Positividad-tóxica

La positividad tóxica o el efecto Mr Wonderful:

Actualmente, se vende bastante la idea forzada de ser feliz, pase lo que pase a través de libros y de cuentas en redes sociales. Un ejemplo es el merchandising de Mr. Wonderful, una marca cuyos dibujos color pastel esconden esta positividad tóxica.

La idea de estar siempre feliz puede sonar atractiva, pero el bombardeo de mensajes con este tono tiene un efecto muy lejano del pretendido. En protesta a este fenómeno, nacen otras marcas como Mr. Puterful, Mr. Wonderfuck, etc.

La positividad tóxica es esa imposición de una actitud positiva, falsa, que niega las emociones desagradables y predica un estado de ánimo optimista y feliz en cualquier situación. Existen dos formas de positividad tóxica que podemos experimentar: la dirigida hacia uno mismo y la que es recibida por parte de otros.

¿Por qué la positividad tóxica no es empatía?

Esa positividad tóxica puede animar a algunas personas, pero hablamos de algo diferente a la empatía. La empatía busca apoyar a una persona, conectando con su malestar, mientras que esta positividad tóxica finge dar apoyo desde una distancia emocional, que además invalida las emociones de la otra persona. Puedes ver la diferencia entre la simpatía (que sería lo similar a este fenómeno, en este caso) y la empatía, en este vídeo: https://youtu.be/KZBTYViDPlQ .

Aquí te dejo unas frases recurrentes cuando se da esa positividad tóxica, y posibles frases alternativas que sí demuestran esa empatía.

POSITIVIDAD TÓXICA EMPATÍA REAL
Todo irá bien   Salga como quieres o no, estoy aquí para ti.
Podría ser peor Sé que lo estás pasando mal, tienes derecho a sentirlo.
No te rindas Parar puede ser muy sano, y si necesitas hacerlo, está bien.
Lo superarás   Sé que ahora te sientes muy mal, y puede que no sea duradero, pero mientras pasa, estoy aquí.
Querer es poder / Puedes con todo. Desear algo mucho no asegura que pase, pero estoy orgulloso de que lo intentes.
Piensa en positivo No siempre es fácil ver lo positivo si te sientes mal.
No te preocupes, solo sé feliz Preocuparse es humano, sé que no puedes “apagar” esa emoción. Si quieres distraerte, hablar o buscar soluciones, estoy aquí.
No estés triste / No llores Es normal estar triste / Date permiso para llorar
Si los demás pueden, tú también Cada uno tiene diferentes capacidades y limitaciones. Lo importante es que lo estás intentando.

¿Qué siento cuando recibo esta positividad tóxica?

  • Invalidación, presión, frustración, culpa, autoexigencia: No todo será maravilloso, y tener la expectativa de que sí es poco realista, el sufrimiento es una parte inherente de la existencia humana y no podemos negarla. Estas emociones son lo que se considera el sufrimiento secundario, es decir el sufrimiento por tener sufrimiento.
  • Categorizar las emociones como buenas o malas: pueden ser agradables o desagradables, esto puede llevar a una polarización de los estados de ánimo, si no estoy feliz de manera intensa, estoy triste. Además, algunas personas pueden buscar emociones agradables intensas y otros algunas menos intensas (calma, paz, tranquilidad). Estas últimas tienen un gran efecto positivo neurológico y físico, y desaparecen del espectro con estas actitudes.
  • Negar las emociones desagradables no quiere decir que nos quitemos las desagradables, de hecho, varios estudios (incluso a lo largo de 10 años) han encontrado que esta evitación como estrategia se relacionaba con niveles de depresión más altos, y emociones de tristeza más intensas. Esto tiene sentido, pues la continua evitación podría contribuir a la “acumulación” de esas emociones negativas no gestionadas, provocando “explosiones” emocionales, y teniendo el efecto contrario al buscado originalmente.
  • La felicidad extrema no es realista, pero también es peligrosa:  las emociones desagradables dan mucha información importante para nuestra supervivencia como la ansiedad o el miedo, negarlas sería no tener en cuenta riesgos, por ejemplo. También da el mensaje de que podemos equiparar todas las necesidades, y esto es poco eficaz (de cara a tener prioridades): no podemos estar comprometido al 100% en todas las necesidades que tenemos, ni será posible en todas las áreas de la vida.
  • Promueve el hedonismo y el egoísmo: centrarse en la búsqueda del placer inmediato puede ser perjudicial a largo plazo (busco el bienestar rápido de la droga por evitar la abstinencia, ignorando el bienestar a largo plazo que produce el malestar inmediato que es aguantar sin consumir), además de no promover la responsabilidad social, ignorando las necesidades sociales.

¿Cómo debería acompañar o consolar a las personas que quiero?

Uno de los trabajos más complicados es acompañar a una persona que lo está pasando mal, seguramente te sientas perdido, confundido, con miedo a ser intrusivo o empeorar la situación. Te dejamos los:

  • No hace falta que sepas qué hacer. Pregúntale a esa persona cómo quiere que se le apoye, y si no lo sabe, podéis buscar y probar qué le puede ayudar.
  • Acompañar en muchas ocasiones será estar presente mientras la persona sufre, esto es muy desagradable y es normal que no siempre estemos dispuestos a hacerlo. Es importante valorar si estás en un punto emocional para poder hacerlo (y hacerlo por no sentir culpa, por responsabilidad…) y cuanto quieres hacerlo. Si decides, asegúrate de luego tener tiempo de autocuidado para ti, ya sea tu solo o con otras personas.
  • No tengas prisa en dar una respuesta: al ver a alguien que se siente mal, queremos consolar enseguida, pero tomate tu tiempo para hablar o responder, o escucha a la otra persona. Los silencios pueden dar mucha empatía y confort.
  • Si el malestar de otra persona te está afectando excesivamente, tal vez pedir ayuda a un profesional para que tú puedas a aprender a gestionar esas emociones puede ser útil.

Recordemos que no podemos quitar el malestar o vivir una vida solo feliz, ya que no existe, pero sí podemos aliviar, sí podemos aceptar el malestar como parte de la vida y de nosotros, sí podemos acompañar.

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Depresión ¿Qué siento? ¿me he roto para siempre?:

¿Qué es una depresión?

Cada vez hay menos estigma de cara a la salud mental y aunque es muy positivo poder hablar sin tapujos de problemas psicológicos, se ha trivializado mucho la palabra depresión:

Una depresión no es simplemente tristeza desencadenada por un evento desagradable vital (ya que está sería una reacción emocional totalmente adaptativa de nuestro cuerpo), por lo que no sería apropiado usarlo indistintamente con la palabra “tristeza”. Es importante que la etiqueta nos da un contexto: poder entender los síntomas, como interactúan, qué suele ocurrir en esos casos… pero…

Una persona no es una depresión: recuerda que basta que cambie un criterio de los que se han definido como parte del grupo, para no “encajar”: es fácil ponernos la etiqueta, pero no tanto quitárnosla. Por eso, la mayoría de los psicólogos trabajan con los síntomas, la personalidad y el contexto de la persona, y no con un trastorno “aplicable a todo”.

Tipos de depresión

Aunque depresión se use livianamente el término depresión, aquí nos referiremos al más común que es el episodio depresivo mayor. De hecho, afecta a cerca de un 5 % de la población mundial, y con más frecuencia a las mujeres que a los hombres. Un episodio depresivo mayor se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para ser funcional, es decir que altera la vida habitual de la persona (trabajar o estudiar, dormir, comer, socializar, etc.). Estos episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves.

Aun teniendo un episodio depresivo, existen diferentes tipos de trastornos con relación a éste: puede ser un trastorno depresivo de un solo episodio, recurrente (quiere decir que la persona ha experimentado por lo menos dos episodios) o un trastorno bipolar (es un trastorno que se caracteriza por episodios depresivos que se alternan con episodios maníacos). También existe el trastorno distímico, el cual se suele definir como depresión crónica y se caracteriza por la mayoría de la sintomatología de la depresión mayor, pero en una intensidad más leve, menos incapacitante y durante más tiempo (mínimo 2 años).

¿Cuáles son los síntomas?

El trastorno depresivo mayor es un trastorno que afecta principalmente al estado de ánimo, pero también a la forma de pensar y percibir la realidad, al organismo. Describiremos los criterios diagnósticos de la depresión mayor, pero recordemos que solo un profesional puede diagnosticar con una evaluación completa de la persona y su situación.

La persona tiene que presentar cinco o más síntomas de la siguiente lista (siendo uno de los dos primeros obligatorios para su diagnóstico), de manera diaria, y durante al menos dos semanas, afectando a su funcionamiento vital, como hemos comentado antes:

1. Un estado de ánimo triste, desanimado, desesperanzado.

2. Una pérdida de interés en casi todas las actividades habituales, especialmente evidente en las que antes sentía placer.

3. Alteraciones en el peso y/o apetito. Aunque generalmente se da una disminución del apetito y una pérdida significativa del peso, algunas personas muestran un aumento del apetito o de la ingesta de alimentos -aunque no haya apetito- y también del peso.

4. Alteraciones en el ciclo de sueño: suelen aparecer muchas dificultades para quedarse dormido y/o sueño interrumpido, o demasiado sueño (hipersomnia).

5. Alteraciones en el aspecto psicomotor: algunas personas pueden sufrir episodios de agitación, incapacidad para permanecer tranquilo, y otros un enlentecimiento psicomotor, que consiste en hablar muy pausadamente y moverse lentamente (como si uno fuera a cámara lenta).

6. Una fatiga constante o gran pérdida de energía: que cualquier tarea, por pequeña que parezca, supone un esfuerzo titánico o parece difícil o imposible de lograr. 

7. Sentimientos de inutilidad y culpa, muy intensos y desproporcionados, sobre situaciones presentes o pasadas. Se repasa lo vivido, magnificando errores, catalogando cada acto como un fracaso, poniendo atención en todas las señales negativas.

8. Dificultades para concentrarse, tomar decisiones o recordar.

9. Pueden aparecer pensamientos recurrente acerca de la muerte y/o el suicidio (exista o no un plan, se lleve a cabo o no). A pesar del miedo a morir, la persona suele estar convencida de que él y los demás estarían mejor si falleciera.

Como hemos comentado, existen otros síntomas que se suelen dar como: llanto frecuente, sentimientos de angustia y ansiedad constante, irritabilidad y explosiones emocionales,

¿Por qué o cómo aparece?

Una depresión puede desencadenarse por un evento externo de naturaleza desagradable (despido, ruptura, fallecimiento), o no tener un desencadenante claro (endógena).  En ambos casos, pueden estar implicados diferentes factores que interactúen o lo potencien, como:

  • Químicos y hormonales: puede existir una desregulación de ciertos neurotransmisores (los mensajeros químicos del cerebro) importantes como la serotonina, u hormonal, como el tiroides o como los estrógenos y progesterona (ciclos menstruales, embarazos, etc.)
  • Genéticos: puede existir una predisposición genética, pero no quiere decir que se vaya a padecer, ya que el contexto familiar puede ser similar o no, pero otras circunstancias varían.
  • Médicos: muchos trastornos orgánicos cerebrales se acompañan de depresión con una frecuencia muy alta, como el cáncer.
  • Psicosociales: vivir situaciones traumáticas o de alto estrés (un divorcio, pérdida de un ser querido, etc.) pueden facilitar un trastorno depresivo, pero además rasgos de personalidad o patrones de conducta como: una baja autoestima, apego ansioso…

En relación a esto, se han formulado muchas teorías: Según Lewinsohn, la depresión se origina en una baja frecuencia de estímulos reforzadores positivos, ya sea disponibles en el ambiente, por las características de la persona (perspectiva, habilidades sociales…). Según Seligman, se debería a un estilo de atribución interno, global y estable que se basa en la desesperanza, y que hace que, ante sucesos desagradables, la persona tienda a la depresión (indefensión aprendida). Según Beck, las personas desarrollan esquemas y estructuras cognitivas, basadas en experiencias pasadas y guardadas en la memoria, que posibilitan una visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro (la Triada Cognitiva). Estos esquemas filtran la información recibida del mundo y por tanto definen cómo la persona percibe la realidad. Según Bower, cuando una persona está en un estado concreto emocional, le resulta fácil recordar sucesos previamente asociados en el pasado con esa emoción, pudiendo reinterpretar la realidad de esa forma, amplificando el estado emocional negativo.

Tips para la recuperación

  • Trata de estar acompañado y hablar con personas de tu entorno en las que confíes, si alguno ha pasado por algo similar, es más fácil que pueda apoyarte como necesitas.
  • Haz actividades agradables, aunque sea poco tiempo, y aunque no te sientas tan bien como antes al realizarlas o creas que no vas a estar al 100%. Empezar ya es algo.
  • No espere que su estado de ánimo mejore de inmediato, sino gradualmente.
  • Pospón decidir cambios importantes (cambiar de trabajo, divorciarse, etc.), consulta con personas que te conozcan bien y tengan una visión más objetiva de la situación.
  • No esperes grandes cambios rápido, toca celebrar cada pequeño logro: intenta ponerte metas realistas para la situación en la que estás. Sentirse mejor toma tiempo.
  • Es fácil que tengas pensamientos negativos, recuerda no creértelos, aunque puedan parecer muy reales en el momento. Puedes apuntarlos en algún lugar, ya los evaluarás y cambiarás más adelante.
  • Busca ayuda profesional que pueda darte herramientas y comprensión en un espacio seguro. En Quiero Psicología podemos ayudarte si estás listo para dar el paso.
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¿Tengo un TCA?

Los problemas psicológicos han ido aumentando en los últimos años, sobre todo, entre las más jóvenes. Después de la pandemia, las consultas psicológicas se han llenado de personas buscando ayuda, y el motivo de consulta que se repite es: TCA (Trastorno de la conducta alimentaria).

¿Qué es un TCA?

Los TCA, son trastornos psicológicos graves, que conlleva alteraciones de todo (o casi todo) lo relativo a la alimentación y lo que eso implica. Existen muchos tipos de TCA, sin embargo, los que más podemos ver en consulta psicológica son principalmente:

  • Anorexia nerviosa: Se rechazan sistemáticamente alimentos.
  • Bulimia nerviosa: Es la ingesta excesiva de alimentos en un periodo corto de tiempo. Esto se une a una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo cual le puede llevar a utilizar métodos para controlar el aumento de peso como inducirse el vómito.
  • Trastorno por atracón: La persona come generalmente una cantidad de comida mucho mayor de lo normal, todo al mismo tiempo. Se siente fuera de control durante estos atracones.
  • Vigorexia: Trastorno del comportamiento que se caracteriza por la obsesión de conseguir un cuerpo musculoso.
  • Ortorexia: Obsesión por controlar la calidad de los alimentos que se consumen, es decir la obsesión por comer totalmente sano.

¿Cuál es el origen de un TCA?

A pesar de sus diferencias, (sobre todo en la forma, más que en la función) también tienen características en común, y una de ellas es la insatisfacción corporal, que podemos definir como la discrepancia entre la imagen corporal que percibimos de nosotras mismas y la imagen corporal que consideramos ideal.

Esto se debe a muchos factores, pero uno de ellos es claramente el canon de belleza que nos han transmitido los medios de comunicación y que no es más que un estereotipo que nos empuja hacia la idealización de una belleza que parece ficticia en la gran mayoría de las veces, y no representa una vida saludable en la gran mayoría de sus casos.

En la década donde muchas de nosotras crecimos, nuestras figuras de referencia eran mujeres adultas (o adolescentes) con cuerpos esbeltos, normativos, proporcionados y algunos excesivamente delgados. Con esto no queremos decir que algunas de estas mujeres no tuvieran una constitución delgada y no tuviesen que hacer grandes esfuerzos, seguro que sí, sin embargo, sabemos que no es lo más habitual.

Actualmente los cánones han cambiado y aunque sabemos que la presión por tener un cuerpo normativo y encajar en los cánones de belleza, ha recaído mucho más en las mujeres y que además el normopeso y el sobrepeso se normaliza más en cuerpos masculinos, ellos no están exentos de este tipo de problemas, ya que el sistema se encarga de que todos caigamos en las mismas trampas.

Actualmente tenemos mucha más información sobre la anorexia o la bulimia nerviosa y podemos identificar como algo negativo o perjudicial el hecho de dejar de comer, de restringir una gran cantidad de alimentos o de llevar a cabo conductas purgativas como pueden ser los vómitos o laxantes, sin embargo, otras conductas que pueden ser igual de problemáticas están siendo aceptadas socialmente.

Por ejemplo, la practica excesiva de ejercicio, con el objetivo de ganar masa muscular en ellos y de tonificar y perder grasa corporal en ellas y el seguimiento de dietas pautadas por un entrenador personal (en el mejor de los casos), que nada tienen que ver con llevar un estilo de alimentación saludable, como la dieta keto, o la dieta depurativa entre otras. O el famoso estilo de vida “realfooding”, que promueve una alimentación basada en alimentos reales, mínimamente procesados, evitando o reduciendo lo máximo posible los ultraprocesados. Parece que a priori no tiene nada de malo, sin embargo, no siempre disponemos de tiempo para cocinar y para no consumir mas de un 10% de ultraprocesados que parece que se nos permite. Y es entonces cuando nos sentimos culpables por no seguir estas reglas (que no dejan de ser restrictivas), al igual que ocurre con otro tipo de dieta, y quizás esta culpa, tenga que mitigarse con algo relacionado con la comida, porque no tenemos otro tipo de estrategias de afrontamiento.

Visto así, parece que hay muchos comportamientos normalizados que pueden preceder a un TCA, sin embargo, lo que para una persona puede ser un disparador, para otra, con otro contexto y otras variables personales, puede no serlo. Sin embargo, puede haber una serie de conductas que nos den una pista sobre como esta siendo nuestra relación con la comida y con el cuerpo.

¿Podría estar haciendo conductas «peligrosas»?

Esto no es un test estandarizado y científico pero si estás haciendo este tipo de conductas con un nivel muy alto de ansiedad puede ser la antesala de un TCA, o al menos, un indicador de que tu autoestima no se encuentra muy bien:

  • Eliminar drásticamente ciertos alimentos que nos gustan porque tienen mayor índice calórico.
  • Seguimiento de las famosas dietas milagro para conseguir cambios en muy poco tiempo
  • Cambiar nuestros hábitos con la llegada de la operación bikini.
  • Demonizar grupos de alimentos porque no son lo suficientemente sanos.
  • Practicar más ejercicio del que nos gustaría o del que disfrutamos
  • Sentir emociones desagradables cuando nos saltamos las reglas.
  • Dejar de acudir a planes sociales en los que puede haber comida/bebida que «engorda» o en los que nuestro cuerpo puede ser más visible (como ir a la piscina)
  • Dedicar mucho tiempo a pensar qué y cómo vamos a comer…

En definitiva, si nuestro estado de ánimo depende de cuanto he adelgazado, o si llevamos a cabo comportamientos para que nuestro cuerpo cambie a toda costa, aun sabiendo lo perjudicial que puede llegar a ser, puede ser hora de pedir ayuda. En Quiero Psicología podemos ayudarte.