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Es hetero pero…

Hace unas semanas me estaba tomando algo con unas amigas y charlando tranquilamente sobre todo tipo de temas cuando por algún motivo surgió hablar de a quién le gustaba quién. Concretamente, de algún modo la conversación derivó en hablar de una chica que algunas conocían. Se acabó hablando de la orientación sexual de esta chica en cuestión.

Se debatió sobre ello, se dijo que sí, que le gustaban las chicas pero que era hetero. Yo estaba tan en shock que no sabía muy bien ni qué decir. Este grupo de gente eran personas bienintencionadas, con empatía, formación y conocimiento de muchos temas y aun así se estaba discutiendo la orientación sexual de esta chica no presente como si fuese un debate o una conversación abierta. Confronté la situación y dije “pero si ha dicho que es bisexual” a lo que se me respondió que la chica en cuestión había afirmado que “soy bi pero salgo más con chicos” o incluso que le gustaban a veces más chicos o atraían más. Esto fue aceptado por todas las personas presentes como un argumento irrefutable. “Pero es que salir más o que te atraiga más un género no te hace menos bi” afirmé. “Ya, pero si dice que es bisexual, ¿pero le gustan más los hombres entonces que es?”, me contestaron. “Pues entonces es una persona bi a la que le gustan más los hombres”.

Parece increíble la necesidad imperiosa que tenemos de dicotomizarlo todo, hombre o mujer, femenino-masculino, hetero-homo. Nada entremedias ni otras opciones, y si existen las intentamos meter con calzador en cualquiera de estas parejas de categorías. Además, las asumimos opuestas y excluyentes (¡y no lo son!). Borrando la libertad, la flexibilidad, la diversidad y la riqueza y variedad del ser humano.

A veces sustituimos la heteronorma por una homonorma (o la propia LGBTIAQ+ tomamos la heternorma como referencia para descubrirnos y etiquetarnos) y esto es malo; no sólo para la gente que se autodefine como bisexual, queer, asexual o alguna etiqueta que no encaje en lo hetero y lo homo, sino que es dañino para las propias personas homosexuales y heterosexuales también. Al intentar meternos a todas en este reduccionismo absurdo no nos permitimos más opciones, fluir, cambiar. No exploramos nuestro deseo libremente, sino que lo vemos a través de prejuicios, de un prisma muy concreto. A menudo este prisma es asumir a todo el mundo hetero hasta que no se demuestre lo contrario… y si te sales de ahí y eres un chico más afeminado se te etiqueta como gay, las mujeres más marimacho se las ve como lesbianas (cuando nada de esto tiene que ver con la orientación sexual). Y por supuesto un chico que dice ser bi… será gay hasta que se demuestre lo contario y una chica bi será vista como hetero hasta que se demuestre lo contrario. En ambos casos se asume que el amor o atracción por las mujeres es menos válida, importante o que ni siquiera es real. El amor hacia los hombres si parece más legítimo. (El amor hacia las personas no binarias no parece ni existir ni ser nombrado nunca).

En conclusión: no podemos ni debemos forzar etiquetas sobre la gente. Esto es extremadamente violento y fuerza a la gente de vuelta en el armario. Las personas con cis passing o straight passing (que puedan aparentar físicamente ser hetero o cisgénero cuando no lo son) pueden tener ciertos privilegios materiales en algunas situaciones (como recibir menos acoso callejero) pero la otra cara de la moneda es la invisibilidad constante. El que nunca te consideren suficientemente queer, el que te metan un ay otra vez dentro del armario. No es ninguna sorpresa que justo estas personas sean las que más tiempo tardan en salir del armario, más les cuesta y tengan más dudas en cuanto a su identidad.

Por esto, cuando alguien te diga que es lesbiana, bi, gay, queer, asex, no binarie…. Por favor que lo primero que salga de tu boca no sea cuestionarles. Acompaña y apoya a estas personas, valida sus identidades tanto en su presencia como su ausencia. Recuerda que nadie tiene que tener un currículo concreto ni reunir suficientes puntos en el carnet bisexual para ser válido, válida o válide. Las personas bi pueden tener preferencia por géneros, pueden fluctuar sus gustos y seguir siendo bi. Pueden no haber salido nunca con un género concreto (o ninguno) y seguir siendo bi (fíjate que a la gente hetero que no ha salido con nadie no se les cuestiona su heterosexualidad). Las personas bisexuales no deben nada a nadie para ser “suficientemente bi”, así que no las llames heteropero, heteroflexible (a no ser que lo pidan).

No seas el primer bully bífobo, homofóbo, tránsfobo o acefobo de alguien. No seas la primera persona en meter a alguien en el armario (¡aunque no esté delante!). No seas esa persona que intenta reescribir la historia de otras, que niegue su realidad y haga que la gente se sienta insegura y vuelva al armario. No sabemos el impacto que tienen las palabras y es muy importante cuidarlas, especialmente en un tema tan personal. Cuando alguien te cuente su identidad valídala y apóyales, que han decidido compartir ese pedacito de sí mismas contigo, y desde Quiero Psicología podemos ayudarte para comprender y acompañar mejor a nuestros seres queridos.

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¿Cómo sé si soy asexual?

En la segunda mitad del mes de octubre se celebra La Semana de la Conciencia Asexual, una campaña internacional cuyo objetivo consiste en educar sobre las identidades de las personas asexuales, arrománticas (que no sienten una atracción romántica), demisexuales (únicamente sienten atracción sexual hacia alguien con quien se ha establecido previamente un vínculo afectivo), y grisexuales (persona con una baja pulsión sexual o que solo siente atracción sexual hacia otra que cumpla una determinada característica, circunstancia o situación)..

Hoy nos centraremos específicamente en la asexualidad y algunas preguntas, mitos y creencias frecuentes asociadas a ella.

¿En qué consiste está orientación sexual exactamente?

 La asexualidad se define como la ausencia de atracción sexual dirigida hacia otras personas. Las personas asexuales pueden sentir otro tipo de atracciones como romántica, afectiva, estética… etc. Por lo tanto, pueden ser asexuales y heterorrománticas, birrománticas, homorrománticas o arrománticas

¿Eso no es tener bajo deseo?

Un mito frecuentemente extendido sobre las personas asexuales es que no experimentan lívido o deseo sexual. Esto no es exactamente lo mismo que ser asexual: una persona puede ser hetero, bi, homosexual y tener un deseo sexual bajo, alto o cambiante, no es dependiente de que orientación sexual tenemos. Las personas asexuales también pueden tener un deseo bajo o alto, pero esto no cambia el hecho que experimentan nula o poca atracción sexual orientada hacia otras personas. ¡Son dos cosas completamente distintas!

¿Las personas asexuales se masturban?

Del mismo modo, las personas asexuales pueden querer masturbarse más o menos a menudo (o jamás) debido a que el deseo que tenemos, es independiente de que nos atraiga una persona sexualmente.

¿Las personas asexuales tienen relaciones sexuales?

Algo similar puede suceder con las prácticas sexuales con otras personas. Una persona asexual puede querer tener relaciones sexuales con otras personas con más o menos frecuencia. Yo puedo querer experimentar satisfacción sexual sin tener necesariamente atracción sexual dirigida hacia otras personas, aunque es probable que pueda interesarme menos a menudo que a una persona alosexual (personas que sí experimentan atracción sexual).

Es interesante que frecuentemente para muchas personas asexuales las fantasías o prácticas sexuales suelen estar mucho más centradas en el qué hago que con quién.

Es decir, lo erotizado (lo que “me pone”) suele ser más la práctica en sí, el escenario, los juguetes, el contexto… etc. que las personas involucradas. El deseo puede partir más de lo que se hace en sí que del hecho de erotizar a una persona concreta. El BDSM por ejemplo puede ser una práctica sexual o no: por ejemplo, el shibari o bondage (atadura de personas) no tiene por qué ser sexual (puede ser sensual, estético, dramático, liberador), las cosquillas pueden ser sexuales o no… Incluso la masturbación puede no ser sexual y puedo usarla como un alivio de tensión corporal.

Por esto para algunas personas asexuales el BDSM puede ser particularmente interesante, aunque otras personas lo asocien directamente a atracción sexual dirigida hacia otras personas. Por supuesto esto tampoco significa que sea el caso de todas las personas asexuales ni la mayoría.

Esto, de nuevo, no significa que a las personas asexuales no les atraigan las personas, sino que no experimentan atracción sexual hacia otras personas o no tan frecuentemente ni con tanta intensidad. Sin embargo, si les pueden atraer románticamente, estéticamente, platónicamente, amistosamente… etc.  Pueden tener prácticas eróticas consigo mismas o no, tener relaciones sexuales con otras personas o no… al igual que las personas de otras orientaciones sexuales.

Del mismo modo que no eres más o menos bisexual por salir con más hombres, mujeres o personas no-binarias (recordatorio que a una persona heterosexual si no sale con nadie no se le cuestiona su heterosexualidad) una persona asexual no es más o menos asex por cómo ni con quién se relaciona ni las prácticas que tiene.

Cada persona asexual puede tener una definición individual y personal sobre lo que es ser asex para ella y esto es válido, legítimo y merece respeto, tolerancia y aceptación.

La asexualidad no es una patología ni algo que corregir, las personas asexuales no están rotas ni incompletas. Las personas asexuales no son fruto de un trauma, y en el caso de que alguien sea asex y tenga algún trauma es indispensable recordar que las sexualidades a las cuales les atraviesa algún trauma son igual de válidas y merecen autodescubrirse libres de estigmas.

Existen personas hetero traumatizadas y no se cuestiona e invalida su orientación sexual a raíz de eso ni se plantea jamás que la heterosexualidad sea algo a corregir o modificar (en terapia ni en ningún lado). La asexualidad u otras orientaciones disidentes merecen la misma comprensión y apoyo en estas situaciones que las personas asexuales (y es responsabilidad por parte de las personas que nos dedicamos al ámbito sanitario garantizar estos derechos).

Las personas asexuales merecen no ser cuestionadas, que se las escuche y acompañe y que sean aceptadas igual que el resto de las identidades afectivo-sexuales. La asexualidad merece ser reconocida dentro de la diversidad humana como cualquier otra orientación: necesaria, válida, libre y digna de que se le garanticen los mismos derechos, celebración y visibilidad, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte y acompañarte.

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La isla de las tentaciones ¿o la isla de «todo mal»?

Hace unas semanas, comenzó la quinta temporada de la Isla de las tentaciones. Como ya sabréis este programa consiste en llevar a cinco parejas a un entorno paradisiaco para que pongan a prueba su relación. Las chicas son enviadas a una villa, donde convivirán con varios pretendientes y tendrán citas, fiestas y mucho alcohol. Y los chicos, más de lo mismo. El problema es que nos sentamos en el sofá a ver un programa en el que hay muchas cosas mal, empezando por la heteronorma y terminando por la reproducción del amor romántico.

Después de cinco temporadas, a nadie se le ha ocurrido llevar parejas diversas, la gran mayoría de las personas que participan en el reality (por no decir todas) son personas cis heteros, blancas, sin ningún tipo de discapacidad y con cuerpos irreales. Que por una parte hasta te alegras de que no hayan metido a una persona gay con todos los clichés del mundo, para parecer inclusivos.

Con respecto a los cuerpos de estas personas, poco o nada se parecen a los que tenemos nosotras o vemos por la calle. Ni un pelo donde no tiene que haberlo, ni un ápice de grasa, ni flacidez, celulitis, cicatrices, ojeras, granos, canas, ni un pie más grande que otro, pechos y/o culos operados y chicos que se ponen a hacer flexiones a las 2 de la tarde al sol en la república dominicana. No podemos hablar de la relación que tienen con la comida porque prácticamente no se ve (quiero pensar que es porque durante las comidas no pasa nada interesante a nivel de salseo).

¿Cómo te afecta esta cultura en tu pareja?

Las frases de “si no estas celoso es porque no me quieres”, “Quiero verla bien, pero que tampoco demasiado bien”, “si lo pasa mal es porque me quiere” entre otras muchas, es lo más escuchado en ambas villas. Seguimos escuchando y reproduciendo los peligrosos mitos del amor romántico y al parecer, ninguna de las treinta personas que hay en la isla, se escandaliza.

Porque lo peor que puede hacer tu pareja es ponerte los cuernos, la luz de gas, la manipulación, las mentiras, la falta de comunicación, el control, la desconfianza y las faltas de respeto, no nos indignan tanto. Parece que el único modelo relacional que está bien visto es la monogamia, (y con esto no queremos decir que todo el mundo tenga que practicar el poliamor o las relaciones abiertas) y como consecuencia, la mayor muestra de amor es la exclusividad sexual.

Este tipo de programas pueden ser perjudiciales, sobre todo para les más jóvenes porque pueden sacar conclusiones equivocadas. Como por ejemplo que las personas con cuerpos no normativos, racializadas, neurodivergentes, discapacitadas, queer, y un largo etcétera, no suponemos una tentación para nadie y que por lo tanto no tenemos derecho a relacionarnos sexo afectivamente. O que, si no controlamos, no estamos celosas, no manipulamos o mentimos, ejercemos violencia de algún tipo, o nos sentimos atraídas por alguien más, dudamos, nos cuestionamos la relación, ponemos límites y los respetamos es porque no queremos a nuestras parejas, y nada más lejos de la realidad.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantadas de acompañarte y ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Sexualidad

¿Cuándo y cómo quiero tener sexo?

La visibilización de relaciones no normativas y de una sexualidad liberal han hecho que el aspecto físico de una relación tome protagonismo hoy en día. Esto es algo maravilloso, pero también pone el foco en un área con la que algunas personas no se sienten a gusto. Esto se potencia si te encuentras en la situación de estar iniciando una relación o conociendo a personas de forma activa: La presión de ser abierto o liberal, las ganas de complacer a tu pareja, la ansiedad o miedo que pueda crearte la idea de “perder” a esa persona, o el sentimiento de querer compensar inseguridades que puedas tener sobre ti mismo, hacen que puedas sentirte empujado a realizar actividades sexuales con las que no te sientes demasiado cómodo.

Las relaciones sexuales permiten establecer una conexión con uno mismo y/o con otra persona, explorar nuestra intimidad y disfrutar de nuestro cuerpo, así como el de la otra persona. Pueden ser una actividad muy placentera y bastante reveladora: El sexo nos puede hacer producir grandes cantidades de hormonas, como dopamina, noradrenalina, serotonina y oxitocina, que actúan sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer, la excitación, la sensación de bienestar, incrementando la complicidad, afecto y confianza con la pareja. Sin embargo, no todas las personas o las relaciones sexuales son igual: es importante que tengamos en cuenta las emociones que sentimos de cara a esa intimidad, ya sea antes, durante o después.

Desde aquí, te daremos unas recomendaciones para poder evitar que la situación se complique.

1. Escanea tu cuerpo para observar si tienes algún tipo de emoción o sensación física que pueda ser desagradable al pensar en tener intimidad con una persona.

2. Si estas sensaciones son muy intensas, intenta gestionarlas antes de decidirte a hacer nada con nadie. Puedes probar a verbalizarlo y compartirlo con alguna persona de confianza. Es probable que lo que estés sintiendo sea algo que los demás hayan podido experimentar o que al menos puedan empatizar. También puedes aprender a gestionarlo con un profesional.

3. Si no estás preparado para hacer nada, comunícalo a la persona con la que estás pensando tener intimidad. Ya sea establecer tu límite o compartir lo que sea que estés sintiendo, puede ser útil para que la otra persona te entienda y un alivio para ti. Tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no es algo de lo que avergonzarse, ni algo que tengas que ocultar. Pero puedes compartirlo, si así lo deseas o si sientes que tienes suficiente confianza con esa persona, o vas a sentirte respetada por ella. Si esa persona no buscar entenderte o respeta tus límites, entonces tal vez no es la persona con la que quieras tener intimidad (si no te respeta antes, es muy probable que no lo haga durante).

4. Si sigues teniendo algunas dudas, puedes establecer una lista de conductas o hablar de forma más informal con esa persona sobre las actividades que te gustan o que te disgustan, así como aspectos más globales (hay personas más sexuales que otras o con otro ritmos). No todos somos iguales, ni tenemos los mismos gustos, entonces es importante comunicarse (Especialmente si es una persona que estamos conociendo todavía): De hecho, es algo que es muy importante que podamos hacer antes, pero también durante el sexo, comunicar que nos gusta y cómo nos gusta. Si esto ocurre antes de las relaciones sexuales, puede ser una buena forma de excitar o iniciar los preliminares. Pero también durante, ya que se puede convertir en un juego erótico o Un momento de exploración compartido con otra persona. Recuerda que puedes parar y cambiar de opinión EN CUALQUIER MOMENTO.

5. Otro aspecto a vigilar es que las relaciones sexuales sean la única forma en la que te sientas seguro en tu relación con una persona: sentir la necesidad de mantenerlas, para evitar sentirte inseguro, te reduce a un cuerpo y minimiza lo que eres. Eres más que tu cuerpo, y es importante que puedas sentirte a gusto en otros aspectos de tu relación (si es lo que quieres).

Si ves que tu sexualidad te está creando malestar, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

LGBTIAQ+

Algunas cosas que quiero decirte como persona LGBTIAQ+

Si estás leyendo este texto es muy posible que seas una persona del colectivo LGBTIAQ+ o bien alguien que tiene a una persona del colectivo cerca.

Si perteneces a la primera categoría este escrito es para dar voz a ciertas experiencias que puede que te resuenen: para describir lo que significa ser disidente en una sociedad que espera e incluso impone que seamos personas heterosexuales, cisgénero (que se identifican con el género asignado a sus genitales), alosexuales (que no son asexuales)… y normativas y como nos afecta en nuestros entornos sociales y familiares. Este texto es para ti y que puedas compartirlo con quien quieras cuando lo necesites.

Si no es el caso y perteneces a la segunda categoría tienes a una persona cercana a ti, sea familiar, amiga, ligue, pareja, hija, hermana, sobrino… o alguna persona en tu vida que quiere tener una conversación contigo que posiblemente no sea fácil o cómoda. Te invito a leer este texto hasta el final para iniciarla porque os merecéis estar a gusto y sentir seguridad y cercanía.

Esta persona en tu vida pertenece a alguna (o varias) de las siguientes categorías: lesbiana, gay, bisexual, trans, no-binaria, poliamorosa, asexual, intersex…

Este post en concreto no va sobre explicar que quiere decir en profundidad cada uno de estos términos, sino de que la persona que te ha enviado esto pertenece al colectivo y esto supone unas consecuencias injustas o difíciles en nuestras vidas que nos gustaría compartir contigo.

Nos gustaría decirte que recibimos rechazo o silencio cuando tratamos de ser nosotras mismas y nos cuesta hablar de nuestra vida personal porque no recibimos siempre el interés o el apoyo que necesitamos. El hecho de que no seamos lo que nuestros círculos sociales o familiares esperan de nosotras nos somete a presión para encajar o callarnos y nos hace muchísimo daño. Nos hace sentir expulsadas y rechazadas de muchos círculos. Duele no poder ser nosotras mismas. Duele no poder compartir nuestras experiencias. Duele que nos intenten forzar a ser algo que no somos.

El dolor de no poder traer todo nuestro ser a comidas familiares, a conversaciones casuales, a lo más pequeño y cotidiano de nuestras vidas es demoledor. No podemos ser quienes somos plenamente.  Es injusto. Es frustrante. Es un camino solitario en el cual podemos sentirnos abandonadas o desamparadas. Y no nos lo merecemos.

Merecemos cariño, cuidados, apoyo e interés en nuestras vidas como todas las demás personas. Merecemos poder contar con quien estamos saliendo o dejamos de salir, quien nos gusta, quien nos hace daño o con quien rompemos. Merecemos hablar de quienes somos.

Nos merecemos sentirnos libres, escuchadas, deseadas, celebradas. Merecemos una vida rica, colorida, segura y llena de amor. Y justamente por esto es posible que alguien que te importa te haya pasado esto. Porque necesita recibir esto de ti también.

Necesitamos conversaciones incómodas y difíciles que hagan que nos sintamos escuchadas y comprendidas.

Necesitamos sentirnos en casa con la gente de nuestro entorno y para ello necesitamos que iniciéis conversaciones para las cuales no estéis preparadas. No necesitamos que tengáis las palabras perfectas, pero necesitamos que lo intentéis.

Necesitamos que afrontéis el miedo a lo desconocido, a lo distinto, a pasar un rato incómodo. Porque le importas a la persona que te ha mandado esto y quiere que sepas como se siente.

Estás en su vida y le es importante poder compartir esto contigo. Poder sentirse segura y que le vas a escuchar y que puede ser ella misma. Que está a salvo, que no le vas a juzgar y que le vas a apoyar. Para esto es muy importante que no estés a la defensiva, porque para trabajar una relación (del tipo que sea) necesitamos poder mostrarnos vulnerables todas las partes involucradas. Para ello es importante entender que esto no es un reproche ni un ataque, es la necesidad de sentirnos escuchadas y sólo conseguiremos esa cercanía si nos cuidamos y escuchamos plenamente. ¡Para nosotras esto no es nada fácil!

Me encantaría que por favor intentes hacer esto lo mejor que puedas, que nos tengamos paciencia y nos digamos las cosas con cariño y que intentes entender quien soy. Que te informes si lo necesitas sobre mi identidad, que me preguntes con mucho cariño y mimo si tienes dudas. Pero necesito tu apoyo y comprensión.

Necesito conversaciones incómodas para poder entendernos, necesito que entiendas que la incomodidad es parte del cambio, de aprender y de conectar entre nosotras y tener una mejor relación. Necesito que me aceptes tal y como soy.

Necesito que me preguntes sobre mí y sobre mi vida para poder mostrarme ante ti tal y como soy plenamente, sin recortar las partes de mí que no entiendes. Necesito no tener que censurarme y que aceptes todas las partes de mi ser, especialmente aquellas que no comprendes del todo para poder sentirme cuidada. Necesito que me entiendas, cuides y quieras justo ahí donde menos me entiendes, necesito que busques comprenderme para poder ser quien soy.  Te garantizo que esto va a hacer que sea más fácil y fluido poder hablar entre nosotras y va a mejorar como nos hablamos y cuidamos.

Si lo haces te lo agradeceré y estoy segura de que tú también te alegrarás de haberlo hecho.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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¿Qué es la cultura de la violación?

Puede que muchxs de nosotrxs pensemos que en nuestro país ya se ha conseguido la igualdad total entre hombres y mujeres o que estemos muy cerca de conseguirla, de hecho, España es el sexto país con mayores índices de igualdad entre hombres y mujeres de la unión europea. Sin embargo, cada año crecen de forma significativa las denuncias por delitos contra la libertad sexual.

Actualmente se denuncian seis violaciones al día, es decir, una cada cuatro horas. Pero ¿cómo es posible que estemos avanzando tanto en igualdad y que al mismo tiempo haya cada vez mas denuncias por delitos sexuales?

Por una parte, hay que tener en cuenta que cada vez denunciamos más, puesto que estamos mucho más concienciadas al respecto, no obstante, no denunciamos porque sí, si hay denuncias es porque hay violencia.

Por otra parte, ha habido una incidencia en este tipo de delitos porque según afirman lxs expertxs, algunos han visto peligrar sus privilegios y continuar ejerciendo este tipo de violencia es una forma de seguir posicionando a las mujeres en una situación de subordinación.

Además, partidos políticos con gran representación parlamentaria han negado en reiteradas ocasiones la violencia de género.  Hace menos de un año se intentó tumbar la ley “sólo sí es sí” por considerarla “innecesaria”, “una caza de brujas” y por asegurar que criminaliza a los hombres, además de ridiculizar que se ponga en el centro el consentimiento.

Este tipo de discursos tan habituales, sostienen la cultura de la violación.

¿Qué es entonces la cultura de la violación?

La cultura de la violación es un término utilizado para referirse a sociedades que normalizan la violencia sexual, al ignorarla, minimizarla o fomentarla con actitudes misóginas. Básicamente consiste en normalizar cualquier tipo de violencia sexual al considerarlo algo cotidiano, negar la gravedad o el daño, culpar a la víctima o partir de una concepción estereotipada de lo que es una agresión sexual o de cómo es un violador. Es decir, solo se consideran violaciones las que se llevan a cabo bajo coacciones y agresividad y los violadores son enfermos mentales y/o psicópatas.

Lo que no encaja dentro de eso no se considera una violación y muchos abusadores tampoco se perciben como tal porque son personas adaptadas y con un buen circulo social que los respalda, además lejos de considerarse abusadores, son calificados por gran parte de la sociedad como “machotes”.

Sin ir más lejos, hace unos días, uno de los streamers más seguidos de España, llamó “trucazo” al hecho de ir a las discotecas sin consumir ningún tipo de sustancia y “llevarse a pibas que sí estaban colocadas”, además al colega protagonista de tal hazaña lo denominó “crack, fuera de serie y un puto pro».

Mientras que al hombre se le alaba por cometerun acto cuanto menos cuestionable, las mujeres tienen que escuchar este tipo de frases:

Normal que te digan cosas, mira cómo vas vestida.

Es que bebes mucho, no tienes cuidado.

No dijiste que no.

Dices que no, pero en el fondo quieres tema.

¿Cómo quieres que te respeten si no te respetas a ti misma?

¿Dónde ibas tus sola a esas horas por la calle?

Si no querías follar, ¿para qué fuiste a su casa?

¿Quién te va a violar a ti con lo fea/gorda que eres?

Voy a invitarla a una copa, a ver si ‘cae’.

A ‘esta’ la emborracho y me la ligo.

Normal, si es que vas provocando.

En definitiva, aun queda mucho por hacer, empezando por no repetir este tipo de discursos ya que hacen apología de la violación. Y si tú dices o has dicho este tipo de frases te invitamos desde aquí a que te lo pienses.

Si te has sentido identificadx con este post por haberte sentido cuestionada, en Quiero psicología podemos ayudarte.

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Excitación sexual: miedos y presiones

¿Qué es la excitación sexual?

La Excitación Sexual se entiende como a un proceso de aprendizaje individual y único. Cada persona, en su contexto y con sus propias circunstancias, pone a prueba los estímulos (supuestamente) excitantes para conformar, poco a poco, su propio mapa erótico, sus preferencias en cuanto a prácticas y técnicas.

Esta fase está definida por el placer y el deseo de mantener o aumentar los estímulos y las emociones. Se trata de un proceso en el que nuestras prioridades y necesidades cambian en función de la excitación sentida y del deseo, que ésta provoca, de aumentar la intensidad e incluso de buscar alcanzar el orgasmo, a través de comportamientos eróticos.

A nivel erótico, estamos más relajadxs, abandonándonos y concentrándonos a nivel sensorial y mental. Los sentidos aumentan el umbral de percepción de las caricias de todo tipo, táctiles, auditivas, olfativas, gustativas… y la imaginación se recrea en fantasías eróticas.

¿Qué errores o problemas pueden aparecer?

En ocasiones, ciertos errores de aprendizaje pueden interferir en dicho proceso, alterando nuestra vivencia sexual individual y/o de pareja. Estos elementos pueden afectar otras fases de la respuesta sexual, como el deseo o el orgasmo.

Muchos de los siguientes factores comentados no aparecen en solitario, sino que se complementan y propician unos a otros. La persona con una educación sexual insuficiente puede no conocer los requisitos básicos para mantener la excitación y generar así un miedo al fracaso, incluso en ausencia de problemas previos, que podría aumentarse si concibe a su pareja como más o menos coital o le atribuye, erróneamente o no, exigencias hacia la sexualidad o su satisfacción, etc

  • Ausencia de información o información errónea: La ignorancia, que en muchos casos es el único obstáculo a una buena vivencia sexual, afecta tanto al placer y su recepción, y tanto a la entrega personal como al abandono a las sensaciones.

Un mito no fundado pero muy generalizado está constituido por el orgasmo coital como criterio de normalidad. Desde este mito se difunde la idea de que las personas con vulva tienen un problema cuando no obtienen fácilmente el orgasmo por simple estimulación intravaginal, pudiendo originar complejos y tensiones en muchas de ellas que van a interferir en su respuesta excitatoria. También el mito del orgasmo simultáneo preocupa a muchas parejas heterosexuales que al ver en ello un criterio obligatorio de normalidad, incluyen en sus relaciones esa meta; así, todo el proceso de excitación quedará oculto, y en desventaja, frente a las estrategias y medios a aplicar para tener éxito.

  • Disvalor de la sexualidad: La educación diferencial de género hace de este disvalor una causa preminentemente femenina pues la sexualidad masculina ha sido ensalzada y promovida, mientras la femenina ha sido perseguida y castrada. De esta forma algunas personas socializadas como mujer pueden considerar la excitación como un mero trámite o un efecto colateral a otros beneficios como puedan ser el acercamiento emocional o la evitación de mayores conflictos. Mientras tanto, algunos hombres bajo esta situación es muy probable que no vean afectada su erección, aunque su excitación fuera menor de lo esperado/deseado, pues el simple hecho de mantener relaciones suele ser, bajo la educación tradicional masculina, suficiente.

Por otro lado, podemos encontrar también ciertos factores de ansiedad que influyen en nuestro proceso de excitación, como por ejemplo:

  • Temor al fracaso: En los hombres cisgénero (y algunas mujeres trans) esta causa va a estar siempre presente una vez que hemos generado el primer fracaso, pues no es más que la anticipación y el miedo a las consecuencias negativas experimentadas (y ahora imaginadas). Así, una vez vivido un fallo excitatorio y los malestares asociados es tremendamente sencillo crear un miedo que los prevenga e incluso los evite. Se suma, además, el fantasma de la impotencia: nuestra cultura falocrática ha vanagloriado tanto al pene, su tamaño, potencia o valor, que la simple posibilidad de su pérdida en términos de impotencia (problema no sólo sexual sino vital, inamovible, rígido, absoluto…) genera en gran número de hombres un pánico interno inconfesable.

En términos psicológicos hablamos de Profecía Autocumplida: cuando temo que algo pueda ocurrir y, por prestarle tanta atención, finalmente propicio el suceso. Teniendo en cuenta los elementos comentados en torno a la erección masculina (relación con la masculinidad, autoexigencia, ausencia de una erótica desgenitalizada, miedo a la impotencia, etc.) es terriblemente fácil crear un círculo vicioso iniciado por un primer fallo que provoca cierta preocupación y que nos llevaría a perder la Clave Erótica y así provocarnos el fallo excitatorio.  

  • Rol de espectador: es un comportamiento de auto evaluación y vigilancia que se dan al mismo tiempo que la persona está implicada en la actividad sexual. Se trata de un desdoblamiento de la persona: mientras se desenvuelve en la relación sexual, mantiene centrada la atención en su propio desempeño para evaluar su éxito o fracaso. Este juicio de bien o mal, éxito o fracaso, por su concepción absolutista de todo o nada genera bastante ansiedad a lo largo de todo el comportamiento vigilado durante el encuentro sexual.
  • Huida ante el placer: Estos comportamientos inconscientes de evitar toda sexualidad satisfactoria pueden esconder una gran ansiedad y una culpabilidad ligadas al placer. Dedicar poco tiempo a la relación sexual, rehuir toda caricia que podría ser excitante, orientar exclusivamente la relación hacia la consecución del orgasmo, son ejemplos de comportamientos destinados a evitar la ansiedad, la inseguridad o el fracaso.

Si te ha resonado alguno de estos factores, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. En Quiero Psicología disponemos de un servicio de asesoramiento y terapia sexológica para brindarte la mejor atención posible.

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Conoce el vaginismo

¿Qué es?

Se trata de una contracción involuntaria de la musculatura que rodea la vagina (esfínter de la vagina y elevador del ano) al intentar introducir un objeto en el orificio vaginal, haciendo imposible la penetración (aunque la lubricación sea correcta y la erección adecuada)

Está formada por 2 procesos:

  • Orden mental que genera una anticipación de sentir miedo, dolor o peligro, que hace que se de
  • una contracción involuntaria y automática (e inconsciente mayoritariamente) de los músculos que rodean la vagina

A veces, la “primera contracción” se puede deber a cuestiones físicas, sin necesidad de anticipar nada. Sin embargo, posteriormente esa asociación entre penetración-dolor generará una respuesta evitativa por nuestra parte donde se dará la contracción vaginal.

Sabemos que en la sociedad en la que vivimos, no se nos educa en conocer, explorar, y amar a nuestra vulva. Vivimos constantemente con emociones como la vergüenza, la culpa o el asco hacia cuestiones relacionadas con nuestra vivencia sexual, como es en este caso la relación que establecemos con nuestra vulva.

¿Te has preguntado alguna vez cómo de presente la tienes en tu día a día? Y no solo a tu vulva, pues el placer sexual no se localiza solo en nuestra genitalidad, sino ¿cómo de presente está el placer en tu día a día? ¿Qué pasaría si empezásemos a tratarnos y hablarnos como lo hacemos con una amiga?

La desconexión con nuestro cuerpo y nuestras necesidades es tal en el sistema capitalista y patriarcal en el que nos vemos arrojadxs, que seguir los ritmos que se nos imponen, tenernos en cuenta, darnos el espacio y a la vez, gestionar todas las presiones de “dar placer a la pareja” y nuestra propia autoexigencia, es imposible. Así que date permiso, ante todo. Permiso para estar en una situación similar y permiso para aceptar que no siempre podemos con todo.

La frustración que surge de la norma coitocéntrica y/o reproductiva de la sexualidad puede presentar también problemas en otras fases de la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo). Dicha frustración y los intentos fallidos que la acompañan junto al dolor, acaban generando una respuesta de evitación y miedo al fracaso que puede manifestarse de muchas maneras. “Es que no soy normal”, es a veces una de las frases mas escuchadas en consulta, pues las personas con vulva parecen no poder “ser sexuales” si les falta el pene o la penetración en su sexualidad, ya que esta parece darse “a través de la pareja” y la penetración de esta con su pene.

Errores que cometemos

Muchas veces venimos con errores de aprendizaje o miedos de base que influyen en la relación con nosotrxs mismxs y nuestra sexualidad. Podemos ser más o menos conscientes de ellos, dada la educación sexual que hemos recibido tanto a nivel familiar como a nivel de sistema. Por ejemplo:

  • Excesivo valor sobre el coito y la penetración, así como disvalor sobre el conocimiento del propio cuerpo y toda la sexualidad no coital. De esta manera se concibe la relación sexual sin coito como incompleta, a medias, aburrida…
  • Desconocimiento en la primera experiencia de coito. Los mitos y prejuicios acerca de las primeras penetraciones pueden no permitir una relajación que favorezca la excitación. Estas situaciones pueden conllevar una tensión que favorezca la molestia o dolor en la penetración.
  • Miedo al dolor: pensamientos como “mi vagina es pequeña”; “el pene es demasiado grande”; “las primeras veces duelen”
  • “El coito solo para quien se lo merezca. Para la persona adecuada”, donde obviamos nuestro propio deseo y realizamos el acto sexual para la otra persona
  • Sentimientos de culpa por hacer algo que no se debe
  • “Si lo hago dejaré de ser interesante, me dejarán de lado”. Se concibe que por haber dado “todo”, ya no queda nada que ofrecer sexualmente y podrían ser abandonadas
  • Miedo al embarazo
  • Miedo a contraer ITS/ITG (infecciones de transmisión sexual, genital)

Si sientes que estás pasando por una situación similar, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. En Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

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Sexualidad no normativa: Shibari

Como ya hemos visto, lo más importante dentro de las relaciones o de las prácticas BDSM es que haya comunicación entre los integrantes.

Una comunicación que busca un consenso claro de los límites que han debido ser preestablecidos antes del encuentro y que son conocidos y respetados por ambos.

Si nos encontramos en una relación que se nos presenta como BDSM pero donde nuestros límites no son conocidos y respetados por ambos, realmente estamos ante una relación insana que no está basada en el respeto ni en la comunicación.

Mientras los límites estén claros y consensuados, cualquier práctica es posible y dentro de las múltiples opciones con las que nos podemos encontrar se encuentran las inmovilizaciones y ataduras, y dentro de estas el Shibari.

Es importante recordar que ambas prácticas Bondage y Shibari no se pueden practicar sin consenso por parte de las dos personas y que en especial en el Shibari, es recomendable acudir a alguien que pueda ofrecer una formación básica sobre elementos de seguridad.

Y una vez aclarado esto, vamos a liarnos con las cuerdas, para ello, comenzaremos con la definición algunos términos que nos pueden llevar a equívoco, Bondage, Shibari y Kibanku.

Bondage

La función principal del Bondage es inmovilizar parcial o totalmente al individuo. No sólo se usan cuerdas, las cadenas, las esposas o incluso las bridas son elementos que se pueden usar para dicha inmovilización.

Una vez que se ha inmovilizado a la persona que ejerce el rol de sumisión se desarrollan el resto de prácticas consensuadas entre dominante y sumiso… azotes, cera caliente, cosquillas, uso de juguetes, prácticas sexuales.

Shibari y Kibanku

El significado literal de Shibari es atar y el de Kibanku atar fuerte, por lo que a partir de aquí me voy a referir al Shibari ya que el kibanku es una especificación del mismo.

Observando el significado nos damos cuenta que uno de los objetivos del Shibari es igual que el del Bondage, inmovilizar a la persona que está siendo atada, pero este no es el único, ni siquiera podría ser el principal.

Dentro del Shibari un hay componente primordial, se busca la estética y la satisfacción sensorial por medio de las cuerdas.

Obviamente, dentro de la satisfacción sesonrial nos encontramos con un componente erótico y sexual, pero no es la única finalidad, llegando en ocasiones a desvincularse buscando crear figuras altamente estéticas.

Esta práctica requiere estudio y entrenamiento y unos elementos mínimos para que el momento entre cuerdas sea seguro además de placentero.

Conceptos básicos

Modelo: la persona que es atada recibe el nombre de modelo.

Rigger o atador: así se denomina a la persona que ejecuta los nudos y figuras con las cuerdas.

Cuerdas: Normalmente se usan cuerdas de 8 metros de largo de yute o cáñamo que han sido tratadas y curadas previamente. No se suelen usar cuerdas de algodón ya que en esta práctica es muy común realizar suspensiones y el algodón no tiene las características necesarias para que la suspensión sea segura.

Observador: Dentro de la práctica del Shibari es necesario que haya un observador, ya que es la persona que ejerce este rol quien hace de detonante de las emociones en el modelo. El rol del observador no siempre ha de ser ocupado por una tercera persona, el mismo atador puede ejercerlo.

Comunicación: Entre atador y modelo ha de existir un nivel de comunicación elevado e íntimo. La persona que ata debe percibir los cambios a nivel emocional en la persona que está siendo atada y ésta debe ser capaz de transmitir e informar con ligeros movimientos, con su respiración, con sonidos… sin usar la palabra prácticamente.

Emociones: Sí, las emociones son un elemento básico dentro del Shibari ya que es uno de los objetivos a conseguir, el cambio en el estado emocional en el modelo y la percepción de las mismas por parte del atador.

Sabiendo estos elementos claves y con un poco de práctica y conocimiento de los elementos de seguridad, la práctica del Shibari en las relaciones de pareja, puede ser un elemento de generación de vínculo, de intimidad, de erotismo y de placer. Las cuerdas hacen de canal de comunicación entre las dos personas que lo practican.

El consenso, las señales, la lectura de las emociones por parte de las dos personas hacen que introducir las cuerdas como elemento erótico sea una experiencia placentera a todos los niveles y segura a través del consenso y los límites pre establecidos.

Pero si sintieras que tu pareja no respeta tus límites o que tienes tabúes que te impiden explorar tu sexualidad estamos en Quiero Psicología para ti.