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No quiero sentir ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones estresantes. A pesar de ello, generalmente no es agradable sentir ansiedad, especialmente si esta respuesta se vuelve excesiva o persistente, interfiriendo en nuestra vida. En este artículo, exploraremos las pautas para manejar la ansiedad y examinaremos algunas posibles causas que contribuyen a su desarrollo.

Entender la ansiedad

La ansiedad es una emoción que todos experimentamos en determinadas circunstancias, como antes de un examen importante o una entrevista de trabajo. Aparece especialmente cuando se da una situación incierta (que no sabemos cómo va a desarrollarse) y que es importante para nosotros, para que podamos estar preparados para ella. Por ello activa nuestro cuerpo y centra nuestra mente en lo relacionado a ese suceso (por ejemplo, pensando en todos los factores que pudiéramos controlar de una entrevista: la ropa, el CV, como llegar, etc.).

 Algunos síntomas comunes de la ansiedad incluyen la preocupación constante, la tensión muscular (dolores de cabeza, contracturas, rigidez muscular), los problemas de sueño y falta de apetito, inquietud motora, dificultad para concentrarse, bruxismo… Sin embargo, cuando la ansiedad se vuelve crónica y afecta nuestra calidad de vida, es importante buscar formas de manejarla.

Posibles causas de la ansiedad

  • Factores biológicos: Algunas personas pueden ser más propensas a desarrollar ansiedad debido a diferencias en la química cerebral o en la forma en que su cuerpo maneja el estrés, así como su balance hormonal (por ejemplo, las hormonas durante el ciclo menstrual, la falta de vitaminas…).
  • Experiencias traumáticas recientes o actuales: Haber vivido o estar viviendo experiencias traumáticas, como abusos, violencia, enfermedades graves o fallecimientos cercanos, contribuyen a la sensación de peligro y activación constante, que puede empeorar los síntomas de ansiedad.
  • Factores Ambientales y estilo de vida: Un trabajo muy demandante o estresante, una situación económica ajustada que supone un estrés constante, cambios importantes en la vida (como una mudanza o incluso un embarazo) y el consumo excesivo de sustancias como el alcohol, drogas o cafeína pueden desencadenar o empeorar la ansiedad.
  • Problemas en relaciones sociales importantes: Una relación conflictiva o que simplemente está pasando por un mal momento con tu pareja, padres o amistades cercanas puede provocar mucha ansiedad.
  • Rasgos de personalidad: Si una persona tiene rasgos más marcados, como la autoexigencia, el perfeccionismo o el control, es fácil que pequeños estímulos o situaciones ajenas puedan generar mucha ansiedad.

Pautas para manejar la ansiedad

  1. Reconoce y acepta: Hemos explicado que es una emoción adaptativa y natural, no te juzgues por sentir ansiedad, permítete experimentarla y reconoce que no te define como persona. Intentar controlarla, solo aumentará los síntomas y será más frustrante.
  2. Practica técnicas de relajación: Puedes probar con técnicas accesibles como la meditación, ejercicios de mindfulness, yoga, la respiración profunda o visualizaciones guiadas (descritas después) o simplemente con sonidos relajantes. Así aprenderás a centrarte en tu cuerpo sin juzgar las sensaciones y generarte una sensación de calma. La respiración profunda es una técnica simple (existen varios tipos de ejercicios) que no quita la ansiedad, pero reduce los síntomas. Siéntate en una posición cómoda, cierra los ojos y concéntrate en la respiración: Inhala por la nariz, sintiendo cómo se expande tu abdomen, retén el aire unos segundos y luego exhala muy lentamente por la boca, contrayendo el abdomen “hasta vaciarte”; y repítelo varias veces. La visualización guiada: Se trata de imaginar escenas relajantes y tranquilas (conocidas o imaginadas), existen audios y vídeos que pueden facilitarte el ejercicio. Cierra los ojos y visualiza un lugar tranquilo, como una playa o un jardín. Imagina todos los detalles, como los sonidos, los olores y las sensaciones táctiles.
  3. Mantén un estilo de vida saludable: Encuentra una actividad física que disfrutes (caminar, correr o cualquier otra forma de ejercicio) y dedícale al menos 30 minutos al día, busca tener una dieta con alimentos nutritivos de forma equilibrada y establece una rutina de sueño estable.
  4. Autocuidado y emociones agradables: Busca que tu horario incluya actividades agradables para reponer tu energía y reducir la ansiedad. Enfocarte de manera consciente en emociones agradables también puede ser muy beneficioso. Por ejemplo, empieza un diario de gratitud, donde cada día, escribas tres cosas por las que te sientas agradecido (cosas pequeñas como una conversación divertida o un paisaje bonito que has visto).
  5. Establece límites y prioridades: A menudo, nos sentimos abrumados por una lista interminable de tareas, identifica las tareas más importantes y delega o elimina aquellas que no son urgentes o necesarias. Asimismo, pon límites a las personas que supongan estresores para ti.
  6. Busca apoyo social y profesional: No tengas miedo de pedir ayuda y compartir tus preocupaciones con personas cercanas que puedan brindarte una perspectiva diferente o ayudarte delegando en ellos. Si tienes varios factores de los anteriormente mencionados o un problema subyacente, estas pautas podrán aliviar los síntomas, pero un trabajo más profundo con un profesional será necesario. Desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar la ansiedad y adquirir habilidades para ello.
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Creo que soy una persona fría

¿Alguna vez alguien de tu círculo cercano ha mencionado (ya sea en tono de broma o de crítica) que eres una persona emocionalmente fría o distante? Puede que no estés de acuerdo, puede que sea algo que veas, pero no quieras cambiar sobre ti mismo, o puede que te hayas parado a reflexionar sobre ello más tarde y sí te gustaría poder cambiarlo. Aquí, aclararemos un poco qué significa ser frío, las desventajas y como poder trabajarlo.

¿Soy una persona fría? 

  •  Tienes dificultad para expresar tus emociones a los demás, incluso aunque sean emociones agradables, no solo verbal, sino que físicamente también. Es posible que te sientas incomodo haciéndolo por la presencia y reacción de los demás, o que también sientas esa incomodidad en tu intimidad.
  •  Mantienes una distancia emocional: Evitas conversaciones o situaciones que impliquen sentimientos profundos (tuyos o de los demás), prefieres tener “conocidos” antes que amistades donde haya confianza, mantienes esa barrera también a nivel físico.
  •  Falta de empatía: Te cuesta ponerte en el lugar de la otra persona, no entiendes si reaccionan diferente a como tú lo harías, las personas emocionales te generan incomodidad o rechazo.
  •  Control emocional excesivo: Intentas desvelar lo menos posible sobre cómo te sientes, evitando mostrar cualquier signo de vulnerabilidad o debilidad.

Las emociones son una parte integral del ser humano, nos guían, hacen crecer y conectan con los demás a un nivel más profundo. Sin embargo, no todos las experimentamos igual, ni todos tenemos la misma capacidad para conectar, así que aceptar que somos diferentes es importante para no buscar ser como los demás, ya que es difícil pasar de ser una persona más distante a ser extremadamente afectuosa: ¡no vas a dejar de ser tú!

Posibles razones detrás de la frialdad emocional

  •  Experiencias traumáticas en el pasado, como abuso emocional (especialmente relaciones abusivas prolongadas), físico o sexual o pérdidas significativas, pueden llevar a una persona a cerrarse emocionalmente como mecanismo de defensa: Se asocian emociones intensas como el dolor y miedo a la intimidad emocional, por lo que se evitan esas situaciones o incluso la posibilidad de que ocurran. Algunas personas pueden llegar hasta disociarse de esa parte emocional, para protegerse.
  •  Apego evitativo: Si has crecido sintiendo que no podías expresar tus emociones o se invalidan, es posible que hayas desarrollado un apego que haga que consideres tus emociones como irrelevantes, desbordantes o peligrosas, aprendiendo a reprimirlas.
  •  Falta de Habilidades emocionales: Si has crecido en un entorno poco emocional, es fácil que no sepas identificar y expresar emociones, y no quieras o sepas conectar.
  •  Rasgos de personalidad: Si una persona tiene tendencias narcisistas o antisociales pueden tener dificultades para conectarse emocionalmente con los demás.

¿Se puede cambiar?

Cambiar no es fácil, rápido, ni cómodo, pero no puedes evitar sentir o que los demás sientan, y no conectar emocionalmente facilita que experimentes frustración, soledad, indefensión… Es más, conectar emocionalmente tiene muchos beneficios como aumentar la calidad de nuestras relaciones sociales (especialmente el apoyo y la comunicación saludable), lo que mejora el bienestar físico (mejora el sistema inmunológico, aumenta la esperanza de vida…) y mental (disminuye el riesgo de sufrir síntomas como ansiedad y depresión, aumenta nuestra capacidad de resiliencia, proporciona un sentido de aceptación, seguridad y pertenencia…). Puedes probar con los siguientes pasos:

  •  Autoexplórate: Reflexiona sobre tus emociones y las posibles causas de tu frialdad.
  •  Reconoce y expresa tus emociones: Intenta identificarlas, permítete sentirlas y experimentarlas sin juzgarlas. Después, intenta hablar con alguien de confianza, mantener un diario emocional o explorar otras formas de expresión artística, como escribir o pintar.
  •  Practica la empatía: Intenta prestar atención en cómo se sienten los demás y comprender sus perspectivas, desde la curiosidad y amabilidad (¡preguntar y asumir que no sabes qué decir o hacer está bien!
  •  Practica la comunicación emocional (y asertividad): Intenta integrar como te sientes en conversaciones con personas de confianza, para sentirte más seguro hablando de emociones de manera clara y respetuosa. ¡Sé amable contigo y ve poco a poco!
  •  Autocuidado y manejo del estrés: Para poder sentir y expresar de forma más sana, es importante que te cuides con actividades agradables y estableciendo límites. También que aprendas a relajarte y manejar la ansiedad, ya que niveles muy altos pueden fomentar esa frialdad (practica yoga, meditación, técnicas de relajación…)
  •  Busca apoyo y ayuda profesional: apóyate en tu círculo cercano (puedes verbalizar que estás trabajando en ello), y si notas que prefieres un acompañamiento profesional, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte.
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Mi familia no me acepta como LGTBIAQ+

Contar con el apoyo de la familia cuando se pertenece al colectivo LGTBIAQ+ puede tener un impacto significativo en el bienestar y la calidad de vida de una persona de diferentes formas:

  • Autoaceptación: La aceptación y el apoyo de la familia pueden ayudar a las personas LGTBIAQ+ a desarrollar una mayor autoaceptación. Sentirse amade y valorade por quienes son puede fomentar una imagen positiva de sí mismes y fortalecer su autoestima.
  • Reducción del aislamiento: El apoyo familiar puede ayudar a contrarrestar el sentimiento de aislamiento que a menudo experimentan las personas del colectivo. Saber que tienen un sistema de apoyo sólido en su familia puede brindarles la seguridad y la conexión necesarias para enfrentar los desafíos y las situaciones adversas que puedan surgir.
  • Salud mental y bienestar general: Al contar con un ambiente de apoyo en el hogar, se reduce el riesgo de desarrollar problemas de salud mental, como la depresión o la ansiedad, entre otras.

Sin embargo, es importante destacar que el apoyo familiar puede variar en cada situación. No todas las familias son capaces de brindar apoyo inmediato y algunas pueden requerir tiempo para comprender y aceptar plenamente la orientación o identidad de sus seres queridos.

Pero ¿qué hago cuando mi familia no me acepta?

El hecho de que tu familia no acepte tu identidad LGTBIAQ+, puede ser muy difícil de manejar, sin embargo, aquí te damos algunas sugerencias para lidiar con ese rechazo.

  • Busca apoyo externo: Busca sostén en la comunidad LGTBIAQ+, grupos de apoyo, organizaciones, compañeres y personas que pertenezcan al colectivo. Compartir tus experiencias con personas que hayan pasado por situaciones similares puede brindarte consuelo y sentimiento de pertenencia.
  • Encuentra recursos y servicios: Investiga y busca recursos y servicios disponibles para personas LGTBIAQ+, como terapeutas especializados en identidad de género y orientación sexual. El apoyo profesional puede ayudarte a enfrentar los desafíos emocionales y proporcionarte herramientas para afrontar la situación familiar.
  • Establece límites saludables: Si la relación con tu familia se vuelve tóxica o perjudicial para tu bienestar, es importante establecer límites saludables para protegerte emocionalmente. Puedes establecer límites en cuanto a las conversaciones o los temas que se traten, o incluso limitar el contacto si es necesario.
  • Busca un buen círculo social: Apóyate en compañeres, amigues y/o pareja que te brinden aceptación y apoyo incondicional. Afortunadamente, podemos crear nuestra propia familia.
  • Sé paciente y cuida de ti misme: Aceptar y lidiar con la falta de aceptación familiar lleva tiempo. Sé paciente y compasive contigo misme y permítete sentir y procesar tus emociones.

Recuerda que mereces amor, aceptación y respeto, tal como eres.

Aunque sea difícil enfrentar la falta de aceptación familiar, no estás sole y hay personas y recursos disponibles para brindarte apoyo. En caso de que esta situación se te haga cuesta arriba, pide ayuda, en Quiero psicología, estaremos encantadas de ayudarte.