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Consejos frente al duelo perinatal

Llamamos duelo al proceso psicológico que conlleva una pérdida o fallecimiento. En este proceso de adaptación, surgen diferentes emociones que nos ayudan a procesar que esa persona ya no está entre nosotros, como por ejemplo la tristeza, la rabia o el enfado.

Cuando un embarazo no llega a término o el bebé fallece tras el parto, se desencadenan una serie de emociones adaptativas que reciben el nombre de duelo perinatal.

Si bien la OMS define el período perinatal desde las 22 semanas de gestación hasta una semana después del nacimiento, a nivel psicológico esta acotación resulta realmente limitada, ya que dejaría de lado los abortos que se dan en las primeras semanas de gestación o las muertes producidas en las primeras semanas de vida.

Esta definición, en la que la gran mayoría del sistema sanitario se basa, invalida el dolor de los progenitores que se encuentran fuera de este rango, lo que aumenta aún más el estigma que sufren estas personas y el silencio de la sociedad ante estas situaciones.

Emociones más comunes del duelo perinatal:

Tristeza: Independientemente del tiempo de gestación, estos progenitores están experimentando una pérdida, la ruptura de un proyecto vital y de una serie de expectativas generadas en función de ese embarazo.

Culpa: El ser humano tiende a seguir un pensamiento lógico de causa-consecuencia. Sin embargo, ante un hecho imprevisto o improbable, encuentra serias dificultades para poder comprender qué factores han propiciado este desenlace.

Ante esta falta de respuestas, y teniendo en cuenta la postura del sistema sanitario, es muy común encontrarnos con madres que se sienten culpables o busquen algún tipo de explicación en comportamientos pasados como por ejemplo: Quizás sea porque ese día hice ejercicio, me tenía que haber cuidado más…

Vergüenza: Como hemos dicho, la falta de información, el miedo a dañar a estos padres y la ansiedad por no encontrar respuestas, genera un silencio y tabú social, que puede provocar que estos progenitores sientan vergüenza por comunicar lo que les ha ocurrido, ya que pueden sentirse juzgados o no comprendidos.

Impotencia: La falta de explicaciones contundentes, la falta de apoyos y una experiencia médica tan traumática pueden generar emociones como impotencia, rabia o frustración.

Miedo: Es habitual que surjan dudas y desesperanza acerca de la posibilidad de un nuevo embarazo, o también miedo a tener que enfrentarse a otro duelo.

Fracaso: Muchas mujeres sienten que están fracasando socialmente ante la imposibilidad de tener hijos de forma biológica o padecer problemas de fertilidad.

Como podemos observar, este tipo de duelo requiere de especial atención, por lo que silenciarlo solo aumentará el dolor de estas personas.

¿Qué frases NO debemos decir?

-Por lo menos estabas de pocas semanas

-Peor hubiese sido que el embarazo estuviese más avanzado

No intentes encontrar algo positivo en esta situación, estamos hablando de una pérdida y del dolor que ésta conlleva.

– Todavía sois jóvenes y podéis volver a intentarlo

Esto invalida las emociones de los progenitores. El hecho de tener o no otro bebé en el futuro, no va a eliminar la pérdida que acaban de sufrir, y mucho menos, sustituirla. No minimices su pérdida mostrando datos acerca de la probabilidad de un futuro embarazo.

Hubiera sido más duro si lo hubieseis conocido

Esto es un mito, ya que los datos demuestran que las emociones de rabia e impotencia pueden intensificarse en el caso de padres a los que se les ha impedido ver el feto o despedirse de su hijo.

Es una decisión del destino; cuando tenga que ser, será

Tener un hijo es una decisión personal y cuando se inicia el embarazo, surgen una serie de expectativas y proyectos asociados que se ven truncados cuando éste se interrumpe de forma inesperada. No busques dar consuelo a estas personas con este tipo de frases, ya que pueden aumentar la sensación de impotencia y desesperanza.

Como hemos explicado previamente, el ser humano tiende a buscar explicaciones y causas ante los sucesos que no esperaba, si bien hay personas que pueden verse reconfortadas en apoyarse en cuestiones más espirituales, también podemos encontrar personas a las que les produzca rechazo y mayor desconsuelo.

¿Cómo puedo ayudar?

Pregunta cómo se sienten y a ambos progenitores: No evites conectar con el dolor de esas personas, permite que expresen su dolor y sus sensaciones, y lo que es más importante: No quites de la ecuación al padre. Se ha comprobado que ante estas situaciones, ambos progenitores tienen la mismas emociones de duelo.

Pregúntales directamente por la pérdida, si tenían algún nombre pensado, si guardan algún objeto de recuerdo… Hablarlo no va a producirles más dolor, sino que puede ayudarles a sanar la herida. Recordemos que habitualmente estas situaciones son tabú en la sociedad, por lo que debemos crear espacios seguros para poder comunicarnos.

Valida sus emociones: No minimices sus dolor, estas personas están experimentando una pérdida y cada persona procesa el duelo como mejor puede. El silencio solo aumentará la sensación de desesperanza.

Muéstrate disponible: Ofréceles tu voluntad de ayudar y escucharles cuando lo necesiten, a buscar información médica o asesoramiento psicológico si lo necesitan, siempre y cuando, se respete también su espacio de duelo.

Coincidiendo con el mes internacional de la concienciación de la muerte gestacional y perinatal, desde Quiero Psicología queremos dar visibilidad a estos procesos y ofrecer un entorno seguro donde poder hablarlo, sin temor a ser juzgado o rechazado.

Si lamentablemente has experimentando una pérdida de este tipo, si te sientes identificado con las emociones expuestas anteriormente o crees que necesitar sanar un duelo, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Sexualidad no normativa: Shibari

Como ya hemos visto, lo más importante dentro de las relaciones o de las prácticas BDSM es que haya comunicación entre los integrantes.

Una comunicación que busca un consenso claro de los límites que han debido ser preestablecidos antes del encuentro y que son conocidos y respetados por ambos.

Si nos encontramos en una relación que se nos presenta como BDSM pero donde nuestros límites no son conocidos y respetados por ambos, realmente estamos ante una relación insana que no está basada en el respeto ni en la comunicación.

Mientras los límites estén claros y consensuados, cualquier práctica es posible y dentro de las múltiples opciones con las que nos podemos encontrar se encuentran las inmovilizaciones y ataduras, y dentro de estas el Shibari.

Es importante recordar que ambas prácticas Bondage y Shibari no se pueden practicar sin consenso por parte de las dos personas y que en especial en el Shibari, es recomendable acudir a alguien que pueda ofrecer una formación básica sobre elementos de seguridad.

Y una vez aclarado esto, vamos a liarnos con las cuerdas, para ello, comenzaremos con la definición algunos términos que nos pueden llevar a equívoco, Bondage, Shibari y Kibanku.

Bondage

La función principal del Bondage es inmovilizar parcial o totalmente al individuo. No sólo se usan cuerdas, las cadenas, las esposas o incluso las bridas son elementos que se pueden usar para dicha inmovilización.

Una vez que se ha inmovilizado a la persona que ejerce el rol de sumisión se desarrollan el resto de prácticas consensuadas entre dominante y sumiso… azotes, cera caliente, cosquillas, uso de juguetes, prácticas sexuales.

Shibari y Kibanku

El significado literal de Shibari es atar y el de Kibanku atar fuerte, por lo que a partir de aquí me voy a referir al Shibari ya que el kibanku es una especificación del mismo.

Observando el significado nos damos cuenta que uno de los objetivos del Shibari es igual que el del Bondage, inmovilizar a la persona que está siendo atada, pero este no es el único, ni siquiera podría ser el principal.

Dentro del Shibari un hay componente primordial, se busca la estética y la satisfacción sensorial por medio de las cuerdas.

Obviamente, dentro de la satisfacción sesonrial nos encontramos con un componente erótico y sexual, pero no es la única finalidad, llegando en ocasiones a desvincularse buscando crear figuras altamente estéticas.

Esta práctica requiere estudio y entrenamiento y unos elementos mínimos para que el momento entre cuerdas sea seguro además de placentero.

Conceptos básicos

Modelo: la persona que es atada recibe el nombre de modelo.

Rigger o atador: así se denomina a la persona que ejecuta los nudos y figuras con las cuerdas.

Cuerdas: Normalmente se usan cuerdas de 8 metros de largo de yute o cáñamo que han sido tratadas y curadas previamente. No se suelen usar cuerdas de algodón ya que en esta práctica es muy común realizar suspensiones y el algodón no tiene las características necesarias para que la suspensión sea segura.

Observador: Dentro de la práctica del Shibari es necesario que haya un observador, ya que es la persona que ejerce este rol quien hace de detonante de las emociones en el modelo. El rol del observador no siempre ha de ser ocupado por una tercera persona, el mismo atador puede ejercerlo.

Comunicación: Entre atador y modelo ha de existir un nivel de comunicación elevado e íntimo. La persona que ata debe percibir los cambios a nivel emocional en la persona que está siendo atada y ésta debe ser capaz de transmitir e informar con ligeros movimientos, con su respiración, con sonidos… sin usar la palabra prácticamente.

Emociones: Sí, las emociones son un elemento básico dentro del Shibari ya que es uno de los objetivos a conseguir, el cambio en el estado emocional en el modelo y la percepción de las mismas por parte del atador.

Sabiendo estos elementos claves y con un poco de práctica y conocimiento de los elementos de seguridad, la práctica del Shibari en las relaciones de pareja, puede ser un elemento de generación de vínculo, de intimidad, de erotismo y de placer. Las cuerdas hacen de canal de comunicación entre las dos personas que lo practican.

El consenso, las señales, la lectura de las emociones por parte de las dos personas hacen que introducir las cuerdas como elemento erótico sea una experiencia placentera a todos los niveles y segura a través del consenso y los límites pre establecidos.

Pero si sintieras que tu pareja no respeta tus límites o que tienes tabúes que te impiden explorar tu sexualidad estamos en Quiero Psicología para ti.

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Sexualidad no normativa: ¿Qué es el BDSM?

La sexualidad trasciende nuestra existencia. La sexualidad es tanto sexo, identidad de género, orientación sexual, afectividad, placer, erotismo, intimidad (y reproducción). Nacemos con ella, vivimos con ella y termina en el momento de nuestra muerte. Así, las prácticas sexuales son aquello que hacemos en y con nuestra sexualidad. Y aquello que hacemos está construyendo constantemente nuestra erótica.

Como ya recordarás (https://www.quieropsicologia.com/que-aprendemos-a-erotizar/), la erótica tiene un componente biológico, psicológico y social. A pesar de presentar ciertos elementos que nos predisponen (anticoncepción hormonal, uso de ciertos antidepresivos etc), tenemos un rol activo en su construcción.

¿Qué es «normal» en la sexualidad?

A nivel social, el relato hegemónico prescribe qué prácticas son normativas (o “normales”, como solemos escuchar, es decir, aquellas que siguen la norma establecida), como actualmente es la penetración vaginal y, más en un segundo plano, el sexo oral y la masturbación. No es casual que en la cima de la pirámide se encuentre aquella cuyo objetivo es la procreación-reproducción. ¿Y por qué?

Dicha rigidez normativa acerca de cómo ha de transcurrir la sexualidad de las personas se encamina a la reproducción y a decirnos cómo tenemos que relacionarnos. Parece que la sexualidad no sólo se condena y/o tolera, sino que tiende a comprenderse y apreciarse si dichas prácticas son solo reproductivas y que posibilitan “la monogamia heterosexual”.

Con esto, por supuesto, no pretendemos demonizar la penetración vaginal. ¡Faltaría más! En cambio, te invitamos a explorarte, conocerte y ampliar tu erótica, encontrando otras formas de disfrute y de placer, complementarias a las que ya vivencias.

Puede que llegado este momento te estés preguntando…

¿Y cuáles son esas prácticas no normativas?

Aquellas prácticas sexuales disidentes de dicha norma social, no normativas, son las que escapan de lo permitido y conforman una serie de placeres a los que podemos tener acceso, enriqueciendo mucho más nuestra erótica (que recordemos, nosotrxs construimos en gran parte). Prácticas como el fetichismo hacia objetos o partes del cuerpo, spanking, sumisión, sadomasoquismo, exhibicionismo, asfixia erótica, medical, voyerismo… hacen alusión a las otras formas eróticas no hegemónicas. Adentrarnos en alguna de ellas nos permitirá desplazar la importancia patriarcal de la penetración y los genitales a otras vivencias del placer que pueden (o no) incluirlas.

Hoy introduciremos una de las más conocidas a nivel popular: el BDSM. Dichas siglas recogen prácticas como:

  • Bondage: ataduras con cuerdas y la inmovilización del cuerpo, total o parcial, mediante el uso de correas, cadenas, film plástico, vendas, hinchables de látex…
  • Disciplina: conjunto de normas-reglas para educar a un sujeto a través del castigo corporal. Dichos castigos pueden implicar azotes y/o pellizcos, por ejemplo.
  • Dominación/sumisión: asunción de roles como mascotas, asumir ciertas edades, ciertos géneros, desarrollar un rol de objetos y representar profesiones y/o situaciones que se relacionan con el poder
  • Sadomasoquismo: se relaciona con el dolor físico y otras formas posibles que lo causen.

Los factores en común a tener en cuenta en dichas prácticas son:

  1. Se llevan a cabo de forma consensuada
  2. Existe un intercambio de poder (total o parcial), donde se cede el control del propio cuerpo y/o la conducta para el disfrute, el placer y la satisfacción de los sujetos participantes

Es relevante destacar la diferencia entre práctica y conducta. Hay conductas que, per se, no se pueden considerar BDSM. Por ejemplo, esposar las muñecas o azotar un trasero dentro de un encuentro sexual donde hay disfrute mutuo, no se transforma en una situación BDSM porque aquí entra en juego la manera de vivir en concreto dichas prácticas, el significado que se le de al encuentro y el acuerdo entre lxs participantes.

Hoy hemos hablado de una de las prácticas no normativas (en la que ahondaremos en el siguiente post), pero sólo es una dentro de las muchas que tenemos a nuestra disposición para ampliar nuestra erótica y descubrir nuevos placeres y formas de vivirnos sexualmente.

Si estás pensando en trabajar tu sexualidad en esta línea u otras que se te ocurran, no dudes en contactarnos. En Quiero Psicología estamos para ti.

¿Qué son las no-monogamias?

¿En qué piensas cuanto te hablan sobre no monogamias? poliamor, swinger, parejas abiertas, anarquía relacional… son conceptos que aluden a los ya conocidos modelos relacionales disidentes de una norma bajo la que se nos ha educado. Ahora, ¿has pensado alguna vez la cantidad de estereotipos o prejuicios que podemos haber introyectado al respecto?

Hace unos años, hablando con unos colegas tomando algo, salía este tema seguido de “uf, ya… gente un poquito promiscua ¿no?” o “yo creo que se abre la relación para evitar un compromiso con esa persona”.

Es comprensible que, viviendo en un mundo donde lo normal – es decir, la norma- es la monogamia, todo lo que se salga de este limitado cuadrado se discrimine, patologice, ridiculice o denigre. ¿Te suena esta forma de hablar?

¿Qué es entonces lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en monogamia? Algunas respuestas de personas a las que se les ha preguntado esto fueron: celos, exclusividad, relación más importante, proyecto de vida en común, amor-de-verdad o prioridad.

Este pack es lo que nos llega sobre las no-monogamias, lo que está en la cultura popular, pero… como seguramente ya sepas, todo lo relativo al ser humano se da en un contexto político y social que influye considerablemente en cómo concebimos las cosas, cómo nos sentimos y cómo nos comportamos.

Spoiler: pocas cosas son “naturales” cuando hablamos de emociones y comportamientos.

¿Qué se te pasa por la cabeza si te digo que esto del poliamor, en verdad, no va de tener múltiples parejas?

En palabras de Brigitte Vasallo, nos hemos puesto a desmontar la monogamia sin saber lo que es. Y no es que no esté definida, sino que está mal definida. La monogamia no es una práctica. No es tener una pareja con exclusividad sexual y afectiva. Las personas amamos a mucha gente, pero solo a un tipo de amor le ponemos cierta carga (ese amor-de-verdad).

Cuando oímos la palabra amor, pensamos en amores de pareja, amores sexualizados, pero no en el amor a nuestras criaturas, por ejemplo, a nuestros animales de compañía o amistades. Por ello, algunas visiones acerca de la monogamia la sitúan no tanto como un modelo relacional, sino como un sistema, una superestructura que determina nuestra vida privada, organizando nuestros vínculos: cómo, cuándo, a quién, de qué manera amar, qué circunstancias son motivo de tristeza, rabia etc.

El amor lo vivimos todas y todos de maneras distintas, es algo abstracto que forma parte de un mundo emocional que no puede codificarse tan fácilmente. Sin embargo, cuando aparece la monogamia, esta codifica la noción de amor. Por eso, cuando hoy hablamos de amor, hablamos de una forma concreta de amor que pasa por una forma concreta de pareja.

El sistema monógamo es también al amor Disney, ese amor que nos han metido desde pequeñas.

La jerarquía

La monogamia entonces es un sistema que nos organiza los afectos a nivel social y de manera jerárquica. No tiene que ver con la cantidad. El foco, en su lugar, iría de la cantidad de personas involucradas a las dinámicas que hay entre ellas, y entre dichas personas y el entorno.

El poliamor no viene definido por el número de relaciones, sino por el tipo de relación”.

La confrontación:

La confrontación o competitividad es uno de los mecanismos básicos del sistema capitalista. El conflicto horizontal (es decir que nos peleemos entre nosotras) legitima dicha estructura jerárquica, sin afectar a su funcionamiento. Por lo que para que se mantenga esta estructura jerárquica se necesita a la envidia.

No es arbitrario que se de principalmente entre mujeres. Nuestra socialización de género nos ha enseñado que el fin de nuestra vida, aquello por lo que lo damos todo, gira alrededor de la idea de “príncipe azul”. Y por lo tanto parece generar la idea de que competimos para conseguirlo.

Por eso es sumamente relevante darnos cuenta de esta confrontación introyectada y minimizarla. Supone mirar hacia dentro y observar cómo el sistema nos influye para poder frenarlo en la realidad. Ahí es donde reside la verdadera revolución.

La exclusividad:

El imaginario monógamo nos convence de que “si amas de verdad, no desearás a nadie más”. En esta forma de pensamiento competitiva y jerárquica, te enamoras de “la mejor persona para ti”, tu media naranja.

Así, el pensamiento monógamo es sustitutivo: desear a alguien nuevo implica dejar de desear a la anterior persona, o como mínimo, ese deseo se ve matizado. De nuevo, volvemos a la pirámide: para que alguien más llegue a la cima, hay que desocupar la cumbre. Si la ensanchamos, pierde exclusividad y, por tanto, valor.

Si bien es cierto que, en ocasiones, la multiplicidad de afectos puede implicar descuidos o maltratos, pero esto no se debe a la multiplicidad en sí, sino a la manera en que nos situamos en esa multiplicidad, usándola como consumo de cuerpos.

Es curioso como también, la exclusividad la entendemos referida principalmente a lo sexual. Acostarse con otra persona es un drama, pero nuestra pareja “puede” ejercer violencia contra nosotras y tendremos, o el entorno tenderá, al “no es para tanto”, “es que tenía un mal día”. ¿Dónde estamos poniendo el peso?

¿Se puede ser poliamorosa y ser responsable afectivamente?

En ocasiones vemos a personas a las que se les llena la boca con el discurso de la responsabilidad afectiva, pero… ¿sabemos qué es realmente? ¿hablamos tanto de ella como la practicamos en nuestro día a día? La responsabilidad afectiva es:

  • Saber que los vínculos que construimos con otras personas implican cuidados. No confundamos aquí ser independiente con no estar pendiente de la pareja.
  • No ilusionar a alguien con planes de futuro si no quieres eso realmente.
  • Tener en cuenta el mundo emocional de la otra persona sabiendo que puede ser muy diferente al tuyo.
  • No confundir a la otra persona con “ahora sí, ahora no”, no siendo claras y honestas.
  • Dejar claras tus intenciones y expectativas que tienes con las personas que te vinculas.
  • Establecer límites y acuerdos entre las partes implicadas para respetarnos y no herirnos.
  • Asertividad, asertividad y más asertividad: “tenemos que hablar de esto que me ha molestado y ver cómo podemos solucionarlo”
  • Ser consciente de las consecuencias de lo que decimos/hacemos.
  • No hacer bombas de humo / ghosting y toda esa retahíla de evitaciones modernas

Como primo cercano de la responsabilidad afectiva están los cuidados. En muchas relaciones no monógamas, lo que a veces se hace con los celos es ponerlos sobre la persona que los siente bajo un “cariño, gestiónatelo”. Algo muy propio del individualismo.

Creo que es importante levantar un poco la mirada y darnos cuenta de que los dolores vienen, además de la mochila de aprendizaje de esa persona donde se encuentran apegos, relaciones pasadas, vulnerabilidades etc… de un sistema. Esto no exime la responsabilidad de los miembros de la red, para nada. Pero si que es necesario establecer acuerdos, pactos de realidad.

Se que alguien estará pensando que sí, que los acuerdos son importantes, pero si la persona no tiene cierto trabajo personal hecho, se pueden seguir reproduciendo ciertas violencias. Y estás en lo cierto. Las personas que llevan a cabo dichos pactos tienen que saber colocarse a si mismas en la red, saber desde qué lugar dicen qué cosas. Y, como no, esto en muchas ocasiones pasa por tener tiempo para el trabajo con una misma y dinero para poder pagarte la terapia correspondiente. Entonces, me surge otra pregunta: ¿son las relaciones no monógamas una cuestión de clase? ¿un privilegio?

Imagino que a estas alturas del artículo estarás un poco removida, poniendo la vista en el pasado y, con suerte, vislumbrando esas veces en las que no te han cuidado o no has cuidado como era debido. Está bien. Quizás también te estés planteando abrir tu relación de pareja, pero no sabes cómo hacerlo sin que nadie salga herido. Puede que también estés reflexionando desde qué lugar te vinculas, o en qué lugar dejas parte de tu entorno en pro de ese amor de película.

Permítete ese espacio de reflexión que seguro dará pie a una mejora en ti. Que sepas que desde Quiero Psicología también te acompañamos en ese quebradero de cabeza.

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¿Qué creencias sobre la familia están limitando tu vida?

Vamos a hacer un juego, ¿te animas? Imagina que un día vas por el medio de un camino y te encuentras unas semillas, decides recogerlas y guardarlas cuidadosamente para que al llegar a casa poder germinarlas y plantarlas.

De vuelta acudes a la tienda y adquieres todo lo necesario; una maceta bonita, la escoges cuidadosamente, el mejor sustrato, el adecuado para las semillas que has encontrado, compras todos los útiles para el cuidado y crecimiento óptimo de la futura planta que saldrá de esas semillas encontradas.

Al llegar, lo preparas todo y comienzas con el proceso, todo como se debe hacer y al poco tiempo salen los primeros brotes. ¡Qué ilusión!, sigues con los cuidados, le das luz, agua, la observas, analizas si tiene alguna necesidad especial y si es así intentas cubrirla. Es un proyecto valioso para ti, se está creando una vida en esa maceta que parte de aquellas semillas encontradas.

Con el paso del tiempo la planta está grande y fuerte gracias a tus cuidados. ¡Qué alegría!

Ahora piensa que esa planta que primero fueron unas semillas no es una planta, es el vínculo que se genera en todas las relaciones. Al principio es débil, pequeño, al que hay que prestarle una atención especial, regarlo, alimentarlo para que vaya creciéndose y haciéndose más fuerte.

Pero, ¿qué ocurriría con esa planta si llega un momento que dejamos de regarla, de alimentarla, que no le damos la atención y cuidados que necesita? La planta terminaría por marchitarse y morir, ¿verdad? Lo mismo ocurre con las relaciones, si no las cuidamos de la forma necesaria, atendiendo a las necesidades que tienen en cada momento, el vínculo se marchita y se debilita.

Este vínculo se crea en todas las relaciones y cuando decimos todas es en absolutamente todas las relaciones, incluso en las familiares, un tipo de relaciones que son particulares ya que están vinculadas a muchos mitos.

Mitos en las relaciones familiares

Cuando decimos mitos dentro del entorno familiar estamos refiriendo a un conjunto de creencias que comparten los miembros de la misma familia con respecto al papel que deben cumplir cada miembro dentro de la estructura familiar y sobre la naturaleza de la relación.

Dentro de los mitos podemos hacer una clasificación en dos tipos:

1. Aquellos que son únicos y particulares de la familia. Este tipo de mito se han generado debido a la historia familiar y el contexto socioeconómico y político en el que ha ido creciendo la familia desde sus orígenes (abuelos, padres, hijos…)

2. Mitos familiares que podríamos denominar como más universales y que muchas familias comparten. Estos últimos son los que vamos a describir.

La familia es lo primero”

En muchas familias nos encontramos con que hay que anteponer las necesidades familiares grupales a las personales e individuales. Cuando existe este mito familiar nos podemos encontrar con una sensación de estar enjaulados, de que nuestro crecimiento y desarrollo personal se ve limitado y juzgado.

Cada vez que mostramos interés en algo que “no interesa” en la familia se nos puede llegar a tachar de manera explícita o no de egoístas y de no pensar en los demás.

Pero en realidad, incluso con la familia debemos mostrar un “egoísmo sano”, preocuparnos por nuestras necesidades y cuidar de nosotros mismos. Si nosotros estamos carentes, no podemos ofrecer atención y cuidado al otro.

En la familia todo se perdona”

Por el hecho de pertenecer a la misma familia tenemos carta blanca para hacer lo que nos plazca a los demás miembros de la familia. Todo debe aguantarse, asumirse, tolerarse, aunque dañe a otro.

Bajo este mito se pueden llegar a sustentar relaciones de maltrato en mayor o menor grado.

Los vínculos han de cuidarse (acuérdate de la plantita) y por mucho que sea un miembro de la familia no debemos tolerar que nadie nos agreda de ninguna forma. Por ello, es necesario ponernos límites propios, es decir, cual es el punto donde vamos a decir “basta” y exponerlos y explicarlos al resto de los miembros de la familia poniéndoles límites también a ellos.

Es de tu sangre, tienes que quererlo”

Compartir sangre, sólo nos hace parientes, es decir, compartimos genética con esa persona, compartimos una historia pasada compartida, al igual que con el resto de la humanidad.

Pero dentro de esa carga genética no hay un gen en particular que sea el del amor recíproco; el amor recíproco se crea, se alimenta, se cuida con las buenas relaciones, con los intereses comunes y con el respeto por la individualidad del otro.

Solo hay un modelo válido de familia”

Nada más lejos de la realidad. La familia son aquellas personas en las que sientes que estás en casa, como cuando éramos niños y jugábamos a pillar y había un lugar seguro donde no podía pillarte, donde sentimos eso, ahí es familia.

Una familia puede estar por parientes, pero también puede estar formada por amigos, por mascotas, por miembros de otras familias…

Familia es allí donde nos sentimos seguros.

La familia debe estar unida, pase lo que pase”

Sentir unidad dentro de nuestro entorno familiar es algo que nos hace sentir plenos y seguros, y es precisamente esa plenitud y seguridad la que nos hace estar unidos a nuestras familias.

Pero, y si tengo que estar unido por obligación a personas con las que no tengo nada en común, con las que no me siento seguro, con las que no se preocupan por ti, ni por tus intereses y cuando lo hacen es para criticarlos o juzgarte.

En ese momento, la unidad familiar puede convertirse en una cárcel.

Con todo lo que hemos dado por ti”

De este mito se pueden generar sentimientos de culpa, de deuda en la persona que la escucha del resto de sus parientes.

Hay determinados hechos, como los cuidados básicos, alimentación, ropa y cobijo que se dan por supuesto cuando llega un bebé al mundo; se dan por supuesto, porque es conocido por todos que hay en determinados casos que ni siquiera se dan los cuidados básicos.

Pero recibir estas atenciones durante nuestra infancia y nuestro crecimiento, en el que nos posibiliten el estudiar y formarnos en aquello que queremos no nos pone en deuda con nuestros padres o cuidadores principales.

El haber recibido “todo por su parte” no es condición sine qua non para que dejemos de lado nuestros proyectos de vida, intereses y motivaciones.

En mi casa jugamos así”

Hay en familias que no se habla de las emociones, de la muerte, de los miedos, de las dudas, no se muestran los enfados ni las tristezas; no se permite nada que pueda tener relación con una supuesta debilidad.

No se habla de aquellas cuestiones que alteran el aura de perfección y felicidad que se debe mostrar.

No se abordan aquellas cuestiones que pueden poner de relieve que hay problemas de vínculo entre los miembros de la familia o que el entorno familiar no es un lugar seguro.

¿Qué ocurre si rompemos estos mitos?

Los mitos cumplen la función de dinamizar las relaciones familiares, son los que se encargan de cada uno cumplamos nuestro papel otorgado e impuesto.

Son creencias, reglas son reglas implícitas, en algunas ocasiones casi secretas y prácticamente ocultas en el día a día de la familia.

Estas reglas estructuran la forma en la que nos relacionamos dentro del entorno familiar y que nadie osa a romperlas ya que si así lo hace corre el riesgo de ser considerado “la oveja negra de la familia” y de sentirse excluido de nuestro primer entorno relacional, por ello, en la mayoría de los casos, callamos y seguimos con el juego.

Pero seguir con el juego puede tener consecuencias muy negativas para nosotros ya que estaremos enviando al fondo del baúl nuestras necesidades, nuestros intereses, nuestras motivaciones en la vida.

Cuando esta situación se perpetua en el tiempo, nos encontramos con una lucha interna entre la lealtad hacia la familia y la responsabilidad para con nosotros mismos y nuestra vida, pudiendo generar síntomas de depresión, ansiedad y otros trastornos que sin duda deberán ser abordados con un especialista, con un terapeuta.

Si identificas alguno de estos mitos u otros más particulares en tu entorno familiar, si sientes que la lealtad familiar te impide crecer y desarrollarte, da igual la edad que tengas, ponte en contacto con nosotras, que en Quiero estamos encantadas de poder ofrecerte una mano que te acompañe.

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¿Qué aprendemos a erotizar?

El origen de la palabra erótica se remonta a la mitología griega con el dios Eros, unión del amor y el deseo entre los sexos. También se concebía como la capacidad creativa de la naturaleza y fertilidad.

Seguramente cuando pensamos en erotismo nos vengan infinitud de palabras: comunicación, placer, excitación, fantasías, deseos, afectos… y, de hecho, una de sus definiciones más actuales lo concibe como un conjunto de comportamientos, pensamientos y sentimientos en torno a aquello con los que nos excitamos, tiene que ver con nuestros deseos sexuales y fantasías eróticas, con lo que nos seduce.

Entonces… ¿qué es y qué no es lo erótico?

La erótica se compone de tres partes:

Biológica:

Entendida como la capacidad innata para sentir y reaccionar ante estímulos eróticos y para convertir estímulos neutros en eróticos. Por ello, es común a toda la especie (cromosomas sexuales, hormonas, capacidad de respuesta sexual).

Aunque mi capacidad para sentir deseo sea biológica, un detalle importante es que hacia quién, dónde, cómo y cuándo es aprendido, entrando en juego la sociedad en la que vivo.

Psicológica:

Compuesta por nuestra personalidad, experiencias y aprendizajes particulares, es decir, nuestra mochila de vivencias.

Social:

Referida a la educación recibida desde nuestro nacimiento, las creencias sobre cómo funciona la sexualidad, los roles de género, el consumo de pornografía e incluso el amor romántico, entre otros.

Si nos centramos en una de las variables sociales más relevantes en la construcción de nuestra erótica, es una de las características del sistema en el que vivimos: el patriarcado. Este se entiende como aquel sistema de dominación que ejerce y mantiene la subordinación e invisibilización de las mujeres y todo aquello considerado como “femenino”, creando así una situación de desigualdad estructural basada en la pertenencia a determinado “sexo biológico”.

Algunas de las características que el patriarcado ejerce sobre nosotras es el temor a la sexualidad, tratándola como tabú o pecado, colocando sobre nuestras espaldas altas dosis de culpa y vergüenza. De hecho, las charlas en colegios e institutos sobre sexualidad se han orientado, principalmente, a evitar ITS y embarazos no planificados, y no tanto a la búsqueda activa de nuestro propio placer, nuestro autoconocimiento, la relación con nuestro o la comunicación sexual asertiva (tanto saber pedir lo que queremos como notificar cuando algo no nos gusta).

En términos generales, este patriarcado se caracteriza por una heteronormatividad, asumiendo que las relaciones entre las personas se dan entre un hombre y una mujer, marcando nuestro erotismo por una jerarquía en las prácticas sexuales, siendo la penetración vaginal la cima de estas.

Concretamente, hemos interiorizado una serie de mitos en torno a nuestra erótica:

  • Los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres.
  • Hay una cantidad de deseo sexual que es el “normal”.
  • A partir de la menopausia las mujeres no tienen deseo.
  • Cuando las mujeres expresan su deseo, son unas “provocadoras”.
  • Hay unos preliminares necesarios para realizar posteriormente un coito.
  • Las mujeres son mas lentas para excitarse y tener orgasmos que los hombres.
  • Hay una normatividad que nos dice lo que es normal que nos excite y lo que no y todo lo que quede al margen es tratado como patológico.
  • En una relación sexual compartida, las personas implicadas han de tener el mismo ritmo sexual.
  • Hay una manera de funcionar bien en cuanto al nivel de las erecciones, la cantidad, el tipo de orgasmos.
  • Hay dos tipos principales de orgasmos en las personas con vulva: el vaginal y clitorial. En el caso de las personas con pene la estimulación de este es suficiente, dejando de lado otras partes y sobre todo algunas tabú como el ano.
  • Es mejor el orgasmo que se tiene cuando te toca alguien que cuando estás a solas.
  • Para tener una relación sexual “completa” tiene que haber orgasmo.

Mitos del himen y la virginidad

Realmente, el himen es una corona vulvovaginal, es decir, son los restos de la pared que solía separar los genitales externos e internos antes de que se formara la apertura vaginal. Al ser un tejido, la corona no se rompe – como cuenta el mito popular – sino que se desgarra. Ante una penetración (dedos, juguetes, un pene…) puede haber un sangrado por el desgaste de la corona. Sin embargo, la mayoría de las personas con vagina no sangran la primera vez que tienen sexo con penetración. De hecho, gran parte de las que si sangran, suele estar relacionado mas bien a la tensión y a la sequedad vaginal, que al supuesto himen.

Respecto a la virginidad… ¿cómo la definimos? Seguramente habremos escuchado la frase de que la virginidad “se pierde en nuestra primera relación sexual”, pero, si es algo que se pierde cuando tenemos sexo con penetración, reducimos el acto sexual a esta práctica en concreto dejando otros miles de realidades de lado que, en general, además, responde al placer masculino. ¿Tiene entonces algún sentido hablar de virginidad?

Entonces ¿qué hago con mi erótica?

Llegados a este punto es normal que la lectora tenga millones de preguntas en la cabeza, entre ellas observaciones como “muy bien, pero después de todo esto… ¿qué puedo hacer para trabajar en mi erótica?”. Finalizo este artículo recalcando que el trabajo en el potencial erótico de cada persona es único y debe ser ajustado a las vivencias que llevemos a cuestas desde nuestra primera infancia.

Por ello, en líneas generales, es sumamente importante recalcar la relevancia de los autocuidados como una actitud que implica ser consciente de las necesidades propias, tenerlas en cuenta y satisfacerlas sin sentirnos mal por ello. Dentro de estos autocuidados está tanto la capacidad para poner límites ante aquello que no queremos en cierto momento en nuestra vida, nuestra relación sexual, nuestras interacciones afectivo-románticas con otros vínculos etc como la asertividad o habilidad para expresar lo que quiero y lo que no, para decir sí y asegurarnos de que el resto de las personas han entendido nuestro mensaje. En definitiva, escucharnos, explorarnos, volver a escucharnos y comunicarnos.

Y si no te sientes capaz de explorar tu sexualidad, tienes bloqueos, limitaciones, no te sale decir que no o ser asertiva, pídenos ayuda, nuestras expertas estarán encantadas de atenderte y que puedas desarrollarte plenamente.

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La Violencia Económica

Cuando hablamos de violencia género tenemos claro cuando es evidente su existencia, como por ejemplo mediante la agresion fisica. No obstante, hay otros tipos de violencia que son igual de importantes y que hay que saber detectarlos a tiempo porque ayudará a que la violencia no siga subiendo en escalada hacia el escalón final mas evidente.

La gran desconocida de la VG: La violencia económica

Lamentablemente, por diferentes testimonios y noticias recientes, hemos podido conocer más en profundidad qué es la violencia de género y sabemos más sobre el concepto de violencia vicaria por ejemplo del que ya os hablamos en otra entrada del blog que os dejamos por aquí https://www.quieropsicologia.com/la-violencia-vicaria-un-subtipo-de-la-vg/ .

En este post nos vamos a centrar en otra gran desconocida: la violencia económica.

La violencia económica es un tipo de violencia que ejerce el agresor sobre la mujer durante la relación y que puede continuar una vez finalizada. Se ejerce desde el control de la economía doméstica y la reducción de la autonomía económica de la mujer.

Según la macroencuesta de la Violencia contra la mujer del año 2019 el 11,5% de las mujeres residentes en España ha sufrido violencia económica a lo largo de la vida, que traducido en cifras supone que 2.350.684 mujeres sufren esta violencia. Un 2% lo sufrieron en los últimos 12 meses.

La encuesta muestra que este tipo de violencia se ejerce más sobre las mujeres entre 25 y 54 años, aunque si se observa lo que ocurre con las parejas actuales, se aprecia que es mayor entre las mujeres de 65 años.

La macroencuesta también ofrece los siguientes datos sobre las situaciones más comunes ordenadas de mayor a menor frecuencia:

  • La pareja ha impedido a la mujer tomar decisiones en la economía familiar y / o hacer compras de forma independiente.
  • La pareja se ha negado a darle dinero para gastos del hogar.
  • No les han dejado trabajar fuera del hogar.
  • Su pareja ha usado el dinero y/o tarjeta de crédito o ha pedido prestamos a su nombre sin su consentimiento.

Rompiendo mitos

Conocer lo que implica la violencia de genero también supone romper los mitos acerca de ella. Uno de ellos sería sobre de los mitos de la marginalidad asumiendo que “ La violencia de genero solo ocurre en familias o personas con pocos recursos”. Evidentemente este mito es falso, ya que ni los maltratadores ni las mujeres victimas de violencia de genero obedecen a un perfil determinado. La violencia de género no va ligada al nivel socioeconómico.

Refiriéndonos de nuevo a la violencia económica, las mujeres que no posean un trabajo remunerado se encontraran en una situación de mayor vulnerabilidad, al igual que ocurre en mujeres con discapacidad, mujeres del entorno rural y mujeres migrantes.

Pese a que lo se pudiera pensar, la violencia económica también ocurre entre las mujeres con trabajo estable. De hecho, en la anterior Macroencuesta realizada en el 2015 se observó que la violencia económica es más habitual entre las mujeres que trabajan.

Después de la relación

Como hemos comentado, este tipo de violencia se puede ejercer tras finalizar la relación. En el caso de que haya hijos en común se puede manifestar mediante el impago de las pensiones. Está considerado como delito dejar de pagar durante dos meses consecutivos o cuatro no consecutivos las prestaciones económicas establecidas en el convenio regulador.

No estamos hablando de situaciones donde el progenitor no tenga solvencia económica para hacer frente a las obligaciones. Estamos hablando de la voluntad de no hacerse cargo, de la intención de generar daño en la mujer y una situación de tensión constante.

En otras ocasiones, no tiene por qué tratarse de impago de pensiones, sino que los retrasos en el pago también son un indicador de violencia económica. En muchos casos esperan hasta el último día para hacer el pago, haciendo que la mujer siga estando en alerta permanente incluso después de haber finalizado la relación.

Existen otro tipo de impagos al margen de las pensiones, como por ejemplo no hacer frente a los gastos extraordinarios relacionados con la salud, actividades extraescolares, etc . Esto también afectará al desarrollo de los hijos. Al igual que no pagar la parte de la hipoteca correspondiente, puede conllevar a que la mujer y los hijos tengan que ser finalmente desalojados.

Todo esto supone una doble agresión tanto por el daño causado a los hijos como por el sobreesfuerzo que tendrá que hacer la madre para cubrir las necesidades de los hijos. Además, si se están dando este tipo de impagos, la mujer no puede negarse a las visitas de los hijos con su progenitor. Se puede imaginar cómo esto prolonga el sufrimiento de la mujer y aumenta la sensación de impotencia y desesperanza.

Además, a veces el progenitor no hace frente a todos estos gastos comentados, pero realiza regalos desmedidos a los hijos. Esto facilita que se posicionen en contra de la madre, que es posible que no pueda hacerlos, pero sobre quien recae la disciplina y el cuidado diario.

Consecuencias psicológicas

La violencia económica no ocurre de forma aislada, sino que en el 85 % de los casos implica también violencia psicológica. Supone la extensión del dominio mediante el control del dinero.

Como señalan las encuestas del 2015, más del 50 % de las mujeres presentaban de forma habitual síntomas como llorar, ansiedad, inestabilidad en el estado de ánimo y dificultades para dormir. A nivel de salud física, es común que derive en problemas de salud que se alargan en el tiempo y que impedirán el desempeño laboral y/o sus actividades cotidianas.

La falta de autonomía en cuanto a la disposición del dinero, tiene un impacto directo en la vida diaria, limitando las actividades que se pueden realizar. Cuanto más frecuente y sostenido en el tiempo sea el maltrato, esto generará menor autoestima, más vulnerabilidad y por lo tanto mayor dependencia del agresor. Esto dificulta que las mujeres pueden abandonar la relación.

Si te has sentido identificado con lo comentado en el post, desde Quiero Psicología podemos ayudarte. Y si conoces a alguien que este en esta situación, comparte este post.

Hablar de dinero nunca ha sido fácil, pero hacerlo en estas situaciones es vital.

ciberacoso

Cuando la Violencia de Género es Online

Como ya hemos hablado en anteriores post, la era digital ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Hoy en día, podemos establecer vínculos afectivos a pesar de la distancia física, conocer a gente mediante aplicaciones, compartir nuestros recuerdos y tener nuevas alternativas de ocio.

Sin embargo, estos cambios también han dado pie a nuevas formas de ejercer violencia.

Recordemos, que la violencia de género implica una relación asimétrica y de dominio que puede darse en múltiples formas: Violencia física, sexual, psicológica, económica, reproductiva… y que además, esta violencia puede darse de forma activa y/o pasiva.

A consecuencia, a raíz del auge de las nuevas tecnologías, ha surgido una nueva forma de ejercer violencia.

Ciberacoso

Este fenómeno se caracteriza por ejercer una relación de dominio a través de las nuevas tecnologías. Implica insultar, ridiculizar, amenazar o acosar a otra persona mediante redes sociales.

También se incluiría la suplantación de identidad, donde el acosador puede hacerse pasar por esa persona y difundir mensajes falsos o compartir información privada de la víctima.

Actualmente, como ya sabemos, los teléfonos móviles forman una parte imprescindible en nuestras vidas. Ahí guardamos fotos, información íntima, conversaciones con amistades, accedemos a redes sociales, etc.

Es por esto por lo que ejercer ciberacoso constituye una violación a nuestra privacidad y un total acceso a nuestra información.

La violencia online puede verse reflejada en diferentes formas:

Sexting no consentido:

Este fenómeno proviene del acrónimo sex (sexo) y texting (chatear), ya que consiste en comunicarse o enviar fotos de contenido sexuales a través de mensajería instantánea.

Estas acciones pueden formar parte de la intimidad de una pareja. Sin embargo, cuando estas imágenes de contenido sexual se difunden sin consentimiento alguno, estamos hablando de violencia, y por tanto, de un delito.

El acosador puede difundir estas imágenes con el objetivo de ridiculizar a la víctima, amenazarla o chantajearla con publicarlas, con el fin de coaccionarla.

Grooming:

Esta práctica digital consiste en la puesta en contacto de un adulto con un menor a través de las nuevas tecnologías con fines sexuales.

Estos pederastas en primer lugar, tratan de ganarse la confianza de menor formando un vínculo afectivo, por lo que es habitual que estas personas al principio simulen ser también menores.

Una vez obtenido el vínculo, el acosador tiende a solicitar imágenes de carácter sexual, pudiendo llegar incluso a difundirlas por otras redes.

La diferencia reside en que en este fenómeno, el acosador siempre es un adulto y la víctima una persona menor de edad.

Uso de redes sociales:

El acosador puede utilizar las redes sociales de la víctima para controlar sus acciones, los “me gusta” que da, las fotos que publica, etc. Estas personas pueden ejercer su dominio prohibiendo a la víctima subir material que ellos consideren inoportuno, utilizar los “me gusta” como forma de castigo o refuerzo, o espiar las interacciones que hace la víctima.

Por otro lado, el acosador puede crear un perfil falso suplantando la identidad de la víctima, pudiendo compartir rumores falsos o imágenes sexuales convirtiéndola en motivo de burla.

¿Qué diferencia el acoso online del offline?

Al formar parte de una sociedad donde las nuevas tecnologías forman un pilar básico de comunicación, el perfil de ciberacosador es mucho más amplio.

Estas personas pueden aprovecharse del carácter anónimo que pueden darte las redes, para acosar y controlar a la víctima con mayor facilidad. Esto implica que las opciones para ejercer violencia también aumentan, ya que es habitual que hoy en día tengamos un perfil abierto en diferentes redes o contemos con diferentes medios tecnológicos para comunicarnos.

Asimismo, el riesgo de dañar a la otra persona es mayor, ya que las tecnologías suponen un canal donde poder transmitir un mismo mensaje a un gran número de personas con un solo click. A diferencia del acoso offline, la dimensión se da a un nivel más global o macro.

Si la víctima ha bloqueado el perfil del acosador en redes, éste tiene la opción de acceder a ella a través de otro medio o crear un nuevo perfil sin tener que desvelar explícitamente su identidad.

¿Qué puedo hacer ante este fenómeno?

En primer lugar, debemos prevenir estas prácticas y minimizar el riesgo de que el ciberacoso ocurra.

Si somos padres de un menor de edad, en primer lugar, debemos comunicar los riesgos que implica el uso de redes sociales, destacando la importancia de mantener los perfiles con la mayor privacidad posible. Así como de advertir los riesgos que conlleva interactuar o dar permiso de acceso a tus datos a personas desconocidas.

En el caso de los adultos, si sospechamos que estamos siendo víctimas de ciberacoso, estaríamos hablando de un delito penal, y por tanto, contaríamos con la opción de denunciar.

Es importante limitar el acceso de nuestras redes a personas de confianza, minimizando el riesgo de que las fotos o la información se difundan. En caso de recibir insultos, amenazas o acoso de una persona, deberemos bloquear el perfil y hacer uso de la opción de denunciar perfil que ofrecen actualmente las redes sociales.

Si te sientes identificado con esta práctica digital y te gustaría recibir ayuda especializada, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de recibirte.

La Violencia Vicaria -un subtipo de la VG-

El pasado viernes 11 de junio nos encontramos todos con la sobrecogedora noticia de que habían encontrado el cuerpo sin vida de una menor que había sido presuntamente asesinada por manos de su padre. Y también desde ese mismo día el concepto Violencia Vicaria está dentro de nuestras conversaciones.

No sabemos claramente qué es, pero nos recorre un escalofrío por la espalda cada vez que se menciona, porque sabemos que debido a este tipo de violencia la vida de una menor se ha visto interrumpida.

¿Qué es la Violencia Vicaria?

La Violencia Vicaria o violencia por sustitución es un nuevo término que se refiere a un subtipo de violencia contra las mujeres en el que el hombre, de manera consciente, usa o daña a personas significativas para su pareja o expareja como instrumento para hacerla daño. Lo más habitual es que se use a los hijos, pero esta agresión puede ser ejercida usando a padres, hermanos o amigos, es decir, cualquier persona emocionalmente significativa para la mujer.

Aunque no es una violencia tan mediática como otras, es decir, no estamos escuchando que se mencione todos los días en la televisión, sí que aparece en más situaciones de las que nos imaginamos. Simplemente nos enteramos de aquellos que tienen una consecuencia tan grave como la muerte del menor, pero diariamente se produce mediante amenazas y control hacia la mujer a través de los niños.

En este tipo de violencia se cosifica al menor, interpretando a los hijos como “algo” de su propiedad y a través de una actitud egoísta les agreden con el objetivo de controlar a la madre. En los casos más graves aparece el asesinato.

Tipos de violencia vicaria

Como en todos en otros casos, este tipo de violencia se puede presentar en diferentes grados de intensidad; en los casos más graves aparecen agresiones directas y daños físicos, incluso la muerte, pero previamente ya se ha agredido o desatendido a los menores.

Las amenazas, las manipulaciones, los actos de control extremo son habituales dentro de la violencia vicaria.

Por ello debemos estar atentos a las señales que pueden aparecer tras las visitas al padre o las estancias derivadas de la custodia compartida.

Observar que se han interrumpido tratamientos médicos o actividades positivas y favorecedoras para el crecimiento y desarrollo del menor ha de ponernos en alerta y tomar consciencia de lo que puede estar ocurriendo.

Otros signos son que el menor regrese al domicilio materno descuidado, desatendido, desaseado o con cambios físicos con los que el menor y la madre no están de acuerdo, como por ejemplo, cortes de pelo o cambios radicales en la vestimenta.

Ser conocedor de que se habla mal de la madre en presencia del menor, ya sea por parte del padre o que este permita que terceros hablen mal de ella.

Hay que observar cualquier cambio de humor, de conducta o de estado de ánimo del menor, ya que pueden ser señales de que algo está ocurriendo.

Amenazas y manipulaciones que se provocan de manera habitual y constante en el menor y que pueden tener consecuencias en el comportamiento de éste; miedo, ansiedad y negativas antes de la visitas o estancias con el padre nos dicen e indican que algo puede estar pasando.

Cuando el maltrato se produce a nivel físico, las marcas y señales se pueden observar con facilidad y no hay una explicación lógica y normal para ellas. Arañazos, moratones, daños en la ropa y pertenencias de menor.

Consecuencias de la violencia vicaria en el menor

Todas las situaciones en las que el menor es cosificado y eliminada su identidad para convertirse en un instrumento con el dañar a la madre tiene consecuencias graves a nivel emocional, mental y psicológico del niño que lo padece.

Dentro de las consecuencias nos podemos encontrar con:

  • Dificultades de atención y concentración.
  • Bajada del rendimiento académico.
  • Pérdida de habilidades sociales.
  • Cambios en los comportamientos relacionales en el colegio y con amistades y familiares.
  • Desmotivación generalizada.
  • Aparición de miedos desproporcionados.
  • Pesadillas, terrores nocturnos.
  • Dificultades para conciliar el sueño.
  • Cambios en las pautas alimenticias.
  • Anhedonia (no experimentar placer en actividades que antes eran gratificantes).
  • Ansiedad.
  • Depresión.

¿Qué podemos hacer?

Ante la aparición de estos síntomas nunca debemos callar. Busquemos apoyo en la familia, investiguemos y verifiquemos que puede estar ocurriendo.

Acudamos al centro escolar, pidamos tutorías, acudamos al centro de salud, al pediatra y comuniquemos nuestras sospechas; vayamos a la policía a poner una denuncia y activemos todos los protocolos necesarios de custodia necesarios para proteger a nuestro hijo.

Pidamos ayuda en centros especializados en violencia de género para poder abordar la situación desde todos los frentes y además abordar desde un plano psicológico todas aquellas consecuencias que tiene el haber estado expuesto a una situación de violencia.

yoísta

¿Eres un yoísta o «sufres» a uno?

Es posible que tengas cierta tendencia a llevar las conversaciones a tu terreno.

Puede que sea una costumbre que te haya pasado desapercibida y hasta que alguien no te lo ha comentado no te hayas dado cuenta.

Quizás esta situación te sea familiar: estás con una amiga y te cuenta que ha tenido muchísimo estrés durante el día, que se siente agobiada y que necesita relajarse para poder sentirse mejor.

Te lo cuenta mientras estáis de cañas improvisadas que te ha pedido tomar a última hora del día.

Tú, en respuesta a todo lo que ella te va contando, contestas con un “pues yo llevo un día también súper estresante. Mi jefe no ha parado de darme la tabarra…que ganas de irme a dormir”.

Rediriges la atención a lo que a ti te pasa.

Es una conversación que aparentemente resulta habitual y totalmente funcional.

Nada que objetar.

Sin embargo, si se da de forma repetida y en la mayoría de tus interacciones, puede que estés obviando las necesidades de los demás sin conectar en absoluto con la otra persona.

Esto no quiere decir que no puedas hablar de ti, o que utilizar la palabra Yo sea un error.

Quiere decir que la tendencia a no escuchar con atención al otro y saltar inmediatamente a tus emociones y sensaciones hace que la conversación sea unidireccional y egocéntrica.

Basada en tí, tus experiencias, necesidades o intereses.

Estás muy cerca de ser una persona yoísta.

Este es un término que la RAE aun no contempla, pero su significado implica, entre otras cosas, que hables constantemente de ti mismo/a y que estés más interesado/a en contar tus propias experiencias antes de seguir escuchando lo que los demás tienen que decir.

Si es algo significativo, que se repite de forma más o menos habitual, es probable que tu entorno ya te haya dado cierto feedback.

Desde el cariño que te tienen, intentan hacerte ver el llamativo uso del “yo” que puede que estés haciendo.

En exceso, este comportamiento puede hacer que los demás no se sientan escuchados.

Puede que piensen que lo que cuentan no es validado.

Quizás sientan agotamiento o rechazo al estar con alguien (tú) que tiende a soltar un discurso repetitivo centrado en su propia persona.

Esto último se hace más evidente si las conversaciones centradas en tu Yo suelen, además de ir sobre ti y tus experiencias, estar orientadas a términos pesimistas o negativos sobre algo que te sucede o ha sucedido.

¿Qué puedo hacer si veo que hago esto?

Una vez que identifiques si esto te sucede, plantéate el origen de esta conducta.:

  • ¿Tienes mucho que contar y llevas tiempo sin hablar con nadie?
  • ¿Sueles tener a tu familia desde la infancia pendiente de ti todo el rato?
  • ¿Has pasado mucho tiempo solo o sola?

Desentrañar tu pasado te hará entender tus dinámicas actuales.

  • Intenta tomar consciencia a la hora de hablar con alguien.
  • Piensa antes de hablar lo que vas a decir, así podrás darte cuenta de las veces que hablas sólo de ti y de cuál es el contenido de tu discurso

Escucha con atención lo que te cuenta la otra persona y muestra interés.

  • Puede que la persona con la que estés interactuando esté expresando algo doloroso o que te esté contando algo que le es difícil expresar con palabras, etc.
  • Pregúntale, da tu opinión si es necesario o simplemente acompaña la escucha con expresiones no verbales.
  • Presta atención al discurso, contenido y forma.

Darte cuenta de todo lo que engloba la conversación te hará captar los detalles y dar respuestas ajustadas y adecuadas

Cuando sea oportuno compartir tu experiencia, hazlo.

Compartir experiencias parecidas no deja de ser una conversación.

Atiende al tiempo que estás hablando para no monopolizar la conversación.

Conozco a alguien así, ¿qué puedo hacer para decírselo sin pasar apuro?

Desde el cariño es posible comunicar con asertividad lo que consideres.

Dar un reflejo, hacer de espejo con la intención de hacer mejorar a alguien sobre lo que ves en ella/él, debería ser aceptado con agrado.

En caso de no ser así, o de tener miedo a la reacción, échale un vistazo a nuestro post sobre la evitación de conflictos: https://www.quieropsicologia.com/evitas-los-conflictos-a-toda-costa/

Pregúntale a esa persona si es consciente de lo que hace ofrécele ayuda (si lo consideras necesario y si te ves capaz) para que se dé cuenta y pueda cambiarlo en el momento.

Dile cómo te sientes cuando estás hablando con él/ella y apenas te hace comentarios sobre lo que cuentas.

Habla en primera persona de tus sensaciones cuando pasa esto.

Se puede dar el caso de que intentes comunicar cómo te sientes sobre este punto y la otra persona se lo tome a mal.

Puede que no quiera reconocer ni cambiar su comportamiento,

Si esto pasa, plantéate si te has expresado claramente y de la forma más asertiva posible.

Cuando tu sensación sea que sí, que lo has hecho de la forma más correcta, empática y asertiva que eres capaz de hacer y, aun así la forma de relacionarse de la otra persona no cambia, surge el problema.

Aquí tu «trabajo» será poner límites y respetar tu necesidad y tu espacio.

Estar con alguien que dirige las conversaciones sobre su vida, sus vivencias y sus ejemplos de forma constante puede generar agotamiento.

Este «monopolio» exige una atención individualizada y exclusiva que probablemente no es posible dar de forma permanente.

O, simplemente, te has cansado de hacerlo.

No te sientas mal amigo/a si no correspondes esta exigencia y decides poner límites para preservar tu energía y tu bienestar.

Si esta es tu situación, te recomendamos que leas nuestro post sobre marcar límites en las relaciones interpersonales: https://www.quieropsicologia.com/poner-limites-en-las-relaciones-personales/

Si te has identificado de cualquier forma con este post, bien porque tiendes a monopolizar las conversaciones, bien porque sufres a alguien que lo hace, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Aprender a gestionar tus habilidades comunicativas, explorar el por qué de esta dinámica y compartir con tu entorno tus sensaciones de forma que puedas trasladar el mensaje sin dañar y sin ser dañado/a.

Si estás encerrado/a entre las cuatro paredes de alguien que te hace sentir así y no sabes cómo parar, podremos trabajar sobre ello y conseguir abrir una puerta y encontrar salida.