¿Qué hago si me encuentro con mi abusador en un evento familiar?

Una guía psicológica para entender el trauma y protegerte**

Hay preguntas que no deberían existir, pero existen porque vivimos en una sociedad que todavía prioriza las apariencias, la unidad familiar y el “no molestar” por encima del bienestar emocional de las personas.
Una de ellas es esta: “¿Debo ir a un evento familiar si allí estará la persona que me abusó o me maltrató?”

Y aunque la respuesta parece sencilla, en la práctica es una lucha interna que puede desgastar profundamente. Por eso es importante hablarlo con claridad, sin minimizar y sin disfrazarlo.

¿Qué es un trauma realmente?

El trauma no es “lo que pasó”, sino lo que quedó dentro de tu cuerpo y tu mente después de lo que pasó.
Es la herida invisible que se activa cuando algo—o alguien—te recuerda la amenaza original.

El trauma es memoria corporal. Es un sistema nervioso que aprendió a protegerte de algo que fue demasiado grande, demasiado intenso o demasiado temprano.
Por eso, encontrarte con tu agresor no es “incómodo”: es reactivar la herida.
Es volver, aunque sea por un segundo, al mismo estado de vulnerabilidad que alguna vez te dañó.

¿Por qué no es bueno exponerte?

Porque la exposición no sana un trauma.
Esto es algo que aún se confunde muchísimo.

La exposición solo es terapéutica cuando es planificadaseguraprogresiva y guiada por un profesional.
Pero encontrarse con un abusador en una comida familiar no es una exposición terapéutica:
es una agresión al sistema nervioso, es un recordatorio involuntario, es una puesta en peligro emocional.

Cuando alguien te dice:
“Tienes que ir para que no te afecte”
o
“No puedes evitarlo toda la vida”,

en realidad está defendiendo la paz del grupo, no tu bienestar.
Y eso también duele.

¿Tengo que ir? ¿Es obligatorio?

No.
No tienes ninguna obligación emocional, moral o familiar de acudir a un lugar donde estará alguien que te dañó.

Elegir no ir no es debilidad: es autocuidado.
Es un límite sano.
Es un acto de lealtad contigo.

A veces la familia espera que actúes como si no hubiera pasado nada porque resulta más cómodo. Pero tu salud mental no es un sacrificio que debas poner sobre la mesa para sostener relaciones que no te sostienen a ti.

Si decido ir, ¿cómo puedo gestionarlo?

Si por circunstancias externas o presión interna decides asistir, no tienes por qué hacerlo sin apoyo. Estas son herramientas que pueden ayudarte a mantenerte a salvo emocionalmente:

1. Prepara un plan de salida

Tener claro cómo irte (y con quién) reduce la sensación de atrapamiento.

2. Establece límites previos

Puedes decir a quien corresponda:
“No quiero interacción con esa persona. Si ocurre, me voy.”

3. Minimiza el contacto

No tienes que saludar, hablar ni mantener cercanía física.
Protegerte no es mala educación.

4. Lleva contigo una señal de apoyo

Alguien de confianza que sepa lo que ocurre y te sostenga si te sientes abrumade.

5. Regula tu sistema nervioso

Respiración diafragmática, contacto con tus manos, sentir tus pies en el suelo.
Pequeñas anclas para recordarte que ya no estás allí, que ahora sí puedes protegerte.

6. Evalúa cómo te sientes después

Lo que pase después del evento es tan importante como lo que pase durante.
Escucha tu cuerpo; él te dirá si esa exposición fue tolerable o si te dañó.

Si decido NO ir, ¿cómo gestiono la culpa o el juicio externo?

La culpa aparece porque nos enseñaron a priorizar al grupo por encima de nuestra integridad.
Pero la culpa no es un indicador de que estás haciendo algo mal; es solo un reflejo de viejas lealtades.

Puedes recordarte:

  • Estoy eligiéndome.
  • Mi sistema nervioso tiene derecho a estar a salvo.
  • No tengo por qué compartir espacio con quien me dañó.

Quien te quiera de verdad entenderá tus razones.
Quien no lo entienda, está protegiendo a otra persona, no a ti.

La pregunta final no es “¿debo ir?” sino “¿cómo quiero cuidarme?”

Tu bienestar emocional es una prioridad.
Tu seguridad interna importa.
Tu historia merece respeto.

Nadie debería pedirte que normalices lo que te hirió.
Nadie tiene derecho a empujarte hacia un espacio donde tu cuerpo siente peligro.
Y tú no tienes por qué demostrar nada asistiendo a un lugar donde tu dignidad tiembla.

Elegirte también es sanar.
Y sanar es, muchas veces, poner distancia donde otros quieren cercanía.

Abuso-Sexual-Infantil

Abuso Sexual Infantil

Hablar de abuso sexual infantil es hablar de una herida profunda que no sólo ocurre en un cuerpo pequeño, sino también en un sistema que permitió que esa vulneración sucediera.

Porque sí: el trauma está en el hecho, pero también en todo lo que vino después. En cómo el entorno reaccionó (o no). En lo que se negó, se tapó, se justificó o se silenció.

¿Qué secuelas suelen aparecer en la adultez?

No hay un único camino. Pero hay patrones que se repiten demasiadas veces:

  • Dificultad para confiar: en relaciones, en vínculos, incluso en una misma persona. La sensación de que “algo puede romperse en cualquier momento”.
  • Problemas con los límites: desde no saber decir “no”, hasta endurecerlos tanto que nadie puede entrar.
  • Culpa y vergüenza persistentes: aunque la persona adulta entienda racionalmente que no fue su culpa, el cuerpo mantiene una narrativa distinta.
  • Alteraciones en la sexualidad: rechazo, desconexión, hiperadaptación, o vivir la sexualidad desde un lugar de obligación en vez de deseo.
  • Hiperalerta y ansiedad: vivir en un “estado de vigilancia” constante.
  • Disociación: momentos de desconexión emocional o corporal, a veces tan habituales que pasan desapercibidos.
  • Autoexigencia extrema o perfeccionismo: porque ser “intachable” parece la única forma de sentirse segurx.

Estas secuelas no aparecen por “debilidad”. Aparecen porque un cuerpo y un sistema nervioso fueron obligados a sobrevivir demasiado pronto.

¿Qué cosas suelen pasar y que agravan la herida?

Muchas veces, lo que más duele no es sólo el abuso, sino cómo reaccionó el mundo alrededor:

  • No te creyeron.
  • Lo minimizaron (“no fue para tanto”, “era muy peque”, “no te acuerdas bien”).
  • Lo escondieron para “no destruir a la familia”.
  • Te pidieron silencio para no incomodar.
  • Te hicieron sentir responsable por algo que nunca fue tu responsabilidad.
  • Intentaron seguir como si nada hubiera pasado.

Esas respuestas sociales no sólo fallan en proteger: retraumatizan. Refuerzan la idea de que el propio dolor no importa y que denunciar el daño es más grave que el daño en sí.

¿Qué impide que el trauma se supere?

Hay tres bloqueos que vemos con muchísima frecuencia:

  1. El silencio impuesto (externo o interno). Si no puede nombrarse, tampoco puede integrarse.
  2. La culpa y la vergüenza que no pertenecen a la víctima. Son emociones heredadas del agresor y de una cultura que prefiere mirar hacia otro lado.
  3. La falta de un espacio seguro y estable donde procesar la experiencia. Sin acompañamiento, el cuerpo sigue funcionando desde la supervivencia, no desde la sanación.

Superar un trauma así no es cuestión de “pasar página”: es un proceso profundo que implica reparar lo que fue roto por fuera y por dentro, construir nuevos significados, y recuperar un lugar en el mundo donde la persona pueda sentir que tiene derecho a existir sin miedo.

Y algo importante:

El abuso sexual infantil nunca es culpa de quien lo sufrió.

Nunca.

Ni por la edad, ni por la situación, ni por la respuesta posterior.

El abuso es siempre responsabilidad de quien agrede, y de un entorno que no supo (o no quiso) proteger.

celos-infidelidad

Tengo ataques de celos por un trauma de infidelidad: ¿qué me pasa?

Los celos no son simplemente un “defecto de carácter” ni una muestra de inseguridad superficial. Cuando alguien ha vivido una experiencia de infidelidad, la mente y el cuerpo quedan marcados por una herida que se asemeja a un trauma. Y como ocurre con cualquier trauma, el pasado se queda almacenado en el presente.

Síntomas más comunes

Después de una traición, es habitual que la persona desarrolle una hipervigilancia constante: comprobar redes sociales, interpretar señales ambiguas como amenazas, sentir ansiedad cuando la pareja no responde al teléfono o incluso tener pesadillas.
Otros síntomas frecuentes son:

  • Pensamientos intrusivos: recuerdos de la infidelidad que aparecen de repente.
  • Sensación de peligro constante: como si en cualquier momento “volviera a ocurrir”.
  • Respuestas emocionales intensas: ira, tristeza, miedo, vergüenza, todo en cuestión de segundos.
  • Dificultad para confiar: no solo en la pareja actual, sino también en uno mismo y en el propio criterio.

¿Qué puede activar los ataques de celos?

Los llamados triggers o disparadores son elementos que despiertan la herida emocional. No siempre son lógicos, y de hecho suelen ser desproporcionados en comparación con la situación real. Algunos de los más comunes son:

  • Cambios en la rutina de la pareja (llegar más tarde, usar más el móvil).
  • Ver situaciones en redes sociales que generan comparaciones.
  • Silencios, evasivas o simples distracciones de la otra persona.
  • O incluso, recordar lugares, frases o gestos que estuvieron asociados a la infidelidad pasada.

La mente interpreta todo esto como una amenaza real, aunque en el presente no haya peligro.

¿Por qué no soy capaz de parar?

Aquí está la clave: porque no se trata de un problema de voluntad, sino de un sistema nervioso activado por una herida traumática.
Cuando algo recuerda a la infidelidad vivida, el cerebro activa el mismo circuito de alarma que se enciende en una situación de peligro. Es el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal liberando cortisol, la amígdala disparando la señal de alarma, y el cuerpo respondiendo como si necesitara defenderse. Por eso los pensamientos de celos se vuelven tan obsesivos: en realidad, es una reacción de supervivencia, no un simple capricho.

El problema es que, al intentar controlar compulsivamente a la pareja o comprobar mil veces lo que hace, se obtiene un alivio momentáneo que refuerza la conducta. Es decir, sin querer, el propio miedo se alimenta a sí mismo

Si te reconoces en esta descripción, no es que seas “demasiado celosx” o que tengas un fallo en tu personalidad. Lo que ocurre es que tu sistema emocional todavía no ha podido procesar y elaborar la herida de la traición. Los celos en este caso no hablan de tu falta de valor, sino del dolor no resuelto que se activa una y otra vez.

Trabajar este trauma en terapia puede ayudarte a dejar de vivir en alerta y empezar a recuperar la confianza: en los demás, sí, pero sobre todo en ti mismx.

bullying-por-homofobia

Bullying por homofobia

El bullying por homofobia es una experiencia profundamente dañina que deja cicatrices emocionales a largo plazo. No se trata solo de burlas o agresiones físicas; es una forma de violencia sostenida que ataca la identidad misma de la persona, afectando su autoestima y autoimagen incluso en la adultez.

¿Por qué es un trauma complejo?

Hablamos de trauma complejo cuando una persona sufre abuso o violencia de manera continuada, especialmente en etapas de desarrollo como la infancia y adolescencia. En el caso del bullying por homofobia, el daño es muy profundo porque:

  • Ataca la identidad: No es solo rechazo por una acción o característica, sino por el ser mismo de la persona.
  • Aísla y silencia: Muchas víctimas sienten que no pueden pedir ayuda por miedo al juicio social o familiar.
  • Refuerza la vergüenza y el miedo: La violencia sistemática hace que la persona internalice mensajes negativos sobre su orientación sexual.

Impacto en la autoestima y autoimagen en la adultez

Las heridas emocionales del bullying por homofobia pueden manifestarse de diversas formas en la adultez, incluyendo:

  • Autoconcepto deteriorado: La persona puede desarrollar una percepción negativa de sí misma, sintiéndose inadecuada o defectuosa.
  • Miedo al rechazo: Puede haber dificultades para establecer relaciones afectivas por temor a ser lastimadx nuevamente.
  • Hipervigilancia y ansiedad: La constante exposición a la violencia en la infancia puede generar inseguridad y miedo en entornos sociales.
  • Autocensura o disociación: Algunas personas reprimen aspectos de su identidad para evitar confrontaciones, lo que puede generar depresión y falta de autenticidad.

Sanar es posible

El primer paso para sanar es reconocer que el dolor no es culpa de quien lo sufrió. La terapia psicológica, el apoyo de comunidades LGBTQ+ y la construcción de espacios seguros pueden ayudar a reconstruir la autoestima y vivir con autenticidad.

El bullying por homofobia es una herida profunda, pero, con el tiempo, acompañamiento y resiliencia, es posible recuperar la confianza y el amor propio. Nadie debería sentir vergüenza por ser quien es. 

abuso-sexual-infantil

Síntomas del Abuso Sexual Infantil (ASI)

El ASI es profundamente traumático y afecta a millones de niños y niñas en todo el mundo. Este tipo de abuso presenta sintomatología psicológica, física y conductual aguda y a medio-largo plazo. A continuación, se exponen los principales síntomas asociados al ASI, cómo se manifiestan en diferentes edades y qué hacer ante la sospecha de abuso.

Síntomatología psicológica

  • Ansiedad y miedo: lxs niñxs que han sido abusados sexualmente suelen vivir con un miedo constante. Este miedo puede estar dirigido hacia el abusador o hacia situaciones que les recuerden el abuso. También pueden desarrollar fobias o ansiedad generalizada, incluyendo temor excesivo a la oscuridad, a quedarse solxs o a ciertas personas.
  • Depresión y tristeza persistente: el abuso sexual infantil a menudo provoca sentimientos intensos de tristeza, desesperanza y vacío. Algunxs niñxs pueden presentar síntomas de depresión, como pérdida de interés en actividades que solían disfrutar, irritabilidad o irascibilidad, cambios en el apetito, enuresis nocturna o problemas de sueño.
  • Baja autoestima y culpa: muchxs niñxs internalizan el abuso creyendo que es culpa suya o que de alguna manera lo merecen. Esto puede llevar a un deterioro de la autoestima, sentimientos de vergüenza tóxica y una percepción negativa de sí mismxs.
  • Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): el ASI puede desencadenar síntomas de TEPT, como:
    • Flashbacks o recuerdos intrusivos del abuso.
    • Pesadillas recurrentes.
    • Evitación de personas, lugares o situaciones que recuerden el trauma.
    • Hipervigilancia, sobresaltos fáciles y sensación constante de peligro.
    • Trastornos del sueño.

Síntomas conductuales

El comportamiento puede ser una ventana hacia su mundo emocional. Los síntomas conductuales asociados al ASI incluyen:

  • Regresión en el desarrollo: niñxs pequeñxs pueden regresar a comportamientos más propios de edades anteriores, como mojar la cama, chuparse el dedo o aferrarse excesivamente a lxs cuidadorxs.
  • Cambios drásticos en el comportamiento.
  • Agresividad inusual o comportamiento desafiante.
  • Aislamiento social o pérdida de interés en interactuar con amigxs o familiares.
  • Aparición de conductas sexualizadas inapropiadas para su edad como lenguaje sexual explícito, juegos sexuales con otrxs niñxs o curiosidad extrema por temas sexuales.
  • Conductas autodestructivas: en niñxs mayores o adolescentes, el abuso puede conllevar:
    • Autolesiones como cortarse o quemarse.
    • Abuso de sustancias como alcohol o drogas.
    • Comportamientos temerarios o de riesgo, incluyendo actividades sexuales inadecuadas.
  • Dificultades escolares: disminución en el rendimiento académico, problemas de concentración, evitación de la escuela o aumento en las ausencias injustificadas.

Sintomatología física

Aunque los síntomas psicológicos y conductuales son más comunes, algunos signos físicos pueden ser indicativos de abuso sexual:

  • Dolor, irritación o lesiones en el área genital.
  • Infecciones de transmisión sexual (ITS) en niñxs.
  • Dolor inexplicable en el abdomen o en otras partes del cuerpo.
  • Alteraciones en el sueño, como insomnio o pesadillas frecuentes.
  • Alteraciones físicas de cualquier índole sin etiología clara.

Factores que influyen en los síntomas

La forma en que los síntomas se manifiestan puede variar según diversos factores:

  • Edad del niñx: lxs niñxs más pequeñxs pueden mostrar síntomas más conductuales, mientras que los adolescentes pueden expresar el trauma a través de conductas autodestructivas.
  • Duración del abuso: un abuso prolongado tiende a generar síntomas más graves y persistentes.
  • Relación con el abusador: si el abusador es alguien cercano, como un familiar, las secuelas suelen ser más intensas debido a la traición de confianza.
  • Apoyo recibido: lxs niños que cuentan con un sistema de apoyo sólido pueden manejar mejor los síntomas que aquellxs que enfrentan el trauma en aislamiento.

Detectar estas señales es crucial para intervenir de manera temprana y brindar el apoyo necesario a las víctimas.

gestionar-conflictos

Qué hacer en caso de conflicto

Gestionando los conflictos


A menudo los conflictos encuentran sus raíces en la diversidad de perspectivas, valores y necesidades individuales. Desde la psicología sabemos que nuestras experiencias pasadas, creencias y emociones subyacentes influyen significativamente en cómo percibimos y respondemos ante situaciones conflictivas.

La comunicación desempeña un papel fundamental en la resolución de los conflictos. La falta de habilidades comunicativas efectivas puede dar lugar a malentendidos, resentimientos y escaladas.

Aprender a expresar de manera clara y comprender las emociones de la otra persona puede reducir la intensidad de los conflictos.

De la misma manera, es fundamental expresar nuestras necesidades de una forma honesta haciendo referencia a cómo nos sentimos nosotrxs y no qué ha hecho mal la otra persona. Cuando señalamos de esta forma a la otra persona ésta puede sentirse atacada y ponerse a la defensiva. Si queremos que se genere este acercamiento, expresar desde cómo nos hace sentir la situación o el conflicto que estamos viviendo hará el encuentro más fácil y podremos generar esa empatía en la otra persona. No obstante, no siempre debería ser de esta forma.

Las personas adultas deberíamos tener la madurez emocional suficiente para poder recibir críticas sin sentirnos atacadas de esta forma. Y esto, una vez más, forma parte del crecimiento personal de cada unx en un proceso terapéutico si no lo hemos aprendido a hacer en nuestras etapas anteriores.

Emociones en los conflictos

En esta misma línea, las emociones, desde la ira hasta el miedo y la tristeza, son componentes esenciales en los conflictos. Reconocer y gestionar nuestras propias emociones, así como a comprender las emociones de lxs demás.

La inteligencia emocional se convierte en una herramienta muy valiosa para manejar situaciones conflictivas de manera constructiva. Así pues, la psicoterapia se erige como una herramienta valiosa para abordar conflictos internos y mejorar las habilidades de afrontamiento.

A través del autoconocimiento y el entendimiento de los patrones de pensamiento, los individuos pueden desarrollar estrategias efectivas para enfrentar los conflictos de manera más saludable. Fomentar la empatía y comprender las motivaciones detrás de las acciones de lxs demás puede ser clave para la resolución de conflictos, transformando el conflicto de una lucha de poder a una oportunidad para el crecimiento personal y relacional.

Por todo ello, el viaje hacia la resolución de conflictos comienza internamente. Es importante que tengamos el autoconocimiento suficiente para reflexionar sobre nuestras propias emociones, valores y patrones de pensamiento. Comprender nuestra psicología interna nos permite abordar los conflictos desde una base más sólida. Del mismo modo y como comentábamos anteriormente, las emociones intensas a menudo acompañan a los conflictos. Tener la regulación emocional necesaria nos ayudará a manejar de forma funcional emociones como la ira, la frustración y el estrés.

Por otro lado, es fundamental encontrar soluciones que satisfagan las necesidades de ambas partes. La negociación y las habilidades para llevarla a cabo son fundamentales para la resolución de cualquier conflicto.

Sugerencia: la fórmula asertiva

Cuando no sepas cómo expresarte te dejamos una sugerencia aquí: la fórmula asertiva.

  1. Siempre empieza intentando ponerte en el lugar del otrx, por ejemplo con frases como «Entiendo que tú», «Sé que esto es difícil», «Entiendo que a lo mejor te viene peor»…
  2. Luego expresa lo que tú sientes o lo que te pasa «pero a mi me hace sentir así…» me es difícil esta situación porque…», etc.
  3. Y por último propon una solución o un compromiso en forma de pregunta como: «¿qué te parecería sí…?», «¿sería bueno si quizá podamos hacer…».

Te lo pongo en un ejemplo concreto, por ejemplo a lo mejor un amigx siempre es el que decide dónde vais o lo que hacéis y tú nunca rechistas a pesar de que algunos planes te vienen mal. Quizá le pudieras decir algo como: «entiendo que te viene mejor si hacemos el plan X porque está cerca de tu casa pero a mi que quedemos siempre por esa zona me hace desplazarme mucho y me hace sentir que no se me tiene mucho en cuenta lo que me pone triste ¿Qué te parece si nos vamos turnando y quedamos a veces en tu zona y a veces por la mía?.

Por todo ello, la resolución de conflictos no solo busca la solución externa, sino también la comprensión interna. Al incorporar estos principios psicológicos, podemos transformar los desacuerdos en oportunidades de crecimiento personal y fortalecer nuestras conexiones con lxs demás.

El camino hacia la armonía no solo es externo, sino también un viaje introspectivo que enriquece nuestra comprensión de nosotrxs mismxs y de aquellas personas con quienes compartimos nuestras vidas. Y si quieres mejorar ese camino y esa comunicación e Quiero Psicología te podemos ayudar.

controlar-enfados

Cómo controlar tus enfados

La ira es una emoción humana natural y poderosa que todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas. Es una respuesta emocional que, en sí misma no es negativa, pero su expresión inadecuada puede llevar a consecuencias negativas para nosotros mismos y para quienes nos rodean. Por esta razón, aprender a controlar la ira es esencial para mantener relaciones saludables y una vida emocionalmente equilibrada.

¿Qué es la ira?

La ira es una emoción compleja que involucra una combinación de reacciones físicas, cognitivas y conductuales. Se desencadena cuando percibimos una amenaza, ya sea física o emocionalmente (también concierne a nuestras pertenencias o nuestro entorno cercano), para poder activarnos y defendernos de ésta. Las reacciones físicas de la ira incluyen aumento de la presión arterial, frecuencia cardíaca acelerada y liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol. A nivel cognitivo, la ira puede distorsionar nuestros pensamientos y hacernos más propensos a reacciones impulsivas e irracionales. A nivel conductual, tendemos tendencia a levantar la voz, moverse agitadamente, insultar o buscar ofender o atacar a las personas de nuestro alrededor.

Posibles causas de la ira

Aunque la ira se suele dar en origen por una posible amenaza hacia la persona, las causas pueden variar según las personas y las situaciones. Cuando esa ira suele ser desbordante, suele deberse a estas posibles causas:

  • Percepción de injusticia: Sentir que hemos sido tratados de manera injusta o que se nos ha negado algo que merecemos puede desencadenar una respuesta de ira.
  • Frustración: La incapacidad para alcanzar metas o enfrentar obstáculos significativos puede llevar a una acumulación de frustración que finalmente explota en ira.
  • Estrés: Estar expuesto a estrés de forma habitual puede provocar un estado de ánimo más irritable, mermando nuestra capacidad para lidiar con las situaciones cotidianas de manera tranquila y reflexiva, y desencadenando una respuesta de ira en situaciones que normalmente no se darían.
  • Heridas emocionales pasadas: Haber vivido anteriormente experiencias traumáticas o dolorosas puede hacer que seamos más propensos a sentirnos atacados o revivir emociones desagradables como la ira. Además, si tenemos una relación de desconfianza o mala comunicación con la persona con la que estamos hablando: es probable que ya hayamos tenido experiencias de dolor o de ira y que se “reactive” esa sensación en situaciones en las que no aparecería la ira.

¿Cómo controlar la ira?

El proceso de controlar la ira no es lineal, y es probable que experimentemos altibajos en el camino. Es importante recordar que cometer errores es natural, pero lo esencial es aprender de ellos y seguir adelante con un enfoque positivo en el desarrollo personal.

Durante el enfado

Reconoce y Acepta tus Emociones

El primer paso para controlar los enfados es reconocer y aceptar que estamos experimentando esta emoción. Es normal sentir enfado en ciertas situaciones, pero negar o reprimir esta emoción solo empeorará las cosas a largo plazo. Permítete sentir el enfado sin juzgarte por ello, reconociendo que es una emoción que forma parte de tu experiencia humana.

Técnicas para bajar la intensidad

Cuando sientas que el enfado está aumentando, tómate un momento para respirar profundamente o para poner en práctica cualquier ejercicio de relajación o de respiración consciente (con el que ya te sientas cómodo) para calmar el sistema nervioso y reducir la intensidad de la emoción. Repite este proceso varias veces hasta sentir que te has calmado.

Salir de la situación temporalmente

A veces, la mejor manera de controlar un enfado es tomar distancia de la situación. Si te sientes abrumado por la emoción, retírate momentáneamente de la situación que lo provocó. Esto te permitirá enfriar la cabeza y evitar reacciones impulsivas que puedan generar conflictos innecesarios. Intenta definir alguna palabra o señal para indicar que vas a separarte momentáneamente (la conversación se retomará después cuando estés más tranquilo), especialmente si es una persona con la que tiendes a verte en esa situación.

Comunicar asertivamente

Aprender a expresar nuestros sentimientos y necesidades de manera clara y respetuosa puede evitar conflictos innecesarios y mejorar la comprensión entre las partes involucradas. Comunica tus emociones de manera clara y respetuosa, evitando culpar o atacar a la otra persona. Es fundamental practicar la escucha activa, presta atención a lo que la otra persona está diciendo y trata de entender su perspectiva. Otra herramienta útil, es intentar enfocarse en cual está siento el problema, para dirigir la conversación hacia las posibles soluciones.

Después de tu enfado

Toma Conciencia de tus Desencadenantes

Identificar los desencadenantes que provocan tus enfados es crucial para evitar situaciones que puedan exacerbar esta emoción. Reflexiona sobre qué situaciones, palabras o acciones de los demás te hacen sentir enfadado, para poder evitarlos o y trata de desarrollar estrategias para manejarlos de manera más efectiva.

Si, tras intentar aplicar estas pautas y reflexionar al respecto, sigues teniendo dificultades para gestionar tus enfados, desde Quiero Psicología, podemos ayudarte a tener herramientas y mejorar la gestión de la ira, para que puedas mejorar tus relaciones sociales y calidad de vida.

sufro-hipocondria

Sufro de hiponcondría

Todos hemos escuchado noticias o conocemos a personas que han sido diagnosticadas con enfermedades (graves o no) de forma más o menos repentina, incluso personas que han fallecido súbitamente. Esto no solo puede generar mucho malestar al entorno cercano, por el duelo que conlleva, sino que estas historias ponen en relevancia muchas veces nuestra propia mortalidad y vulnerabilidad. Para algunas personas, esto supone un miedo y ansiedad que les interfiere en el día a día, llegando a un nivel que puede ser patológico.

¿Qué es la hipocondría?

En el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, manual de referencia para los diagnósticos en salud mental), la hipocondría no se considera como un trastorno diagnóstico, sino que se ha redefinido como Trastorno de Ansiedad por Enfermedad. Se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente por tener o adquirir una enfermedad grave, a pesar de la ausencia de evidencia médica que lo respalde (incluso tras una evaluación médica adecuada) y generando un malestar significativo. Esto se traduce en interpretar de manera exagerada los síntomas físicos normales o leves como indicadores de una enfermedad grave. Es importante destacar que este trastorno requiere que los síntomas no sean mejor explicados por otro trastorno mental (como el trastorno de pánico o la fobia específica a una enfermedad) y que la preocupación no sea atribuible a una condición médica existente.

Suele comenzar en la adolescencia o adultez temprana, y existe una alta comorbilidad con trastornos de ansiedad y depresión, por el impacto que tiene en el funcionamiento de la persona. Aunque no existe una causa única para la hipocondría, se han identificado algunos factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar este trastorno, como:

  • Experiencias traumáticas previas (enfermedades graves propias o cercanas, pérdidas)
  • Tendencia a la ansiedad o la depresión
  • Historia familiar de trastornos de ansiedad o hipocondría.
  • Rasgos de personalidad o patrón de pensamiento perfeccionistas, obsesivos o controladores

¿Qué síntomas son?

Como hemos descrito, este trastorno psicológico conlleva una preocupación excesiva y persistente por padecer una enfermedad grave, a pesar de contar con evidencias médicas que demuestran lo contrario, lo que se traduce en los siguientes síntomas y características. Es importante tener en cuenta que estos síntomas deben estar presentes durante un período prolongado y causar un deterioro significativo en el funcionamiento diario para cumplir con los criterios diagnósticos.

  1. Ansiedad y Preocupación excesiva y constante por la salud. La ansiedad es una característica principal en este trastorno, junto con la preocupación constante y desproporcionada por su salud, incluso cuando no hay evidencia de enfermedad. Suelen pasar gran parte de su tiempo, obsesionadas con la idea de estar gravemente enfermas, teniendo mucha dificultad para desechar esta idea o gestionar los pensamientos intrusivos al respecto, incluso ante pruebas objetivas de lo contrario. El miedo irracional y persistente a padecer enfermedades graves (letales o crónicas como cáncer, enfermedades cardíacas o trastornos neurológicos, etc.) retroalimenta esa ansiedad.
  2. Interpretación exagerada de síntomas físicos. Existe una hiperactivación y focalización en el cuerpo y las sensaciones físicas y un patrón catastrofista que hace que cualquier pequeña molestia puede ser percibida como una señal de enfermedad grave (por ejemplo, un dolor de cabeza se explica por un tumor cerebral). Esta interpretación distorsionada de los síntomas genera una mayor ansiedad y preocupación, que alimenta el miedo y las búsquedas de atención médica e información.
  3. Búsqueda compulsiva de información y atención médica. Por un lado, suelen pasar muchas horas investigando sobre enfermedades, síntomas y tratamientos en Internet, con un sesgo confirmatorio que hace que destaquen únicamente los diagnósticos de enfermedad grave, alimentando aún más sus miedos y generando un círculo vicioso de ansiedad. Por otro lado, suelen acudir de manera recurrente a médicos, especialistas y servicios de urgencias, realizar numerosas pruebas médicas (incluso a pesar de un resultado previo negativo) y tratamientos (alternativos o convencionales) e incluso cambiar de médico o buscar repetidamente segundas opiniones al no recibir una respuesta que apoye sus creencias.  Aunque no es lo más habitual, existe un porcentaje de personas que recaen en el otro extremo, evitando situaciones médicas a toda costa, por miedo a obtener resultados negativos o por temor a confirmar sus creencias.
  4. Malestar y deterioro en el funcionamiento diario. El estrés y la preocupación constantes, junto con los síntomas anteriores limitan las actividades de las personas (por ejemplo, no viajar por miedo a estar lejos de un hospital), causan dificultades en las relaciones interpersonales (deteriorando la calidad y cantidad de interacciones sociales) y en el mantenimiento de un empleo y rutina estables (faltar por citas médicas recurrentemente).  Todo esto acaba afectando negativamente la calidad de vida de la persona. Principio del formulario

Si crees que estas experimentando estos síntomas, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas en ayudarte a gestionar el malestar e invertir en recuperar tu calidad de vida.

pérdida-amiga

¿Has perdido recientemente a una amiga?

Seguro que muchas de nosotras hemos pasado por una ruptura sentimental y sabemos que una ruptura de una pareja puede ser un proceso emocionalmente difícil, una experiencia dolorosa y traumática, independientemente de quién tomó la decisión de terminar la relación. Es normal sentir una amplia gama de emociones durante una ruptura, incluyendo tristeza, ira, confusión, frustración y soledad.

Sin embargo, es cierto que en la sociedad no se habla tanto sobre la pérdida de una amiga como se habla sobre la pérdida de un familiar o de una pareja. Esto puede deberse a varios factores, como la idea de que las amistades no son tan importantes como otras relaciones, la falta de comprensión sobre lo que significa perder una amiga y la idea errónea de que las amistades son más superficiales o menos duraderas que otras relaciones.

No obstante, la pérdida de una amiga puede ser tan significativa y dolorosa como la pérdida de otros tipos de relaciones. Las amistades pueden ser profundas, duraderas y tener un gran impacto en nuestras vidas. Desde otros modelos relacionales, como por ejemplo la anarquía relacional, las amistades son vistas igual de valiosas y significativas, que las relaciones de pareja, en las que se puede encontrar apoyo emocional, compañía, diversión, conexión, intimidad y complicidad.

Es importante hablar sobre este tipo de pérdidas y reconocer su importancia, de esta forma podemos ayudar a las personas a sentirse comprendidas y apoyadas, y también podemos promover una mayor comprensión sobre la importancia de las amistades en nuestra vida. Además, al igual que en otros tipos de duelo, puede haber diferentes etapas o fases, que varían de persona a persona.

  • Negación: En esta etapa, es común que se niegue la pérdida o se tenga dificultades para aceptar que la amistad ha terminado. Puede haber pensamientos como «esto no puede estar sucediendo» o «tal vez las cosas puedan arreglarse».
  • Ira: En esta etapa, puede haber sentimientos de ira o frustración hacia la otra persona, hacia uno mismo o hacia la situación en general. Se pueden tener pensamientos como «¿cómo pudo hacerme esto?» o «esto no es justo».
  • Negociación: En esta etapa, se pueden hacer promesas o compromisos para intentar recuperar la amistad. Se pueden tener pensamientos como «tal vez si cambio algo, podremos volver a ser amigos» o «voy a intentar hablar con él/ella para arreglar las cosas».
  • Depresión: En esta etapa, se pueden experimentar sentimientos de tristeza, soledad o desesperanza. Pueden aparecer pensamientos como «nunca volveré a tener una amistad como esa» o «no puedo creer que haya perdido a mi mejor amigo/a».
  • Aceptación: En esta etapa, se comienza a aceptar la pérdida y se empieza a buscar formas de seguir adelante. Pueden aparecer pensamientos como «tal vez no podemos ser amigos, pero puedo encontrar otras personas con las que conecte» o «voy a enfocarme en otras áreas de mi vida».

Desde Quiero psicología, queremos brindar una serie de recomendaciones que pueden ayudarte si estas atravesando un proceso similar.

  • Permítete sentir tus emociones: Es normal sentir dolor, tristeza y enfado después de perder a un amigo, permítete sentir y procesar tus emociones.
  • Cuida de ti misma y dedícate tiempo: duerme lo suficiente, haz ejercicio y come bien. Dedica tiempo para hacer cosas que te gustan y disfrutar de actividades que te hagan feliz.
  • No te aísles: A veces ante una pérdida, podemos pensar que el mundo es un lugar hostil y que no podemos confiar en nadie, sin embargo, si hacemos esto no dejaremos de reforzar esa idea y no podremos desmontarla.
  • Sé amable contigo misma: Trata de no culparte a ti mismo, a veces hay muchas variables que influyen y sobre todo recuerda que es algo de dos. 
  • Tómate el tiempo que necesitas: No hay un plazo para superar un duelo de amistad. No te sientas presionada para «superarlo» rápidamente.

Sin embargo, si sientes que ya nada tiene sentido, que has descuidado otras áreas de tu vida y que no puedes tu sola, no dudes en buscar ayuda profesional, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte.

abuso-sexual

¿He sufrido violencia sexual?

La violencia sexual se refiere a cualquier actividad sexual que se impone a otra persona sin su consentimiento o que se obtiene mediante el uso de la fuerza, el miedo, la coerción o el engaño, además, la violencia sexual puede ocurrir en cualquier contexto y puede afectar a personas de todas las edades, géneros, razas, orientaciones sexuales y condiciones socioeconómicas. Al mismo tiempo, la víctima puede no haber podido dar su consentimiento debido a su edad, discapacidad, estado de intoxicación, vulnerabilidad o cualquier otra circunstancia que impida su capacidad de dar un consentimiento informado.

Hay muchos tipos de violencia sexual:

  • Violación: cuando una persona obliga a otra a tener relaciones sexuales sin su consentimiento.
  • Acoso sexual: se produce cuando una persona usa su posición de poder para obtener favores sexuales de otra, o para hacer comentarios o insinuaciones sexuales no deseadas.
  • Explotación sexual: se refiere a la utilización de la sexualidad de una persona con fines comerciales, como la prostitución, la pornografía, la trata de personas con fines de explotación sexual, etc.
  • Abuso sexual: se trata de cualquier actividad sexual que se impone a otra persona mediante la fuerza, el engaño o la manipulación, y que causa daño físico o psicológico.
  • Mutilación genital femenina: es una práctica que implica la eliminación total o parcial de los genitales femeninos externos.
  • Matrimonio forzado: cuando una persona es obligada a casarse contra su voluntad, lo que puede incluir relaciones sexuales no deseadas.
  • Acoso sexual por internet: se produce cuando una persona recibe mensajes, imágenes o comentarios de contenido sexual no deseados a través de Internet o las redes sociales.

El abuso sexual en la propia pareja

Tenemos la idea errónea de que este tipo de violencias sólo suceden en la calle y a manos de enfermos mentales y/o psicópatas. Sin embargo, la mayoría de los abusos sexuales ocurren en el hogar o en el entorno familiar y los perpetradores suelen ser personas cercanas a la víctima, como padres, hermanos, tíos, abuelos o la propia pareja.

Las conductas de abuso sexual dentro de la pareja pueden tomar muchas formas, y algunas de las más comunes son las siguientes:

  • Coerción: esto puede implicar la utilización de la fuerza física, la amenaza de violencia, la manipulación emocional, la intimidación o la presión para obligar a la pareja a tener relaciones sexuales.
  • Obligar a la pareja a tener relaciones sexuales sin protección: esto puede constituir una forma de abuso sexual y puede poner en peligro la salud de la pareja.
  • Controlar la sexualidad de la pareja: esto puede incluir la prohibición de tener relaciones sexuales con otras personas, la imposición de prácticas sexuales específicas, o la manipulación emocional para mantener el control sobre la pareja.
  • Amenazar con la violencia: esto puede incluir la amenaza de violencia física si la pareja no cumple con las demandas sexuales del abusador.
  • Ignorar los límites sexuales: puede implicar la insistencia para tener relaciones sexuales cuando la pareja no está interesada o no se siente cómoda, o la imposición de prácticas sexuales no deseadas o dolorosas. Las manipulaciones dentro de la pareja para tener sexo se refieren a cualquier comportamiento que una persona adopta para obtener gratificación sexual de su pareja, sin tener en cuenta sus deseos o necesidades sexuales. Esto puede incluir presionar o persuadir a la pareja para tener relaciones sexuales cuando no está interesada, utilizar la culpa o la manipulación emocional para conseguir sexo, o incluso ignorar las señales de que la pareja no está interesada en tener relaciones sexuales. Es importante destacar que estas “pequeñas” manipulaciones pueden parecer sutiles o incluso inocentes, pero en realidad son una forma de violencia sexual, ya que la persona que las ejerce está utilizando la fuerza o el engaño para obtener gratificación sexual sin el consentimiento de su pareja y pueden tener graves consecuencias emocionales y psicológicas para la víctima.

Si te has sentido identificada con algunas de estas formas de violencia, es importante que pidas ayuda, ya que dejar pasar este tipo de cosas, podría tener consecuencias muy negativas para tu bienestar psicológico y tu sexualidad.