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Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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Duelo perinatal (II)

Hace unos meses, se escribió un artículo sobre el duelo perinatal orientado a aconsejar a personas cercanas a como tratar la situación desde la delicadeza, comprensión y valoración de las emociones de las personas que han sufrido la pérdida. Por ello, se identificaban las emociones más comunes en este proceso de duelo y que consejos seguir para que la gente de alrededor pueda apoyar. En este post queremos profundizar sobre ello.


Antes vamos a identificar diferentes términos desde los conceptos obstétricos.


Muerte fetal


Es la muerte del producto de la concepción antes de la expulsión o su extracción completa del cuerpo de la madre, independientemente del tiempo de duración de embarazo. Se divide en:


Muerte fetal temprana
:
Todas las muertes desde la concepción hasta la semana 22 de gestación. Estaríamos hablando aquí de los abortos.


Muerte fetal intermedia:
Muertes fetales que tienen lugar entre la semana 22 y la 28 de gestación.


Muerte fetal tardía:
A partir de la semana 28 de gestación.


Muerte neonatal:
Es la muerte del recién nacido en las primeras 4 semanas de vida (28 días).


Muerte neonatal precoz:
Del recién nacido en los primeros 7 días de vida.


Muerte neonatal tardía:
Del neonato desde los 7 días completos hasta los 28 días completos de vida.


El duelo siempre es una situación muy difícil de afrontar. El duelo perinatal como se comentó en su momento, ocurre por la pérdida durante el embarazo o incluso en momentos posteriores al parto.


Ocurren dos sucesos; la vida y la muerte. La madre gestante se prepara para dar vida y recibe un choque extremo. Este duelo tiene un componente hormonal muy elevado que va dirigido exclusivamente a la maternidad. El vínculo con el bebé se desarrolla desde el primer instante e incluso antes de llegar al embarazo, el deseo de tener un hijo es un factor muy importante.

El fallecimiento de este conlleva una ruptura abrupta con todas las expectativas futuras e ilusiones creadas. Este dolor se ve incrementado cuando las mujeres de forma natural generan prolactina (hormona que genera la leche materna) junto con cortisol (hormona del estrés) creando un cóctel hormonal muy difícil de gestionar. Cabe destacar que biológicamente hablando es incomprensible la pérdida de un hijo.


¿Cuál es el proceso natural de un duelo?


El duelo perinatal, también tiene unas fases previas a la aceptación:

Negación: Shock emocional.

Regresión: Tristeza extrema que conlleve comportamientos viscerales y explosivos.

Enfado: Ira desbordada enfado con todo y con todos.

Culpa: Culpabilizarse por no haber podido hacer “nada”

Desolación: Tristeza de impotencia y reconocimiento de que no podíamos haberlo cambiado.

Acción: Empieza la movilización.

Aceptación: Comienza la cicatrización. Hay una diferenciación entre la pérdida y como persona individual.

Parece que cada vez más se esta visibilizando esto duro proceso, debido a las pérdidas que han tenido algunos famosos, no obstante, esto sigue siendo un gran tabú. Como sucede con todos los tabús, el silencio e ignorar estos sucesos no favorece al afrontamiento, sino que desprotege, lo que conlleva que no haya una formación real y completa en algunos profesionales. No existe ningún protocolo específico de intervención en estas situaciones. Por ello, es necesario conocer como intervenir en los primeros momentos más críticos de la pérdida.


Método LAST (ERST):


El método LAST (en inglés) es un método que permite a los profesionales de la salud, tanto médicos como enfermeros y psicólogos, apoyo principal en el momento de mayor emergencia. Es muy importante una adecuada intervención desde el principio.


Escuchar (listen) activamente las necesidades y emociones que están experimentando las personas afectadas.
Reconocimiento (acknowledgement), la validación por parte de los profesionales del sufrimiento que están sintiendo, esto permite que el autocuestionamiento de los padres se reduzca considerablemente.
Apoyo (support), la comunicación y la compasión son factores beneficiosos para la familia. Sería oportuno que el profesional pudiese facilitar información necesaria sobre grupos de apoyo y terapias.
Tacto (touch), la comunicación no verbal es muy significativa a la hora de que la familia sienta el apoyo necesario.

Películas recomendadas sobre el duelo perinatal:
• Fragmentos de mujer (2020)
• Volver a cero (Return to Zero) (2014)
• El amor y otras cosas imposibles (2011)
• La memoria del agua (2014)

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.

¿Cuándo la masculinidad se vuelve tóxica?

¿Qué significa ser hombre?”

Es una pregunta  interesante que activa múltiples definiciones, significados y conceptos donde la cultura, las experiencias personales, la crianza y los estereotipos juegan un rol importante para poder responderla. Sin duda, es un interrogante que genera debate entre los diferentes puntos de vista, tanto teóricos como no, sobre lo que significa haber nacido hombre y cómo comportarse, a nivel social, familiar y personal, como uno. Desde las sociedades primitivas hemos vivido separados por nuestras diferencias sexuales biológicas, las cuales han sido el vehículo para la asignación de los distintos papeles asociados a los hombres y a las mujeres, construyendo así un sistema en donde aquello que es viril, varonil, dominante, poderoso, enérgico es masculino y “de hombres”, mientras que lo sensible, sumiso, emotivo, estético y frágil es “de mujeres”.

En la actualidad, y sobre todo en la cultura occidental, seguimos considerando como único este sistema, en el cual los niños deben, en todo momento, ser fuertes, demostrar poder, no expresar sus emociones y alejarse de todo aquello que sea catalogado como “femenino” por el miedo de ser visto socialmente como “menos hombre”.

Así, sin darnos cuenta criamos a nuestros hijos dentro de un bucle de patrones, los cuales se han normalizado desde hace décadas, que dictan cuál es la manera correcta de ser un hombre en sociedad y así llegar a alcanzar lo que todo hombre debe alcanzar: respeto y dignidad.

¿Cuándo la masculinidad pasa a ser entonces tóxica?

Que te guste jugar al fútbol, a la playstation, que no te interese la estética o las artes, o que simplemente no te identifiques o gustes “las cosas de niñas” no te hace un hombre tóxico. Te conviertes en alguien tóxico cuando tienes la idea irracional que todos los hombres que están alrededor de ti deben seguir ese patrón y que aquellos que disfruten de otras actividades, como por ejemplo, bailar ballet (una actividad socialmente vista como femenina) sean perseguidos, humillados, discriminados y, en algunos casos, agredidos o peor. 

A los niños desde muy pequeños se les educa para que sean fuertes e independientes, mientras que a las niñas se les enseña a ser obedientes, sumisas y a cumplir con las labores domésticas, las cuales no pueden ser llevadas a cabo por sus contrapartes masculinas porque “no es el deber ser”. Así, de generación en generación, se sigue transmitiendo los valores culturales de que el varón es quien tiene el poder y la niña debe mantenerse relegada en un segundo plano, es decir, se sigue promoviendo una visión de que la mujer representa el sexo débil y el hombre el sexo fuerte. Lo mencionado también puede manifestarse a través de la violencia, producto de ver a la feminidad y a la mujer, así como cualquier persona que se salga del sistema patriarcal, como algo inferior. Esta conducta muchas veces es una respuesta de ejercer dicha dominancia del hombre sobre la mujer (o del hombre sobre otros hombres) promoviendo y manteniendo en la sociedad comportamientos como el acoso sexual, las agresiones y violaciones sexuales.

 ¿Qué se puede hacer para cambiar? 

Como anteriormente se ha expuesto, muchos hombres son criados con la idea de que jamás deben mostrar y expresar emociones porque sino serían entonces como las mujeres y eso no se puede permitir en una sociedad donde se debe alcanzar la posición del famoso “macho alfa”. La empatía y la compasión también se encuentran en el hombre y las mismas pueden desarrollarse de la misma manera que en las mujeres. Estas dos habilidades humanas fomentan las relaciones y los vínculos con los otros y nos hacen más vulnerables, y al ser más vulnerables podemos pedir ayuda cuando lo necesitamos. 

En conclusión, es ineficaz castigar la expresión emocional en niños y reforzarla únicamente en niñas, puesto que el ser humano, independientemente de su sexo, es un ser emocional que experimenta y vive a partir de lo que siente frente a un estímulo o situación.

Las emociones son básicas para crecer y relacionarse positivamente con los demás, además de que sirven como factores de protección para prevenir que las personas, sobre todo los hombres, se hundan en un fondo sin vacío llegando incluso a cometer el suicidio.   

Por ello, si crees que por ser hombre no has desarrollado estas habilidades en Quiero Psicología podemos ayudarte a que te empieces a expresar y puedas ser más libre y más feliz.

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¿Qué estilo de apego tengo?

En numerosas ocasiones, escuchamos frases como “este niño está muy apegado a sus padres” o “mi pareja tiene demasiado apego hacia mí”, sin embargo, ¿en qué se traducen estas frases?, ¿el apego es algo bueno, o algo de lo que avergonzarnos?. ¿Qué definimos realmente como apego?

Para comprender esta teoría, en primer lugar, necesitaremos echar la vista atrás  y pensar en un bebe recién nacido. Cuando un bebé nace, todos coincidiremos en que estamos ante un ser dependiente. Este bebé dependerá de sus cuidadores para lograr cubrir sus necesidades, como ser alimentado, mantener su higiene y ser reconfortado.

En otras palabras, cuando nacemos, somos seres dependientes, necesitamos ser cuidados para sobrevivir, debido a la inmadurez de nuestro cerebro. De hecho, somos la especie que más depende de sus cuidadores para desarrollar estrategias de afrontamiento y lograr autonomía.

A consecuencia, el apego se define como el vínculo afectivo que se establece entre el niño y sus cuidadores. Este vínculo tiene como objetivo la supervivencia del niño, que como hemos dicho previamente, es inmaduro y dependiente.

Este vínculo comienza a desarrollarse ya desde la gestación y los estudios científicos coinciden en que aproximadamente termina de establecerse en torno a los 7 meses del bebé.

¿Cuál es el problema? Que no todos los cuidadores tienen la capacidad para desarrollar un vínculo afectivo adecuado con sus hijos.

Como hemos visto, el término apego suele utilizarse indistintamente para expresar una vinculación. Sin embargo, existen diferentes tipos de apego y no todos serán adecuados.

Estilos de apego

Apego seguro

Este estilo de apego se desarrolla cuando los progenitores establecen una base segura con su hijo, respondiendo adecuadamente y de forma coherente a sus necesidades. Para ello, se mostrará como una figura de cuidado disponible, capaz de atender y cubrir las necesidades físicas y emocionales de su hijo.

De esta forma, se establecerá una sintonía entre las demandas de los hijos y las respuestas de los padres. Se trata de progenitores que empatizan y conectan con las necesidades individuales de sus hijos, haciéndoles sentir atendidos y reconfortados.

Cuando un niño desarrolla un apego seguro, mostrará curiosidad y seguridad para explorar su entorno, pudiendo desarrollar así su propia autonomía y una base segura que le permitirá establecer en un futuro, más vínculos afectivos.

Apego inseguro

Si bien un niño dependerá de sus progenitores o cuidadores para poder cubrir sus necesidades y sobrevivir, porque no tiene la madurez suficiente ni las capacidades para poder hacerlo por sí solo, podemos encontrar estilos de crianza que no sean capaces de cubrir adecuadamente estas necesidades.

Anteriormente, explicamos que la parentalización se definía como el proceso de inversión de roles donde los hijos ejercían de cuidadores de sus propios progenitores. Estos niños, que no pueden recurrir a sus padres para cubrir sus necesidades y ven como estos no tienen la capacidad para atenderles, desarrollarán un tipo de apego inseguro.

Existen 3 tipos de apego inseguro:

Apego evitativo

Este tipo de vínculo surge ante progenitores con dificultades para manejar estados emocionales. Ante esta incapacidad, tienden a ignorar y desatender las necesidades emocionales de sus hijos, por lo que no conectan con las emociones de los niños, no etiquetan ni interpretan los estados emocionales que muestran y por tanto, no facilitan la expresión emocional.

A consecuencia, los niños desarrollan dificultades para entender sus propios estados emocionales, empatizar con las emociones de los demás y expresar cómo se sienten. Aprenden que para ser atendidos, deberán evitar temas de conversación con contenido emocional, por lo que se centrarán en actividades más lúdicas, el ámbito académico o en pasar desapercibidos.

Habitualmente se convierten en seres muy independientes y con miedo a relaciones que implican intimidad.

Apego ansioso-ambivalente

Este estilo surge cuando los cuidadores responden de forma inconsistente, caótica e incoherente a las demandas de sus hijos. Esto provoca que el niño no pueda predecir cómo van a responder sus padres, provocando por tanto, inseguridad y un elevado grado de ansiedad y angustia.

Muchas veces, estos padres atenderán a sus hijos en función de cómo se encuentren, dependerá por tanto, de su estado emocional. Son padres que también muestran dificultades para gestionar sus propias emociones, por lo que primero priorizan cómo se sienten ellos, sin tener en cuenta que como hemos explicado previamente, los niños son seres inmaduros y dependientes.

Un ejemplo de este estilo de crianza sería la sobreprotección, donde los padres priorizan sus propias necesidades, ignorando las de sus hijos, impidiendo que el niño explore el mundo de una forma segura.

Por ende, estos niños suelen ser vistos públicamente como niños miedosos, demandantes e insistentes. Sin embargo, esto es fruto de la angustia que sienten, al haber sido criados en un ambiente impredecible e inconsistente.

En la edad adulta, estos miedos repercuten en sus relaciones sociales, especialmente las de pareja, ya que se trata de personas con miedo al abandono, inseguridad y baja autoestima.

Apego desorganizado

Este vínculo ocurre cuando la figura de cuidado es por un lado, fuente de protección, pero a su vez, fuente de peligro y dolor para el niño.

Hablamos de padres con grandes dificultades para gestionar emociones, sin inteligencia inter ni intra personal, que en ocasiones padecen un trastorno psicológico, han sido también criados en ambientes hostiles y traumáticos, etc.

Este estilo de apego es el menos prevalente en la sociedad y el que mayor interferencia psicológica produce.

Nos referimos a padres con un estilo de crianza inestable, contradictorio, negligente y con ausencia de conexión con las demandas que requieren sus hijos.

El niño observará que sus padres, las figuras que deberían cuidarle y proporcionar una base de seguridad en su crecimiento, son paradójicamente las mismas que le provocan malestar y dolor. Por lo tanto, estos niños verán a sus progenitores como una amenaza.

Se estima que aproximadamente, solo un 60% de la población ha podido establecer un estilo de apego seguro con sus cuidadores. Si te has podido sentir identificado con estos patrones de crianza y reconoces dificultades a la hora de relacionarte con tus amistades o pareja, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Los vínculos tóxicos con la familia

Muchas veces escuchamos, “Es que es tu padre, intenta hablar con él…..” “Es que es tu madre, seguro que lo hace por tu bien….” “Es familia, y la familia es lo más importante, pase lo que pase tienes que perdonar….”

¿Quién dice que hay que conformarse? ¿Es necesario tener que mantener una relación familiar que nos hace sentir malestar e inseguridades? La única verdad es que nadie puede elegir la familia en la que nace, así como podemos desarrollarnos en ambientes sanos y estructurados, también podemos encontrarnos en un ambiente desestructurado y tóxico.


En ocasiones, las características de vínculos tóxicos dentro de la familia pueden pasar desapercibidos, o bien porque se da por hecho la autoridad de determinados miembros como abuelos o padres, o por la propia cultura y sociedad que crea un tabú ante ello. Aquellas características más significativas dentro de las relaciones tóxicas en una familia son:

Nula privacidad:

No se respetan los espacios vitales de cada miembro ni sus propias necesidades. Suelen ser relaciones construidas desde la autoridad cuyo objetivo es satisfacer las necesidades propias. Esto llevara acabo actitudes de sobreprotección o de agresión que incapacitará el desarrollo emocional normal.

Comportamientos extremos:

En estos comportamientos extremos podemos encontrar la sobreprotección y el abandono, ambos pueden generar relaciones de dependencia con apego ansioso o inseguro que se manifestará en la manera de crear nuevas relaciones en nuestra vida adulta, semejantes a los que conocemos.

Falta de comunicación:

Evitar hablar tanto de los problemas como de los conflictos tiene un gran impacto en nuestras emociones. Se enseña que las emociones como la tristeza y el enfado se tienen que guardar como si no existieran, lo cual, acabarían acumulándose como una olla a presión que tarde o temprano puede explotar, conllevando consecuencias psicológicas y emocionales en un futuro. A veces, las familias evitan hablar de situaciones complicadas con intención de no preocupar o no generar malestar, no obstante, mirar hacía otro lado nunca fue una buena opción.

Rigidez mental:

Los miembros de la familia con conductas y pensamientos inflexibles en ocasiones no permitirán que los cambien. Suelen ser relaciones de dominación. Esto nos puede llevar a la frustración sin saber como podemos mejorar dichas relaciones.


En ocasiones nos vemos obligados a mantener la relación familiar por diferentes motivos como la
dependencia económica. Lamentablemente, no podemos cambiar a las otras personas, pero si
podemos cambiar nuestra manera de actuar ante ellos y posicionarnos.

¿Qué podemos hacer por nuestra parte para frenar el daño que se sigue causando?


Utilizar la empatía: ponerse en los zapatos de la otra persona no significa que tengamos que someternos, sino escuchar y aceptar la posibilidad de que no pueda se llegue a otros entendimientos. Esto no implica que dejemos de actuar por nuestra propia libertad.


Manifestar el respeto y proteger el propio espacio: es muy importante que le demos el valor que se debe a nuestro espacio personal.


Aprender a marcar límites, decir que NO: primero de todo, hay que comprender, que decir que “No”, no significa querer menos a alguien o hacerles daño. Si te sientes obligado a tener que realizar algo que realmente no te apetece, puedes decir que no y valorarte. Si esto genera a alguien malestar, cada persona es responsable de sus emociones y como gestionarlas.


Siempre respeto: el respeto hacía los demás y hacía uno mismo es fundamental. Con un lenguaje asertivo y respetuoso, evitando los conflictos, tenemos todo el derecho a comunicar aquello por lo que no estamos dispuestos a pasar. Ese lenguaje asertivo y firme permite que los demás entiendan tus necesidades y la nueva manera de relacionarte con ellos.


Paciencia: aprender a esperar y pensar antes de actuar es una gran habilidad que ayuda a relacionarnos de manera positiva y sana. Las actitudes impulsivas, los gritos y las exigencias tienen que dejarse de lado y no reforzarlas atendiéndolas, pues todo ello conlleva conflictos innecesarios.


Estas pautas no siempre son fáciles de poner en práctica y tendremos que pedir ayuda externa como los profesionales de la psicología para que nos guíen y llevarlas a cabo, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Recuerda que el autocuidado también consiste en poder desvincularte de aquellos lazos que puedan ser tóxicos sea o no sea en un contexto familiar.

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Volver a casa por Navidad

¿Cuántas películas tienen como gancho la vuelta a casa por navidad?, ¿cómo son las emociones que nos venden los anuncios en estas fechas? Felicidad, abrazos, nostalgia….

Si bien hace una semana exponíamos cómo los compromisos navideños y sociales de estas fechas podían afectar a nuestro estado de ánimo, pudiendo provocar emociones desagradables como enfado, ansiedad o vergüenza; hoy queremos centrarnos en la extraña sensación de volver a tu ciudad de origen o casa familiar por navidad.

Esto se da en personas que durante el resto del año viven en otro domicilio, y especialmente nos referimos a las personas que viven en otra ciudad o país, alejados de su familia. Este distanciamiento puede ser por motivos laborales, legales, afectivos o simplemente, por decisión personal.

Si bien no nos gusta etiquetar, esta sensación ha recibido el nombre de Síndrome de regresión navideña por la prensa. Esto no quiere decir, por tanto, que sea un diagnóstico, ni mucho menos una patología, sino que es una sensación más habitual de lo que creemos en la población.

Esta no es mi habitación.

Después de meses fuera de casa, de ser autosuficiente económicamente y tener tu propio alojamiento… llegas a casa de tus padres y te toca dormir en tu habitación de la infancia. Todavía quedan algunos peluches y posters de tus ídolos adolescentes en las paredes. La cama es pequeña y la decoración ya nada tiene que ver con cómo eres.

Incluso habrá familias que habrán dado otro uso a la habitación, quizás ahora sea un despacho o vestidor, por lo que ya no contarás con un espacio propio para ti.

Ante esta situación es habitual experimentar recuerdos del pasado, nostalgia, pero también vergüenza, tristeza o incluso enfado. Percibir esa falta de vinculación con tus antiguas pertenencias y ver cómo todo ha cambiado puede provocar un pequeño proceso de duelo.

¿A qué hora vuelves?

Una vez independizado, lejos quedan las preguntas de ¿con quién sales esta noche? o las advertencias del tipo “ten cuidado y vuelve pronto”. Sin embargo, la vuelta al hogar familiar puede traer de vuelta ciertas exigencias que quedaron atrás hace mucho tiempo.

Si bien tus estrategias de afrontamiento han cambiado, puede que tus padres sigan manteniendo las mismas rutinas y normas, que por alguna razón, dejaste atrás y afortunadamente, has olvidado.

Esto puede generar conflictos y provocar una sensación de regresión al rol de niño del que huiste.

Todo es igual, pero nada es lo mismo.

Quieres volver a ver a esas amistades que hace tiempo que no ves, poneros al día y disfrutar de un buen rato juntos. No obstante, resulta que algunos de ellos están fuera, otros están con su pareja y el otro grupo ya tiene planes.

Si bien esto puede resultar un tanto exagerado, al igual que tú has tenido la oportunidad de madurar, vivir nuevas experiencias y cambiar (como podemos apreciar cuando volvemos a nuestra vieja habitación), debemos asumir que nuestras antiguas amistades también lo habrán hecho.

Es muy común que el viejo círculo de amistades haya cambiado, quizás se haya reducido, o que ahora también se incluyan parejas, gente nueva, etc. También se podrán apreciar cambios de gusto, de identidad, de opinión política… no podemos pretender que todo siga igual que lo dejamos.

Esto no tiene por que suponer un límite, de hecho, puede resultar incluso enriquecedor. No obstante, es importante ajustar las expectativas previas al viaje, ya que si nosotros hemos cambiado, no podemos exigir que nuestro entorno social siga igual y gire en torno a nuestra vuelta.

¿Cómo afrontar la vuelta a casa?

Por mucho que los anuncios nos vendan felicidad, volver al hogar no tiene por qué ser algo placentero.

Regresar puede reactivar viejos estilos de apego, y hay que tener cuidado e identificarlo, deberemos poner en práctica todo lo trabajado hasta ahora en terapia.

  • Marca límites con asertividad: Ya no eres el niño que montó esa cama y decoró esas paredes. Explica tu necesidad de privacidad expresando tus emociones, a través de los mensajes yo, y no hace falta que respondas a todas las preguntas que te planteen.
  • Dedícate tiempo a solas y fomenta el autocuidado: Pasar de vivir de forma independizada y autosuficiente a convivir con la familia bajo sus normas, puede resultar estresante. Todos necesitamos un tiempo a solas para conectar con nuestras necesidades y emociones. Si ves que tienes dificultades para obtener esa privacidad en casa de tus padres, sal a dar una vuelta, haz ejercicio o practica alguna actividad que no podrías hacer en otro momento o lugar.
  • Aprovecha para compartir tus cambios y conocer los de los demás: Afortunadamente, las experiencias van moldeando nuestra personalidad y poco a poco vamos forjando nuestra identidad. Es probable, y beneficioso, que ya no seamos como nuestra familia o incluso viejas amistades nos recuerdan, lo mismo nos pasará con ellos. Dedica este tiempo para compartir ideas y si esto resulta una fuente de conflicto, recuerda, no estás obligado a estar de acuerdo con todos y tienes derecho a proteger tu intimidad.

Por mucho que nos vendan los beneficios de la navidad, para muchas personas supone toda una serie de obligaciones y un importante estresor. Es un periodo breve donde socialmente nos empujan a juntarnos con gente que habitualmente apenas vemos, desplazarnos a otras ciudades u hogares, etc. Sin embargo, debemos recordar que por suerte o desgracia, tiene fecha final.

Recuerda que no estás obligado a seguir esas tradiciones si no lo deseas, y si no eres capaz de poner límites a tu familia siempre puedes contar con nuestra ayuda experta.

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Haz las fiestas más fáciles a tus familiares y amigos

Estamos en fechas en las que hay numerosos eventos y comidas familiares en las que todos nos esforzamos por generar un ambiente agradable en el que todos estemos felices y cómodos.

Ofrecemos las mejores comidas, decoraciones especiales, regalos y aguinaldos para todos.

Gastamos dinero para ofrecer felicidad a quienes nos rodean, amigos y familiares, sobretodo en las ocasiones en las que nos reunimos con aquellos que están lejos y vemos muy pocas veces al año.

Buscamos ofrecer lo mejor de nosotros mismos y que estas personas se queden con un buen recuerdo de la celebración.

Nos preocupamos por todo aquello que está en la superficie, pero en ocasiones olvidamos que para que nuestros seres queridos lo importante es sentirse acogidos, aceptados y no cuestionados por su vida.

¿Cómo podemos hacer que la navidad sea feliz, fácil y satisfactoria para aquellos que nos rodean?

  • Hay personas que conviven con diferentes trastornos relacionados con la salud mental. Este tipo de trastornos no se pueden “apagar” durante la fechas navideñas. Permanecen sea la época del año que sea o por mucho que les digamos que “tienen que estar bien porque es Navidad”.

Si conocemos que alguna persona está conviviendo con algún problema relacionado con la salud mental, acompañémosles, aceptando y validando como se sienten y ofreciéndoles nuestra compresión y la no imposición a eventos sociales si así no lo desean.

  • Las reuniones familiares no son el momento de pasar lista sobre los hitos personales de nuestros allegados. Preguntas tipo “¿y no tienes pareja?, ¿cuándo te compras la casa o el coche?, ¿cuándo vais a casaros, hijos…?” pueden resultar invasivas y provocar la incomodidad en aquellas que las reciben ya que están vulnerando su intimidad.

Si alguien te quiere contar algo, te lo contará, simplemente ofrece un espacio donde sienta seguridad y escucha.

  • Hay personas que son vegetarianas, otras veganas, hay personas que padecen celiaquía o alguna alergia alimentaria, por este motivo y por muchos otros debemos respetar los hábitos alimenticios de los demás y no forcemos a que coman aquello que no quieran o que no puedan.

Nuestra forma de alimentación es algo que debemos respetar y no coaccionar a nadie para que coma lo que has preparado.

Si quieres ofrecer una buena comida es importante tomarse la molestia de preguntar a los asistentes por este tipo de cuestiones para ofrecer un menú que esté adaptado a las necesidades de todos.

  • Una de las situaciones que más incomodidad provocan es escuchar comentarios sobre nuestro aspecto físico, nuestras ojeras, brotes de acné, subidas o bajadas de peso. Todo aquello que tiene que ver con el aspecto físico de los demás es un tema que se debe evitar y no valorar.

Evitar comentarios sobre estos temas provocan que el ambiente sea más agradable y acogedor.

  • Cada uno conocemos cual es nuestro estado económico y que porcentaje podemos dedicar a cenas y regalos, por ello es importante evitar que nadie se sienta forzado a realizar regalos u organizar cenas.

Si conocemos que alguien puede estar pasando por dificultades económicas ofrezcámosles apoyo y aceptemos que no deseen participar en compromisos donde haya que hacer aportaciones económicas.  

Si queremos que nuestros familiares y seres cercanos se encuentren realmente felices cuando están a nuestro alrededor centremos nuestra atención en estos detalles que realmente son sencillas de realizar y que van a proporcionar que nuestras veladas navideñas sean mucho más fáciles y felices para todos ya que se generará  ese clima de tranquilidad, alegría y afectividad que buscamos en estas fechas.

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Mitos sobre la infidelidad en la pareja

Con el avance de los tiempos, las personas nos sentimos más libres para decidir que clase de relación queremos establecer con otra persona, siempre llegando a un acuerdo entre ambas partes.


Se puede tener relaciones liberales, poliamorosas, polígamas, con compromisos, sin compromisos, etc. Siendo fundamental comentar las necesidades de cada uno para llegar a un punto donde ambos se encuentren cómodos con la relación que quieren mantener. Tampoco hay que olvidar, que se puede empezar estableciendo una pareja monógama y después cambiar a otro tipo de relación o a la inversa. Las relaciones avanzan y cambian al igual que las personas.


Un punto en común que mantienen todas las relaciones es la confianza, siendo fundamental para establecer un vínculo sano, que nos proporcione seguridad a la hora de comunicarnos con la otra persona.

En ocasiones esa confianza puede dañarse por diferentes motivos, en este caso vamos a comentar la infidelidad en una relación cerrada, haciendo hincapié en los mitos que la rodean.

Al igual que nos encontramos con muchos mitos acerca de las relaciones sentimentales debido a las creencias culturales que nos inculca la sociedad, también hay una serie de mitos que rodean la infidelidad dentro de una relación.

Mitos más comunes


En muchas ocasiones nos encontramos en consulta relaciones sentimentales que dan por hecho determinados actos, pensamientos y situaciones dirigidos por lo social, ya que hay un esquema social de lo que se considera una relación o una infidelidad, creando mitos, que se definen como una verdad incuestionable socialmente aceptada.

“Si se tiene en casa lo que se necesita, no hace falta buscarlo en otro sitio”


Como ya hemos mencionado anteriormente, las relaciones cambian al igual que cambian los integrantes de ella. No tiene porque haber ningún conflicto importante, ni dejar de querer, ni insatisfacción sexual para que se produzca una infidelidad, puede darse por diferentes motivos.


“Los hombres son infieles por aburrimiento y miedo a la intimidad y las mujeres lo son por el sentimiento de soledad y necesidad de intimar”


Los hombres y las mujeres tienen los mismos conflictos internos, los mismos miedos e inseguridades. Sin embargo, la sociedad nos impone tanto a los hombres como a las mujeres maneras diferentes de afrontar estas situaciones, lo que puede generar un malestar por la disonancia de lo que socialmente se “tendría que hacer” y lo que realmente queremos hacer.


“La relación fiel es madura, comprometida y realista; la infiel es inmadura, egoísta y carente de control”.


Llevar a cabo una infidelidad, no significa ser una persona inmadura incapaz de establecer un
compromiso o responsabilidades, se pueden dar contextos o factores difíciles de gestionar.


“Los romances son dañinos, no ayudan a un matrimonio y no pueden ser aceptados”.


Esto seria un planteamiento ideológico. Es posible que incluso un romance fuera de la relación, pueda ayudar a entender lo que está sucediendo y como solucionarlo.


“La única manera de restaurar la confianza y la intimidad es a través de la verdad, el arrepentimiento y la absolución por parte del ofendido”.


¿Qué es la verdad y cuánta verdad es necesaria para poder reparar algo? En ocasiones la verdad puede hacer mucho daño. Una de las maneras de dejar el sentimiento de culpabilidad es trasladar la responsabilidad en la otra persona, contando con detalles todo lo que ha sucedido para que sea esta quien tome las decisiones, en vez de responsabilizarnos de nuestros propios actos.


“El divorcio otorga más auto respeto que el perdón”.

Se considera “normal” que una vez se da una infidelidad se tiene que optar por el divorcio o una separación, no obstante, las parejas se mantienen por muchos motivos y es fundamental el respeto de las decisiones de cada uno, evaluando siempre el malestar que se puede generar y trabajando para que se desarrolle un ambiente confortable.


Las relaciones sentimentales evolucionan y no siempre tenemos las herramientas suficientes para poder gestionar los acontecimientos o establecer una comunicación emocional donde se manifiesten las necesidades que se presentan. Esto nos puede llevar a cometer determinados actos que perjudiquen la relación y provoquen malestar.

Por ello, si consideras que tienes inconvenientes en relación a esto, es recomendable acudir a un especialista que te pueda ayudar, en Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

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¿Qué es la parentalización?

La parentalización o parentificación es un proceso donde, a raíz de diferentes circunstancias, el hijo ha de hacerse responsable de sus propios padres. Esto provoca una inversión de roles, el niño pasa a desempeñar la figura paterna, responsabilizándose y cuidando de sus progenitores.

Formas de la parentalización:

La parentalización puede darse a través de múltiples formas:

  • Emocional: Existen padres con dificultades para regular sus emociones, que tienden a delegar la toma de decisiones relevantes en sus hijos ante su falta de estrategias de afrontamiento. Estos hijos, desde los primeros años de vida, tienden a hacer de sostén emocional, a cuidar la salud mental de sus padres o incluso ejercen de mediadores entre las disputas de sus progenitores.
  • Económica: Se trata de niños o adolescentes que han de hacer frente a gastos económicos para sostener a la familia porque sus padres se encuentran en situación de desempleo o sufren de alguna alteración que les impide trabajar. Estos menores o bien han de combinar la escuela con un trabajo, o en los peores casos, acaban abandonando sus estudios.
  • Instrumental: Estos niños se encargan de realizar las tareas domésticas como la limpieza del hogar, la compra, cocinar, llevar a sus hermanos menores al colegio, etc.

¿Por qué ocurre?

La parentificación tiene lugar cuando nos encontramos con padres que carecen de habilidades de afrontamiento y de regulación emocional suficientes para manejar sus propios estados mentales, y por tanto, para también responder a las de sus hijos.

Cuando un progenitor no es capaz de empatizar con las necesidades individuales que tiene su hijo ni presenta la capacidad para poder responder adecuadamente a sus demandas, se da un cuidado negligente. ¿Qué quiere decir esto? Que las necesidades del niño no se reconocen correctamente o se ignoran.

A consecuencia, el niño desarrolla diferentes estrategias a modo de supervivencia. Habrá menores que tenderán más a la evitación, ignorando y bloqueando sus emociones y necesidades, porque saben que no se les va a atender o incluso, pueden ser sancionados. Mientras que otros, ante esta negligencia, tenderán a hiperresponsabilizarse ellos mismos no solo de sus propias necesidades sino también de las de sus padres.

Estos fenómenos suelen ser recurrentes en entornos donde uno de los progenitores padece algún trastorno mental, entre padres que se encuentran bajo un proceso de divorcio, familias donde ha fallecido uno de los principales cuidadores, situaciones de riesgo social, padres que consumen sustancias o relaciones de maltrato.

¿Qué consecuencias tiene en la vida adulta?

Cuando somos bebés, somos seres totalmente dependientes de nuestros cuidadores. Nuestro cerebro y por tanto, las principales funciones ejecutivas, están todavía sin desarrollar, por lo que recibir un cuidado adecuado y mantener un vínculo seguro con nuestros cuidadores es esencial para poder lograr un funcionamiento adaptativo en la vida adulta.

Si crecemos en un entorno parentalizado, evidentemente, estas necesidades básicas no se van a poder cubrir adecuadamente.

Como hemos explicado antes, el niño, desde su propia inmadurez cerebral y siguiendo las reacciones de sus padres, desarrollará sus propias estrategias para evitar el sufrimiento: Reprimir sus emociones, ignorar sus propias necesidades, anteponer las demandas de sus padres a las suyas, sobreproteger a sus cuidadores, etc.

Siguiendo la teoría del apego, y cómo podemos ver a través de las personas que atendemos, estos patrones de comportamiento y roles quedan instaurados en la memoria del niño y generan por un lado, una representación de cómo han de actuar en el resto de situaciones sociales y por otro lado, una serie de expectativas de cómo actúan los demás.

Es como si el cerebro, con el fin de simplificar la información y ahorrar energía, crease una especie de mapa mental o guión de actuación para poder enfrentarse a las situaciones sociales y evitar así el malestar.

El problema surge cuando estos mapas son representaciones distorsionadas de la realidad, es decir, cuando el niño ha asumido una inversión de roles que no le corresponden a su edad madurativa y por tanto, no representan un adecuada relación paterno-filial.

A consecuencia, hablamos de niños inseguros, con baja autoestima, sensación de desprotección y por tanto, un elevado nivel de ansiedad, que podrá interferir en la vida adulta.

Estas personas, ante la ausencia de un modelo de regulación emocional eficaz, suelen tener dificultades para identificar sus estados emocionales y regular sus propias emociones.

De hecho, es muy habitual que estos niños parentalizados desempeñen un rol cuidador en el resto de situaciones sociales, como con amigos y pareja, ya que han aprendido que lograrán ser reforzados y escuchados si anteponen las necesidades de la otra persona a las suyas.

Suelen ser personas con dificultades para expresar su opinión, poner límites, decir que no, y sobre todo, dependen mucho del refuerzo externo para reafirmar su valía.

Otra estrategia muy común es la de desarrollar un patrón evitativo. Estos menores cuando exponen sus necesidades o sus estados emocionales, son ignorados y a veces incluso castigados. Por ende, ante esta negligencia, aprenden que la mejor forma de sobrevivir, y no resultar molestos para sus padres, es desconectarse de sus emociones.

Si crees que has sido un niño parentalizado y te sientes identificado con este post, tiendes a hiperresponsabilizarte de las necesidades de tu entorno y experimentas malestar, en Quiero Psicología podemos ayudarte.