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¿A quién llamamos «gilipollas»?

¿Qué queremos decir cuando decimos «este tipo es gilipollas»?

Pues hablando en términos más clínicos y «finos» probablemente es que nos hayamos encontrado con una personalidad desadaptada, si no, incluso puede ser que con un trastorno de personalidad.

¿Por qué?

Verás, cuando nos encontramos con una persona que etiquetamos como «estúpida, gilipollas, egoísta» es que probablemente hace varias cosas de esta lista:

-No ve al otro, es egoísta.

-No tiene flexibilidad para entender otros puntos de vista.

-Tampoco herramientas para intentar empatizar.

-Le gusta tanto su drama que sólo acapara el espacio con su propia historia.

-Es tan rígido que no se adapta a nada, quiere que todo sea como él o ella piensan que debe ser, no tolera que sea de otra manera.

-Has llegado a pensar que no entiende el mundo que le rodea, vamos, que vive tanto en su propia realidad que no entiende cómo funciona de verdad el mundo.

¿Has visto a alguien en esta descripción?

Todo lo que he puesto son características de una personalidad desadaptada ¿y qué es eso? pues te lo explico:

Todos nacemos con un temperamento, es decir, si de bebés somos más tranquilos, más llorones, más activos, más pasivos, etc. Por eso los padres te dirán que «es que este niño ya era nervioso hasta de bebé».

Pero lo más importante es cómo nuestra educación, padres, profesores, etc nos van modulando y las herramientas que aprendemos a utilizar para relacionarnos con los demás (que dependerán de cómo sean las personas que me han rodeado al crecer) y a estas herramientas, que se «solidifican» en lo que llamamos personalidad sobre los 16-18. Un ejemplo: si has aprendido que te prestan muchísima atención y cariño cuando sacas buenas notas probablemente has tendido a ser el más estudioso, el que mejor lo hacía, etc (incluso si no te prestaban especial atención pero esto sí que te grabaron «que lo tenías que hacer» o te castigaron horrible cuando fallabas).

Si tus padres o el entorno ha sido medianamente «sano» (que no perfecto) tus rasgos de personalidad se «adaptaran» al mundo que te rodea, por ejemplo puedes tender a ser cabezota pero sí saber ver otros puntos de vista, o puedes tender a ser un poco más dramático pero bajas tu drama cuando es necesario ayudar a quien quieres.

¿Qué pasa si el entorno no fue sano o esa persona tuvo muchos traumas?

Pues que los rasgos de personalidad se exagerarán, serán tan fuertes, rígidos e inflexibles, que ya sólo vivirás pensando que ese mundo que tienes en la cabeza es el real y verdadero. Por ejemplo, no sabrás bajar tu drama y te parecerá que lo tuyo siempre siempre (da igual la situación o la urgencia es más importante) es lo central, o te parecerá que todo el mundo viene a engañarte todo el tiempo (aunque no sea así), etc.

Para que sepas distinguir un poco estos rasgos te pongo en nivel super resumido los distintos que hay, cuidado, esto es una cuestión de nivel, es decir, cuánto del rasgo tengo, puedo tener una tendencia (y ser medianamente sano), o puedo ya tener una personalidad desadaptada, o en su extremo el trastorno de personalidad:

El obsesivo:

Tienden a ser más rígidos, tienen ideas muy fuertes de cómo deberían ser las cosas y siempre quieren tener la razón, se planifican con detalle, se hacen listas y les gusta el orden y la limpieza, lo suyo es la productividad, quieren que todo sea efectivo. Se les definirá como los cabezotas.

El codependiente o cuidador:

No se preocupa de sí mismo porque vive de cara a los demás, cuidándolos o estando todo el tiempo pendiente de lo que necesitaría el otro. Pueden llegar a ser totalmente controladores y estar todo el tiempo encima diciéndote cómo debes hacer las cosas o incluso anticipándose a tus necesidades sin que se lo hayas pedido y te hagan sentir culpable por ello.

El paranoico:

Esto es lo mismo que desconfiado. Siempre está pendiente de los demás porque cree que le van a engañar, que le van a hacer daño o que las gente que se acerca lo hace para aprovecharse. Tiende a aislarse. Su frase favorita es: «mira lo que me ha dicho fulanita…»

El esquizoide:

Es que «va a su bola», «si le pinchas no sangra». Son personas excesivamente independientes, sólo les importa lo que ellos quieran en ese momento, no por egoísmo maligno sino porque como su emoción no es intensa (es mucho menos intensa que la media) pues no les duelen igual las cosas. Por ejemplo pueden crear lazos contigo y destruirlos sin parpadear y sin entender por qué te duele tanto. Se les ve como magníficos porque no necesitan a nadie pero en realidad no crean vínculos reales. Podría ser la típica persona que juega a videojuegos todo el día o hace actividades muy solitarias.

El narcisista:

Este es casi unos de los perfiles a los que más identificaremos como «gilipollas». Es el egoísmo puro, se tienen en muy alta estima, son creídos y arrogantes, creen que sólo por el hecho de ser ellos tienes que hacerles caso y atenderles. En la exageración del rasgos ya serán psicópatas y disfrutarán haciendo daño. Suelen ocupar puestos de poder en empresas, política, etc.

El histriónico:

Como bien dice la propia palabra lo que quieren es llamar la atención, quieren ser el centro, se pueden considerar «especiales» y suelen tener un aspecto muy exagerado, por ejemplo muchos maquillaje, ropa de colores fuertes o un «rollo» muy definido, por ejemplo ser una persona iluminada y espiritual (y sentirse super especial por ello) o una gurú de youtube, etc. Su especialidad suele ser relacionarse con los demás por la sexualidad, seduciendo. Suelen un poco «fantasmas».

El límite:

Eso es lo que hemos llamado en términos coloquiales el «bipolar» (que bipolar no es esto, pero así lo decidió el lenguaje coloquial). Lo mismo hoy te quieren que mañana te odian, lo mismo hoy tienen una autoestima maravillosa que mañana se han hundido, lo mismo eres su super amiga que mañana tienen un enfado fortísimo por cualquier tontería y te han bloqueado de todas las redes. Son lo impredecible. Vives a su lado como si caminaras sobre ascuas sin saber cuándo te vas a quemar.

Ten en cuenta que todos estos rasgos pueden combinarse entre sí, por ejemplo puedes ser bastante obsesivo y un poco paranoico, u obsesivo y cuidador, etc. No son excluyentes, los rasgos son herramientas que hemos cogido para adaptarnos a las personas que nos rodeaban y por lo tanto podemos tener muchas.

¿Has visto a alguna persona que te rodea y que te está haciendo la vida imposible?¿Querrías saber cómo manejarla?¿te has reconocido a ti mismo? Pues acude a nosotras. En Quiero Psicología somos expertas en estos temas.

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Estilos de apego: los nuevos horóscopos

La divulgación científica es cada vez más prolija y accesible gracias a las redes sociales. Así como en estos últimos años, más desde la pandemia COVID-20, la salud mental acapara la atención de una sociedad, cada vez más ocupada en conocerse y cuidarse.

Nos encontramos a menudo que para llegar a esa parte de la población y engancharla en contenido teórico psicológico, se están recurriendo a ejercicios muy similares a los utilizados por los horóscopos.

¿Os suena el EFECTO FORER (Te lo explicamos aquí)? Consiste en identificarse con una descripción genérica, ambigua, inespecífica y que por ende podría ajustarse a la mayoría de la población. Si damos enunciados vagos, coherentes con la mayoría de circunstancias y contenido inespecífico, es muy probable que la gran mayoría de nosotros nos atribuyamos la descripción y estemos de acuerdo con ello.

Pero es que mi horóscopo me describe perfectamente: “Claro que sí Wapi”, pero esto ocurre como consecuencia del efecto de la PROFECIA AUTOCUMPLIDA. Esto se da cuando una predicción, nos genera una expectativa y adaptamos nuestro comportamiento para cumplir esa expectativa, por consiguiente, la probabilidad de que esa predicción se cumple aumenta. Esto va a reforzar que demos por válida la fuente desde donde se nos anuncio esa predicción.

Con los ESTILOS DE APEGO, venimos observado que esta sucediendo un proceso similar al explicado. Cuando leemos:

Apego seguro:

  • Afronta los conflictos
  • Expresa sus sentimientos y necesidades
  • Disfruta del tiempo en pareja y del tiempo sin ella
  • Crea relaciones de independencia

Apego evitativo:

  • Evita los conflictos
  • No suele expresar lo que piensa o siente
  • Valora más el tiempo propio que el tiempo en pareja
  • Miedo o dificultades ante el compromiso

Apego ansioso:

  • Vive los conflictos con mucha angustia
  • Antepone las necesidades de las demás personas a las suyas
  • Compartir todo el tiempo en pareja se vuelve su prioridad
  • Suele crear relaciones de dependencia
  • Teme de forma excesiva el abandono

Apego Desorganizado

  • Vive los conflictos de forma dramática e histriónica
  • Desconfía de las personas que le rodean
  • Teme vincularse con otres por miedo a salir heride o defraudade
  • Sus relaciones se caracterizan por la inestabilidad
  • Ambivalencia, temor al abandono, pero incapacidad para intimar.

Verdad que leyendo esto, ¿os habéis reconocide en algún estilo de apego, o habéis identificade a alguna de las personas con las que creáis vínculos?.

Primero, el ESTILO DE APEGO hace referencia al vínculo afectivo que se establece entre niñe y cuidadore. Esto repercute en el desarrollo de nuestro cerebro, condiciona nuestro sistema nervioso autónomo y desarrolla la manera en que nos vemos a nosotres mismes, a otres y al mundo.

Lo reseñable, si llegais hasta aquí, es que aceptar esto sin un análisis y reflexión, os haría aceptar los estilos de apego, al igual que aceptamos nuestro signo del zodiaco. Entonces, que hago si me interesa conocer cual es mi estilo de apego y como eso influye en mis relaciones.

Acude y conversa con tu psicóloga/o/e de confianza, desde el acompañamiento, podrás reconocer y romper patrones de relaciones que no deseas repetir. Con ello estarás trabajando en el cambio sobre la forma en que vinculamos.

Puedes empezar por abordar tus propias necesidades, priorizar el autocuidado, marcar límites. Puede parecer que creencias profundas sean difícilmente modificables, pero todo lo que se aprende es susceptible de desaprenderse.

Acude a nosotras si buscas una relación sana que se base en:

  • Autonomía emocional
  • Saber poner límites
  • Saber comunicar necesidades
  • Desarrollo de una sana autoestima y confianza en une misme
  • En caso de ruptura saber seguir adelante, generar nuevos vínculos
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Comunicación en pareja: hábitos saludables que podrías instaurar en tu pareja.

¿Por qué es importante la comunicación en una pareja?

Una buena comunicación es importante en cualquier relación, ya sea laboral, familiar o afectivo-sexual, pero es más fácil que surjan más emociones o complicaciones en este último área, ya que suelen ser relaciones que se convierten en una gran parte de nuestra vida (todavía más si convivimos con esa persona o tenemos responsabilidades en común como hijos, animales, hipotecas, etc.)

No importa el punto temporal de la relación (os estéis conociendo o ya llevéis un tiempo) o el tipo de relación (monógama, poliamorosa, etc.) en el que te encuentres, la comunicación abre un canal entre dos personas que permite ajustar expectativas, resolver desacuerdos y construir una base sólida para la relación. En especial, si estás empezado, sentar un buen precedente de comunicación ayuda a que el resto de la relación se gestione de la mejor manera posible, y minimiza malentendidos; y si estás en una relación poliamorosa, la comunicación es esencial para manejar las emociones y circunstancias tan complejas, al haber más personas involucradas.

Una mala comunicación puede fomentar:

  • Malentendidos, estresores y situaciones más complejas
  • Sentimientos de estrés, confusión, decepción o frustración, que pueden ser muy intensos y recurrentes, ya que es fácil que se magnifiquen con cada pequeña situación desagradable que pueda darse de forma natural, al adoptar una posición defensiva.
  • Sentimientos de incomprensión, soledad o baja autoestima, que interfieran con otras áreas (trabajo, vida social…), aumenten la sensación de indefensión, desesperanza e incapacidad de cara a resolver problemas en todas las áreas y disminuyan la expresión de emociones, deseos y opiniones propios.
  • Sentimientos de ira, rechazo, desconfianza, que favorecen las dudas sobre la relación, intolerancia al malestar del otro y actitudes defensivas.
  • Una distancia emocional y física, debido a los eventos y emociones anteriores, que hacen menos atractivo el tiempo, proyectos y entorno que en común con la pareja. A su vez, esto retroalimenta esas emociones desagradables y dificulta que se pueda reparar o mejorar la comunicación, y puede llevar a una independencia total (vidas paralelas).

Obstáculos en la buena comunicación

Tener una conversación en la que la comunicación sea clara y sincera es más complicado de lo que parece, y especialmente si se tratan de temas delicados o que nos tocan emocionalmente. A continuación, os dejamos algunas situaciones o conductas que dificultan la comunicación:

  • Objetivos contradictorios, ver a la otra persona como un enemigo o rival, y momentos o lugares inadecuados
  • Cambiar de contenido constantemente o hablar de forma vaga y ambigua, el alejamiento temporal (hablar en exceso del pasado o de un futuro hipotético), o la expresión desconectada (mencionar ejemplos irrelevantes o situaciones hipotéticas),
  • Un escaso lenguaje positivo o excesivo lenguaje negativo sobre o hacia el otro
  • Una comunicación de una de las personas excesiva o escasa (en el discurso y en la velocidad de respuesta), ignorar, no escuchar o interrumpir a la otra persona
  • Excesivas generalizaciones y afirmaciones radicales (como todo o nada)
  • Interpretaciones erróneas (asumir que sabes cómo el otro se siente o piensa, o al revés)
  • Estados emocionales muy intensos.
  • El uso de sarcasmo o ironías para ridiculizar a la otra persona,
  • Insultos, acusaciones o amenazas, y responder a quejas con otras quejas.

Algunos consejos saludables para mejorar la comunicación

  • Elige bien el momento y lugar para hablar, centraros en el tema elegido, con información tan específica como puedas, y en el marco temporal que le pertenece (si es presente, no ir al pasado o futuro).
  • Para la conversación cuando los estados emocionales sean muy intensos (se va a hablar del tema, pero no es muy adecuado hacerlo con mucha ira, ansiedad…).
  • Escucha activa y empatía: como si fueran a hacerte un examen de comprensión, asiente, asimila, empatiza y busca ponerte en el lugar de la otra persona. Intenta turnaros para hablar, para no interrumpir.
  • Acepta críticas y haz peticiones: Sois un equipo frente a una situación, tu pareja no es tu rival, por lo que no estás “perdiendo” al llegar a un acuerdo o aceptar parcialmente las críticas (no somos perfectos y no hay nada malo en admitirlo).
  • Expresa tus deseos y necesidades: tu pareja puede conocerte muy bien, pero no te lee la mente, es importante ser claro y sincero con lo que uno quiere o necesita (y al revés, poder preguntar). Si no lo tienes claro, puedes decirlo o pedir tiempo para averiguarlo.
  • Habla desde tus sentimientos (frases “YO me siento” “ME gustaría”) y haciendo referencia a situaciones o conductas específicas, por ejemplo, decir “cuando dices que quieres hacer eso, no me siento valorado” en vez de “eres un egoísta por exigirme esto”. Intenta no atacar ni acusar, ni asignar etiquetas, ni “deberías”, ni generalizaciones (“siempre”, “nunca”)

Intenta equilibrar las conversaciones más complicadas, hablando de aspectos positivos de la relación o de la persona, así como con momentos agradables.

Y si no puedes seguir estos consejos o te resulta muy difícil ya sabes que en Quiero Psicología podemos ayudarte.

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¿Podría estar cerca de un psicópata?

Seguro que, si pensamos en la palabra “psicópata”, a la mayoría de nosotras se nos viene a la cabeza la imagen del típico asesino en serie que mata por placer, no tiene empatía, utiliza a los demás en su propio beneficio, mentiroso, manipulador… cualquier asesino propio de una película de Hollywood.

Sin embargo, de acuerdo con los expertos, no todas las personas con la etiqueta de psicópatas son delincuentes ni comete delitos, o al menos no de sangre. La mayoría están integrados en la sociedad, tienen casa, familia y un buen trabajo y eso hace que sea muy complicado que lleguen a ser diagnosticados en algún momento de su vida.

Esto es lo que se conoce como psicópatas subclínicos o integrados. La diferencia entre éstos y los que salen en las películas, es la comisión de un delito penal, pero ambos tipos, tienen las mismas características emocionales y de personalidad.

Se estima que en España hay entre un 2% y un 3% de psicópatas “puros” y entre un 10% y un 12% de psicópatas “integrados”.

¿Como podemos definir a un psicópata?

Aunque existen varios tipos de personalidades psicopáticas, también existen una serie de características comunes a la mayoría de ellos: incapacidad para desarrollar relaciones afectivas reales y profundas, falta de empatía e indiferencia hacia los sentimientos ajenos.

También se caracterizan por utilizar de los a los demás en su propio beneficio, ausencia de culpa y sentido de la responsabilidad y baja intensidad de la mayor parte de sus emociones, a excepción de la ira, las demás son utilizadas estratégicamente, no son reales. Además, suelen ser personas arrogantes, egocéntricas, seductoras, mentirosas y manipuladoras.  

Se han realizado diversos estudios que sitúan a la mayoría de los psicópatas integrados en ciertas profesiones: el primer puesto lo ocupan los CEO o máximos responsables de las empresas, seguidos por abogados, trabajadores de los medios de comunicación, comerciales y cirujanos.

Seguro que llegadas a este punto pensaríamos que somos capaces de identificar perfectamente si nos estamos fijando (de manera afectiva-sexual) en una persona con este tipo de rasgos. Pero la mala noticia es que no es algo que se vea tan fácilmente a simple vista, ya que suelen ser personas encantadoras, podrían encajar en el papel del “príncipe azul”. Hablo de príncipe y no de princesa porque se observa una diferencia significativa de la prevalencia de la psicopatía entre hombres (7,9%) y mujeres (2,9%).

Aun así, hay ciertas señales de alarma que pueden ayudarte a dar el paso de pedir ayuda o poner fin a la relación.

  • Es halagador como nunca nadie lo había sido. “Eres maravillosa, nunca había conocido a nadie como tú, tu eres diferente a las demás…”
  • Es como tú. Aquí podemos poner cualquier ejemplo de Joe el protagonista de la serie de You (claro ejemplo de una persona psicópata).
  • Siempre te culpa a ti de sus errores “es que me has provocado, me has puesto de los nervios, mira lo que me haces hacer…”
  • Minimiza o ridiculiza lo que tu sientes “No es para tanto, eres una exagerada, no se te puede decir nada.”
  • Te hace luz de gas “Eso no ha sido asi” (aunque lo hayas visto con tus propios ojos), “eso ha sido interpretación tuya”, “seguro que lo has soñado y lo confundes con la realidad”.
  • Sus relaciones son muy superficiales o directamente o existen. Siempre se portan muy mal con él, pero el no hace nada para que la relación se termine.
  • Actúa sin pensar, es impulsivo, su primera reacción es atacar, hacerse la víctima.

Si este tipo de comportamientos se repiten una y otra vez, quizás no podamos asegurar que estamos quedando con un psicópata, pero sin duda, lo mejor es salir corriendo.

Si sientes que tu pareja podría identificarse con estos comportamientos, si sientes que no puedes salir de esta relación, que tu autoestima es mucho más baja que antes, desde Quiero psicología podemos ayudarte.

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Lo duro de ir a terapia

Mucha gente llega a terapia con una idea errónea de lo que es el cambio, de lo que es adquirir herramientas emocionales para tener más recursos.

En general, se cree que el cambio será todo coser y cantar. El paciente viene a terapia pensando: este síntoma tan molesto que tengo me lo quitan y ya está.

Error. El síntoma no se quita. El síntoma se interpreta lo que significa, lo que está expresando para poder saber de dónde viene: si es que te cuesta decir que no, si es que tienes miedo a las personas de autoridad, si es que tu autoestima está dañada, si es que pasaste por una pareja tóxica y un largo etcétera.

El paciente se sorprende al descubrir que la causa estaba en otro sitio. Algunos en este proceso abandonan porque quieren quitarse el síntoma molesto pero no “remover la mierda”. Muchos perfiles evitativos huirán.

Pero, oh sorpresa, para mejorar el dolor no se puede rodear. El dolor se atraviesa. Sólo de esta manera saldrás del otro lado sintiéndote más fuerte y mejor.

Ahora, si eres tan valiente como para seguir trabajando en ello (o ya lo has sido), enhorabuena, pero ahora entrarás (o habrás entrado ya) en un camino que a ratos se puede hacer muy duro.

¿Qué tiene «malo» ir a terapia?

Un tabú del que no se habla es de lo que te espera ahora. Si haces una terapia profunda y completa adquirir esas herramientas emocionales te hará más sabio o sabia, hará que identifiques lo que te hace daño, tus traumas, tu forma de querer y la forma en la que te han querido pero también te hará ver el mundo de una forma que hasta ahora no lo has contemplado. Y eso no siempre se va a sentir como fácil.

Te relato aquí alguna de las cosas más clásicas que puedes o has podido experimentar:

  1. Ves más claro a las personas que te rodean, para lo bueno y para lo malo. Te darás cuenta de que alguna (o mucha) de la gente que te rodea es tóxica, manipuladora o simplemente sin ningún recurso emocional y te pondrá en la duda de cortar, cambiar o alejarte de relaciones. Spoiler: lo harás. Y dependiendo de la relación puede ser muy costoso emocionalmente, habrá momentos donde preferirás no haberlo visto. Pero al final nunca te arrepentirás, quizá conserves menos personas en tu vida, pero éstas no te harán sentir solo, no te criticarán y hundirán tu autoestima.
  2. Ves el mundo mucho más claro: cuando de repente aprendes sobre tipos de apego, formas de manipulación, características tóxicas, tipos de personalidad, etc, te das cuenta mucho más rápido y mejor de quién hace qué y porqué. Sin embargo: la gente de tu entorno no lo hará. Muchos te negarán esa realidad que ahora ves, la minimizarán, te dirán “ya conoces a fulanito”, “te tomas todo muy a pecho” o “es que es tu madre”. Esto te puede hacer sentir solo o ignorado. Te encuentras en un mundo de repente, que, de nuevo, tampoco te arrepentirás al final haber descubierto, pero sé consciente de que lo verá menos gente, porque sólo lo ve la gente que ha trabajado en ellos mismos, en asumirse y conocerse. Y esto no abunda tanto.
  3. Te darás cuenta de tu historia vital: probablemente descubrirás traumas (porque todos tenemos) sobre ti, tu familia, amigos y parejas y esto provocará que pases épocas en duelo, triste o enfadado. Es necesario cambiar la historia errónea que te habías contado, es necesario quitarte culpas que nunca debiste tener, responsabilizar a los otros de lo que te hicieron y otras cosas te harán verte a ti mismo de una manera distinta. Cuando avances verás cómo tu autoestima crece, cómo atraviesas esos dolores, pero no siempre será todo sencillo.

¿Merece la pena hacer terapia?

Con esto quiero decir que todo el que se somete a un proceso de terapia se verá reforzado, mejorará y sentirá que cambia su vida, pero no es todo un camino de rosas. Por eso es de admirar a todos aquellos pacientes que se someten a estos procesos de cambio, algunos de ellos lo hacen pensando que son débiles porque tienen ansiedad o están deprimidos o les agobia los exámenes. Pero nada más lejos de la realidad, todo lo contrario: es mucho más valiente intentar mejorar todos los días y enfrentarse a lo que nos duele que quedarse en el mismo sitio sin hacer nada.

Si has elegido empezar (o ya llevas tiempo en un proceso de terapia) sólo puedo decirte que estés orgulloso de ti, que todo ese dolor que ahora sientes se disipará. Atraviésalo, que del otro lado te espera algo mejor.

Y si no, y quieres empezarlo, en Quiero Psicología te estamos esperando.

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Familia ¿feliz?

Ya llegó la navidad y con ella esos mensajes de que todos deberíamos estar felices, porque te reencuentras con los tuyos, porque todo son sonrisas y regalos (no hay más que ver cualquier anuncio de turrones). De esta imposición de la felicidad (llamado efecto Mr. Wonderful) hablamos justo en el post pasado (puedes leerlo aquí).

Pero hoy te vengo a traer otro mensaje importante ¿por qué a lo mejor a mi no me hace feliz para nada ver a mi familia? ¿soy un mal hijo/hermano?¿soy un desagradecido?¿me tengo que sentir culpable por no disfrutarlo?.

¿Por qué no me hace feliz ver a mi familia?

Tienes que preguntarte si de verdad tu familia es sana, si te sientes escuchado, recogido y acogido. No disfrutamos de un vínculo sólo porque nos lo impongan, disfrutamos de él cuando tenemos verdadera conexión, cuando nos respetan tal y como somos.

Si no te hace feliz ver a tu familia tendrías que preguntarte si te sientes juzgado por ellos, si sientes presión de algún tipo para lograr cosas, y sobre todo si te hacen sentir insuficiente, que nada de lo que haces llega de verdad a merecer la pena. Si esto es así, te pongas como te pongas, en el fondo, incluso aunque finjas, no te hará feliz verlos, es más, probablemente no tengas ganas, y también con mucha probabilidad, los veas o pases estas fiestas con ellos por compromiso.

Pero entonces ¿por qué me empeño en ir con ellos aunque me siente mal?

Hay varias razones para esto, y son muy profundas, tanto por motivos culturales como por nuestra biología estamos programados para acercarnos a nuestros cuidadores primeros, a nuestra familia. Os pondré algunas de las más importantes:

«Porque es que es tu padre /madre».

Esta frase está en el ranking de las más escuchadas cuando un hijo quiere desligarse de algún modo de sus padres o está expresando su malestar con ellos. Parece la «cosa» definitoria por la que sin más, debes aguantarlo todo y olvidarte de todo tu dolor. Esta es la cultura actuando, los miles de mensajes que nos han llegado de los padres como figura omnipotente y omnipresente. No se puede destruir ni desligar, en nuestra cultura «los padres» tienen un poder ilimitado, pueden hacerte muchísimo daño pero todo se arregla con un «es que son tus padres».

No se les exige una responsabilidad afectiva, que te tengan en cuenta, que respeten como eres. De hecho, se suele decir que «ellos saben más que tú» por lo que tu relación con ellos se ha quedado relegada muchas veces a un «ver, oír y callar». Se parece a cuando hace 30 años una mujer no podía ni opinar porque tenía que obedecer a su marido, y siempre tenía que permanecer al lado de él acatando órdenes.

Ahora esto nos parece absurdo pero ese «acata o siéntete mal» sí que sigue vigente con los padres y nos seguimos empeñando en que funciona así. Reproduzco aquí la conversación con un paciente:

-¿Por qué cuando voy al pueblo nunca me apetece ver a mi padre? debería apetecerme, es mi padre.

-¿Tu padre te hace sentir bien?

-Uy no, según le veo empiezan las críticas inagotables sobre cualquier cosa, mi trabajo, mi pelo, mi casa, etc.

-¿Si esto te lo hiciera un amigo seguirías siendo amigo de él?

-Por supuesto que no-. Me dijo sin dudar. Se quedó pensativo unos segundos y dijo: vale, lo entiendo.

Es hora de cambiar esto y de pedir responsabilidad afectiva a nuestras figuras paternas, no reproduzcas esta frase ni le pidas obediencia ciega a un niño, no censures cuando alguien te expresa el malestar con su familia. Entiende que todas las relaciones puedes ser buenas o malas y con la familia también es legítimo sentirse mal.

El sistema biológico de aproximación y defensa.

Desde que venimos al mundo estamos biológicamente programados con lo que se llama el sistema de aproximación y defensa. Explicado de la forma más básica: el de aproximación debe decirnos lo que nos viene bien para acercarnos a eso y el de defensa lo utilizamos para defendernos o alejarnos de las cosas que nos vienen mal.

Explicado así suena sencillo ¿no? si un cactus me pincha no me acerco más al cactus. Si tengo frío y me tapo y se me pasa tenderé a taparme otra vez cuando tenga frío. Me alejo o me aproximo /repito.

Peeeero esto no es tan sencillo cuando hablamos de relaciones. La primera relación para la que venimos preparados a apegarnos, dar igual cómo, es la de nuestros padres (o cuidadores primeros). Lo que nos dice nuestro cuerpo es: «asegúrate de vincularte a estas personas y que te quieran o te abandonarán en el bosque y morirás». Aunque sea irracional, eso es lo que nos dice nuestro cuerpo así que nos ponemos manos a la obra.

Esto, tendrá unas consecuencias enormes en tu personalidad, autoestima, traumas, relaciones, etc. Vamos, en toda tu vida ¿por qué? porque da igual cómo sean mis padres, si son buenos o malos, si atienden tus necesidades o no, o incluso si te las castigan. Tienes que seguir ahí haciendo méritos para que te quieran.

Siempre pongo el mismo ejemplo horrible: «Si tu padre te viola desde los 4 a los 11 ¿tú pensarás que tu padre es un señor terrible o que lo que sientes tú es lo equivocado porque no te sientes bien?» Exacto. La segunda opción. Te sentirás tú el problema, pensarás «si mi padre es bueno y eso que me hace me dice que está bien ¿por qué me siento mal?». Pues así con todo. Pongo siempre este ejemplo tan gore porque se ve muy bien pero se podría aplicar a cosas como: Si mi madre me dice que no es normal que me gusten los dibujos violentos debo ser yo el raro, si mi padre dice que soy un desastre porque no me gustan las matemáticas pues debe ser que lo soy, si me piden que saque buenas notas y no lo hago seré mal hijo o tonto, etc.

Así se moldean muchas de las futuras losas que luego cuando crezcas tendrás que limpiar de culpa, resignificarte y re-narrarte para poder mejorar tu autoestima. Pero el sistema de aproximación, si no los desmontas, seguirá funcionando y aproximándote a esas figuras paternas, tengas 4 años o 43. Y te llevará por ejemplo a ir a una fiesta familiar en navidad donde a lo mejor acabas llorando o destrozado. Y después te preguntarás «¿si es que ya sé que son así para qué voy?».

Si te ocurre esto y crees que necesitas abordarlo en Quiero Psicología estamos listas para recibirte y afrontar contigo estas contradicciones.

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¿Tengo un TCA?

Los problemas psicológicos han ido aumentando en los últimos años, sobre todo, entre las más jóvenes. Después de la pandemia, las consultas psicológicas se han llenado de personas buscando ayuda, y el motivo de consulta que se repite es: TCA (Trastorno de la conducta alimentaria).

¿Qué es un TCA?

Los TCA, son trastornos psicológicos graves, que conlleva alteraciones de todo (o casi todo) lo relativo a la alimentación y lo que eso implica. Existen muchos tipos de TCA, sin embargo, los que más podemos ver en consulta psicológica son principalmente:

  • Anorexia nerviosa: Se rechazan sistemáticamente alimentos.
  • Bulimia nerviosa: Es la ingesta excesiva de alimentos en un periodo corto de tiempo. Esto se une a una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo cual le puede llevar a utilizar métodos para controlar el aumento de peso como inducirse el vómito.
  • Trastorno por atracón: La persona come generalmente una cantidad de comida mucho mayor de lo normal, todo al mismo tiempo. Se siente fuera de control durante estos atracones.
  • Vigorexia: Trastorno del comportamiento que se caracteriza por la obsesión de conseguir un cuerpo musculoso.
  • Ortorexia: Obsesión por controlar la calidad de los alimentos que se consumen, es decir la obsesión por comer totalmente sano.

¿Cuál es el origen de un TCA?

A pesar de sus diferencias, (sobre todo en la forma, más que en la función) también tienen características en común, y una de ellas es la insatisfacción corporal, que podemos definir como la discrepancia entre la imagen corporal que percibimos de nosotras mismas y la imagen corporal que consideramos ideal.

Esto se debe a muchos factores, pero uno de ellos es claramente el canon de belleza que nos han transmitido los medios de comunicación y que no es más que un estereotipo que nos empuja hacia la idealización de una belleza que parece ficticia en la gran mayoría de las veces, y no representa una vida saludable en la gran mayoría de sus casos.

En la década donde muchas de nosotras crecimos, nuestras figuras de referencia eran mujeres adultas (o adolescentes) con cuerpos esbeltos, normativos, proporcionados y algunos excesivamente delgados. Con esto no queremos decir que algunas de estas mujeres no tuvieran una constitución delgada y no tuviesen que hacer grandes esfuerzos, seguro que sí, sin embargo, sabemos que no es lo más habitual.

Actualmente los cánones han cambiado y aunque sabemos que la presión por tener un cuerpo normativo y encajar en los cánones de belleza, ha recaído mucho más en las mujeres y que además el normopeso y el sobrepeso se normaliza más en cuerpos masculinos, ellos no están exentos de este tipo de problemas, ya que el sistema se encarga de que todos caigamos en las mismas trampas.

Actualmente tenemos mucha más información sobre la anorexia o la bulimia nerviosa y podemos identificar como algo negativo o perjudicial el hecho de dejar de comer, de restringir una gran cantidad de alimentos o de llevar a cabo conductas purgativas como pueden ser los vómitos o laxantes, sin embargo, otras conductas que pueden ser igual de problemáticas están siendo aceptadas socialmente.

Por ejemplo, la practica excesiva de ejercicio, con el objetivo de ganar masa muscular en ellos y de tonificar y perder grasa corporal en ellas y el seguimiento de dietas pautadas por un entrenador personal (en el mejor de los casos), que nada tienen que ver con llevar un estilo de alimentación saludable, como la dieta keto, o la dieta depurativa entre otras. O el famoso estilo de vida “realfooding”, que promueve una alimentación basada en alimentos reales, mínimamente procesados, evitando o reduciendo lo máximo posible los ultraprocesados. Parece que a priori no tiene nada de malo, sin embargo, no siempre disponemos de tiempo para cocinar y para no consumir mas de un 10% de ultraprocesados que parece que se nos permite. Y es entonces cuando nos sentimos culpables por no seguir estas reglas (que no dejan de ser restrictivas), al igual que ocurre con otro tipo de dieta, y quizás esta culpa, tenga que mitigarse con algo relacionado con la comida, porque no tenemos otro tipo de estrategias de afrontamiento.

Visto así, parece que hay muchos comportamientos normalizados que pueden preceder a un TCA, sin embargo, lo que para una persona puede ser un disparador, para otra, con otro contexto y otras variables personales, puede no serlo. Sin embargo, puede haber una serie de conductas que nos den una pista sobre como esta siendo nuestra relación con la comida y con el cuerpo.

¿Podría estar haciendo conductas «peligrosas»?

Esto no es un test estandarizado y científico pero si estás haciendo este tipo de conductas con un nivel muy alto de ansiedad puede ser la antesala de un TCA, o al menos, un indicador de que tu autoestima no se encuentra muy bien:

  • Eliminar drásticamente ciertos alimentos que nos gustan porque tienen mayor índice calórico.
  • Seguimiento de las famosas dietas milagro para conseguir cambios en muy poco tiempo
  • Cambiar nuestros hábitos con la llegada de la operación bikini.
  • Demonizar grupos de alimentos porque no son lo suficientemente sanos.
  • Practicar más ejercicio del que nos gustaría o del que disfrutamos
  • Sentir emociones desagradables cuando nos saltamos las reglas.
  • Dejar de acudir a planes sociales en los que puede haber comida/bebida que «engorda» o en los que nuestro cuerpo puede ser más visible (como ir a la piscina)
  • Dedicar mucho tiempo a pensar qué y cómo vamos a comer…

En definitiva, si nuestro estado de ánimo depende de cuanto he adelgazado, o si llevamos a cabo comportamientos para que nuestro cuerpo cambie a toda costa, aun sabiendo lo perjudicial que puede llegar a ser, puede ser hora de pedir ayuda. En Quiero Psicología podemos ayudarte.

Cambio-laboral

Gestionar emocionalmente un cambio laboral

En la actualidad vivimos una situación de incertidumbre debido a los problemas que la inflación pueda estar provocando, esto se ve reflejado en el panorama laboral. Muchas personas se ven obligadas a cambiar constantemente de trabajo para buscar aquellos objetivos laborales que necesitan o mejorar las condiciones salariales que les permita tener una vida.

Últimamente, observamos mucho en los medios de comunicación como en especial, los jóvenes, se pueden ver afectados por los cambios o la incertidumbre laboral. En terapia también observamos la demanda de muchos jóvenes con inseguridades y miedo a cambiar de trabajo o verse en situaciones totalmente precarias. Hay que tener en cuenta, que muchos jóvenes hoy en día tienen una formación muy amplía y están muy cualificados para poder avanzar en su profesión.

Sin embargo, es muy significativo cuando comprobamos que a pesar de toda la preparación adecuada, se ven sometidos en trabajo precarios y abusivos, en los que además no son valorados profesionalmente. Todo esto puede conllevar una inestabilidad emocional, además de afectar gravemente a la autoestima.

Algunas demandas en terapia más allá de ayudar a gestionar dichos cambios, también nos hacemos frente ante despidos improcedentes con alegaciones incoherentes o la privación de  renovaciones contractuales con la única finalidad de tener contratos temporales que permitan mayor ahorro económico por parte de la empresa. Debido a estas situaciones, mucha gente acaba optando por la posibilidad de opositar, pero este camino tampoco es fácil ya que, conlleva un cambio importante en el modo de vida.

Todos estos factores pueden perjudicar a la estabilidad emocional de una persona. ¿Cómo podemos gestionar emocionalmente los cambios laborales?

  • Deja fluir las emociones,  al contrario de lo que opinan muchas personas, reprimir las emociones solo nos puede perjudicar. Respetemos nuestro momento de indecisión, nuestro miedo o nuestra rabia. Son emociones necesarias y está bien vivirlas para que puedan ser pasajeras y no se queden enquistadas.
  • Aceptar la situación, es mejor focalizarse en aquello que sí podemos gestionar o controlar por nuestra parte que frustrarnos por acontecimientos o cambios que no están en nuestro poder.
  • Busca tus refugios externos, aquellos sitios o momentos del día a día que te permite resetear y afrontar los cambios desde otro punto de vista.
  • Focalizate en los aspectos positivos del cambio, en ocasiones puede provocar mucho vértigo cambiar de trabajo o asumir nuevos patrones en un mismo puesto laboral, pero puede que dentro de estos cambios se dé una oportunidad buena, busca aquello que puedes ganar con el cambio.
  • Valora tus cualidades laborales, y manten objetivos profesionales a los que quieras llegar y ponte a ello, actuación para alcanzarlos.
  • Siempre te puedes apoyar en tus seres queridos, te puede ayudar a despejar la mente y valorar la situación desde otra perspectiva.

Por otro lado, nos podemos ver en la situación de interrumpir nuestro ejercicio profesional en contra de nuestra voluntad. ¿Qué pasa si me han despedido?

El despido es un duelo como otro cualquiera y necesita pasar una serie de fases que nos permita gestionar lo sucedido.

  • Negación. A veces es muy díficil reconocer la situación acontecida. Esto puede conllevar rabia y frustración constante posicionando a la persona en irritabilidad constante.
  • Negociación, en esta fase nos intentamos autorregular utilizando frases como, “todo va a salir bien”.
  • Tristeza, esta fase se caracteriza por un sentimiento de vacío e incertidumbre, esto provoca una desmotivación profunda. Es importante tener en cuenta que los motivos de despedido, en ocasiones, van más allá de nuestras cualidades y profesionalidad.
  • Valoración de la situación, se revisa los aspectos de la organización y se empieza a valorar nuevas oferta de empleo.
  • Aceptación, que consiste en reconocer de forma sincera la situación y aceptarla, sin buscar culpables y asumiéndola. Es un proceso de adaptación a la nueva situación, sin resignación.

Cualquier cambio laboral o situación de desempleo  es un factor estresante que en ocasiones sea difícil de gestionar, por ello, no dudes en contactarnos desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

Fuerza-de-voluntad

4 tips para entrenar tu fuerza de voluntad

Es posible que alguna vez nos hayamos dicho a nosotras mismas que queremos aprender un nuevo idioma, tener mejores hábitos de sueño, apuntarnos a clases de guitarra, llevar un estilo de vida más saludable, es decir, realizar ejercicio físico varias veces en semana, introducir más verduras y frutas en nuestra dieta, reducir el consumo de alcohol, pero nunca lo conseguimos porque NO TENEMOS FUERZA DE VOLUNTAD, porque un día determinado se nos agotó y no sabemos donde comprarla. Pues tranquilas, porque no está todo perdido, la fuerza de voluntad se crea, se construye y se entrena.

¿Pero que es eso de la fuerza de voluntad?

Etimológicamente, la palabra voluntad proviene del latín y podríamos traducirla como querer o desear, pero no es tan sencillo. Podríamos definirla como la habilidad para resistir las tentaciones a corto plazo, con el objetivo de cumplir metas o propósitos a largo plazo.

¿Qué podemos hacer para entrenarla?

1. En primer lugar, sería recomendable establecer una serie de metas concretas, realistas y alcanzables a corto/medio plazo.

Si pretendemos ser culturistas el mes que viene, probablemente nos frustremos viendo que eso no se alcanza. Nos lo tenemos que poner fácil, empezaremos con objetivos “sencillos” para luego ir subiendo la dificultad. Así en este caso, podemos comprometernos con ir 2 días al gimnasio/salir a caminar/practicar algún deporte y luego ir aumentando la frecuencia y la intensidad (si ese es nuestro objetivo).

2. Planificar que día vamos a hacer lo que nos hemos propuesto, a que hora y durante cuanto tiempo.

El martes y el jueves a las 09.00h voy a ir una hora al gimnasio. Si lo dejamos en manos del destino, nunca nos va a parecer la mejor opción, se está mucho más cómoda en la cama.

3. Evitar lo que nos va a impedir conseguir nuestro objetivo y reforzarnos si lo cumplimos.

Si la noche anterior me voy a dormir muy tarde, salgo de fiesta con mis amigas y me tomo unas copas, nunca dejo preparadas las zapatillas y la ropa deportiva, etc, me va a costar mucho más levantarme para hacer ejercicio que si me voy a dormir a una hora prudencial y dejo listo todo lo necesario la noche anterior.

Si consigo ir martes y jueves al gimnasio, voy a ir al cine a ver esa peli que tanto me gusta, voy a prepararme mi cena favorita o voy a darme un baño relajante.

4. Anotar los beneficios de llevar a cabo nuestro objetivo y anticipar como nos vamos a sentir si lo conseguimos.

Aunque empecemos muy motivadas, es normal que a veces no nos apetezca o prefiramos hacer otras cosas o nos engañemos a nosotras mismas diciéndonos que por un día no pasa nada, que ya lo haremos mañana, que empezamos el lunes… Por eso nos puede venir muy bien anticipar los beneficios de la consecución de nuestro objetivo.

Me había propuesto hacer ejercicio, pero hoy es un día frío y lluvioso de otoño y me apetece mucho más quedarme en el sofá con la mantita viendo netflix. Sin embargo, sé que lo más costoso es ponerme en marcha y que una vez que esté en el gimnasio voy a sentirme súper bien porque estoy mejorando mi resistencia y mi forma física, me siento más ágil y además por la noche voy a dormir mucho mejor, por lo tanto me voy a sentir orgullosa de mi misma.

En definitiva, no hay una receta universal para mejorar nuestra fuerza de voluntad, a cada una le funcionan unas cosas, pero tenemos control sobre eso y por lo tanto podemos trabajarla.

Estas son solo algunas recomendaciones, pero si no sabes cuales son tus objetivos o como empezar, desde Quiero psicología podemos ayudarte.

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Llora tus pérdidas

Muchas veces en esta vida (por no decir prácticamente todas) nos han enseñado a evitar las emociones negativas, en especial, la tristeza.

¿Por qué?

Hay la creencia generalizada de que sufrir no «sirve» para nada. Esta actitud totalmente racional y utilitarista en realidad no encaja en nuestro mundo emocional (y por lo tanto irracional). Nuestro cerebro, nuestro cuerpo, no entiende ese mensaje frío al que le intentamos someter.

Si no lloras una pérdida (o cualquier otra cosa importante) eso se te quedará atascado y empezará a provocar otros problemas.

Te pongo un ejemplo muy visual: Si tu vas llenando un vaso y no lo vacías en algún momento rebosará e inundará el espacio alrededor. Pues así vivimos, sólo que esas inundaciones provocan otros síntomas, que, la mayoría de veces ni siquiera los relacionamos con esa pena.

Y tú te preguntarás ¿pero qué consecuencias puedo tener? o ¿cómo puedo saber si tengo algo que no he llorado y me está afectando?

Rabia

Una de las formas más habituales que tiene nuestro cuerpo de tratar de paliar estas «inundaciones», o acumulaciones de tristeza, es la ira.

¿Por qué? porque la ira viene a defendernos de aquellos o de aquella cosa que pensamos que nos hizo daño. Puede ser que de repente te notes irritado con los que tienes alrededor o especialmente con una persona pero no sabrías ni decir por qué. En el caso de duelos no resueltos puede que incluso estés enfadado con esa persona que te abandonó o que se murió. O en el caso de duelos de pareja no resueltos puede ser que te enfades sin motivo con tu nueva pareja.

La rabia es muy tentadora porque nos evita la tristeza y es normalmente bien acogida por el entorno («sí, sí, tu ex es un cabrón») pero a la larga no dará buenos resultados, sólo hará que se te quede atascada esa pena y cuanto más tiempo pases sin mirarla peores problemas te puede provocar como por ejemplo sabotear nuevas relaciones trasladando el trauma que te dejaron y actuando a la defensiva con quien no tiene la culpa.

Evitación máxima

Otra manera de no afrontar es precisamente esta, evitarlo todo. De repente todo lo que rodea esta tristeza se transforma en tabú, en secreto, se cambia de tema. Esto es muy típico verlo en las familias, por ejemplo aquel tío tuyo que abandonó a tu tía y de lo que no se habla, aquel abuelo que murió del que no te queda ni una foto, o aquella persona que murió pero que su casa sigue sin haberse movido un ápice en el tiempo con todas sus pertenencias en su sitio. O ese ex que parece que ni pasara por tu vida porque jamás hablas de él.

Pudiera parecer que la pena desaparece porque se entierra, pero no desaparece, de hecho cuando ese tema salga notarás que te activas, que sube tu ansiedad, o que te derrumbas interna o externamente (llanto descontrolado, rabia o ansiedad como si hubiera pasado ayer).

En casos extremos esto puede llevar a una disociación, es decir, ni siquiera recuerdas que aquello pasara, hay una laguna en tu memoria porque tu cuerpo asumió que no podía llorarlo en ese momento y ahí se quedó. Incluso puede haber una disociación aún más complicada, lo recuerdas y a pesar de que sabes que debería de ser dolorosa ya no sientes nada, lo cuentas como si contaras que ayer comiste macarrones.

En todos estos casos ocurre lo mismo, notas síntomas, emociones desbordantes, sin venir a cuento, algunas de ellas ya no sabes ni de dónde narices te vienen.

Otras

Hay otras muchas consecuencias, por ejemplo que distorsiones tu memoria para que encaje el recuerdo en otro relato del acontecimiento menos traumático (pero que te lleva a culparte o a narrarlo de forma que afecta a tu vida), ponerte a cuidar desmesuradamente a los demás para negar tu propio sufrimiento, hacerte el fuerte continuamente para que los demás no sufran o para no romper tu autoimagen, etc…

¿Qué hago entonces con mis penas y pérdidas?

Pues lo que te voy a decir no es una novedad, y es algo, que aunque pueda parecer sencillo, muchas veces no lo es: Llóralas.

Nuestro cuerpo necesita atravesar ese sufrimiento, entender que esa pérdida ha sucedido para poder adaptarse y readaptarse. Necesitas parar y darle importancia a tu dolor. Sé que una de las principales pegas aquí si la tristeza es muy profunda será ¿pero y si me pongo a llorar y no paro nunca?¿y si me deprimo?

Créeme que el cuerpo tiene sus propios mecanismos para volver a salir a flote, y lo que lloras hoy no tienes que llorarlo mañana. En mi metáfora del vaso verás como se va vaciando aunque a veces pases ratos donde puedas pensar que te ahogas.

Cómo en algunas situaciones este puede ser un proceso difícil, y en ocasiones, dependiendo del tema, incluso puede ser largo, aquí te dejamos una serie de consejos. Pero para lo que necesites estamos formadas en ello y te podremos acompañar para que te liberes de aquello que tanto te cuesta.