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Detox de redes sociales

Las redes sociales son actualmente una forma de comunicarse con las personas de nuestro entorno, de aprender, de entretenerse, de informarse sobre lo que está pasando en el mundo, e incluso de crecer y relacionarse profesionalmente para algunas personas.  Pero también puede convertirse en una forma de escapar de nuestro día a día y de recibir información (no siempre positiva) de manera indiscriminada y constante. Aunque no fuera tu intención inicial, seguro que te has encontrado invirtiendo más tiempo del que querías en las redes sociales e incluso posponiendo o dejando de hacer tareas o planes por haber estado “scrolleando” en las redes sociales.

Es importante tener en mente que toda conducta en exceso y realizada de forma automática puede ser desadaptativa. Las redes sociales están especialmente diseñadas para enganchar al usuario, así que recuerda que no tiene tanto que ver con que tú lo estés haciendo mal: se trata de hacer un uso responsable y consciente de tu tiempo. Además, puede que hayas notado que tu concentración y capacidad de atención hayan podido disminuir por todo ese tiempo recibiendo estímulos repetidamente. Esto no es necesariamente malo, pero puede que ocasionalmente necesites estar concentrado o ser más paciente, y esto no esté ayudando: es importante tener tolerancia a la frustración y al aburrimiento. Para ello, a veces necesitamos un tiempo de “desintoxicación” de las redes sociales, para poder volver a ellas de forma consciente. Aquí te daremos un par de consejos para poder hacerlo.

Pararse a reflexionar

Para tener una visión más objetiva de tu uso de las redes sociales:

1. Haz una lista de todas las redes sociales que utilizas (y si puedes especificar, si lo haces a través del teléfono, ordenador, etc.).

2. Si las usas en tu smartphone, averigua cuanto tiempo inviertes diariamente en ellas. Normalmente, tu teléfono registra estos tiempos, puede que te sorprenda, pero es un dato importante para poder tenerlo en cuenta.

3. Reflexiona qué te aporta realmente cada una de las redes sociales que usas (negativo y positivo) e intenta definir con qué fin quieres usar realmente cada una (informarte en canales oficiales, hablar con personas específicas, aprender recetas, etc.). Si hay alguna que consideras que no quieres utilizar más, valora desinstalar la aplicación, desactivar la cuenta, o solo utilizarla a través de un dispositivo que no sea el habitual (por ejemplo, el ordenador que tienes en casa).

4. Según los tiempos que has visto en tu teléfono, intenta determinar cuanto quieres estar en las redes sociales: aunque quieras que sea mucho menor, es preferible empezar con pequeños cambios. Si utilizas las redes sociales para promocionarte o relacionarte laboralmente, intenta acotar el uso a tiempos específicos: por ejemplo, de 10 a 11 puedo mirar Instagram, pero solo responder a posibles clientes y de 11 a 12 a publicar contenido.

Pequeños cambios

Si has decidido, tomarte un tiempo de las redes sociales de forma más radical, pon una fecha para valorar volver a ellas (si es lo que quieres), comunícaselo a las personas que te importan o a aquellas con las que solo te comuniques a través de las redes sociales, para que tengan una forma alternativa de comunicarse contigo, si así lo deseas.

Si has decidido, reducir el tiempo, pon en marcha las siguientes pautas:

  • No tengas conversaciones paralelas a través de diferentes plataformas con la misma persona. Puede ser útil comunicárselo a tu entorno cercano, para que compartan información importante a través de mensajes, llamadas o un canal que no sea una red social como tal (Whatsapp, Telegram, etc.).
  • Limita el tiempo de uso de cada red social, gracias a la herramienta de control parental que tienen los teléfonos, o asocia cada red social a un momento y situación especifico. Algunas personas incluso desactivan los datos de conexión o Wi-Fi durante periodos de tiempo en su día.
  • Cambia de lugar en tu teléfono el icono de la red social, para evitar entrar de manera automática en momentos de aburrimiento.
  • Limita físicamente el acceso a los dispositivos en tu día a día, especialmente al levantarte y antes de acostarte. Esto evitará ese uso inconsciente que a veces se hace de las redes sociales, además de empezar o acabar el día sin una estimulación tan potente.
  • Intenta realizar actividades agradables que no estén relacionadas con dispositivos electrónicos o que impliquen desconectar de ellos, como por ejemplo estar físicamente con tus amistades, pareja, o familiares, realizar actividades físicas o planes fuera de cada o estar en lugares donde no tengas cobertura.

Como cualquier cambio en nuestros hábitos, y especialmente si estos son habituales y reforzados por la sociedad y nuestro entorno cercano, puede ser complicado inicialmente y generar muchas emociones de frustración, tristeza, soledad, irritabilidad o ansiedad. Date tiempo para tolerar esas emociones. Si necesitas ayuda gestionando las redes sociales o estas emociones, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte.

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Qué no hacer en una discusión

Las personas crecemos e interactuamos en muchos contextos muy diferentes, formando nuestras opiniones y experimentando la vida de forma muy ampliamente diferente. Una de las experiencias que más crecimiento y conocimiento nos pueden aportar son las conversaciones con otros, y especialmente las discusiones, pero sólo si éstas se enfocan desde el respeto, la empatía y la voluntad de llegar a un entendimiento.

Generalmente, las discusiones que más nos remueven emocionalmente suelen ser con las personas más cercanas a nosotros (familiares, parejas, y amistades) y sobre los temas que más cerca nos tocan (creencias, experiencias emocionales, tareas o personas en común…). Por ello, es fácil sentirse desbordado durante un discusión y caer en conductas poco sanas y desadaptativas.

Tu interlocutor no es tu enemigo, sino todo lo contrario: sois un equipo, buscando llegar a un acuerdo o entendimiento. Con este artículo, intentaremos ayudarte a sortear los obstáculos que pueden surgir en una comunicación efectiva.

Estilos de comunicación y Apego

Existen tres estilos principales de comunicación que se ubican dentro del espectro de la comunicación que hay que tener en cuenta cuando hablamos con alguien.

Estilo pasivo

En un extremo estaría el estilo pasivo en el que no se suelen comunican las necesidades y deseos, pueden parecer sumisos o excesivamente flexibles para no expresar su opinión o enfrentarse a una confrontación (real o imaginaria).

Estilo agresivo

en el otro extremo, estaría el estilo agresivo, expresando de manera determinante las opiniones y deseos, pudiendo anteponerlas a las de los demás y frecuentemente invalidando a la otra persona.

Estilo asertivo

En medio se encontraría el estilo asertivo, cuando se expresan verbal y no verbalmente, con empatía y firmeza, lo deseado y defender sus posturas. Aunque el estilo ideal sería el asertivo, según la persona con la que estemos hablando, se puede cambia de un extremo a otro: por ejemplo, si la persona con la que hablo tiene un estilo más agresivo, pero no tengo una relación cercana ni me interesa el asunto a discutir, se puede adoptar un estilo más pasivo.

Estilo pasivo-agresivo

Un cuarto estilo de comunicación podría ser el estilo pasivo-agresivo, en el que la persona no se siente cómoda expresando su opinión y acaba interviniendo con frases irónicas o sarcásticas, hiriendo de forma enmascarada.

Otro factor importante es el estilo de apego, especialmente en el apego inseguro. Si se tiene un tipo de apego más evitativo, es probable que pueda haber un estilo de comunicación más pasivo, que directamente rehúyan las discusiones, para evitar el posible malestar, o más pasivo-agresivo para no enfrentarse de manera directa con la persona. Si se tiene un tipo de apego más ansioso-ambivalente, la comunicación puede ser más agresiva o pasivo-agresiva, al verse superados por las emociones que se puedan generar durante la discusión. Conocer tu estilo de apego y el de la persona con la que hablas (si está en tu entorno cercano), puede ayudar redirigir la conversación hacia una conversación más asertiva en la que ambos os sintáis lo más a gusto posible.

Tips para discutir bien

Elegir un tema de discusión

No saques errores del pasado o discusiones anteriores, a no ser que sea imprescindible o quieras usarlo de ejemplo para una conducta positiva (momentos en los que sí habéis gestionado la solución o te has sentido cuidado, escuchado, etc.). Cuando estamos discutiendo es fácil sentir enfado o frustración, lo que puede conectarnos con otros momentos en los que nos hemos sentido así anteriormente y acabar fácilmente en una serie de reproches poco útiles. Si hay varios asuntos que queráis discutir, aunque pueda parecer artificial, establecer momentos para poder discutir tranquilamente puede ser muy útil (así evitamos hacerlo en lugares o momentos poco apropiados).

Reflexionar y expresar

Las críticas constructivas pueden ser tan dolorosas como los ataques, esto no quiere decir que no puedas tomar un tiempo para reflexionar. Si tu o la otra persona estáis sintiéndoos atacados, es MUY IMPORTANTE y válido que podáis parar la discusión, antes de que ocurran estos ataques: esto quiere decir que la discusión se retomará cuando estéis más tranquilos, eso sí.

De la misma forma, ya sea antes o durante la discusión, tomate unos minutos para pensar qué te ha molestado o que quieres pedir. Habla desde tu punto de vista “Yo siento” o “A mí” es esencial para no caer en culpabilizar o en frases muy ambiguas y malentendidos, y hacerlo (siempre que se pueda) desde ejemplos concretos.

Turnos a la hora de hablar

Intenta no interrumpir, aunque parezca que lo que tienes que decir no puede esperar, si es importante, lo seguirá siendo dentro de 1 minuto. Así evitarás también estar enfocado en lo que te está comentando la otra persona y no tanto en lo que quieres responder.

No atacar

Aunque sientas mucho enfado o rabia, no te dejes llevar: puede resultar en gritos, insultos o comentario hirientes. No solo esto no ayuda a resolver el conflicto, sino que además puedes arrepentirte de lo que ha sucedido y la comunicación no será efectiva. Si no entiendes o estás de acuerdo con lo que la otra persona está expresando, intenta gestionar el impulso de rebatírselo (por ejemplo “pues no te sientas así” “no tiene sentido como te sientes”). Todos tenemos experiencias y emociones diferentes y todas ellas son válidas, por lo que es importante hacer porque la otra persona se sienta escuchada y validada, aunque no compartáis la misma experiencia.

Ni asumir ni generalizar

No asumir lo que la otra persona pretende, siente o piensa, no nos gusta que lo hagan con nosotros así que buscaremos no hacerlo. No está de más que puedas pedir aclaraciones o retomar lo que te han dicho para asegurarte de que estás entendiendo bien lo que se está comunicando: puede parecer absurdo, pero esto suele evitar malentendidos que escalen rápido la discusión. Tampoco uses generalizaciones, ya que estas no son pruebas concretas. No solo perderemos credibilidad, sino que estamos buscando resolver el conflicto sobre una base muy endeble.

Si te encuentras incomodo discutiendo o los conflictos te superan, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte a tener las herramientas necesarias para mejorar tu comunicación y reducir el malestar durante las discusiones.

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Acompañar un duelo: no sé cómo ayudar

Durante la vida, las personas que nos rodean y nosotros vivimos muchos duelos, desde una separación o divorcio, hasta el fallecimiento de un ser querido. Aunque pueda parecer que se respeta hoy en día los duelos, especialmente los fallecimientos (porque el duelo parece estar más justificado al conllevar una muerte física), se puede caer fácilmente en respuestas y frases estereotípicas, que suelen hacer más daño que bien. Te daremos unos consejos para poder acompañar a personas cercanas en su proceso de duelo.

1. El duelo es de la persona, no tuyo.

Aunque el impulso de dar opinión, consejos o ayuda puede ser muy fuerte, cada uno lleva el duelo de diferente manera y su experiencia es lo único que importa. Puede que tú hicieras las cosas de diferente manera en un duelo similar, o que hayas visto lo que puede funcionar, pero no intentes imponérselo a esa persona. Como acompañante, solo puedes estar presente, dar tu amor y apoyo, aunque no tengas respuestas o soluciones.

2. Anticípate ayudando en las pequeñas cosas.

Si esperar que esa persona te pida ayuda, seguramente no lo haga, ya que en este momento estará en modo “supervivencia” y no tendrá la energía o el interés para identificar qué necesita y a quién pedírselo. Por ello, intenta anticiparte avisándole de forma concreta como estarás ahí (por ejemplo, estaré de 5 a 7 el lunes, para ayudarte a pasear al perro). Es importante que estemos presentes y accesibles, sin agobiar y dándoles espacio.

También puedes ayudar en tareas recurrentes y aburridas que puedan aliviarle la carga del día a día, como pasear al perro, recoger el correo, hacer la compra, etc. Ten en cuenta que otro tipo de tareas pueden ser más delicadas, y que debes preguntar primero, ya que pueden ser significativas para la personas (aunque no para ti), especialmente si son reversible, como limpiar la casa o lavar la ropa: puede que esa botella vacía que vas a tirar, para ayudar de la mejor manera, sea la última cosa que una persona difunta tocó, o que el olor de una camiseta sucia sea algo a lo que esa persona se aferre.

Si se trata de tareas relativas al duelo (organizar el funeral, repasar los bienes en común, recoger la ropa de la expareja, etc.), ofrece la ayuda que quieras y puedas dar: aunque sea esa persona quien vaya a decidir, puedes acompañarle, haciéndoselo más ameno.

3. Céntrate en el presente.

Surgen de forma natural los comentarios sobre el pasado o sobre el futuro, pero no ayuda hablar de qué ocurrirá (con frases generalizadas como “todo estará bien”), ni del bienestar o felicidad que hubieran experimentado anteriormente (“al menos disfrutaste de esta persona años”). Es el momento de sentir el malestar, no podemos quitárselo y es injusto invalidar su dolor o menospreciarlo porque hubiera buenos momentos o porque creamos que el futuro será mejor (porque no podemos garantizarlo). Céntrate en lo que sabes al 100%: “esto duele, ahora mismo se siente fatal, estoy aquí para acompañarte y te quiero”.

4. Esto no tiene nada que ver contigo.

Durante el duelo, la persona puede pasar por muchas emociones y tiene derecho a sentirse desbordado. Esto puede generarte malestar, ya que puede herir tus sentimientos, ya sea por comentario que realicen o porque necesiten un espacio a solas (o en el que tú no estés). Ahora mismo, esa persona no puede cuidarte ni cuidar vuestra relación, no porque no quiera, sino porque no tiene espacio mental o energía para ello. No te lo tomes como algo personal, y busca apoyarte en otras personas, especialmente si decides estar presente mientras hace su duelo.

Especialmente, si su duelo resuena con el tuyo, o te genera mucho malestar presenciar el dolor de alguien, recuerda que tienes derecho a retirarte, ya que estar presente mientras alguien al que quieres sufre no es NADA FÁCIL.

5. Designar una persona que filtre el resto del mundo.

La cantidad de personas que quiere ayudar o la cantidad de información que recibir del mundo exterior pueden ser demasiado para la persona. Intentad elegir a una persona cercana y de confianza (o si eres tú) para ser el puente con todas esas personas que quieren dar o recibir información, para poder reducir lo abrumador que puede ser. Además, es importante poder normalizar el duelo, especialmente si te preguntan por esa persona: verbalizar que el duelo no tiene tiempos establecidos y que las reacciones son variadas (incluso poco consistentes, estando mejor en algunos momento y en otros peor).

Si tu duelo, o el de un ser querido a tu alrededor, se está complicando, no dudes en contactar con nosotras, desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte a gestionar todas las emociones y situaciones que aparezcan

¿Qué es un trauma complejo?

¿Qué es el trauma complejo?

Nos referimos al Trastorno de Estrés postraumático Complejo (TEPT-C), también llamado Trastorno por Estrés extremo no especificado (DESNOS), que es un trastorno que surge tras observar una sintomatología añadida en casos “a priori” con un diagnóstico de Trastorno de Estrés postraumático (TEPT). Como recoge la guía diagnóstica CIE-11, se trata de un trastorno que puede desarrollarse después de la exposición a un evento o una serie de eventos de naturaleza extremadamente amenazadora u horrible, prolongados en el tiempo o repetitivos, incontrolables.

Es decir que la diferencia con el Trastorno de estrés postraumático se daría en la repetición o recurrencia del suceso traumático como, por ejemplo, tortura, esclavitud, violencia doméstica prolongada, abuso sexual o físico repetido en la infancia.

Este trastorno se puede dar en adultos o en niños o adolescentes, ya que la exposición a estos eventos se da en edades tempranas, el desarrollo del niño a nivel emocional (habilidades emociones básicas, la personalidad, el apego) y fisiológico (sensorial y motor) pueden verse afectados.

A parte del patrón de sintomatología típica del TEPT, que consiste en síntomas de reexperimentación, evitación e hiperactivación y vigilancia, este trastorno presenta tres características más específicas, graves y persistentes que son: un autoconcepto negativo, problemas en las relaciones interpersonales y una desregulación afectiva. Todo este perfil supone una gran interferencia y deterioro en los ámbitos social, familiar, educativo, ocupacional y personal de la persona con este trastorno.

Es importante recordar que este diagnóstico debe ser realizado por un profesional de la salud mental, ya que existen finas líneas y matices que distinguen este trastornos de otros, en los que algunos síntomas puedan ser derivados de otra problemática o sumarse.

¿Cuáles son los síntomas de este trastorno?

Cómo ya hemos comentado, la sintomatología del trastorno de estrés postraumático también este presente, pero además tienen unas dificultades añadidas, dado que estas personas han visto su integridad física y psicológica afectada de forma repetida, sacudiendo los cimientos psicológicos que sostienen una salud mental estable. En los adultos, las alteraciones se dan en las siguientes áreas descritas a continuación:

  • Apego: suelen desarrollarse patrones de apego inseguro o desorganizado, que afectan no solo a las relaciones interpersonales, sino que se vuelven evidentes y perjudiciales especialmente en el contexto familiar, como a la hora de tener relaciones de pareja o en la crianza (no pudiendo responder adecuadamente a las necesidades emocionales de los hijos).
  • Autorregulación emocional: hay una gran labilidad emocional con estallidos emocionales (de ira o tristeza), ideación suicida, autolesiones, conductas impulsivas autodestructivas (sexual, consumo de drogas y alcohol…). También suelen tener muchos síntomas de somatización y problemas médicos.
  • Conciencia: amnesia selectiva, revivir las experiencias a través de flashbacks, pensamientos o reviviendo las emociones sentidas), sentirse emocionalmente anestesiados o sufrir de disociación. La disociación puede ir desde la desconexión (la parte emocional y cognitiva se separan), despersonalización (percepción alterada de uno mismo), desrealización (percepción alterada del entorno) o en su forma más extrema, disociación de la identidad (experiencia de tener más de una personalidad dentro de uno).
  • Autoconcepto: tienen una percepción muy negativa de sí mismos, con emociones crónicas de impotencia, indefensión, vergüenza, culpa o estigma, además de sentirse desconectados de las demás personas y del mundo.
  • La percepción del agresor: se pueden preocupar por la relación con éste, idealizarle, atribuirle un poder casi absoluto, sentir una conexión especial con él, buscar su aprobación, adoptar su forma de pensar y valores, e incluso sentir gratitud.
  • Relaciones interpersonales: aislamiento, en parte debido a la desconfianza, ira y agresividad hacia los demás, que se alterna con la búsqueda recurrente de un “salvador” (alguien que restaure la sensación de seguridad). Esto, unido al resto de alteraciones, lleva a una gran dificultad a la hora de entablar y mantener de relaciones íntimas, así como para para autoprotegerse, a pesar de poder tener habilidad sociales.
  • Sistema de creencias y valores: estos eventos traumáticos repetidos rompen con el sistema de creencias adaptativo que tiene una persona, especialmente las ideas sobre uno (“yo soy bueno”), los demás (“la gente es buena”) y sobre el mundo (“el mundo es seguro”, “el mundo es justo”, “el mundo tiene sentido” y “la vida es controlable”), generando sentimientos de abandono, impotencia, desesperanza y desesperación.

En el caso de los niños, la sintomatología se presenta de una forma similar y especialmente en forma de dificultades en el desarrollo de habilidades típicas de la etapa evolutiva (lectoescritura, atencional, ejecutiva…) y trastornos del comportamiento.

¿Se puede solucionar?

La sintomatología del trastorno, así como el deterioro de la persona, pueden poner en un mayor riesgo de volver a ser victima de un abuso físico o sexual, por lo que es importante poder empezar un proceso terapéutico, y en muchos casos, psiquiátrico para poder gestionar la sintomatología.

Aunque los enfoques terapéuticos pueden variar y existen técnicas más específicas para procesar los eventos traumáticos, la mayoría de los estudios están de acuerdo en la importancia de estabilizar y garantizar la seguridad de la persona, antes de después procesar los recuerdos y los sucesos traumáticos, mientras se aprenden y consolidan herramientas, que permitirán integrar todo ello y flexibilizar las creencias que han sido alteradas. No es un proceso terapéutico sencillo, ni corto (ya que todas las personas van a ritmos diferentes y tienen circunstancias diferentes), pero se pueden lograr muchos avances y mejora en la calidad de vida de la persona, reduciendo la sintomatología o su gravedad e intensidad.

Si crees que te encuentras (o alguien cercano a ti) en esa situación, estaremos encantadas desde el equipo de Quiero Psicología, de poder ayudarte.

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Conductas tóxicas sutiles que pueden ocurrir a la hora de ligar

En una realidad donde ligar se realiza principalmente a través de redes sociales o de aplicaciones, nos enfrentamos a personas que pueden suscitarnos ilusión y atracción, pero también nos enfrentan a conductas tóxicas ejercidas por personas con baja responsabilidad afectiva y que pueden tener un gran impacto emocional en nosotros.

La posibilidad de conocer personas de forma fácil e indiscriminada y estar conectados de manera indefinida y ambigua a través de Internet, nos expone a muchas personas que no están preparadas o directamente no quieren establecer conexiones (ya sea para una relación casual o más formal) de forma honesta.  Aquí os dejamos algunas conductas que pueden tener hacia nosotros:

¿Qué es el breadcrumbing?

Es un término inglés que hace referencia a dejar migas de pan, igual que Hansel y Gretel seguían éstas para llegar a casa, es un fenómeno en el que una persona mantiene el contacto con el mínimo esfuerzo: mediante pequeñas muestras de atención u afecto, esta persona da a entender de manera ambigua que quiere avanzar hacia una relación estable y comprometida. De esta forma, consigue fomentar la esperanza de una relación estable y las emociones hacia él, y por tanto seguir en la vida y mente de la persona a la que quiere mantener disponible, sin comprometerse, realizar esfuerzos, consolidar la relación y evitando que se haga un cierre de esta relación.

Algunos ejemplos serían “Dejemos que fluya” o “veremos” cuando se habla de sentimientos o compromisos; no hablar nunca de la relación; mensajes muy espaciados (semanas e incluso meses) pero constantes; conductas contradictorias de afecto o indiferencia; la búsqueda de interacción online (mensajes, reacciones efímeras a contenido en las redes sociales), pero reticencia a hacerlo de forma presencial.

¿Cómo me afecta el breadcrumbing?

Es una táctica típica en los comienzos de una relación, cuando dos personas se está conociendo y todavía no existe una verbalización respecto a las expectativas de la relación que une a esas dos personas. El breadcrumbing consiste, en términos psicológicos, en “refuerzo intermitente” es decir que la persona recibe una recompensa (atención o afecto en este caso) de forma intermitente e impredecible, consiguiendo que la persona que lo recibe se encuentre ansiosa, frustrada, confusa y con una sensación de tristeza y/o vacío, cuando no se están recibiendo esas señales. Y cuando la persona “vuelve”, la emoción agradable suele ser intensa, olvidando los momentos anteriores, y creando una cierta “adicción” a la idea de esa relación. También puede contribuir a sentir indefensión en las relaciones afectivo-sexuales y mermar la autoestima de la persona que lo recibe, que puede llegar a sentir que se debe a ella.

¿Qué es el negging?

Hace referencia al término inglés “negative complimenting”, que significa halagos negativos. Esta conducta consiste en realizar comentarios negativos o insultos en forma de piropo, es decir la persona parece halagar o resaltar algún aspecto positivo de otra persona, pero posicionándola después en un lugar inferior o quitándole valor a la cualidad que se ha alagado. Algunos ejemplos podrían ser

no me suelen gustas las chicas bajitas, pero eres la excepción”,  “estás muy bien para la edad que tienes” “no pensaba que supieras de estos temas”, “eres guapa, pero estarías mejor con un vestido/unos kilos menos”.

¿Cómo me afecta el negging?

A través de esto, la persona que lo emite siente el impulso o la necesidad de posicionarse en una situación de superioridad o aumentar su autoestima, minando la de la otra persona. Además, esto puede pasar desapercibido fácilmente, a través de la ambigüedad o sutileza de las palabras, a lo que se le añade la falsa idea de “los que se pelean se desean” o el contexto de estar conociéndose (en el que es probable que se asuma que la intención no es “mala” o la persona no tiene habilidades al ligar). Así pues, puede crear sentimientos de confusión, inseguridad, búsqueda de aprobación del otro, tristeza o incomodidad.

¿Qué es el ghosting?

El termino inglés hace referencia a la idea de un fantasma, y la práctica consiste en acabar una relación afectiva de forma repentina y sin explicación o despedida, cortando la comunicación, especialmente virtualmente. Puede ser de forma progresiva (un poco más parecido al breadcrumbing que comentábamos), manteniendo el mínimo contacto (likes, reacciones a contenido en redes sociales, pequeños mensajes), cancelando con antelación los encuentros presenciales para acabar desapareciendo; o puede ser de manera repentina, dejando de responder o incluso bloqueando o quitando el acceso a la comunicación.

¿Cómo me afecta el ghosting?

Crea una emoción de confusión, tristeza (incluso vacío y sentimiento de abandono), rabia e impotencia por no saber qué ha ocurrido, así como se suelen buscar explicaciones dentro de la propia conducta (cuando realmente tiene que ver con la persona que lo realiza y no con la que lo sufre) que pueden provocar rumiación, culpa o baja autoestima.

Es importante recordar que estas conductas se deben a la baja responsabilidad afectiva de la persona que las emite y NO a la persona que las sufre. Pero, por mucho conocimiento que tengamos de éstas, a veces gestionar estas situaciones (y otras que pueden darse) y las emociones que nos suscitan éstas, puede ser complicado. Si te encuentras en esa situación, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de poder ayudarte.

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Comunicación en pareja: hábitos saludables que podrías instaurar en tu pareja.

¿Por qué es importante la comunicación en una pareja?

Una buena comunicación es importante en cualquier relación, ya sea laboral, familiar o afectivo-sexual, pero es más fácil que surjan más emociones o complicaciones en este último área, ya que suelen ser relaciones que se convierten en una gran parte de nuestra vida (todavía más si convivimos con esa persona o tenemos responsabilidades en común como hijos, animales, hipotecas, etc.)

No importa el punto temporal de la relación (os estéis conociendo o ya llevéis un tiempo) o el tipo de relación (monógama, poliamorosa, etc.) en el que te encuentres, la comunicación abre un canal entre dos personas que permite ajustar expectativas, resolver desacuerdos y construir una base sólida para la relación. En especial, si estás empezado, sentar un buen precedente de comunicación ayuda a que el resto de la relación se gestione de la mejor manera posible, y minimiza malentendidos; y si estás en una relación poliamorosa, la comunicación es esencial para manejar las emociones y circunstancias tan complejas, al haber más personas involucradas.

Una mala comunicación puede fomentar:

  • Malentendidos, estresores y situaciones más complejas
  • Sentimientos de estrés, confusión, decepción o frustración, que pueden ser muy intensos y recurrentes, ya que es fácil que se magnifiquen con cada pequeña situación desagradable que pueda darse de forma natural, al adoptar una posición defensiva.
  • Sentimientos de incomprensión, soledad o baja autoestima, que interfieran con otras áreas (trabajo, vida social…), aumenten la sensación de indefensión, desesperanza e incapacidad de cara a resolver problemas en todas las áreas y disminuyan la expresión de emociones, deseos y opiniones propios.
  • Sentimientos de ira, rechazo, desconfianza, que favorecen las dudas sobre la relación, intolerancia al malestar del otro y actitudes defensivas.
  • Una distancia emocional y física, debido a los eventos y emociones anteriores, que hacen menos atractivo el tiempo, proyectos y entorno que en común con la pareja. A su vez, esto retroalimenta esas emociones desagradables y dificulta que se pueda reparar o mejorar la comunicación, y puede llevar a una independencia total (vidas paralelas).

Obstáculos en la buena comunicación

Tener una conversación en la que la comunicación sea clara y sincera es más complicado de lo que parece, y especialmente si se tratan de temas delicados o que nos tocan emocionalmente. A continuación, os dejamos algunas situaciones o conductas que dificultan la comunicación:

  • Objetivos contradictorios, ver a la otra persona como un enemigo o rival, y momentos o lugares inadecuados
  • Cambiar de contenido constantemente o hablar de forma vaga y ambigua, el alejamiento temporal (hablar en exceso del pasado o de un futuro hipotético), o la expresión desconectada (mencionar ejemplos irrelevantes o situaciones hipotéticas),
  • Un escaso lenguaje positivo o excesivo lenguaje negativo sobre o hacia el otro
  • Una comunicación de una de las personas excesiva o escasa (en el discurso y en la velocidad de respuesta), ignorar, no escuchar o interrumpir a la otra persona
  • Excesivas generalizaciones y afirmaciones radicales (como todo o nada)
  • Interpretaciones erróneas (asumir que sabes cómo el otro se siente o piensa, o al revés)
  • Estados emocionales muy intensos.
  • El uso de sarcasmo o ironías para ridiculizar a la otra persona,
  • Insultos, acusaciones o amenazas, y responder a quejas con otras quejas.

Algunos consejos saludables para mejorar la comunicación

  • Elige bien el momento y lugar para hablar, centraros en el tema elegido, con información tan específica como puedas, y en el marco temporal que le pertenece (si es presente, no ir al pasado o futuro).
  • Para la conversación cuando los estados emocionales sean muy intensos (se va a hablar del tema, pero no es muy adecuado hacerlo con mucha ira, ansiedad…).
  • Escucha activa y empatía: como si fueran a hacerte un examen de comprensión, asiente, asimila, empatiza y busca ponerte en el lugar de la otra persona. Intenta turnaros para hablar, para no interrumpir.
  • Acepta críticas y haz peticiones: Sois un equipo frente a una situación, tu pareja no es tu rival, por lo que no estás “perdiendo” al llegar a un acuerdo o aceptar parcialmente las críticas (no somos perfectos y no hay nada malo en admitirlo).
  • Expresa tus deseos y necesidades: tu pareja puede conocerte muy bien, pero no te lee la mente, es importante ser claro y sincero con lo que uno quiere o necesita (y al revés, poder preguntar). Si no lo tienes claro, puedes decirlo o pedir tiempo para averiguarlo.
  • Habla desde tus sentimientos (frases “YO me siento” “ME gustaría”) y haciendo referencia a situaciones o conductas específicas, por ejemplo, decir “cuando dices que quieres hacer eso, no me siento valorado” en vez de “eres un egoísta por exigirme esto”. Intenta no atacar ni acusar, ni asignar etiquetas, ni “deberías”, ni generalizaciones (“siempre”, “nunca”)

Intenta equilibrar las conversaciones más complicadas, hablando de aspectos positivos de la relación o de la persona, así como con momentos agradables.

Y si no puedes seguir estos consejos o te resulta muy difícil ya sabes que en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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La positividad tóxica o el efecto Mr Wonderful:

Actualmente, se vende bastante la idea forzada de ser feliz, pase lo que pase a través de libros y de cuentas en redes sociales. Un ejemplo es el merchandising de Mr. Wonderful, una marca cuyos dibujos color pastel esconden esta positividad tóxica.

La idea de estar siempre feliz puede sonar atractiva, pero el bombardeo de mensajes con este tono tiene un efecto muy lejano del pretendido. En protesta a este fenómeno, nacen otras marcas como Mr. Puterful, Mr. Wonderfuck, etc.

La positividad tóxica es esa imposición de una actitud positiva, falsa, que niega las emociones desagradables y predica un estado de ánimo optimista y feliz en cualquier situación. Existen dos formas de positividad tóxica que podemos experimentar: la dirigida hacia uno mismo y la que es recibida por parte de otros.

¿Por qué la positividad tóxica no es empatía?

Esa positividad tóxica puede animar a algunas personas, pero hablamos de algo diferente a la empatía. La empatía busca apoyar a una persona, conectando con su malestar, mientras que esta positividad tóxica finge dar apoyo desde una distancia emocional, que además invalida las emociones de la otra persona. Puedes ver la diferencia entre la simpatía (que sería lo similar a este fenómeno, en este caso) y la empatía, en este vídeo: https://youtu.be/KZBTYViDPlQ .

Aquí te dejo unas frases recurrentes cuando se da esa positividad tóxica, y posibles frases alternativas que sí demuestran esa empatía.

POSITIVIDAD TÓXICA EMPATÍA REAL
Todo irá bien   Salga como quieres o no, estoy aquí para ti.
Podría ser peor Sé que lo estás pasando mal, tienes derecho a sentirlo.
No te rindas Parar puede ser muy sano, y si necesitas hacerlo, está bien.
Lo superarás   Sé que ahora te sientes muy mal, y puede que no sea duradero, pero mientras pasa, estoy aquí.
Querer es poder / Puedes con todo. Desear algo mucho no asegura que pase, pero estoy orgulloso de que lo intentes.
Piensa en positivo No siempre es fácil ver lo positivo si te sientes mal.
No te preocupes, solo sé feliz Preocuparse es humano, sé que no puedes “apagar” esa emoción. Si quieres distraerte, hablar o buscar soluciones, estoy aquí.
No estés triste / No llores Es normal estar triste / Date permiso para llorar
Si los demás pueden, tú también Cada uno tiene diferentes capacidades y limitaciones. Lo importante es que lo estás intentando.

¿Qué siento cuando recibo esta positividad tóxica?

  • Invalidación, presión, frustración, culpa, autoexigencia: No todo será maravilloso, y tener la expectativa de que sí es poco realista, el sufrimiento es una parte inherente de la existencia humana y no podemos negarla. Estas emociones son lo que se considera el sufrimiento secundario, es decir el sufrimiento por tener sufrimiento.
  • Categorizar las emociones como buenas o malas: pueden ser agradables o desagradables, esto puede llevar a una polarización de los estados de ánimo, si no estoy feliz de manera intensa, estoy triste. Además, algunas personas pueden buscar emociones agradables intensas y otros algunas menos intensas (calma, paz, tranquilidad). Estas últimas tienen un gran efecto positivo neurológico y físico, y desaparecen del espectro con estas actitudes.
  • Negar las emociones desagradables no quiere decir que nos quitemos las desagradables, de hecho, varios estudios (incluso a lo largo de 10 años) han encontrado que esta evitación como estrategia se relacionaba con niveles de depresión más altos, y emociones de tristeza más intensas. Esto tiene sentido, pues la continua evitación podría contribuir a la “acumulación” de esas emociones negativas no gestionadas, provocando “explosiones” emocionales, y teniendo el efecto contrario al buscado originalmente.
  • La felicidad extrema no es realista, pero también es peligrosa:  las emociones desagradables dan mucha información importante para nuestra supervivencia como la ansiedad o el miedo, negarlas sería no tener en cuenta riesgos, por ejemplo. También da el mensaje de que podemos equiparar todas las necesidades, y esto es poco eficaz (de cara a tener prioridades): no podemos estar comprometido al 100% en todas las necesidades que tenemos, ni será posible en todas las áreas de la vida.
  • Promueve el hedonismo y el egoísmo: centrarse en la búsqueda del placer inmediato puede ser perjudicial a largo plazo (busco el bienestar rápido de la droga por evitar la abstinencia, ignorando el bienestar a largo plazo que produce el malestar inmediato que es aguantar sin consumir), además de no promover la responsabilidad social, ignorando las necesidades sociales.

¿Cómo debería acompañar o consolar a las personas que quiero?

Uno de los trabajos más complicados es acompañar a una persona que lo está pasando mal, seguramente te sientas perdido, confundido, con miedo a ser intrusivo o empeorar la situación. Te dejamos los:

  • No hace falta que sepas qué hacer. Pregúntale a esa persona cómo quiere que se le apoye, y si no lo sabe, podéis buscar y probar qué le puede ayudar.
  • Acompañar en muchas ocasiones será estar presente mientras la persona sufre, esto es muy desagradable y es normal que no siempre estemos dispuestos a hacerlo. Es importante valorar si estás en un punto emocional para poder hacerlo (y hacerlo por no sentir culpa, por responsabilidad…) y cuanto quieres hacerlo. Si decides, asegúrate de luego tener tiempo de autocuidado para ti, ya sea tu solo o con otras personas.
  • No tengas prisa en dar una respuesta: al ver a alguien que se siente mal, queremos consolar enseguida, pero tomate tu tiempo para hablar o responder, o escucha a la otra persona. Los silencios pueden dar mucha empatía y confort.
  • Si el malestar de otra persona te está afectando excesivamente, tal vez pedir ayuda a un profesional para que tú puedas a aprender a gestionar esas emociones puede ser útil.

Recordemos que no podemos quitar el malestar o vivir una vida solo feliz, ya que no existe, pero sí podemos aliviar, sí podemos aceptar el malestar como parte de la vida y de nosotros, sí podemos acompañar.

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Depresión ¿Qué siento? ¿me he roto para siempre?:

¿Qué es una depresión?

Cada vez hay menos estigma de cara a la salud mental y aunque es muy positivo poder hablar sin tapujos de problemas psicológicos, se ha trivializado mucho la palabra depresión:

Una depresión no es simplemente tristeza desencadenada por un evento desagradable vital (ya que está sería una reacción emocional totalmente adaptativa de nuestro cuerpo), por lo que no sería apropiado usarlo indistintamente con la palabra “tristeza”. Es importante que la etiqueta nos da un contexto: poder entender los síntomas, como interactúan, qué suele ocurrir en esos casos… pero…

Una persona no es una depresión: recuerda que basta que cambie un criterio de los que se han definido como parte del grupo, para no “encajar”: es fácil ponernos la etiqueta, pero no tanto quitárnosla. Por eso, la mayoría de los psicólogos trabajan con los síntomas, la personalidad y el contexto de la persona, y no con un trastorno “aplicable a todo”.

Tipos de depresión

Aunque depresión se use livianamente el término depresión, aquí nos referiremos al más común que es el episodio depresivo mayor. De hecho, afecta a cerca de un 5 % de la población mundial, y con más frecuencia a las mujeres que a los hombres. Un episodio depresivo mayor se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para ser funcional, es decir que altera la vida habitual de la persona (trabajar o estudiar, dormir, comer, socializar, etc.). Estos episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves.

Aun teniendo un episodio depresivo, existen diferentes tipos de trastornos con relación a éste: puede ser un trastorno depresivo de un solo episodio, recurrente (quiere decir que la persona ha experimentado por lo menos dos episodios) o un trastorno bipolar (es un trastorno que se caracteriza por episodios depresivos que se alternan con episodios maníacos). También existe el trastorno distímico, el cual se suele definir como depresión crónica y se caracteriza por la mayoría de la sintomatología de la depresión mayor, pero en una intensidad más leve, menos incapacitante y durante más tiempo (mínimo 2 años).

¿Cuáles son los síntomas?

El trastorno depresivo mayor es un trastorno que afecta principalmente al estado de ánimo, pero también a la forma de pensar y percibir la realidad, al organismo. Describiremos los criterios diagnósticos de la depresión mayor, pero recordemos que solo un profesional puede diagnosticar con una evaluación completa de la persona y su situación.

La persona tiene que presentar cinco o más síntomas de la siguiente lista (siendo uno de los dos primeros obligatorios para su diagnóstico), de manera diaria, y durante al menos dos semanas, afectando a su funcionamiento vital, como hemos comentado antes:

1. Un estado de ánimo triste, desanimado, desesperanzado.

2. Una pérdida de interés en casi todas las actividades habituales, especialmente evidente en las que antes sentía placer.

3. Alteraciones en el peso y/o apetito. Aunque generalmente se da una disminución del apetito y una pérdida significativa del peso, algunas personas muestran un aumento del apetito o de la ingesta de alimentos -aunque no haya apetito- y también del peso.

4. Alteraciones en el ciclo de sueño: suelen aparecer muchas dificultades para quedarse dormido y/o sueño interrumpido, o demasiado sueño (hipersomnia).

5. Alteraciones en el aspecto psicomotor: algunas personas pueden sufrir episodios de agitación, incapacidad para permanecer tranquilo, y otros un enlentecimiento psicomotor, que consiste en hablar muy pausadamente y moverse lentamente (como si uno fuera a cámara lenta).

6. Una fatiga constante o gran pérdida de energía: que cualquier tarea, por pequeña que parezca, supone un esfuerzo titánico o parece difícil o imposible de lograr. 

7. Sentimientos de inutilidad y culpa, muy intensos y desproporcionados, sobre situaciones presentes o pasadas. Se repasa lo vivido, magnificando errores, catalogando cada acto como un fracaso, poniendo atención en todas las señales negativas.

8. Dificultades para concentrarse, tomar decisiones o recordar.

9. Pueden aparecer pensamientos recurrente acerca de la muerte y/o el suicidio (exista o no un plan, se lleve a cabo o no). A pesar del miedo a morir, la persona suele estar convencida de que él y los demás estarían mejor si falleciera.

Como hemos comentado, existen otros síntomas que se suelen dar como: llanto frecuente, sentimientos de angustia y ansiedad constante, irritabilidad y explosiones emocionales,

¿Por qué o cómo aparece?

Una depresión puede desencadenarse por un evento externo de naturaleza desagradable (despido, ruptura, fallecimiento), o no tener un desencadenante claro (endógena).  En ambos casos, pueden estar implicados diferentes factores que interactúen o lo potencien, como:

  • Químicos y hormonales: puede existir una desregulación de ciertos neurotransmisores (los mensajeros químicos del cerebro) importantes como la serotonina, u hormonal, como el tiroides o como los estrógenos y progesterona (ciclos menstruales, embarazos, etc.)
  • Genéticos: puede existir una predisposición genética, pero no quiere decir que se vaya a padecer, ya que el contexto familiar puede ser similar o no, pero otras circunstancias varían.
  • Médicos: muchos trastornos orgánicos cerebrales se acompañan de depresión con una frecuencia muy alta, como el cáncer.
  • Psicosociales: vivir situaciones traumáticas o de alto estrés (un divorcio, pérdida de un ser querido, etc.) pueden facilitar un trastorno depresivo, pero además rasgos de personalidad o patrones de conducta como: una baja autoestima, apego ansioso…

En relación a esto, se han formulado muchas teorías: Según Lewinsohn, la depresión se origina en una baja frecuencia de estímulos reforzadores positivos, ya sea disponibles en el ambiente, por las características de la persona (perspectiva, habilidades sociales…). Según Seligman, se debería a un estilo de atribución interno, global y estable que se basa en la desesperanza, y que hace que, ante sucesos desagradables, la persona tienda a la depresión (indefensión aprendida). Según Beck, las personas desarrollan esquemas y estructuras cognitivas, basadas en experiencias pasadas y guardadas en la memoria, que posibilitan una visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro (la Triada Cognitiva). Estos esquemas filtran la información recibida del mundo y por tanto definen cómo la persona percibe la realidad. Según Bower, cuando una persona está en un estado concreto emocional, le resulta fácil recordar sucesos previamente asociados en el pasado con esa emoción, pudiendo reinterpretar la realidad de esa forma, amplificando el estado emocional negativo.

Tips para la recuperación

  • Trata de estar acompañado y hablar con personas de tu entorno en las que confíes, si alguno ha pasado por algo similar, es más fácil que pueda apoyarte como necesitas.
  • Haz actividades agradables, aunque sea poco tiempo, y aunque no te sientas tan bien como antes al realizarlas o creas que no vas a estar al 100%. Empezar ya es algo.
  • No espere que su estado de ánimo mejore de inmediato, sino gradualmente.
  • Pospón decidir cambios importantes (cambiar de trabajo, divorciarse, etc.), consulta con personas que te conozcan bien y tengan una visión más objetiva de la situación.
  • No esperes grandes cambios rápido, toca celebrar cada pequeño logro: intenta ponerte metas realistas para la situación en la que estás. Sentirse mejor toma tiempo.
  • Es fácil que tengas pensamientos negativos, recuerda no creértelos, aunque puedan parecer muy reales en el momento. Puedes apuntarlos en algún lugar, ya los evaluarás y cambiarás más adelante.
  • Busca ayuda profesional que pueda darte herramientas y comprensión en un espacio seguro. En Quiero Psicología podemos ayudarte si estás listo para dar el paso.
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Duelo ambiguo: estar sin estar

A lo largo de nuestra vida, experimentamos muchas pérdidas, lo que lleva a que realicemos muchos duelos: ya sea por personas o animales que han fallecido, parejas que ya no forman parte de nuestra vida o pérdidas materiales, que, aun siendo materiales, pueden significar mucho para nosotros, como mudarse de la casa familiar.

Además de lo complejo que puede ser un duelo, existe un tipo de duelo que puede ser especialmente difícil, se trata del duelo ambiguo. En este caso, la pérdida no es total, ni completamente tangible, a pesar de estar ocurriendo: se trata de una pérdida ambivalente que sucede de forma confusa, no permitiendo a la persona despedirse o asimilar el cambio de realidad. Esto puede mantener el dolor y prolongar el duelo, desgastando a la persona.

¿Qué casos podrían ser duelos ambiguos? Puede ser el caso de personas físicamente ausentes, pero presentes emocionalmente, por ejemplo, desapariciones, adopciones, migraciones o incluso divorcios. O también pueden ser casos en los que las personas siguen físicamente presentes, pero ausentes emocionalmente, como serían los casos de personas con enfermedades degenerativas como Alzheimer o demencias.

Los duelos ambiguos pueden generar:

  • Emociones de injusticia, soledad, ansiedad, rabia, incomprensión e incluso indefensión. No solo de cara a la pérdida, sino también pueden estar dirigidos hacia uno mismo por verse en esa situación o sentirse sobrepasado por estas emociones.
  • Una emoción intensa de incertidumbre y confusión, que puede aumentar los niveles de ansiedad y de estado de ánimo, provocando irritabilidad y explosiones emocionales
  • Sentimientos de bloqueo o paralización, sintiendo que no se puede retomar o avanzar, incluso culpa ante la posibilidad de hacerlo o al hacerlo.

Todo esto puede conllevar a la evitación experiencial, es decir tener conductas o hábitos (como el abuso de medicación, drogas o alcohol) para no sentir estas emociones, lo cual puede tener el efecto contrario, cronificando el duelo y complicando el proceso.

Algunas pautas que pueden ayudarte:

  • No hay formula mágica para el duelo, pero tomarse un tiempo para asimilar como ha cambiado la situación y aceptar el malestar que estás pudiendo sentir es importante. Aunque nos gustaría acelerar estos momentos para pasar a “estar bien”, es importante elaborar este duelo y pasar por todo el proceso, no hay prisa.
  • Puedes dedicarte un momento para comprobar como te vas sintiendo emocionalmente con un diario o simplemente con unos minutos de reflexión diaria, sin juzgar si lo que sientes es “normal”, lógico o malo. Sé compasivo contigo mismo. La incertidumbre es de las emociones más desagradables y difíciles de gestionar para la mayoría de las personas, que te esté costando, no quiere decir nada sobre tu valía, tu capacidad, ni sobre ti.
  • Aunque puede suponerte un gran esfuerzo, intenta cuidarte mucho en estos momentos, o puedes pedir a personas que te conozcan que te ayuden a iniciar ese autocuidado.
  • Es importante sentirse acompañado en cualquier proceso de duelo, especialmente si es ambiguo. Apóyate en personas de tu círculo cercano, con las que te sientas comprendido y acogido. No es necesario que nos den “soluciones” o que nos quiten el malestar, solo que nos acompañen.

Busca una forma que sea significativa para ti de poder despedirte de esa persona, existen muchos rituales de despedida, pero valora de qué forma te gustaría a ti o a esa persona, honrar vuestra relación y cerrar este momento de incertidumbre. A veces ese ritual puede repetirse, especialmente al principio, para cuando necesites estar en contacto con esa persona o recordarla desde el cariño y la aceptación (por ejemplo, visitar el lugar donde hiciste ese ritual).

Si no sabes si has cerrado el duelo y quieres saber síntomas que podría generarte también puedes leer nuestro anterior post aquí.

Si ves que sigues teniendo dificultad para gestionar ese duelo ambiguo o las emociones que te está generando, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

Sexualidad

¿Cuándo y cómo quiero tener sexo?

La visibilización de relaciones no normativas y de una sexualidad liberal han hecho que el aspecto físico de una relación tome protagonismo hoy en día. Esto es algo maravilloso, pero también pone el foco en un área con la que algunas personas no se sienten a gusto. Esto se potencia si te encuentras en la situación de estar iniciando una relación o conociendo a personas de forma activa: La presión de ser abierto o liberal, las ganas de complacer a tu pareja, la ansiedad o miedo que pueda crearte la idea de “perder” a esa persona, o el sentimiento de querer compensar inseguridades que puedas tener sobre ti mismo, hacen que puedas sentirte empujado a realizar actividades sexuales con las que no te sientes demasiado cómodo.

Las relaciones sexuales permiten establecer una conexión con uno mismo y/o con otra persona, explorar nuestra intimidad y disfrutar de nuestro cuerpo, así como el de la otra persona. Pueden ser una actividad muy placentera y bastante reveladora: El sexo nos puede hacer producir grandes cantidades de hormonas, como dopamina, noradrenalina, serotonina y oxitocina, que actúan sobre los sistemas del cerebro relacionados con el placer, la excitación, la sensación de bienestar, incrementando la complicidad, afecto y confianza con la pareja. Sin embargo, no todas las personas o las relaciones sexuales son igual: es importante que tengamos en cuenta las emociones que sentimos de cara a esa intimidad, ya sea antes, durante o después.

Desde aquí, te daremos unas recomendaciones para poder evitar que la situación se complique.

1. Escanea tu cuerpo para observar si tienes algún tipo de emoción o sensación física que pueda ser desagradable al pensar en tener intimidad con una persona.

2. Si estas sensaciones son muy intensas, intenta gestionarlas antes de decidirte a hacer nada con nadie. Puedes probar a verbalizarlo y compartirlo con alguna persona de confianza. Es probable que lo que estés sintiendo sea algo que los demás hayan podido experimentar o que al menos puedan empatizar. También puedes aprender a gestionarlo con un profesional.

3. Si no estás preparado para hacer nada, comunícalo a la persona con la que estás pensando tener intimidad. Ya sea establecer tu límite o compartir lo que sea que estés sintiendo, puede ser útil para que la otra persona te entienda y un alivio para ti. Tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no es algo de lo que avergonzarse, ni algo que tengas que ocultar. Pero puedes compartirlo, si así lo deseas o si sientes que tienes suficiente confianza con esa persona, o vas a sentirte respetada por ella. Si esa persona no buscar entenderte o respeta tus límites, entonces tal vez no es la persona con la que quieras tener intimidad (si no te respeta antes, es muy probable que no lo haga durante).

4. Si sigues teniendo algunas dudas, puedes establecer una lista de conductas o hablar de forma más informal con esa persona sobre las actividades que te gustan o que te disgustan, así como aspectos más globales (hay personas más sexuales que otras o con otro ritmos). No todos somos iguales, ni tenemos los mismos gustos, entonces es importante comunicarse (Especialmente si es una persona que estamos conociendo todavía): De hecho, es algo que es muy importante que podamos hacer antes, pero también durante el sexo, comunicar que nos gusta y cómo nos gusta. Si esto ocurre antes de las relaciones sexuales, puede ser una buena forma de excitar o iniciar los preliminares. Pero también durante, ya que se puede convertir en un juego erótico o Un momento de exploración compartido con otra persona. Recuerda que puedes parar y cambiar de opinión EN CUALQUIER MOMENTO.

5. Otro aspecto a vigilar es que las relaciones sexuales sean la única forma en la que te sientas seguro en tu relación con una persona: sentir la necesidad de mantenerlas, para evitar sentirte inseguro, te reduce a un cuerpo y minimiza lo que eres. Eres más que tu cuerpo, y es importante que puedas sentirte a gusto en otros aspectos de tu relación (si es lo que quieres).

Si ves que tu sexualidad te está creando malestar, estaremos encantadas de ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.