Propósitos-Dietas

Cuidado con los propósitos de septiembre

Se termina el verano y con él los días de playa, piscina, chiringuito, paseos por la montaña, viajes… se acaba una etapa de disfrute y comienza otra más rutinaria y repleta de objetivos, hablamos de los típicos propósitos de septiembre.

Y es que el verano es una época para descansar, hacemos más planes sociales, nos salimos más de nuestra rutina, bebemos más alcohol, comemos más veces fuera de casa, hacemos menos ejercicio físico y cuando nos volvemos a subir a la báscula, el número ha aumentado (aunque sabemos que no se engorda de un día para otro y que el hecho de comer alimentos con un alto contenido de sodio, como son muchos ultraprocesados, hace que retengamos más líquidos y por lo tanto que ese aumento en la báscula, no se traduzca en un aumento de peso real) y es entonces cuando nuestras búsquedas en Google son: “Como perder 5 kilos en una semana”.

No podemos tolerar haber subido 3 kilos en todo el verano (puesto que vivimos en un sistema completamente gordófobo) y haremos cualquier cosa para bajarlos. Desde apuntarnos al gimnasio con el único objetivo de bajar esos “kilos de más”, en lugar de para estar más activas y saludables, hasta seguir las típicas dietas milagrosas, que ponen en riesgo nuestra salud.

  • Dietas de 500kcal que generan un gran efecto rebote, lo que provocaría que aumentase nuestra ansiedad y que entremos en un peligroso circulo vicioso, por no hablar de la insuficiencia de nutrientes que nos aportan.
  • Dietas de un solo alimento, como la de la sopa o la alcachofa. Si la anterior no nos aportaba los nutrientes y las vitaminas que nuestro cuerpo necesita, no nos pararemos a hablar de lo que este tipo de alimentación puede llegar a ocasionar a nuestro organismo.
  • Dietas “anti hidratos”, se basan en verduras y pollo/pescado al vapor. Eliminando la fibra, los minerales y las vitaminas de las legumbres o las frutas.
  • Dietas cetogénicas, al igual que la anterior, se eliminan los hidratos de carbono y nuestra alimentación se basa en cantidades desmesuradas de proteínas y grasas. El cuerpo entra en un proceso metabólico llamado cetosis, es decir, el organismo obtiene energía a través de las grasas. Este tipo de dieta produce entre otras cosas desregulaciones hormonales y problemas renales y hepáticos.

Sabemos el peso que tiene a la hora de desarrollar un problema de la conducta alimentaria, el hecho de llevar a cabo estas prácticas tan rígidas e insostenibles. Por lo tanto, podríamos cambiar el foco en nuestros propósitos de septiembre.

Llevar una alimentación más consciente, sin la prohibición de grupos o de alimentos, para nutrirnos adecuadamente, practicar un deporte que nos guste, para sentirnos más activas y dormir mejor, apuntarnos a esa actividad que nos llamaba la atención, disfrutar de planes más tranquilos como la lectura o el cine, retomar ese idioma que dejamos a medias, seguir mirando ofertas laborales para mejorar nuestras condiciones.

En definitiva, propósitos realistas y alcanzables a corto plazo, que nos aporten emociones agradables y enfocados en otros aspectos que no sea solamente nuestra imagen corporal, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a llevar una vida más saludable.

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¿Por qué estoy tan a disgusto con mi cuerpo?

Antes de nada, vamos a aclarar algunos conceptos que todas tenemos en mente y que podemos utilizar asiduamente pero que quizás se entremezclen entre sí.

Para empezar, la imagen corporal es la representación del cuerpo que cada una de nosotras construimos en nuestra mente. La imagen corporal cuenta con una serie de componentes tanto perceptuales, que hacen referencia a la precisión para percibir aspectos como el peso, el tamaño o la forma; cognitivos, actitudes, pensamientos y valoraciones de partes del cuerpo y, además, conductuales, es decir aquellos comportamientos que se derivan de los otros dos componentes anteriores. Podemos exhibir nuestro cuerpo, evitar situaciones o contextos donde sea más visible, como por ejemplo playas o piscinas, comprobaciones recurrentes de nuestra imagen en un espejo, pesarnos varias veces al día…

Y aquí es donde entra en juego la insatisfacción corporal, que sería la discrepancia entre esa imagen corporal que percibimos nosotras mismas y la imagen corporal que consideramos ideal. Este constructo surge en la pubertad (cambios físicos que hacen que se llegue a la etapa de maduración sexual) y la adolescencia (cambios psicosociales que tienen como objetivo llegar al pensamiento adulto).

¿De dónde vienen todas estas discrepancias entre lo que tenemos y lo que nos gustaría tener?

Esto se debe a muchos factores, pero uno de ellos es claramente el canon de belleza que nos han transmitido los medios de comunicación y que no es más que un estereotipo que nos empuja hacia la idealización de una belleza que parece ficticia en la gran mayoría de las veces, y no representa una vida saludable en la gran mayoría de sus casos.

Muchas de nosotras hemos vivido la década de los 90 y los 2000, en la que colgábamos poster y forrábamos nuestras carpetas (y si no nosotras, nuestras hermanas mayores) con fotos de Paris Hilton, Lindsay Lohan, Avril Lavigne o Mia Colucci entre otras. Chicas estilizadas, esbeltas y algunas de ellas excesivamente delgadas que podían utilizar los vaqueros de tiro bajo y la camiseta de tirantes de lycra sin miedo a que les saliera un ápice de grasa. Por no hablar de lo que en esos años se consideraba la gorda de la serie/película, pista: una persona como la inmensa mayoría de nosotras que, por supuesto sólo puede ocupar el papel de amiga graciosa o con problemas, de la chica espectacular que tiene el papel protagonista.

Actualmente los cánones de belleza han cambiado y si en los 90 y principios de los 2000 ya era complicado por no decir casi imposible, conseguir esos cuerpos de una forma natural y saludable, ahora llegan las Kardashian y con ellas los cuerpos plurioperados.

Se pretende tener un culo y unos pechos enormes pero una cintura estrecha y unas piernas y brazos totalmente tonificados, además de los labios inflados y los pómulos y la nariz retocados. Cuerpos operados que cada día vemos en redes sociales (por no mencionar los filtros que te transforman la cara por completo) relacionados directamente con vidas idílicas y un estatus socioeconómico alto, lo que hace que queramos acercarnos más aún a esos cánones.

El origen de la insatisfacción corporal no se debe solamente al bombardeo de los medios de comunicación, sino que se va forjando en nuestros círculos sociales y familiares desde que somos pequeñas. Cuando nuestra abuela nos compara con la prima del pueblo, cuando criticamos a la gorda de la clase, cuando no entramos en una talla 38… Todas estas experiencias nos envían el mensaje de que nuestros cuerpos tienen algo malo y que hay que cambiarlos cueste lo que cueste.

Y es aquí donde se pueden empezar a poner en marcha métodos para el control de peso perjudiciales que poco o nada ayudan a conseguir ese ideal corporal que tanto deseamos.

Así que amigas, si sentimos que no encajamos, que evitamos situaciones sociales, que escondemos nuestro cuerpo bajo ropas anchas, sentimos rechazo o asco hacia nuestro propio cuerpo, es momento de pedir ayuda.

Desde quiero psicología podemos ayudaros.

obsesion-comer-sano

Obsesión por comer sano

El Realfooding como ejemplo de Ortorexia

Antes de meternos de lleno con el tema, tenemos que definir qué es esto de lo que vamos a hablar, aunque seguro que muchxs ya lo conocéis. El realfooding es un movimiento que nace en el año 2013 de la mano del nutricionista Carlos Ríos y promueve una alimentación basada en alimentos reales, mínimamente procesados, evitando o reduciendo lo máximo posible los ultraprocesados, ya que no son beneficiosos para nuestra salud. 

Por otro lado la ortorexia es la obsesión desmedida por comer sano.

El realfooding clasifica los alimentos en tres grupos.

  • Grupo 1.VERDE: La comida real, alimentos no procesados, frutas, hortalizas, legumbres, carnes, pescados. Estos son los alimentos que llevan un solo ingrediente en la etiqueta o directamente no llevan etiqueta y debemos basar nuestra alimentación en ellos.
  • Grupo 2. AMARILLO: Los buenos procesados, alimentos procesados de forma industrial o artesanal en los que no intervienen más de 5 ingredientes. Según Carlos ríos, el buen procesado suele estar envasado y lleva etiqueta nutricional donde se lee más de un ingrediente, pero no se encuentran cantidades significativas (menor o igual al 5-10% del total) de azúcar añadido, harina refinada o aceite vegetal refinado. Además, dice que deben ocupar un papel complementario, sin que desplacen la comida real.
  • Grupo 3. ROJO: Los ultraprocesados, son el opuesto a la Comida Real, son alimentos que están muy procesados (más de 5 ingredientes en la etiqueta entre ellos azúcares añadidos, harinas y aceites vegetales refinados, aditivos y sal). Según el promotor de este movimiento, el consumo debe ser ocasional alguna vez al mes. Se recomienda no comprarlos ni tenerlos en lugares habituales como en casa o en el trabajo. Los ultraprocesados pueden formar parte de un consumo ocasional voluntario y sin remordimientos, relacionado con eventos sociales y culturales (10%), pero manteniendo una frecuencia baja sin desplazar una alimentación basada en comida real (90%).

Visto así parece que tiene bastante sentido, basar nuestra alimentación en comida real y evitar el consumo de ultraprocesados. El problema es que es muy difícil mantener este tipo de dieta si vamos a comer fuera o si no tenemos mucho tiempo para cocinar, además nos dice cuanto podemos salirnos de ahí, según él no debemos superar ese 10%.

¿Qué pasa entonces si me salgo de esos porcentajes?

Es normal que dudéis de la respuesta cuando hasta lo clasifica por colores.

Visto así empieza a tener ciertos paralelismos con las típicas dietas para perder peso, podemos sustituir el conteo de calorías por conteo de ingredientes. Pasa de ser un estilo de vida saludable a ser una dieta restrictiva. Y es que cualquier alimentación que vaya seguida de unas reglas estrictas, que no puedan o deban saltarse, deja de ser sana, porque entonces nuestra vida depende “hacerlo bien”.

¿Qué pasa si nos obsesionamos con estas restricciones y tratamos de seguirlas a rajatabla?

A muchos adeptos puede causarles culpa, enfado o incluso pereza y quizás un día dejen de seguir a este hombre y a todas las cuentas del estilo por redes sociales. Sin embargo, para otras personas, con un contexto y unas variables diferentes, puede ser un precipitante para desarrollar un problema con la alimentación.   

Aunque mencionamos el realfooding, en realidad uno puede obsesionarse con cualquier dieta que tenga unas reglas muy estrictas, otro ejemplo sería la dieta keto o la dieta paleo.

Puede que empecemos a demonizar ciertos alimentos porque no llevan el apellido “integral” y/o puede que dejemos de disfrutar de muchas situaciones en las que no podamos controlar exactamente que estamos comiendo y por tanto vayamos poco a poco evitándolas, hasta aislarnos socialmente.

En definitiva, está bien tener una alimentación saludable, priorizando alimentos reales, pero sin sentirnos culpables porque un día quedemos con nuestra amiga y nos comamos una pizza o nos apetezca comernos un helado mientras vemos la película de antena 3 del domingo por la tarde (si es que alguien ve la tele todavía).

Si te notas que te estas obsesionando últimamente ya sea con los ultraprocesados, con las calorías, con la grasa, con los hidratos o con cualquier otro tipo de alimentación quizá fuera una buena idea empezar por ti, por tu autoestima y tus niveles de estrés. Cuenta con nosotras si quieres empezar a tener no sólo un cuerpo sano sino una mente también.

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¿Qué es la cultura de la violación?

Puede que muchxs de nosotrxs pensemos que en nuestro país ya se ha conseguido la igualdad total entre hombres y mujeres o que estemos muy cerca de conseguirla, de hecho, España es el sexto país con mayores índices de igualdad entre hombres y mujeres de la unión europea. Sin embargo, cada año crecen de forma significativa las denuncias por delitos contra la libertad sexual.

Actualmente se denuncian seis violaciones al día, es decir, una cada cuatro horas. Pero ¿cómo es posible que estemos avanzando tanto en igualdad y que al mismo tiempo haya cada vez mas denuncias por delitos sexuales?

Por una parte, hay que tener en cuenta que cada vez denunciamos más, puesto que estamos mucho más concienciadas al respecto, no obstante, no denunciamos porque sí, si hay denuncias es porque hay violencia.

Por otra parte, ha habido una incidencia en este tipo de delitos porque según afirman lxs expertxs, algunos han visto peligrar sus privilegios y continuar ejerciendo este tipo de violencia es una forma de seguir posicionando a las mujeres en una situación de subordinación.

Además, partidos políticos con gran representación parlamentaria han negado en reiteradas ocasiones la violencia de género.  Hace menos de un año se intentó tumbar la ley “sólo sí es sí” por considerarla “innecesaria”, “una caza de brujas” y por asegurar que criminaliza a los hombres, además de ridiculizar que se ponga en el centro el consentimiento.

Este tipo de discursos tan habituales, sostienen la cultura de la violación.

¿Qué es entonces la cultura de la violación?

La cultura de la violación es un término utilizado para referirse a sociedades que normalizan la violencia sexual, al ignorarla, minimizarla o fomentarla con actitudes misóginas. Básicamente consiste en normalizar cualquier tipo de violencia sexual al considerarlo algo cotidiano, negar la gravedad o el daño, culpar a la víctima o partir de una concepción estereotipada de lo que es una agresión sexual o de cómo es un violador. Es decir, solo se consideran violaciones las que se llevan a cabo bajo coacciones y agresividad y los violadores son enfermos mentales y/o psicópatas.

Lo que no encaja dentro de eso no se considera una violación y muchos abusadores tampoco se perciben como tal porque son personas adaptadas y con un buen circulo social que los respalda, además lejos de considerarse abusadores, son calificados por gran parte de la sociedad como “machotes”.

Sin ir más lejos, hace unos días, uno de los streamers más seguidos de España, llamó “trucazo” al hecho de ir a las discotecas sin consumir ningún tipo de sustancia y “llevarse a pibas que sí estaban colocadas”, además al colega protagonista de tal hazaña lo denominó “crack, fuera de serie y un puto pro».

Mientras que al hombre se le alaba por cometerun acto cuanto menos cuestionable, las mujeres tienen que escuchar este tipo de frases:

Normal que te digan cosas, mira cómo vas vestida.

Es que bebes mucho, no tienes cuidado.

No dijiste que no.

Dices que no, pero en el fondo quieres tema.

¿Cómo quieres que te respeten si no te respetas a ti misma?

¿Dónde ibas tus sola a esas horas por la calle?

Si no querías follar, ¿para qué fuiste a su casa?

¿Quién te va a violar a ti con lo fea/gorda que eres?

Voy a invitarla a una copa, a ver si ‘cae’.

A ‘esta’ la emborracho y me la ligo.

Normal, si es que vas provocando.

En definitiva, aun queda mucho por hacer, empezando por no repetir este tipo de discursos ya que hacen apología de la violación. Y si tú dices o has dicho este tipo de frases te invitamos desde aquí a que te lo pienses.

Si te has sentido identificadx con este post por haberte sentido cuestionada, en Quiero psicología podemos ayudarte.

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.