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Errores comunes en una pareja abierta

Tener una relación abierta puede ser una experiencia enriquecedora, pero también requiere comunicación, respeto y límites claros para que funcione de manera saludable. En este artículo, entenderemos por pareja, el vínculo principal, si tienes una relación jerárquica o tu primer vínculo si acabas de o quieres abrir la relación. Aquí te dejamos errores comunes a la hora de abrir una pareja y cómo prevenirlos o gestionarlos:

Seguir estereotipos y evitar las emociones

Las nuevas formas de relaciones son cada vez más visibles y comunes: poder explorar y diseñar el tipo de relación que quieres tener con tu pareja abre un mundo de posibilidades que pueden ser muy atractivas. Sin embargo, es esencial realizar un ejercicio de autoconocimiento y no dejarse llevar por lo que los demás han vivido o lo que les funciona, ya que todos tenemos necesidades y deseos diferentes (algunas parejas quieren conocer a las otras personas involucradas, otras definen normas como no compartir cierta actividad o lugar importante para la pareja). Existen libros que pueden ayudarte al respecto, intercambiar experiencias en un espacio seguro con otras parejas abiertas, e incluso acudir a terapia de pareja o individual especializada: poder tener información y herramientas al respecto puede abrirte a perspectivas diferentes.

Intenta tomar un tiempo para escribir las expectativas que tienes al respecto de la relación, los límites que necesitas para sentirte seguro en la relación (los cuales vas a poder revisitar y cambiar, según vaya avanzando la relación), y cómo querrías que tu pareja ayudase a gestionar las emociones que suelen surgir como celos, inseguridad, miedo, etc. Comunica los resultados de tu reflexión a tu pareja, dejando margen para hablarlo todas las veces necesarias.

Es muy importante estar conectado con tus emociones, no tienes que ser una persona experta, pero sí es necesario revisarse de manera habitual y buscar tener herramientas y apoyos para gestionarse, evitar las emociones en estas situaciones puede contribuir a conflictos y malentendidos mayores.

“Vamos fluyendo” o No establecer reglas claras

Hemos hablado de la importancia de conocer nuestros límites, por ellos es muy importante realizar acuerdos claros, podéis escribirlos en algún lugar físico donde podáis revisarlos juntos. Estos acuerdos serán una línea de vida a la que poder agarrarse cuando os sentáis confundidos y perdidos. Entre algunos temas comunes en los acuerdos, suelen estar: el nivel de detalle y frecuencia de comunicación respecto a los otros vínculos, las prácticas seguras a la hora de mantener relaciones sexuales (este compromiso es muy importante para la salud sexual de todos los involucrados, sabiendo que siempre existe un nivel de riesgo y por ello también importantes las revisiones médicas frecuentes) y el tipo de vinculación que se está dispuesto a tener con otras personas. Cualquier cambio en la dinámica debe hablarse y estar de acuerdo antes de implementarlo, así como si se dan “infracciones” es importante que esto se gestione antes de seguir dando pasos que pueden violentar a alguien.

No comunicar y ocultar “para no hacer daño”

Si en una relación monógama y exclusiva, la comunicación es importante, en estos casos, lo es todavía más: se van a dar más situaciones complejas con otras personas y poder tener una conversación abierta y honesta es esencial para poder evitar malentendidos y emociones más intensas. Comparte con tu pareja los deseos, necesidades y límites que tienes, además de poner en común las expectativas que podáis tener los dos, para poder ajustarlas si es necesario. Esta conversación no debe darse únicamente al principio, sino que es útil establecer un momento para hablar de forma regular sobre como os sentís.

Puede ser tentador no compartir actividades u emociones para evitar que tu pareja desconfíe o se sienta insegura, pero esto puede generar todo lo contrario.

No dudes en verbalizar la inquietud que puede generar al otro lo que has hecho o sentido, pero ponerlo encima de la mesa permitirá que lo gestionéis como un equipo (aunque luego implique más a uno que a otro).  Las normas establecidas tampoco pueden limitar de forma indiscriminada a la otra persona para evitar tu malestar, ya que entonces no se está gestionando la relación desde la confianza, sino desde el miedo.

Hablamos de tener mucha comunicación, pero no se necesita una transparencia total sobre lo que pienses: es habitual que compares a tus vínculos, puesto que están todos en tu vida y significan algo para ti, pero estas comparaciones pueden dañar la autoestima y la confianza de los vínculos. Intenta centrarte en las cualidades únicas de cada persona y apreciar lo que cada uno aporta a la relación.

Descuidar a la pareja

Ya hemos comentado la importancia de la responsabilidad afectiva y, en este tipo de relaciones, es fácil que otros vínculos requieran una parte de atención que puede verse como una amenaza hacia la pareja. Intenta definir prácticas o hábitos que aseguren la conexión e intimidad emocional y sexual con tu pareja, así como dejar espacio para que cualquiera pueda verbalizar si se siente menos valorado o con menos libertad que la otra persona. Por rechazo o incluso rabia que puedan generarte las emociones desagradables de tu pareja, es importante asegurarse de escuchar y validar los sentimientos de tu pareja (practicando la empatía y la comprensión) para fomentar un clima de seguridad y confianza.

En definitiva, una relación abierta necesita de comunicación constante, el respeto mutuo y la voluntad de trabajar juntos como equipo para mantener la relación saludable y satisfactoria para ambos.

Si estás planteándote abrir tu relación o teniendo dificultades gestionando esa situación, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte en este proceso y ayudar a que puedas tener todas las herramientas que necesites.

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Despatologizando las identidades que escapan de lo «normativo»

Vivimos en una sociedad que determina, primariamente, y en base a los genitales, si un bebé es niño o niña. Una vez realizada esta asignación médica se ponen en marcha diferentes mecanismos sociales que van a condicionar la construcción de su identidad (roles y expresión de género y orientación del deseo). Es decir, nos van a decir quién ser, como comportarse y a quién desear como pareja.

Estos mecanismos y categorías sociales son lo que denominamos “norma” y cualquier persona que se salga de ella queda excluida, discriminada y patologizada. En este post pretendemos aportar un poco de luz al origen de esta construcción y cuan necesaria es una mirada despatologizante en la psicología clínica hacia las personas que se salen de esta norma.

No podemos entender a las personas fuera del contexto sociocultural en el que están inmersas y por ende es un error poner el foco en ellas y no en esos mecanismos de creación y control social. 

Son las instituciones socialmente legitimadas de cada momento histórico las que han dictaminado lo que es normal” y “anormal” en relación a los sexos/géneros y a las sexualidades; cómo esas fronteras han definido y organizado el modelo de vida sexual que preconcebían como sano y equilibrado; así como las etiquetas, definiciones y percepción social que se han generado y otorgado a esos márgenes.

Sexo-Género-Orientación del deseo

Según Butler (1990) todas las personas estamos marcadas por una identidad con respecto a una matriz conformada por tres conceptos: sexo, género y orientación del deseo sexual.

Sexo se refiere a la genitalia con la que naces, a lo biológico, y base a ello te asignan un género: eres mujer u hombre, y orientación del deseo sexual se refiera a quién vas a desear, que lo «lógico» y aceptable para la sociedad siempre ha sido a alguien del género contrario.

La correspondencia entre estas dimensiones es una construcción social que, al establecerse como “natural”, coarta el desarrollo de todas las personas y legitima una forma única de pensar, sentir y hacer como hombres y mujeres. De esta forma, quienes no se identifican con esas categorías cerradas son personas patologizadas y excluidas (Butler, 1990; Missé y Coll-Planas, 2010). 

La orientación sexual, la identidad sexual y la expresión de género son el resultado de una construcción/producción social, histórica y cultural, y por lo tanto no existen papeles sexuales o roles de género, esencial o biológicamente inscritos en la naturaleza humana.

El género y el sexo son actuaciones, actos performativos: repeticiones ritualizadas de actos de habla y de todo un repertorio de gestos corporales que obedecen a un estilo relacionado con uno de los dos géneros culturales (los mujeres deben ser delicadas, los hombres rudos, las mujeres cuidadoras, los hombres proveedores, etc).

Esta repetición ritualizada no es opcional, sino que se basa en un discurso regulativo, una exigencia constante del entorno. Cuando se produce el resultado esperado, tenemos un género y una sexualidad culturalmente considerados congruentes con el sexo del sujeto.

En este sentido puede entenderse el lenguaje como un dispositivo de poder social y político: si el lenguaje construye la creación del yo y el discurso sobre la sexualidad ha creado las identidades sexuales y de género.

Marco sociocultural

Como ejemplo se pueden observar las prácticas de crianza occidentales en las cuales desde que nace el niño tiene un lugar y un papel predeterminado en el mundo: su ropa será azul; sus juegos estarán relacionados con la fuerza, la competencia y el poder (armas, coches, fútbol, etc.); tendrá menos restricciones en su movimiento (no usará vestidos, faldas ni sandalias que le impidan, por ejemplo, subir a un árbol); el trato de los hombres de la casa hacia él tendrá cierto nivel de fuerza y temple; y, por supuesto, se le prohibirá en lo posible llorar (“los hombres no lloran”) o ser “afeminado” (maquillarse, jugar con muñecas o con utensilios de cocina), así como expresar atracción o sentimiento estético por otros niños. Y lo mismo ocurrirá con las niñas: vestirán de rosa; sus juegos estarán marcados por el cuidado, el respeto, la sensibilidad y la empatía; y el trato que recibirá será desde la fragilidad. Se le prohibirá cualquier tipo de “masculinización” y orientación que no sea hacia el género masculino.

A todas las personas que no corresponden con este sexo-género-orientación del deseo se las va a patologizar, y es grave, que dentro de la Psicología Clínica usemos estas categorías artificialmente creadas de lo que es normativo para clasificar lo que es sano o no, debemos mirar más allá del sistema cualtural a la persona, a su realidad, a su sentir particular, que puede ser tan válido y sano como el de cualquiera.

Y si necesitas una mirada así, ya sabes que en Quiero Psicología te podemos ayudar.

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Lo que significa ser mujer y lesbiana

Sin adentrarnos ni profundizar en lo que significa ser mujer, seguro que muchas de nosotras sabemos lo que conlleva ser mujer. Y aunque ya hemos superado algunas cosas, hasta hace no mucho, se nos llamaba “el sexo débil”.

La discriminación contra las mujeres es un problema grave y generalizado en muchas sociedades en todo el mundo. Se manifiesta en diferentes formas y niveles, y puede ocurrir en áreas como el empleo, la educación, el acceso a la atención médica, la participación política y la violencia de género, entre otros.

Discriminación por mujer

Algunos ejemplos de discriminación por ser mujer incluyen:

  • Brecha salarial de género: Las mujeres a menudo reciben salarios más bajos que los hombres por realizar el mismo trabajo o trabajo de igual valor.
  • Obstáculos en la carrera profesional: Las mujeres pueden enfrentar barreras en su desarrollo profesional, como la falta de oportunidades de ascenso, la falta de representación en puestos de liderazgo y la discriminación en la contratación y promoción basada en estereotipos de género.
  • Violencia de género: Las mujeres son víctimas desproporcionadas de violencia física, sexual y emocional por el simple hecho de ser mujeres. Esto puede incluir violencia doméstica, acoso sexual, agresión sexual, trata de personas y matrimonio forzado, entre otros.
  • Acoso y discriminación en el lugar de trabajo: Las mujeres a menudo enfrentan acoso sexual y discriminación de género en el entorno laboral, lo que puede dificultar su progreso profesional y crear un ambiente hostil.
  • Falta de acceso a la educación: En algunos lugares, las mujeres enfrentan barreras para acceder a una educación de calidad debido a normas culturales, discriminación y estereotipos de género.

Discriminación por ser lesbiana

¿Pero que sucede cuando además de ser mujer, no sigues con los roles establecidos por la sociedad cisheteropatriarcal en la que vivimos? Como, por ejemplo, ser mujer y lesbiana.

La doble discriminación experimentada por las mujeres lesbianas se refiere a la carga adicional de discriminación y estigmatización que enfrentan debido a su género y orientación sexual. Esta combinación puede agravar la discriminación y el prejuicio que enfrentan las mujeres en general.

La doble discriminación puede manifestarse de varias maneras:

  • Discriminación de género amplificada: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar estereotipos y roles de género restrictivos, que a menudo se basan en expectativas heteronormativas. Pueden enfrentar presiones para cumplir con los roles tradicionales de género y expectativas de feminidad, al tiempo que son deslegitimadas o invisibilizadas debido a su orientación sexual.
  • Prejuicio y estigma: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar prejuicios y estigmatización tanto por su género como por su orientación sexual. Pueden ser objeto de discriminación social, exclusión o violencia basada en estereotipos negativos y actitudes homófobas o tránsfobas.
  • Dificultades en las relaciones familiares: Algunas mujeres lesbianas pueden enfrentar rechazo, alienación o discriminación dentro de sus familias debido a su orientación sexual. Esto puede resultar en tensiones y dificultades en las relaciones familiares, así como en la falta de apoyo emocional y social.
  • Barreras adicionales en el acceso a servicios y derechos: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar obstáculos adicionales para acceder a servicios de salud, educación, vivienda, empleo y derechos legales debido a la discriminación y la falta de protección legal. Pueden experimentar falta de reconocimiento legal de sus relaciones y enfrentar dificultades en la adopción o crianza de hijos.

Podríamos seguir con lo que significa ser mujer y formar parte de otra minoría discriminada, como ser racializada, tener un cuerpo no normativo, pertenecer a la clase social baja, migrantes, personas con discapacidad… Es importante saber que estas luchas se entrelazan y es fundamental abordarlas todas para lograr un cambio social significativo.

Aprovechamos este mes del orgullo para reivindicar nuestros derechos, pero nos merecemos tener espacios seguros todos los meses del año. En Quiero Psicología nos encargamos de generarlo para nuestros pacientes porque todas las personas merecen ser tratadas sin ninguna discriminación.

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Violencia intragénero ¿la puedo estar sufriendo?

Con este tipo de violencia nos referimos aquella que es ejercida dentro de una pareja LGBTIQ+ por parte de uno de sus miembros. En estas circunstancias, se puede señalar como violencia intragénero conductas en las que haya:

Violencia psicológica y emocional: Comprende los intentos de una persona de perturbar el bienestar mental y/o afectivo de su pareja. Puede ejercerse en público o en privado, siendo muy difícil de detectar cuando solo se ejerce en el ámbito privado. Esta violencia incluye: llamar por apodos, manipulación, insultos, críticas, humillaciones, abandono, aislamiento social, chantaje, control, amenazas o hacer sentir inferior al otro.

Violencia física. Es el acto deliberado o el intento de infligir lesiones físicas hacia la otra persona. Se considera violencia física independientemente de que se consiga o no el objetivo de dañar. Algunos ejemplos de violencia física son: bofetadas, patadas, ahogar, lanzamiento de objetos, empujones, agarrar a la víctima, limitarle la salida, mordiscos, negar el sueño o la comida, obligar a tomar sustancias nocivas para su salud, utilización de armas, intento de homicidio y asesinato.

Violencia sexual: Comprende cualquier actividad sexual no deseada impuesta a la persona por su pareja a través de intimidación o coacción o bien cuando se producen en otras situaciones de indefensión. Alguno ejemplos son: tocamientos no deseados, violaciones, negarse a usar protección en las relaciones, obligar a la pareja a realizar prácticas que no le gustan, obligarle a mantener relaciones sexuales con otros.

Violencia económica o financiera: Incluye el control de los gastos e ingresos de la víctima, hacer que la pareja dependa económicamente, negar el acceso a los recursos económicos, impedir la asistencia a clases o al trabajo o cualquier otra acción que haga que la pareja dependa económicamente o use la superioridad económica para controlar a la víctima

Violencia digital: Incluiría el ciberacoso, el sexting, controlar el móvil y las redes sociales, instalar aplicaciones de localización, amenazar por email o redes sociales, entre otras.

Violencia vicaria: La violencia vicaria dentro de una pareja es aquella en la que se causa daño físico y/o emocional los hijos e hijas que tienen en común para hacer sufrir a su pareja o expareja. Este tipo también incluye el daño causado a los menores por la observación de malos tratos entre los progenitores. El impacto psicológico es lo que se busca, a través del control, el sometimiento y las agresiones a personas que no están directamente involucradas en el núcleo del conflicto.

Las dinámicas que se dan dentro de este tipo de relaciones se parecen mucho a las de la violencia de género, no obstante, también tiene ciertos elementos que son característicos de las parejas que forman parte del colectivo LGTBIQA+, como veremos a continuación.

Outing: La pareja puede amenazar con revelar la orientación sexual de la víctima a sus jefes, amigos y familiares, lo que puede llevar a un gran aislamiento social y al despido.  El outing puede ser una herramienta de abuso y una barrera para buscar ayuda, ya que las personas LGTBIQ+ a menudo ocultan su orientación sexual o identidad de género por temor al estigma y a la discriminación.

Violencia relacionada con el VIH: Las amenazas de contagio y de descubrir el estado seropositivo de la pareja a sus familiares y amigos, impedirle tener acceso a la medicación o a tener prácticas sexuales seguras, manipular a la víctima a través de la enfermedad, etc.

Violencia sobre la orientación sexual: La orientación sexual puede ser utilizada como un método de control sobre la otra persona. La persona maltratadora utilizaría los estereotipos que definen a las personas LGTBIQ+, en general para abusar de su pareja por no entrar dentro de ellos. La persona maltratadora puede amenazar para limitar la participación de su pareja en la comunidad o desalentarla a denunciar porque al hacerlo avergüenza a la comunidad.

El uso de la LGTBIQ+ fobia interiorizada como herramienta de violencia psicológica. Las personas abusadoras pueden aprovecharse de la LGTBIQ+ fobia interiorizada de su pareja para ejercer control, manipulación o chantaje emocional.

¿Qué mitos pueden estar impidiéndome verla?

Los mitos sobre la violencia intragénero contribuyen a su invisibilidad y obstaculizan su adecuado tratamiento y, en consecuencia, la protección de las víctimas.

Los hombres gais nunca pueden sufrir maltrato por sus parejas. Las mujeres lesbianas nunca son maltratadas por otras mujeres. El maltrato no solo es una cuestión de sexismo, tambiénes un tema de poder, un tema legal y un tema de salud mental.

La violencia en parejas de hombres gais es una lucha justa entre iguales. En este punto los autores hablan del mito del ring de boxeo. Según este mito entre dos hombres no hay relación de maltrato, sino una situación simétrica. Este mito presupone que todos los hombres tienen una predisposición a ser violentos los unos con los otros.

En las parejas de mujeres nunca hay violencia. Según esto, las mujeres nunca son violentas en sus relaciones de pareja con otras mujeres.Esto es lo que algunas autoras definen como utopía igualitaria. Desde este marco teórico se piensa en la relación de pareja entre personas deun mismo género como un vínculo inmune a las relaciones de poder. Un idealcontradictorio, porque obvia las diferentes maneras de construir relaciones depoder a partir de la edad, de la cultura, del estatus profesional, etc. No hemos de olvidar que las lesbianas tienden, a construir relaciones de fusión o codependencia. Estas relaciones han sido definidas poralgunos autores como relaciones de poder, del poder que se ejerce através del mundo de las emociones.

 Quienes maltratan son siempre más grandes y fuertes. Esto supone presuponer que la violencia siempre es física y obviar la violenciapsicológica que puede darse en el seno de la pareja.

La violencia intragénero no es real o es menos grave: La violencia intragénero es un problema muy real y serio. Aunque las parejas del mismo género pueden experimentar algunos desafíos únicos, como la falta de recursos específicos para personas LGBTIQ+, el acoso y la discriminación, los patrones de violencia en las relaciones son similares a los de las relaciones heterosexuales.

¿Cómo puedo saber si estoy sufriendo violencia intragénero?

Si tu pareja te controla, si te dice con quién puedes hablar, dónde puedes ir o qué puedes hacer.

Si tu pareja te insulta o humilla: si te dice cosas desagradables sobre ti o te critica constantemente.

Si tu pareja te amenaza o intimida: si te amenaza con hacerte daño o te asusta para que hagas lo que ella quiere.

Si tu pareja te aísla: si te impide ver a tus amigos o familiares o si te aleja de ellos.

Si tu pareja te obliga a tener relaciones sexuales: si te fuerza a tener relaciones sexuales cuando no quieres o te manipula para que lo hagas.

Si tu pareja te agrede físicamente: si te empuja, te golpea o te lastima de alguna manera.

Si experimentas alguna de estas situaciones, es posible que estés sufriendo violencia intragénero. Es importante buscar ayuda y apoyo para salir de esta situación y asegurarte de estar segura, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Podrá por fin la bisexualidad dejar de ser cuestionada?

Este post podría reflejar las vivencias de cualquier persona lectora. Pero si observamos un poco lo que está pasando en estos últimos años, se observa un cambio entre las generaciones más jóvenes, en cuanto a ofrecer la merecida visibilidad de la bisexualidad.

Pero ¿y esas generaciones más mayores, o aquellas personas que, tras una vida heteronormativa, sale del armario como bisexual?.

Todo un reto, intentando desmontar prejuicios y estigmas.

¿Qué mitos enfrenta una persona bisexual?

Sin entrar en el género de las personas bisexuales, consensuamos que tienen en común que su orientación sexual ha sido frecuentemente cuestionada.

Nos llegan comentarios que intentan negar nuestra orientación como:

“es una fase”

“bueno… pero te gusta más ellos, o ellas»

“lo que pasa es que tienes mucho vicio, y además bastante promiscua/o/e

y esto recibirlo desde la heteronormatividad es doloroso, pero desde dentro del propio colectivo es indignante.

Uno de los prejuicios al que se ven expuestas las personas bisexuales, es que se infiere nuestra orientación sexual dependiendo de quien sea nuestra pareja en ese momento. Teniendo que decidir o no realizar ese activismo para visibilizar la B del colectivo.

Encontramos rechazo cuando nos cuestionan nuestro deseo, entonces eres lesbiana, eres gay, eres hetero… ¡NO!, soy Bisexual, independientemente con quien esté manteniendo una relación sexoafectiva en este momento.

Y no podemos obviar las múltiples discriminaciones, de mano del machismo y la bifobia. Por la que las mujeres somos cosificadas y meros objetos sexuales, además de promiscuas, y en el caso de los hombres, una transgresión a los mandatos de género.

¿Qué puedo hacer para evitar estos prejuicios?

Trabaja tus mitos sobre personas bisexuales:

Uno: por ser bisexual una persona no es más o menos promíscua. Revísate esa idea, y, si tu pareja es una persona bisexual, aún más. Las personas que son infieles son infieles por otros motivos (porque son mentirosas, porque no se han atrevido a dejar a su pareja, porque no quieren enfrentar los problemas en su relación, etc). Que te gusten más géneros no aumenta las probabilidades de una infidelidad.

Dos: relacionada con esta de celos, ningún género es mejor que el otro, si eres pareja de alguien bisexual y ahora está contigo, no le «falta» nada del otro género. Revisa tus ideas patriarcales.

Tres: no es una fase. La persona no tiene porqué definirse hacia un lado o a otro, y no tiene que ser tampoco que es que hayan descubierto ahora que son gays/lesbianas (si a lo mejor han descubierto más tarde que les atraen personas del mismo género) porque es normal, en una sociedad donde la heterosexualidad es obligatoria y se te asume por defecto, que tardes más en darte cuenta de tu atracción hacia el mismo género. Pero no tiene porqué ser excluyente.

Cuatro: no juzgues por quién salga con esa persona, por el aspecto más masculino o femenino que tenga, etc. Es la persona quien te puede decir su orientación, no tienes que asumirla tú. No te bases en clichés.

Como se decía al principio del texto, estos prejuicios se reducen entre las nuevas generaciones, donde tanto la identidad como la orientación, tienden a ser más fluida.

Pero incidimos en aquellas personas que viven su bisexualidad, fuera de la heteronormatividad en la etapa ya adulta. Es necesario que desde la psicología se pueda dar un adecuado acompañamiento y validación a los retos que van a tener que transitar en esta etapa.

Así como a aquellas personas que viven es espacios rurales o urbes pequeñas. Dónde ser visible, ocasiona señalamiento y discriminación.

¿Y la sociedad en conjunto qué puede hacer?

Para resolver esta situación, se ha de pasar por algo que, por no más repetido es menos válido: LA SENSIBILIZACIÓN y la EDUCACIÓN desde todas las etapas, es el motor necesario para el cambio.

A partir de la nueva LEY 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, en su ARTÍCULO 6. Recoge que se “promoverán campañas de sensibilización, divulgación y fomento del respeto a la diversidad en materia de orientación sexual, identidad sexual, expresión de género y características sexuales y a la diversidad familiar, dirigidas a toda la sociedad, y en especial en los ámbitos donde la discriminación afecte a sectores de población más vulnerables”.

Así mismo el ARTÍCULO 10. Que recoge la Estrategia estatal para la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI. Las medidas dirigidas a la información, sensibilización y formación en igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI, prestando especial atención a la sensibilización y prevención de la violencia LGTBIfóbica. Donde prestará especial atención a las discriminaciones múltiples e interseccionales.

Como contribución en esta última parte, recogemos algunas recomendaciones por parte de las personas del colectivo representadas por la FELGTB en para reducir o evitar el borrado bisexual (que es esta invisibilidad de la que venimos hablando):

  • Dar visibilidad y dar a conocer referentes bisexuales.
  • Organización de jornadas y coloquios.
  • Tomar posiciones de representatividad dentro y fuera del colectivo LGTBIQA+
  • Se visibilicen y se difundan los estudios, investigaciones y trabajos donde se aborde la bisexualidad.
  • Pedir de manera explícita, que los medios de comunicación tomen conciencia en el tratamiento de la realidad bisexual.
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Conductas tóxicas sutiles que pueden ocurrir a la hora de ligar

En una realidad donde ligar se realiza principalmente a través de redes sociales o de aplicaciones, nos enfrentamos a personas que pueden suscitarnos ilusión y atracción, pero también nos enfrentan a conductas tóxicas ejercidas por personas con baja responsabilidad afectiva y que pueden tener un gran impacto emocional en nosotros.

La posibilidad de conocer personas de forma fácil e indiscriminada y estar conectados de manera indefinida y ambigua a través de Internet, nos expone a muchas personas que no están preparadas o directamente no quieren establecer conexiones (ya sea para una relación casual o más formal) de forma honesta.  Aquí os dejamos algunas conductas que pueden tener hacia nosotros:

¿Qué es el breadcrumbing?

Es un término inglés que hace referencia a dejar migas de pan, igual que Hansel y Gretel seguían éstas para llegar a casa, es un fenómeno en el que una persona mantiene el contacto con el mínimo esfuerzo: mediante pequeñas muestras de atención u afecto, esta persona da a entender de manera ambigua que quiere avanzar hacia una relación estable y comprometida. De esta forma, consigue fomentar la esperanza de una relación estable y las emociones hacia él, y por tanto seguir en la vida y mente de la persona a la que quiere mantener disponible, sin comprometerse, realizar esfuerzos, consolidar la relación y evitando que se haga un cierre de esta relación.

Algunos ejemplos serían “Dejemos que fluya” o “veremos” cuando se habla de sentimientos o compromisos; no hablar nunca de la relación; mensajes muy espaciados (semanas e incluso meses) pero constantes; conductas contradictorias de afecto o indiferencia; la búsqueda de interacción online (mensajes, reacciones efímeras a contenido en las redes sociales), pero reticencia a hacerlo de forma presencial.

¿Cómo me afecta el breadcrumbing?

Es una táctica típica en los comienzos de una relación, cuando dos personas se está conociendo y todavía no existe una verbalización respecto a las expectativas de la relación que une a esas dos personas. El breadcrumbing consiste, en términos psicológicos, en “refuerzo intermitente” es decir que la persona recibe una recompensa (atención o afecto en este caso) de forma intermitente e impredecible, consiguiendo que la persona que lo recibe se encuentre ansiosa, frustrada, confusa y con una sensación de tristeza y/o vacío, cuando no se están recibiendo esas señales. Y cuando la persona “vuelve”, la emoción agradable suele ser intensa, olvidando los momentos anteriores, y creando una cierta “adicción” a la idea de esa relación. También puede contribuir a sentir indefensión en las relaciones afectivo-sexuales y mermar la autoestima de la persona que lo recibe, que puede llegar a sentir que se debe a ella.

¿Qué es el negging?

Hace referencia al término inglés “negative complimenting”, que significa halagos negativos. Esta conducta consiste en realizar comentarios negativos o insultos en forma de piropo, es decir la persona parece halagar o resaltar algún aspecto positivo de otra persona, pero posicionándola después en un lugar inferior o quitándole valor a la cualidad que se ha alagado. Algunos ejemplos podrían ser

no me suelen gustas las chicas bajitas, pero eres la excepción”,  “estás muy bien para la edad que tienes” “no pensaba que supieras de estos temas”, “eres guapa, pero estarías mejor con un vestido/unos kilos menos”.

¿Cómo me afecta el negging?

A través de esto, la persona que lo emite siente el impulso o la necesidad de posicionarse en una situación de superioridad o aumentar su autoestima, minando la de la otra persona. Además, esto puede pasar desapercibido fácilmente, a través de la ambigüedad o sutileza de las palabras, a lo que se le añade la falsa idea de “los que se pelean se desean” o el contexto de estar conociéndose (en el que es probable que se asuma que la intención no es “mala” o la persona no tiene habilidades al ligar). Así pues, puede crear sentimientos de confusión, inseguridad, búsqueda de aprobación del otro, tristeza o incomodidad.

¿Qué es el ghosting?

El termino inglés hace referencia a la idea de un fantasma, y la práctica consiste en acabar una relación afectiva de forma repentina y sin explicación o despedida, cortando la comunicación, especialmente virtualmente. Puede ser de forma progresiva (un poco más parecido al breadcrumbing que comentábamos), manteniendo el mínimo contacto (likes, reacciones a contenido en redes sociales, pequeños mensajes), cancelando con antelación los encuentros presenciales para acabar desapareciendo; o puede ser de manera repentina, dejando de responder o incluso bloqueando o quitando el acceso a la comunicación.

¿Cómo me afecta el ghosting?

Crea una emoción de confusión, tristeza (incluso vacío y sentimiento de abandono), rabia e impotencia por no saber qué ha ocurrido, así como se suelen buscar explicaciones dentro de la propia conducta (cuando realmente tiene que ver con la persona que lo realiza y no con la que lo sufre) que pueden provocar rumiación, culpa o baja autoestima.

Es importante recordar que estas conductas se deben a la baja responsabilidad afectiva de la persona que las emite y NO a la persona que las sufre. Pero, por mucho conocimiento que tengamos de éstas, a veces gestionar estas situaciones (y otras que pueden darse) y las emociones que nos suscitan éstas, puede ser complicado. Si te encuentras en esa situación, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte.

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Es hetero pero…

Hace unas semanas me estaba tomando algo con unas amigas y charlando tranquilamente sobre todo tipo de temas cuando por algún motivo surgió hablar de a quién le gustaba quién. Concretamente, de algún modo la conversación derivó en hablar de una chica que algunas conocían. Se acabó hablando de la orientación sexual de esta chica en cuestión.

Se debatió sobre ello, se dijo que sí, que le gustaban las chicas pero que era hetero. Yo estaba tan en shock que no sabía muy bien ni qué decir. Este grupo de gente eran personas bienintencionadas, con empatía, formación y conocimiento de muchos temas y aun así se estaba discutiendo la orientación sexual de esta chica no presente como si fuese un debate o una conversación abierta. Confronté la situación y dije “pero si ha dicho que es bisexual” a lo que se me respondió que la chica en cuestión había afirmado que “soy bi pero salgo más con chicos” o incluso que le gustaban a veces más chicos o atraían más. Esto fue aceptado por todas las personas presentes como un argumento irrefutable. “Pero es que salir más o que te atraiga más un género no te hace menos bi” afirmé. “Ya, pero si dice que es bisexual, ¿pero le gustan más los hombres entonces que es?”, me contestaron. “Pues entonces es una persona bi a la que le gustan más los hombres”.

Parece increíble la necesidad imperiosa que tenemos de dicotomizarlo todo, hombre o mujer, femenino-masculino, hetero-homo. Nada entremedias ni otras opciones, y si existen las intentamos meter con calzador en cualquiera de estas parejas de categorías. Además, las asumimos opuestas y excluyentes (¡y no lo son!). Borrando la libertad, la flexibilidad, la diversidad y la riqueza y variedad del ser humano.

A veces sustituimos la heteronorma por una homonorma (o la propia LGBTIAQ+ tomamos la heternorma como referencia para descubrirnos y etiquetarnos) y esto es malo; no sólo para la gente que se autodefine como bisexual, queer, asexual o alguna etiqueta que no encaje en lo hetero y lo homo, sino que es dañino para las propias personas homosexuales y heterosexuales también. Al intentar meternos a todas en este reduccionismo absurdo no nos permitimos más opciones, fluir, cambiar. No exploramos nuestro deseo libremente, sino que lo vemos a través de prejuicios, de un prisma muy concreto. A menudo este prisma es asumir a todo el mundo hetero hasta que no se demuestre lo contrario… y si te sales de ahí y eres un chico más afeminado se te etiqueta como gay, las mujeres más marimacho se las ve como lesbianas (cuando nada de esto tiene que ver con la orientación sexual). Y por supuesto un chico que dice ser bi… será gay hasta que se demuestre lo contario y una chica bi será vista como hetero hasta que se demuestre lo contrario. En ambos casos se asume que el amor o atracción por las mujeres es menos válida, importante o que ni siquiera es real. El amor hacia los hombres si parece más legítimo. (El amor hacia las personas no binarias no parece ni existir ni ser nombrado nunca).

En conclusión: no podemos ni debemos forzar etiquetas sobre la gente. Esto es extremadamente violento y fuerza a la gente de vuelta en el armario. Las personas con cis passing o straight passing (que puedan aparentar físicamente ser hetero o cisgénero cuando no lo son) pueden tener ciertos privilegios materiales en algunas situaciones (como recibir menos acoso callejero) pero la otra cara de la moneda es la invisibilidad constante. El que nunca te consideren suficientemente queer, el que te metan un ay otra vez dentro del armario. No es ninguna sorpresa que justo estas personas sean las que más tiempo tardan en salir del armario, más les cuesta y tengan más dudas en cuanto a su identidad.

Por esto, cuando alguien te diga que es lesbiana, bi, gay, queer, asex, no binarie…. Por favor que lo primero que salga de tu boca no sea cuestionarles. Acompaña y apoya a estas personas, valida sus identidades tanto en su presencia como su ausencia. Recuerda que nadie tiene que tener un currículo concreto ni reunir suficientes puntos en el carnet bisexual para ser válido, válida o válide. Las personas bi pueden tener preferencia por géneros, pueden fluctuar sus gustos y seguir siendo bi. Pueden no haber salido nunca con un género concreto (o ninguno) y seguir siendo bi (fíjate que a la gente hetero que no ha salido con nadie no se les cuestiona su heterosexualidad). Las personas bisexuales no deben nada a nadie para ser “suficientemente bi”, así que no las llames heteropero, heteroflexible (a no ser que lo pidan).

No seas el primer bully bífobo, homofóbo, tránsfobo o acefobo de alguien. No seas la primera persona en meter a alguien en el armario (¡aunque no esté delante!). No seas esa persona que intenta reescribir la historia de otras, que niegue su realidad y haga que la gente se sienta insegura y vuelva al armario. No sabemos el impacto que tienen las palabras y es muy importante cuidarlas, especialmente en un tema tan personal. Cuando alguien te cuente su identidad valídala y apóyales, que han decidido compartir ese pedacito de sí mismas contigo, y desde Quiero Psicología podemos ayudarte para comprender y acompañar mejor a nuestros seres queridos.

Sexualidad

¿Cuándo y cómo quiero tener sexo?

La visibilización de relaciones no normativas y de una sexualidad liberal han hecho que el aspecto físico de una relación tome protagonismo hoy en día. Esto es algo maravilloso, pero también pone el foco en un área con la que algunas personas no se sienten a gusto. Esto se potencia si te encuentras en la situación de estar iniciando una relación o conociendo a personas de forma activa: La presión de ser abierto o liberal, las ganas de complacer a tu pareja, la ansiedad o miedo que pueda crearte la idea de “perder” a esa persona, o el sentimiento de querer compensar inseguridades que puedas tener sobre ti mismo, hacen que puedas sentirte empujado a realizar actividades sexuales con las que no te sientes demasiado cómodo.

Las relaciones sexuales permiten establecer una conexión con uno mismo y/o con otra persona, explorar nuestra intimidad y disfrutar de nuestro cuerpo, así como el de la otra persona. Pueden ser una actividad muy placentera y bastante reveladora: El sexo nos puede hacer producir grandes cantidades de hormonas, como dopamina, noradrenalina, serotonina y oxitocina, que actúan sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer, la excitación, la sensación de bienestar, incrementando la complicidad, afecto y confianza con la pareja. Sin embargo, no todas las personas o las relaciones sexuales son igual: es importante que tengamos en cuenta las emociones que sentimos de cara a esa intimidad, ya sea antes, durante o después.

Desde aquí, te daremos unas recomendaciones para poder evitar que la situación se complique.

1. Escanea tu cuerpo para observar si tienes algún tipo de emoción o sensación física que pueda ser desagradable al pensar en tener intimidad con una persona.

2. Si estas sensaciones son muy intensas, intenta gestionarlas antes de decidirte a hacer nada con nadie. Puedes probar a verbalizarlo y compartirlo con alguna persona de confianza. Es probable que lo que estés sintiendo sea algo que los demás hayan podido experimentar o que al menos puedan empatizar. También puedes aprender a gestionarlo con un profesional.

3. Si no estás preparado para hacer nada, comunícalo a la persona con la que estás pensando tener intimidad. Ya sea establecer tu límite o compartir lo que sea que estés sintiendo, puede ser útil para que la otra persona te entienda y un alivio para ti. Tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no es algo de lo que avergonzarse, ni algo que tengas que ocultar. Pero puedes compartirlo, si así lo deseas o si sientes que tienes suficiente confianza con esa persona, o vas a sentirte respetada por ella. Si esa persona no buscar entenderte o respeta tus límites, entonces tal vez no es la persona con la que quieras tener intimidad (si no te respeta antes, es muy probable que no lo haga durante).

4. Si sigues teniendo algunas dudas, puedes establecer una lista de conductas o hablar de forma más informal con esa persona sobre las actividades que te gustan o que te disgustan, así como aspectos más globales (hay personas más sexuales que otras o con otro ritmos). No todos somos iguales, ni tenemos los mismos gustos, entonces es importante comunicarse (Especialmente si es una persona que estamos conociendo todavía): De hecho, es algo que es muy importante que podamos hacer antes, pero también durante el sexo, comunicar que nos gusta y cómo nos gusta. Si esto ocurre antes de las relaciones sexuales, puede ser una buena forma de excitar o iniciar los preliminares. Pero también durante, ya que se puede convertir en un juego erótico o Un momento de exploración compartido con otra persona. Recuerda que puedes parar y cambiar de opinión EN CUALQUIER MOMENTO.

5. Otro aspecto a vigilar es que las relaciones sexuales sean la única forma en la que te sientas seguro en tu relación con una persona: sentir la necesidad de mantenerlas, para evitar sentirte inseguro, te reduce a un cuerpo y minimiza lo que eres. Eres más que tu cuerpo, y es importante que puedas sentirte a gusto en otros aspectos de tu relación (si es lo que quieres).

Si ves que tu sexualidad te está creando malestar, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

LGBTIAQ+

Algunas cosas que quiero decirte como persona LGBTIAQ+

Si estás leyendo este texto es muy posible que seas una persona del colectivo LGBTIAQ+ o bien alguien que tiene a una persona del colectivo cerca.

Si perteneces a la primera categoría este escrito es para dar voz a ciertas experiencias que puede que te resuenen: para describir lo que significa ser disidente en una sociedad que espera e incluso impone que seamos personas heterosexuales, cisgénero (que se identifican con el género asignado a sus genitales), alosexuales (que no son asexuales)… y normativas y como nos afecta en nuestros entornos sociales y familiares. Este texto es para ti y que puedas compartirlo con quien quieras cuando lo necesites.

Si no es el caso y perteneces a la segunda categoría tienes a una persona cercana a ti, sea familiar, amiga, ligue, pareja, hija, hermana, sobrino… o alguna persona en tu vida que quiere tener una conversación contigo que posiblemente no sea fácil o cómoda. Te invito a leer este texto hasta el final para iniciarla porque os merecéis estar a gusto y sentir seguridad y cercanía.

Esta persona en tu vida pertenece a alguna (o varias) de las siguientes categorías: lesbiana, gay, bisexual, trans, no-binaria, poliamorosa, asexual, intersex…

Este post en concreto no va sobre explicar que quiere decir en profundidad cada uno de estos términos, sino de que la persona que te ha enviado esto pertenece al colectivo y esto supone unas consecuencias injustas o difíciles en nuestras vidas que nos gustaría compartir contigo.

Nos gustaría decirte que recibimos rechazo o silencio cuando tratamos de ser nosotras mismas y nos cuesta hablar de nuestra vida personal porque no recibimos siempre el interés o el apoyo que necesitamos. El hecho de que no seamos lo que nuestros círculos sociales o familiares esperan de nosotras nos somete a presión para encajar o callarnos y nos hace muchísimo daño. Nos hace sentir expulsadas y rechazadas de muchos círculos. Duele no poder ser nosotras mismas. Duele no poder compartir nuestras experiencias. Duele que nos intenten forzar a ser algo que no somos.

El dolor de no poder traer todo nuestro ser a comidas familiares, a conversaciones casuales, a lo más pequeño y cotidiano de nuestras vidas es demoledor. No podemos ser quienes somos plenamente.  Es injusto. Es frustrante. Es un camino solitario en el cual podemos sentirnos abandonadas o desamparadas. Y no nos lo merecemos.

Merecemos cariño, cuidados, apoyo e interés en nuestras vidas como todas las demás personas. Merecemos poder contar con quien estamos saliendo o dejamos de salir, quien nos gusta, quien nos hace daño o con quien rompemos. Merecemos hablar de quienes somos.

Nos merecemos sentirnos libres, escuchadas, deseadas, celebradas. Merecemos una vida rica, colorida, segura y llena de amor. Y justamente por esto es posible que alguien que te importa te haya pasado esto. Porque necesita recibir esto de ti también.

Necesitamos conversaciones incómodas y difíciles que hagan que nos sintamos escuchadas y comprendidas.

Necesitamos sentirnos en casa con la gente de nuestro entorno y para ello necesitamos que iniciéis conversaciones para las cuales no estéis preparadas. No necesitamos que tengáis las palabras perfectas, pero necesitamos que lo intentéis.

Necesitamos que afrontéis el miedo a lo desconocido, a lo distinto, a pasar un rato incómodo. Porque le importas a la persona que te ha mandado esto y quiere que sepas como se siente.

Estás en su vida y le es importante poder compartir esto contigo. Poder sentirse segura y que le vas a escuchar y que puede ser ella misma. Que está a salvo, que no le vas a juzgar y que le vas a apoyar. Para esto es muy importante que no estés a la defensiva, porque para trabajar una relación (del tipo que sea) necesitamos poder mostrarnos vulnerables todas las partes involucradas. Para ello es importante entender que esto no es un reproche ni un ataque, es la necesidad de sentirnos escuchadas y sólo conseguiremos esa cercanía si nos cuidamos y escuchamos plenamente. ¡Para nosotras esto no es nada fácil!

Me encantaría que por favor intentes hacer esto lo mejor que puedas, que nos tengamos paciencia y nos digamos las cosas con cariño y que intentes entender quien soy. Que te informes si lo necesitas sobre mi identidad, que me preguntes con mucho cariño y mimo si tienes dudas. Pero necesito tu apoyo y comprensión.

Necesito conversaciones incómodas para poder entendernos, necesito que entiendas que la incomodidad es parte del cambio, de aprender y de conectar entre nosotras y tener una mejor relación. Necesito que me aceptes tal y como soy.

Necesito que me preguntes sobre mí y sobre mi vida para poder mostrarme ante ti tal y como soy plenamente, sin recortar las partes de mí que no entiendes. Necesito no tener que censurarme y que aceptes todas las partes de mi ser, especialmente aquellas que no comprendes del todo para poder sentirme cuidada. Necesito que me entiendas, cuides y quieras justo ahí donde menos me entiendes, necesito que busques comprenderme para poder ser quien soy.  Te garantizo que esto va a hacer que sea más fácil y fluido poder hablar entre nosotras y va a mejorar como nos hablamos y cuidamos.

Si lo haces te lo agradeceré y estoy segura de que tú también te alegrarás de haberlo hecho.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

maltrato-psicologico

Maltrato psicológico: el gran invisible

¿Cómo lo identifico?

Muchas veces en esta sociedad seguimos pensando o asimilando que el maltrato grave es el maltrato físico. No es raro escuchar cosas como:

Ah ¿pero fulanito maltrata a fulanita? pero… ¿le pega?

Y esa pregunta se hace para saber si realmente es tan «terrible» lo que le ocurre a fulanita.

Pues empecemos por desbancar ese mito: el maltrato psicológico es uno de los más graves que puede ocurrir en una relación. Este tipo de maltrato cuando ya te han anulado, vejado y eres poco más que invisible es el que puede llevar (o no) a maltrato físico porque así ya no te defenderás, estarás totalmente sometido.

La violencia que hace que la persona, tu amiga, tu madre, tu amigo, tu hermana o tu primo desaparezcan delante de ti y ya no sean «ellas mismas» es el maltrato psicológico.

Ese maltrato puede ser más evidente, pueden ser insultos, comentarios terribles, desplantes delante de los amigos o de los compañeros de trabajo… Pero el más peligroso es del que hablaremos después que es el maltrato psicológico pasivo.

Pero ¿cuál es el mejor indicador de que estás sufriendo maltrato psicológico?: El cómo te sientes. Si sientes que todo lo que dices/haces está mal, o que hará enfadar a la persona que tienes delante, si te sientes juzgado, estás constantemente en tensión, ya no tienes la misma alegría, y te cuesta ser tu mismo, por no decir que has dejado de serlo… Plantéate qué o quién te está haciendo sentir así.

El maltrato psicológico pasivo: el más silencioso.

Puede que a pesar de que te estén maltratando y te sientas como te acabo de indicar nadie se está dando cuenta, y más aún, encima nadie te apoye, te digan que quizá exageras, que lo que le pasa a tu novio o a tu jefe es que estará estresado, y normalicen comportamientos que a ti te hacen muchísimo daño.

Esa es una de las grandes tácticas del maltrato psicológico pasivo: nadie lo verá, te sentirás aún más solo/a y lo peor de todo, te hará sentir que has perdido la cabeza, que te estás volviendo loca/o.

Pasivo significa que no hace cosas «activamente» sino lo contrario: que deja de hacer cosas (como hablarte) o que hay cosas que no cuadran unas con las otras.

Aquí te pongo alguna de las tácticas más frecuentes de este maltrato:

Rechazar la comunicación directa

Si no hablo contigo te doy a entender dos cosas: o que has hecho algo mal que me ha enfadado o que me has dejado de importar, que ya no cuentas para mi.

Si te dejo de hablar pero niego la existencia del conflicto «no pasa nada», «no sé qué me hablas», etc. Hago que el otro se plantee qué estará haciendo mal y rellene los huecos de información que le faltan echándose la culpa de todo.

Por lo tanto, acabo hundiendo a la persona en un mar de dudas y de culpa solamente con dejar de dirigirle la palabra, tardar mucho más de lo normal en contestarle a sus mensajes, estar de morros pero no decir porqué…

Normalmente esto hace que la víctima se intente comunicar por todos los medios, sobre todo el escrito y ponga grandes parrafadas que se pueden utilizar en su contra para tacharlo de loca/o.

Mentir

Pero si la mentira fuera directa y cruel la gente podría ver qué pasa y no sería un maltrato tan invisible. Normalmente las mentiras son difíciles de pillar y van disfrazadas de mensajes incoherentes.

Por ejemplo, alguien declarado feminista, que lanza grandes peroratas sobre la igualdad de la mujer pero luego maltrata a su pareja, o alguien que dice: «las mujeres son muy pesadas» para a continuación decirte «pero no es a ti en concreto, no sé porqué te pones así».

Por supuesto aquí debemos meter también a los infieles que niegan totalmente la existencia de dicha infidelidad, incluso aún cuando les están pillando hacen sentir a su pareja que son unos delirantes exagerados.

La paradoja

Hay una gran diferencia entre el discurso y lo que se hace. La gente menos allegada compra ese discurso y te hace sentir que eres tú el que está juzgando mal. Si todo el mundo dice que tu pareja es un tipo fantástico ¿cómo va a ser mentira? Dicen que es buena persona, si a ti te habla mal debe ser tu culpa o que le pillaste en un mal día… Si a todo el mundo le parece un jefe estupendo porque compra pizza, debe ser que tú eres muy estricta con quedarte más allá del horario laboral.

A veces la distancia de estos mensajes es también el tono, te pueden decir algo muy violento con una sonrisa en la boca, o se pueden burlar de ti en un tono serio.

Muchas veces no se produce ni si quiera una discusión a gritos, pero tampoco hay conversaciones reales para aclarar lo que ocurre. la víctima se va llenando de dudas y dudas y ya no sabe si es que ella está equivocada o si realmente le están maltrando.

Divide y vencerás

Ya sabemos la forma de maltrato clásico donde la víctima se la aísla de su entorno por los celos, el: «no veas a tu familia», «es que siempre estás con tus amigas», » si sales de fiesta eres muy puta»…

Pero hay otras formas de aislar ala víctima, por ejemplo dando pena, si cada vez que tú sales tu pareja se pone triste, o justo tiene un bajón ese día… Al final optarás por no salir para cuidarle.

Y otra de las formas es utilizar el sarcasmo, la burla o el desprecio, pero no solo para hablar de tu familia o amigos muy mal o para que acabes en su paranoia alejándote de ellos, si no al revés, puede inventar chismes sobre ti, o ponerte a parir o incluso usar bromas «anodinas» sobre lo histérica que eres, etc, que te hacen quedar mal con tus amigos o tu familia. Al final no es que tú te alejes de ellos sino que ellos también se alejarán de ti.

¿Qué hago?

Si has visto varias de estas tácticas y manipulaciones en una persona que tienes cerca, como tu pareja, tu amigo, tu jefe… debería plantearte bien esa relación, saca una lista de todas las cosas malas que te hace sentir, desenmascara sus artimañas, escribe sobre ello, cuéntalo a gente que pueda ser objetiva sobre esa persona…

Pero si crees que tú solo/a no puedes o que tienes ya consecuencias en tu estado de ánimo o tu autoestima en Quiero Psicología estamos para ayudarte.