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Cómo «lidiar» con una persona intensa

¿Qué es ser una persona intensa?

Ser una persona intensa puede manifestarse de muchas formas diferentes. Las personas intensas suelen involucrarse con la vida y sus experiencias de una manera más completa y emocional. En las relaciones interpersonales, trabajos, intereses, hobbies y suelen experimentar altibajos emocionales de forma intensa.

Algunas características pueden ser:

Emociones pronunciadas: Experimentan emociones de manera más intensa y profunda que la mayoría, ya sean positivas o negativas. Pueden expresar su alegría, amor o tristeza de manera apasionada.

Compromiso profundo: Se comprometen con las personas, proyectos o causas de manera completa y apasionada. Tienen una dedicación considerable a aquello en lo que creen.

Expresión apasionada: Se expresan de manera apasionada, ya sea al hablar de sus intereses, defender sus puntos de vista o expresar afecto. Su comunicación tiende a ser emocional y fervorosa.

Sensibilidad: Son personas sensibles que pueden captar fácilmente las emociones de los demás y reaccionar de manera intensa ante su entorno.

– Desafíos en la gestión del estrés: La intensidad emocional puede llevar a mayores niveles de estrés y agotamiento emocional. Pueden tener dificultades para manejar situaciones estresantes.

Impulsividad: En algunas situaciones, la intensidad puede manifestarse como impulsividad, donde actúan rápidamente basándose en sus emociones y deseos.

Busca significado y profundidad: Tienden a buscar significado y profundidad en sus relaciones, conversaciones y experiencias. No se conforman fácilmente con lo superficial.

¿A qué se debe la intensidad?

A su vez, la intensidad emocional puede deberse a una serie de factores, entre los que podemos encontrar los siguientes:

Experiencias de vida: Experiencias significativas y emocionales en la vida de una persona, especialmente durante la infancia y la adolescencia, pueden contribuir a la intensidad emocional. Eventos traumáticos o experiencias emocionales profundas pueden moldear la forma en que una persona experimenta y expresa emociones.

Entorno familiar: El entorno familiar, las dinámicas y las interacciones pueden influir en la forma en que una persona desarrolla y expresa sus emociones. Un ambiente familiar que valora la expresión emocional puede fomentar la intensidad emocional.

Niveles hormonales: Los cambios en los niveles hormonales, como los asociados con la adolescencia, el ciclo menstrual en las mujeres u otros cambios hormonales, pueden afectar la intensidad emocional.

Personalidad y temperamento: Factores de la personalidad y el temperamento, como la extroversión o la introversión, pueden desempeñar un papel en la intensidad emocional. Por ejemplo, las personas con personalidades más extrovertidas pueden expresar sus emociones de manera más abierta y apasionada.

Problemas de salud mental: Algunas condiciones de salud mental, como el trastorno límite de la personalidad o la depresión, pueden estar asociadas con una intensidad emocional elevada.

Cultura y valores: La cultura y los valores personales también pueden influir en la expresión emocional. En algunas culturas, la intensidad emocional puede ser más aceptada o incluso fomentada.

Cómo comunicarse con una persona intensa

Comunicarse efectivamente con una persona intensa emocionalmente puede requerir un enfoque cuidadoso y comprensivo. Aquí hay algunas sugerencias que podrían ayudarte a establecer una comunicación positiva:

Escucha activa: Presta atención a lo que la persona está expresando y demuestra que estás escuchando activamente. Haz contacto visual, asiente con la cabeza y utiliza lenguaje corporal que indique interés.

Validación: Reconoce y valida sus emociones. Puedes decir algo como «Entiendo que esto es muy importante para ti» o «Parece que estás sintiendo esto intensamente, ¿es así?» Validar sus emociones puede ayudar a establecer una conexión.

Evita juzgar: Sé comprensivo y evita hacer juicios. Las personas intensas a menudo pueden sentirse incomprendidas, así que es importante mantener una mente abierta y no emitir juicios prematuros.

Expresa empatía: Intenta ponerte en su lugar y comprender cómo se sienten. Expresar empatía puede fortalecer la conexión emocional y mostrar que te importa su experiencia.

Comunicación clara: Sé claro y directo en tu comunicación. Las personas intensas pueden valorar la honestidad y la transparencia, así que evita ambigüedades y comunica tus pensamientos de manera directa.

Maneja el tiempo y el lugar: Escoge un momento y lugar adecuados para la conversación. En situaciones de intensidad emocional, puede ser beneficioso esperar hasta que ambos estén calmados para abordar ciertos temas.

Establece límites: Si la intensidad emocional se convierte en algo abrumador o perjudicial, establece límites saludables. Comunica tus necesidades y explora juntos formas de manejar las emociones de manera constructiva.

Recuerda que cada persona es única, por lo que es importante adaptar tu enfoque según la situación y la personalidad de la persona intensa con la que estás interactuando. La clave es construir una comunicación basada en el respeto mutuo y la comprensión. Y si tienes dificultades ya saber que en Quiero Psicología puedes contar con nosotres.

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¿Amor o fusión en la pareja?

La fusión en la pareja, a menudo celebrada como una expresión profunda de amor y conexión, puede ser un terreno peligroso si se lleva al extremo. La fusión extrema en la pareja implica una unión emocional y psicológica tan intensa que los límites entre las personas que conforman la pareja se desdibujan y sus identidades pueden llegar a perderse.

Uno de los peligros más evidentes de la fusión en la pareja es la pérdida de la individualidad. Cuando los límites entre ambxs son prácticamente inexistentes, es fácil que se sientan atrapadxs en una relación donde sus propias identidades y necesidades pasan a un segundo plano. Esto puede llevar a la sensación de que ya no se es una persona completa sin la presencia de la pareja.

Dependencia emocional

Así mismo, la fusión puede dar lugar a una dependencia emocional poco saludable. Las personas en relaciones altamente fusionadas pueden volverse emocionalmente dependientes de sus parejas, lo que conlleva riesgos significativos en caso de la ruptura de la relación. Esta dependencia puede afectar negativamente la autoestima y la capacidad de tomar decisiones independientes. La dependencia emocional y la fusión en la pareja son dos conceptos estrechamente relacionados en el ámbito de la psicología. Estos fenómenos, aunque pueden estar interconectados, también presentan diferencias significativas en su naturaleza y consecuencias.

La dependencia emocional en la pareja se refiere a la tendencia de una persona a basar su bienestar emocional y sentido de valía en su pareja.

Las personas con dependencia emocional suelen buscar constantemente la aprobación y validación de su pareja, a menudo sacrificando sus propias necesidades y deseos en el proceso. Algunos rasgos y comportamientos típicos de la dependencia emocional incluyen:

  • Miedo al abandono.
  • Baja autoestima.
  • Necesidad constante de atención y validación.
  • Sacrificio excesivo por la pareja.
  • Dificultad para tomar decisiones independientes.

Del mismo modo, cuando los límites en una relación son difusos debido a esta fusión, los conflictos pueden surgir con facilidad. La falta de autonomía personal y la dificultad para establecer límites claros pueden dar lugar a tensiones en la relación. Sin la capacidad de mantener la individualidad y la autonomía, los desacuerdos pueden ser más difíciles de resolver.

¿Cómo evitar la fusión en la pareja?

  • Comunicación abierta y honesta: Mantener canales de comunicación abiertos y respetuosos es esencial para evitar la fusión. Las parejas deben hablar sobre sus necesidades y deseos personales y compartir sus pensamientos de una forma sana.
  • Respeto por la individualidad: Fomentar la autonomía personal y respetar las diferencias es fundamental para mantener una relación equilibrada.
  • Tiempo para actividades individuales: Es importante permitir que cada persona de la pareja tenga tiempo y espacio para sus intereses y amistades personales.
  • Búsqueda de apoyo externo: Mantener conexiones fuera de la relación, como amigos y familiares, puede ayudar a prevenir la dependencia emocional y fomentar la independencia.

¿Por qué algunas personas tienden a experimentar esta fusión en sus relaciones de pareja?

Necesidad de Apego.

Una de las razones fundamentales detrás de la fusión en la pareja es la necesidad de apego. Desde la infancia, las personas buscan conexiones seguras y afectivas. En la adultez, esta necesidad de apego se proyecta en las relaciones de pareja, donde la búsqueda de intimidad y seguridad emocional puede llevar a una fusión profunda con la otra persona si la relación primaria no ha sido segura.

Búsqueda de Identidad y la “media naranja”.

Para algunas personas, la fusión en la pareja puede surgir de una búsqueda de identidad y de completarse personalmente. Pueden percibir a su pareja como una fuente de significado y propósito en sus vidas que las “completa”. En consecuencia, la relación puede convertirse en una parte central de su identidad generando una fusión intensa.

Historia Personal y Experiencias Pasadas.

Las experiencias personales y pasadas pueden influir en la tendencia a la fusión en la pareja. Aquellxs que han experimentado relaciones inseguras o traumáticas pueden tener una mayor necesidad de seguridad emocional y, por lo tanto, ser más propensxs a fusionarse en una relación para encontrarla.

Autoestima y Autoconcepto.

La autoestima y el autoconcepto desempeñan un papel importante en la fusión en la pareja. Aquellas personas que tienen una baja autoestima o una visión negativa de sí mismas pueden depender en gran medida de la validación y el apoyo de su pareja para sentirse valoradas y completas.

Miedos e inseguridades.

Los miedos e inseguridades también pueden impulsar la fusión en la pareja. El miedo al abandono, a la soledad o a la inseguridad puede llevar a una mayor dependencia emocional en la relación, lo que resulta en una fusión más intensa.

Expectativas Sociales y Culturales.

Las expectativas sociales y culturales sobre las relaciones de pareja también desempeñan un papel fundamental en la fusión. En algunas culturas, la fusión es vista como un signo de amor profundo y compromiso, lo que puede alentar a las personas a buscar este tipo de relación y dedicar su vida a esa búsqueda (frustrando, en la mayoría de los casos, toda expectativa).

Encontrar un equilibrio entre la conexión emocional profunda y la autonomía personal es esencial para mantener una relación duradera y satisfactoria. La comunicación abierta, el respeto mutuo y la búsqueda de apoyo externo son factores clave para evitar que la fusión se convierta en un problema en la pareja. No obstante, cuando la fusión se convierte en un problema, la terapia de pareja puede ser una herramienta valiosa. Lxs terapeutas ayudan a las parejas a comprender y abordar estos problemas, fomentando un equilibrio saludable entre la conexión emocional profunda y la autonomía personal.

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Cuando me comparo siento que no he conseguido nada

Según avanzamos en la vida, vamos alcanzando hitos vitales que pueden haber sido muy deseados y esperados, además de otros que pueden haber pasado más desapercibidos. Paralelamente, somos seres sociales, por lo que tendremos personas en nuestro círculo cercano (e incluso puede ser más distante, como por ejemplo conocidos a los que vemos en las redes sociales) que vayan alcanzando esos mismos hitos, a ritmos diferentes al nuestro.

Es muy fácil que tendamos a compararnos con ellos, con una sensación de que salimos “perdiendo”, generando una sensación de frustración o de fracaso. En este artículo, daremos unas pautas de como poder gestionar esta situación y estas emociones.

Acepta las diferencias individuales

Aunque todos somos diferentes y hemos vivido situaciones muy diversas, es inevitable compararse con los demás, pero es muy importante centrarte en lo que es importante para ti y te define. Tomate un momento para identificar los valores que son centrales para ti y para definir cuáles son tus prioridades.

Aquí puedo utilizar “la rueda de la vida”, que es un círculo dividido en los aspectos de tu vida (ocio, amor, familia, dinero, trabajo, salud…), donde puedes puntuar como de satisfecho te encuentras con l. Esto es importante porque va a determinar qué metas van a ser más importantes y urgentes para ti, así como los recursos de los que dispones. Por ejemplo, si estamos en un punto de nuestra vida donde nuestra salud es frágil, una meta como podría ser comprarnos un coche puede tomar un segundo lugar; así como si un valor central nuestro es la responsabilidad, seguramente una meta que implique mucha responsabilidad para las circunstancias en las que estamos, no será una opción de primeras. Esto es útil, no solo contigo, sino también al compararte con los demás: si pagamos un alquiler, no podremos ahorrar de la misma forma que una persona que no lo hace.

Es esencial hacer hincapié en no tomar como una realidad lo que se observe en las redes sociales, ya que ese contenido suele estar muy elaborado y se centra en la parte más atractiva de la realidad. Si esto te genera una emocionalidad muy intensa, no dudes en tomarte un tiempo de las redes sociales o poder reducir la cantidad de perfiles o información que recibes, por ejemplo, siguiendo a perfiles que visibilicen los aspectos más negativos de los proyectos o solo perfiles de personas conocidas o en circunstancias lo más parecidas a las tuyas.

Utiliza la envidia para definir tus metas

Inevitablemente, miramos a los demás como punto de referencia y esto puede ser muy beneficioso, especialmente si nos rodeamos de personas con valores similares a los nuestros y que nos inciten a progresar y crecer. Aunque la envidia o celos pueden ser emociones muy desagradables de sentir, son emociones que nos ayudan a orientarnos en nuestra vida gracias al contexto en el que nos encontramos. Lejos de evitarlas o de negar que están ocurriendo, te invito a que puedas observarlas de una forma más científica y compasiva: intenta investigar qué parte de lo que ha conseguido o tiene la persona en la que te has fijado, te genera envidia o celos. La envidia pone el foco en algo que queremos y que no tenemos, pero lo que nos suscita esa emoción son conceptos importantes para nosotros. Por ejemplo, puede que me dé envidia que mi amigo se haya comprado un Mercedes, pero no me gustan los coches, ni quiero uno de marca. Investigando, llego a la conclusión de que me da envidia que pueda realizar un gasto muy grande en un capricho, y pueda establecer como meta una cierta cantidad de dinero que pueda ser dedicada a caprichos. También, puede ser útil compartirlo con las personas cercanas que te susciten esa envidia para normalizarlo, ya que no es nada de lo que avergonzarse, y puede que esa persona me ayude definir o conseguir esa meta.

Utiliza la ansiedad y la frustración para redefinir tus pasos

Otra posibilidad es que mirar las vidas de los demás de tu alrededor te genere ansiedad o frustración, sobre tus metas. Ya hemos comentado que es necesario aceptar las diferencias individuales y dirigir tu atención a las metas que sean importantes para ti, pero puede que sientas aun así que no estás yendo “suficientemente rápido” o no lo estás consiguiendo. Por un lado, la ansiedad me avisa de que algo que es importante para mí es incierto y me incita a intentar anticipar y controlar los aspectos que sí podemos controlar del futuro. Por otro lado, la frustración nos avisa de que no estamos consiguiendo el objetivo que nos hemos planteado y ayuda a cambiar la estrategia que estamos poniendo en práctica para conseguir un objetivo o redefinir el objetivo. Teniendo en cuenta estas dos emociones, intenta enfocarte en una de las metas más importantes para ti (recordemos que no podemos trabajar hacia todas las metas de la misma manera, ya que nuestro recursos mentales y físicos son limitados). Determina si estás haciendo todo lo que puedes de cara a esa meta, o si existen otras maneras más eficaces de acercarte a ella. Si es así, puede ser útil que dejes escritas (o en algún formato visual que sea más atractivo para ti) tu meta y estrategia para ver cómo vas progresando hacia la meta, y puedas revisitar como lo estás enfocando, más adelante. No se trata de dudar de ti de manera recurrente, sino plantear una frecuencia para poder reevaluar como avanzas y como de satisfecho estás con tu estrategia.

A pesar de estas pequeñas pautas, si sigues sintiendo malestar respecto a tu progreso vital o a las comparaciones que realizas respecto a otros, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar estas emociones y situación.

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¿Qué es el apego ansioso?

Para responder a esta pregunta, primero tenemos que entender qué es el apego, cómo funciona y cuál es su origen.

¿Qué es el Apego?

En 1977 Bowlby definió la teoría del apego como una forma de entender la tendencia de las personas a establecer fuertes vínculos emocionales con aquellas personas más cercanas y para explicar las múltiples formas de psicopatología, malestar emocional, depresión y distanciamiento emocional que se generan a través de la separación y la pérdida.

Principios fundamentales de la teoría del apego

La teoría del apego considera la tendencia a establecer lazos emocionales íntimos con individuos determinados como un componente básico de la naturaleza humana, presente en forma embrionaria en el neonato, y que prosigue a lo largo de la vida adulta hasta la vejez. Durante la infancia, los lazos se establecen con los xadres (o xadres sustitutxs), a quienes se recurre en busca de protección, consuelo y apoyo. Durante la adolescencia sana y la vida adulta, estos lazos persisten, pero son complementados por nuevos lazos.

El apego es un proceso que dura toda la vida.

¿Qué es la teoría del apego?

La teoría del apego es una teoría sistémica porque está inserta desde la primera etapa de desarrollo temprano de la relación entre el bebe y su figura más cercana, en un principio, para luego irse acomodando a su otra figura de seguridad. Más tarde podrá así relacionarse con sus iguales, ya sean el subsistema fraterno o el de sus compañerxs. Las relaciones de apego entre xadres e hijxs no existen únicamente aisladas en lo familiar sino que se tienden a extender con el tiempo hacia otras dinámicas.

Es una teoría de la psicopatología dado que la idea fundamental de que la calidad de las relaciones previas y primarias desde los primeros compases de vida así como las experiencias subjetivas de esta desde cada una de las posiciones de xadres e hijxs afecta al desarrollo cognitivo, sensorio-motriz, neurológico y relacional. La teoría del apego brinda el cuerpo teórico y práctico investigativo para comprender el origen de la seguridad, la ansiedad, la vulnerabilidad ante el entorno junto con la resistencia a la adversidad y la resiliencia de las personas.

Conductas de apego

Es lo que hace una persona para lograr la proximidad a la otra con la que tiene un vínculo de apego, y, por lo tanto, recibir protección, cuidados, afecto, empatía y una respuesta sensible que calme la ansiedad, miedo, inseguridad o necesidades afectivas de las personas que promueven la conducta de apego esperando así una respuesta sensible por parte de ellas. Uno de los factores más importantes dentro de las conductas de apego es la intensidad y el número de veces que se repita. Y, a su vez, cómo es acogida por la figura de seguridad y gel tipo de emoción con la que es acogida.

El apego ansioso

El apego ansioso se caracteriza por la necesidad constante de validación y cercanía en las relaciones, lo que a menudo puede poner presión en las otras personas y causar estrés. Cuando no experimentamos una atención constante y amorosa podemos desarrollar un miedo profundo al abandono y una necesidad constante de validación. Buscamos constantemente señales de que somos amadxs y deseadxs, y cuando no las encontramos, experimentamos ansiedad y dudas. Es importante reconocer que el apego ansioso no es un defecto, sino una respuesta natural a nuestras experiencias pasadas. Todxs buscamos seguridad y amor en nuestras relaciones, y el apego ansioso es una “manifestación” intensa de ese deseo.

Sin embargo, también es fundamental entender que este patrón de apego puede generar desafíos en nuestras relaciones. La necesidad constante de validación puede crear una dinámica agotadora para nosotros y para las personas con las que nos relacionamos. La inseguridad puede llevar a la sobreanalización de la relación y a comportamientos que alejan precisamente aquello que deseamos: amor y seguridad.

Características del Apego Ansioso

Las personas con apego ansioso suelen mostrar ciertas características en sus relaciones:

  • Necesidad constante de validación: búsqueda constante de aprobación y afecto de sus personas más cercanas (lo que puede crear una dinámica asfixiante).
  • Miedo al abandono: temor profundo a ser abandonadxs o rechazadxs, lo que puede desencadenar comportamientos de control o celos.
  • Sobreanalizan las relaciones: tendencia a analizar y cuestionar constantemente la relación buscando señales de que la otra persona ya no está interesada.
  • Autoestima variable: basan su autoestima en la atención que reciben de lxs demás.
  • Dificultad para la independencia emocional: dificultad para estar bien por sí mismos y tendencia a depender en exceso de sus parejas para su bienestar emocional.

Abordaje para sanar y construir relaciones desde un apego seguro

  1. Toma de conciencia: Reconocer que se tiene un patrón de apego ansioso es el primer paso.
  2. Terapia psicológica: La es el paso fundamental para trabajar en las inseguridades y desarrollar una relación más saludable con unx mismo y con lxs demás.
  3. Comunicación: aprender a comunicarse de manera abierta y comprensiva expresando sus necesidades y miedos.
  4. Desarrollo de la independencia emocional: aprender a ser feliz por unx mismx es esencial para disminuir la dependencia emocional.

La buena noticia es que, con autoconciencia y esfuerzo, podemos aprender a sanar y a desarrollar relaciones más saludables. Reconocer que tenemos un apego ansioso es el primer paso. A partir de ahí, podemos trabajar en fortalecer nuestra autoestima, en desarrollar una mayor independencia emocional y en aprender a comunicarnos de manera abierta y comprensiva con las personas que nos rodean. En Quiero Psicología te podemos ayudar.

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¿Por qué me engancho al ligue intermitente?

Una «relación intermitente» se refiere a una relación en la que los involucrados experimentan períodos de ruptura o separación intercalados con momentos de reconciliación o volver a estar juntos. Estas relaciones a menudo siguen un patrón cíclico de separación y unión, lo que puede generar emociones intensas, incertidumbre y altibajos emocionales para las personas involucradas. Se caracterizan por tener ciclos de intimidad, dolor, pasión y pérdida.

Características del ligue intermitente

Algunas de las características comunes de las relaciones intermitentes incluyen:

  • Ciclos de ruptura y reconciliación: Los participantes pueden experimentar una serie de rupturas, seguidas de reconciliaciones. Esto puede ser un patrón continuo en la relación.
  • Falta de compromiso constante: A menudo, estas relaciones carecen de un compromiso sólido y continuo. Las personas pueden dudar en comprometerse completamente el uno con el otro.
  • Incertidumbre y emociones intensas: Las relaciones intermitentes a menudo pueden estar cargadas de emociones intensas, como la tristeza, el enojo y el deseo de estar juntos. La incertidumbre sobre el futuro de la relación puede generar estrés emocional.
  • Factores desencadenantes: Los ciclos de ruptura y reconciliación pueden ser provocados por diversos factores, como conflictos, incompatibilidades o la falta de comunicación efectiva.
  • Necesidad de espacio personal: En algunas relaciones intermitentes, las personas pueden sentir la necesidad de tomar un tiempo separados para reflexionar, crecer personalmente o explorar otras opciones.

Según un estudio realizado por la Universidad de Missouri en los Estados Unidos, más del 60% de los adultos han experimentado este tipo de relaciones en algún momento de sus vidas, y muchos de ellos han experimentado síntomas psicológicos relacionados con la depresión y la ansiedad como resultado de estas relaciones.

¿Qué es lo que hace que una relación así sea tan difícil de romper?

Las relaciones en las que entra en juego el refuerzo intermitente pueden ser difíciles de romper debido a la influencia de la psicología de recompensa. El refuerzo intermitente se refiere a recompensas o gratificaciones que se otorgan de manera irregular y a menudo impredecible. En el contexto de una relación, esto significa que las recompensas emocionales, como la atención, el afecto o la satisfacción, no son constantes, lo que genera un fuerte efecto emocional.

  • Expectativa de recompensa: Cuando una persona ha experimentado momentos gratificantes e intensos en una relación intermitente, puede desarrollar la expectativa de que la próxima vez que se reúnan, obtendrá la recompensa emocional que anhela. Esta expectativa puede ser poderosa y mantener a las personas involucradas en la relación.
  • Incertidumbre: La incertidumbre sobre si la relación continuará o terminará puede mantener a las personas comprometidas y dispuestas a seguir intentándolo.
  • Miedo a la pérdida: Las personas pueden temer perder la relación por completo si la rompen, lo que puede llevar a la inercia y la dificultad para dar el paso.
  • Emociones intensas: Las relaciones intermitentes a menudo generan emociones intensas, ya sean positivas o negativas. La interacción entre momentos de intimidad y pasión con momentos de conflicto o ruptura puede crear una montaña rusa emocional que algunas personas encuentran emocionante o adictiva.
  • Expectativas de cambio: Algunas personas pueden creer que, con el tiempo, la relación o la otra persona cambiará para mejor. Mantienen la esperanza de que la próxima reconciliación será diferente y más satisfactoria.
  • Historia compartida: Si dos personas han compartido muchas experiencias y momentos significativos en el pasado, esto puede crear un vínculo emocional profundo que es difícil de romper, a pesar de los problemas actuales.
  • Miedo a la soledad: El temor a estar solo o la necesidad de compañía pueden llevar a algunas personas a mantener relaciones intermitentes, ya que temen no encontrar a alguien más o no tener a nadie en su vida.
  • Baja autoestima: La baja autoestima puede llevar a la creencia de que uno no merece una relación estable y feliz, lo que puede mantener a la persona atrapada en relaciones intermitentes que pueden ser perjudiciales.
  • Patrones familiares: Algunas personas pueden haber crecido en entornos familiares donde las relaciones intermitentes eran comunes o donde existían patrones de conflicto y reconciliación, lo que puede influir en sus propias relaciones.
  • Comodidad: En algunas ocasiones, las personas pueden mantener una relación intermitente porque es cómoda en términos de familiaridad y comodidades materiales, a pesar de sus problemas emocionales.

Todos podemos caer en ellas en algún momento de nuestras vidas, y ser nosotros los que llevemos a cabo el refuerzo intermitente o los que los recibamos. Todos tenemos carencias que influirán inevitablemente en nuestra manera de relacionarnos con los demás. Pero lo realmente importante es saber detectarlo y trabajar las posibles causas para poder desarrollar una manera más sana de relacionarnos. Desde Quiero psicología podemos ayudarte a tener una mejor relación contigo mismo y con los demás.

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Despatologizando identidades que escapan de lo «normativo»(II)

El supuesto sexo biológico

Como ya mencionábamos en nuestro anterior artículo sobre este tema: Nacemos dentro de este marco sociocultural que va a marcar el significado de nuestras identificaciones y lo va a hacer, primariamente, en función de una atribución a un supuesto sexo biológico -adecuándonos así a la estética de la diferencia sexual- (Fausto-Sterling y García Leal, 2006). No obstante, y como bien remarca Elena Casado (1999), el sexo biológico y/o el género no son las únicas categorías que marcan las identificaciones y que establecen una jerarquía de poder: la clase social, etnia, diversidad funcional, edad, orientación sexual, etc. son también categorías que confieren identidad. 

La distinción sexo/género supone que siempre es posible diferenciar entre lo biológico –sexo– y lo cultural –género–. Al mismo tiempo supone la maleabilidad del género frente al carácter permanente e inmutable del sexo. Este binarismo supone la idea de que en la dimensión biológica siempre es posible hallar la distinción entre mujeres y hombres. Butler (1999) desmantela la división radical entre sexo y género en contra de la idea de que la biología es el destino. ¿Qué tiene de natural el sexo cuando en su definición han operado diferentes discursos para producirlo? Butler sostiene que el sexo es también una construcción social y en ese sentido la distinción sexo/género es, por tanto, absurda. El sexo, más bien, es en sí mismo una construcción, instaurado a través de normas de género que ya están en su lugar.  El objetivo consiste por tanto en deshacer el sexo para instalar la proliferación de nuevas formas posibles, incluso morfologías corporales que escapen a las restricciones de lo binario. 

Tal como señala Foucault (2008), las categorías sexuales han sido asignadas a partir del siglo XIX. Este proceso de clasificación se ha acelerado y han proliferado una enorme variedad de identidades sexuales que resultan paradójicas y ambiguas. Los sujetos que portan estas identidades no pueden ser claramente clasificados en la dicotomía hombre/mujer. Estamos hablando de la intersexualidad y la transexualidad. Son estas personas las que desafían fuertemente las concepciones de cuerpo que subyacen al binarismo. La intersexualidad cuestiona el modelo dimórfico de la diferencia sexual desde que las cirugías de reasignación de sexo constituyen un testimonio sobre el establecimiento de nuevos contornos a cuerpos con morfologías ambiguas. Hay evidencias de que el sexo no ofrece una morfología binaria exhaustivamente clasificable (Kessler y McKenna, 2000).

Las discusiones que giran en torno al género siempre implican la dimensión del sexo. En este sentido, teorizar la intersexualidad y transexualidad supone un desafío fundamental, no solo para la comprensión del género, sino para cuestionar, de modo más radical, el sexo. Aunque limitada por las categorías actualmente disponibles, la teoría Queer ha demostrado potencialidad para cuestionar los supuestos que operan en torno al sexo. Esta postura torna posible producir interrogantes que nos conduzcan hacia nuevos supuestos acerca de la materialidad de los cuerpos, más allá de las marcas binarias del sistema sexo/género. 

Cuerpo y género

El pensamiento feminista de la Segunda Ola se ha construido sobre la base de una concepción de cuerpo naturalmente y dimórficamente diferenciado. El cuerpo, en estos términos, constituye una superficie sobre la cual el género opera como un acto de inscripción cultural (Butler, 1990).

Es en la construcción de las identidades cuando se internaliza la discriminación. Lo que Bourdieu denominó habitus (2007). Es importante mencionar este concepto porque le otorga una importancia primaria al cuerpo. El cuerpo no es sólo un espacio material, es la cobertura simbólica con la que nos recubrimos e interactuamos. Es el conjunto de significados que le atribuimos y bajo los cuales nos reconocemos. El género, en este sentido, construye el cuerpo. Por ello, no nos referimos sólo a una materia física que nos venga dada con el nacimiento: nos referimos a una matriz de significados en permanente construcción que confluyen en ese lugar físico (Butler, 1990; 1993). 

Para Bourdieu (2007), la dominación se asienta en las estructuras sociales: un sistema de clasificación por sexo que tiene una idea sobre la masculinidad y la feminidad. Esto se interioriza en las identidades y se asienta en los cuerpos –cuerpos que sienten, piensan y hacen-. Es a través de un proceso de subjetivación en el que se construyen estructuras sociales que se escapan a la conciencia como se crean identidades reconocibles con respecto al  género.

Estas estructuras históricas de dominación implican que las personas no contemos con la misma legitimidad política, los mismos privilegios, los mismos derechos de ciudadanía o las mismas posibilidades de elección (Gil, 2011).

Y durante mucho tiempo ha privado a las personas invisibilizadas incluso de una adecuada atención sanitaria, social, educativa… Desde Quiero Psicología luchamos en contra de esa discriminación, así que si te has sentido así y quieres contárnoslo, tienes nuestras puertas abiertas.

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Errores comunes en una pareja abierta

Tener una relación abierta puede ser una experiencia enriquecedora, pero también requiere comunicación, respeto y límites claros para que funcione de manera saludable. En este artículo, entenderemos por pareja, el vínculo principal, si tienes una relación jerárquica o tu primer vínculo si acabas de o quieres abrir la relación. Aquí te dejamos errores comunes a la hora de abrir una pareja y cómo prevenirlos o gestionarlos:

Seguir estereotipos y evitar las emociones

Las nuevas formas de relaciones son cada vez más visibles y comunes: poder explorar y diseñar el tipo de relación que quieres tener con tu pareja abre un mundo de posibilidades que pueden ser muy atractivas. Sin embargo, es esencial realizar un ejercicio de autoconocimiento y no dejarse llevar por lo que los demás han vivido o lo que les funciona, ya que todos tenemos necesidades y deseos diferentes (algunas parejas quieren conocer a las otras personas involucradas, otras definen normas como no compartir cierta actividad o lugar importante para la pareja). Existen libros que pueden ayudarte al respecto, intercambiar experiencias en un espacio seguro con otras parejas abiertas, e incluso acudir a terapia de pareja o individual especializada: poder tener información y herramientas al respecto puede abrirte a perspectivas diferentes.

Intenta tomar un tiempo para escribir las expectativas que tienes al respecto de la relación, los límites que necesitas para sentirte seguro en la relación (los cuales vas a poder revisitar y cambiar, según vaya avanzando la relación), y cómo querrías que tu pareja ayudase a gestionar las emociones que suelen surgir como celos, inseguridad, miedo, etc. Comunica los resultados de tu reflexión a tu pareja, dejando margen para hablarlo todas las veces necesarias.

Es muy importante estar conectado con tus emociones, no tienes que ser una persona experta, pero sí es necesario revisarse de manera habitual y buscar tener herramientas y apoyos para gestionarse, evitar las emociones en estas situaciones puede contribuir a conflictos y malentendidos mayores.

“Vamos fluyendo” o No establecer reglas claras

Hemos hablado de la importancia de conocer nuestros límites, por ellos es muy importante realizar acuerdos claros, podéis escribirlos en algún lugar físico donde podáis revisarlos juntos. Estos acuerdos serán una línea de vida a la que poder agarrarse cuando os sentáis confundidos y perdidos. Entre algunos temas comunes en los acuerdos, suelen estar: el nivel de detalle y frecuencia de comunicación respecto a los otros vínculos, las prácticas seguras a la hora de mantener relaciones sexuales (este compromiso es muy importante para la salud sexual de todos los involucrados, sabiendo que siempre existe un nivel de riesgo y por ello también importantes las revisiones médicas frecuentes) y el tipo de vinculación que se está dispuesto a tener con otras personas. Cualquier cambio en la dinámica debe hablarse y estar de acuerdo antes de implementarlo, así como si se dan “infracciones” es importante que esto se gestione antes de seguir dando pasos que pueden violentar a alguien.

No comunicar y ocultar “para no hacer daño”

Si en una relación monógama y exclusiva, la comunicación es importante, en estos casos, lo es todavía más: se van a dar más situaciones complejas con otras personas y poder tener una conversación abierta y honesta es esencial para poder evitar malentendidos y emociones más intensas. Comparte con tu pareja los deseos, necesidades y límites que tienes, además de poner en común las expectativas que podáis tener los dos, para poder ajustarlas si es necesario. Esta conversación no debe darse únicamente al principio, sino que es útil establecer un momento para hablar de forma regular sobre como os sentís.

Puede ser tentador no compartir actividades u emociones para evitar que tu pareja desconfíe o se sienta insegura, pero esto puede generar todo lo contrario.

No dudes en verbalizar la inquietud que puede generar al otro lo que has hecho o sentido, pero ponerlo encima de la mesa permitirá que lo gestionéis como un equipo (aunque luego implique más a uno que a otro).  Las normas establecidas tampoco pueden limitar de forma indiscriminada a la otra persona para evitar tu malestar, ya que entonces no se está gestionando la relación desde la confianza, sino desde el miedo.

Hablamos de tener mucha comunicación, pero no se necesita una transparencia total sobre lo que pienses: es habitual que compares a tus vínculos, puesto que están todos en tu vida y significan algo para ti, pero estas comparaciones pueden dañar la autoestima y la confianza de los vínculos. Intenta centrarte en las cualidades únicas de cada persona y apreciar lo que cada uno aporta a la relación.

Descuidar a la pareja

Ya hemos comentado la importancia de la responsabilidad afectiva y, en este tipo de relaciones, es fácil que otros vínculos requieran una parte de atención que puede verse como una amenaza hacia la pareja. Intenta definir prácticas o hábitos que aseguren la conexión e intimidad emocional y sexual con tu pareja, así como dejar espacio para que cualquiera pueda verbalizar si se siente menos valorado o con menos libertad que la otra persona. Por rechazo o incluso rabia que puedan generarte las emociones desagradables de tu pareja, es importante asegurarse de escuchar y validar los sentimientos de tu pareja (practicando la empatía y la comprensión) para fomentar un clima de seguridad y confianza.

En definitiva, una relación abierta necesita de comunicación constante, el respeto mutuo y la voluntad de trabajar juntos como equipo para mantener la relación saludable y satisfactoria para ambos.

Si estás planteándote abrir tu relación o teniendo dificultades gestionando esa situación, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte en este proceso y ayudar a que puedas tener todas las herramientas que necesites.

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Cómo controlar tus enfados

La ira es una emoción humana natural y poderosa que todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas. Es una respuesta emocional que, en sí misma no es negativa, pero su expresión inadecuada puede llevar a consecuencias negativas para nosotros mismos y para quienes nos rodean. Por esta razón, aprender a controlar la ira es esencial para mantener relaciones saludables y una vida emocionalmente equilibrada.

¿Qué es la ira?

La ira es una emoción compleja que involucra una combinación de reacciones físicas, cognitivas y conductuales. Se desencadena cuando percibimos una amenaza, ya sea física o emocionalmente (también concierne a nuestras pertenencias o nuestro entorno cercano), para poder activarnos y defendernos de ésta. Las reacciones físicas de la ira incluyen aumento de la presión arterial, frecuencia cardíaca acelerada y liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol. A nivel cognitivo, la ira puede distorsionar nuestros pensamientos y hacernos más propensos a reacciones impulsivas e irracionales. A nivel conductual, tendemos tendencia a levantar la voz, moverse agitadamente, insultar o buscar ofender o atacar a las personas de nuestro alrededor.

Posibles causas de la ira

Aunque la ira se suele dar en origen por una posible amenaza hacia la persona, las causas pueden variar según las personas y las situaciones. Cuando esa ira suele ser desbordante, suele deberse a estas posibles causas:

  • Percepción de injusticia: Sentir que hemos sido tratados de manera injusta o que se nos ha negado algo que merecemos puede desencadenar una respuesta de ira.
  • Frustración: La incapacidad para alcanzar metas o enfrentar obstáculos significativos puede llevar a una acumulación de frustración que finalmente explota en ira.
  • Estrés: Estar expuesto a estrés de forma habitual puede provocar un estado de ánimo más irritable, mermando nuestra capacidad para lidiar con las situaciones cotidianas de manera tranquila y reflexiva, y desencadenando una respuesta de ira en situaciones que normalmente no se darían.
  • Heridas emocionales pasadas: Haber vivido anteriormente experiencias traumáticas o dolorosas puede hacer que seamos más propensos a sentirnos atacados o revivir emociones desagradables como la ira. Además, si tenemos una relación de desconfianza o mala comunicación con la persona con la que estamos hablando: es probable que ya hayamos tenido experiencias de dolor o de ira y que se “reactive” esa sensación en situaciones en las que no aparecería la ira.

¿Cómo controlar la ira?

El proceso de controlar la ira no es lineal, y es probable que experimentemos altibajos en el camino. Es importante recordar que cometer errores es natural, pero lo esencial es aprender de ellos y seguir adelante con un enfoque positivo en el desarrollo personal.

Durante el enfado

Reconoce y Acepta tus Emociones

El primer paso para controlar los enfados es reconocer y aceptar que estamos experimentando esta emoción. Es normal sentir enfado en ciertas situaciones, pero negar o reprimir esta emoción solo empeorará las cosas a largo plazo. Permítete sentir el enfado sin juzgarte por ello, reconociendo que es una emoción que forma parte de tu experiencia humana.

Técnicas para bajar la intensidad

Cuando sientas que el enfado está aumentando, tómate un momento para respirar profundamente o para poner en práctica cualquier ejercicio de relajación o de respiración consciente (con el que ya te sientas cómodo) para calmar el sistema nervioso y reducir la intensidad de la emoción. Repite este proceso varias veces hasta sentir que te has calmado.

Salir de la situación temporalmente

A veces, la mejor manera de controlar un enfado es tomar distancia de la situación. Si te sientes abrumado por la emoción, retírate momentáneamente de la situación que lo provocó. Esto te permitirá enfriar la cabeza y evitar reacciones impulsivas que puedan generar conflictos innecesarios. Intenta definir alguna palabra o señal para indicar que vas a separarte momentáneamente (la conversación se retomará después cuando estés más tranquilo), especialmente si es una persona con la que tiendes a verte en esa situación.

Comunicar asertivamente

Aprender a expresar nuestros sentimientos y necesidades de manera clara y respetuosa puede evitar conflictos innecesarios y mejorar la comprensión entre las partes involucradas. Comunica tus emociones de manera clara y respetuosa, evitando culpar o atacar a la otra persona. Es fundamental practicar la escucha activa, presta atención a lo que la otra persona está diciendo y trata de entender su perspectiva. Otra herramienta útil, es intentar enfocarse en cual está siento el problema, para dirigir la conversación hacia las posibles soluciones.

Después de tu enfado

Toma Conciencia de tus Desencadenantes

Identificar los desencadenantes que provocan tus enfados es crucial para evitar situaciones que puedan exacerbar esta emoción. Reflexiona sobre qué situaciones, palabras o acciones de los demás te hacen sentir enfadado, para poder evitarlos o y trata de desarrollar estrategias para manejarlos de manera más efectiva.

Si, tras intentar aplicar estas pautas y reflexionar al respecto, sigues teniendo dificultades para gestionar tus enfados, desde Quiero Psicología, podemos ayudarte a tener herramientas y mejorar la gestión de la ira, para que puedas mejorar tus relaciones sociales y calidad de vida.

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Tips para vacaciones familiares tranquilas

Las vacaciones de verano suelen ser el momento para poder descansar y disfrutar de tiempo de calidad y en cantidad con tus seres queridos, ya que muchas personas coinciden en la disponibilidad y el buen tiempo invita a este descanso a mitad de año.

Ya sea con tu familia directa o tu familia política, e incluso las amistades más cercanas de tu pareja o tuyas (circulo que para muchos es la familia elegida), muchas veces las vacaciones familiares están cargadas de expectativas altas, entusiasmo y ganas de crear muchos recuerdos inolvidables.

Sin embargo, en estas vacaciones, se suele convivir de forma excepcional con personas con las que no solemos convivir, y esto puede dar lugar a tensiones y conflictos. Para que estas vacaciones sean gratificantes y emocionalmente satisfactorias, es importante considerar algunos aspectos que pueden ayudarte a gestionar mejor las emociones en esa circunstancia.

1.      Ajustar expectativas y establecer límites

Es importante que ajustes tus expectativas: pensar que vas a convivir con personas con las que hace mucho o nunca has convivido sin tensiones puede ser poco realista. Intenta definir qué cosas específicas quieres hacer o sacar de esas vacaciones, y si es posible, que dependan en gran parte de ti. Por ejemplo, poder ir a la playa la mayoría de los días, o acabar el libro que te has traído. Puedes comunicarlo en la medida de lo posible, especialmente si crees que los demás pueden tener una perspectiva diferente a la tuya.

Unos de los mayores puntos de discusión suelen ser las actividades, reparto de las tareas y distribución del tiempo. No menosprecies la importancia de tener una conversación para poder asentar ciertas bases, establecer límites claros y negociar cuando sea necesario: ceder en ciertas situaciones y encontrar compromisos ayudará a mantener un ambiente armonioso.  Además, acordar rutinas flexibles (“de vacaciones”) para dar estructura a nuestros días y tener una guía que oriente las actividades y comidas ayuda a disfrutar del descanso sin perturbar nuestro descanso ni generar desacuerdos.

2.      Comunicación abierta y empática

La base de cualquier relación sólida es la comunicación. Durante las vacaciones en familia, es fundamental mantener una comunicación abierta y empática. Intenta escuchar activamente a cada persona, especialmente en referencia a sus pensamientos y sentimientos y respeta sus opiniones, aunque no siempre estés de acuerdo. Asimismo, intenta comunicar tu estado mental en la medida en la que te sientas cómodo, para que todos podáis tener en cuenta esto a la hora de hablar e interactuar entre vosotros. Si algo te sienta mal, intenta aclararlo con preguntas, ya que una comunicación clara y afectuosa puede prevenir malentendidos y minimizar conflictos.

3.      Tiempo para ti y tiempo con los demás

Aunque las vacaciones familiares implican pasar tiempo juntos, es crucial respetar el espacio personal de cada miembro de la familia. Planifica momentos a solas, ya sea para leer, dar un paseo o simplemente descansar, y comunicarlo (esto no siempre está muy normalizado, pero es importante que los demás puedan tenerlo en cuenta).

Si crees que puede generar reacciones adversas (por ejemplo, que piensen que no quieres pasar tiempo con ellos), planifica tiempo con los demás, para que haya espacios y actividades conjuntas igualmente.  Puedes incluso buscar que todos colaboren en la planificación de esas actividades conjuntas: que cada miembro elija una actividad durante las vacaciones garantizará que todos se sientan incluidos y disfruten de algo que les interese. Además, realizar actividades relajantes, como meditar, hacer yoga o simplemente disfrutar de una caminata por la naturaleza, pueden ayudar a generar un clima más tranquilo y de conexión emocional.

4.      Practicar la tolerancia y la paciencia

Durante las vacaciones, es normal que surjan diferencias de opinión y roces entre los miembros de la familia. En estos momentos, es esencial practicar la tolerancia y la paciencia. Recuerda que todos tienen diferentes personalidades y formas de abordar situaciones, y lo que es importante es encontrar soluciones respetuosas y comprensivas. Asimismo, si crees que hay temáticas que no quieres que se aborden o de los que tu prefieres permanecer alejado, comunícalo: puede que no respeten tu límite, pero eres libre de salir de la situación si esto ocurre, ya que lo has avisado.

Aunque hablamos de como aliviar tensiones, puede ocurrir conflictos y las emociones se desborden y haya personas ofendidas o heridas: Date un tiempo para gestionar lo que haya ocurrido, pero recuerda que nadie es perfecto y es importante aprender a disculparse y aceptar disculpas sinceras, para poder seguir adelante sin rencores.

Si aun así, se dan situaciones que crees que hayan impacto mucho en tu bienestar emocional o que crees que pueden haber perjudicado la relación que tienes con esos familiares y puede que tengas que seguir viendo, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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No quiero sentir ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones estresantes. A pesar de ello, generalmente no es agradable sentir ansiedad, especialmente si esta respuesta se vuelve excesiva o persistente, interfiriendo en nuestra vida. En este artículo, exploraremos las pautas para manejar la ansiedad y examinaremos algunas posibles causas que contribuyen a su desarrollo.

Entender la ansiedad

La ansiedad es una emoción que todos experimentamos en determinadas circunstancias, como antes de un examen importante o una entrevista de trabajo. Aparece especialmente cuando se da una situación incierta (que no sabemos cómo va a desarrollarse) y que es importante para nosotros, para que podamos estar preparados para ella. Por ello activa nuestro cuerpo y centra nuestra mente en lo relacionado a ese suceso (por ejemplo, pensando en todos los factores que pudiéramos controlar de una entrevista: la ropa, el CV, como llegar, etc.).

 Algunos síntomas comunes de la ansiedad incluyen la preocupación constante, la tensión muscular (dolores de cabeza, contracturas, rigidez muscular), los problemas de sueño y falta de apetito, inquietud motora, dificultad para concentrarse, bruxismo… Sin embargo, cuando la ansiedad se vuelve crónica y afecta nuestra calidad de vida, es importante buscar formas de manejarla.

Posibles causas de la ansiedad

  • Factores biológicos: Algunas personas pueden ser más propensas a desarrollar ansiedad debido a diferencias en la química cerebral o en la forma en que su cuerpo maneja el estrés, así como su balance hormonal (por ejemplo, las hormonas durante el ciclo menstrual, la falta de vitaminas…).
  • Experiencias traumáticas recientes o actuales: Haber vivido o estar viviendo experiencias traumáticas, como abusos, violencia, enfermedades graves o fallecimientos cercanos, contribuyen a la sensación de peligro y activación constante, que puede empeorar los síntomas de ansiedad.
  • Factores Ambientales y estilo de vida: Un trabajo muy demandante o estresante, una situación económica ajustada que supone un estrés constante, cambios importantes en la vida (como una mudanza o incluso un embarazo) y el consumo excesivo de sustancias como el alcohol, drogas o cafeína pueden desencadenar o empeorar la ansiedad.
  • Problemas en relaciones sociales importantes: Una relación conflictiva o que simplemente está pasando por un mal momento con tu pareja, padres o amistades cercanas puede provocar mucha ansiedad.
  • Rasgos de personalidad: Si una persona tiene rasgos más marcados, como la autoexigencia, el perfeccionismo o el control, es fácil que pequeños estímulos o situaciones ajenas puedan generar mucha ansiedad.

Pautas para manejar la ansiedad

  1. Reconoce y acepta: Hemos explicado que es una emoción adaptativa y natural, no te juzgues por sentir ansiedad, permítete experimentarla y reconoce que no te define como persona. Intentar controlarla, solo aumentará los síntomas y será más frustrante.
  2. Practica técnicas de relajación: Puedes probar con técnicas accesibles como la meditación, ejercicios de mindfulness, yoga, la respiración profunda o visualizaciones guiadas (descritas después) o simplemente con sonidos relajantes. Así aprenderás a centrarte en tu cuerpo sin juzgar las sensaciones y generarte una sensación de calma. La respiración profunda es una técnica simple (existen varios tipos de ejercicios) que no quita la ansiedad, pero reduce los síntomas. Siéntate en una posición cómoda, cierra los ojos y concéntrate en la respiración: Inhala por la nariz, sintiendo cómo se expande tu abdomen, retén el aire unos segundos y luego exhala muy lentamente por la boca, contrayendo el abdomen “hasta vaciarte”; y repítelo varias veces. La visualización guiada: Se trata de imaginar escenas relajantes y tranquilas (conocidas o imaginadas), existen audios y vídeos que pueden facilitarte el ejercicio. Cierra los ojos y visualiza un lugar tranquilo, como una playa o un jardín. Imagina todos los detalles, como los sonidos, los olores y las sensaciones táctiles.
  3. Mantén un estilo de vida saludable: Encuentra una actividad física que disfrutes (caminar, correr o cualquier otra forma de ejercicio) y dedícale al menos 30 minutos al día, busca tener una dieta con alimentos nutritivos de forma equilibrada y establece una rutina de sueño estable.
  4. Autocuidado y emociones agradables: Busca que tu horario incluya actividades agradables para reponer tu energía y reducir la ansiedad. Enfocarte de manera consciente en emociones agradables también puede ser muy beneficioso. Por ejemplo, empieza un diario de gratitud, donde cada día, escribas tres cosas por las que te sientas agradecido (cosas pequeñas como una conversación divertida o un paisaje bonito que has visto).
  5. Establece límites y prioridades: A menudo, nos sentimos abrumados por una lista interminable de tareas, identifica las tareas más importantes y delega o elimina aquellas que no son urgentes o necesarias. Asimismo, pon límites a las personas que supongan estresores para ti.
  6. Busca apoyo social y profesional: No tengas miedo de pedir ayuda y compartir tus preocupaciones con personas cercanas que puedan brindarte una perspectiva diferente o ayudarte delegando en ellos. Si tienes varios factores de los anteriormente mencionados o un problema subyacente, estas pautas podrán aliviar los síntomas, pero un trabajo más profundo con un profesional será necesario. Desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar la ansiedad y adquirir habilidades para ello.