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Identidad(es) No Binaria(s): Más Allá de las Fronteras de Género.

La conceptualización de identidad de género ha evolucionado significativamente en las últimas décadas y una de las identidades que ha ido ganando más visibilidad es la de las personas NB (no binarias). Esta identidad es una experiencia única y personal que desafía las categorías tradicionales de sexo-género y es complicado definirla como algo generalizable a todas las personas que se identifican con esta categoría.

¿Qué es ser género no binario?

Esta identidad desafía la noción tradicional de género, que en las culturas occidentales suele ser binaria y hace una distinción clara entre lo masculino y lo femenino. Ser nb significa que una persona no se identifica como hombre o como mujer. Cada persona define, vive y expresa su identidad de una forma. Lo que tienen en común es la ruptura del binarismo hombre/mujer visibilizando la problemática que generan estas categorías. Así pues, pueden identificarse como género neutro, género fluido, agénero o cualquier otra identidad que no se ajuste a las convenciones tradicionales.

Pronombres y expresión de Género

En la interacción con otras personas es fundamental preguntar los pronombres. Y, de hecho, es una costumbre que deberíamos tener con todas las personas que conocemos. Independientemente de con qué se identifiquen. Preguntar los pronombres a las personas con las que nos relacionamos rompe de manera transversal con los prejuicios o estereotipos desde los cuales nos relacionamos. No debería ser algo que utilicemos única y exclusivamente con las personas nb o personas cuya expresión de género se salga de la norma. ¿Por qué? Porque precisamente no hay una única forma de ser nb. La expresión de género de las personas que se identifican como nb es diversa y no por tener una expresión de género “más congruente” con su género asignado al nacer es menos nb.

No hay una prueba que te haga ser más o menos nb al igual que no hay una persona que sea más o menos trans por haber realizado modificaciones corporales. Por esta razón, no deberíamos reducir la cuestión de los pronombres a aquellas personas que pensamos que no encajan en las categorías hombre/mujer sino que lo ideal sería que lo hiciéramos con todas las personas.

Algunas personas no binarias pueden preferir pronombres de género neutro como «they/them» en inglés, «elle/ellx» en español. No obstante, esto no es así para todas las personas nb. Muchas de ellas prefieren los pronombres de él o ella y estos pronombres son igual de legítimos y válidos que el pronombre neutro. Sí es cierto que el uso del lenguaje neutro lleva asociada una discriminación y nbfobia concreta por la ridiculización trasgeneracional que la sociedad ha hecho de este lenguaje.

¿Qué es la nbfobia?

Es la discriminación que sufren las personas nb por el hecho de serlo. La más evidente es la falta de reconocimiento de su identidad de género. En España aún nos queda mucho trabajo de educación y visibilización para normalizar esta forma de ser y de estar en el mundo como están el resto de identidades. No obstante, la identidad no binaria sigue siendo ridiculizada, discriminada e infravalorada de manera constante por parte de la población general y las instituciones. Por otro lado, al igual que en la LGTBIQ+fobia, es constante el acoso verbal o físico así como la discriminación en el ámbito laboral, educativo y médico.

Referentes NB o dónde informarme más

Bibliografía

Butler, J. (1990). Gender trouble and the subversion of identity. New York et Londres:  Routledge.

Fausto-Sterling, A., y García Leal, A. (2006). Cuerpos sexuados: La política de género y  la construcción de la sexualidad. Barcelona: Melusina.

Missé, M., y Coll-Planas, G. (2010). El género desordenado. Críticas en torno a la  patologización de la transexualidad. Madrid: Egales.

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Despatologizando identidades que escapan de lo «normativo»(II)

El supuesto sexo biológico

Como ya mencionábamos en nuestro anterior artículo sobre este tema: Nacemos dentro de este marco sociocultural que va a marcar el significado de nuestras identificaciones y lo va a hacer, primariamente, en función de una atribución a un supuesto sexo biológico -adecuándonos así a la estética de la diferencia sexual- (Fausto-Sterling y García Leal, 2006). No obstante, y como bien remarca Elena Casado (1999), el sexo biológico y/o el género no son las únicas categorías que marcan las identificaciones y que establecen una jerarquía de poder: la clase social, etnia, diversidad funcional, edad, orientación sexual, etc. son también categorías que confieren identidad. 

La distinción sexo/género supone que siempre es posible diferenciar entre lo biológico –sexo– y lo cultural –género–. Al mismo tiempo supone la maleabilidad del género frente al carácter permanente e inmutable del sexo. Este binarismo supone la idea de que en la dimensión biológica siempre es posible hallar la distinción entre mujeres y hombres. Butler (1999) desmantela la división radical entre sexo y género en contra de la idea de que la biología es el destino. ¿Qué tiene de natural el sexo cuando en su definición han operado diferentes discursos para producirlo? Butler sostiene que el sexo es también una construcción social y en ese sentido la distinción sexo/género es, por tanto, absurda. El sexo, más bien, es en sí mismo una construcción, instaurado a través de normas de género que ya están en su lugar.  El objetivo consiste por tanto en deshacer el sexo para instalar la proliferación de nuevas formas posibles, incluso morfologías corporales que escapen a las restricciones de lo binario. 

Tal como señala Foucault (2008), las categorías sexuales han sido asignadas a partir del siglo XIX. Este proceso de clasificación se ha acelerado y han proliferado una enorme variedad de identidades sexuales que resultan paradójicas y ambiguas. Los sujetos que portan estas identidades no pueden ser claramente clasificados en la dicotomía hombre/mujer. Estamos hablando de la intersexualidad y la transexualidad. Son estas personas las que desafían fuertemente las concepciones de cuerpo que subyacen al binarismo. La intersexualidad cuestiona el modelo dimórfico de la diferencia sexual desde que las cirugías de reasignación de sexo constituyen un testimonio sobre el establecimiento de nuevos contornos a cuerpos con morfologías ambiguas. Hay evidencias de que el sexo no ofrece una morfología binaria exhaustivamente clasificable (Kessler y McKenna, 2000).

Las discusiones que giran en torno al género siempre implican la dimensión del sexo. En este sentido, teorizar la intersexualidad y transexualidad supone un desafío fundamental, no solo para la comprensión del género, sino para cuestionar, de modo más radical, el sexo. Aunque limitada por las categorías actualmente disponibles, la teoría Queer ha demostrado potencialidad para cuestionar los supuestos que operan en torno al sexo. Esta postura torna posible producir interrogantes que nos conduzcan hacia nuevos supuestos acerca de la materialidad de los cuerpos, más allá de las marcas binarias del sistema sexo/género. 

Cuerpo y género

El pensamiento feminista de la Segunda Ola se ha construido sobre la base de una concepción de cuerpo naturalmente y dimórficamente diferenciado. El cuerpo, en estos términos, constituye una superficie sobre la cual el género opera como un acto de inscripción cultural (Butler, 1990).

Es en la construcción de las identidades cuando se internaliza la discriminación. Lo que Bourdieu denominó habitus (2007). Es importante mencionar este concepto porque le otorga una importancia primaria al cuerpo. El cuerpo no es sólo un espacio material, es la cobertura simbólica con la que nos recubrimos e interactuamos. Es el conjunto de significados que le atribuimos y bajo los cuales nos reconocemos. El género, en este sentido, construye el cuerpo. Por ello, no nos referimos sólo a una materia física que nos venga dada con el nacimiento: nos referimos a una matriz de significados en permanente construcción que confluyen en ese lugar físico (Butler, 1990; 1993). 

Para Bourdieu (2007), la dominación se asienta en las estructuras sociales: un sistema de clasificación por sexo que tiene una idea sobre la masculinidad y la feminidad. Esto se interioriza en las identidades y se asienta en los cuerpos –cuerpos que sienten, piensan y hacen-. Es a través de un proceso de subjetivación en el que se construyen estructuras sociales que se escapan a la conciencia como se crean identidades reconocibles con respecto al  género.

Estas estructuras históricas de dominación implican que las personas no contemos con la misma legitimidad política, los mismos privilegios, los mismos derechos de ciudadanía o las mismas posibilidades de elección (Gil, 2011).

Y durante mucho tiempo ha privado a las personas invisibilizadas incluso de una adecuada atención sanitaria, social, educativa… Desde Quiero Psicología luchamos en contra de esa discriminación, así que si te has sentido así y quieres contárnoslo, tienes nuestras puertas abiertas.

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¿Por qué no me siento cómodx con mi psicológx?

El vínculo entre paciente y psicólogx es imprescindible para el proceso terapéutico. No obstante, a veces, pueden aparecer dificultades o incomodidades que entorpecen el buen funcionamiento de la terapia.

Estas dificultades pueden deberse a:

Diferencias de carácter:

Cada persona tenemos una forma de relacionarnos y enfrentarnos al mundo que puede chocar con la forma que nuestrx psicólogx tiene de hablarnos o de relacionarse. Esto puede hacernos sentir incomprendidxs y que nuestrx terapeuta no empatiza o entiende nuestra forma de ser.

Estilos de comunicación:

Cada persona tiene su propio estilo de comunicación y puede que el nuestro no encaje del todo con la persona que tenemos en frente. Quizá necesitemos más silencios, que todo vaya más despacio, y nuestrx psicólogx tiene un estilo más directivo. Si no existe esta sincronización entre ambxs podemos sentir que no nos está sirviendo y que hay algo en la terapia que no nos acaba de encajar.

Expectativas no cumplidas:

A veces pensamos que unx psicólgx va a resolver nuestros problemas y nos va a salvar de las cosas que nos pasan. Si esto sucede, podemos sentirnos decepcionadxs o frustradxs con la terapia y pensar que no era lo que esperábamos afectando así a nuestro proceso o al vínculo terapéutico.

Falta de empatía:

Este elemento es crucial a la hora de sentirnxs cómodxs en una terapia. Si sentimos que nuestrx psicólogx no nos entiende, comprende o empatiza con nuestra realidad será muy difícil que sintamos que ese es un lugar seguro.

Mitos sobre la terapia y lxs psicólogxs:

A veces pensamos que todxs lxs psicólogxs son iguales o que sólo aquellxs que han tenido experiencias similares a la nuestra pueden ayudarnos. Es importantísimo recordar que son profesionales formadxs para acompañar cualquier proceso terapéutico de su especialidad independientemente de su experiencia personal.

Estigmas para las personas que buscan ayuda psicológica:

Debilidad: todavía existe la creencia social de que las personas que piden ayuda psicológica son menos fuertes o más frágiles que el resto y no pueden solucionar sus problemas por sí mismxs.

Estigma social: aún existe un gran estigma social que rodea la salud mental y que lleva consigo la discriminación y el miedo al juicio del otrx. Esto dificulta enormemente que las personas busquen ayuda psicológica y se sometan al tratamiento adecuado.

Por tanto, si en algún momento no nos sentimos bien con nuestrx psicólogx y sentimos que algo no encaja, es fundamental hablarlo abiertamente y poder trabajarlo en sesión. Esto puede ser una oportunidad para vislumbrar qué puede estar pasando y qué podemos hacer para que no siga siendo así.

¿Cómo elegir al psicólogx adecuado?

En este sentido es fundamental elegir de manera adecuada la persona que va a acompañarnos en nuestro proceso terapéutico. En esta línea nuestra decisión tiene que inclinarse por una persona que esté especializada en lo que necesito trabajar, así como tener un enfoque terapéutico que resulte congruente conmigo.

Es importante darnos cuenta de cómo me he sentido en la primera sesión y ver si puedo o no conectar con esa persona a priori. Informarse sobre la persona con la que vas a empezar, si está recomendada por alguien o si te resuena el discurso que utiliza en sesión.

No podemos olvidar que cada experiencia terapéutica es única y que todo proceso requiere tiempo y paciencia. No es fácil encontrar una persona con la que generar ese vínculo y puede llevar su tiempo. La terapia es un proceso transformador y sentirnos cómodxs con nuestrx psicólogx es la base fundamental para una terapia exitosa.

Y si quieres probar en Quiero Psicología estaremos encantadxs de ayudarte.

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Errores comunes en una pareja abierta

Tener una relación abierta puede ser una experiencia enriquecedora, pero también requiere comunicación, respeto y límites claros para que funcione de manera saludable. En este artículo, entenderemos por pareja, el vínculo principal, si tienes una relación jerárquica o tu primer vínculo si acabas de o quieres abrir la relación. Aquí te dejamos errores comunes a la hora de abrir una pareja y cómo prevenirlos o gestionarlos:

Seguir estereotipos y evitar las emociones

Las nuevas formas de relaciones son cada vez más visibles y comunes: poder explorar y diseñar el tipo de relación que quieres tener con tu pareja abre un mundo de posibilidades que pueden ser muy atractivas. Sin embargo, es esencial realizar un ejercicio de autoconocimiento y no dejarse llevar por lo que los demás han vivido o lo que les funciona, ya que todos tenemos necesidades y deseos diferentes (algunas parejas quieren conocer a las otras personas involucradas, otras definen normas como no compartir cierta actividad o lugar importante para la pareja). Existen libros que pueden ayudarte al respecto, intercambiar experiencias en un espacio seguro con otras parejas abiertas, e incluso acudir a terapia de pareja o individual especializada: poder tener información y herramientas al respecto puede abrirte a perspectivas diferentes.

Intenta tomar un tiempo para escribir las expectativas que tienes al respecto de la relación, los límites que necesitas para sentirte seguro en la relación (los cuales vas a poder revisitar y cambiar, según vaya avanzando la relación), y cómo querrías que tu pareja ayudase a gestionar las emociones que suelen surgir como celos, inseguridad, miedo, etc. Comunica los resultados de tu reflexión a tu pareja, dejando margen para hablarlo todas las veces necesarias.

Es muy importante estar conectado con tus emociones, no tienes que ser una persona experta, pero sí es necesario revisarse de manera habitual y buscar tener herramientas y apoyos para gestionarse, evitar las emociones en estas situaciones puede contribuir a conflictos y malentendidos mayores.

“Vamos fluyendo” o No establecer reglas claras

Hemos hablado de la importancia de conocer nuestros límites, por ellos es muy importante realizar acuerdos claros, podéis escribirlos en algún lugar físico donde podáis revisarlos juntos. Estos acuerdos serán una línea de vida a la que poder agarrarse cuando os sentáis confundidos y perdidos. Entre algunos temas comunes en los acuerdos, suelen estar: el nivel de detalle y frecuencia de comunicación respecto a los otros vínculos, las prácticas seguras a la hora de mantener relaciones sexuales (este compromiso es muy importante para la salud sexual de todos los involucrados, sabiendo que siempre existe un nivel de riesgo y por ello también importantes las revisiones médicas frecuentes) y el tipo de vinculación que se está dispuesto a tener con otras personas. Cualquier cambio en la dinámica debe hablarse y estar de acuerdo antes de implementarlo, así como si se dan “infracciones” es importante que esto se gestione antes de seguir dando pasos que pueden violentar a alguien.

No comunicar y ocultar “para no hacer daño”

Si en una relación monógama y exclusiva, la comunicación es importante, en estos casos, lo es todavía más: se van a dar más situaciones complejas con otras personas y poder tener una conversación abierta y honesta es esencial para poder evitar malentendidos y emociones más intensas. Comparte con tu pareja los deseos, necesidades y límites que tienes, además de poner en común las expectativas que podáis tener los dos, para poder ajustarlas si es necesario. Esta conversación no debe darse únicamente al principio, sino que es útil establecer un momento para hablar de forma regular sobre como os sentís.

Puede ser tentador no compartir actividades u emociones para evitar que tu pareja desconfíe o se sienta insegura, pero esto puede generar todo lo contrario.

No dudes en verbalizar la inquietud que puede generar al otro lo que has hecho o sentido, pero ponerlo encima de la mesa permitirá que lo gestionéis como un equipo (aunque luego implique más a uno que a otro).  Las normas establecidas tampoco pueden limitar de forma indiscriminada a la otra persona para evitar tu malestar, ya que entonces no se está gestionando la relación desde la confianza, sino desde el miedo.

Hablamos de tener mucha comunicación, pero no se necesita una transparencia total sobre lo que pienses: es habitual que compares a tus vínculos, puesto que están todos en tu vida y significan algo para ti, pero estas comparaciones pueden dañar la autoestima y la confianza de los vínculos. Intenta centrarte en las cualidades únicas de cada persona y apreciar lo que cada uno aporta a la relación.

Descuidar a la pareja

Ya hemos comentado la importancia de la responsabilidad afectiva y, en este tipo de relaciones, es fácil que otros vínculos requieran una parte de atención que puede verse como una amenaza hacia la pareja. Intenta definir prácticas o hábitos que aseguren la conexión e intimidad emocional y sexual con tu pareja, así como dejar espacio para que cualquiera pueda verbalizar si se siente menos valorado o con menos libertad que la otra persona. Por rechazo o incluso rabia que puedan generarte las emociones desagradables de tu pareja, es importante asegurarse de escuchar y validar los sentimientos de tu pareja (practicando la empatía y la comprensión) para fomentar un clima de seguridad y confianza.

En definitiva, una relación abierta necesita de comunicación constante, el respeto mutuo y la voluntad de trabajar juntos como equipo para mantener la relación saludable y satisfactoria para ambos.

Si estás planteándote abrir tu relación o teniendo dificultades gestionando esa situación, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte en este proceso y ayudar a que puedas tener todas las herramientas que necesites.

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Cómo controlar tus enfados

La ira es una emoción humana natural y poderosa que todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas. Es una respuesta emocional que, en sí misma no es negativa, pero su expresión inadecuada puede llevar a consecuencias negativas para nosotros mismos y para quienes nos rodean. Por esta razón, aprender a controlar la ira es esencial para mantener relaciones saludables y una vida emocionalmente equilibrada.

¿Qué es la ira?

La ira es una emoción compleja que involucra una combinación de reacciones físicas, cognitivas y conductuales. Se desencadena cuando percibimos una amenaza, ya sea física o emocionalmente (también concierne a nuestras pertenencias o nuestro entorno cercano), para poder activarnos y defendernos de ésta. Las reacciones físicas de la ira incluyen aumento de la presión arterial, frecuencia cardíaca acelerada y liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol. A nivel cognitivo, la ira puede distorsionar nuestros pensamientos y hacernos más propensos a reacciones impulsivas e irracionales. A nivel conductual, tendemos tendencia a levantar la voz, moverse agitadamente, insultar o buscar ofender o atacar a las personas de nuestro alrededor.

Posibles causas de la ira

Aunque la ira se suele dar en origen por una posible amenaza hacia la persona, las causas pueden variar según las personas y las situaciones. Cuando esa ira suele ser desbordante, suele deberse a estas posibles causas:

  • Percepción de injusticia: Sentir que hemos sido tratados de manera injusta o que se nos ha negado algo que merecemos puede desencadenar una respuesta de ira.
  • Frustración: La incapacidad para alcanzar metas o enfrentar obstáculos significativos puede llevar a una acumulación de frustración que finalmente explota en ira.
  • Estrés: Estar expuesto a estrés de forma habitual puede provocar un estado de ánimo más irritable, mermando nuestra capacidad para lidiar con las situaciones cotidianas de manera tranquila y reflexiva, y desencadenando una respuesta de ira en situaciones que normalmente no se darían.
  • Heridas emocionales pasadas: Haber vivido anteriormente experiencias traumáticas o dolorosas puede hacer que seamos más propensos a sentirnos atacados o revivir emociones desagradables como la ira. Además, si tenemos una relación de desconfianza o mala comunicación con la persona con la que estamos hablando: es probable que ya hayamos tenido experiencias de dolor o de ira y que se “reactive” esa sensación en situaciones en las que no aparecería la ira.

¿Cómo controlar la ira?

El proceso de controlar la ira no es lineal, y es probable que experimentemos altibajos en el camino. Es importante recordar que cometer errores es natural, pero lo esencial es aprender de ellos y seguir adelante con un enfoque positivo en el desarrollo personal.

Durante el enfado

Reconoce y Acepta tus Emociones

El primer paso para controlar los enfados es reconocer y aceptar que estamos experimentando esta emoción. Es normal sentir enfado en ciertas situaciones, pero negar o reprimir esta emoción solo empeorará las cosas a largo plazo. Permítete sentir el enfado sin juzgarte por ello, reconociendo que es una emoción que forma parte de tu experiencia humana.

Técnicas para bajar la intensidad

Cuando sientas que el enfado está aumentando, tómate un momento para respirar profundamente o para poner en práctica cualquier ejercicio de relajación o de respiración consciente (con el que ya te sientas cómodo) para calmar el sistema nervioso y reducir la intensidad de la emoción. Repite este proceso varias veces hasta sentir que te has calmado.

Salir de la situación temporalmente

A veces, la mejor manera de controlar un enfado es tomar distancia de la situación. Si te sientes abrumado por la emoción, retírate momentáneamente de la situación que lo provocó. Esto te permitirá enfriar la cabeza y evitar reacciones impulsivas que puedan generar conflictos innecesarios. Intenta definir alguna palabra o señal para indicar que vas a separarte momentáneamente (la conversación se retomará después cuando estés más tranquilo), especialmente si es una persona con la que tiendes a verte en esa situación.

Comunicar asertivamente

Aprender a expresar nuestros sentimientos y necesidades de manera clara y respetuosa puede evitar conflictos innecesarios y mejorar la comprensión entre las partes involucradas. Comunica tus emociones de manera clara y respetuosa, evitando culpar o atacar a la otra persona. Es fundamental practicar la escucha activa, presta atención a lo que la otra persona está diciendo y trata de entender su perspectiva. Otra herramienta útil, es intentar enfocarse en cual está siento el problema, para dirigir la conversación hacia las posibles soluciones.

Después de tu enfado

Toma Conciencia de tus Desencadenantes

Identificar los desencadenantes que provocan tus enfados es crucial para evitar situaciones que puedan exacerbar esta emoción. Reflexiona sobre qué situaciones, palabras o acciones de los demás te hacen sentir enfadado, para poder evitarlos o y trata de desarrollar estrategias para manejarlos de manera más efectiva.

Si, tras intentar aplicar estas pautas y reflexionar al respecto, sigues teniendo dificultades para gestionar tus enfados, desde Quiero Psicología, podemos ayudarte a tener herramientas y mejorar la gestión de la ira, para que puedas mejorar tus relaciones sociales y calidad de vida.

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No quiero sentir ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones estresantes. A pesar de ello, generalmente no es agradable sentir ansiedad, especialmente si esta respuesta se vuelve excesiva o persistente, interfiriendo en nuestra vida. En este artículo, exploraremos las pautas para manejar la ansiedad y examinaremos algunas posibles causas que contribuyen a su desarrollo.

Entender la ansiedad

La ansiedad es una emoción que todos experimentamos en determinadas circunstancias, como antes de un examen importante o una entrevista de trabajo. Aparece especialmente cuando se da una situación incierta (que no sabemos cómo va a desarrollarse) y que es importante para nosotros, para que podamos estar preparados para ella. Por ello activa nuestro cuerpo y centra nuestra mente en lo relacionado a ese suceso (por ejemplo, pensando en todos los factores que pudiéramos controlar de una entrevista: la ropa, el CV, como llegar, etc.).

 Algunos síntomas comunes de la ansiedad incluyen la preocupación constante, la tensión muscular (dolores de cabeza, contracturas, rigidez muscular), los problemas de sueño y falta de apetito, inquietud motora, dificultad para concentrarse, bruxismo… Sin embargo, cuando la ansiedad se vuelve crónica y afecta nuestra calidad de vida, es importante buscar formas de manejarla.

Posibles causas de la ansiedad

  • Factores biológicos: Algunas personas pueden ser más propensas a desarrollar ansiedad debido a diferencias en la química cerebral o en la forma en que su cuerpo maneja el estrés, así como su balance hormonal (por ejemplo, las hormonas durante el ciclo menstrual, la falta de vitaminas…).
  • Experiencias traumáticas recientes o actuales: Haber vivido o estar viviendo experiencias traumáticas, como abusos, violencia, enfermedades graves o fallecimientos cercanos, contribuyen a la sensación de peligro y activación constante, que puede empeorar los síntomas de ansiedad.
  • Factores Ambientales y estilo de vida: Un trabajo muy demandante o estresante, una situación económica ajustada que supone un estrés constante, cambios importantes en la vida (como una mudanza o incluso un embarazo) y el consumo excesivo de sustancias como el alcohol, drogas o cafeína pueden desencadenar o empeorar la ansiedad.
  • Problemas en relaciones sociales importantes: Una relación conflictiva o que simplemente está pasando por un mal momento con tu pareja, padres o amistades cercanas puede provocar mucha ansiedad.
  • Rasgos de personalidad: Si una persona tiene rasgos más marcados, como la autoexigencia, el perfeccionismo o el control, es fácil que pequeños estímulos o situaciones ajenas puedan generar mucha ansiedad.

Pautas para manejar la ansiedad

  1. Reconoce y acepta: Hemos explicado que es una emoción adaptativa y natural, no te juzgues por sentir ansiedad, permítete experimentarla y reconoce que no te define como persona. Intentar controlarla, solo aumentará los síntomas y será más frustrante.
  2. Practica técnicas de relajación: Puedes probar con técnicas accesibles como la meditación, ejercicios de mindfulness, yoga, la respiración profunda o visualizaciones guiadas (descritas después) o simplemente con sonidos relajantes. Así aprenderás a centrarte en tu cuerpo sin juzgar las sensaciones y generarte una sensación de calma. La respiración profunda es una técnica simple (existen varios tipos de ejercicios) que no quita la ansiedad, pero reduce los síntomas. Siéntate en una posición cómoda, cierra los ojos y concéntrate en la respiración: Inhala por la nariz, sintiendo cómo se expande tu abdomen, retén el aire unos segundos y luego exhala muy lentamente por la boca, contrayendo el abdomen “hasta vaciarte”; y repítelo varias veces. La visualización guiada: Se trata de imaginar escenas relajantes y tranquilas (conocidas o imaginadas), existen audios y vídeos que pueden facilitarte el ejercicio. Cierra los ojos y visualiza un lugar tranquilo, como una playa o un jardín. Imagina todos los detalles, como los sonidos, los olores y las sensaciones táctiles.
  3. Mantén un estilo de vida saludable: Encuentra una actividad física que disfrutes (caminar, correr o cualquier otra forma de ejercicio) y dedícale al menos 30 minutos al día, busca tener una dieta con alimentos nutritivos de forma equilibrada y establece una rutina de sueño estable.
  4. Autocuidado y emociones agradables: Busca que tu horario incluya actividades agradables para reponer tu energía y reducir la ansiedad. Enfocarte de manera consciente en emociones agradables también puede ser muy beneficioso. Por ejemplo, empieza un diario de gratitud, donde cada día, escribas tres cosas por las que te sientas agradecido (cosas pequeñas como una conversación divertida o un paisaje bonito que has visto).
  5. Establece límites y prioridades: A menudo, nos sentimos abrumados por una lista interminable de tareas, identifica las tareas más importantes y delega o elimina aquellas que no son urgentes o necesarias. Asimismo, pon límites a las personas que supongan estresores para ti.
  6. Busca apoyo social y profesional: No tengas miedo de pedir ayuda y compartir tus preocupaciones con personas cercanas que puedan brindarte una perspectiva diferente o ayudarte delegando en ellos. Si tienes varios factores de los anteriormente mencionados o un problema subyacente, estas pautas podrán aliviar los síntomas, pero un trabajo más profundo con un profesional será necesario. Desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar la ansiedad y adquirir habilidades para ello.
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Creo que soy una persona fría

¿Alguna vez alguien de tu círculo cercano ha mencionado (ya sea en tono de broma o de crítica) que eres una persona emocionalmente fría o distante? Puede que no estés de acuerdo, puede que sea algo que veas, pero no quieras cambiar sobre ti mismo, o puede que te hayas parado a reflexionar sobre ello más tarde y sí te gustaría poder cambiarlo. Aquí, aclararemos un poco qué significa ser frío, las desventajas y como poder trabajarlo.

¿Soy una persona fría? 

  •  Tienes dificultad para expresar tus emociones a los demás, incluso aunque sean emociones agradables, no solo verbal, sino que físicamente también. Es posible que te sientas incomodo haciéndolo por la presencia y reacción de los demás, o que también sientas esa incomodidad en tu intimidad.
  •  Mantienes una distancia emocional: Evitas conversaciones o situaciones que impliquen sentimientos profundos (tuyos o de los demás), prefieres tener “conocidos” antes que amistades donde haya confianza, mantienes esa barrera también a nivel físico.
  •  Falta de empatía: Te cuesta ponerte en el lugar de la otra persona, no entiendes si reaccionan diferente a como tú lo harías, las personas emocionales te generan incomodidad o rechazo.
  •  Control emocional excesivo: Intentas desvelar lo menos posible sobre cómo te sientes, evitando mostrar cualquier signo de vulnerabilidad o debilidad.

Las emociones son una parte integral del ser humano, nos guían, hacen crecer y conectan con los demás a un nivel más profundo. Sin embargo, no todos las experimentamos igual, ni todos tenemos la misma capacidad para conectar, así que aceptar que somos diferentes es importante para no buscar ser como los demás, ya que es difícil pasar de ser una persona más distante a ser extremadamente afectuosa: ¡no vas a dejar de ser tú!

Posibles razones detrás de la frialdad emocional

  •  Experiencias traumáticas en el pasado, como abuso emocional (especialmente relaciones abusivas prolongadas), físico o sexual o pérdidas significativas, pueden llevar a una persona a cerrarse emocionalmente como mecanismo de defensa: Se asocian emociones intensas como el dolor y miedo a la intimidad emocional, por lo que se evitan esas situaciones o incluso la posibilidad de que ocurran. Algunas personas pueden llegar hasta disociarse de esa parte emocional, para protegerse.
  •  Apego evitativo: Si has crecido sintiendo que no podías expresar tus emociones o se invalidan, es posible que hayas desarrollado un apego que haga que consideres tus emociones como irrelevantes, desbordantes o peligrosas, aprendiendo a reprimirlas.
  •  Falta de Habilidades emocionales: Si has crecido en un entorno poco emocional, es fácil que no sepas identificar y expresar emociones, y no quieras o sepas conectar.
  •  Rasgos de personalidad: Si una persona tiene tendencias narcisistas o antisociales pueden tener dificultades para conectarse emocionalmente con los demás.

¿Se puede cambiar?

Cambiar no es fácil, rápido, ni cómodo, pero no puedes evitar sentir o que los demás sientan, y no conectar emocionalmente facilita que experimentes frustración, soledad, indefensión… Es más, conectar emocionalmente tiene muchos beneficios como aumentar la calidad de nuestras relaciones sociales (especialmente el apoyo y la comunicación saludable), lo que mejora el bienestar físico (mejora el sistema inmunológico, aumenta la esperanza de vida…) y mental (disminuye el riesgo de sufrir síntomas como ansiedad y depresión, aumenta nuestra capacidad de resiliencia, proporciona un sentido de aceptación, seguridad y pertenencia…). Puedes probar con los siguientes pasos:

  •  Autoexplórate: Reflexiona sobre tus emociones y las posibles causas de tu frialdad.
  •  Reconoce y expresa tus emociones: Intenta identificarlas, permítete sentirlas y experimentarlas sin juzgarlas. Después, intenta hablar con alguien de confianza, mantener un diario emocional o explorar otras formas de expresión artística, como escribir o pintar.
  •  Practica la empatía: Intenta prestar atención en cómo se sienten los demás y comprender sus perspectivas, desde la curiosidad y amabilidad (¡preguntar y asumir que no sabes qué decir o hacer está bien!
  •  Practica la comunicación emocional (y asertividad): Intenta integrar como te sientes en conversaciones con personas de confianza, para sentirte más seguro hablando de emociones de manera clara y respetuosa. ¡Sé amable contigo y ve poco a poco!
  •  Autocuidado y manejo del estrés: Para poder sentir y expresar de forma más sana, es importante que te cuides con actividades agradables y estableciendo límites. También que aprendas a relajarte y manejar la ansiedad, ya que niveles muy altos pueden fomentar esa frialdad (practica yoga, meditación, técnicas de relajación…)
  •  Busca apoyo y ayuda profesional: apóyate en tu círculo cercano (puedes verbalizar que estás trabajando en ello), y si notas que prefieres un acompañamiento profesional, desde Quiero Psicología estaremos encantadas de ayudarte.
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Sufro de hiponcondría

Todos hemos escuchado noticias o conocemos a personas que han sido diagnosticadas con enfermedades (graves o no) de forma más o menos repentina, incluso personas que han fallecido súbitamente. Esto no solo puede generar mucho malestar al entorno cercano, por el duelo que conlleva, sino que estas historias ponen en relevancia muchas veces nuestra propia mortalidad y vulnerabilidad. Para algunas personas, esto supone un miedo y ansiedad que les interfiere en el día a día, llegando a un nivel que puede ser patológico.

¿Qué es la hipocondría?

En el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, manual de referencia para los diagnósticos en salud mental), la hipocondría no se considera como un trastorno diagnóstico, sino que se ha redefinido como Trastorno de Ansiedad por Enfermedad. Se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente por tener o adquirir una enfermedad grave, a pesar de la ausencia de evidencia médica que lo respalde (incluso tras una evaluación médica adecuada) y generando un malestar significativo. Esto se traduce en interpretar de manera exagerada los síntomas físicos normales o leves como indicadores de una enfermedad grave. Es importante destacar que este trastorno requiere que los síntomas no sean mejor explicados por otro trastorno mental (como el trastorno de pánico o la fobia específica a una enfermedad) y que la preocupación no sea atribuible a una condición médica existente.

Suele comenzar en la adolescencia o adultez temprana, y existe una alta comorbilidad con trastornos de ansiedad y depresión, por el impacto que tiene en el funcionamiento de la persona. Aunque no existe una causa única para la hipocondría, se han identificado algunos factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar este trastorno, como:

  • Experiencias traumáticas previas (enfermedades graves propias o cercanas, pérdidas)
  • Tendencia a la ansiedad o la depresión
  • Historia familiar de trastornos de ansiedad o hipocondría.
  • Rasgos de personalidad o patrón de pensamiento perfeccionistas, obsesivos o controladores

¿Qué síntomas son?

Como hemos descrito, este trastorno psicológico conlleva una preocupación excesiva y persistente por padecer una enfermedad grave, a pesar de contar con evidencias médicas que demuestran lo contrario, lo que se traduce en los siguientes síntomas y características. Es importante tener en cuenta que estos síntomas deben estar presentes durante un período prolongado y causar un deterioro significativo en el funcionamiento diario para cumplir con los criterios diagnósticos.

  1. Ansiedad y Preocupación excesiva y constante por la salud. La ansiedad es una característica principal en este trastorno, junto con la preocupación constante y desproporcionada por su salud, incluso cuando no hay evidencia de enfermedad. Suelen pasar gran parte de su tiempo, obsesionadas con la idea de estar gravemente enfermas, teniendo mucha dificultad para desechar esta idea o gestionar los pensamientos intrusivos al respecto, incluso ante pruebas objetivas de lo contrario. El miedo irracional y persistente a padecer enfermedades graves (letales o crónicas como cáncer, enfermedades cardíacas o trastornos neurológicos, etc.) retroalimenta esa ansiedad.
  2. Interpretación exagerada de síntomas físicos. Existe una hiperactivación y focalización en el cuerpo y las sensaciones físicas y un patrón catastrofista que hace que cualquier pequeña molestia puede ser percibida como una señal de enfermedad grave (por ejemplo, un dolor de cabeza se explica por un tumor cerebral). Esta interpretación distorsionada de los síntomas genera una mayor ansiedad y preocupación, que alimenta el miedo y las búsquedas de atención médica e información.
  3. Búsqueda compulsiva de información y atención médica. Por un lado, suelen pasar muchas horas investigando sobre enfermedades, síntomas y tratamientos en Internet, con un sesgo confirmatorio que hace que destaquen únicamente los diagnósticos de enfermedad grave, alimentando aún más sus miedos y generando un círculo vicioso de ansiedad. Por otro lado, suelen acudir de manera recurrente a médicos, especialistas y servicios de urgencias, realizar numerosas pruebas médicas (incluso a pesar de un resultado previo negativo) y tratamientos (alternativos o convencionales) e incluso cambiar de médico o buscar repetidamente segundas opiniones al no recibir una respuesta que apoye sus creencias.  Aunque no es lo más habitual, existe un porcentaje de personas que recaen en el otro extremo, evitando situaciones médicas a toda costa, por miedo a obtener resultados negativos o por temor a confirmar sus creencias.
  4. Malestar y deterioro en el funcionamiento diario. El estrés y la preocupación constantes, junto con los síntomas anteriores limitan las actividades de las personas (por ejemplo, no viajar por miedo a estar lejos de un hospital), causan dificultades en las relaciones interpersonales (deteriorando la calidad y cantidad de interacciones sociales) y en el mantenimiento de un empleo y rutina estables (faltar por citas médicas recurrentemente).  Todo esto acaba afectando negativamente la calidad de vida de la persona. Principio del formulario

Si crees que estas experimentando estos síntomas, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas en ayudarte a gestionar el malestar e invertir en recuperar tu calidad de vida.

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¿Qué significa tener baja autoestima?

Probablemente, hayas escuchado mucho las palabras “baja autoestima” en redes sociales, videos virales y otros post. Aunque se usan con mucha facilidad, seguramente te hayas hecho la pregunta “¿Yo tengo baja autoestima?”. Aquí buscaremos aclararte qué significan realmente todos estos términos y qué implica esto.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es la evaluación subjetiva que una persona hace de sí misma, y tiene una estrecha relación entre la visión que tenemos de uno mismo y la visión que nos gustaría tener. Este concepto tan ambiguo resulta de varios componentes que interactúan entre sí.

  • Autoaceptación: Es la capacidad de reconocerse y aceptarse tal como es, con virtudes y defectos, e implica una actitud compasiva y tolerante hacia uno mismo, sin juzgarse de manera excesivamente negativa.
  • Autovaloración: Hace referencia a la percepción y valoración positiva de las propias habilidades, fortalezas, cualidad y logros.
  • Autoconfianza: Se refiere a la confianza en las propias habilidades y capacidades para enfrentar desafíos, tomar decisiones, superar obstáculos y actuar como quiere.
  • Autonomía: Hace referencia al sentido de independencia y a capacidad para tomar decisiones propias, establecer metas y expresar libremente sus necesidades y deseos.
  • Autoimagen positiva: se trata de la percepción positiva de la propia apariencia física y la aceptación del propio cuerpo. Implica sentirse satisfecho y cómodo con su cuerpo.
  • Autoeficacia: hace referencia a la capacidad de confiar en que uno puede lograr metas, superar desafíos y tener éxito en diferentes áreas de la vida.

Durante la vida, sufrimos muchos cambios y eventos externos que hacen que estos componentes vayan variando: por ejemplo, si no obtengo los resultados que esperaba ante un reto laboral, es posible que mi autoeficacia se vea perjudicada; o si sufro una lesión que me impide hacer la cantidad de ejercicio que realizaba antes, puedo verme con menos musculatura y que me cueste asimilar una forma física diferente de la habitual. Por esto mismo, la autoestima no es una característica fija, sino que puede ser trabajada y mejorada, a través de los diferentes componentes. Aún así, existen personas que, por sus rasgos de personalidad y/o falta de herramientas, tienen una tendencia general hacia una autoestima alta o baja.

Síntomas de baja autoestima

Cuando una persona tiene una baja autoestima, suele tener un bajo nivel en los componentes anteriores, o varios de ellos estando muy alterados. Esto se traduce en los siguientes síntomas, que afectan de manera global a la persona (a pesar de que su funcionamiento pueda ser similar al habitual, el malestar percibido suele ser alto).

  • Autocrítica constante: Presencia de un dialogo interno, repleto de juicios y críticas negativas sobre uno mismo en casi todas las situaciones. En algunos casos, puede haber hasta verbalizaciones o comentarios en tono humorístico.
  • Sentimientos de inferioridad: sensación persistente de no ser una persona lo suficientemente buena, inteligente, atractiva o talentosa como los demás, resaltando la indefensión e imposibilidad de asemejarse a las personas con las que se compara uno.
  • Sensibilidad al rechazo: intensa emocionalidad con relación al rechazo e interpretación de las situaciones externas, actos y palabras de las personas de su alrededor, de manera que se confirmen las creencias negativas sobre uno mismo. A menudo, el propio miedo o anticipación del rechazo bloquea o impide a la persona actuar como desea.
  • Evitación: igual que con el rechazo, la persona suele evitar situaciones que pueda suponer un reto o un riesgo, por el miedo a fracasar y confirmar las creencias negativas sobre uno mismo.
  • Aislamiento social o dependencia emocional: La inseguridad general suele llevar a que la persona se aísle, evitando interactuar con otros por evitar el malestar (aunque a largo plazo, genere un mayor malestar al no sentirse conectado a otros, ni tener apoyos). Aunque, de tener relaciones ya consolidadas, es fácil que se vuelquen en éstas, pudiendo crear dinámicas de dependencia emocional (por ejemplo, solo salir de casa si está con esa amistad).

Factores que pueden causar baja autoestima

Aunque ya hemos explicado que algunos eventos externos afectan a la autoestima y sus componentes, algunos factores pueden contribuir al desarrollo de una baja autoestima:

  • Experiencias traumáticas en la infancia: Sufrir experiencias tempranas como el abuso sexual, emocional o físico (incluyendo el acoso escolar) especialmente si son prolongadas en el tiempo, puede afectar seriamente el desarrollo de una baja autoestima.
  • Tipo de crianza: relacionado con el factor anterior, si los adultos de referencia no atienden las necesidades emocionales de los niños adecuadamente en su crecimiento, se puede desarrollar un apego inseguro que fomente creencias negativas sobre uno mismo.
  • Estándares o expectativas poco realistas: Establecer estándares demasiado altos e inalcanzables para uno mismo puede llevar a la percepción constante de fracaso y, por lo tanto, a una baja autoestima. Las comparaciones sociales constantes, un ambiente competitivo o ser objeto de críticas constantes externas pueden agravar esas creencias negativas y baja autoestima.
  • Eventos traumáticos: Además de experiencias de abusos sexual, físico o emocional (puntuales o prolongados) en la vida adulta, haber vivido sucesos como la pérdida de un ser querido, una ruptura con el circulo social, un divorcio, un cambio vital (por ejemplo, una patología o enfermedad que incapacite parcialmente) o un desenlace no esperado (por ejemplo, un despido) en un área considerada importante, puede afectar negativamente a la autoestima.

Como hemos comentado, la autoestima no es algo estático y permanente: si encuentras que has vivido alguna de estas situaciones, te sientes identificado con estos síntomas, o simplemente consideras que quieres trabajar en tu autoestima, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte en ese proceso de crecimiento.

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Lo que significa ser mujer y lesbiana

Sin adentrarnos ni profundizar en lo que significa ser mujer, seguro que muchas de nosotras sabemos lo que conlleva ser mujer. Y aunque ya hemos superado algunas cosas, hasta hace no mucho, se nos llamaba “el sexo débil”.

La discriminación contra las mujeres es un problema grave y generalizado en muchas sociedades en todo el mundo. Se manifiesta en diferentes formas y niveles, y puede ocurrir en áreas como el empleo, la educación, el acceso a la atención médica, la participación política y la violencia de género, entre otros.

Discriminación por mujer

Algunos ejemplos de discriminación por ser mujer incluyen:

  • Brecha salarial de género: Las mujeres a menudo reciben salarios más bajos que los hombres por realizar el mismo trabajo o trabajo de igual valor.
  • Obstáculos en la carrera profesional: Las mujeres pueden enfrentar barreras en su desarrollo profesional, como la falta de oportunidades de ascenso, la falta de representación en puestos de liderazgo y la discriminación en la contratación y promoción basada en estereotipos de género.
  • Violencia de género: Las mujeres son víctimas desproporcionadas de violencia física, sexual y emocional por el simple hecho de ser mujeres. Esto puede incluir violencia doméstica, acoso sexual, agresión sexual, trata de personas y matrimonio forzado, entre otros.
  • Acoso y discriminación en el lugar de trabajo: Las mujeres a menudo enfrentan acoso sexual y discriminación de género en el entorno laboral, lo que puede dificultar su progreso profesional y crear un ambiente hostil.
  • Falta de acceso a la educación: En algunos lugares, las mujeres enfrentan barreras para acceder a una educación de calidad debido a normas culturales, discriminación y estereotipos de género.

Discriminación por ser lesbiana

¿Pero que sucede cuando además de ser mujer, no sigues con los roles establecidos por la sociedad cisheteropatriarcal en la que vivimos? Como, por ejemplo, ser mujer y lesbiana.

La doble discriminación experimentada por las mujeres lesbianas se refiere a la carga adicional de discriminación y estigmatización que enfrentan debido a su género y orientación sexual. Esta combinación puede agravar la discriminación y el prejuicio que enfrentan las mujeres en general.

La doble discriminación puede manifestarse de varias maneras:

  • Discriminación de género amplificada: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar estereotipos y roles de género restrictivos, que a menudo se basan en expectativas heteronormativas. Pueden enfrentar presiones para cumplir con los roles tradicionales de género y expectativas de feminidad, al tiempo que son deslegitimadas o invisibilizadas debido a su orientación sexual.
  • Prejuicio y estigma: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar prejuicios y estigmatización tanto por su género como por su orientación sexual. Pueden ser objeto de discriminación social, exclusión o violencia basada en estereotipos negativos y actitudes homófobas o tránsfobas.
  • Dificultades en las relaciones familiares: Algunas mujeres lesbianas pueden enfrentar rechazo, alienación o discriminación dentro de sus familias debido a su orientación sexual. Esto puede resultar en tensiones y dificultades en las relaciones familiares, así como en la falta de apoyo emocional y social.
  • Barreras adicionales en el acceso a servicios y derechos: Las mujeres lesbianas pueden enfrentar obstáculos adicionales para acceder a servicios de salud, educación, vivienda, empleo y derechos legales debido a la discriminación y la falta de protección legal. Pueden experimentar falta de reconocimiento legal de sus relaciones y enfrentar dificultades en la adopción o crianza de hijos.

Podríamos seguir con lo que significa ser mujer y formar parte de otra minoría discriminada, como ser racializada, tener un cuerpo no normativo, pertenecer a la clase social baja, migrantes, personas con discapacidad… Es importante saber que estas luchas se entrelazan y es fundamental abordarlas todas para lograr un cambio social significativo.

Aprovechamos este mes del orgullo para reivindicar nuestros derechos, pero nos merecemos tener espacios seguros todos los meses del año. En Quiero Psicología nos encargamos de generarlo para nuestros pacientes porque todas las personas merecen ser tratadas sin ninguna discriminación.