización es importante, porque a lo largo de la infancia y la adolescencia se pueden dar situaciones en la que los menores se comportan de esta manera de forma puntual y excepcional.

Lo que no quiere decir que nos encontremos ante un caso de maltrato hacia los progenitores.

Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos dejado llevar por un enfado mostrando respuestas agresivas y que han dañado a otro.

Este hecho no implica que nos hayamos convertidos en maltratadores.

Simplemente que nos hemos visto sobrepasados por la situación y no hemos encontrado los recursos adecuados para afrontarla de otra manera.

Cuando este suceso se convierte en constante, en rutina, y las agresiones verbales, físicas o psicológicas son la única forma que tenemos de afrontar los conflictos, los problemas o de conseguir aquello que se desea,  es cuando podemos hablar de violencia.

Posibles causas

Debemos tener en cuenta que estas posibles causas no son condición indispensable para que aparezca la violencia filio-paternal. Simplemente han de tomarse como características que suelen aparecer.

Hasta hace no mucho se culpabilizaba de esta situación a los padres, a aquellos que son las víctimas.

Afortunadamente ahora se ha ampliado la visión y se ha observado que hay múltiples factores que pueden influir.

Es importante tener en cuenta los factores familiares, puesto que es el principal entorno en el que se relacionan los menores, pero también pueden influir otros factores sociales

Causas familiares

Podemos encontrarnos con familias que, por determinados factores (trabajo, sobrecarga, dificultades personales y emocionales) han realizado unas funciones familiares deficitarias llegando incluso al abandono.

También nos podemos encontrar con situaciones en las que la sobreprotección del menor y una sobre exigencia hacia el o ella se dan de forma paralela.

Hábitos familiares donde la escasez de tiempo, la autoridad desdibujada y la permisividad están presentes en el día a día.

Causas sociales

Nos encontramos en un momento social donde el sentimiento de culpa está desprestigiado y se alienta el consumismo, la gratificación inmediata y el hedonismo.

Características que son un caldo de cultivo para que proliferen conductas en las que lo que más nos interesa es nuestro bienestar, le pese a quien le pese.

Esto a su vez provoca una falta de empatía constante en todas nuestras relaciones.

Características de los menores

Los niños y niñas que ejercen violencia hacia sus padres, suelen tener una serie de características en común.

Como hemos dicho antes, no quiere decir que estas características sean condición indispensable y que si aparecen, sí o sí, el menor terminará teniendo estas conductas agresivas.

  • Son niños o niñas que desde pequeños suelen insultar y mostrar conductas de desafío hacia adultos o figuras de autoridad.
  • Ejercen el control con sus exigencias y no suelen atender a normas ni a límites.
  • Pueden mostrar una elevada insensibilidad y ausencia de consciencia de lo que está bien o está mal.
  • No muestran sentimientos de vinculación moral o emocional hacia sus padres, familiares o amigos.
  • Les cuesta responder de forma positiva a las pautas educativas.
  • No suelen aprender de los errores, ya que les cuesta asumir su parte de responsabilidad en ellos.
  • Buscan su propio beneficio sin atender a las necesidades o peticiones de los demás.
  • Presentan bajos niveles de empatía y dificultades para desarrollar sentimientos de culpa.

¿Qué podemos hacer para prevenir?

Debemos ser conscientes que la mejor forma de prevenir cualquier tipo de conducta que pueda ser contraproducente es a través del ejemplo.

Revisar nuestros propios comportamientos y actitudes nos puede ayudar mucho a la hora de transmitir a los niños y niñas como queremos que se comporten.

  • Actuar de forma no violenta, ni verbal ni físicamente y mostrar nuestra inconformidad ante la presencia de actos violentos.
  • Trabajar en una educación emocional individual y familiar. Una buena manera es a través de compartir lo que estamos sintiendo, expresando nuestras emociones.
  • Ofrecer una educación en valores, moral y ética.
  • Facilitar a nuestros hijos e hijas herramientas y recursos de autocontrol, capacidad de esfuerzo, tolerancia a la frustración y resolución de conflictos.

Desde una comunicación clara, estable y sincera podemos prevenir que en un futuro nuestros hijos e hijas tengan comportamientos agresivos hacia nosotros, hacia otros o hacia ellos mismos.

Descubrir que estamos en una situación en la que sentimos que el control se nos está escapando de las manoses duro y doloroso.

Lo más sano para todas las partes implicadas y afectadas es pedir ayuda a aquellos que nos rodean o a un profesional.

Todos tenemos aspectos en los que podemos crecer y mejorar y con ayuda siempre es más fácil.

Si este es tu caso, no dudes en acudir a Quiero Psicología. Podemos ayudarte y proveerte de las herramientas necesarias para gestionar esta situación. Si realmente es insostenibles, podemos aconsejarte sobre recursos a los que puedes acudir.

Las relaciones en la era digital

Vivimos en la época del “aquí y ahora”.

De la inmediatez, del consumismo y las relaciones digitales.

Es un tema del que ya hemos hablado en otros términos en nuestro post “El amor en el siglo XXI”.

Tenemos acceso a cientos de aplicaciones para conocer gente, publicar información o compartir cómo nos encontramos.

Con un simple movimiento de manos podemos hacer match con diferentes personas, conseguir plan para el fin de semana, y quién sabe, incluso encontrar pareja.

Sin embargo, esta sobreestimulación puede llevarnos a descuidar nuestras relaciones, afectando a la forma en que nos comunicamos.

El hecho de contar con tanta oferta convierte las relaciones en una especie de mercado.

Accedemos a un amplio escaparate de personas donde elegir.

Las nuevas tecnologías han eliminado barreras físicas entre nosotros, pero, ¿realmente están favoreciendo la comunicación? ¿acaso no están fomentando una sociedad cada vez más individualista?

Si alguien nos gusta, solo tenemos que deslizar a la derecha, si no nos llama la atención, deslizar a la izquierda.

Con un sólo movimiento podemos encontrar a numerosas personas a través de estas aplicaciones.

Es más, si no queremos saber nada más de alguien, es suficiente con borrar su contacto o bloquear su perfil en nuestras redes.

Lamentablemente, estas prácticas son cada vez más frecuentes y están claramente identificadas:

Ghosting

Llamamos ghosting (derivado de ghost del inglés, fantasma) a la práctica de eliminar toda comunicación sin aviso previo, llegando incluso a borrar el teléfono de contacto, dejando de seguir a esa persona por redes sociales, bloqueándola, etc.

La persona en cuestión, quien te hace ghosting, desaparece de tu vida sin justificación aparente.

Quienes utilizan esta táctica se caracterizan por no comunicar sus intenciones y sentimientos de una forma clara y concisa. Prefieren evitar decir cómo se sienten, bien por falta de estrategias de manejo emocional o por falta de habilidades sociales.

Deciden cortar directamente y que sea la otra persona quien asuma que la relación ha finalizado.

Si eres tú quien está sufriendo esta práctica, ante esta situación inesperada y la falta de información, es normal que te surjan preguntas:

¿Habré hecho algo que le haya molestado?

¿Será mi culpa?

¿Le habrá pasado algo?

Orbiting

El orbiting (del ingles to orbit, orbitar) se diferencia del ghosting en que la persona que deja la relación mantiene el contacto de forma virtual a través de las redes sociales.

La comunicación se interrumpe bruscamente y sin motivo aparente, igual que en el ghosting, no responde a los mensajes, etc. pero a la vez, y paradójicamente, comenta tus stories o da “like” a tus publicaciones.

De ahí su nombre, es como si estuviesen orbitando alrededor tuyo de una forma ambigua e incoherente.

En lugar de desaparecer y poder asumir que esa persona ya no va a estar más en tu vida, esta práctica te genera más incertidumbre y hace mucho más difícil el proceso de duelo.

Es normal que quienes hayan sufrido estas conductas tiendan a justificar la actuación de la otra persona con excusas de todo tipo.

Resulta muy complicado comprender un comportamiento tan contradictorio, mejor me busco una explicación que me pueda creer.

¿Qué puedo hacer si me han hecho ghosting u orbiting?

En primer lugar, debes tener claro que no es tu culpa. Si te han hecho ghosting no es porque hayas hecho algo mal.

No es fácil tolerar la incertidumbre.

Tendemos a buscar cualquier explicación que encaje en lo sucedido, aunque no sea válida ni real.

Lo que intentamos es reducir nuestra ansiedad.

Así, ante la total falta de información, tendemos a buscar un comportamiento causal, buscar el culpable de que la relación haya finalizado.

¿Por qué habrá desaparecido?

¿Le habrá pasado algo?

¿Le molestó algo que hice?

A veces la falta de respuesta ya es una respuesta en sí.

Lamentablemente no es la más adecuada.

Este comportamiento solo nos indica que el otro o la otra no tiene la suficiente madurez emocional como para hacer frente a una relación ni para asumir responsabilidades afectivas.

La responsabilidad está en quien corta la relación sin previo aviso, nunca en la persona que lo sufre.

Ante el orbiting, es normal que aparezcan pensamientos del tipo “pero si no estuviese interesada no me hablaría por redes”.

Es cierto, la otra persona parece tener interés, pero no al mismo nivel.

Parece que él o ella no es capaz de mantener una relación comprometida y mantenida en el tiempo.

No es porque no tú seas lo suficientemente valioso o valiosa.

Es el otro quien carece de las herramientas necesarias para mantener una relación estable.

Tampoco es capaz de gestionar las rupturas.

Probablemente se sienta terriblemente incómoda o incómodo al hablar de sus emociones o sentimientos.

Es muy probable que actúe así como norma, no es nada personal para contigo.

Estos individuos que experimentan dificultades para mantener lazos afectivos, muestran una tendencia evitativa.

Evitan situaciones comprometidas o delicadas.

Se trata de un mecanismo de defensa ante los vínculos sociales.

No tienen, por el motivo que sea, las habilidades necesarias para hacer frente a estos momentos.

Una “herramienta” muy recomendable es asumir que quien te hace ghosting, orbiting o cualquier otro palabro similar, lo hace en base a un patrón de comportamiento suyo.

Tú no eres responsable de que corte sin previo aviso el contacto.

No tienes la culpa de que actúe de una forma ambigua, como dando rodeos.

Tampoco has hecho nada para merecer que te traten así.

Puede ser complicado darse cuenta de lo que está sucediendo.

Suele llevarnos un tiempo aceptar que es eso lo que está pasando y, una vez aceptado, nos toca trabajar la pérdida y la tristeza que llegan de la mano.

Querer solo cuando a la otra persona le conviene no es bueno para ti, genera más incertidumbre y ansiedad.

Es importante ser conscientes, en la medida de cada uno, de nuestros sentimientos, acciones y de la forma en que afectan o repercuten en los demás.

Responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva consiste en tomar conciencia de nuestro comportamiento y empatizar con las consecuencias que éste puede tener en la persona o personas con las que mantenemos algún tipo de relación.

No importa que esta relación sea esporádica, que no tenga etiquetas o que acabe de empezar.

Cualquier vínculo afectivo genera una serie de emociones en todas las partes implicadas, somos seres sociales por naturaleza.

Realmente, no es tan complicado ser una persona afectivamente responsable:

Atiende a tus emociones.

Sentir nos hace humanos, no es peligroso.

Tu identidad no va a cambiar por estar en una relación ni tienen por qué hacerte daño.

Permitirte experimentar y expresar tus emociones te facilitará enormemente crear y mantener relaciones duraderas.

Pregúntate qué tipo de relación quieres establecer.

Hasta que no tengas claro lo que quieres, no podrás expresarlo adecuadamente.

Si no lo tienes claro, exponlo con honestidad, date tiempo y permite que la otra parte sepa lo que puede esperar.

Pide y pregunta, es tu derecho.

Sé empático.

Piensa en cómo puede sentirse la otra persona ante tu falta de respuesta.

Cuando no tenemos capacidad de predecir lo que va a pasar o estamos pendientes de una respuesta que nunca llega, es normal experimentar ansiedad.

Si tú no quieres sentirla, intenta no provocarla en los demás.

Sé asertivo.

Una ruptura puede ser dolorosa, pero puedes ayudar a que sea lo menos dolorosa posible.

Es importante comunicar cómo te sientes desde el yo: “siento que siempre soy yo quien propone planes”, “me gustaría que no nos viéramos más”, “esto no es lo que quiero“, etc.

Claramente, parece mucho más sencillo señalar a los demás: “eres muy pesado, me estás agobiando” o “eres un egoísta”.

Obviamente, esto no son soluciones para un problema afectivo más profundo, pero sí que son ideas que te pueden ayudar a identificar el lugar en el que te encuentras.

Si sientes que alguna de estas ideas te suena conocida, crees que te cuesta establecer vínculos afectivos o asumir el fin de una relación, en Quiero Psicología estaremos encantadas de escucharte y ayudarte a encontrar soluciones.

normas covid y niños

Niños, niñas y normas.

Somos seres sociales. Vivimos en comunidad, en “tribu”.

Conocer las normas de convivencia y las reglas sociales facilita que esa convivencia sea respetuosa, productiva y fluida.

Nuestro primer entorno relacional es la familia.

Es donde se asientan las bases y los valores que nos permiten relacionarnos de una u otra forma en los distintos grupos sociales con los que convivimos diariamente.

Damos a nuestros hijos e hijas cariño, cuidado, protección, etc.

Cubrimos sus necesidades básicas y les ofrecemos la información necesaria para que puedan comprender y entender la importancia de cumplir una serie de normas que les permitirán vivir en sociedad.

Esta información la transmitimos casi sin darnos cuenta.

Vivimos en la sociedad y tenemos años de experiencia relacional que nos permiten actuar casi de forma automática.

Nos paramos en los semáforos en rojo, cruzamos la calle por los pasos de cebra, saludamos al entrar en los establecimientos y nos despedimos al salir, caminamos respetando el tránsito de los demás, etc.

Son actos inconscientes, automáticos.

Con nuestro ejemplo, se los transmitimos a nuestros hijos e hijas.

Son acciones que hemos asumido como parte de nuestra vida. Sabemos que nos aportan seguridad y tranquilidad.

Nos facilitan la convivencia y conseguir un entorno predecible.

Generan una sensación de control sobre lo que sucede a nuestro alrededor.

¿Qué ocurre cuando hay que introducir normas nuevas?

La pandemia y todas sus consecuencias ha sido y es una situación que no controlamos.

No tenemos toda la información, vivimos en la incertidumbre aunque nos hayamos acostumbrado poco a poco a ella.

Los comportamientos habituales han cambiado y hemos tenido que introducir algunos nuevos que nos hacen sentir incómodos.

Buscamos información, intentando entender y aceptar las nuevas normas.

Las hemos ido incorporando desde hace un año, pensando en nuestra seguridad y en la de los demás.

Comprendemos la necesidad de estas nuevas normas y las cumplimos.

Obviamente, estas normas no sólo son para los adultos, también han de cumplirlas los niños y niñas.

¿Cómo transmitirles estas normas a los niños y niñas?

Hay niños para los que la incorporación de estas medidas ha sido fácil y las han interiorizado como parte de su día a día sin problemas.

Siguen el ejemplo de los adultos de su entorno y la necesidad de pertenencia que todos tenemos les ha facilitado que esa incorporación sea fácil.

Pero una de las características de la infancia es la curiosidad.

Hay niños y niñas que cuando no comprenden al 100% una norma, la cuestionan y se niegan a cumplirla.

Puede parecer que están buscando desafiar a la autoridad.

En una situación así, nos enfrentamos al reto de transmitir a ese niño la importancia de cumplir estas normas.

Hacerle entender que es por su bien y por el de los demás, sin que sienta que le estamos obligando.

Hacer que no lo sientan como una obligación es en donde debemos centrarnos para que pueda interiorizar estas normas de manera fluida.

Preguntas afirmativas.

Sucede que, cuando le decimos a un niño “no toques eso” su respuesta automática es ir a tocarlo.

También nos pasa a los adultos: todos hemos tenido que controlar el impulso de tocar una pared recién pintada con el cartel “no tocar, pintura fresca”.

Queremos comprobar si es así, o si ya se ha secado.

El cartel nos dice que si tocamos, va a pasar algo que puede ser perjudicial para nosotros.

También consigue centrar nuestra atención en tocar la pared.

Como adultos somos capaces de reprimir el impulso y no cuestionar el motivo; aceptamos que nos lo están diciendo por nuestro bien.

La curiosidad infantil, la necesidad de autoafirmarse y de mostrar control sobre si mismos, provoca en los niños el efecto contrario.

Para evitarlo, la mejor estrategia es transmitirles la información desde preguntas afirmativas.

Un ejemplo:

Si quieres que los niños hablen con un tono de voz adecuado y respetuoso, puedes decirles “no grites” con lo que probablemente gritarán más o “¿qué te parece si hablamos bajito?”.

Cuando les hablas en el tono de voz que quieres que usen, consigues que su atención se centre en el mensaje (habla más bajito).

Al hacerlo preguntando, tienen la sensación de estar tomando ellos la decisión de hablar bajito.

Explicaciones acordes a su edad.

Es importante darles información a los niños y niñas para que las normas no sean un “porque yo lo digo”.

No es necesario que les transmitamos datos que no van a entender y que no les interesan.

Lo fundamental es que les expliquemos el motivo por el que ahora hay que hacer determinadas cosas de otra forma.

Tenemos que hablarles de forma calmada, sin alarma y de acuerdo con su edad y su nivel de comprensión.

Darles información clara y concisa.

Así les transmitiremos tranquilidad y seguridad.

Cuando les damos información vaga o con muchos elementos fantásticos e irreales, provocamos que su imaginación genere imágenes y situaciones que les puedan provocar incertidumbre o inseguridades.

Con estas pequeñas pautas y con mucha paciencia por nuestra parte, podremos hacerles más fácil entender y aceptar las nuevas normas o medidas.

Para ellos, conocer y entender los porqués de lo que hacen les aporta sensación de control y de formar parte de la toma de decisiones.

Sentirán que han participado en la creación de las normas.

Puede incluso que aporten ideas nuevas o mejoras.

La crianza es un trabajo del que nunca descansamos.

Vamos aprendiendo según nos enfrentamos a las situaciones que se nos presentan.

A veces no sabemos cómo o no tenemos herramientas para ello.

Desde Quiero Psicología queremos que sepas que nos estás solo ni sola y que si así lo necesitas, podemos acompañarte en tu andadura como madre o padre.

hijos y sexualidad

Hablar de sexualidad con nuestros hijos e hijas

Cuando nos planteamos la idea de tener que hablar con nuestros hijos sobre sexualidad nos asaltan miles de dudas y miedos.

¿Será el momento adecuado? ¿cómo debo hablarle? ¿qué debo decirle? ¿cuánta cantidad de información?

En otro post hace unos meses te hablamos de Niños, niñas y pornografía. Te mostrábamos algunas pautas directamente relacionadas con la pornografía y la forma de educar a nuestros hijos e hijas en la sexualidad.

Queremos ahondar en este tema. Que nuestros niños y niñas sean adultos sanos. Conseguir que la sexualidad, el sexo y todo lo concerniente al tema sea abordado desde la honestidad y la cercanía. Hacer que nuestros hijos e hijas se sientan cómodos y seguros a lo largo de las distintas etapas de su desarrollo.

La información debe ser adecuada a la edad del niño.

Hay varios requisitos fundamentales a la hora de abordar “la charla”. Uno de ellos es tener siempre en cuenta en qué etapa de desarrollo se encuentra nuestro hijo o hija.

La manera en la que le damos la información a un niño de 6 años, no es igual a la forma en la que se la damos a un adolescente.

Procesan la información de manera distinta en función de sus experiencias, de sus conocimientos previos, de la edad madurativa y cronológica.

Si sobresaturamos y ofrecemos información para la que no están preparados, podemos hacerles más lío que aclarar conceptos.

Debemos hablarles de una forma clara, concisa y veraz.

No debemos hablarles con dudas, dando demasiadas vueltas, utilizando metáforas infantiloides (la abejita pone una semillita) balbuceando, etc. Estas actitudes pueden mostrar a nuestros hijos e hijas que nos da vergüenza hablar “de estos temas” que es justo lo que queremos evitar.

¿Cuándo debo hablar con ellos y ellas?

Hay diferencia entre hablar de manera puntual sobre un tema de educación sexual y ofrecer una educación sexual. Son dos conceptos muy diferentes.

Al hablar con nuestros hijos e hijas, estamos transmitiendo una información concreta. Información que o bien han pedido ellos o nosotros como adultos hemos decidido ofrecer por considerarlo necesario, adecuado para su correcto desarrollo, etc.

La educación se da en el día a día, en la cotidianeidad.

El mejor ejemplo que podemos dar es en nuestro día a día.

La forma en que vivimos y expresamos nuestra propia sexualidad en la intimidad de nuestro hogar es fundamental.

Normalizar las muestras de afecto, cariño y respeto hacia nuestras parejas, hablar sobre la menstruación sin hacerlo parecer algo “sucio”, etc.

No ocultarnos, no avergonzarnos, les enseñará a ellos y ellas a no hacerlo.

¿Qué temas tratar?

Según nuestros hijos e hijas van cumpliendo años, su capacidad cognitiva, su nivel de comprensión, su curiosidad y su interés aumentan.

Como ya hemos comentado, los temas que vayamos abordando tienen que estar muy ligados a la edad de nuestros hijos.

A partir de los 2 años.

Un dato importante a tener en cuenta es que los niños comienzan a percibir diferencias entre los sexos a partir de los 2 años.

Empiezan a sentir curiosidad por las distintas características entre niños y niñas y comienzan las autoexploraciones.

Son conductas normales y sanas que todos los niños tienen. No es preocupante ni alarmante y es una señal de que podemos ir comenzando a ofrecerles una educación sexual sana y adecuada.

Es el momento para indicarles los nombres reales de sus genitales. Para ir explicándoles las diferencias físicas entre niños y niñas, por ejemplo.

Debemos permitir la autoexploración. Se les puede indicar que es algo que es mejor hacer en casa que en el parque. Es importante remarcar que no es porque sea vergonzoso o algo que esconder. Podemos decirles que así no se llenarán de arena o cualquier otra idea que no les indique que lo que hace ha de ser escondido.

Al comenzar a sentir curiosidad, además de la autoexploración, intentan investigar en otras personas.

Cuando comienzan a intentar hacer esto, es la oportunidad perfecta para transmitirles que nadie tiene derecho a tocar a otra persona sin su consentimiento. Ni ellos pueden tocar, ni tampoco deben permitir que otros les toquen, ni siquiera un familiar o un amigo.

4 – 5 años.

Entorno a los 4 o 5 años, empiezan a hacer preguntas sobre de donde vienen los bebés. Puede suceder que, al ver a una embarazada, pregunten qué le pasa. Normalizar siempre es la clave.

Es precisamente en este momento, cuando se les puede ir explicando los procesos del embarazo, la gestación y el nacimiento. Sin dar más información de la necesaria, pero sí recordando hablarles con datos veraces y reales.

Cada persona lo hará a su manera. Es importante que uses tu lenguaje y tu manera particular de hablar. Utilizar palabras sencillas y habituales cuando te comunicas con tu hijo o hija. Siempre cumpliendo la premisa de no transmitir fantasías como hablarles de cigüeñas o similares.

Hay que contarles cómo es el proceso de la fecundación sin entrar en detalles más profundos. Si les damos más información o más profunda de la que están preparados para recibir, perderán la atención y el interés.

Para transmitir, primero debemos escuchar lo que están interesados en descubrir.

+/- 8 años.

Entorno a los 8 años, la curiosidad aumenta. Sus capacidades también lo hacen y es probable que hayan tenido acceso a más información a través de algún amigo o de hermanos mayores.

Es un momento complicado. Nuestros hijos e hijas empiezan a ser conscientes de que la sexualidad es un proceso íntimo y comienzan a asociar estos procesos con algo vergonzante.

Pueden llegar a ocultarnos lo que saben, lo que han descubierto. Este descubrimiento y de dónde llega es vital. En muchas ocasiones llega a través de la pornografía y esto puede hacer que en sus cabezas se instalen conceptos e ideas erróneas.

Aquí, es muy importante que seamos los adultos quienes tomemos la iniciativa. Dejarles claro que estamos disponibles para hablar con ellos y ellas de todo lo que les puedan preocupar.

10 – 12 años.

Alrededor de los 10 años, muchos de los niños y la mayoría de las niñas comienzan a experimentar cambios corporales. Este suceso que les puede generar dudas e inquietudes.

Es ahora cuando debemos hablarles sobre cuáles son los orígenes de estos cambios que están sintiendo.

Hay que informarles de los procesos de ambos sexos (menstruación, eyaculación, ovulación, etc).

De esta forma les estaremos ofreciendo consciencia de las diferencias sin marcarlas como algo negativo. La idea es justo la contraria, identificar que cada uno experimenta cosas diferentes y que todo está bien.

Adolescencia.

Con la llegada de la adolescencia, debemos abordar temas más complejos y amplios. Hablar de las relaciones sexuales en sí mismas, el placer asociado, las infecciones de transmisión sexual, las opciones de anticoncepción, las distintas formas de relaciones, etc.

Como siempre, teniendo en cuenta que la información que les transmitimos debe ser clara, concisa y veraz. Ofreciéndoles confianza y un espacio seguro y libre de crítica o juicio para que expresen sus dudas.

La sexualidad no es sólo un proceso biológico.

Hasta ahora hemos visto cómo hablarles sobre los procesos biológicos y físicos asociados a la sexualidad. Obviamente, todos sabemos que no es únicamente un proceso físico.

Es un hecho que lleva asociado expresión emocional, no únicamente amor, también deseo y pasión que pueden ser independientes del amor.

Todo lo que les contemos debe ir acompañado de esta parte más emocional y del respeto por el otro o los otros.

Es fundamental que tengan claro desde pequeños que se trata de procesos íntimos en el que se ven involucradas dos o más personas de manera voluntaria y consciente.

Sentar las bases del respeto mutuo es un básico. El respeto debe ser el hilo conductor de todas las interacciones sexuales que tengan a lo largo de su vida.

Todas las prácticas sexuales son lícitas, correctas y maravillosas siempre que las personas que involucradas se sientan respetadas y tomadas en cuenta.

Si logramos transmitir este concepto a nuestros hijos e hijas estaremos consiguiendo que puedan vivir y tener una sexualidad sana. Que, en un futuro, sepan hablar con sus hijos e hijas de una forma cercana como hemos hecho nosotros.

¿Crees que no sabes relacionarte con tus hijos o hijas de esta forma?. Si necesitas ayuda para dar el paso de hablar sobre sexualidad o cualquier otro tema que te resulte “delicado”, no lo dudes: contáctanos y estaremos encantadas de ayudarte.

¿Cómo puedo visibilizar la Violencia de Género?

En el post “La invisibilidad de la violencia de género” hablamos de los cimientos invisibles sobre los que se construye la sociedad desigual y patriarcal en la que vivimos.

Vimos como en las diferentes etapas de la vida hay ejemplos suficientes que mantienen esta desigualdad. Al igual que es muy importante conocer qué sostiene a la Violencia de Género, también es importante saber cómo podemos cambiar las cosas.

¿Qué puedes hacer tú para desmontar esta estructura y crear una más igualitaria?

Si no se te ocurre nada, usa estas propuestas, comenzando por el principio:

Infancia.

Cuando te dirijas a un niño o a una niña, trátales por igual.

Déjales hablar de lo que a ellos les gusta, sin juzgar. Puede haber niños que quieran jugar con muñecas, vestirse con falda o pintarse la cara, y eso está bien. Puede haber niñas que quieran jugar con coches, al fútbol o trepar por los árboles, y eso también está bien.

Es necesario y positivo para su desarrollo que niños y niñas puedan explorar, interesarse por cosas diferentes, experimentar aquello que les genera curiosidad y definir quiénes son.

Permíteles hacerlo de manera flexible.

¿Qué tal si en vez de decir “esto es de niños” o “esto es de niñas” pruebas a decir “normal que te guste esto, es muy chulo”?

Así les harás sentir comprendidos, escuchados, respetados y validados. Y, sobre todo, les dejas claro el mensaje de que pueden explorar libremente y que eso está bien.

Al hablar de emociones o de regular emocionalmente a un niño y a una niña, trátalos igual.

Pregúntale a tu hijo por qué está triste.

Dile que está bien sentirse así a veces. Que puede sentirse triste y eso es síntoma de valentía, no de debilidad.

Explícale que está bien que sea cariñoso contigo, con sus amigos y amigas o con sus familiares.

Permite que se enfade y ponga límites, es necesario que aprenda para así poder defenderse de las cosas que le hacen sentir mal.

Si hablas con una niña, evita frases como “las niñas no se enfadan”, “tienes que ser buena”.

Nuestros hijos deben aprender a expresar emociones como la tristeza, el miedo o el enfado, independientemente de si son niños o niñas. Solo así podrán desarrollarse como adultos sanos y regulados emocionalmente.

Evita mandarles mensajes implícitos con preguntas cerradas.

“¿Qué tal son los niños de tu colegio?”

Con esta pregunta abierta, das opción a que te hable libremente de cómo son los niños y niñas con los que se relaciona.

De esta forma será más fácil que te diga si hay alguien que le hace sentir mal o si tiene algún amigo íntimo, incluso si le gusta alguien.

También es importante explorar qué significa “gustar” en edades tempranas.

Puede ser que haya oído algo sobre tener novio o novia, de lo que hacen las parejas y se limite a reproducirlo sin tener realmente consciencia de ello.

Es importante que nuestros hijos e hijas tenga relaciones ajustadas a su edad y no asumiendo roles de adulto.

“¿Que cosas te gusta hacer?”

Si a un niño o niña le gusta hacer algo, probablemente tienda a repetirlo y esto puede hacer que se le dé mejor.

Potenciar las cosas que le gustan o que se le dan bien hace que desarrolle una mejor autoestima, haciendo que se sienta útil, válido y capaz.

Da igual si las cosas que le gustan “no son apropiadas para un niño” o son “cosas que las niñas no hacen”. De lo que se trata es de permitir a nuestros hijos desarrollar sus mejores capacidades, sin poner el límite más que en aquello que les gusta o les disgusta.

“¿Por qué no me ayudas con las tareas de casa?”

Tanto si es niño o niña, es importante que aprenda a responsabilizarse de las tareas de casa.

Enséñale lo que hay que hacer y llega a un acuerdo para que se responsabilice de algo adecuado a su edad: recoger los juguetes, hacer la cama, etc.

Gran parte de la desigualdad reflejada en la sociedad, nace en el reparto poco equitativo de las tareas del hogar.

“¿Qué quieres por tu cumpleaños/navidad?”

Escucha lo que pide y pon un límite que no resida en si o que quiere es “para niños” o “para niñas”.

El juego es fundamental en la infancia. Es fuente de exploración y de crecimiento, permite poner en marcha sus recursos y habilidades.

No hay juegos para niños o para niñas, hay juegos, punto. Permite que el juego sea algo libre y sin juicios.

Adolescencia.

Este es un periodo crítico en el que se establecen relaciones íntimas con los iguales y se tienen las primeras relaciones de pareja. Es en la adolescencia donde aparecen y se desarrollan muchas de las bases que sostienen la violencia de género, normalmente de forma inconsciente.

Con los adolescentes es importante que te puedas acercar a ellos desde la escucha incondicional, el entendimiento y la aceptación.

Intenta ser un modelo positivo que puedan seguir, tanto a la hora de regular tus emociones como cuando te relacionas con tus iguales o tu pareja.

Aprendemos a través de los otros, especialmente de los modelos más cercanos.

Trata de mostrar tus emociones de una manera equilibrada. Explica la importancia de sentirte triste o de sentir miedo y gestionarlo de una manera adecuada.

Ser un referente al que tus hijos e hijas puedan acudir sin miedo ni vergüenza facilitará que detectes y actúes sobre comportamientos que pueden ser dañinos para ellos y ellas.

Marca límites en tus relaciones, para que tus hijos e hijas aprendan desde una base sólida.

Diles que las chicas no necesitan que los chicos las protejan. Chicas y chicos pueden llegar a sentirse igual de seguros y pueden ayudarse mutuamente en caso de necesidad.

Enséñales que las chicas no son sumisas por definición. No tienen que aguantarlo todo. Es importante que aprendan a poner límites o a irse a tiempo. Su papel no es el de cuidadoras.

Es importante que tus hijos tengan un modelo real de lo que es el sexo, siéntate a hablar con ellos. Explícales que las relaciones sexuales tienen que ser consentidas y que los chicos no tienen mayor deseo sexual que las chicas.

Haz que entiendan que la base de toda relación es la confianza. Si se sienten controlados, explícales que eso no es sano ni normal y que una buena relación no necesita control.

Que tengan claro que la violencia no es una forma de expresar las emociones ni la manera de solucionar nada.

Demuéstrales que pueden contar contigo, que les valoras por lo que son, que les quieres y que les apoyas.

En la adolescencia, detrás de la Violencia de Género puede haber fuertes sentimientos de inseguridad: miedo a que la pareja se vaya, necesidad de pertenecer al grupo o de reconocimiento, entre otras.

Para evitar en la medida de lo posible esa inseguridad, es fundamental que los y las adolescentes sepan que son importantes y válidos solo por ser quiénes son, sin necesidad de aparentar ni cumplir esos “roles” que son tan perjudiciales.

Detrás de la masculinidad tóxica y del rol de cuidadora de la mujer hay una gran sensación de malestar, insatisfacción, frustración, baja autoestima y ansiedad.

Humor sexista.

El objetivo de una broma es hacer reír y resultar neutral. La broma termina cuando el mensaje que transmite hace daño.

No refuerces las “gracias” que perpetúan la violencia. Suelen ser recurrentes las relacionadas con las mujeres y las tareas del hogar; su mal humor; el control que ejercen sobre sus parejas masculinas; las pocas ganas que tienen de mantener relaciones sexuales, etc.

Micromachismos.

Identifica los mensajes en los que hay una valoración negativa a la mujer: “las tías son todas unas histéricas”, “no puedo confiar en las mujeres”, “las chicas son bastantes sueltas”.

Cuidado con reforzar o validar este tipo de generalizaciones. Puedes responder diciendo “quizá tu última experiencia con esta persona ha sido desagradable, eso no significa que todas las mujeres sean así”.

Cosificación.

“Las mujeres están para lo que están”.

Este tipo de comentarios facilitan la normalización de situaciones injustas, irreales y terribles para la mujer.

Normalizar la prostitución es un claro ejemplo de la cosificación de la mujer. Se presupone que las mujeres están para dar placer sexual y que su única función es esa, quedan reducidas a ser un servicio para el hombre.

La publicidad nos bombardea con mensajes implícitos donde la mujer se somete al hombre.

Las mujeres no disfrutan siendo sometidas ni dominadas, disfrutan siendo libres y estando en relaciones de igualdad.

Compartir fotos de chicas en el grupo de wasap sin su consentimiento ni su conocimiento, es otro ejemplo de cosificación. Lo que se busca es tener el control sobre las mujeres y manipular su intimidad. Si observas este comportamiento en tu hijo, déjale claro lo que está haciendo.

Lenguaje.

Cuando oigas comentarios despectivos sobre una mujer, señálalos. Si se ve a una mujer en la TV que desempeña un puesto laboral y oyes la típica frase de “está ahí por ser quién es” rebátelo y destaca por lo que realmente está ahí.

Cuesta reconocer los logros de las mujeres, se tiende a infravalorarlas y decir que están ahí por otros motivos o que son menos válidas en general que los hombres. Cada caso es un mundo.

Anulación.

Ningún hombre tiene el derecho a minusvalorar, hablar o tratar con superioridad a una mujer por el mero hecho de serlo.

Tu hija tiene derecho a poner límites y eres tú la persona encargada de enseñarle dónde, cuándo y cómo ha de hacerlo.

Es complicado poner límites cuando hay una sociedad que respalda ese tipo de conductas.

Que los compañero la saluden repetidamente diciéndole lo guapa que está, o lo bien que le queda esa ropa puede hacerle sentir que sólo vale por lo guapa que es o el estilo que tiene.

Si en su grupo de amigos y amigas hay alguien que siempre hace comentarios que pisan lo que está diciendo, puede sentirse anulada, poco valorada o ignorada.

Es tarea tuya prestar atención a los comentarios que ella pueda hacer a este respecto, haciendo hincapié en su valía por otras cosas o en su capacidad para decir que se calle a ese que siempre la interrumpe.

Como puedes ver, el cambio puede comenzar desde el principio.

La mejor herramienta que tenemos es la educación y el ejemplo.

Cambiar los cimientos desde abajo, construir una sociedad desde el principio depende de ti y de todos nosotros.

Con las pautas que te proponemos en este post podrás empezar a identificar y cambiar aquellas cosas que has podido normalizar e interiorizar.

Si quieres revisarte y dar un espacio a todo lo que llevas vivido, te esperamos en quiero para ayudarte a trabajar en ello.