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Conductas tóxicas sutiles que pueden ocurrir a la hora de ligar

En una realidad donde ligar se realiza principalmente a través de redes sociales o de aplicaciones, nos enfrentamos a personas que pueden suscitarnos ilusión y atracción, pero también nos enfrentan a conductas tóxicas ejercidas por personas con baja responsabilidad afectiva y que pueden tener un gran impacto emocional en nosotros.

La posibilidad de conocer personas de forma fácil e indiscriminada y estar conectados de manera indefinida y ambigua a través de Internet, nos expone a muchas personas que no están preparadas o directamente no quieren establecer conexiones (ya sea para una relación casual o más formal) de forma honesta.  Aquí os dejamos algunas conductas que pueden tener hacia nosotros:

¿Qué es el breadcrumbing?

Es un término inglés que hace referencia a dejar migas de pan, igual que Hansel y Gretel seguían éstas para llegar a casa, es un fenómeno en el que una persona mantiene el contacto con el mínimo esfuerzo: mediante pequeñas muestras de atención u afecto, esta persona da a entender de manera ambigua que quiere avanzar hacia una relación estable y comprometida. De esta forma, consigue fomentar la esperanza de una relación estable y las emociones hacia él, y por tanto seguir en la vida y mente de la persona a la que quiere mantener disponible, sin comprometerse, realizar esfuerzos, consolidar la relación y evitando que se haga un cierre de esta relación.

Algunos ejemplos serían “Dejemos que fluya” o “veremos” cuando se habla de sentimientos o compromisos; no hablar nunca de la relación; mensajes muy espaciados (semanas e incluso meses) pero constantes; conductas contradictorias de afecto o indiferencia; la búsqueda de interacción online (mensajes, reacciones efímeras a contenido en las redes sociales), pero reticencia a hacerlo de forma presencial.

¿Cómo me afecta el breadcrumbing?

Es una táctica típica en los comienzos de una relación, cuando dos personas se está conociendo y todavía no existe una verbalización respecto a las expectativas de la relación que une a esas dos personas. El breadcrumbing consiste, en términos psicológicos, en “refuerzo intermitente” es decir que la persona recibe una recompensa (atención o afecto en este caso) de forma intermitente e impredecible, consiguiendo que la persona que lo recibe se encuentre ansiosa, frustrada, confusa y con una sensación de tristeza y/o vacío, cuando no se están recibiendo esas señales. Y cuando la persona “vuelve”, la emoción agradable suele ser intensa, olvidando los momentos anteriores, y creando una cierta “adicción” a la idea de esa relación. También puede contribuir a sentir indefensión en las relaciones afectivo-sexuales y mermar la autoestima de la persona que lo recibe, que puede llegar a sentir que se debe a ella.

¿Qué es el negging?

Hace referencia al término inglés “negative complimenting”, que significa halagos negativos. Esta conducta consiste en realizar comentarios negativos o insultos en forma de piropo, es decir la persona parece halagar o resaltar algún aspecto positivo de otra persona, pero posicionándola después en un lugar inferior o quitándole valor a la cualidad que se ha alagado. Algunos ejemplos podrían ser

no me suelen gustas las chicas bajitas, pero eres la excepción”,  “estás muy bien para la edad que tienes” “no pensaba que supieras de estos temas”, “eres guapa, pero estarías mejor con un vestido/unos kilos menos”.

¿Cómo me afecta el negging?

A través de esto, la persona que lo emite siente el impulso o la necesidad de posicionarse en una situación de superioridad o aumentar su autoestima, minando la de la otra persona. Además, esto puede pasar desapercibido fácilmente, a través de la ambigüedad o sutileza de las palabras, a lo que se le añade la falsa idea de “los que se pelean se desean” o el contexto de estar conociéndose (en el que es probable que se asuma que la intención no es “mala” o la persona no tiene habilidades al ligar). Así pues, puede crear sentimientos de confusión, inseguridad, búsqueda de aprobación del otro, tristeza o incomodidad.

¿Qué es el ghosting?

El termino inglés hace referencia a la idea de un fantasma, y la práctica consiste en acabar una relación afectiva de forma repentina y sin explicación o despedida, cortando la comunicación, especialmente virtualmente. Puede ser de forma progresiva (un poco más parecido al breadcrumbing que comentábamos), manteniendo el mínimo contacto (likes, reacciones a contenido en redes sociales, pequeños mensajes), cancelando con antelación los encuentros presenciales para acabar desapareciendo; o puede ser de manera repentina, dejando de responder o incluso bloqueando o quitando el acceso a la comunicación.

¿Cómo me afecta el ghosting?

Crea una emoción de confusión, tristeza (incluso vacío y sentimiento de abandono), rabia e impotencia por no saber qué ha ocurrido, así como se suelen buscar explicaciones dentro de la propia conducta (cuando realmente tiene que ver con la persona que lo realiza y no con la que lo sufre) que pueden provocar rumiación, culpa o baja autoestima.

Es importante recordar que estas conductas se deben a la baja responsabilidad afectiva de la persona que las emite y NO a la persona que las sufre. Pero, por mucho conocimiento que tengamos de éstas, a veces gestionar estas situaciones (y otras que pueden darse) y las emociones que nos suscitan éstas, puede ser complicado. Si te encuentras en esa situación, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte.

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¿Cómo tener vínculos sanos?

¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva hace referencia a ser consciente del impacto emocional que tienen nuestros actos en la otra persona, y de actuar acorde a ello, en una relación (ya sea de pareja, de amistad o de cualquier otro tipo). Esto quiere decir que uno asume la responsabilidad de, no solo ser consciente y regular sus propias emociones, sino de comunicar de forma sincera y respetuosa, teniendo en cuenta el efecto que tenemos en la otra persona. Este término surge a raíz de las diferentes formas de relaciones afectivo-sexuales, para fomentar el buen trato, así como relaciones equitativas y respetuosas. Somos personas con mundos interiores complejos: emociones, deseos y necesidades que no son accesibles para los demás de manera fácil (no leemos la mente, ni podemos adivinar lo que va a ocurrir, por mucho que conozcamos a una persona), por lo que no podemos actuar sin tener en cuenta esto y sin hacer un esfuerzo consciente de como nos relacionamos.

¿Por qué la gente no suele tener estas herramientas?

A pesar de poder ser empáticos y entender la lógica de no hacer daño a las personas de nuestro alrededor, no hay que menospreciar el esfuerzo que supone ser responsable afectivamente y las habilidades de comunicación y regulación emocional necesarias para poder hacerlo. Existen varios obstáculos, como por ejemplo:

  • Nivel de autoconocimiento y autorregulación: para poder expresar como me siento, hace falta reconocer mis estados emocionales y regularme.
  • Contexto cultural y social: no todos nos hemos criado con la misma cultura y normas sociales, es difícil explicitar como me siento o tener en cuenta las emociones de la otra persona, si he crecido pensando que las emociones son “de débiles” o innecesarias.
  • Nivel de habilidades sociales y de comunicación: es importante tener estas habilidades para que la propia comunicación o interacción, no genere ansiedad y se pueda transmitir claramente lo que se quiere decir.
  • Emociones intensas o detonantes: Cuando nos enfrentamos a situaciones que detonan estados emocionales muy intensos (ira, miedo, ansiedad…), es complicado regularnos lo suficiente para poder actuar conscientemente.
  • Estrés, problemas de salud mental y física: Si estoy en un momento complicado emocionalmente, es complicado que pueda tener energía mental para poder hacer el esfuerzo de ser responsable afectivamente, o que esta sea mi prioridad.
  • Nuestro estilo de apego: Por la forma en la que hemos sido criados y hemos aprendido a relacionarnos, podemos tender a un estilo de apego más inseguro, que hace más complicado la gestión emocional necesaria en las relaciones. Esto no quiere decir que no podamos mejorar o cambiar nuestras conductas, mediante trabajo terapéutico y experiencias alternativas, pero es importante ser consciente de hacia qué tendemos en una relación y las emociones que nos generan las relaciones.

¿En qué se basa el apego seguro?

Hemos mencionado el estilo de apego inseguro, que puede dificultar la responsabilidad afectiva, aunque se estima que el 60% de las personas tienen un estilo de apego seguro, es fácil poder tener conductas más característicos de otros tipos de pego.

Una persona con un estilo de apego seguro suele tener una visión positiva de los demás y de sí mismos, se sienten seguros a la hora de expresar deseos, necesidades y emociones, y a la hora de resolver conflictos comunicando de forma eficaz y tranquila. Suelen tener un sentido de independencia, pero valoran la intimidad emocional y la cercanía con su pareja (muestras de cariño, atención). Suelen sentir confianza y seguridad en la otra persona, sin que el fin de la relación o el compromiso les impida invertir en la relación.

¿Cómo mantener mis vínculos sanos?

Como hemos comentado, no siempre es fácil ser responsable afectivamente, pero es importante que antes de todo, puedas definir cuales son los vínculos que quieres mantener y en los que quieres invertir. Intenta primero de todo pensar en aquellas personas con las que te sientas validado, cuidado y querido. Seguramente aparezcan personas de forma inmediata y esas personas son los vínculos que posiblemente sean sanos y quieras invertir tiempo en mantener y cuidad y, con las que es importante ser consciente de cómo te relacionas. Posiblemente hayas pensado también en ciertas personas de las que dudes, es decir que sean algo más ambiguas (no siempre te sientas escuchado, cuidado o “abrigado”): estas son las personas con las que es importante que puedas valorar si quieres mantener, y de ser así, que es importante que puedas empezar a hablar de lo que hace que ese vínculo sea ambivalente.

Te dejamos algunos consejos para poder mantener esos vínculos:

Sé accesible: intenta dar espacios para que esa persona pueda hablar de todo, preguntar como está (y no quedarte en “bien”), y estar atento a esta persona, especialmente si verbaliza no sentirse bien (respetando su ritmo, pero demostrando que estás ahí para acompañar y apoyar en lo que necesite).

Intenta no juzgar: aunque sea tentador, intenta no corregir a esa persona sobre cómo se siente o lo que hace, darle instrucciones o consejos (Si no los pide especialmente), o menospreciar lo que haga y como lo haga.

Cuida tu vinculo: dedica tiempo a esa persona y a la relación, e intenta que el afecto que demuestras sea el tipo de afecto que esa persona aprecie (palabras, tiempo, actividades…)

– Hablar de los conflictos: Si algo te molesta, es importante que puedas compartir, sobre todo para que esta persona sepa lo que está ocurriendo y si puede hacer algo para ayudar o evitar que esto ocurre. Recuerda que, si hablamos con alguien de algo que nos molesta, es porque valoramos a esa persona lo suficiente para poder decírselo (¡si no quisiéramos cuidar y mantener ese vínculo, solo nos alejaríamos!)

Y si no sabes cómo hacer este trabajo, en Quiero Psicología estamos preparadas para ayudarte.

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Estilos de apego: los nuevos horóscopos

La divulgación científica es cada vez más prolija y accesible gracias a las redes sociales. Así como en estos últimos años, más desde la pandemia COVID-20, la salud mental acapara la atención de una sociedad, cada vez más ocupada en conocerse y cuidarse.

Nos encontramos a menudo que para llegar a esa parte de la población y engancharla en contenido teórico psicológico, se están recurriendo a ejercicios muy similares a los utilizados por los horóscopos.

¿Os suena el EFECTO FORER (Te lo explicamos aquí)? Consiste en identificarse con una descripción genérica, ambigua, inespecífica y que por ende podría ajustarse a la mayoría de la población. Si damos enunciados vagos, coherentes con la mayoría de circunstancias y contenido inespecífico, es muy probable que la gran mayoría de nosotros nos atribuyamos la descripción y estemos de acuerdo con ello.

Pero es que mi horóscopo me describe perfectamente: “Claro que sí Wapi”, pero esto ocurre como consecuencia del efecto de la PROFECIA AUTOCUMPLIDA. Esto se da cuando una predicción, nos genera una expectativa y adaptamos nuestro comportamiento para cumplir esa expectativa, por consiguiente, la probabilidad de que esa predicción se cumple aumenta. Esto va a reforzar que demos por válida la fuente desde donde se nos anuncio esa predicción.

Con los ESTILOS DE APEGO, venimos observado que esta sucediendo un proceso similar al explicado. Cuando leemos:

Apego seguro:

  • Afronta los conflictos
  • Expresa sus sentimientos y necesidades
  • Disfruta del tiempo en pareja y del tiempo sin ella
  • Crea relaciones de independencia

Apego evitativo:

  • Evita los conflictos
  • No suele expresar lo que piensa o siente
  • Valora más el tiempo propio que el tiempo en pareja
  • Miedo o dificultades ante el compromiso

Apego ansioso:

  • Vive los conflictos con mucha angustia
  • Antepone las necesidades de las demás personas a las suyas
  • Compartir todo el tiempo en pareja se vuelve su prioridad
  • Suele crear relaciones de dependencia
  • Teme de forma excesiva el abandono

Apego Desorganizado

  • Vive los conflictos de forma dramática e histriónica
  • Desconfía de las personas que le rodean
  • Teme vincularse con otres por miedo a salir heride o defraudade
  • Sus relaciones se caracterizan por la inestabilidad
  • Ambivalencia, temor al abandono, pero incapacidad para intimar.

Verdad que leyendo esto, ¿os habéis reconocide en algún estilo de apego, o habéis identificade a alguna de las personas con las que creáis vínculos?.

Primero, el ESTILO DE APEGO hace referencia al vínculo afectivo que se establece entre niñe y cuidadore. Esto repercute en el desarrollo de nuestro cerebro, condiciona nuestro sistema nervioso autónomo y desarrolla la manera en que nos vemos a nosotres mismes, a otres y al mundo.

Lo reseñable, si llegais hasta aquí, es que aceptar esto sin un análisis y reflexión, os haría aceptar los estilos de apego, al igual que aceptamos nuestro signo del zodiaco. Entonces, que hago si me interesa conocer cual es mi estilo de apego y como eso influye en mis relaciones.

Acude y conversa con tu psicóloga/o/e de confianza, desde el acompañamiento, podrás reconocer y romper patrones de relaciones que no deseas repetir. Con ello estarás trabajando en el cambio sobre la forma en que vinculamos.

Puedes empezar por abordar tus propias necesidades, priorizar el autocuidado, marcar límites. Puede parecer que creencias profundas sean difícilmente modificables, pero todo lo que se aprende es susceptible de desaprenderse.

Acude a nosotras si buscas una relación sana que se base en:

  • Autonomía emocional
  • Saber poner límites
  • Saber comunicar necesidades
  • Desarrollo de una sana autoestima y confianza en une misme
  • En caso de ruptura saber seguir adelante, generar nuevos vínculos
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Comunicación en pareja: hábitos saludables que podrías instaurar en tu pareja.

¿Por qué es importante la comunicación en una pareja?

Una buena comunicación es importante en cualquier relación, ya sea laboral, familiar o afectivo-sexual, pero es más fácil que surjan más emociones o complicaciones en este último área, ya que suelen ser relaciones que se convierten en una gran parte de nuestra vida (todavía más si convivimos con esa persona o tenemos responsabilidades en común como hijos, animales, hipotecas, etc.)

No importa el punto temporal de la relación (os estéis conociendo o ya llevéis un tiempo) o el tipo de relación (monógama, poliamorosa, etc.) en el que te encuentres, la comunicación abre un canal entre dos personas que permite ajustar expectativas, resolver desacuerdos y construir una base sólida para la relación. En especial, si estás empezado, sentar un buen precedente de comunicación ayuda a que el resto de la relación se gestione de la mejor manera posible, y minimiza malentendidos; y si estás en una relación poliamorosa, la comunicación es esencial para manejar las emociones y circunstancias tan complejas, al haber más personas involucradas.

Una mala comunicación puede fomentar:

  • Malentendidos, estresores y situaciones más complejas
  • Sentimientos de estrés, confusión, decepción o frustración, que pueden ser muy intensos y recurrentes, ya que es fácil que se magnifiquen con cada pequeña situación desagradable que pueda darse de forma natural, al adoptar una posición defensiva.
  • Sentimientos de incomprensión, soledad o baja autoestima, que interfieran con otras áreas (trabajo, vida social…), aumenten la sensación de indefensión, desesperanza e incapacidad de cara a resolver problemas en todas las áreas y disminuyan la expresión de emociones, deseos y opiniones propios.
  • Sentimientos de ira, rechazo, desconfianza, que favorecen las dudas sobre la relación, intolerancia al malestar del otro y actitudes defensivas.
  • Una distancia emocional y física, debido a los eventos y emociones anteriores, que hacen menos atractivo el tiempo, proyectos y entorno que en común con la pareja. A su vez, esto retroalimenta esas emociones desagradables y dificulta que se pueda reparar o mejorar la comunicación, y puede llevar a una independencia total (vidas paralelas).

Obstáculos en la buena comunicación

Tener una conversación en la que la comunicación sea clara y sincera es más complicado de lo que parece, y especialmente si se tratan de temas delicados o que nos tocan emocionalmente. A continuación, os dejamos algunas situaciones o conductas que dificultan la comunicación:

  • Objetivos contradictorios, ver a la otra persona como un enemigo o rival, y momentos o lugares inadecuados
  • Cambiar de contenido constantemente o hablar de forma vaga y ambigua, el alejamiento temporal (hablar en exceso del pasado o de un futuro hipotético), o la expresión desconectada (mencionar ejemplos irrelevantes o situaciones hipotéticas),
  • Un escaso lenguaje positivo o excesivo lenguaje negativo sobre o hacia el otro
  • Una comunicación de una de las personas excesiva o escasa (en el discurso y en la velocidad de respuesta), ignorar, no escuchar o interrumpir a la otra persona
  • Excesivas generalizaciones y afirmaciones radicales (como todo o nada)
  • Interpretaciones erróneas (asumir que sabes cómo el otro se siente o piensa, o al revés)
  • Estados emocionales muy intensos.
  • El uso de sarcasmo o ironías para ridiculizar a la otra persona,
  • Insultos, acusaciones o amenazas, y responder a quejas con otras quejas.

Algunos consejos saludables para mejorar la comunicación

  • Elige bien el momento y lugar para hablar, centraros en el tema elegido, con información tan específica como puedas, y en el marco temporal que le pertenece (si es presente, no ir al pasado o futuro).
  • Para la conversación cuando los estados emocionales sean muy intensos (se va a hablar del tema, pero no es muy adecuado hacerlo con mucha ira, ansiedad…).
  • Escucha activa y empatía: como si fueran a hacerte un examen de comprensión, asiente, asimila, empatiza y busca ponerte en el lugar de la otra persona. Intenta turnaros para hablar, para no interrumpir.
  • Acepta críticas y haz peticiones: Sois un equipo frente a una situación, tu pareja no es tu rival, por lo que no estás “perdiendo” al llegar a un acuerdo o aceptar parcialmente las críticas (no somos perfectos y no hay nada malo en admitirlo).
  • Expresa tus deseos y necesidades: tu pareja puede conocerte muy bien, pero no te lee la mente, es importante ser claro y sincero con lo que uno quiere o necesita (y al revés, poder preguntar). Si no lo tienes claro, puedes decirlo o pedir tiempo para averiguarlo.
  • Habla desde tus sentimientos (frases “YO me siento” “ME gustaría”) y haciendo referencia a situaciones o conductas específicas, por ejemplo, decir “cuando dices que quieres hacer eso, no me siento valorado” en vez de “eres un egoísta por exigirme esto”. Intenta no atacar ni acusar, ni asignar etiquetas, ni “deberías”, ni generalizaciones (“siempre”, “nunca”)

Intenta equilibrar las conversaciones más complicadas, hablando de aspectos positivos de la relación o de la persona, así como con momentos agradables.

Y si no puedes seguir estos consejos o te resulta muy difícil ya sabes que en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Podría estar cerca de un psicópata?

Seguro que, si pensamos en la palabra “psicópata”, a la mayoría de nosotras se nos viene a la cabeza la imagen del típico asesino en serie que mata por placer, no tiene empatía, utiliza a los demás en su propio beneficio, mentiroso, manipulador… cualquier asesino propio de una película de Hollywood.

Sin embargo, de acuerdo con los expertos, no todas las personas con la etiqueta de psicópatas son delincuentes ni comete delitos, o al menos no de sangre. La mayoría están integrados en la sociedad, tienen casa, familia y un buen trabajo y eso hace que sea muy complicado que lleguen a ser diagnosticados en algún momento de su vida.

Esto es lo que se conoce como psicópatas subclínicos o integrados. La diferencia entre éstos y los que salen en las películas, es la comisión de un delito penal, pero ambos tipos, tienen las mismas características emocionales y de personalidad.

Se estima que en España hay entre un 2% y un 3% de psicópatas “puros” y entre un 10% y un 12% de psicópatas “integrados”.

¿Como podemos definir a un psicópata?

Aunque existen varios tipos de personalidades psicopáticas, también existen una serie de características comunes a la mayoría de ellos: incapacidad para desarrollar relaciones afectivas reales y profundas, falta de empatía e indiferencia hacia los sentimientos ajenos.

También se caracterizan por utilizar de los a los demás en su propio beneficio, ausencia de culpa y sentido de la responsabilidad y baja intensidad de la mayor parte de sus emociones, a excepción de la ira, las demás son utilizadas estratégicamente, no son reales. Además, suelen ser personas arrogantes, egocéntricas, seductoras, mentirosas y manipuladoras.  

Se han realizado diversos estudios que sitúan a la mayoría de los psicópatas integrados en ciertas profesiones: el primer puesto lo ocupan los CEO o máximos responsables de las empresas, seguidos por abogados, trabajadores de los medios de comunicación, comerciales y cirujanos.

Seguro que llegadas a este punto pensaríamos que somos capaces de identificar perfectamente si nos estamos fijando (de manera afectiva-sexual) en una persona con este tipo de rasgos. Pero la mala noticia es que no es algo que se vea tan fácilmente a simple vista, ya que suelen ser personas encantadoras, podrían encajar en el papel del “príncipe azul”. Hablo de príncipe y no de princesa porque se observa una diferencia significativa de la prevalencia de la psicopatía entre hombres (7,9%) y mujeres (2,9%).

Aun así, hay ciertas señales de alarma que pueden ayudarte a dar el paso de pedir ayuda o poner fin a la relación.

  • Es halagador como nunca nadie lo había sido. “Eres maravillosa, nunca había conocido a nadie como tú, tu eres diferente a las demás…”
  • Es como tú. Aquí podemos poner cualquier ejemplo de Joe el protagonista de la serie de You (claro ejemplo de una persona psicópata).
  • Siempre te culpa a ti de sus errores “es que me has provocado, me has puesto de los nervios, mira lo que me haces hacer…”
  • Minimiza o ridiculiza lo que tu sientes “No es para tanto, eres una exagerada, no se te puede decir nada.”
  • Te hace luz de gas “Eso no ha sido asi” (aunque lo hayas visto con tus propios ojos), “eso ha sido interpretación tuya”, “seguro que lo has soñado y lo confundes con la realidad”.
  • Sus relaciones son muy superficiales o directamente o existen. Siempre se portan muy mal con él, pero el no hace nada para que la relación se termine.
  • Actúa sin pensar, es impulsivo, su primera reacción es atacar, hacerse la víctima.

Si este tipo de comportamientos se repiten una y otra vez, quizás no podamos asegurar que estamos quedando con un psicópata, pero sin duda, lo mejor es salir corriendo.

Si sientes que tu pareja podría identificarse con estos comportamientos, si sientes que no puedes salir de esta relación, que tu autoestima es mucho más baja que antes, desde Quiero psicología podemos ayudarte.

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Lo duro de ir a terapia

Mucha gente llega a terapia con una idea errónea de lo que es el cambio, de lo que es adquirir herramientas emocionales para tener más recursos.

En general, se cree que el cambio será todo coser y cantar. El paciente viene a terapia pensando: este síntoma tan molesto que tengo me lo quitan y ya está.

Error. El síntoma no se quita. El síntoma se interpreta lo que significa, lo que está expresando para poder saber de dónde viene: si es que te cuesta decir que no, si es que tienes miedo a las personas de autoridad, si es que tu autoestima está dañada, si es que pasaste por una pareja tóxica y un largo etcétera.

El paciente se sorprende al descubrir que la causa estaba en otro sitio. Algunos en este proceso abandonan porque quieren quitarse el síntoma molesto pero no “remover la mierda”. Muchos perfiles evitativos huirán.

Pero, oh sorpresa, para mejorar el dolor no se puede rodear. El dolor se atraviesa. Sólo de esta manera saldrás del otro lado sintiéndote más fuerte y mejor.

Ahora, si eres tan valiente como para seguir trabajando en ello (o ya lo has sido), enhorabuena, pero ahora entrarás (o habrás entrado ya) en un camino que a ratos se puede hacer muy duro.

¿Qué tiene «malo» ir a terapia?

Un tabú del que no se habla es de lo que te espera ahora. Si haces una terapia profunda y completa adquirir esas herramientas emocionales te hará más sabio o sabia, hará que identifiques lo que te hace daño, tus traumas, tu forma de querer y la forma en la que te han querido pero también te hará ver el mundo de una forma que hasta ahora no lo has contemplado. Y eso no siempre se va a sentir como fácil.

Te relato aquí alguna de las cosas más clásicas que puedes o has podido experimentar:

  1. Ves más claro a las personas que te rodean, para lo bueno y para lo malo. Te darás cuenta de que alguna (o mucha) de la gente que te rodea es tóxica, manipuladora o simplemente sin ningún recurso emocional y te pondrá en la duda de cortar, cambiar o alejarte de relaciones. Spoiler: lo harás. Y dependiendo de la relación puede ser muy costoso emocionalmente, habrá momentos donde preferirás no haberlo visto. Pero al final nunca te arrepentirás, quizá conserves menos personas en tu vida, pero éstas no te harán sentir solo, no te criticarán y hundirán tu autoestima.
  2. Ves el mundo mucho más claro: cuando de repente aprendes sobre tipos de apego, formas de manipulación, características tóxicas, tipos de personalidad, etc, te das cuenta mucho más rápido y mejor de quién hace qué y porqué. Sin embargo: la gente de tu entorno no lo hará. Muchos te negarán esa realidad que ahora ves, la minimizarán, te dirán “ya conoces a fulanito”, “te tomas todo muy a pecho” o “es que es tu madre”. Esto te puede hacer sentir solo o ignorado. Te encuentras en un mundo de repente, que, de nuevo, tampoco te arrepentirás al final haber descubierto, pero sé consciente de que lo verá menos gente, porque sólo lo ve la gente que ha trabajado en ellos mismos, en asumirse y conocerse. Y esto no abunda tanto.
  3. Te darás cuenta de tu historia vital: probablemente descubrirás traumas (porque todos tenemos) sobre ti, tu familia, amigos y parejas y esto provocará que pases épocas en duelo, triste o enfadado. Es necesario cambiar la historia errónea que te habías contado, es necesario quitarte culpas que nunca debiste tener, responsabilizar a los otros de lo que te hicieron y otras cosas te harán verte a ti mismo de una manera distinta. Cuando avances verás cómo tu autoestima crece, cómo atraviesas esos dolores, pero no siempre será todo sencillo.

¿Merece la pena hacer terapia?

Con esto quiero decir que todo el que se somete a un proceso de terapia se verá reforzado, mejorará y sentirá que cambia su vida, pero no es todo un camino de rosas. Por eso es de admirar a todos aquellos pacientes que se someten a estos procesos de cambio, algunos de ellos lo hacen pensando que son débiles porque tienen ansiedad o están deprimidos o les agobia los exámenes. Pero nada más lejos de la realidad, todo lo contrario: es mucho más valiente intentar mejorar todos los días y enfrentarse a lo que nos duele que quedarse en el mismo sitio sin hacer nada.

Si has elegido empezar (o ya llevas tiempo en un proceso de terapia) sólo puedo decirte que estés orgulloso de ti, que todo ese dolor que ahora sientes se disipará. Atraviésalo, que del otro lado te espera algo mejor.

Y si no, y quieres empezarlo, en Quiero Psicología te estamos esperando.

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Familia ¿feliz?

Ya llegó la navidad y con ella esos mensajes de que todos deberíamos estar felices, porque te reencuentras con los tuyos, porque todo son sonrisas y regalos (no hay más que ver cualquier anuncio de turrones). De esta imposición de la felicidad (llamado efecto Mr. Wonderful) hablamos justo en el post pasado (puedes leerlo aquí).

Pero hoy te vengo a traer otro mensaje importante ¿por qué a lo mejor a mi no me hace feliz para nada ver a mi familia? ¿soy un mal hijo/hermano?¿soy un desagradecido?¿me tengo que sentir culpable por no disfrutarlo?.

¿Por qué no me hace feliz ver a mi familia?

Tienes que preguntarte si de verdad tu familia es sana, si te sientes escuchado, recogido y acogido. No disfrutamos de un vínculo sólo porque nos lo impongan, disfrutamos de él cuando tenemos verdadera conexión, cuando nos respetan tal y como somos.

Si no te hace feliz ver a tu familia tendrías que preguntarte si te sientes juzgado por ellos, si sientes presión de algún tipo para lograr cosas, y sobre todo si te hacen sentir insuficiente, que nada de lo que haces llega de verdad a merecer la pena. Si esto es así, te pongas como te pongas, en el fondo, incluso aunque finjas, no te hará feliz verlos, es más, probablemente no tengas ganas, y también con mucha probabilidad, los veas o pases estas fiestas con ellos por compromiso.

Pero entonces ¿por qué me empeño en ir con ellos aunque me siente mal?

Hay varias razones para esto, y son muy profundas, tanto por motivos culturales como por nuestra biología estamos programados para acercarnos a nuestros cuidadores primeros, a nuestra familia. Os pondré algunas de las más importantes:

«Porque es que es tu padre /madre».

Esta frase está en el ranking de las más escuchadas cuando un hijo quiere desligarse de algún modo de sus padres o está expresando su malestar con ellos. Parece la «cosa» definitoria por la que sin más, debes aguantarlo todo y olvidarte de todo tu dolor. Esta es la cultura actuando, los miles de mensajes que nos han llegado de los padres como figura omnipotente y omnipresente. No se puede destruir ni desligar, en nuestra cultura «los padres» tienen un poder ilimitado, pueden hacerte muchísimo daño pero todo se arregla con un «es que son tus padres».

No se les exige una responsabilidad afectiva, que te tengan en cuenta, que respeten como eres. De hecho, se suele decir que «ellos saben más que tú» por lo que tu relación con ellos se ha quedado relegada muchas veces a un «ver, oír y callar». Se parece a cuando hace 30 años una mujer no podía ni opinar porque tenía que obedecer a su marido, y siempre tenía que permanecer al lado de él acatando órdenes.

Ahora esto nos parece absurdo pero ese «acata o siéntete mal» sí que sigue vigente con los padres y nos seguimos empeñando en que funciona así. Reproduzco aquí la conversación con un paciente:

-¿Por qué cuando voy al pueblo nunca me apetece ver a mi padre? debería apetecerme, es mi padre.

-¿Tu padre te hace sentir bien?

-Uy no, según le veo empiezan las críticas inagotables sobre cualquier cosa, mi trabajo, mi pelo, mi casa, etc.

-¿Si esto te lo hiciera un amigo seguirías siendo amigo de él?

-Por supuesto que no-. Me dijo sin dudar. Se quedó pensativo unos segundos y dijo: vale, lo entiendo.

Es hora de cambiar esto y de pedir responsabilidad afectiva a nuestras figuras paternas, no reproduzcas esta frase ni le pidas obediencia ciega a un niño, no censures cuando alguien te expresa el malestar con su familia. Entiende que todas las relaciones puedes ser buenas o malas y con la familia también es legítimo sentirse mal.

El sistema biológico de aproximación y defensa.

Desde que venimos al mundo estamos biológicamente programados con lo que se llama el sistema de aproximación y defensa. Explicado de la forma más básica: el de aproximación debe decirnos lo que nos viene bien para acercarnos a eso y el de defensa lo utilizamos para defendernos o alejarnos de las cosas que nos vienen mal.

Explicado así suena sencillo ¿no? si un cactus me pincha no me acerco más al cactus. Si tengo frío y me tapo y se me pasa tenderé a taparme otra vez cuando tenga frío. Me alejo o me aproximo /repito.

Peeeero esto no es tan sencillo cuando hablamos de relaciones. La primera relación para la que venimos preparados a apegarnos, dar igual cómo, es la de nuestros padres (o cuidadores primeros). Lo que nos dice nuestro cuerpo es: «asegúrate de vincularte a estas personas y que te quieran o te abandonarán en el bosque y morirás». Aunque sea irracional, eso es lo que nos dice nuestro cuerpo así que nos ponemos manos a la obra.

Esto, tendrá unas consecuencias enormes en tu personalidad, autoestima, traumas, relaciones, etc. Vamos, en toda tu vida ¿por qué? porque da igual cómo sean mis padres, si son buenos o malos, si atienden tus necesidades o no, o incluso si te las castigan. Tienes que seguir ahí haciendo méritos para que te quieran.

Siempre pongo el mismo ejemplo horrible: «Si tu padre te viola desde los 4 a los 11 ¿tú pensarás que tu padre es un señor terrible o que lo que sientes tú es lo equivocado porque no te sientes bien?» Exacto. La segunda opción. Te sentirás tú el problema, pensarás «si mi padre es bueno y eso que me hace me dice que está bien ¿por qué me siento mal?». Pues así con todo. Pongo siempre este ejemplo tan gore porque se ve muy bien pero se podría aplicar a cosas como: Si mi madre me dice que no es normal que me gusten los dibujos violentos debo ser yo el raro, si mi padre dice que soy un desastre porque no me gustan las matemáticas pues debe ser que lo soy, si me piden que saque buenas notas y no lo hago seré mal hijo o tonto, etc.

Así se moldean muchas de las futuras losas que luego cuando crezcas tendrás que limpiar de culpa, resignificarte y re-narrarte para poder mejorar tu autoestima. Pero el sistema de aproximación, si no los desmontas, seguirá funcionando y aproximándote a esas figuras paternas, tengas 4 años o 43. Y te llevará por ejemplo a ir a una fiesta familiar en navidad donde a lo mejor acabas llorando o destrozado. Y después te preguntarás «¿si es que ya sé que son así para qué voy?».

Si te ocurre esto y crees que necesitas abordarlo en Quiero Psicología estamos listas para recibirte y afrontar contigo estas contradicciones.

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La positividad tóxica o el efecto Mr Wonderful:

Actualmente, se vende bastante la idea forzada de ser feliz, pase lo que pase a través de libros y de cuentas en redes sociales. Un ejemplo es el merchandising de Mr. Wonderful, una marca cuyos dibujos color pastel esconden esta positividad tóxica.

La idea de estar siempre feliz puede sonar atractiva, pero el bombardeo de mensajes con este tono tiene un efecto muy lejano del pretendido. En protesta a este fenómeno, nacen otras marcas como Mr. Puterful, Mr. Wonderfuck, etc.

La positividad tóxica es esa imposición de una actitud positiva, falsa, que niega las emociones desagradables y predica un estado de ánimo optimista y feliz en cualquier situación. Existen dos formas de positividad tóxica que podemos experimentar: la dirigida hacia uno mismo y la que es recibida por parte de otros.

¿Por qué la positividad tóxica no es empatía?

Esa positividad tóxica puede animar a algunas personas, pero hablamos de algo diferente a la empatía. La empatía busca apoyar a una persona, conectando con su malestar, mientras que esta positividad tóxica finge dar apoyo desde una distancia emocional, que además invalida las emociones de la otra persona. Puedes ver la diferencia entre la simpatía (que sería lo similar a este fenómeno, en este caso) y la empatía, en este vídeo: https://youtu.be/KZBTYViDPlQ .

Aquí te dejo unas frases recurrentes cuando se da esa positividad tóxica, y posibles frases alternativas que sí demuestran esa empatía.

POSITIVIDAD TÓXICA EMPATÍA REAL
Todo irá bien   Salga como quieres o no, estoy aquí para ti.
Podría ser peor Sé que lo estás pasando mal, tienes derecho a sentirlo.
No te rindas Parar puede ser muy sano, y si necesitas hacerlo, está bien.
Lo superarás   Sé que ahora te sientes muy mal, y puede que no sea duradero, pero mientras pasa, estoy aquí.
Querer es poder / Puedes con todo. Desear algo mucho no asegura que pase, pero estoy orgulloso de que lo intentes.
Piensa en positivo No siempre es fácil ver lo positivo si te sientes mal.
No te preocupes, solo sé feliz Preocuparse es humano, sé que no puedes “apagar” esa emoción. Si quieres distraerte, hablar o buscar soluciones, estoy aquí.
No estés triste / No llores Es normal estar triste / Date permiso para llorar
Si los demás pueden, tú también Cada uno tiene diferentes capacidades y limitaciones. Lo importante es que lo estás intentando.

¿Qué siento cuando recibo esta positividad tóxica?

  • Invalidación, presión, frustración, culpa, autoexigencia: No todo será maravilloso, y tener la expectativa de que sí es poco realista, el sufrimiento es una parte inherente de la existencia humana y no podemos negarla. Estas emociones son lo que se considera el sufrimiento secundario, es decir el sufrimiento por tener sufrimiento.
  • Categorizar las emociones como buenas o malas: pueden ser agradables o desagradables, esto puede llevar a una polarización de los estados de ánimo, si no estoy feliz de manera intensa, estoy triste. Además, algunas personas pueden buscar emociones agradables intensas y otros algunas menos intensas (calma, paz, tranquilidad). Estas últimas tienen un gran efecto positivo neurológico y físico, y desaparecen del espectro con estas actitudes.
  • Negar las emociones desagradables no quiere decir que nos quitemos las desagradables, de hecho, varios estudios (incluso a lo largo de 10 años) han encontrado que esta evitación como estrategia se relacionaba con niveles de depresión más altos, y emociones de tristeza más intensas. Esto tiene sentido, pues la continua evitación podría contribuir a la “acumulación” de esas emociones negativas no gestionadas, provocando “explosiones” emocionales, y teniendo el efecto contrario al buscado originalmente.
  • La felicidad extrema no es realista, pero también es peligrosa:  las emociones desagradables dan mucha información importante para nuestra supervivencia como la ansiedad o el miedo, negarlas sería no tener en cuenta riesgos, por ejemplo. También da el mensaje de que podemos equiparar todas las necesidades, y esto es poco eficaz (de cara a tener prioridades): no podemos estar comprometido al 100% en todas las necesidades que tenemos, ni será posible en todas las áreas de la vida.
  • Promueve el hedonismo y el egoísmo: centrarse en la búsqueda del placer inmediato puede ser perjudicial a largo plazo (busco el bienestar rápido de la droga por evitar la abstinencia, ignorando el bienestar a largo plazo que produce el malestar inmediato que es aguantar sin consumir), además de no promover la responsabilidad social, ignorando las necesidades sociales.

¿Cómo debería acompañar o consolar a las personas que quiero?

Uno de los trabajos más complicados es acompañar a una persona que lo está pasando mal, seguramente te sientas perdido, confundido, con miedo a ser intrusivo o empeorar la situación. Te dejamos los:

  • No hace falta que sepas qué hacer. Pregúntale a esa persona cómo quiere que se le apoye, y si no lo sabe, podéis buscar y probar qué le puede ayudar.
  • Acompañar en muchas ocasiones será estar presente mientras la persona sufre, esto es muy desagradable y es normal que no siempre estemos dispuestos a hacerlo. Es importante valorar si estás en un punto emocional para poder hacerlo (y hacerlo por no sentir culpa, por responsabilidad…) y cuanto quieres hacerlo. Si decides, asegúrate de luego tener tiempo de autocuidado para ti, ya sea tu solo o con otras personas.
  • No tengas prisa en dar una respuesta: al ver a alguien que se siente mal, queremos consolar enseguida, pero tomate tu tiempo para hablar o responder, o escucha a la otra persona. Los silencios pueden dar mucha empatía y confort.
  • Si el malestar de otra persona te está afectando excesivamente, tal vez pedir ayuda a un profesional para que tú puedas a aprender a gestionar esas emociones puede ser útil.

Recordemos que no podemos quitar el malestar o vivir una vida solo feliz, ya que no existe, pero sí podemos aliviar, sí podemos aceptar el malestar como parte de la vida y de nosotros, sí podemos acompañar.

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Es hetero pero…

Hace unas semanas me estaba tomando algo con unas amigas y charlando tranquilamente sobre todo tipo de temas cuando por algún motivo surgió hablar de a quién le gustaba quién. Concretamente, de algún modo la conversación derivó en hablar de una chica que algunas conocían. Se acabó hablando de la orientación sexual de esta chica en cuestión.

Se debatió sobre ello, se dijo que sí, que le gustaban las chicas pero que era hetero. Yo estaba tan en shock que no sabía muy bien ni qué decir. Este grupo de gente eran personas bienintencionadas, con empatía, formación y conocimiento de muchos temas y aun así se estaba discutiendo la orientación sexual de esta chica no presente como si fuese un debate o una conversación abierta. Confronté la situación y dije “pero si ha dicho que es bisexual” a lo que se me respondió que la chica en cuestión había afirmado que “soy bi pero salgo más con chicos” o incluso que le gustaban a veces más chicos o atraían más. Esto fue aceptado por todas las personas presentes como un argumento irrefutable. “Pero es que salir más o que te atraiga más un género no te hace menos bi” afirmé. “Ya, pero si dice que es bisexual, ¿pero le gustan más los hombres entonces que es?”, me contestaron. “Pues entonces es una persona bi a la que le gustan más los hombres”.

Parece increíble la necesidad imperiosa que tenemos de dicotomizarlo todo, hombre o mujer, femenino-masculino, hetero-homo. Nada entremedias ni otras opciones, y si existen las intentamos meter con calzador en cualquiera de estas parejas de categorías. Además, las asumimos opuestas y excluyentes (¡y no lo son!). Borrando la libertad, la flexibilidad, la diversidad y la riqueza y variedad del ser humano.

A veces sustituimos la heteronorma por una homonorma (o la propia LGBTIAQ+ tomamos la heternorma como referencia para descubrirnos y etiquetarnos) y esto es malo; no sólo para la gente que se autodefine como bisexual, queer, asexual o alguna etiqueta que no encaje en lo hetero y lo homo, sino que es dañino para las propias personas homosexuales y heterosexuales también. Al intentar meternos a todas en este reduccionismo absurdo no nos permitimos más opciones, fluir, cambiar. No exploramos nuestro deseo libremente, sino que lo vemos a través de prejuicios, de un prisma muy concreto. A menudo este prisma es asumir a todo el mundo hetero hasta que no se demuestre lo contrario… y si te sales de ahí y eres un chico más afeminado se te etiqueta como gay, las mujeres más marimacho se las ve como lesbianas (cuando nada de esto tiene que ver con la orientación sexual). Y por supuesto un chico que dice ser bi… será gay hasta que se demuestre lo contario y una chica bi será vista como hetero hasta que se demuestre lo contrario. En ambos casos se asume que el amor o atracción por las mujeres es menos válida, importante o que ni siquiera es real. El amor hacia los hombres si parece más legítimo. (El amor hacia las personas no binarias no parece ni existir ni ser nombrado nunca).

En conclusión: no podemos ni debemos forzar etiquetas sobre la gente. Esto es extremadamente violento y fuerza a la gente de vuelta en el armario. Las personas con cis passing o straight passing (que puedan aparentar físicamente ser hetero o cisgénero cuando no lo son) pueden tener ciertos privilegios materiales en algunas situaciones (como recibir menos acoso callejero) pero la otra cara de la moneda es la invisibilidad constante. El que nunca te consideren suficientemente queer, el que te metan un ay otra vez dentro del armario. No es ninguna sorpresa que justo estas personas sean las que más tiempo tardan en salir del armario, más les cuesta y tengan más dudas en cuanto a su identidad.

Por esto, cuando alguien te diga que es lesbiana, bi, gay, queer, asex, no binarie…. Por favor que lo primero que salga de tu boca no sea cuestionarles. Acompaña y apoya a estas personas, valida sus identidades tanto en su presencia como su ausencia. Recuerda que nadie tiene que tener un currículo concreto ni reunir suficientes puntos en el carnet bisexual para ser válido, válida o válide. Las personas bi pueden tener preferencia por géneros, pueden fluctuar sus gustos y seguir siendo bi. Pueden no haber salido nunca con un género concreto (o ninguno) y seguir siendo bi (fíjate que a la gente hetero que no ha salido con nadie no se les cuestiona su heterosexualidad). Las personas bisexuales no deben nada a nadie para ser “suficientemente bi”, así que no las llames heteropero, heteroflexible (a no ser que lo pidan).

No seas el primer bully bífobo, homofóbo, tránsfobo o acefobo de alguien. No seas la primera persona en meter a alguien en el armario (¡aunque no esté delante!). No seas esa persona que intenta reescribir la historia de otras, que niegue su realidad y haga que la gente se sienta insegura y vuelva al armario. No sabemos el impacto que tienen las palabras y es muy importante cuidarlas, especialmente en un tema tan personal. Cuando alguien te cuente su identidad valídala y apóyales, que han decidido compartir ese pedacito de sí mismas contigo, y desde Quiero Psicología podemos ayudarte para comprender y acompañar mejor a nuestros seres queridos.

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Llora tus pérdidas

Muchas veces en esta vida (por no decir prácticamente todas) nos han enseñado a evitar las emociones negativas, en especial, la tristeza.

¿Por qué?

Hay la creencia generalizada de que sufrir no «sirve» para nada. Esta actitud totalmente racional y utilitarista en realidad no encaja en nuestro mundo emocional (y por lo tanto irracional). Nuestro cerebro, nuestro cuerpo, no entiende ese mensaje frío al que le intentamos someter.

Si no lloras una pérdida (o cualquier otra cosa importante) eso se te quedará atascado y empezará a provocar otros problemas.

Te pongo un ejemplo muy visual: Si tu vas llenando un vaso y no lo vacías en algún momento rebosará e inundará el espacio alrededor. Pues así vivimos, sólo que esas inundaciones provocan otros síntomas, que, la mayoría de veces ni siquiera los relacionamos con esa pena.

Y tú te preguntarás ¿pero qué consecuencias puedo tener? o ¿cómo puedo saber si tengo algo que no he llorado y me está afectando?

Rabia

Una de las formas más habituales que tiene nuestro cuerpo de tratar de paliar estas «inundaciones», o acumulaciones de tristeza, es la ira.

¿Por qué? porque la ira viene a defendernos de aquellos o de aquella cosa que pensamos que nos hizo daño. Puede ser que de repente te notes irritado con los que tienes alrededor o especialmente con una persona pero no sabrías ni decir por qué. En el caso de duelos no resueltos puede que incluso estés enfadado con esa persona que te abandonó o que se murió. O en el caso de duelos de pareja no resueltos puede ser que te enfades sin motivo con tu nueva pareja.

La rabia es muy tentadora porque nos evita la tristeza y es normalmente bien acogida por el entorno («sí, sí, tu ex es un cabrón») pero a la larga no dará buenos resultados, sólo hará que se te quede atascada esa pena y cuanto más tiempo pases sin mirarla peores problemas te puede provocar como por ejemplo sabotear nuevas relaciones trasladando el trauma que te dejaron y actuando a la defensiva con quien no tiene la culpa.

Evitación máxima

Otra manera de no afrontar es precisamente esta, evitarlo todo. De repente todo lo que rodea esta tristeza se transforma en tabú, en secreto, se cambia de tema. Esto es muy típico verlo en las familias, por ejemplo aquel tío tuyo que abandonó a tu tía y de lo que no se habla, aquel abuelo que murió del que no te queda ni una foto, o aquella persona que murió pero que su casa sigue sin haberse movido un ápice en el tiempo con todas sus pertenencias en su sitio. O ese ex que parece que ni pasara por tu vida porque jamás hablas de él.

Pudiera parecer que la pena desaparece porque se entierra, pero no desaparece, de hecho cuando ese tema salga notarás que te activas, que sube tu ansiedad, o que te derrumbas interna o externamente (llanto descontrolado, rabia o ansiedad como si hubiera pasado ayer).

En casos extremos esto puede llevar a una disociación, es decir, ni siquiera recuerdas que aquello pasara, hay una laguna en tu memoria porque tu cuerpo asumió que no podía llorarlo en ese momento y ahí se quedó. Incluso puede haber una disociación aún más complicada, lo recuerdas y a pesar de que sabes que debería de ser dolorosa ya no sientes nada, lo cuentas como si contaras que ayer comiste macarrones.

En todos estos casos ocurre lo mismo, notas síntomas, emociones desbordantes, sin venir a cuento, algunas de ellas ya no sabes ni de dónde narices te vienen.

Otras

Hay otras muchas consecuencias, por ejemplo que distorsiones tu memoria para que encaje el recuerdo en otro relato del acontecimiento menos traumático (pero que te lleva a culparte o a narrarlo de forma que afecta a tu vida), ponerte a cuidar desmesuradamente a los demás para negar tu propio sufrimiento, hacerte el fuerte continuamente para que los demás no sufran o para no romper tu autoimagen, etc…

¿Qué hago entonces con mis penas y pérdidas?

Pues lo que te voy a decir no es una novedad, y es algo, que aunque pueda parecer sencillo, muchas veces no lo es: Llóralas.

Nuestro cuerpo necesita atravesar ese sufrimiento, entender que esa pérdida ha sucedido para poder adaptarse y readaptarse. Necesitas parar y darle importancia a tu dolor. Sé que una de las principales pegas aquí si la tristeza es muy profunda será ¿pero y si me pongo a llorar y no paro nunca?¿y si me deprimo?

Créeme que el cuerpo tiene sus propios mecanismos para volver a salir a flote, y lo que lloras hoy no tienes que llorarlo mañana. En mi metáfora del vaso verás como se va vaciando aunque a veces pases ratos donde puedas pensar que te ahogas.

Cómo en algunas situaciones este puede ser un proceso difícil, y en ocasiones, dependiendo del tema, incluso puede ser largo, aquí te dejamos una serie de consejos. Pero para lo que necesites estamos formadas en ello y te podremos acompañar para que te liberes de aquello que tanto te cuesta.