psicopatia

¿Podría estar cerca de un psicópata?

Seguro que, si pensamos en la palabra “psicópata”, a la mayoría de nosotras se nos viene a la cabeza la imagen del típico asesino en serie que mata por placer, no tiene empatía, utiliza a los demás en su propio beneficio, mentiroso, manipulador… cualquier asesino propio de una película de Hollywood.

Sin embargo, de acuerdo con los expertos, no todas las personas con la etiqueta de psicópatas son delincuentes ni comete delitos, o al menos no de sangre. La mayoría están integrados en la sociedad, tienen casa, familia y un buen trabajo y eso hace que sea muy complicado que lleguen a ser diagnosticados en algún momento de su vida.

Esto es lo que se conoce como psicópatas subclínicos o integrados. La diferencia entre éstos y los que salen en las películas, es la comisión de un delito penal, pero ambos tipos, tienen las mismas características emocionales y de personalidad.

Se estima que en España hay entre un 2% y un 3% de psicópatas “puros” y entre un 10% y un 12% de psicópatas “integrados”.

¿Como podemos definir a un psicópata?

Aunque existen varios tipos de personalidades psicopáticas, también existen una serie de características comunes a la mayoría de ellos: incapacidad para desarrollar relaciones afectivas reales y profundas, falta de empatía e indiferencia hacia los sentimientos ajenos.

También se caracterizan por utilizar de los a los demás en su propio beneficio, ausencia de culpa y sentido de la responsabilidad y baja intensidad de la mayor parte de sus emociones, a excepción de la ira, las demás son utilizadas estratégicamente, no son reales. Además, suelen ser personas arrogantes, egocéntricas, seductoras, mentirosas y manipuladoras.  

Se han realizado diversos estudios que sitúan a la mayoría de los psicópatas integrados en ciertas profesiones: el primer puesto lo ocupan los CEO o máximos responsables de las empresas, seguidos por abogados, trabajadores de los medios de comunicación, comerciales y cirujanos.

Seguro que llegadas a este punto pensaríamos que somos capaces de identificar perfectamente si nos estamos fijando (de manera afectiva-sexual) en una persona con este tipo de rasgos. Pero la mala noticia es que no es algo que se vea tan fácilmente a simple vista, ya que suelen ser personas encantadoras, podrían encajar en el papel del “príncipe azul”. Hablo de príncipe y no de princesa porque se observa una diferencia significativa de la prevalencia de la psicopatía entre hombres (7,9%) y mujeres (2,9%).

Aun así, hay ciertas señales de alarma que pueden ayudarte a dar el paso de pedir ayuda o poner fin a la relación.

  • Es halagador como nunca nadie lo había sido. “Eres maravillosa, nunca había conocido a nadie como tú, tu eres diferente a las demás…”
  • Es como tú. Aquí podemos poner cualquier ejemplo de Joe el protagonista de la serie de You (claro ejemplo de una persona psicópata).
  • Siempre te culpa a ti de sus errores “es que me has provocado, me has puesto de los nervios, mira lo que me haces hacer…”
  • Minimiza o ridiculiza lo que tu sientes “No es para tanto, eres una exagerada, no se te puede decir nada.”
  • Te hace luz de gas “Eso no ha sido asi” (aunque lo hayas visto con tus propios ojos), “eso ha sido interpretación tuya”, “seguro que lo has soñado y lo confundes con la realidad”.
  • Sus relaciones son muy superficiales o directamente o existen. Siempre se portan muy mal con él, pero el no hace nada para que la relación se termine.
  • Actúa sin pensar, es impulsivo, su primera reacción es atacar, hacerse la víctima.

Si este tipo de comportamientos se repiten una y otra vez, quizás no podamos asegurar que estamos quedando con un psicópata, pero sin duda, lo mejor es salir corriendo.

Si sientes que tu pareja podría identificarse con estos comportamientos, si sientes que no puedes salir de esta relación, que tu autoestima es mucho más baja que antes, desde Quiero psicología podemos ayudarte.

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Lo duro de ir a terapia

Mucha gente llega a terapia con una idea errónea de lo que es el cambio, de lo que es adquirir herramientas emocionales para tener más recursos.

En general, se cree que el cambio será todo coser y cantar. El paciente viene a terapia pensando: este síntoma tan molesto que tengo me lo quitan y ya está.

Error. El síntoma no se quita. El síntoma se interpreta lo que significa, lo que está expresando para poder saber de dónde viene: si es que te cuesta decir que no, si es que tienes miedo a las personas de autoridad, si es que tu autoestima está dañada, si es que pasaste por una pareja tóxica y un largo etcétera.

El paciente se sorprende al descubrir que la causa estaba en otro sitio. Algunos en este proceso abandonan porque quieren quitarse el síntoma molesto pero no “remover la mierda”. Muchos perfiles evitativos huirán.

Pero, oh sorpresa, para mejorar el dolor no se puede rodear. El dolor se atraviesa. Sólo de esta manera saldrás del otro lado sintiéndote más fuerte y mejor.

Ahora, si eres tan valiente como para seguir trabajando en ello (o ya lo has sido), enhorabuena, pero ahora entrarás (o habrás entrado ya) en un camino que a ratos se puede hacer muy duro.

¿Qué tiene «malo» ir a terapia?

Un tabú del que no se habla es de lo que te espera ahora. Si haces una terapia profunda y completa adquirir esas herramientas emocionales te hará más sabio o sabia, hará que identifiques lo que te hace daño, tus traumas, tu forma de querer y la forma en la que te han querido pero también te hará ver el mundo de una forma que hasta ahora no lo has contemplado. Y eso no siempre se va a sentir como fácil.

Te relato aquí alguna de las cosas más clásicas que puedes o has podido experimentar:

  1. Ves más claro a las personas que te rodean, para lo bueno y para lo malo. Te darás cuenta de que alguna (o mucha) de la gente que te rodea es tóxica, manipuladora o simplemente sin ningún recurso emocional y te pondrá en la duda de cortar, cambiar o alejarte de relaciones. Spoiler: lo harás. Y dependiendo de la relación puede ser muy costoso emocionalmente, habrá momentos donde preferirás no haberlo visto. Pero al final nunca te arrepentirás, quizá conserves menos personas en tu vida, pero éstas no te harán sentir solo, no te criticarán y hundirán tu autoestima.
  2. Ves el mundo mucho más claro: cuando de repente aprendes sobre tipos de apego, formas de manipulación, características tóxicas, tipos de personalidad, etc, te das cuenta mucho más rápido y mejor de quién hace qué y porqué. Sin embargo: la gente de tu entorno no lo hará. Muchos te negarán esa realidad que ahora ves, la minimizarán, te dirán “ya conoces a fulanito”, “te tomas todo muy a pecho” o “es que es tu madre”. Esto te puede hacer sentir solo o ignorado. Te encuentras en un mundo de repente, que, de nuevo, tampoco te arrepentirás al final haber descubierto, pero sé consciente de que lo verá menos gente, porque sólo lo ve la gente que ha trabajado en ellos mismos, en asumirse y conocerse. Y esto no abunda tanto.
  3. Te darás cuenta de tu historia vital: probablemente descubrirás traumas (porque todos tenemos) sobre ti, tu familia, amigos y parejas y esto provocará que pases épocas en duelo, triste o enfadado. Es necesario cambiar la historia errónea que te habías contado, es necesario quitarte culpas que nunca debiste tener, responsabilizar a los otros de lo que te hicieron y otras cosas te harán verte a ti mismo de una manera distinta. Cuando avances verás cómo tu autoestima crece, cómo atraviesas esos dolores, pero no siempre será todo sencillo.

¿Merece la pena hacer terapia?

Con esto quiero decir que todo el que se somete a un proceso de terapia se verá reforzado, mejorará y sentirá que cambia su vida, pero no es todo un camino de rosas. Por eso es de admirar a todos aquellos pacientes que se someten a estos procesos de cambio, algunos de ellos lo hacen pensando que son débiles porque tienen ansiedad o están deprimidos o les agobia los exámenes. Pero nada más lejos de la realidad, todo lo contrario: es mucho más valiente intentar mejorar todos los días y enfrentarse a lo que nos duele que quedarse en el mismo sitio sin hacer nada.

Si has elegido empezar (o ya llevas tiempo en un proceso de terapia) sólo puedo decirte que estés orgulloso de ti, que todo ese dolor que ahora sientes se disipará. Atraviésalo, que del otro lado te espera algo mejor.

Y si no, y quieres empezarlo, en Quiero Psicología te estamos esperando.

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Familia ¿feliz?

Ya llegó la navidad y con ella esos mensajes de que todos deberíamos estar felices, porque te reencuentras con los tuyos, porque todo son sonrisas y regalos (no hay más que ver cualquier anuncio de turrones). De esta imposición de la felicidad (llamado efecto Mr. Wonderful) hablamos justo en el post pasado (puedes leerlo aquí).

Pero hoy te vengo a traer otro mensaje importante ¿por qué a lo mejor a mi no me hace feliz para nada ver a mi familia? ¿soy un mal hijo/hermano?¿soy un desagradecido?¿me tengo que sentir culpable por no disfrutarlo?.

¿Por qué no me hace feliz ver a mi familia?

Tienes que preguntarte si de verdad tu familia es sana, si te sientes escuchado, recogido y acogido. No disfrutamos de un vínculo sólo porque nos lo impongan, disfrutamos de él cuando tenemos verdadera conexión, cuando nos respetan tal y como somos.

Si no te hace feliz ver a tu familia tendrías que preguntarte si te sientes juzgado por ellos, si sientes presión de algún tipo para lograr cosas, y sobre todo si te hacen sentir insuficiente, que nada de lo que haces llega de verdad a merecer la pena. Si esto es así, te pongas como te pongas, en el fondo, incluso aunque finjas, no te hará feliz verlos, es más, probablemente no tengas ganas, y también con mucha probabilidad, los veas o pases estas fiestas con ellos por compromiso.

Pero entonces ¿por qué me empeño en ir con ellos aunque me siente mal?

Hay varias razones para esto, y son muy profundas, tanto por motivos culturales como por nuestra biología estamos programados para acercarnos a nuestros cuidadores primeros, a nuestra familia. Os pondré algunas de las más importantes:

«Porque es que es tu padre /madre».

Esta frase está en el ranking de las más escuchadas cuando un hijo quiere desligarse de algún modo de sus padres o está expresando su malestar con ellos. Parece la «cosa» definitoria por la que sin más, debes aguantarlo todo y olvidarte de todo tu dolor. Esta es la cultura actuando, los miles de mensajes que nos han llegado de los padres como figura omnipotente y omnipresente. No se puede destruir ni desligar, en nuestra cultura «los padres» tienen un poder ilimitado, pueden hacerte muchísimo daño pero todo se arregla con un «es que son tus padres».

No se les exige una responsabilidad afectiva, que te tengan en cuenta, que respeten como eres. De hecho, se suele decir que «ellos saben más que tú» por lo que tu relación con ellos se ha quedado relegada muchas veces a un «ver, oír y callar». Se parece a cuando hace 30 años una mujer no podía ni opinar porque tenía que obedecer a su marido, y siempre tenía que permanecer al lado de él acatando órdenes.

Ahora esto nos parece absurdo pero ese «acata o siéntete mal» sí que sigue vigente con los padres y nos seguimos empeñando en que funciona así. Reproduzco aquí la conversación con un paciente:

-¿Por qué cuando voy al pueblo nunca me apetece ver a mi padre? debería apetecerme, es mi padre.

-¿Tu padre te hace sentir bien?

-Uy no, según le veo empiezan las críticas inagotables sobre cualquier cosa, mi trabajo, mi pelo, mi casa, etc.

-¿Si esto te lo hiciera un amigo seguirías siendo amigo de él?

-Por supuesto que no-. Me dijo sin dudar. Se quedó pensativo unos segundos y dijo: vale, lo entiendo.

Es hora de cambiar esto y de pedir responsabilidad afectiva a nuestras figuras paternas, no reproduzcas esta frase ni le pidas obediencia ciega a un niño, no censures cuando alguien te expresa el malestar con su familia. Entiende que todas las relaciones puedes ser buenas o malas y con la familia también es legítimo sentirse mal.

El sistema biológico de aproximación y defensa.

Desde que venimos al mundo estamos biológicamente programados con lo que se llama el sistema de aproximación y defensa. Explicado de la forma más básica: el de aproximación debe decirnos lo que nos viene bien para acercarnos a eso y el de defensa lo utilizamos para defendernos o alejarnos de las cosas que nos vienen mal.

Explicado así suena sencillo ¿no? si un cactus me pincha no me acerco más al cactus. Si tengo frío y me tapo y se me pasa tenderé a taparme otra vez cuando tenga frío. Me alejo o me aproximo /repito.

Peeeero esto no es tan sencillo cuando hablamos de relaciones. La primera relación para la que venimos preparados a apegarnos, dar igual cómo, es la de nuestros padres (o cuidadores primeros). Lo que nos dice nuestro cuerpo es: «asegúrate de vincularte a estas personas y que te quieran o te abandonarán en el bosque y morirás». Aunque sea irracional, eso es lo que nos dice nuestro cuerpo así que nos ponemos manos a la obra.

Esto, tendrá unas consecuencias enormes en tu personalidad, autoestima, traumas, relaciones, etc. Vamos, en toda tu vida ¿por qué? porque da igual cómo sean mis padres, si son buenos o malos, si atienden tus necesidades o no, o incluso si te las castigan. Tienes que seguir ahí haciendo méritos para que te quieran.

Siempre pongo el mismo ejemplo horrible: «Si tu padre te viola desde los 4 a los 11 ¿tú pensarás que tu padre es un señor terrible o que lo que sientes tú es lo equivocado porque no te sientes bien?» Exacto. La segunda opción. Te sentirás tú el problema, pensarás «si mi padre es bueno y eso que me hace me dice que está bien ¿por qué me siento mal?». Pues así con todo. Pongo siempre este ejemplo tan gore porque se ve muy bien pero se podría aplicar a cosas como: Si mi madre me dice que no es normal que me gusten los dibujos violentos debo ser yo el raro, si mi padre dice que soy un desastre porque no me gustan las matemáticas pues debe ser que lo soy, si me piden que saque buenas notas y no lo hago seré mal hijo o tonto, etc.

Así se moldean muchas de las futuras losas que luego cuando crezcas tendrás que limpiar de culpa, resignificarte y re-narrarte para poder mejorar tu autoestima. Pero el sistema de aproximación, si no los desmontas, seguirá funcionando y aproximándote a esas figuras paternas, tengas 4 años o 43. Y te llevará por ejemplo a ir a una fiesta familiar en navidad donde a lo mejor acabas llorando o destrozado. Y después te preguntarás «¿si es que ya sé que son así para qué voy?».

Si te ocurre esto y crees que necesitas abordarlo en Quiero Psicología estamos listas para recibirte y afrontar contigo estas contradicciones.

Positividad-tóxica

La positividad tóxica o el efecto Mr Wonderful:

Actualmente, se vende bastante la idea forzada de ser feliz, pase lo que pase a través de libros y de cuentas en redes sociales. Un ejemplo es el merchandising de Mr. Wonderful, una marca cuyos dibujos color pastel esconden esta positividad tóxica.

La idea de estar siempre feliz puede sonar atractiva, pero el bombardeo de mensajes con este tono tiene un efecto muy lejano del pretendido. En protesta a este fenómeno, nacen otras marcas como Mr. Puterful, Mr. Wonderfuck, etc.

La positividad tóxica es esa imposición de una actitud positiva, falsa, que niega las emociones desagradables y predica un estado de ánimo optimista y feliz en cualquier situación. Existen dos formas de positividad tóxica que podemos experimentar: la dirigida hacia uno mismo y la que es recibida por parte de otros.

¿Por qué la positividad tóxica no es empatía?

Esa positividad tóxica puede animar a algunas personas, pero hablamos de algo diferente a la empatía. La empatía busca apoyar a una persona, conectando con su malestar, mientras que esta positividad tóxica finge dar apoyo desde una distancia emocional, que además invalida las emociones de la otra persona. Puedes ver la diferencia entre la simpatía (que sería lo similar a este fenómeno, en este caso) y la empatía, en este vídeo: https://youtu.be/KZBTYViDPlQ .

Aquí te dejo unas frases recurrentes cuando se da esa positividad tóxica, y posibles frases alternativas que sí demuestran esa empatía.

POSITIVIDAD TÓXICA EMPATÍA REAL
Todo irá bien   Salga como quieres o no, estoy aquí para ti.
Podría ser peor Sé que lo estás pasando mal, tienes derecho a sentirlo.
No te rindas Parar puede ser muy sano, y si necesitas hacerlo, está bien.
Lo superarás   Sé que ahora te sientes muy mal, y puede que no sea duradero, pero mientras pasa, estoy aquí.
Querer es poder / Puedes con todo. Desear algo mucho no asegura que pase, pero estoy orgulloso de que lo intentes.
Piensa en positivo No siempre es fácil ver lo positivo si te sientes mal.
No te preocupes, solo sé feliz Preocuparse es humano, sé que no puedes “apagar” esa emoción. Si quieres distraerte, hablar o buscar soluciones, estoy aquí.
No estés triste / No llores Es normal estar triste / Date permiso para llorar
Si los demás pueden, tú también Cada uno tiene diferentes capacidades y limitaciones. Lo importante es que lo estás intentando.

¿Qué siento cuando recibo esta positividad tóxica?

  • Invalidación, presión, frustración, culpa, autoexigencia: No todo será maravilloso, y tener la expectativa de que sí es poco realista, el sufrimiento es una parte inherente de la existencia humana y no podemos negarla. Estas emociones son lo que se considera el sufrimiento secundario, es decir el sufrimiento por tener sufrimiento.
  • Categorizar las emociones como buenas o malas: pueden ser agradables o desagradables, esto puede llevar a una polarización de los estados de ánimo, si no estoy feliz de manera intensa, estoy triste. Además, algunas personas pueden buscar emociones agradables intensas y otros algunas menos intensas (calma, paz, tranquilidad). Estas últimas tienen un gran efecto positivo neurológico y físico, y desaparecen del espectro con estas actitudes.
  • Negar las emociones desagradables no quiere decir que nos quitemos las desagradables, de hecho, varios estudios (incluso a lo largo de 10 años) han encontrado que esta evitación como estrategia se relacionaba con niveles de depresión más altos, y emociones de tristeza más intensas. Esto tiene sentido, pues la continua evitación podría contribuir a la “acumulación” de esas emociones negativas no gestionadas, provocando “explosiones” emocionales, y teniendo el efecto contrario al buscado originalmente.
  • La felicidad extrema no es realista, pero también es peligrosa:  las emociones desagradables dan mucha información importante para nuestra supervivencia como la ansiedad o el miedo, negarlas sería no tener en cuenta riesgos, por ejemplo. También da el mensaje de que podemos equiparar todas las necesidades, y esto es poco eficaz (de cara a tener prioridades): no podemos estar comprometido al 100% en todas las necesidades que tenemos, ni será posible en todas las áreas de la vida.
  • Promueve el hedonismo y el egoísmo: centrarse en la búsqueda del placer inmediato puede ser perjudicial a largo plazo (busco el bienestar rápido de la droga por evitar la abstinencia, ignorando el bienestar a largo plazo que produce el malestar inmediato que es aguantar sin consumir), además de no promover la responsabilidad social, ignorando las necesidades sociales.

¿Cómo debería acompañar o consolar a las personas que quiero?

Uno de los trabajos más complicados es acompañar a una persona que lo está pasando mal, seguramente te sientas perdido, confundido, con miedo a ser intrusivo o empeorar la situación. Te dejamos los:

  • No hace falta que sepas qué hacer. Pregúntale a esa persona cómo quiere que se le apoye, y si no lo sabe, podéis buscar y probar qué le puede ayudar.
  • Acompañar en muchas ocasiones será estar presente mientras la persona sufre, esto es muy desagradable y es normal que no siempre estemos dispuestos a hacerlo. Es importante valorar si estás en un punto emocional para poder hacerlo (y hacerlo por no sentir culpa, por responsabilidad…) y cuanto quieres hacerlo. Si decides, asegúrate de luego tener tiempo de autocuidado para ti, ya sea tu solo o con otras personas.
  • No tengas prisa en dar una respuesta: al ver a alguien que se siente mal, queremos consolar enseguida, pero tomate tu tiempo para hablar o responder, o escucha a la otra persona. Los silencios pueden dar mucha empatía y confort.
  • Si el malestar de otra persona te está afectando excesivamente, tal vez pedir ayuda a un profesional para que tú puedas a aprender a gestionar esas emociones puede ser útil.

Recordemos que no podemos quitar el malestar o vivir una vida solo feliz, ya que no existe, pero sí podemos aliviar, sí podemos aceptar el malestar como parte de la vida y de nosotros, sí podemos acompañar.

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Depresión ¿Qué siento? ¿me he roto para siempre?:

¿Qué es una depresión?

Cada vez hay menos estigma de cara a la salud mental y aunque es muy positivo poder hablar sin tapujos de problemas psicológicos, se ha trivializado mucho la palabra depresión:

Una depresión no es simplemente tristeza desencadenada por un evento desagradable vital (ya que está sería una reacción emocional totalmente adaptativa de nuestro cuerpo), por lo que no sería apropiado usarlo indistintamente con la palabra “tristeza”. Es importante que la etiqueta nos da un contexto: poder entender los síntomas, como interactúan, qué suele ocurrir en esos casos… pero…

Una persona no es una depresión: recuerda que basta que cambie un criterio de los que se han definido como parte del grupo, para no “encajar”: es fácil ponernos la etiqueta, pero no tanto quitárnosla. Por eso, la mayoría de los psicólogos trabajan con los síntomas, la personalidad y el contexto de la persona, y no con un trastorno “aplicable a todo”.

Tipos de depresión

Aunque depresión se use livianamente el término depresión, aquí nos referiremos al más común que es el episodio depresivo mayor. De hecho, afecta a cerca de un 5 % de la población mundial, y con más frecuencia a las mujeres que a los hombres. Un episodio depresivo mayor se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para ser funcional, es decir que altera la vida habitual de la persona (trabajar o estudiar, dormir, comer, socializar, etc.). Estos episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves.

Aun teniendo un episodio depresivo, existen diferentes tipos de trastornos con relación a éste: puede ser un trastorno depresivo de un solo episodio, recurrente (quiere decir que la persona ha experimentado por lo menos dos episodios) o un trastorno bipolar (es un trastorno que se caracteriza por episodios depresivos que se alternan con episodios maníacos). También existe el trastorno distímico, el cual se suele definir como depresión crónica y se caracteriza por la mayoría de la sintomatología de la depresión mayor, pero en una intensidad más leve, menos incapacitante y durante más tiempo (mínimo 2 años).

¿Cuáles son los síntomas?

El trastorno depresivo mayor es un trastorno que afecta principalmente al estado de ánimo, pero también a la forma de pensar y percibir la realidad, al organismo. Describiremos los criterios diagnósticos de la depresión mayor, pero recordemos que solo un profesional puede diagnosticar con una evaluación completa de la persona y su situación.

La persona tiene que presentar cinco o más síntomas de la siguiente lista (siendo uno de los dos primeros obligatorios para su diagnóstico), de manera diaria, y durante al menos dos semanas, afectando a su funcionamiento vital, como hemos comentado antes:

1. Un estado de ánimo triste, desanimado, desesperanzado.

2. Una pérdida de interés en casi todas las actividades habituales, especialmente evidente en las que antes sentía placer.

3. Alteraciones en el peso y/o apetito. Aunque generalmente se da una disminución del apetito y una pérdida significativa del peso, algunas personas muestran un aumento del apetito o de la ingesta de alimentos -aunque no haya apetito- y también del peso.

4. Alteraciones en el ciclo de sueño: suelen aparecer muchas dificultades para quedarse dormido y/o sueño interrumpido, o demasiado sueño (hipersomnia).

5. Alteraciones en el aspecto psicomotor: algunas personas pueden sufrir episodios de agitación, incapacidad para permanecer tranquilo, y otros un enlentecimiento psicomotor, que consiste en hablar muy pausadamente y moverse lentamente (como si uno fuera a cámara lenta).

6. Una fatiga constante o gran pérdida de energía: que cualquier tarea, por pequeña que parezca, supone un esfuerzo titánico o parece difícil o imposible de lograr. 

7. Sentimientos de inutilidad y culpa, muy intensos y desproporcionados, sobre situaciones presentes o pasadas. Se repasa lo vivido, magnificando errores, catalogando cada acto como un fracaso, poniendo atención en todas las señales negativas.

8. Dificultades para concentrarse, tomar decisiones o recordar.

9. Pueden aparecer pensamientos recurrente acerca de la muerte y/o el suicidio (exista o no un plan, se lleve a cabo o no). A pesar del miedo a morir, la persona suele estar convencida de que él y los demás estarían mejor si falleciera.

Como hemos comentado, existen otros síntomas que se suelen dar como: llanto frecuente, sentimientos de angustia y ansiedad constante, irritabilidad y explosiones emocionales,

¿Por qué o cómo aparece?

Una depresión puede desencadenarse por un evento externo de naturaleza desagradable (despido, ruptura, fallecimiento), o no tener un desencadenante claro (endógena).  En ambos casos, pueden estar implicados diferentes factores que interactúen o lo potencien, como:

  • Químicos y hormonales: puede existir una desregulación de ciertos neurotransmisores (los mensajeros químicos del cerebro) importantes como la serotonina, u hormonal, como el tiroides o como los estrógenos y progesterona (ciclos menstruales, embarazos, etc.)
  • Genéticos: puede existir una predisposición genética, pero no quiere decir que se vaya a padecer, ya que el contexto familiar puede ser similar o no, pero otras circunstancias varían.
  • Médicos: muchos trastornos orgánicos cerebrales se acompañan de depresión con una frecuencia muy alta, como el cáncer.
  • Psicosociales: vivir situaciones traumáticas o de alto estrés (un divorcio, pérdida de un ser querido, etc.) pueden facilitar un trastorno depresivo, pero además rasgos de personalidad o patrones de conducta como: una baja autoestima, apego ansioso…

En relación a esto, se han formulado muchas teorías: Según Lewinsohn, la depresión se origina en una baja frecuencia de estímulos reforzadores positivos, ya sea disponibles en el ambiente, por las características de la persona (perspectiva, habilidades sociales…). Según Seligman, se debería a un estilo de atribución interno, global y estable que se basa en la desesperanza, y que hace que, ante sucesos desagradables, la persona tienda a la depresión (indefensión aprendida). Según Beck, las personas desarrollan esquemas y estructuras cognitivas, basadas en experiencias pasadas y guardadas en la memoria, que posibilitan una visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro (la Triada Cognitiva). Estos esquemas filtran la información recibida del mundo y por tanto definen cómo la persona percibe la realidad. Según Bower, cuando una persona está en un estado concreto emocional, le resulta fácil recordar sucesos previamente asociados en el pasado con esa emoción, pudiendo reinterpretar la realidad de esa forma, amplificando el estado emocional negativo.

Tips para la recuperación

  • Trata de estar acompañado y hablar con personas de tu entorno en las que confíes, si alguno ha pasado por algo similar, es más fácil que pueda apoyarte como necesitas.
  • Haz actividades agradables, aunque sea poco tiempo, y aunque no te sientas tan bien como antes al realizarlas o creas que no vas a estar al 100%. Empezar ya es algo.
  • No espere que su estado de ánimo mejore de inmediato, sino gradualmente.
  • Pospón decidir cambios importantes (cambiar de trabajo, divorciarse, etc.), consulta con personas que te conozcan bien y tengan una visión más objetiva de la situación.
  • No esperes grandes cambios rápido, toca celebrar cada pequeño logro: intenta ponerte metas realistas para la situación en la que estás. Sentirse mejor toma tiempo.
  • Es fácil que tengas pensamientos negativos, recuerda no creértelos, aunque puedan parecer muy reales en el momento. Puedes apuntarlos en algún lugar, ya los evaluarás y cambiarás más adelante.
  • Busca ayuda profesional que pueda darte herramientas y comprensión en un espacio seguro. En Quiero Psicología podemos ayudarte si estás listo para dar el paso.
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¿Tengo un TCA?

Los problemas psicológicos han ido aumentando en los últimos años, sobre todo, entre las más jóvenes. Después de la pandemia, las consultas psicológicas se han llenado de personas buscando ayuda, y el motivo de consulta que se repite es: TCA (Trastorno de la conducta alimentaria).

¿Qué es un TCA?

Los TCA, son trastornos psicológicos graves, que conlleva alteraciones de todo (o casi todo) lo relativo a la alimentación y lo que eso implica. Existen muchos tipos de TCA, sin embargo, los que más podemos ver en consulta psicológica son principalmente:

  • Anorexia nerviosa: Se rechazan sistemáticamente alimentos.
  • Bulimia nerviosa: Es la ingesta excesiva de alimentos en un periodo corto de tiempo. Esto se une a una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo cual le puede llevar a utilizar métodos para controlar el aumento de peso como inducirse el vómito.
  • Trastorno por atracón: La persona come generalmente una cantidad de comida mucho mayor de lo normal, todo al mismo tiempo. Se siente fuera de control durante estos atracones.
  • Vigorexia: Trastorno del comportamiento que se caracteriza por la obsesión de conseguir un cuerpo musculoso.
  • Ortorexia: Obsesión por controlar la calidad de los alimentos que se consumen, es decir la obsesión por comer totalmente sano.

¿Cuál es el origen de un TCA?

A pesar de sus diferencias, (sobre todo en la forma, más que en la función) también tienen características en común, y una de ellas es la insatisfacción corporal, que podemos definir como la discrepancia entre la imagen corporal que percibimos de nosotras mismas y la imagen corporal que consideramos ideal.

Esto se debe a muchos factores, pero uno de ellos es claramente el canon de belleza que nos han transmitido los medios de comunicación y que no es más que un estereotipo que nos empuja hacia la idealización de una belleza que parece ficticia en la gran mayoría de las veces, y no representa una vida saludable en la gran mayoría de sus casos.

En la década donde muchas de nosotras crecimos, nuestras figuras de referencia eran mujeres adultas (o adolescentes) con cuerpos esbeltos, normativos, proporcionados y algunos excesivamente delgados. Con esto no queremos decir que algunas de estas mujeres no tuvieran una constitución delgada y no tuviesen que hacer grandes esfuerzos, seguro que sí, sin embargo, sabemos que no es lo más habitual.

Actualmente los cánones han cambiado y aunque sabemos que la presión por tener un cuerpo normativo y encajar en los cánones de belleza, ha recaído mucho más en las mujeres y que además el normopeso y el sobrepeso se normaliza más en cuerpos masculinos, ellos no están exentos de este tipo de problemas, ya que el sistema se encarga de que todos caigamos en las mismas trampas.

Actualmente tenemos mucha más información sobre la anorexia o la bulimia nerviosa y podemos identificar como algo negativo o perjudicial el hecho de dejar de comer, de restringir una gran cantidad de alimentos o de llevar a cabo conductas purgativas como pueden ser los vómitos o laxantes, sin embargo, otras conductas que pueden ser igual de problemáticas están siendo aceptadas socialmente.

Por ejemplo, la practica excesiva de ejercicio, con el objetivo de ganar masa muscular en ellos y de tonificar y perder grasa corporal en ellas y el seguimiento de dietas pautadas por un entrenador personal (en el mejor de los casos), que nada tienen que ver con llevar un estilo de alimentación saludable, como la dieta keto, o la dieta depurativa entre otras. O el famoso estilo de vida “realfooding”, que promueve una alimentación basada en alimentos reales, mínimamente procesados, evitando o reduciendo lo máximo posible los ultraprocesados. Parece que a priori no tiene nada de malo, sin embargo, no siempre disponemos de tiempo para cocinar y para no consumir mas de un 10% de ultraprocesados que parece que se nos permite. Y es entonces cuando nos sentimos culpables por no seguir estas reglas (que no dejan de ser restrictivas), al igual que ocurre con otro tipo de dieta, y quizás esta culpa, tenga que mitigarse con algo relacionado con la comida, porque no tenemos otro tipo de estrategias de afrontamiento.

Visto así, parece que hay muchos comportamientos normalizados que pueden preceder a un TCA, sin embargo, lo que para una persona puede ser un disparador, para otra, con otro contexto y otras variables personales, puede no serlo. Sin embargo, puede haber una serie de conductas que nos den una pista sobre como esta siendo nuestra relación con la comida y con el cuerpo.

¿Podría estar haciendo conductas «peligrosas»?

Esto no es un test estandarizado y científico pero si estás haciendo este tipo de conductas con un nivel muy alto de ansiedad puede ser la antesala de un TCA, o al menos, un indicador de que tu autoestima no se encuentra muy bien:

  • Eliminar drásticamente ciertos alimentos que nos gustan porque tienen mayor índice calórico.
  • Seguimiento de las famosas dietas milagro para conseguir cambios en muy poco tiempo
  • Cambiar nuestros hábitos con la llegada de la operación bikini.
  • Demonizar grupos de alimentos porque no son lo suficientemente sanos.
  • Practicar más ejercicio del que nos gustaría o del que disfrutamos
  • Sentir emociones desagradables cuando nos saltamos las reglas.
  • Dejar de acudir a planes sociales en los que puede haber comida/bebida que «engorda» o en los que nuestro cuerpo puede ser más visible (como ir a la piscina)
  • Dedicar mucho tiempo a pensar qué y cómo vamos a comer…

En definitiva, si nuestro estado de ánimo depende de cuanto he adelgazado, o si llevamos a cabo comportamientos para que nuestro cuerpo cambie a toda costa, aun sabiendo lo perjudicial que puede llegar a ser, puede ser hora de pedir ayuda. En Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Gestionar emocionalmente un cambio laboral

En la actualidad vivimos una situación de incertidumbre debido a los problemas que la inflación pueda estar provocando, esto se ve reflejado en el panorama laboral. Muchas personas se ven obligadas a cambiar constantemente de trabajo para buscar aquellos objetivos laborales que necesitan o mejorar las condiciones salariales que les permita tener una vida.

Últimamente, observamos mucho en los medios de comunicación como en especial, los jóvenes, se pueden ver afectados por los cambios o la incertidumbre laboral. En terapia también observamos la demanda de muchos jóvenes con inseguridades y miedo a cambiar de trabajo o verse en situaciones totalmente precarias. Hay que tener en cuenta, que muchos jóvenes hoy en día tienen una formación muy amplía y están muy cualificados para poder avanzar en su profesión.

Sin embargo, es muy significativo cuando comprobamos que a pesar de toda la preparación adecuada, se ven sometidos en trabajo precarios y abusivos, en los que además no son valorados profesionalmente. Todo esto puede conllevar una inestabilidad emocional, además de afectar gravemente a la autoestima.

Algunas demandas en terapia más allá de ayudar a gestionar dichos cambios, también nos hacemos frente ante despidos improcedentes con alegaciones incoherentes o la privación de  renovaciones contractuales con la única finalidad de tener contratos temporales que permitan mayor ahorro económico por parte de la empresa. Debido a estas situaciones, mucha gente acaba optando por la posibilidad de opositar, pero este camino tampoco es fácil ya que, conlleva un cambio importante en el modo de vida.

Todos estos factores pueden perjudicar a la estabilidad emocional de una persona. ¿Cómo podemos gestionar emocionalmente los cambios laborales?

  • Deja fluir las emociones,  al contrario de lo que opinan muchas personas, reprimir las emociones solo nos puede perjudicar. Respetemos nuestro momento de indecisión, nuestro miedo o nuestra rabia. Son emociones necesarias y está bien vivirlas para que puedan ser pasajeras y no se queden enquistadas.
  • Aceptar la situación, es mejor focalizarse en aquello que sí podemos gestionar o controlar por nuestra parte que frustrarnos por acontecimientos o cambios que no están en nuestro poder.
  • Busca tus refugios externos, aquellos sitios o momentos del día a día que te permite resetear y afrontar los cambios desde otro punto de vista.
  • Focalizate en los aspectos positivos del cambio, en ocasiones puede provocar mucho vértigo cambiar de trabajo o asumir nuevos patrones en un mismo puesto laboral, pero puede que dentro de estos cambios se dé una oportunidad buena, busca aquello que puedes ganar con el cambio.
  • Valora tus cualidades laborales, y manten objetivos profesionales a los que quieras llegar y ponte a ello, actuación para alcanzarlos.
  • Siempre te puedes apoyar en tus seres queridos, te puede ayudar a despejar la mente y valorar la situación desde otra perspectiva.

Por otro lado, nos podemos ver en la situación de interrumpir nuestro ejercicio profesional en contra de nuestra voluntad. ¿Qué pasa si me han despedido?

El despido es un duelo como otro cualquiera y necesita pasar una serie de fases que nos permita gestionar lo sucedido.

  • Negación. A veces es muy díficil reconocer la situación acontecida. Esto puede conllevar rabia y frustración constante posicionando a la persona en irritabilidad constante.
  • Negociación, en esta fase nos intentamos autorregular utilizando frases como, “todo va a salir bien”.
  • Tristeza, esta fase se caracteriza por un sentimiento de vacío e incertidumbre, esto provoca una desmotivación profunda. Es importante tener en cuenta que los motivos de despedido, en ocasiones, van más allá de nuestras cualidades y profesionalidad.
  • Valoración de la situación, se revisa los aspectos de la organización y se empieza a valorar nuevas oferta de empleo.
  • Aceptación, que consiste en reconocer de forma sincera la situación y aceptarla, sin buscar culpables y asumiéndola. Es un proceso de adaptación a la nueva situación, sin resignación.

Cualquier cambio laboral o situación de desempleo  es un factor estresante que en ocasiones sea difícil de gestionar, por ello, no dudes en contactarnos desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

Fuerza-de-voluntad

4 tips para entrenar tu fuerza de voluntad

Es posible que alguna vez nos hayamos dicho a nosotras mismas que queremos aprender un nuevo idioma, tener mejores hábitos de sueño, apuntarnos a clases de guitarra, llevar un estilo de vida más saludable, es decir, realizar ejercicio físico varias veces en semana, introducir más verduras y frutas en nuestra dieta, reducir el consumo de alcohol, pero nunca lo conseguimos porque NO TENEMOS FUERZA DE VOLUNTAD, porque un día determinado se nos agotó y no sabemos donde comprarla. Pues tranquilas, porque no está todo perdido, la fuerza de voluntad se crea, se construye y se entrena.

¿Pero que es eso de la fuerza de voluntad?

Etimológicamente, la palabra voluntad proviene del latín y podríamos traducirla como querer o desear, pero no es tan sencillo. Podríamos definirla como la habilidad para resistir las tentaciones a corto plazo, con el objetivo de cumplir metas o propósitos a largo plazo.

¿Qué podemos hacer para entrenarla?

1. En primer lugar, sería recomendable establecer una serie de metas concretas, realistas y alcanzables a corto/medio plazo.

Si pretendemos ser culturistas el mes que viene, probablemente nos frustremos viendo que eso no se alcanza. Nos lo tenemos que poner fácil, empezaremos con objetivos “sencillos” para luego ir subiendo la dificultad. Así en este caso, podemos comprometernos con ir 2 días al gimnasio/salir a caminar/practicar algún deporte y luego ir aumentando la frecuencia y la intensidad (si ese es nuestro objetivo).

2. Planificar que día vamos a hacer lo que nos hemos propuesto, a que hora y durante cuanto tiempo.

El martes y el jueves a las 09.00h voy a ir una hora al gimnasio. Si lo dejamos en manos del destino, nunca nos va a parecer la mejor opción, se está mucho más cómoda en la cama.

3. Evitar lo que nos va a impedir conseguir nuestro objetivo y reforzarnos si lo cumplimos.

Si la noche anterior me voy a dormir muy tarde, salgo de fiesta con mis amigas y me tomo unas copas, nunca dejo preparadas las zapatillas y la ropa deportiva, etc, me va a costar mucho más levantarme para hacer ejercicio que si me voy a dormir a una hora prudencial y dejo listo todo lo necesario la noche anterior.

Si consigo ir martes y jueves al gimnasio, voy a ir al cine a ver esa peli que tanto me gusta, voy a prepararme mi cena favorita o voy a darme un baño relajante.

4. Anotar los beneficios de llevar a cabo nuestro objetivo y anticipar como nos vamos a sentir si lo conseguimos.

Aunque empecemos muy motivadas, es normal que a veces no nos apetezca o prefiramos hacer otras cosas o nos engañemos a nosotras mismas diciéndonos que por un día no pasa nada, que ya lo haremos mañana, que empezamos el lunes… Por eso nos puede venir muy bien anticipar los beneficios de la consecución de nuestro objetivo.

Me había propuesto hacer ejercicio, pero hoy es un día frío y lluvioso de otoño y me apetece mucho más quedarme en el sofá con la mantita viendo netflix. Sin embargo, sé que lo más costoso es ponerme en marcha y que una vez que esté en el gimnasio voy a sentirme súper bien porque estoy mejorando mi resistencia y mi forma física, me siento más ágil y además por la noche voy a dormir mucho mejor, por lo tanto me voy a sentir orgullosa de mi misma.

En definitiva, no hay una receta universal para mejorar nuestra fuerza de voluntad, a cada una le funcionan unas cosas, pero tenemos control sobre eso y por lo tanto podemos trabajarla.

Estas son solo algunas recomendaciones, pero si no sabes cuales son tus objetivos o como empezar, desde Quiero psicología podemos ayudarte.

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¿Cómo sé si soy asexual?

En la segunda mitad del mes de octubre se celebra La Semana de la Conciencia Asexual, una campaña internacional cuyo objetivo consiste en educar sobre las identidades de las personas asexuales, arrománticas (que no sienten una atracción romántica), demisexuales (únicamente sienten atracción sexual hacia alguien con quien se ha establecido previamente un vínculo afectivo), y grisexuales (persona con una baja pulsión sexual o que solo siente atracción sexual hacia otra que cumpla una determinada característica, circunstancia o situación)..

Hoy nos centraremos específicamente en la asexualidad y algunas preguntas, mitos y creencias frecuentes asociadas a ella.

¿En qué consiste está orientación sexual exactamente?

 La asexualidad se define como la ausencia de atracción sexual dirigida hacia otras personas. Las personas asexuales pueden sentir otro tipo de atracciones como romántica, afectiva, estética… etc. Por lo tanto, pueden ser asexuales y heterorrománticas, birrománticas, homorrománticas o arrománticas

¿Eso no es tener bajo deseo?

Un mito frecuentemente extendido sobre las personas asexuales es que no experimentan lívido o deseo sexual. Esto no es exactamente lo mismo que ser asexual: una persona puede ser hetero, bi, homosexual y tener un deseo sexual bajo, alto o cambiante, no es dependiente de que orientación sexual tenemos. Las personas asexuales también pueden tener un deseo bajo o alto, pero esto no cambia el hecho que experimentan nula o poca atracción sexual orientada hacia otras personas. ¡Son dos cosas completamente distintas!

¿Las personas asexuales se masturban?

Del mismo modo, las personas asexuales pueden querer masturbarse más o menos a menudo (o jamás) debido a que el deseo que tenemos, es independiente de que nos atraiga una persona sexualmente.

¿Las personas asexuales tienen relaciones sexuales?

Algo similar puede suceder con las prácticas sexuales con otras personas. Una persona asexual puede querer tener relaciones sexuales con otras personas con más o menos frecuencia. Yo puedo querer experimentar satisfacción sexual sin tener necesariamente atracción sexual dirigida hacia otras personas, aunque es probable que pueda interesarme menos a menudo que a una persona alosexual (personas que sí experimentan atracción sexual).

Es interesante que frecuentemente para muchas personas asexuales las fantasías o prácticas sexuales suelen estar mucho más centradas en el qué hago que con quién.

Es decir, lo erotizado (lo que “me pone”) suele ser más la práctica en sí, el escenario, los juguetes, el contexto… etc. que las personas involucradas. El deseo puede partir más de lo que se hace en sí que del hecho de erotizar a una persona concreta. El BDSM por ejemplo puede ser una práctica sexual o no: por ejemplo, el shibari o bondage (atadura de personas) no tiene por qué ser sexual (puede ser sensual, estético, dramático, liberador), las cosquillas pueden ser sexuales o no… Incluso la masturbación puede no ser sexual y puedo usarla como un alivio de tensión corporal.

Por esto para algunas personas asexuales el BDSM puede ser particularmente interesante, aunque otras personas lo asocien directamente a atracción sexual dirigida hacia otras personas. Por supuesto esto tampoco significa que sea el caso de todas las personas asexuales ni la mayoría.

Esto, de nuevo, no significa que a las personas asexuales no les atraigan las personas, sino que no experimentan atracción sexual hacia otras personas o no tan frecuentemente ni con tanta intensidad. Sin embargo, si les pueden atraer románticamente, estéticamente, platónicamente, amistosamente… etc.  Pueden tener prácticas eróticas consigo mismas o no, tener relaciones sexuales con otras personas o no… al igual que las personas de otras orientaciones sexuales.

Del mismo modo que no eres más o menos bisexual por salir con más hombres, mujeres o personas no-binarias (recordatorio que a una persona heterosexual si no sale con nadie no se le cuestiona su heterosexualidad) una persona asexual no es más o menos asex por cómo ni con quién se relaciona ni las prácticas que tiene.

Cada persona asexual puede tener una definición individual y personal sobre lo que es ser asex para ella y esto es válido, legítimo y merece respeto, tolerancia y aceptación.

La asexualidad no es una patología ni algo que corregir, las personas asexuales no están rotas ni incompletas. Las personas asexuales no son fruto de un trauma, y en el caso de que alguien sea asex y tenga algún trauma es indispensable recordar que las sexualidades a las cuales les atraviesa algún trauma son igual de válidas y merecen autodescubrirse libres de estigmas.

Existen personas hetero traumatizadas y no se cuestiona e invalida su orientación sexual a raíz de eso ni se plantea jamás que la heterosexualidad sea algo a corregir o modificar (en terapia ni en ningún lado). La asexualidad u otras orientaciones disidentes merecen la misma comprensión y apoyo en estas situaciones que las personas asexuales (y es responsabilidad por parte de las personas que nos dedicamos al ámbito sanitario garantizar estos derechos).

Las personas asexuales merecen no ser cuestionadas, que se las escuche y acompañe y que sean aceptadas igual que el resto de las identidades afectivo-sexuales. La asexualidad merece ser reconocida dentro de la diversidad humana como cualquier otra orientación: necesaria, válida, libre y digna de que se le garanticen los mismos derechos, celebración y visibilidad, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte y acompañarte.

Trauma por abandono

En muchas ocasiones en terapia se intervienen en situaciones orientadas al miedo que nos produce tan solo pensar en la soledad. Miedo a que nuestra pareja nos deje o miedo a desvincularse de determinadas amistades que ni siquiera nos hacen sentir bien. En un porcentaje muy elevado ese miedo va vinculado al trauma que una persona ha podido tener por abandono ya sea físico, emocional o ambos.

Una persona puede sentir abandono emocional aunque las personas estén a su alrededor cubriendo las necesidades fisiológicas. El abandono también se puede sentir por una muerte inesperada, aunque evidentemente esto ha sido en contra de la misma persona, puede conllevar que sintamos un abandono y una soledad profunda, así como también puede suceder en las personas que han sido adoptadas.

El trauma por abandono suele tener su origen en la infancia. Sufrir un abandono en la infancia es algo  importante que conlleva dificultades a la hora de  relacionarse con el mundo en la vida adulta. Este sentimiento puede tener una grave consecuencia en la autoestima y cuando en alguna ocasión nos encontremos en  situaciones complicadas como por ejemplo; un despido laboral, una ruptura de pareja etc, enseguida nos llevaremos esto al terreno totalmente personal sintiéndonos inválidos y poco suficientes para los demás.

En este caso nos vemos en la obligación de volver a aprender determinadas cosas por nosotros mismos, a vernos y valorarnos como realmente nos merecemos.

¿Qué consecuencias podemos tener?

Es importante entender que no todo el mundo aceptan y expresan las emociones y el dolor de la misma manera, va a depender de muchos factores en los que se hayan desarrollado, no obstante, podrían existir consecuencias comunes:

  • Una de las consecuencias más obvias que podemos observar en la sesión es la dificultad a la hora de establecer relaciones tanto sentimentales como sociales de manera estable. Las personas con sentimientos de abandono tienden a la desconfianza, sentirse vulnerables, o incluso tener épocas de tristeza y apatía que a veces no saben reconocer de donde provienen.
  • Es común observar conductas de autosabotaje (siempre de manera inconsciente). Cuando una persona se encuentra en una relación en ocasiones su propia sensación de poca valía puede provocar conductas y actitudes que conlleven a la ruptura. Esto ocurriría porque no se consideran merecedores de la felicidad..
  • Es posible que haya problemas de una gran dependencia emocional o ansiedad por relacionarse teniendo la necesidad de aprobación y reconocimiento siempre de manera externa.
  • A su vez, es común sufrir ciertas “reminiscencias emocionales”. En ocasiones, algo o alguien reactiva sus sentimientos de abandono y todo su mundo se paraliza de nuevo.
  • Puede aparecer la ansiedad sostenida en el tiempo. Las personas con heridas por abandono suelen estar en un estado constante de hipervigilancia. Al haber vivido situaciones de peligro en la infancia sin que nadie los socorriera, aprenden a no pedir ayuda y tener que reprimir las emociones.

¿Cómo se puede trabajar este trauma?

En una primera instancia hay que hacer un viaje a nuestro mundo interior, utilizar el diario emocional, mirarse al espejo desde la consciencia, poner en práctica conductas y actividades que conlleven ponerse como prioridad. Sobre todo y muy necesario un proceso terapéutico que permita llegar a la introspección y autocuidado, si quieres que nosotras seamos la mano experta que te acompañe en Quiero Psicología estaremos encantadas.