La-isla-del-todo-mal

La isla de las tentaciones ¿o la isla de «todo mal»?

Hace unas semanas, comenzó la quinta temporada de la Isla de las tentaciones. Como ya sabréis este programa consiste en llevar a cinco parejas a un entorno paradisiaco para que pongan a prueba su relación. Las chicas son enviadas a una villa, donde convivirán con varios pretendientes y tendrán citas, fiestas y mucho alcohol. Y los chicos, más de lo mismo. El problema es que nos sentamos en el sofá a ver un programa en el que hay muchas cosas mal, empezando por la heteronorma y terminando por la reproducción del amor romántico.

Después de cinco temporadas, a nadie se le ha ocurrido llevar parejas diversas, la gran mayoría de las personas que participan en el reality (por no decir todas) son personas cis heteros, blancas, sin ningún tipo de discapacidad y con cuerpos irreales. Que por una parte hasta te alegras de que no hayan metido a una persona gay con todos los clichés del mundo, para parecer inclusivos.

Con respecto a los cuerpos de estas personas, poco o nada se parecen a los que tenemos nosotras o vemos por la calle. Ni un pelo donde no tiene que haberlo, ni un ápice de grasa, ni flacidez, celulitis, cicatrices, ojeras, granos, canas, ni un pie más grande que otro, pechos y/o culos operados y chicos que se ponen a hacer flexiones a las 2 de la tarde al sol en la república dominicana. No podemos hablar de la relación que tienen con la comida porque prácticamente no se ve (quiero pensar que es porque durante las comidas no pasa nada interesante a nivel de salseo).

¿Cómo te afecta esta cultura en tu pareja?

Las frases de “si no estas celoso es porque no me quieres”, “Quiero verla bien, pero que tampoco demasiado bien”, “si lo pasa mal es porque me quiere” entre otras muchas, es lo más escuchado en ambas villas. Seguimos escuchando y reproduciendo los peligrosos mitos del amor romántico y al parecer, ninguna de las treinta personas que hay en la isla, se escandaliza.

Porque lo peor que puede hacer tu pareja es ponerte los cuernos, la luz de gas, la manipulación, las mentiras, la falta de comunicación, el control, la desconfianza y las faltas de respeto, no nos indignan tanto. Parece que el único modelo relacional que está bien visto es la monogamia, (y con esto no queremos decir que todo el mundo tenga que practicar el poliamor o las relaciones abiertas) y como consecuencia, la mayor muestra de amor es la exclusividad sexual.

Este tipo de programas pueden ser perjudiciales, sobre todo para les más jóvenes porque pueden sacar conclusiones equivocadas. Como por ejemplo que las personas con cuerpos no normativos, racializadas, neurodivergentes, discapacitadas, queer, y un largo etcétera, no suponemos una tentación para nadie y que por lo tanto no tenemos derecho a relacionarnos sexo afectivamente. O que, si no controlamos, no estamos celosas, no manipulamos o mentimos, ejercemos violencia de algún tipo, o nos sentimos atraídas por alguien más, dudamos, nos cuestionamos la relación, ponemos límites y los respetamos es porque no queremos a nuestras parejas, y nada más lejos de la realidad.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantadas de acompañarte y ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Sexualidad

¿Cuándo y cómo quiero tener sexo?

La visibilización de relaciones no normativas y de una sexualidad liberal han hecho que el aspecto físico de una relación tome protagonismo hoy en día. Esto es algo maravilloso, pero también pone el foco en un área con la que algunas personas no se sienten a gusto. Esto se potencia si te encuentras en la situación de estar iniciando una relación o conociendo a personas de forma activa: La presión de ser abierto o liberal, las ganas de complacer a tu pareja, la ansiedad o miedo que pueda crearte la idea de “perder” a esa persona, o el sentimiento de querer compensar inseguridades que puedas tener sobre ti mismo, hacen que puedas sentirte empujado a realizar actividades sexuales con las que no te sientes demasiado cómodo.

Las relaciones sexuales permiten establecer una conexión con uno mismo y/o con otra persona, explorar nuestra intimidad y disfrutar de nuestro cuerpo, así como el de la otra persona. Pueden ser una actividad muy placentera y bastante reveladora: El sexo nos puede hacer producir grandes cantidades de hormonas, como dopamina, noradrenalina, serotonina y oxitocina, que actúan sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer, la excitación, la sensación de bienestar, incrementando la complicidad, afecto y confianza con la pareja. Sin embargo, no todas las personas o las relaciones sexuales son igual: es importante que tengamos en cuenta las emociones que sentimos de cara a esa intimidad, ya sea antes, durante o después.

Desde aquí, te daremos unas recomendaciones para poder evitar que la situación se complique.

1. Escanea tu cuerpo para observar si tienes algún tipo de emoción o sensación física que pueda ser desagradable al pensar en tener intimidad con una persona.

2. Si estas sensaciones son muy intensas, intenta gestionarlas antes de decidirte a hacer nada con nadie. Puedes probar a verbalizarlo y compartirlo con alguna persona de confianza. Es probable que lo que estés sintiendo sea algo que los demás hayan podido experimentar o que al menos puedan empatizar. También puedes aprender a gestionarlo con un profesional.

3. Si no estás preparado para hacer nada, comunícalo a la persona con la que estás pensando tener intimidad. Ya sea establecer tu límite o compartir lo que sea que estés sintiendo, puede ser útil para que la otra persona te entienda y un alivio para ti. Tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no es algo de lo que avergonzarse, ni algo que tengas que ocultar. Pero puedes compartirlo, si así lo deseas o si sientes que tienes suficiente confianza con esa persona, o vas a sentirte respetada por ella. Si esa persona no buscar entenderte o respeta tus límites, entonces tal vez no es la persona con la que quieras tener intimidad (si no te respeta antes, es muy probable que no lo haga durante).

4. Si sigues teniendo algunas dudas, puedes establecer una lista de conductas o hablar de forma más informal con esa persona sobre las actividades que te gustan o que te disgustan, así como aspectos más globales (hay personas más sexuales que otras o con otro ritmos). No todos somos iguales, ni tenemos los mismos gustos, entonces es importante comunicarse (Especialmente si es una persona que estamos conociendo todavía): De hecho, es algo que es muy importante que podamos hacer antes, pero también durante el sexo, comunicar que nos gusta y cómo nos gusta. Si esto ocurre antes de las relaciones sexuales, puede ser una buena forma de excitar o iniciar los preliminares. Pero también durante, ya que se puede convertir en un juego erótico o Un momento de exploración compartido con otra persona. Recuerda que puedes parar y cambiar de opinión EN CUALQUIER MOMENTO.

5. Otro aspecto a vigilar es que las relaciones sexuales sean la única forma en la que te sientas seguro en tu relación con una persona: sentir la necesidad de mantenerlas, para evitar sentirte inseguro, te reduce a un cuerpo y minimiza lo que eres. Eres más que tu cuerpo, y es importante que puedas sentirte a gusto en otros aspectos de tu relación (si es lo que quieres).

Si ves que tu sexualidad te está creando malestar, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

No-sé-nada-de-la-vida-personal-de-mi-terapeuta

¿Por qué no sé (casi) nada de la vida personal de mi terapeuta?

Si alguna vez has estado en terapia tal vez te hayas preguntado acerca de la vida de tu terapeuta o por qué no pareces saber mucho sobre asuntos personales suyos. Quizás te haya picado la curiosidad o te hayas planteado por qué pareces saber tan poquito de una persona que sabe tanto de tu vida. (¡Si es así sigue leyendo!)

Lo cierto es que esto tiene varias explicaciones y todo esto no es casualidad, sino que suele ser una decisión consciente y orientada a los objetivos de la terapia.

Por un lado, tu terapeuta está allí para cuidarte a ti y a tu salud mental, por lo tanto, es una relación asimétrica de cuidados. Nuestra función es ayudaros y acompañaros a alcanzar el máximo bienestar posible y eso requiere explorar temas muy íntimos: inseguridades, recuerdos, expectativas y creencias de cada persona. ¡La terapia va de vosotras! No somos las protagonistas y os merecéis un espacio en terapia dedicado a vuestro cuidado y dónde os podáis permitir mostraros vulnerables.

Por supuesto, al entrar en estos temas nuestra misión es que os sintáis a gusto, en casa; y para ello es de crucial importancia que no os sintáis juzgados y que sintáis qué podéis hablar con total libertad y sinceridad.

Si las personas que nos dedicamos a realizar terapia diésemos opiniones sobre ciertos temas o compartiésemos nuestras vivencias sin filtro, es más fácil que sin querer, acabemos proyectando una imagen de cómo somos y también de como esperamos que sean los demás.

Es fácil que sin darnos cuenta como pacientes intentemos complacer a nuestro terapeuta, para sentirnos válidas o intentar no decepcionar respecto a la imagen que se tiene de nosotras. O, al contrario, puede ser que si sentimos que podemos no encajar con la imagen que se tiene de nosotras u optemos por callarnos cosas que necesitamos compartir.


Para que se entienda mejor vamos a poner un ejemplo práctico: si por ejemplo mi terapeuta me dice que es del Barça y yo soy del real Madrid (o viceversa) y los dos expresamos abiertamente del equipo que somos podrían viciarse ciertas dinámicas. Por ejemplo, si gana el equipo de mi terapeuta quizás yo venga con algo de frustración o enfado a terapia y no me apetezca hablar de ciertos temas. O si gana mi equipo tal vez sienta que si saco el tema pueda hacer sentir mal a mi terapeuta y esquive hablar del tema. En ambos casos estaría cambiando mi comportamiento, acomodándome a factores que no son relevantes a mi proceso terapéutico, y me merezco centrarme en mí misma en terapia.


En teoría no parece ser una influencia muy grande el poder comentar un partido o de que equipo somos, ¿verdad?

¿Pero qué sucede cuando hablamos de asuntos mucho más personales o que evocan emociones mucho más fuertes?

Vamos a poner otros ejemplos ilustrativos (que esperemos que nunca sucedan en terapia).

Si nuestra terapeuta revelase que tiene una mala relación con su madre, su padre, su abuela o su hermano puede que nos sintamos mal o culpables como pacientes si nuestra relación con ese miembro familiar es estupenda y que nos cohibamos en lo que expresamos en terapia. Por el contrario, si nuestra terapeuta expresa que tiene una relación estupenda con su padre, su madre, su ex… y nosotros no tenemos esa experiencia puede hacer que nos sintamos tristes, solos o incomprendidos. De nuevo, esta segunda situación puede dañar también el vínculo entre terapeuta y paciente y es un pilar principal de la terapia.

De hecho, al comenzar un proceso terapéutico lo que más va a definir cuanto se avanza en terapia va a ser las habilidades y capacidades del terapeuta. Sin embargo, conforme avanza el tiempo y las sesiones lo que más define el progreso es la calidad del vínculo entre paciente y terapeuta. Es decir, lo que más afecta al éxito terapéutico es tener buena relación con mi psicólogo: que yo me sienta comprendido, cuidado, protegido. Esto hará que yo me sienta más motivado, más comprometido… y si creo más en mi terapeuta probablemente crea más en mí.

Por este motivo, revelar información personal nuestra como terapeutas no tiene sentido en muchos contextos o incluso puede ser dañino y es recomendable que no hablemos de temas que puedan generar inseguridades en el vínculo terapéutico. Por otro lado, es importante que también como terapeutas decidamos activamente poner límites con aquellos que no estemos cómodas.

¿Significa eso que mi terapeuta no puede contarme nada personal suyo?


Al contrario, significa que podemos compartir experiencias nuestras, pero debe tener un objetivo terapéutico. A esto se le denomina autorrevelación. Y, de hecho, al revés, la autorrevelación puede unir y ser esencial para ofrecer apoyo en la terapia.

Si mi terapeuta me dice que es bisexual y yo también lo soy, puede ayudarme a salir del armario (o simplemente hacerme sentir más segura si yo también lo soy). Si mi terapeuta me dice que ha perdido un ser querido y yo también he vivido esa experiencia, puedo sentirme más reconfortada al transitar el duelo en terapia. Si mi terapeuta me dice que tuvo insomnio o ansiedad y ahora ya no puede hacerme sentir que voy a conseguir solucionar mi problema pronto (¡cuidado con autorrevelar problemas en el presente que puede hacer sentir a nuestras pacientes que ciertos problemas no tienen solución, aunque sí la tengan!).

Si mi terapeuta me cuenta que también se ha cuestionado su género (o está en ello) puede validar que yo pueda estar en un proceso similar o que tengo derecho a explorar mi género en libertad. Si mi terapeuta me revela que tiene hijas y yo también puedo sentirme más comprendida si tengo dificultades en la crianza. O, al contrario, si mi terapeuta no tiene peques puede validarme en mi decisión de no tenerlos. También existe la posibilidad de que mi terapeuta me exprese que, aunque no tenga hijas y yo sí se va a esforzar mucho en comprender como es mi visión del mundo o la crianza y me haga sentir igualmente validada. Si mi terapeuta es de una opinión política similar a la mía o es feminista y me lo expresa puede hacerme sentir más en casa y que me sienta más cómoda para hablar abiertamente de esos temas.

En definitiva, no se trata de compartir o no compartir experiencias nuestras sino de saber compartir de una forma que va a ser sanadora para la paciente y el vínculo terapéutico. Estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Negligencia emocional en la infancia

Existen muchos tipos de negligencia. Algunos de tipos de negligencia más significativos para la sociedad son los que tienen que ver con algo más visual, como el maltrato físico y la carencia de materiales o alimentos, dejando a los niños casi en la inanición. Sin embargo, existe otro tipo de negligencia bastante habitual en muchas familias, la negligencia emocional.

¿A qué nos referimos con negligencia emocional?

A la incapacidad que tienen los progenitores o contexto y núcleo principal donde se desarrolla el menor, de responder adecuadamente a las necesidades emocionales. Es un tipo de negligencia muy peligrosa, ya que, no es visible y tienen consecuencias muy importantes a largo plazo.

Es importante identificar la diferencia con el abuso, pues este ocurre de manera totalmente deliberada entendiendo que va a haber un perjuicio. En la negligencia puede ocurrir que las figuras de cuidador del menor no interpreten sus necesidades a nivel emocional y acaben descuidadas.

Un ejemplo claro, sería cuando un niño esta sufriendo algún tipo de acoso en la escuela y los padres consideran que es un juego de niños, a veces, se hace con la intención de quitar hierro al asunto y evitar que el niño sufra, sin embargo, no validar sus emociones y no proporcionarle apoyo en ese momento con el tiempo el niño aprenderá a que sus emociones no son importantes y dejen de buscar ayuda y consuelo.

Es necesario conocer la sintomatologia más que puede llegar a mostrar un niño en caso de sufrir negligencia emocional:

  • Tristeza
  • Ansiedad
  • Apatía
  • Problemas de aprendizaje
  • Hiperactividad
  • Falta de atención
  • Evitar la cercanía emocional con sus iguales.

Si no se interviene en ese momento, pueden haber consecuencias en la vida adulta, que se caracterizan principalmente en no pedir ayuda, incapacidad para tener intimidad con otras personas, problemas a la hora de sentirse satisfecho emocionalmente, etc.

¿Cómo podemos trabajar la negligencia emocional?

Terapia:

Un terapeuta puede enseñar a los niños a identificar, expresar y aceptar las emociones que tengan en un contexto seguro donde se validaran los sentimientos que puedan experimentar, así como también aprenderán a gestionarlos.

Terapia familiar:

La terapia familiar es una de las mejores opciones para tener una dinámica emocional adecuada en casa y mantenerlo en el tiempo. Un terapeuta puede ayudar a comprender la importancia de una adecuada gestión emocional. La intervención temprana puede modificar y corregir los comportamientos que puedan estar relacionados con la negligencia emociona.

Clases para padres:

Los padres que descuidan las necesidades emocionales de sus hijos podrían beneficiarse de las escuelas para padres. Estos cursos ayudan a los padres y cuidadores a aprender las habilidades necesarias para reconocer, escuchar y responder a las necesidades emocionales del niño.

¿Qué podemos hacer como padres?

Como padres se tienen grandes responsabilidades y es importante estar atentos a las demandas emocionales, observar los gestos del día a día de los niños y darles las respuestas necesarias, demostrando que sus experiencias, emociones y sentimientos importan y pueden buscar ayuda siempre que les sea necesario y buscando ese apoyo y refugio.

Si quieres que nosotras seamos la mano experta que te acompañe estaremos encantadas de acompañarte en este proceso.

Propósitos-Dietas

Cuidado con los propósitos de septiembre

Se termina el verano y con él los días de playa, piscina, chiringuito, paseos por la montaña, viajes… se acaba una etapa de disfrute y comienza otra más rutinaria y repleta de objetivos, hablamos de los típicos propósitos de septiembre.

Y es que el verano es una época para descansar, hacemos más planes sociales, nos salimos más de nuestra rutina, bebemos más alcohol, comemos más veces fuera de casa, hacemos menos ejercicio físico y cuando nos volvemos a subir a la báscula, el número ha aumentado (aunque sabemos que no se engorda de un día para otro y que el hecho de comer alimentos con un alto contenido de sodio, como son muchos ultraprocesados, hace que retengamos más líquidos y por lo tanto que ese aumento en la báscula, no se traduzca en un aumento de peso real) y es entonces cuando nuestras búsquedas en Google son: “Como perder 5 kilos en una semana”.

No podemos tolerar haber subido 3 kilos en todo el verano (puesto que vivimos en un sistema completamente gordófobo) y haremos cualquier cosa para bajarlos. Desde apuntarnos al gimnasio con el único objetivo de bajar esos “kilos de más”, en lugar de para estar más activas y saludables, hasta seguir las típicas dietas milagrosas, que ponen en riesgo nuestra salud.

  • Dietas de 500kcal que generan un gran efecto rebote, lo que provocaría que aumentase nuestra ansiedad y que entremos en un peligroso circulo vicioso, por no hablar de la insuficiencia de nutrientes que nos aportan.
  • Dietas de un solo alimento, como la de la sopa o la alcachofa. Si la anterior no nos aportaba los nutrientes y las vitaminas que nuestro cuerpo necesita, no nos pararemos a hablar de lo que este tipo de alimentación puede llegar a ocasionar a nuestro organismo.
  • Dietas “anti hidratos”, se basan en verduras y pollo/pescado al vapor. Eliminando la fibra, los minerales y las vitaminas de las legumbres o las frutas.
  • Dietas cetogénicas, al igual que la anterior, se eliminan los hidratos de carbono y nuestra alimentación se basa en cantidades desmesuradas de proteínas y grasas. El cuerpo entra en un proceso metabólico llamado cetosis, es decir, el organismo obtiene energía a través de las grasas. Este tipo de dieta produce entre otras cosas desregulaciones hormonales y problemas renales y hepáticos.

Sabemos el peso que tiene a la hora de desarrollar un problema de la conducta alimentaria, el hecho de llevar a cabo estas prácticas tan rígidas e insostenibles. Por lo tanto, podríamos cambiar el foco en nuestros propósitos de septiembre.

Llevar una alimentación más consciente, sin la prohibición de grupos o de alimentos, para nutrirnos adecuadamente, practicar un deporte que nos guste, para sentirnos más activas y dormir mejor, apuntarnos a esa actividad que nos llamaba la atención, disfrutar de planes más tranquilos como la lectura o el cine, retomar ese idioma que dejamos a medias, seguir mirando ofertas laborales para mejorar nuestras condiciones.

En definitiva, propósitos realistas y alcanzables a corto plazo, que nos aporten emociones agradables y enfocados en otros aspectos que no sea solamente nuestra imagen corporal, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a llevar una vida más saludable.

redes-sociales

¿Quieres una relación sana con las redes sociales?

Hoy, tener redes sociales o plataformas forma parte de nuestro día a día, es poco probable que solo tengas una aplicación de ellas en tu móvil, y todavía menos probable que no abras ninguna de esas aplicaciones al menos dos veces al día, por el motivo que sea, e incluso de forma inconsciente: TikTok, Instagram, Facebook, Snapchat, Reddit, Twitter, incluso WhatsApp tiene la opción de publicar estados…

Todo ello hace que pasemos una cantidad asombrosa del tiempo con el móvil (u ordenador para los cómodos) y con nuestra atención dividida. Para muchos, la señal de alarma es ver su vida afectada por llevar un tiempo indefinido “scrolleando” de manera pasiva a través de miles de vídeos y contenido vacío: llegar tarde a lugares cuando no estabas haciendo nada, dormir pocas horas porque miraste el móvil en la cama, quedarte sin batería después de horas “distrayéndote”. Para otros muchos, es la ansiedad que aparece cuando no se utilizan esas aplicaciones, o peor todavía, cuando consultarlas también lleva a sentir ansiedad (el ejemplo de personas que necesitan saber quién le ha dado a “me gusta” o ha comentado sus publicaciones de forma constante). Esto se complica todavía más si utilizas alguna de estas redes para tu trabajo o estar al tanto de las noticias relevantes para ti.

Irónicamente, todas esas plataformas que pretendían acercarnos a personas o ideas parecen alejarnos de una vida consciente y de los nuestros. Pero, no es tarde para hacerlo, aquí te daremos unos consejos para tener una relación más sana con las redes sociales.

1. Limita tu tiempo de redes sociales.

No hay que aislarse, pero es bueno que seas consciente del tiempo que pasas en las redes y que sea un tiempo decidido por tí.

Puedes ver cuánto tiempo pasas en las redes sociales en las propias aplicaciones como Instagram o en los ajustes de tu móvil, esto te dará una idea de tu uso. Además, todos los móviles hoy en día tienen un función para limitar el acceso a éstas (control parental): según se acabe ese tiempo, el móvil suele avisarte y la aplicación te aparece en gris o inactiva. Puedes posponerlo, claro que sí, ningún remedio que pongas es para siempre, pero serás al menos consciente de que estás rebasando el límite que pusiste.

También puedes dedicar un tiempo a entretenerte “pasivamente”, pero de una manera controlada, ponte una alarma cuando te dispongas a hacerlo para no pasarte de esos tiempos y evitar que impacte en tus rutinas o planes.

2. Desconecta.

Tomarse un tiempo sin redes sociales es una opción más drástica, pero totalmente válida, especialmente en épocas o períodos más estresantes.

Desinstala la aplicación que detectes que te aporta menos. Puede que, al principio, te encuentres desbloqueando tu móvil para abrir una aplicación que ya no está instalada (en el lugar donde la solías tener) de forma inconsciente; o que sientas frustración al “aburrirte”, pero desarrollar tolerancia al aburrimiento y aprender a parar pueden ser muy útiles. Recuerda que siempre puedes volver a instalarla.

También puedes invertir en actividades que sean incompatibles con el móvil o dejar conscientemente el teléfono fuera de tu alcance, por ejemplo, actividades deportivas o dejar el móvil en un otra habitación mientras lees. No es tu responsabilidad estar disponible y al tanto de cada publicación que tus contactos compartan.

3. Cuidado con dejarte absorber por el mundo virtual.

Muchas personas tienen un entorno social que puede basarse casi exclusivamente en contactos online o un entorno laboral que depende de las redes sociales, esto tiene un cierto riesgo, si se quiere desconectar. Es importante poder valorar para qué quieres usar qué red social y podes buscar alternativas para seguir conectado con las personas. Si tu trabajo depende de las redes sociales, busca también diferenciar tiempo de trabajo y tiempo personal: por ejemplo, tener un teléfono diferente para tu trabajo, o una cuenta diferente de Instagram para tu empresa, cuyos seguidores estén más estrechamente relacionados con tu trabajo y no mezclar conversaciones amistosas con posibles clientes.

Además, recuerda que el mundo virtual no es un reflejo de la realidad: Las personas publican un contenido específico, con lo que compararte con éste, es realmente compararte con la parte de su vida que deciden presentar y de la forma en la que la presentan. No te dejes llevar por imágenes y comparaciones, porque pueden no ser acertadas. Otro problema es el miedo a la crítica, a la orden del día están los haters, trolls y “las cancelaciones”. El mundo virtual tiene muchas posibilidades, pero abrirte a todas ellas, puede exponerte a comentarios despectivos, odio y una crítica masiva. Sé compasivo contigo mismo, aunque puedas equivocarte en ciertos aspectos, siempre habrá alguien que no esté de acuerdo contigo o pueda hacer comentario dañinos, esto no tiene por qué ver con tu valía o tus valores. Intenta valorar las críticas que puedan ser constructivas y no enzarzarte en discusiones sin salida.

Si aplicas estos consejos, todavía experimentas dificultades o malestar para tener una relación sana con las redes sociales, puede que éstas estén detonando otros problemas relacionales o de autoestima que puedas tener ya anteriormente. Desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte.

LGBTIAQ+

Algunas cosas que quiero decirte como persona LGBTIAQ+

Si estás leyendo este texto es muy posible que seas una persona del colectivo LGBTIAQ+ o bien alguien que tiene a una persona del colectivo cerca.

Si perteneces a la primera categoría este escrito es para dar voz a ciertas experiencias que puede que te resuenen: para describir lo que significa ser disidente en una sociedad que espera e incluso impone que seamos personas heterosexuales, cisgénero (que se identifican con el género asignado a sus genitales), alosexuales (que no son asexuales)… y normativas y como nos afecta en nuestros entornos sociales y familiares. Este texto es para ti y que puedas compartirlo con quien quieras cuando lo necesites.

Si no es el caso y perteneces a la segunda categoría tienes a una persona cercana a ti, sea familiar, amiga, ligue, pareja, hija, hermana, sobrino… o alguna persona en tu vida que quiere tener una conversación contigo que posiblemente no sea fácil o cómoda. Te invito a leer este texto hasta el final para iniciarla porque os merecéis estar a gusto y sentir seguridad y cercanía.

Esta persona en tu vida pertenece a alguna (o varias) de las siguientes categorías: lesbiana, gay, bisexual, trans, no-binaria, poliamorosa, asexual, intersex…

Este post en concreto no va sobre explicar que quiere decir en profundidad cada uno de estos términos, sino de que la persona que te ha enviado esto pertenece al colectivo y esto supone unas consecuencias injustas o difíciles en nuestras vidas que nos gustaría compartir contigo.

Nos gustaría decirte que recibimos rechazo o silencio cuando tratamos de ser nosotras mismas y nos cuesta hablar de nuestra vida personal porque no recibimos siempre el interés o el apoyo que necesitamos. El hecho de que no seamos lo que nuestros círculos sociales o familiares esperan de nosotras nos somete a presión para encajar o callarnos y nos hace muchísimo daño. Nos hace sentir expulsadas y rechazadas de muchos círculos. Duele no poder ser nosotras mismas. Duele no poder compartir nuestras experiencias. Duele que nos intenten forzar a ser algo que no somos.

El dolor de no poder traer todo nuestro ser a comidas familiares, a conversaciones casuales, a lo más pequeño y cotidiano de nuestras vidas es demoledor. No podemos ser quienes somos plenamente.  Es injusto. Es frustrante. Es un camino solitario en el cual podemos sentirnos abandonadas o desamparadas. Y no nos lo merecemos.

Merecemos cariño, cuidados, apoyo e interés en nuestras vidas como todas las demás personas. Merecemos poder contar con quien estamos saliendo o dejamos de salir, quien nos gusta, quien nos hace daño o con quien rompemos. Merecemos hablar de quienes somos.

Nos merecemos sentirnos libres, escuchadas, deseadas, celebradas. Merecemos una vida rica, colorida, segura y llena de amor. Y justamente por esto es posible que alguien que te importa te haya pasado esto. Porque necesita recibir esto de ti también.

Necesitamos conversaciones incómodas y difíciles que hagan que nos sintamos escuchadas y comprendidas.

Necesitamos sentirnos en casa con la gente de nuestro entorno y para ello necesitamos que iniciéis conversaciones para las cuales no estéis preparadas. No necesitamos que tengáis las palabras perfectas, pero necesitamos que lo intentéis.

Necesitamos que afrontéis el miedo a lo desconocido, a lo distinto, a pasar un rato incómodo. Porque le importas a la persona que te ha mandado esto y quiere que sepas como se siente.

Estás en su vida y le es importante poder compartir esto contigo. Poder sentirse segura y que le vas a escuchar y que puede ser ella misma. Que está a salvo, que no le vas a juzgar y que le vas a apoyar. Para esto es muy importante que no estés a la defensiva, porque para trabajar una relación (del tipo que sea) necesitamos poder mostrarnos vulnerables todas las partes involucradas. Para ello es importante entender que esto no es un reproche ni un ataque, es la necesidad de sentirnos escuchadas y sólo conseguiremos esa cercanía si nos cuidamos y escuchamos plenamente. ¡Para nosotras esto no es nada fácil!

Me encantaría que por favor intentes hacer esto lo mejor que puedas, que nos tengamos paciencia y nos digamos las cosas con cariño y que intentes entender quien soy. Que te informes si lo necesitas sobre mi identidad, que me preguntes con mucho cariño y mimo si tienes dudas. Pero necesito tu apoyo y comprensión.

Necesito conversaciones incómodas para poder entendernos, necesito que entiendas que la incomodidad es parte del cambio, de aprender y de conectar entre nosotras y tener una mejor relación. Necesito que me aceptes tal y como soy.

Necesito que me preguntes sobre mí y sobre mi vida para poder mostrarme ante ti tal y como soy plenamente, sin recortar las partes de mí que no entiendes. Necesito no tener que censurarme y que aceptes todas las partes de mi ser, especialmente aquellas que no comprendes del todo para poder sentirme cuidada. Necesito que me entiendas, cuides y quieras justo ahí donde menos me entiendes, necesito que busques comprenderme para poder ser quien soy.  Te garantizo que esto va a hacer que sea más fácil y fluido poder hablar entre nosotras y va a mejorar como nos hablamos y cuidamos.

Si lo haces te lo agradeceré y estoy segura de que tú también te alegrarás de haberlo hecho.

Si te encuentras en situaciones similares, estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Felicidad

7 comportamientos para sentirse «pleno»

En muchas ocasiones nos encontramos en terapia personas que acuden con el propósito principal de ser «feliz».

A veces se entiende la felicidad como un concepto invariable y estático en el tiempo.

Cuando nuestra meta está focalizada en algo, al conseguirlo se tiene la creencia errónea de que a partir de ese momento seremos felices para siempre. Es decir, la felicidad está relacionada a los deseos y objetivos que una persona ha conseguido.

Es importante entender que la felicidad es una experiencia subjetiva y relativa, por lo tanto, la gente sabe reconocer cuando siente esa felicidad y cuando no.

No existen requisitos explícitos para ser feliz, cada persona tiene sus propias circunstancias y motivaciones.

La felicidad se considera hedónica, este término hace referencia a la satisfacción de conseguir una meta y como esa satisfacción acaba desapareciendo con el tiempo, planeando ya la siguiente meta. Por ello, se podría considerar la felicidad como momentos de la vida en la que sentimos autorrealización y satisfacción plena, sin ser algo estático en el tiempo.

No obstante, el sentimiento prolongando en el tiempo de bienestar mente sería la Plenitud emocional.

La plenitud emocional es el sentimiento de bienestar emocional que siente una persona y en muchos ámbitos de su vida y permite un adecuado funcionamiento en las relaciones con otras personas. También permite que tengas habilidades para aceptar las circunstancias complicadas que lleguen.

La plenitud emocional permite tomar decisiones de manera más objetiva y constructiva manteniendo una mente abierta que permita orientarse a las posibles soluciones ante los problemas de la vida.

¿Qué conlleva la plenitud emocional?

1. Desvincularse y decir adiós

Liberarse tanto del pasado como vínculos hacia personas que no nos atraen ningún beneficio, permite despegarnos y crecer personalmente. Reparar las heridas emocionales del pasado permite centrarse en la solución de problemas desde el presente.

2. Mirar al pasado sin sufrimiento.

La tristeza es una emoción totalmente necesaria tanto para la supervivencia como para el crecimiento personal. Las personas con esa plenitud emocional pueden aceptar los daños ocurridos y enfrentar el presente.

3. Ser más consciente tanto de los pensamientos como de las emociones.

Las personas plenas tienen una mayor conciencia tanto de los pensamientos como de los sentimientos internos y externos, llevando a cabo la solución de problemas desde el autocuidado y respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Esto conlleva que sean más resilientes, por lo tanto, los cambios que se produzcan en su vida se verán desde la forma constructiva y no destructiva.

4. Empatizar

Al tener un mayor reconocimiento de sus propias emociones saben dirigirlas, gestionarlas y entender las emociones ajenas. Ese autoconocimiento y aceptación optimizará el equilibrio con las relaciones de su vida.

5. Flexibilidad mental sin autoexigencia.

Los errores nos permite ser tolerantes y saber corregir o reconocer qué otro camino necesitamos para continuar. Las personas maduras aceptan los errores como una forma de innovar.

No hay sentimientos de culpabilidad por no llegar a determinadas expectativas, aceptan  limitaciones sin que sea un fracaso.

6. Expresión emocional.

A través de la confianza en nosotros mismos podremos identificar y gestionar mejor las dificultades que se nos presenten en la vida.

A veces también da miedo expresar emocionalmente lo que uno siente por las posibles incomprensiones de otras personas, pero la barrera emocional dificulta las cosas.

7. Buscar soluciones sin caer en la queja.

Es totalmente lícito quejarse de una situación que se puede considerar injusta, no obstante, en ocasiones nos vemos sometidos a una retroalimentación de lamentos y quejas sin encontrar la salida. Las personas emocionalmente plenas aprenden a encontrar diferentes caminos y rectificar en caso que sea necesario, tomarán decisiones saliendo de la zona de confort y tomarán otras alternativas que puedan tener mejores resultados.

¿Quieres aprender a vivir con plenitud emocional? No dudes en ponerte en contacto con nosotras, en Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte a crecer y obtener el bienestar que te mereces!

Gordofobia

Gordofobia en el sistema sanitario

Antes de meternos de lleno en el meollo del asunto, vamos a definir este término que se ha empezado a escuchar en los últimos años. Y como ya os podéis imaginar

La gordofobia es el odio, el rechazo, la discriminación y un largo etcétera que sufren las personas gordas por el simple hecho de estarlo.  

El bullying a la niña gorda de la clase, las críticas a la adolescente gorda por parte de sus amigas con cuerpos más normativos y por supuesto el rechazo o la indiferencia de los chicos a nivel sexoafectivo (porque aunque no estemos hablando de personas heterosexuales, todas sabemos que es lo que “te tiene” que gustar), el rechazo por parte de las empresas a la hora de acceder al mercado laboral, los comentarios de hate en redes sociales por el simple hecho de subir una foto comiendo una hamburguesa.

las ridiculizaciones de unos hombres a otros por haber tenido relaciones sexuales con una mujer gorda, las dificultades para encontrar ropa de su talla, las miradas y los cuchicheos en piscinas y playas, la incredulidad de que una mujer gorda esté con un hombre con un cuerpo normativo, la preocupación de todo el mundo por tu estado de salud, el acoso que reciben en la calle etc.

Todas estas situaciones tienen que vivir las personas gordas por el simple hecho de estarlo, sin que haya ninguna variable más por medio.

Podríamos pensar que cuando acudimos a cualquier profesional de la salud (profesiones vocacionales, que requieren de tantos años de formación) lo que va a hacer es eso, velar por nuestra salud, sin embargo, nos encontramos con innumerables situaciones de gordofobia en la consulta. Profesionales, que deberían de saber cómo afecta el estrés y la ansiedad que generan los comentarios despectivos, las ridiculizaciones y las infravaloraciones de nuestras quejas, en la salud física (presión arterial alta, insuficiencia cardiaca, diabetes, problemas hormonales, problemas dermatológicos, problemas digestivos) y por supuesto a la salud mental, que deberían saber que un cuerpo no normativo no tiene por qué estar relacionado con enfermedad y que puede haber salud en todas las tallas.

  • Carolina, mujer de 38 años que acudió en cinco ocasiones al hospital, a consecuencia de un fuerte dolor abdominal, pérdida del periodo y subida repentina de peso. Estaba EMBARAZADA, y hasta el momento de parto no se le realizó una prueba de embarazo, el único tratamiento que le dieron fue hacer dieta. No fue hasta la quinta visita al hospital cuando se la ingresó con pronóstico grave ya que tenía dos coágulos en la cabeza y demás complicaciones producidas por el parto.
  • Miguel de 43 años, acudió al médico de cabecera con dolores en la zona del tórax y dificultad para respirar, el médico le dijo que si no era Covid-19 era por estar gordo y que adelgazase. Sufría una EMBOLIA PULMONAR.

Estos son solo dos ejemplos de los tantos que hay, en atención primaria, en especialistas digestivos, ginecológicos o traumatología. Acudir al médico por dolores menstruales y que te digan que tienes que adelgazar sabiendo que nada tiene que ver con el motivo de consulta. Produciendo, por una parte, el infra diagnóstico por la vergüenza que nos ocasiona acudir a una cita médica y por la falta de pruebas que se les realizan a las personas gordas. Llegando a pensar que tienes un problema de salud y que tu cuerpo tiene algo malo y que tiene que ser cambiado a cualquier coste.

No debería ser tan difícil encontrar un profesional que te trate con lo mínimo que todas las personas se merecen: respeto

Estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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¿Por qué tengo ansiedad?

Muchísimas veces oímos en consulta esta duda con mucha sorpresa por parte de nuestro paciente

¿Pero por qué me da la ansiedad cuando estoy más relajado? ¡No entiendo nada! A lo mejor he pasado un día ajetreado, hasta he discutido, me ha pasado de todo y no notaba nada de ansiedad. Y llego a casa, me pongo una serie, me relajo en el sofá y ¡zasca!

Otra de las preguntas que sigue a esta es: ¿y por qué ese momento y no otro?

Pero yo voy a ir contestando una a una otras preguntas que te irán aclarando qué puede ocurrirte.

Primero ¿por qué tengo ansiedad?

La ansiedad, al contrario de lo que la persona que la vive está sintiendo, no ha venido para matarte. Ha venido para decirte que hay algo mal en tu vida que deberías cambiar. Pero lo hace en forma de alerta «mortal». Vamos, que te hace buscar un peligro inminente y horrible, puede ser desde que te haga rebuscar el error terrible que has podido cometer con el comentario que hiciste esta mañana en el trabajo hasta que interprete que el dolor del pecho es un infarto que te va a matar, cada uno busca su «peligro mortal» en una cosa distinta, que a veces puede tener relación con el origen de su ansiedad, o no, simplemente esa explicación pasaba por allí y venía al pelo. ¿Cuánta gente en pandemia no ha focalizado su ansiedad en que se iba a morir de COVID (él mismo o alguien que quería) hasta convertirse en obsesión?

¿Entonces para qué ha venido?

Contestar a esta pregunta certeramente en tu caso particular es difícil, suele requerir un proceso de terapia y de análisis para saber qué te ha pasado exclusivamente a ti, pero te voy a dar una serie de «pistas» que pueden hacerte reflexionar sobre cuál podría ser la posible causa. Aquí te dejo algunas de las más clásicas:

-Me puede estar indicando problemas en mis relaciones.

No es extraño que al empezar un proceso de terapia una persona se de cuenta de que tiene relaciones que no le convienen en su entorno. La pareja suele ser una de la principales razones. Muchas veces detrás de la ansiedad hay una relación que no nos conviene. En los casos más extremos directamente un maltrato, lo que causa un estrés crónico en forma de alerta continua.

Una manera muy frecuente de presentarse la ansiedad en estos casos es que la persona mira y revisa qué va a decir, siempre piensa que va a cagarla y es que muchas veces sí que recibe muy malas respuestas de su entorno.

Así que una de las primeras cosas que te podrías responder es: ¿estoy bien con las personas en mi entorno?¿Alguien me hace estar alerta?¿me siento tranquilo con mis relaciones? esto se extiende a la familia y el trabajo ¿no me siento presionado por nadie?¿no siento que defraudo a nadie?

-Me puede alertar de problemas en mi autoestima.

La mayoría de personas te dirán que su autoestima de base ya no era muy buena (este mundo no se ha enfocado en construir buenas autoestimas, sino personas productivas), pero quizá por muchos eventos (relaciones tóxicas, presiones en el trabajo, en la familia, etc) tienes la autoestima bajo mínimos y no paras de hablarte negativo, de pensar que todo va a salir terrible, y que te centres en castigarte.

Una de las «top ten» es el no sentirse suficiente. Que sientas que no llegues a los estándares que «deberías» haber llegado. Que a tu edad ya deberías tener un trabajo estable, o una casa, o independencia económica, o a una pareja. O incluso que tu entorno te lo remarque (a veces ni directamente pero sí porque ellos lo tienen), eso te hace esforzarte tanto en conseguirlo que acabas desquiciado porque no puedes controlarlo todo. Esta se relaciona con la siguiente.

-Quizá ha venido a decirme que he perdido el control.

Muchas veces expreso en consulta que la ansiedad es una metáfora que te hace perder el control para que te des cuenta de que lo has perdido en otro espacio de tu vida. Puede ser como he dicho antes porque las relaciones, las presiones del trabajo te dominen, porque sientas que tu vida no es lo que debería, etc…

Pero un hecho significativo que puede ocurrir es que hayas desarrollado obsesiones, mandatos, que «compensan» esa pérdida de control, y esas mismas obsesiones te hagan perder más el control. Por ejemplo te has exigido ser perfecta y no puedes no sacar un 10 en un examen y eso te hace generarte una ansiedad tremenda en exámenes. O te has exigido estar para todo el mundo, para que no te abandonen y no defraudarlos y ahora ya nunca estás para ti. O te has centrado en una actividad que sí controlas como comprobar si la puerta está cerrada y cada vez te estás obsesionando con eso. O tienes miedo a tus sensaciones corporales y para controlarlas te monitorizas continuamente y te des cuenta de hasta el más mínimo calambre lo que hace que pierdas aún más el control.

-Te señala el miedo a la pérdida.

Unos de los miedos primigenios del ser humano, uno con los que venimos programados desde pequeños como buenos mamíferos es que no podemos perder a nuestros vínculo principales. Con lo cuál es una de las razones más probables cuando alguien experimenta una gran ansiedad.

Puede ser que que pienses que en realidad no has perdido ahora justo a alguien, ni está cercano, pero no es tan literal. Quizá sí que tuviste miedo a perderlos o los perdiste en otro momento (una pareja que te dejó sin explicaciones, una familiar que estuvo muy enfermo o casi se murió, la vejez de tus padres…). Y aquí hay otro clásico: que tú mismo estuvieras a punto de morir (por una catástrofe, un accidente, una enfermedad). Sí, la muerte es otro «miedo a perder a los que queremos».

Esto puede que te generara o genera un miedo muy fuerte que te obliga a estar en alerta, seas consciente o no, y es un clásico (aunque con ansiedades muy fuertes siempre lo es, no sólo por esto) que te cause una hipocondría o un miedo a morir muy fuerte u obsesiones con la muerte.

-Puede estar causada por una acumulación de traumas o por uno gordo que enterré hace mucho.

En realidad todo lo señalado anteriormente son traumas, pero quizá ni has sido ni consciente de la acumulación de ellos. Por ejemplo, tu tía enfermó de COVID y casi muere, tu madre tuvo un accidente con el coche y pasaron horas hasta que supiste que no le pasó nada, te echaron del trabajo aunque luego conseguiste otro, tu novio te dejó por otra pero tú ya sabías que era un cabrón… Y todo esto en un año. A lo mejor tienes todo eso ahí y ni lo has pensado, ni lo has procesado, ni lo has llorado, ni sabes cómo puso en alerta a tu cuerpo porque aunque racionalmente todos quedaron en un «susto» tu cuerpo se preparó para ellos y ahora busca la siguiente alerta.

Haz un repaso ¿qué ha pasado en tus últimos años de vida? lo mismo piensas «Ostras viendo todo esto junto lo mismo sí tengo razones para tener ansiedad».

Otra causa aquí puede ser que no sea una trauma ni demasiado actual, sino uno antiguo, uno gordo que se enterró hace un tiempo. Señales de esto serían que tienes una época de tu vida más borrada, que te da rabia cuando te señalan una época («¡NO A MI ESO NO ME AFECTÓ NADA, NI ES UN TRAUMA!»), que ahora hay cosas actuales que te pueden refrescar el trauma (por ejemplo tu pareja de maltrató y ahora por primera vez desde entonces vuelves a tener pareja), o que hay alguna época o tema en tu vida que no puedes ni pensar porque del terror que te da inmediatamente cambias de tema.

Los traumas a veces pueden ser complicados y son una de las causas más frecuentes de que aunque te hayas leído el artículo y te haya resonado algo puede que sigas sin aclarar qué narices te puede estar pasando a ti. Por ello se necesita muchas veces de una mano experta que analice tu caso de manera pormenorizada.

Y respondiendo a la última pregunta ¿por qué me da la ansiedad cuando estoy más tranquilo?

Por que en realidad la ansiedad está siempre ahí, pero mientras la mantienes «ocupada» o tienes activada tu mente racional parece que está bajo control. Pero no lo está. Espera a tener su momento para volver a recalcarte la necesidad de que hagas algo. Seguro que lo pospones, pensando que ya se te pasará, pero no. Saltará en otro momento, y si no le haces caso parece que se agrava y cada vez va inundando más y más tu vida. No lo dejes pendiente. Averigua lo que te ocurre. Y si quieres que nosotras seamos la mano experta que te acompañe estaremos encantadas.