LGBTIAQ+

Algunas cosas que quiero decirte como persona LGBTIAQ+

Si estás leyendo este texto es muy posible que seas una persona del colectivo LGBTIAQ+ o bien alguien que tiene a una persona del colectivo cerca.

Si perteneces a la primera categoría este escrito es para dar voz a ciertas experiencias que puede que te resuenen: para describir lo que significa ser disidente en una sociedad que espera e incluso impone que seamos personas heterosexuales, cisgénero (que se identifican con el género asignado a sus genitales), alosexuales (que no son asexuales)… y normativas y como nos afecta en nuestros entornos sociales y familiares. Este texto es para ti y que puedas compartirlo con quien quieras cuando lo necesites.

Si no es el caso y perteneces a la segunda categoría tienes a una persona cercana a ti, sea familiar, amiga, ligue, pareja, hija, hermana, sobrino… o alguna persona en tu vida que quiere tener una conversación contigo que posiblemente no sea fácil o cómoda. Te invito a leer este texto hasta el final para iniciarla porque os merecéis estar a gusto y sentir seguridad y cercanía.

Esta persona en tu vida pertenece a alguna (o varias) de las siguientes categorías: lesbiana, gay, bisexual, trans, no-binaria, poliamorosa, asexual, intersex…

Este post en concreto no va sobre explicar que quiere decir en profundidad cada uno de estos términos, sino de que la persona que te ha enviado esto pertenece al colectivo y esto supone unas consecuencias injustas o difíciles en nuestras vidas que nos gustaría compartir contigo.

Nos gustaría decirte que recibimos rechazo o silencio cuando tratamos de ser nosotras mismas y nos cuesta hablar de nuestra vida personal porque no recibimos siempre el interés o el apoyo que necesitamos. El hecho de que no seamos lo que nuestros círculos sociales o familiares esperan de nosotras nos somete a presión para encajar o callarnos y nos hace muchísimo daño. Nos hace sentir expulsadas y rechazadas de muchos círculos. Duele no poder ser nosotras mismas. Duele no poder compartir nuestras experiencias. Duele que nos intenten forzar a ser algo que no somos.

El dolor de no poder traer todo nuestro ser a comidas familiares, a conversaciones casuales, a lo más pequeño y cotidiano de nuestras vidas es demoledor. No podemos ser quienes somos plenamente.  Es injusto. Es frustrante. Es un camino solitario en el cual podemos sentirnos abandonadas o desamparadas. Y no nos lo merecemos.

Merecemos cariño, cuidados, apoyo e interés en nuestras vidas como todas las demás personas. Merecemos poder contar con quien estamos saliendo o dejamos de salir, quien nos gusta, quien nos hace daño o con quien rompemos. Merecemos hablar de quienes somos.

Nos merecemos sentirnos libres, escuchadas, deseadas, celebradas. Merecemos una vida rica, colorida, segura y llena de amor. Y justamente por esto es posible que alguien que te importa te haya pasado esto. Porque necesita recibir esto de ti también.

Necesitamos conversaciones incómodas y difíciles que hagan que nos sintamos escuchadas y comprendidas.

Necesitamos sentirnos en casa con la gente de nuestro entorno y para ello necesitamos que iniciéis conversaciones para las cuales no estéis preparadas. No necesitamos que tengáis las palabras perfectas, pero necesitamos que lo intentéis.

Necesitamos que afrontéis el miedo a lo desconocido, a lo distinto, a pasar un rato incómodo. Porque le importas a la persona que te ha mandado esto y quiere que sepas como se siente.

Estás en su vida y le es importante poder compartir esto contigo. Poder sentirse segura y que le vas a escuchar y que puede ser ella misma. Que está a salvo, que no le vas a juzgar y que le vas a apoyar. Para esto es muy importante que no estés a la defensiva, porque para trabajar una relación (del tipo que sea) necesitamos poder mostrarnos vulnerables todas las partes involucradas. Para ello es importante entender que esto no es un reproche ni un ataque, es la necesidad de sentirnos escuchadas y sólo conseguiremos esa cercanía si nos cuidamos y escuchamos plenamente. ¡Para nosotras esto no es nada fácil!

Me encantaría que por favor intentes hacer esto lo mejor que puedas, que nos tengamos paciencia y nos digamos las cosas con cariño y que intentes entender quien soy. Que te informes si lo necesitas sobre mi identidad, que me preguntes con mucho cariño y mimo si tienes dudas. Pero necesito tu apoyo y comprensión.

Necesito conversaciones incómodas para poder entendernos, necesito que entiendas que la incomodidad es parte del cambio, de aprender y de conectar entre nosotras y tener una mejor relación. Necesito que me aceptes tal y como soy.

Necesito que me preguntes sobre mí y sobre mi vida para poder mostrarme ante ti tal y como soy plenamente, sin recortar las partes de mí que no entiendes. Necesito no tener que censurarme y que aceptes todas las partes de mi ser, especialmente aquellas que no comprendes del todo para poder sentirme cuidada. Necesito que me entiendas, cuides y quieras justo ahí donde menos me entiendes, necesito que busques comprenderme para poder ser quien soy.  Te garantizo que esto va a hacer que sea más fácil y fluido poder hablar entre nosotras y va a mejorar como nos hablamos y cuidamos.

Si lo haces te lo agradeceré y estoy segura de que tú también te alegrarás de haberlo hecho.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Gordofobia

Gordofobia en el sistema sanitario

Antes de meternos de lleno en el meollo del asunto, vamos a definir este término que se ha empezado a escuchar en los últimos años. Y como ya os podéis imaginar

La gordofobia es el odio, el rechazo, la discriminación y un largo etcétera que sufren las personas gordas por el simple hecho de estarlo.  

El bullying a la niña gorda de la clase, las críticas a la adolescente gorda por parte de sus amigas con cuerpos más normativos y por supuesto el rechazo o la indiferencia de los chicos a nivel sexoafectivo (porque aunque no estemos hablando de personas heterosexuales, todas sabemos que es lo que “te tiene” que gustar), el rechazo por parte de las empresas a la hora de acceder al mercado laboral, los comentarios de hate en redes sociales por el simple hecho de subir una foto comiendo una hamburguesa.

las ridiculizaciones de unos hombres a otros por haber tenido relaciones sexuales con una mujer gorda, las dificultades para encontrar ropa de su talla, las miradas y los cuchicheos en piscinas y playas, la incredulidad de que una mujer gorda esté con un hombre con un cuerpo normativo, la preocupación de todo el mundo por tu estado de salud, el acoso que reciben en la calle etc.

Todas estas situaciones tienen que vivir las personas gordas por el simple hecho de estarlo, sin que haya ninguna variable más por medio.

Podríamos pensar que cuando acudimos a cualquier profesional de la salud (profesiones vocacionales, que requieren de tantos años de formación) lo que va a hacer es eso, velar por nuestra salud, sin embargo, nos encontramos con innumerables situaciones de gordofobia en la consulta. Profesionales, que deberían de saber cómo afecta el estrés y la ansiedad que generan los comentarios despectivos, las ridiculizaciones y las infravaloraciones de nuestras quejas, en la salud física (presión arterial alta, insuficiencia cardiaca, diabetes, problemas hormonales, problemas dermatológicos, problemas digestivos) y por supuesto a la salud mental, que deberían saber que un cuerpo no normativo no tiene por qué estar relacionado con enfermedad y que puede haber salud en todas las tallas.

  • Carolina, mujer de 38 años que acudió en cinco ocasiones al hospital, a consecuencia de un fuerte dolor abdominal, pérdida del periodo y subida repentina de peso. Estaba EMBARAZADA, y hasta el momento de parto no se le realizó una prueba de embarazo, el único tratamiento que le dieron fue hacer dieta. No fue hasta la quinta visita al hospital cuando se la ingresó con pronóstico grave ya que tenía dos coágulos en la cabeza y demás complicaciones producidas por el parto.
  • Miguel de 43 años, acudió al médico de cabecera con dolores en la zona del tórax y dificultad para respirar, el médico le dijo que si no era Covid-19 era por estar gordo y que adelgazase. Sufría una EMBOLIA PULMONAR.

Estos son solo dos ejemplos de los tantos que hay, en atención primaria, en especialistas digestivos, ginecológicos o traumatología. Acudir al médico por dolores menstruales y que te digan que tienes que adelgazar sabiendo que nada tiene que ver con el motivo de consulta. Produciendo, por una parte, el infra diagnóstico por la vergüenza que nos ocasiona acudir a una cita médica y por la falta de pruebas que se les realizan a las personas gordas. Llegando a pensar que tienes un problema de salud y que tu cuerpo tiene algo malo y que tiene que ser cambiado a cualquier coste.

No debería ser tan difícil encontrar un profesional que te trate con lo mínimo que todas las personas se merecen: respeto

Estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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4 tips básicos de autocuidado en una relación

El equilibrio entre mantener la estabilidad en una relación de pareja y no olvidarse de las necesidades de uno mismo puede a veces puede parecer realmente complicado.

Las relaciones sentimentales tienen diferentes espacios, los espacios en solitario donde cada uno tiene su independencia y por otro lado, tenemos el espacio y el tiempo donde se viven experiencias compartidas, así como generar un compromiso e ideas de futuro. Es necesario que para establecer una relación sana y madura se mantenga el autocuidado y se valore el tiempo personal de cada uno. Poder disfrutar de los tiempos individuales ayudará también a encontrar la reconexión emocional con la pareja.

Tener un espacio individual dentro de una relación no significa que no haya interés real por seguir con ella. Tomarse tiempo para mi mismo tampoco significa ser egoísta y no pensar en la otra persona. Un tiempo para uno mismo gestionado adecuadamente permite conocerse y evitar realizar actividades que puedan dañar o perturbar la relación o promover la desconfianza.

¿Cómo puedo fomentar mi autocuidado en una relación?

Buscar de manera consciente tiempo a solas.

Realizando algún hobby o actividad que podamos disfrutar. Esto permite mantener intereses personales y valorarnos, lo cual nos ayudará seguir con un balance equilibrado emocionalmente. Al realizar actividades que sean beneficiosas y nos sintamos satisfechos hará que disminuyan los niveles de estrés.

Cuidar nuestras relaciones sociales y familiares.

En ocasiones, una de las principales señales que pueden llevar a una dependencia emocional para centrarnos solo en la relación o en la vida y contexto de la pareja. Es necesario ese tiempo con otras personas de confianza para no sobrecargar la relación y sentir la desconexión de algunos conflictos que también puedan haber en la pareja.

Cuidar y ajustar las expectativas.

Es importante no esperar a que la otra persona sea la responsable de ayudar y gestionar las conflictos internos, ya que, esto conllevaría depositar fuera de uno mismo las propias responsabilidades. La pareja puede ser un apoyo, alguien que comprenda.

Es necesario la comunicación emocional y poder sentir la confianza de expresar la que uno considera

Y sobretodo ayude a entender determinadas conductas. Hacer participe a la pareja de los miedos internos también crea un vínculo fuerte, siempre y cuando se cuide la adjudicación de responsabilidades y se trabaje también de manera individual.

Y si siempre te ocurre que empiezas una relación con estas intenciones y no sabes cómo pero acabas fusionado con la otra persona y sin tus propios espacios y esperando demasiado de la relación quizá ha llegado la hora de plantearte si un proceso terapéutico puede ayudarte. En Quiero Psicología somos expertas en estas dependencias que pueden hacer que te olvides de ti.

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¿De qué depende la felicidad?

Parece obvio que todos queremos ser felices o “estar bien”: desde Aristóteles que habló de “eudaimonia” (traducido como bienestar o florecimiento humano) hasta libros de auto ayuda y perfiles en las redes sociales que venden el concepto de felicidad, siempre nos hemos preguntado ¿qué es la felicidad y cómo la conseguimos?

¿Qué es la felicidad?

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud es “un estado completo de bienestar físico, psíquico y social y no la mera ausencia de enfermedad o minusvalía” (WHO, 1948). Sin embargo, la psicología siempre había estado orientada a aliviar el malestar y al tratamiento de las enfermedades y síntomas psicológicos. En el 2000, Martin Seligman, profesor en psicología, y otros investigadores, empiezan a explorar esta corriente de la psicología centrada en el bienestar a la que llaman “psicología positiva”. Se trata del estudio científico de las experiencias positivas, las bases del bienestar, las emociones positivas, los rasgos individuales positivos y las instituciones que facilitan su desarrollo, con el objetivo de fomentar el crecimiento (o florecimiento), el bienestar y calidad de vida de las personas.

Lykken y Tellegen (1996) llevaron a cabo varios estudios y concluyeron que la felicidad (medida por factores como calidad de vida percibida y satisfacción) era en parte inmodificable: un 50 % depende de la herencia genética (físico, inteligencia, factores de salud heredados), un 10 % de nuestro entorno (tu barrio, tus experiencias, la educación que recibes …) y sólo el 40 % depende de lo que la persona realiza intencionadamente (pensamientos, actos, actitudes). Si solo podemos modificar el 50% de los factores que contribuyen a nuestra felicidad, es importante entender cuáles son, lo que aportaría la psicología positiva. Existen muchos modelos y teorías que se han desarrollado, pero hablaremos de dos.

Modelos sobre la psicología positiva:

En 2011, Seligman especifica los pilares del bienestar en el Modelo PERMA:

  • P – Positive Emotions o Emociones positivas: Aunque sentir emociones agradables no mejora tu bienestar de forma efectiva, sí es un factor importante, ya que disfrutas del momento.
  • E – Engagement o Flow (Absorción o dedicación): El Flow (fluir) hace referencia a un estado óptimo de motivación intrínseca, en el que se pierde la noción del tiempo (puedes olvidarte de comer, por ejemplo), estando absorto en una actividad que disfrutas.
  • R – (Positive) Relationships o Relaciones (positivas): Como seres sociales, dependemos de la conexión con otros para florecer, por lo que las relaciones significativas y profundas con otros son esenciales en nuestro bienestar.
  • M – Meaning o Significado: Dedicarse a una causa mayor que nosotros mismos, nos proporciona un significado, que ayuda a tener un bienestar más profundo.
  • A – Achievement o Logro: Cuando tenemos éxito y cumplimos metas, crecemos. Según Seligman, el impulso de lograr nuestros objetivos parece ser una parte importante del auténtico bienestar.

Trabajando los diferentes pilares, una persona podría alcanzar un mayor bienestar. Por un lado, existen terapias como la terapia centrada en la compasión que se orienta a la evocación de esa emoción hacia los demás y uno mismo, o terapias centradas en el mindfulness. Por otro lado, puedes invertir más tiempo en cuidar tus relaciones positivas, proponerte metas, o buscar causas con las que te identifiques o proyectos en los que quieras colaborar (de manera puntual o más largo plazo, económicamente o ayudando como voluntario, presencial o no…).

Más tarde, Seligman elabora el equivalente en positivo del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), que es el Manual de Virtudes y Fortalezas del Carácter, en el que se exponen 24 fortalezas que se dividen en seis virtudes (la sabiduría, el coraje, la humanidad, la justicia, la templanza y la trascendencia). Se tratan de fortalezas que son valoradas intercultural y mundialmente de la misma manera. Trabajar en estas fortalezas también permitiría obtener una mayor felicidad.

Nunca es tarde para florecer personalmente y mejorar tu calidad de vida. ¡Desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte a crecer y obtener el bienestar que te mereces!

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¿Por qué hace falta seguir celebrando el orgullo?

En las altas horas de la madrugada del 28 de junio de 1969 comenzaron los disturbios en la Stonewall Inn. La policía inicia una redada contra todas las personas presentes ahí: personas trans, gays, lesbianas, bis, drag queens, trabajadoras sexuales… En definitiva, todas aquellas personas que encajaban en el concepto de vagas y maleantes. Personas disidentes, con pluma, con roles de género, cuerpos o vidas que no encajaban en lo que era considerado la norma buscaban un refugio en la noche donde poder ser ellas mismas, donde ser libres.

Pero otra vez el abuso, la represión en forma de violencia policial. Pero esa noche no, no iba a quedar sin respuesta. Fue el inicio de una revuelta, de todo un movimiento. El nacimiento (de muchos) del activismo LGBTIAQ+.

53 años parece mucho tiempo y a la vez no ha sido tanto. Ahora celebramos cada año con purpurina, carrozas, fiestas y conciertos. Y merecemos ese espacio y esa fiesta. ¿Pero seguimos en conexión con lo que representa este día? ¿Defendemos y honramos lo que significa?

¿Por qué sigue siendo necesario este día?

¿Por qué este día no es sólo una fiesta, sino también una protesta?

Porque las personas del colectivo se dan cuenta de quiénes son tarde en la vida o pasan una buena porción de su vida en el armario, cuestionándose quiénes son o no aceptándose porque nuestras identidades son negadas, invisibilizadas o estigmatizadas.

Porque todavía se considera que no puede haber maltrato entre dos personas del mismo género.

Porque merecemos una terapia donde se nos atienda con conocimiento, empatía, comprensión. Merecemos profesionales que sepan estar a la altura y nos acompañen y validen en nuestras vivencias, que reafirmen nuestras realidades y nos hagan sentir en casa.

Porque la violencia entre dos personas del mismo género todavía no tiene unas leyes específicas que protejan a las víctimas y apenas existen recursos que atiendan a nivel psicológico y legal a las personas sufriendo violencia intragénero.

Porque las personas sufriendo violencia intragénero no suelen saber ni que lo que están viviendo es violencia (ni siquiera se suele saber que existe un término específico para nombrarlo).

Porque las mujeres lesbianas, trans y bisexuales siguen siendo fetichizadas e hipersexualizadas y a veces esto se considera una mayor “aceptación” en sociedad que sufrir discriminación de otras formas.

Porque las personas bisexuales siguen siendo tachadas como personas atravesando una fase, indecisas y siguen siendo apartadas o expulsadas de espacios LGBTIAQ+.

Porque las personas asexuales son invalidadas, estigmatizadas tanto dentro como fuera de terapia.

Porque los cuerpos de las personas trans e intersex son patologizados o fetichizados y merecen el mismo respeto, cariño y representación que todos los demás cuerpos. Porque nadie nace en el cuerpo equivocado.

Porque si piensas que este día no es necesario a eso se le llama «normalización del estigma» y ocurre también en el feminismo cuando la gente dice «si ya se ha conseguido la igualdad, si mi marido limpia la casa». No eres consciente de todo lo que queda para que todas las personas diversas sean personas de pleno derecho.

Merecemos celebrarnos, disfrutarnos y enorgullecernos de quiénes somos.

Merecemos derechos, cuidados, libertad y ser respetadas, comprendidas y aceptadas tal y como somos. Merecemos servicios públicos y sanitarios que velen por nosotras, merecemos sentirnos validades en terapia. Merecemos sentirnos en casa en cualquier lugar porque las calles (y todos los demás espacios) también son nuestras.

Si quieres un abordaje con perspectiva de género y terapia afirmativa LGBTIAQ+ no dudes en contactarnos en Quiero Psicología.

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5 «Red flags» o señales de alerta en una relación

Cuando una relación ha salido mal y ha pasado el tiempo ¿te has planteado o dado cuenta después de las señales de toxicidad que ignoraste en esa persona?

Imagino que si estás en una relación que no va bien, o si has tenido varias relaciones serias que no han acabado en buen puerto, tú mismo te has dado cuenta de unos cuantos indicios a los que tienes que prestar atención cuando conoces a una persona porque has comprobado que a la larga no suelen acabar muy bien.

A eso es a lo que se le llama en inglés «red flag», traducido literalmente: «bandera roja». Viniendo a indicar que el comportamiento de la persona es algo que no deberías ignorar y deberías marcar como dañino o tóxico, y, que si ves varias, que además, no cambian por mucho que se hable, deberías plantearte si quieres o debes continuar con esa persona.

¿Cuáles con esas «5 red flags»?

Desaparece sin dar más explicaciones.

Una cosa es que las personas tengan cada una su propio espacio, algo sano y necesario, un espacio que no se limite a la pareja, que cada persona tenga sus amigos, su ocio, su espacio personal. Y es más cierto que alguien no debe darte explicaciones sobre lo que hace en todo momento (más aún cuando apenas te conoce), pero alértate si esa persona te deja de hablar de repente durante periodos medianamente largos de tiempo sin interesarse ni por cómo estás tú ni qué te ha pasado. Te dice que te llamará y no te llama. Te cancela el plan en el último momento siempre. En general le da igual cómo te sientas tú con lo que haga él. No asume ninguna responsabilidad emocional y es completamente opaco, alega reiteradamente que «es que no quiere compromiso» y que «le estás controlando».

Si esto te hace no sentir tenido en cuenta y más aún, encima intenta culparte de que eres tú el que es una «histérica» o un «controlador». No luches contra ti mismo sintiéndote mal para que no te tomen por tal y restringas los mensajes que mandas o las cosas que dices. Aléjate. Esa persona no quiere el mismo compromiso o no tiene los mismos ritmos que tú. No lo fuerces, ni esperes algo distinto.

Es demasiado intenso.

La intensidad en este mundo de amor romántico pasa desapercibida o se pinta como el «amor verdadero». Si quiere darlo todo desde el momento uno sin conocerte, si no respeta tus ritmos y quiere involucrarse todo el tiempo en sus planes, te presenta a amigos y familia escasamente a la semana y tiene ya planes de futuro a los 3 días, peligro. Sé que a lo mejor se vive como el súper amor de la vida, pero deberías planteártelo.

Cuidado, es normal tener interés si la persona te gusta, querer que seguir involucrándose en la relación, desarrollar sentimientos cuanto más tiempo lleves en ella y querer que la relación sea pública y no secreta, pero no todo de pronto a los dos días. Aclaramos esto porque también es una red flag que explicamos en el punto siguiente.

Cualquier emoción normal la tacha de intensa.

Desde el principio no has podido hablar de tus emociones porque parece que le abruman o no le interesan. Incluso hasta tus emociones ajenas a la relación, sobre si estás triste o con ansiedad, es decir, las negativas, las intenta censurar. Te dice que no llores, que ya está, o te mira extrañado porque no entiende tus «intensidades». Sin embargo otras personas, sobre todo las que consideres referencia en tu vida, sí las entienden, sí las recogen y te dicen que son normales.

Aquí sí lo pondré en mayúsculas: HUYE. Esto además, es un comportamiento muy típico en parejas heterosexuales del hombre a la mujer ¿por qué? porque es evidente que el heteropatriarcado ha enseñado a los hombres a anular las emociones como algo de «débiles» y entonces no saben gestionarlas. Pero esto sólo hace que te sientas tú misma anulada, histérica y demasiado intensa. Spoiler: no lo eres.

No puedes expresar lo que te molesta de esa persona porque le da la vuelta a la tortilla.

Cada vez que le dices algo que hace te hace sentir mal (sea grande o pequeña la queja) siempre le da la vuelta al a tortilla, y en realidad el culpable eres tú. Hay varias tácticas para darle la vuelta a la tortilla: se enfada tremendamente (diciendo que lo que le dices es injusto, que eres horrible diciendo eso, o directamente derivando el tema hacia una tercera conversación que nada tiene que ver con lo que tú le has mencionado), otra manera es haciéndose aún más la víctima «que tú le has hecho daño acusándole de eso», y su drama acapara todo con lo que no obtienes ningún consuelo, ni eres escuchado, otro modo también sería el pasivo: haciendo como si nada, no teniéndolo en cuenta, o castigándote con la ley del silencio o retirando su afecto, al final haciéndote entender de otra manera que tú eres la que ha hecho algo malo.

Como he dicho en la anteriores: deberías re-pensarlo todo, deberías poder expresarte, si no, a la larga, acabarás completamente anulado, porque permanecer en la relación significará que tendrás que callártelo o resignarte a que jamás se tenga en cuenta lo que sientes.

Y un gran clásico: los celos.

Si al principio su amor simplemente te parecía muy entregado porque quería saber de todos tus amigos, o dónde estabas o lo que hacías (pero de buenas) y eso se ha convertido en una persecución extrema de dónde estás y con quién, te monta pollos por salir con amigos, por mirar a una persona por la calle, y por tener tu propio espacio porque entiende que todo el tiempo libre se lo deberías dedicar a él o ella. Te tengo una noticia: no va a ir a mejor, no se va a calmar porque le informes de dónde estás o porque le dejes tu móvil o las claves del mail. Sólo irá a más. La persona se comporta así porque es celosa, no porque tú hagas nada malo, y seguirá siéndolo después, y es más, cuando más controlada tenga a su pareja, más controlada querrá tenerla porque eso le calma.

Si tengo estas red flags ¿qué hago?

En todas estas situaciones siempre cuenta con un observador externo y medianamente imparcial que pueda ayudarte a dilucidar si son de la manera que tú las ves, habla con tus amigos o con alguien de tu familia y toma las decisiones buenas para ti. Habla con la persona en cuestión y plantea el problema tranquilo y fuera de una bronca o un reproche, lo primero. Pero si ves que no cambia nada da igual lo que se hable, recuerda: el amor no todo lo cura, y que la personas no pueden cambiar si ni quiera reconocen que tienen un problema.

Si aún así te enganchas a relaciones con estas, u otras, red flags, quizá tengas que sanar la manera en la que te relacionas para poder vivir plenamente una pareja, ya sabes que en Quiero Psicología podemos ayudarte, y de hecho, estamos especializadas en ello.

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El apego y las relaciones de pareja

Hace unos meses, publicamos un post definiendo el apego y explicando cómo los diferentes estilos podían afectar en la vida adulta. Puedes leerlo aquí. Hoy, queremos explicar, concretamente, cómo el tipo de apego de cada persona puede influir a la hora de establecer y mantener relaciones de pareja.

Recordemos que dentro del apego inseguro, podemos encontrar 3 subtipos: El apego ansioso, el apego evitativo y por último, el apego desorganizado. Afortunadamente, el apego desorganizado es el menos prevalente en la sociedad, por lo que centraremos el post de hoy en el apego seguro, el apego ansioso y el apego evitativo.

Comportamientos según el estilo de apego

Para entender mejor la diferencia entre estos estilos, observemos 3 casos diferentes:

  • Pedro lleva saliendo con Víctor un par de meses, lo pasan muy bien juntos y siente que le apetece dar un “paso más” en la relación. Al ver que ya no ha vuelto a quedar con otros chicos y que cada vez le apetece pasar más tiempo con Víctor, se plantea comunicarle cómo se siente y proponer que sean pareja estable.
  • Luis tiene muchas ganas de tener pareja, ha probado en varias aplicaciones y aunque ha conocido a gente maravillosa, nunca ha logrado establecer una relación duradera. Cree que ha tenido muy mala suerte, pero empieza a plantearse que quizás sea él el culpable, se pregunta si hará algo mal para que las relaciones no se mantengan.
  • María se define como un “alma libre”, dice que le encanta conocer gente, mantener relaciones sexuales, pero eso sí, “sin pillarse”. Se define como una persona autosuficiente. Cuando percibe que la persona que está conociendo exige más compromiso, empieza a experimentar agobio y miedo, y acaba rompiendo el vínculo.

Como explicamos en el anterior post, en función de la relación que establezcan nuestros cuidadores con nosotros, y el grado de sintonía entre nuestras demandas y sus respuestas, desarrollaremos una serie de esquemas mentales y expectativas, que repetiremos en la edad adulta.

Es como si nuestro cerebro esperara que la gente nos trate igual que nuestros cuidadores nos han tratado, y que por tanto, deberemos comportarnos y socializarnos, acorde a las estrategias que hemos desarrollado para que nuestros padres nos atiendan.

Pedro muestra un estilo de apego seguro, ya que no teme al compromiso y pretende afrontar sus dudas mostrando sus emociones y comunicándose de forma asertiva. Sabe que tiene derecho a exponer su postura y que la mejor forma de conocer la opinión de la otra persona es preguntando y explorando.

Luis, en cambio, se ha criado en un entorno inconsistente. Muchas veces, se ha tenido que ocupar de mediar entre las discusiones de sus padres. Su madre se caracteriza por ser muy ansiosa, con el fin de “proteger a su hijo”, le obliga a cumplir un horario estricto de salidas, pregunta con quién sale y se preocupa cuando llega tarde. Su padre, en cambio, se limita a apoyar a la madre, dice que llega muy cansado de trabajar y no tiene tiempo.

María, por otro lado, es una persona muy estudiosa desde la infancia. Con el fin de contentar a sus padres, siempre se ha esforzado en ser “la niña perfecta”, no meterse en líos y mantener un expediente brillante. Sus padres mantienen una relación que se caracteriza por escasas muestras de cariño, discusiones y una vida dedicada al trabajo. Al estar tan ocupados y mostrar poca expresión emocional, cuando María tenía un problema, tendía a guardárselo y no compartirlo, ya que igualmente, sería ignorada.

¿Qué consecuencias tiene esto?

No es que Luis esté haciendo algo mal o que resulte una persona insoportable, el problema es que desde pequeño, le han hecho sentir eso. Luis ha desarrollado un apego ansioso.

Luis ha crecido observando las innumerables preocupaciones de su madre, lo que le ha llevado a pensar que el mundo es caótico e impredecible, que no te puedes fiar de nadie. ¿Qué hace su cerebro para poder enfrentarse a ese mundo impredecible? Controlar, intentar tener todo bajo control.

No es que María sea un alma libre, es que desde pequeña, ha tenido que cubrir sus necesidades por ella misma porque sus padres no le han ayudado adecuadamente. María ha desarrollado un apego evitativo.

Como sus padres no atendían sus necesidades y apenas expresaban su afecto, María tiende a evitar las situaciones que implican intimidad, como lo son las relaciones de pareja estables. Inconscientemente, y a modo de superviviencia, su cerebro no se permite pedir ayuda, expresar emociones o establecer vínculos comprometidos, porque no quiere reexperimentar la sensación de rechazo.

Pedro, a diferencia de María y Luis, y a pesar de darle vergüenza dar el paso de tener una conversación con Víctor acerca de su relación, no se siente responsable de las emociones de su pareja, ni cree que por expresar cómo se siente vaya a molestarle o ser ignorado.

Ansioso y evitativo, una mala combinación

Ante una amenaza, así como el ansioso se hiperactivará, el evitativo, en cambio, se desactivará. Por lo que cuando experimenten peligro, el ansioso tenderá a aproximarse más, preguntará, se reasegurará de la información, se mostrará más cerca; mientras que el evitativo, se alejará.

Imaginaos las parejas que están formadas por una persona ansiosa y otra evitativa: La excesiva proximidad del ansioso implicará una amenaza para el evitativo, por lo que se alejará aun más, algo que el ansioso percibirá como peligroso. A consecuencia, se aproximará más y se formará un círculo vicioso.

Si te has sentido identificado con alguno de estos comportamientos y experimentas malestar en tus relaciones, no dudes en escribirnos. Afortunadamente, el estilo de apego de cada uno no es irreparable y éste puede modificarse con psicoterapia.

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Maltrato psicológico: el gran invisible

¿Cómo lo identifico?

Muchas veces en esta sociedad seguimos pensando o asimilando que el maltrato grave es el maltrato físico. No es raro escuchar cosas como:

Ah ¿pero fulanito maltrata a fulanita? pero… ¿le pega?

Y esa pregunta se hace para saber si realmente es tan «terrible» lo que le ocurre a fulanita.

Pues empecemos por desbancar ese mito: el maltrato psicológico es uno de los más graves que puede ocurrir en una relación. Este tipo de maltrato cuando ya te han anulado, vejado y eres poco más que invisible es el que puede llevar (o no) a maltrato físico porque así ya no te defenderás, estarás totalmente sometido.

La violencia que hace que la persona, tu amiga, tu madre, tu amigo, tu hermana o tu primo desaparezcan delante de ti y ya no sean «ellas mismas» es el maltrato psicológico.

Ese maltrato puede ser más evidente, pueden ser insultos, comentarios terribles, desplantes delante de los amigos o de los compañeros de trabajo… Pero el más peligroso es del que hablaremos después que es el maltrato psicológico pasivo.

Pero ¿cuál es el mejor indicador de que estás sufriendo maltrato psicológico?: El cómo te sientes. Si sientes que todo lo que dices/haces está mal, o que hará enfadar a la persona que tienes delante, si te sientes juzgado, estás constantemente en tensión, ya no tienes la misma alegría, y te cuesta ser tu mismo, por no decir que has dejado de serlo… Plantéate qué o quién te está haciendo sentir así.

El maltrato psicológico pasivo: el más silencioso.

Puede que a pesar de que te estén maltratando y te sientas como te acabo de indicar nadie se está dando cuenta, y más aún, encima nadie te apoye, te digan que quizá exageras, que lo que le pasa a tu novio o a tu jefe es que estará estresado, y normalicen comportamientos que a ti te hacen muchísimo daño.

Esa es una de las grandes tácticas del maltrato psicológico pasivo: nadie lo verá, te sentirás aún más solo/a y lo peor de todo, te hará sentir que has perdido la cabeza, que te estás volviendo loca/o.

Pasivo significa que no hace cosas «activamente» sino lo contrario: que deja de hacer cosas (como hablarte) o que hay cosas que no cuadran unas con las otras.

Aquí te pongo alguna de las tácticas más frecuentes de este maltrato:

Rechazar la comunicación directa

Si no hablo contigo te doy a entender dos cosas: o que has hecho algo mal que me ha enfadado o que me has dejado de importar, que ya no cuentas para mi.

Si te dejo de hablar pero niego la existencia del conflicto «no pasa nada», «no sé qué me hablas», etc. Hago que el otro se plantee qué estará haciendo mal y rellene los huecos de información que le faltan echándose la culpa de todo.

Por lo tanto, acabo hundiendo a la persona en un mar de dudas y de culpa solamente con dejar de dirigirle la palabra, tardar mucho más de lo normal en contestarle a sus mensajes, estar de morros pero no decir porqué…

Normalmente esto hace que la víctima se intente comunicar por todos los medios, sobre todo el escrito y ponga grandes parrafadas que se pueden utilizar en su contra para tacharlo de loca/o.

Mentir

Pero si la mentira fuera directa y cruel la gente podría ver qué pasa y no sería un maltrato tan invisible. Normalmente las mentiras son difíciles de pillar y van disfrazadas de mensajes incoherentes.

Por ejemplo, alguien declarado feminista, que lanza grandes peroratas sobre la igualdad de la mujer pero luego maltrata a su pareja, o alguien que dice: «las mujeres son muy pesadas» para a continuación decirte «pero no es a ti en concreto, no sé porqué te pones así».

Por supuesto aquí debemos meter también a los infieles que niegan totalmente la existencia de dicha infidelidad, incluso aún cuando les están pillando hacen sentir a su pareja que son unos delirantes exagerados.

La paradoja

Hay una gran diferencia entre el discurso y lo que se hace. La gente menos allegada compra ese discurso y te hace sentir que eres tú el que está juzgando mal. Si todo el mundo dice que tu pareja es un tipo fantástico ¿cómo va a ser mentira? Dicen que es buena persona, si a ti te habla mal debe ser tu culpa o que le pillaste en un mal día… Si a todo el mundo le parece un jefe estupendo porque compra pizza, debe ser que tú eres muy estricta con quedarte más allá del horario laboral.

A veces la distancia de estos mensajes es también el tono, te pueden decir algo muy violento con una sonrisa en la boca, o se pueden burlar de ti en un tono serio.

Muchas veces no se produce ni si quiera una discusión a gritos, pero tampoco hay conversaciones reales para aclarar lo que ocurre. la víctima se va llenando de dudas y dudas y ya no sabe si es que ella está equivocada o si realmente le están maltrando.

Divide y vencerás

Ya sabemos la forma de maltrato clásico donde la víctima se la aísla de su entorno por los celos, el: «no veas a tu familia», «es que siempre estás con tus amigas», » si sales de fiesta eres muy puta»…

Pero hay otras formas de aislar ala víctima, por ejemplo dando pena, si cada vez que tú sales tu pareja se pone triste, o justo tiene un bajón ese día… Al final optarás por no salir para cuidarle.

Y otra de las formas es utilizar el sarcasmo, la burla o el desprecio, pero no solo para hablar de tu familia o amigos muy mal o para que acabes en su paranoia alejándote de ellos, si no al revés, puede inventar chismes sobre ti, o ponerte a parir o incluso usar bromas «anodinas» sobre lo histérica que eres, etc, que te hacen quedar mal con tus amigos o tu familia. Al final no es que tú te alejes de ellos sino que ellos también se alejarán de ti.

¿Qué hago?

Si has visto varias de estas tácticas y manipulaciones en una persona que tienes cerca, como tu pareja, tu amigo, tu jefe… debería plantearte bien esa relación, saca una lista de todas las cosas malas que te hace sentir, desenmascara sus artimañas, escribe sobre ello, cuéntalo a gente que pueda ser objetiva sobre esa persona…

Pero si crees que tú solo/a no puedes o que tienes ya consecuencias en tu estado de ánimo o tu autoestima en Quiero Psicología estamos para ayudarte.

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¿Por qué nos quedamos en relaciones donde nos tratan mal?

Seguro que conoces a alguien que ha tenido una relación tormentosa, malsana, desigual, llena de conflictos, manipulaciones, de idas y venidas o en la que una de las partes o ambas está sufriendo. Si mientras leías esto se te acaban de venir a la cabeza las palabras “relación tóxica”, has acertado.

Y seguro que también te has preguntado, vale y si tanto dolor le hace…

¿Por qué no lx deja?

Hay muchos factores que hacen que se mantengan este tipo de relaciones, hoy vamos a hablar de algunos de ellas.

Los mitos del amor romántico:

Existen muchas creencias que parten del modelo patriarcal del amor romántico, desde las creencias de que existe nuestra media naranja o nuestra alma gemela, siguiendo por la idea del príncipe azul (y digo príncipe porque suele ser él quien salva a la princesa y no al revés) y acabando por la creencia de que el amor todo lo puede.

Este tipo de creencias tienen unas consecuencias muy negativas para todxs, favorece que se acepten conductas que se confunden con el amor como son los celos, la posesividad, el control o los chantajes, potencia la dependencia y normaliza el sufrimiento, además de contemplarlo como necesario y positivo.

Historia de aprendizaje:

Los primeros vínculos relacionales que vemos cuando somos pequeñxs son los de nuestros p/madres, si esta relación es conflictiva, desigual y en la que unx o ambxs miembros de la relación utilizan de forma sistemática la manipulación, lo más habitual será que normalicemos este tipo de comportamientos y no sepamos identificar las famosas “red flags” (señales de peligro) cuando seamos adultxs.

Además de la relación que se da entre nuestrxs p/madres, hay otro factor que tiene una gran relevancia con respecto a nuestra forma de relacionarnos, y es el vínculo que creamos con ellxs cuando somos pequeñxs o, dicho de otra manera, el apego. El apego es la forma que tenemos de percibir la intimidad y de responder a ella.

Cuando las figuras de cuidado expresan afecto de forma poco predecible, es decir, unas veces son capaces de responder a la necesidad de sus hijxs y otras veces no, lxs niñxs suelen aferrarse a ellxs, están desesperados por lograr su atención y sienten mucha ansiedad incluso antes de la separación. Este tipo de apego se conoce como apego ansioso-ambivalente y tiene repercusiones en la vida adulta, sobre todo en sus relaciones afectivo-sexuales: basan su felicidad en la relación por lo que tienen un gran temor a ser abandonadxs, desarrollan dependencia hacia su pareja y por consiguiente una ruptura les causaría un malestar muy elevado por lo que tratarán de evitarla a toda costa, además, suelen ser personas con baja autoestima, inestables y reacias a lo desconocido.

El “tira y afloja”:

O como lo llamaríamos lxs psicólogxs, el refuerzo intermitente. Un día le escribe, se ven y pasan un día estupendo y al siguiente le vuelve a escribir y le deja en leído.  Y lejos de lo que estaréis pensando, esto nos engancha mucho más porque sabemos que el refuerzo llegará, pero no sabemos cuándo, por eso seguimos esperando e insistiendo a ver cuándo nos toca el premio. A su vez la escasez del refuerzo, puesto que no lo tenemos siempre que queremos, hace que lo valoremos mucho más. De esta forma, si la relación se basa en incertidumbre, inconsistencia y bajones y subidones, valoraremos mucho más los momentos buenos, porque por contraste pasaran a ser muy buenos. Y de ahí la famosa frase de “es que cuando estamos bien, estamos muuuuy bien”.

Si después de haber llegado hasta aquí, te sientes identificadx o crees que alguien de tu entorno cercano puede estarlo, recomendamos pedir ayuda a unx profesional de la psicología. En Quiero psicología abrimos las puertas para ti.