salir del armario

¿Por qué no salgo del armario?

En una sociedad donde impera “la presunción de heterosexualidad”, o lo que es lo mismo, esperar que si eres chico te van a gustar las chicas y si eres chica te van a gustar los chicos, puede generarte un conflicto el asumir que a ti te puede atraer alguien de tu mismo género.

Muchas personas viven en el armario durante tiempo indefinido, preocupadas por el qué dirán.

Viviendo una mentira, de cara a la galería, encajando en lo que se espera de ellos.

La vida dentro del armario es una tortura.

¿Cómo descubrirme a mi mismo/a?

Redescubrirte es aproximarse a ti mismo, a ti misma.

Es estar más cerca de conectar con tus necesidades reales.

Metafóricamente imagina que eres una cebolla.

Cada vez que te redescubres, te quitas una capa y otra capa, hasta llegar a lo que te mueve y te impulsa de verdad.

Estas capas son tan opacas y tan pesadas que solapan tus deseos.

Las capas son tan impuestas, que no te permiten someterlas a juicio y desarrollar un pensamiento crítico.

Las capas vienen de aquellos que más te quieren por lo que las asumes como parte de ti.

Pueden ser comentarios de tu familia como: “María, ¿ya tienes novio?”, “con lo guapo que eres, seguro que tienes a todas las chicas detrás”, “¿cómo que lo has dejado con Carlos, Irene? Hacíais una pareja estupenda”.

También pueden ser mitos familiares y culturales: “el ideal de vida de una mujer es casarse con un hombre y tener hijos”, “un hombre tiene que ser protector y encargarse económicamente de su familia”.

Precisamente porque son impuestas, no tienes la obligación de identificarte con ellas ni de cumplirlas punto por punto.

¿Cómo averiguar qué necesitas?

Detectar, cuestionar y romper con todo esto que llevas asumiendo consciente o inconscientemente durante toda tu vida no es tarea fácil.

La primera batalla consiste en aceptar lo que está pasando.

¿Sueles cuestionarte lo que piensas, lo que sientes o lo que haces?

¿Te planteas si realmente te gusta o lo que sucede es que estás confundido/a?

¿Sientes que una amiga te atrae, pero no te lo reconoces y dudas de ti?

¿Cuando piensas que te puedes gustar alguien de tu mismo género, te avergüenzas?

El primer paso es aceptar lo que estás sintiendo y lo que está pasando.

Para poder hacerlo, es muy importante que detectes cuáles son tus capas y qué es lo que está detrás de eso realmente, teniendo en cuenta que tienes derecho a sentir lo que sientes.

Sea lo que sea.

Una vez que has aceptado como parte de ti esos sentimientos y te identificas con ellos, viene la segunda batalla:

Reafirmarte en lo que eres de cara a los demás.

¿Siendo mujer, te gustaría contarle a tu familia que tienes una relación con una chica?

¿Siendo hombre, te da miedo que tus amigos te rechacen porque ahora estés con un chico?

¿Qué puedes hacer?

1. Tienes derecho a sentir lo que sientes y a ser cómo eres.

Tú eres el único, la única que puede ocuparse de ti, de escuchar y atender tus necesidades, y tienes derecho a hacerlo.

Eres la única persona responsable de tu vida, y es contigo con quien vas a pasar el resto del tiempo.

Es contigo con quien tienes que sentirte cómodo o cómoda.

Como decía Mecano: “lo que opinen los demás está de más”.

2. Es importante que sepas que la respuesta de los demás está fuera de tu control.

A veces esa respuesta puede no ser la más apropiada porque los demás tienen prejuicios, inseguridades e ideas irracionales.

Aunque esa respuesta te pueda hacer daño, tienes que tener claro que forma parte de los demás, no es algo que tú puedas cambiar. 

3. Si alguien decide no acompañarte durante este proceso de tu vida o te rechaza, quizá no sea una persona que merezca la pena tener al lado.

Cuando tomamos decisiones drásticas sobre la forma en que vivimos o sobre lo que hacemos, esto puede suponer un gran descubrimiento.

Un descubrimiento para ti mismo/a cuando haces las cosas que realmente quieres hacer, las que te representan y con las que te identificas.

También un descubrimiento en relación con tu entorno: habrá gente que se alegre por ti y contigo.

Habrá otros que no entiendan lo que está sucediendo pero lo acepten.

Otros ni lo entenderán ni lo aceptarán.

Cualquiera de las opciones es válida para quien elige tomarla.

Es aquello de “quien me quiere, que me siga”.

Lo importante es que tu proceso es tuyo y de nadie más.

No puedes vivir tu vida dependiendo de lo que los demás opinen, de lo cómodos que se sientan.

Tu vida es tuya y sólo tienes una.

De lo que se trata es de estar cómodo con quién eres y con lo que haces.

Desde Quiero Psicología entendemos que el proceso de aceptación puede dejar heridos por el camino, ya sea a nosotros mismos o a los de nuestro alrededor.

Si sientes que estás lidiando alguna batalla y necesitas una mano extra, ponte en contacto con nosotras, estaremos encantadas de acompañarte durante este proceso.

¿Cambiar es un imposible?

Si piensas que es muy difícil que las personas cambien, que si alguien lo hace es durante un tiempo determinado o que es inviable modificar ciertos patrones de comportamiento, quizás este post te interese.

El cambio en la conducta puede ser un tema contradictorio.

Hay dos bandos: unos opinan que sí es posible y otros que no.

Lo cierto es que ambas situaciones se dan y que no son excluyentes.

Desde que llegamos al mundo nos vemos envueltos en una serie de rutinas, hábitos y costumbres propias de quien nos cuida.

Estas rutinas son inicialmente la presentación del mundo y de las relaciones y van con nosotros allá donde estemos.

Lo que vamos viendo habitualmente se convierte en algo normalizado. Asumimos que esas son las formas de hacer las cosas o de vivir.

Durante la maravillosa etapa de la adolescencia, se desarrolla nuestra personalidad consolidando aquello que creemos, con un pensamiento más crítico que en comparación a cuando teníamos 3 años.

A partir de aquí hay quienes piensan que ya se terminaron todas las oportunidades para cambiar.

Si esto fuera así, la psicología no tendría sentido y estaríamos abocados al fracaso como sociedad y como personas.

Si NO quieres cambiar, o que NO va a servir para nada el cambio y que es IMPOSIBLE modificar algo, con bastante probabilidad NADA cambiará.

Así de sencillo.

Con estos ingredientes, el resultado será la aceptación de la situación manteniendo todo tal y como estaba.

Si piensas que SÍ te gustaría cambiar algo de ti, que SÍ puedes obtener ventajas tras ese cambio y que a pesar de la poca motivación quieres hacerlo, tienes muchas posibilidades de conseguirlo.

Muchos serán los intentos que habrás realizado para ser “distinto” y cambiar, y muchas habrán sido las frustraciones o las vueltas “a lo mismo”.

¿Esto quiere decir que por más que lo intentes no vas a poder cambiar?

No, en principio, no quiere decir eso.

El cambio no sucede por arte de magia ni existe un remedio eficaz para conseguirlo al instante.

Sin embargo, con los ingredientes adecuados, serás capaz de modificar lo que deseas.

¿Crees que eres la misma persona que cuando tenías 10 años menos?

Probablemente tu forma de pensar, opiniones o incluso gustos, no se mantengan exactamente igual que hace años.

Aprendes, vives nuevas experiencias y adquieres conocimientos que antes no tenías.

Ojo, no se trata sólo de vivir y fluir.

El paso de los años no es motor de cambio en sí mismo. Para cambiar hacen falta una serie de factores:

Cambiar implica motivación y consciencia.

Si no soy realmente consciente de qué quiero cambiar, por qué y para qué quiero hacerlo, el cambio será mucho más fantasioso e inviable.

Imagina que es tu pareja quien te pide que cambies, pero no entiendes realmente qué quiere que modifiques. O, sencillamente, no estás del todo de acuerdo en que seas tú quien tenga que cambiar.

Puede que intentes suprimir una conducta que se supone tienes que cambiar (tu pareja te lo está pidiendo) pero lo consigues durante un tiempo y luego vuelves a las andadas.

El pensamiento que te llega es algo como “no puedo evitarlo, al final, siempre caigo en lo mismo”.

Aquí hay una serie de preguntas que sería conveniente que te planteareas.

  • ¿Te has parado a pensar si realmente quieres cambiar esa conducta o si es una imposición externa?
  • ¿Te obligas a ti mismo o a ti misma a modificar algo sin tener motivos de peso?

Analizar tu conducta te permite valorar desde dónde viene esa petición de cambio y qué consecuencias agradables traerá.

Hacer este análisis tú solo o sola, puede ser complicado.

Quizás necesitas una ayuda externa.

Esta ayuda puede ser un familiar, un amigo o amiga. Alguien con quien te sientas en confianza y que te escuche sin juzgarte.

Tal vez sea el momento de solicitar ayuda de una persona experta.

El ser humano se co-regula con otros y el cambio también necesita tener referencias externas y recibir feedback.

Esto es posible si contrastas la información de fuera, la que te dan los demás, con la de dentro. Que tengas en cuenta lo que te demanda tu entorno frente a lo que tú sientes.

El siguiente paso es el cómo hacerlo.

Tienes muy claro qué quieres modificar y para qué y cómo te podrás sentir si cambias, pero no tienes herramientas para ello.

De nuevo pedir ayuda puede ser un factor clave.

Esta ayuda te va a aportar el apoyo de tu entorno o tener un lugar en el que hablar sobre este proceso de cambio.

Te permitirá observar cómo hacen los demás cuando están en una situación parecida a la tuya.

Aprenderás a mantener la paciencia y a tolerar la frustración ante los intentos sin resultado permanente.

A ser compasivo contigo mismo, aceptando que no es un camino lineal hacia arriba sino una ruta con desniveles, subidas y bajadas que te llevarán a la meta.

La conducta aprendida se puede reevaluar, desaprender y volver a iniciar un aprendizaje diferente.

Cambiar no significa modificar todo de ti.

Se trata de aprender otras formas de gestionarte, otras vías para canalizar situaciones, pensamientos y emociones.

Imagina que eres una persona muy celosa y siempre lo has sido.

Por más que intentas evitarlo, caes en discusiones con tu pareja por tu propia inseguridad.

No se trata de convertirte de la noche a la mañana en alguien que no es celoso o celosa.

Se trata de entender tu conducta. Qué hace que te comportes así. Descubrir de dónde viene esa inseguridad y comprender si los celos son funcionales para ti o no.

Saber si lo son es “tan fácil” como responder estas preguntas:

  • el hecho de que seas una persona celosa ¿tiene consecuencias agradables o desagradables?
  • ¿afectan tus celos a las diferentes áreas de tu vida o más claramente a alguna de ellas?

Hacerte consciente de todo lo anterior, te hará reflexionar y te ayudará a desear modificar estas sensación o consecuencias.

Esto no quiere decir que a partir de aquí sea tarea fácil, pero ya has dado el primer paso, que es el que más cuesta.

Tomar conciencia es fundamental.

Teniendo siempre bien claro que la forma en la que cambies dicha conducta requiere tiempo.

Un patrón tan interiorizado no se modifica con rapidez (o sí, depende de la persona) y esto no significa que sea imposible o que tú no puedas hacerlo.

Es como si acostumbras a conducir un coche y de la noche a la mañana te piden que conduzcas una lancha motora por el mar.

Puedes ser una persona experta en conducir coches y ser nefasta en el mar.

¿Significa eso que no puedes aprender a conducir una lancha?

No. Significa que necesitas aprender a hacerlo, practicar y entrenar hasta dominar la nueva conducta, la forma de conducir una lancha.

Quizás continúes con cierta tendencia a los celos.

Lo más seguro es que, con la intención que tienes de cambiar, puedas aprender a comprenderte y gestionar esas situaciones de otra forma.

Tú solo o sola o con ayuda, pero sí es posible modificar patrones y adquirir unos nuevos.

Ten en cuenta que cambiar una conducta también puede conllevar que vuelvas a equivocarte y tengas que volver a empezar.

Cambiar no es dejar de hacer algo para siempre.

Es tener en cuenta lo que sucede cuando te comportas de cierta forma o piensas de determinada manera y cómo te sientes o haces sentir a los demás con ello.

Es importante tener presente que el cambio comienza por uno mismo.

Aunque veas claro que alguien se está equivocando y haciéndose daño manteniendo un comportamiento determinado y quieras ayudarle, esa responsabilidad no es tuya.

Si alguien no quiere cambiar tú no lo harás por él o por ella.

Si te enganchas a la idea o el deseo eterno de que alguien que te quiere cambiará por ti, puedes correr el riesgo de invertir tiempo y energía en algo que no sucederá nunca.

Una cosa es dar una valoración sobre alguien desde fuera y otra muy distinta imponer a una persona una idea o necesidad tuya.

Si quieres intentar modificar algo, o ya tenías claro que querías hacerlo, pero consideras que necesitas ayuda, en Quiero Psicología podemos trabajar contigo.

Para que entiendas tus “porqués” y tus “para qués” y enseñarte nuevas herramientas que te permitan ampliar tus vías de actuación y pensamiento.

hijos y sexualidad

Hablar de sexualidad con nuestros hijos e hijas

Cuando nos planteamos la idea de tener que hablar con nuestros hijos sobre sexualidad nos asaltan miles de dudas y miedos.

¿Será el momento adecuado? ¿cómo debo hablarle? ¿qué debo decirle? ¿cuánta cantidad de información?

En otro post hace unos meses te hablamos de Niños, niñas y pornografía. Te mostrábamos algunas pautas directamente relacionadas con la pornografía y la forma de educar a nuestros hijos e hijas en la sexualidad.

Queremos ahondar en este tema. Que nuestros niños y niñas sean adultos sanos. Conseguir que la sexualidad, el sexo y todo lo concerniente al tema sea abordado desde la honestidad y la cercanía. Hacer que nuestros hijos e hijas se sientan cómodos y seguros a lo largo de las distintas etapas de su desarrollo.

La información debe ser adecuada a la edad del niño.

Hay varios requisitos fundamentales a la hora de abordar “la charla”. Uno de ellos es tener siempre en cuenta en qué etapa de desarrollo se encuentra nuestro hijo o hija.

La manera en la que le damos la información a un niño de 6 años, no es igual a la forma en la que se la damos a un adolescente.

Procesan la información de manera distinta en función de sus experiencias, de sus conocimientos previos, de la edad madurativa y cronológica.

Si sobresaturamos y ofrecemos información para la que no están preparados, podemos hacerles más lío que aclarar conceptos.

Debemos hablarles de una forma clara, concisa y veraz.

No debemos hablarles con dudas, dando demasiadas vueltas, utilizando metáforas infantiloides (la abejita pone una semillita) balbuceando, etc. Estas actitudes pueden mostrar a nuestros hijos e hijas que nos da vergüenza hablar “de estos temas” que es justo lo que queremos evitar.

¿Cuándo debo hablar con ellos y ellas?

Hay diferencia entre hablar de manera puntual sobre un tema de educación sexual y ofrecer una educación sexual. Son dos conceptos muy diferentes.

Al hablar con nuestros hijos e hijas, estamos transmitiendo una información concreta. Información que o bien han pedido ellos o nosotros como adultos hemos decidido ofrecer por considerarlo necesario, adecuado para su correcto desarrollo, etc.

La educación se da en el día a día, en la cotidianeidad.

El mejor ejemplo que podemos dar es en nuestro día a día.

La forma en que vivimos y expresamos nuestra propia sexualidad en la intimidad de nuestro hogar es fundamental.

Normalizar las muestras de afecto, cariño y respeto hacia nuestras parejas, hablar sobre la menstruación sin hacerlo parecer algo “sucio”, etc.

No ocultarnos, no avergonzarnos, les enseñará a ellos y ellas a no hacerlo.

¿Qué temas tratar?

Según nuestros hijos e hijas van cumpliendo años, su capacidad cognitiva, su nivel de comprensión, su curiosidad y su interés aumentan.

Como ya hemos comentado, los temas que vayamos abordando tienen que estar muy ligados a la edad de nuestros hijos.

A partir de los 2 años.

Un dato importante a tener en cuenta es que los niños comienzan a percibir diferencias entre los sexos a partir de los 2 años.

Empiezan a sentir curiosidad por las distintas características entre niños y niñas y comienzan las autoexploraciones.

Son conductas normales y sanas que todos los niños tienen. No es preocupante ni alarmante y es una señal de que podemos ir comenzando a ofrecerles una educación sexual sana y adecuada.

Es el momento para indicarles los nombres reales de sus genitales. Para ir explicándoles las diferencias físicas entre niños y niñas, por ejemplo.

Debemos permitir la autoexploración. Se les puede indicar que es algo que es mejor hacer en casa que en el parque. Es importante remarcar que no es porque sea vergonzoso o algo que esconder. Podemos decirles que así no se llenarán de arena o cualquier otra idea que no les indique que lo que hace ha de ser escondido.

Al comenzar a sentir curiosidad, además de la autoexploración, intentan investigar en otras personas.

Cuando comienzan a intentar hacer esto, es la oportunidad perfecta para transmitirles que nadie tiene derecho a tocar a otra persona sin su consentimiento. Ni ellos pueden tocar, ni tampoco deben permitir que otros les toquen, ni siquiera un familiar o un amigo.

4 – 5 años.

Entorno a los 4 o 5 años, empiezan a hacer preguntas sobre de donde vienen los bebés. Puede suceder que, al ver a una embarazada, pregunten qué le pasa. Normalizar siempre es la clave.

Es precisamente en este momento, cuando se les puede ir explicando los procesos del embarazo, la gestación y el nacimiento. Sin dar más información de la necesaria, pero sí recordando hablarles con datos veraces y reales.

Cada persona lo hará a su manera. Es importante que uses tu lenguaje y tu manera particular de hablar. Utilizar palabras sencillas y habituales cuando te comunicas con tu hijo o hija. Siempre cumpliendo la premisa de no transmitir fantasías como hablarles de cigüeñas o similares.

Hay que contarles cómo es el proceso de la fecundación sin entrar en detalles más profundos. Si les damos más información o más profunda de la que están preparados para recibir, perderán la atención y el interés.

Para transmitir, primero debemos escuchar lo que están interesados en descubrir.

+/- 8 años.

Entorno a los 8 años, la curiosidad aumenta. Sus capacidades también lo hacen y es probable que hayan tenido acceso a más información a través de algún amigo o de hermanos mayores.

Es un momento complicado. Nuestros hijos e hijas empiezan a ser conscientes de que la sexualidad es un proceso íntimo y comienzan a asociar estos procesos con algo vergonzante.

Pueden llegar a ocultarnos lo que saben, lo que han descubierto. Este descubrimiento y de dónde llega es vital. En muchas ocasiones llega a través de la pornografía y esto puede hacer que en sus cabezas se instalen conceptos e ideas erróneas.

Aquí, es muy importante que seamos los adultos quienes tomemos la iniciativa. Dejarles claro que estamos disponibles para hablar con ellos y ellas de todo lo que les puedan preocupar.

10 – 12 años.

Alrededor de los 10 años, muchos de los niños y la mayoría de las niñas comienzan a experimentar cambios corporales. Este suceso que les puede generar dudas e inquietudes.

Es ahora cuando debemos hablarles sobre cuáles son los orígenes de estos cambios que están sintiendo.

Hay que informarles de los procesos de ambos sexos (menstruación, eyaculación, ovulación, etc).

De esta forma les estaremos ofreciendo consciencia de las diferencias sin marcarlas como algo negativo. La idea es justo la contraria, identificar que cada uno experimenta cosas diferentes y que todo está bien.

Adolescencia.

Con la llegada de la adolescencia, debemos abordar temas más complejos y amplios. Hablar de las relaciones sexuales en sí mismas, el placer asociado, las infecciones de transmisión sexual, las opciones de anticoncepción, las distintas formas de relaciones, etc.

Como siempre, teniendo en cuenta que la información que les transmitimos debe ser clara, concisa y veraz. Ofreciéndoles confianza y un espacio seguro y libre de crítica o juicio para que expresen sus dudas.

La sexualidad no es sólo un proceso biológico.

Hasta ahora hemos visto cómo hablarles sobre los procesos biológicos y físicos asociados a la sexualidad. Obviamente, todos sabemos que no es únicamente un proceso físico.

Es un hecho que lleva asociado expresión emocional, no únicamente amor, también deseo y pasión que pueden ser independientes del amor.

Todo lo que les contemos debe ir acompañado de esta parte más emocional y del respeto por el otro o los otros.

Es fundamental que tengan claro desde pequeños que se trata de procesos íntimos en el que se ven involucradas dos o más personas de manera voluntaria y consciente.

Sentar las bases del respeto mutuo es un básico. El respeto debe ser el hilo conductor de todas las interacciones sexuales que tengan a lo largo de su vida.

Todas las prácticas sexuales son lícitas, correctas y maravillosas siempre que las personas que involucradas se sientan respetadas y tomadas en cuenta.

Si logramos transmitir este concepto a nuestros hijos e hijas estaremos consiguiendo que puedan vivir y tener una sexualidad sana. Que, en un futuro, sepan hablar con sus hijos e hijas de una forma cercana como hemos hecho nosotros.

¿Crees que no sabes relacionarte con tus hijos o hijas de esta forma?. Si necesitas ayuda para dar el paso de hablar sobre sexualidad o cualquier otro tema que te resulte “delicado”, no lo dudes: contáctanos y estaremos encantadas de ayudarte.

San Valentín y los bulos sobre el amor.

14 de febrero, San Valentín.

Hemos sufrido o disfrutado de la publicidad relacionada con San Valentín, regalos exclusivos para parejas, planes románticos…

Esta saturación de mensajes esconde un fin consumista que muchas veces puede hacer que nos sintamos en la obligación de comprar o regalarle algo a nuestra pareja, o como puede ser en el caso de los y las solteros y solteras, sentirse vacíos o incompletos.

¿Cómo nos afecta este bombardeo?

Si tienes pareja, lo habitual es que aparezcan pensamientos del tipo:

¿Debería comprarle algo?

¿Si no recibo ningún regalo será que mi pareja no me quiere?

Le voy a regalar algo carísimo, que quede claro cuánto le quiero.

Menudo rata, no se ha podido gastar menos, es significa que le importo bien poco.

En el caso de las personas sin pareja, los pensamientos puede ser algo como:

¿Soy menos guay si no tengo con quién celebrar San Valentín?

¿Necesito tener una pareja para ser feliz?

Es San Valentín, estoy sola y me gusta ¿soy rara?.

Otro San Valentín sin pareja. Me siento mal por estar contento.

Todos estos pensamientos están muy relacionados con los llamados mitos del amor romántico.

¿Qué son los mitos del amor romántico?

Todos tenemos una imagen creada de lo que “debe” ser una relación de pareja. Muchas de las ideas que damos como buenas están construidas sobre unas bases injustas, desequilibradas y, sobre todo, falsas.

Son una serie de mandatos de género en torno al amor que, gracias a la perpetuación del imaginario a través de películas, libros y demás se han transmitido socialmente y nos han hecho creer que para que una relación funcione,  tiene que ser lo más pasional posible con subidones de pasión, dramas y otras “delicadezas” que no pueden estar más lejos de lo que una buena relación de pareja es.

Estos mitos se sustentan sobre unos puntos básicos “imprescindibles”:

La media naranja.

Siempre es agradable mostrar compatibilidad con tu pareja, compartir aficiones y puntos de vista. Sin embargo, este mito puede llevarnos a pensar que existe alguien predestinado a nosotros y que además nos completará.

Es importante recordar que ante todo, somos seres independientes y no necesitamos de nadie para que nos complete, podemos ser naranjas enteras. Además, las diferencias con tu pareja pueden ser realmente enriquecedoras y suponer nuevos aprendizajes.

El amor todo lo puede.

Cuando una relación no funciona, el amor no es suficiente.

Quererse no va a hacer que los problemas de pareja desaparezcan. Este mito puede dar pie al pensamiento “si me quiere, cambiará” provocando que en muchas ocasiones nos veamos en la obligación de tolerar situaciones desagradables esperando a que el amor entre la pareja por sí solo lo arregle.

Ante estas dificultades la mejor herramienta es la comunicación, si hay algo que te moleste de tu pareja te animamos a expresarlo asertivamente, indicando cómo te sientes y cómo te gustaría solucionarlo.

Si no duele no es amor.

Una relación requiere esfuerzo, tolerancia y flexibilidad.

Es normal y hasta sano y necesario que en ocasiones surjan pequeños conflictos o discusiones, somos humanos y a veces nos equivocamos. Sin embargo, una relación no implica sufrimiento.

De hecho, las discusiones constantes y el malestar pueden ser un indicador de que algo va mal, por lo que a veces, una ruptura puede acabar siendo una ganancia.

El amor es eterno.

Vivieron felices y comieron perdices.

¿Cuántas películas finalizan con este mensaje?, ¿y si el matrimonio acabó en divorcio?, ¿o si la pareja se cansó y decidió dejarlo?.

Como ya hemos visto, quererse no es suficiente para mantener una relación.

Una relación sana implica esfuerzo y aceptación.

Esfuerzo para mantener lo positivo en primera línea, aceptación de lo que no te gusta y tienes que aprender a manejar.

Es normal que a veces no termine de funcionar. Esto no debería suponer un fracaso, sino que quizás existen diferencias entre ambas personas demasiado profundas o falta de entendimiento que no se llega a solucionar.

El amor va modificándose con el paso del tiempo, lo que al principio puede ser un amor muy pasional, puede dar pie a un amor más íntimo y comprometido o un amor de compañerismo.

Siente celos porque me quiere.

Los celos son una emoción que aparece cuando percibimos que podemos perder aquello que tenemos o amamos. Esto no habla de amor. Una persona celosa puede esconder inseguridad, ansiedad y un sentimiento de posesión exagerado y malsano.

Tener celos no nos da derecho a prohibir o limitar comportamientos a nuestra pareja. Recuerda que somos seres independientes y completos y es importante respetar y confiar en la pareja para que la relación funcione.

Exclusividad.

Estar enamorado o tener pareja no implica que no te puedan atraer otras personas.

Es normal sentir atracción y fijarse en otras personas. Una cosa es sentir atracción sexual y otra enamorarse.

Esto último puede dar pie a lo que se conoce como poliamor: relaciones afectivas de más de dos personas; o a relaciones abiertas, donde una pareja acuerda por decisión mutua la posibilidad de mantener relaciones sexuales y/o amorosas con otras personas fuera de la pareja.

No existe un prototipo de relación ideal. Lo fundamental es que las personas que forman la relación decidan de forma consensuada lo que es mejor para ambos.

Si de verdad me quiere, me lo hará saber.

Es aquello de que mi pareja me va a leer el pensamiento o va a entender lo que quiero o necesito con una simple mirada.

Esto puede llegar a suceder tras muchos años de relación y no es, ni de lejos, la capacidad de leer la mente, sino la costumbre y el conocerse mutuamente.

Este mito puede generar problemas y falta de entendimiento en la pareja a raíz de los mensajes que nos transmite el día de San Valentín.

Existen diferencias en los estilos de comunicación que hacen que algunas personas sean más expresivas o más evitativas que otras. Una cosa es sentir la emoción de amor y otra muy distinta es comunicarla.

Al igual que el lenguaje, el amor puede expresarse de múltiples formas.

Gary Chapman, en su libro “Los 5 lenguajes del amor” define justo eso: 5 formas de expresar el amor a través de una serie de comportamientos que aportan valor y calidad a la relación y a lo que cada una de las partes hace en ella.

Estas 5 formas de expresión del amor son:

El contacto físico.

Está más que demostrado que los abrazos, las caricias, los besos, mejoran el sistema inmunológico, refuerzan los lazos afectivos, generan una lluvia de hormonas que nos hacen sentir extraordinariamente bien y lo mejor de todo, son gratis.

Disfrutar de tiempo de calidad.

Ahora que el ritmo de vida frenético que llevábamos ha parado y que las restricciones nos impiden hacer todos los planes que nos gustaría, compartir tiempo de calidad con tu pareja puede ser realmente beneficioso.

Palabras de afirmación.

Verbalizar cómo nos sentimos y señalar lo que nos gusta de nuestra pareja a través de una carta o una canción. Expresar verbalmente nuestros sentimientos hacia ella/él es algo agradable que a todo el mundo le gusta escuchar.

Actos de servicio.

Cocinar su plato favorito, darle un masaje al finalizar el día, desplazarse a un lugar lejano con el fin de estar cerca de tu pareja, etc. son acciones que a veces damos por sentado y realmente suponen un esfuerzo y compromiso por parte de la otra persona.

Regalos.

Regalar no implica gastarse una gran cantidad dinero, de hecho, se puede optar por obsequios realizados por uno mismo y tendrá más valor que algo caro y ostentoso.

Existen muchas formas de expresar el amor.

Gastarse mucho dinero no significa sentir más amor, dependerá del estilo de comunicación y elección de cada persona.

¿Qué pasa si estoy soltero o soltera en San Valentín?

Estar soltero o soltera no te hace estar incompleto o incompleta.

Puede ser una elección propia, un momento en el tiempo, un período de duelo necesario.

No menosprecies el tiempo de estar solo o sols, dedícalo a conocerte, a mimarte y a cuidarte como nadie más que tú sabe hacerlo.

San Valentín está reconocido como el día del amor en pareja cuando realmente debería celebrarse todos los días, empezando por el amor propio.

Permítete sentir estas emociones, busca planes que te agraden, fomenta el autocuidado o escribe a esas amistades que hace tanto tiempo que no ves.

Recuerda: todos somos naranjas completas y la felicidad no depende exclusivamente de la pareja.

Si sientes que tu relación de pareja está asentada sobre unos cimientos erróneos. O si te sientes mal por no tener pareja, quizás debas darle una vuelta a tu relación de pareja o a la relación que tienes contigo mismo o misma.

No lo dudes: escríbenos y estaremos encantadas de escucharte.

¿Cómo puedo visibilizar la Violencia de Género?

En el post “La invisibilidad de la violencia de género” hablamos de los cimientos invisibles sobre los que se construye la sociedad desigual y patriarcal en la que vivimos.

Vimos como en las diferentes etapas de la vida hay ejemplos suficientes que mantienen esta desigualdad. Al igual que es muy importante conocer qué sostiene a la Violencia de Género, también es importante saber cómo podemos cambiar las cosas.

¿Qué puedes hacer tú para desmontar esta estructura y crear una más igualitaria?

Si no se te ocurre nada, usa estas propuestas, comenzando por el principio:

Infancia.

Cuando te dirijas a un niño o a una niña, trátales por igual.

Déjales hablar de lo que a ellos les gusta, sin juzgar. Puede haber niños que quieran jugar con muñecas, vestirse con falda o pintarse la cara, y eso está bien. Puede haber niñas que quieran jugar con coches, al fútbol o trepar por los árboles, y eso también está bien.

Es necesario y positivo para su desarrollo que niños y niñas puedan explorar, interesarse por cosas diferentes, experimentar aquello que les genera curiosidad y definir quiénes son.

Permíteles hacerlo de manera flexible.

¿Qué tal si en vez de decir “esto es de niños” o “esto es de niñas” pruebas a decir “normal que te guste esto, es muy chulo”?

Así les harás sentir comprendidos, escuchados, respetados y validados. Y, sobre todo, les dejas claro el mensaje de que pueden explorar libremente y que eso está bien.

Al hablar de emociones o de regular emocionalmente a un niño y a una niña, trátalos igual.

Pregúntale a tu hijo por qué está triste.

Dile que está bien sentirse así a veces. Que puede sentirse triste y eso es síntoma de valentía, no de debilidad.

Explícale que está bien que sea cariñoso contigo, con sus amigos y amigas o con sus familiares.

Permite que se enfade y ponga límites, es necesario que aprenda para así poder defenderse de las cosas que le hacen sentir mal.

Si hablas con una niña, evita frases como “las niñas no se enfadan”, “tienes que ser buena”.

Nuestros hijos deben aprender a expresar emociones como la tristeza, el miedo o el enfado, independientemente de si son niños o niñas. Solo así podrán desarrollarse como adultos sanos y regulados emocionalmente.

Evita mandarles mensajes implícitos con preguntas cerradas.

“¿Qué tal son los niños de tu colegio?”

Con esta pregunta abierta, das opción a que te hable libremente de cómo son los niños y niñas con los que se relaciona.

De esta forma será más fácil que te diga si hay alguien que le hace sentir mal o si tiene algún amigo íntimo, incluso si le gusta alguien.

También es importante explorar qué significa “gustar” en edades tempranas.

Puede ser que haya oído algo sobre tener novio o novia, de lo que hacen las parejas y se limite a reproducirlo sin tener realmente consciencia de ello.

Es importante que nuestros hijos e hijas tenga relaciones ajustadas a su edad y no asumiendo roles de adulto.

“¿Que cosas te gusta hacer?”

Si a un niño o niña le gusta hacer algo, probablemente tienda a repetirlo y esto puede hacer que se le dé mejor.

Potenciar las cosas que le gustan o que se le dan bien hace que desarrolle una mejor autoestima, haciendo que se sienta útil, válido y capaz.

Da igual si las cosas que le gustan “no son apropiadas para un niño” o son “cosas que las niñas no hacen”. De lo que se trata es de permitir a nuestros hijos desarrollar sus mejores capacidades, sin poner el límite más que en aquello que les gusta o les disgusta.

“¿Por qué no me ayudas con las tareas de casa?”

Tanto si es niño o niña, es importante que aprenda a responsabilizarse de las tareas de casa.

Enséñale lo que hay que hacer y llega a un acuerdo para que se responsabilice de algo adecuado a su edad: recoger los juguetes, hacer la cama, etc.

Gran parte de la desigualdad reflejada en la sociedad, nace en el reparto poco equitativo de las tareas del hogar.

“¿Qué quieres por tu cumpleaños/navidad?”

Escucha lo que pide y pon un límite que no resida en si o que quiere es “para niños” o “para niñas”.

El juego es fundamental en la infancia. Es fuente de exploración y de crecimiento, permite poner en marcha sus recursos y habilidades.

No hay juegos para niños o para niñas, hay juegos, punto. Permite que el juego sea algo libre y sin juicios.

Adolescencia.

Este es un periodo crítico en el que se establecen relaciones íntimas con los iguales y se tienen las primeras relaciones de pareja. Es en la adolescencia donde aparecen y se desarrollan muchas de las bases que sostienen la violencia de género, normalmente de forma inconsciente.

Con los adolescentes es importante que te puedas acercar a ellos desde la escucha incondicional, el entendimiento y la aceptación.

Intenta ser un modelo positivo que puedan seguir, tanto a la hora de regular tus emociones como cuando te relacionas con tus iguales o tu pareja.

Aprendemos a través de los otros, especialmente de los modelos más cercanos.

Trata de mostrar tus emociones de una manera equilibrada. Explica la importancia de sentirte triste o de sentir miedo y gestionarlo de una manera adecuada.

Ser un referente al que tus hijos e hijas puedan acudir sin miedo ni vergüenza facilitará que detectes y actúes sobre comportamientos que pueden ser dañinos para ellos y ellas.

Marca límites en tus relaciones, para que tus hijos e hijas aprendan desde una base sólida.

Diles que las chicas no necesitan que los chicos las protejan. Chicas y chicos pueden llegar a sentirse igual de seguros y pueden ayudarse mutuamente en caso de necesidad.

Enséñales que las chicas no son sumisas por definición. No tienen que aguantarlo todo. Es importante que aprendan a poner límites o a irse a tiempo. Su papel no es el de cuidadoras.

Es importante que tus hijos tengan un modelo real de lo que es el sexo, siéntate a hablar con ellos. Explícales que las relaciones sexuales tienen que ser consentidas y que los chicos no tienen mayor deseo sexual que las chicas.

Haz que entiendan que la base de toda relación es la confianza. Si se sienten controlados, explícales que eso no es sano ni normal y que una buena relación no necesita control.

Que tengan claro que la violencia no es una forma de expresar las emociones ni la manera de solucionar nada.

Demuéstrales que pueden contar contigo, que les valoras por lo que son, que les quieres y que les apoyas.

En la adolescencia, detrás de la Violencia de Género puede haber fuertes sentimientos de inseguridad: miedo a que la pareja se vaya, necesidad de pertenecer al grupo o de reconocimiento, entre otras.

Para evitar en la medida de lo posible esa inseguridad, es fundamental que los y las adolescentes sepan que son importantes y válidos solo por ser quiénes son, sin necesidad de aparentar ni cumplir esos “roles” que son tan perjudiciales.

Detrás de la masculinidad tóxica y del rol de cuidadora de la mujer hay una gran sensación de malestar, insatisfacción, frustración, baja autoestima y ansiedad.

Humor sexista.

El objetivo de una broma es hacer reír y resultar neutral. La broma termina cuando el mensaje que transmite hace daño.

No refuerces las “gracias” que perpetúan la violencia. Suelen ser recurrentes las relacionadas con las mujeres y las tareas del hogar; su mal humor; el control que ejercen sobre sus parejas masculinas; las pocas ganas que tienen de mantener relaciones sexuales, etc.

Micromachismos.

Identifica los mensajes en los que hay una valoración negativa a la mujer: “las tías son todas unas histéricas”, “no puedo confiar en las mujeres”, “las chicas son bastantes sueltas”.

Cuidado con reforzar o validar este tipo de generalizaciones. Puedes responder diciendo “quizá tu última experiencia con esta persona ha sido desagradable, eso no significa que todas las mujeres sean así”.

Cosificación.

“Las mujeres están para lo que están”.

Este tipo de comentarios facilitan la normalización de situaciones injustas, irreales y terribles para la mujer.

Normalizar la prostitución es un claro ejemplo de la cosificación de la mujer. Se presupone que las mujeres están para dar placer sexual y que su única función es esa, quedan reducidas a ser un servicio para el hombre.

La publicidad nos bombardea con mensajes implícitos donde la mujer se somete al hombre.

Las mujeres no disfrutan siendo sometidas ni dominadas, disfrutan siendo libres y estando en relaciones de igualdad.

Compartir fotos de chicas en el grupo de wasap sin su consentimiento ni su conocimiento, es otro ejemplo de cosificación. Lo que se busca es tener el control sobre las mujeres y manipular su intimidad. Si observas este comportamiento en tu hijo, déjale claro lo que está haciendo.

Lenguaje.

Cuando oigas comentarios despectivos sobre una mujer, señálalos. Si se ve a una mujer en la TV que desempeña un puesto laboral y oyes la típica frase de “está ahí por ser quién es” rebátelo y destaca por lo que realmente está ahí.

Cuesta reconocer los logros de las mujeres, se tiende a infravalorarlas y decir que están ahí por otros motivos o que son menos válidas en general que los hombres. Cada caso es un mundo.

Anulación.

Ningún hombre tiene el derecho a minusvalorar, hablar o tratar con superioridad a una mujer por el mero hecho de serlo.

Tu hija tiene derecho a poner límites y eres tú la persona encargada de enseñarle dónde, cuándo y cómo ha de hacerlo.

Es complicado poner límites cuando hay una sociedad que respalda ese tipo de conductas.

Que los compañero la saluden repetidamente diciéndole lo guapa que está, o lo bien que le queda esa ropa puede hacerle sentir que sólo vale por lo guapa que es o el estilo que tiene.

Si en su grupo de amigos y amigas hay alguien que siempre hace comentarios que pisan lo que está diciendo, puede sentirse anulada, poco valorada o ignorada.

Es tarea tuya prestar atención a los comentarios que ella pueda hacer a este respecto, haciendo hincapié en su valía por otras cosas o en su capacidad para decir que se calle a ese que siempre la interrumpe.

Como puedes ver, el cambio puede comenzar desde el principio.

La mejor herramienta que tenemos es la educación y el ejemplo.

Cambiar los cimientos desde abajo, construir una sociedad desde el principio depende de ti y de todos nosotros.

Con las pautas que te proponemos en este post podrás empezar a identificar y cambiar aquellas cosas que has podido normalizar e interiorizar.

Si quieres revisarte y dar un espacio a todo lo que llevas vivido, te esperamos en quiero para ayudarte a trabajar en ello.

niños y pantallas

Niños, niñas y pornografía.

A finales del año 2020 saltó una noticia aterradora.

La detención de un grupo de hombres, entre ellos bastantes menores, por viralizar a través de la red social Instagram vídeos de contenido pornográfico. Entre los vídeos publicados, se encontraban tres en los que se veían violaciones a bebés de menos de 3 años.

Alrededor de 40 detenidos en toda España de los cuales la mayoría, 34, eran menores de edad. Todos ellos pertenecían a un grupo de whatsapp donde se compartían vídeos violentos y pornográficos porque les parecía “gracioso”. Estos menores fueron invitados al grupo por el conocido de un amigo.

Durante algunas de las detenciones se produjeron situaciones en las que los menores se reían diciendo lo gracioso que les había parecido compartir esos contenidos.

Mientras, los padres de esos chicos lloraban desconcertados, preguntándose cómo sus hijos habían podido llegar a visionar y más tarde viralizar ese tipo de contenido.

Algunos de los menores incluso “habían olvidado” haber compartido esos vídeos.

Padres y madres alarmados, asustados, dándose cuenta de lo poco que conocen a sus hijos. Alucinando con lo que habían hecho y con la forma en que se tomaban que estaban siendo detenidos.

Menores que no eran conscientes de que sus actos eran reprobables, ilegales y cuestionables a todos los niveles.

Estos hechos ponen de relevancia que algo falla en la educación en general de esos menores y en la educación sexual en particular.

Un fallo terrible que ha provocado que los menores quedaran expuestos a situaciones de vulnerabilidad. Totalmente ignorantes de que ellos mismos estaban vulnerando los derechos fundamentales de niños y niñas menores de 3 años, agrediendo e intensificando el trauma sufrido.

Estos menores estaban usando este contenido pornográfico y delictivo de manera frívola sin aparentemente conocer el alcance de sus actos. Creyéndose impunes, protegidos por la falsa sensación que producen las redes sociales y el actuar tras una pantalla.

Cuando vemos este tipo de sucesos, cuestionar la educación sexual que reciben nuestros hijos e hijas es lo mínimo que nos pasa por la cabeza.

¿Desde dónde se debe facilitar la educación sexual?

La información sexual que llega a nuestros hijos e hijas debe ofrecerse desde los entornos en los que ellos y ellas interaccionan.

La principal responsabilidad recae en la escuela y en la familia.

Dos entornos que deben complementarse, ofreciendo información clara, concisa y adecuada a la edad del niño o la niña. Este trabajo complementario ayudará a que nuestros hijos e hijas aprendan, interioricen, se cuestionan y, sobre todo que hagan un posterior uso adecuado y beneficioso.  

Aún así, observando estos hechos, nos damos cuenta de que algo ha fallado durante la transmisión de la información.

Es obvio que estos menores tienen una visión frívola de la sexualidad. Visión en la que se cosifica al otro para el mero de disfrute de uno mismo.

Es posible que estos niños tengan conocimientos fisiológicos sobre lo que es el aparato reproductor femenino y masculino.

Seguramente conozcan a la perfección el proceso para procrear y tener hijos.

Lo que casi seguro que desconocen es que la sexualidad es algo más que sexo. Que implica más aspectos que los físicos como el respeto, la intimidad, el placer y el afecto.

Es precisamente en estos aspectos donde la educación sexual está incompleta.

Nuestros hijos e hijas reciben una información mínima y sesgada, lo que provoca que desarrollen su incipiente sexualidad de manera autónoma y sin guía.

Suelen acudir a otros menores, quizás de mayor edad pero igual de inexpertos y desinformados. Es muy raro que pregunten a alguno de los adultos de su entorno.

Esto sucede fundamentalmente por el concepto social generalizada de que “de sexo no se habla y menos con los padres”.

Sexo vs pornografía.

Tenemos acceso a internet, a todo tipo de información desde casi cualquier dispositivo electrónico. Una pantalla, una red wiffi y podemos ver, leer o escuchar casi cualquier cosa: textos, imágenes, vídeos con una amplia variedad de contenido. Y por supuesto, pornografía.

Es alarmante observar que la edad de acceso a la pornografía comienza a los 8 años y que a los 14 ya está generalizado.

Con 8 años estamos hablando de niños que se encuentran en 3º de Primaria, están en plena infancia.

Una edad en la que ni su mente ni su cuerpo están preparados para recibir, analizar o procesar esta información.

Sucede que, en la mayoría de los casos, no la están buscando. Acceden a ella de manera accidental, pinchando en un bánner de publicidad o en un enlace que salta en algo que estén viendo. Quedan totalmente expuestos.

Además de la edad, también es preocupante que la mayoría de menores que acceden a contenido pornográfico luego no hablan con un adulto.

No pueden saber cómo de real es lo que han visto. No son capaces de interpretarlo correctamente y probablemente no sepan procesar cómo les ha hecho sentir.

En el mejor de los casos, consultan a algún amigo que suele tener el mismo nivel de desconocimiento, y entre ellos sacan sus propias conclusiones.

Ahora comienzan a generar en sus mentes el concepto de lo que debe ser el sexo y de lo que es el placer.

Cuando llegan a la adolescencia, este concepto pervertido e irreal ha arraigado en sus mentes. Es el ideal de cómo debe ser una relación sexual y se deciden a buscar aquello que han visto. Esto provoca un choque con una realidad que no cumple con las expectativas generadas. Aparecen aquí frustraciones e intentos de conseguir esas imágenes que consideran “lo que tiene que ser”.

Sin una orientación clara sobre lo que es la sexualidad, nos encontramos con adolescentes que están perdidos ante sus primeras experiencias sexuales.

Chicos y chicas, que se exponen a peligros físicos (embarazos no deseados, infecciones y enfermedades de transmisión sexual, entre otros).

Que sufren consecuencias emocionales y psicológicas (autoconceptos y autoestimas bajas, banalización de la sexualidad o cosificar o dejarse cosificar por el otro).

Consecuencias que se transformarán en secuelas que les acompañarán a lo largo de su vida.

Padres y madres, educadores, profesores, instructores de actividades deportivas o clases extra escolares, etc. Todos los que participamos y estamos involucrados con niños y niñas, debemos ser conscientes de la responsabilidad que tenemos en su educación sexual.

En ocasiones de manera directa, en otras de forma transversal, debemos actuar con consciencia y voluntariedad a la hora de transmitir valores fundamentales.

El respeto por el otro, la aceptación de las diferencias y de los desacuerdos en las relaciones, expresar cuando algo nos agrada y cuando algo nos desagrada, escuchar cuando el otro lo hace. Cosas que nos parecen muy básicas y evidentes pero que no nos ocupamos por enseñar conscientemente a nuestros hijos.

¿Qué podemos hacer?

Noticias como esta son alarmas que ponen el foco en algo que, lamentablemente, sigue siendo tabú en nuestra sociedad: el sexo.

Hasta que no seamos conscientes de que el sexo es algo tan natural como cualquier otro proceso físico que nuestro cuerpo experimenta.

Mientras que no mostremos a nuestros hijos e hijas que se puede hablar de sexo abiertamente.

En tanto que no tengamos claro que no hay nada de feo o de sucio en el sexo consentido, es muy probable que poco o nada cambie.

Hay una serie de cambios que son imprescindibles.

Necesitamos profesionales que se ocupen de dar información pertinente, acertada y veraz sobre la sexualidad humana.

Es imperativo que en las escuelas y los institutos se impartan clases de sexualidad adecuadas a las edades de nuestros hijos e hijas.

En la sociedad, es fundamental que dejemos de cosificar el cuerpo femenino y de rebajarlo a mero objeto de placer para el hombre.

Padres y madres debemos normalizar hablar del sexo y sexualidad de una forma natural y adecuada al desarrollo de nuestros hijos e hijas.

No es un tema que tenga un solo abordaje, tiene varios y algunos están directamente en tu mano.

Si observas en tu hijo o hija comportamientos peligrosos o inconscientes que tienen que ver con la forma en la que expresa su sexualidad incipiente, en Quiero Psicología podemos ayudarte a abordar el tema de la mejor forma posible.

No dejes para mañana lo que puedes hacer. La salud sexual de tu hijo o hija está en juego.

desigualdad de género

La invisibilidad de la violencia de género.

Desde que nacemos, el fantasma de la violencia de género nos acompaña silenciosamente.

Si nacemos niñas podemos vernos determinadas a recibir un trato diferente. Un trato que será el germen que hará que acabemos en una situación de desigualdad social, psicológica y económica.

La forma en que la sociedad se relaciona con las niñas es diferente a la que tiene de relacionarse con los niños.

¿Te has parado a pensarlo?

Estas diferencias se producen en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia, y tienen repercusiones en la edad adulta. Vamos a ir viendo cómo identificarlas.

Infancia.

El tono de voz.

Cuando hablamos con una niña suele ser más suave, más delicado. Utilizamos frases como: “qué guapa eres”, “qué dulce”, “qué tranquila”, etc.

A los niños tendemos a hablarles más alto y usamos frases como: “qué fuerte eres”, “vas a ser un gran deportista”, etc.

A nivel físico.

A las niñas las movemos o cogemos quizás de una forma más suave y cuidadosa.

Con los niños puede que tengamos menos cuidado, les movemos más bruscamente, con menos suavidad.

Límites.

Tan pronto nuestros hijos e hijas tienen una mayor movilidad, es muy habitual que seamos más permisivos con los niños en cuanto a los límites exploratorios y aventureros que les ponemos.

Tendemos a dejar que los niños exploren con más autonomía, que se alejen un poco más, que se caigan incluso.

A las niñas solemos tenerlas más cerca, saltar en el instante en que se caen, estar más pendientes en general.

Expresión emocional.

La expresión emocional que reciben los niños es diferente a la que reciben las niñas.

A las niñas les sonreímos más, les hacemos más cariños, les mostramos afecto más específicamente, con más contacto físico. También tendemos a protegerlas.

Con los niños, por el contrario, es más habitual que mantengamos las distancias, que les toquemos menos. También es habitual que reciban mayores castigos físicos.

A las niñas se les valida que se expresen emocionalmente y se asocia al sexo femenino una mayor sensibilidad emocional. Se da por hecho que son empáticas, buenas, modositas, obedientes, etc.

A los niños que expresan sus emociones, especialmente la tristeza, el dolor y similares, les decimos que no hay que llorar, que llorar es “de niñas” o que “hay que ser fuerte y no llorar”.

Mensajes y estímulos.

Los mensajes y estímulos que reciben niños y niñas son diferentes desde los primeros años de vida.

Estos mensajes los recibimos por parte de nuestros familiares, profesores, vecinos, etc. Pueden ser muy directos y claros o más sutiles y son los que generan los cimientos invisibles sobre los que se asienta la desigualdad silenciosa de la que hablamos en el título de este post.

Desigualdad que cada niño y cada niña va interiorizando paulatinamente y que nos deja claros los roles de género que “nos corresponden”.

Los mensajes que reciben las niñas.

“¿Ya tienes novio?”

Dando a entender que el único objetivo de una mujer es acabar teniendo pareja y que esta sea un chico.

“Con lo guapa que eres, seguro que tienes a un montón de chicos detrás”.

Poniendo el foco en lo importante que es el físico y parecer guapa, para así poder recibir atención, cariño y amor, nuevamente, del sexo masculino.

“Estas hecha toda una mujercita”.

Reforzando la idea de que el principal objetivo de toda niña es convertirte en una mujer, sin importar que ahora mismo esté en la etapa de la infancia.

Cómo ayudas en casa, que niña más buena”.

Reproduciendo los roles de género donde la mujer es la que cuida, se ocupa de todo y se responsabiliza de las cosas de la casa.

“Te ha salido contestona”.

Mensaje que aparece cuando una niña pone límites o rechaza asumir una responsabilidad que no quiere. Se le castiga porque una niña debería ser sumisa, pasiva y complaciente.

Los mensajes que reciben los niños.

“¿Cuántas novias tienes?”.

Normalizando la idea de la infidelidad, bien vista en los hombres porque demuestra lo “macho” que son.

“Tú tienes que proteger a tu hermana/prima/amiguita”.

Introduciendo la idea de que es el hombre el que tiene que proteger a la mujer, que, por el mero hecho de ser mujer, es indefensa, vulnerable y débil.

“Que listo eres, vas a llegar muy lejos”.

Haciendo hincapié en las capacidades intelectuales del niño, nunca en su belleza o delicadeza.

“Eres muy chulillo, seguro que tienes a todas las chicas detrás”.

Implantando en el niño la idea de que si un hombre se muestra distante, con aires de superioridad, con aparente seguridad, va a ser más digno de recibir cariño, atención y amor.

Todos estos mensajes que reproducimos generación tras generación van creando la base de una estructura desigual en la sociedad.

¿Eres consciente de si estás trasmitiendo y reproduciendo a la hora de hablar o de expresarte este tipo de mensajes?

Es importante tener en cuenta que durante la infancia, los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, además de todas estas muestras tan habituales, también sufren directa o indirectamente esa violencia que sus madres padecen. Esto puede generarles graves secuelas psicológicas.

Además de normalizar comportamientos que no son adaptativos (ver que tu padre cuando se enfada rompe cosas). Aprenden que manifestar el enfado así es válido y, probablemente, llegan a interiorizarlo y reproducirlo.  

Otra posibilidad es que el niño o la niña perciba que su padre maltratador es fuerte, que es un lugar seguro donde sentirse protegida o protegido y puede llegar a identificarse con él. Esto sucede porque en nuestra infancia necesitamos referentes seguros para poder sentirnos a salvo.

Puede haber niños que se coloquen del lado de la madre o que incluso se pongan en medio del conflicto.

Las sensaciones de miedo e inseguridad que viven los niños y las niñas fruto de la violencia, afecta directamente a su desarrollo.

Es habitual que las niñas expuestas a una situación de violencia desarrollen más problemas de autoestima e inhiban la ira, lo que se transforma en ansiedad y en autocrítica.

También es normal que los niños externalicen el problema, mostrando una clara tendencia a ser más violentos.

Adolescencia.

La adolescencia es el periodo en el que se tienen las primeras relaciones de pareja y se pone en marcha todo lo aprendido anteriormente.

Los roles de género adquieren mucha importancia. ¿Qué se espera de mi como chica?, ¿cómo amiga?, ¿cómo novia?

¿Qué se espera de mi como chico?, ¿cómo amigo?, ¿cómo novio?

En este momento vital se pueden observar conductas muy diferenciadas entre chicos y chicas.

Las chicas.

Tienden a mostrarse más sensibles, dulces, responsables, cuidadoras y trabajadoras. Muestran más empatía: son las que escuchan, las que sostienen y las que acompañan.

Los chicos.

Suelen ser más activos, dinámicos, impulsivos y demuestran más carácter. Tienden a resolver los problemas, a afrontar las cosas con mayor decisión y a ser más competentes en el deporte.

¿Cómo afectan estas características individuales a las relaciones de pareja?

En función de todo lo que ya hemos visto, en las relaciones de pareja podemos encontrar:

Conductas de control.

Es normal cogerle el móvil a tu pareja para ver con quien habla”, “en una relación tiene que haber confianza, si no me da la clave de su móvil me oculta algo”, “me gusta saber dónde esta mi pareja en todo momento y con quién”. Normalizar el control, por parte de chicas y de chicos. La base es la desconfianza que nace de la propia inseguridad.

Los roles de género.

Las chicas se muestran cuidadoras, permisivas, entendiendo y aceptando conductas de su pareja que a lo mejor no le resultan tan agradables. Lo importante es el apoyo que le tienen que dar a su pareja, incluso por encima de ellas mismas.

Ellos, en cambio, se muestran protectores, posesivos, incluso agresivos con lo que sienten “suyo”. La base es una relación de desigualdad, el poder está desequilibrado.

Relaciones sexuales.

Las chicas piensan que los chicos siempre tienen más ganas de tener relaciones sexuales que ellas. Esto les puede llevar a mantener relaciones aunque no les apetezca tanto por esa idea de complacer al otro.

Los chicos, en cambio, no relacionan tanto el sexo con el afecto como las chicas, sino que lo ven como una necesidad primaria y natural.

Aquí es importante tener en cuenta qué sirve como modelo y aprendizaje a la hora de tener relaciones sexuales, ya que en la mayoría de las ocasiones los jóvenes utilizan el porno como primera vía de contacto con el sexo.

La imagen que el porno ofrece de la mujer es de sometimiento y denigración, imagen que no se corresponde con la realidad. También se da una situación de desigualdad debido a la desinformación y a los mitos.

Edad adulta.

Si en las etapas previas no se ha intervenido correctamente y no se ha hecho una buena psicoeducación, cuando llegamos a la vida adulta tenemos estos mitos y roles muy bien instaurados y podemos desarrollarlos en distintos ámbitos de forma similar.

Plano laboral.

Encontramos que las principales razones de la “inactividad” en mujeres (muy entrecomillado, hablamos de una actividad no remunerada ni valorada socialmente) es el cuidado a los otros. Ya hemos visto que nos han educado para eso.

Estadísticamente, las mujeres están mejor formadas que los hombres, sin embargo, son ellos los que tienen menos paro con el mismo nivel de estudios.

En el ámbito laboral vemos situaciones donde las mujeres son infravaloradas, cuestionadas por su situación personal, relegadas a un segundo plano aunque sean más competentes y estén más preparadas que sus compañeros.

Aparece también el acoso sexual en el trabajo, donde queda claro que a la mujer se la sigue viendo desde la cosificación y la sexualización.

Entorno familiar.

En las familias heterosexuales, las mujeres asumen la mayor parte de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos. Esto sucede independientemente de que ellas puedan trabajar fuera el mismo número de horas que su pareja masculina.

Ellas tienden a asumir grandes cargas de responsabilidad que ni se valora ni se paga ni se ve, lo que puede llegar a afectar gravemente su salud. Aparecen más posibilidades de desarrollar ansiedad o depresión. También suelen ser las que en mayor medida asumen el cuidado de los padres o de las personas dependientes cuando las hay.

Si es la pareja masculina quien se hace cargo de las tareas tradicionalmente pertenecientes al sexo femenino, el cotilleo se desata y se plantean preguntas que no aparecerían si hubiera sido la mujer quien se hubiera quedado en casa.

Ámbito social.

Se sigue discriminando, maltratando y vejando a la mujer por el solo hecho de serlo.

Las mujeres son víctimas de acoso sexual, violaciones, maltrato físico y psicológico, sutil o manifiesto en un porcentaje muchísimo mayor que los hombres.

Es trabajo de todos y todas cambiar esto.

Es nuestra responsabilidad dar luz a aquello que ha sido y es invisible.

Tenemos que trabajar juntos para desenmarañar los nudos de este sistema desigual.

Si te reconoces en alguna de las propuestas que te enseñamos, sobre todo si quieres cambiar esta forma de relacionarte con hombres y mujeres, en un próximo post te daremos pistas que puedas seguir para hacerlo.

De momento, te proponemos que observes si estás reproduciendo estos mitos y roles. Puedes estar haciéndolo a través del humor sexista, el control, la publicidad, el lenguaje, la anulación, los micromachismos, etc.

Aún de forma inconsciente, puedes estar contribuyendo a que el sistema patriarcal se perpetúe.

lesbianas

El amor en el siglo XXI

Vivimos en una sociedad en la que el amor se ha convertido en algo de usar y tirar. Pensamos una relación como algo temporal y perecedero, sentimos que podemos saltar de relación en relación sin implicarnos demasiado emocionalmente. 

Esto no es un concepto nuevo, Zygmunt Bauman en su libro “Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” habla justo de esto, de lo volátiles que son los vínculos que nos estamos acostumbrando a crear.

Esta es la época de la obsolescencia programada, que hace que todo tenga una vida útil determinada y luego se quede obsoleto. Ya no interesa que los productos duren para siempre, se busca que haya un consumismo constante.

Es justo por eso que estamos todo el tiempo expuestos a actualizaciones: el último modelo de móvil, la última lavadora, la nueva forma de planchar o el nuevo coche, son ejemplos que hacen que pongamos el foco en lo nuevo, en lo actualizado, antes que invertir tiempo y dinero en arreglar lo que ya tenemos. Cuando pedimos presupuesto para arreglar lo que se nos ha estropeado, podemos ver como muchas veces nos sale más rentable comprar algo nuevo y “mejor”.

Sale más económico comprar algo nuevo que reparar lo viejo.

Si llevamos esta idea a las relaciones, ¿te suena?

Esta prisa por “actualizarse”, por cambiar lo antiguo por algo nuevo y supuestamente mejor, puede haber creado en ti una sensación de incertidumbre e inestabilidad porque no sabías cuales eran las bases del vínculo ni dónde están o cuáles son los limites.

En tu relación, la otra persona, desde su individualismo, realmente no atendía a tus necesidades ni a las necesidades comunes. Aunque esto te generaba malestar te mantenías a su lado esperando que algún día fuera diferente. Sin hacer nada al respecto, claro está, sólo esperando un cambio ajeno a ti pero que podría cambiar tu relación.

Puede ser que hayas sido tú quien ha tenido esta necesidad de no querer etiquetar, de no poner en palabras lo que está pasando ya que así tienes la sensación de mayor libertad.

Las personas no somos objetos.

Sentimos, nos emocionamos y tenemos necesidades. Merecemos saber la verdad, conocer en qué punto está la otra persona y tomar conciencia de en qué punto estamos nosotros. Se trata de ser responsables afectivamente. Serlo para con los demás y, sobre todo, serlo para con nosotros mismos.

¿Has sentido que tu pareja no se responsabiliza de las cosas que no van bien en la relación?

¿Tienes la sensación de que prefiere pasar del tema y no comprometerse con el cambio?

¿Prioriza su necesidad individual de vivir algo placentero y prefiere no ocuparse de aquello que genere malestar?

Cuando hablamos de vínculos frágiles, hablamos de la incapacidad de permanecer en una relación, de lo fugaz del encuentro y de la búsqueda de otro diferente para que siga satisfaciendo esa necesidad de consumir. De consumir otra relación sin haber intentado estar de manera sincera en la anterior.

¿Te has encontrado en alguna situación donde tú querías tener algo más y la otra persona solo buscaba una relación sexual?

Por supuesto, al hablar de relaciones y de vínculos, también hablamos de sexualidad. El sexo se ha convertido en algo que tiene un fin en sí mismo: la obtención de placer. Lo placentero se consigue en el mismo encuentro y el homo consumens, busca encuentros sexuales sin implicación emocional.

Este concepto el de homo consumens, (utilizado por primera vez por Eric Fromm en su libro “Socialist Humanism”) refleja muy claramente el espíritu que queremos representar en este post: el hombre, la persona, cuyo objetivo principal no es poseer cosas sino consumir. Lo que sea. A toda velocidad. Una detrás de otra. También se pueden consumir personas, sexo, en vez de cosas.

Pero el sexo no es sólo placer o no tiene porqué serlo. Es una forma de estar con el otro, una forma de acercamiento, de ser junto a otra persona. En el sexo hay una implicación, del tipo que sea, y negar esta parte sería desvincularnos del concepto cuerpo-mente. Como diría Bauman, parafraseando a Milan Kundera, “la insoportable levedad del sexo” puede hacer que sientas confusión, desvinculación o disociación.

Vivir en una sociedad que promueve el consumismo no implica que tengas que ser consumista.

Es importante que seas consciente de lo que realmente necesitas, de si te estás sintiendo bien haciendo lo que haces o no, de si esa relación te esta generando una sensación de incertidumbre que no te permite estar seguro/a.

Tienes derecho a querer algo diferente, o al menos a replantearte lo que estás teniendo o has tenido. Puedes desear que haya sinceridad en tu relación. Sinceridad contigo mismo/a y sinceridad con la otra persona. Quizás necesites plantearte algunas preguntas:

¿Cuáles son las necesidades que tienes en tu relación? ¿son iguales para tu pareja? ¿cómo las satisfaces?

¿Cuáles son las bases de tu relación?

¿Dónde están los limites? ¿cuáles son los tuyos?

¿Cómo es la comunicación entre vosotros?

Puede que ambas partes hayáis acordado tener una relación abierta. Los límites son diferentes que si habéis acordado tener una relación donde el vínculo se limita a vosotros dos.

Quizás una necesidad de tu pareja sea que ambos paséis tiempo con su familia y para ti no es una necesidad e incluso preferirías no hacerlo.

En ambos casos es muy importante negociar las necesidades de cada uno y llegar a un punto en común.

Si vuestras necesidades personales no coinciden, habría que plantear cuáles son las bases de la relación, aquellas sobre las que se asienta el vínculo, sobre lo que descansa, lo que le sirve de soporte.

Es importante que sepas y busques lo que necesitas. A lo mejor un encuentro sexual cada dos semanas no es lo que te está satisfaciendo realmente, a ti te gustaría compartir más con esa persona pero sin embargo “aceptas” eso que te da, aunque sea mucho menos de lo que te gustaría tener.

Una vez que has reflexionado sobre el punto en el que estáis, en el que estás y en el que crees que está la otra persona, ¿por qué no hablar sobre ello?: “yo siento esto y necesito esto, ¿tú como te sientes respecto a esto?”. Tienes derecho a una comunicación sincera.

Una comunicación sincera implica hablar de cómo me siento y esperar que el otro me hable de cómo se siente, de forma sincera. Esto permite tener claro hacia donde ir, con cuidado y respeto.

Si conozco el punto de partida, puedo ser más consciente de la situación real y no invertir tanto tiempo en adivinar el pensamiento del otro: “no sé si querrá lo mismo que yo”, “parece que quiere una cosa pero luego hace otra”.

Busca lo que te haga sentir bien a nivel emocional, afectivo y sexual. El ser humano es un ser social y necesita al otro para sobrevivir. El otro es quién nos sirve de modelo, nos enseña a regularnos emocionalmente cuando somos pequeños, es el otro a través del que aprendemos a vivir en el mundo. Cuando somos adultos es el otro el que nos sirve de reflejo, nos acompaña, quien nos sostiene y nos cuida y el que nos debería respetar.

Si sientes que esa persona no te está acompañando, respetando y cuidando, quizá no estés donde deberías estar. Plantéate si la relación en la que te encuentras es la que te gustaría tener y qué puedes hacer para cambiar eso. ¿Por qué no nos llamas y hablamos de ello?

El sentimiento de abandono.

Has vivido situaciones en las que te invadía una tristeza enorme por sentir que no tenías a nadie, todos tenían algo mejor que hacer. Tú estabas a la espera de que alguien te avisara, te llamara o te mensajeara para tomar algo.

Quizás alguna vez hayas tenido la sensación de que tu pareja o amigas pueden “desaparecer” de tu vida sin avisar.

Tal vez te has planteado dejar tu relación antes de que rompan contigo para evitar el dolor y la incertidumbre de “cuándo” romperá tu pareja.

Es posible que quisieras en algún momento que todos/as a tu alrededor prestaran atención a lo que estabas haciendo o diciendo. Aparece una necesidad muy fuerte que te lleva a intentar captar la atención de los demás a toda costa para sentirte escuchado.

Si te has identificado con los párrafos anteriores, puede que experimentes la sensación de abandono y que ésta te haga sentir malestar en múltiples ocasiones.

Las formas en las que cada uno se siente abandonado pueden ser muy distintas.

Esta sensación, ¿la tienes identificada? ¿sabes de dónde viene?

Localiza la primera vez que te sentiste abandonado. Puede ser cuando tu padre se iba a trabajar todo el día, o la muerte de un familiar importante para ti o cuando tus padres se separaron hace años. Procesos de adopción, cuidadores que han consumido drogas y han sufrido adicción o un rechazo continuado en el colegio por parte de todos/as tus compañeros/as.

¿Qué crees que pudiste aprender cuando de niña te sentiste abandonada? ¿Qué mensaje te llegaba?

“No valgo para nada y por eso no quieren jugar conmigo”. “No lo hago tan bien y mejor que elijan a otro”. “El trabajo es mucho más importante que pasar tiempo conmigo”. “Ellos tienen su propia familia nueva, yo sobro y tengo que marcharme”. “He pasado por varias familias de acogida y ninguna quiso quedarse conmigo porque soy de otro país y no nos parecemos en nada”.

Lo que tienen en común estos pensamientos es que el foco de la responsabilidad o mejor dicho, de la culpa, está en ti misma. Te sientes la mala, la defectuosa, como si estuvieras un nivel por debajo del resto por tu procedencia, condición física, sexo, etc.

Hacerte responsable del abandono como si no te merecieras ser querida por algo que “está en ti” hace que la experiencia sea todavía más dolorosa.

¿Cómo pueda afectarte todo esto?

Sentirte inferior en tus relaciones.

En distintas situaciones, aparecen pensamientos como: “mis amigos no se acordarán de mi cumple porque no soy tan importante como fulanita para ellos”.

Inseguridad en tus vínculos.

Ideas como “seguro que aparece alguien mejor que yo y me deja algún día” te tienen casi permanentemente en un desequilibrio emocional que termina pasando factura.

Dependencia hacia determinadas personas como pareja o amigos/as.

Las figuras que cubran en ti esa necesidad de ser atendido tendrán tu admiración absoluta y esto puede llevarte a pensar que si no tienes a ese “alguien” en tu vida, nunca podrás volver a sentirte así de querido.

Conductas emocionalmente “adictivas”.

Del enganche emocional hacia una persona pueden surgir otras conductas: posesión, exclusividad o control. Exiges a tu pareja que sólo te mire a ti y a nadie más; no admites que entre ninguna otra persona en tu grupo de amigos; te sientes incómodo cuando no estás sólo con tus colegas, etc.

Pensamientos catastrofistas.

Te llevan a distorsionar la realidad negativamente y ponerte en lo peor. Reaccionas lo más negativamente posible: dejar tu relación antes de que la otra parte te deje; que te despidan y sientas que jamás volverán a quererte en otra empresa porque hay mil personas más capacitadas que tú, etc.

Adaptación y búsqueda inconsciente.

Sigues un patrón de comportamiento que te lleva a situaciones o personas que te hacen revivir el abandono. Relaciones en las que la pareja amenaza constantemente con dejarlo sin llegar a hacerlo o haciéndolo para volver, generando un bucle que conlleva malestar y a su vez un enganche.

Volviendo a pedir ayuda a tu madre cuando ésta comienza una relación sentimental, aún sabiendo que suele perderse durante días sin contactar con nadie.

Situaciones que ya has vivido y es a lo que estás acostumbrado, aceptas que tu vínculo es así.

Lejos de significar amor, esta dinámica causará daños en tu relación y sin duda en ti. Buscar de forma compulsiva el cariño o la atención en personas que no harán más que recordarte que te desatienden o se despreocupan de ti.

Emociones como miedo, tristeza, frustración, soledad, insatisfacción vital, etc, estarán presentes si mantienes este modus operandi toda tu vida.

Ansiedad, somatizaciones, incluso fobias o consumo de tóxicos pueden ser familiares para ti si te encuentras en este punto.

¿Qué puedes hacer?

Necesitas cambiar ciertas cosas de base:

Comenzar a comprenderte, escucharte, darte tiempo y cariño serán un buen remedio para este proceso. No estás así porque quieres, o porque tú lo decides o te lo inventes.

Estás en esta situación a causa de experiencias pasadas. Experiencias que no integraste en tu presente y siguen apareciendo de la forma más inconsciente o irracional posible.

Esquemas mentales disfuncionales por otros más ajustados a la realidad.

Canalizar la culpa y adjudicar un correcto locus de control a las situaciones vividas.

Responsabilizarte de aquello que pasa aquí y ahora, es en lo único sobre lo que tienes control y poder para cambiar algo.

Conocer tu tipo de apego. Saber de qué manera aprendiste a vincularte y, en caso de ser patrones inseguros, comenzar a crear vínculos basados en la confianza, la seguridad y el amor.

Técnicas de relajación para detener las ideas intrusivas y obsesivas que aparezcan en situaciones críticas que no hacen más que trasladarte a episodios antiguos y angustiosos.

Aprende a identificar tus emociones y necesidades, y también a comunicarlas al resto. Será mucho más sencillo hacerte cargo y que los demás te comprendan o ayuden.

Ante una situación desbordante que te genere un intenso malestar o que afecte a diferentes ámbitos de tu vida, lo más recomendable es comenzar una intervención psicológica. No tengas miedo a pedir ayuda si no puedes cambiar sola. En Quiero Psicología te acompañamos en este proceso.

maltrato reality

Realities o la normalización de la toxicidad.

Si asistes al espectáculo de los realities ¿Te sientes identificado/a con algún/a concursante?

En los que muestran parejas ¿Crees que son un reflejo real de cómo son las relaciones, las mujeres y los hombres?

¿Si a ti te pasara algo así, no podrías aguantarlo?

Como norma general en casi cualquier reality, ya desde los primeros minutos observamos dinámicas cargadas de prejuicios, estereotipos, roles de género, toxicidad, etc.

Si nos centramos en los que nos muestran a parejas en un lugar paradisíaco, con villas de lujo y cuerpos esculturales como cebo para justificar infidelidades. “Esta experiencia hay que vivirla” , “esto ocurre porque te sientes en otro mundo” y otros argumentos sobre el por qué es tan fácil descontrolarse o perder la cabeza en aquel lugar.

Vamos a desgranar algunas de las “perlas” que nos muestran este tipo de programas:

Roles de género.

Chicos que abrazan a sus novias por la espalda en señal de protección, posesión y control. Chicas abrazadas por sus novios como signo de dependencia, fragilidad y sumisión.  “Las chicas son celosas”, “las chicas nos molestamos por todo” , mitos y categorías que distan mucho de la realidad: no por ser mujer tienes que ser celosa, y no por ser hombre te enfadas menos. “Bastante tenemos con nuestras novias ya”, la mujer como una carga pesada.

Rivalidad y odio.

“Chihuahua” ,“una mujer que viene a quitarle el novio a otra mujer me demuestra los valores que tiene” , discusiones, insultos y hostilidad entre las chicas y las tentaciones de sus parejas, perdiendo el respeto entre mujeres por luchar por la atención o el cariño de los chicos. A esto le añadimos que los chicos, para calmar a sus novias, infravaloran al resto de chicas con comentarios despectivos como “es fea”.

Lucha de egos.

Al inicio del programa, los chicos tienen que colocar un collar de flores en señal de interés por alguna de las chicas, una lucha de poder entre los “gallitos” en la que la mujer pasa a ser un objeto por el que dos hombres pelean. Ella es sólo un trofeo si opinión ni deseo ni, casi, cerebro.

Amor líquido.

Haciendo referencia a este concepto de Bauman, otra de las “situaciones” es cuando aparecen nuevas tentaciones en las villas. Si quiero cambiar mi cita por otra, puedo hacerlo, tengo donde elegir, hoy quiero contigo y mañana no, al instante. Cambian personas como si cambiasen de pantalones.

Normalización del conflicto.

“Discutimos mucho pero nos queremos” , “estamos teniendo discusiones ya como si fuéramos una pareja” , “nuestra relación es tricíclica, estamos bien, estamos mal y estamos muy mal”. Conductas en las que se acepta el conflicto en las relaciones como algo normal y típico en las parejas. Lo cierto es que está muy lejos de ser normal: el amor es que experimentes tranquilidad y sosiego en tus relaciones de manera habitual y sea un lugar de calma para ti.

Sentido de propiedad sobre las personas.

“Me van a quitar a mi novia” ,“no me importaría que tocara a otra chica”, “le dije que nadie le hiciera masajes”. Conductas posesivas en chicos y chicas. Tratar a una persona como si fuera algo tuyo implica anular sus emociones y necesidades, tener derecho sobre él/ella y estar por encima, yo decido, yo mando.

Ansiedad por separación.

“No puedo estar sin ti”, “no nos separemos nunca más”, “me quiero morir, no voy a aguantar”. Estar lejos de alguien a quien aprecias puede ser doloroso, pero ser incapaz de vivir y continuar debido a la ausencia de tu pareja implica dependencia y la total reducción de tu autonomía. Corres un grave peligro si tu bienestar depende por completo de que alguien se quede o no. 

Comprobaciones constantes de su amor.

“Tengo que verlo todo para saber si puedo confiar al 100% en él”, “no es su prototipo”. Amar no es poner a prueba a tu pareja para estar completamente seguro/a de él/ella. El amor no es un campo de batalla en el que tengas que observar que tu pareja resiste y consigue salir ileso/a ante un montón de tentaciones para saber si realmente te quiere o no. Observar cada paso que da te hace estar alerta constantemente, con el consiguiente desgaste ya que además, nunca podrás controlar absolutamente todo.

Atribuciones erróneas sobre responsabilidades.

“Él está harto de mis celos”, “para no destrozar nuestra relación miento” , “me he cohibido muchas cosas por ella”, “estoy cansado de no poder ser como soy”. ¿Quién es el/la último/a responsable de nuestras propias conductas? Nosotros/as mismos/as, salvo casos en los que exista algún tipo de desequilibrio en la relación y poderes y haya una amenaza. Hacer responsable a tu pareja de algo culpabilizándola, no es amor. Si algo no te gusta, tienes la opción de irte y si decides mantenerte en la relación, no justifiques tus actos culpando a tu pareja.

Aguantar todo por amor.

“Nunca habla bien de mi”, “no me hace masajes”, “en toda la relación nunca ha bailado conmigo”. Una pareja no tiene por qué complementarte en absolutamente todo, sin embargo, si para ti es importante el cariño, y tu pareja no suele tener gestos cariñosos o afectivos hacia ti, quizás habría que replantear si te sientes a gusto y tus necesidades están cubiertas. Muchos son los comentarios de chicos y chicas que denotaban insatisfacción por carencias en sus relaciones o la aceptación de dinámicas contrarias a las que uno desea. Si no te sientes bien, romper la relación también es una opción.

Desconfianza.

“No te acercas a una persona que no conoces sin un interés”, “si yo me siento así, es por algo”. No me fío ni de ti ni de mi, cuestiono todo lo que haces porque me provoca emociones negativas que no sé gestionar ni reconocer. Mi propia inseguridad la vuelco en ti y en tus actos.

Autoestima y calma a través del dolor de otros.

Ya no quiero que disfrute, quiero verlo triste”, “me hubiera hasta arrodillado”, “a uno le sienta bien ver como dos chicas se pelean por ti”. Si le veo mal, significa que me quiere. Pensamientos alejados de lo que es amar a alguien, ya que, además de tu bienestar también te importa el suyo.

Desprecios.

“Tiene un carácter de mierda”, “no te preocupes, no pueden hacer nada”, “está loca”. Cuando no sé cómo gestionar lo que la otra persona hace, me limito a insultarla y descalificarla porque no soy capaz ni de entender lo que hace, ni el porqué.

Incertidumbre y confusión. Miedo y descontrol.

Una de las parejas que más atención obtiene (T y M) son el ejemplo claro de cómo no tratar a tu pareja: cuando hay un problema de celos, lo ideal es que exista comunicación fluida, empatía, comprensión, calma y seguridad. Si este problema persiste y se hace insostenible, la solución sería terminar la relación antes que estar en una dinámica de desconfianza, mentiras o dudas.

T. era ambivalente y lo mismo le decía un “te quiero” que rompía el compromiso con M. para besarse con otra chica a sus espaldas. Ante la inseguridad que siente M., estas conductas mantienen el bucle y el malestar se intensifica. Lejos de ser sincero y honesto, T. prefiere mantener viva la ilusión de que “todo está bien” “es sólo un juego” y “no ha pasado nada” , desconcertando y manipulando a una M. totalmente dependiente hacia él.

M. pierde el control y experimenta emociones con una intensidad desmedida, presa del miedo se olvida completamente de ella misma, reacciona con agresividad, posesión y sumisión lo que le imposibilita para actuar de la forma más adaptativa y saludable.

Pues bien, los realities no dejan de ser un reflejo pervertido de lo que sucede en la sociedad, si te has sentido identificado/a con alguna de estas situaciones que te mostramos o de alguna otra que resuene en ti y no tienes los recursos para gestionar lo que sucede, en Quiero Psicología trabajaremos toda la esfera que envuelve una relación para ayudarte a conseguir seguridad, calma y bienestar.