adopciones complicadas

Los procesos de adopción y acogida

¿Los problemas de conducta de tu hijo/a se hacen incontrolables?

¿Intentas comprender qué le sucede o cómo ayudarle?

¿Te sorprende su actitud hacia ti?

¿Esperabas una convivencia tranquila, cariñosa y de unión y sientes que sucede lo contrario?

Como en cualquier proceso de maternidad/paternidad las circunstancias vitales son variadas. En procesos adoptivos hay que tener en cuenta una serie de cuestiones.

Para los adultos probablemente sea un proceso cargado de emociones, ilusión y ganas, es posible que para el niño/a no sea así, sino al contrario.

Quizás estás ante un/a niño/a que ha vivido una serie de experiencias vitales que han influido en su manera de ver y entender el mundo. Experiencias que han determinado la persona que es ahora, las reacciones que tiene, su forma de pensar, de relacionarse o de comunicarse, entre otras.

Estas experiencias puede que no hayan sido agradables y que estuvieran cargadas de dolor, incertidumbre, malestar o miedo. Todo esto, junto a un cambio vital como la adopción, no es fácil de asimilar. Puede que se sienta asustado, desubicado o no entienda cómo le va a afectar esta situación.

Para entender su comportamiento actual, tenemos que conocer su realidad, desde sus inicios hasta el día de hoy. Es posible que estos niños, desde etapas muy tempranas, hayan experimentado ausencia de afecto o poca estimulación. Puede que se hayan sentido desprotegidos e incluso hayan sido víctimas de comportamientos ajenos que hayan puesto en peligro sus vidas.

Sus inicios en el mundo quizás comenzaron en casas de acogida o centros, con ausencia de cuidadores primarios que les permitieran conocer el mundo de una forma más segura.

¿Qué consecuencias puede tener esto en ellos/as?

Comienzan un proceso de adaptación, pasan a estar con una familia y en lugares totalmente desconocidos. Esto, acompañado de experiencias pasadas traumáticas, implica cierta reticencia, miedo y desconfianza a lo nuevo que se hace visible a través de problemas de conducta.

El miedo al abandono puede estar profundamente oculto. El vínculo que se crea desde el nacimiento de un bebé con sus cuidadores principales es vital para el correcto desarrollo de cualquier niño/a. Este vínculo se compone de todo lo que implica cubrir las necesidades básicas: las físicas, las emocionales, las cognitivas y las de protección y desarrollo.

El vínculo tiene que ser predecible y estable desde los primeros años de vida. El niño/a debe saber que pase lo que pase, ese vínculo estará ahí para calmarlo, cuidarlo o ayudarle a gestionar sus estados emocionales.

Cuando adoptas a un niño, conozcas su historia o no, es crucial que sepas que estás ante alguien que quizás no confíe en ese vínculo. Esto sucede porque, independientemente del motivo, estuvo en peligro una vez o incluso desapareció, lo que se significa sentirse completamente desprotegido y desamparado.

Si esto sucede, es posible que la confianza que supone volver a crearlo se haga muy despacio y  con mucha cautela por su parte. El niño no tiene ninguna garantía de que vuestro vínculo vaya a ser perdurable. No tiene la certeza de que no desaparezca. No sabe que siempre estará disponible porque no es lo que ha aprendido desde muy pequeño.

Si conocemos y entendemos sus vivencias, comprenderemos el terror que puede sentir y su mecanismo de defensa como autoprotección. Ante una situación muy dolorosa se activan inconscientemente todas las alarmas en un ser humano. Todo lo que implique perder ese vínculo conllevará conductas y emociones que expresarán el dolor y miedo que sienten a que eso vuelva a suceder.

Cuando comience a establecer un apego seguro contigo, depositará en ti toda su vivencia para apegarse de forma adaptativa. Esto significa que serás su “saco de boxeo”, “paño de lágrimas” y “pilar fundamental”. Contigo se permitirá expresar todo el dolor y hacerlo consciente para poder integrarlo en su vida y continuar viviendo de la forma más sana posible.

El grado de oposición que puedas observar será proporcional a las secuelas experimente por el daño recibido en el pasado. Quizás no conozca límites o se sienta perdido/a ante algo que no ha vivido nunca y que no sabrá cómo gestionar.

Algo que puede ser característico en edades más avanzadas es el comportamiento infantil que surja en diferentes situaciones. Si no ha podido vivir su infancia con normalidad y ahora siente que sí puede, aprovechará cada instante para recuperar esas experiencias perdidas.

Tal vez también observes cómo quiere destacar siempre, ser el/la mejor en todo o, buscar incansablemente la atención de quienes le rodean. Esto es una forma más de cubrir esa necesidad de afecto que no fue realizada tiempo atrás, y que como todo ser social, necesita. Esta búsqueda de atención por otras personas puede ser interpretada como exagerada esta, pero no hay que perder de vista el origen de este comportamiento.

¿Qué puedo hacer con todo esto?

Establece reglas claras y concisas. En principio, no va a asumirlas de golpe, lo que requerirá de ti grandes cantidades de paciencia y firmeza.

Hazle saber que es una persona válida, que merece ser querido/a, ayúdale a aceptar quien es, felicítale por sus logros.

Ofrécele seguridad, intenta que tanto tú como vuestro entorno sean predecibles. Evita las situaciones inesperadas que puedan generarle confusión.

– Conviértete en alguien con quien pueda hablar, muéstrale comprensión, escucha y empatía. Intenta entender todos los estados emocionales que puedan ir surgiendo: rabia, vergüenza, tristeza, etc.

Paciencia y cariño son imprescindibles para la reparación del vínculo que estás llevando a cabo.

¿Te encuentras en este proceso y estás experimentando algunas de estas dificultades o cualquier otra? En Quiero Psicología te acompañaremos, trabajando desde un enfoque basado en la teoría del apego que te ayudará a mejorar la dinámica familiar.

niños y cuarentena

La cuarentena ¿cómo ha afectado a nuestros niños y niñas?

Durante este año hemos vivido un estado de confinamiento, un hecho novedoso en nuestras vidas.

Nadie había estado en una situación similar antes. Ni los adultos, ni por supuesto, los niños.

Todos hemos actuado en función de nuestros recursos y lo hemos vivido lo mejor que hemos podido.

Obviamente, el tiempo que hemos estado en casa sin poder salir de manera normal y con las restricciones posteriores, ha tenido repercusiones.

¿Qué consecuencias ha tenido esta situación en nuestros niños y niñas?

Los efectos del confinamiento en niños y adolescentes dependen de muchas variables, la principal es la edad, porque en función de ésta sus necesidades varían.

De 0 a 3 años.

Los niños más pequeños, lo que más han sentido es la falta de salir a la calle. Los niños de esta edad muestran una alta necesidad de movimiento; un movimiento que les permite vivir nuevas experiencias, observar, ver… que les ofrece la estimulación que necesitan para que su desarrollo cognitivo sea óptimo. Se han visto privados de esa movilidad, pero al ser su capacidad de adaptación alta, se adaptaron al confinamiento y también a las salidas restringidas.

De 4 a 6 años.

Los niños en la franja de edad de 4 a 6 años siguen necesitando moverse, descubrir y explorar, además de una necesidad específica de socializar. Quieren ver a sus amiguitos, jugar con ellos, relacionarse e interactuar.

En este rango de edades, los niños y niñas están en un momento clave. Establecen sus primeras relaciones sociales y generan sus habilidades que practican en el colegio y los parques, espacios de los que se han visto privados.

Se ha observado que los niños se han mostrado más tímidos, más retraídos a la hora del contactos con otras personas (adultos o niños). De nuevo se han adaptado y han aprendido a jugar solos con pocas interacciones con iguales, exceptuando el caso de aquellos que tienen hermanos.

Con estas edades, también han podido aparecer o intensificarse miedos a monstruos o seres fantásticos. Su imaginación es muy vívida y en ocasiones les cuesta distinguir la realidad de lo que ellos han imaginado.

De 7 años en adelante.

En el grupo de niños y niñas entre los 7 años y la adolescencia, se inician los sentimientos de pertenencia a un grupo. No interaccionar con sus iguales les ha podido generar sentimientos de frustración. Necesitan esas interacciones para generar su autoconcepto, su visión de ellos mismos frente al grupo.

Las respuestas ante esa frustración pueden ir desde aceptación acompañada de un sentimiento de tristeza, hasta muestras de rebeldía por no poder salir. Tanto la tristeza como la rebeldía pueden darse de forma cíclica y, aparentemente, no estar relacionadas con la situación de haber estado confinados.

En esta etapa, nuestros hijas e hijas son conscientes de los peligros reales y pueden surgir miedos a salir a la calle para no contagiarse o no querer interaccionar con sus mayores para evitar la posibilidad de contagiarles.

Algunos niños han podido expresar estos miedos al ser conscientes de ellos, pero otros no han sabido identificarlos. Estos últimos han podido mostrar síntomas físicos, como malestar general, cambios en las rutinas del sueño o en los hábitos alimenticios, dolores de cabeza, etc.

En la adolescencia la necesidad principal es la interacción con iguales, el sentimiento de pertenencia al grupo es lo que guía sus acciones. No poder interaccionar con sus amigos les hace sentirse aislados, ignorados… en esta etapa todo es fugaz, o es ahora o se va a perder… “si no veo a mis amigos, van a dejar de serlo” es un pensamiento bastante frecuente.

El no reconocimiento de las figuras de autoridad está muy presente. Las consecuencias más comunes son la rebeldía y la transgresión de las normas. Como en el grupo de edad inmediatamente anterior, la expresión física de las emociones es muy común.

¿Qué hacer ahora?

Hemos vivido un verano atípico. Medidas restrictivas que han hecho que, a pesar de no estar ya en confinamiento, la sensación de falta de libertad sigua presente. Esta es la razón de que las consecuencias aparecidas durante el periodo de encierro permanezcan o incluso comiencen a manifestarse ahora.

Si observamos que hay un cambio en su actitud o en su forma de actuar, debemos prestar atención y acompañar sin juzgar o cuestionar. Lo que están sintiendo es real, aunque los adultos lo veamos desde otra perspectiva. Algunas pautas para ayudar a nuestros niños son:

  • Lo que están experimentando no es algo rotundo ni irreversible. Escuchar, apoyar y acompañar son las claves. Así podremos encontrar una oportunidad para ayudarles a desarrollar habilidades y recursos que necesitan y les serán útiles a lo largo de su vida.

  • La solución no pasa por preocuparse en exceso o ponerse en lo peor. Debemos prestarles la atención debida, actuando según las necesidades del menor y no adelantando consecuencias.

  • Una opción muy válida es que te asesores y te informes. Entender que es un proceso normal y que no actúan así por capricho. Son consecuencias lógicas de la situación que todos estamos viviendo.

  • Plantéate la posibilidad de acudir a una profesional cuando sea necesario. Si tienes dudas, si observas que el estado de ánimo del niño es preocupante, si la ayuda que le prestas no es suficiente, acudir a una psicóloga infantil puede ser el empujón que necesites, tanto tus niños y niñas como para tú. En quiero Psicología tenemos profesionales especializadas en la atención a niños y adolescentes, contáctanos y hablamos.

resiliencia

¿Sabes si eres fuerte?

Me permito llorar y eso me hace ser fuerte.

¿Te resulta rara esta frase?

¿Quién es fuerte entonces?

Nos pasamos la vida moviéndonos en un continuo donde en un extremo está la fortaleza y en otro la debilidad. Hemos aprendido que alguien que es fuerte, es alguien respetado, valorado y por lo tanto, con más probabilidades de sobrevivir.  En cambio, hemos aprendido que alguien débil es lo contrario. ¿Quién no quiere ser fuerte entonces?

El problema surge cuando el concepto de fuerte y débil no se ajusta a la realidad.

¿Crees que alguien que muestra sus emociones es débil? ¿que por decir que estás triste te van a respetar menos? ¿Piensas que si te ven con vergüenza ya no te van a valorar tanto?

Si te muestras triste, entonces ya no vas a parecer tan fuerte. Así que prefieres ponerte una capa encima que enmascare lo que sientes realmente y así vas por la vida, aunque esa capa sea muy pesada y al final resulte agotador.

Pero no termina ahí, las emociones que no escuchas y que intentas evitar y ocultar, buscan alguna forma de salir, una vía de escape, por lo que es mucho más difícil afrontar algo evitando lo que sientes.

Realmente las emociones surgen para hacer de puente y permitirte entender mejor el proceso. Cuando evitas las emociones menos agradables, estás evitando contar con el recurso emocional que te permitirá procesar e integrar mejor lo que estás viviendo.

Está muy de moda la positividad tóxica, que son esos mensajes que podemos ver por la televisión, redes sociales, en amigos o familia y cuya idea principal es “tienes que estar bien”. La positividad tóxica es dañina porque lo que realmente hace es bloquear la experiencia emocional y te impide sentir lo que necesitas sentir.

Preferimos hablar de resiliencia: la capacidad de adaptarse a cualquier situación por muy dolorosa que sea. Como si de un junco se tratara, que se dobla cuando hay tempestades pero nunca llega a partirse. Los humanos también nos adaptamos, y para hacerlo, necesitamos sentir todas nuestras emociones, incluso tristeza, vergüenza o miedo. Y eso está bien.

El estilo de educación, el modelo que hayas visto en tu familia, lo que has interiorizado de tus amigos o incluso lo que has visto en medios de comunicación, pueden hacer que tengas aprendidas y normalizadas diferentes ideas que al final lo que consiguen es que evites sentir lo que sientes.

 ¿Qué ideas transmite la positividad tóxica?

Llorar no sirve de nada: realmente la expresión emocional sí sirve, y mucho. Te permite conectar con tu emoción, escucharla y ver qué necesitas. Si no expresas la emoción, al final te la quedas para ti y termina explotando dentro.

Las personas fuertes no tienen miedo: lo que te hace fuerte es identificar y ser capaz de sostener el miedo. Ser consciente de qué te asusta y hacerte cargo de ello es lo que te hace fuerte realmente.

Tienes que estar bien: no es saludable mantener siempre un estado de alegría, hay veces que conectarás con la tristeza cuando tengas que afrontar una pérdida, con el miedo o con la vergüenza. Son emociones menos agradables pero necesarias para poder integrar lo que va pasando, la realidad de la vida.

Es importante detectar si tienes interiorizadas estas creencias y si limitan tu forma de gestionar correctamente las emociones. Sabemos que no es fácil y que a veces cuesta, pero si crees que no terminas de identificar lo que sientes, por qué lo sientes, o no llegas a saber qué necesitas, puede ser buen momento para iniciar un proceso terapéutico. Contáctanos aquí.

maltrato-familiar

¿Tu familia te manipula?

Luz de gas en la familia. Manipulación de la realidad y confusión.

¿Te han dicho alguna vez que lo que dices haber vivido no es cierto o no ocurrió así? ¿Te has llegado a sentir desorientado/a respecto a una situación por lo que dicen los demás y lo que has vivido tú? ¿Has dudado de tu propia versión de los hechos? ¿Crees que estás siendo manipulado/a?

Esto es luz de gas. Este término hace referencia a las situaciones en las que una persona o varias pretenden confundir a otra, convirtiéndola en víctima mediante negaciones o con información falsa sobre una situación para así, desorientar a la persona y que no sepa lo que realmente ocurre, siendo esto una forma de maltrato psicológico.

En relaciones en las que existe maltrato, como en la violencia de género, se dan un sin fin de ejemplos en los que observar esta luz de gas, sin embargo, también puede suceder en el entorno familiar.

Quizás tengas dudas sobre si estás o no en esta situación y es que precisamente las personas que intentan manipular tu juicio, pretenden aislarte y hacerte sentir inseguro/a, autocuestionarte y perder la confianza en tu intuición y en toda tu autonomía.

Aquí van algunos ejemplos:

Sientes que entre tu madre y tu padre las cosas no van bien pero la imagen que te muestran a ti es de normalidad, que todo está bien. Por otro lado, tú tienes una sensación de miedo y malestar ya que percibes la tensión en casa pero nadie te explica lo que está sucediendo por lo que, no puedes integrar lo que está pasando, quedándose en ti esta sensación de miedo e inseguridad.

En casa te fuerzan a mentir a los demás sobre una situación porque consideran que así evitan dar “mala imagen” al resto de personas. Esto te confunde y te hace dudar de tus propias sensaciones. Por ejemplo: se lleva a cabo un proceso de divorcio en casa pero te piden que no cuentes nada para no generar comentarios externos. Tú no sientes que el divorcio sea algo de lo que avergonzarse, sin embargo, te ves forzado/a a hacer algo que no quieres. Finalmente acabarás por ocultarlo ya que integrarás su manipulación en tu propio juicio.

Tu madre realiza comentarios despectivos sobre alguna de tus amistades porque considera que “no es de fiar”, o resalta aquellos momentos en los que “no estuvo para ti”, haciendo especial énfasis en lo mal que se porta contigo. Tú no percibes esto, ya que es uno de tus mejores amigos, y disfrutáis de una bonita relación desde hace años. Da la sensación de que tu madre preferiría que te alejaras de esa persona sin un motivo aparente y comienzas a dudar y a cuestionarte situaciones que para ti no han sido conflictivas con tu amigo, llegando a creer finalmente que no es una buena compañía.

¿Qué hago?

Puede que no sea fácil darte cuenta de que estás viviendo una situación así, sobre todo, si viene por parte de tu familia. Los miedos, las inseguridades, los prejuicios, etc, de los demás, pueden hacer que dudes de lo que realmente eres, quieres o necesitas.

Es importante que trabajes sobre esto porque tienes derecho a estar conectado/a con tus propias sensaciones, juicios y criterios de manera personal y autónoma. Tienes derecho a sentir lo que sientes y a atender tus necesidades, sin que nadie te confunda.

Si crees que estás experimentando luz de gas, o tienes dudas al respecto, en Quiero Psicología te daremos una acogida neutra, sin juicios, que te permita integrar lo que percibes, vives y sientes sobre tu propia realidad. Contacta con nosotras aquí.

Violencia en pareja y el confinamiento.

Si crees que tu pareja te está maltratando porque durante la cuarentena la situación se ha puesto especialmente tensa o porque tus sensaciones y sentimientos han cambiado o están cambiando a peor, te recomendamos hacer una lista de cosas que han podido pasar, como señales de alarma para identificar si has vivido o estás en una relación tóxica o violenta.

En otros post hemos visto de qué manera ha podido afectar negativamente el confinamiento a tu relación de pareja. No es agradable tener discusiones con tu pareja, pero es importante ver cómo ha sido realmente esa dinámica. Porque no es lo mismo haber tenido desacuerdos donde el nivel de intensidad ha sido más alto que en otras ocasiones a que hayas vivido una situación de violencia.

¿Cómo sé si he vivido situaciones de violencia?

Puede que sea difícil que veas lo que es “normal” y lo que no lo es, especialmente si tu relación lleva tiempo funcionando de esta misma forma y ha sido la cuarentena, pasar todo el tiempo juntos/as, lo que te ha hecho sentir malestar, incomodidad o miedo.

También puede que sea difícil identificar un comportamiento violento o tóxico en la persona que se supone que te quiere y a la que quieres, pero es importante detectarlo para poder trabajar en ello.

¿Cómo puedo diferenciarlo?

Hay una serie de comportamientos o indicadores que te van ayudar a hacerlo, estos son algunos de ellos:

¿Te ha sobrecargado de responsabilidades?

Tú asumes la mayor parte de las tareas de la casa; tu pareja se ha dedicado a tener espacios personales y en cambio tú no has tenido tiempo para ti; te ha exigido que la casa estuviera limpia o la comida lista sin haberte ayudado ni colaborado; tienes que estar siempre disponible y a su servicio para cuando quiera o te culpa de cualquier conflicto familiar.

Todas estas exigencias te generan agotamiento y hacen que no atiendas tus propias necesidades.

¿Distorsiona la realidad?

Te confunde porque te puede halagar a la vez que te humilla; muestra una imagen diferente de cara a los demás a la que tiene en casa; te miente, tergiversa vuestras conversaciones o los acuerdos que teníais; te sorprende con regalos que luego utiliza para manipularte; está convencido/a que es superior y que siempre tiene razón e incluso puede afectar a tu estado físico alterándote el sueño o incitándote a tomar tranquilizantes.

Este comportamiento cambiante te mantiene en un estado de confusión e inseguridad en el que no sabes qué es real y qué no.

¿Te devalúa?

Te hace sentir inferior; te insulta o hace comentarios críticos sobre tu aspecto físico y tu imagen; constantemente busca errores en ti o fallos; te devalúa como pareja; ridiculiza tus metas, actitudes y habilidades; se ríe de todo lo que no considera que es valioso o importante o incluso puede llegar a mostrar desprecio hacia tu familia de origen.

Esta actitud por parte de tu pareja puede afectarte muy negativamente, minando tu autoestima y haciendo que te avergüences.

¿Utiliza estrategias defensivas?

Quizás esquiva su responsabilidad o justifica este comportamiento restándole importancia, argumentando que no ha sido para tanto; explicando con todo lujo de detalles que es correcto lo que ha hecho; utilizando la racionalización y la lógica para explicar coherentemente por qué lo ha hecho; desviando su responsabilidad sobre el problema hacia causas externas; negando los hechos o las discusiones como defensa para restar credibilidad a lo que tú dices que ha pasado; haciéndose el/l olvidadizo/o, asegurando que no recuerda lo ocurrido o recurriendo al chantaje emocional para conseguir que sientas lástima por él/ella.

Si estas estrategias le funcionan, lo que consigue es que te acabas sintiendo culpable de cosas que no te pertenecen.

¿Te controla?

Te pregunta que a dónde vas incluso ahora que sólo has podido salir a comprar; decide dónde puedes y no puedes ir; te aísla de tus relaciones familiares y de tus amigos; te ha llegado a retener en casa; desconecta el teléfono o internet cuando se va a pasear y no permite que le acompañes; te oculta información sobre la situación económica pero te exige que le expliques detalladamente tus gastos.

Todos estos límites y controles, sumados a la situación de confinamiento, aumentan y agravan la sensación de aislamiento que pasa de ser una sensación a ser una realidad.

¿Te intimida?

Te intimida de forma verbal utilizando gestos, miradas o tonos de voz que sientes como amenazantes o, directamente, te dice que va a echarte de casa o a quitarte a tus hijos. Ha llegado a amenazarte o a agredirte físicamente con  empujones, zarandeos, tirándote cosas, etc.

La intimidación que puede ser difícil de reconocer como comportamiento si se da de forma puntual o muy espaciada en el tiempo, genera sensaciones de ansiedad y miedo que pueden generalizarse, de forma que estés constantemente esperando una reacción violenta del tipo que sea, aumentando el estrés que experimentas.

Detectar estas conductas puede ser a veces muy difícil, porque muchas de ellas son sutiles o porque te encuentras inmerso/a en una relación donde no tienes la opción de tomar perspectiva y verte “desde fuera” de la relación.

Si reconoces alguna de estas señales, si tus sensaciones y alarmas saltan cuando lees este post, no dudes: llámanos y empezaremos a trabajar en esta situación. Tienes derecho a vivir y a vivir bien.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

¿Ha afectado el confinamiento a mi relación?

La situación excepcional que hemos vivido y estamos viviendo nos afecta a nivel personal y, por tanto, a cualquier vínculo como puede ser el de la pareja.

Las condiciones que formaban parte del día a día antes de la pandemia, se han visto modificadas durante el confinamiento. Pasar todo el tiempo, incluido el del trabajo, en casa; que los hijos/as no puedan asistir al colegio; la restricción de libertades que impiden salir para cualquier plan con normalidad y un largo etc.

Para poder gestionar el posible deterioro hay que conocer en qué punto os encontrabais antes de esta nueva situación y en cuál estáis ahora.

Hay parejas que no pasaban tanto tiempo juntos/as y se han visto frente a frente, haciendo surgir las discrepancias que previamente existían. Además, la aparición de nuevos conflictos invita a la reflexión al mostrar partes quizás desconocidas de la pareja que pueden generar un distanciamiento o un acercamiento.

¿Esta nueva situación os ha pillado por sorpresa y han surgido conflictos que antes no ocurrían?

¿El deterioro comenzó antes y ahora se ha incrementado?

¿Os ha fortalecido?

Para trabajar y solventar esta situación es importante contar con un cóctel que tenga como ingredientes la motivación de ambas partes para comprender lo que está ocurriendo y como no, contar con los pilares que facilitan una relación sana: respeto, equilibrio en los espacios propios y de la pareja, confianza, reciprocidad y comunicación.

Para intentar conocer en qué punto estáis utilizaremos la metáfora de la cuenta bancaria:

Los ahorros de la relación se establecen en función de los ingresos y gastos emocionales de cada miembro de la pareja, y son imprescindibles para afrontar el día a día. Cada pareja tiene una dinámica y estos límites se establecen de forma subjetiva para cada relación.

  • La primera pregunta es ¿tengo ahorros? Estos ahorros pueden estar a un nivel óptimo o pueden estar por ejemplo, bajo mínimos. ¿En qué punto estás?
  • La segunda pregunta es ¿cuánto estoy ingresando? Puede que durante el confinamiento tu pareja o tú, o ambos/as, hayáis descuidado los ingresos, o todo lo contrario.

Por ejemplo: “bah, mi pareja está ahí, estamos acostumbrados/as y no le presto tanta atención”. En este caso no estarías invirtiendo sino sólo gastando.

  • La tercera pregunta es ¿cuánto quiero sacar? Aquí puede surgir el conflicto ante las expectativas que tienes de la relación y la realidad que hayáis estado viviendo.
  • La cuarta y última pregunta requiere de imaginación. Si tuvieses una varita mágica ¿cómo sería tu relación?

Manteniendo el lenguaje metafórico que estamos usando ¿cuánto quieres invertir?

Si cada parte de la pareja realiza esta actividad de manera individual y luego os juntáis para exponer los resultados, podréis trabajar sobre la situación emocional de cada uno/a y reconectar entendiendo lo que ha podido “fallar”. Podéis hacer esta reflexión pensando en la relación antes de la pandemia y después de ella.

En estos momentos hay que contar con antídotos para hacer frente a una situación excepcional que puede llegar a envenenar la relación. Estos antídotos pueden ser:

La flexibilidad, que permitirá entender que estamos en una situación única en la que las emociones pueden estar a flor de piel.

-La empatía, que ayuda a ver más allá de ti mismo/a y comprender que tu pareja también puede tener miedo, inseguridad o estrés.

-La comprensión, que es el puente para crear nuevas pautas de funcionamiento para readaptaros a lo nuevo.

-La comunicación, porque sin una buena comunicación no podréis comprender las necesidades del otro/a, ni comunicar las tuyas propias.

Si sientes que tu relación se ha visto afectada por el confinamiento o que ya estaba deteriorada desde antes y has sido consciente ahora, y quieres (o queréis) trabajar en ello, en Quiero Psicología ofrecemos terapia individual y de pareja en función a lo que necesites.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja y vivir con miedo la situación, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

padres-tóxicos

¿Qué inseguridades he podido heredar de mi familia?

Nuestra familia determina de muchas maneras quiénes somos

¿De verdad la familia me ha influido tanto?

Todas las teorías psicológicas dicen que nuestras relaciones con los demás modelan quiénes somos y, sobre todo, las relaciones con nuestros familiares, ya que son ellos los que nos enseñan cómo es el mundo, a través de ellos aprendemos a regularnos y a relacionarnos con los demás.


Estar expuestos desde pequeños a determinados comentarios, situaciones y dinámicas familiares, hacen que nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos afectan las cosas y cómo afrontamos lo que sucede, se vean influenciados.

¿Y que cosas he podido «heredar»?

¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

Sensación de alerta


No soportas que tu madre/padre sean unos pesados contigo, preguntándote a todas horas que donde estás, con quién estás, que qué vas a hacer, etc. Y cuando por fin te vas de casa, parece que esa sensación de ansiedad te acompaña, aunque ya no estén ellos para recordarte todos los peligros que puede haber, vives con una sensación de alerta constante pensando que te van a robar, que debes volver pronto a casa porque te puede pasar algo, etc. Esto sucede porque tu padre/madre te han mostrado que el mundo es que es un lugar peligroso donde tienes que estar siempre pendiente de todo.

Sentimiento de culpa


¿No te has sentido escuchado y te han cargado de responsabilidad en vez de quitarte carga? “Tendrías que haberlo hecho de otra forma”, “si te ha pasado eso es porque tú has hecho tal”… Hicieras lo que hicieras, la responsabilidad y la culpa eran tuyas, no has sentido que te escucharan, te comprendieran y te quitaran el peso de encima explicándote que tienes derecho a equivocarte y aprender de ello. Por eso, a día de hoy, te dedicas a pensar una y otra vez “debería haberle dicho que me ha parecido mal su comentario”, “no tendría que haberle dicho eso porque ahora seguro que lo está pasando mal”, “debería estar más triste ya que acabo de romper la relación”. Sientes culpa de lo que haces/dices en cualquier situación además de tener pensamientos insistentes sobre ello.

Inseguridad


Cuando somos pequeños, nuestros padres/abuelos son nuestros referentes, se convierten en nuestras gafas a través de las que comprendemos el mundo y a los otros. También se convierten en esas manos/brazos donde ir cuando tenemos miedo, estamos preocupados, enfadados, o incluso cuando no entendemos algo. Si te escuchan, te acogen, te validan y te explican lo que está sucediendo en ti, entenderás y podrás integrar lo que está pasando, por lo tanto sentirás seguridad. Si esto no ha sido así, es normal que hayas crecido dudando de ti y de todo lo que tenga que ver contigo: “Seguro que no lo he hecho bien”, “voy a suspender”, “seguro que no le termino de gustar”. Al final no te crees que tú puedas hacer algo bien.

¿Y si me pasa esto?

La familia de la que vienes y las situaciones que has vivido son las que son, y eso ha hecho que tú hoy seas la persona que eres. Tus miedos, inseguridades, sentimientos de culpa, etc. que te llevan acompañando durante toda tu vida buscan ser escuchados, comprendidos y entendidos.

Cuando nos hacemos cargo de lo que nos genera malestar y entendemos su origen, empezamos a conocernos más y a localizar donde tenemos que trabajar. Esto es lo que se hace en nuestras consultas, uno no puede volver atrás para cambiar el pasado pero sí podemos hacer que no nos influya en el hoy ¿Te animas a contarnos que es aquello que te acompaña y te genera malestar? Contacta aquí.

homofobia

¿Cómo me ha podido afectar la LGTBfobia?

Cualquier persona LGTBI+ crece sabiendo que no acata lo «normal».

No eres lo normativo

¿Alguna vez has ido de la mano con tu pareja y has notado cómo te observan? ¿Si os habéis dado un beso, han hecho comentarios despectivos? ¿Tu familia no cree que estés “seguro” de tu decisión? ¿Tus amigas te han preguntado que desde cuándo te gustan las chicas?

No ser heterosexual cisgénero (sentirse identificado con tu género biológico) tiene repercusiones que afectan a nivel personal, social, familiar y laboral. Existen estudios que evidencian la mayor exposición a situaciones estresantes por parte de personas LGTBI+ , especialmente aquellas cuya orientación sexual y/o expresión de género es más visible.

LGTBfobia, definición y tipos

LGTBfobia


Es cualquier manifestación de odio a personas LGTBI+ que surge del miedo o la antipatía, y que tienen la connotación de ver a esas personas como inferiores, anormales o diferentes. Según el colectivo al que vaya dirigido se clasifica en: homofobia, lesbofobia, bifobia, plumofobia, etc.
Diferenciamos también si la LGTBI+fobia viene desde fuera o desde dentro, es decir:

LGTBI+fobia externa o social

Son actos discriminativos por parte de gobiernos, empresas, comunidades, etc., que se realizan mediante conductas intolerantes, entre otras formas. Pongamos el ejemplo de una empresa que, tras conocer la orientación sexual de un trabajador, le despide por cualquier motivo sin tener una justificación real y que justo coincide cuando la persona ha expresado públicamente dicha orientación sexual.

LGTBI+fobia interiorizada

Implica la aversión a los propios sentimientos y comportamientos siendo uno mismo del colectivo LGTBI+, por ejemplo, rechazando o negando su expresión de género por vergüenza o teniendo actitudes hostiles hacia otros miembros del colectivo.

¿De qué manera la sociedad no me hace sentir «normal» si soy LGTBI+?

¿Sientes vergüenza a la hora de expresar tu orientación sexual porque no hay nadie en tu entorno que esté en la misma situación?


¿Te niegas a aceptar que, a pesar de que siempre te han gustado las chicas, ahora te gusta un chico?


¿Llevas tu relación en secreto por miedo al qué dirán?


¿Intentas controlar tu expresión corporal para que los demás no te insulten o te estigmaticen?


¿Inventas que tienes pareja del género contrario para que dejen de preguntarte si tienes pareja?


¿Has tenido ansiedad por no saber cómo contar a tus padres cuál es tu orientación sexual?


¿Te piden que no hagas pública tu relación hasta que ‘estés segura’?


¿Te han insultado o incluso agredido físicamente por la calle?


¿Has tenido que inhibirte por estar en algún lugar en el que no sabes si serás rechazado?

Todas estas preguntas son solo la punta del iceberg, cosas que una persona heterosexual cisgénero ni siquiera tendría que plantearse. Lo que hay detrás (y muchos estudios lo señalan) es la mayor vulnerabilidad a desarrollar trastornos del estado de ánimo y la ansiedad debido a la mayor exposición a una impredictibilidad y estrés constantes.

¿Cuáles son las consecuencias que sufro entonces?

Además de lo dicho anteriormente las consecuencias pueden ser:

Estrés al romper el modelo tradicional que se presupone (presunción de heterosexualidad).


– Problemas en la propia identidad o tardar más tiempo en formar la identidad de uno mismx.

– Relaciones de pareja fusionadas con el consiguiente aislamiento.


– Menor red social (y/o sentimiento de soledad).


– Mayor dificultad a la hora de independizarte con tu pareja, tener hijxs, etc.


– Falta de espacios específicos, de información en educación sexual y riesgos de ITS.


– Riesgo de no acceder a servicios sanitarios o que estos no se adapten a tu realidad: falta de diagnóstico y tratamientos.


– Violencia intragénero: riesgo de sufrir violencia en tu pareja del mismo sexo /género y que no seas atendidx.


– Consecuencias psicológicas como: culpa, tristeza, frustración, impotencia, rabia, miedo, etc., rechazo familiar, social, laboral. O incluso el de uno mismo, lo que implica mayor probabilidad de suicidio, de sufrir depresión, de tener trastornos de ansiedad y consumo de drogas, etc.


– Sufrir agresiones verbales o físicas por ser LGTBI+ (insultos, palizas, miradas hostiles, etc.). Todo ello contribuye a minar la autoestima de forma gradual llegando en muchos casos a hacer insostenible la situación. Si te identificas con algo de lo que has leído y consideras que necesitas ayuda profesional, en Quiero Psicología contarás con profesionales formadas para ayudarte a gestionar la situación en la que te encuentres. Pide ayuda ahora. Contacta aquí.

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¿Mi familia es tóxica?

No lo justifiques todo con un: «es que es mi madre.

Cuando se acercan las Navidades te sonará la típica escena donde hay un reencuentro familiar. Te toca compartir mesa, entrantes y conversación con esa tía que te genera tanta inquietud cuando te pregunta si ya tienes novio/a, o con tu abuelo que no tiene pelos en la lengua y dice lo que se le ocurre, o quizá sea tu prima increpándote sobre si sigues votando a los mismos. En definitiva, de una forma o de otra, te ves forzada a vivir determinadas escenas familiares que, muchas veces, no son del todo agradables. Pero una cosa es que tengas que lidiar con alguna que otra diferencia y otra es que se convierta en un verdadero tormento.

¿Cómo saber si tu familia es tóxica o son cosas típicas?

¿Te da miedo dar tu opinión?


Sientes que tu opinión no va a ser escuchada, tenida en cuenta e incluso que puede ser motivo de risa. “Ya está este diciendo tonterías”, cuando realmente para ti es importante lo que estás expresando y te gustaría que te escucharan y valoraran. Por otro lado, te das cuenta que las opiniones de otros miembros de tu familia sí son escuchadas con gran atención, por lo que puedes sentirte muy frustrado.

¿Sientes que eres invisible?


A veces piensas que tu presencia no se nota, que si no llegas a estar tampoco pasaría nada porque nadie te echaría de menos. Notas que no te preguntan cómo estás, cómo te está yendo en tu trabajo, si te está gustando la vida en esta nueva ciudad, etc. Pasas desapercibido y tienes la sensación de que no le importas a nadie y eso hace que te sientas solo.

¿Sientes que no puedes ser tú mismo?


Comportarte y expresarte como tú eres no está bien visto dentro de tu dinámica familiar, sientes que no encajas porque hay determinadas cosas que no terminan de gustar en tu casa, por ejemplo, el nuevo piercing que te has hecho, tus opiniones políticas, tu pareja, tu nuevo corte de pelo, etc. Recibes críticas indirectas relacionadas con aspectos de cómo eres y sientes que no te terminan de aceptar.

¿Nada de lo que haces es suficiente?


Todo lo que haces es insuficiente, si has sacado buenas notas podrían ser mejores (como las de tu primo), si te has sacado el carnet de conducir eres un peligro en la carretera, si has hecho un nuevo amigo seguro que opinan que es tonto, si tienes una nueva pareja lo que busca es engañarte. Ninguna de las cosas normales por las que la gente recibiría aprobación son bien vistas en tu familia, siempre podrías hacerlo mejor.

Cuidado, que no sea que…


Otra manera de maltratar es sobreproteger al extremo, algo que en las familias y en general no se ha visto como tóxico y muchas veces se ha visto como un «bueno es que es madre / padre, es que se preocupa», pero hay una gran diferencia entre preocuparse y tratar a la persona como si fuera de cristal o inútil. Ejemplos de esta sobreprotección sería: no dejarte salir, no permitir que estudies una cosa porque eso es una tontería, no dejar que vayas solo, evitar que hagas cosas que tendrías que hacer por ti mismo porque «pobrecito»…

Y si mi familia es así ¿qué hago?

No hay mayor verdad que la que dice que la familia no se elige pero sí puedes empezar a elegir dónde poner tus límites. Quizá sea el momento de que empieces a hablar de cómo te sientes cuando estás con ellos, de que entiendas que no eres tú la que genera incomodidad, que tú puedes ser como tú elijas, que son ellos los que no te están escuchando, entendiendo y aceptando.


La idea de lo que debe ser una familia viene, en parte, definida por el sistema cultural y educacional en el que has crecido. “La familia lo es todo, como te quiere tu familia no te va a querer nadie, tu familia es la que nunca te va a fallar, tu familia estará ahí pase lo que pase”. Esto puede hacer que el mero hecho de plantearte poner límites con tu familia te cueste mucho, te puede generar culpa porque va en contra de lo que se considera «lo normal». Todos estos años atrás te has podido sentir incomprendido ya que es difícil entender por qué te sientes así.


Por eso, si estás harto de esa situación y quieres empezar a vivir distinto, en Quiero Psicología tenemos la formación necesaria para entender lo que te está sucediendo y empezar a trabajar contigo en tus límites, tu culpa y tu autoestima ¿Vienes y nos cuentas? Contacta aquí.