operación bikini

La maldita “operación bikini”

Ya está aquí junio.

Damos la bienvenida al verano y al inicio de las preocupaciones por tener que exhibir el cuerpo en la piscina, playa o donde sea que tengamos la oportunidad de refrescarnos.

Este año, además, llega en circunstancias especiales.

Tras una época de confinamientos y limitaciones varias en la que muchos y muchas hemos manejado la ansiedad y la falta de actividad mediante la comida.

Esto se ha traducido en un “posible”  aumento de peso.

Varios estudios estiman que en este periodo cada uno de nosotros hemos engordado una media de tres kilos.

“Para anticuerpo, el que vamos a tener este verano”

Esta frase se ha repetido en numerosas ocasiones desde que se inició la pandemia y, aunque que pretende ser una frase con humor, encierra un mensaje de base que se ha instalado en nuestra sociedad: tenemos que estar perfectos y perfectas para el verano.

La “operación bikini” no debería ser una dieta restrictiva y temporal, sino un cambio de hábitos que persiguen un objetivo de vida saludable.

Todos los días del año.

Todo el tiempo.

La sociedad nos demanda “la imagen perfecta”.

A todos.

Es innegable que las mujeres sufren una presión social mayor.

No se ha oído hablar de “la operación bañador”.

Niños y niñas, hombres y mujeres hemos sido educados de forma diferente.

Ya hemos hablado sobre esto en algunos posts anteriores (https://www.quieropsicologia.com/ninos-ninas-y-normas/ por ejemplo) y todos nos sentimos presionados por adaptarnos a lo que se considera ser “una mujer deseable o un hombre deseable”.

A los hombres se les ha orientado hacia el éxito propio y las mujeres han recibido una educación orientada a la aceptación de los otros.

Ser una mujer valorada supone, además de otros mucho atributos, estar sometida a unos cánones de belleza y buscar encajar en ellos.

Por lo que atañe a este post: la delgadez.

Cada verano las nuevas colecciones de trajes de baño las lucen mujeres con cuerpos que representan el ideal de belleza del momento.

Constantemente nos bombardean con publicidad sobre pastillas para acelerar la perdida de peso, dietas milagro y un sinfín de mensajes que buscan la esclavitud hacia el propio cuerpo, eliminando y corrigiendo partes de él para encajar en lo aceptado socialmente.

Bikini o bañador ¿elección o imposición?

Desde finales del siglo XIX se empezaron a usar los trajes de baños de dos piezas, que inicialmente llegaban a la altura de los tobillos y poco a poco fueron enseñando más partes del cuerpo.

Fue en 1946 cuando Michele Bernardini lució el primer bikini.

A lo largo de estos años, las formas de los trajes de baño han ido variando y se puede elegir entre diferentes partes de arriba y de abajo o recurrir a la pieza entera que es el bañador.

En los últimos tiempos desde el mundo del diseño y de la moda, desde algunos espacios al menos, intentan buscar la aceptación de todo tipos de cuerpos y las modelos que los lucen tienen diferentes tallas, abarcando la diversidas que existe en la sociedad.

Aun así, no dejan de existir las etiquetas “ curvy” o “ talla grande” para señalar a quien no encaja en el modelo de cuerpo “ideal”.

En los últimos años los bañadores se han convertido en pieza clave en la moda de verano y muchas mujeres han optado por usarlo cada vez más.

Puede que te guste en sí el bañador o te sientas más cómoda.

Sucede también que es algo que sintamos que podemos elegir: preferimos tapar el cuerpo por anticipar el rechazo social.

Si has optado este verano por usar bañador, es importante que te plantees si es una decisión libre o te estás autocensurando.

¿Cómo afectan los ideales de belleza a la autoestima?

Un tercio de nuestra autoestima está relacionada con la valoración positiva o negativa de la autoimagen.

Si tendemos a valorar negativamente nuestra imagen, nos resultará difícil prestar atención a otras áreas que también conforman nuestra autoestima.

Visibilizando todo tipos de cuerpo luchamos para romper con el ideal de belleza establecido en la sociedad actual.

Cuanto más diversidad, menos exigente y utópico será el ideal que queremos alcanzar.

Esto ayudará a que nuestra autoestima mejore: nuestra autovaloración no estará tan lejos del ideal de belleza si ese ideal contempla todo tipo de opciones.

Llegados a este punto se podría ver la “operación bikini” como la suma de varios elementos:

  • Mayoritariamente, ser mujer (los hombres no usan bikini).

+

  • Orientado a los otros (qué van a pensar, qué me van a decir, no pueden verme así).

+

  • La belleza como clave para la aceptación social (la belleza acorde con el cánon imperante, para mujeres y para hombres).

+

  • Autoimagen como factor clave en la autoestima (directamente afectada por el cánon de belleza).

Crea tu propia operación bikini: este es mi cuerpo

Una vez visto todo el peso que nos ponen encima y que nos llevamos de vacaciones año sí y año también, te proponemos algunas ideas para que vayas soltándolo poco a poco.

O de golpe, como prefieras:

Toma conciencia de tu lenguaje interior

  • Es posible que tengas un discurso negativo sobre ti mismo o misma que te repitas cada día y no te hayas dado cuenta de su presencia.
  • Cuando comiences a sentirte mal con tu imagen, observa qué mensajes te estás diciendo.
  • Comienza a cambiarlos y a hablarte de forma más positiva, reconociendo tus puntos fuertes que seguro que los tienes.

Enriquece tu autoconcepto

  • No solo eres un cuerpo.
  • Tu autoconcepto está formado por tu aspecto físico, pero también por otras áreas como el modo en que te relacionas con los demás; tu personalidad; cómo te perciben los demás; tu rendimiento en los estudios y/ o trabajo; la forma en que funcionas en el día a día; tus capacidades mentales, tu inteligencia; tu sexualidad, etc. Analiza cómo se encuentran esas áreas en tu vida actual y enfócate en enriquecerlas.

Tu cuerpo no limita tu vida

Es posible que sientas miedo de exponerte a estar en traje de baño por temor a qué podrían pensar los demás.

En estas ocasiones puedes estar tentada o tentado a no ir a determinados eventos o a privarte de algo que te gustaría hacer.

Otras veces es posible que decidas acudir, pero los mensajes negativos que esperas recibir o los que ya te estás enviando tú, te impiden disfrutar de la situación, lo que aumentará la posibilidad de que en un futuro no vayas de nuevo.

Intenta focalizarte en lo positivo del momento, lo bien que lo pasas, lo bonito del lugar, lo agradable de la compañía, etc. y luego registrar en un cuaderno.

Coge el bikini

Vete a la playa, piscina, río, donde sea que te apetezca ir.

Ponte crema solar por todas partes.

Disfruta.

Si te sientes identificada o identificado con lo hablado en este post y te está generando un malestar que no sabes cómo manejar, en Quiero Psicología podemos ayudarte a ello.

Que este verano no sea uno malo.

Las relaciones en la era digital

Vivimos en la época del “aquí y ahora”.

De la inmediatez, del consumismo y las relaciones digitales.

Es un tema del que ya hemos hablado en otros términos en nuestro post “El amor en el siglo XXI”.

Tenemos acceso a cientos de aplicaciones para conocer gente, publicar información o compartir cómo nos encontramos.

Con un simple movimiento de manos podemos hacer match con diferentes personas, conseguir plan para el fin de semana, y quién sabe, incluso encontrar pareja.

Sin embargo, esta sobreestimulación puede llevarnos a descuidar nuestras relaciones, afectando a la forma en que nos comunicamos.

El hecho de contar con tanta oferta convierte las relaciones en una especie de mercado.

Accedemos a un amplio escaparate de personas donde elegir.

Las nuevas tecnologías han eliminado barreras físicas entre nosotros, pero, ¿realmente están favoreciendo la comunicación? ¿acaso no están fomentando una sociedad cada vez más individualista?

Si alguien nos gusta, solo tenemos que deslizar a la derecha, si no nos llama la atención, deslizar a la izquierda.

Con un sólo movimiento podemos encontrar a numerosas personas a través de estas aplicaciones.

Es más, si no queremos saber nada más de alguien, es suficiente con borrar su contacto o bloquear su perfil en nuestras redes.

Lamentablemente, estas prácticas son cada vez más frecuentes y están claramente identificadas:

Ghosting

Llamamos ghosting (derivado de ghost del inglés, fantasma) a la práctica de eliminar toda comunicación sin aviso previo, llegando incluso a borrar el teléfono de contacto, dejando de seguir a esa persona por redes sociales, bloqueándola, etc.

La persona en cuestión, quien te hace ghosting, desaparece de tu vida sin justificación aparente.

Quienes utilizan esta táctica se caracterizan por no comunicar sus intenciones y sentimientos de una forma clara y concisa. Prefieren evitar decir cómo se sienten, bien por falta de estrategias de manejo emocional o por falta de habilidades sociales.

Deciden cortar directamente y que sea la otra persona quien asuma que la relación ha finalizado.

Si eres tú quien está sufriendo esta práctica, ante esta situación inesperada y la falta de información, es normal que te surjan preguntas:

¿Habré hecho algo que le haya molestado?

¿Será mi culpa?

¿Le habrá pasado algo?

Orbiting

El orbiting (del ingles to orbit, orbitar) se diferencia del ghosting en que la persona que deja la relación mantiene el contacto de forma virtual a través de las redes sociales.

La comunicación se interrumpe bruscamente y sin motivo aparente, igual que en el ghosting, no responde a los mensajes, etc. pero a la vez, y paradójicamente, comenta tus stories o da “like” a tus publicaciones.

De ahí su nombre, es como si estuviesen orbitando alrededor tuyo de una forma ambigua e incoherente.

En lugar de desaparecer y poder asumir que esa persona ya no va a estar más en tu vida, esta práctica te genera más incertidumbre y hace mucho más difícil el proceso de duelo.

Es normal que quienes hayan sufrido estas conductas tiendan a justificar la actuación de la otra persona con excusas de todo tipo.

Resulta muy complicado comprender un comportamiento tan contradictorio, mejor me busco una explicación que me pueda creer.

¿Qué puedo hacer si me han hecho ghosting u orbiting?

En primer lugar, debes tener claro que no es tu culpa. Si te han hecho ghosting no es porque hayas hecho algo mal.

No es fácil tolerar la incertidumbre.

Tendemos a buscar cualquier explicación que encaje en lo sucedido, aunque no sea válida ni real.

Lo que intentamos es reducir nuestra ansiedad.

Así, ante la total falta de información, tendemos a buscar un comportamiento causal, buscar el culpable de que la relación haya finalizado.

¿Por qué habrá desaparecido?

¿Le habrá pasado algo?

¿Le molestó algo que hice?

A veces la falta de respuesta ya es una respuesta en sí.

Lamentablemente no es la más adecuada.

Este comportamiento solo nos indica que el otro o la otra no tiene la suficiente madurez emocional como para hacer frente a una relación ni para asumir responsabilidades afectivas.

La responsabilidad está en quien corta la relación sin previo aviso, nunca en la persona que lo sufre.

Ante el orbiting, es normal que aparezcan pensamientos del tipo “pero si no estuviese interesada no me hablaría por redes”.

Es cierto, la otra persona parece tener interés, pero no al mismo nivel.

Parece que él o ella no es capaz de mantener una relación comprometida y mantenida en el tiempo.

No es porque no tú seas lo suficientemente valioso o valiosa.

Es el otro quien carece de las herramientas necesarias para mantener una relación estable.

Tampoco es capaz de gestionar las rupturas.

Probablemente se sienta terriblemente incómoda o incómodo al hablar de sus emociones o sentimientos.

Es muy probable que actúe así como norma, no es nada personal para contigo.

Estos individuos que experimentan dificultades para mantener lazos afectivos, muestran una tendencia evitativa.

Evitan situaciones comprometidas o delicadas.

Se trata de un mecanismo de defensa ante los vínculos sociales.

No tienen, por el motivo que sea, las habilidades necesarias para hacer frente a estos momentos.

Una “herramienta” muy recomendable es asumir que quien te hace ghosting, orbiting o cualquier otro palabro similar, lo hace en base a un patrón de comportamiento suyo.

Tú no eres responsable de que corte sin previo aviso el contacto.

No tienes la culpa de que actúe de una forma ambigua, como dando rodeos.

Tampoco has hecho nada para merecer que te traten así.

Puede ser complicado darse cuenta de lo que está sucediendo.

Suele llevarnos un tiempo aceptar que es eso lo que está pasando y, una vez aceptado, nos toca trabajar la pérdida y la tristeza que llegan de la mano.

Querer solo cuando a la otra persona le conviene no es bueno para ti, genera más incertidumbre y ansiedad.

Es importante ser conscientes, en la medida de cada uno, de nuestros sentimientos, acciones y de la forma en que afectan o repercuten en los demás.

Responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva consiste en tomar conciencia de nuestro comportamiento y empatizar con las consecuencias que éste puede tener en la persona o personas con las que mantenemos algún tipo de relación.

No importa que esta relación sea esporádica, que no tenga etiquetas o que acabe de empezar.

Cualquier vínculo afectivo genera una serie de emociones en todas las partes implicadas, somos seres sociales por naturaleza.

Realmente, no es tan complicado ser una persona afectivamente responsable:

Atiende a tus emociones.

Sentir nos hace humanos, no es peligroso.

Tu identidad no va a cambiar por estar en una relación ni tienen por qué hacerte daño.

Permitirte experimentar y expresar tus emociones te facilitará enormemente crear y mantener relaciones duraderas.

Pregúntate qué tipo de relación quieres establecer.

Hasta que no tengas claro lo que quieres, no podrás expresarlo adecuadamente.

Si no lo tienes claro, exponlo con honestidad, date tiempo y permite que la otra parte sepa lo que puede esperar.

Pide y pregunta, es tu derecho.

Sé empático.

Piensa en cómo puede sentirse la otra persona ante tu falta de respuesta.

Cuando no tenemos capacidad de predecir lo que va a pasar o estamos pendientes de una respuesta que nunca llega, es normal experimentar ansiedad.

Si tú no quieres sentirla, intenta no provocarla en los demás.

Sé asertivo.

Una ruptura puede ser dolorosa, pero puedes ayudar a que sea lo menos dolorosa posible.

Es importante comunicar cómo te sientes desde el yo: “siento que siempre soy yo quien propone planes”, “me gustaría que no nos viéramos más”, “esto no es lo que quiero“, etc.

Claramente, parece mucho más sencillo señalar a los demás: “eres muy pesado, me estás agobiando” o “eres un egoísta”.

Obviamente, esto no son soluciones para un problema afectivo más profundo, pero sí que son ideas que te pueden ayudar a identificar el lugar en el que te encuentras.

Si sientes que alguna de estas ideas te suena conocida, crees que te cuesta establecer vínculos afectivos o asumir el fin de una relación, en Quiero Psicología estaremos encantadas de escucharte y ayudarte a encontrar soluciones.

salir del armario

¿Por qué no salgo del armario?

En una sociedad donde impera “la presunción de heterosexualidad”, o lo que es lo mismo, esperar que si eres chico te van a gustar las chicas y si eres chica te van a gustar los chicos, puede generarte un conflicto el asumir que a ti te puede atraer alguien de tu mismo género.

Muchas personas viven en el armario durante tiempo indefinido, preocupadas por el qué dirán.

Viviendo una mentira, de cara a la galería, encajando en lo que se espera de ellos.

La vida dentro del armario es una tortura.

¿Cómo descubrirme a mi mismo/a?

Redescubrirte es aproximarse a ti mismo, a ti misma.

Es estar más cerca de conectar con tus necesidades reales.

Metafóricamente imagina que eres una cebolla.

Cada vez que te redescubres, te quitas una capa y otra capa, hasta llegar a lo que te mueve y te impulsa de verdad.

Estas capas son tan opacas y tan pesadas que solapan tus deseos.

Las capas son tan impuestas, que no te permiten someterlas a juicio y desarrollar un pensamiento crítico.

Las capas vienen de aquellos que más te quieren por lo que las asumes como parte de ti.

Pueden ser comentarios de tu familia como: “María, ¿ya tienes novio?”, “con lo guapo que eres, seguro que tienes a todas las chicas detrás”, “¿cómo que lo has dejado con Carlos, Irene? Hacíais una pareja estupenda”.

También pueden ser mitos familiares y culturales: “el ideal de vida de una mujer es casarse con un hombre y tener hijos”, “un hombre tiene que ser protector y encargarse económicamente de su familia”.

Precisamente porque son impuestas, no tienes la obligación de identificarte con ellas ni de cumplirlas punto por punto.

¿Cómo averiguar qué necesitas?

Detectar, cuestionar y romper con todo esto que llevas asumiendo consciente o inconscientemente durante toda tu vida no es tarea fácil.

La primera batalla consiste en aceptar lo que está pasando.

¿Sueles cuestionarte lo que piensas, lo que sientes o lo que haces?

¿Te planteas si realmente te gusta o lo que sucede es que estás confundido/a?

¿Sientes que una amiga te atrae, pero no te lo reconoces y dudas de ti?

¿Cuando piensas que te puedes gustar alguien de tu mismo género, te avergüenzas?

El primer paso es aceptar lo que estás sintiendo y lo que está pasando.

Para poder hacerlo, es muy importante que detectes cuáles son tus capas y qué es lo que está detrás de eso realmente, teniendo en cuenta que tienes derecho a sentir lo que sientes.

Sea lo que sea.

Una vez que has aceptado como parte de ti esos sentimientos y te identificas con ellos, viene la segunda batalla:

Reafirmarte en lo que eres de cara a los demás.

¿Siendo mujer, te gustaría contarle a tu familia que tienes una relación con una chica?

¿Siendo hombre, te da miedo que tus amigos te rechacen porque ahora estés con un chico?

¿Qué puedes hacer?

1. Tienes derecho a sentir lo que sientes y a ser cómo eres.

Tú eres el único, la única que puede ocuparse de ti, de escuchar y atender tus necesidades, y tienes derecho a hacerlo.

Eres la única persona responsable de tu vida, y es contigo con quien vas a pasar el resto del tiempo.

Es contigo con quien tienes que sentirte cómodo o cómoda.

Como decía Mecano: “lo que opinen los demás está de más”.

2. Es importante que sepas que la respuesta de los demás está fuera de tu control.

A veces esa respuesta puede no ser la más apropiada porque los demás tienen prejuicios, inseguridades e ideas irracionales.

Aunque esa respuesta te pueda hacer daño, tienes que tener claro que forma parte de los demás, no es algo que tú puedas cambiar. 

3. Si alguien decide no acompañarte durante este proceso de tu vida o te rechaza, quizá no sea una persona que merezca la pena tener al lado.

Cuando tomamos decisiones drásticas sobre la forma en que vivimos o sobre lo que hacemos, esto puede suponer un gran descubrimiento.

Un descubrimiento para ti mismo/a cuando haces las cosas que realmente quieres hacer, las que te representan y con las que te identificas.

También un descubrimiento en relación con tu entorno: habrá gente que se alegre por ti y contigo.

Habrá otros que no entiendan lo que está sucediendo pero lo acepten.

Otros ni lo entenderán ni lo aceptarán.

Cualquiera de las opciones es válida para quien elige tomarla.

Es aquello de “quien me quiere, que me siga”.

Lo importante es que tu proceso es tuyo y de nadie más.

No puedes vivir tu vida dependiendo de lo que los demás opinen, de lo cómodos que se sientan.

Tu vida es tuya y sólo tienes una.

De lo que se trata es de estar cómodo con quién eres y con lo que haces.

Desde Quiero Psicología entendemos que el proceso de aceptación puede dejar heridos por el camino, ya sea a nosotros mismos o a los de nuestro alrededor.

Si sientes que estás lidiando alguna batalla y necesitas una mano extra, ponte en contacto con nosotras, estaremos encantadas de acompañarte durante este proceso.

hijos y sexualidad

Hablar de sexualidad con nuestros hijos e hijas

Cuando nos planteamos la idea de tener que hablar con nuestros hijos sobre sexualidad nos asaltan miles de dudas y miedos.

¿Será el momento adecuado? ¿cómo debo hablarle? ¿qué debo decirle? ¿cuánta cantidad de información?

En otro post hace unos meses te hablamos de Niños, niñas y pornografía. Te mostrábamos algunas pautas directamente relacionadas con la pornografía y la forma de educar a nuestros hijos e hijas en la sexualidad.

Queremos ahondar en este tema. Que nuestros niños y niñas sean adultos sanos. Conseguir que la sexualidad, el sexo y todo lo concerniente al tema sea abordado desde la honestidad y la cercanía. Hacer que nuestros hijos e hijas se sientan cómodos y seguros a lo largo de las distintas etapas de su desarrollo.

La información debe ser adecuada a la edad del niño.

Hay varios requisitos fundamentales a la hora de abordar “la charla”. Uno de ellos es tener siempre en cuenta en qué etapa de desarrollo se encuentra nuestro hijo o hija.

La manera en la que le damos la información a un niño de 6 años, no es igual a la forma en la que se la damos a un adolescente.

Procesan la información de manera distinta en función de sus experiencias, de sus conocimientos previos, de la edad madurativa y cronológica.

Si sobresaturamos y ofrecemos información para la que no están preparados, podemos hacerles más lío que aclarar conceptos.

Debemos hablarles de una forma clara, concisa y veraz.

No debemos hablarles con dudas, dando demasiadas vueltas, utilizando metáforas infantiloides (la abejita pone una semillita) balbuceando, etc. Estas actitudes pueden mostrar a nuestros hijos e hijas que nos da vergüenza hablar “de estos temas” que es justo lo que queremos evitar.

¿Cuándo debo hablar con ellos y ellas?

Hay diferencia entre hablar de manera puntual sobre un tema de educación sexual y ofrecer una educación sexual. Son dos conceptos muy diferentes.

Al hablar con nuestros hijos e hijas, estamos transmitiendo una información concreta. Información que o bien han pedido ellos o nosotros como adultos hemos decidido ofrecer por considerarlo necesario, adecuado para su correcto desarrollo, etc.

La educación se da en el día a día, en la cotidianeidad.

El mejor ejemplo que podemos dar es en nuestro día a día.

La forma en que vivimos y expresamos nuestra propia sexualidad en la intimidad de nuestro hogar es fundamental.

Normalizar las muestras de afecto, cariño y respeto hacia nuestras parejas, hablar sobre la menstruación sin hacerlo parecer algo “sucio”, etc.

No ocultarnos, no avergonzarnos, les enseñará a ellos y ellas a no hacerlo.

¿Qué temas tratar?

Según nuestros hijos e hijas van cumpliendo años, su capacidad cognitiva, su nivel de comprensión, su curiosidad y su interés aumentan.

Como ya hemos comentado, los temas que vayamos abordando tienen que estar muy ligados a la edad de nuestros hijos.

A partir de los 2 años.

Un dato importante a tener en cuenta es que los niños comienzan a percibir diferencias entre los sexos a partir de los 2 años.

Empiezan a sentir curiosidad por las distintas características entre niños y niñas y comienzan las autoexploraciones.

Son conductas normales y sanas que todos los niños tienen. No es preocupante ni alarmante y es una señal de que podemos ir comenzando a ofrecerles una educación sexual sana y adecuada.

Es el momento para indicarles los nombres reales de sus genitales. Para ir explicándoles las diferencias físicas entre niños y niñas, por ejemplo.

Debemos permitir la autoexploración. Se les puede indicar que es algo que es mejor hacer en casa que en el parque. Es importante remarcar que no es porque sea vergonzoso o algo que esconder. Podemos decirles que así no se llenarán de arena o cualquier otra idea que no les indique que lo que hace ha de ser escondido.

Al comenzar a sentir curiosidad, además de la autoexploración, intentan investigar en otras personas.

Cuando comienzan a intentar hacer esto, es la oportunidad perfecta para transmitirles que nadie tiene derecho a tocar a otra persona sin su consentimiento. Ni ellos pueden tocar, ni tampoco deben permitir que otros les toquen, ni siquiera un familiar o un amigo.

4 – 5 años.

Entorno a los 4 o 5 años, empiezan a hacer preguntas sobre de donde vienen los bebés. Puede suceder que, al ver a una embarazada, pregunten qué le pasa. Normalizar siempre es la clave.

Es precisamente en este momento, cuando se les puede ir explicando los procesos del embarazo, la gestación y el nacimiento. Sin dar más información de la necesaria, pero sí recordando hablarles con datos veraces y reales.

Cada persona lo hará a su manera. Es importante que uses tu lenguaje y tu manera particular de hablar. Utilizar palabras sencillas y habituales cuando te comunicas con tu hijo o hija. Siempre cumpliendo la premisa de no transmitir fantasías como hablarles de cigüeñas o similares.

Hay que contarles cómo es el proceso de la fecundación sin entrar en detalles más profundos. Si les damos más información o más profunda de la que están preparados para recibir, perderán la atención y el interés.

Para transmitir, primero debemos escuchar lo que están interesados en descubrir.

+/- 8 años.

Entorno a los 8 años, la curiosidad aumenta. Sus capacidades también lo hacen y es probable que hayan tenido acceso a más información a través de algún amigo o de hermanos mayores.

Es un momento complicado. Nuestros hijos e hijas empiezan a ser conscientes de que la sexualidad es un proceso íntimo y comienzan a asociar estos procesos con algo vergonzante.

Pueden llegar a ocultarnos lo que saben, lo que han descubierto. Este descubrimiento y de dónde llega es vital. En muchas ocasiones llega a través de la pornografía y esto puede hacer que en sus cabezas se instalen conceptos e ideas erróneas.

Aquí, es muy importante que seamos los adultos quienes tomemos la iniciativa. Dejarles claro que estamos disponibles para hablar con ellos y ellas de todo lo que les puedan preocupar.

10 – 12 años.

Alrededor de los 10 años, muchos de los niños y la mayoría de las niñas comienzan a experimentar cambios corporales. Este suceso que les puede generar dudas e inquietudes.

Es ahora cuando debemos hablarles sobre cuáles son los orígenes de estos cambios que están sintiendo.

Hay que informarles de los procesos de ambos sexos (menstruación, eyaculación, ovulación, etc).

De esta forma les estaremos ofreciendo consciencia de las diferencias sin marcarlas como algo negativo. La idea es justo la contraria, identificar que cada uno experimenta cosas diferentes y que todo está bien.

Adolescencia.

Con la llegada de la adolescencia, debemos abordar temas más complejos y amplios. Hablar de las relaciones sexuales en sí mismas, el placer asociado, las infecciones de transmisión sexual, las opciones de anticoncepción, las distintas formas de relaciones, etc.

Como siempre, teniendo en cuenta que la información que les transmitimos debe ser clara, concisa y veraz. Ofreciéndoles confianza y un espacio seguro y libre de crítica o juicio para que expresen sus dudas.

La sexualidad no es sólo un proceso biológico.

Hasta ahora hemos visto cómo hablarles sobre los procesos biológicos y físicos asociados a la sexualidad. Obviamente, todos sabemos que no es únicamente un proceso físico.

Es un hecho que lleva asociado expresión emocional, no únicamente amor, también deseo y pasión que pueden ser independientes del amor.

Todo lo que les contemos debe ir acompañado de esta parte más emocional y del respeto por el otro o los otros.

Es fundamental que tengan claro desde pequeños que se trata de procesos íntimos en el que se ven involucradas dos o más personas de manera voluntaria y consciente.

Sentar las bases del respeto mutuo es un básico. El respeto debe ser el hilo conductor de todas las interacciones sexuales que tengan a lo largo de su vida.

Todas las prácticas sexuales son lícitas, correctas y maravillosas siempre que las personas que involucradas se sientan respetadas y tomadas en cuenta.

Si logramos transmitir este concepto a nuestros hijos e hijas estaremos consiguiendo que puedan vivir y tener una sexualidad sana. Que, en un futuro, sepan hablar con sus hijos e hijas de una forma cercana como hemos hecho nosotros.

¿Crees que no sabes relacionarte con tus hijos o hijas de esta forma?. Si necesitas ayuda para dar el paso de hablar sobre sexualidad o cualquier otro tema que te resulte “delicado”, no lo dudes: contáctanos y estaremos encantadas de ayudarte.

San Valentín y los bulos sobre el amor.

14 de febrero, San Valentín.

Hemos sufrido o disfrutado de la publicidad relacionada con San Valentín, regalos exclusivos para parejas, planes románticos…

Esta saturación de mensajes esconde un fin consumista que muchas veces puede hacer que nos sintamos en la obligación de comprar o regalarle algo a nuestra pareja, o como puede ser en el caso de los y las solteros y solteras, sentirse vacíos o incompletos.

¿Cómo nos afecta este bombardeo?

Si tienes pareja, lo habitual es que aparezcan pensamientos del tipo:

¿Debería comprarle algo?

¿Si no recibo ningún regalo será que mi pareja no me quiere?

Le voy a regalar algo carísimo, que quede claro cuánto le quiero.

Menudo rata, no se ha podido gastar menos, es significa que le importo bien poco.

En el caso de las personas sin pareja, los pensamientos puede ser algo como:

¿Soy menos guay si no tengo con quién celebrar San Valentín?

¿Necesito tener una pareja para ser feliz?

Es San Valentín, estoy sola y me gusta ¿soy rara?.

Otro San Valentín sin pareja. Me siento mal por estar contento.

Todos estos pensamientos están muy relacionados con los llamados mitos del amor romántico.

¿Qué son los mitos del amor romántico?

Todos tenemos una imagen creada de lo que “debe” ser una relación de pareja. Muchas de las ideas que damos como buenas están construidas sobre unas bases injustas, desequilibradas y, sobre todo, falsas.

Son una serie de mandatos de género en torno al amor que, gracias a la perpetuación del imaginario a través de películas, libros y demás se han transmitido socialmente y nos han hecho creer que para que una relación funcione,  tiene que ser lo más pasional posible con subidones de pasión, dramas y otras “delicadezas” que no pueden estar más lejos de lo que una buena relación de pareja es.

Estos mitos se sustentan sobre unos puntos básicos “imprescindibles”:

La media naranja.

Siempre es agradable mostrar compatibilidad con tu pareja, compartir aficiones y puntos de vista. Sin embargo, este mito puede llevarnos a pensar que existe alguien predestinado a nosotros y que además nos completará.

Es importante recordar que ante todo, somos seres independientes y no necesitamos de nadie para que nos complete, podemos ser naranjas enteras. Además, las diferencias con tu pareja pueden ser realmente enriquecedoras y suponer nuevos aprendizajes.

El amor todo lo puede.

Cuando una relación no funciona, el amor no es suficiente.

Quererse no va a hacer que los problemas de pareja desaparezcan. Este mito puede dar pie al pensamiento “si me quiere, cambiará” provocando que en muchas ocasiones nos veamos en la obligación de tolerar situaciones desagradables esperando a que el amor entre la pareja por sí solo lo arregle.

Ante estas dificultades la mejor herramienta es la comunicación, si hay algo que te moleste de tu pareja te animamos a expresarlo asertivamente, indicando cómo te sientes y cómo te gustaría solucionarlo.

Si no duele no es amor.

Una relación requiere esfuerzo, tolerancia y flexibilidad.

Es normal y hasta sano y necesario que en ocasiones surjan pequeños conflictos o discusiones, somos humanos y a veces nos equivocamos. Sin embargo, una relación no implica sufrimiento.

De hecho, las discusiones constantes y el malestar pueden ser un indicador de que algo va mal, por lo que a veces, una ruptura puede acabar siendo una ganancia.

El amor es eterno.

Vivieron felices y comieron perdices.

¿Cuántas películas finalizan con este mensaje?, ¿y si el matrimonio acabó en divorcio?, ¿o si la pareja se cansó y decidió dejarlo?.

Como ya hemos visto, quererse no es suficiente para mantener una relación.

Una relación sana implica esfuerzo y aceptación.

Esfuerzo para mantener lo positivo en primera línea, aceptación de lo que no te gusta y tienes que aprender a manejar.

Es normal que a veces no termine de funcionar. Esto no debería suponer un fracaso, sino que quizás existen diferencias entre ambas personas demasiado profundas o falta de entendimiento que no se llega a solucionar.

El amor va modificándose con el paso del tiempo, lo que al principio puede ser un amor muy pasional, puede dar pie a un amor más íntimo y comprometido o un amor de compañerismo.

Siente celos porque me quiere.

Los celos son una emoción que aparece cuando percibimos que podemos perder aquello que tenemos o amamos. Esto no habla de amor. Una persona celosa puede esconder inseguridad, ansiedad y un sentimiento de posesión exagerado y malsano.

Tener celos no nos da derecho a prohibir o limitar comportamientos a nuestra pareja. Recuerda que somos seres independientes y completos y es importante respetar y confiar en la pareja para que la relación funcione.

Exclusividad.

Estar enamorado o tener pareja no implica que no te puedan atraer otras personas.

Es normal sentir atracción y fijarse en otras personas. Una cosa es sentir atracción sexual y otra enamorarse.

Esto último puede dar pie a lo que se conoce como poliamor: relaciones afectivas de más de dos personas; o a relaciones abiertas, donde una pareja acuerda por decisión mutua la posibilidad de mantener relaciones sexuales y/o amorosas con otras personas fuera de la pareja.

No existe un prototipo de relación ideal. Lo fundamental es que las personas que forman la relación decidan de forma consensuada lo que es mejor para ambos.

Si de verdad me quiere, me lo hará saber.

Es aquello de que mi pareja me va a leer el pensamiento o va a entender lo que quiero o necesito con una simple mirada.

Esto puede llegar a suceder tras muchos años de relación y no es, ni de lejos, la capacidad de leer la mente, sino la costumbre y el conocerse mutuamente.

Este mito puede generar problemas y falta de entendimiento en la pareja a raíz de los mensajes que nos transmite el día de San Valentín.

Existen diferencias en los estilos de comunicación que hacen que algunas personas sean más expresivas o más evitativas que otras. Una cosa es sentir la emoción de amor y otra muy distinta es comunicarla.

Al igual que el lenguaje, el amor puede expresarse de múltiples formas.

Gary Chapman, en su libro “Los 5 lenguajes del amor” define justo eso: 5 formas de expresar el amor a través de una serie de comportamientos que aportan valor y calidad a la relación y a lo que cada una de las partes hace en ella.

Estas 5 formas de expresión del amor son:

El contacto físico.

Está más que demostrado que los abrazos, las caricias, los besos, mejoran el sistema inmunológico, refuerzan los lazos afectivos, generan una lluvia de hormonas que nos hacen sentir extraordinariamente bien y lo mejor de todo, son gratis.

Disfrutar de tiempo de calidad.

Ahora que el ritmo de vida frenético que llevábamos ha parado y que las restricciones nos impiden hacer todos los planes que nos gustaría, compartir tiempo de calidad con tu pareja puede ser realmente beneficioso.

Palabras de afirmación.

Verbalizar cómo nos sentimos y señalar lo que nos gusta de nuestra pareja a través de una carta o una canción. Expresar verbalmente nuestros sentimientos hacia ella/él es algo agradable que a todo el mundo le gusta escuchar.

Actos de servicio.

Cocinar su plato favorito, darle un masaje al finalizar el día, desplazarse a un lugar lejano con el fin de estar cerca de tu pareja, etc. son acciones que a veces damos por sentado y realmente suponen un esfuerzo y compromiso por parte de la otra persona.

Regalos.

Regalar no implica gastarse una gran cantidad dinero, de hecho, se puede optar por obsequios realizados por uno mismo y tendrá más valor que algo caro y ostentoso.

Existen muchas formas de expresar el amor.

Gastarse mucho dinero no significa sentir más amor, dependerá del estilo de comunicación y elección de cada persona.

¿Qué pasa si estoy soltero o soltera en San Valentín?

Estar soltero o soltera no te hace estar incompleto o incompleta.

Puede ser una elección propia, un momento en el tiempo, un período de duelo necesario.

No menosprecies el tiempo de estar solo o sols, dedícalo a conocerte, a mimarte y a cuidarte como nadie más que tú sabe hacerlo.

San Valentín está reconocido como el día del amor en pareja cuando realmente debería celebrarse todos los días, empezando por el amor propio.

Permítete sentir estas emociones, busca planes que te agraden, fomenta el autocuidado o escribe a esas amistades que hace tanto tiempo que no ves.

Recuerda: todos somos naranjas completas y la felicidad no depende exclusivamente de la pareja.

Si sientes que tu relación de pareja está asentada sobre unos cimientos erróneos. O si te sientes mal por no tener pareja, quizás debas darle una vuelta a tu relación de pareja o a la relación que tienes contigo mismo o misma.

No lo dudes: escríbenos y estaremos encantadas de escucharte.

niños y pantallas

Niños, niñas y pornografía.

A finales del año 2020 saltó una noticia aterradora.

La detención de un grupo de hombres, entre ellos bastantes menores, por viralizar a través de la red social Instagram vídeos de contenido pornográfico. Entre los vídeos publicados, se encontraban tres en los que se veían violaciones a bebés de menos de 3 años.

Alrededor de 40 detenidos en toda España de los cuales la mayoría, 34, eran menores de edad. Todos ellos pertenecían a un grupo de whatsapp donde se compartían vídeos violentos y pornográficos porque les parecía “gracioso”. Estos menores fueron invitados al grupo por el conocido de un amigo.

Durante algunas de las detenciones se produjeron situaciones en las que los menores se reían diciendo lo gracioso que les había parecido compartir esos contenidos.

Mientras, los padres de esos chicos lloraban desconcertados, preguntándose cómo sus hijos habían podido llegar a visionar y más tarde viralizar ese tipo de contenido.

Algunos de los menores incluso “habían olvidado” haber compartido esos vídeos.

Padres y madres alarmados, asustados, dándose cuenta de lo poco que conocen a sus hijos. Alucinando con lo que habían hecho y con la forma en que se tomaban que estaban siendo detenidos.

Menores que no eran conscientes de que sus actos eran reprobables, ilegales y cuestionables a todos los niveles.

Estos hechos ponen de relevancia que algo falla en la educación en general de esos menores y en la educación sexual en particular.

Un fallo terrible que ha provocado que los menores quedaran expuestos a situaciones de vulnerabilidad. Totalmente ignorantes de que ellos mismos estaban vulnerando los derechos fundamentales de niños y niñas menores de 3 años, agrediendo e intensificando el trauma sufrido.

Estos menores estaban usando este contenido pornográfico y delictivo de manera frívola sin aparentemente conocer el alcance de sus actos. Creyéndose impunes, protegidos por la falsa sensación que producen las redes sociales y el actuar tras una pantalla.

Cuando vemos este tipo de sucesos, cuestionar la educación sexual que reciben nuestros hijos e hijas es lo mínimo que nos pasa por la cabeza.

¿Desde dónde se debe facilitar la educación sexual?

La información sexual que llega a nuestros hijos e hijas debe ofrecerse desde los entornos en los que ellos y ellas interaccionan.

La principal responsabilidad recae en la escuela y en la familia.

Dos entornos que deben complementarse, ofreciendo información clara, concisa y adecuada a la edad del niño o la niña. Este trabajo complementario ayudará a que nuestros hijos e hijas aprendan, interioricen, se cuestionan y, sobre todo que hagan un posterior uso adecuado y beneficioso.  

Aún así, observando estos hechos, nos damos cuenta de que algo ha fallado durante la transmisión de la información.

Es obvio que estos menores tienen una visión frívola de la sexualidad. Visión en la que se cosifica al otro para el mero de disfrute de uno mismo.

Es posible que estos niños tengan conocimientos fisiológicos sobre lo que es el aparato reproductor femenino y masculino.

Seguramente conozcan a la perfección el proceso para procrear y tener hijos.

Lo que casi seguro que desconocen es que la sexualidad es algo más que sexo. Que implica más aspectos que los físicos como el respeto, la intimidad, el placer y el afecto.

Es precisamente en estos aspectos donde la educación sexual está incompleta.

Nuestros hijos e hijas reciben una información mínima y sesgada, lo que provoca que desarrollen su incipiente sexualidad de manera autónoma y sin guía.

Suelen acudir a otros menores, quizás de mayor edad pero igual de inexpertos y desinformados. Es muy raro que pregunten a alguno de los adultos de su entorno.

Esto sucede fundamentalmente por el concepto social generalizada de que “de sexo no se habla y menos con los padres”.

Sexo vs pornografía.

Tenemos acceso a internet, a todo tipo de información desde casi cualquier dispositivo electrónico. Una pantalla, una red wiffi y podemos ver, leer o escuchar casi cualquier cosa: textos, imágenes, vídeos con una amplia variedad de contenido. Y por supuesto, pornografía.

Es alarmante observar que la edad de acceso a la pornografía comienza a los 8 años y que a los 14 ya está generalizado.

Con 8 años estamos hablando de niños que se encuentran en 3º de Primaria, están en plena infancia.

Una edad en la que ni su mente ni su cuerpo están preparados para recibir, analizar o procesar esta información.

Sucede que, en la mayoría de los casos, no la están buscando. Acceden a ella de manera accidental, pinchando en un bánner de publicidad o en un enlace que salta en algo que estén viendo. Quedan totalmente expuestos.

Además de la edad, también es preocupante que la mayoría de menores que acceden a contenido pornográfico luego no hablan con un adulto.

No pueden saber cómo de real es lo que han visto. No son capaces de interpretarlo correctamente y probablemente no sepan procesar cómo les ha hecho sentir.

En el mejor de los casos, consultan a algún amigo que suele tener el mismo nivel de desconocimiento, y entre ellos sacan sus propias conclusiones.

Ahora comienzan a generar en sus mentes el concepto de lo que debe ser el sexo y de lo que es el placer.

Cuando llegan a la adolescencia, este concepto pervertido e irreal ha arraigado en sus mentes. Es el ideal de cómo debe ser una relación sexual y se deciden a buscar aquello que han visto. Esto provoca un choque con una realidad que no cumple con las expectativas generadas. Aparecen aquí frustraciones e intentos de conseguir esas imágenes que consideran “lo que tiene que ser”.

Sin una orientación clara sobre lo que es la sexualidad, nos encontramos con adolescentes que están perdidos ante sus primeras experiencias sexuales.

Chicos y chicas, que se exponen a peligros físicos (embarazos no deseados, infecciones y enfermedades de transmisión sexual, entre otros).

Que sufren consecuencias emocionales y psicológicas (autoconceptos y autoestimas bajas, banalización de la sexualidad o cosificar o dejarse cosificar por el otro).

Consecuencias que se transformarán en secuelas que les acompañarán a lo largo de su vida.

Padres y madres, educadores, profesores, instructores de actividades deportivas o clases extra escolares, etc. Todos los que participamos y estamos involucrados con niños y niñas, debemos ser conscientes de la responsabilidad que tenemos en su educación sexual.

En ocasiones de manera directa, en otras de forma transversal, debemos actuar con consciencia y voluntariedad a la hora de transmitir valores fundamentales.

El respeto por el otro, la aceptación de las diferencias y de los desacuerdos en las relaciones, expresar cuando algo nos agrada y cuando algo nos desagrada, escuchar cuando el otro lo hace. Cosas que nos parecen muy básicas y evidentes pero que no nos ocupamos por enseñar conscientemente a nuestros hijos.

¿Qué podemos hacer?

Noticias como esta son alarmas que ponen el foco en algo que, lamentablemente, sigue siendo tabú en nuestra sociedad: el sexo.

Hasta que no seamos conscientes de que el sexo es algo tan natural como cualquier otro proceso físico que nuestro cuerpo experimenta.

Mientras que no mostremos a nuestros hijos e hijas que se puede hablar de sexo abiertamente.

En tanto que no tengamos claro que no hay nada de feo o de sucio en el sexo consentido, es muy probable que poco o nada cambie.

Hay una serie de cambios que son imprescindibles.

Necesitamos profesionales que se ocupen de dar información pertinente, acertada y veraz sobre la sexualidad humana.

Es imperativo que en las escuelas y los institutos se impartan clases de sexualidad adecuadas a las edades de nuestros hijos e hijas.

En la sociedad, es fundamental que dejemos de cosificar el cuerpo femenino y de rebajarlo a mero objeto de placer para el hombre.

Padres y madres debemos normalizar hablar del sexo y sexualidad de una forma natural y adecuada al desarrollo de nuestros hijos e hijas.

No es un tema que tenga un solo abordaje, tiene varios y algunos están directamente en tu mano.

Si observas en tu hijo o hija comportamientos peligrosos o inconscientes que tienen que ver con la forma en la que expresa su sexualidad incipiente, en Quiero Psicología podemos ayudarte a abordar el tema de la mejor forma posible.

No dejes para mañana lo que puedes hacer. La salud sexual de tu hijo o hija está en juego.

homofobia

Homofobia intrafamiliar.

Desde fuera parece que casi nadie se plantea lo que implica para algunos/as compartir o hablar con normalidad sobre su orientación/expresión sexual.

Hay quien dice algo como “cuanta más normalidad le des, mejor”, “tampoco será para tanto, tienes que contarlo” y un largo etc.

Sin embargo, aún queda un largo camino hasta que a quién quieras amar o cómo quieras vivir no sea un tema de conversación “que se tenga que hablar”. Todo lo que se sale de “lo normal” sigue necesitando ser explicado.

La teoría dice que uno de los primeros pasos cuando “vives fuera de la norma” es comunicarlo a la familia. En el caso de tu orientación o expresión sexual, se supone que es lo más recomendable.

Hacerlo, hablar con tu familia y decirles quién eres y cómo quieres vivir debería ser algo sencillo y normalizado, aunque aún no lo es del todo, especialmente en según qué ambientes o familias.

Puede que experimentes taquicardia, mareos, ganas de llorar, síntomas de ansiedad, o cualquier otra reacción física en los momentos previos a decir “mamá, soy lesbiana” “papá, soy un chico y tengo novio”, “quiero hormonarme para ser mujer, no me siento hombre”, etc.

Por mucho que creas que conoces a tus padres o hermanos/as, algunas de las reacciones que veas pueden ser de sorpresa, incluso de shock. Una conmoción que puede durar días, incluso semanas.

Quizás actúen como si no les hubieras contado nada, estando en una fase de negación. Que tus familiares se sientan culpables también es una reacción que puede aparecer e ir dirigida tanto hacia la persona que habla de sus emociones (tú) con frases del tipo “vas por mal camino” o “te estás equivocando, eso no puede ser así”; hacia alguno de los progenitores “si es que lo has malcriado”, “siempre ha hecho lo que le ha dado la gana y mira”; o incluso hacia uno mismo “¿qué he hecho mal para que me salgas así?”, “la culpa es mía”, etc.

¿Qué sensación de seguridad o confianza en sí mismo puede desarrollar un niño si sus cuidadores principales le rechazan o maltratan?

En los casos en los que la homofobia es muy intensa, el rechazo inicial puede ser tan fuerte que existan conductas negligentes de padres-madres hacia los hijos/as. Es este el caso de La Veneno, ampliamente expuesto en la serie de televisión homónima que muestra una cruda realidad ante lo que fue un proceso de homofobia en el seno de una familia que maltrató a su hija por no sentirse varón.

El maltrato físico, psicológico o la privación de necesidades básicas son conductas que tienen un impacto muy negativo en el bienestar mental de una persona, especialmente cuando se dan en edades tempranas. Cuanto más joven, más profunda la herida.

La ira y la rabia que la víctima experimenta, toman fuerza y generan una situación de hostilidad, negando por completo la identidad de la persona, anulando su propio self y mandando un mensaje que invalida totalmente sus emociones, pensamientos, etc.

En otros casos, la homofobia intrafamiliar ocurre de forma más sutil. Quizás no existe un rechazo tan explícito pero se le da, por ejemplo, un carácter fatalista y tremendista a la situación: “me ha nacido así el niño…”. El discurso va cargado de indirectas que pueden hacer pensar que “estás mal”, “eres defectuoso/a” o “te pasa algo malo”.

¿Cómo puede crecer un adolescente al que sus padres-madres le niegan su propia identidad?

Las consecuencias que a nivel psicológico se observan en la víctima tras un proceso de maltrato o negligencia familiar por homofobia pueden ser:

Trastornos de ansiedad y/o depresión.

Aparición de conductas de riesgo.

Como pueden ser adicciones, autolesiones, impulsividad en las relaciones sexuales, etc.

Somatizaciones.

Problemas en la piel, enfermedades autoinmunes, tricotilomanía, alopecia, etc.

Fuerte conflicto ante la propia identidad.

Que puede llevar a tener miedo a ser homosexual, generar procesos de homofobia interiorizada, etc.

Miedo e inhibición del comportamiento.

Provocando una modificación consciente o inconsciente de determinados comportamientos que puedan hacer “que crean que soy gay”, “que digan que soy una marimacho”. Se busca la aceptación familiar y social mediante la supresión de la propia identidad.

Búsqueda de aprobación excesiva.

Lejos de “querer llamar la atención” y “querer montar un espectáculo” quizás lo que hay detrás no es más que la búsqueda primaria e incesante de apego.

La valoración y validación por parte de la familia es la primera puerta para aprender a querernos a nosotros mismos, a valorarnos, y a no estar dispuestos a aceptar cualquier cosa con tal de recibir algo de cariño.

El caso de La Veneno muestra la cruda realidad de un menor que fue desprovisto de cariño, afecto y acogida incondicional por el hecho de ser diferente. Las consecuencias posteriores hacen que ir a la deriva sea la única opción para mantenerse a salvo.

Falta de confianza en uno mismo.

O bien inflo mi ego de forma desproporcionada para llegar a creérmelo, o bien quiero que casi nadie me vea y pasar desapercibido/a.

Desgaste psicológico.

Provocado por la sensación de “alerta” constante que hay que mantener a causa del rechazo que existe alrededor.

Irritabilidad y/o hipersensibilidad.

Relacionadas con el desgaste psicológico mencionado ante una situación de acoso constante, bien sea real o imaginario por experiencias anteriores.

Todos estos “síntomas” no tiene que darse de forma generalizada, puede que te sientas identificado/a solo con algunas e incluso que estés experimentando otras que no aparezcan aquí.

Cualquier menor, sea cual sea su situación, necesita un vínculo seguro. Todo aquello que genere miedo, inseguridad, ambivalencia o incertidumbre, provoca un desajuste psicológico que afecta la vida de la persona desde el primer momento.

En un caso de homofobia, el maltrato intrafamiliar causa un daño que, si vivimos en una sociedad homofóbica que lo repite, retraumatiza haciendo mucho más complicado solventar las carencias iniciales que una persona pueda experimentar.

La falta de referentes, los escasos recursos de apoyo, la poca visibilización, los estigmas sociales y familiares, las leyes que intensifican los prejuicios o la normalización de la violencia al colectivo LGTBIQ+ se convierten en la continuación de una pesadilla que pudo haber empezado en la infancia.

Esto, inevitablemente, aumenta el bucle de malestar e insatisfacción y el recibir ayuda, si la familia falla, es vital para realizar un proceso de aceptación que lleve a las personas al bienestar interior y general.

Este es el aprendizaje y el legado que aquellos y aquellas que, como La Veneno, sufrieron la homofobia de la forma más severa nos han dejado: la importancia de ofrecer a nivel familiar y social respeto y aceptación sin peros ni porqués.

Si estás en un proceso en el que crees que tu familia puede rechazarte, en Quiero Psicología te ofreceremos un espacio seguro. Un lugar cercano en el que hablar y ser tú, sin condiciones ni etiquetas. Te acompañaremos en el proceso para ayudarte a generar los recursos necesarios que te permitan mantener tu equilibrio emocional.

lesbianas

El amor en el siglo XXI

Vivimos en una sociedad en la que el amor se ha convertido en algo de usar y tirar. Pensamos una relación como algo temporal y perecedero, sentimos que podemos saltar de relación en relación sin implicarnos demasiado emocionalmente. 

Esto no es un concepto nuevo, Zygmunt Bauman en su libro “Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” habla justo de esto, de lo volátiles que son los vínculos que nos estamos acostumbrando a crear.

Esta es la época de la obsolescencia programada, que hace que todo tenga una vida útil determinada y luego se quede obsoleto. Ya no interesa que los productos duren para siempre, se busca que haya un consumismo constante.

Es justo por eso que estamos todo el tiempo expuestos a actualizaciones: el último modelo de móvil, la última lavadora, la nueva forma de planchar o el nuevo coche, son ejemplos que hacen que pongamos el foco en lo nuevo, en lo actualizado, antes que invertir tiempo y dinero en arreglar lo que ya tenemos. Cuando pedimos presupuesto para arreglar lo que se nos ha estropeado, podemos ver como muchas veces nos sale más rentable comprar algo nuevo y “mejor”.

Sale más económico comprar algo nuevo que reparar lo viejo.

Si llevamos esta idea a las relaciones, ¿te suena?

Esta prisa por “actualizarse”, por cambiar lo antiguo por algo nuevo y supuestamente mejor, puede haber creado en ti una sensación de incertidumbre e inestabilidad porque no sabías cuales eran las bases del vínculo ni dónde están o cuáles son los limites.

En tu relación, la otra persona, desde su individualismo, realmente no atendía a tus necesidades ni a las necesidades comunes. Aunque esto te generaba malestar te mantenías a su lado esperando que algún día fuera diferente. Sin hacer nada al respecto, claro está, sólo esperando un cambio ajeno a ti pero que podría cambiar tu relación.

Puede ser que hayas sido tú quien ha tenido esta necesidad de no querer etiquetar, de no poner en palabras lo que está pasando ya que así tienes la sensación de mayor libertad.

Las personas no somos objetos.

Sentimos, nos emocionamos y tenemos necesidades. Merecemos saber la verdad, conocer en qué punto está la otra persona y tomar conciencia de en qué punto estamos nosotros. Se trata de ser responsables afectivamente. Serlo para con los demás y, sobre todo, serlo para con nosotros mismos.

¿Has sentido que tu pareja no se responsabiliza de las cosas que no van bien en la relación?

¿Tienes la sensación de que prefiere pasar del tema y no comprometerse con el cambio?

¿Prioriza su necesidad individual de vivir algo placentero y prefiere no ocuparse de aquello que genere malestar?

Cuando hablamos de vínculos frágiles, hablamos de la incapacidad de permanecer en una relación, de lo fugaz del encuentro y de la búsqueda de otro diferente para que siga satisfaciendo esa necesidad de consumir. De consumir otra relación sin haber intentado estar de manera sincera en la anterior.

¿Te has encontrado en alguna situación donde tú querías tener algo más y la otra persona solo buscaba una relación sexual?

Por supuesto, al hablar de relaciones y de vínculos, también hablamos de sexualidad. El sexo se ha convertido en algo que tiene un fin en sí mismo: la obtención de placer. Lo placentero se consigue en el mismo encuentro y el homo consumens, busca encuentros sexuales sin implicación emocional.

Este concepto el de homo consumens, (utilizado por primera vez por Eric Fromm en su libro “Socialist Humanism”) refleja muy claramente el espíritu que queremos representar en este post: el hombre, la persona, cuyo objetivo principal no es poseer cosas sino consumir. Lo que sea. A toda velocidad. Una detrás de otra. También se pueden consumir personas, sexo, en vez de cosas.

Pero el sexo no es sólo placer o no tiene porqué serlo. Es una forma de estar con el otro, una forma de acercamiento, de ser junto a otra persona. En el sexo hay una implicación, del tipo que sea, y negar esta parte sería desvincularnos del concepto cuerpo-mente. Como diría Bauman, parafraseando a Milan Kundera, “la insoportable levedad del sexo” puede hacer que sientas confusión, desvinculación o disociación.

Vivir en una sociedad que promueve el consumismo no implica que tengas que ser consumista.

Es importante que seas consciente de lo que realmente necesitas, de si te estás sintiendo bien haciendo lo que haces o no, de si esa relación te esta generando una sensación de incertidumbre que no te permite estar seguro/a.

Tienes derecho a querer algo diferente, o al menos a replantearte lo que estás teniendo o has tenido. Puedes desear que haya sinceridad en tu relación. Sinceridad contigo mismo/a y sinceridad con la otra persona. Quizás necesites plantearte algunas preguntas:

¿Cuáles son las necesidades que tienes en tu relación? ¿son iguales para tu pareja? ¿cómo las satisfaces?

¿Cuáles son las bases de tu relación?

¿Dónde están los limites? ¿cuáles son los tuyos?

¿Cómo es la comunicación entre vosotros?

Puede que ambas partes hayáis acordado tener una relación abierta. Los límites son diferentes que si habéis acordado tener una relación donde el vínculo se limita a vosotros dos.

Quizás una necesidad de tu pareja sea que ambos paséis tiempo con su familia y para ti no es una necesidad e incluso preferirías no hacerlo.

En ambos casos es muy importante negociar las necesidades de cada uno y llegar a un punto en común.

Si vuestras necesidades personales no coinciden, habría que plantear cuáles son las bases de la relación, aquellas sobre las que se asienta el vínculo, sobre lo que descansa, lo que le sirve de soporte.

Es importante que sepas y busques lo que necesitas. A lo mejor un encuentro sexual cada dos semanas no es lo que te está satisfaciendo realmente, a ti te gustaría compartir más con esa persona pero sin embargo “aceptas” eso que te da, aunque sea mucho menos de lo que te gustaría tener.

Una vez que has reflexionado sobre el punto en el que estáis, en el que estás y en el que crees que está la otra persona, ¿por qué no hablar sobre ello?: “yo siento esto y necesito esto, ¿tú como te sientes respecto a esto?”. Tienes derecho a una comunicación sincera.

Una comunicación sincera implica hablar de cómo me siento y esperar que el otro me hable de cómo se siente, de forma sincera. Esto permite tener claro hacia donde ir, con cuidado y respeto.

Si conozco el punto de partida, puedo ser más consciente de la situación real y no invertir tanto tiempo en adivinar el pensamiento del otro: “no sé si querrá lo mismo que yo”, “parece que quiere una cosa pero luego hace otra”.

Busca lo que te haga sentir bien a nivel emocional, afectivo y sexual. El ser humano es un ser social y necesita al otro para sobrevivir. El otro es quién nos sirve de modelo, nos enseña a regularnos emocionalmente cuando somos pequeños, es el otro a través del que aprendemos a vivir en el mundo. Cuando somos adultos es el otro el que nos sirve de reflejo, nos acompaña, quien nos sostiene y nos cuida y el que nos debería respetar.

Si sientes que esa persona no te está acompañando, respetando y cuidando, quizá no estés donde deberías estar. Plantéate si la relación en la que te encuentras es la que te gustaría tener y qué puedes hacer para cambiar eso. ¿Por qué no nos llamas y hablamos de ello?

homofobia

¿Cómo me ha podido afectar la LGTBfobia?

Cualquier persona LGTBI+ crece sabiendo que no acata lo “normal”.

No eres lo normativo

¿Alguna vez has ido de la mano con tu pareja y has notado cómo te observan? ¿Si os habéis dado un beso, han hecho comentarios despectivos? ¿Tu familia no cree que estés “seguro” de tu decisión? ¿Tus amigas te han preguntado que desde cuándo te gustan las chicas?

No ser heterosexual cisgénero (sentirse identificado con tu género biológico) tiene repercusiones que afectan a nivel personal, social, familiar y laboral. Existen estudios que evidencian la mayor exposición a situaciones estresantes por parte de personas LGTBI+ , especialmente aquellas cuya orientación sexual y/o expresión de género es más visible.

LGTBfobia, definición y tipos

LGTBfobia


Es cualquier manifestación de odio a personas LGTBI+ que surge del miedo o la antipatía, y que tienen la connotación de ver a esas personas como inferiores, anormales o diferentes. Según el colectivo al que vaya dirigido se clasifica en: homofobia, lesbofobia, bifobia, plumofobia, etc.
Diferenciamos también si la LGTBI+fobia viene desde fuera o desde dentro, es decir:

LGTBI+fobia externa o social

Son actos discriminativos por parte de gobiernos, empresas, comunidades, etc., que se realizan mediante conductas intolerantes, entre otras formas. Pongamos el ejemplo de una empresa que, tras conocer la orientación sexual de un trabajador, le despide por cualquier motivo sin tener una justificación real y que justo coincide cuando la persona ha expresado públicamente dicha orientación sexual.

LGTBI+fobia interiorizada

Implica la aversión a los propios sentimientos y comportamientos siendo uno mismo del colectivo LGTBI+, por ejemplo, rechazando o negando su expresión de género por vergüenza o teniendo actitudes hostiles hacia otros miembros del colectivo.

¿De qué manera la sociedad no me hace sentir “normal” si soy LGTBI+?

¿Sientes vergüenza a la hora de expresar tu orientación sexual porque no hay nadie en tu entorno que esté en la misma situación?


¿Te niegas a aceptar que, a pesar de que siempre te han gustado las chicas, ahora te gusta un chico?


¿Llevas tu relación en secreto por miedo al qué dirán?


¿Intentas controlar tu expresión corporal para que los demás no te insulten o te estigmaticen?


¿Inventas que tienes pareja del género contrario para que dejen de preguntarte si tienes pareja?


¿Has tenido ansiedad por no saber cómo contar a tus padres cuál es tu orientación sexual?


¿Te piden que no hagas pública tu relación hasta que ‘estés segura’?


¿Te han insultado o incluso agredido físicamente por la calle?


¿Has tenido que inhibirte por estar en algún lugar en el que no sabes si serás rechazado?

Todas estas preguntas son solo la punta del iceberg, cosas que una persona heterosexual cisgénero ni siquiera tendría que plantearse. Lo que hay detrás (y muchos estudios lo señalan) es la mayor vulnerabilidad a desarrollar trastornos del estado de ánimo y la ansiedad debido a la mayor exposición a una impredictibilidad y estrés constantes.

¿Cuáles son las consecuencias que sufro entonces?

Además de lo dicho anteriormente las consecuencias pueden ser:

Estrés al romper el modelo tradicional que se presupone (presunción de heterosexualidad).


– Problemas en la propia identidad o tardar más tiempo en formar la identidad de uno mismx.

– Relaciones de pareja fusionadas con el consiguiente aislamiento.


– Menor red social (y/o sentimiento de soledad).


– Mayor dificultad a la hora de independizarte con tu pareja, tener hijxs, etc.


– Falta de espacios específicos, de información en educación sexual y riesgos de ITS.


– Riesgo de no acceder a servicios sanitarios o que estos no se adapten a tu realidad: falta de diagnóstico y tratamientos.


– Violencia intragénero: riesgo de sufrir violencia en tu pareja del mismo sexo /género y que no seas atendidx.


– Consecuencias psicológicas como: culpa, tristeza, frustración, impotencia, rabia, miedo, etc., rechazo familiar, social, laboral. O incluso el de uno mismo, lo que implica mayor probabilidad de suicidio, de sufrir depresión, de tener trastornos de ansiedad y consumo de drogas, etc.


– Sufrir agresiones verbales o físicas por ser LGTBI+ (insultos, palizas, miradas hostiles, etc.). Todo ello contribuye a minar la autoestima de forma gradual llegando en muchos casos a hacer insostenible la situación. Si te identificas con algo de lo que has leído y consideras que necesitas ayuda profesional, en Quiero Psicología contarás con profesionales formadas para ayudarte a gestionar la situación en la que te encuentres. Pide ayuda ahora. Contacta aquí.

¿Qué es la homofobia internalizada?

Vivir en una sociedad heteronormativa y patriarcal, marca de forma indeleble la infancia y la juventud de muchos y muchas.

Las etiquetas que nos identifican desde que nacemos, las que se dan por supuestas, nos condicionan y generan unas expectativas vitales que pueden verse alteradas desde la más tierna infancia.

La homofobia internalizada

La homofobia internalizada se refiere a que los niños gays y lesbianas que se dan cuenta a muy temprana edad de lo diferentes que se sienten, expresan o son en relación con sus compañeros “normales” experimentan emociones intensas, poco agradables y nada reconocidas de vergüenza, miedo, falta de aceptación por el entorno, etc. que les van a acompañar hasta que  comprendan que la diferencia no es ni mala ni inaceptable. Cosa que en principio un niño por sí mismo no sabe.


Al final se trata de sentirse diferente en un mundo en el que las reglas sociales están más que preestablecidas, un mundo en el que que te llamen “maricón” o “bollera” en el patio del colegio como un insulto cuando eres niño es lo más normal del mundo.

Pero esto deja heridas, una sensación de que esta orientación sexual es intrínsecamente mala, que ellos mismos no son “normales”, esto deja una huella que pueden tardar años en curar.


Muchos pacientes cuando se dan cuenta de que ese rechazo a sí mismos está ahí y de que les condiciona en su día a día, desean trabajarlo en terapia. Pero algunos profesionales no son capaces de comprender estas heridas en profundidad porque desconocen la problemática o consideran que se puede tratar igual que a cualquier paciente heterosexual.


Si trabajar con la población LGTBI+ no implica necesariamente pertenecer a ella, sí es imprescindible tener conocimientos profundos de las distintas sensibilidades, necesidades, experiencias y visión del mundo que tiene una persona gay o lesbiana o trans o cualquier otra etiqueta que se salga de lo heteronormativo.


Lo mismo sucede con otras problemáticas específicas de la población LGTBI+ y es por eso que, desde Quiero Psicología tenemos profesionales formadas en áreas específicas como Diversidad de Género o Violencia Intragénero
que saben de lo que hablan y lo tratan de manera cercana.


Si algo de lo que has leído te suena, no lo dudes: contáctanos, podemos ayudarte.