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La censura de las emociones negativas.

“Anímate, no pasa nada”, “no te sientas mal”.

¿Ayudan estos consejos a que te sientas mejor?

NO. Te explicamos porqué.

La positividad tóxica se manifiesta en frases como:

“Tienes que estar bien”

“No seas tan negativo”

“Tienes que animarte”,

“No puedes estar así”,

“Deja de llorar y anímate”  

“Tú pasa y ya está”.

“Estar triste no sirve de nada”

Aparentemente son frases que pretenden hacerte sentir mejor, ¿verdad? Pero lo que realmente esconden detrás es un mensaje muy dañino. Las has podido escuchar en tu familia o en tu grupo de amigos. Cuando tenías un problema y recurrías a alguien de tu confianza, recibías este mensaje, de manera que has aprendido a hablarte de la misma forma.

¿Cuándo sientes tristeza qué sueles hacer?

¿Y cuando estás enfadado?

¿Reconoces cuando tienes vergüenza? El hecho de saber lo que sientes y por qué lo haces te ayuda a entenderte, a conocerte y a saber lo qué necesitas y lo qué no.

Si has aprendido que la tristeza es una emoción que no sirve para nada, que “solo sirve para ponerte mal”, cuando te pase algo que te haga estar triste, utilizarás esta estrategia para evitarlo.

¿Sueles salir a tomar algo? ¿llamas a tus amigas para irte con ellas? ¿te sueles hablar desde la exigencia y no te permites estar mal?

Puedes sentir que la tristeza es un túnel en el que vas a entrar y del que no vas a salir, pero realmente la tristeza es un puente que te permite pasar al otro lado, te permite integrar que alguien se ha ido, que algo ya no va a volver a ser igual o que lo que está pasando te está haciendo daño.

¿Te permites enfadarte? ¿o el enfado no forma parte de tu repertorio habitual?

Si has aprendido que no está bien expresar el enfado, probablemente aguantes y aguantes hasta que un día explotas. Y si no lo explotas hacia fuera, explotarás hacia adentro en forma de frustración o tristeza.

El enfado sirve para poner límites y preservar tu espacio personal. Tienes derecho a enfadarte, tienes derecho a defender tu espacio.

¿Qué haces cuando sientes vergüenza? ¿Te sientes vulnerable por decir que tienes vergüenza?

Si para ti la vergüenza es sinónimo de debilidad y has aprendido que si te muestras débil corres más riesgo de que te hagan daño o de que los demás no te vayan a aceptar, evitarás a toda costa sentir y expresar la vergüenza. Pero la vergüenza es una emoción más que te da información de aquello en lo que no te encuentras lo suficientemente seguro o válido. Puede ser una puerta que te permita entrar en un espacio para trabajar en ti.

¿Qué pasa cuando tienes miedo? ¿te dejas sentir el miedo porque sabes que es una parte más de ti?

El miedo es una emoción más, forma parte de todos nosotros. Si realmente no identificas qué es lo que te da miedo y te haces cargo de ello, es posible que tengas otros síntomas ya que el miedo busca salir de alguna forma. Quizá sea ansiedad, pensamientos obsesivos y recurrentes o ataques de pánico. Es importante que el miedo tenga su espacio para que lo escuches, lo entiendas y te hagas cargo.

Como puedes ver, las emociones forman parte de ti. Es sano experimentar emociones en una medida ajustada y adecuada a la situación.

En cambio, el exceso de positividad es tóxico porque censura las emociones que son más desagradables y no te permite atender a las partes dañadas. ¿Quieres aprender a identificar qué sientes? ¿Quieres aprender a dejar de censurarte? Ven y cuéntanos, trabajaremos contigo. Contacta aquí.

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Sigue tus propios ritmos de desescalada

¿Eres de los que ya ha salido varias veces a tomar algo?  

¿Eres de los que aún no ha visto a nadie?

Son dos polos opuestos y esto puede dar pie a todo tipo de comentarios: “ya no hay que preocuparse tanto, ¡sal!”, “no puedes estar así todo el tiempo”, “¿cómo puedes aguantar?”,  “la gente es irresponsable, no deberían salir”, “¿seré un bicho raro por no querer ver a gente?

Quizás estés leyendo esto desde la Comunidad de Madrid o desde La Gomera y, en función de en qué punto del mapa te encuentres, estarás en una fase de la desescalada u otra pero, lo que de cualquier forma va a suceder tarde o temprano es la vuelta a la “normalidad”.

¿Qué pasa si no voy con los ritmos de desescalada de mis amigos o familiares?

Si has leído atentamente, la palabra normalidad está entre comillas, es decir, no hablamos de la normalidad que conocemos, sino, de una nueva forma de volver al día a día, algo nuevo.

Si eres de las personas que ya ha vuelto a salir de casa con asiduidad lo que leerás a continuación no te representará mucho aunque, quizás, te ayude a comprender la perspectiva contraria.

Si por el contrario no te sientes bien volviendo a la “normalidad” este post es para ti.

Como hemos escrito previamente, la vuelta a la normalidad está siendo diferente y esto puede generar en ti una variedad de emociones y sensaciones: miedo a contaminarte; tristeza por dejar la tranquilidad que tenías en casa; presión en el pecho al volver al trabajo; enfado al ver a personas sin respetar las distancias, etc. Con todo ese cóctel lo natural y lógico para ti es no querer volver a lanormalidad.

Olvidemos el juicio de si está bien o mal y centrémonos en, simplemente, permitir expresar y validar lo que estás sintiendo. No querer salir no está mal, no es algo raro y, si puedes elegir, no tienes la obligación de hacerlo si no quieres.

Repítete como un mantra este párrafo y date tregua.

Estamos ante una pandemia mundial, lo que ha supuesto una situación de peligro real y un cambio en la dinámica a la que estábamos acostumbrados y esto requiere de una adaptación por parte de todos/as. Esta adaptación es tan personal y hay tantas opciones como indivíduos.

Cada uno/a tiene un ritmo y lo adecuado es respetarlo.

De lo contrario, el estrés y la dificultad de ir contra tu proceso generará mayor malestar.

Ser más cauteloso/a forma parte de una reacción natural del ser humano ante situaciones de peligro como la que estamos viviendo en las que el miedo es la alarma que nos hace sobrevivir. Este estado de alerta te permite entender que la vuelta a la vida no será como siempre y te hará tomar las precauciones necesarias para cuidar tu salud y la de los demás.

La realidad que haya vivido cada persona influye también en su proceso. Por ejemplo: ser una persona de riesgo o convivir con alguien de riesgo; haber estado en primera línea siendo testigo de situaciones extremas como ver a compañeros/as saturados/as en el trabajo; presenciar fallecimientos o gestionar un funeral. Incluso sin estar dentro de estas experiencias es posible que estés empatizando con ellas.

¿Qué hago entonces?

Puede también que el confinamiento te haya permitido tener más tiempo para ti y los tuyos, que hayas podido conectar con una tranquilidad que no tenías antes de la pandemia, hacer cosas que habías dejado de hacer por la vorágine del día a día. Es perfectamente natural y comprensible que perder esto que te genere malestar.

-Aprovecha este tiempo para reflexionar sobre cómo te sientes, qué necesitas, qué te gustaría cambiar.

-Respeta lo que suceda en ti.

-Mantén el teletrabajo si puedes y si así te sientes mejor.

-Toma precauciones que te hagan sentir más seguro si tienes que salir.

-Comunica a tu entorno cómo te sientes para que comprendan tu situación.

-Vuelve gradualmente a la “normalidad”, no tienes que hacerlo todo de golpe.

-Evita sentirte juzgado o juzgar a otros. Cada persona tiene su proceso.

Exprime cada situación y aprende de cada experiencia. Esto te permitirá desarrollar recursos que quizás antes no tenías, contribuyendo a mejorar bienestar.

Si sientes que la situación te sobrepasa y necesitas ayuda profesional para adaptarte a esta nueva “normalidad” en Quiero Psicología podemos acompañarte en este proceso sin moverte de casa a través de sesiones online. Contacta aquí con nosotras.

Violencia en pareja y el confinamiento.

Si crees que tu pareja te está maltratando porque durante la cuarentena la situación se ha puesto especialmente tensa o porque tus sensaciones y sentimientos han cambiado o están cambiando a peor, te recomendamos hacer una lista de cosas que han podido pasar, como señales de alarma para identificar si has vivido o estás en una relación tóxica o violenta.

En otros post hemos visto de qué manera ha podido afectar negativamente el confinamiento a tu relación de pareja. No es agradable tener discusiones con tu pareja, pero es importante ver cómo ha sido realmente esa dinámica. Porque no es lo mismo haber tenido desacuerdos donde el nivel de intensidad ha sido más alto que en otras ocasiones a que hayas vivido una situación de violencia.

¿Cómo sé si he vivido situaciones de violencia?

Puede que sea difícil que veas lo que es “normal” y lo que no lo es, especialmente si tu relación lleva tiempo funcionando de esta misma forma y ha sido la cuarentena, pasar todo el tiempo juntos/as, lo que te ha hecho sentir malestar, incomodidad o miedo.

También puede que sea difícil identificar un comportamiento violento o tóxico en la persona que se supone que te quiere y a la que quieres, pero es importante detectarlo para poder trabajar en ello.

¿Cómo puedo diferenciarlo?

Hay una serie de comportamientos o indicadores que te van ayudar a hacerlo, estos son algunos de ellos:

¿Te ha sobrecargado de responsabilidades?

Tú asumes la mayor parte de las tareas de la casa; tu pareja se ha dedicado a tener espacios personales y en cambio tú no has tenido tiempo para ti; te ha exigido que la casa estuviera limpia o la comida lista sin haberte ayudado ni colaborado; tienes que estar siempre disponible y a su servicio para cuando quiera o te culpa de cualquier conflicto familiar.

Todas estas exigencias te generan agotamiento y hacen que no atiendas tus propias necesidades.

¿Distorsiona la realidad?

Te confunde porque te puede halagar a la vez que te humilla; muestra una imagen diferente de cara a los demás a la que tiene en casa; te miente, tergiversa vuestras conversaciones o los acuerdos que teníais; te sorprende con regalos que luego utiliza para manipularte; está convencido/a que es superior y que siempre tiene razón e incluso puede afectar a tu estado físico alterándote el sueño o incitándote a tomar tranquilizantes.

Este comportamiento cambiante te mantiene en un estado de confusión e inseguridad en el que no sabes qué es real y qué no.

¿Te devalúa?

Te hace sentir inferior; te insulta o hace comentarios críticos sobre tu aspecto físico y tu imagen; constantemente busca errores en ti o fallos; te devalúa como pareja; ridiculiza tus metas, actitudes y habilidades; se ríe de todo lo que no considera que es valioso o importante o incluso puede llegar a mostrar desprecio hacia tu familia de origen.

Esta actitud por parte de tu pareja puede afectarte muy negativamente, minando tu autoestima y haciendo que te avergüences.

¿Utiliza estrategias defensivas?

Quizás esquiva su responsabilidad o justifica este comportamiento restándole importancia, argumentando que no ha sido para tanto; explicando con todo lujo de detalles que es correcto lo que ha hecho; utilizando la racionalización y la lógica para explicar coherentemente por qué lo ha hecho; desviando su responsabilidad sobre el problema hacia causas externas; negando los hechos o las discusiones como defensa para restar credibilidad a lo que tú dices que ha pasado; haciéndose el/l olvidadizo/o, asegurando que no recuerda lo ocurrido o recurriendo al chantaje emocional para conseguir que sientas lástima por él/ella.

Si estas estrategias le funcionan, lo que consigue es que te acabas sintiendo culpable de cosas que no te pertenecen.

¿Te controla?

Te pregunta que a dónde vas incluso ahora que sólo has podido salir a comprar; decide dónde puedes y no puedes ir; te aísla de tus relaciones familiares y de tus amigos; te ha llegado a retener en casa; desconecta el teléfono o internet cuando se va a pasear y no permite que le acompañes; te oculta información sobre la situación económica pero te exige que le expliques detalladamente tus gastos.

Todos estos límites y controles, sumados a la situación de confinamiento, aumentan y agravan la sensación de aislamiento que pasa de ser una sensación a ser una realidad.

¿Te intimida?

Te intimida de forma verbal utilizando gestos, miradas o tonos de voz que sientes como amenazantes o, directamente, te dice que va a echarte de casa o a quitarte a tus hijos. Ha llegado a amenazarte o a agredirte físicamente con  empujones, zarandeos, tirándote cosas, etc.

La intimidación que puede ser difícil de reconocer como comportamiento si se da de forma puntual o muy espaciada en el tiempo, genera sensaciones de ansiedad y miedo que pueden generalizarse, de forma que estés constantemente esperando una reacción violenta del tipo que sea, aumentando el estrés que experimentas.

Detectar estas conductas puede ser a veces muy difícil, porque muchas de ellas son sutiles o porque te encuentras inmerso/a en una relación donde no tienes la opción de tomar perspectiva y verte “desde fuera” de la relación.

Si reconoces alguna de estas señales, si tus sensaciones y alarmas saltan cuando lees este post, no dudes: llámanos y empezaremos a trabajar en esta situación. Tienes derecho a vivir y a vivir bien.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

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¿Cómo evito obsesionarme con el contagio?

Ahora que empieza la desescalada, que poco a poco vamos a ir retomando la rutina, es una oportunidad para que los pensamientos se pongan en marcha y se presenten de forma más intensa recordándote que te puedes contagiar. Ya hemos hablado en otros post sobre cómo funciona el miedo y qué puedo hacer con esta emoción: mira aquí nuestro post anterior. El miedo hace que los pensamientos ganen fuerza y se mantengan durante más tiempo. 

¿Qué son los pensamientos?

Los pensamientos son producto de tu cabeza, al igual que no eliges que aparezcan, tampoco puedes elegir cuándo se van. Hay un tipo de pensamientos, los Pensamientos Negativos Automáticos (PAN), que son aquellos pensamientos que nos generan malestar porque se ponen en lo peor, pero que tienen alguna relación con las situaciones que hemos vivido o que estamos viviendo.

Por otro lado están los pensamientos obsesivos, que son aquellas ideas, imágenes o impulsos cuya mera presencia genera miedo.

Por ejemplo, puedes pensar que si sales al supermercado tienes posibilidades de contagiarte y eso te genera malestar.

Es normal, no es una situación agradable pero, ¿hay otra forma alternativa de verlo? Sí, al igual que piensas eso, también puedes pensar que realmente no tienes por qué contagiarte si sigues las medidas recomendadas.

Esto sería un pensamiento negativo, sin embargo, si la idea de ir al supermercado te genera un miedo muy elevado que te impide salir, podríamos estar hablando de una obsesión.

¿Qué puedo hacer con los pensamientos?

Cada persona es un mundo y conviene hacer terapia para entender el origen de los pensamientos y, sobre todo, ver qué es lo que mejor te funciona. Como he dicho anteriormente, no puedes elegir cuándo los pensamientos vienen ni cuándo se van pero sí puedes elegir qué hacer con ellos.

En primer lugar, te puedes hacer esta pregunta: ¿puedo hacer algo al respecto? Si la respuesta es sí, es el momento de ponerte manos a la obra y ocuparte de aquello que está dentro de tu alcance: voy a pensar en qué cosas necesito para salir a la calle, voy a guardar la distancia de seguridad, etc. 

Si la respuesta es no y el pensamiento se repite de manera recurrente e intensa, es el momento de hacer lo siguiente: es importante que aceptes los pensamientos. Intentar no pensar, dialogar con tus pensamientos o juzgarlos, lo que realmente hace es alimentarlos y fortalecerlos. “Tú no eres tus pensamientos, al igual que el cielo no es únicamente las estrellas, eres mucho más”. Acepta que han venido de nuevo y que se acabarán yendo.

Pero, ¿qué puedo hacer mientras tanto? 

Focaliza tus 5 sentidos en lo que está pasando.

Pregúntate: ¿qué estoy viendo?, ¿qué estoy tocando, qué tengo en las manos, cómo es la textura?, ¿que estoy sintiendo, hace frío, hace calor?, ¿a qué huele?, ¿qué estoy oyendo?. El objetivo es que centres tu atención en lo que está pasando, en el momento presente, y así dejar de prestarla a lo que pasa en tu cabeza. 

Dedica un rato del día a pensar únicamente en lo que te preocupa.

Elige un momento del día, busca un sitio y piensa o escribe sobre ello, sin parar. Este tiempo es para la preocupación únicamente, para darle todas las vueltas que necesite. 

Haz una conducta incompatible con la preocupación y la sensación de activación.

Por ejemplo, aunque el pensamiento siga en tu cabeza, ponte a hacer algo a un ritmo muy lento, lo que te apetezca y tengas a mano, pero lentamente para que así el cerebro reciba señales de calma. 

Los pensamientos vienen y van, y algunos son más desagradables que otros. Pero tú eres más que tus pensamientos. Si los pensamientos negativos te llevan acompañando toda tu vida, quizá sea el momento de empezar a cambiar esto. En Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo. Contacta aquí.

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¿Qué puedo hacer si me da miedo salir a la calle?

A raíz de lo que está pasando y de lo que ha pasado, puede que el hecho de retomar la rutina y volver a hacer vida normal te genere una sensación de miedo. Miedo a poder estar en contacto con el COVID-19.

¿Qué pasa cuando el peligro está en tu cabeza, cuando sientes que hagas lo que hagas no va a servir de nada?

Esto ocurre cuando sufrimos un “secuestro emocional” y por mucho que dialoguemos con nuestra parte miedosa y le hagamos entender que realmente salir a la calle no implica entrar directamente en una habitación llena de coronavirus, no nos va a escuchar.

¿Por qué? Porque el miedo se cree realmente que entramos en esa habitación y que las probabilidades de contagio son del 100%.

¿Tengo agorafobia?

La agorafobia, viene de la palabra ágora (lugar público) y fobia (temor). Se define como un miedo a estar en lugares o situaciones de los que pueda ser difícil escapar o en los que pueda no disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico.

Como esta sensación es muy desagradable, se evita salir o, si no queda otro remedio, se soporta a costa de un gran malestar, es decir, con una sensación de mucho miedo. Algo parecido está ocurriendo con la situación actual.

Los momentos que generan esas sensaciones a las personas con agorafobia son:

• Estar solo fuera de casa.
• Estar en lugares concurridos (muchedumbres).
• Estar en teatros, restaurantes, centros comerciales o iglesias.
• Estar en espacios cerrados como ascensores o túneles.
• Viajar en transportes públicos (autobuses, trenes, aviones, metro, etc).

¿Te suenan? ¿Coinciden con las situaciones que te dan más miedo?

Posibles soluciones para tu malestar

Para ti esta situación está siendo desagradable y te está generando malestar, por lo que te preguntarás ¿qué puedo hacer?

El miedo, como todas las emociones, funciona como una curva.
Una curva que va ascendiendo hasta que llega a su punto más alto, y en este punto es cuando el miedo se presenta con mayor intensidad, es un momento en el que solo sientes miedo y todo lo que está pasando a tu alrededor lo estás viviendo como un peligro que amenaza tu vida.

¿Qué me pasa cuando siento miedo?

Es muy importante que entiendas cómo funciona el miedo y que sepas que nadie se ha muerto por miedo, así que tú no vas a ser ni el primero ni la primera.

Es un momento muy desagradable donde se aparecen sensaciones físicas como respiración entrecortada, taquicardia, sudoración, tensión muscular, mareo… Fisiológicamente, tu cuerpo se está preparando para luchar o huir, pero realmente no puedes hacerlo.

Acepta lo que estás sintiendo en el cuerpo.

Puedes acompañarlo con una respiración lenta y profunda: inspira por la nariz durante 3 o 4 segundos, reten el aire un par de segundos y exhala por la boca durante 4 o 5 segundos. Repite estas respiraciones tantas veces como necesites, prestando atención sólo a la sensación del aire entrando y saliendo por tu nariz y tu boca.

Mantente en la situación.

Poco a poco la curva irá descendiendo y volverá la calma. Esto puede durar más o menos tiempo, depende de ti y del miedo que te dé la situación.

Habla con el miedo:

“Entiendo que estés aquí miedo, entiendo que me estés avisando de un peligro pero yo estoy ocupándome de todo lo que está dentro de mi alcance así que me voy a quedar aquí”.

Al conseguir poco a poco estar en la situación, vas experimentando sensación de logro, por lo que cada vez estarás preparado/a para enfrentarte a más situaciones que te asusten.

¿Entonces, me expongo directamente a lo que me da miedo ?

Es importante que la exposición sea progresiva, poco a poco te vas exponiendo a las situaciones y vas ganando confianza, entendiendo que el miedo es una parte de ti, pero no eres tú completamente.

¿Cómo lo hago?

Primero haz una lista con todas las situaciones que te den miedo. Por ejemplo:

Ir al supermercado.
Salir a dar un paseo.
Ir a por el pan.
Viajar en transporte público.
Ir a restaurantes.
Ir a ver a algún amigo a casa.
Ir a parques.
Sacar la basura.
Hacer una cola.

En segundo lugar, puntúa cada situación de 0 al 10, donde 0 es nada de miedo y 10 es mucho. Es importante hacer una jerarquía para irte enfrentando a las situaciones poco a poco, de menor a mayor.

En tercer lugar, elige exponerte a la situación que te dé menos miedo, es decir, la que menos puntuación tenga. Es importante que intentes hacerlo aunque sientas miedo, recuerda que es una emoción más que te va a acompañar durante la situación.

Adaptando los consejos que te damos a lo permisivo de la cuarentena, comienza a practicar para mejorar. Si te sientes identificado/a con lo anterior y quieres trabajarlo en profundidad, o tienes tanta ansiedad que no puedes manejarla contacta aquí y trabajaremos juntos.

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¿Qué tipo de personalidad has demostrado en confinamiento?

Seguro que has conocido durante este periodo de pandemia a personas que han restado importancia a lo que está sucediendo y a personas que lo han vivido con un intenso temor.

Quizás te preguntas:

¿Por qué yo no me he preocupado en exceso por el coronavirus como han hecho otros?

O ¿soy demasiado exagerado/a por el miedo que he sentido a raíz de todo esto?

¿Esto qué demuestra?

Son posturas opuestas que pueden observarse en la población. La manera que cada individuo tiene para interpretar y gestionar situaciones va ligada a patrones aprendidos desde la infancia que son los mecanismos que se ponen en marcha de manera inconsciente ante situaciones críticas y/o extraordinarias.

¿Eres de las personas que ha vivido todo el proceso de pandemia con tranquilidad, sin apenas inmutarte?

Puede que este comportamiento te parezca lo normal porque sueles actuar así ante cualquier situación.

Rupturas de parejas, fallecimiento de algún familiar, problemas en el trabajo, etc, son eventos vitales que habrán ocupado un tiempo determinado en tu cabeza pero que rápidamente habrás «superado» siguiendo adelante con tu vida (muchas se quedarán sin procesar porque las evitarás demasiado).

Te caracterizas por avanzar, por estar haciendo cosas, consigues tus objetivos y hablar de dificultades pasadas te hace sentir que pierdes el tiempo, y que mejor a otra cosa.

Hablaríamos de un perfil evitativo.

¿Has vivido la pandemia con muchísimos nervios?

Si no te identificas con lo anterior, puede que sí lo hagas con la ansiedad y la inseguridad que te ha podido generar el coronavirus.

¿Sientes que has tenido miedo intenso cuando estabas, por ejemplo, en el transporte público o en el supermercado?

¿Te pones muy nervioso/a al ver las noticias que hablan de la pandemia?

Si sueles percibir el mundo como un lugar peligroso, con miedo a una mala noticia o pendiente de lo que pueda suceder, podríamos hablar de un perfil ansioso- preocupado.

Sueles sentir que las situaciones que has vivido (usando los ejemplos anteriores) una ruptura de pareja, el fallecimiento de alguien cercano, problemas en el trabajo, etc, han sido muy difíciles y que has invertido muchos esfuerzos y energías en superarlas y aún te cuesta.

Pero, ¿es bueno o malo cualquiera de estos perfiles?

Realmente no vamos a hablar en términos de positivo ni negativo, si no, más bien de funcional o no. Si nos centramos en la pandemia mundial que estamos viviendo, estos mecanismos que se ponen en marcha según tus patrones aprendidos reflejarán si hay una buena adaptación o no a la situación.

Cuando nos referimos a funcional, hablamos de adaptación, de ser capaces de regularnos emocionalmente, es decir, ser capaces de sentir con la intensidad que corresponde a cada una de las situaciones. Si tu hijo se hace un rasguño, no va a morir desangrado, si un familiar cercano cae enfermo, la preocupación por lo que pueda pasarle es necesaria.

Si soy evitativo

Si eres de las personas con un perfil más evitativo, quizás consigas sobreponerte demasiado rápido, y cuando decimos demasiado, significa que no has tenido tiempo de conectar con las emociones y no sería del todo funcional.

Por ejemplo, ante una situación que está siendo excepcional, traumática para muchas personas, de riesgo para la población y con restricción de libertades, entre otras cosas, pasar como si nada o habituarte a noticias de alarma social o vivir como si eso no fuera contigo,puede implicar que estás experimentando una desconexión emocional.

Ante una pandemia global, sentir miedo (ajustado) es natural. Si vivo ignorando una situación peligrosa o cualquier otra situación que me genere malestar, significa que evito a toda costa estar mal y por tanto, no permito el drenaje adecuado de mis emociones. ¿Qué ocurre si llenamos de agua de manera constante una botella con el tapón puesto? Que tarde o temprano, explotará.

Parar y escuchar lo que nuestra mente nos dice es importante para seguir adelante de una forma sana con todas las situaciones integradas y entendiendo cómo nos han hecho sentir y qué conecta en nosotros/as. De lo contrario, es muy probable que lo emocional se exprese, por ejemplo, a través de somatizaciones como dolor de cabeza, malestar en el estómago, etc.

Si soy ansioso – preocupado

Si te encuentras cercano al perfil ansioso-preocupado, el miedo que sientes es tan intenso que te bloquea y paraliza, hablaríamos de algo disfuncional. El miedo, como hemos dicho en una situación de alerta mundial, es natural, pero es necesario ajustarlo para que no nos desborde la emoción y nos impida retomar el bienestar.

Pensar que en cualquier momento puede ocurrir algo desagradable en tu vida te mantendrá en estado de alerta constante, con el consiguiente desgaste que esto supone.

Las personas que se ajustan a alguno de estos perfiles son capaces de vivir en aparente normalidad, los mecanismos aprendidos les habrán permitido vivir y puede que les hayan sido útiles. Quizás ahora sea un buen momento para reflexionar acerca de ello y de re-aprender patrones algo más adaptativos, creando recursos que permitan ajustarte adecuadamente a las situaciones.

Recuerda que estamos hablando sobre dos tipologías bien diferentes: personas evitativas o ansiosas, teniendo en cuenta que no son los únicos perfiles existentes aunque sí bastante comunes. Las características que has leído no tienen que ser necesariamente las que te representen, aunque, si te suenan algunas de las pautas de comportamiento que hemos expuesto, es importante que sea un profesional quien te ayude a valorarlo.

Si te has sentido identificado/a y quieres profundizar en tus patrones de comportamiento, en Quiero Psicología podemos trabajar contigo estos mecanismos para mejorar tu autoconocimiento y aprender una adecuada gestión de estas situaciones. Contacta con nosotras aquí.

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Posibles problemas de pareja por el confinamiento

El confinamiento que estamos viviendo es una situación extraordinaria y excepcional, y como tal, hace que la convivencia también lo sea. Si estás viviendo esta situación con tu pareja puede que estéis atravesando momentos complicados.

¿Por qué?

Por un lado, la situación en sí requiere que pongas en marcha tus propios recursos para gestionar lo que está pasando, por otro lado, tu pareja también trata de adaptarse como puede o sabe.

¿Qué puede dar lugar a un conflicto?

Modelos de afrontamiento diferente:

Puedes estar sintiendo mucho miedo por lo que estás viviendo y que eso te esté desbordando, mientras que tu pareja está evitando lo que pasa.

Esto hace que no te pueda acompañar con tu emoción ni entender cómo te estás sintiendo realmente, ya que no es capaz ni de conectar con su propia emoción.

Aquí entran en juego las distintas personalidades que tengáis y las experiencias que hayáis vivido, por ejemplo, una persona de la pareja que puede ser más evitativo, y rechazar sentirse con miedo o con tristeza. Esta persona no afronta y a veces, ni siente las emociones, mientras que la otra parte de la pareja puede que sí conecte con sus emociones y entonces sienta que le falta el apoyo, la escucha y la comprensión de su compañero/a.

Es un buen momento para revisar cómo te sientes en la relación y analizar qué cosas te gustaría trabajar. En una relación se maneja la negociación, por eso es muy importante identificar qué cosas te están generando malestar y comunicárselo a tu pareja de una manera asertiva. Su respuesta y su posible cambio forman parte del otro.

Necesidades diferentes:

En estos tiempos que corren, ya no nos sirven las rutinas que teníamos y ya no nos indican desde fuera qué hacer y cuando hacerlo, por lo que nuestro tiempo depende únicamente de nosotros.

Aquí pueden surgir conflictos si tú tienes unas necesidades diferentes a las de tu pareja y no os estáis poniendo de acuerdo. Como por ejemplo qué cantidad de tiempo pasar juntos.

Puede que para tu pareja cuente como tiempo juntos el ver una película al final del día contigo pero tu sientas que eso no es suficiente.

Esta situación de confinamiento hace que inevitablemente pasemos una mayor cantidad de tiempo juntos y eso te permite ver qué necesidades estás teniendo y entender de dónde vienen.

Puede que tu necesidad de cariño y de atención estén haciendo que te dirijas a tu pareja en forma de exigencia o de reproche y eso provoque que tengáis discusiones.

Tienes derecho a identificar y expresar tus necesidades, pero esto no implica delegar en el otro y tratar de que tu pareja sea la responsable de satisfacerte.

Además, tu pareja también tiene derecho a tener sus propias necesidades y que no siempre tengan que ver contigo. ¿Sientes que te gustaría pasar más tiempo de calidad con tu pareja? Exprésale como te sientes y proponle alguna alternativa en la que también respetes sus necesidades.

Desregulación emocional:

Regular correctamente las emociones es muy importante, y en esta situación que estamos viviendo lo es más todavía.

¿Por qué?

Porque al tratarse de una vivencia excepcional, hace que conectemos con mayor facilidad con diferentes tipos de emociones. Podemos sentir miedo por lo que está pasando; rabia hacia lo incontrolable de la situación y hacia quiénes toman decisiones con las que no estamos de acuerdo; tristeza por las pérdidas que experimentamos, porque estamos lejos de las personas que nos importan, etc.

Si no tenemos las gestionamos correctamente, estás emociones pueden tomar el control y afectar a nuestra relación.

¿Cómo?

Si el miedo te hace estar en un estado de hiperactivación y alerta y esto lo proyectas en tu pareja mediante riñas o exigencias, puedes hacer que se sienta invadido/a y quiera poner un límite o alejarse. Si la tristeza te impide disfrutar de las cosas que sí sigues manteniendo o de las nuevas oportunidades que surgen de esta situación, también te impide que disfrutes de los momentos con tu pareja. Tener un espacio personal para permitirte conectar y escuchar lo que sientes es fundamental, si te puedes hacer cargo de ti, no necesitas que tu pareja se haga cargo de cómo te sientes y podrás disfrutar más de los momentos que tenéis para estar juntos.

Entonces ¿qué hago?

Esta situación puede ser una oportunidad para ver cómo te estás sintiendo, para resolver conflictos y conseguir una negociación, es una experiencia única la que estáis viviendo y esto podrá marcar un antes y un después en tu relación.

Podéis elegir seguir creciendo y compartiendo momentos juntos, o por el contrario, puede ser una buena oportunidad para analizar si es el momento de finalizar la relación. Si sientes que hay cosas que no entiendes, si ya no sabes qué depende de ti y qué de tu pareja, en Quiero Psicología te esperamos para trabajar contigo y ayudarte a tomar otra perspectiva que te acerque a ti. Contacta con nosotras aquí.

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¿Cómo manejo mi ansiedad durante el confinamiento por coronavirus?

¿Sientes ansiedad? ¿Tienes problemas al dormir? ¿Se te hace difícil estar en casa? ¿La mente te va a mil por hora y no sabes cómo controlarla? ¿Comienzas a sentirte agobiado/a?

¿Qué es la ansiedad?

Puede que normalmente no suelas experimentar ansiedad y ahora la estés sintiendo, o puede que usualmente convivas con la ansiedad y ahora notes como se intensifica aún más. La ansiedad durante la crisis del coronavirus es normal

En ambos casos, hay que tener en cuenta que estamos actualmente viviendo una situación de alerta sanitaria que implica estar activados ante un peligro. Es decir, la ansiedad se pone en marcha para que luches o huyas ante un peligro, para que sobrevivas.

¿Qué experimentas cuando sientes que hay un peligro o sientes que lo hay?

Probablemente tu respuesta sea miedo. Exacto, la ansiedad significa sentir miedo y, es natural que en estos momentos sientas esto.

Las noticias diarias de muertes y enfermedad elevan la ansiedad por el coronavirus, la distancia física de las personas que quieres, estar en casa sin poder hacer “nada”, y un largo etc., puede contribuir, si no se gestiona adecuadamente, a que la ansiedad se descontrole y el miedo te bloquee.

¿Qué puedo hacer?

Una vez que hayas entendido la función que tiene la ansiedad y que comprendas que es natural sentirla debido a la situación, lo siguiente sería identificar aquello que active tus miedos, cómo te hacen sentir y qué haces con ellos. Aprovecha esta situación para escucharte y conocerte más a ti mismo/a.

  • ¿En qué situaciones experimentas ansiedad? ¿Cuántas veces al día/semana?
  • ¿Qué emociones o pensamientos tienes?
  • ¿Qué haces con esa ansiedad?

Es importante que detectes qué te da miedo y qué se activa en ti. El miedo en una dosis adecuada, es adaptativo. Esto quiere decir que nos permite protegernos, por tanto, no es malo sentirlo. Ahora bien, si este miedo es desmedido puede llevarnos al bloqueo o evitación de situaciones, por ejemplo, restando importancia a la situación o no tomando las medidas adecuadas.

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Ilustración de Albert Montt

¡Test! ¿Cómo sé si el miedo ha tomado el control?

  • Escribe una lista con todo aquello que te genere ansiedad.
  • A continuación, de toda tu lista, escoge aquellas situaciones en las que puedas hacer algo es decir, que dependan de ti. Agrupa esas situaciones en un círculo escribiéndolas en su interior. Este círculo se llama círculo de influencia.
  • De nuevo vuelve a la lista inicial y escoge aquellas situaciones que te generen ansiedad y que no dependan de ti y mételas en otro círculo tal y como hiciste antes. Este círculo se llama círculo de preocupación.
  • Comprueba qué círculo es mayor. Si el círculo de preocupación es más grande que el círculo de influencia, es probable que la ansiedad que experimentas sea elevada ya que te estás centrando en aspectos que no puedes controlar. Todas tus energías están centradas en situaciones o aspectos que no puedes gestionar, y esto aumentará la ansiedad.
  • Por tanto, focaliza tu energía en aquello que esté incluido en el círculo de influencia. Esto contribuye a disminuir tu ansiedad.

¿Cómo me quito un pensamiento de la cabeza?

Debido al miedo, percibimos la realidad de manera distorsionada y negativa de como realmente es, y para ello es importante que una vez tengas el registro de pensamientos, que cambies cómo piensas las cosas, una cosa es que tengas respeto y otra ansiedad desmedida por el coronavirus.

  • Por ejemplo: “Me voy a contaminar seguro”. Establece porcentajes en cuanto a la probablidad de contagiarte o no. Al final comprobarás que aunque existe la posibilidad de contaminarte, ésta no es del 100% si sigues las pautas de higiene y desinfección recomendadas.
  • Por último, elabora un pensamiento alternativo, ajustado con la realidad como por ejemplo: “es normal que me de miedo contaminarme, pero si sigo las instrucciones no me contagiaré, además se están llevando a cabo medidas y se está trabajando activamente en controlar la situación”.

Mi nivel de ansiedad es elevado, ¿qué más puedo hacer?

Como hemos dicho anteriormente, en este estado de alarma mundial, sentir ansiedad es natural, por lo tanto pretender eliminar al 0% este miedo puede ser algo imposible.

No se trata de no sentir emociones que no te resulten agradables, sino, de aprender a convivir con ellas comprendiendo por qué están ahí y sabiendo regularlas.

No obstante, sí podemos trabajar en reducir las “revoluciones”,

¿Cómo?

Conecta y escúchate.

Observa las sensaciones físicas, por ejemplo, dolor de estómago, cosquilleo, aumento de la temperatura corporal, etc. Esto te permite detectar los momentos en los que la ansiedad está presente y así poder gestionarla. Estar conectado/a con tu cuerpo es hacerse responsable de lo que te ocurre y hacerte cargo de la situación.

A nivel emocional puede que, por ejemplo, te hayas sentido algo irritado/a, y no sabías por qué. Simplemente has hablado algo más brusco y no te paraste a pensar qué estaba ocurriendo en ti.

Dedica un tiempo y espacio para escuchar la necesidad que estés teniendo en ese momento.

No cedas a la presión del «hacer».

Está de moda ahora insistir en que tenemos más tiempo libre y que por lo tanto tendrías que aprender un idioma, o leer mucho, aprender a tocar el ukelele y otro millón de cosas.

Sé realista con si de verdad tienes tiempo de más. Si sigues trabajando, tienes niños, ahora tienes que cocinar más, etc… no es que te sobre el tiempo.

Ilustración de Albert Montt.

Técnicas de relajación.

Dedica una parte de tu día a aprender algún ejercicio y practicarlo hasta convertirlo en hábito. Permite que los pensamientos pasen sin que perturben tu estado, exprésate a través de la escritura o el dibujo, ponte música, toma algo de sol y focaliza tu atención en las sensaciones físicas y la respiración. Respira profunda y lentamente.

Rutina.

Además, dada la situación que estamos viviendo, el tener habitualmente una rutina basada en horarios, trabajo, tareas que hacer, etc., y dejar de tenerlas para estar todo el día en casa, puede ser abrumador. Este “desorden” hay que gestionarlo y para ello, estructurar el día a día es importante y te permitirá estar más relajado/a ante la cantidad de tiempo libre.

Respeta los horarios de sueño y tu alimentación, esto también contribuye a fomentar un estado óptimo a nivel físico y mental y por tanto, reducir la ansiedad.

Ejercicio físico

Sé realista. No es necesario que te conviertas en el mayor atleta del bloque pero sí que evites el sedentarismo.

Contacta con aquellas personas que aprecies.

Una llamada o un mensaje pueden contribuir a estar más calmados y reducir la ansiedad. Exprésales cómo te sientes y comparte tu experiencia.

Dedica un momento concreto del día para noticias en relación al Covid-19. No es necesario estar al tanto durante las 24 horas.

Si consideras que la ansiedad te sobrepasa y no encuentras recursos personales para hacerte cargo, recuerda que puedes ponerte en contacto con nosotras aquí.

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¿Qué inseguridades he podido heredar de mi familia?

Nuestra familia determina de muchas maneras quiénes somos

¿De verdad la familia me ha influido tanto?

Todas las teorías psicológicas dicen que nuestras relaciones con los demás modelan quiénes somos y, sobre todo, las relaciones con nuestros familiares, ya que son ellos los que nos enseñan cómo es el mundo, a través de ellos aprendemos a regularnos y a relacionarnos con los demás.


Estar expuestos desde pequeños a determinados comentarios, situaciones y dinámicas familiares, hacen que nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos afectan las cosas y cómo afrontamos lo que sucede, se vean influenciados.

¿Y que cosas he podido «heredar»?

¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

Sensación de alerta


No soportas que tu madre/padre sean unos pesados contigo, preguntándote a todas horas que donde estás, con quién estás, que qué vas a hacer, etc. Y cuando por fin te vas de casa, parece que esa sensación de ansiedad te acompaña, aunque ya no estén ellos para recordarte todos los peligros que puede haber, vives con una sensación de alerta constante pensando que te van a robar, que debes volver pronto a casa porque te puede pasar algo, etc. Esto sucede porque tu padre/madre te han mostrado que el mundo es que es un lugar peligroso donde tienes que estar siempre pendiente de todo.

Sentimiento de culpa


¿No te has sentido escuchado y te han cargado de responsabilidad en vez de quitarte carga? “Tendrías que haberlo hecho de otra forma”, “si te ha pasado eso es porque tú has hecho tal”… Hicieras lo que hicieras, la responsabilidad y la culpa eran tuyas, no has sentido que te escucharan, te comprendieran y te quitaran el peso de encima explicándote que tienes derecho a equivocarte y aprender de ello. Por eso, a día de hoy, te dedicas a pensar una y otra vez “debería haberle dicho que me ha parecido mal su comentario”, “no tendría que haberle dicho eso porque ahora seguro que lo está pasando mal”, “debería estar más triste ya que acabo de romper la relación”. Sientes culpa de lo que haces/dices en cualquier situación además de tener pensamientos insistentes sobre ello.

Inseguridad


Cuando somos pequeños, nuestros padres/abuelos son nuestros referentes, se convierten en nuestras gafas a través de las que comprendemos el mundo y a los otros. También se convierten en esas manos/brazos donde ir cuando tenemos miedo, estamos preocupados, enfadados, o incluso cuando no entendemos algo. Si te escuchan, te acogen, te validan y te explican lo que está sucediendo en ti, entenderás y podrás integrar lo que está pasando, por lo tanto sentirás seguridad. Si esto no ha sido así, es normal que hayas crecido dudando de ti y de todo lo que tenga que ver contigo: “Seguro que no lo he hecho bien”, “voy a suspender”, “seguro que no le termino de gustar”. Al final no te crees que tú puedas hacer algo bien.

¿Y si me pasa esto?

La familia de la que vienes y las situaciones que has vivido son las que son, y eso ha hecho que tú hoy seas la persona que eres. Tus miedos, inseguridades, sentimientos de culpa, etc. que te llevan acompañando durante toda tu vida buscan ser escuchados, comprendidos y entendidos.

Cuando nos hacemos cargo de lo que nos genera malestar y entendemos su origen, empezamos a conocernos más y a localizar donde tenemos que trabajar. Esto es lo que se hace en nuestras consultas, uno no puede volver atrás para cambiar el pasado pero sí podemos hacer que no nos influya en el hoy ¿Te animas a contarnos que es aquello que te acompaña y te genera malestar? Contacta aquí.

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Síntomas después de un ictus

Las consecuencias psicológicas son frecuentes

¿Qué cambia en el comportamiento de alguien que ha sufrido un ictus?

Son bien conocidas las alteraciones en la memoria, atención, movimiento, etc., que ocurren tras un ictus pero, ¿sabes cuáles son las consecuencias psicológicas?


¿Notas distinto a tu familiar?


¿Sientes que tu madre actúa de manera diferente a como era antes?


¿Te cuesta entender qué le pasa en determinadas situaciones?


Tras un ictus, se dan una serie de consecuencias que cambian la vida de la persona y de los de su alrededor. Estos cambios se observan a nivel emocional, de conducta y de personalidad pero no suelen ser tan conocidos y pillan por sorpresa a la persona que sufre el ictus o a sus allegados.

Consecuencias más comunes:

Según cada caso, las consecuencias no serán exactamente iguales para todo el mundo, sin embargo, a continuación leerás las más frecuentes:

Enfados:


¿Sientes que a tu familiar cualquier cosa le molesta? ¿contesta a las preguntas de forma agresiva? ¿ha llegado alguna vez a romper objetos? Los cambios producidos tras el ictus pueden generar bastante frustración y por ello, que sea más sencillo perder el control y estar más irritable.


Falta de motivación:

¿Las cosas que hacía antes ya no le apetecen? Puede ocurrir que le cueste trabajo programar actividades y que por ello se sienta desmotivado/a.


«Egoísmo»:

Quizás observes que tu familiar ahora imponga más sus necesidades sin tenerte en cuenta a ti o a los demás. Esto se debe a la alteración en la capacidad de reconocer las emociones del otro.


Insistencia:

¿Has llegado a pensar: “¡parece una niña chica!”? es probable que veas un comportamiento de persistencia similar a la que vemos en niños y que por ello, por ejemplo, sea más irresponsable respecto a cómo era antes.


Intensidad emocional:

¿Le pasa que de repente antes de hacer alguna actividad llora muchísimo? Estas emociones incontrolables de tristeza, miedo o enfado son comunes ante el nuevo cambio presente en su vida. Tolera menos la frustración y reacciona de forma más intensa y desmesurada.


Dificultad de adaptación:


¿Parece que le cuesta adaptarse a los cambios? ¿le propones que realice una actividad diferente a la que suele hacer y no sabe cómo empezarla? Esto se debe a la alteración producida a nivel cognitivo, es decir, los mecanismos que nos permiten añadir información nueva, gestionarla, ordenarla y ejecutarla, están dañados y por ello es mucho más difícil planificar de forma instantánea algo diferente a lo establecido. Es lo que se conoce como rigidez del pensamiento.


Reacciones emocionales:

¿Consideras que cambia su estado de ánimo de un momento a otro? ¿tiene reacciones que no corresponden con la situación, como por ejemplo, reír a carcajadas en algún lugar en el que el ambiente sea más serio? La labilidad emocional consiste en no regular las emociones, expresar emociones que no concuerdan con el contexto, o una expresión emocional alterada por la cantidad de veces que ocurre, la intensidad o el tiempo que duren las mismas.


Impulsividad:

¿Ha llegado a realizar conductas inapropiadas en lugares públicos? ¿Ha dicho algo que en una situación “normal” jamás diría? Es consecuencia de la desinhibición, ya que se ve alterado el control de impulsos.


Tristeza:

¿Sientes que está triste? ¿Qué el sentimiento de desesperanza le invade? ¿se siente rechazado/a? La sintomatología depresiva y/o ansiosa es muy común en personas que han sufrido un ictus bien por el daño sufrido, o por la adaptación que supone la situación presente frente a la vida pasada que se ha ido. Es posible también que tenga los síntomas de un trauma (que explicamos aquí).


Alucinaciones:

¿Ha tenido posterior al ictus alucinaciones o pensamientos sin mucho sentido? Es lo que se llama delirio: cambios en el comportamiento y confusión mental que puede llegar a la pérdida del contacto con la realidad viéndose afectada la conciencia y la atención.


Cansancio:

¿Está muy cansado/a, con falta de energía y motivación? La fatiga puede ocurrir entre otras causas, por el elevado estrés al que esté sometida la persona.


Falta de conciencia:

¿Te da la sensación de que no es consciente de lo que le ha pasado? Esto se llama anosognosia, es decir, la falta de conciencia sobre la situación actual ocurrida tras el ictus.

Si estoy viendo estas consecuencias ¿qué hago?

En Quiero Psicología ofrecemos terapia psicológica para trabajar todas las alteraciones ocurridas, de manera que complemente el tratamiento llevado a cabo por otros profesionales de la salud.


También ofrecemos terapia para los propios familiares y amigos que sufren así mismo las consecuencias emocionales de lo que le ocurre a su ser querido. Contacta aquí.