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Sexualidad no normativa: Shibari

Como ya hemos visto, lo más importante dentro de las relaciones o de las prácticas BDSM es que haya comunicación entre los integrantes.

Una comunicación que busca un consenso claro de los límites que han debido ser preestablecidos antes del encuentro y que son conocidos y respetados por ambos.

Si nos encontramos en una relación que se nos presenta como BDSM pero donde nuestros límites no son conocidos y respetados por ambos, realmente estamos ante una relación insana que no está basada en el respeto ni en la comunicación.

Mientras los límites estén claros y consensuados, cualquier práctica es posible y dentro de las múltiples opciones con las que nos podemos encontrar se encuentran las inmovilizaciones y ataduras, y dentro de estas el Shibari.

Es importante recordar que ambas prácticas Bondage y Shibari no se pueden practicar sin consenso por parte de las dos personas y que en especial en el Shibari, es recomendable acudir a alguien que pueda ofrecer una formación básica sobre elementos de seguridad.

Y una vez aclarado esto, vamos a liarnos con las cuerdas, para ello, comenzaremos con la definición algunos términos que nos pueden llevar a equívoco, Bondage, Shibari y Kibanku.

Bondage

La función principal del Bondage es inmovilizar parcial o totalmente al individuo. No sólo se usan cuerdas, las cadenas, las esposas o incluso las bridas son elementos que se pueden usar para dicha inmovilización.

Una vez que se ha inmovilizado a la persona que ejerce el rol de sumisión se desarrollan el resto de prácticas consensuadas entre dominante y sumiso… azotes, cera caliente, cosquillas, uso de juguetes, prácticas sexuales.

Shibari y Kibanku

El significado literal de Shibari es atar y el de Kibanku atar fuerte, por lo que a partir de aquí me voy a referir al Shibari ya que el kibanku es una especificación del mismo.

Observando el significado nos damos cuenta que uno de los objetivos del Shibari es igual que el del Bondage, inmovilizar a la persona que está siendo atada, pero este no es el único, ni siquiera podría ser el principal.

Dentro del Shibari un hay componente primordial, se busca la estética y la satisfacción sensorial por medio de las cuerdas.

Obviamente, dentro de la satisfacción sesonrial nos encontramos con un componente erótico y sexual, pero no es la única finalidad, llegando en ocasiones a desvincularse buscando crear figuras altamente estéticas.

Esta práctica requiere estudio y entrenamiento y unos elementos mínimos para que el momento entre cuerdas sea seguro además de placentero.

Conceptos básicos

Modelo: la persona que es atada recibe el nombre de modelo.

Rigger o atador: así se denomina a la persona que ejecuta los nudos y figuras con las cuerdas.

Cuerdas: Normalmente se usan cuerdas de 8 metros de largo de yute o cáñamo que han sido tratadas y curadas previamente. No se suelen usar cuerdas de algodón ya que en esta práctica es muy común realizar suspensiones y el algodón no tiene las características necesarias para que la suspensión sea segura.

Observador: Dentro de la práctica del Shibari es necesario que haya un observador, ya que es la persona que ejerce este rol quien hace de detonante de las emociones en el modelo. El rol del observador no siempre ha de ser ocupado por una tercera persona, el mismo atador puede ejercerlo.

Comunicación: Entre atador y modelo ha de existir un nivel de comunicación elevado e íntimo. La persona que ata debe percibir los cambios a nivel emocional en la persona que está siendo atada y ésta debe ser capaz de transmitir e informar con ligeros movimientos, con su respiración, con sonidos… sin usar la palabra prácticamente.

Emociones: Sí, las emociones son un elemento básico dentro del Shibari ya que es uno de los objetivos a conseguir, el cambio en el estado emocional en el modelo y la percepción de las mismas por parte del atador.

Sabiendo estos elementos claves y con un poco de práctica y conocimiento de los elementos de seguridad, la práctica del Shibari en las relaciones de pareja, puede ser un elemento de generación de vínculo, de intimidad, de erotismo y de placer. Las cuerdas hacen de canal de comunicación entre las dos personas que lo practican.

El consenso, las señales, la lectura de las emociones por parte de las dos personas hacen que introducir las cuerdas como elemento erótico sea una experiencia placentera a todos los niveles y segura a través del consenso y los límites pre establecidos.

Pero si sintieras que tu pareja no respeta tus límites o que tienes tabúes que te impiden explorar tu sexualidad estamos en Quiero Psicología para ti.

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Sexualidad no normativa: ¿Qué es el BDSM?

La sexualidad trasciende nuestra existencia. La sexualidad es tanto sexo, identidad de género, orientación sexual, afectividad, placer, erotismo, intimidad (y reproducción). Nacemos con ella, vivimos con ella y termina en el momento de nuestra muerte. Así, las prácticas sexuales son aquello que hacemos en y con nuestra sexualidad. Y aquello que hacemos está construyendo constantemente nuestra erótica.

Como ya recordarás (https://www.quieropsicologia.com/que-aprendemos-a-erotizar/), la erótica tiene un componente biológico, psicológico y social. A pesar de presentar ciertos elementos que nos predisponen (anticoncepción hormonal, uso de ciertos antidepresivos etc), tenemos un rol activo en su construcción.

¿Qué es «normal» en la sexualidad?

A nivel social, el relato hegemónico prescribe qué prácticas son normativas (o “normales”, como solemos escuchar, es decir, aquellas que siguen la norma establecida), como actualmente es la penetración vaginal y, más en un segundo plano, el sexo oral y la masturbación. No es casual que en la cima de la pirámide se encuentre aquella cuyo objetivo es la procreación-reproducción. ¿Y por qué?

Dicha rigidez normativa acerca de cómo ha de transcurrir la sexualidad de las personas se encamina a la reproducción y a decirnos cómo tenemos que relacionarnos. Parece que la sexualidad no sólo se condena y/o tolera, sino que tiende a comprenderse y apreciarse si dichas prácticas son solo reproductivas y que posibilitan “la monogamia heterosexual”.

Con esto, por supuesto, no pretendemos demonizar la penetración vaginal. ¡Faltaría más! En cambio, te invitamos a explorarte, conocerte y ampliar tu erótica, encontrando otras formas de disfrute y de placer, complementarias a las que ya vivencias.

Puede que llegado este momento te estés preguntando…

¿Y cuáles son esas prácticas no normativas?

Aquellas prácticas sexuales disidentes de dicha norma social, no normativas, son las que escapan de lo permitido y conforman una serie de placeres a los que podemos tener acceso, enriqueciendo mucho más nuestra erótica (que recordemos, nosotrxs construimos en gran parte). Prácticas como el fetichismo hacia objetos o partes del cuerpo, spanking, sumisión, sadomasoquismo, exhibicionismo, asfixia erótica, medical, voyerismo… hacen alusión a las otras formas eróticas no hegemónicas. Adentrarnos en alguna de ellas nos permitirá desplazar la importancia patriarcal de la penetración y los genitales a otras vivencias del placer que pueden (o no) incluirlas.

Hoy introduciremos una de las más conocidas a nivel popular: el BDSM. Dichas siglas recogen prácticas como:

  • Bondage: ataduras con cuerdas y la inmovilización del cuerpo, total o parcial, mediante el uso de correas, cadenas, film plástico, vendas, hinchables de látex…
  • Disciplina: conjunto de normas-reglas para educar a un sujeto a través del castigo corporal. Dichos castigos pueden implicar azotes y/o pellizcos, por ejemplo.
  • Dominación/sumisión: asunción de roles como mascotas, asumir ciertas edades, ciertos géneros, desarrollar un rol de objetos y representar profesiones y/o situaciones que se relacionan con el poder
  • Sadomasoquismo: se relaciona con el dolor físico y otras formas posibles que lo causen.

Los factores en común a tener en cuenta en dichas prácticas son:

  1. Se llevan a cabo de forma consensuada
  2. Existe un intercambio de poder (total o parcial), donde se cede el control del propio cuerpo y/o la conducta para el disfrute, el placer y la satisfacción de los sujetos participantes

Es relevante destacar la diferencia entre práctica y conducta. Hay conductas que, per se, no se pueden considerar BDSM. Por ejemplo, esposar las muñecas o azotar un trasero dentro de un encuentro sexual donde hay disfrute mutuo, no se transforma en una situación BDSM porque aquí entra en juego la manera de vivir en concreto dichas prácticas, el significado que se le de al encuentro y el acuerdo entre lxs participantes.

Hoy hemos hablado de una de las prácticas no normativas (en la que ahondaremos en el siguiente post), pero sólo es una dentro de las muchas que tenemos a nuestra disposición para ampliar nuestra erótica y descubrir nuevos placeres y formas de vivirnos sexualmente.

Si estás pensando en trabajar tu sexualidad en esta línea u otras que se te ocurran, no dudes en contactarnos. En Quiero Psicología estamos para ti.

¿Qué son las no-monogamias?

¿En qué piensas cuanto te hablan sobre no monogamias? poliamor, swinger, parejas abiertas, anarquía relacional… son conceptos que aluden a los ya conocidos modelos relacionales disidentes de una norma bajo la que se nos ha educado. Ahora, ¿has pensado alguna vez la cantidad de estereotipos o prejuicios que podemos haber introyectado al respecto?

Hace unos años, hablando con unos colegas tomando algo, salía este tema seguido de “uf, ya… gente un poquito promiscua ¿no?” o “yo creo que se abre la relación para evitar un compromiso con esa persona”.

Es comprensible que, viviendo en un mundo donde lo normal – es decir, la norma- es la monogamia, todo lo que se salga de este limitado cuadrado se discrimine, patologice, ridiculice o denigre. ¿Te suena esta forma de hablar?

¿Qué es entonces lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en monogamia? Algunas respuestas de personas a las que se les ha preguntado esto fueron: celos, exclusividad, relación más importante, proyecto de vida en común, amor-de-verdad o prioridad.

Este pack es lo que nos llega sobre las no-monogamias, lo que está en la cultura popular, pero… como seguramente ya sepas, todo lo relativo al ser humano se da en un contexto político y social que influye considerablemente en cómo concebimos las cosas, cómo nos sentimos y cómo nos comportamos.

Spoiler: pocas cosas son “naturales” cuando hablamos de emociones y comportamientos.

¿Qué se te pasa por la cabeza si te digo que esto del poliamor, en verdad, no va de tener múltiples parejas?

En palabras de Brigitte Vasallo, nos hemos puesto a desmontar la monogamia sin saber lo que es. Y no es que no esté definida, sino que está mal definida. La monogamia no es una práctica. No es tener una pareja con exclusividad sexual y afectiva. Las personas amamos a mucha gente, pero solo a un tipo de amor le ponemos cierta carga (ese amor-de-verdad).

Cuando oímos la palabra amor, pensamos en amores de pareja, amores sexualizados, pero no en el amor a nuestras criaturas, por ejemplo, a nuestros animales de compañía o amistades. Por ello, algunas visiones acerca de la monogamia la sitúan no tanto como un modelo relacional, sino como un sistema, una superestructura que determina nuestra vida privada, organizando nuestros vínculos: cómo, cuándo, a quién, de qué manera amar, qué circunstancias son motivo de tristeza, rabia etc.

El amor lo vivimos todas y todos de maneras distintas, es algo abstracto que forma parte de un mundo emocional que no puede codificarse tan fácilmente. Sin embargo, cuando aparece la monogamia, esta codifica la noción de amor. Por eso, cuando hoy hablamos de amor, hablamos de una forma concreta de amor que pasa por una forma concreta de pareja.

El sistema monógamo es también al amor Disney, ese amor que nos han metido desde pequeñas.

La jerarquía

La monogamia entonces es un sistema que nos organiza los afectos a nivel social y de manera jerárquica. No tiene que ver con la cantidad. El foco, en su lugar, iría de la cantidad de personas involucradas a las dinámicas que hay entre ellas, y entre dichas personas y el entorno.

El poliamor no viene definido por el número de relaciones, sino por el tipo de relación”.

La confrontación:

La confrontación o competitividad es uno de los mecanismos básicos del sistema capitalista. El conflicto horizontal (es decir que nos peleemos entre nosotras) legitima dicha estructura jerárquica, sin afectar a su funcionamiento. Por lo que para que se mantenga esta estructura jerárquica se necesita a la envidia.

No es arbitrario que se de principalmente entre mujeres. Nuestra socialización de género nos ha enseñado que el fin de nuestra vida, aquello por lo que lo damos todo, gira alrededor de la idea de “príncipe azul”. Y por lo tanto parece generar la idea de que competimos para conseguirlo.

Por eso es sumamente relevante darnos cuenta de esta confrontación introyectada y minimizarla. Supone mirar hacia dentro y observar cómo el sistema nos influye para poder frenarlo en la realidad. Ahí es donde reside la verdadera revolución.

La exclusividad:

El imaginario monógamo nos convence de que “si amas de verdad, no desearás a nadie más”. En esta forma de pensamiento competitiva y jerárquica, te enamoras de “la mejor persona para ti”, tu media naranja.

Así, el pensamiento monógamo es sustitutivo: desear a alguien nuevo implica dejar de desear a la anterior persona, o como mínimo, ese deseo se ve matizado. De nuevo, volvemos a la pirámide: para que alguien más llegue a la cima, hay que desocupar la cumbre. Si la ensanchamos, pierde exclusividad y, por tanto, valor.

Si bien es cierto que, en ocasiones, la multiplicidad de afectos puede implicar descuidos o maltratos, pero esto no se debe a la multiplicidad en sí, sino a la manera en que nos situamos en esa multiplicidad, usándola como consumo de cuerpos.

Es curioso como también, la exclusividad la entendemos referida principalmente a lo sexual. Acostarse con otra persona es un drama, pero nuestra pareja “puede” ejercer violencia contra nosotras y tendremos, o el entorno tenderá, al “no es para tanto”, “es que tenía un mal día”. ¿Dónde estamos poniendo el peso?

¿Se puede ser poliamorosa y ser responsable afectivamente?

En ocasiones vemos a personas a las que se les llena la boca con el discurso de la responsabilidad afectiva, pero… ¿sabemos qué es realmente? ¿hablamos tanto de ella como la practicamos en nuestro día a día? La responsabilidad afectiva es:

  • Saber que los vínculos que construimos con otras personas implican cuidados. No confundamos aquí ser independiente con no estar pendiente de la pareja.
  • No ilusionar a alguien con planes de futuro si no quieres eso realmente.
  • Tener en cuenta el mundo emocional de la otra persona sabiendo que puede ser muy diferente al tuyo.
  • No confundir a la otra persona con “ahora sí, ahora no”, no siendo claras y honestas.
  • Dejar claras tus intenciones y expectativas que tienes con las personas que te vinculas.
  • Establecer límites y acuerdos entre las partes implicadas para respetarnos y no herirnos.
  • Asertividad, asertividad y más asertividad: “tenemos que hablar de esto que me ha molestado y ver cómo podemos solucionarlo”
  • Ser consciente de las consecuencias de lo que decimos/hacemos.
  • No hacer bombas de humo / ghosting y toda esa retahíla de evitaciones modernas

Como primo cercano de la responsabilidad afectiva están los cuidados. En muchas relaciones no monógamas, lo que a veces se hace con los celos es ponerlos sobre la persona que los siente bajo un “cariño, gestiónatelo”. Algo muy propio del individualismo.

Creo que es importante levantar un poco la mirada y darnos cuenta de que los dolores vienen, además de la mochila de aprendizaje de esa persona donde se encuentran apegos, relaciones pasadas, vulnerabilidades etc… de un sistema. Esto no exime la responsabilidad de los miembros de la red, para nada. Pero si que es necesario establecer acuerdos, pactos de realidad.

Se que alguien estará pensando que sí, que los acuerdos son importantes, pero si la persona no tiene cierto trabajo personal hecho, se pueden seguir reproduciendo ciertas violencias. Y estás en lo cierto. Las personas que llevan a cabo dichos pactos tienen que saber colocarse a si mismas en la red, saber desde qué lugar dicen qué cosas. Y, como no, esto en muchas ocasiones pasa por tener tiempo para el trabajo con una misma y dinero para poder pagarte la terapia correspondiente. Entonces, me surge otra pregunta: ¿son las relaciones no monógamas una cuestión de clase? ¿un privilegio?

Imagino que a estas alturas del artículo estarás un poco removida, poniendo la vista en el pasado y, con suerte, vislumbrando esas veces en las que no te han cuidado o no has cuidado como era debido. Está bien. Quizás también te estés planteando abrir tu relación de pareja, pero no sabes cómo hacerlo sin que nadie salga herido. Puede que también estés reflexionando desde qué lugar te vinculas, o en qué lugar dejas parte de tu entorno en pro de ese amor de película.

Permítete ese espacio de reflexión que seguro dará pie a una mejora en ti. Que sepas que desde Quiero Psicología también te acompañamos en ese quebradero de cabeza.

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¿Qué aprendemos a erotizar?

El origen de la palabra erótica se remonta a la mitología griega con el dios Eros, unión del amor y el deseo entre los sexos. También se concebía como la capacidad creativa de la naturaleza y fertilidad.

Seguramente cuando pensamos en erotismo nos vengan infinitud de palabras: comunicación, placer, excitación, fantasías, deseos, afectos… y, de hecho, una de sus definiciones más actuales lo concibe como un conjunto de comportamientos, pensamientos y sentimientos en torno a aquello con los que nos excitamos, tiene que ver con nuestros deseos sexuales y fantasías eróticas, con lo que nos seduce.

Entonces… ¿qué es y qué no es lo erótico?

La erótica se compone de tres partes:

Biológica:

Entendida como la capacidad innata para sentir y reaccionar ante estímulos eróticos y para convertir estímulos neutros en eróticos. Por ello, es común a toda la especie (cromosomas sexuales, hormonas, capacidad de respuesta sexual).

Aunque mi capacidad para sentir deseo sea biológica, un detalle importante es que hacia quién, dónde, cómo y cuándo es aprendido, entrando en juego la sociedad en la que vivo.

Psicológica:

Compuesta por nuestra personalidad, experiencias y aprendizajes particulares, es decir, nuestra mochila de vivencias.

Social:

Referida a la educación recibida desde nuestro nacimiento, las creencias sobre cómo funciona la sexualidad, los roles de género, el consumo de pornografía e incluso el amor romántico, entre otros.

Si nos centramos en una de las variables sociales más relevantes en la construcción de nuestra erótica, es una de las características del sistema en el que vivimos: el patriarcado. Este se entiende como aquel sistema de dominación que ejerce y mantiene la subordinación e invisibilización de las mujeres y todo aquello considerado como “femenino”, creando así una situación de desigualdad estructural basada en la pertenencia a determinado “sexo biológico”.

Algunas de las características que el patriarcado ejerce sobre nosotras es el temor a la sexualidad, tratándola como tabú o pecado, colocando sobre nuestras espaldas altas dosis de culpa y vergüenza. De hecho, las charlas en colegios e institutos sobre sexualidad se han orientado, principalmente, a evitar ITS y embarazos no planificados, y no tanto a la búsqueda activa de nuestro propio placer, nuestro autoconocimiento, la relación con nuestro o la comunicación sexual asertiva (tanto saber pedir lo que queremos como notificar cuando algo no nos gusta).

En términos generales, este patriarcado se caracteriza por una heteronormatividad, asumiendo que las relaciones entre las personas se dan entre un hombre y una mujer, marcando nuestro erotismo por una jerarquía en las prácticas sexuales, siendo la penetración vaginal la cima de estas.

Concretamente, hemos interiorizado una serie de mitos en torno a nuestra erótica:

  • Los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres.
  • Hay una cantidad de deseo sexual que es el “normal”.
  • A partir de la menopausia las mujeres no tienen deseo.
  • Cuando las mujeres expresan su deseo, son unas “provocadoras”.
  • Hay unos preliminares necesarios para realizar posteriormente un coito.
  • Las mujeres son mas lentas para excitarse y tener orgasmos que los hombres.
  • Hay una normatividad que nos dice lo que es normal que nos excite y lo que no y todo lo que quede al margen es tratado como patológico.
  • En una relación sexual compartida, las personas implicadas han de tener el mismo ritmo sexual.
  • Hay una manera de funcionar bien en cuanto al nivel de las erecciones, la cantidad, el tipo de orgasmos.
  • Hay dos tipos principales de orgasmos en las personas con vulva: el vaginal y clitorial. En el caso de las personas con pene la estimulación de este es suficiente, dejando de lado otras partes y sobre todo algunas tabú como el ano.
  • Es mejor el orgasmo que se tiene cuando te toca alguien que cuando estás a solas.
  • Para tener una relación sexual “completa” tiene que haber orgasmo.

Mitos del himen y la virginidad

Realmente, el himen es una corona vulvovaginal, es decir, son los restos de la pared que solía separar los genitales externos e internos antes de que se formara la apertura vaginal. Al ser un tejido, la corona no se rompe – como cuenta el mito popular – sino que se desgarra. Ante una penetración (dedos, juguetes, un pene…) puede haber un sangrado por el desgaste de la corona. Sin embargo, la mayoría de las personas con vagina no sangran la primera vez que tienen sexo con penetración. De hecho, gran parte de las que si sangran, suele estar relacionado mas bien a la tensión y a la sequedad vaginal, que al supuesto himen.

Respecto a la virginidad… ¿cómo la definimos? Seguramente habremos escuchado la frase de que la virginidad “se pierde en nuestra primera relación sexual”, pero, si es algo que se pierde cuando tenemos sexo con penetración, reducimos el acto sexual a esta práctica en concreto dejando otros miles de realidades de lado que, en general, además, responde al placer masculino. ¿Tiene entonces algún sentido hablar de virginidad?

Entonces ¿qué hago con mi erótica?

Llegados a este punto es normal que la lectora tenga millones de preguntas en la cabeza, entre ellas observaciones como “muy bien, pero después de todo esto… ¿qué puedo hacer para trabajar en mi erótica?”. Finalizo este artículo recalcando que el trabajo en el potencial erótico de cada persona es único y debe ser ajustado a las vivencias que llevemos a cuestas desde nuestra primera infancia.

Por ello, en líneas generales, es sumamente importante recalcar la relevancia de los autocuidados como una actitud que implica ser consciente de las necesidades propias, tenerlas en cuenta y satisfacerlas sin sentirnos mal por ello. Dentro de estos autocuidados está tanto la capacidad para poner límites ante aquello que no queremos en cierto momento en nuestra vida, nuestra relación sexual, nuestras interacciones afectivo-románticas con otros vínculos etc como la asertividad o habilidad para expresar lo que quiero y lo que no, para decir sí y asegurarnos de que el resto de las personas han entendido nuestro mensaje. En definitiva, escucharnos, explorarnos, volver a escucharnos y comunicarnos.

Y si no te sientes capaz de explorar tu sexualidad, tienes bloqueos, limitaciones, no te sale decir que no o ser asertiva, pídenos ayuda, nuestras expertas estarán encantadas de atenderte y que puedas desarrollarte plenamente.

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La maldita «operación bikini»

Ya está aquí junio.

Damos la bienvenida al verano y al inicio de las preocupaciones por tener que exhibir el cuerpo en la piscina, playa o donde sea que tengamos la oportunidad de refrescarnos.

Este año, además, llega en circunstancias especiales.

Tras una época de confinamientos y limitaciones varias en la que muchos y muchas hemos manejado la ansiedad y la falta de actividad mediante la comida.

Esto se ha traducido en un «posible»  aumento de peso.

Varios estudios estiman que en este periodo cada uno de nosotros hemos engordado una media de tres kilos.

«Para anticuerpo, el que vamos a tener este verano»

Esta frase se ha repetido en numerosas ocasiones desde que se inició la pandemia y, aunque que pretende ser una frase con humor, encierra un mensaje de base que se ha instalado en nuestra sociedad: tenemos que estar perfectos y perfectas para el verano.

La «operación bikini» no debería ser una dieta restrictiva y temporal, sino un cambio de hábitos que persiguen un objetivo de vida saludable.

Todos los días del año.

Todo el tiempo.

La sociedad nos demanda «la imagen perfecta».

A todos.

Es innegable que las mujeres sufren una presión social mayor.

No se ha oído hablar de “la operación bañador”.

Niños y niñas, hombres y mujeres hemos sido educados de forma diferente.

Ya hemos hablado sobre esto en algunos posts anteriores (https://www.quieropsicologia.com/ninos-ninas-y-normas/ por ejemplo) y todos nos sentimos presionados por adaptarnos a lo que se considera ser “una mujer deseable o un hombre deseable”.

A los hombres se les ha orientado hacia el éxito propio y las mujeres han recibido una educación orientada a la aceptación de los otros.

Ser una mujer valorada supone, además de otros mucho atributos, estar sometida a unos cánones de belleza y buscar encajar en ellos.

Por lo que atañe a este post: la delgadez.

Cada verano las nuevas colecciones de trajes de baño las lucen mujeres con cuerpos que representan el ideal de belleza del momento.

Constantemente nos bombardean con publicidad sobre pastillas para acelerar la perdida de peso, dietas milagro y un sinfín de mensajes que buscan la esclavitud hacia el propio cuerpo, eliminando y corrigiendo partes de él para encajar en lo aceptado socialmente.

Bikini o bañador ¿elección o imposición?

Desde finales del siglo XIX se empezaron a usar los trajes de baños de dos piezas, que inicialmente llegaban a la altura de los tobillos y poco a poco fueron enseñando más partes del cuerpo.

Fue en 1946 cuando Michele Bernardini lució el primer bikini.

A lo largo de estos años, las formas de los trajes de baño han ido variando y se puede elegir entre diferentes partes de arriba y de abajo o recurrir a la pieza entera que es el bañador.

En los últimos tiempos desde el mundo del diseño y de la moda, desde algunos espacios al menos, intentan buscar la aceptación de todo tipos de cuerpos y las modelos que los lucen tienen diferentes tallas, abarcando la diversidas que existe en la sociedad.

Aun así, no dejan de existir las etiquetas “ curvy” o “ talla grande” para señalar a quien no encaja en el modelo de cuerpo «ideal».

En los últimos años los bañadores se han convertido en pieza clave en la moda de verano y muchas mujeres han optado por usarlo cada vez más.

Puede que te guste en sí el bañador o te sientas más cómoda.

Sucede también que es algo que sintamos que podemos elegir: preferimos tapar el cuerpo por anticipar el rechazo social.

Si has optado este verano por usar bañador, es importante que te plantees si es una decisión libre o te estás autocensurando.

¿Cómo afectan los ideales de belleza a la autoestima?

Un tercio de nuestra autoestima está relacionada con la valoración positiva o negativa de la autoimagen.

Si tendemos a valorar negativamente nuestra imagen, nos resultará difícil prestar atención a otras áreas que también conforman nuestra autoestima.

Visibilizando todo tipos de cuerpo luchamos para romper con el ideal de belleza establecido en la sociedad actual.

Cuanto más diversidad, menos exigente y utópico será el ideal que queremos alcanzar.

Esto ayudará a que nuestra autoestima mejore: nuestra autovaloración no estará tan lejos del ideal de belleza si ese ideal contempla todo tipo de opciones.

Llegados a este punto se podría ver la “operación bikini” como la suma de varios elementos:

  • Mayoritariamente, ser mujer (los hombres no usan bikini).

+

  • Orientado a los otros (qué van a pensar, qué me van a decir, no pueden verme así).

+

  • La belleza como clave para la aceptación social (la belleza acorde con el cánon imperante, para mujeres y para hombres).

+

  • Autoimagen como factor clave en la autoestima (directamente afectada por el cánon de belleza).

Crea tu propia operación bikini: este es mi cuerpo

Una vez visto todo el peso que nos ponen encima y que nos llevamos de vacaciones año sí y año también, te proponemos algunas ideas para que vayas soltándolo poco a poco.

O de golpe, como prefieras:

Toma conciencia de tu lenguaje interior

  • Es posible que tengas un discurso negativo sobre ti mismo o misma que te repitas cada día y no te hayas dado cuenta de su presencia.
  • Cuando comiences a sentirte mal con tu imagen, observa qué mensajes te estás diciendo.
  • Comienza a cambiarlos y a hablarte de forma más positiva, reconociendo tus puntos fuertes que seguro que los tienes.

Enriquece tu autoconcepto

  • No solo eres un cuerpo.
  • Tu autoconcepto está formado por tu aspecto físico, pero también por otras áreas como el modo en que te relacionas con los demás; tu personalidad; cómo te perciben los demás; tu rendimiento en los estudios y/ o trabajo; la forma en que funcionas en el día a día; tus capacidades mentales, tu inteligencia; tu sexualidad, etc. Analiza cómo se encuentran esas áreas en tu vida actual y enfócate en enriquecerlas.

Tu cuerpo no limita tu vida

Es posible que sientas miedo de exponerte a estar en traje de baño por temor a qué podrían pensar los demás.

En estas ocasiones puedes estar tentada o tentado a no ir a determinados eventos o a privarte de algo que te gustaría hacer.

Otras veces es posible que decidas acudir, pero los mensajes negativos que esperas recibir o los que ya te estás enviando tú, te impiden disfrutar de la situación, lo que aumentará la posibilidad de que en un futuro no vayas de nuevo.

Intenta focalizarte en lo positivo del momento, lo bien que lo pasas, lo bonito del lugar, lo agradable de la compañía, etc. y luego registrar en un cuaderno.

Coge el bikini

Vete a la playa, piscina, río, donde sea que te apetezca ir.

Ponte crema solar por todas partes.

Disfruta.

Si te sientes identificada o identificado con lo hablado en este post y te está generando un malestar que no sabes cómo manejar, en Quiero Psicología podemos ayudarte a ello.

Que este verano no sea uno malo.

Las relaciones en la era digital

Vivimos en la época del “aquí y ahora”.

De la inmediatez, del consumismo y las relaciones digitales.

Es un tema del que ya hemos hablado en otros términos en nuestro post «El amor en el siglo XXI».

Tenemos acceso a cientos de aplicaciones para conocer gente, publicar información o compartir cómo nos encontramos.

Con un simple movimiento de manos podemos hacer match con diferentes personas, conseguir plan para el fin de semana, y quién sabe, incluso encontrar pareja.

Sin embargo, esta sobreestimulación puede llevarnos a descuidar nuestras relaciones, afectando a la forma en que nos comunicamos.

El hecho de contar con tanta oferta convierte las relaciones en una especie de mercado.

Accedemos a un amplio escaparate de personas donde elegir.

Las nuevas tecnologías han eliminado barreras físicas entre nosotros, pero, ¿realmente están favoreciendo la comunicación? ¿acaso no están fomentando una sociedad cada vez más individualista?

Si alguien nos gusta, solo tenemos que deslizar a la derecha, si no nos llama la atención, deslizar a la izquierda.

Con un sólo movimiento podemos encontrar a numerosas personas a través de estas aplicaciones.

Es más, si no queremos saber nada más de alguien, es suficiente con borrar su contacto o bloquear su perfil en nuestras redes.

Lamentablemente, estas prácticas son cada vez más frecuentes y están claramente identificadas:

Ghosting

Llamamos ghosting (derivado de ghost del inglés, fantasma) a la práctica de eliminar toda comunicación sin aviso previo, llegando incluso a borrar el teléfono de contacto, dejando de seguir a esa persona por redes sociales, bloqueándola, etc.

La persona en cuestión, quien te hace ghosting, desaparece de tu vida sin justificación aparente.

Quienes utilizan esta táctica se caracterizan por no comunicar sus intenciones y sentimientos de una forma clara y concisa. Prefieren evitar decir cómo se sienten, bien por falta de estrategias de manejo emocional o por falta de habilidades sociales.

Deciden cortar directamente y que sea la otra persona quien asuma que la relación ha finalizado.

Si eres tú quien está sufriendo esta práctica, ante esta situación inesperada y la falta de información, es normal que te surjan preguntas:

¿Habré hecho algo que le haya molestado?

¿Será mi culpa?

¿Le habrá pasado algo?

Orbiting

El orbiting (del ingles to orbit, orbitar) se diferencia del ghosting en que la persona que deja la relación mantiene el contacto de forma virtual a través de las redes sociales.

La comunicación se interrumpe bruscamente y sin motivo aparente, igual que en el ghosting, no responde a los mensajes, etc. pero a la vez, y paradójicamente, comenta tus stories o da “like” a tus publicaciones.

De ahí su nombre, es como si estuviesen orbitando alrededor tuyo de una forma ambigua e incoherente.

En lugar de desaparecer y poder asumir que esa persona ya no va a estar más en tu vida, esta práctica te genera más incertidumbre y hace mucho más difícil el proceso de duelo.

Es normal que quienes hayan sufrido estas conductas tiendan a justificar la actuación de la otra persona con excusas de todo tipo.

Resulta muy complicado comprender un comportamiento tan contradictorio, mejor me busco una explicación que me pueda creer.

¿Qué puedo hacer si me han hecho ghosting u orbiting?

En primer lugar, debes tener claro que no es tu culpa. Si te han hecho ghosting no es porque hayas hecho algo mal.

No es fácil tolerar la incertidumbre.

Tendemos a buscar cualquier explicación que encaje en lo sucedido, aunque no sea válida ni real.

Lo que intentamos es reducir nuestra ansiedad.

Así, ante la total falta de información, tendemos a buscar un comportamiento causal, buscar el culpable de que la relación haya finalizado.

¿Por qué habrá desaparecido?

¿Le habrá pasado algo?

¿Le molestó algo que hice?

A veces la falta de respuesta ya es una respuesta en sí.

Lamentablemente no es la más adecuada.

Este comportamiento solo nos indica que el otro o la otra no tiene la suficiente madurez emocional como para hacer frente a una relación ni para asumir responsabilidades afectivas.

La responsabilidad está en quien corta la relación sin previo aviso, nunca en la persona que lo sufre.

Ante el orbiting, es normal que aparezcan pensamientos del tipo “pero si no estuviese interesada no me hablaría por redes”.

Es cierto, la otra persona parece tener interés, pero no al mismo nivel.

Parece que él o ella no es capaz de mantener una relación comprometida y mantenida en el tiempo.

No es porque no tú seas lo suficientemente valioso o valiosa.

Es el otro quien carece de las herramientas necesarias para mantener una relación estable.

Tampoco es capaz de gestionar las rupturas.

Probablemente se sienta terriblemente incómoda o incómodo al hablar de sus emociones o sentimientos.

Es muy probable que actúe así como norma, no es nada personal para contigo.

Estos individuos que experimentan dificultades para mantener lazos afectivos, muestran una tendencia evitativa.

Evitan situaciones comprometidas o delicadas.

Se trata de un mecanismo de defensa ante los vínculos sociales.

No tienen, por el motivo que sea, las habilidades necesarias para hacer frente a estos momentos.

Una «herramienta» muy recomendable es asumir que quien te hace ghosting, orbiting o cualquier otro palabro similar, lo hace en base a un patrón de comportamiento suyo.

Tú no eres responsable de que corte sin previo aviso el contacto.

No tienes la culpa de que actúe de una forma ambigua, como dando rodeos.

Tampoco has hecho nada para merecer que te traten así.

Puede ser complicado darse cuenta de lo que está sucediendo.

Suele llevarnos un tiempo aceptar que es eso lo que está pasando y, una vez aceptado, nos toca trabajar la pérdida y la tristeza que llegan de la mano.

Querer solo cuando a la otra persona le conviene no es bueno para ti, genera más incertidumbre y ansiedad.

Es importante ser conscientes, en la medida de cada uno, de nuestros sentimientos, acciones y de la forma en que afectan o repercuten en los demás.

Responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva consiste en tomar conciencia de nuestro comportamiento y empatizar con las consecuencias que éste puede tener en la persona o personas con las que mantenemos algún tipo de relación.

No importa que esta relación sea esporádica, que no tenga etiquetas o que acabe de empezar.

Cualquier vínculo afectivo genera una serie de emociones en todas las partes implicadas, somos seres sociales por naturaleza.

Realmente, no es tan complicado ser una persona afectivamente responsable:

Atiende a tus emociones.

Sentir nos hace humanos, no es peligroso.

Tu identidad no va a cambiar por estar en una relación ni tienen por qué hacerte daño.

Permitirte experimentar y expresar tus emociones te facilitará enormemente crear y mantener relaciones duraderas.

Pregúntate qué tipo de relación quieres establecer.

Hasta que no tengas claro lo que quieres, no podrás expresarlo adecuadamente.

Si no lo tienes claro, exponlo con honestidad, date tiempo y permite que la otra parte sepa lo que puede esperar.

Pide y pregunta, es tu derecho.

Sé empático.

Piensa en cómo puede sentirse la otra persona ante tu falta de respuesta.

Cuando no tenemos capacidad de predecir lo que va a pasar o estamos pendientes de una respuesta que nunca llega, es normal experimentar ansiedad.

Si tú no quieres sentirla, intenta no provocarla en los demás.

Sé asertivo.

Una ruptura puede ser dolorosa, pero puedes ayudar a que sea lo menos dolorosa posible.

Es importante comunicar cómo te sientes desde el yo: “siento que siempre soy yo quien propone planes”, “me gustaría que no nos viéramos más”, «esto no es lo que quiero«, etc.

Claramente, parece mucho más sencillo señalar a los demás: “eres muy pesado, me estás agobiando” o “eres un egoísta”.

Obviamente, esto no son soluciones para un problema afectivo más profundo, pero sí que son ideas que te pueden ayudar a identificar el lugar en el que te encuentras.

Si sientes que alguna de estas ideas te suena conocida, crees que te cuesta establecer vínculos afectivos o asumir el fin de una relación, en Quiero Psicología estaremos encantadas de escucharte y ayudarte a encontrar soluciones.

salir del armario

¿Por qué no salgo del armario?

En una sociedad donde impera “la presunción de heterosexualidad”, o lo que es lo mismo, esperar que si eres chico te van a gustar las chicas y si eres chica te van a gustar los chicos, puede generarte un conflicto el asumir que a ti te puede atraer alguien de tu mismo género.

Muchas personas viven en el armario durante tiempo indefinido, preocupadas por el qué dirán.

Viviendo una mentira, de cara a la galería, encajando en lo que se espera de ellos.

La vida dentro del armario es una tortura.

¿Cómo descubrirme a mi mismo/a?

Redescubrirte es aproximarse a ti mismo, a ti misma.

Es estar más cerca de conectar con tus necesidades reales.

Metafóricamente imagina que eres una cebolla.

Cada vez que te redescubres, te quitas una capa y otra capa, hasta llegar a lo que te mueve y te impulsa de verdad.

Estas capas son tan opacas y tan pesadas que solapan tus deseos.

Las capas son tan impuestas, que no te permiten someterlas a juicio y desarrollar un pensamiento crítico.

Las capas vienen de aquellos que más te quieren por lo que las asumes como parte de ti.

Pueden ser comentarios de tu familia como: “María, ¿ya tienes novio?”, “con lo guapo que eres, seguro que tienes a todas las chicas detrás”, “¿cómo que lo has dejado con Carlos, Irene? Hacíais una pareja estupenda”.

También pueden ser mitos familiares y culturales: “el ideal de vida de una mujer es casarse con un hombre y tener hijos”, “un hombre tiene que ser protector y encargarse económicamente de su familia”.

Precisamente porque son impuestas, no tienes la obligación de identificarte con ellas ni de cumplirlas punto por punto.

¿Cómo averiguar qué necesitas?

Detectar, cuestionar y romper con todo esto que llevas asumiendo consciente o inconscientemente durante toda tu vida no es tarea fácil.

La primera batalla consiste en aceptar lo que está pasando.

¿Sueles cuestionarte lo que piensas, lo que sientes o lo que haces?

¿Te planteas si realmente te gusta o lo que sucede es que estás confundido/a?

¿Sientes que una amiga te atrae, pero no te lo reconoces y dudas de ti?

¿Cuando piensas que te puedes gustar alguien de tu mismo género, te avergüenzas?

El primer paso es aceptar lo que estás sintiendo y lo que está pasando.

Para poder hacerlo, es muy importante que detectes cuáles son tus capas y qué es lo que está detrás de eso realmente, teniendo en cuenta que tienes derecho a sentir lo que sientes.

Sea lo que sea.

Una vez que has aceptado como parte de ti esos sentimientos y te identificas con ellos, viene la segunda batalla:

Reafirmarte en lo que eres de cara a los demás.

¿Siendo mujer, te gustaría contarle a tu familia que tienes una relación con una chica?

¿Siendo hombre, te da miedo que tus amigos te rechacen porque ahora estés con un chico?

¿Qué puedes hacer?

1. Tienes derecho a sentir lo que sientes y a ser cómo eres.

Tú eres el único, la única que puede ocuparse de ti, de escuchar y atender tus necesidades, y tienes derecho a hacerlo.

Eres la única persona responsable de tu vida, y es contigo con quien vas a pasar el resto del tiempo.

Es contigo con quien tienes que sentirte cómodo o cómoda.

Como decía Mecano: «lo que opinen los demás está de más».

2. Es importante que sepas que la respuesta de los demás está fuera de tu control.

A veces esa respuesta puede no ser la más apropiada porque los demás tienen prejuicios, inseguridades e ideas irracionales.

Aunque esa respuesta te pueda hacer daño, tienes que tener claro que forma parte de los demás, no es algo que tú puedas cambiar. 

3. Si alguien decide no acompañarte durante este proceso de tu vida o te rechaza, quizá no sea una persona que merezca la pena tener al lado.

Cuando tomamos decisiones drásticas sobre la forma en que vivimos o sobre lo que hacemos, esto puede suponer un gran descubrimiento.

Un descubrimiento para ti mismo/a cuando haces las cosas que realmente quieres hacer, las que te representan y con las que te identificas.

También un descubrimiento en relación con tu entorno: habrá gente que se alegre por ti y contigo.

Habrá otros que no entiendan lo que está sucediendo pero lo acepten.

Otros ni lo entenderán ni lo aceptarán.

Cualquiera de las opciones es válida para quien elige tomarla.

Es aquello de «quien me quiere, que me siga».

Lo importante es que tu proceso es tuyo y de nadie más.

No puedes vivir tu vida dependiendo de lo que los demás opinen, de lo cómodos que se sientan.

Tu vida es tuya y sólo tienes una.

De lo que se trata es de estar cómodo con quién eres y con lo que haces.

Desde Quiero Psicología entendemos que el proceso de aceptación puede dejar heridos por el camino, ya sea a nosotros mismos o a los de nuestro alrededor.

Si sientes que estás lidiando alguna batalla y necesitas una mano extra, ponte en contacto con nosotras, estaremos encantadas de acompañarte durante este proceso.

hijos y sexualidad

Hablar de sexualidad con nuestros hijos e hijas

Cuando nos planteamos la idea de tener que hablar con nuestros hijos sobre sexualidad nos asaltan miles de dudas y miedos.

¿Será el momento adecuado? ¿cómo debo hablarle? ¿qué debo decirle? ¿cuánta cantidad de información?

En otro post hace unos meses te hablamos de Niños, niñas y pornografía. Te mostrábamos algunas pautas directamente relacionadas con la pornografía y la forma de educar a nuestros hijos e hijas en la sexualidad.

Queremos ahondar en este tema. Que nuestros niños y niñas sean adultos sanos. Conseguir que la sexualidad, el sexo y todo lo concerniente al tema sea abordado desde la honestidad y la cercanía. Hacer que nuestros hijos e hijas se sientan cómodos y seguros a lo largo de las distintas etapas de su desarrollo.

La información debe ser adecuada a la edad del niño.

Hay varios requisitos fundamentales a la hora de abordar «la charla». Uno de ellos es tener siempre en cuenta en qué etapa de desarrollo se encuentra nuestro hijo o hija.

La manera en la que le damos la información a un niño de 6 años, no es igual a la forma en la que se la damos a un adolescente.

Procesan la información de manera distinta en función de sus experiencias, de sus conocimientos previos, de la edad madurativa y cronológica.

Si sobresaturamos y ofrecemos información para la que no están preparados, podemos hacerles más lío que aclarar conceptos.

Debemos hablarles de una forma clara, concisa y veraz.

No debemos hablarles con dudas, dando demasiadas vueltas, utilizando metáforas infantiloides (la abejita pone una semillita) balbuceando, etc. Estas actitudes pueden mostrar a nuestros hijos e hijas que nos da vergüenza hablar “de estos temas” que es justo lo que queremos evitar.

¿Cuándo debo hablar con ellos y ellas?

Hay diferencia entre hablar de manera puntual sobre un tema de educación sexual y ofrecer una educación sexual. Son dos conceptos muy diferentes.

Al hablar con nuestros hijos e hijas, estamos transmitiendo una información concreta. Información que o bien han pedido ellos o nosotros como adultos hemos decidido ofrecer por considerarlo necesario, adecuado para su correcto desarrollo, etc.

La educación se da en el día a día, en la cotidianeidad.

El mejor ejemplo que podemos dar es en nuestro día a día.

La forma en que vivimos y expresamos nuestra propia sexualidad en la intimidad de nuestro hogar es fundamental.

Normalizar las muestras de afecto, cariño y respeto hacia nuestras parejas, hablar sobre la menstruación sin hacerlo parecer algo «sucio», etc.

No ocultarnos, no avergonzarnos, les enseñará a ellos y ellas a no hacerlo.

¿Qué temas tratar?

Según nuestros hijos e hijas van cumpliendo años, su capacidad cognitiva, su nivel de comprensión, su curiosidad y su interés aumentan.

Como ya hemos comentado, los temas que vayamos abordando tienen que estar muy ligados a la edad de nuestros hijos.

A partir de los 2 años.

Un dato importante a tener en cuenta es que los niños comienzan a percibir diferencias entre los sexos a partir de los 2 años.

Empiezan a sentir curiosidad por las distintas características entre niños y niñas y comienzan las autoexploraciones.

Son conductas normales y sanas que todos los niños tienen. No es preocupante ni alarmante y es una señal de que podemos ir comenzando a ofrecerles una educación sexual sana y adecuada.

Es el momento para indicarles los nombres reales de sus genitales. Para ir explicándoles las diferencias físicas entre niños y niñas, por ejemplo.

Debemos permitir la autoexploración. Se les puede indicar que es algo que es mejor hacer en casa que en el parque. Es importante remarcar que no es porque sea vergonzoso o algo que esconder. Podemos decirles que así no se llenarán de arena o cualquier otra idea que no les indique que lo que hace ha de ser escondido.

Al comenzar a sentir curiosidad, además de la autoexploración, intentan investigar en otras personas.

Cuando comienzan a intentar hacer esto, es la oportunidad perfecta para transmitirles que nadie tiene derecho a tocar a otra persona sin su consentimiento. Ni ellos pueden tocar, ni tampoco deben permitir que otros les toquen, ni siquiera un familiar o un amigo.

4 – 5 años.

Entorno a los 4 o 5 años, empiezan a hacer preguntas sobre de donde vienen los bebés. Puede suceder que, al ver a una embarazada, pregunten qué le pasa. Normalizar siempre es la clave.

Es precisamente en este momento, cuando se les puede ir explicando los procesos del embarazo, la gestación y el nacimiento. Sin dar más información de la necesaria, pero sí recordando hablarles con datos veraces y reales.

Cada persona lo hará a su manera. Es importante que uses tu lenguaje y tu manera particular de hablar. Utilizar palabras sencillas y habituales cuando te comunicas con tu hijo o hija. Siempre cumpliendo la premisa de no transmitir fantasías como hablarles de cigüeñas o similares.

Hay que contarles cómo es el proceso de la fecundación sin entrar en detalles más profundos. Si les damos más información o más profunda de la que están preparados para recibir, perderán la atención y el interés.

Para transmitir, primero debemos escuchar lo que están interesados en descubrir.

+/- 8 años.

Entorno a los 8 años, la curiosidad aumenta. Sus capacidades también lo hacen y es probable que hayan tenido acceso a más información a través de algún amigo o de hermanos mayores.

Es un momento complicado. Nuestros hijos e hijas empiezan a ser conscientes de que la sexualidad es un proceso íntimo y comienzan a asociar estos procesos con algo vergonzante.

Pueden llegar a ocultarnos lo que saben, lo que han descubierto. Este descubrimiento y de dónde llega es vital. En muchas ocasiones llega a través de la pornografía y esto puede hacer que en sus cabezas se instalen conceptos e ideas erróneas.

Aquí, es muy importante que seamos los adultos quienes tomemos la iniciativa. Dejarles claro que estamos disponibles para hablar con ellos y ellas de todo lo que les puedan preocupar.

10 – 12 años.

Alrededor de los 10 años, muchos de los niños y la mayoría de las niñas comienzan a experimentar cambios corporales. Este suceso que les puede generar dudas e inquietudes.

Es ahora cuando debemos hablarles sobre cuáles son los orígenes de estos cambios que están sintiendo.

Hay que informarles de los procesos de ambos sexos (menstruación, eyaculación, ovulación, etc).

De esta forma les estaremos ofreciendo consciencia de las diferencias sin marcarlas como algo negativo. La idea es justo la contraria, identificar que cada uno experimenta cosas diferentes y que todo está bien.

Adolescencia.

Con la llegada de la adolescencia, debemos abordar temas más complejos y amplios. Hablar de las relaciones sexuales en sí mismas, el placer asociado, las infecciones de transmisión sexual, las opciones de anticoncepción, las distintas formas de relaciones, etc.

Como siempre, teniendo en cuenta que la información que les transmitimos debe ser clara, concisa y veraz. Ofreciéndoles confianza y un espacio seguro y libre de crítica o juicio para que expresen sus dudas.

La sexualidad no es sólo un proceso biológico.

Hasta ahora hemos visto cómo hablarles sobre los procesos biológicos y físicos asociados a la sexualidad. Obviamente, todos sabemos que no es únicamente un proceso físico.

Es un hecho que lleva asociado expresión emocional, no únicamente amor, también deseo y pasión que pueden ser independientes del amor.

Todo lo que les contemos debe ir acompañado de esta parte más emocional y del respeto por el otro o los otros.

Es fundamental que tengan claro desde pequeños que se trata de procesos íntimos en el que se ven involucradas dos o más personas de manera voluntaria y consciente.

Sentar las bases del respeto mutuo es un básico. El respeto debe ser el hilo conductor de todas las interacciones sexuales que tengan a lo largo de su vida.

Todas las prácticas sexuales son lícitas, correctas y maravillosas siempre que las personas que involucradas se sientan respetadas y tomadas en cuenta.

Si logramos transmitir este concepto a nuestros hijos e hijas estaremos consiguiendo que puedan vivir y tener una sexualidad sana. Que, en un futuro, sepan hablar con sus hijos e hijas de una forma cercana como hemos hecho nosotros.

¿Crees que no sabes relacionarte con tus hijos o hijas de esta forma?. Si necesitas ayuda para dar el paso de hablar sobre sexualidad o cualquier otro tema que te resulte “delicado”, no lo dudes: contáctanos y estaremos encantadas de ayudarte.