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Por qué la terapia no sirve sin continuidad

Afortunadamente, la salud mental va teniendo cada vez más visibilidad e importancia para las personas. Aunque cuidar de nuestra salud mental no siempre implica iniciar un proceso terapéutico, muchas personas acaban por buscar ayuda profesional, habiendo pasado un espacio de tiempo en el que se ha contemplado la idea o se han buscado profesionales. De estas personas, existe un porcentaje de personas que recurren a profesionales, lo hacen de una forma ineficaz, desde el desconocimiento mayormente, que puede ser perjudicial: desmotivando a la persona hasta que incluso descarte la opción de pedir ayuda, estigmatizando, aumentando el sentimiento de desesperanza respecto a sus problemas, posponiendo un aspecto de autocuidado esencial, etc.).  Por ello, te daremos unas pocas pistas que pueden romper mitos acerca de la frecuencia de la terapia.

Con una sesión me vale

Aunque puedas salir muy contento o con ciertas herramientas a corto plazo de la primera sesión, esto no equivale a una terapia: Una terapia implica un proceso terapéutico con una evaluación e intervención, que por supuesto no puede darse en una sesión (especialmente si no es de 1 hora).

La primera sesión sirve especialmente para averiguar si te sientes cómodo con tu terapeuta y con el tipo de terapia que practica.

Haber puesto en práctica esas herramientas es muy buena señal de que estás motivado para tu terapia y posiblemente de que te sientas a gusto con tu terapeuta, así que ¡enhorabuena! Sigue con tu proceso y aprovecha ese impulso de energía y ánimo, y no te dejes llevar por la emoción del momento que te dice que ya todo está bien. Si aun así sientes que el problema era algo muy puntual y está solucionado, comunícalo a tu terapeuta y espera a ver si esos cambios se mantienen: la terapia no es milagrosa, pero no se puede tampoco subestimar el efecto que tiene sentirnos escuchados, validados y con la confianza de poder enfrentarnos a situaciones y emociones complejas.

Voy cuando lo necesito

Aunque no todos los procesos terapéuticos son iguales, sí que es fácil observar cómo este proceso no suele implicar una mejora de forma lineal nuestro estado de ánimo: existen altibajos, similares a lo que ocurre fuera de las sesiones. Esto puede llevar de forma impulsiva a “volver” a terapia cuando nos sentimos mal, sin aprender a gestionar esos altibajos, sino con intención de “quitarlos”.

De esta manera, la terapia se convierte en intentar apagar fuegos, en vez de poder averiguar que los genera para estar mejor a largo plazo, impidiendo un aprendizaje sostenible.

Además, cuando se recurre a las sesiones de esa forma tan poco constante, es difícil poder trabajar de forma continuada un mismo problema (ya que pueden suceder muchos eventos nuevos en nuestra vida) y estando a un nivel que permita el aprendizaje (teniendo una intensidad emocional muy alta, bajar la intensidad para poder gestionar la emoción puede ser la prioridad).

Si solo vas al gimnasio una vez para fortalecer, a pesar de que hagas mucho en ese entrenamiento, esto no tendrá efectos, y es probable que te lesiones o tengas tantas agujetas que no puedas, ni quieras, continuar con tu objetivo.

«Es que no tengo dinero /tiempo»

Si la frecuencia tan irregular se debe a complicaciones económicas, coméntalo con tu terapeuta para que podáis encontrar una frecuencia que te sea cómoda a la vez que eficaz, se entiende que la terapia es un esfuerzo económico y la idea es poder facilitarla en la medida de lo posible. Si se trata de complicaciones debido a poco tiempo libre u horarios cambiantes, la mayoría de los terapeutas tenemos en cuenta la variabilidad del horario laboral de muchos (si además se tienen varios trabajos y/o labores domésticas), pero puedes comentarlo para definir la disponibilidad que es más recurrente para las sesiones (y confirmar solo entre dos opciones) o en la que cuando podréis definir la sesión (según te entreguen tus horarios, por ejemplo) y puedes considerar la opción de poder tener sesiones online, especialmente para ahorrar tiempo en desplazamientos. Ir a terapia es una inversión de tiempo, no es fácil, pero tu bienestar lo merece.

“Vengo porque me lo ha pedido mi pareja/familia”

En este tipo de casos, hablamos de personas, que si bien hacen un esfuerzo por una persona o tras ultimátums porque quieren conservar la relación que sea, no están inherentemente motivadas en la terapia. Esto no quiere decir que no pueda haber una reflexión posterior y que luego se encuentren motivados, pero los cambios en terceras personas no pueden ser objetivos del proceso terapéutico (“quiero que mi expareja vuelva conmigo, o vea que estoy mejor”): si no eres tú la persona que quiere conseguir un cambio, el esfuerzo no suele ser ni fácil, ni fructífero.

Una variante de esta idea es venir para “ser feliz”, y, aunque es una idea que se promueve mucho en la sociedad, es un concepto idealista que es importante redefinir en términos cuantificables y personales.

Si se busca eliminar las emociones o situaciones desagradables, es probable que la terapia se abandone, puesto que es una parte importante de ella aprender a sentir de forma segura y gestionar lo que solemos evitar de forma intuitiva, pero acaba siendo perjudicial.

Si te decides a iniciar tu proceso terapéutico, de forma seria y para tu crecimiento y bienestar, estaremos encantadas de poder ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Detox de redes sociales

Las redes sociales son actualmente una forma de comunicarse con las personas de nuestro entorno, de aprender, de entretenerse, de informarse sobre lo que está pasando en el mundo, e incluso de crecer y relacionarse profesionalmente para algunas personas.  Pero también puede convertirse en una forma de escapar de nuestro día a día y de recibir información (no siempre positiva) de manera indiscriminada y constante. Aunque no fuera tu intención inicial, seguro que te has encontrado invirtiendo más tiempo del que querías en las redes sociales e incluso posponiendo o dejando de hacer tareas o planes por haber estado “scrolleando” en las redes sociales.

Es importante tener en mente que toda conducta en exceso y realizada de forma automática puede ser desadaptativa. Las redes sociales están especialmente diseñadas para enganchar al usuario, así que recuerda que no tiene tanto que ver con que tú lo estés haciendo mal: se trata de hacer un uso responsable y consciente de tu tiempo. Además, puede que hayas notado que tu concentración y capacidad de atención hayan podido disminuir por todo ese tiempo recibiendo estímulos repetidamente. Esto no es necesariamente malo, pero puede que ocasionalmente necesites estar concentrado o ser más paciente, y esto no esté ayudando: es importante tener tolerancia a la frustración y al aburrimiento. Para ello, a veces necesitamos un tiempo de “desintoxicación” de las redes sociales, para poder volver a ellas de forma consciente. Aquí te daremos un par de consejos para poder hacerlo.

Pararse a reflexionar

Para tener una visión más objetiva de tu uso de las redes sociales:

1. Haz una lista de todas las redes sociales que utilizas (y si puedes especificar, si lo haces a través del teléfono, ordenador, etc.).

2. Si las usas en tu smartphone, averigua cuanto tiempo inviertes diariamente en ellas. Normalmente, tu teléfono registra estos tiempos, puede que te sorprenda, pero es un dato importante para poder tenerlo en cuenta.

3. Reflexiona qué te aporta realmente cada una de las redes sociales que usas (negativo y positivo) e intenta definir con qué fin quieres usar realmente cada una (informarte en canales oficiales, hablar con personas específicas, aprender recetas, etc.). Si hay alguna que consideras que no quieres utilizar más, valora desinstalar la aplicación, desactivar la cuenta, o solo utilizarla a través de un dispositivo que no sea el habitual (por ejemplo, el ordenador que tienes en casa).

4. Según los tiempos que has visto en tu teléfono, intenta determinar cuanto quieres estar en las redes sociales: aunque quieras que sea mucho menor, es preferible empezar con pequeños cambios. Si utilizas las redes sociales para promocionarte o relacionarte laboralmente, intenta acotar el uso a tiempos específicos: por ejemplo, de 10 a 11 puedo mirar Instagram, pero solo responder a posibles clientes y de 11 a 12 a publicar contenido.

Pequeños cambios

Si has decidido, tomarte un tiempo de las redes sociales de forma más radical, pon una fecha para valorar volver a ellas (si es lo que quieres), comunícaselo a las personas que te importan o a aquellas con las que solo te comuniques a través de las redes sociales, para que tengan una forma alternativa de comunicarse contigo, si así lo deseas.

Si has decidido, reducir el tiempo, pon en marcha las siguientes pautas:

  • No tengas conversaciones paralelas a través de diferentes plataformas con la misma persona. Puede ser útil comunicárselo a tu entorno cercano, para que compartan información importante a través de mensajes, llamadas o un canal que no sea una red social como tal (Whatsapp, Telegram, etc.).
  • Limita el tiempo de uso de cada red social, gracias a la herramienta de control parental que tienen los teléfonos, o asocia cada red social a un momento y situación especifico. Algunas personas incluso desactivan los datos de conexión o Wi-Fi durante periodos de tiempo en su día.
  • Cambia de lugar en tu teléfono el icono de la red social, para evitar entrar de manera automática en momentos de aburrimiento.
  • Limita físicamente el acceso a los dispositivos en tu día a día, especialmente al levantarte y antes de acostarte. Esto evitará ese uso inconsciente que a veces se hace de las redes sociales, además de empezar o acabar el día sin una estimulación tan potente.
  • Intenta realizar actividades agradables que no estén relacionadas con dispositivos electrónicos o que impliquen desconectar de ellos, como por ejemplo estar físicamente con tus amistades, pareja, o familiares, realizar actividades físicas o planes fuera de cada o estar en lugares donde no tengas cobertura.

Como cualquier cambio en nuestros hábitos, y especialmente si estos son habituales y reforzados por la sociedad y nuestro entorno cercano, puede ser complicado inicialmente y generar muchas emociones de frustración, tristeza, soledad, irritabilidad o ansiedad. Date tiempo para tolerar esas emociones. Si necesitas ayuda gestionando las redes sociales o estas emociones, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte.

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¿Has perdido recientemente a una amiga?

Seguro que muchas de nosotras hemos pasado por una ruptura sentimental y sabemos que una ruptura de una pareja puede ser un proceso emocionalmente difícil, una experiencia dolorosa y traumática, independientemente de quién tomó la decisión de terminar la relación. Es normal sentir una amplia gama de emociones durante una ruptura, incluyendo tristeza, ira, confusión, frustración y soledad.

Sin embargo, es cierto que en la sociedad no se habla tanto sobre la pérdida de una amiga como se habla sobre la pérdida de un familiar o de una pareja. Esto puede deberse a varios factores, como la idea de que las amistades no son tan importantes como otras relaciones, la falta de comprensión sobre lo que significa perder una amiga y la idea errónea de que las amistades son más superficiales o menos duraderas que otras relaciones.

No obstante, la pérdida de una amiga puede ser tan significativa y dolorosa como la pérdida de otros tipos de relaciones. Las amistades pueden ser profundas, duraderas y tener un gran impacto en nuestras vidas. Desde otros modelos relacionales, como por ejemplo la anarquía relacional, las amistades son vistas igual de valiosas y significativas, que las relaciones de pareja, en las que se puede encontrar apoyo emocional, compañía, diversión, conexión, intimidad y complicidad.

Es importante hablar sobre este tipo de pérdidas y reconocer su importancia, de esta forma podemos ayudar a las personas a sentirse comprendidas y apoyadas, y también podemos promover una mayor comprensión sobre la importancia de las amistades en nuestra vida. Además, al igual que en otros tipos de duelo, puede haber diferentes etapas o fases, que varían de persona a persona.

  • Negación: En esta etapa, es común que se niegue la pérdida o se tenga dificultades para aceptar que la amistad ha terminado. Puede haber pensamientos como «esto no puede estar sucediendo» o «tal vez las cosas puedan arreglarse».
  • Ira: En esta etapa, puede haber sentimientos de ira o frustración hacia la otra persona, hacia uno mismo o hacia la situación en general. Se pueden tener pensamientos como «¿cómo pudo hacerme esto?» o «esto no es justo».
  • Negociación: En esta etapa, se pueden hacer promesas o compromisos para intentar recuperar la amistad. Se pueden tener pensamientos como «tal vez si cambio algo, podremos volver a ser amigos» o «voy a intentar hablar con él/ella para arreglar las cosas».
  • Depresión: En esta etapa, se pueden experimentar sentimientos de tristeza, soledad o desesperanza. Pueden aparecer pensamientos como «nunca volveré a tener una amistad como esa» o «no puedo creer que haya perdido a mi mejor amigo/a».
  • Aceptación: En esta etapa, se comienza a aceptar la pérdida y se empieza a buscar formas de seguir adelante. Pueden aparecer pensamientos como «tal vez no podemos ser amigos, pero puedo encontrar otras personas con las que conecte» o «voy a enfocarme en otras áreas de mi vida».

Desde Quiero psicología, queremos brindar una serie de recomendaciones que pueden ayudarte si estas atravesando un proceso similar.

  • Permítete sentir tus emociones: Es normal sentir dolor, tristeza y enfado después de perder a un amigo, permítete sentir y procesar tus emociones.
  • Cuida de ti misma y dedícate tiempo: duerme lo suficiente, haz ejercicio y come bien. Dedica tiempo para hacer cosas que te gustan y disfrutar de actividades que te hagan feliz.
  • No te aísles: A veces ante una pérdida, podemos pensar que el mundo es un lugar hostil y que no podemos confiar en nadie, sin embargo, si hacemos esto no dejaremos de reforzar esa idea y no podremos desmontarla.
  • Sé amable contigo misma: Trata de no culparte a ti mismo, a veces hay muchas variables que influyen y sobre todo recuerda que es algo de dos. 
  • Tómate el tiempo que necesitas: No hay un plazo para superar un duelo de amistad. No te sientas presionada para «superarlo» rápidamente.

Sin embargo, si sientes que ya nada tiene sentido, que has descuidado otras áreas de tu vida y que no puedes tu sola, no dudes en buscar ayuda profesional, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte.