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Los vínculos tóxicos con la familia

Muchas veces escuchamos, “Es que es tu padre, intenta hablar con él…..” “Es que es tu madre, seguro que lo hace por tu bien….” “Es familia, y la familia es lo más importante, pase lo que pase tienes que perdonar….”

¿Quién dice que hay que conformarse? ¿Es necesario tener que mantener una relación familiar que nos hace sentir malestar e inseguridades? La única verdad es que nadie puede elegir la familia en la que nace, así como podemos desarrollarnos en ambientes sanos y estructurados, también podemos encontrarnos en un ambiente desestructurado y tóxico.


En ocasiones, las características de vínculos tóxicos dentro de la familia pueden pasar desapercibidos, o bien porque se da por hecho la autoridad de determinados miembros como abuelos o padres, o por la propia cultura y sociedad que crea un tabú ante ello. Aquellas características más significativas dentro de las relaciones tóxicas en una familia son:

Nula privacidad:

No se respetan los espacios vitales de cada miembro ni sus propias necesidades. Suelen ser relaciones construidas desde la autoridad cuyo objetivo es satisfacer las necesidades propias. Esto llevara acabo actitudes de sobreprotección o de agresión que incapacitará el desarrollo emocional normal.

Comportamientos extremos:

En estos comportamientos extremos podemos encontrar la sobreprotección y el abandono, ambos pueden generar relaciones de dependencia con apego ansioso o inseguro que se manifestará en la manera de crear nuevas relaciones en nuestra vida adulta, semejantes a los que conocemos.

Falta de comunicación:

Evitar hablar tanto de los problemas como de los conflictos tiene un gran impacto en nuestras emociones. Se enseña que las emociones como la tristeza y el enfado se tienen que guardar como si no existieran, lo cual, acabarían acumulándose como una olla a presión que tarde o temprano puede explotar, conllevando consecuencias psicológicas y emocionales en un futuro. A veces, las familias evitan hablar de situaciones complicadas con intención de no preocupar o no generar malestar, no obstante, mirar hacía otro lado nunca fue una buena opción.

Rigidez mental:

Los miembros de la familia con conductas y pensamientos inflexibles en ocasiones no permitirán que los cambien. Suelen ser relaciones de dominación. Esto nos puede llevar a la frustración sin saber como podemos mejorar dichas relaciones.


En ocasiones nos vemos obligados a mantener la relación familiar por diferentes motivos como la
dependencia económica. Lamentablemente, no podemos cambiar a las otras personas, pero si
podemos cambiar nuestra manera de actuar ante ellos y posicionarnos.

¿Qué podemos hacer por nuestra parte para frenar el daño que se sigue causando?


Utilizar la empatía: ponerse en los zapatos de la otra persona no significa que tengamos que someternos, sino escuchar y aceptar la posibilidad de que no pueda se llegue a otros entendimientos. Esto no implica que dejemos de actuar por nuestra propia libertad.


Manifestar el respeto y proteger el propio espacio: es muy importante que le demos el valor que se debe a nuestro espacio personal.


Aprender a marcar límites, decir que NO: primero de todo, hay que comprender, que decir que “No”, no significa querer menos a alguien o hacerles daño. Si te sientes obligado a tener que realizar algo que realmente no te apetece, puedes decir que no y valorarte. Si esto genera a alguien malestar, cada persona es responsable de sus emociones y como gestionarlas.


Siempre respeto: el respeto hacía los demás y hacía uno mismo es fundamental. Con un lenguaje asertivo y respetuoso, evitando los conflictos, tenemos todo el derecho a comunicar aquello por lo que no estamos dispuestos a pasar. Ese lenguaje asertivo y firme permite que los demás entiendan tus necesidades y la nueva manera de relacionarte con ellos.


Paciencia: aprender a esperar y pensar antes de actuar es una gran habilidad que ayuda a relacionarnos de manera positiva y sana. Las actitudes impulsivas, los gritos y las exigencias tienen que dejarse de lado y no reforzarlas atendiéndolas, pues todo ello conlleva conflictos innecesarios.


Estas pautas no siempre son fáciles de poner en práctica y tendremos que pedir ayuda externa como los profesionales de la psicología para que nos guíen y llevarlas a cabo, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Recuerda que el autocuidado también consiste en poder desvincularte de aquellos lazos que puedan ser tóxicos sea o no sea en un contexto familiar.

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Año nuevo ¿propósitos nuevos?

¡Bienvenidos al 2022!

Quizás muchos de vosotr@s hayáis terminado el año haciendo una reflexión de lo que ha supuesto en vuestras vidas, pues como diría Mecano: “Hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás”. Y ¿cómo sale este balance? Cuando se refiere a los objetivos planteados en el año anterior, en muchas ocasiones es negativo ya que nos damos cuenta de que llevamos arrastrando nuevos objetivos durante años y que no terminan de llegar. En este post veremos por qué ocurre esto y cómo podemos afrontarlo.

¡Año nuevo, vida nueva! O no

Es un dicho muy habitual, lo cierto es que no siempre es real.

Cuando nos planteamos nuevos objetivos empezamos a fallar en el planteamiento de los mismos. En Internet se pueden encontrar listados con un sin fin de propósitos (dejar de fumar, hacer deporte etc.), pero si una persona que no ha probado el tabaco lee “dejar de fumar” no tendrá trabajo que hacer, lo mismo que le ocurriría a alguien que corra maratones si en esa propuesta lee “hacer más deporte”. Llevado a lo absurdo, se ve cómo puede ser inútil tirar de los propósitos prestablecidos.

Además, es habitual que en la lista de objetivos estén siempre los mismos, véase hacer más deporte, apuntarme a inglés, encontrar pareja, etc. A veces los objetivos nos mantienen vinculados con los demás (ej. Hacer dieta a la vez que nuestra pareja, ir junto con un@amig@ a inglés) y puede hacer más llevadero el proceso, pero no es garantía de éxito. Y esto no es casual. Es fácil que abandonemos en el camino porque nos esforzamos en perseguir los objetivos que están reforzados socialmente. En busca de ese reconocimiento, hacemos lo que se espera de nosotros y nos olvidamos de lo que es realmente importante en nuestras vidas. El motor más eficaz será actuar conforme a nuestros valores y echarnos nuestra propia gasolina.

Haz tu propia lista de objetivos

Imagina que tu vida esun jardín y tú eres el/la jardinero/a que lo cuida. Las plantas, flores y árboles que tienes en tu jardín representan las áreas que más te importan en tu vida y marcan el camino hacia donde quieres dirigir en tu vida. Esos son tus valores.

Ahora reflexiona sobre las siguientes preguntas: ¿Cómo es tu jardín? ¿Hay plantas, flores y /o arboles? ¿Cuánto espacio ocupa cada una? ¿Cuáles sueles cuidar a diario? ¿Hay algunas que hace tiempo que no riegas y se han marchitado? ¿Cuánto tiempo pasas quitando las malas hierbas? ¿Cómo te gustaría que cambiase tu jardín?

Teniendo esto en cuenta, elige aquella área que desees mejorar y plantéate una meta para remar en esa dirección.

Diseña tu objetivo

Traduce tu meta en un objetivo. Es necesario diseñarlo bien ya que si no somos específicos, no sabremos si lo hemos conseguido. Para ello es importante que: 

  • Sea medible ya que no es lo mismo “Correr más” que plantearse “Correr 5 km en el plazo de un mes”.
  • Establezcas un plazo de tiempo para iniciar y llevar a cabo tu plan de acción. ¡Ojo! Esto significa comprometerse en alcanzar dicho objetivo en un tiempo si tienes que descomponerlo en pequeños pasos, pero nada tiene que ver con romper radicalmente tu rutina el mismo día 1 de enero. De ser así, es probable que el coste de hacerlo supere nuestras ganas de perseguir el objetivo.
  • Sea alcanzable: Quizás es uno de los parámetros más importante a tener en cuenta. El objetivo tiene que activar lo suficiente para ser un reto, pero no tanto como para no poder ser alcanzado dentro de tus circunstancias o si no dispones de las herramientas suficientes. Valora las barreras que pueden aparecen en el camino y cómo podrías sortearlas.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si nunca has corrido es fácil que no logres correr un maratón en dos semanas y es más que probable que la simple idea te bloquee y haga que no pases a la acción. Aquí daríamos la bienvenida a la procrastinación, esa tendencia a decir “ya lo haré mañana”.

Procrastinación. Vs. Propósitos de año nuevo.

Si bien es necesario tener en cuenta que el objetivo tiene que ser asequible, es igual de importante atender a nuestro dialogo interno, pues a veces nos anima a aplazar tareas constantemente. Párate a pensar en una actividad que hace tiempo que quieres iniciar pero que no realizas y escucha qué te estás diciendo. Es posible que aparezcan pensamientos como:

“Me da pereza” (el gran disfraz de la procrastinación)

Si se trata de nuevos retos donde puede que tus capacidades se evalúen “No voy a poder” “Lo voy a hacer mal” “Para qué lo voy a intentar”.

Si se trata de un objetivo de autocuidado, puede aparecer cierta dificultad para reservar tiempo para uno mismo bajo el pensamiento “Debería estar haciendo X cosa en vez de esto”. “No tengo tiempo”.

Tras estos pensamientos hay varios obstáculos que impiden pasar a la acción. Puede que tengas miedo a fracasar, pero ¿por qué ibas a hacerlo mal?  ¿es necesario hacerlo bien? Quizás te equivoques en el camino, pero es parte del proceso. No estamos hablando de hacerlo bien, estamos hablando de hacerlo, no en busca del éxito ni del resultado, sino por las ventajas que supondrían en tu vida.

Puede que consideres que otras cosas son más importantes que la nueva meta que te planteas y te cueste invertir en ti más allá de las obligaciones diarias. Lo cierto es que el simple hecho de que esto nos genere malestar es la señal más significativa de que debemos generar este espacio personal. Tenemos que recorrer el camino contrario, haciendo cosas por el mero placer de hacerlas.

Eres más que un objetivo

En este post hemos hablado de como facilitar el camino para alcanzar TUS PROPIOS propósitos en este año nuevo que acaba de empezar. No obstante, no debemos evaluarnos en función de si los conseguimos alcanzar, puesto que esa crítica no ayudará a avanzar ni es representativa de todo lo que conseguimos en nuestro día a día.

Haz un balance del año siendo más amable contigo mism@. Ha sido un año rodeado de circunstancias adversas, pero puedes empezar valorando en qué aspectos ha podido mejorar tu vida. Si los pensamientos se van a sucesos negativos, piensa en cómo has afrontado esa circunstancia, reconoce tus recursos y herramientas y ponlas en valor. Permítete señalar el avance pese a las dificultades puesto que eso sí es un éxito.

Si quieres comenzar a mejorar algún aspecto de tu vida, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Conoce el vaginismo

¿Qué es?

Se trata de una contracción involuntaria de la musculatura que rodea la vagina (esfínter de la vagina y elevador del ano) al intentar introducir un objeto en el orificio vaginal, haciendo imposible la penetración (aunque la lubricación sea correcta y la erección adecuada)

Está formada por 2 procesos:

  • Orden mental que genera una anticipación de sentir miedo, dolor o peligro, que hace que se de
  • una contracción involuntaria y automática (e inconsciente mayoritariamente) de los músculos que rodean la vagina

A veces, la “primera contracción” se puede deber a cuestiones físicas, sin necesidad de anticipar nada. Sin embargo, posteriormente esa asociación entre penetración-dolor generará una respuesta evitativa por nuestra parte donde se dará la contracción vaginal.

Sabemos que en la sociedad en la que vivimos, no se nos educa en conocer, explorar, y amar a nuestra vulva. Vivimos constantemente con emociones como la vergüenza, la culpa o el asco hacia cuestiones relacionadas con nuestra vivencia sexual, como es en este caso la relación que establecemos con nuestra vulva.

¿Te has preguntado alguna vez cómo de presente la tienes en tu día a día? Y no solo a tu vulva, pues el placer sexual no se localiza solo en nuestra genitalidad, sino ¿cómo de presente está el placer en tu día a día? ¿Qué pasaría si empezásemos a tratarnos y hablarnos como lo hacemos con una amiga?

La desconexión con nuestro cuerpo y nuestras necesidades es tal en el sistema capitalista y patriarcal en el que nos vemos arrojadxs, que seguir los ritmos que se nos imponen, tenernos en cuenta, darnos el espacio y a la vez, gestionar todas las presiones de “dar placer a la pareja” y nuestra propia autoexigencia, es imposible. Así que date permiso, ante todo. Permiso para estar en una situación similar y permiso para aceptar que no siempre podemos con todo.

La frustración que surge de la norma coitocéntrica y/o reproductiva de la sexualidad puede presentar también problemas en otras fases de la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo). Dicha frustración y los intentos fallidos que la acompañan junto al dolor, acaban generando una respuesta de evitación y miedo al fracaso que puede manifestarse de muchas maneras. “Es que no soy normal”, es a veces una de las frases mas escuchadas en consulta, pues las personas con vulva parecen no poder “ser sexuales” si les falta el pene o la penetración en su sexualidad, ya que esta parece darse “a través de la pareja” y la penetración de esta con su pene.

Errores que cometemos

Muchas veces venimos con errores de aprendizaje o miedos de base que influyen en la relación con nosotrxs mismxs y nuestra sexualidad. Podemos ser más o menos conscientes de ellos, dada la educación sexual que hemos recibido tanto a nivel familiar como a nivel de sistema. Por ejemplo:

  • Excesivo valor sobre el coito y la penetración, así como disvalor sobre el conocimiento del propio cuerpo y toda la sexualidad no coital. De esta manera se concibe la relación sexual sin coito como incompleta, a medias, aburrida…
  • Desconocimiento en la primera experiencia de coito. Los mitos y prejuicios acerca de las primeras penetraciones pueden no permitir una relajación que favorezca la excitación. Estas situaciones pueden conllevar una tensión que favorezca la molestia o dolor en la penetración.
  • Miedo al dolor: pensamientos como “mi vagina es pequeña”; “el pene es demasiado grande”; “las primeras veces duelen”
  • “El coito solo para quien se lo merezca. Para la persona adecuada”, donde obviamos nuestro propio deseo y realizamos el acto sexual para la otra persona
  • Sentimientos de culpa por hacer algo que no se debe
  • “Si lo hago dejaré de ser interesante, me dejarán de lado”. Se concibe que por haber dado “todo”, ya no queda nada que ofrecer sexualmente y podrían ser abandonadas
  • Miedo al embarazo
  • Miedo a contraer ITS/ITG (infecciones de transmisión sexual, genital)

Si sientes que estás pasando por una situación similar, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. En Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

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Mitos sobre la infidelidad en la pareja

Con el avance de los tiempos, las personas nos sentimos más libres para decidir que clase de relación queremos establecer con otra persona, siempre llegando a un acuerdo entre ambas partes.


Se puede tener relaciones liberales, poliamorosas, polígamas, con compromisos, sin compromisos, etc. Siendo fundamental comentar las necesidades de cada uno para llegar a un punto donde ambos se encuentren cómodos con la relación que quieren mantener. Tampoco hay que olvidar, que se puede empezar estableciendo una pareja monógama y después cambiar a otro tipo de relación o a la inversa. Las relaciones avanzan y cambian al igual que las personas.


Un punto en común que mantienen todas las relaciones es la confianza, siendo fundamental para establecer un vínculo sano, que nos proporcione seguridad a la hora de comunicarnos con la otra persona.

En ocasiones esa confianza puede dañarse por diferentes motivos, en este caso vamos a comentar la infidelidad en una relación cerrada, haciendo hincapié en los mitos que la rodean.

Al igual que nos encontramos con muchos mitos acerca de las relaciones sentimentales debido a las creencias culturales que nos inculca la sociedad, también hay una serie de mitos que rodean la infidelidad dentro de una relación.

Mitos más comunes


En muchas ocasiones nos encontramos en consulta relaciones sentimentales que dan por hecho determinados actos, pensamientos y situaciones dirigidos por lo social, ya que hay un esquema social de lo que se considera una relación o una infidelidad, creando mitos, que se definen como una verdad incuestionable socialmente aceptada.

“Si se tiene en casa lo que se necesita, no hace falta buscarlo en otro sitio”


Como ya hemos mencionado anteriormente, las relaciones cambian al igual que cambian los integrantes de ella. No tiene porque haber ningún conflicto importante, ni dejar de querer, ni insatisfacción sexual para que se produzca una infidelidad, puede darse por diferentes motivos.


“Los hombres son infieles por aburrimiento y miedo a la intimidad y las mujeres lo son por el sentimiento de soledad y necesidad de intimar”


Los hombres y las mujeres tienen los mismos conflictos internos, los mismos miedos e inseguridades. Sin embargo, la sociedad nos impone tanto a los hombres como a las mujeres maneras diferentes de afrontar estas situaciones, lo que puede generar un malestar por la disonancia de lo que socialmente se “tendría que hacer” y lo que realmente queremos hacer.


“La relación fiel es madura, comprometida y realista; la infiel es inmadura, egoísta y carente de control”.


Llevar a cabo una infidelidad, no significa ser una persona inmadura incapaz de establecer un
compromiso o responsabilidades, se pueden dar contextos o factores difíciles de gestionar.


“Los romances son dañinos, no ayudan a un matrimonio y no pueden ser aceptados”.


Esto seria un planteamiento ideológico. Es posible que incluso un romance fuera de la relación, pueda ayudar a entender lo que está sucediendo y como solucionarlo.


“La única manera de restaurar la confianza y la intimidad es a través de la verdad, el arrepentimiento y la absolución por parte del ofendido”.


¿Qué es la verdad y cuánta verdad es necesaria para poder reparar algo? En ocasiones la verdad puede hacer mucho daño. Una de las maneras de dejar el sentimiento de culpabilidad es trasladar la responsabilidad en la otra persona, contando con detalles todo lo que ha sucedido para que sea esta quien tome las decisiones, en vez de responsabilizarnos de nuestros propios actos.


“El divorcio otorga más auto respeto que el perdón”.

Se considera “normal” que una vez se da una infidelidad se tiene que optar por el divorcio o una separación, no obstante, las parejas se mantienen por muchos motivos y es fundamental el respeto de las decisiones de cada uno, evaluando siempre el malestar que se puede generar y trabajando para que se desarrolle un ambiente confortable.


Las relaciones sentimentales evolucionan y no siempre tenemos las herramientas suficientes para poder gestionar los acontecimientos o establecer una comunicación emocional donde se manifiesten las necesidades que se presentan. Esto nos puede llevar a cometer determinados actos que perjudiquen la relación y provoquen malestar.

Por ello, si consideras que tienes inconvenientes en relación a esto, es recomendable acudir a un especialista que te pueda ayudar, en Quiero Psicología tenemos las puertas abiertas para ti.

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Aprende qué es el Mindfulness

Quizás conozcas a alguien a tu alrededor que te haya dicho que está practicando mindfulness, o incluso es posible que te hayan aconsejado realizarlo, pero…

¿Qué es Mindfulness?

En este post te lo explicaremos, veremos sus beneficios y de qué forma puedes empezar a incluirlo en tu práctica cotidiana.

Antes de explicar qué es Mindfulness, vamos a ver con unos simples ejemplos qué no es. Imaginemos que estamos en el trabajo y comenzamos a pensar en cómo organizar el próximo viaje que tenemos en mente y una vez que estamos en nuestro destino comenzamos a pensar en todo lo que tenemos que hacer a la vuelta. O estamos con un hambre voraz y al sentarnos a comer empezamos a pensar en aquello que nos dijo un amigo que nos molestó ¿Qué tienen de común estos dos escenarios? Un exceso de futuro y pasado y una absoluta desconexión del presente. Digamos que lo opuesto a Mindfulness es esa falta de conciencia plena, sería cómo esa tarde de domingo que no terminas de saborear por estar pensando en el lunes que se avecina.

Evolución del Mindfulness

“Mindfulness” en su concepción más antigua, datada en 1921, proviene de la traducción al inglés de la palabra Sati, que en el idioma pali (en que están escritos las enseñanzas de Buda) significa conciencia, atención y recuerdo. Todo ello se entiende como la intención de ser consciente y dirigir la atención a nuestra propia experiencia.

Desde su adaptación a la psicoterapia occidental, se han incluido otros elementos a esta acepción antigua considerando el no juzgar, la aceptación y la compasión. John Kabat-Zinn merece una especial mención, pues fue él quien extendió la aplicación de la práctica del mindfulness al campo terapéutico y lo definió del siguiente modo “es la conciencia que surge de prestar atención intencionalmente en el momento presente y sin juzgar, a las experiencias que se despliegan a cada momento”.

Mindfulness rema en dirección contraria al piloto automático que todos llevamos encendidos en mayor o menor medida. No obstante, a veces se puede caer en el error de visualizar esta práctica como una persona aislada meditando sin sentir ni padecer y es exactamente lo contrario.

No se pretende dejar la mente en blanco sino tomar conciencia de nuestros pensamientos. Tampoco pretende perseguir un estado de felicidad utópica, sino aceptar las emociones desagradables sin tratar de defendernos de ellas, lo que conllevará a no aumentar el sufrimiento innecesario que surge de la evitación del malestar.

Bajo el paraguas de la palabra “mindfulness” están englobadas diferentes meditaciones y ejercicios que complican entender qué es exactamente. Podemos encontrar la meditación basada en la concentración donde se centra la atención en un elemento central que a menudo suele ser la respiración o una frase/palabra recurrente. Es cierto que la meditación va implícita en la práctica del mindfulness, pero en vez de concentrar la atención en un punto se centra en ser consciente plenamente de nuestra experiencia. La meditación mindfulness hace referencia a un proceso de introspección (vipassana bhavana) que incluye observar cómo divaga nuestra mente y tomar conciencia para volver al momento presente. Es habitual que nuestra mente se vaya a otros lugares y en casos, volver a la respiración facilitará el proceso retomando la atención plena en nosotros.

¿Qué beneficios tiene la práctica de la atención plena?

Como hemos señalado, se potencia una apertura a nuestra experiencia interna sin juzgarla. Esto supone aceptarla y por tanto bajaremos nuestros escudos para dejar de defendernos de aquello que genera malestar (pensamientos negativos, emociones desagradables). Mediante este proceso disminuye la rumiación en torno a nuestros pensamientos, conlleva a menores niveles de ansiedad y a una mejor regulación emocional. Su práctica continuada conlleva en definitiva a un mayor bienestar y por ello es aconsejable que comencemos a emplearlo.

Trabajando tu yo-compasivo.

La práctica del mindfulness puede ayudarnos a trabajar las heridas emocionales que se reabren en nuestra vida actual incluso sin llegar a ser conscientes. Imaginemos que estando en el trabajo ante una elevación de voz vemos que un compañero se paraliza y desde una posición externa no entendemos lo desproporcionado de su reacción. Esto ocurre porque a menudo nuestro cuerpo responde de una forma instintiva obedeciendo a nuestra experiencia previa y a los esquemas que hemos ido construyendo. Nuestro cuerpo reacciona desde nuestros propios pensamientos como si fueran un hecho. Aquí puede comenzar una ardua batalla para tratar de suprimir esas sensaciones y emociones desagradables. Por ello hay que andar en dirección contraria, permitir que las emociones ocupen el espacio que se merecen y ser más bondados@ contigo.

Para favorecer este distanciamiento con los pensamientos y alejarte del dialogo de tu “yo problemático” (invalidante, critico etc.) primero adopta un rol de observador que te ayude a conectar con la realidad actual, centrándote en describir objetivamente lo que ha ocurrido. Luego mantén un dialogo más amable contigo mismo por ejemplo diciéndote las cosas que le dirías a tu mejor amig@ si se estuviera hablando de una forma tan negativa.

Aplicaciones en la vida diaria

La práctica del mindfulness es algo que se puede cultivar. Por ello, te proponemos una serie de ejercicios para que los incluyas en tu día a día.

  • Comer con conciencia plena: Como veíamos en el ejemplo del comienzo, a veces nos sentamos a comer y terminamos sin haber saboreado apenas la comida. Para disfrutar de este momento con plenitud te proponemos el siguiente ejercicio. Antes de tu próxima comida, siéntate delante del plato y haz varias respiraciones. No te apresures a comer, simplemente contacta con el momento, observa lo que te rodea. Elige un alimento sólido para poder hacer esta práctica, como por ejemplo una manzana. Cógela con la mano y observa el movimiento de llevarla hasta tu boca. Presta atención a la función de los dientes y la lengua, saborea, no tengas prisa, incluso puedes frenarte cumpliendo un mínimo de masticaciones (ej. 20) antes de tragar y finalizar el primer bocado. Es posible que te resulte difícil, pero seguro que tomarás conciencia de las veces que has dejado de “saborear” esta experiencia.
  • Meditación tumbada: Antes de comenzar el día puede ser un buen momento para realizar este ejercicio. Aprovecha para hacer unos estiramientos y luego pon atención plena a la respiración. Conecta con ella y recorre tu cuerpo centrándote en cada parte desde la cabeza a los pies. Si hay alguna zona que te moleste, respira y siéntela. Pon atención al momento presente, permítete sentir las diferentes emociones que aparecen y observa como van variando tus sensaciones.
  • Mindfulness visual: Póngase de pie delante de una ventana y elija un objeto. Durante la exploración no trate de ponerle una etiqueta a lo que ve, (ej. Un coche), simplemente aprecie sus características como por ejemplo qué color/es tiene, si emite algún sonido, qué forma tiene, qué textura imagina que tendría, si hay diferentes partes en él. Piense si alguna vez ha tocado ese objeto, qué sensaciones le podría transmitir. No abandone esta practica hasta que piense que ha conectado con él todo lo que podría. Si durante el ejercicio la mente sus pensamientos se dispersan a otro lugar que no sea el ejercicio, tome conciencia de ello y vuelva al presente.

La práctica del Mindfulness puede formar parte de la terapia. Si estas pasando por un mal momento desde Quiero Psicología podemos ayudarte a poner en práctica éstas o a encontrar las herramientas que te funcionen.

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¿Qué es la parentalización?

La parentalización o parentificación es un proceso donde, a raíz de diferentes circunstancias, el hijo ha de hacerse responsable de sus propios padres. Esto provoca una inversión de roles, el niño pasa a desempeñar la figura paterna, responsabilizándose y cuidando de sus progenitores.

Formas de la parentalización:

La parentalización puede darse a través de múltiples formas:

  • Emocional: Existen padres con dificultades para regular sus emociones, que tienden a delegar la toma de decisiones relevantes en sus hijos ante su falta de estrategias de afrontamiento. Estos hijos, desde los primeros años de vida, tienden a hacer de sostén emocional, a cuidar la salud mental de sus padres o incluso ejercen de mediadores entre las disputas de sus progenitores.
  • Económica: Se trata de niños o adolescentes que han de hacer frente a gastos económicos para sostener a la familia porque sus padres se encuentran en situación de desempleo o sufren de alguna alteración que les impide trabajar. Estos menores o bien han de combinar la escuela con un trabajo, o en los peores casos, acaban abandonando sus estudios.
  • Instrumental: Estos niños se encargan de realizar las tareas domésticas como la limpieza del hogar, la compra, cocinar, llevar a sus hermanos menores al colegio, etc.

¿Por qué ocurre?

La parentificación tiene lugar cuando nos encontramos con padres que carecen de habilidades de afrontamiento y de regulación emocional suficientes para manejar sus propios estados mentales, y por tanto, para también responder a las de sus hijos.

Cuando un progenitor no es capaz de empatizar con las necesidades individuales que tiene su hijo ni presenta la capacidad para poder responder adecuadamente a sus demandas, se da un cuidado negligente. ¿Qué quiere decir esto? Que las necesidades del niño no se reconocen correctamente o se ignoran.

A consecuencia, el niño desarrolla diferentes estrategias a modo de supervivencia. Habrá menores que tenderán más a la evitación, ignorando y bloqueando sus emociones y necesidades, porque saben que no se les va a atender o incluso, pueden ser sancionados. Mientras que otros, ante esta negligencia, tenderán a hiperresponsabilizarse ellos mismos no solo de sus propias necesidades sino también de las de sus padres.

Estos fenómenos suelen ser recurrentes en entornos donde uno de los progenitores padece algún trastorno mental, entre padres que se encuentran bajo un proceso de divorcio, familias donde ha fallecido uno de los principales cuidadores, situaciones de riesgo social, padres que consumen sustancias o relaciones de maltrato.

¿Qué consecuencias tiene en la vida adulta?

Cuando somos bebés, somos seres totalmente dependientes de nuestros cuidadores. Nuestro cerebro y por tanto, las principales funciones ejecutivas, están todavía sin desarrollar, por lo que recibir un cuidado adecuado y mantener un vínculo seguro con nuestros cuidadores es esencial para poder lograr un funcionamiento adaptativo en la vida adulta.

Si crecemos en un entorno parentalizado, evidentemente, estas necesidades básicas no se van a poder cubrir adecuadamente.

Como hemos explicado antes, el niño, desde su propia inmadurez cerebral y siguiendo las reacciones de sus padres, desarrollará sus propias estrategias para evitar el sufrimiento: Reprimir sus emociones, ignorar sus propias necesidades, anteponer las demandas de sus padres a las suyas, sobreproteger a sus cuidadores, etc.

Siguiendo la teoría del apego, y cómo podemos ver a través de las personas que atendemos, estos patrones de comportamiento y roles quedan instaurados en la memoria del niño y generan por un lado, una representación de cómo han de actuar en el resto de situaciones sociales y por otro lado, una serie de expectativas de cómo actúan los demás.

Es como si el cerebro, con el fin de simplificar la información y ahorrar energía, crease una especie de mapa mental o guión de actuación para poder enfrentarse a las situaciones sociales y evitar así el malestar.

El problema surge cuando estos mapas son representaciones distorsionadas de la realidad, es decir, cuando el niño ha asumido una inversión de roles que no le corresponden a su edad madurativa y por tanto, no representan un adecuada relación paterno-filial.

A consecuencia, hablamos de niños inseguros, con baja autoestima, sensación de desprotección y por tanto, un elevado nivel de ansiedad, que podrá interferir en la vida adulta.

Estas personas, ante la ausencia de un modelo de regulación emocional eficaz, suelen tener dificultades para identificar sus estados emocionales y regular sus propias emociones.

De hecho, es muy habitual que estos niños parentalizados desempeñen un rol cuidador en el resto de situaciones sociales, como con amigos y pareja, ya que han aprendido que lograrán ser reforzados y escuchados si anteponen las necesidades de la otra persona a las suyas.

Suelen ser personas con dificultades para expresar su opinión, poner límites, decir que no, y sobre todo, dependen mucho del refuerzo externo para reafirmar su valía.

Otra estrategia muy común es la de desarrollar un patrón evitativo. Estos menores cuando exponen sus necesidades o sus estados emocionales, son ignorados y a veces incluso castigados. Por ende, ante esta negligencia, aprenden que la mejor forma de sobrevivir, y no resultar molestos para sus padres, es desconectarse de sus emociones.

Si crees que has sido un niño parentalizado y te sientes identificado con este post, tiendes a hiperresponsabilizarte de las necesidades de tu entorno y experimentas malestar, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Qué es terapia y qué no lo es?

Acudir a terapia es una decisión que puede resultar costosa ya que implica el reconocimiento de nuestro sufrimiento y nuestro dolor, que en muchas ocasiones llevamos arrastrando durante largo tiempo.

Pero una vez decidido iniciar un proceso terapéutico, nos encontramos con otra dificultad, dónde acudir.

Consultamos con amigxs y cada unx nos da su opinión y siempre hay alguien que comenta que se puede acudir a la sanidad pública y, claro, como es la opción con menor coste económico, optamos por probar suerte. Una vez acudimos a nuestro centro de salud y conseguimos que nos deriven a salud mental nos encontramos con otra piedra en el camino, no nos dan cita de forma inminente, con suerte (con mucha), nos atienden el mes que viene.

Por si acaso cogemos la cita que nos ofrecen, no vaya a ser, pero nosotrxs queremos que nos atiendan antes, estamos sintiendo el malestar en este momento y queremos, necesitamos que nos ayuden a aliviarlo lo antes posible, con lo que continuamos con la lista de opciones y optamos por acudir a un psicólogx privado.

Manos a la obra, cogemos el móvil o el ordenador, abrimos el buscador y escribimos “psicólogx y la zona en la que vivimos”.

Aparece un listado y ¿cuál elegimos?

Dentro de este listado en muchas ocasiones se cuelan opciones de menor coste económico y que aparentemente te ofrecen soluciones fáciles, rápidas y llamativas que simple vista pueden parecer la mejor opción. Pero en la mayoría de las ocasiones son pseudoterapias que desvirtúan la figura del psicólogx y que dañan tanto a profesionales como a pacientes.

Señales que te pueden ayudar a identificar qué es terapia y qué no es terapia

1. Detrás de una terapia psicológica siempre ha de haber un profesional titulado en psicología y colegiado.

2. Descarta aquellas opciones que te ofrecen soluciones en un breve espacio de tiempo. La terapia es un proceso relativamente largo, de varios meses o incluso años, por lo que frases como “en tres sesiones solucionamos tu problema” desconfía.

3. Otra de las frases que ha de hacerte desconfiar es “sin esfuerzo”. Todo aquello que implica un cambio supone un esfuerzo. No sólo se trabaja durante las sesiones, has de poner en práctica aquello que habéis hablado o abordado durante la cita.

4. Fíjate en la duración de cada sesión ya que una sesión en la que se pueda trabajar bien tiene una duración media de una hora. Menos, no es tiempo suficiente, más nuestros niveles de atención, tanto los tuyos como los del terapeuta disminuyen y se pierde eficacia.

5. Sesiones de orientación. Estas sesiones son las citas que se dan en primera instancia para que puedas conocer al terapeuta y su método de trabajo y suelen tener una duración menor de una hora. En esta primera cita podrás comprobar si conectas con el terapeuta y no es condicionante para iniciar terapia con esa persona.

6. Existencia de documentación y consentimiento informado. La existencia de este tipo de documentación es punto a valorar, puesto que en ella te indicarán e informarán de tus derechos y deberes si decides iniciar el proceso terapéutico y se te indicará que puedes revocar el acuerdo si así lo consideras. Una terapia nunca será efectiva si sientes que la estás realizando por obligación o que no hay mejorías.

Antes de iniciar un proceso terapéutico has de estar segurx y sentir confianza con el centro y con el psicólogx  que escojas, es una decisión importante, por lo que no dudes en preguntar e informarte bien.

Si ya has tomado la decisión de acudir a terapia pero no sabes dónde, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotras, ya que estaremos encantadas de informarte y atender todas las dudas que te plantees.

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Trabaja con tu lado «más oscuro»

Celebremos Samhain

¿Qué es Samhain?

Samhain se celebra la noche del 31 de Octubre al 1 de noviembre y es una de las fiesta más importantes de la tradición Celta, en esta fiesta, como en muchas otras que conocemos (La noche de difuntos, el día de Todos los Santos, el Día de los Muertos, etc…) se cree que el velo que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se difumina y así te puedes reunir con tus antepasados fallecidos.

Pero Samhain, además, supone el «año nuevo celta», o como significa su etiología gaélica «el fin del verano», y por lo tanto el comienzo de lo que se llama «la época oscura». Y efectivamente todos comprobamos en nuestras carnes lo que significa esto: las horas de luz se acortan, dan más ganas de quedarse en casa, hay muchos días nublados o incluso nos levantamos más tristes o sin energía.

¿Puedo beneficiarme de esta «época oscura»?

En la tradición Celta, como en otras tradiciones o religiones se cree que hay un momento para cada cosa y este momento de la época oscura es propicio para meterse «hacia dentro», para parar, pensar, empezar a idear nuevos proyectos, empezar a tejer las cosas que queremos o necesitamos para nosotros mismos, para estar a solas con nuestras cosas, para analizar lo que ha ido bien y mal en nuestras vidas…

Es decir, en general, para estar tranquilos y empezar un trabajo más reposado y en la intimidad de nuestro hogar, por eso para los Celtas esta época es también estupenda para trabajar con lo que ellos llaman «la sombra».

¿Qué es tu sombra? aquello que no quieres mostrar al mundo, lo que has hecho inconsciente, tus traumas, tus heridas, las cosas de ti que te dan vergüenza y no has confesado a nadie, tus secretos, las cosas que consideras inaceptables o vergonzosas de ti mismo.

Todos llevan una sombra, y cuanto menos se encarna en la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.

Carl Jung

Os pongo unos ejemplos para entenderlo:

  • De repente un día contestas a alguien de una manera que jamás le habrías contestado a otra persona y no sabes porqué.
  • Haces una cosa de un determinado modo y no puedes cambiar esa manera porque si no te da miedo y no entiendes a qué.
  • Te da vergüenza hacer algo y por mucho que te expones no se te pasa esa vergüenza y no sabes de dónde viene.
  • Situaciones parecidas que no sabes porqué haces o porqué sientes algo.

Ritual para trabajar con tu sombra

Hay mil millones de maneras de hacer conscientes esa sombra para que no influya en tu vida y te condicione, evidentemente una de ellas es ir a terapia y empezar a poner en palabras aquello que has estado callando (o que a lo mejor no sabes ni lo que tienes oculto por ahí), pero hoy te propongo un ritual para que trabajes con ella en casa.

  1. Si tienes claro que es lo que estás callando y no le cuentas al mundo escríbelo en una lista. Si no tienes idea de qué es lo que te pasa pasa escribe las situaciones que haces que no entiendes (reacciones que tienes con la gente, miedos que no sabes de dónde salen, etc…)
  2. El siguiente paso puedes hacerlo de 2 maneras:
  • VERSIÓN A CON MEDITACIÓN. Si eres capaz de concentrarte en la meditación o eres una persona que la practica siempre es recomendable esta opción. Busca un momento tranquilo, a solas, puedes decorar el espacio, por ejemplo poner inciensos, velas, una esterilla si tienes, etc… Pon esta música que te ayudará a concentrarte: https://www.youtube.com/watch?v=Tb8x0QbK0og. Y apaga la luz y cierra y los ojos. Respira hinchando en estómago en lugar del pecho. Coge aire, retenlo 1,2,3 segundos y suéltalo lentamente por la boca. Hazlo hasta que te sientas tranquilo, y después imagina que entras en una cueva y que está oscura, pero que, a medida que sueltas el aire por tu boca la estancia se hace más y más luminosa, así en cada respiración hasta que la cueva está totalmente iluminada. Y ahora piensa en la lista que has apuntado, piensa en cuándo te pasan las cosas que no entiendes, piensa en qué estas callando y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.
  • VERSIÓN B SIN MEDITACIÓN. Si no sueles practicar meditación y te pone aún más nervioso intentarlo, coge la canción del punto anterior, úsala en unos cascos y ve a caminar, es importante que sea caminar o correr o alguna actividad análoga. Y lo mismo que en el punto anterior, piensa en lo apuntado, en los situaciones de vergüenza o miedo o en las cosas que callas y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.

3. Apunta todas las conclusiones que saques o todas las cosas que te hayan venido a la cabeza (incluso a veces por poco sentido que las encuentres), si no ha salido nada nuevo, no desesperes, a veces se tarda más, lo importante es la constancia de poder ir entrando poco a poco en ti mismo, lo cual es una práctica que apenas hacemos. Vuelve a hacerlo mañana, coge las situaciones que te hayan venido a la cabeza, incluso aquellas que no sabes porqué te vienen o crees que no tienen relación y repite el proceso.

4. Si ahora tienes claro lo que está detrás de tus acciones, cuál es el secreto que estás guardando, párate, piensa sobre ello, piensa qué le dirías a una amiga que te cuenta lo que tú estás callando porque seguramente no la juzgarías tan duro como te estás juzgando a ti. Y piensa cómo te sentirías si contaras lo que te atormenta. Elige la amiga, amigo o pariente de más confianza, ese que sabes que no te va a juzgar y que siempre te ayuda (no elijas por favor aquel que te hace sentir mal cuando le pides consejo o le cuentas algo). Y atrévete a contárselo. Libérate de la carga. A lo mejor te lleva días planear cómo contárselo, no importa, a lo mejor se lo cuentas con miedo, no importa. Respeta tus tiempos y sé comprensivo contigo mismo.

Más trabajo con tu sombra

Si te quedas atascado en alguna parte del ritual, o si ves que son demasiadas las situaciones que no entiendes, o al intentar pensar en ellas te desbordas emocionalmente a lo mejor necesitas un trabajo más profundo contigo mismo, un proceso en al que alguien te acompañe, a lo mejor los traumas son más de los que creías y por eso tu consciente no te deja acceder a ellos y necesitas ayuda.

Para eso estamos en Quiero Psicología, llámanos, escríbenos y acepta todas las partes de ti, incluidas las «más oscuras». Porque no serías tú mismo sin tu sombra.

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¿Cómo me cuido si soy psicóloga/o?

Hoy vengo a hablar de nosotras y nosotros, compañeras y compañeros de profesión.

En nuestro día a día activamos todos nuestros sentidos para entender qué le sucede a la persona que tenemos delante. Cómo podemos acompañar y comprender su emoción, su historia. Sostenemos estados emocionales de distinto contenido e intensidad.

¿Te has parado a pensar de qué forma nuestro trabajo nos afecta mental y físicamente?

¿Qué implica ser psicóloga o psicólogo?

Ni que decir tiene la de horas que pasamos delante de un libro leyendo, aprendiendo y actualizando conocimientos que nos acerquen algo más a este inalcanzable saber sobre la mente humana.

Además de esta parte “teórica”, hay una parte práctica y real en esto de ser psicóloga/o y es, ser un humano frente a otro. Es acoger emociones y testimonios en tu propio cuerpo y en tu propia mente. Es hacerles un hueco entre todo tu barullo y mirarlo.

Para “mirar” a la persona hace falta empatizar y esto, es conectar con su sensación y su vivencia. Cuando esto sucede, como profesional entrenada/o mantienes cierta distancia emocional que te permite ver más allá del dolor o de lo irracional y estar desde una posición “neutral” u objetiva.

No obstante, la transmisión de información recae en nosotras y nosotros como una gota sobre el mar en calma y hace vibrar la superficie dejando rastro del movimiento.

¿Qué resuena en ti?

Según tus vivencias, conectarás con alguna historia en mayor o menor medida. Es importante que cuides esta parte que se pone en marcha durante nuestra labor profesional y que puede afectar no sólo a tu estado anímico sino además a la propia intervención.

¿Cómo puedo tener en cuenta esta parte?

  • Realiza una terapia personal en la que ahondes sobre ti misma/o y puedas conocer tu historia y hacerte cargo de tus necesidades. De esta forma será más sencillo que durante tu jornada laboral sepas identificar aquello que “toca” partes internas de ti.
  • Mantén revisiones de casos con otras/os compañeras/os. Tener otro espejo que devuelva información te facilitará ver más allá y adquirir otros puntos de vista o formas de trabajar.
  • Crea conexiones con profesionales de distintos ámbitos, modalidades y lugares. De esta forma podrás recurrir a ellas/os siempre que necesites aclarar una cuestión e incluso derivar un caso.
  • Derivar. Tan oportuno como necesario en muchas ocasiones. Cuando no te sientas capaz, cuando no tengas la preparación adecuada o simplemente no te apetezca. Conocer tus limitaciones te permitirá hacer una gran labor profesional y cuidar a la persona que llega a ti.
  • Organiza tu tiempo. Define horas de trabajo fuera y dentro de casa. Mantén un espacio para el ocio, tiempo personal, social y/o de actividad física. Oxigenar y no saturar.
  • Detecta en qué momento estás, cuáles son tus necesidades. Quizás estés pasando por un periodo de duelo y te sea complicado sostener a una persona que se encuentra en el mismo proceso que tú. Identifica tus emociones tras tu jornada laboral o sesión y hazte cargo en la medida de lo posible.
  • Permite expresarte emocionalmente. Si un día sientes tristeza o ansiedad, date permiso para sentir, expresar y entender qué te sucede. No lo saltes y toma consciencia de tu estado.
  • Mantén un límite a eso de “ser psicólogo/a”. No tienes que ser esa figura para toda tu familia o amigos. Tu profesión tiene su espacio y no puedes estar para tds en todo momento.
  • Sabemos que nuestra profesión es vocacional y que es una de nuestras aficiones pero, intenta potenciar otras áreas que generen placer y bienestar.
  • Cuida tu mente y también tu cuerpo. La postura, la tensión tras cada sesión…

Y por supuesto, no olvides que tú también puedes pedir ayuda si en algún momento la necesitas.

En Quiero Psicología sabemos de primera mano lo que implica nuestro trabajo y podremos acompañarte a sostener como persona y como profesional.

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La autoestima y las redes sociales

Es innegable que se está viviendo una verdadera revolución digital y estos cambios tecnológicos han afectado a distintas escalas a un mundo cada vez más globalizado. A nivel individual ha impactado generando un cambio en la forma de relacionarse con los otros, el estilo de vida y condicionando en cierta medida el desarrollo de cada uno.

Te contamos unas cuantas claves de cómo repercuten las redes sociales en la autoestima.

Valgo en función de los likes

La autoestima es la relación positiva entre la valoración objetiva de uno mismo y el ideal de aquello que le gustaría ser. El factor sociocultural en la construcción de ésta tiene un papel fundamental, donde entran el juego los valores sociales que se premian en la sociedad y el éxito y el atractivo asociado a la popularidad. En este último punto se encuentra uno de los aspectos claves para entender la importancia de las redes sociales y su relación con la autoestima.

Los nativos digitales, es decir, aquellos que han crecido en una época donde los cambios tecnológicos estaban ya implantados, se han adaptado a vivir con redes sociales y de hecho va implícito en su forma de vida. Esto supone una ventaja en cuanto a los beneficios que implica la tecnología, pero se exponen también a riesgos que pueden pasar desapercibidos. Es muy importante considerar el impacto sobre los adolescentes.

En esta época de crisis vital, llena de contradicciones, inexperiencia y búsqueda de identidad, el criterio de su grupo de iguales será el baremo con el que se midan. En un futuro adulto, la comparación con los otros también estará presente como una forma de regulación. Este es el caldo de cultivo para que las redes sociales sea el lugar idóneo para ello.

De este modo, una publicación en una red social lleva consigo cierta búsqueda de aprobación donde un “like/me gusta” premiará el comportamiento. Además las redes sociales ofrecen la posibilidad de usar filtros, no solo para la imagen, sino que se puede seleccionar qué se muestra y qué no. Así, poco a poco, la persona puede ir construyendo su imagen social ideal (su “ yo online”), mostrando en función de lo que sea valorado y que servirá como una afirmación de su identidad.

Cuando llega el dislike

El espacio de las redes sociales no es simplemente un escaparate social, sino además ahora un lugar que es la fuente de ingresos para muchas personas que obtienen retribución económica, pero pagando el peaje de vivir con “los haters”. Éstos son personas que desde la sensación de invulnerabilidad que ofrece la pantalla digital dirigen comentarios negativos hacia otros, llegando a acosar a diario. Lamentablemente son un elemento instalado ya en las redes sociales.

El motivo de estos comentarios negativos puede explicarse (aunque nunca estará justificado) desde la defensa de otros valores contrarios a lo que la otra persona ha expuesto, desde una comparación que ha despertado inseguridades en el otro y desde un deseo deliberado de dañar. Recientemente se ha publicado que conocidas influencers se han retirado temporalmente por estos motivos en un gesto de cuidado de su salud mental.

No obstante, sin llegar a esos niveles de popularidad, este feedback negativo también ocurre a nivel usuario y aunque ocurra en menor medida es igual de dañino para la autoestima de la persona. Estos comentarios negativos (o ausencia de comentarios positivos) son potencialmente destructores si la persona termina explicando esa situación desde ella misma (ej. “Lo he hecho mal”, “ no soy tan valida como X” “ haga lo que haga me criticarán” ), obviando la acción del otro y exculpándole de su responsabilidad.

Yo online -vs- yo offline.

Las redes sociales posibilitan experimentar diferentes roles, así por ejemplo es habitual encontrar que una persona tenga diferentes perfiles (personal, laboral, proyecto personal etc) e interactúe en función del público al que se dirige.

Del mismo modo, la existencia de estos filtros comentados hace que el mundo virtual no tenga la autenticidad y espontaneidad propias del contacto cara a cara y ofrece por tanto un intervalo para pensar qué quieres decir y cómo.

Las redes sociales supondrán una ventaja para aquellos que no tengan habilidades para enfrentarse a las situaciones sociales y favorecerá la expresión de sentimientos, pensamientos y emociones que de otro modo no tendrían cabida en su vida. Será un arma de doble filo puesto que si recibe un feedback positivo, reforzará que continúe aislándose y relacionándose tras la pantalla.

A veces, este espacio virtual es el único lugar donde los niños/adultos encuentran la posibilidad de habla, en los adolescentes además cobra más importancia, porque será un mundo con sus propias reglas.

La otra cara de la hiperconexión

Otra de las características del mundo virtual es la inmediatez que ofrece para acceder a la información y contactar con los demás, favoreciendo en este último caso una hipersocialización.

Esto en la adolescencia supone una ventaja para poder acceder a los iguales, pero también despierta fenómenos como el ya conocido FOMO (Fear of missing out o Miedo a perderse algo). Este miedo causado por la sensación de estar quedando al margen de experiencias gratificantes de otros genera cierta ansiedad social que se palia mediante un exceso de conexión a las redes para permanecer en contacto con los otros. Este continuo contacto genera a su vez una constante comparación de la vida de los demás respecto a la nuestra, fijando la atención en lo positivo de los demás y en las carencias y aspectos negativos de nuestra vida.

¿Qué hacer desde el entorno?

Como hemos hablado, el mundo virtual es un refugio en ocasiones, pero desde los distintos sistemas en los que se mueve la persona se puede trabajar en pro de la autoestima.

Desde casa y desde la escuela es importante que por parte de los padres y profesores se generen espacios de escucha, que se ajusten expectativas en cuanto a la capacidad de las personas y se brinden las ayudas (tanto materiales como emocionales) que permitan el avance. Es igual de importante ayudar como resaltar esos avances, sin caer en comparaciones y sin dar por hecho que “es lo que tienen que hacer”.

Desde el entorno familiar, no hay que olvidar que los adultos sirven de modelo para los hijos y por tanto es importante demostrar y enseñar un uso responsable de las redes sociales. Es necesario fomentar pautas saludables como no usar el móvil mientras se comparten momentos familiares, enseñarles el uso que le das a las redes sociales, pedirle que comparta contigo lo que ve en redes sociales y sobre todo, advertirle de los riesgos que supone la exposición sin medida.

Cuidar los mensajes que se lanzan desde el entorno en edades tempranas es importante porque quedarán grabados e irán estableciendo los pilares sobre los que creará el autoconcepto la persona y los terminará interiorizando. En un futuro, las experiencias negativas inherentes a la vida, activarán estas viejas heridas relacionadas con estos mensajes negativos pasados sobre “no ser suficiente”.

¿Qué puedo hacer para que las redes sociales no afecten a mi autoestima?

Es posible que al meterte en una red social pienses “mi vida no es tan interesante como la de los demás”. Esto surge ante comparaciones respecto a las actividades que hacen los demás y al dirigir la atención al número de likes que tiene una persona ante una publicación o el numero de seguidores que acumula.

Estos pensamientos pueden aparecer y el objetivo no es que desaparezcan sino reconducirlos ya que pensar en lo que nos falta es devastador a nivel emocional. ¿Y cómo se logra esto?

Puede ser que estando en las redes sociales surja la comparación y comiences a tener pensamientos negativos y a sentirte mal. Revisa qué es lo que exactamente te genera malestar ante esa publicación. Si está relacionado con un área de tu vida que no estás atendiendo, piensa qué pequeño cambio podrías hacer para satisfacerla.

Puede ser que tengas un ideal utópico en cómo debería ser tu vida. No elijas como baremo la vida de los demás puesto que recuerda que en redes solo se muestra una pequeña parte de la vida y está muy lejos de la realidad.

No publiques pensando en lo que va a gustar, muestra aquello que para ti sea importante, que te represente y vaya de acuerdo a tus valores. Si esa publicación no recibe likes, recuerda por qué lo has subido.

Reduce el tiempo que le dedicas a las redes sociales ya que te aleja de los demás y de lo verdaderamente importante en tu vida.

Cambiar este dialogo interno será un pequeño gran cambio.

Si te has sentido identificado o conoces a alguien que puede estar pasando por esta situación, desde Quiero Psicologia podemos ayudarte.