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La culpa post navideña

Las fiestas navideñas están marcadas por reuniones familiares, de amigxs, regalos… y a menudo dejan un rastro emocional en su estela. La culpa es una emoción que puede ser más intensa durante estas fechas y se convierte para muchas personas en una carga después de estas celebraciones.

¿Cómo podemos abordar este sentimiento?

Evita juzgarte

Antes de sucumbir a la culpa, es esencial reflexionar sobre las experiencias navideñas sin emitir juicios contra nosotrxs. Analizar nuestras acciones y decisiones con empatía y comprensión es clave para romper ese ciclo en el que podemos vernos inmersxs tras estas fechas señaladas.

Toma conciencia de cuáles son tus desencadenantes

Identificar los desencadenantes específicos de tu culpa ya sea por excesos en la comida, gastos innecesarios o conflictos familiares, y comprender qué elementos contribuyen a e intensificar esta emoción nos permitirá abordarlos de manera más efectiva.

Acepta que son fechas complicadas y no podremos cumplir nuestra rutina

La perfección no puede ser un objetivo alcanzable especialmente durante las festividades. Aceptar que las fiestas navideñas no seguirán un guion ideal y que no pasa nada por estar unas semanas teniendo un ritmo de vida distinto al del resto del año.

Diálogo Interno Positivo

Cambiar nuestro diálogo interno y en lugar de centrarnos en lo negativo enfocarnos en lo positivo. Celebrar las conexiones significativas, los momentos alegres y las lecciones aprendidas durante estas semanas nos ayudará a que esta emoción rebaje su intensidad. Castigarnos a nosotrxs mismxs solo prolonga la culpa y dificulta la gestión de esta emoción.

Establecer Metas Realistas

Establecer metas realistas para estas fechas y anticiparnos a lo quepuede suceder en estas fechas nos ayudará a ser más tolerantes con lo que suceda y a evitar que, si esta emoción aparece, nos desborde emocionalmente. Considerar enfoques más equilibrados en términos de comida y gastos y establecer estas metas alcanzables fomenta nuestra sensación de control.

Contextualización de la Culpa

Es crucial que contextualicemos la culpa dentro de las complejidades emocionales postnavideñas. Las expectativas culturales y sociales, combinadas con las presiones autoimpuestas, pueden amplificar esta sensación con respecto a nosostrxs mismxs.

Comunicación con las personas que te rodean y apoyos significativos

Si la culpa está relacionada con conflictos familiares, podríamos considerar la posibilidad de abordar estos problemas mediante una comunicación abierta y respetuosa y quizá, así, resolver estos conflictos contribuiría a disminuir esta sensación de culpa durante y post festividades.

Prioriza tu autocuidado

Priorizar nuestro autocuidado para mitigar los efectos emocionales postnavideños es fundamental. El ejercicio físico, la meditación y las relaciones sociales de calidad pueden ayudar a restaurar el equilibrio emocional, la vuelta a la rutina de manera más amable y reducir la culpa.

Con todo ello, podemos decir que sentir culpa después de las navidades es una experiencia compartida pero cuyo manejo puede marcar la diferencia en la salud emocional de cada unx a largo plazo. Desde una perspectiva terapéutica, abordar la culpa postnavideña implica explorar patrones de pensamiento disfuncionales, fomentar la autocompasión y desarrollar habilidades para manejar el estrés.

Al abrazar la autocompasión, reflexionar sin juicio y establecer metas más realistas, podemos transformar la culpa en una oportunidad para el crecimiento personal o al menos gestionarla de una forma más equilibrada en la que no nos desborde.

La clave radica en conocernos a nosotrxs mismxs y saber cómo podemos anticiparnos a estas fechas sabiendo de qué manera nos afectan y poder así llevar las riendas, de la parte que nos toca, de lo que nos sucede. Y si no te ves capaz de hacerlo en Quiero Psicología podemos acompañarte.

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¿Por qué fallan los propósitos de año nuevo?

1 de enero, cojo papel y boli y empiezo a hacer una lista de las cosas que quiero lograr este año. Te suena la escena ¿verdad?

Establecer propósitos de año nuevo es una práctica común que tiene raíces tanto culturales como psicológicas. Algunas razones son a modo de reinicio, el cambio de año simboliza un nuevo comienzo, una oportunidad para dejar atrás el pasado y empezar de nuevo. Las personas suelen ver el cambio de año como una oportunidad para reiniciar y mejorar aspectos de sus vidas.

¿Pero entonces por qué falla si en principio es algo bueno?

Sin embargo, la mayoría de las personas tiende a fallar en la realización de sus propósitos de año nuevo debido a varias razones comunes. Aquí hay algunas de las razones más frecuentes:

Metas poco realistas: Establecer metas demasiado ambiciosas o poco realistas puede llevar al fracaso. Es importante establecer objetivos alcanzables y dividirlos en pasos más pequeños y manejables.

Falta de planificación: Muchas personas establecen propósitos sin un plan claro sobre cómo alcanzarlos. La falta de una estrategia detallada puede hacer que sea difícil seguir adelante y mantener la motivación.

Falta de motivación intrínseca: Si los propósitos no están alineados con los valores y deseos personales, es probable que falten la motivación intrínseca necesaria para mantener el compromiso a largo plazo.

Expectativas poco realistas sobre el tiempo: Algunas personas esperan ver resultados rápidos y se desaniman si no los alcanzan de inmediato. Cambios significativos a menudo llevan tiempo, y es importante ser paciente.

Falta de apoyo social: Intentar lograr un objetivo sin el respaldo de amigos, familiares u otros sistemas de apoyo puede hacer que sea más difícil mantenerse en el camino correcto.

Falta de seguimiento: No monitorear el progreso puede llevar a la falta de rendición de cuentas. Llevar un registro de los avances y realizar ajustes según sea necesario puede ser clave para el éxito a largo plazo.

Perder la motivación después de los primeros obstáculos: Enfrentar dificultades es inevitable cuando se trabaja hacia metas desafiantes. Aquellos que se rinden después de los primeros obstáculos a menudo tienen dificultades para mantener sus propósitos.

Cambios en las circunstancias de la vida: A veces, eventos inesperados o cambios en las circunstancias pueden interferir con la capacidad de cumplir los propósitos de año nuevo.

Falta de enfoque: Establecer demasiados propósitos a la vez puede dispersar la atención y hacer que sea difícil concentrarse en uno específico.

Falta de autodisciplina: La autodisciplina es crucial para mantenerse en el camino hacia el logro de los propósitos. La procrastinación y la falta de autocontrol pueden socavar los esfuerzos para cambiar hábitos.

¿Qué objetivos serían buenos?

Desde Quiero psicología esperamos que vuestros propósitos de año nuevo sean positivos para vosotras. Llevar una alimentación más consciente, sin la prohibición de grupos o de alimentos, para nutrirnos adecuadamente, practicar un deporte que nos guste, para sentirnos más activas y dormir mejor, apuntarnos a esa actividad que nos llamaba la atención, disfrutar de planes más tranquilos como la lectura o el cine, retomar ese idioma que dejamos a medias, seguir mirando ofertas laborales para mejorar nuestras condiciones, abandonar hábitos dañinos como el tabaco (aprovechando las nuevas normas en las terrazas jeje) reducir nuestro consumo de alcohol, etc, en definitiva, propósitos realistas y alcanzables a corto plazo, que nos aporten emociones agradables y que nos acerquen a esa persona que queremos ser.

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¿Qué es la empatía?

La empatía podría definirse como un fenómeno que involucra tanto procesos emocionales como cognitivos. Desde una perspectiva psicológica la empatía es más que un acto de comprensión: es un proceso dinámico que nos permite experimentar y comprender las emociones de lxs demás.

Desde una perspectiva evolutiva, la empatía se desarrolla a lo largo de la vida. En la infancia, lxs niñxs comienzan a reconocer y responder a las señales emocionales de lxs demás, un precursor crucial para el desarrollo de habilidades empáticas más complejas en la adolescencia y la edad adulta.

La psicología del desarrollo destaca la importancia de cultivar la empatía desde esta etapa más temprana.

A través de la socialización y el ejemplo de sus cuidadores, lxs niñxs aprenden a reconocer y responder a las emociones de otrxs. Esta habilidad es crucial para el desarrollo de relaciones saludables a lo largo de la vida. Así mismo, la empatía juega un papel fundamental en las relaciones.  Al comprender las emociones y necesidades de las personas que nos rodean se fortalece la conexión emocional. La empatía crea un espacio donde la comunicación es más abierta y donde las diferencias pueden abordarse con comprensión y respeto.

¿Qué partes tiene la empatía?

La empatía tiene una parte cognitiva y una parte emocional.

La parte más cognitiva implica la capacidad de comprender las emociones y perspectivas de lxs demás desde un punto de vista intelectual. Es la habilidad de ponerse en el lugar de la otra persona y comprender sus pensamientos y sentimientos.

La parte emocional va más allá de la comprensión intelectual e implica compartir las emociones de otra persona. Es la capacidad de sentir simpatía o compasión, conectándose emocionalmente con la experiencia.

La psicología ha explorado la base neurobiológica de esta emoción revelando la activación de regiones cerebrales específicas durante este proceso. La corteza cingulada anterior y las neuronas espejo desempeñan un papel crucial al permitirnos experimentar de manera vicaria las emociones de lxs demás. Así pues, aunque la empatía es un recurso valioso, también presenta desafíos.

La fatiga empática, la dificultad para manejar las emociones intensas de otrxs y la posibilidad de sobreidentificación son aspectos a considerar. Desde este lugar es fundamental saber establecer los límites saludables para preservar nuestro bienestar emocional.

Si empatizar con el otro te desborda, o acabas tú peor que ellxs quizá te suceda alguna de estas cosas.

¿Y si alguien no es empático?

No obstante, aunque la empatía es fundamental para entender y compartir las emociones de lxs demás, no siempre florece de manera equitativa. La falta de empatía se manifiesta cuando una persona tiene dificultades para comprender o compartir las emociones de otras personas. Puede variar yendo desde una simple desconexión emocional hasta la incapacidad completa de reconocer o responder adecuadamente a las experiencias emocionales de otrx.

Las causas de la falta de empatía son diversas y complejas. Factores como la genética, experiencias traumáticas en la infancia, trastornos de personalidad y entornos familiares disfuncionales pueden contribuir a esa incapacidad de conexión emocional. Esta falta de empatía a menudo tiene sus raíces en la infancia. Niñxs que experimentan negligencia emocional o algún tipo de abuso pueden tener dificultades para desarrollar habilidades empáticas. Por otro lado, algunos trastornos psicológicos como el trastorno antisocial de la personalidad, el trastorno narcisista, la psicopatía o trastornos del espectro autista (TEA) están asociados también con la falta y/o ausencia de empatía. La comprensión de estos trastornos desde una perspectiva clínica es crucial para abordar las barreras emocionales que presentan.

En ese sentido, la falta de empatía puede generar desafíos significativos en las relaciones interpersonales. La incapacidad para comprender las emociones y necesidades de otras personas puede conducir a la incomunicación, malentendidos, conflictos y una profunda sensación incomprensión y soledad. Las conexiones afectivas pueden debilitarse, afectando la calidad de las relaciones y generando consecuencias a nivel social.

Por todo ello, en psicología clínica se busca abordar la falta de empatía mediante intervenciones y tratamientos especializados a través de terapias cognitivo-conductuales, sistémicas, programas de desarrollo de habilidades sociales y enfoques terapéuticos centrados en la empatía que pueden ser herramientas valiosas para trabajar esta dificultad emocional.

Si sientes que se te escapan claves de la empatía, que te han dicho muchas veces que eres egoísta pero no sabe por qué, quizá te podría venir bien explorar qué te está ocurriendo, en Quiero Psicología te podremos ayudar.