tiempo-descanso

¿Por qué se necesita un tiempo de descanso?

Llevamos una vida ajetreada en la que más que personas parecemos agendas con piernas; miles de tareas por realizar cada día, incluso podría parecer que tenemos que agendar nuestro tiempo libre y de descanso.

Tantas actividades y tareas realizamos que podemos a llegar a pensar e interpretar que somos aquello que hacemos obviando cual es nuestra esencia, ignorando quienes somos realmente.

Además, del estrés y ansiedad que puede provocar llevar una vida en la que no paramos y tenemos todo agendado, tenemos que tener en cuenta que pueden provocarse sentimientos y emociones de falta de valía, de que no estamos cumpliendo con unas expectativas auto impuestas, podemos con todo, siempre.

No somos menos por descansar, por darnos un respiro, por respetar nuestro tiempo de descanso, desconexión laboral; nuestro tiempo para conectar con nosotros mismos, nuestra familia, nuestro ocio, nuestros amigos, con la vida.

El descanso y la desconexión son el agua y el alimento de nuestra mente, de nuestra alma.

Saber tratarse a uno mismo, ofrecerse unos cuidados básicos, nos ayudará llevar una vida mucho más plena y saludable, influyendo positivamente en aspectos sociales, laborales, psicológicos y mentales.

En muchas ocasiones pensamos que desconectamos de nuestras tareas labores y domésticas por descansamos mínimamente durante 5 o 10 minutos, “bicheando” las redes sociales; es un descanso de poca calidad que realmente nos ofrece una falsa sensación de desconexión, un momento en el que anestesiamos a nuestro cerebro, para luego volver a pedirle el 100% de esfuerzo, sobresaturándolo.

Cuando no nos permitimos descansar aparecen emociones y sensaciones desagradables. Sentimos que estamos quemados, permanentemente cansados, exhaustos… En nuestra vida se instaura la insatisfacción, hay un agotamiento emocional.

¿Qué podemos hacer para evitar que el agotamiento emocional se instale en nuestra vida?

Hay que ponernos límites, saber como trabajar y saber como descansar, es decir, que conocer cuales son las señales que nos indican que estamos próximos a llegar a nuestro límite.

En ocasiones no tenemos la sensación de cansancio físico, por eso continuamos y continuamos ignorando las señales de nuestro cuerpo y nuestra mente que cada vez son más intensas hasta que llegamos a un punto en el que nuestro cuerpo grita ¡para! a través de bajadas de defensas, contracturas, y síntomas físicos como migrañas, cefaleas, gastritis, dermatitis…

Todo esto son señales físicas de que estamos llevando un estrés cotidiano que no es sano soportar y tolerar.

Debemos de crear el hábito de descansar en nuestro día a día. Al principio, nos puede resultar costoso ya que no estaremos acostumbrados a ellos, pero estableciendo rutinas horarias en las que nos ofrecemos una actividad que nos ofrezca descanso mental y posteriormente dándonos el descanso físico que nos merecemos, paso a paso iremos mejorando nuestra salud física, mental y emocional.

Esto lo podemos ir introduciendo en nuestro día a día, pero en los fines de semana, puentes y vacaciones debemos ser mucho más estrictos con nuestra vida. Estos periodos son recompensas por nuestro esfuerzo diario, donde podemos aprovechar para estar en relax o hacer aquellas actividades que no te puedes permitir por el devenir del día a día.

Ofrécete un respiro, recarga pilas, duerme más, disfruta de la luz del día, de la compañía que tú elijas, de la soledad…

Somos algo más que nuestro trabajo

Nuestra identidad, nuestro valor, quienes somos no es a lo que nos dedicamos.

Nuestro trabajo es aquello que nos proporciona unos recursos económicos para que podamos tener una techo bajo el que dormir, la nevera con los alimentos que harán que nuestra salud física sea óptima, la posibilidad de realizar actividades de ocio y deportivas de manera adecuada.

Si tenemos la suerte de dedicarnos a algo que nos gusta, que es nuestra pasión, seremos afortunados, pero en estos casos todavía debemos ser más cuidadosos con nuestro tiempo de descanso, porque tras la expresión “si no me cuesta, me gusta” nos estaremos privando de nuestro tiempo básico de descanso, de nuestro alimento.

Todo necesita un tiempo de reposo para que crezca. Nosotros también.

Y si eres incapaz de desconectar y todo se convierte en un «tengo que» en tu vida, ya sabes que cuentas con expertas como nosotras para darle al pause de tu cabeza.

ansiedad-examenes

5 consejos para la ansiedad por exámenes

“Estoy fatal por los exámenes, creo que es ansiedad”

Muchas personas tienen que enfrentarse a exámenes o entregas de trabajos, ya sea en sus estudios, en cursos para mejorar su situación laboral, oposiciones o doctorados. Un examen suele cerrar una etapa o abrir nuevas posibilidades, por lo que suele significar un punto de inflexión en tu vida personal o laboral. Por ello, lo más común es sentir ansiedad cuando se acercan.

Una pista que puede ayudarte a diferenciarla es que el malestar empieza cuando has sido consciente de esos exámenes o (casi) desaparece cuando haces otras actividades. Cada uno siente la ansiedad de manera diferente, pero suele presentarse como:

  • bloqueos, pérdida de concentración y/o memoria
  • dificultad para dormir, agotamiento mental y físico
  • irritabilidad y/o “explosiones” emocionales de tristeza, miedo, enfado y frustración
  • ataques de pánico o sensaciones físicas muy intensas como dificultad para respirar, presión en el pecho, palpitaciones, dolores de cabeza…
  • pensamientos negativos recurrentes como “No voy a poder, lo llevo fatal”, “Voy a suspender”, “No me acuerdo de nada”, “Soy idiota, inútil” etc.

¿Por qué aparece la ansiedad?

La ansiedad funciona como una alarma que nos avisa de que algo importante para nosotros está cerca y nos activa (física y mentalmente) para que nos preparemos ante ello, especialmente si no sabemos qué va a ocurrir: nuestro cuerpo se llena de energía y notamos sensaciones físicas fuertes, para después sentirnos agotados; y nuestra cabeza transforma esa energía en bucles, es decir pensamientos rápidos y negativos que se repiten en la cabeza, normalmente anticipando lo qué ocurrirá o juzgándonos.

No podemos evitar que aparezca la ansiedad, ya que sería quitarnos una alarma que nos ayuda mucho (aunque sea molesta), pero sí que podemos aprender a gestionarla para que no nos desborde. De hecho, cuando es muy intensa o duradera, esta ansiedad puede llevarnos a desmotivarnos, dejar de hacer actividades que nos gustaban y/o relacionarnos e incluso sentirnos “anestesiados” emocionalmente.

Entonces ¿cómo lo gestiono?

Aunque puedan parecer pequeñas pautas, queremos pequeños cambios para empezar a cambiar la situación en la que estamos.

  • Acepta la ansiedad: Hemos dicho que no podemos evitar la ansiedad, por lo que luchar contra ella, parece un malgasto de energía ¿no?: Si llueve, ¿le gritas al cielo que pare?, ¿o aceptas que te vas a mojar y te vistes para que te impida hacer tus planes lo menos posible? Prueba a no resistirte y dejar que pase.
  • No te creas todo lo que piensas: Este ejercicio de dejar pasar la ansiedad también se aplica a esos pensamientos negativos, especialmente con los que más te bloquean y menos objetivos parecen. Todos hemos pensado “esta vez sí me toca algo en la lotería” y no ha tocado, así que no todo lo que aparece en nuestra cabeza es una realidad. Una técnica más específica que puede ayudarte a centrarte en el presente es el mindfulness (si no sabes lo que es, aquí te lo explicamos).
  • Organízate: Hemos dicho que la ansiedad nos activa para prepararnos, pero esto no funciona si no tomamos acciones. Estudiar no tiene por qué implica ansiedad, también puede significar avanzar hacia tu meta. Intenta desglosar los temas o tareas que tienes que estudiar o realizar en actividades más pequeñas y repartirlas en un horario que puedas colgar en algún sitio visible para ti.
  • No eres un robot: Es importante SER REALISTA Y FLEXIBLE con esos horarios y objetivos que nos marcamos. No siempre estarás tan concentrado, ni descansarás igual todos los días, así que incluye en tus horarios tiempo para “imprevistos”. Recuerda que no eres perfecto y que no cumplir estos horarios al 100% no implica ser idiota o inútil: Háblate con compasión, como lo harías con un amigo o familiar.
  • Cuídate: Puesto que no somos robots, ¡necesitamos tiempo para cuidarnos y despejarnos! Establece un tiempo diario (aunque sea poco) y semanal para actividades agradables, que te ayuden a desconectar del estudio y a conectar contigo o con otros. Puedes practicar técnicas de relajación, hacer algo de actividad física o recurrir a actividades que antes disfrutabas. El autocuidado también incluye hablar y expresar como te sientes con personas de tu entorno, especialmente aquellas que entiendan por lo que estés pasando o sean un apoyo para ti.

Las circunstancias personales de cada uno pueden complicar la gestión de la ansiedad. Si quieres ayuda de especialistas, en Quiero Psicología, podemos ayudarte.

impotencia-sexual

Excitación sexual: miedos y presiones

¿Qué es la excitación sexual?

La Excitación Sexual se entiende como a un proceso de aprendizaje individual y único. Cada persona, en su contexto y con sus propias circunstancias, pone a prueba los estímulos (supuestamente) excitantes para conformar, poco a poco, su propio mapa erótico, sus preferencias en cuanto a prácticas y técnicas.

Esta fase está definida por el placer y el deseo de mantener o aumentar los estímulos y las emociones. Se trata de un proceso en el que nuestras prioridades y necesidades cambian en función de la excitación sentida y del deseo, que ésta provoca, de aumentar la intensidad e incluso de buscar alcanzar el orgasmo, a través de comportamientos eróticos.

A nivel erótico, estamos más relajadxs, abandonándonos y concentrándonos a nivel sensorial y mental. Los sentidos aumentan el umbral de percepción de las caricias de todo tipo, táctiles, auditivas, olfativas, gustativas… y la imaginación se recrea en fantasías eróticas.

¿Qué errores o problemas pueden aparecer?

En ocasiones, ciertos errores de aprendizaje pueden interferir en dicho proceso, alterando nuestra vivencia sexual individual y/o de pareja. Estos elementos pueden afectar otras fases de la respuesta sexual, como el deseo o el orgasmo.

Muchos de los siguientes factores comentados no aparecen en solitario, sino que se complementan y propician unos a otros. La persona con una educación sexual insuficiente puede no conocer los requisitos básicos para mantener la excitación y generar así un miedo al fracaso, incluso en ausencia de problemas previos, que podría aumentarse si concibe a su pareja como más o menos coital o le atribuye, erróneamente o no, exigencias hacia la sexualidad o su satisfacción, etc

  • Ausencia de información o información errónea: La ignorancia, que en muchos casos es el único obstáculo a una buena vivencia sexual, afecta tanto al placer y su recepción, y tanto a la entrega personal como al abandono a las sensaciones.

Un mito no fundado pero muy generalizado está constituido por el orgasmo coital como criterio de normalidad. Desde este mito se difunde la idea de que las personas con vulva tienen un problema cuando no obtienen fácilmente el orgasmo por simple estimulación intravaginal, pudiendo originar complejos y tensiones en muchas de ellas que van a interferir en su respuesta excitatoria. También el mito del orgasmo simultáneo preocupa a muchas parejas heterosexuales que al ver en ello un criterio obligatorio de normalidad, incluyen en sus relaciones esa meta; así, todo el proceso de excitación quedará oculto, y en desventaja, frente a las estrategias y medios a aplicar para tener éxito.

  • Disvalor de la sexualidad: La educación diferencial de género hace de este disvalor una causa preminentemente femenina pues la sexualidad masculina ha sido ensalzada y promovida, mientras la femenina ha sido perseguida y castrada. De esta forma algunas personas socializadas como mujer pueden considerar la excitación como un mero trámite o un efecto colateral a otros beneficios como puedan ser el acercamiento emocional o la evitación de mayores conflictos. Mientras tanto, algunos hombres bajo esta situación es muy probable que no vean afectada su erección, aunque su excitación fuera menor de lo esperado/deseado, pues el simple hecho de mantener relaciones suele ser, bajo la educación tradicional masculina, suficiente.

Por otro lado, podemos encontrar también ciertos factores de ansiedad que influyen en nuestro proceso de excitación, como por ejemplo:

  • Temor al fracaso: En los hombres cisgénero (y algunas mujeres trans) esta causa va a estar siempre presente una vez que hemos generado el primer fracaso, pues no es más que la anticipación y el miedo a las consecuencias negativas experimentadas (y ahora imaginadas). Así, una vez vivido un fallo excitatorio y los malestares asociados es tremendamente sencillo crear un miedo que los prevenga e incluso los evite. Se suma, además, el fantasma de la impotencia: nuestra cultura falocrática ha vanagloriado tanto al pene, su tamaño, potencia o valor, que la simple posibilidad de su pérdida en términos de impotencia (problema no sólo sexual sino vital, inamovible, rígido, absoluto…) genera en gran número de hombres un pánico interno inconfesable.

En términos psicológicos hablamos de Profecía Autocumplida: cuando temo que algo pueda ocurrir y, por prestarle tanta atención, finalmente propicio el suceso. Teniendo en cuenta los elementos comentados en torno a la erección masculina (relación con la masculinidad, autoexigencia, ausencia de una erótica desgenitalizada, miedo a la impotencia, etc.) es terriblemente fácil crear un círculo vicioso iniciado por un primer fallo que provoca cierta preocupación y que nos llevaría a perder la Clave Erótica y así provocarnos el fallo excitatorio.  

  • Rol de espectador: es un comportamiento de auto evaluación y vigilancia que se dan al mismo tiempo que la persona está implicada en la actividad sexual. Se trata de un desdoblamiento de la persona: mientras se desenvuelve en la relación sexual, mantiene centrada la atención en su propio desempeño para evaluar su éxito o fracaso. Este juicio de bien o mal, éxito o fracaso, por su concepción absolutista de todo o nada genera bastante ansiedad a lo largo de todo el comportamiento vigilado durante el encuentro sexual.
  • Huida ante el placer: Estos comportamientos inconscientes de evitar toda sexualidad satisfactoria pueden esconder una gran ansiedad y una culpabilidad ligadas al placer. Dedicar poco tiempo a la relación sexual, rehuir toda caricia que podría ser excitante, orientar exclusivamente la relación hacia la consecución del orgasmo, son ejemplos de comportamientos destinados a evitar la ansiedad, la inseguridad o el fracaso.

Si te ha resonado alguno de estos factores, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. En Quiero Psicología disponemos de un servicio de asesoramiento y terapia sexológica para brindarte la mejor atención posible.

familia-tóxica

Los vínculos tóxicos con la familia

Muchas veces escuchamos, “Es que es tu padre, intenta hablar con él…..” “Es que es tu madre, seguro que lo hace por tu bien….” “Es familia, y la familia es lo más importante, pase lo que pase tienes que perdonar….”

¿Quién dice que hay que conformarse? ¿Es necesario tener que mantener una relación familiar que nos hace sentir malestar e inseguridades? La única verdad es que nadie puede elegir la familia en la que nace, así como podemos desarrollarnos en ambientes sanos y estructurados, también podemos encontrarnos en un ambiente desestructurado y tóxico.


En ocasiones, las características de vínculos tóxicos dentro de la familia pueden pasar desapercibidos, o bien porque se da por hecho la autoridad de determinados miembros como abuelos o padres, o por la propia cultura y sociedad que crea un tabú ante ello. Aquellas características más significativas dentro de las relaciones tóxicas en una familia son:

Nula privacidad:

No se respetan los espacios vitales de cada miembro ni sus propias necesidades. Suelen ser relaciones construidas desde la autoridad cuyo objetivo es satisfacer las necesidades propias. Esto llevara acabo actitudes de sobreprotección o de agresión que incapacitará el desarrollo emocional normal.

Comportamientos extremos:

En estos comportamientos extremos podemos encontrar la sobreprotección y el abandono, ambos pueden generar relaciones de dependencia con apego ansioso o inseguro que se manifestará en la manera de crear nuevas relaciones en nuestra vida adulta, semejantes a los que conocemos.

Falta de comunicación:

Evitar hablar tanto de los problemas como de los conflictos tiene un gran impacto en nuestras emociones. Se enseña que las emociones como la tristeza y el enfado se tienen que guardar como si no existieran, lo cual, acabarían acumulándose como una olla a presión que tarde o temprano puede explotar, conllevando consecuencias psicológicas y emocionales en un futuro. A veces, las familias evitan hablar de situaciones complicadas con intención de no preocupar o no generar malestar, no obstante, mirar hacía otro lado nunca fue una buena opción.

Rigidez mental:

Los miembros de la familia con conductas y pensamientos inflexibles en ocasiones no permitirán que los cambien. Suelen ser relaciones de dominación. Esto nos puede llevar a la frustración sin saber como podemos mejorar dichas relaciones.


En ocasiones nos vemos obligados a mantener la relación familiar por diferentes motivos como la
dependencia económica. Lamentablemente, no podemos cambiar a las otras personas, pero si
podemos cambiar nuestra manera de actuar ante ellos y posicionarnos.

¿Qué podemos hacer por nuestra parte para frenar el daño que se sigue causando?


Utilizar la empatía: ponerse en los zapatos de la otra persona no significa que tengamos que someternos, sino escuchar y aceptar la posibilidad de que no pueda se llegue a otros entendimientos. Esto no implica que dejemos de actuar por nuestra propia libertad.


Manifestar el respeto y proteger el propio espacio: es muy importante que le demos el valor que se debe a nuestro espacio personal.


Aprender a marcar límites, decir que NO: primero de todo, hay que comprender, que decir que “No”, no significa querer menos a alguien o hacerles daño. Si te sientes obligado a tener que realizar algo que realmente no te apetece, puedes decir que no y valorarte. Si esto genera a alguien malestar, cada persona es responsable de sus emociones y como gestionarlas.


Siempre respeto: el respeto hacía los demás y hacía uno mismo es fundamental. Con un lenguaje asertivo y respetuoso, evitando los conflictos, tenemos todo el derecho a comunicar aquello por lo que no estamos dispuestos a pasar. Ese lenguaje asertivo y firme permite que los demás entiendan tus necesidades y la nueva manera de relacionarte con ellos.


Paciencia: aprender a esperar y pensar antes de actuar es una gran habilidad que ayuda a relacionarnos de manera positiva y sana. Las actitudes impulsivas, los gritos y las exigencias tienen que dejarse de lado y no reforzarlas atendiéndolas, pues todo ello conlleva conflictos innecesarios.


Estas pautas no siempre son fáciles de poner en práctica y tendremos que pedir ayuda externa como los profesionales de la psicología para que nos guíen y llevarlas a cabo, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Recuerda que el autocuidado también consiste en poder desvincularte de aquellos lazos que puedan ser tóxicos sea o no sea en un contexto familiar.

lista-propósitos-año-nuevo

Año nuevo ¿propósitos nuevos?

¡Bienvenidos al 2022!

Quizás muchos de vosotr@s hayáis terminado el año haciendo una reflexión de lo que ha supuesto en vuestras vidas, pues como diría Mecano: “Hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás”. Y ¿cómo sale este balance? Cuando se refiere a los objetivos planteados en el año anterior, en muchas ocasiones es negativo ya que nos damos cuenta de que llevamos arrastrando nuevos objetivos durante años y que no terminan de llegar. En este post veremos por qué ocurre esto y cómo podemos afrontarlo.

¡Año nuevo, vida nueva! O no

Es un dicho muy habitual, lo cierto es que no siempre es real.

Cuando nos planteamos nuevos objetivos empezamos a fallar en el planteamiento de los mismos. En Internet se pueden encontrar listados con un sin fin de propósitos (dejar de fumar, hacer deporte etc.), pero si una persona que no ha probado el tabaco lee “dejar de fumar” no tendrá trabajo que hacer, lo mismo que le ocurriría a alguien que corra maratones si en esa propuesta lee “hacer más deporte”. Llevado a lo absurdo, se ve cómo puede ser inútil tirar de los propósitos prestablecidos.

Además, es habitual que en la lista de objetivos estén siempre los mismos, véase hacer más deporte, apuntarme a inglés, encontrar pareja, etc. A veces los objetivos nos mantienen vinculados con los demás (ej. Hacer dieta a la vez que nuestra pareja, ir junto con un@amig@ a inglés) y puede hacer más llevadero el proceso, pero no es garantía de éxito. Y esto no es casual. Es fácil que abandonemos en el camino porque nos esforzamos en perseguir los objetivos que están reforzados socialmente. En busca de ese reconocimiento, hacemos lo que se espera de nosotros y nos olvidamos de lo que es realmente importante en nuestras vidas. El motor más eficaz será actuar conforme a nuestros valores y echarnos nuestra propia gasolina.

Haz tu propia lista de objetivos

Imagina que tu vida esun jardín y tú eres el/la jardinero/a que lo cuida. Las plantas, flores y árboles que tienes en tu jardín representan las áreas que más te importan en tu vida y marcan el camino hacia donde quieres dirigir en tu vida. Esos son tus valores.

Ahora reflexiona sobre las siguientes preguntas: ¿Cómo es tu jardín? ¿Hay plantas, flores y /o arboles? ¿Cuánto espacio ocupa cada una? ¿Cuáles sueles cuidar a diario? ¿Hay algunas que hace tiempo que no riegas y se han marchitado? ¿Cuánto tiempo pasas quitando las malas hierbas? ¿Cómo te gustaría que cambiase tu jardín?

Teniendo esto en cuenta, elige aquella área que desees mejorar y plantéate una meta para remar en esa dirección.

Diseña tu objetivo

Traduce tu meta en un objetivo. Es necesario diseñarlo bien ya que si no somos específicos, no sabremos si lo hemos conseguido. Para ello es importante que: 

  • Sea medible ya que no es lo mismo “Correr más” que plantearse “Correr 5 km en el plazo de un mes”.
  • Establezcas un plazo de tiempo para iniciar y llevar a cabo tu plan de acción. ¡Ojo! Esto significa comprometerse en alcanzar dicho objetivo en un tiempo si tienes que descomponerlo en pequeños pasos, pero nada tiene que ver con romper radicalmente tu rutina el mismo día 1 de enero. De ser así, es probable que el coste de hacerlo supere nuestras ganas de perseguir el objetivo.
  • Sea alcanzable: Quizás es uno de los parámetros más importante a tener en cuenta. El objetivo tiene que activar lo suficiente para ser un reto, pero no tanto como para no poder ser alcanzado dentro de tus circunstancias o si no dispones de las herramientas suficientes. Valora las barreras que pueden aparecen en el camino y cómo podrías sortearlas.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si nunca has corrido es fácil que no logres correr un maratón en dos semanas y es más que probable que la simple idea te bloquee y haga que no pases a la acción. Aquí daríamos la bienvenida a la procrastinación, esa tendencia a decir “ya lo haré mañana”.

Procrastinación. Vs. Propósitos de año nuevo.

Si bien es necesario tener en cuenta que el objetivo tiene que ser asequible, es igual de importante atender a nuestro dialogo interno, pues a veces nos anima a aplazar tareas constantemente. Párate a pensar en una actividad que hace tiempo que quieres iniciar pero que no realizas y escucha qué te estás diciendo. Es posible que aparezcan pensamientos como:

“Me da pereza” (el gran disfraz de la procrastinación)

Si se trata de nuevos retos donde puede que tus capacidades se evalúen “No voy a poder” “Lo voy a hacer mal” “Para qué lo voy a intentar”.

Si se trata de un objetivo de autocuidado, puede aparecer cierta dificultad para reservar tiempo para uno mismo bajo el pensamiento “Debería estar haciendo X cosa en vez de esto”. “No tengo tiempo”.

Tras estos pensamientos hay varios obstáculos que impiden pasar a la acción. Puede que tengas miedo a fracasar, pero ¿por qué ibas a hacerlo mal?  ¿es necesario hacerlo bien? Quizás te equivoques en el camino, pero es parte del proceso. No estamos hablando de hacerlo bien, estamos hablando de hacerlo, no en busca del éxito ni del resultado, sino por las ventajas que supondrían en tu vida.

Puede que consideres que otras cosas son más importantes que la nueva meta que te planteas y te cueste invertir en ti más allá de las obligaciones diarias. Lo cierto es que el simple hecho de que esto nos genere malestar es la señal más significativa de que debemos generar este espacio personal. Tenemos que recorrer el camino contrario, haciendo cosas por el mero placer de hacerlas.

Eres más que un objetivo

En este post hemos hablado de como facilitar el camino para alcanzar TUS PROPIOS propósitos en este año nuevo que acaba de empezar. No obstante, no debemos evaluarnos en función de si los conseguimos alcanzar, puesto que esa crítica no ayudará a avanzar ni es representativa de todo lo que conseguimos en nuestro día a día.

Haz un balance del año siendo más amable contigo mism@. Ha sido un año rodeado de circunstancias adversas, pero puedes empezar valorando en qué aspectos ha podido mejorar tu vida. Si los pensamientos se van a sucesos negativos, piensa en cómo has afrontado esa circunstancia, reconoce tus recursos y herramientas y ponlas en valor. Permítete señalar el avance pese a las dificultades puesto que eso sí es un éxito.

Si quieres comenzar a mejorar algún aspecto de tu vida, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.