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¿Qué tipo de personalidad has demostrado en confinamiento?

Seguro que has conocido durante este periodo de pandemia a personas que han restado importancia a lo que está sucediendo y a personas que lo han vivido con un intenso temor.

Quizás te preguntas:

¿Por qué yo no me he preocupado en exceso por el coronavirus como han hecho otros?

O ¿soy demasiado exagerado/a por el miedo que he sentido a raíz de todo esto?

¿Esto qué demuestra?

Son posturas opuestas que pueden observarse en la población. La manera que cada individuo tiene para interpretar y gestionar situaciones va ligada a patrones aprendidos desde la infancia que son los mecanismos que se ponen en marcha de manera inconsciente ante situaciones críticas y/o extraordinarias.

¿Eres de las personas que ha vivido todo el proceso de pandemia con tranquilidad, sin apenas inmutarte?

Puede que este comportamiento te parezca lo normal porque sueles actuar así ante cualquier situación.

Rupturas de parejas, fallecimiento de algún familiar, problemas en el trabajo, etc, son eventos vitales que habrán ocupado un tiempo determinado en tu cabeza pero que rápidamente habrás «superado» siguiendo adelante con tu vida (muchas se quedarán sin procesar porque las evitarás demasiado).

Te caracterizas por avanzar, por estar haciendo cosas, consigues tus objetivos y hablar de dificultades pasadas te hace sentir que pierdes el tiempo, y que mejor a otra cosa.

Hablaríamos de un perfil evitativo.

¿Has vivido la pandemia con muchísimos nervios?

Si no te identificas con lo anterior, puede que sí lo hagas con la ansiedad y la inseguridad que te ha podido generar el coronavirus.

¿Sientes que has tenido miedo intenso cuando estabas, por ejemplo, en el transporte público o en el supermercado?

¿Te pones muy nervioso/a al ver las noticias que hablan de la pandemia?

Si sueles percibir el mundo como un lugar peligroso, con miedo a una mala noticia o pendiente de lo que pueda suceder, podríamos hablar de un perfil ansioso- preocupado.

Sueles sentir que las situaciones que has vivido (usando los ejemplos anteriores) una ruptura de pareja, el fallecimiento de alguien cercano, problemas en el trabajo, etc, han sido muy difíciles y que has invertido muchos esfuerzos y energías en superarlas y aún te cuesta.

Pero, ¿es bueno o malo cualquiera de estos perfiles?

Realmente no vamos a hablar en términos de positivo ni negativo, si no, más bien de funcional o no. Si nos centramos en la pandemia mundial que estamos viviendo, estos mecanismos que se ponen en marcha según tus patrones aprendidos reflejarán si hay una buena adaptación o no a la situación.

Cuando nos referimos a funcional, hablamos de adaptación, de ser capaces de regularnos emocionalmente, es decir, ser capaces de sentir con la intensidad que corresponde a cada una de las situaciones. Si tu hijo se hace un rasguño, no va a morir desangrado, si un familiar cercano cae enfermo, la preocupación por lo que pueda pasarle es necesaria.

Si soy evitativo

Si eres de las personas con un perfil más evitativo, quizás consigas sobreponerte demasiado rápido, y cuando decimos demasiado, significa que no has tenido tiempo de conectar con las emociones y no sería del todo funcional.

Por ejemplo, ante una situación que está siendo excepcional, traumática para muchas personas, de riesgo para la población y con restricción de libertades, entre otras cosas, pasar como si nada o habituarte a noticias de alarma social o vivir como si eso no fuera contigo,puede implicar que estás experimentando una desconexión emocional.

Ante una pandemia global, sentir miedo (ajustado) es natural. Si vivo ignorando una situación peligrosa o cualquier otra situación que me genere malestar, significa que evito a toda costa estar mal y por tanto, no permito el drenaje adecuado de mis emociones. ¿Qué ocurre si llenamos de agua de manera constante una botella con el tapón puesto? Que tarde o temprano, explotará.

Parar y escuchar lo que nuestra mente nos dice es importante para seguir adelante de una forma sana con todas las situaciones integradas y entendiendo cómo nos han hecho sentir y qué conecta en nosotros/as. De lo contrario, es muy probable que lo emocional se exprese, por ejemplo, a través de somatizaciones como dolor de cabeza, malestar en el estómago, etc.

Si soy ansioso – preocupado

Si te encuentras cercano al perfil ansioso-preocupado, el miedo que sientes es tan intenso que te bloquea y paraliza, hablaríamos de algo disfuncional. El miedo, como hemos dicho en una situación de alerta mundial, es natural, pero es necesario ajustarlo para que no nos desborde la emoción y nos impida retomar el bienestar.

Pensar que en cualquier momento puede ocurrir algo desagradable en tu vida te mantendrá en estado de alerta constante, con el consiguiente desgaste que esto supone.

Las personas que se ajustan a alguno de estos perfiles son capaces de vivir en aparente normalidad, los mecanismos aprendidos les habrán permitido vivir y puede que les hayan sido útiles. Quizás ahora sea un buen momento para reflexionar acerca de ello y de re-aprender patrones algo más adaptativos, creando recursos que permitan ajustarte adecuadamente a las situaciones.

Recuerda que estamos hablando sobre dos tipologías bien diferentes: personas evitativas o ansiosas, teniendo en cuenta que no son los únicos perfiles existentes aunque sí bastante comunes. Las características que has leído no tienen que ser necesariamente las que te representen, aunque, si te suenan algunas de las pautas de comportamiento que hemos expuesto, es importante que sea un profesional quien te ayude a valorarlo.

Si te has sentido identificado/a y quieres profundizar en tus patrones de comportamiento, en Quiero Psicología podemos trabajar contigo estos mecanismos para mejorar tu autoconocimiento y aprender una adecuada gestión de estas situaciones. Contacta con nosotras aquí.

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¿Cómo manejo mi ansiedad durante el confinamiento por coronavirus?

¿Sientes ansiedad? ¿Tienes problemas al dormir? ¿Se te hace difícil estar en casa? ¿La mente te va a mil por hora y no sabes cómo controlarla? ¿Comienzas a sentirte agobiado/a?

¿Qué es la ansiedad?

Puede que normalmente no suelas experimentar ansiedad y ahora la estés sintiendo, o puede que usualmente convivas con la ansiedad y ahora notes como se intensifica aún más. La ansiedad durante la crisis del coronavirus es normal

En ambos casos, hay que tener en cuenta que estamos actualmente viviendo una situación de alerta sanitaria que implica estar activados ante un peligro. Es decir, la ansiedad se pone en marcha para que luches o huyas ante un peligro, para que sobrevivas.

¿Qué experimentas cuando sientes que hay un peligro o sientes que lo hay?

Probablemente tu respuesta sea miedo. Exacto, la ansiedad significa sentir miedo y, es natural que en estos momentos sientas esto.

Las noticias diarias de muertes y enfermedad elevan la ansiedad por el coronavirus, la distancia física de las personas que quieres, estar en casa sin poder hacer “nada”, y un largo etc., puede contribuir, si no se gestiona adecuadamente, a que la ansiedad se descontrole y el miedo te bloquee.

¿Qué puedo hacer?

Una vez que hayas entendido la función que tiene la ansiedad y que comprendas que es natural sentirla debido a la situación, lo siguiente sería identificar aquello que active tus miedos, cómo te hacen sentir y qué haces con ellos. Aprovecha esta situación para escucharte y conocerte más a ti mismo/a.

  • ¿En qué situaciones experimentas ansiedad? ¿Cuántas veces al día/semana?
  • ¿Qué emociones o pensamientos tienes?
  • ¿Qué haces con esa ansiedad?

Es importante que detectes qué te da miedo y qué se activa en ti. El miedo en una dosis adecuada, es adaptativo. Esto quiere decir que nos permite protegernos, por tanto, no es malo sentirlo. Ahora bien, si este miedo es desmedido puede llevarnos al bloqueo o evitación de situaciones, por ejemplo, restando importancia a la situación o no tomando las medidas adecuadas.

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Ilustración de Albert Montt

¡Test! ¿Cómo sé si el miedo ha tomado el control?

  • Escribe una lista con todo aquello que te genere ansiedad.
  • A continuación, de toda tu lista, escoge aquellas situaciones en las que puedas hacer algo es decir, que dependan de ti. Agrupa esas situaciones en un círculo escribiéndolas en su interior. Este círculo se llama círculo de influencia.
  • De nuevo vuelve a la lista inicial y escoge aquellas situaciones que te generen ansiedad y que no dependan de ti y mételas en otro círculo tal y como hiciste antes. Este círculo se llama círculo de preocupación.
  • Comprueba qué círculo es mayor. Si el círculo de preocupación es más grande que el círculo de influencia, es probable que la ansiedad que experimentas sea elevada ya que te estás centrando en aspectos que no puedes controlar. Todas tus energías están centradas en situaciones o aspectos que no puedes gestionar, y esto aumentará la ansiedad.
  • Por tanto, focaliza tu energía en aquello que esté incluido en el círculo de influencia. Esto contribuye a disminuir tu ansiedad.

¿Cómo me quito un pensamiento de la cabeza?

Debido al miedo, percibimos la realidad de manera distorsionada y negativa de como realmente es, y para ello es importante que una vez tengas el registro de pensamientos, que cambies cómo piensas las cosas, una cosa es que tengas respeto y otra ansiedad desmedida por el coronavirus.

  • Por ejemplo: “Me voy a contaminar seguro”. Establece porcentajes en cuanto a la probablidad de contagiarte o no. Al final comprobarás que aunque existe la posibilidad de contaminarte, ésta no es del 100% si sigues las pautas de higiene y desinfección recomendadas.
  • Por último, elabora un pensamiento alternativo, ajustado con la realidad como por ejemplo: “es normal que me de miedo contaminarme, pero si sigo las instrucciones no me contagiaré, además se están llevando a cabo medidas y se está trabajando activamente en controlar la situación”.

Mi nivel de ansiedad es elevado, ¿qué más puedo hacer?

Como hemos dicho anteriormente, en este estado de alarma mundial, sentir ansiedad es natural, por lo tanto pretender eliminar al 0% este miedo puede ser algo imposible.

No se trata de no sentir emociones que no te resulten agradables, sino, de aprender a convivir con ellas comprendiendo por qué están ahí y sabiendo regularlas.

No obstante, sí podemos trabajar en reducir las “revoluciones”,

¿Cómo?

Conecta y escúchate.

Observa las sensaciones físicas, por ejemplo, dolor de estómago, cosquilleo, aumento de la temperatura corporal, etc. Esto te permite detectar los momentos en los que la ansiedad está presente y así poder gestionarla. Estar conectado/a con tu cuerpo es hacerse responsable de lo que te ocurre y hacerte cargo de la situación.

A nivel emocional puede que, por ejemplo, te hayas sentido algo irritado/a, y no sabías por qué. Simplemente has hablado algo más brusco y no te paraste a pensar qué estaba ocurriendo en ti.

Dedica un tiempo y espacio para escuchar la necesidad que estés teniendo en ese momento.

No cedas a la presión del «hacer».

Está de moda ahora insistir en que tenemos más tiempo libre y que por lo tanto tendrías que aprender un idioma, o leer mucho, aprender a tocar el ukelele y otro millón de cosas.

Sé realista con si de verdad tienes tiempo de más. Si sigues trabajando, tienes niños, ahora tienes que cocinar más, etc… no es que te sobre el tiempo.

Ilustración de Albert Montt.

Técnicas de relajación.

Dedica una parte de tu día a aprender algún ejercicio y practicarlo hasta convertirlo en hábito. Permite que los pensamientos pasen sin que perturben tu estado, exprésate a través de la escritura o el dibujo, ponte música, toma algo de sol y focaliza tu atención en las sensaciones físicas y la respiración. Respira profunda y lentamente.

Rutina.

Además, dada la situación que estamos viviendo, el tener habitualmente una rutina basada en horarios, trabajo, tareas que hacer, etc., y dejar de tenerlas para estar todo el día en casa, puede ser abrumador. Este “desorden” hay que gestionarlo y para ello, estructurar el día a día es importante y te permitirá estar más relajado/a ante la cantidad de tiempo libre.

Respeta los horarios de sueño y tu alimentación, esto también contribuye a fomentar un estado óptimo a nivel físico y mental y por tanto, reducir la ansiedad.

Ejercicio físico

Sé realista. No es necesario que te conviertas en el mayor atleta del bloque pero sí que evites el sedentarismo.

Contacta con aquellas personas que aprecies.

Una llamada o un mensaje pueden contribuir a estar más calmados y reducir la ansiedad. Exprésales cómo te sientes y comparte tu experiencia.

Dedica un momento concreto del día para noticias en relación al Covid-19. No es necesario estar al tanto durante las 24 horas.

Si consideras que la ansiedad te sobrepasa y no encuentras recursos personales para hacerte cargo, recuerda que puedes ponerte en contacto con nosotras aquí.

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Mini test de dependencia emocional

¿Soy dependiente emocional?

Si empiezas a sospechar que necesitas demasiado a tu pareja te voy a dar una serie de claves para saber si es posible que estés confundiendo el amor con la dependencia.

Mini test de dependencia emocional


¿Sientes que quieres estar todo el rato con tu pareja cueste lo que cueste?


¿Te pasa que, si tu pareja no te muestra en algún momento cariño, lo pasas mal?


¿Crees que inviertes la mayor parte de tu tiempo en tu pareja?


¿Ves nada, o casi nada a tus amigos/as?


¿Consideras que has reducido tu actividad laboral o de ocio por tu pareja?


¿El miedo a estar sin la persona amada te lleva a pasarlo mal, obsesionarte, preocuparte o incluso tener comportamientos celosos/controladores?


¿A pesar de las posibles consecuencias desagradables sigues repitiendo estos pasos una y otra vez?


¿Sientes que no estás nada bien con tu pareja pero sigues una y otra vez buscándola?


Si contestas a todo o casi todo con un sí, seguramente estés en una relación de dependencia.

¿Qué significa y de donde viene ser dependiente emocional?

El vínculo afectivo empieza a desarrollarse desde que nacemos. Recibir afecto y cuidado nos permite crecer de forma saludable. ¿Qué ocurre cuando este vínculo afectivo ha sido irregular o ha faltado? Puede que nos genere una carencia que posteriormente busquemos en los demás y nos lleve a la dependencia.

La dependencia es apegarse de forma insana, es decir, actuar según una necesidad.

¿Crees que es lo mismo decir, “me gustaría estar con mi pareja este fin de semana”, que decir, “necesito estar con mi pareja este fin de semana”?


Relacionarnos desde la necesidad, implica exigencia y miedo. Es como si eso que deseamos tuviera que ocurrir a toda costa. La consecuencia es la incapacidad de renunciar, es el sufrir constantemente si no se da aquello que necesitas.


Imagina que esta necesidad fuera una cebolla. Ve quitando capa a capa hasta quedarte en el centro, ¿qué es lo que queda? El miedo. Miedo que te invade y que se convierte en el gran protagonista de la dependencia. Miedo a sentirte solo/a, miedo a no ver en tu pareja esas “mismas ganas” que tú, miedo a que tu pareja encuentre otras formas de ocio que no sean contigo, en definitiva, miedo a que esa fuente de placer/seguridad se pierda.

Entonces ¿qué es lo sano?

Aprender a diferenciar el deseo de estar con tu pareja o incluso sentir miedo en algunas circunstancias, frente a la adicción, es fundamental para tener una dinámica sana en tu relación.


Los pilares para un vínculo seguro son la independencia, la no posesividad y la no adicción.

La independencia.


Tiene que ver con la autoestima ya que si sientes que tienes la capacidad de gestionar tu propia vida por ti mismo/a no necesitarás de manera imperiosa a otra persona para conseguir tus metas o desarrollarte. Es rellenar esa carencia contigo mismo primero.

La no posesividad.

Es la tranquilidad de saber que nadie te pertenece y viceversa, sin embargo, lo contrario implica vivir con el miedo a la constante incertidumbre de ver si esa persona se va o se queda.

La no adicción.


Es aquel acto de amor propio en el que eliminamos posibles sesgos o autoengaños sobre nosotros/as y nuestra pareja ajustando las expectativas con la realidad para no engancharnos de forma impulsiva e irracional que responden a necesidades no cubiertas del pasado.


Es decir, con amor, confianza, respeto y aceptación, podremos tener una relación de pareja en la que crecer individualmente, y con el otro.

¿Cómo lo soluciono?

Si sientes que te ocurre esto con tu pareja o con familiares y amigos/as, y quieres cambiar la dinámica, en Quiero Psicología podemos ayudarte. Trabajaremos sobre tu presente para cambiar las distorsiones y te daremos estrategias eficaces para actuar con la situación, pero, por otro lado, iremos al origen para erradicar esa carencia que ahora te hace necesitar a otra persona.


Sobre todo, no tengas vergüenza de pedir ayuda, nosotras tratamos a la persona, no juzgamos los síntomas nunca. Contacta aquí.

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Cómo saber si tengo obsesiones

¿Qué son las obsesiones?

¿Hay determinados pensamientos que se presentan en tu cabeza de repente y te generan un gran malestar?


Puede que sean obsesiones o puede que sean otro tipo de pensamientos, por ello vamos a especificar en qué consisten las obsesiones.

No sólo son pensamientos:


Me he referido a las obsesiones en forma de pensamiento, pero eso es solo una manifestación más, también se pueden presentar como ideas, imágenes o impulsos. Por ejemplo:


– En formato idea sería pensar todos los días que no has cerrado la puerta y te van a robar.


– En formato imagen sería por ir paseando con la bici al lado de una verja y de repente verte en tu imaginación con un trozo de alambre atravesando tu ojo.


– En formato impulso sería estar en el andén del metro y venirte el impulso de querer tirarte (a pesar de que ni quieres hacerlo ni lo vas a hacer).

El contenido puede ser considerado desproporcionado, extraño y anormal:


Las obsesiones generan un gran malestar porque aquello que te viene a la cabeza es desproporcionado o desagradable.


A veces la persona sí siente que encuentra un razonamiento lógico en sus obsesiones con justificaciones de lo que está haciendo, aunque sea desproporcionado, por ejemplo: compruebo el documento que voy a enviar 6 veces pero digo que lo hago porque si no podría tener un error y lo encuentro muy coherente (a pesar de que eso me haya hecho llegar una hora tarde al clase).


O, a veces, el contenido se aleja de lo que la propia persona considera “normal” y “coherente” y se siente horrible, raro o un monstruo. Por ejemplo: puedes llegar a imaginar situaciones realmente grotescas, como la idea repentina de agredir a alguien con quien estás hablando o incluso la idea de coger un objeto dañino y clavártelo.

No sientes ningún control, te asaltan una y otra vez:


Este es uno de los primeros motivos por los que una persona viene a consulta, si las obsesiones avanzan pueden tomar el control de tu vida y asaltarte repetidamente causando muchísimo malestar y angustia. Sientes que no puedes pararlo.

Generan alerta:


La emoción que acompaña a las obsesiones es el miedo. La obsesión provoca un nivel de alerta exagerado llegando a creer que aquello que piensas o sientes es la realidad. Esto sucede porque pones al mismo nivel la realidad (hechos) con la fantasía (imaginación). Por ejemplo: sientes que si no ordenas por colores todas tus camisas serás una persona desorganizada y horrible que vive en el caos y no puedes no hacerlo, o, te viene a la cabeza la imagen de ti mismo empujando a alguien a las vías del metro y por eso crees que podrías ser capaz de hacerlo.

La estrategia para liberar tensión: las compulsiones.


Como el contenido de las obsesiones es muy desagradable, llegando a causarte mucha angustia, llevas a cabo estrategias defensivas que se traducen en forma de compulsión. Las compulsiones son conductas rígidas y repetitivas cuyo fin es reducir la ansiedad o tener la falsa sensación de que así se va a impedir que suceda aquello tan temido. En el primer ejemplo hablamos de un caso en el que piensas que todos los días que van a atracar tu casa porque no has cerrado la puerta, la compulsión sería volver a comprobar que está cerrada cada vez que sales (y en ocasiones varias veces).
En las compulsiones puedes realizar acciones como ordenar, comprobar, limpiar o lavarte, o por el contrario, actividades mentales como rezar, pensar en inglés o contar. Si tienes dudas de cuál es tu compulsión, respóndete a esta pregunta: ¿Qué haces cuando te pones nervioso?

Las obsesiones más comunes:

En función a las compulsiones que se llevan a cabo, encontramos diferentes tipos de obsesiones que son las más comunes. Aquí te las explicamos:

Limpieza

Cuando sientes que puedes estar contaminado, sucio o que puedes contagiarte de alguna enfermedad.

Comprobación


Con el fin de evitar que ocurra alguna catástrofe como un incendio, un escape de gas o ser robado. Intentas reasegurarte.

Orden


Cuando todo tiene que estar ordenado, las cosas tienen que cumplir una simetría.

Repetición


Haces cosas repetidamente como ordenar las llaves de un llavero o comprobar documentos o mails cuando tienes una sensación de alerta y sientes que de no hacerlo la consecuencia sería terrible (aunque racionalmente si lo piensas sabes que no tiene lógica y que no es para tanto).

Acumulación


Cuando temes tirar algo importante para ti o que en el futuro puedas necesitar. El ejemplo más representativo de este tipo de obsesión es el Síndrome de Diógenes: el estereotipo sería típica persona que sale en los programas de la tele que ha convertido su casa en un vertedero.

¡Cuidado! Solo hemos puesto algunos ejemplos pero, cada persona es diferente y por lo tanto puede que tú tengas otro tipo de obsesiones y de manifestaciones.

Creo que yo tengo obsesiones ¿qué hago?

Si te has sentido identificado con lo que acabas de leer es el momento de pedir ayuda. En realidad las obsesiones y las compulsiones son el síntoma, lo visible de lo que te está pasando emocionalmente. Quizá debajo de ello haya un duelo sin elaborar, una ansiedad que viene de otro lado (de la familia, del trabajo…) y por lo tanto no es sencillo que tú sólo puedas identificar y solucionar la causa de lo que te ocurre, pero en Quiero Psicología conocemos cómo funcionan este tipo de procesos y te ayudaremos a trabajarlo. Te esperamos con la puerta abierta. Contacta aquí.