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¿Cómo tener vínculos sanos?

¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva hace referencia a ser consciente del impacto emocional que tienen nuestros actos en la otra persona, y de actuar acorde a ello, en una relación (ya sea de pareja, de amistad o de cualquier otro tipo). Esto quiere decir que uno asume la responsabilidad de, no solo ser consciente y regular sus propias emociones, sino de comunicar de forma sincera y respetuosa, teniendo en cuenta el efecto que tenemos en la otra persona. Este término surge a raíz de las diferentes formas de relaciones afectivo-sexuales, para fomentar el buen trato, así como relaciones equitativas y respetuosas. Somos personas con mundos interiores complejos: emociones, deseos y necesidades que no son accesibles para los demás de manera fácil (no leemos la mente, ni podemos adivinar lo que va a ocurrir, por mucho que conozcamos a una persona), por lo que no podemos actuar sin tener en cuenta esto y sin hacer un esfuerzo consciente de como nos relacionamos.

¿Por qué la gente no suele tener estas herramientas?

A pesar de poder ser empáticos y entender la lógica de no hacer daño a las personas de nuestro alrededor, no hay que menospreciar el esfuerzo que supone ser responsable afectivamente y las habilidades de comunicación y regulación emocional necesarias para poder hacerlo. Existen varios obstáculos, como por ejemplo:

  • Nivel de autoconocimiento y autorregulación: para poder expresar como me siento, hace falta reconocer mis estados emocionales y regularme.
  • Contexto cultural y social: no todos nos hemos criado con la misma cultura y normas sociales, es difícil explicitar como me siento o tener en cuenta las emociones de la otra persona, si he crecido pensando que las emociones son “de débiles” o innecesarias.
  • Nivel de habilidades sociales y de comunicación: es importante tener estas habilidades para que la propia comunicación o interacción, no genere ansiedad y se pueda transmitir claramente lo que se quiere decir.
  • Emociones intensas o detonantes: Cuando nos enfrentamos a situaciones que detonan estados emocionales muy intensos (ira, miedo, ansiedad…), es complicado regularnos lo suficiente para poder actuar conscientemente.
  • Estrés, problemas de salud mental y física: Si estoy en un momento complicado emocionalmente, es complicado que pueda tener energía mental para poder hacer el esfuerzo de ser responsable afectivamente, o que esta sea mi prioridad.
  • Nuestro estilo de apego: Por la forma en la que hemos sido criados y hemos aprendido a relacionarnos, podemos tender a un estilo de apego más inseguro, que hace más complicado la gestión emocional necesaria en las relaciones. Esto no quiere decir que no podamos mejorar o cambiar nuestras conductas, mediante trabajo terapéutico y experiencias alternativas, pero es importante ser consciente de hacia qué tendemos en una relación y las emociones que nos generan las relaciones.

¿En qué se basa el apego seguro?

Hemos mencionado el estilo de apego inseguro, que puede dificultar la responsabilidad afectiva, aunque se estima que el 60% de las personas tienen un estilo de apego seguro, es fácil poder tener conductas más característicos de otros tipos de pego.

Una persona con un estilo de apego seguro suele tener una visión positiva de los demás y de sí mismos, se sienten seguros a la hora de expresar deseos, necesidades y emociones, y a la hora de resolver conflictos comunicando de forma eficaz y tranquila. Suelen tener un sentido de independencia, pero valoran la intimidad emocional y la cercanía con su pareja (muestras de cariño, atención). Suelen sentir confianza y seguridad en la otra persona, sin que el fin de la relación o el compromiso les impida invertir en la relación.

¿Cómo mantener mis vínculos sanos?

Como hemos comentado, no siempre es fácil ser responsable afectivamente, pero es importante que antes de todo, puedas definir cuales son los vínculos que quieres mantener y en los que quieres invertir. Intenta primero de todo pensar en aquellas personas con las que te sientas validado, cuidado y querido. Seguramente aparezcan personas de forma inmediata y esas personas son los vínculos que posiblemente sean sanos y quieras invertir tiempo en mantener y cuidad y, con las que es importante ser consciente de cómo te relacionas. Posiblemente hayas pensado también en ciertas personas de las que dudes, es decir que sean algo más ambiguas (no siempre te sientas escuchado, cuidado o “abrigado”): estas son las personas con las que es importante que puedas valorar si quieres mantener, y de ser así, que es importante que puedas empezar a hablar de lo que hace que ese vínculo sea ambivalente.

Te dejamos algunos consejos para poder mantener esos vínculos:

Sé accesible: intenta dar espacios para que esa persona pueda hablar de todo, preguntar como está (y no quedarte en “bien”), y estar atento a esta persona, especialmente si verbaliza no sentirse bien (respetando su ritmo, pero demostrando que estás ahí para acompañar y apoyar en lo que necesite).

Intenta no juzgar: aunque sea tentador, intenta no corregir a esa persona sobre cómo se siente o lo que hace, darle instrucciones o consejos (Si no los pide especialmente), o menospreciar lo que haga y como lo haga.

Cuida tu vinculo: dedica tiempo a esa persona y a la relación, e intenta que el afecto que demuestras sea el tipo de afecto que esa persona aprecie (palabras, tiempo, actividades…)

– Hablar de los conflictos: Si algo te molesta, es importante que puedas compartir, sobre todo para que esta persona sepa lo que está ocurriendo y si puede hacer algo para ayudar o evitar que esto ocurre. Recuerda que, si hablamos con alguien de algo que nos molesta, es porque valoramos a esa persona lo suficiente para poder decírselo (¡si no quisiéramos cuidar y mantener ese vínculo, solo nos alejaríamos!)

Y si no sabes cómo hacer este trabajo, en Quiero Psicología estamos preparadas para ayudarte.

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¿A quién llamamos «gilipollas»?

¿Qué queremos decir cuando decimos «este tipo es gilipollas»?

Pues hablando en términos más clínicos y «finos» probablemente es que nos hayamos encontrado con una personalidad desadaptada, si no, incluso puede ser que con un trastorno de personalidad.

¿Por qué?

Verás, cuando nos encontramos con una persona que etiquetamos como «estúpida, gilipollas, egoísta» es que probablemente hace varias cosas de esta lista:

-No ve al otro, es egoísta.

-No tiene flexibilidad para entender otros puntos de vista.

-Tampoco herramientas para intentar empatizar.

-Le gusta tanto su drama que sólo acapara el espacio con su propia historia.

-Es tan rígido que no se adapta a nada, quiere que todo sea como él o ella piensan que debe ser, no tolera que sea de otra manera.

-Has llegado a pensar que no entiende el mundo que le rodea, vamos, que vive tanto en su propia realidad que no entiende cómo funciona de verdad el mundo.

¿Has visto a alguien en esta descripción?

Todo lo que he puesto son características de una personalidad desadaptada ¿y qué es eso? pues te lo explico:

Todos nacemos con un temperamento, es decir, si de bebés somos más tranquilos, más llorones, más activos, más pasivos, etc. Por eso los padres te dirán que «es que este niño ya era nervioso hasta de bebé».

Pero lo más importante es cómo nuestra educación, padres, profesores, etc nos van modulando y las herramientas que aprendemos a utilizar para relacionarnos con los demás (que dependerán de cómo sean las personas que me han rodeado al crecer) y a estas herramientas, que se «solidifican» en lo que llamamos personalidad sobre los 16-18. Un ejemplo: si has aprendido que te prestan muchísima atención y cariño cuando sacas buenas notas probablemente has tendido a ser el más estudioso, el que mejor lo hacía, etc (incluso si no te prestaban especial atención pero esto sí que te grabaron «que lo tenías que hacer» o te castigaron horrible cuando fallabas).

Si tus padres o el entorno ha sido medianamente «sano» (que no perfecto) tus rasgos de personalidad se «adaptaran» al mundo que te rodea, por ejemplo puedes tender a ser cabezota pero sí saber ver otros puntos de vista, o puedes tender a ser un poco más dramático pero bajas tu drama cuando es necesario ayudar a quien quieres.

¿Qué pasa si el entorno no fue sano o esa persona tuvo muchos traumas?

Pues que los rasgos de personalidad se exagerarán, serán tan fuertes, rígidos e inflexibles, que ya sólo vivirás pensando que ese mundo que tienes en la cabeza es el real y verdadero. Por ejemplo, no sabrás bajar tu drama y te parecerá que lo tuyo siempre siempre (da igual la situación o la urgencia es más importante) es lo central, o te parecerá que todo el mundo viene a engañarte todo el tiempo (aunque no sea así), etc.

Para que sepas distinguir un poco estos rasgos te pongo en nivel super resumido los distintos que hay, cuidado, esto es una cuestión de nivel, es decir, cuánto del rasgo tengo, puedo tener una tendencia (y ser medianamente sano), o puedo ya tener una personalidad desadaptada, o en su extremo el trastorno de personalidad:

El obsesivo:

Tienden a ser más rígidos, tienen ideas muy fuertes de cómo deberían ser las cosas y siempre quieren tener la razón, se planifican con detalle, se hacen listas y les gusta el orden y la limpieza, lo suyo es la productividad, quieren que todo sea efectivo. Se les definirá como los cabezotas.

El codependiente o cuidador:

No se preocupa de sí mismo porque vive de cara a los demás, cuidándolos o estando todo el tiempo pendiente de lo que necesitaría el otro. Pueden llegar a ser totalmente controladores y estar todo el tiempo encima diciéndote cómo debes hacer las cosas o incluso anticipándose a tus necesidades sin que se lo hayas pedido y te hagan sentir culpable por ello.

El paranoico:

Esto es lo mismo que desconfiado. Siempre está pendiente de los demás porque cree que le van a engañar, que le van a hacer daño o que las gente que se acerca lo hace para aprovecharse. Tiende a aislarse. Su frase favorita es: «mira lo que me ha dicho fulanita…»

El esquizoide:

Es que «va a su bola», «si le pinchas no sangra». Son personas excesivamente independientes, sólo les importa lo que ellos quieran en ese momento, no por egoísmo maligno sino porque como su emoción no es intensa (es mucho menos intensa que la media) pues no les duelen igual las cosas. Por ejemplo pueden crear lazos contigo y destruirlos sin parpadear y sin entender por qué te duele tanto. Se les ve como magníficos porque no necesitan a nadie pero en realidad no crean vínculos reales. Podría ser la típica persona que juega a videojuegos todo el día o hace actividades muy solitarias.

El narcisista:

Este es casi unos de los perfiles a los que más identificaremos como «gilipollas». Es el egoísmo puro, se tienen en muy alta estima, son creídos y arrogantes, creen que sólo por el hecho de ser ellos tienes que hacerles caso y atenderles. En la exageración del rasgos ya serán psicópatas y disfrutarán haciendo daño. Suelen ocupar puestos de poder en empresas, política, etc.

El histriónico:

Como bien dice la propia palabra lo que quieren es llamar la atención, quieren ser el centro, se pueden considerar «especiales» y suelen tener un aspecto muy exagerado, por ejemplo muchos maquillaje, ropa de colores fuertes o un «rollo» muy definido, por ejemplo ser una persona iluminada y espiritual (y sentirse super especial por ello) o una gurú de youtube, etc. Su especialidad suele ser relacionarse con los demás por la sexualidad, seduciendo. Suelen un poco «fantasmas».

El límite:

Eso es lo que hemos llamado en términos coloquiales el «bipolar» (que bipolar no es esto, pero así lo decidió el lenguaje coloquial). Lo mismo hoy te quieren que mañana te odian, lo mismo hoy tienen una autoestima maravillosa que mañana se han hundido, lo mismo eres su super amiga que mañana tienen un enfado fortísimo por cualquier tontería y te han bloqueado de todas las redes. Son lo impredecible. Vives a su lado como si caminaras sobre ascuas sin saber cuándo te vas a quemar.

Ten en cuenta que todos estos rasgos pueden combinarse entre sí, por ejemplo puedes ser bastante obsesivo y un poco paranoico, u obsesivo y cuidador, etc. No son excluyentes, los rasgos son herramientas que hemos cogido para adaptarnos a las personas que nos rodeaban y por lo tanto podemos tener muchas.

¿Has visto a alguna persona que te rodea y que te está haciendo la vida imposible?¿Querrías saber cómo manejarla?¿te has reconocido a ti mismo? Pues acude a nosotras. En Quiero Psicología somos expertas en estos temas.

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Estilos de apego: los nuevos horóscopos

La divulgación científica es cada vez más prolija y accesible gracias a las redes sociales. Así como en estos últimos años, más desde la pandemia COVID-20, la salud mental acapara la atención de una sociedad, cada vez más ocupada en conocerse y cuidarse.

Nos encontramos a menudo que para llegar a esa parte de la población y engancharla en contenido teórico psicológico, se están recurriendo a ejercicios muy similares a los utilizados por los horóscopos.

¿Os suena el EFECTO FORER (Te lo explicamos aquí)? Consiste en identificarse con una descripción genérica, ambigua, inespecífica y que por ende podría ajustarse a la mayoría de la población. Si damos enunciados vagos, coherentes con la mayoría de circunstancias y contenido inespecífico, es muy probable que la gran mayoría de nosotros nos atribuyamos la descripción y estemos de acuerdo con ello.

Pero es que mi horóscopo me describe perfectamente: “Claro que sí Wapi”, pero esto ocurre como consecuencia del efecto de la PROFECIA AUTOCUMPLIDA. Esto se da cuando una predicción, nos genera una expectativa y adaptamos nuestro comportamiento para cumplir esa expectativa, por consiguiente, la probabilidad de que esa predicción se cumple aumenta. Esto va a reforzar que demos por válida la fuente desde donde se nos anuncio esa predicción.

Con los ESTILOS DE APEGO, venimos observado que esta sucediendo un proceso similar al explicado. Cuando leemos:

Apego seguro:

  • Afronta los conflictos
  • Expresa sus sentimientos y necesidades
  • Disfruta del tiempo en pareja y del tiempo sin ella
  • Crea relaciones de independencia

Apego evitativo:

  • Evita los conflictos
  • No suele expresar lo que piensa o siente
  • Valora más el tiempo propio que el tiempo en pareja
  • Miedo o dificultades ante el compromiso

Apego ansioso:

  • Vive los conflictos con mucha angustia
  • Antepone las necesidades de las demás personas a las suyas
  • Compartir todo el tiempo en pareja se vuelve su prioridad
  • Suele crear relaciones de dependencia
  • Teme de forma excesiva el abandono

Apego Desorganizado

  • Vive los conflictos de forma dramática e histriónica
  • Desconfía de las personas que le rodean
  • Teme vincularse con otres por miedo a salir heride o defraudade
  • Sus relaciones se caracterizan por la inestabilidad
  • Ambivalencia, temor al abandono, pero incapacidad para intimar.

Verdad que leyendo esto, ¿os habéis reconocide en algún estilo de apego, o habéis identificade a alguna de las personas con las que creáis vínculos?.

Primero, el ESTILO DE APEGO hace referencia al vínculo afectivo que se establece entre niñe y cuidadore. Esto repercute en el desarrollo de nuestro cerebro, condiciona nuestro sistema nervioso autónomo y desarrolla la manera en que nos vemos a nosotres mismes, a otres y al mundo.

Lo reseñable, si llegais hasta aquí, es que aceptar esto sin un análisis y reflexión, os haría aceptar los estilos de apego, al igual que aceptamos nuestro signo del zodiaco. Entonces, que hago si me interesa conocer cual es mi estilo de apego y como eso influye en mis relaciones.

Acude y conversa con tu psicóloga/o/e de confianza, desde el acompañamiento, podrás reconocer y romper patrones de relaciones que no deseas repetir. Con ello estarás trabajando en el cambio sobre la forma en que vinculamos.

Puedes empezar por abordar tus propias necesidades, priorizar el autocuidado, marcar límites. Puede parecer que creencias profundas sean difícilmente modificables, pero todo lo que se aprende es susceptible de desaprenderse.

Acude a nosotras si buscas una relación sana que se base en:

  • Autonomía emocional
  • Saber poner límites
  • Saber comunicar necesidades
  • Desarrollo de una sana autoestima y confianza en une misme
  • En caso de ruptura saber seguir adelante, generar nuevos vínculos