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Despatologizando las identidades que escapan de lo «normativo»

Vivimos en una sociedad que determina, primariamente, y en base a los genitales, si un bebé es niño o niña. Una vez realizada esta asignación médica se ponen en marcha diferentes mecanismos sociales que van a condicionar la construcción de su identidad (roles y expresión de género y orientación del deseo). Es decir, nos van a decir quién ser, como comportarse y a quién desear como pareja.

Estos mecanismos y categorías sociales son lo que denominamos “norma” y cualquier persona que se salga de ella queda excluida, discriminada y patologizada. En este post pretendemos aportar un poco de luz al origen de esta construcción y cuan necesaria es una mirada despatologizante en la psicología clínica hacia las personas que se salen de esta norma.

No podemos entender a las personas fuera del contexto sociocultural en el que están inmersas y por ende es un error poner el foco en ellas y no en esos mecanismos de creación y control social. 

Son las instituciones socialmente legitimadas de cada momento histórico las que han dictaminado lo que es normal” y “anormal” en relación a los sexos/géneros y a las sexualidades; cómo esas fronteras han definido y organizado el modelo de vida sexual que preconcebían como sano y equilibrado; así como las etiquetas, definiciones y percepción social que se han generado y otorgado a esos márgenes.

Sexo-Género-Orientación del deseo

Según Butler (1990) todas las personas estamos marcadas por una identidad con respecto a una matriz conformada por tres conceptos: sexo, género y orientación del deseo sexual.

Sexo se refiere a la genitalia con la que naces, a lo biológico, y base a ello te asignan un género: eres mujer u hombre, y orientación del deseo sexual se refiera a quién vas a desear, que lo «lógico» y aceptable para la sociedad siempre ha sido a alguien del género contrario.

La correspondencia entre estas dimensiones es una construcción social que, al establecerse como “natural”, coarta el desarrollo de todas las personas y legitima una forma única de pensar, sentir y hacer como hombres y mujeres. De esta forma, quienes no se identifican con esas categorías cerradas son personas patologizadas y excluidas (Butler, 1990; Missé y Coll-Planas, 2010). 

La orientación sexual, la identidad sexual y la expresión de género son el resultado de una construcción/producción social, histórica y cultural, y por lo tanto no existen papeles sexuales o roles de género, esencial o biológicamente inscritos en la naturaleza humana.

El género y el sexo son actuaciones, actos performativos: repeticiones ritualizadas de actos de habla y de todo un repertorio de gestos corporales que obedecen a un estilo relacionado con uno de los dos géneros culturales (los mujeres deben ser delicadas, los hombres rudos, las mujeres cuidadoras, los hombres proveedores, etc).

Esta repetición ritualizada no es opcional, sino que se basa en un discurso regulativo, una exigencia constante del entorno. Cuando se produce el resultado esperado, tenemos un género y una sexualidad culturalmente considerados congruentes con el sexo del sujeto.

En este sentido puede entenderse el lenguaje como un dispositivo de poder social y político: si el lenguaje construye la creación del yo y el discurso sobre la sexualidad ha creado las identidades sexuales y de género.

Marco sociocultural

Como ejemplo se pueden observar las prácticas de crianza occidentales en las cuales desde que nace el niño tiene un lugar y un papel predeterminado en el mundo: su ropa será azul; sus juegos estarán relacionados con la fuerza, la competencia y el poder (armas, coches, fútbol, etc.); tendrá menos restricciones en su movimiento (no usará vestidos, faldas ni sandalias que le impidan, por ejemplo, subir a un árbol); el trato de los hombres de la casa hacia él tendrá cierto nivel de fuerza y temple; y, por supuesto, se le prohibirá en lo posible llorar (“los hombres no lloran”) o ser “afeminado” (maquillarse, jugar con muñecas o con utensilios de cocina), así como expresar atracción o sentimiento estético por otros niños. Y lo mismo ocurrirá con las niñas: vestirán de rosa; sus juegos estarán marcados por el cuidado, el respeto, la sensibilidad y la empatía; y el trato que recibirá será desde la fragilidad. Se le prohibirá cualquier tipo de “masculinización” y orientación que no sea hacia el género masculino.

A todas las personas que no corresponden con este sexo-género-orientación del deseo se las va a patologizar, y es grave, que dentro de la Psicología Clínica usemos estas categorías artificialmente creadas de lo que es normativo para clasificar lo que es sano o no, debemos mirar más allá del sistema cualtural a la persona, a su realidad, a su sentir particular, que puede ser tan válido y sano como el de cualquiera.

Y si necesitas una mirada así, ya sabes que en Quiero Psicología te podemos ayudar.

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Lo que significa ser mujer y lesbiana

Sin adentrarnos ni profundizar en lo que significa ser mujer, seguro que muchas de nosotras sabemos lo que conlleva ser mujer. Y aunque ya hemos superado algunas cosas, hasta hace no mucho, se nos llamaba “el sexo débil”.

La discriminación contra las mujeres es un problema grave y generalizado en muchas sociedades en todo el mundo. Se manifiesta en diferentes formas y niveles, y puede ocurrir en áreas como el empleo, la educación, el acceso a la atención médica, la participación política y la violencia de género, entre otros.

Discriminación por mujer

Algunos ejemplos de discriminación por ser mujer incluyen:

  • Brecha salarial de género: Las mujeres a menudo reciben salarios más bajos que los hombres por realizar el mismo trabajo o trabajo de igual valor.
  • Obstáculos en la carrera profesional: Las mujeres pueden enfrentar barreras en su desarrollo profesional, como la falta de oportunidades de ascenso, la falta de representación en puestos de liderazgo y la discriminación en la contratación y promoción basada en estereotipos de género.
  • Violencia de género: Las mujeres son víctimas desproporcionadas de violencia física, sexual y emocional por el simple hecho de ser mujeres. Esto puede incluir violencia doméstica, acoso sexual, agresión sexual, trata de personas y matrimonio forzado, entre otros.
  • Acoso y discriminación en el lugar de trabajo: Las mujeres a menudo enfrentan acoso sexual y discriminación de género en el entorno laboral, lo que puede dificultar su progreso profesional y crear un ambiente hostil.
  • Falta de acceso a la educación: En algunos lugares, las mujeres enfrentan barreras para acceder a una educación de calidad debido a normas culturales, discriminación y estereotipos de género.

Discriminación por ser lesbiana

¿Pero que sucede cuando además de ser mujer, no sigues con los roles establecidos por la sociedad cisheteropatriarcal en la que vivimos? Como, por ejemplo, ser mujer y lesbiana.

La doble discriminación experimentada por las mujeres lesbianas se refiere a la carga adicional de discriminación y estigmatización que enfrentan debido a su género y orientación sexual. Esta combinación puede agravar la discriminación y el prejuicio que enfrentan las mujeres en general.

La doble discriminación puede manifestarse de varias maneras:

  • Discriminación de género amplificada: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar estereotipos y roles de género restrictivos, que a menudo se basan en expectativas heteronormativas. Pueden enfrentar presiones para cumplir con los roles tradicionales de género y expectativas de feminidad, al tiempo que son deslegitimadas o invisibilizadas debido a su orientación sexual.
  • Prejuicio y estigma: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar prejuicios y estigmatización tanto por su género como por su orientación sexual. Pueden ser objeto de discriminación social, exclusión o violencia basada en estereotipos negativos y actitudes homófobas o tránsfobas.
  • Dificultades en las relaciones familiares: Algunas mujeres lesbianas pueden enfrentar rechazo, alienación o discriminación dentro de sus familias debido a su orientación sexual. Esto puede resultar en tensiones y dificultades en las relaciones familiares, así como en la falta de apoyo emocional y social.
  • Barreras adicionales en el acceso a servicios y derechos: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar obstáculos adicionales para acceder a servicios de salud, educación, vivienda, empleo y derechos legales debido a la discriminación y la falta de protección legal. Pueden experimentar falta de reconocimiento legal de sus relaciones y enfrentar dificultades en la adopción o crianza de hijos.

Podríamos seguir con lo que significa ser mujer y formar parte de otra minoría discriminada, como ser racializada, tener un cuerpo no normativo, pertenecer a la clase social baja, migrantes, personas con discapacidad… Es importante saber que estas luchas se entrelazan y es fundamental abordarlas todas para lograr un cambio social significativo.

Aprovechamos este mes del orgullo para reivindicar nuestros derechos, pero nos merecemos tener espacios seguros todos los meses del año. En Quiero Psicología nos encargamos de generarlo para nuestros pacientes porque todas las personas merecen ser tratadas sin ninguna discriminación.

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Violencia intragénero ¿la puedo estar sufriendo?

Con este tipo de violencia nos referimos aquella que es ejercida dentro de una pareja LGBTIQ+ por parte de uno de sus miembros. En estas circunstancias, se puede señalar como violencia intragénero conductas en las que haya:

Violencia psicológica y emocional: Comprende los intentos de una persona de perturbar el bienestar mental y/o afectivo de su pareja. Puede ejercerse en público o en privado, siendo muy difícil de detectar cuando solo se ejerce en el ámbito privado. Esta violencia incluye: llamar por apodos, manipulación, insultos, críticas, humillaciones, abandono, aislamiento social, chantaje, control, amenazas o hacer sentir inferior al otro.

Violencia física. Es el acto deliberado o el intento de infligir lesiones físicas hacia la otra persona. Se considera violencia física independientemente de que se consiga o no el objetivo de dañar. Algunos ejemplos de violencia física son: bofetadas, patadas, ahogar, lanzamiento de objetos, empujones, agarrar a la víctima, limitarle la salida, mordiscos, negar el sueño o la comida, obligar a tomar sustancias nocivas para su salud, utilización de armas, intento de homicidio y asesinato.

Violencia sexual: Comprende cualquier actividad sexual no deseada impuesta a la persona por su pareja a través de intimidación o coacción o bien cuando se producen en otras situaciones de indefensión. Alguno ejemplos son: tocamientos no deseados, violaciones, negarse a usar protección en las relaciones, obligar a la pareja a realizar prácticas que no le gustan, obligarle a mantener relaciones sexuales con otros.

Violencia económica o financiera: Incluye el control de los gastos e ingresos de la víctima, hacer que la pareja dependa económicamente, negar el acceso a los recursos económicos, impedir la asistencia a clases o al trabajo o cualquier otra acción que haga que la pareja dependa económicamente o use la superioridad económica para controlar a la víctima

Violencia digital: Incluiría el ciberacoso, el sexting, controlar el móvil y las redes sociales, instalar aplicaciones de localización, amenazar por email o redes sociales, entre otras.

Violencia vicaria: La violencia vicaria dentro de una pareja es aquella en la que se causa daño físico y/o emocional los hijos e hijas que tienen en común para hacer sufrir a su pareja o expareja. Este tipo también incluye el daño causado a los menores por la observación de malos tratos entre los progenitores. El impacto psicológico es lo que se busca, a través del control, el sometimiento y las agresiones a personas que no están directamente involucradas en el núcleo del conflicto.

Las dinámicas que se dan dentro de este tipo de relaciones se parecen mucho a las de la violencia de género, no obstante, también tiene ciertos elementos que son característicos de las parejas que forman parte del colectivo LGTBIQA+, como veremos a continuación.

Outing: La pareja puede amenazar con revelar la orientación sexual de la víctima a sus jefes, amigos y familiares, lo que puede llevar a un gran aislamiento social y al despido.  El outing puede ser una herramienta de abuso y una barrera para buscar ayuda, ya que las personas LGTBIQ+ a menudo ocultan su orientación sexual o identidad de género por temor al estigma y a la discriminación.

Violencia relacionada con el VIH: Las amenazas de contagio y de descubrir el estado seropositivo de la pareja a sus familiares y amigos, impedirle tener acceso a la medicación o a tener prácticas sexuales seguras, manipular a la víctima a través de la enfermedad, etc.

Violencia sobre la orientación sexual: La orientación sexual puede ser utilizada como un método de control sobre la otra persona. La persona maltratadora utilizaría los estereotipos que definen a las personas LGTBIQ+, en general para abusar de su pareja por no entrar dentro de ellos. La persona maltratadora puede amenazar para limitar la participación de su pareja en la comunidad o desalentarla a denunciar porque al hacerlo avergüenza a la comunidad.

El uso de la LGTBIQ+ fobia interiorizada como herramienta de violencia psicológica. Las personas abusadoras pueden aprovecharse de la LGTBIQ+ fobia interiorizada de su pareja para ejercer control, manipulación o chantaje emocional.

¿Qué mitos pueden estar impidiéndome verla?

Los mitos sobre la violencia intragénero contribuyen a su invisibilidad y obstaculizan su adecuado tratamiento y, en consecuencia, la protección de las víctimas.

Los hombres gais nunca pueden sufrir maltrato por sus parejas. Las mujeres lesbianas nunca son maltratadas por otras mujeres. El maltrato no solo es una cuestión de sexismo, tambiénes un tema de poder, un tema legal y un tema de salud mental.

La violencia en parejas de hombres gais es una lucha justa entre iguales. En este punto los autores hablan del mito del ring de boxeo. Según este mito entre dos hombres no hay relación de maltrato, sino una situación simétrica. Este mito presupone que todos los hombres tienen una predisposición a ser violentos los unos con los otros.

En las parejas de mujeres nunca hay violencia. Según esto, las mujeres nunca son violentas en sus relaciones de pareja con otras mujeres.Esto es lo que algunas autoras definen como utopía igualitaria. Desde este marco teórico se piensa en la relación de pareja entre personas deun mismo género como un vínculo inmune a las relaciones de poder. Un idealcontradictorio, porque obvia las diferentes maneras de construir relaciones depoder a partir de la edad, de la cultura, del estatus profesional, etc. No hemos de olvidar que las lesbianas tienden, a construir relaciones de fusión o codependencia. Estas relaciones han sido definidas poralgunos autores como relaciones de poder, del poder que se ejerce através del mundo de las emociones.

 Quienes maltratan son siempre más grandes y fuertes. Esto supone presuponer que la violencia siempre es física y obviar la violenciapsicológica que puede darse en el seno de la pareja.

La violencia intragénero no es real o es menos grave: La violencia intragénero es un problema muy real y serio. Aunque las parejas del mismo género pueden experimentar algunos desafíos únicos, como la falta de recursos específicos para personas LGBTIQ+, el acoso y la discriminación, los patrones de violencia en las relaciones son similares a los de las relaciones heterosexuales.

¿Cómo puedo saber si estoy sufriendo violencia intragénero?

Si tu pareja te controla, si te dice con quién puedes hablar, dónde puedes ir o qué puedes hacer.

Si tu pareja te insulta o humilla: si te dice cosas desagradables sobre ti o te critica constantemente.

Si tu pareja te amenaza o intimida: si te amenaza con hacerte daño o te asusta para que hagas lo que ella quiere.

Si tu pareja te aísla: si te impide ver a tus amigos o familiares o si te aleja de ellos.

Si tu pareja te obliga a tener relaciones sexuales: si te fuerza a tener relaciones sexuales cuando no quieres o te manipula para que lo hagas.

Si tu pareja te agrede físicamente: si te empuja, te golpea o te lastima de alguna manera.

Si experimentas alguna de estas situaciones, es posible que estés sufriendo violencia intragénero. Es importante buscar ayuda y apoyo para salir de esta situación y asegurarte de estar segura, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Podrá por fin la bisexualidad dejar de ser cuestionada?

Este post podría reflejar las vivencias de cualquier persona lectora. Pero si observamos un poco lo que está pasando en estos últimos años, se observa un cambio entre las generaciones más jóvenes, en cuanto a ofrecer la merecida visibilidad de la bisexualidad.

Pero ¿y esas generaciones más mayores, o aquellas personas que, tras una vida heteronormativa, sale del armario como bisexual?.

Todo un reto, intentando desmontar prejuicios y estigmas.

¿Qué mitos enfrenta una persona bisexual?

Sin entrar en el género de las personas bisexuales, consensuamos que tienen en común que su orientación sexual ha sido frecuentemente cuestionada.

Nos llegan comentarios que intentan negar nuestra orientación como:

“es una fase”

“bueno… pero te gusta más ellos, o ellas»

“lo que pasa es que tienes mucho vicio, y además bastante promiscua/o/e

y esto recibirlo desde la heteronormatividad es doloroso, pero desde dentro del propio colectivo es indignante.

Uno de los prejuicios al que se ven expuestas las personas bisexuales, es que se infiere nuestra orientación sexual dependiendo de quien sea nuestra pareja en ese momento. Teniendo que decidir o no realizar ese activismo para visibilizar la B del colectivo.

Encontramos rechazo cuando nos cuestionan nuestro deseo, entonces eres lesbiana, eres gay, eres hetero… ¡NO!, soy Bisexual, independientemente con quien esté manteniendo una relación sexoafectiva en este momento.

Y no podemos obviar las múltiples discriminaciones, de mano del machismo y la bifobia. Por la que las mujeres somos cosificadas y meros objetos sexuales, además de promiscuas, y en el caso de los hombres, una transgresión a los mandatos de género.

¿Qué puedo hacer para evitar estos prejuicios?

Trabaja tus mitos sobre personas bisexuales:

Uno: por ser bisexual una persona no es más o menos promíscua. Revísate esa idea, y, si tu pareja es una persona bisexual, aún más. Las personas que son infieles son infieles por otros motivos (porque son mentirosas, porque no se han atrevido a dejar a su pareja, porque no quieren enfrentar los problemas en su relación, etc). Que te gusten más géneros no aumenta las probabilidades de una infidelidad.

Dos: relacionada con esta de celos, ningún género es mejor que el otro, si eres pareja de alguien bisexual y ahora está contigo, no le «falta» nada del otro género. Revisa tus ideas patriarcales.

Tres: no es una fase. La persona no tiene porqué definirse hacia un lado o a otro, y no tiene que ser tampoco que es que hayan descubierto ahora que son gays/lesbianas (si a lo mejor han descubierto más tarde que les atraen personas del mismo género) porque es normal, en una sociedad donde la heterosexualidad es obligatoria y se te asume por defecto, que tardes más en darte cuenta de tu atracción hacia el mismo género. Pero no tiene porqué ser excluyente.

Cuatro: no juzgues por quién salga con esa persona, por el aspecto más masculino o femenino que tenga, etc. Es la persona quien te puede decir su orientación, no tienes que asumirla tú. No te bases en clichés.

Como se decía al principio del texto, estos prejuicios se reducen entre las nuevas generaciones, donde tanto la identidad como la orientación, tienden a ser más fluida.

Pero incidimos en aquellas personas que viven su bisexualidad, fuera de la heteronormatividad en la etapa ya adulta. Es necesario que desde la psicología se pueda dar un adecuado acompañamiento y validación a los retos que van a tener que transitar en esta etapa.

Así como a aquellas personas que viven es espacios rurales o urbes pequeñas. Dónde ser visible, ocasiona señalamiento y discriminación.

¿Y la sociedad en conjunto qué puede hacer?

Para resolver esta situación, se ha de pasar por algo que, por no más repetido es menos válido: LA SENSIBILIZACIÓN y la EDUCACIÓN desde todas las etapas, es el motor necesario para el cambio.

A partir de la nueva LEY 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, en su ARTÍCULO 6. Recoge que se “promoverán campañas de sensibilización, divulgación y fomento del respeto a la diversidad en materia de orientación sexual, identidad sexual, expresión de género y características sexuales y a la diversidad familiar, dirigidas a toda la sociedad, y en especial en los ámbitos donde la discriminación afecte a sectores de población más vulnerables”.

Así mismo el ARTÍCULO 10. Que recoge la Estrategia estatal para la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI. Las medidas dirigidas a la información, sensibilización y formación en igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI, prestando especial atención a la sensibilización y prevención de la violencia LGTBIfóbica. Donde prestará especial atención a las discriminaciones múltiples e interseccionales.

Como contribución en esta última parte, recogemos algunas recomendaciones por parte de las personas del colectivo representadas por la FELGTB en para reducir o evitar el borrado bisexual (que es esta invisibilidad de la que venimos hablando):

  • Dar visibilidad y dar a conocer referentes bisexuales.
  • Organización de jornadas y coloquios.
  • Tomar posiciones de representatividad dentro y fuera del colectivo LGTBIQA+
  • Se visibilicen y se difundan los estudios, investigaciones y trabajos donde se aborde la bisexualidad.
  • Pedir de manera explícita, que los medios de comunicación tomen conciencia en el tratamiento de la realidad bisexual.
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Conductas tóxicas sutiles que pueden ocurrir a la hora de ligar

En una realidad donde ligar se realiza principalmente a través de redes sociales o de aplicaciones, nos enfrentamos a personas que pueden suscitarnos ilusión y atracción, pero también nos enfrentan a conductas tóxicas ejercidas por personas con baja responsabilidad afectiva y que pueden tener un gran impacto emocional en nosotros.

La posibilidad de conocer personas de forma fácil e indiscriminada y estar conectados de manera indefinida y ambigua a través de Internet, nos expone a muchas personas que no están preparadas o directamente no quieren establecer conexiones (ya sea para una relación casual o más formal) de forma honesta.  Aquí os dejamos algunas conductas que pueden tener hacia nosotros:

¿Qué es el breadcrumbing?

Es un término inglés que hace referencia a dejar migas de pan, igual que Hansel y Gretel seguían éstas para llegar a casa, es un fenómeno en el que una persona mantiene el contacto con el mínimo esfuerzo: mediante pequeñas muestras de atención u afecto, esta persona da a entender de manera ambigua que quiere avanzar hacia una relación estable y comprometida. De esta forma, consigue fomentar la esperanza de una relación estable y las emociones hacia él, y por tanto seguir en la vida y mente de la persona a la que quiere mantener disponible, sin comprometerse, realizar esfuerzos, consolidar la relación y evitando que se haga un cierre de esta relación.

Algunos ejemplos serían “Dejemos que fluya” o “veremos” cuando se habla de sentimientos o compromisos; no hablar nunca de la relación; mensajes muy espaciados (semanas e incluso meses) pero constantes; conductas contradictorias de afecto o indiferencia; la búsqueda de interacción online (mensajes, reacciones efímeras a contenido en las redes sociales), pero reticencia a hacerlo de forma presencial.

¿Cómo me afecta el breadcrumbing?

Es una táctica típica en los comienzos de una relación, cuando dos personas se está conociendo y todavía no existe una verbalización respecto a las expectativas de la relación que une a esas dos personas. El breadcrumbing consiste, en términos psicológicos, en “refuerzo intermitente” es decir que la persona recibe una recompensa (atención o afecto en este caso) de forma intermitente e impredecible, consiguiendo que la persona que lo recibe se encuentre ansiosa, frustrada, confusa y con una sensación de tristeza y/o vacío, cuando no se están recibiendo esas señales. Y cuando la persona “vuelve”, la emoción agradable suele ser intensa, olvidando los momentos anteriores, y creando una cierta “adicción” a la idea de esa relación. También puede contribuir a sentir indefensión en las relaciones afectivo-sexuales y mermar la autoestima de la persona que lo recibe, que puede llegar a sentir que se debe a ella.

¿Qué es el negging?

Hace referencia al término inglés “negative complimenting”, que significa halagos negativos. Esta conducta consiste en realizar comentarios negativos o insultos en forma de piropo, es decir la persona parece halagar o resaltar algún aspecto positivo de otra persona, pero posicionándola después en un lugar inferior o quitándole valor a la cualidad que se ha alagado. Algunos ejemplos podrían ser

no me suelen gustas las chicas bajitas, pero eres la excepción”,  “estás muy bien para la edad que tienes” “no pensaba que supieras de estos temas”, “eres guapa, pero estarías mejor con un vestido/unos kilos menos”.

¿Cómo me afecta el negging?

A través de esto, la persona que lo emite siente el impulso o la necesidad de posicionarse en una situación de superioridad o aumentar su autoestima, minando la de la otra persona. Además, esto puede pasar desapercibido fácilmente, a través de la ambigüedad o sutileza de las palabras, a lo que se le añade la falsa idea de “los que se pelean se desean” o el contexto de estar conociéndose (en el que es probable que se asuma que la intención no es “mala” o la persona no tiene habilidades al ligar). Así pues, puede crear sentimientos de confusión, inseguridad, búsqueda de aprobación del otro, tristeza o incomodidad.

¿Qué es el ghosting?

El termino inglés hace referencia a la idea de un fantasma, y la práctica consiste en acabar una relación afectiva de forma repentina y sin explicación o despedida, cortando la comunicación, especialmente virtualmente. Puede ser de forma progresiva (un poco más parecido al breadcrumbing que comentábamos), manteniendo el mínimo contacto (likes, reacciones a contenido en redes sociales, pequeños mensajes), cancelando con antelación los encuentros presenciales para acabar desapareciendo; o puede ser de manera repentina, dejando de responder o incluso bloqueando o quitando el acceso a la comunicación.

¿Cómo me afecta el ghosting?

Crea una emoción de confusión, tristeza (incluso vacío y sentimiento de abandono), rabia e impotencia por no saber qué ha ocurrido, así como se suelen buscar explicaciones dentro de la propia conducta (cuando realmente tiene que ver con la persona que lo realiza y no con la que lo sufre) que pueden provocar rumiación, culpa o baja autoestima.

Es importante recordar que estas conductas se deben a la baja responsabilidad afectiva de la persona que las emite y NO a la persona que las sufre. Pero, por mucho conocimiento que tengamos de éstas, a veces gestionar estas situaciones (y otras que pueden darse) y las emociones que nos suscitan éstas, puede ser complicado. Si te encuentras en esa situación, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte.

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Estilos de apego: los nuevos horóscopos

La divulgación científica es cada vez más prolija y accesible gracias a las redes sociales. Así como en estos últimos años, más desde la pandemia COVID-20, la salud mental acapara la atención de una sociedad, cada vez más ocupada en conocerse y cuidarse.

Nos encontramos a menudo que para llegar a esa parte de la población y engancharla en contenido teórico psicológico, se están recurriendo a ejercicios muy similares a los utilizados por los horóscopos.

¿Os suena el EFECTO FORER (Te lo explicamos aquí)? Consiste en identificarse con una descripción genérica, ambigua, inespecífica y que por ende podría ajustarse a la mayoría de la población. Si damos enunciados vagos, coherentes con la mayoría de circunstancias y contenido inespecífico, es muy probable que la gran mayoría de nosotros nos atribuyamos la descripción y estemos de acuerdo con ello.

Pero es que mi horóscopo me describe perfectamente: “Claro que sí Wapi”, pero esto ocurre como consecuencia del efecto de la PROFECIA AUTOCUMPLIDA. Esto se da cuando una predicción, nos genera una expectativa y adaptamos nuestro comportamiento para cumplir esa expectativa, por consiguiente, la probabilidad de que esa predicción se cumple aumenta. Esto va a reforzar que demos por válida la fuente desde donde se nos anuncio esa predicción.

Con los ESTILOS DE APEGO, venimos observado que esta sucediendo un proceso similar al explicado. Cuando leemos:

Apego seguro:

  • Afronta los conflictos
  • Expresa sus sentimientos y necesidades
  • Disfruta del tiempo en pareja y del tiempo sin ella
  • Crea relaciones de independencia

Apego evitativo:

  • Evita los conflictos
  • No suele expresar lo que piensa o siente
  • Valora más el tiempo propio que el tiempo en pareja
  • Miedo o dificultades ante el compromiso

Apego ansioso:

  • Vive los conflictos con mucha angustia
  • Antepone las necesidades de las demás personas a las suyas
  • Compartir todo el tiempo en pareja se vuelve su prioridad
  • Suele crear relaciones de dependencia
  • Teme de forma excesiva el abandono

Apego Desorganizado

  • Vive los conflictos de forma dramática e histriónica
  • Desconfía de las personas que le rodean
  • Teme vincularse con otres por miedo a salir heride o defraudade
  • Sus relaciones se caracterizan por la inestabilidad
  • Ambivalencia, temor al abandono, pero incapacidad para intimar.

Verdad que leyendo esto, ¿os habéis reconocide en algún estilo de apego, o habéis identificade a alguna de las personas con las que creáis vínculos?.

Primero, el ESTILO DE APEGO hace referencia al vínculo afectivo que se establece entre niñe y cuidadore. Esto repercute en el desarrollo de nuestro cerebro, condiciona nuestro sistema nervioso autónomo y desarrolla la manera en que nos vemos a nosotres mismes, a otres y al mundo.

Lo reseñable, si llegais hasta aquí, es que aceptar esto sin un análisis y reflexión, os haría aceptar los estilos de apego, al igual que aceptamos nuestro signo del zodiaco. Entonces, que hago si me interesa conocer cual es mi estilo de apego y como eso influye en mis relaciones.

Acude y conversa con tu psicóloga/o/e de confianza, desde el acompañamiento, podrás reconocer y romper patrones de relaciones que no deseas repetir. Con ello estarás trabajando en el cambio sobre la forma en que vinculamos.

Puedes empezar por abordar tus propias necesidades, priorizar el autocuidado, marcar límites. Puede parecer que creencias profundas sean difícilmente modificables, pero todo lo que se aprende es susceptible de desaprenderse.

Acude a nosotras si buscas una relación sana que se base en:

  • Autonomía emocional
  • Saber poner límites
  • Saber comunicar necesidades
  • Desarrollo de una sana autoestima y confianza en une misme
  • En caso de ruptura saber seguir adelante, generar nuevos vínculos
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Es hetero pero…

Hace unas semanas me estaba tomando algo con unas amigas y charlando tranquilamente sobre todo tipo de temas cuando por algún motivo surgió hablar de a quién le gustaba quién. Concretamente, de algún modo la conversación derivó en hablar de una chica que algunas conocían. Se acabó hablando de la orientación sexual de esta chica en cuestión.

Se debatió sobre ello, se dijo que sí, que le gustaban las chicas pero que era hetero. Yo estaba tan en shock que no sabía muy bien ni qué decir. Este grupo de gente eran personas bienintencionadas, con empatía, formación y conocimiento de muchos temas y aun así se estaba discutiendo la orientación sexual de esta chica no presente como si fuese un debate o una conversación abierta. Confronté la situación y dije “pero si ha dicho que es bisexual” a lo que se me respondió que la chica en cuestión había afirmado que “soy bi pero salgo más con chicos” o incluso que le gustaban a veces más chicos o atraían más. Esto fue aceptado por todas las personas presentes como un argumento irrefutable. “Pero es que salir más o que te atraiga más un género no te hace menos bi” afirmé. “Ya, pero si dice que es bisexual, ¿pero le gustan más los hombres entonces que es?”, me contestaron. “Pues entonces es una persona bi a la que le gustan más los hombres”.

Parece increíble la necesidad imperiosa que tenemos de dicotomizarlo todo, hombre o mujer, femenino-masculino, hetero-homo. Nada entremedias ni otras opciones, y si existen las intentamos meter con calzador en cualquiera de estas parejas de categorías. Además, las asumimos opuestas y excluyentes (¡y no lo son!). Borrando la libertad, la flexibilidad, la diversidad y la riqueza y variedad del ser humano.

A veces sustituimos la heteronorma por una homonorma (o la propia LGBTIAQ+ tomamos la heternorma como referencia para descubrirnos y etiquetarnos) y esto es malo; no sólo para la gente que se autodefine como bisexual, queer, asexual o alguna etiqueta que no encaje en lo hetero y lo homo, sino que es dañino para las propias personas homosexuales y heterosexuales también. Al intentar meternos a todas en este reduccionismo absurdo no nos permitimos más opciones, fluir, cambiar. No exploramos nuestro deseo libremente, sino que lo vemos a través de prejuicios, de un prisma muy concreto. A menudo este prisma es asumir a todo el mundo hetero hasta que no se demuestre lo contrario… y si te sales de ahí y eres un chico más afeminado se te etiqueta como gay, las mujeres más marimacho se las ve como lesbianas (cuando nada de esto tiene que ver con la orientación sexual). Y por supuesto un chico que dice ser bi… será gay hasta que se demuestre lo contario y una chica bi será vista como hetero hasta que se demuestre lo contrario. En ambos casos se asume que el amor o atracción por las mujeres es menos válida, importante o que ni siquiera es real. El amor hacia los hombres si parece más legítimo. (El amor hacia las personas no binarias no parece ni existir ni ser nombrado nunca).

En conclusión: no podemos ni debemos forzar etiquetas sobre la gente. Esto es extremadamente violento y fuerza a la gente de vuelta en el armario. Las personas con cis passing o straight passing (que puedan aparentar físicamente ser hetero o cisgénero cuando no lo son) pueden tener ciertos privilegios materiales en algunas situaciones (como recibir menos acoso callejero) pero la otra cara de la moneda es la invisibilidad constante. El que nunca te consideren suficientemente queer, el que te metan un ay otra vez dentro del armario. No es ninguna sorpresa que justo estas personas sean las que más tiempo tardan en salir del armario, más les cuesta y tengan más dudas en cuanto a su identidad.

Por esto, cuando alguien te diga que es lesbiana, bi, gay, queer, asex, no binarie…. Por favor que lo primero que salga de tu boca no sea cuestionarles. Acompaña y apoya a estas personas, valida sus identidades tanto en su presencia como su ausencia. Recuerda que nadie tiene que tener un currículo concreto ni reunir suficientes puntos en el carnet bisexual para ser válido, válida o válide. Las personas bi pueden tener preferencia por géneros, pueden fluctuar sus gustos y seguir siendo bi. Pueden no haber salido nunca con un género concreto (o ninguno) y seguir siendo bi (fíjate que a la gente hetero que no ha salido con nadie no se les cuestiona su heterosexualidad). Las personas bisexuales no deben nada a nadie para ser “suficientemente bi”, así que no las llames heteropero, heteroflexible (a no ser que lo pidan).

No seas el primer bully bífobo, homofóbo, tránsfobo o acefobo de alguien. No seas la primera persona en meter a alguien en el armario (¡aunque no esté delante!). No seas esa persona que intenta reescribir la historia de otras, que niegue su realidad y haga que la gente se sienta insegura y vuelva al armario. No sabemos el impacto que tienen las palabras y es muy importante cuidarlas, especialmente en un tema tan personal. Cuando alguien te cuente su identidad valídala y apóyales, que han decidido compartir ese pedacito de sí mismas contigo, y desde Quiero Psicología podemos ayudarte para comprender y acompañar mejor a nuestros seres queridos.

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¿Cómo sé si soy asexual?

En la segunda mitad del mes de octubre se celebra La Semana de la Conciencia Asexual, una campaña internacional cuyo objetivo consiste en educar sobre las identidades de las personas asexuales, arrománticas (que no sienten una atracción romántica), demisexuales (únicamente sienten atracción sexual hacia alguien con quien se ha establecido previamente un vínculo afectivo), y grisexuales (persona con una baja pulsión sexual o que solo siente atracción sexual hacia otra que cumpla una determinada característica, circunstancia o situación)..

Hoy nos centraremos específicamente en la asexualidad y algunas preguntas, mitos y creencias frecuentes asociadas a ella.

¿En qué consiste está orientación sexual exactamente?

 La asexualidad se define como la ausencia de atracción sexual dirigida hacia otras personas. Las personas asexuales pueden sentir otro tipo de atracciones como romántica, afectiva, estética… etc. Por lo tanto, pueden ser asexuales y heterorrománticas, birrománticas, homorrománticas o arrománticas

¿Eso no es tener bajo deseo?

Un mito frecuentemente extendido sobre las personas asexuales es que no experimentan lívido o deseo sexual. Esto no es exactamente lo mismo que ser asexual: una persona puede ser hetero, bi, homosexual y tener un deseo sexual bajo, alto o cambiante, no es dependiente de que orientación sexual tenemos. Las personas asexuales también pueden tener un deseo bajo o alto, pero esto no cambia el hecho que experimentan nula o poca atracción sexual orientada hacia otras personas. ¡Son dos cosas completamente distintas!

¿Las personas asexuales se masturban?

Del mismo modo, las personas asexuales pueden querer masturbarse más o menos a menudo (o jamás) debido a que el deseo que tenemos, es independiente de que nos atraiga una persona sexualmente.

¿Las personas asexuales tienen relaciones sexuales?

Algo similar puede suceder con las prácticas sexuales con otras personas. Una persona asexual puede querer tener relaciones sexuales con otras personas con más o menos frecuencia. Yo puedo querer experimentar satisfacción sexual sin tener necesariamente atracción sexual dirigida hacia otras personas, aunque es probable que pueda interesarme menos a menudo que a una persona alosexual (personas que sí experimentan atracción sexual).

Es interesante que frecuentemente para muchas personas asexuales las fantasías o prácticas sexuales suelen estar mucho más centradas en el qué hago que con quién.

Es decir, lo erotizado (lo que “me pone”) suele ser más la práctica en sí, el escenario, los juguetes, el contexto… etc. que las personas involucradas. El deseo puede partir más de lo que se hace en sí que del hecho de erotizar a una persona concreta. El BDSM por ejemplo puede ser una práctica sexual o no: por ejemplo, el shibari o bondage (atadura de personas) no tiene por qué ser sexual (puede ser sensual, estético, dramático, liberador), las cosquillas pueden ser sexuales o no… Incluso la masturbación puede no ser sexual y puedo usarla como un alivio de tensión corporal.

Por esto para algunas personas asexuales el BDSM puede ser particularmente interesante, aunque otras personas lo asocien directamente a atracción sexual dirigida hacia otras personas. Por supuesto esto tampoco significa que sea el caso de todas las personas asexuales ni la mayoría.

Esto, de nuevo, no significa que a las personas asexuales no les atraigan las personas, sino que no experimentan atracción sexual hacia otras personas o no tan frecuentemente ni con tanta intensidad. Sin embargo, si les pueden atraer románticamente, estéticamente, platónicamente, amistosamente… etc.  Pueden tener prácticas eróticas consigo mismas o no, tener relaciones sexuales con otras personas o no… al igual que las personas de otras orientaciones sexuales.

Del mismo modo que no eres más o menos bisexual por salir con más hombres, mujeres o personas no-binarias (recordatorio que a una persona heterosexual si no sale con nadie no se le cuestiona su heterosexualidad) una persona asexual no es más o menos asex por cómo ni con quién se relaciona ni las prácticas que tiene.

Cada persona asexual puede tener una definición individual y personal sobre lo que es ser asex para ella y esto es válido, legítimo y merece respeto, tolerancia y aceptación.

La asexualidad no es una patología ni algo que corregir, las personas asexuales no están rotas ni incompletas. Las personas asexuales no son fruto de un trauma, y en el caso de que alguien sea asex y tenga algún trauma es indispensable recordar que las sexualidades a las cuales les atraviesa algún trauma son igual de válidas y merecen autodescubrirse libres de estigmas.

Existen personas hetero traumatizadas y no se cuestiona e invalida su orientación sexual a raíz de eso ni se plantea jamás que la heterosexualidad sea algo a corregir o modificar (en terapia ni en ningún lado). La asexualidad u otras orientaciones disidentes merecen la misma comprensión y apoyo en estas situaciones que las personas asexuales (y es responsabilidad por parte de las personas que nos dedicamos al ámbito sanitario garantizar estos derechos).

Las personas asexuales merecen no ser cuestionadas, que se las escuche y acompañe y que sean aceptadas igual que el resto de las identidades afectivo-sexuales. La asexualidad merece ser reconocida dentro de la diversidad humana como cualquier otra orientación: necesaria, válida, libre y digna de que se le garanticen los mismos derechos, celebración y visibilidad, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte y acompañarte.

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La isla de las tentaciones ¿o la isla de «todo mal»?

Hace unas semanas, comenzó la quinta temporada de la Isla de las tentaciones. Como ya sabréis este programa consiste en llevar a cinco parejas a un entorno paradisiaco para que pongan a prueba su relación. Las chicas son enviadas a una villa, donde convivirán con varios pretendientes y tendrán citas, fiestas y mucho alcohol. Y los chicos, más de lo mismo. El problema es que nos sentamos en el sofá a ver un programa en el que hay muchas cosas mal, empezando por la heteronorma y terminando por la reproducción del amor romántico.

Después de cinco temporadas, a nadie se le ha ocurrido llevar parejas diversas, la gran mayoría de las personas que participan en el reality (por no decir todas) son personas cis heteros, blancas, sin ningún tipo de discapacidad y con cuerpos irreales. Que por una parte hasta te alegras de que no hayan metido a una persona gay con todos los clichés del mundo, para parecer inclusivos.

Con respecto a los cuerpos de estas personas, poco o nada se parecen a los que tenemos nosotras o vemos por la calle. Ni un pelo donde no tiene que haberlo, ni un ápice de grasa, ni flacidez, celulitis, cicatrices, ojeras, granos, canas, ni un pie más grande que otro, pechos y/o culos operados y chicos que se ponen a hacer flexiones a las 2 de la tarde al sol en la república dominicana. No podemos hablar de la relación que tienen con la comida porque prácticamente no se ve (quiero pensar que es porque durante las comidas no pasa nada interesante a nivel de salseo).

¿Cómo te afecta esta cultura en tu pareja?

Las frases de “si no estas celoso es porque no me quieres”, “Quiero verla bien, pero que tampoco demasiado bien”, “si lo pasa mal es porque me quiere” entre otras muchas, es lo más escuchado en ambas villas. Seguimos escuchando y reproduciendo los peligrosos mitos del amor romántico y al parecer, ninguna de las treinta personas que hay en la isla, se escandaliza.

Porque lo peor que puede hacer tu pareja es ponerte los cuernos, la luz de gas, la manipulación, las mentiras, la falta de comunicación, el control, la desconfianza y las faltas de respeto, no nos indignan tanto. Parece que el único modelo relacional que está bien visto es la monogamia, (y con esto no queremos decir que todo el mundo tenga que practicar el poliamor o las relaciones abiertas) y como consecuencia, la mayor muestra de amor es la exclusividad sexual.

Este tipo de programas pueden ser perjudiciales, sobre todo para les más jóvenes porque pueden sacar conclusiones equivocadas. Como por ejemplo que las personas con cuerpos no normativos, racializadas, neurodivergentes, discapacitadas, queer, y un largo etcétera, no suponemos una tentación para nadie y que por lo tanto no tenemos derecho a relacionarnos sexo afectivamente. O que, si no controlamos, no estamos celosas, no manipulamos o mentimos, ejercemos violencia de algún tipo, o nos sentimos atraídas por alguien más, dudamos, nos cuestionamos la relación, ponemos límites y los respetamos es porque no queremos a nuestras parejas, y nada más lejos de la realidad.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantadas de acompañarte y ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Sexualidad

¿Cuándo y cómo quiero tener sexo?

La visibilización de relaciones no normativas y de una sexualidad liberal han hecho que el aspecto físico de una relación tome protagonismo hoy en día. Esto es algo maravilloso, pero también pone el foco en un área con la que algunas personas no se sienten a gusto. Esto se potencia si te encuentras en la situación de estar iniciando una relación o conociendo a personas de forma activa: La presión de ser abierto o liberal, las ganas de complacer a tu pareja, la ansiedad o miedo que pueda crearte la idea de “perder” a esa persona, o el sentimiento de querer compensar inseguridades que puedas tener sobre ti mismo, hacen que puedas sentirte empujado a realizar actividades sexuales con las que no te sientes demasiado cómodo.

Las relaciones sexuales permiten establecer una conexión con uno mismo y/o con otra persona, explorar nuestra intimidad y disfrutar de nuestro cuerpo, así como el de la otra persona. Pueden ser una actividad muy placentera y bastante reveladora: El sexo nos puede hacer producir grandes cantidades de hormonas, como dopamina, noradrenalina, serotonina y oxitocina, que actúan sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer, la excitación, la sensación de bienestar, incrementando la complicidad, afecto y confianza con la pareja. Sin embargo, no todas las personas o las relaciones sexuales son igual: es importante que tengamos en cuenta las emociones que sentimos de cara a esa intimidad, ya sea antes, durante o después.

Desde aquí, te daremos unas recomendaciones para poder evitar que la situación se complique.

1. Escanea tu cuerpo para observar si tienes algún tipo de emoción o sensación física que pueda ser desagradable al pensar en tener intimidad con una persona.

2. Si estas sensaciones son muy intensas, intenta gestionarlas antes de decidirte a hacer nada con nadie. Puedes probar a verbalizarlo y compartirlo con alguna persona de confianza. Es probable que lo que estés sintiendo sea algo que los demás hayan podido experimentar o que al menos puedan empatizar. También puedes aprender a gestionarlo con un profesional.

3. Si no estás preparado para hacer nada, comunícalo a la persona con la que estás pensando tener intimidad. Ya sea establecer tu límite o compartir lo que sea que estés sintiendo, puede ser útil para que la otra persona te entienda y un alivio para ti. Tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no es algo de lo que avergonzarse, ni algo que tengas que ocultar. Pero puedes compartirlo, si así lo deseas o si sientes que tienes suficiente confianza con esa persona, o vas a sentirte respetada por ella. Si esa persona no buscar entenderte o respeta tus límites, entonces tal vez no es la persona con la que quieras tener intimidad (si no te respeta antes, es muy probable que no lo haga durante).

4. Si sigues teniendo algunas dudas, puedes establecer una lista de conductas o hablar de forma más informal con esa persona sobre las actividades que te gustan o que te disgustan, así como aspectos más globales (hay personas más sexuales que otras o con otro ritmos). No todos somos iguales, ni tenemos los mismos gustos, entonces es importante comunicarse (Especialmente si es una persona que estamos conociendo todavía): De hecho, es algo que es muy importante que podamos hacer antes, pero también durante el sexo, comunicar que nos gusta y cómo nos gusta. Si esto ocurre antes de las relaciones sexuales, puede ser una buena forma de excitar o iniciar los preliminares. Pero también durante, ya que se puede convertir en un juego erótico o Un momento de exploración compartido con otra persona. Recuerda que puedes parar y cambiar de opinión EN CUALQUIER MOMENTO.

5. Otro aspecto a vigilar es que las relaciones sexuales sean la única forma en la que te sientas seguro en tu relación con una persona: sentir la necesidad de mantenerlas, para evitar sentirte inseguro, te reduce a un cuerpo y minimiza lo que eres. Eres más que tu cuerpo, y es importante que puedas sentirte a gusto en otros aspectos de tu relación (si es lo que quieres).

Si ves que tu sexualidad te está creando malestar, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.