ciberacoso

Cuando la Violencia de Género es Online

Como ya hemos hablado en anteriores post, la era digital ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Hoy en día, podemos establecer vínculos afectivos a pesar de la distancia física, conocer a gente mediante aplicaciones, compartir nuestros recuerdos y tener nuevas alternativas de ocio.

Sin embargo, estos cambios también han dado pie a nuevas formas de ejercer violencia.

Recordemos, que la violencia de género implica una relación asimétrica y de dominio que puede darse en múltiples formas: Violencia física, sexual, psicológica, económica, reproductiva… y que además, esta violencia puede darse de forma activa y/o pasiva.

A consecuencia, a raíz del auge de las nuevas tecnologías, ha surgido una nueva forma de ejercer violencia.

Ciberacoso

Este fenómeno se caracteriza por ejercer una relación de dominio a través de las nuevas tecnologías. Implica insultar, ridiculizar, amenazar o acosar a otra persona mediante redes sociales.

También se incluiría la suplantación de identidad, donde el acosador puede hacerse pasar por esa persona y difundir mensajes falsos o compartir información privada de la víctima.

Actualmente, como ya sabemos, los teléfonos móviles forman una parte imprescindible en nuestras vidas. Ahí guardamos fotos, información íntima, conversaciones con amistades, accedemos a redes sociales, etc.

Es por esto por lo que ejercer ciberacoso constituye una violación a nuestra privacidad y un total acceso a nuestra información.

La violencia online puede verse reflejada en diferentes formas:

Sexting no consentido:

Este fenómeno proviene del acrónimo sex (sexo) y texting (chatear), ya que consiste en comunicarse o enviar fotos de contenido sexuales a través de mensajería instantánea.

Estas acciones pueden formar parte de la intimidad de una pareja. Sin embargo, cuando estas imágenes de contenido sexual se difunden sin consentimiento alguno, estamos hablando de violencia, y por tanto, de un delito.

El acosador puede difundir estas imágenes con el objetivo de ridiculizar a la víctima, amenazarla o chantajearla con publicarlas, con el fin de coaccionarla.

Grooming:

Esta práctica digital consiste en la puesta en contacto de un adulto con un menor a través de las nuevas tecnologías con fines sexuales.

Estos pederastas en primer lugar, tratan de ganarse la confianza de menor formando un vínculo afectivo, por lo que es habitual que estas personas al principio simulen ser también menores.

Una vez obtenido el vínculo, el acosador tiende a solicitar imágenes de carácter sexual, pudiendo llegar incluso a difundirlas por otras redes.

La diferencia reside en que en este fenómeno, el acosador siempre es un adulto y la víctima una persona menor de edad.

Uso de redes sociales:

El acosador puede utilizar las redes sociales de la víctima para controlar sus acciones, los “me gusta” que da, las fotos que publica, etc. Estas personas pueden ejercer su dominio prohibiendo a la víctima subir material que ellos consideren inoportuno, utilizar los “me gusta” como forma de castigo o refuerzo, o espiar las interacciones que hace la víctima.

Por otro lado, el acosador puede crear un perfil falso suplantando la identidad de la víctima, pudiendo compartir rumores falsos o imágenes sexuales convirtiéndola en motivo de burla.

¿Qué diferencia el acoso online del offline?

Al formar parte de una sociedad donde las nuevas tecnologías forman un pilar básico de comunicación, el perfil de ciberacosador es mucho más amplio.

Estas personas pueden aprovecharse del carácter anónimo que pueden darte las redes, para acosar y controlar a la víctima con mayor facilidad. Esto implica que las opciones para ejercer violencia también aumentan, ya que es habitual que hoy en día tengamos un perfil abierto en diferentes redes o contemos con diferentes medios tecnológicos para comunicarnos.

Asimismo, el riesgo de dañar a la otra persona es mayor, ya que las tecnologías suponen un canal donde poder transmitir un mismo mensaje a un gran número de personas con un solo click. A diferencia del acoso offline, la dimensión se da a un nivel más global o macro.

Si la víctima ha bloqueado el perfil del acosador en redes, éste tiene la opción de acceder a ella a través de otro medio o crear un nuevo perfil sin tener que desvelar explícitamente su identidad.

¿Qué puedo hacer ante este fenómeno?

En primer lugar, debemos prevenir estas prácticas y minimizar el riesgo de que el ciberacoso ocurra.

Si somos padres de un menor de edad, en primer lugar, debemos comunicar los riesgos que implica el uso de redes sociales, destacando la importancia de mantener los perfiles con la mayor privacidad posible. Así como de advertir los riesgos que conlleva interactuar o dar permiso de acceso a tus datos a personas desconocidas.

En el caso de los adultos, si sospechamos que estamos siendo víctimas de ciberacoso, estaríamos hablando de un delito penal, y por tanto, contaríamos con la opción de denunciar.

Es importante limitar el acceso de nuestras redes a personas de confianza, minimizando el riesgo de que las fotos o la información se difundan. En caso de recibir insultos, amenazas o acoso de una persona, deberemos bloquear el perfil y hacer uso de la opción de denunciar perfil que ofrecen actualmente las redes sociales.

Si te sientes identificado con esta práctica digital y te gustaría recibir ayuda especializada, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de recibirte.

La Violencia Vicaria -un subtipo de la VG-

El pasado viernes 11 de junio nos encontramos todos con la sobrecogedora noticia de que habían encontrado el cuerpo sin vida de una menor que había sido presuntamente asesinada por manos de su padre. Y también desde ese mismo día el concepto Violencia Vicaria está dentro de nuestras conversaciones.

No sabemos claramente qué es, pero nos recorre un escalofrío por la espalda cada vez que se menciona, porque sabemos que debido a este tipo de violencia la vida de una menor se ha visto interrumpida.

¿Qué es la Violencia Vicaria?

La Violencia Vicaria o violencia por sustitución es un nuevo término que se refiere a un subtipo de violencia contra las mujeres en el que el hombre, de manera consciente, usa o daña a personas significativas para su pareja o expareja como instrumento para hacerla daño. Lo más habitual es que se use a los hijos, pero esta agresión puede ser ejercida usando a padres, hermanos o amigos, es decir, cualquier persona emocionalmente significativa para la mujer.

Aunque no es una violencia tan mediática como otras, es decir, no estamos escuchando que se mencione todos los días en la televisión, sí que aparece en más situaciones de las que nos imaginamos. Simplemente nos enteramos de aquellos que tienen una consecuencia tan grave como la muerte del menor, pero diariamente se produce mediante amenazas y control hacia la mujer a través de los niños.

En este tipo de violencia se cosifica al menor, interpretando a los hijos como “algo” de su propiedad y a través de una actitud egoísta les agreden con el objetivo de controlar a la madre. En los casos más graves aparece el asesinato.

Tipos de violencia vicaria

Como en todos en otros casos, este tipo de violencia se puede presentar en diferentes grados de intensidad; en los casos más graves aparecen agresiones directas y daños físicos, incluso la muerte, pero previamente ya se ha agredido o desatendido a los menores.

Las amenazas, las manipulaciones, los actos de control extremo son habituales dentro de la violencia vicaria.

Por ello debemos estar atentos a las señales que pueden aparecer tras las visitas al padre o las estancias derivadas de la custodia compartida.

Observar que se han interrumpido tratamientos médicos o actividades positivas y favorecedoras para el crecimiento y desarrollo del menor ha de ponernos en alerta y tomar consciencia de lo que puede estar ocurriendo.

Otros signos son que el menor regrese al domicilio materno descuidado, desatendido, desaseado o con cambios físicos con los que el menor y la madre no están de acuerdo, como por ejemplo, cortes de pelo o cambios radicales en la vestimenta.

Ser conocedor de que se habla mal de la madre en presencia del menor, ya sea por parte del padre o que este permita que terceros hablen mal de ella.

Hay que observar cualquier cambio de humor, de conducta o de estado de ánimo del menor, ya que pueden ser señales de que algo está ocurriendo.

Amenazas y manipulaciones que se provocan de manera habitual y constante en el menor y que pueden tener consecuencias en el comportamiento de éste; miedo, ansiedad y negativas antes de la visitas o estancias con el padre nos dicen e indican que algo puede estar pasando.

Cuando el maltrato se produce a nivel físico, las marcas y señales se pueden observar con facilidad y no hay una explicación lógica y normal para ellas. Arañazos, moratones, daños en la ropa y pertenencias de menor.

Consecuencias de la violencia vicaria en el menor

Todas las situaciones en las que el menor es cosificado y eliminada su identidad para convertirse en un instrumento con el dañar a la madre tiene consecuencias graves a nivel emocional, mental y psicológico del niño que lo padece.

Dentro de las consecuencias nos podemos encontrar con:

  • Dificultades de atención y concentración.
  • Bajada del rendimiento académico.
  • Pérdida de habilidades sociales.
  • Cambios en los comportamientos relacionales en el colegio y con amistades y familiares.
  • Desmotivación generalizada.
  • Aparición de miedos desproporcionados.
  • Pesadillas, terrores nocturnos.
  • Dificultades para conciliar el sueño.
  • Cambios en las pautas alimenticias.
  • Anhedonia (no experimentar placer en actividades que antes eran gratificantes).
  • Ansiedad.
  • Depresión.

¿Qué podemos hacer?

Ante la aparición de estos síntomas nunca debemos callar. Busquemos apoyo en la familia, investiguemos y verifiquemos que puede estar ocurriendo.

Acudamos al centro escolar, pidamos tutorías, acudamos al centro de salud, al pediatra y comuniquemos nuestras sospechas; vayamos a la policía a poner una denuncia y activemos todos los protocolos necesarios de custodia necesarios para proteger a nuestro hijo.

Pidamos ayuda en centros especializados en violencia de género para poder abordar la situación desde todos los frentes y además abordar desde un plano psicológico todas aquellas consecuencias que tiene el haber estado expuesto a una situación de violencia.

yoísta

¿Eres un yoísta o «sufres» a uno?

Es posible que tengas cierta tendencia a llevar las conversaciones a tu terreno.

Puede que sea una costumbre que te haya pasado desapercibida y hasta que alguien no te lo ha comentado no te hayas dado cuenta.

Quizás esta situación te sea familiar: estás con una amiga y te cuenta que ha tenido muchísimo estrés durante el día, que se siente agobiada y que necesita relajarse para poder sentirse mejor.

Te lo cuenta mientras estáis de cañas improvisadas que te ha pedido tomar a última hora del día.

Tú, en respuesta a todo lo que ella te va contando, contestas con un “pues yo llevo un día también súper estresante. Mi jefe no ha parado de darme la tabarra…que ganas de irme a dormir”.

Rediriges la atención a lo que a ti te pasa.

Es una conversación que aparentemente resulta habitual y totalmente funcional.

Nada que objetar.

Sin embargo, si se da de forma repetida y en la mayoría de tus interacciones, puede que estés obviando las necesidades de los demás sin conectar en absoluto con la otra persona.

Esto no quiere decir que no puedas hablar de ti, o que utilizar la palabra Yo sea un error.

Quiere decir que la tendencia a no escuchar con atención al otro y saltar inmediatamente a tus emociones y sensaciones hace que la conversación sea unidireccional y egocéntrica.

Basada en tí, tus experiencias, necesidades o intereses.

Estás muy cerca de ser una persona yoísta.

Este es un término que la RAE aun no contempla, pero su significado implica, entre otras cosas, que hables constantemente de ti mismo/a y que estés más interesado/a en contar tus propias experiencias antes de seguir escuchando lo que los demás tienen que decir.

Si es algo significativo, que se repite de forma más o menos habitual, es probable que tu entorno ya te haya dado cierto feedback.

Desde el cariño que te tienen, intentan hacerte ver el llamativo uso del “yo” que puede que estés haciendo.

En exceso, este comportamiento puede hacer que los demás no se sientan escuchados.

Puede que piensen que lo que cuentan no es validado.

Quizás sientan agotamiento o rechazo al estar con alguien (tú) que tiende a soltar un discurso repetitivo centrado en su propia persona.

Esto último se hace más evidente si las conversaciones centradas en tu Yo suelen, además de ir sobre ti y tus experiencias, estar orientadas a términos pesimistas o negativos sobre algo que te sucede o ha sucedido.

¿Qué puedo hacer si veo que hago esto?

Una vez que identifiques si esto te sucede, plantéate el origen de esta conducta.:

  • ¿Tienes mucho que contar y llevas tiempo sin hablar con nadie?
  • ¿Sueles tener a tu familia desde la infancia pendiente de ti todo el rato?
  • ¿Has pasado mucho tiempo solo o sola?

Desentrañar tu pasado te hará entender tus dinámicas actuales.

  • Intenta tomar consciencia a la hora de hablar con alguien.
  • Piensa antes de hablar lo que vas a decir, así podrás darte cuenta de las veces que hablas sólo de ti y de cuál es el contenido de tu discurso

Escucha con atención lo que te cuenta la otra persona y muestra interés.

  • Puede que la persona con la que estés interactuando esté expresando algo doloroso o que te esté contando algo que le es difícil expresar con palabras, etc.
  • Pregúntale, da tu opinión si es necesario o simplemente acompaña la escucha con expresiones no verbales.
  • Presta atención al discurso, contenido y forma.

Darte cuenta de todo lo que engloba la conversación te hará captar los detalles y dar respuestas ajustadas y adecuadas

Cuando sea oportuno compartir tu experiencia, hazlo.

Compartir experiencias parecidas no deja de ser una conversación.

Atiende al tiempo que estás hablando para no monopolizar la conversación.

Conozco a alguien así, ¿qué puedo hacer para decírselo sin pasar apuro?

Desde el cariño es posible comunicar con asertividad lo que consideres.

Dar un reflejo, hacer de espejo con la intención de hacer mejorar a alguien sobre lo que ves en ella/él, debería ser aceptado con agrado.

En caso de no ser así, o de tener miedo a la reacción, échale un vistazo a nuestro post sobre la evitación de conflictos: https://www.quieropsicologia.com/evitas-los-conflictos-a-toda-costa/

Pregúntale a esa persona si es consciente de lo que hace ofrécele ayuda (si lo consideras necesario y si te ves capaz) para que se dé cuenta y pueda cambiarlo en el momento.

Dile cómo te sientes cuando estás hablando con él/ella y apenas te hace comentarios sobre lo que cuentas.

Habla en primera persona de tus sensaciones cuando pasa esto.

Se puede dar el caso de que intentes comunicar cómo te sientes sobre este punto y la otra persona se lo tome a mal.

Puede que no quiera reconocer ni cambiar su comportamiento,

Si esto pasa, plantéate si te has expresado claramente y de la forma más asertiva posible.

Cuando tu sensación sea que sí, que lo has hecho de la forma más correcta, empática y asertiva que eres capaz de hacer y, aun así la forma de relacionarse de la otra persona no cambia, surge el problema.

Aquí tu «trabajo» será poner límites y respetar tu necesidad y tu espacio.

Estar con alguien que dirige las conversaciones sobre su vida, sus vivencias y sus ejemplos de forma constante puede generar agotamiento.

Este «monopolio» exige una atención individualizada y exclusiva que probablemente no es posible dar de forma permanente.

O, simplemente, te has cansado de hacerlo.

No te sientas mal amigo/a si no correspondes esta exigencia y decides poner límites para preservar tu energía y tu bienestar.

Si esta es tu situación, te recomendamos que leas nuestro post sobre marcar límites en las relaciones interpersonales: https://www.quieropsicologia.com/poner-limites-en-las-relaciones-personales/

Si te has identificado de cualquier forma con este post, bien porque tiendes a monopolizar las conversaciones, bien porque sufres a alguien que lo hace, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Aprender a gestionar tus habilidades comunicativas, explorar el por qué de esta dinámica y compartir con tu entorno tus sensaciones de forma que puedas trasladar el mensaje sin dañar y sin ser dañado/a.

Si estás encerrado/a entre las cuatro paredes de alguien que te hace sentir así y no sabes cómo parar, podremos trabajar sobre ello y conseguir abrir una puerta y encontrar salida.

operación bikini

La maldita «operación bikini»

Ya está aquí junio.

Damos la bienvenida al verano y al inicio de las preocupaciones por tener que exhibir el cuerpo en la piscina, playa o donde sea que tengamos la oportunidad de refrescarnos.

Este año, además, llega en circunstancias especiales.

Tras una época de confinamientos y limitaciones varias en la que muchos y muchas hemos manejado la ansiedad y la falta de actividad mediante la comida.

Esto se ha traducido en un «posible»  aumento de peso.

Varios estudios estiman que en este periodo cada uno de nosotros hemos engordado una media de tres kilos.

«Para anticuerpo, el que vamos a tener este verano»

Esta frase se ha repetido en numerosas ocasiones desde que se inició la pandemia y, aunque que pretende ser una frase con humor, encierra un mensaje de base que se ha instalado en nuestra sociedad: tenemos que estar perfectos y perfectas para el verano.

La «operación bikini» no debería ser una dieta restrictiva y temporal, sino un cambio de hábitos que persiguen un objetivo de vida saludable.

Todos los días del año.

Todo el tiempo.

La sociedad nos demanda «la imagen perfecta».

A todos.

Es innegable que las mujeres sufren una presión social mayor.

No se ha oído hablar de “la operación bañador”.

Niños y niñas, hombres y mujeres hemos sido educados de forma diferente.

Ya hemos hablado sobre esto en algunos posts anteriores (https://www.quieropsicologia.com/ninos-ninas-y-normas/ por ejemplo) y todos nos sentimos presionados por adaptarnos a lo que se considera ser “una mujer deseable o un hombre deseable”.

A los hombres se les ha orientado hacia el éxito propio y las mujeres han recibido una educación orientada a la aceptación de los otros.

Ser una mujer valorada supone, además de otros mucho atributos, estar sometida a unos cánones de belleza y buscar encajar en ellos.

Por lo que atañe a este post: la delgadez.

Cada verano las nuevas colecciones de trajes de baño las lucen mujeres con cuerpos que representan el ideal de belleza del momento.

Constantemente nos bombardean con publicidad sobre pastillas para acelerar la perdida de peso, dietas milagro y un sinfín de mensajes que buscan la esclavitud hacia el propio cuerpo, eliminando y corrigiendo partes de él para encajar en lo aceptado socialmente.

Bikini o bañador ¿elección o imposición?

Desde finales del siglo XIX se empezaron a usar los trajes de baños de dos piezas, que inicialmente llegaban a la altura de los tobillos y poco a poco fueron enseñando más partes del cuerpo.

Fue en 1946 cuando Michele Bernardini lució el primer bikini.

A lo largo de estos años, las formas de los trajes de baño han ido variando y se puede elegir entre diferentes partes de arriba y de abajo o recurrir a la pieza entera que es el bañador.

En los últimos tiempos desde el mundo del diseño y de la moda, desde algunos espacios al menos, intentan buscar la aceptación de todo tipos de cuerpos y las modelos que los lucen tienen diferentes tallas, abarcando la diversidas que existe en la sociedad.

Aun así, no dejan de existir las etiquetas “ curvy” o “ talla grande” para señalar a quien no encaja en el modelo de cuerpo «ideal».

En los últimos años los bañadores se han convertido en pieza clave en la moda de verano y muchas mujeres han optado por usarlo cada vez más.

Puede que te guste en sí el bañador o te sientas más cómoda.

Sucede también que es algo que sintamos que podemos elegir: preferimos tapar el cuerpo por anticipar el rechazo social.

Si has optado este verano por usar bañador, es importante que te plantees si es una decisión libre o te estás autocensurando.

¿Cómo afectan los ideales de belleza a la autoestima?

Un tercio de nuestra autoestima está relacionada con la valoración positiva o negativa de la autoimagen.

Si tendemos a valorar negativamente nuestra imagen, nos resultará difícil prestar atención a otras áreas que también conforman nuestra autoestima.

Visibilizando todo tipos de cuerpo luchamos para romper con el ideal de belleza establecido en la sociedad actual.

Cuanto más diversidad, menos exigente y utópico será el ideal que queremos alcanzar.

Esto ayudará a que nuestra autoestima mejore: nuestra autovaloración no estará tan lejos del ideal de belleza si ese ideal contempla todo tipo de opciones.

Llegados a este punto se podría ver la “operación bikini” como la suma de varios elementos:

  • Mayoritariamente, ser mujer (los hombres no usan bikini).

+

  • Orientado a los otros (qué van a pensar, qué me van a decir, no pueden verme así).

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  • La belleza como clave para la aceptación social (la belleza acorde con el cánon imperante, para mujeres y para hombres).

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  • Autoimagen como factor clave en la autoestima (directamente afectada por el cánon de belleza).

Crea tu propia operación bikini: este es mi cuerpo

Una vez visto todo el peso que nos ponen encima y que nos llevamos de vacaciones año sí y año también, te proponemos algunas ideas para que vayas soltándolo poco a poco.

O de golpe, como prefieras:

Toma conciencia de tu lenguaje interior

  • Es posible que tengas un discurso negativo sobre ti mismo o misma que te repitas cada día y no te hayas dado cuenta de su presencia.
  • Cuando comiences a sentirte mal con tu imagen, observa qué mensajes te estás diciendo.
  • Comienza a cambiarlos y a hablarte de forma más positiva, reconociendo tus puntos fuertes que seguro que los tienes.

Enriquece tu autoconcepto

  • No solo eres un cuerpo.
  • Tu autoconcepto está formado por tu aspecto físico, pero también por otras áreas como el modo en que te relacionas con los demás; tu personalidad; cómo te perciben los demás; tu rendimiento en los estudios y/ o trabajo; la forma en que funcionas en el día a día; tus capacidades mentales, tu inteligencia; tu sexualidad, etc. Analiza cómo se encuentran esas áreas en tu vida actual y enfócate en enriquecerlas.

Tu cuerpo no limita tu vida

Es posible que sientas miedo de exponerte a estar en traje de baño por temor a qué podrían pensar los demás.

En estas ocasiones puedes estar tentada o tentado a no ir a determinados eventos o a privarte de algo que te gustaría hacer.

Otras veces es posible que decidas acudir, pero los mensajes negativos que esperas recibir o los que ya te estás enviando tú, te impiden disfrutar de la situación, lo que aumentará la posibilidad de que en un futuro no vayas de nuevo.

Intenta focalizarte en lo positivo del momento, lo bien que lo pasas, lo bonito del lugar, lo agradable de la compañía, etc. y luego registrar en un cuaderno.

Coge el bikini

Vete a la playa, piscina, río, donde sea que te apetezca ir.

Ponte crema solar por todas partes.

Disfruta.

Si te sientes identificada o identificado con lo hablado en este post y te está generando un malestar que no sabes cómo manejar, en Quiero Psicología podemos ayudarte a ello.

Que este verano no sea uno malo.