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Atracones, ansiedad, restricción alimentaria y culpa en Navidad.

Las festividades navideñas conforman un contexto sociocultural de elevada carga simbólica, donde la alimentación trasciende su función nutricional y se convierte en un dispositivo relacional. No obstante, para un número creciente de personas, este entorno alimentario hiperestimulante actúa como un estresor psicológico capaz de activar patrones disfuncionales vinculados a la conducta alimentaria, entre ellos los episodios de atracón, ansiedad, la restricción cognitiva y la vivencia intensa de culpa post-ingesta.

Comida, normatividad social y dinámica festiva

La Navidad introduce una norma implícita: comer es participar. Los menús abundantes, la insistencia social para consumir alimentos específicos y la centralidad simbólica del banquete actúan como presiones normativas externas. Desde el punto de vista psicológico, estas variables interfieren con la autorregulación alimentaria, favoreciendo mecanismos como:

  • Sobresaliencia atencional hacia la comida
  • Incremento de la reactividad emocional
  • Disminución de la capacidad de inhibición conductual, especialmente en estados de fatiga o estrés

    Esto puede derivar en conductas alimentarias impulsivas o rígidas, particularmente en sujetos predispuestos.

Restricción cognitiva: El precursor del atracón

La literatura científica evidencia que el factor que mejor predice un episodio de atracón no es la disponibilidad de comida, sino la restricción cognitiva. Esta consiste en una autoimposición de normas alimentarias rígidas, acompañada de pensamientos dicotómicos del tipo:

  • “No debería comer X”
  • “Si comienzo, no podré parar”
  • “Mañana compenso”

Este patrón genera una disociación entre señales interoceptivas (hambre, saciedad) y toma de decisiones alimentaria. Al desbordarse la capacidad de control, se produce el atracón como respuesta fisiológica y emocional: un intento de autorregulación fallida.

El Atracón como Conducta Reguladora

El atracón no es un acto impulsivo carente de significado; posee función psicológica. Puede entenderse como:

  • Estrategia desadaptativa de regulación emocional
  • Dispositivo evitativo ante estados afectivos aversivos (soledad, vergüenza, ansiedad)
  • Respuesta neuroconductual ante la privación alimentaria

Culpa Post-Ingesta.

Después del atracón aparece un conjunto de cogniciones automáticas caracterizadas por:

  • Autorreferencias negativas (“soy débil”)
  • Inferencias globales sobre la identidad (“no valgo”)
  • Distorsiones cognitivas como pensamiento polarizado o sobregeneralización

La culpa no funciona como inhibidor conductual, sino como mantenedor del trastorno: aumenta la ansiedad, promueve nuevas restricciones y perpetúa el ciclo disfuncional restricción → atracón → culpa → restricción.

Claves para relacionarnos mejor con la comida en Navidad

1. Abandona el enfoque compensatorio

Las conductas del tipo “hoy me paso, mañana me restrinjo” generan oscilaciones emocionales y fisiológicas que predisponen al atracón.

Reemplazo:
Planificar tres comidas y dos ingestas intermedias mantiene la glucemia estable y reduce el pensamiento obsesivo sobre la comida.

2. Establece objetivos realistas, no ideales

Metas como “no comeré dulces” son rígidas y vulneran el sentido de autoeficacia. Los objetivos terapéuticamente óptimos son flexibles, concretos y observables, por ejemplo:

  • “Probaré los alimentos que deseo, atendiendo a mi saciedad”
  • “Me serviré una cantidad que pueda disfrutar sin prisa”

3. Practica alimentación basada en señales internas

Reconectar con las señales interoceptivas permite que la conducta alimentaria se regule desde el cuerpo, no desde la norma externa.

Preguntas de autorregulación interoceptiva:

  • ¿Qué nivel de hambre siento del 1 al 10?
  • ¿Qué textura o sabor deseo realmente?
  • ¿Estoy satisfecho o solo dejo de comer por obligación social?

4. Disminuye la moralización alimentaria

Conceptos como “portarse bien/mal”, “picar”, “permitirse” o “excederse” trasladan la comida al terreno moral y activan la culpa.

Intervención cognitiva:
 Sustituye etiquetas morales por descripciones neutrales: “he comido más de lo habitual”, “este alimento me resulta agradable”.

5. Gestiona la presión social

La insistencia para comer más puede actuar como disparador. Ensayar frases asertivas reduce la ansiedad anticipatoria.

Ejemplos:

  • “Gracias, está delicioso, y ya estoy satisfecho.”
  • “Lo disfrutaré más tarde si me apetece”.

6. Planifica alimentos que aporten placer y nutrición

Integrar alimentos deseados desde el principio disuelve la lógica de prohibición.

Ejemplo clínico:
 Permitir una porción del dulce favorito evita el efecto “ya que rompí la dieta, como todo”.

7. Integra rituales no alimentarios

Sacar la comida del centro absoluto redistribuye la valencia emocional del evento navideño.

Ideas:
 Juegos, paseos, música, fotografías, conversaciones temáticas, actividades cooperativas.

8. Si apareciera un atracón, detén el ciclo de castigo

No compenses, no te restrinjas, no te castigues. El foco es la ruptura del bucle. Analiza el episodio desde la comprensión, no desde la sanción.

Pregunta clave:
 ¿Qué emoción intentó regular este comportamiento? 

Conclusión

La Navidad no genera problemas alimentarios por sí misma, pero sí expone y exacerba patrones previos. Reconocer la relación entre restricción, atracón y culpa no implica patologizar la comida, sino comprenderla como un fenómeno biopsicosocial complejo. Intervenir a tiempo permite no solo mejorar la conducta alimentaria, sino integrar una relación más flexible, compasiva y funcional con el cuerpo y la experiencia de comer.

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La mirada médica sobre la identidad de género

A lo largo del siglo XX, la identidad de género fue tratada desde la mirada médica y la psicología como un trastorno mental. En manuales diagnósticos como el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) o la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades), la transexualidad aparecía bajo categorías como “trastorno de identidad de género” o “desviación sexual”.

Esta clasificación, más que describir una realidad clínica, reflejaba los valores culturales de la época: la idea de que el cuerpo y la identidad debían corresponder según normas binarias. La consecuencia fue la patologización de la diversidad de género, es decir, convertir una variación humana en una enfermedad.

El impacto de este enfoque fue profundo. Miles de personas trans fueron sometidas a tratamientos “correctivos”, medicación psiquiátrica o internamientos. Pero más allá del ámbito clínico, el estigma se amplificó en el espacio público, especialmente a través del cine y los medios de comunicación.

Ed Gein y el nacimiento de un imaginario peligroso

El caso de Ed Gein, asesino y profanador de tumbas en los Estados Unidos de los años 50, es un punto clave para comprender cómo la cultura comenzó a asociar la transgresión de género con la enfermedad mental o el crimen.

Aunque Gein no era trans, su historia inspiró a personajes icónicos del cine de terror y el thriller psicológico, como Norman Bates (Psycho), Leatherface (The Texas Chainsaw Massacre) y Buffalo Bill (The Silence of the Lambs).
Este último personaje, en particular, fue retratado como un hombre perturbado que deseaba transformarse en mujer, llegando a confeccionar un “traje de piel femenina”.

A pesar de que El silencio de los corderos aclara que Buffalo Bill “no es realmente trans”, la imagen que quedó en el imaginario colectivo fue distinta: la de un “hombre enfermo” que confunde su identidad con la locura.
Así, la ficción mezcló elementos del caso real de Gein —un perfil criminal complejo y violento— con rasgos asociados a la identidad de género, difuminando la frontera entre diversidad y patología.

De la clasificación al reconocimiento

El cambio de paradigma comenzó lentamente hacia finales del siglo XX. El activismo trans, los estudios de género y una psicología más crítica impulsaron la revisión de los manuales diagnósticos.
En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio un paso histórico al eliminar la “transexualidad” de la lista de trastornos mentales y reclasificarla como incongruencia de género dentro del ámbito de la salud sexual.

Este cambio no es solo terminológico: supone reconocer que ser trans no implica enfermedad mental, sino que el sufrimiento que muchas personas trans experimentan proviene de la discriminación, la exclusión y la falta de aceptación social.

La psicología actual busca acompañar los procesos de afirmación de género desde el respeto, la validación y el bienestar integral, alejándose de la mirada patologizante.

El papel de la psicología y los medios hoy

El reto contemporáneo de la psicología no se limita a cambiar etiquetas diagnósticas, sino a reconstruir narrativas. Durante décadas, el cine, la literatura y la prensa alimentaron el estereotipo del “trans perturbado”, confundiendo la búsqueda de identidad con la locura o la violencia.

Superar estos imaginarios requiere un trabajo ético y educativo: revisar cómo comunicamos, representamos y comprendemos la experiencia trans.
En este sentido, la psicología tiene un papel crucial en la educación emocional y social, promoviendo una mirada basada en la empatía, la diversidad y los derechos humanos.

Conclusión

Durante gran parte del siglo XX, la ciencia y la cultura contribuyeron a ver a las personas trans como enfermas mentales, reforzando prejuicios y sufrimiento. Casos mediáticos como el de Ed Gein, reinterpretados por la ficción, alimentaron una narrativa que asociaba la identidad de género con la patología o la violencia.

Hoy, la psicología contemporánea reconoce la identidad trans como una expresión legítima de la diversidad humana. Abandonar la patologización y construir espacios de comprensión no es solo un deber ético de la disciplina: es una forma de reparar históricamente el daño causado por el estigma y avanzar hacia una sociedad más justa e inclusiva. 

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Límites entre el deseo sexual normal y la conducta obsesiva

El deseo sexual es una parte natural de la vida humana. Forma parte de nuestra biología, de la intimidad en pareja y de la manera en que nos relacionamos con el placer. Sin embargo, existen situaciones en las que ese deseo se vuelve tan intenso o difícil de manejar que deja de ser una experiencia saludable.

Deseo sexual saludable

En psicología se entiende que la sexualidad es normal cuando cumple estas características:

  • Flexibilidad: el deseo aumenta o disminuye según factores como el estrés, la edad, la salud o la relación de pareja.
  • Integración: no interfiere de manera negativa con el trabajo, los estudios, la familia ni la vida social.
  • Control voluntario: la persona puede decidir cuándo y cómo expresar su sexualidad.
  • Respeto y consentimiento: las conductas no ponen en riesgo la integridad propia ni la de los demás.

Conducta sexual problemática u obsesiva

Cuando la necesidad sexual se vuelve difícil de controlar y empieza a generar consecuencias negativas, hablamos de conducta sexual compulsiva o de un patrón de hipersexualidad.

Algunos síntomas característicos son:

  • Pensamientos intrusivos: el sexo ocupa gran parte del tiempo mental, incluso en momentos poco apropiados.
  • Pérdida de control: dificultad para frenar la conducta, aunque se tengan claras las consecuencias.
  • Uso como escape emocional: recurrir al sexo para calmar ansiedad, soledad o tristeza.
  • Impacto en la vida diaria: descuido de responsabilidades, bajo rendimiento laboral o académico, problemas en la pareja.
  • Prácticas de riesgo: conductas sexuales inseguras, exposición a enfermedades o a situaciones peligrosas.
  • Malestar subjetivo: sentimientos de culpa, vergüenza o frustración tras la conducta.

Factores asociados

No se trata de una sola causa, sino de una combinación de variables:

  • Estrés crónico y falta de estrategias de afrontamiento.
  • Ansiedad generalizada o depresión, donde el sexo funciona como escape.
  • Traumas previos, como abuso sexual o negligencia emocional en la infancia.
  • Falta de educación sexual, lo que genera mitos, culpa o búsqueda descontrolada de placer.
  • Consumo de sustancias (alcohol, drogas, fármacos estimulantes).
  • Acceso ilimitado a pornografía y contenidos sexuales en línea, que puede reforzar el patrón compulsivo.
  • Dificultades en las relaciones afectivas (soledad, problemas de pareja, aislamiento social).
  • Impulsividad elevada o dificultad para postergar gratificaciones.
  • Trastornos de personalidad (por ejemplo, rasgos límite, antisociales o narcisistas, en algunos casos).
  • Baja autoestima o búsqueda constante de validación a través del sexo.
  • Contexto cultural o social donde el sexo se usa como forma de poder, dominio o autoafirmación.
  • Disponibilidad tecnológica: aplicaciones de citas, chats eróticos o redes sociales que facilitan la gratificación inmediata.

¿Cuándo buscar ayuda?

La recomendación es acudir a un profesional cuando:

  • El sexo genera más malestar que placer.
  • Se experimenta pérdida de control.
  • Afecta a otras áreas importantes de la vida.
  • Se ponen en riesgo la salud o las relaciones.

La psicoterapia especializada y, en algunos casos, el apoyo farmacológico, pueden ayudar a recuperar el equilibrio y construir una vivencia sexual más libre y satisfactoria.

El límite no está en la frecuencia ni en la intensidad del deseo, sino en el impacto que tiene en la vida y en el bienestar de la persona.

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Volver al trabajo y sentir agobio

¿Cómo afrontar la vuelta a la rutina y reconectar con lo que te apasiona?

Volver al trabajo después de unas vacaciones, una baja o simplemente tras un tiempo de desconexión puede resultar abrumador. Para muchas personas, el regreso a la rutina laboral viene acompañado de ansiedad, desgana e incluso una sensación de vacío o falta de sentido. Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Qué podemos hacer cuando sentimos que no queremos volver? Y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar la motivación y encontrar proyectos que realmente nos inspiren?

¿Por qué me siento así al volver al trabajo?

El agobio al regresar a la rutina no es solo una cuestión de pereza o falta de voluntad. Hay varios factores psicológicos que pueden estar en juego:

  • Desconexión entre tus valores y tu trabajo, Si lo que haces a diario no te representa, no te motiva o no te permite crecer, tu mente y tu cuerpo lo notan. El trabajo deja de ser una fuente de realización y se convierte en una carga.
  • Sobrecarga anticipatoria. Solo pensar en los correos acumulados, las reuniones pendientes o los conflictos sin resolver puede generar una ansiedad anticipatoria que te paraliza.
  • Falta de descanso real, A veces “descansamos” sin haber desconectado de verdad. El móvil, las preocupaciones o la culpa por no ser “productivos” pueden impedir una recuperación auténtica.
  • Síndrome postvacacional. Aunque no es un trastorno clínico, este estado de ánimo bajo y falta de energía que puede durar algunos días tras volver al trabajo es más común de lo que parece.

¿Qué problemas me puedo encontrar?

Volver sin motivación o con ansiedad puede tener consecuencias si no se aborda a tiempo:

  • Desmotivación constante: La apatía se convierte en la norma.
  • Bajada del rendimiento: La productividad y la calidad del trabajo se ven afectadas.
  • Problemas físicos y emocionales: Fatiga, insomnio, irritabilidad o síntomas psicosomáticos.
  • Conflictos laborales: Al estar más irritable o desconectado, pueden aumentar los roces con compañeros o superiores.

¿Cómo encontrar proyectos que me apasionen?

No siempre es posible dejarlo todo y empezar de cero, pero sí puedes hacer pequeños movimientos para acercarte a lo que te motiva:

  • Haz una pausa consciente. Pregúntate: ¿qué me gusta hacer? ¿Qué actividades me llenan, incluso fuera del trabajo? ¿Cuándo me siento más conectado conmigo mismo?
  • Revisa tus valores. Identifica tus valores fundamentales (creatividad, libertad, seguridad, impacto, conexión…) y analiza si tu trabajo actual los respeta o contradice.
  • Explora dentro y fuera del trabajo. Tal vez no puedas cambiar de empleo de inmediato, pero sí puedes buscar proyectos paralelos, proponer nuevas ideas en tu equipo o formarte en algo que te motive.

¿Cómo paliar la vuelta a la rutina?

Aquí algunas estrategias prácticas para amortiguar el golpe del regreso:

  • No intentes volver al 100% desde el día uno. Dosifica la carga de trabajo. Prioriza y no te exijas estar “al día” desde el primer momento.
  • Recupera tus rituales. Una taza de café tranquila, caminar al salir del trabajo o escuchar música en el trayecto pueden marcar la diferencia.
  • Agenda momentos agradables. Planea actividades placenteras fuera del horario laboral: cine, ejercicio, una comida con amigos.
  • Habla de cómo te sientes. Compartir tu malestar puede darte alivio y ayudarte a sentirte comprendido.
  • Haz pequeños ajustes. Cambiar el espacio de trabajo, replantear tus objetivos semanales o delegar tareas pueden ser mejoras importantes,

Sentirte agobiado al volver al trabajo no te hace débil ni raro. Es una señal de que algo dentro de ti pide atención. Tal vez necesites descansar más, establecer límites o replantearte tus metas. Lo importante es no ignorar lo que sientes.

Si consideras que no puedes afrontar la vuelta a la realidad, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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La tiranía del cuerpo perfecto: autoestima corporal, mujeres, disidencias y redes sociales en verano

Llega el verano y con él el calor, las vacaciones… y la presión estética. Para muchas mujeres y personas disidentes, esta época no solo supone un cambio de ropa, sino también una mayor exposición al juicio externo. En redes sociales, en la calle, en la playa: los cuerpos son observados, comentados y comparados.

Y mientras se nos vende libertad, en realidad se nos impone un estándar corporal tan estrecho como asfixiante.

¿Por qué el verano golpea más fuerte?

El verano nos expone. La ropa se acorta, los cuerpos se muestran y las redes se llenan de imágenes que repiten un mismo ideal: delgadez, piel perfecta, cuerpos depilados, vientres planos, músculos tonificados… Este bombardeo afecta especialmente a mujeres, personas trans, gordas, racializadas, neurodivergentes o con discapacidades.

La presión no es solo estética: también es política, social y emocional.

¿Qué tiene que ver la autoestima corporal?

La autoestima corporal no es “quererme mucho todos los días”. Es construir una relación de respeto con el cuerpo, incluso cuando no encaja en lo que el mundo celebra. Para muchas mujeres y disidencias, esa relación se ve dañada por años de mensajes que asocian el valor personal con la apariencia física.

En verano, esto se intensifica: aparece la comparación, el rechazo, el intento de ocultarse o cambiar a contrarreloj. Pero podemos trabajar para desactivar esa tiranía.

Claves prácticas para resistir la presión estética este verano

  • Cuestiona el ideal, no tu cuerpo

El problema no está en tu cuerpo, sino en el modelo que lo invalida.

Pregúntate:

 “¿A quién beneficia que me sienta mal con mi cuerpo?”

Las industrias de las dietas, la moda, las operaciones estéticas o los filtros vive de tu inseguridad. Empieza por hacer consciente ese sistema.

  • Haz limpieza de redes

    Dedica 15 minutos a revisar a quién sigues. Si hay cuentas que te hacen sentir menos, culpa o vergüenza: silencia o deja de seguir.

    Sigue perfiles que muestren cuerpos diversos, mensajes feministas o enfoques de salud desde el autocuidado y la inclusión.

    • Vístete para el placer, no para encajar

    ¿Te incomoda usar ciertas prendas? No te obligues, pero tampoco renuncies si lo que te frena es el miedo al juicio.

    Tarea: haz el ejercicio de ponerte esa ropa en casa, frente al espejo, y conecta con cómo se siente en tu cuerpo más allá de cómo se ve.

    • Redefine el autocuidado

    El autocuidado no es “mejorar mi cuerpo para el verano”, sino tratarlo con respeto: dormir, alimentarte con cariño, descansar, moverte de forma placentera, poner límites.

    Pregúntate cada día: “¿Qué necesita hoy mi cuerpo para sentirse bien?”

    • Practica el diálogo compasivo

    En lugar de criticar tu reflejo, habla como lo harías a una persona que quieres.

     “Hoy no me siento bien en mi piel… pero mi cuerpo no tiene la culpa.”

    Hazlo en voz alta si puedes. La autocompasión es una habilidad entrenable y poderosa.

    • Reúnete con cuerpos reales

    Rodéate de personas que no se reduzcan a su apariencia. Habla del tema, comparte inseguridades, desactiva el tabú.

    La vergüenza se alimenta del silencio. En comunidad se diluye.

    Cuerpo libre, cuerpo presente

    No necesitas un “cuerpo de verano”. Ya lo tienes. Cada cuerpo que habita este mundo merece respeto, espacio y placer, sin condiciones.

    Este verano, en lugar de cambiar tu cuerpo, cambia el marco: deja de pensar que debes encajar, y empieza a preguntarte cómo cuidarte sin violencia estética.

    Si tu insatisfacción corporal te limita en tu día a día, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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    El perfeccionismo en los Trastornos de la Conducta Alimentaria

    Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, no se explican únicamente por una preocupación por el peso o la imagen corporal. Cada vez más investigaciones apuntan al perfeccionismo como un rasgo de personalidad profundamente implicado en el desarrollo, mantenimiento y recaída de estos trastornos. Pero, ¿qué significa realmente ser perfeccionista y por qué este rasgo está tan estrechamente relacionado con los TCA?

    ¿Qué es el perfeccionismo?

    El perfeccionismo es una tendencia a fijarse estándares extremadamente altos y rígidos para uno mismo, acompañado de una autocrítica excesiva cuando no se alcanzan esos estándares. Aunque en su forma más adaptativa puede estar vinculado a la motivación y el logro, cuando es desadaptativo se convierte en una fuente de malestar emocional, rigidez cognitiva y baja autoestima.

    Perfeccionismo y TCA: ¿Cuál es la conexión?

    Varios estudios han identificado al perfeccionismo como un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de un TCA. Este rasgo se manifiesta en distintos niveles del trastorno:

    1. Como factor predisponente. Muchos individuos con TCA reportan haber tenido rasgos perfeccionistas desde la infancia. Esta tendencia puede surgir en contextos familiares exigentes o críticos, donde el afecto y el reconocimiento están condicionados al rendimiento o a la obediencia. En estos casos, la persona desarrolla una autoimagen dependiente del éxito y del control, aspectos que se trasladan luego a la alimentación y la imagen corporal.
    2. Como factor precipitante. Durante momentos de transición vital (pubertad, cambios sociales, estrés académico), el perfeccionismo puede centrarse en el cuerpo como objeto de control. La dieta extrema o la pérdida de peso se convierten en una forma de demostrar autocontrol, competencia y “valía”, en un intento de alcanzar ideales irreales de belleza y éxito.
    3. Como factor de mantenimiento. El perfeccionismo también perpetúa el trastorno al reforzar ciclos de autoexigencia y culpa. Las reglas alimentarias rígidas, la comparación constante con otros, y la interpretación dicotómica del comportamiento (“he comido perfecto o he fracasado”) dificultan la flexibilidad necesaria para la recuperación. Incluso cuando se alcanza un peso ideal o se cumple una meta dietética, nunca es suficiente: la meta se reajusta, manteniendo el ciclo activo.
    4. Relación con la baja autoestima. El perfeccionismo en TCA suele estar vinculado a una autoestima frágil y condicionada. La autoaceptación depende de lograr estándares difíciles de cumplir. Cualquier desviación de estos ideales alimenta el sentimiento de desprecio, intensifica la sintomatología y refuerza la necesidad de control.

    Tratamiento psicológico: abordando el perfeccionismo

    La terapia cognitivo-conductual (TCC) y enfoques como la Terapia Basada en la Compasión o la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) integran estrategias específicas para trabajar el perfeccionismo. Entre ellas se encuentran:

    • Identificación y flexibilización de creencias perfeccionistas.
    • Desarrollo de una autoimagen más compasiva.
    • Exposición a errores o imperfecciones sin recurrir a conductas compensatorias.
    • Fomento de valores más amplios que no dependan del control corporal o el rendimiento.

    Conclusión

    El perfeccionismo no solo es un síntoma paralelo en los TCA, sino que muchas veces es un eje estructural del trastorno. Comprenderlo como una forma rígida y dolorosa de buscar aprobación, control o seguridad emocional, permite humanizar aún más el sufrimiento de quienes lo padecen. Para una recuperación profunda, no basta con normalizar la conducta alimentaria: es necesario transformar las creencias perfeccionistas que sostienen el malestar interno.

    apego-ansioso

    Pacientes insistentes y con apego ansioso

    Cómo intervenir sin reforzar la dependencia y favoreciendo el desarrollo y la autonomía.

    Muchos terapeutas han experimentado la complejidad de acompañar a pacientes con altos niveles de ansiedad interpersonal: aquellos que envían mensajes entre sesiones, que preguntan reiteradamente si la relación terapéutica está bien, que se angustian si el terapeuta tarda en responder o si una sesión se reprograma. Aunque a veces estas conductas pueden sentirse invasivas o demandantes, en la mayoría de los casos reflejan un patrón emocional profundamente arraigado: un estilo de apego ansioso.

    Estos pacientes no son simplemente «dependientes» o “intensos”. Están expresando, a través de su insistencia, un temor profundo a la pérdida del vínculo. Lo que buscan no es atención excesiva, sino aliviar una angustia que sienten como urgente y desbordante. El desafío clínico está en cómo sostener el vínculo con empatía, sin ceder a reforzar patrones que alimentan esa misma ansiedad.

    ¿Qué significa “apego ansioso” en la práctica clínica?

    El apego ansioso se construye muchas veces en historias donde el cuidado fue inconsistente: a veces disponible, a veces no. Como resultado, estos pacientes desarrollan la creencia de que el amor es inestable y que hay que luchar constantemente para mantener la conexión.

    En consulta, este patrón se manifiesta con:

    • Necesidad frecuente de confirmación: “¿Qué te parece/qué opinas sobre esto?”, “¿Está bien lo que dije/lo he hecho bien?”.
    • Alta sensibilidad al silencio o al cambio: interpretaciones rápidas de abandono o indiferencia.
    • Dificultad para tolerar pausas, demoras o distancia en la relación terapéutica.
    • Conductas impulsivas para aliviar el malestar: mensajes fuera de sesión, urgencias, audios, alargar las sesiones.

    Aunque comprensibles, estas conductas no ayudan a largo plazo. Al contrario, refuerzan el círculo de ansiedad – búsqueda – alivio – ansiedad, generando más dependencia.

    ¿Por qué no es útil responder a todas las demandas?

    Cuando el terapeuta responde siempre de forma inmediata a las demandas (por ejemplo, atendiendo mensajes fuera del horario o modificando frecuentemente el encuadre para evitar angustia), puede estar reforzando sin querer un patrón que perpetúa el malestar:

    • El paciente aprende que solo puede calmarse si el otro responde.
    • Se evita el contacto con el malestar, sin desarrollar herramientas para tolerarlo.
    • La ansiedad aumenta cada vez que el entorno no responde como se espera.

    Así, sin buscarlo, el vínculo terapéutico se convierte en una fuente de alivio momentáneo, pero no de crecimiento. La función del terapeuta no es estar siempre disponible, sino ayudar al paciente a tolerar mejor la espera, la incertidumbre y la autonomía emocional.

    ¿Qué estrategias clínicas se pueden implementar?

    Mapear el patrón emocional y relacional

    Antes de intervenir, es útil comprender con el paciente qué sucede cuando siente urgencia o temor al abandono:

    • ¿Qué dispara esa ansiedad?
    • ¿Qué interpreta cuando no hay respuesta?
    • ¿Qué siente y cómo actúa en esos momentos?
    • ¿Qué espera que ocurra si contacta inmediatamente?

    Explorar estas preguntas permite nombrar el ciclo y empezar a observarlo desde una posición más consciente y menos impulsiva.

    Sostener límites con claridad y calidez

    Los límites terapéuticos (como no responder mensajes fuera del horario o no extender sesiones) no son castigos. Son parte del marco de trabajo y, correctamente planteados, pueden ser contenedores de la ansiedad.

    Frases útiles para comunicar límites sin invalidar:

    • “Entiendo que fue difícil esperar. Me alegra que hayas traído eso a sesión para pensarlo juntos.”
    • “No siempre podré responder fuera de horario, pero eso no significa que no me importe tu malestar.”

    Este tipo de respuestas reconocen la emoción sin reforzar la conducta impulsiva, favoreciendo formas más saludables de conexión.

    Fortalecer recursos internos para la autorregulación

    El objetivo no es que el paciente deje de sentir angustia o necesidad, sino que pueda atravesar esos estados sin quedar atrapado en ellos ni depender exclusivamente de otro para calmarse.

    Estrategias posibles:

    • Identificar pensamientos repetitivos que intensifican la ansiedad.
    • Desarrollar autoinstrucciones: frases internas de calma y contención.
    • Técnicas de respiración, escritura o distracción que ayuden en momentos críticos.
    • Acordar planes de acción para situaciones entre sesiones (por ejemplo, esperar un tiempo antes de actuar, registrar la emoción, anticipar que será tema de la próxima sesión).

    Reforzar cada avance, por pequeño que sea

    Cuando un paciente logra no escribir fuera de sesión, tolera una espera, o puede expresar su angustia en vez de actuarla, es importante reconocerlo:

    “Eso que hiciste requiere un gran esfuerzo. Lo que antes necesitabas resolver en el momento, ahora lo pudiste sostener hasta que lo hablemos juntos.”

    El refuerzo positivo de estas pequeñas victorias fortalece su sentido de eficacia y aumenta su autoestima.

    Los pacientes con apego ansioso no necesitan más respuestas inmediatas. Necesitan experiencias relacionales que les muestren que el vínculo puede sostenerse sin urgencia, que su malestar puede ser sentido sin que se desborde, y que pueden contar con otro sin tener que pedirlo a gritos.

    Como terapeutas, nuestra tarea no es calmar cada vez que se enciende la alarma, sino acompañar a que esa alarma pierda poder. No se trata de dejar al paciente solo, sino de ayudarle a descubrir que puede estar consigo mismo sin desmoronarse.

    Un vínculo seguro no es uno sin ansiedad, sino uno donde la ansiedad puede ser pensada, sostenida y transformada.

    ruptura-amorosa

    Por qué una ruptura amorosa puede ser tan dolorosa y cómo superarla

    El fin de una relación de pareja puede ser una de las experiencias más difíciles en la vida de una persona. En muchos casos, el impacto emocional es tan fuerte que puede compararse con un duelo por el fallecimiento de un ser querido. Sin embargo, algunas rupturas duelen más que otras debido a ciertos factores emocionales y psicológicos. A continuación, exploramos las razones detrás de este dolor y cómo superarlo de manera saludable.

    Factores que intensifican el dolor de una ruptura

    • Relaciones intermitentes

    Las relaciones que terminan y se reanudan repetidamente generan una fuerte dependencia emocional. La incertidumbre y la esperanza de que «esta vez sí funcionará» pueden hacer que cada separación sea más dolorosa y confusa, alargando el proceso de duelo.

    • Relaciones tóxicas o abusivas

    Cuando una relación implica manipulación emocional o abuso psicológico, la autoestima de la víctima suele verse gravemente afectada. A pesar de que la separación es lo mejor, la persona puede sentirse perdida, culpable o incluso con miedo de seguir adelante.

    • Relaciones de alta intensidad.

    Cuando una relación es extremadamente apasionada o incluso tortuosa, la ruptura puede generar un vacío difícil de llenar. Muchas veces, la vida de una persona gira completamente en torno a su pareja, lo que hace que la separación se sienta como una pérdida de identidad y propósito.

    • Ghosting y abandono repentino

    Cuando una persona desaparece sin dar explicaciones, la otra queda atrapada en la incertidumbre. La falta de respuestas puede generar ansiedad, pensamientos obsesivos y dificultades para confiar en futuras relaciones.

    • Planes y expectativas compartidas

    Si una pareja ha construido juntos proyectos de vida (como vivir juntos, casarse o formar una familia), la ruptura no solo implica perder a la persona, sino también los sueños que se habían construido juntos. Esto puede hacer que la separación se sienta como la pérdida de un futuro entero.

    • Baja autoestima y miedo a la soledad

    Las personas con baja autoestima o con un gran temor a estar solas suelen depender emocionalmente de su pareja. Cuando la relación termina, pueden sentir que han perdido su fuente principal de validación y seguridad, lo que intensifica el sufrimiento.

    • Factores biológicos y químicos

    El amor activa en el cerebro los mismos circuitos que generan adicción. Durante una relación, se liberan dopamina y oxitocina, sustancias que producen bienestar y apego. Cuando la relación se rompe, el cerebro experimenta un «síndrome de abstinencia», lo que puede explicar la sensación de desesperación o necesidad de volver con la expareja.

    Estrategias para superar una ruptura y sanar emocionalmente

    Si bien superar una ruptura es un proceso difícil, existen estrategias que pueden ayudar a afrontar el dolor de manera más saludable:

    • Permítete sentir el dolor

    Es normal sentir tristeza, rabia o confusión tras una ruptura. Reprimir las emociones solo prolonga el sufrimiento. Permitirse llorar y expresar lo que se siente es un paso fundamental para superarlo.

    • Rodéate de apoyo.

    Hablar con amigos, familiares o gente que haya pasado por lo mismo, puede ser de gran ayuda. Expresar lo que sientes con alguien de confianza te permitirá liberar emociones y recibir nuevas perspectivas sobre la situación.

    • Evita el contacto con la expareja

    Seguir en contacto con la persona que has perdido puede dificultar el proceso de superación. Es recomendable establecer distancia, al menos en la fase inicial, para evitar recaídas y darte la oportunidad de exponerte a las mismas cosas contigo mismo o con otras personas.

    • Enfócate en ti mismo

    Aprovecha este momento para redescubrirte. Retomar pasatiempos, fijar nuevas metas, practicar algún deporte, aprender algo nuevo o dedicar tiempo a tu autocuidado te ayudará a poco a poco habituarte y disfrutar de tu propia compañía.

    • Date tiempo y paciencia

    El dolor de una ruptura no desaparece de la noche a la mañana. Superar el duelo es un proceso que toma tiempo, pero con cada día que pasa, el dolor se irá haciendo más llevadero. Sé amable contigo mismo y permítete avanzar a tu propio ritmo.

    Como decíamos al principio, superar una ruptura es todo un desafío. Si sientes que la ruptura se está volviendo insostenible y afecta tu bienestar diario, desde Quiero psicología podemos acompañarte.

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    Ghosteo en Apps de ligue

    El «ghosteo» en apps de ligue es un fenómeno social que ocurre cuando una persona corta toda comunicación sin previo aviso en entornos digitales, como las aplicaciones de citas. Esta forma de evasión, sin explicaciones ni despedidas, puede afectar la autoestima y el bienestar emocional de la persona ghosteada, influyendo en su percepción sobre las relaciones y su propio valor.

    ¿Por qué ocurre el ghosteo?

    Desde el punto de vista psicológico, hay varias razones por las cuales una persona puede optar por desaparecer sin dar explicaciones:

    1. Evitar conversaciones incómodas: Algunas personas prefieren cortar la comunicación abruptamente en lugar de afrontar una despedida o un rechazo directo.
    2. Falta de habilidades sociales y emocionales: Quienes tienen dificultades para expresar sus emociones pueden usar el ghosteo como una forma de evitar la confrontación.
    3. Cultura de inmediatez y gratificación instantánea: En las apps de ligue, donde las opciones parecen ilimitadas, algunas personas tratan las relaciones de forma desechable.
    4. Dinámica de las plataformas digitales: La facilidad para conocer a nuevas personas puede hacer que algunas interacciones se abandonen sin previo aviso.

    Consecuencias del Ghosteo en la Salud Mental

    Ser ghosteado puede generar diferentes respuestas emocionales y afectar la confianza en las relaciones. Algunas de las consecuencias más comunes incluyen:

    • Duda sobre el propio valor: La falta de explicación puede hacer que la persona ghosteada cuestione si hizo algo mal.
    • Ansiedad y rumiación: La incertidumbre sobre lo sucedido puede generar estrés y pensamientos repetitivos.
    • Miedo al rechazo futuro: Después de experimentar ghosteo varias veces, algunas personas pueden desarrollar resistencia a involucrarse emocionalmente.
    • Impacto en la autoestima: Puede reforzar sentimientos de inseguridad, especialmente en personas con antecedentes de experiencias negativas en sus relaciones.

    Estrategias para Afrontar el Ghosteo

    Si bien el ghosteo puede ser doloroso, hay formas de manejarlo de manera saludable y minimizar su impacto emocional:

    1. No tomarlo como algo personal: La decisión de ghostear suele estar más relacionada con las limitaciones emocionales del otro que con la valía propia.
    2. Regulación emocional: La regulación emocional es clave para evitar que el ghosteo genere una respuesta desproporcionada de estrés o ansiedad. Algunas estrategias efectivas incluyen:
      • Identificar y aceptar las emociones: En lugar de reprimir el enojo o la tristeza, reconocer estos sentimientos ayuda a procesarlos de manera saludable.
      • Respiración diafragmática y meditación: Técnicas como la respiración y la meditación guiada pueden ayudar a calmar la mente y reducir la activación.
      • Reinterpretación cognitiva: Enfocar la situación desde una perspectiva menos personal y más objetiva ayuda a reducir la carga emocional negativa.
    1. Reforzar la autoestima y la resiliencia: Recordar las propias cualidades y rodearse de personas que valoran la relación es clave para superar el impacto del ghosteo.
    2. Exposición gradual a nuevas interacciones: No permitir que una mala experiencia defina futuras relaciones. Construir vínculos de calidad es un proceso continuo.

    El ghosteo es una realidad frecuente en el mundo digital, y aunque puede ser frustrante y doloroso, no debe definir la forma en que nos percibimos a nosotros mismos ni nuestra capacidad de conectar con otros. Con una mentalidad adecuada y estrategias emocionales saludables, es posible afrontar el ghosteo sin que afecte nuestro bienestar y nuestras futuras relaciones.

    No obstante, si es algo que te afecta en tu día a día y te impide dar el paso hacia aquello que deseas, desde Quiero psicología podemos ayudarte a conseguir esos objetivos.

    narcisista-amor

    ¿Por qué los narcisistas resultan atractivos?

    1. La seguridad excesiva como atracción inicial: Las personas con rasgos narcisistas suelen proyectar una imagen de extrema seguridad en sí mismas. Este tipo de autoconfianza es percibido por muchos como un indicador de éxito, atractivo y estabilidad emocional, características que, en un principio, resultan deseables en una pareja. Sin embargo, esta seguridad suele ser superficial y, a menudo, enmascara una profunda necesidad de validación externa y una autoestima frágil que depende de la atención de los demás.

    2. Idealización rápida, la fase de «luna de miel»: El narcisista suele iniciar la relación idealizando a la otra persona. Esta fase es conocida como «love bombing», y en ella el narcisista dedica atención constante, elogios y afecto, haciéndole creer a su pareja que ha encontrado a alguien único e ideal. Este comportamiento intenso y apasionado puede ser interpretado como amor genuino, cuando en realidad es una estrategia para crear un fuerte apego emocional y una dependencia afectiva.

    3. La capacidad para «leer» las necesidades de la otra persona: El narcisista tiene un talento especial para detectar las inseguridades y necesidades emocionales de su pareja. Esta habilidad les permite adaptarse y mostrarse como la «respuesta perfecta» a esos deseos o carencias, creando una ilusión de compatibilidad que suele ser temporal. Con el tiempo, la persona narcisista tiende a revelar un interés casi exclusivo en satisfacer sus propias necesidades y expectativas.

    4. La dinámica de refuerzos intermitentes: Una de las tácticas más comunes en los narcisistas es el uso de refuerzos intermitentes, un ciclo en el que alternan entre comportamientos amorosos y momentos de rechazo o indiferencia. Este cambio impredecible genera en la pareja un estado de ansiedad e inseguridad emocional, que paradójicamente la hace más propensa a buscar el afecto del narcisista. Este ciclo genera un vínculo adictivo, donde cada «recompensa» emocional crea una sensación de alivio temporal, aumentando la dependencia y el apego emocional.

    Cómo reconocer a una persona narcisista

    Si bien todos tenemos algo de narcisismo natural, las personas con un patrón narcisista disfuncional presentan señales específicas que podemos aprender a identificar.

    1. Falta de empatía: Las personas narcisistas pueden mostrar un alto grado de interés en los problemas de los demás al principio, pero con el tiempo tienden a minimizar las emociones ajenas o a mostrarse indiferentes. Esto se debe a que carecen de una empatía genuina, y su interés inicial suele ser una estrategia para establecer control en la relación.

    2. Necesidad constante de admiración: El narcisista necesita que su pareja o círculo cercano lo admire constantemente. Si no se le da la suficiente atención o elogio, suele reaccionar con frustración, enojo o incluso desprecio, exigiendo que las miradas y el afecto se enfoquen siempre en su persona.

    3. Manipulación y gaslighting: El «gaslighting» es una forma de manipulación emocional en la que el narcisista distorsiona la realidad de la otra persona para hacerla dudar de su percepción o juicio. Pueden negar que dijeron o hicieron algo, tergiversar los hechos o proyectar sus propios errores en los demás, generando así inseguridad en su pareja y manteniendo el control emocional de la relación.

    4. Sentido de superioridad: Las personas con narcisismo disfuncional tienden a creer que son especiales y únicas. Este sentido de superioridad a menudo se manifiesta en el desprecio hacia los demás y en una actitud de arrogancia, que hace difícil construir una relación equilibrada. Buscan rodearse de personas que refuercen su percepción de superioridad, despreciando a quienes no encajan en sus estándares idealizados.

    5. Falta de responsabilidad en conflictos: El narcisista tiende a no aceptar responsabilidad en los problemas. Es común que culpe a su pareja o a circunstancias externas por los desacuerdos y desaciertos. Esta incapacidad para asumir errores es una forma de proteger su autoestima, que, aunque puede parecer alta, es en realidad frágil y dependiente de la admiración ajena.

    ¿Por qué algunas personas se sienten atraídas hacia los narcisistas?

    Existen ciertos patrones psicológicos que pueden hacer que algunas personas sean más propensas a engancharse con individuos narcisistas. Algunas de estas características incluyen:

    1. Baja autoestima: Las personas que buscan validación externa para sentirse valiosas son más vulnerables a la idealización inicial de los narcisistas y tienden a confundir la intensidad de esta fase con amor genuino.
    2. Necesidad de aprobación: La búsqueda de aceptación y aprobación puede hacer que las personas pasen por alto las señales de alerta y se esfuercen en complacer al narcisista, sin darse cuenta de que están entrando en una dinámica desequilibrada y emocionalmente dañina.
    3. Patrones de apego ansioso: Las personas con este tipo de apego tienden a preocuparse en exceso por la relación y buscan constantemente la seguridad y el afecto de su pareja. Esto las hace propensas a soportar el ciclo de refuerzos intermitentes y a volverse dependientes del narcisista.
    4. Falta de límites personales: Las personas que no tienen límites claros son más susceptibles a las manipulaciones del narcisista, ya que suelen priorizar las necesidades ajenas sobre las propias, dejando que el narcisista controle la dinámica de la relación.

    ¿Cómo protegerse de personas narcisistas y evitar relaciones tóxicas?

    La buena noticia es que es posible protegerse y evitar caer en relaciones dañinas.

    1. Desarrolla tu autoestima y autoconcepto: Al valorarte y conocerte a ti mismo, reduces la necesidad de buscar validación externa, lo que te hace menos vulnerable a la idealización y manipulación de los narcisistas.
    2. Establece límites claros: Definir y respetar tus propios límites te ayudará a evitar dinámicas de abuso emocional y te permitirá reconocer cuando alguien está tratando de manipularte o explotar tus emociones.
    3. No ignores las señales de alerta: La intuición suele ser un indicador valioso. Si notas comportamientos que te hacen sentir incómodo o manipulado, presta atención y toma medidas para protegerte emocionalmente.
    4. Fortalece tus relaciones sanas: Mantén y cultiva relaciones con personas que te aporten bienestar y que te respeten. Estas relaciones te servirán de apoyo y te ayudarán a mantener una perspectiva saludable.

    Además de todo lo anterior, se recomienda buscar apoyo profesional si ya nos hemos visto envueltas en situaciones de este tipo en el pasado. La terapia puede ayudarte a desarrollar habilidades para reconocer patrones de dependencia emocional, a reforzar tu autoestima y a tomar decisiones sanas en tus relaciones. En Quiero Psicología podemos ayudarte.