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¿Tu familia te manipula?

Luz de gas en la familia. Manipulación de la realidad y confusión.

¿Te han dicho alguna vez que lo que dices haber vivido no es cierto o no ocurrió así? ¿Te has llegado a sentir desorientado/a respecto a una situación por lo que dicen los demás y lo que has vivido tú? ¿Has dudado de tu propia versión de los hechos? ¿Crees que estás siendo manipulado/a?

Esto es luz de gas. Este término hace referencia a las situaciones en las que una persona o varias pretenden confundir a otra, convirtiéndola en víctima mediante negaciones o con información falsa sobre una situación para así, desorientar a la persona y que no sepa lo que realmente ocurre, siendo esto una forma de maltrato psicológico.

En relaciones en las que existe maltrato, como en la violencia de género, se dan un sin fin de ejemplos en los que observar esta luz de gas, sin embargo, también puede suceder en el entorno familiar.

Quizás tengas dudas sobre si estás o no en esta situación y es que precisamente las personas que intentan manipular tu juicio, pretenden aislarte y hacerte sentir inseguro/a, autocuestionarte y perder la confianza en tu intuición y en toda tu autonomía.

Aquí van algunos ejemplos:

Sientes que entre tu madre y tu padre las cosas no van bien pero la imagen que te muestran a ti es de normalidad, que todo está bien. Por otro lado, tú tienes una sensación de miedo y malestar ya que percibes la tensión en casa pero nadie te explica lo que está sucediendo por lo que, no puedes integrar lo que está pasando, quedándose en ti esta sensación de miedo e inseguridad.

En casa te fuerzan a mentir a los demás sobre una situación porque consideran que así evitan dar “mala imagen” al resto de personas. Esto te confunde y te hace dudar de tus propias sensaciones. Por ejemplo: se lleva a cabo un proceso de divorcio en casa pero te piden que no cuentes nada para no generar comentarios externos. Tú no sientes que el divorcio sea algo de lo que avergonzarse, sin embargo, te ves forzado/a a hacer algo que no quieres. Finalmente acabarás por ocultarlo ya que integrarás su manipulación en tu propio juicio.

Tu madre realiza comentarios despectivos sobre alguna de tus amistades porque considera que “no es de fiar”, o resalta aquellos momentos en los que “no estuvo para ti”, haciendo especial énfasis en lo mal que se porta contigo. Tú no percibes esto, ya que es uno de tus mejores amigos, y disfrutáis de una bonita relación desde hace años. Da la sensación de que tu madre preferiría que te alejaras de esa persona sin un motivo aparente y comienzas a dudar y a cuestionarte situaciones que para ti no han sido conflictivas con tu amigo, llegando a creer finalmente que no es una buena compañía.

¿Qué hago?

Puede que no sea fácil darte cuenta de que estás viviendo una situación así, sobre todo, si viene por parte de tu familia. Los miedos, las inseguridades, los prejuicios, etc, de los demás, pueden hacer que dudes de lo que realmente eres, quieres o necesitas.

Es importante que trabajes sobre esto porque tienes derecho a estar conectado/a con tus propias sensaciones, juicios y criterios de manera personal y autónoma. Tienes derecho a sentir lo que sientes y a atender tus necesidades, sin que nadie te confunda.

Si crees que estás experimentando luz de gas, o tienes dudas al respecto, en Quiero Psicología te daremos una acogida neutra, sin juicios, que te permita integrar lo que percibes, vives y sientes sobre tu propia realidad. Contacta con nosotras aquí.

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La censura de las emociones negativas.

“Anímate, no pasa nada”, “no te sientas mal”.

¿Ayudan estos consejos a que te sientas mejor?

NO. Te explicamos porqué.

La positividad tóxica se manifiesta en frases como:

“Tienes que estar bien”

“No seas tan negativo”

“Tienes que animarte”,

“No puedes estar así”,

“Deja de llorar y anímate”  

“Tú pasa y ya está”.

“Estar triste no sirve de nada”

Aparentemente son frases que pretenden hacerte sentir mejor, ¿verdad? Pero lo que realmente esconden detrás es un mensaje muy dañino. Las has podido escuchar en tu familia o en tu grupo de amigos. Cuando tenías un problema y recurrías a alguien de tu confianza, recibías este mensaje, de manera que has aprendido a hablarte de la misma forma.

¿Cuándo sientes tristeza qué sueles hacer?

¿Y cuando estás enfadado?

¿Reconoces cuando tienes vergüenza? El hecho de saber lo que sientes y por qué lo haces te ayuda a entenderte, a conocerte y a saber lo qué necesitas y lo qué no.

Si has aprendido que la tristeza es una emoción que no sirve para nada, que “solo sirve para ponerte mal”, cuando te pase algo que te haga estar triste, utilizarás esta estrategia para evitarlo.

¿Sueles salir a tomar algo? ¿llamas a tus amigas para irte con ellas? ¿te sueles hablar desde la exigencia y no te permites estar mal?

Puedes sentir que la tristeza es un túnel en el que vas a entrar y del que no vas a salir, pero realmente la tristeza es un puente que te permite pasar al otro lado, te permite integrar que alguien se ha ido, que algo ya no va a volver a ser igual o que lo que está pasando te está haciendo daño.

¿Te permites enfadarte? ¿o el enfado no forma parte de tu repertorio habitual?

Si has aprendido que no está bien expresar el enfado, probablemente aguantes y aguantes hasta que un día explotas. Y si no lo explotas hacia fuera, explotarás hacia adentro en forma de frustración o tristeza.

El enfado sirve para poner límites y preservar tu espacio personal. Tienes derecho a enfadarte, tienes derecho a defender tu espacio.

¿Qué haces cuando sientes vergüenza? ¿Te sientes vulnerable por decir que tienes vergüenza?

Si para ti la vergüenza es sinónimo de debilidad y has aprendido que si te muestras débil corres más riesgo de que te hagan daño o de que los demás no te vayan a aceptar, evitarás a toda costa sentir y expresar la vergüenza. Pero la vergüenza es una emoción más que te da información de aquello en lo que no te encuentras lo suficientemente seguro o válido. Puede ser una puerta que te permita entrar en un espacio para trabajar en ti.

¿Qué pasa cuando tienes miedo? ¿te dejas sentir el miedo porque sabes que es una parte más de ti?

El miedo es una emoción más, forma parte de todos nosotros. Si realmente no identificas qué es lo que te da miedo y te haces cargo de ello, es posible que tengas otros síntomas ya que el miedo busca salir de alguna forma. Quizá sea ansiedad, pensamientos obsesivos y recurrentes o ataques de pánico. Es importante que el miedo tenga su espacio para que lo escuches, lo entiendas y te hagas cargo.

Como puedes ver, las emociones forman parte de ti. Es sano experimentar emociones en una medida ajustada y adecuada a la situación.

En cambio, el exceso de positividad es tóxico porque censura las emociones que son más desagradables y no te permite atender a las partes dañadas. ¿Quieres aprender a identificar qué sientes? ¿Quieres aprender a dejar de censurarte? Ven y cuéntanos, trabajaremos contigo. Contacta aquí.

Violencia en pareja y el confinamiento.

Si crees que tu pareja te está maltratando porque durante la cuarentena la situación se ha puesto especialmente tensa o porque tus sensaciones y sentimientos han cambiado o están cambiando a peor, te recomendamos hacer una lista de cosas que han podido pasar, como señales de alarma para identificar si has vivido o estás en una relación tóxica o violenta.

En otros post hemos visto de qué manera ha podido afectar negativamente el confinamiento a tu relación de pareja. No es agradable tener discusiones con tu pareja, pero es importante ver cómo ha sido realmente esa dinámica. Porque no es lo mismo haber tenido desacuerdos donde el nivel de intensidad ha sido más alto que en otras ocasiones a que hayas vivido una situación de violencia.

¿Cómo sé si he vivido situaciones de violencia?

Puede que sea difícil que veas lo que es “normal” y lo que no lo es, especialmente si tu relación lleva tiempo funcionando de esta misma forma y ha sido la cuarentena, pasar todo el tiempo juntos/as, lo que te ha hecho sentir malestar, incomodidad o miedo.

También puede que sea difícil identificar un comportamiento violento o tóxico en la persona que se supone que te quiere y a la que quieres, pero es importante detectarlo para poder trabajar en ello.

¿Cómo puedo diferenciarlo?

Hay una serie de comportamientos o indicadores que te van ayudar a hacerlo, estos son algunos de ellos:

¿Te ha sobrecargado de responsabilidades?

Tú asumes la mayor parte de las tareas de la casa; tu pareja se ha dedicado a tener espacios personales y en cambio tú no has tenido tiempo para ti; te ha exigido que la casa estuviera limpia o la comida lista sin haberte ayudado ni colaborado; tienes que estar siempre disponible y a su servicio para cuando quiera o te culpa de cualquier conflicto familiar.

Todas estas exigencias te generan agotamiento y hacen que no atiendas tus propias necesidades.

¿Distorsiona la realidad?

Te confunde porque te puede halagar a la vez que te humilla; muestra una imagen diferente de cara a los demás a la que tiene en casa; te miente, tergiversa vuestras conversaciones o los acuerdos que teníais; te sorprende con regalos que luego utiliza para manipularte; está convencido/a que es superior y que siempre tiene razón e incluso puede afectar a tu estado físico alterándote el sueño o incitándote a tomar tranquilizantes.

Este comportamiento cambiante te mantiene en un estado de confusión e inseguridad en el que no sabes qué es real y qué no.

¿Te devalúa?

Te hace sentir inferior; te insulta o hace comentarios críticos sobre tu aspecto físico y tu imagen; constantemente busca errores en ti o fallos; te devalúa como pareja; ridiculiza tus metas, actitudes y habilidades; se ríe de todo lo que no considera que es valioso o importante o incluso puede llegar a mostrar desprecio hacia tu familia de origen.

Esta actitud por parte de tu pareja puede afectarte muy negativamente, minando tu autoestima y haciendo que te avergüences.

¿Utiliza estrategias defensivas?

Quizás esquiva su responsabilidad o justifica este comportamiento restándole importancia, argumentando que no ha sido para tanto; explicando con todo lujo de detalles que es correcto lo que ha hecho; utilizando la racionalización y la lógica para explicar coherentemente por qué lo ha hecho; desviando su responsabilidad sobre el problema hacia causas externas; negando los hechos o las discusiones como defensa para restar credibilidad a lo que tú dices que ha pasado; haciéndose el/l olvidadizo/o, asegurando que no recuerda lo ocurrido o recurriendo al chantaje emocional para conseguir que sientas lástima por él/ella.

Si estas estrategias le funcionan, lo que consigue es que te acabas sintiendo culpable de cosas que no te pertenecen.

¿Te controla?

Te pregunta que a dónde vas incluso ahora que sólo has podido salir a comprar; decide dónde puedes y no puedes ir; te aísla de tus relaciones familiares y de tus amigos; te ha llegado a retener en casa; desconecta el teléfono o internet cuando se va a pasear y no permite que le acompañes; te oculta información sobre la situación económica pero te exige que le expliques detalladamente tus gastos.

Todos estos límites y controles, sumados a la situación de confinamiento, aumentan y agravan la sensación de aislamiento que pasa de ser una sensación a ser una realidad.

¿Te intimida?

Te intimida de forma verbal utilizando gestos, miradas o tonos de voz que sientes como amenazantes o, directamente, te dice que va a echarte de casa o a quitarte a tus hijos. Ha llegado a amenazarte o a agredirte físicamente con  empujones, zarandeos, tirándote cosas, etc.

La intimidación que puede ser difícil de reconocer como comportamiento si se da de forma puntual o muy espaciada en el tiempo, genera sensaciones de ansiedad y miedo que pueden generalizarse, de forma que estés constantemente esperando una reacción violenta del tipo que sea, aumentando el estrés que experimentas.

Detectar estas conductas puede ser a veces muy difícil, porque muchas de ellas son sutiles o porque te encuentras inmerso/a en una relación donde no tienes la opción de tomar perspectiva y verte “desde fuera” de la relación.

Si reconoces alguna de estas señales, si tus sensaciones y alarmas saltan cuando lees este post, no dudes: llámanos y empezaremos a trabajar en esta situación. Tienes derecho a vivir y a vivir bien.

*En caso de estar sufriendo durante la convivencia conductas violentas por parte de tu pareja, pide ayuda y ponte a salvo lo antes posible. Puedes hacerlo llamando al 016 o al 112, o en caso de que no puedas utilizar el teléfono, acudiendo a la farmacia o supermercado más cercano y alguien te ayudará a contactar con la policía. *

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¿Te suele acompañar el sentimiento de culpa?

¿Te sientes culpable de que tu amiga se sienta mal y no sepas qué hacer?

¿Te sientes culpable si a tu padre le pasa algo?

¿Si hay algo en tu trabajo que sale mal, te lo atribuyes a ti?

¿Cuando tu pareja se enfada sientes que es tu responsabilidad?

¿Te sientes culpable cuando le dices a alguien que no te apetece hacer un plan?

¿Qué es la culpa?

 

El sentimiento de culpa es algo que surge en ti y que habla de ti. Experimentarlo en su justa medida te permite evaluar la situación y reflexionar sobre cómo has actuado, para así poder aprender de los errores y seguir creciendo. El problema surge cuando te estás responsabilizando de algo más de lo que te corresponde y te machacas hablándote con frases como:

  • No tendrías que haberle dicho eso.
  • Tendrías que saber cómo ayudar a tu amiga.
  • Es que no eres lo suficientemente bueno/a, por eso ha salido mal.
  • Siempre que discutes con tu pareja es por tu culpa.
  • Tendrías que haberle dicho que sí al plan.
  • Seguro que está mal por tu culpa.

Vivir acompañado/a del sentimiento de culpa te hace sentir malestar en diferentes situaciones y no te permite escuchar y atender tus propias necesidades adecuadamente, por eso es muy importante prestar atención y cambiar patrones. El peso de cargar con la culpa afecta directamente a tu estado de ánimo y es normal que te sientas más ansioso/a, triste o enfadado.

¿Qué tengo qué hacer?

 

Empezar a escuchar tus necesidades.

Aceptar tus propias necesidades y entender que tienes derecho a satisfacerlas. Si no te escuchas tú a ti mismo, ¿quién lo hará?, si tú no te priorizas y siempre priorizas el bienestar de los demás, ¿quién está cuidando de ti? La primera norma no escrita para poder ayudar y cuidar de otros es comenzar por el autocuidado.

Aprender a diferenciar.

Es importante diferenciar qué cosas son tuyas y cuáles son responsabilidad de los demás. “He hecho esto porque era lo que necesitaba en este momento, y si la otra persona se ha enfadado o se ha puesto triste, es su responsabilidad, será ella la que tenga que aprender a gestionarse”.

Ser amable contigo.

Aprender a identificar cuando te hablas a ti mismo/a de forma desadaptativa y transformarlo en algo más amable. Identificar los “tendría que haber dicho, tendría que haber hecho…, si no hubiera dicho…” y tratar de modificarlos hacia formas más adaptativas: “he hecho lo que necesitaba, he satisfecho mi necesidad y tengo derecho a ello”. Una vez que has detectado qué cosas son tuyas y cuáles te están intentando poner los demás, tienes derecho a expresarlo y poner límites. “Yo me responsabilizo de esto, pero esto otro ya es tuyo”.

Cuando hablas desde tu “yo” de una manera respetuosa con el otro, cuando hablas desde el “yo me siento…, yo he interpretado…” estás siendo asertivo/a porque no estás juzgando al otro, no estás hablando desde el “tú eres…, tú has hecho…” que puede hacer que el otro se sienta atacado/a y tome una actitud defensiva.

¿Por qué suelo experimentar culpa?

 

¿Te han hecho sentir que no eres lo suficientemente bueno? ¿Has recibido comentarios de que lo podías haber hecho mejor? ¿Has vivido situaciones desagradables de las que te sientes culpable? Las experiencias que has vivido y las relaciones que has tenido con los demás, son las que te han permitido formar la imagen que tienes de ti mismo. Si a día de hoy la forma que tienes de relacionarte contigo mismo y con el mundo, hace que te responsabilices de todo, quizá sea momento de revisar tu historia de vida, tus creencias, tus atribuciones, tus pensamientos y tus emociones.


Aprender a gestionar el sentimiento de culpa es clave para superar el malestar que sientes que te acompaña. En Quiero Psicología, te esperamos para revisar cuales son esos patrones que estás repitiendo y que te están generando malestar. Contacta aquí, estamos para ayudarte.

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10 Hábitos para aumentar la autoestima.

Empieza el año nuevo con unos propósitos realizables.

¿Quieres aumentar tu autoestima?

¿Te has planteado algún propósito para este año nuevo?

¿quieres intentar cambiar tu modo de ver las cosas?

¿sientes que necesitas tomarte las cosas de otra forma?

Te ayudamos a establecer esos posibles propósitos.

Elimina los «tendría», «habría», «debería».

A partir de ahora presta atención al lenguaje con el que te hablas o hablas a los demás. Cada vez que utilices un “debería haber hecho…”“tendrías que haber dicho…”, o algo parecido, recuerda que hablar desde la exigencia o la necesidad puede hacer que interpretes la realidad de una manera que te genere más ansiedad o frustración.
Intenta ir sustituyendo poco a poco los deberías o tendrías que por un me gustaría, y de esta forma tu lenguaje y por lo tanto el trato a ti mismo/a y a los demás será más comprensivo y compasivo.

No te hables en absolutos.


¿Sueles ver las cosas en términos absolutos? ¿utilizas sin apenas darte cuenta palabras como “todo”,“nunca”, “siempre”, “nada”, etc. ? Recuerda que hay gris entre el blanco y el negro.
Piensa en porcentajes y contempla de una forma más realista las situaciones. Por ejemplo, en lugar de decir “nada me sale bien” sustitúyelo por “un 70% de cosas me han salido bien y un 30% mal».

No te tomes las cosas tan personales.


Recuerda esto: “las personas hacen cosas, no te hacen cosas”. Personalizar puede llevarte a tomar las cosas muy a pecho, como si cada palabra dicha por los demás fuera para ti. Cada uno/a tiene su mundo interior y a veces, actuamos proyectando nuestra propia situación sin que realmente tenga nada que ver con nadie más que con nosotros mismos.


Tomar distancia te ayudará a estar más relajado/a y ser más empático/a. Por ejemplo, imagina que alguien que suele hablarte mucho está poco hablador/a. Esto no quiere decir que tenga algún problema personal contigo, si no que quizás ha tenido un mal día y está triste. Probablemente comiences a darle vueltas a lo que has podido hacer para que se haya enfadado en vez de preguntar si le pasa algo. No personalizar es la clave: no todo gira en torno tuyo, a la gente le pasan muchas más cosas.

Intenta no anticipar.


¿Sueles agobiarte por lo que pasará sin saber realmente si ocurrirá o no? Esta anticipación catastrófica genera miedo y te hace vivir en estado de alerta constante.
Céntrate en el momento presente e intenta relativizar esos pensamientos intrusivos que lleguen, y de nuevo utiliza porcentajes para valorar el riesgo de que algo ocurra o no.

Evita generalizar.


¿Has pasado por una experiencia desagradable y ya piensas que todas las demás serán iguales? Una ruptura, un problema laboral, una discusión, etc. Esto hará que una situación concreta se sobregeneralice y afecte al resto de experiencias de tu vida. Por suerte, no todo es estático y el ser humano es capaz de volver a experimentar emociones o de sobreponerse a situaciones extremas.


Anímate a seguir viviendo con ilusión y con una visión esperanzadora del futuro. Ayúdate de hechos a favor o en contra que aprueben esa afirmación negativa ¿es completamente cierto que ninguna persona se volverá a fijar en ti? Comienza a probar tu hipótesis para ir desmintiéndola poco a poco.

No «adivines» lo que los demás piensan de ti.


¿Tiendes a adelantarte sobre lo que pensarán los demás e interpretar tú mismo la situación? Ten el propósito de, antes de crear la mayor película de la historia en tu cabeza, comunicarte para comprender lo que está pasando y ahorrarte malos ratos.
Pregunta, expresa tus miedos y tus dudas y, si te sientes incapaz de hablarlo, ponlo por escrito. Cambia la dinámica que se desarrolla en tu cabeza, esa que hace que cada pensamiento sea más catastrófico que el anterior, escribe los hechos tal cual los conoces, sin inventarte nada. Probablemente la «película» cambie mucho al verla por escrito.

Deja de criticarte.


¿Sueles atribuirte los fracasos y autocriticarte en exceso y, sin embargo, a los demás les minimizas sus errores haciéndoles sentir mejor? Comienza este año nuevo haciendo eso mismo que haces con los demás contigo mismo/a, valora los pequeños detalles positivos de cada día.
No magnifiques tus errores, dales la importancia que realmente tienen y date un buen consejo como harías con cualquier otra persona.

Céntrate en ti.


Escúchate, intenta dejar de lado el juicio sumarial en el que vives cada experiencia. Esto te ayudará a comprenderte para entender qué necesitas y así, poder hacerle llegar a las personas lo que realmente quieres sin dar mensajes contradictorios o movidos por la emocionalidad del momento.
Prestar atención a lo que sucede en tu interior, simplemente observando, descubriendo cómo funcionan tus pensamientos, te permitirá comenzar a cambiar poco a poco aquello que más te perturba. Practica el autocuidado, dedica tiempo a aquello que realmente te gusta o te llena, incluso si se trata de una actividad que has de realizar en solitario. Priorízate.

Pon límites.


Establece límites para no abarcar más de lo necesario, comienza a practicar el decir no y la comunicación asertiva en todos los ámbitos de tu vida (en el trabajo, con los amigos, en familia, con tu pareja, etc.).
Ten en cuenta que quizás necesites comenzar por ponerte límites a ti mismo. Encontrar el punto justo en el que tus prioridades estén por delante de las de los demás y que esto no te haga sentir mal.

Cambia tus rutinas.


Levantarte cada mañana y repetir lo mismos gestos una y otra vez no es nada estimulante. Intenta crear hábitos que te apetezcan y te motiven: cambiar la ruta para ir al trabajo, explorar otros supermercados…


Hacer ejercicio puede ser un cambio interesante y no hablamos de apuntarse al gym o aumentar las horas que estás allí, sino de buscar actividades motivantes (hacer boxeo, ir a clase de zumba, comenzar a escalar…) novedades estimulantes que llenan tu cerebro de endorfinas.
Comer más sano también te ayudará a sentirte mejor, algunos pequeños cambios son suficientes para marcar una diferencia.

¿Te parecen difíciles?

Anímate a la conseguir estos propósitos y si necesitas ayuda para llevarlos a cabo, en Quiero Psicología encontrarás profesionales con las que podrás trabajar para entender qué dificultad hay y solventarla. Contacta aquí.

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¿Qué inseguridades he podido heredar de mi familia?

Nuestra familia determina de muchas maneras quiénes somos

¿De verdad la familia me ha influido tanto?

Todas las teorías psicológicas dicen que nuestras relaciones con los demás modelan quiénes somos y, sobre todo, las relaciones con nuestros familiares, ya que son ellos los que nos enseñan cómo es el mundo, a través de ellos aprendemos a regularnos y a relacionarnos con los demás.


Estar expuestos desde pequeños a determinados comentarios, situaciones y dinámicas familiares, hacen que nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos afectan las cosas y cómo afrontamos lo que sucede, se vean influenciados.

¿Y que cosas he podido «heredar»?

¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

Sensación de alerta


No soportas que tu madre/padre sean unos pesados contigo, preguntándote a todas horas que donde estás, con quién estás, que qué vas a hacer, etc. Y cuando por fin te vas de casa, parece que esa sensación de ansiedad te acompaña, aunque ya no estén ellos para recordarte todos los peligros que puede haber, vives con una sensación de alerta constante pensando que te van a robar, que debes volver pronto a casa porque te puede pasar algo, etc. Esto sucede porque tu padre/madre te han mostrado que el mundo es que es un lugar peligroso donde tienes que estar siempre pendiente de todo.

Sentimiento de culpa


¿No te has sentido escuchado y te han cargado de responsabilidad en vez de quitarte carga? “Tendrías que haberlo hecho de otra forma”, “si te ha pasado eso es porque tú has hecho tal”… Hicieras lo que hicieras, la responsabilidad y la culpa eran tuyas, no has sentido que te escucharan, te comprendieran y te quitaran el peso de encima explicándote que tienes derecho a equivocarte y aprender de ello. Por eso, a día de hoy, te dedicas a pensar una y otra vez “debería haberle dicho que me ha parecido mal su comentario”, “no tendría que haberle dicho eso porque ahora seguro que lo está pasando mal”, “debería estar más triste ya que acabo de romper la relación”. Sientes culpa de lo que haces/dices en cualquier situación además de tener pensamientos insistentes sobre ello.

Inseguridad


Cuando somos pequeños, nuestros padres/abuelos son nuestros referentes, se convierten en nuestras gafas a través de las que comprendemos el mundo y a los otros. También se convierten en esas manos/brazos donde ir cuando tenemos miedo, estamos preocupados, enfadados, o incluso cuando no entendemos algo. Si te escuchan, te acogen, te validan y te explican lo que está sucediendo en ti, entenderás y podrás integrar lo que está pasando, por lo tanto sentirás seguridad. Si esto no ha sido así, es normal que hayas crecido dudando de ti y de todo lo que tenga que ver contigo: “Seguro que no lo he hecho bien”, “voy a suspender”, “seguro que no le termino de gustar”. Al final no te crees que tú puedas hacer algo bien.

¿Y si me pasa esto?

La familia de la que vienes y las situaciones que has vivido son las que son, y eso ha hecho que tú hoy seas la persona que eres. Tus miedos, inseguridades, sentimientos de culpa, etc. que te llevan acompañando durante toda tu vida buscan ser escuchados, comprendidos y entendidos.

Cuando nos hacemos cargo de lo que nos genera malestar y entendemos su origen, empezamos a conocernos más y a localizar donde tenemos que trabajar. Esto es lo que se hace en nuestras consultas, uno no puede volver atrás para cambiar el pasado pero sí podemos hacer que no nos influya en el hoy ¿Te animas a contarnos que es aquello que te acompaña y te genera malestar? Contacta aquí.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene depresión o ansiedad?

La empatía es la clave en estos casos.

¿Cómo puedo reconocer si un familiar o un amigo está mal?

Tu ser querido ya no está como antes, no tiene ganas de salir a la calle, ha dejado de hacer las actividades que parecían gustarle, no se preocupa tanto de su aspecto físico, repite frases como: “no tengo ganas de nada”, “me siento muy cansado”, “todo me supone mucho esfuerzo”, hay momentos en los que se muestra muy ansioso/a y parece que todo le genera agobio, va acelerado/a, no se concentra en lo que hace, tiene despistes, etc.
Si te suena lo anterior, es posible que tu familiar/amigo/pareja pueda estar padeciendo algún episodio depresivo o ansioso. Y tú te preguntarás, “¿qué puedo hacer yo?”, ver así a esa persona te preocupa y quieres que vuelva a ser el mismo que antes, pero no sabes qué hacer para ayudarle. Muchas veces se intenta ayudar pero en vez de hacer sentir mejor a la otra persona, se le genera una mayor carga y presión.

Qué no hacer

Bien, empecemos por los errores habituales que debemos evitar decir y que podemos sustituir por alternativas menos dañinas:

• “No puedes seguir así”


La persona que se siente deprimida o ansiosa no está a gusto con su situación, le está generando malestar y si por ella fuera no seguiría así, pero no puede o no sabe cómo salir. Por eso, podrías intentar decirle “entiendo que la situación en la que estás te está haciendo sufrir mucho, ¿qué te parece si buscamos ayuda profesional?”. En vez de generarle mayor angustia y frustración al hacerle sentir juzgado/a, se sentirá comprendido/a, acompañado/a y apoyado/a.

• El «tienes qué»


“Tienes que salir de casa”: ¿A alguien que se acaba de partir una pierna le dirías “venga hombre no te puedes quedar en casa, tienes que caminar”? ¿No, verdad? Pues cuando lo que se ha roto es una parte de nosotros que no se ve, sucede lo mismo. Pero como no se puede ver a simple vista, parece que no existe, cuando la realidad es que sí existe y que puede ser igual o más incapacitante que partirse una pierna.

El «tienes que»implica una exigencia que puede empeorar cómo se siente la persona. Qué tal si en vez de eso le dices “estando así entiendo que te cueste mucho salir de casa, ¿qué te parece si nos vamos poniendo objetivos para que poco a poco vayas recuperando las rutinas?”. En vez de exigir y por lo tanto invisibilizar cómo está, le estás validando y proponiéndole un cambio más ajustado, teniendo en cuenta sus limitaciones y el ritmo que necesita. Los «tienes que» están muy presentes en nuestro lenguaje: tienes que disfrutar, tienes que alegrarte, tienes que dejar de pensar en eso, tienes que…

• “Cambia esos pensamientos”


Las ideas que tenemos de los otros y del mundo pueden variar en función de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Si tu familiar está atravesando una circunstancia vital complicada, es normal que sus pensamientos acerca del mundo y los demás hayan cambiado.


Escuchar frases como: «el mundo no es un lugar bonito», «los demás siempre te van a hacer daño», «la vida no tiene sentido»,»hagas lo que hagas al final siempre acabas fracasando», etc. de una persona que quieres no es agradable, y puede que te preocupes porque no entiendes cómo puede estar diciendo algo así. Pero los pensamientos no son fáciles de cambiar cuando lo que estás viviendo te está haciendo sentir triste, enfadado, desesperanzado, etc. Como alternativa, le podrías decir “lo que estás viviendo tiene que ser muy doloroso, entiendo que te estés sintiendo así”.

¿Qué hago entonces?

Al principio, es importante acompañar a la persona con su emoción y más tarde se puede empezar a plantear una alternativa de pensamiento o soluciones. El hecho de ver a una persona cercana pasarlo mal no es agradable y al final tú también puedes acabar sintiendo malestar porque te preocupas e intentas ayudar y puedes experimentar culpa, frustración, rabia o tristeza, y por eso puede ser que presiones de más a tu ser querido cuando eso no le ayuda.


En Quiero Psicología sabemos que no sólo el que sufre de ansiedad o depresión lo pasa mal sino también sus familiares y allegados. Por eso te ofrecemos un espacio para que te dediques tiempo a ti y puedas expresar lo que estás sintiendo, para darte pautas para afrontarlo y ayudar. ¿Hablamos? Contacta aquí.

homofobia

¿Cómo me ha podido afectar la LGTBfobia?

Cualquier persona LGTBI+ crece sabiendo que no acata lo «normal».

No eres lo normativo

¿Alguna vez has ido de la mano con tu pareja y has notado cómo te observan? ¿Si os habéis dado un beso, han hecho comentarios despectivos? ¿Tu familia no cree que estés “seguro” de tu decisión? ¿Tus amigas te han preguntado que desde cuándo te gustan las chicas?

No ser heterosexual cisgénero (sentirse identificado con tu género biológico) tiene repercusiones que afectan a nivel personal, social, familiar y laboral. Existen estudios que evidencian la mayor exposición a situaciones estresantes por parte de personas LGTBI+ , especialmente aquellas cuya orientación sexual y/o expresión de género es más visible.

LGTBfobia, definición y tipos

LGTBfobia


Es cualquier manifestación de odio a personas LGTBI+ que surge del miedo o la antipatía, y que tienen la connotación de ver a esas personas como inferiores, anormales o diferentes. Según el colectivo al que vaya dirigido se clasifica en: homofobia, lesbofobia, bifobia, plumofobia, etc.
Diferenciamos también si la LGTBI+fobia viene desde fuera o desde dentro, es decir:

LGTBI+fobia externa o social

Son actos discriminativos por parte de gobiernos, empresas, comunidades, etc., que se realizan mediante conductas intolerantes, entre otras formas. Pongamos el ejemplo de una empresa que, tras conocer la orientación sexual de un trabajador, le despide por cualquier motivo sin tener una justificación real y que justo coincide cuando la persona ha expresado públicamente dicha orientación sexual.

LGTBI+fobia interiorizada

Implica la aversión a los propios sentimientos y comportamientos siendo uno mismo del colectivo LGTBI+, por ejemplo, rechazando o negando su expresión de género por vergüenza o teniendo actitudes hostiles hacia otros miembros del colectivo.

¿De qué manera la sociedad no me hace sentir «normal» si soy LGTBI+?

¿Sientes vergüenza a la hora de expresar tu orientación sexual porque no hay nadie en tu entorno que esté en la misma situación?


¿Te niegas a aceptar que, a pesar de que siempre te han gustado las chicas, ahora te gusta un chico?


¿Llevas tu relación en secreto por miedo al qué dirán?


¿Intentas controlar tu expresión corporal para que los demás no te insulten o te estigmaticen?


¿Inventas que tienes pareja del género contrario para que dejen de preguntarte si tienes pareja?


¿Has tenido ansiedad por no saber cómo contar a tus padres cuál es tu orientación sexual?


¿Te piden que no hagas pública tu relación hasta que ‘estés segura’?


¿Te han insultado o incluso agredido físicamente por la calle?


¿Has tenido que inhibirte por estar en algún lugar en el que no sabes si serás rechazado?

Todas estas preguntas son solo la punta del iceberg, cosas que una persona heterosexual cisgénero ni siquiera tendría que plantearse. Lo que hay detrás (y muchos estudios lo señalan) es la mayor vulnerabilidad a desarrollar trastornos del estado de ánimo y la ansiedad debido a la mayor exposición a una impredictibilidad y estrés constantes.

¿Cuáles son las consecuencias que sufro entonces?

Además de lo dicho anteriormente las consecuencias pueden ser:

Estrés al romper el modelo tradicional que se presupone (presunción de heterosexualidad).


– Problemas en la propia identidad o tardar más tiempo en formar la identidad de uno mismx.

– Relaciones de pareja fusionadas con el consiguiente aislamiento.


– Menor red social (y/o sentimiento de soledad).


– Mayor dificultad a la hora de independizarte con tu pareja, tener hijxs, etc.


– Falta de espacios específicos, de información en educación sexual y riesgos de ITS.


– Riesgo de no acceder a servicios sanitarios o que estos no se adapten a tu realidad: falta de diagnóstico y tratamientos.


– Violencia intragénero: riesgo de sufrir violencia en tu pareja del mismo sexo /género y que no seas atendidx.


– Consecuencias psicológicas como: culpa, tristeza, frustración, impotencia, rabia, miedo, etc., rechazo familiar, social, laboral. O incluso el de uno mismo, lo que implica mayor probabilidad de suicidio, de sufrir depresión, de tener trastornos de ansiedad y consumo de drogas, etc.


– Sufrir agresiones verbales o físicas por ser LGTBI+ (insultos, palizas, miradas hostiles, etc.). Todo ello contribuye a minar la autoestima de forma gradual llegando en muchos casos a hacer insostenible la situación. Si te identificas con algo de lo que has leído y consideras que necesitas ayuda profesional, en Quiero Psicología contarás con profesionales formadas para ayudarte a gestionar la situación en la que te encuentres. Pide ayuda ahora. Contacta aquí.

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¿Mi familia es tóxica?

No lo justifiques todo con un: «es que es mi madre.

Cuando se acercan las Navidades te sonará la típica escena donde hay un reencuentro familiar. Te toca compartir mesa, entrantes y conversación con esa tía que te genera tanta inquietud cuando te pregunta si ya tienes novio/a, o con tu abuelo que no tiene pelos en la lengua y dice lo que se le ocurre, o quizá sea tu prima increpándote sobre si sigues votando a los mismos. En definitiva, de una forma o de otra, te ves forzada a vivir determinadas escenas familiares que, muchas veces, no son del todo agradables. Pero una cosa es que tengas que lidiar con alguna que otra diferencia y otra es que se convierta en un verdadero tormento.

¿Cómo saber si tu familia es tóxica o son cosas típicas?

¿Te da miedo dar tu opinión?


Sientes que tu opinión no va a ser escuchada, tenida en cuenta e incluso que puede ser motivo de risa. “Ya está este diciendo tonterías”, cuando realmente para ti es importante lo que estás expresando y te gustaría que te escucharan y valoraran. Por otro lado, te das cuenta que las opiniones de otros miembros de tu familia sí son escuchadas con gran atención, por lo que puedes sentirte muy frustrado.

¿Sientes que eres invisible?


A veces piensas que tu presencia no se nota, que si no llegas a estar tampoco pasaría nada porque nadie te echaría de menos. Notas que no te preguntan cómo estás, cómo te está yendo en tu trabajo, si te está gustando la vida en esta nueva ciudad, etc. Pasas desapercibido y tienes la sensación de que no le importas a nadie y eso hace que te sientas solo.

¿Sientes que no puedes ser tú mismo?


Comportarte y expresarte como tú eres no está bien visto dentro de tu dinámica familiar, sientes que no encajas porque hay determinadas cosas que no terminan de gustar en tu casa, por ejemplo, el nuevo piercing que te has hecho, tus opiniones políticas, tu pareja, tu nuevo corte de pelo, etc. Recibes críticas indirectas relacionadas con aspectos de cómo eres y sientes que no te terminan de aceptar.

¿Nada de lo que haces es suficiente?


Todo lo que haces es insuficiente, si has sacado buenas notas podrían ser mejores (como las de tu primo), si te has sacado el carnet de conducir eres un peligro en la carretera, si has hecho un nuevo amigo seguro que opinan que es tonto, si tienes una nueva pareja lo que busca es engañarte. Ninguna de las cosas normales por las que la gente recibiría aprobación son bien vistas en tu familia, siempre podrías hacerlo mejor.

Cuidado, que no sea que…


Otra manera de maltratar es sobreproteger al extremo, algo que en las familias y en general no se ha visto como tóxico y muchas veces se ha visto como un «bueno es que es madre / padre, es que se preocupa», pero hay una gran diferencia entre preocuparse y tratar a la persona como si fuera de cristal o inútil. Ejemplos de esta sobreprotección sería: no dejarte salir, no permitir que estudies una cosa porque eso es una tontería, no dejar que vayas solo, evitar que hagas cosas que tendrías que hacer por ti mismo porque «pobrecito»…

Y si mi familia es así ¿qué hago?

No hay mayor verdad que la que dice que la familia no se elige pero sí puedes empezar a elegir dónde poner tus límites. Quizá sea el momento de que empieces a hablar de cómo te sientes cuando estás con ellos, de que entiendas que no eres tú la que genera incomodidad, que tú puedes ser como tú elijas, que son ellos los que no te están escuchando, entendiendo y aceptando.


La idea de lo que debe ser una familia viene, en parte, definida por el sistema cultural y educacional en el que has crecido. “La familia lo es todo, como te quiere tu familia no te va a querer nadie, tu familia es la que nunca te va a fallar, tu familia estará ahí pase lo que pase”. Esto puede hacer que el mero hecho de plantearte poner límites con tu familia te cueste mucho, te puede generar culpa porque va en contra de lo que se considera «lo normal». Todos estos años atrás te has podido sentir incomprendido ya que es difícil entender por qué te sientes así.


Por eso, si estás harto de esa situación y quieres empezar a vivir distinto, en Quiero Psicología tenemos la formación necesaria para entender lo que te está sucediendo y empezar a trabajar contigo en tus límites, tu culpa y tu autoestima ¿Vienes y nos cuentas? Contacta aquí.

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¿Sufro acoso laboral?

¿Qué es el acoso laboral?

¿Sientes que en el trabajo no te tratan bien? ¿crees que estás exagerando? ¿te sientes humillado/a? Quizás no quieras tomarte en serio las indirectas o ataques, o pienses que son “cosas tuyas”, pero, ¿sabes qué es el acoso laboral o mobbing?


Consiste en cualquier situación que implique conductas abusivas ya sea mediante actos, palabras, gestos, escritos, etc. que ataquen directamente tu integridad física o psíquica, dignidad o personalidad, e incluso, tu puesto de trabajo o el clima laboral.

¿Cómo sé si yo lo sufro?

Si estás siendo sometido/a a conductas degradantes de forma regular y que nada tengan que ver con los conflictos naturales que pueden darse en grupo, quizás te sientas identificada con las siguientes situaciones.

-Rechazo de la comunicación:


¿Esa persona que agrede, evita hablar del conflicto y así evita también buscar una solución al mismo? ¿sientes que te reprocha de forma sutil sin comunicar abiertamente lo que le ocurre?

-Descalificación:


Puede darse de forma verbal como bromas, burlas o sarcasmos, o de forma no verbal a través de miradas, silencios o suspiros. Es posible que te sientas ignorado por tu agresor o incluso que veas como habla con una tercera persona sobre ti con el propósito de humillarte.

-Desacreditación:


¿Crees que esa persona agresora manipula e intenta crear dudas a los demás sobre ti? Puede hacerlo con mentiras o motes ridículos o tomándose a broma alguna situación tuya personal (enfermedad, motivo de baja, etc).

-Aislamiento:


No te invitan a reuniones del trabajo, no cuentan contigo para comidas de empresa, celos por parte de otros compañeros de trabajo debido a “preferencias o insinuaciones” por parte del agresor. Toda una gama de comportamientos que te hacen sentir cada vez más rechazado en tu trabajo.

-Novatadas:


¿Te obligan a realizar tareas ridículas? ¿eres quien se queda la última siempre? ¿te encargan tareas que son imposibles de cumplir? ¿no te permiten nunca escoger alguna fecha concreta para tus días de descanso?

-Inducir a error:


Si en alguna ocasión debido a una provocación por parte de tu agresora has perdido los papeles, es posible que pretendiera ponerte en evidencia y que así los demás “observen” tu comportamiento con un, ¿habéis visto?

-Acoso sexual:


¿Has sentido que te tocaba de forma sutil? ¿sientes que te incomoda la manera en la que te mira? ¿realiza comentarios con alguna pretensión cuando estáis a solas o incluso, delante de los demás? ¿te trata de forma diferente por ser mujer o por ser hombre?

¿A quién se dirige la agresión?

Entre compañeros/as: celos, competencias, problemas personales, etc.


Por parte de un superior a un subordinado: suele ser el más común y se da cuando hay un abuso de poder o, por ejemplo, porque sea una persona que quiere quedar siempre por encima de los demás y destacar.


De uno o varios subordinado/a (s) al superior: este caso es menos común y puede darse cuando un compañero asciende ocupando un cargo superior, o cuando llega alguien del exterior a la empresa a ocupar un puesto que alguien creía que era para él o ella.


Es posible que hayas intentado pedir ayuda y que tanto tus compañeros como la propia empresa hagan oídos sordos, bien porque no te creen, bien porque no quieren implicarse en el problema. Es probable que tengas miedo a perder tu puesto de trabajo, tu posición, tu nivel económico, tu relación con otros compañeros, entre otras circunstancias.

¿Pero cómo puede esto afectarte?

El impacto a nivel psicológico puede ser brutal al estar sometido a fuertes niveles de estrés llegando incluso a sufrir un trastorno de estrés postraumático, trastornos de ansiedad y/o transtornos depresivos.


Además de poder verse afectada tu autoestima o presentar conductas de evitación (no ir al trabajo o aislarse) y en casos muy graves llegar al suicidio.


La salud física se resiente con problemas de sueño, gastrointestinales, migrañas, etc. A nivel familiar y social, los cambios en el estado de ánimo, silencios, etc, pueden afectar a la dinámica del hogar o con amigos. Finalmente, en el ámbito laboral puede que quieras dejar el puesto o en caso de conseguir un nuevo trabajo, puede que cargues conla situación anterior impidiendo una nueva y correcta integración.

¿Qué hacer?

Si sientes que estás sufriendo acoso laboral y que estás hundido, con ansiedad o deprimido y que ya no tienes fuerzas, pide ayuda experta, es importante tanto si aún permaneces en la situación como si ya has abandonado el puesto de trabajo pero sigues teniendo síntomas. Aunque te alejes del foco de la ansiedad el trauma no se va así como así.
En Quiero Psicología podemos trabajar para conseguir herramientas que te ayuden a gestionar la situación y recuperar el bienestar emocional. Anímate ahora a dejar atrás tu malestar. Contacta aquí.