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El apego y las relaciones de pareja

Hace unos meses, publicamos un post definiendo el apego y explicando cómo los diferentes estilos podían afectar en la vida adulta. Puedes leerlo aquí. Hoy, queremos explicar, concretamente, cómo el tipo de apego de cada persona puede influir a la hora de establecer y mantener relaciones de pareja.

Recordemos que dentro del apego inseguro, podemos encontrar 3 subtipos: El apego ansioso, el apego evitativo y por último, el apego desorganizado. Afortunadamente, el apego desorganizado es el menos prevalente en la sociedad, por lo que centraremos el post de hoy en el apego seguro, el apego ansioso y el apego evitativo.

Comportamientos según el estilo de apego

Para entender mejor la diferencia entre estos estilos, observemos 3 casos diferentes:

  • Pedro lleva saliendo con Víctor un par de meses, lo pasan muy bien juntos y siente que le apetece dar un “paso más” en la relación. Al ver que ya no ha vuelto a quedar con otros chicos y que cada vez le apetece pasar más tiempo con Víctor, se plantea comunicarle cómo se siente y proponer que sean pareja estable.
  • Luis tiene muchas ganas de tener pareja, ha probado en varias aplicaciones y aunque ha conocido a gente maravillosa, nunca ha logrado establecer una relación duradera. Cree que ha tenido muy mala suerte, pero empieza a plantearse que quizás sea él el culpable, se pregunta si hará algo mal para que las relaciones no se mantengan.
  • María se define como un “alma libre”, dice que le encanta conocer gente, mantener relaciones sexuales, pero eso sí, “sin pillarse”. Se define como una persona autosuficiente. Cuando percibe que la persona que está conociendo exige más compromiso, empieza a experimentar agobio y miedo, y acaba rompiendo el vínculo.

Como explicamos en el anterior post, en función de la relación que establezcan nuestros cuidadores con nosotros, y el grado de sintonía entre nuestras demandas y sus respuestas, desarrollaremos una serie de esquemas mentales y expectativas, que repetiremos en la edad adulta.

Es como si nuestro cerebro esperara que la gente nos trate igual que nuestros cuidadores nos han tratado, y que por tanto, deberemos comportarnos y socializarnos, acorde a las estrategias que hemos desarrollado para que nuestros padres nos atiendan.

Pedro muestra un estilo de apego seguro, ya que no teme al compromiso y pretende afrontar sus dudas mostrando sus emociones y comunicándose de forma asertiva. Sabe que tiene derecho a exponer su postura y que la mejor forma de conocer la opinión de la otra persona es preguntando y explorando.

Luis, en cambio, se ha criado en un entorno inconsistente. Muchas veces, se ha tenido que ocupar de mediar entre las discusiones de sus padres. Su madre se caracteriza por ser muy ansiosa, con el fin de “proteger a su hijo”, le obliga a cumplir un horario estricto de salidas, pregunta con quién sale y se preocupa cuando llega tarde. Su padre, en cambio, se limita a apoyar a la madre, dice que llega muy cansado de trabajar y no tiene tiempo.

María, por otro lado, es una persona muy estudiosa desde la infancia. Con el fin de contentar a sus padres, siempre se ha esforzado en ser “la niña perfecta”, no meterse en líos y mantener un expediente brillante. Sus padres mantienen una relación que se caracteriza por escasas muestras de cariño, discusiones y una vida dedicada al trabajo. Al estar tan ocupados y mostrar poca expresión emocional, cuando María tenía un problema, tendía a guardárselo y no compartirlo, ya que igualmente, sería ignorada.

¿Qué consecuencias tiene esto?

No es que Luis esté haciendo algo mal o que resulte una persona insoportable, el problema es que desde pequeño, le han hecho sentir eso. Luis ha desarrollado un apego ansioso.

Luis ha crecido observando las innumerables preocupaciones de su madre, lo que le ha llevado a pensar que el mundo es caótico e impredecible, que no te puedes fiar de nadie. ¿Qué hace su cerebro para poder enfrentarse a ese mundo impredecible? Controlar, intentar tener todo bajo control.

No es que María sea un alma libre, es que desde pequeña, ha tenido que cubrir sus necesidades por ella misma porque sus padres no le han ayudado adecuadamente. María ha desarrollado un apego evitativo.

Como sus padres no atendían sus necesidades y apenas expresaban su afecto, María tiende a evitar las situaciones que implican intimidad, como lo son las relaciones de pareja estables. Inconscientemente, y a modo de superviviencia, su cerebro no se permite pedir ayuda, expresar emociones o establecer vínculos comprometidos, porque no quiere reexperimentar la sensación de rechazo.

Pedro, a diferencia de María y Luis, y a pesar de darle vergüenza dar el paso de tener una conversación con Víctor acerca de su relación, no se siente responsable de las emociones de su pareja, ni cree que por expresar cómo se siente vaya a molestarle o ser ignorado.

Ansioso y evitativo, una mala combinación

Ante una amenaza, así como el ansioso se hiperactivará, el evitativo, en cambio, se desactivará. Por lo que cuando experimenten peligro, el ansioso tenderá a aproximarse más, preguntará, se reasegurará de la información, se mostrará más cerca; mientras que el evitativo, se alejará.

Imaginaos las parejas que están formadas por una persona ansiosa y otra evitativa: La excesiva proximidad del ansioso implicará una amenaza para el evitativo, por lo que se alejará aun más, algo que el ansioso percibirá como peligroso. A consecuencia, se aproximará más y se formará un círculo vicioso.

Si te has sentido identificado con alguno de estos comportamientos y experimentas malestar en tus relaciones, no dudes en escribirnos. Afortunadamente, el estilo de apego de cada uno no es irreparable y éste puede modificarse con psicoterapia.

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Maltrato psicológico: el gran invisible

¿Cómo lo identifico?

Muchas veces en esta sociedad seguimos pensando o asimilando que el maltrato grave es el maltrato físico. No es raro escuchar cosas como:

Ah ¿pero fulanito maltrata a fulanita? pero… ¿le pega?

Y esa pregunta se hace para saber si realmente es tan «terrible» lo que le ocurre a fulanita.

Pues empecemos por desbancar ese mito: el maltrato psicológico es uno de los más graves que puede ocurrir en una relación. Este tipo de maltrato cuando ya te han anulado, vejado y eres poco más que invisible es el que puede llevar (o no) a maltrato físico porque así ya no te defenderás, estarás totalmente sometido.

La violencia que hace que la persona, tu amiga, tu madre, tu amigo, tu hermana o tu primo desaparezcan delante de ti y ya no sean «ellas mismas» es el maltrato psicológico.

Ese maltrato puede ser más evidente, pueden ser insultos, comentarios terribles, desplantes delante de los amigos o de los compañeros de trabajo… Pero el más peligroso es del que hablaremos después que es el maltrato psicológico pasivo.

Pero ¿cuál es el mejor indicador de que estás sufriendo maltrato psicológico?: El cómo te sientes. Si sientes que todo lo que dices/haces está mal, o que hará enfadar a la persona que tienes delante, si te sientes juzgado, estás constantemente en tensión, ya no tienes la misma alegría, y te cuesta ser tu mismo, por no decir que has dejado de serlo… Plantéate qué o quién te está haciendo sentir así.

El maltrato psicológico pasivo: el más silencioso.

Puede que a pesar de que te estén maltratando y te sientas como te acabo de indicar nadie se está dando cuenta, y más aún, encima nadie te apoye, te digan que quizá exageras, que lo que le pasa a tu novio o a tu jefe es que estará estresado, y normalicen comportamientos que a ti te hacen muchísimo daño.

Esa es una de las grandes tácticas del maltrato psicológico pasivo: nadie lo verá, te sentirás aún más solo/a y lo peor de todo, te hará sentir que has perdido la cabeza, que te estás volviendo loca/o.

Pasivo significa que no hace cosas «activamente» sino lo contrario: que deja de hacer cosas (como hablarte) o que hay cosas que no cuadran unas con las otras.

Aquí te pongo alguna de las tácticas más frecuentes de este maltrato:

Rechazar la comunicación directa

Si no hablo contigo te doy a entender dos cosas: o que has hecho algo mal que me ha enfadado o que me has dejado de importar, que ya no cuentas para mi.

Si te dejo de hablar pero niego la existencia del conflicto «no pasa nada», «no sé qué me hablas», etc. Hago que el otro se plantee qué estará haciendo mal y rellene los huecos de información que le faltan echándose la culpa de todo.

Por lo tanto, acabo hundiendo a la persona en un mar de dudas y de culpa solamente con dejar de dirigirle la palabra, tardar mucho más de lo normal en contestarle a sus mensajes, estar de morros pero no decir porqué…

Normalmente esto hace que la víctima se intente comunicar por todos los medios, sobre todo el escrito y ponga grandes parrafadas que se pueden utilizar en su contra para tacharlo de loca/o.

Mentir

Pero si la mentira fuera directa y cruel la gente podría ver qué pasa y no sería un maltrato tan invisible. Normalmente las mentiras son difíciles de pillar y van disfrazadas de mensajes incoherentes.

Por ejemplo, alguien declarado feminista, que lanza grandes peroratas sobre la igualdad de la mujer pero luego maltrata a su pareja, o alguien que dice: «las mujeres son muy pesadas» para a continuación decirte «pero no es a ti en concreto, no sé porqué te pones así».

Por supuesto aquí debemos meter también a los infieles que niegan totalmente la existencia de dicha infidelidad, incluso aún cuando les están pillando hacen sentir a su pareja que son unos delirantes exagerados.

La paradoja

Hay una gran diferencia entre el discurso y lo que se hace. La gente menos allegada compra ese discurso y te hace sentir que eres tú el que está juzgando mal. Si todo el mundo dice que tu pareja es un tipo fantástico ¿cómo va a ser mentira? Dicen que es buena persona, si a ti te habla mal debe ser tu culpa o que le pillaste en un mal día… Si a todo el mundo le parece un jefe estupendo porque compra pizza, debe ser que tú eres muy estricta con quedarte más allá del horario laboral.

A veces la distancia de estos mensajes es también el tono, te pueden decir algo muy violento con una sonrisa en la boca, o se pueden burlar de ti en un tono serio.

Muchas veces no se produce ni si quiera una discusión a gritos, pero tampoco hay conversaciones reales para aclarar lo que ocurre. la víctima se va llenando de dudas y dudas y ya no sabe si es que ella está equivocada o si realmente le están maltrando.

Divide y vencerás

Ya sabemos la forma de maltrato clásico donde la víctima se la aísla de su entorno por los celos, el: «no veas a tu familia», «es que siempre estás con tus amigas», » si sales de fiesta eres muy puta»…

Pero hay otras formas de aislar ala víctima, por ejemplo dando pena, si cada vez que tú sales tu pareja se pone triste, o justo tiene un bajón ese día… Al final optarás por no salir para cuidarle.

Y otra de las formas es utilizar el sarcasmo, la burla o el desprecio, pero no solo para hablar de tu familia o amigos muy mal o para que acabes en su paranoia alejándote de ellos, si no al revés, puede inventar chismes sobre ti, o ponerte a parir o incluso usar bromas «anodinas» sobre lo histérica que eres, etc, que te hacen quedar mal con tus amigos o tu familia. Al final no es que tú te alejes de ellos sino que ellos también se alejarán de ti.

¿Qué hago?

Si has visto varias de estas tácticas y manipulaciones en una persona que tienes cerca, como tu pareja, tu amigo, tu jefe… debería plantearte bien esa relación, saca una lista de todas las cosas malas que te hace sentir, desenmascara sus artimañas, escribe sobre ello, cuéntalo a gente que pueda ser objetiva sobre esa persona…

Pero si crees que tú solo/a no puedes o que tienes ya consecuencias en tu estado de ánimo o tu autoestima en Quiero Psicología estamos para ayudarte.

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.

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Conoce el vaginismo

¿Qué es?

Se trata de una contracción involuntaria de la musculatura que rodea la vagina (esfínter de la vagina y elevador del ano) al intentar introducir un objeto en el orificio vaginal, haciendo imposible la penetración (aunque la lubricación sea correcta y la erección adecuada)

Está formada por 2 procesos:

  • Orden mental que genera una anticipación de sentir miedo, dolor o peligro, que hace que se de
  • una contracción involuntaria y automática (e inconsciente mayoritariamente) de los músculos que rodean la vagina

A veces, la “primera contracción” se puede deber a cuestiones físicas, sin necesidad de anticipar nada. Sin embargo, posteriormente esa asociación entre penetración-dolor generará una respuesta evitativa por nuestra parte donde se dará la contracción vaginal.

Sabemos que en la sociedad en la que vivimos, no se nos educa en conocer, explorar, y amar a nuestra vulva. Vivimos constantemente con emociones como la vergüenza, la culpa o el asco hacia cuestiones relacionadas con nuestra vivencia sexual, como es en este caso la relación que establecemos con nuestra vulva.

¿Te has preguntado alguna vez cómo de presente la tienes en tu día a día? Y no solo a tu vulva, pues el placer sexual no se localiza solo en nuestra genitalidad, sino ¿cómo de presente está el placer en tu día a día? ¿Qué pasaría si empezásemos a tratarnos y hablarnos como lo hacemos con una amiga?

La desconexión con nuestro cuerpo y nuestras necesidades es tal en el sistema capitalista y patriarcal en el que nos vemos arrojadxs, que seguir los ritmos que se nos imponen, tenernos en cuenta, darnos el espacio y a la vez, gestionar todas las presiones de “dar placer a la pareja” y nuestra propia autoexigencia, es imposible. Así que date permiso, ante todo. Permiso para estar en una situación similar y permiso para aceptar que no siempre podemos con todo.

La frustración que surge de la norma coitocéntrica y/o reproductiva de la sexualidad puede presentar también problemas en otras fases de la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo). Dicha frustración y los intentos fallidos que la acompañan junto al dolor, acaban generando una respuesta de evitación y miedo al fracaso que puede manifestarse de muchas maneras. “Es que no soy normal”, es a veces una de las frases mas escuchadas en consulta, pues las personas con vulva parecen no poder “ser sexuales” si les falta el pene o la penetración en su sexualidad, ya que esta parece darse “a través de la pareja” y la penetración de esta con su pene.

Errores que cometemos

Muchas veces venimos con errores de aprendizaje o miedos de base que influyen en la relación con nosotrxs mismxs y nuestra sexualidad. Podemos ser más o menos conscientes de ellos, dada la educación sexual que hemos recibido tanto a nivel familiar como a nivel de sistema. Por ejemplo:

  • Excesivo valor sobre el coito y la penetración, así como disvalor sobre el conocimiento del propio cuerpo y toda la sexualidad no coital. De esta manera se concibe la relación sexual sin coito como incompleta, a medias, aburrida…
  • Desconocimiento en la primera experiencia de coito. Los mitos y prejuicios acerca de las primeras penetraciones pueden no permitir una relajación que favorezca la excitación. Estas situaciones pueden conllevar una tensión que favorezca la molestia o dolor en la penetración.
  • Miedo al dolor: pensamientos como “mi vagina es pequeña”; “el pene es demasiado grande”; “las primeras veces duelen”
  • “El coito solo para quien se lo merezca. Para la persona adecuada”, donde obviamos nuestro propio deseo y realizamos el acto sexual para la otra persona
  • Sentimientos de culpa por hacer algo que no se debe
  • “Si lo hago dejaré de ser interesante, me dejarán de lado”. Se concibe que por haber dado “todo”, ya no queda nada que ofrecer sexualmente y podrían ser abandonadas
  • Miedo al embarazo
  • Miedo a contraer ITS/ITG (infecciones de transmisión sexual, genital)

Si sientes que estás pasando por una situación similar, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. En Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

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Mitos sobre la infidelidad en la pareja

Con el avance de los tiempos, las personas nos sentimos más libres para decidir que clase de relación queremos establecer con otra persona, siempre llegando a un acuerdo entre ambas partes.


Se puede tener relaciones liberales, poliamorosas, polígamas, con compromisos, sin compromisos, etc. Siendo fundamental comentar las necesidades de cada uno para llegar a un punto donde ambos se encuentren cómodos con la relación que quieren mantener. Tampoco hay que olvidar, que se puede empezar estableciendo una pareja monógama y después cambiar a otro tipo de relación o a la inversa. Las relaciones avanzan y cambian al igual que las personas.


Un punto en común que mantienen todas las relaciones es la confianza, siendo fundamental para establecer un vínculo sano, que nos proporcione seguridad a la hora de comunicarnos con la otra persona.

En ocasiones esa confianza puede dañarse por diferentes motivos, en este caso vamos a comentar la infidelidad en una relación cerrada, haciendo hincapié en los mitos que la rodean.

Al igual que nos encontramos con muchos mitos acerca de las relaciones sentimentales debido a las creencias culturales que nos inculca la sociedad, también hay una serie de mitos que rodean la infidelidad dentro de una relación.

Mitos más comunes


En muchas ocasiones nos encontramos en consulta relaciones sentimentales que dan por hecho determinados actos, pensamientos y situaciones dirigidos por lo social, ya que hay un esquema social de lo que se considera una relación o una infidelidad, creando mitos, que se definen como una verdad incuestionable socialmente aceptada.

“Si se tiene en casa lo que se necesita, no hace falta buscarlo en otro sitio”


Como ya hemos mencionado anteriormente, las relaciones cambian al igual que cambian los integrantes de ella. No tiene porque haber ningún conflicto importante, ni dejar de querer, ni insatisfacción sexual para que se produzca una infidelidad, puede darse por diferentes motivos.


“Los hombres son infieles por aburrimiento y miedo a la intimidad y las mujeres lo son por el sentimiento de soledad y necesidad de intimar”


Los hombres y las mujeres tienen los mismos conflictos internos, los mismos miedos e inseguridades. Sin embargo, la sociedad nos impone tanto a los hombres como a las mujeres maneras diferentes de afrontar estas situaciones, lo que puede generar un malestar por la disonancia de lo que socialmente se “tendría que hacer” y lo que realmente queremos hacer.


“La relación fiel es madura, comprometida y realista; la infiel es inmadura, egoísta y carente de control”.


Llevar a cabo una infidelidad, no significa ser una persona inmadura incapaz de establecer un
compromiso o responsabilidades, se pueden dar contextos o factores difíciles de gestionar.


“Los romances son dañinos, no ayudan a un matrimonio y no pueden ser aceptados”.


Esto seria un planteamiento ideológico. Es posible que incluso un romance fuera de la relación, pueda ayudar a entender lo que está sucediendo y como solucionarlo.


“La única manera de restaurar la confianza y la intimidad es a través de la verdad, el arrepentimiento y la absolución por parte del ofendido”.


¿Qué es la verdad y cuánta verdad es necesaria para poder reparar algo? En ocasiones la verdad puede hacer mucho daño. Una de las maneras de dejar el sentimiento de culpabilidad es trasladar la responsabilidad en la otra persona, contando con detalles todo lo que ha sucedido para que sea esta quien tome las decisiones, en vez de responsabilizarnos de nuestros propios actos.


“El divorcio otorga más auto respeto que el perdón”.

Se considera “normal” que una vez se da una infidelidad se tiene que optar por el divorcio o una separación, no obstante, las parejas se mantienen por muchos motivos y es fundamental el respeto de las decisiones de cada uno, evaluando siempre el malestar que se puede generar y trabajando para que se desarrolle un ambiente confortable.


Las relaciones sentimentales evolucionan y no siempre tenemos las herramientas suficientes para poder gestionar los acontecimientos o establecer una comunicación emocional donde se manifiesten las necesidades que se presentan. Esto nos puede llevar a cometer determinados actos que perjudiquen la relación y provoquen malestar.

Por ello, si consideras que tienes inconvenientes en relación a esto, es recomendable acudir a un especialista que te pueda ayudar, en Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

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Consejos frente al duelo perinatal

Llamamos duelo al proceso psicológico que conlleva una pérdida o fallecimiento. En este proceso de adaptación, surgen diferentes emociones que nos ayudan a procesar que esa persona ya no está entre nosotros, como por ejemplo la tristeza, la rabia o el enfado.

Cuando un embarazo no llega a término o el bebé fallece tras el parto, se desencadenan una serie de emociones adaptativas que reciben el nombre de duelo perinatal.

Si bien la OMS define el período perinatal desde las 22 semanas de gestación hasta una semana después del nacimiento, a nivel psicológico esta acotación resulta realmente limitada, ya que dejaría de lado los abortos que se dan en las primeras semanas de gestación o las muertes producidas en las primeras semanas de vida.

Esta definición, en la que la gran mayoría del sistema sanitario se basa, invalida el dolor de los progenitores que se encuentran fuera de este rango, lo que aumenta aún más el estigma que sufren estas personas y el silencio de la sociedad ante estas situaciones.

Emociones más comunes del duelo perinatal:

Tristeza: Independientemente del tiempo de gestación, estos progenitores están experimentando una pérdida, la ruptura de un proyecto vital y de una serie de expectativas generadas en función de ese embarazo.

Culpa: El ser humano tiende a seguir un pensamiento lógico de causa-consecuencia. Sin embargo, ante un hecho imprevisto o improbable, encuentra serias dificultades para poder comprender qué factores han propiciado este desenlace.

Ante esta falta de respuestas, y teniendo en cuenta la postura del sistema sanitario, es muy común encontrarnos con madres que se sienten culpables o busquen algún tipo de explicación en comportamientos pasados como por ejemplo: Quizás sea porque ese día hice ejercicio, me tenía que haber cuidado más…

Vergüenza: Como hemos dicho, la falta de información, el miedo a dañar a estos padres y la ansiedad por no encontrar respuestas, genera un silencio y tabú social, que puede provocar que estos progenitores sientan vergüenza por comunicar lo que les ha ocurrido, ya que pueden sentirse juzgados o no comprendidos.

Impotencia: La falta de explicaciones contundentes, la falta de apoyos y una experiencia médica tan traumática pueden generar emociones como impotencia, rabia o frustración.

Miedo: Es habitual que surjan dudas y desesperanza acerca de la posibilidad de un nuevo embarazo, o también miedo a tener que enfrentarse a otro duelo.

Fracaso: Muchas mujeres sienten que están fracasando socialmente ante la imposibilidad de tener hijos de forma biológica o padecer problemas de fertilidad.

Como podemos observar, este tipo de duelo requiere de especial atención, por lo que silenciarlo solo aumentará el dolor de estas personas.

¿Qué frases NO debemos decir?

-Por lo menos estabas de pocas semanas

-Peor hubiese sido que el embarazo estuviese más avanzado

No intentes encontrar algo positivo en esta situación, estamos hablando de una pérdida y del dolor que ésta conlleva.

– Todavía sois jóvenes y podéis volver a intentarlo

Esto invalida las emociones de los progenitores. El hecho de tener o no otro bebé en el futuro, no va a eliminar la pérdida que acaban de sufrir, y mucho menos, sustituirla. No minimices su pérdida mostrando datos acerca de la probabilidad de un futuro embarazo.

Hubiera sido más duro si lo hubieseis conocido

Esto es un mito, ya que los datos demuestran que las emociones de rabia e impotencia pueden intensificarse en el caso de padres a los que se les ha impedido ver el feto o despedirse de su hijo.

Es una decisión del destino; cuando tenga que ser, será

Tener un hijo es una decisión personal y cuando se inicia el embarazo, surgen una serie de expectativas y proyectos asociados que se ven truncados cuando éste se interrumpe de forma inesperada. No busques dar consuelo a estas personas con este tipo de frases, ya que pueden aumentar la sensación de impotencia y desesperanza.

Como hemos explicado previamente, el ser humano tiende a buscar explicaciones y causas ante los sucesos que no esperaba, si bien hay personas que pueden verse reconfortadas en apoyarse en cuestiones más espirituales, también podemos encontrar personas a las que les produzca rechazo y mayor desconsuelo.

¿Cómo puedo ayudar?

Pregunta cómo se sienten y a ambos progenitores: No evites conectar con el dolor de esas personas, permite que expresen su dolor y sus sensaciones, y lo que es más importante: No quites de la ecuación al padre. Se ha comprobado que ante estas situaciones, ambos progenitores tienen la mismas emociones de duelo.

Pregúntales directamente por la pérdida, si tenían algún nombre pensado, si guardan algún objeto de recuerdo… Hablarlo no va a producirles más dolor, sino que puede ayudarles a sanar la herida. Recordemos que habitualmente estas situaciones son tabú en la sociedad, por lo que debemos crear espacios seguros para poder comunicarnos.

Valida sus emociones: No minimices sus dolor, estas personas están experimentando una pérdida y cada persona procesa el duelo como mejor puede. El silencio solo aumentará la sensación de desesperanza.

Muéstrate disponible: Ofréceles tu voluntad de ayudar y escucharles cuando lo necesiten, a buscar información médica o asesoramiento psicológico si lo necesitan, siempre y cuando, se respete también su espacio de duelo.

Coincidiendo con el mes internacional de la concienciación de la muerte gestacional y perinatal, desde Quiero Psicología queremos dar visibilidad a estos procesos y ofrecer un entorno seguro donde poder hablarlo, sin temor a ser juzgado o rechazado.

Si lamentablemente has experimentando una pérdida de este tipo, si te sientes identificado con las emociones expuestas anteriormente o crees que necesitar sanar un duelo, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Sexualidad no normativa: Shibari

Como ya hemos visto, lo más importante dentro de las relaciones o de las prácticas BDSM es que haya comunicación entre los integrantes.

Una comunicación que busca un consenso claro de los límites que han debido ser preestablecidos antes del encuentro y que son conocidos y respetados por ambos.

Si nos encontramos en una relación que se nos presenta como BDSM pero donde nuestros límites no son conocidos y respetados por ambos, realmente estamos ante una relación insana que no está basada en el respeto ni en la comunicación.

Mientras los límites estén claros y consensuados, cualquier práctica es posible y dentro de las múltiples opciones con las que nos podemos encontrar se encuentran las inmovilizaciones y ataduras, y dentro de estas el Shibari.

Es importante recordar que ambas prácticas Bondage y Shibari no se pueden practicar sin consenso por parte de las dos personas y que en especial en el Shibari, es recomendable acudir a alguien que pueda ofrecer una formación básica sobre elementos de seguridad.

Y una vez aclarado esto, vamos a liarnos con las cuerdas, para ello, comenzaremos con la definición algunos términos que nos pueden llevar a equívoco, Bondage, Shibari y Kibanku.

Bondage

La función principal del Bondage es inmovilizar parcial o totalmente al individuo. No sólo se usan cuerdas, las cadenas, las esposas o incluso las bridas son elementos que se pueden usar para dicha inmovilización.

Una vez que se ha inmovilizado a la persona que ejerce el rol de sumisión se desarrollan el resto de prácticas consensuadas entre dominante y sumiso… azotes, cera caliente, cosquillas, uso de juguetes, prácticas sexuales.

Shibari y Kibanku

El significado literal de Shibari es atar y el de Kibanku atar fuerte, por lo que a partir de aquí me voy a referir al Shibari ya que el kibanku es una especificación del mismo.

Observando el significado nos damos cuenta que uno de los objetivos del Shibari es igual que el del Bondage, inmovilizar a la persona que está siendo atada, pero este no es el único, ni siquiera podría ser el principal.

Dentro del Shibari un hay componente primordial, se busca la estética y la satisfacción sensorial por medio de las cuerdas.

Obviamente, dentro de la satisfacción sesonrial nos encontramos con un componente erótico y sexual, pero no es la única finalidad, llegando en ocasiones a desvincularse buscando crear figuras altamente estéticas.

Esta práctica requiere estudio y entrenamiento y unos elementos mínimos para que el momento entre cuerdas sea seguro además de placentero.

Conceptos básicos

Modelo: la persona que es atada recibe el nombre de modelo.

Rigger o atador: así se denomina a la persona que ejecuta los nudos y figuras con las cuerdas.

Cuerdas: Normalmente se usan cuerdas de 8 metros de largo de yute o cáñamo que han sido tratadas y curadas previamente. No se suelen usar cuerdas de algodón ya que en esta práctica es muy común realizar suspensiones y el algodón no tiene las características necesarias para que la suspensión sea segura.

Observador: Dentro de la práctica del Shibari es necesario que haya un observador, ya que es la persona que ejerce este rol quien hace de detonante de las emociones en el modelo. El rol del observador no siempre ha de ser ocupado por una tercera persona, el mismo atador puede ejercerlo.

Comunicación: Entre atador y modelo ha de existir un nivel de comunicación elevado e íntimo. La persona que ata debe percibir los cambios a nivel emocional en la persona que está siendo atada y ésta debe ser capaz de transmitir e informar con ligeros movimientos, con su respiración, con sonidos… sin usar la palabra prácticamente.

Emociones: Sí, las emociones son un elemento básico dentro del Shibari ya que es uno de los objetivos a conseguir, el cambio en el estado emocional en el modelo y la percepción de las mismas por parte del atador.

Sabiendo estos elementos claves y con un poco de práctica y conocimiento de los elementos de seguridad, la práctica del Shibari en las relaciones de pareja, puede ser un elemento de generación de vínculo, de intimidad, de erotismo y de placer. Las cuerdas hacen de canal de comunicación entre las dos personas que lo practican.

El consenso, las señales, la lectura de las emociones por parte de las dos personas hacen que introducir las cuerdas como elemento erótico sea una experiencia placentera a todos los niveles y segura a través del consenso y los límites pre establecidos.

Pero si sintieras que tu pareja no respeta tus límites o que tienes tabúes que te impiden explorar tu sexualidad estamos en Quiero Psicología para ti.

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Sexualidad no normativa: ¿Qué es el BDSM?

La sexualidad trasciende nuestra existencia. La sexualidad es tanto sexo, identidad de género, orientación sexual, afectividad, placer, erotismo, intimidad (y reproducción). Nacemos con ella, vivimos con ella y termina en el momento de nuestra muerte. Así, las prácticas sexuales son aquello que hacemos en y con nuestra sexualidad. Y aquello que hacemos está construyendo constantemente nuestra erótica.

Como ya recordarás (https://www.quieropsicologia.com/que-aprendemos-a-erotizar/), la erótica tiene un componente biológico, psicológico y social. A pesar de presentar ciertos elementos que nos predisponen (anticoncepción hormonal, uso de ciertos antidepresivos etc), tenemos un rol activo en su construcción.

¿Qué es «normal» en la sexualidad?

A nivel social, el relato hegemónico prescribe qué prácticas son normativas (o “normales”, como solemos escuchar, es decir, aquellas que siguen la norma establecida), como actualmente es la penetración vaginal y, más en un segundo plano, el sexo oral y la masturbación. No es casual que en la cima de la pirámide se encuentre aquella cuyo objetivo es la procreación-reproducción. ¿Y por qué?

Dicha rigidez normativa acerca de cómo ha de transcurrir la sexualidad de las personas se encamina a la reproducción y a decirnos cómo tenemos que relacionarnos. Parece que la sexualidad no sólo se condena y/o tolera, sino que tiende a comprenderse y apreciarse si dichas prácticas son solo reproductivas y que posibilitan “la monogamia heterosexual”.

Con esto, por supuesto, no pretendemos demonizar la penetración vaginal. ¡Faltaría más! En cambio, te invitamos a explorarte, conocerte y ampliar tu erótica, encontrando otras formas de disfrute y de placer, complementarias a las que ya vivencias.

Puede que llegado este momento te estés preguntando…

¿Y cuáles son esas prácticas no normativas?

Aquellas prácticas sexuales disidentes de dicha norma social, no normativas, son las que escapan de lo permitido y conforman una serie de placeres a los que podemos tener acceso, enriqueciendo mucho más nuestra erótica (que recordemos, nosotrxs construimos en gran parte). Prácticas como el fetichismo hacia objetos o partes del cuerpo, spanking, sumisión, sadomasoquismo, exhibicionismo, asfixia erótica, medical, voyerismo… hacen alusión a las otras formas eróticas no hegemónicas. Adentrarnos en alguna de ellas nos permitirá desplazar la importancia patriarcal de la penetración y los genitales a otras vivencias del placer que pueden (o no) incluirlas.

Hoy introduciremos una de las más conocidas a nivel popular: el BDSM. Dichas siglas recogen prácticas como:

  • Bondage: ataduras con cuerdas y la inmovilización del cuerpo, total o parcial, mediante el uso de correas, cadenas, film plástico, vendas, hinchables de látex…
  • Disciplina: conjunto de normas-reglas para educar a un sujeto a través del castigo corporal. Dichos castigos pueden implicar azotes y/o pellizcos, por ejemplo.
  • Dominación/sumisión: asunción de roles como mascotas, asumir ciertas edades, ciertos géneros, desarrollar un rol de objetos y representar profesiones y/o situaciones que se relacionan con el poder
  • Sadomasoquismo: se relaciona con el dolor físico y otras formas posibles que lo causen.

Los factores en común a tener en cuenta en dichas prácticas son:

  1. Se llevan a cabo de forma consensuada
  2. Existe un intercambio de poder (total o parcial), donde se cede el control del propio cuerpo y/o la conducta para el disfrute, el placer y la satisfacción de los sujetos participantes

Es relevante destacar la diferencia entre práctica y conducta. Hay conductas que, per se, no se pueden considerar BDSM. Por ejemplo, esposar las muñecas o azotar un trasero dentro de un encuentro sexual donde hay disfrute mutuo, no se transforma en una situación BDSM porque aquí entra en juego la manera de vivir en concreto dichas prácticas, el significado que se le de al encuentro y el acuerdo entre lxs participantes.

Hoy hemos hablado de una de las prácticas no normativas (en la que ahondaremos en el siguiente post), pero sólo es una dentro de las muchas que tenemos a nuestra disposición para ampliar nuestra erótica y descubrir nuevos placeres y formas de vivirnos sexualmente.

Si estás pensando en trabajar tu sexualidad en esta línea u otras que se te ocurran, no dudes en contactarnos. En Quiero Psicología estamos para ti.

¿Qué son las no-monogamias?

¿En qué piensas cuanto te hablan sobre no monogamias? poliamor, swinger, parejas abiertas, anarquía relacional… son conceptos que aluden a los ya conocidos modelos relacionales disidentes de una norma bajo la que se nos ha educado. Ahora, ¿has pensado alguna vez la cantidad de estereotipos o prejuicios que podemos haber introyectado al respecto?

Hace unos años, hablando con unos colegas tomando algo, salía este tema seguido de “uf, ya… gente un poquito promiscua ¿no?” o “yo creo que se abre la relación para evitar un compromiso con esa persona”.

Es comprensible que, viviendo en un mundo donde lo normal – es decir, la norma- es la monogamia, todo lo que se salga de este limitado cuadrado se discrimine, patologice, ridiculice o denigre. ¿Te suena esta forma de hablar?

¿Qué es entonces lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en monogamia? Algunas respuestas de personas a las que se les ha preguntado esto fueron: celos, exclusividad, relación más importante, proyecto de vida en común, amor-de-verdad o prioridad.

Este pack es lo que nos llega sobre las no-monogamias, lo que está en la cultura popular, pero… como seguramente ya sepas, todo lo relativo al ser humano se da en un contexto político y social que influye considerablemente en cómo concebimos las cosas, cómo nos sentimos y cómo nos comportamos.

Spoiler: pocas cosas son “naturales” cuando hablamos de emociones y comportamientos.

¿Qué se te pasa por la cabeza si te digo que esto del poliamor, en verdad, no va de tener múltiples parejas?

En palabras de Brigitte Vasallo, nos hemos puesto a desmontar la monogamia sin saber lo que es. Y no es que no esté definida, sino que está mal definida. La monogamia no es una práctica. No es tener una pareja con exclusividad sexual y afectiva. Las personas amamos a mucha gente, pero solo a un tipo de amor le ponemos cierta carga (ese amor-de-verdad).

Cuando oímos la palabra amor, pensamos en amores de pareja, amores sexualizados, pero no en el amor a nuestras criaturas, por ejemplo, a nuestros animales de compañía o amistades. Por ello, algunas visiones acerca de la monogamia la sitúan no tanto como un modelo relacional, sino como un sistema, una superestructura que determina nuestra vida privada, organizando nuestros vínculos: cómo, cuándo, a quién, de qué manera amar, qué circunstancias son motivo de tristeza, rabia etc.

El amor lo vivimos todas y todos de maneras distintas, es algo abstracto que forma parte de un mundo emocional que no puede codificarse tan fácilmente. Sin embargo, cuando aparece la monogamia, esta codifica la noción de amor. Por eso, cuando hoy hablamos de amor, hablamos de una forma concreta de amor que pasa por una forma concreta de pareja.

El sistema monógamo es también al amor Disney, ese amor que nos han metido desde pequeñas.

La jerarquía

La monogamia entonces es un sistema que nos organiza los afectos a nivel social y de manera jerárquica. No tiene que ver con la cantidad. El foco, en su lugar, iría de la cantidad de personas involucradas a las dinámicas que hay entre ellas, y entre dichas personas y el entorno.

El poliamor no viene definido por el número de relaciones, sino por el tipo de relación”.

La confrontación:

La confrontación o competitividad es uno de los mecanismos básicos del sistema capitalista. El conflicto horizontal (es decir que nos peleemos entre nosotras) legitima dicha estructura jerárquica, sin afectar a su funcionamiento. Por lo que para que se mantenga esta estructura jerárquica se necesita a la envidia.

No es arbitrario que se de principalmente entre mujeres. Nuestra socialización de género nos ha enseñado que el fin de nuestra vida, aquello por lo que lo damos todo, gira alrededor de la idea de “príncipe azul”. Y por lo tanto parece generar la idea de que competimos para conseguirlo.

Por eso es sumamente relevante darnos cuenta de esta confrontación introyectada y minimizarla. Supone mirar hacia dentro y observar cómo el sistema nos influye para poder frenarlo en la realidad. Ahí es donde reside la verdadera revolución.

La exclusividad:

El imaginario monógamo nos convence de que “si amas de verdad, no desearás a nadie más”. En esta forma de pensamiento competitiva y jerárquica, te enamoras de “la mejor persona para ti”, tu media naranja.

Así, el pensamiento monógamo es sustitutivo: desear a alguien nuevo implica dejar de desear a la anterior persona, o como mínimo, ese deseo se ve matizado. De nuevo, volvemos a la pirámide: para que alguien más llegue a la cima, hay que desocupar la cumbre. Si la ensanchamos, pierde exclusividad y, por tanto, valor.

Si bien es cierto que, en ocasiones, la multiplicidad de afectos puede implicar descuidos o maltratos, pero esto no se debe a la multiplicidad en sí, sino a la manera en que nos situamos en esa multiplicidad, usándola como consumo de cuerpos.

Es curioso como también, la exclusividad la entendemos referida principalmente a lo sexual. Acostarse con otra persona es un drama, pero nuestra pareja “puede” ejercer violencia contra nosotras y tendremos, o el entorno tenderá, al “no es para tanto”, “es que tenía un mal día”. ¿Dónde estamos poniendo el peso?

¿Se puede ser poliamorosa y ser responsable afectivamente?

En ocasiones vemos a personas a las que se les llena la boca con el discurso de la responsabilidad afectiva, pero… ¿sabemos qué es realmente? ¿hablamos tanto de ella como la practicamos en nuestro día a día? La responsabilidad afectiva es:

  • Saber que los vínculos que construimos con otras personas implican cuidados. No confundamos aquí ser independiente con no estar pendiente de la pareja.
  • No ilusionar a alguien con planes de futuro si no quieres eso realmente.
  • Tener en cuenta el mundo emocional de la otra persona sabiendo que puede ser muy diferente al tuyo.
  • No confundir a la otra persona con “ahora sí, ahora no”, no siendo claras y honestas.
  • Dejar claras tus intenciones y expectativas que tienes con las personas que te vinculas.
  • Establecer límites y acuerdos entre las partes implicadas para respetarnos y no herirnos.
  • Asertividad, asertividad y más asertividad: “tenemos que hablar de esto que me ha molestado y ver cómo podemos solucionarlo”
  • Ser consciente de las consecuencias de lo que decimos/hacemos.
  • No hacer bombas de humo / ghosting y toda esa retahíla de evitaciones modernas

Como primo cercano de la responsabilidad afectiva están los cuidados. En muchas relaciones no monógamas, lo que a veces se hace con los celos es ponerlos sobre la persona que los siente bajo un “cariño, gestiónatelo”. Algo muy propio del individualismo.

Creo que es importante levantar un poco la mirada y darnos cuenta de que los dolores vienen, además de la mochila de aprendizaje de esa persona donde se encuentran apegos, relaciones pasadas, vulnerabilidades etc… de un sistema. Esto no exime la responsabilidad de los miembros de la red, para nada. Pero si que es necesario establecer acuerdos, pactos de realidad.

Se que alguien estará pensando que sí, que los acuerdos son importantes, pero si la persona no tiene cierto trabajo personal hecho, se pueden seguir reproduciendo ciertas violencias. Y estás en lo cierto. Las personas que llevan a cabo dichos pactos tienen que saber colocarse a si mismas en la red, saber desde qué lugar dicen qué cosas. Y, como no, esto en muchas ocasiones pasa por tener tiempo para el trabajo con una misma y dinero para poder pagarte la terapia correspondiente. Entonces, me surge otra pregunta: ¿son las relaciones no monógamas una cuestión de clase? ¿un privilegio?

Imagino que a estas alturas del artículo estarás un poco removida, poniendo la vista en el pasado y, con suerte, vislumbrando esas veces en las que no te han cuidado o no has cuidado como era debido. Está bien. Quizás también te estés planteando abrir tu relación de pareja, pero no sabes cómo hacerlo sin que nadie salga herido. Puede que también estés reflexionando desde qué lugar te vinculas, o en qué lugar dejas parte de tu entorno en pro de ese amor de película.

Permítete ese espacio de reflexión que seguro dará pie a una mejora en ti. Que sepas que desde Quiero Psicología también te acompañamos en ese quebradero de cabeza.

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¿Qué creencias sobre la familia están limitando tu vida?

Vamos a hacer un juego, ¿te animas? Imagina que un día vas por el medio de un camino y te encuentras unas semillas, decides recogerlas y guardarlas cuidadosamente para que al llegar a casa poder germinarlas y plantarlas.

De vuelta acudes a la tienda y adquieres todo lo necesario; una maceta bonita, la escoges cuidadosamente, el mejor sustrato, el adecuado para las semillas que has encontrado, compras todos los útiles para el cuidado y crecimiento óptimo de la futura planta que saldrá de esas semillas encontradas.

Al llegar, lo preparas todo y comienzas con el proceso, todo como se debe hacer y al poco tiempo salen los primeros brotes. ¡Qué ilusión!, sigues con los cuidados, le das luz, agua, la observas, analizas si tiene alguna necesidad especial y si es así intentas cubrirla. Es un proyecto valioso para ti, se está creando una vida en esa maceta que parte de aquellas semillas encontradas.

Con el paso del tiempo la planta está grande y fuerte gracias a tus cuidados. ¡Qué alegría!

Ahora piensa que esa planta que primero fueron unas semillas no es una planta, es el vínculo que se genera en todas las relaciones. Al principio es débil, pequeño, al que hay que prestarle una atención especial, regarlo, alimentarlo para que vaya creciéndose y haciéndose más fuerte.

Pero, ¿qué ocurriría con esa planta si llega un momento que dejamos de regarla, de alimentarla, que no le damos la atención y cuidados que necesita? La planta terminaría por marchitarse y morir, ¿verdad? Lo mismo ocurre con las relaciones, si no las cuidamos de la forma necesaria, atendiendo a las necesidades que tienen en cada momento, el vínculo se marchita y se debilita.

Este vínculo se crea en todas las relaciones y cuando decimos todas es en absolutamente todas las relaciones, incluso en las familiares, un tipo de relaciones que son particulares ya que están vinculadas a muchos mitos.

Mitos en las relaciones familiares

Cuando decimos mitos dentro del entorno familiar estamos refiriendo a un conjunto de creencias que comparten los miembros de la misma familia con respecto al papel que deben cumplir cada miembro dentro de la estructura familiar y sobre la naturaleza de la relación.

Dentro de los mitos podemos hacer una clasificación en dos tipos:

1. Aquellos que son únicos y particulares de la familia. Este tipo de mito se han generado debido a la historia familiar y el contexto socioeconómico y político en el que ha ido creciendo la familia desde sus orígenes (abuelos, padres, hijos…)

2. Mitos familiares que podríamos denominar como más universales y que muchas familias comparten. Estos últimos son los que vamos a describir.

La familia es lo primero”

En muchas familias nos encontramos con que hay que anteponer las necesidades familiares grupales a las personales e individuales. Cuando existe este mito familiar nos podemos encontrar con una sensación de estar enjaulados, de que nuestro crecimiento y desarrollo personal se ve limitado y juzgado.

Cada vez que mostramos interés en algo que “no interesa” en la familia se nos puede llegar a tachar de manera explícita o no de egoístas y de no pensar en los demás.

Pero en realidad, incluso con la familia debemos mostrar un “egoísmo sano”, preocuparnos por nuestras necesidades y cuidar de nosotros mismos. Si nosotros estamos carentes, no podemos ofrecer atención y cuidado al otro.

En la familia todo se perdona”

Por el hecho de pertenecer a la misma familia tenemos carta blanca para hacer lo que nos plazca a los demás miembros de la familia. Todo debe aguantarse, asumirse, tolerarse, aunque dañe a otro.

Bajo este mito se pueden llegar a sustentar relaciones de maltrato en mayor o menor grado.

Los vínculos han de cuidarse (acuérdate de la plantita) y por mucho que sea un miembro de la familia no debemos tolerar que nadie nos agreda de ninguna forma. Por ello, es necesario ponernos límites propios, es decir, cual es el punto donde vamos a decir “basta” y exponerlos y explicarlos al resto de los miembros de la familia poniéndoles límites también a ellos.

Es de tu sangre, tienes que quererlo”

Compartir sangre, sólo nos hace parientes, es decir, compartimos genética con esa persona, compartimos una historia pasada compartida, al igual que con el resto de la humanidad.

Pero dentro de esa carga genética no hay un gen en particular que sea el del amor recíproco; el amor recíproco se crea, se alimenta, se cuida con las buenas relaciones, con los intereses comunes y con el respeto por la individualidad del otro.

Solo hay un modelo válido de familia”

Nada más lejos de la realidad. La familia son aquellas personas en las que sientes que estás en casa, como cuando éramos niños y jugábamos a pillar y había un lugar seguro donde no podía pillarte, donde sentimos eso, ahí es familia.

Una familia puede estar por parientes, pero también puede estar formada por amigos, por mascotas, por miembros de otras familias…

Familia es allí donde nos sentimos seguros.

La familia debe estar unida, pase lo que pase”

Sentir unidad dentro de nuestro entorno familiar es algo que nos hace sentir plenos y seguros, y es precisamente esa plenitud y seguridad la que nos hace estar unidos a nuestras familias.

Pero, y si tengo que estar unido por obligación a personas con las que no tengo nada en común, con las que no me siento seguro, con las que no se preocupan por ti, ni por tus intereses y cuando lo hacen es para criticarlos o juzgarte.

En ese momento, la unidad familiar puede convertirse en una cárcel.

Con todo lo que hemos dado por ti”

De este mito se pueden generar sentimientos de culpa, de deuda en la persona que la escucha del resto de sus parientes.

Hay determinados hechos, como los cuidados básicos, alimentación, ropa y cobijo que se dan por supuesto cuando llega un bebé al mundo; se dan por supuesto, porque es conocido por todos que hay en determinados casos que ni siquiera se dan los cuidados básicos.

Pero recibir estas atenciones durante nuestra infancia y nuestro crecimiento, en el que nos posibiliten el estudiar y formarnos en aquello que queremos no nos pone en deuda con nuestros padres o cuidadores principales.

El haber recibido “todo por su parte” no es condición sine qua non para que dejemos de lado nuestros proyectos de vida, intereses y motivaciones.

En mi casa jugamos así”

Hay en familias que no se habla de las emociones, de la muerte, de los miedos, de las dudas, no se muestran los enfados ni las tristezas; no se permite nada que pueda tener relación con una supuesta debilidad.

No se habla de aquellas cuestiones que alteran el aura de perfección y felicidad que se debe mostrar.

No se abordan aquellas cuestiones que pueden poner de relieve que hay problemas de vínculo entre los miembros de la familia o que el entorno familiar no es un lugar seguro.

¿Qué ocurre si rompemos estos mitos?

Los mitos cumplen la función de dinamizar las relaciones familiares, son los que se encargan de cada uno cumplamos nuestro papel otorgado e impuesto.

Son creencias, reglas son reglas implícitas, en algunas ocasiones casi secretas y prácticamente ocultas en el día a día de la familia.

Estas reglas estructuran la forma en la que nos relacionamos dentro del entorno familiar y que nadie osa a romperlas ya que si así lo hace corre el riesgo de ser considerado “la oveja negra de la familia” y de sentirse excluido de nuestro primer entorno relacional, por ello, en la mayoría de los casos, callamos y seguimos con el juego.

Pero seguir con el juego puede tener consecuencias muy negativas para nosotros ya que estaremos enviando al fondo del baúl nuestras necesidades, nuestros intereses, nuestras motivaciones en la vida.

Cuando esta situación se perpetua en el tiempo, nos encontramos con una lucha interna entre la lealtad hacia la familia y la responsabilidad para con nosotros mismos y nuestra vida, pudiendo generar síntomas de depresión, ansiedad y otros trastornos que sin duda deberán ser abordados con un especialista, con un terapeuta.

Si identificas alguno de estos mitos u otros más particulares en tu entorno familiar, si sientes que la lealtad familiar te impide crecer y desarrollarte, da igual la edad que tengas, ponte en contacto con nosotras, que en Quiero estamos encantadas de poder ofrecerte una mano que te acompañe.