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Creo que soy una persona fría

¿Alguna vez alguien de tu círculo cercano ha mencionado (ya sea en tono de broma o de crítica) que eres una persona emocionalmente fría o distante? Puede que no estés de acuerdo, puede que sea algo que veas, pero no quieras cambiar sobre ti mismo, o puede que te hayas parado a reflexionar sobre ello más tarde y sí te gustaría poder cambiarlo. Aquí, aclararemos un poco qué significa ser frío, las desventajas y como poder trabajarlo.

¿Soy una persona fría? 

  •  Tienes dificultad para expresar tus emociones a los demás, incluso aunque sean emociones agradables, no solo verbal, sino que físicamente también. Es posible que te sientas incomodo haciéndolo por la presencia y reacción de los demás, o que también sientas esa incomodidad en tu intimidad.
  •  Mantienes una distancia emocional: Evitas conversaciones o situaciones que impliquen sentimientos profundos (tuyos o de los demás), prefieres tener “conocidos” antes que amistades donde haya confianza, mantienes esa barrera también a nivel físico.
  •  Falta de empatía: Te cuesta ponerte en el lugar de la otra persona, no entiendes si reaccionan diferente a como tú lo harías, las personas emocionales te generan incomodidad o rechazo.
  •  Control emocional excesivo: Intentas desvelar lo menos posible sobre cómo te sientes, evitando mostrar cualquier signo de vulnerabilidad o debilidad.

Las emociones son una parte integral del ser humano, nos guían, hacen crecer y conectan con los demás a un nivel más profundo. Sin embargo, no todos las experimentamos igual, ni todos tenemos la misma capacidad para conectar, así que aceptar que somos diferentes es importante para no buscar ser como los demás, ya que es difícil pasar de ser una persona más distante a ser extremadamente afectuosa: ¡no vas a dejar de ser tú!

Posibles razones detrás de la frialdad emocional

  •  Experiencias traumáticas en el pasado, como abuso emocional (especialmente relaciones abusivas prolongadas), físico o sexual o pérdidas significativas, pueden llevar a una persona a cerrarse emocionalmente como mecanismo de defensa: Se asocian emociones intensas como el dolor y miedo a la intimidad emocional, por lo que se evitan esas situaciones o incluso la posibilidad de que ocurran. Algunas personas pueden llegar hasta disociarse de esa parte emocional, para protegerse.
  •  Apego evitativo: Si has crecido sintiendo que no podías expresar tus emociones o se invalidan, es posible que hayas desarrollado un apego que haga que consideres tus emociones como irrelevantes, desbordantes o peligrosas, aprendiendo a reprimirlas.
  •  Falta de Habilidades emocionales: Si has crecido en un entorno poco emocional, es fácil que no sepas identificar y expresar emociones, y no quieras o sepas conectar.
  •  Rasgos de personalidad: Si una persona tiene tendencias narcisistas o antisociales pueden tener dificultades para conectarse emocionalmente con los demás.

¿Se puede cambiar?

Cambiar no es fácil, rápido, ni cómodo, pero no puedes evitar sentir o que los demás sientan, y no conectar emocionalmente facilita que experimentes frustración, soledad, indefensión… Es más, conectar emocionalmente tiene muchos beneficios como aumentar la calidad de nuestras relaciones sociales (especialmente el apoyo y la comunicación saludable), lo que mejora el bienestar físico (mejora el sistema inmunológico, aumenta la esperanza de vida…) y mental (disminuye el riesgo de sufrir síntomas como ansiedad y depresión, aumenta nuestra capacidad de resiliencia, proporciona un sentido de aceptación, seguridad y pertenencia…). Puedes probar con los siguientes pasos:

  •  Autoexplórate: Reflexiona sobre tus emociones y las posibles causas de tu frialdad.
  •  Reconoce y expresa tus emociones: Intenta identificarlas, permítete sentirlas y experimentarlas sin juzgarlas. Después, intenta hablar con alguien de confianza, mantener un diario emocional o explorar otras formas de expresión artística, como escribir o pintar.
  •  Practica la empatía: Intenta prestar atención en cómo se sienten los demás y comprender sus perspectivas, desde la curiosidad y amabilidad (¡preguntar y asumir que no sabes qué decir o hacer está bien!
  •  Practica la comunicación emocional (y asertividad): Intenta integrar como te sientes en conversaciones con personas de confianza, para sentirte más seguro hablando de emociones de manera clara y respetuosa. ¡Sé amable contigo y ve poco a poco!
  •  Autocuidado y manejo del estrés: Para poder sentir y expresar de forma más sana, es importante que te cuides con actividades agradables y estableciendo límites. También que aprendas a relajarte y manejar la ansiedad, ya que niveles muy altos pueden fomentar esa frialdad (practica yoga, meditación, técnicas de relajación…)
  •  Busca apoyo y ayuda profesional: apóyate en tu círculo cercano (puedes verbalizar que estás trabajando en ello), y si notas que prefieres un acompañamiento profesional, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte.
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Mi familia no me acepta como LGTBIAQ+

Contar con el apoyo de la familia cuando se pertenece al colectivo LGTBIAQ+ puede tener un impacto significativo en el bienestar y la calidad de vida de una persona de diferentes formas:

  • Autoaceptación: La aceptación y el apoyo de la familia pueden ayudar a las personas LGTBIAQ+ a desarrollar una mayor autoaceptación. Sentirse amade y valorade por quienes son puede fomentar una imagen positiva de sí mismes y fortalecer su autoestima.
  • Reducción del aislamiento: El apoyo familiar puede ayudar a contrarrestar el sentimiento de aislamiento que a menudo experimentan las personas del colectivo. Saber que tienen un sistema de apoyo sólido en su familia puede brindarles la seguridad y la conexión necesarias para enfrentar los desafíos y las situaciones adversas que puedan surgir.
  • Salud mental y bienestar general: Al contar con un ambiente de apoyo en el hogar, se reduce el riesgo de desarrollar problemas de salud mental, como la depresión o la ansiedad, entre otras.

Sin embargo, es importante destacar que el apoyo familiar puede variar en cada situación. No todas las familias son capaces de brindar apoyo inmediato y algunas pueden requerir tiempo para comprender y aceptar plenamente la orientación o identidad de sus seres queridos.

Pero ¿qué hago cuando mi familia no me acepta?

El hecho de que tu familia no acepte tu identidad LGTBIAQ+, puede ser muy difícil de manejar, sin embargo, aquí te damos algunas sugerencias para lidiar con ese rechazo.

  • Busca apoyo externo: Busca sostén en la comunidad LGTBIAQ+, grupos de apoyo, organizaciones, compañeres y personas que pertenezcan al colectivo. Compartir tus experiencias con personas que hayan pasado por situaciones similares puede brindarte consuelo y sentimiento de pertenencia.
  • Encuentra recursos y servicios: Investiga y busca recursos y servicios disponibles para personas LGTBIAQ+, como terapeutas especializados en identidad de género y orientación sexual. El apoyo profesional puede ayudarte a enfrentar los desafíos emocionales y proporcionarte herramientas para afrontar la situación familiar.
  • Establece límites saludables: Si la relación con tu familia se vuelve tóxica o perjudicial para tu bienestar, es importante establecer límites saludables para protegerte emocionalmente. Puedes establecer límites en cuanto a las conversaciones o los temas que se traten, o incluso limitar el contacto si es necesario.
  • Busca un buen círculo social: Apóyate en compañeres, amigues y/o pareja que te brinden aceptación y apoyo incondicional. Afortunadamente, podemos crear nuestra propia familia.
  • Sé paciente y cuida de ti misme: Aceptar y lidiar con la falta de aceptación familiar lleva tiempo. Sé paciente y compasive contigo misme y permítete sentir y procesar tus emociones.

Recuerda que mereces amor, aceptación y respeto, tal como eres.

Aunque sea difícil enfrentar la falta de aceptación familiar, no estás sole y hay personas y recursos disponibles para brindarte apoyo. En caso de que esta situación se te haga cuesta arriba, pide ayuda, en Quiero psicología, estaremos encantadas de ayudarte.

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Por qué la terapia no sirve sin continuidad

Afortunadamente, la salud mental va teniendo cada vez más visibilidad e importancia para las personas. Aunque cuidar de nuestra salud mental no siempre implica iniciar un proceso terapéutico, muchas personas acaban por buscar ayuda profesional, habiendo pasado un espacio de tiempo en el que se ha contemplado la idea o se han buscado profesionales. De estas personas, existe un porcentaje de personas que recurren a profesionales, lo hacen de una forma ineficaz, desde el desconocimiento mayormente, que puede ser perjudicial: desmotivando a la persona hasta que incluso descarte la opción de pedir ayuda, estigmatizando, aumentando el sentimiento de desesperanza respecto a sus problemas, posponiendo un aspecto de autocuidado esencial, etc.).  Por ello, te daremos unas pocas pistas que pueden romper mitos acerca de la frecuencia de la terapia.

Con una sesión me vale

Aunque puedas salir muy contento o con ciertas herramientas a corto plazo de la primera sesión, esto no equivale a una terapia: Una terapia implica un proceso terapéutico con una evaluación e intervención, que por supuesto no puede darse en una sesión (especialmente si no es de 1 hora).

La primera sesión sirve especialmente para averiguar si te sientes cómodo con tu terapeuta y con el tipo de terapia que practica.

Haber puesto en práctica esas herramientas es muy buena señal de que estás motivado para tu terapia y posiblemente de que te sientas a gusto con tu terapeuta, así que ¡enhorabuena! Sigue con tu proceso y aprovecha ese impulso de energía y ánimo, y no te dejes llevar por la emoción del momento que te dice que ya todo está bien. Si aun así sientes que el problema era algo muy puntual y está solucionado, comunícalo a tu terapeuta y espera a ver si esos cambios se mantienen: la terapia no es milagrosa, pero no se puede tampoco subestimar el efecto que tiene sentirnos escuchados, validados y con la confianza de poder enfrentarnos a situaciones y emociones complejas.

Voy cuando lo necesito

Aunque no todos los procesos terapéuticos son iguales, sí que es fácil observar cómo este proceso no suele implicar una mejora de forma lineal nuestro estado de ánimo: existen altibajos, similares a lo que ocurre fuera de las sesiones. Esto puede llevar de forma impulsiva a “volver” a terapia cuando nos sentimos mal, sin aprender a gestionar esos altibajos, sino con intención de “quitarlos”.

De esta manera, la terapia se convierte en intentar apagar fuegos, en vez de poder averiguar que los genera para estar mejor a largo plazo, impidiendo un aprendizaje sostenible.

Además, cuando se recurre a las sesiones de esa forma tan poco constante, es difícil poder trabajar de forma continuada un mismo problema (ya que pueden suceder muchos eventos nuevos en nuestra vida) y estando a un nivel que permita el aprendizaje (teniendo una intensidad emocional muy alta, bajar la intensidad para poder gestionar la emoción puede ser la prioridad).

Si solo vas al gimnasio una vez para fortalecer, a pesar de que hagas mucho en ese entrenamiento, esto no tendrá efectos, y es probable que te lesiones o tengas tantas agujetas que no puedas, ni quieras, continuar con tu objetivo.

«Es que no tengo dinero /tiempo»

Si la frecuencia tan irregular se debe a complicaciones económicas, coméntalo con tu terapeuta para que podáis encontrar una frecuencia que te sea cómoda a la vez que eficaz, se entiende que la terapia es un esfuerzo económico y la idea es poder facilitarla en la medida de lo posible. Si se trata de complicaciones debido a poco tiempo libre u horarios cambiantes, la mayoría de los terapeutas tenemos en cuenta la variabilidad del horario laboral de muchos (si además se tienen varios trabajos y/o labores domésticas), pero puedes comentarlo para definir la disponibilidad que es más recurrente para las sesiones (y confirmar solo entre dos opciones) o en la que cuando podréis definir la sesión (según te entreguen tus horarios, por ejemplo) y puedes considerar la opción de poder tener sesiones online, especialmente para ahorrar tiempo en desplazamientos. Ir a terapia es una inversión de tiempo, no es fácil, pero tu bienestar lo merece.

“Vengo porque me lo ha pedido mi pareja/familia”

En este tipo de casos, hablamos de personas, que si bien hacen un esfuerzo por una persona o tras ultimátums porque quieren conservar la relación que sea, no están inherentemente motivadas en la terapia. Esto no quiere decir que no pueda haber una reflexión posterior y que luego se encuentren motivados, pero los cambios en terceras personas no pueden ser objetivos del proceso terapéutico (“quiero que mi expareja vuelva conmigo, o vea que estoy mejor”): si no eres tú la persona que quiere conseguir un cambio, el esfuerzo no suele ser ni fácil, ni fructífero.

Una variante de esta idea es venir para “ser feliz”, y, aunque es una idea que se promueve mucho en la sociedad, es un concepto idealista que es importante redefinir en términos cuantificables y personales.

Si se busca eliminar las emociones o situaciones desagradables, es probable que la terapia se abandone, puesto que es una parte importante de ella aprender a sentir de forma segura y gestionar lo que solemos evitar de forma intuitiva, pero acaba siendo perjudicial.

Si te decides a iniciar tu proceso terapéutico, de forma seria y para tu crecimiento y bienestar, estaremos encantadas de poder ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Estilos de apego: los nuevos horóscopos

La divulgación científica es cada vez más prolija y accesible gracias a las redes sociales. Así como en estos últimos años, más desde la pandemia COVID-20, la salud mental acapara la atención de una sociedad, cada vez más ocupada en conocerse y cuidarse.

Nos encontramos a menudo que para llegar a esa parte de la población y engancharla en contenido teórico psicológico, se están recurriendo a ejercicios muy similares a los utilizados por los horóscopos.

¿Os suena el EFECTO FORER (Te lo explicamos aquí)? Consiste en identificarse con una descripción genérica, ambigua, inespecífica y que por ende podría ajustarse a la mayoría de la población. Si damos enunciados vagos, coherentes con la mayoría de circunstancias y contenido inespecífico, es muy probable que la gran mayoría de nosotros nos atribuyamos la descripción y estemos de acuerdo con ello.

Pero es que mi horóscopo me describe perfectamente: “Claro que sí Wapi”, pero esto ocurre como consecuencia del efecto de la PROFECIA AUTOCUMPLIDA. Esto se da cuando una predicción, nos genera una expectativa y adaptamos nuestro comportamiento para cumplir esa expectativa, por consiguiente, la probabilidad de que esa predicción se cumple aumenta. Esto va a reforzar que demos por válida la fuente desde donde se nos anuncio esa predicción.

Con los ESTILOS DE APEGO, venimos observado que esta sucediendo un proceso similar al explicado. Cuando leemos:

Apego seguro:

  • Afronta los conflictos
  • Expresa sus sentimientos y necesidades
  • Disfruta del tiempo en pareja y del tiempo sin ella
  • Crea relaciones de independencia

Apego evitativo:

  • Evita los conflictos
  • No suele expresar lo que piensa o siente
  • Valora más el tiempo propio que el tiempo en pareja
  • Miedo o dificultades ante el compromiso

Apego ansioso:

  • Vive los conflictos con mucha angustia
  • Antepone las necesidades de las demás personas a las suyas
  • Compartir todo el tiempo en pareja se vuelve su prioridad
  • Suele crear relaciones de dependencia
  • Teme de forma excesiva el abandono

Apego Desorganizado

  • Vive los conflictos de forma dramática e histriónica
  • Desconfía de las personas que le rodean
  • Teme vincularse con otres por miedo a salir heride o defraudade
  • Sus relaciones se caracterizan por la inestabilidad
  • Ambivalencia, temor al abandono, pero incapacidad para intimar.

Verdad que leyendo esto, ¿os habéis reconocide en algún estilo de apego, o habéis identificade a alguna de las personas con las que creáis vínculos?.

Primero, el ESTILO DE APEGO hace referencia al vínculo afectivo que se establece entre niñe y cuidadore. Esto repercute en el desarrollo de nuestro cerebro, condiciona nuestro sistema nervioso autónomo y desarrolla la manera en que nos vemos a nosotres mismes, a otres y al mundo.

Lo reseñable, si llegais hasta aquí, es que aceptar esto sin un análisis y reflexión, os haría aceptar los estilos de apego, al igual que aceptamos nuestro signo del zodiaco. Entonces, que hago si me interesa conocer cual es mi estilo de apego y como eso influye en mis relaciones.

Acude y conversa con tu psicóloga/o/e de confianza, desde el acompañamiento, podrás reconocer y romper patrones de relaciones que no deseas repetir. Con ello estarás trabajando en el cambio sobre la forma en que vinculamos.

Puedes empezar por abordar tus propias necesidades, priorizar el autocuidado, marcar límites. Puede parecer que creencias profundas sean difícilmente modificables, pero todo lo que se aprende es susceptible de desaprenderse.

Acude a nosotras si buscas una relación sana que se base en:

  • Autonomía emocional
  • Saber poner límites
  • Saber comunicar necesidades
  • Desarrollo de una sana autoestima y confianza en une misme
  • En caso de ruptura saber seguir adelante, generar nuevos vínculos
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Familia ¿feliz?

Ya llegó la navidad y con ella esos mensajes de que todos deberíamos estar felices, porque te reencuentras con los tuyos, porque todo son sonrisas y regalos (no hay más que ver cualquier anuncio de turrones). De esta imposición de la felicidad (llamado efecto Mr. Wonderful) hablamos justo en el post pasado (puedes leerlo aquí).

Pero hoy te vengo a traer otro mensaje importante ¿por qué a lo mejor a mi no me hace feliz para nada ver a mi familia? ¿soy un mal hijo/hermano?¿soy un desagradecido?¿me tengo que sentir culpable por no disfrutarlo?.

¿Por qué no me hace feliz ver a mi familia?

Tienes que preguntarte si de verdad tu familia es sana, si te sientes escuchado, recogido y acogido. No disfrutamos de un vínculo sólo porque nos lo impongan, disfrutamos de él cuando tenemos verdadera conexión, cuando nos respetan tal y como somos.

Si no te hace feliz ver a tu familia tendrías que preguntarte si te sientes juzgado por ellos, si sientes presión de algún tipo para lograr cosas, y sobre todo si te hacen sentir insuficiente, que nada de lo que haces llega de verdad a merecer la pena. Si esto es así, te pongas como te pongas, en el fondo, incluso aunque finjas, no te hará feliz verlos, es más, probablemente no tengas ganas, y también con mucha probabilidad, los veas o pases estas fiestas con ellos por compromiso.

Pero entonces ¿por qué me empeño en ir con ellos aunque me siente mal?

Hay varias razones para esto, y son muy profundas, tanto por motivos culturales como por nuestra biología estamos programados para acercarnos a nuestros cuidadores primeros, a nuestra familia. Os pondré algunas de las más importantes:

«Porque es que es tu padre /madre».

Esta frase está en el ranking de las más escuchadas cuando un hijo quiere desligarse de algún modo de sus padres o está expresando su malestar con ellos. Parece la «cosa» definitoria por la que sin más, debes aguantarlo todo y olvidarte de todo tu dolor. Esta es la cultura actuando, los miles de mensajes que nos han llegado de los padres como figura omnipotente y omnipresente. No se puede destruir ni desligar, en nuestra cultura «los padres» tienen un poder ilimitado, pueden hacerte muchísimo daño pero todo se arregla con un «es que son tus padres».

No se les exige una responsabilidad afectiva, que te tengan en cuenta, que respeten como eres. De hecho, se suele decir que «ellos saben más que tú» por lo que tu relación con ellos se ha quedado relegada muchas veces a un «ver, oír y callar». Se parece a cuando hace 30 años una mujer no podía ni opinar porque tenía que obedecer a su marido, y siempre tenía que permanecer al lado de él acatando órdenes.

Ahora esto nos parece absurdo pero ese «acata o siéntete mal» sí que sigue vigente con los padres y nos seguimos empeñando en que funciona así. Reproduzco aquí la conversación con un paciente:

-¿Por qué cuando voy al pueblo nunca me apetece ver a mi padre? debería apetecerme, es mi padre.

-¿Tu padre te hace sentir bien?

-Uy no, según le veo empiezan las críticas inagotables sobre cualquier cosa, mi trabajo, mi pelo, mi casa, etc.

-¿Si esto te lo hiciera un amigo seguirías siendo amigo de él?

-Por supuesto que no-. Me dijo sin dudar. Se quedó pensativo unos segundos y dijo: vale, lo entiendo.

Es hora de cambiar esto y de pedir responsabilidad afectiva a nuestras figuras paternas, no reproduzcas esta frase ni le pidas obediencia ciega a un niño, no censures cuando alguien te expresa el malestar con su familia. Entiende que todas las relaciones puedes ser buenas o malas y con la familia también es legítimo sentirse mal.

El sistema biológico de aproximación y defensa.

Desde que venimos al mundo estamos biológicamente programados con lo que se llama el sistema de aproximación y defensa. Explicado de la forma más básica: el de aproximación debe decirnos lo que nos viene bien para acercarnos a eso y el de defensa lo utilizamos para defendernos o alejarnos de las cosas que nos vienen mal.

Explicado así suena sencillo ¿no? si un cactus me pincha no me acerco más al cactus. Si tengo frío y me tapo y se me pasa tenderé a taparme otra vez cuando tenga frío. Me alejo o me aproximo /repito.

Peeeero esto no es tan sencillo cuando hablamos de relaciones. La primera relación para la que venimos preparados a apegarnos, dar igual cómo, es la de nuestros padres (o cuidadores primeros). Lo que nos dice nuestro cuerpo es: «asegúrate de vincularte a estas personas y que te quieran o te abandonarán en el bosque y morirás». Aunque sea irracional, eso es lo que nos dice nuestro cuerpo así que nos ponemos manos a la obra.

Esto, tendrá unas consecuencias enormes en tu personalidad, autoestima, traumas, relaciones, etc. Vamos, en toda tu vida ¿por qué? porque da igual cómo sean mis padres, si son buenos o malos, si atienden tus necesidades o no, o incluso si te las castigan. Tienes que seguir ahí haciendo méritos para que te quieran.

Siempre pongo el mismo ejemplo horrible: «Si tu padre te viola desde los 4 a los 11 ¿tú pensarás que tu padre es un señor terrible o que lo que sientes tú es lo equivocado porque no te sientes bien?» Exacto. La segunda opción. Te sentirás tú el problema, pensarás «si mi padre es bueno y eso que me hace me dice que está bien ¿por qué me siento mal?». Pues así con todo. Pongo siempre este ejemplo tan gore porque se ve muy bien pero se podría aplicar a cosas como: Si mi madre me dice que no es normal que me gusten los dibujos violentos debo ser yo el raro, si mi padre dice que soy un desastre porque no me gustan las matemáticas pues debe ser que lo soy, si me piden que saque buenas notas y no lo hago seré mal hijo o tonto, etc.

Así se moldean muchas de las futuras losas que luego cuando crezcas tendrás que limpiar de culpa, resignificarte y re-narrarte para poder mejorar tu autoestima. Pero el sistema de aproximación, si no los desmontas, seguirá funcionando y aproximándote a esas figuras paternas, tengas 4 años o 43. Y te llevará por ejemplo a ir a una fiesta familiar en navidad donde a lo mejor acabas llorando o destrozado. Y después te preguntarás «¿si es que ya sé que son así para qué voy?».

Si te ocurre esto y crees que necesitas abordarlo en Quiero Psicología estamos listas para recibirte y afrontar contigo estas contradicciones.

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Duelo ambiguo: estar sin estar

A lo largo de nuestra vida, experimentamos muchas pérdidas, lo que lleva a que realicemos muchos duelos: ya sea por personas o animales que han fallecido, parejas que ya no forman parte de nuestra vida o pérdidas materiales, que, aun siendo materiales, pueden significar mucho para nosotros, como mudarse de la casa familiar.

Además de lo complejo que puede ser un duelo, existe un tipo de duelo que puede ser especialmente difícil, se trata del duelo ambiguo. En este caso, la pérdida no es total, ni completamente tangible, a pesar de estar ocurriendo: se trata de una pérdida ambivalente que sucede de forma confusa, no permitiendo a la persona despedirse o asimilar el cambio de realidad. Esto puede mantener el dolor y prolongar el duelo, desgastando a la persona.

¿Qué casos podrían ser duelos ambiguos? Puede ser el caso de personas físicamente ausentes, pero presentes emocionalmente, por ejemplo, desapariciones, adopciones, migraciones o incluso divorcios. O también pueden ser casos en los que las personas siguen físicamente presentes, pero ausentes emocionalmente, como serían los casos de personas con enfermedades degenerativas como Alzheimer o demencias.

Los duelos ambiguos pueden generar:

  • Emociones de injusticia, soledad, ansiedad, rabia, incomprensión e incluso indefensión. No solo de cara a la pérdida, sino también pueden estar dirigidos hacia uno mismo por verse en esa situación o sentirse sobrepasado por estas emociones.
  • Una emoción intensa de incertidumbre y confusión, que puede aumentar los niveles de ansiedad y de estado de ánimo, provocando irritabilidad y explosiones emocionales
  • Sentimientos de bloqueo o paralización, sintiendo que no se puede retomar o avanzar, incluso culpa ante la posibilidad de hacerlo o al hacerlo.

Todo esto puede conllevar a la evitación experiencial, es decir tener conductas o hábitos (como el abuso de medicación, drogas o alcohol) para no sentir estas emociones, lo cual puede tener el efecto contrario, cronificando el duelo y complicando el proceso.

Algunas pautas que pueden ayudarte:

  • No hay formula mágica para el duelo, pero tomarse un tiempo para asimilar como ha cambiado la situación y aceptar el malestar que estás pudiendo sentir es importante. Aunque nos gustaría acelerar estos momentos para pasar a “estar bien”, es importante elaborar este duelo y pasar por todo el proceso, no hay prisa.
  • Puedes dedicarte un momento para comprobar como te vas sintiendo emocionalmente con un diario o simplemente con unos minutos de reflexión diaria, sin juzgar si lo que sientes es “normal”, lógico o malo. Sé compasivo contigo mismo. La incertidumbre es de las emociones más desagradables y difíciles de gestionar para la mayoría de las personas, que te esté costando, no quiere decir nada sobre tu valía, tu capacidad, ni sobre ti.
  • Aunque puede suponerte un gran esfuerzo, intenta cuidarte mucho en estos momentos, o puedes pedir a personas que te conozcan que te ayuden a iniciar ese autocuidado.
  • Es importante sentirse acompañado en cualquier proceso de duelo, especialmente si es ambiguo. Apóyate en personas de tu círculo cercano, con las que te sientas comprendido y acogido. No es necesario que nos den “soluciones” o que nos quiten el malestar, solo que nos acompañen.

Busca una forma que sea significativa para ti de poder despedirte de esa persona, existen muchos rituales de despedida, pero valora de qué forma te gustaría a ti o a esa persona, honrar vuestra relación y cerrar este momento de incertidumbre. A veces ese ritual puede repetirse, especialmente al principio, para cuando necesites estar en contacto con esa persona o recordarla desde el cariño y la aceptación (por ejemplo, visitar el lugar donde hiciste ese ritual).

Si no sabes si has cerrado el duelo y quieres saber síntomas que podría generarte también puedes leer nuestro anterior post aquí.

Si ves que sigues teniendo dificultad para gestionar ese duelo ambiguo o las emociones que te está generando, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Llora tus pérdidas

Muchas veces en esta vida (por no decir prácticamente todas) nos han enseñado a evitar las emociones negativas, en especial, la tristeza.

¿Por qué?

Hay la creencia generalizada de que sufrir no «sirve» para nada. Esta actitud totalmente racional y utilitarista en realidad no encaja en nuestro mundo emocional (y por lo tanto irracional). Nuestro cerebro, nuestro cuerpo, no entiende ese mensaje frío al que le intentamos someter.

Si no lloras una pérdida (o cualquier otra cosa importante) eso se te quedará atascado y empezará a provocar otros problemas.

Te pongo un ejemplo muy visual: Si tu vas llenando un vaso y no lo vacías en algún momento rebosará e inundará el espacio alrededor. Pues así vivimos, sólo que esas inundaciones provocan otros síntomas, que, la mayoría de veces ni siquiera los relacionamos con esa pena.

Y tú te preguntarás ¿pero qué consecuencias puedo tener? o ¿cómo puedo saber si tengo algo que no he llorado y me está afectando?

Rabia

Una de las formas más habituales que tiene nuestro cuerpo de tratar de paliar estas «inundaciones», o acumulaciones de tristeza, es la ira.

¿Por qué? porque la ira viene a defendernos de aquellos o de aquella cosa que pensamos que nos hizo daño. Puede ser que de repente te notes irritado con los que tienes alrededor o especialmente con una persona pero no sabrías ni decir por qué. En el caso de duelos no resueltos puede que incluso estés enfadado con esa persona que te abandonó o que se murió. O en el caso de duelos de pareja no resueltos puede ser que te enfades sin motivo con tu nueva pareja.

La rabia es muy tentadora porque nos evita la tristeza y es normalmente bien acogida por el entorno («sí, sí, tu ex es un cabrón») pero a la larga no dará buenos resultados, sólo hará que se te quede atascada esa pena y cuanto más tiempo pases sin mirarla peores problemas te puede provocar como por ejemplo sabotear nuevas relaciones trasladando el trauma que te dejaron y actuando a la defensiva con quien no tiene la culpa.

Evitación máxima

Otra manera de no afrontar es precisamente esta, evitarlo todo. De repente todo lo que rodea esta tristeza se transforma en tabú, en secreto, se cambia de tema. Esto es muy típico verlo en las familias, por ejemplo aquel tío tuyo que abandonó a tu tía y de lo que no se habla, aquel abuelo que murió del que no te queda ni una foto, o aquella persona que murió pero que su casa sigue sin haberse movido un ápice en el tiempo con todas sus pertenencias en su sitio. O ese ex que parece que ni pasara por tu vida porque jamás hablas de él.

Pudiera parecer que la pena desaparece porque se entierra, pero no desaparece, de hecho cuando ese tema salga notarás que te activas, que sube tu ansiedad, o que te derrumbas interna o externamente (llanto descontrolado, rabia o ansiedad como si hubiera pasado ayer).

En casos extremos esto puede llevar a una disociación, es decir, ni siquiera recuerdas que aquello pasara, hay una laguna en tu memoria porque tu cuerpo asumió que no podía llorarlo en ese momento y ahí se quedó. Incluso puede haber una disociación aún más complicada, lo recuerdas y a pesar de que sabes que debería de ser dolorosa ya no sientes nada, lo cuentas como si contaras que ayer comiste macarrones.

En todos estos casos ocurre lo mismo, notas síntomas, emociones desbordantes, sin venir a cuento, algunas de ellas ya no sabes ni de dónde narices te vienen.

Otras

Hay otras muchas consecuencias, por ejemplo que distorsiones tu memoria para que encaje el recuerdo en otro relato del acontecimiento menos traumático (pero que te lleva a culparte o a narrarlo de forma que afecta a tu vida), ponerte a cuidar desmesuradamente a los demás para negar tu propio sufrimiento, hacerte el fuerte continuamente para que los demás no sufran o para no romper tu autoimagen, etc…

¿Qué hago entonces con mis penas y pérdidas?

Pues lo que te voy a decir no es una novedad, y es algo, que aunque pueda parecer sencillo, muchas veces no lo es: Llóralas.

Nuestro cuerpo necesita atravesar ese sufrimiento, entender que esa pérdida ha sucedido para poder adaptarse y readaptarse. Necesitas parar y darle importancia a tu dolor. Sé que una de las principales pegas aquí si la tristeza es muy profunda será ¿pero y si me pongo a llorar y no paro nunca?¿y si me deprimo?

Créeme que el cuerpo tiene sus propios mecanismos para volver a salir a flote, y lo que lloras hoy no tienes que llorarlo mañana. En mi metáfora del vaso verás como se va vaciando aunque a veces pases ratos donde puedas pensar que te ahogas.

Cómo en algunas situaciones este puede ser un proceso difícil, y en ocasiones, dependiendo del tema, incluso puede ser largo, aquí te dejamos una serie de consejos. Pero para lo que necesites estamos formadas en ello y te podremos acompañar para que te liberes de aquello que tanto te cuesta.

Negligencia emocional en la infancia

Existen muchos tipos de negligencia. Algunos de tipos de negligencia más significativos para la sociedad son los que tienen que ver con algo más visual, como el maltrato físico y la carencia de materiales o alimentos, dejando a los niños casi en la inanición. Sin embargo, existe otro tipo de negligencia bastante habitual en muchas familias, la negligencia emocional.

¿A qué nos referimos con negligencia emocional?

A la incapacidad que tienen los progenitores o contexto y núcleo principal donde se desarrolla el menor, de responder adecuadamente a las necesidades emocionales. Es un tipo de negligencia muy peligrosa, ya que, no es visible y tienen consecuencias muy importantes a largo plazo.

Es importante identificar la diferencia con el abuso, pues este ocurre de manera totalmente deliberada entendiendo que va a haber un perjuicio. En la negligencia puede ocurrir que las figuras de cuidador del menor no interpreten sus necesidades a nivel emocional y acaben descuidadas.

Un ejemplo claro, sería cuando un niño esta sufriendo algún tipo de acoso en la escuela y los padres consideran que es un juego de niños, a veces, se hace con la intención de quitar hierro al asunto y evitar que el niño sufra, sin embargo, no validar sus emociones y no proporcionarle apoyo en ese momento con el tiempo el niño aprenderá a que sus emociones no son importantes y dejen de buscar ayuda y consuelo.

Es necesario conocer la sintomatologia más que puede llegar a mostrar un niño en caso de sufrir negligencia emocional:

  • Tristeza
  • Ansiedad
  • Apatía
  • Problemas de aprendizaje
  • Hiperactividad
  • Falta de atención
  • Evitar la cercanía emocional con sus iguales.

Si no se interviene en ese momento, pueden haber consecuencias en la vida adulta, que se caracterizan principalmente en no pedir ayuda, incapacidad para tener intimidad con otras personas, problemas a la hora de sentirse satisfecho emocionalmente, etc.

¿Cómo podemos trabajar la negligencia emocional?

Terapia:

Un terapeuta puede enseñar a los niños a identificar, expresar y aceptar las emociones que tengan en un contexto seguro donde se validaran los sentimientos que puedan experimentar, así como también aprenderán a gestionarlos.

Terapia familiar:

La terapia familiar es una de las mejores opciones para tener una dinámica emocional adecuada en casa y mantenerlo en el tiempo. Un terapeuta puede ayudar a comprender la importancia de una adecuada gestión emocional. La intervención temprana puede modificar y corregir los comportamientos que puedan estar relacionados con la negligencia emociona.

Clases para padres:

Los padres que descuidan las necesidades emocionales de sus hijos podrían beneficiarse de las escuelas para padres. Estos cursos ayudan a los padres y cuidadores a aprender las habilidades necesarias para reconocer, escuchar y responder a las necesidades emocionales del niño.

¿Qué podemos hacer como padres?

Como padres se tienen grandes responsabilidades y es importante estar atentos a las demandas emocionales, observar los gestos del día a día de los niños y darles las respuestas necesarias, demostrando que sus experiencias, emociones y sentimientos importan y pueden buscar ayuda siempre que les sea necesario y buscando ese apoyo y refugio.

Si quieres que nosotras seamos la mano experta que te acompañe estaremos encantadas de acompañarte en este proceso.

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Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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Duelo perinatal (II)

Hace unos meses, se escribió un artículo sobre el duelo perinatal orientado a aconsejar a personas cercanas a como tratar la situación desde la delicadeza, comprensión y valoración de las emociones de las personas que han sufrido la pérdida. Por ello, se identificaban las emociones más comunes en este proceso de duelo y que consejos seguir para que la gente de alrededor pueda apoyar. En este post queremos profundizar sobre ello.


Antes vamos a identificar diferentes términos desde los conceptos obstétricos.


Muerte fetal


Es la muerte del producto de la concepción antes de la expulsión o su extracción completa del cuerpo de la madre, independientemente del tiempo de duración de embarazo. Se divide en:


Muerte fetal temprana
:
Todas las muertes desde la concepción hasta la semana 22 de gestación. Estaríamos hablando aquí de los abortos.


Muerte fetal intermedia:
Muertes fetales que tienen lugar entre la semana 22 y la 28 de gestación.


Muerte fetal tardía:
A partir de la semana 28 de gestación.


Muerte neonatal:
Es la muerte del recién nacido en las primeras 4 semanas de vida (28 días).


Muerte neonatal precoz:
Del recién nacido en los primeros 7 días de vida.


Muerte neonatal tardía:
Del neonato desde los 7 días completos hasta los 28 días completos de vida.


El duelo siempre es una situación muy difícil de afrontar. El duelo perinatal como se comentó en su momento, ocurre por la pérdida durante el embarazo o incluso en momentos posteriores al parto.


Ocurren dos sucesos; la vida y la muerte. La madre gestante se prepara para dar vida y recibe un choque extremo. Este duelo tiene un componente hormonal muy elevado que va dirigido exclusivamente a la maternidad. El vínculo con el bebé se desarrolla desde el primer instante e incluso antes de llegar al embarazo, el deseo de tener un hijo es un factor muy importante.

El fallecimiento de este conlleva una ruptura abrupta con todas las expectativas futuras e ilusiones creadas. Este dolor se ve incrementado cuando las mujeres de forma natural generan prolactina (hormona que genera la leche materna) junto con cortisol (hormona del estrés) creando un cóctel hormonal muy difícil de gestionar. Cabe destacar que biológicamente hablando es incomprensible la pérdida de un hijo.


¿Cuál es el proceso natural de un duelo?


El duelo perinatal, también tiene unas fases previas a la aceptación:

Negación: Shock emocional.

Regresión: Tristeza extrema que conlleve comportamientos viscerales y explosivos.

Enfado: Ira desbordada enfado con todo y con todos.

Culpa: Culpabilizarse por no haber podido hacer “nada”

Desolación: Tristeza de impotencia y reconocimiento de que no podíamos haberlo cambiado.

Acción: Empieza la movilización.

Aceptación: Comienza la cicatrización. Hay una diferenciación entre la pérdida y como persona individual.

Parece que cada vez más se esta visibilizando esto duro proceso, debido a las pérdidas que han tenido algunos famosos, no obstante, esto sigue siendo un gran tabú. Como sucede con todos los tabús, el silencio e ignorar estos sucesos no favorece al afrontamiento, sino que desprotege, lo que conlleva que no haya una formación real y completa en algunos profesionales. No existe ningún protocolo específico de intervención en estas situaciones. Por ello, es necesario conocer como intervenir en los primeros momentos más críticos de la pérdida.


Método LAST (ERST):


El método LAST (en inglés) es un método que permite a los profesionales de la salud, tanto médicos como enfermeros y psicólogos, apoyo principal en el momento de mayor emergencia. Es muy importante una adecuada intervención desde el principio.


Escuchar (listen) activamente las necesidades y emociones que están experimentando las personas afectadas.
Reconocimiento (acknowledgement), la validación por parte de los profesionales del sufrimiento que están sintiendo, esto permite que el autocuestionamiento de los padres se reduzca considerablemente.
Apoyo (support), la comunicación y la compasión son factores beneficiosos para la familia. Sería oportuno que el profesional pudiese facilitar información necesaria sobre grupos de apoyo y terapias.
Tacto (touch), la comunicación no verbal es muy significativa a la hora de que la familia sienta el apoyo necesario.

Películas recomendadas sobre el duelo perinatal:
• Fragmentos de mujer (2020)
• Volver a cero (Return to Zero) (2014)
• El amor y otras cosas imposibles (2011)
• La memoria del agua (2014)