Gordofobia

Gordofobia en el sistema sanitario

Antes de meternos de lleno en el meollo del asunto, vamos a definir este término que se ha empezado a escuchar en los últimos años. Y como ya os podéis imaginar

La gordofobia es el odio, el rechazo, la discriminación y un largo etcétera que sufren las personas gordas por el simple hecho de estarlo.  

El bullying a la niña gorda de la clase, las críticas a la adolescente gorda por parte de sus amigas con cuerpos más normativos y por supuesto el rechazo o la indiferencia de los chicos a nivel sexoafectivo (porque aunque no estemos hablando de personas heterosexuales, todas sabemos que es lo que “te tiene” que gustar), el rechazo por parte de las empresas a la hora de acceder al mercado laboral, los comentarios de hate en redes sociales por el simple hecho de subir una foto comiendo una hamburguesa.

las ridiculizaciones de unos hombres a otros por haber tenido relaciones sexuales con una mujer gorda, las dificultades para encontrar ropa de su talla, las miradas y los cuchicheos en piscinas y playas, la incredulidad de que una mujer gorda esté con un hombre con un cuerpo normativo, la preocupación de todo el mundo por tu estado de salud, el acoso que reciben en la calle etc.

Todas estas situaciones tienen que vivir las personas gordas por el simple hecho de estarlo, sin que haya ninguna variable más por medio.

Podríamos pensar que cuando acudimos a cualquier profesional de la salud (profesiones vocacionales, que requieren de tantos años de formación) lo que va a hacer es eso, velar por nuestra salud, sin embargo, nos encontramos con innumerables situaciones de gordofobia en la consulta. Profesionales, que deberían de saber cómo afecta el estrés y la ansiedad que generan los comentarios despectivos, las ridiculizaciones y las infravaloraciones de nuestras quejas, en la salud física (presión arterial alta, insuficiencia cardiaca, diabetes, problemas hormonales, problemas dermatológicos, problemas digestivos) y por supuesto a la salud mental, que deberían saber que un cuerpo no normativo no tiene por qué estar relacionado con enfermedad y que puede haber salud en todas las tallas.

  • Carolina, mujer de 38 años que acudió en cinco ocasiones al hospital, a consecuencia de un fuerte dolor abdominal, pérdida del periodo y subida repentina de peso. Estaba EMBARAZADA, y hasta el momento de parto no se le realizó una prueba de embarazo, el único tratamiento que le dieron fue hacer dieta. No fue hasta la quinta visita al hospital cuando se la ingresó con pronóstico grave ya que tenía dos coágulos en la cabeza y demás complicaciones producidas por el parto.
  • Miguel de 43 años, acudió al médico de cabecera con dolores en la zona del tórax y dificultad para respirar, el médico le dijo que si no era Covid-19 era por estar gordo y que adelgazase. Sufría una EMBOLIA PULMONAR.

Estos son solo dos ejemplos de los tantos que hay, en atención primaria, en especialistas digestivos, ginecológicos o traumatología. Acudir al médico por dolores menstruales y que te digan que tienes que adelgazar sabiendo que nada tiene que ver con el motivo de consulta. Produciendo, por una parte, el infra diagnóstico por la vergüenza que nos ocasiona acudir a una cita médica y por la falta de pruebas que se les realizan a las personas gordas. Llegando a pensar que tienes un problema de salud y que tu cuerpo tiene algo malo y que tiene que ser cambiado a cualquier coste.

No debería ser tan difícil encontrar un profesional que te trate con lo mínimo que todas las personas se merecen: respeto

Estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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Fertilidad: creencias y emociones asociadas

Tener hijos parece ser uno de los hitos vitales más normalizados e instaurados socialmente, especialmente si resulta que tienes un aparato sexual femenino. Sea una meta internalizada o un deseo que se tiene, muchas personas tienen dificultades en cada paso del proceso; desde la decisión, pasando por la concepción y hasta la crianza de los hijos. Uno de los momentos que suelen crear más emociones desagradables como son la ansiedad, la frustración o la tristeza es la concepción. Este momento que implica una gran inversión física y psicológica está plagado de muchas creencias erróneas que suponen un gran impacto emocional, y que exploraremos a continuación.

“Un embarazo es fácil de conseguir”:

Esto es una creencia falsa, en la que se generaliza, simplifica e idealiza un proceso tan complejo que, literalmente, nos da la vida. Un embarazo depende de muchos factores y condiciones, y es diferente para cada persona, no podemos basarnos en tópicos y apariencias muy edulcoradas en las redes sociales y círculos cercanos. Cuando una persona quiere tener hijos biológicos, parece evidente que los demás lo consiguen con facilidad y uno mismo, no.

No olvidemos el poder de dos fenómenos psicológicos: la atención selectiva, es decir la capacidad para centrar nuestra atención en un estímulo especifico y “dejar fuera” los demás (por ejemplo, si buscamos un embarazo, ya solo vemos personas embarazadas por todas partes); y el sesgo de confirmación, que es un prejuicio de pensamiento, mediante el cual se busca información que confirma lo que pensamos (por ejemplo, “los demás lo consiguen antes que yo” porque me fijo solo en las personas que tienen embarazos avanzados – sin saber cuántas personas podrían estar en el proceso o en un embarazo muy temprano).

“No puedo hablarlo con nadie”:

A lo anterior, se le añade que no es sencillo abrirse ante los demás sobre el proceso de fecundación, y muchas veces, después de conseguir el embarazo, muchas personas prefieren dejar atrás el doloroso proceso.

Por ello, se suele desconocer el número real de personas que tienen dificultades con la fecundación, pero cada vez más personas recurren a tratamientos de reproducción asistida como Fecundación in Vitro, ovodonación, etc. Es muy positivo tener apoyo psicológico durante el proceso y contar con un grupo de apoyo que pueda estar pasando o haya pasado por una situación similar. 

También es importante poner límites: si no quieres que te pregunten, quieres compartir el proceso solo con unas personas que elijas, estás en tu pleno derecho.

“Cuando me relaje/menos lo espere, me quedaré embarazada”:

Es cierto que un nivel de estrés muy elevado puede influir en la ovulación por un desajuste hormonal, pero este tipo de frases aumentan la sensación de culpa o responsabilidad, siendo el estrés una emoción ocasionalmente inevitable. Es bueno continuar con nuestros hábitos y otras metas que tengamos para mantener nuestro estado de ánimo y tranquilidad: podemos cuidarnos a nosotros y nuestras relaciones, favorecer el proceso con una buena alimentación y ejercicio, etc., pero no podemos paralizar toda nuestra vida, ya que eso ejerce mucha más presión y estrés, de no ser tan fácil como esperábamos.

“Yo soy el problema”:

La frustración en un proceso de fecundación suele llevar a sentimientos de inseguridad y culpa, especialmente en la persona que pretende embarazarse. Es un proceso que ya hemos descrito como sensible y muy complejo.

La realidad es que, en casos de infertilidad, se achacan el 40% de los casos al factor masculino, otro 40% al factor femenino, un 10% de casos se debe a factores combinados de ambos y el 10% restante a causas desconocidas. No podemos negar la realidad biológica en la que la reserva ovárica se reduce a partir de los 35 años, pero las condiciones de los espermatozoides también pueden verse afectados.

No se trata de buscar responsables, sino de poder explorar causas para elegir el método más efectivo para lo que esté sucediendo.

Una consulta a un especialista, donde se puedan explorar todos los factores, es esencial cuando las dificultades se estén dando, para poder también romper mitos como “cuantas más relaciones sexuales mejor” o “esta postura asegura el embarazo”. Se recomienda que esa consulta pueda hacerse después de un período de 6 meses o un año de intentos, según la edad de la mujer.

Si te encuentras con dificultades, antes, durante o después de este proceso, en Quiero Psicología, estaremos encantadas de acompañarte y apoyarte con las herramientas que necesites.

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Mitos de la depresión

A menudo escuchamos la frase “estoy depre” con demasiada frecuencia. Solemos utilizar el concepto de depresión para referirnos simplemente a estar tristes, a tener un mal día o estar atravesando una mala racha.

Esto provoca que por un lado, las personas que realmente padecen una depresión se puedan sentir incomprendidas, y por tanto, aumentaremos su malestar; y por otro lado, que se llegue a minimizar el sufrimiento de este cuadro clínico.

¿Qué es la depresión?

Hablamos de depresión cuando una persona presenta 5 o más ítems de la siguiente sintomatología:

  • Bajo estado de ánimo la mayor parte del día
  • Falta de motivación y de disfrute en las actividades que se hacen o en el día a día
  • Cambios en el peso sin estar haciendo dieta o cambios en el apetito
  • Insomnio
  • Pérdida de energía
  • Ansiedad o inquietud
  • Sentimientos de inutilidad o culpa desajustada
  • Ideación suicida recurrente

Por lo tanto, no estamos hablando de tener un mal día o incluso una mala semana, ni podemos simplificar una enfermedad mental en un solo síntoma.

¿Qué mitos relacionamos con la depresión?

  • Estar triste las 24 horas del día: La depresión es un conjunto de síntomas y la tristeza es solo uno de ellos. Que no veamos el sufrimiento de la otra persona o no seamos capaces de percibirlo, no significa que la otra persona no esté sufriendo.
  • Debilidad: Al igual que no culpabilizaríamos a alguien por sufrir asma o cáncer, no podemos culpar a alguien de padecer una enfermedad mental. La depresión no afecta a la gente porque sea débil, es un problema más común de lo que creemos.
  • Se “cura” sola: Como hemos explicado previamente, la depresión no solo es estar triste, implica todo un conjunto de síntomas y que estos interfieran en el día a día. Por lo tanto, no solo no se “cura” sola, sino que si no se aborda adecuadamente, con el paso del tiempo, la sintomatología puede empeorar.
  • Es transitoria: Existen diferentes tipos de depresión. Por un lado, puede ser un episodio único, que remitirá con el adecuado tratamiento; pero también está la posibilidad de experimentar recaídas si no se recibe un tratamiento adecuado.
  • Tiene una causa: Lo más común en las enfermedades mentales es encontrar un origen multicausal, es decir, no es común encontrar una única causa o un evento traumático que provoque por sí solo depresión.

Es verdad que los eventos traumáticos y estresantes pueden ser el estímulo que acabe desencadenando esta serie de síntomas, pero también hay que tener en cuenta factores precipitantes, factores genéticos y las estrategias de afrontamiento de la persona que la padece.

  • Solo se cura con medicación: Esto dependerá de cada caso, ninguna intervención es excluyente de la otra, sino que se complementan. La depresión no se puede tratar únicamente con fármacos, necesitaremos cambiar los esquemas cognitivos de la persona, darle herramientas para poder afrontar mejor las situaciones, trabajar sobre actividades placenteras… pero en muchas ocasiones, la intervención farmacológica puede facilitar la intervención psicológica y lograr una mejor adhesión al tratamiento.

En relación a la medicación, cabe destacar que ha de ser prescrita por el médico de cabecera o por el psiquiatra, valorando la situación individual de cada persona, e identificando por tanto, qué fármaco es el más adecuado en su caso.

Esto significa que aunque conozcamos a alguna persona a la que un determinado fármaco le haya podido beneficiar mucho, no implica que las demás personas vayamos a experimentar el mismo efecto. Es fundamental que un especialista decida el tipo de fármaco, la dosis y la pauta concreta para cada persona en función de sus necesidades.

  • La depresión es un problema de adultos: Este mito es falso ya que también existe la depresión y el suicidio infantil. Sin embargo, los síntomas pueden ser diferentes a los de los adultos, ya que los niños tienden a experimentar más rabia o enfado que tristeza.
  • Depresión = suicidio: La ideación suicida es uno de los diferentes criterios que podemos encontrar a la hora de establecer un diagnóstico, pero puede haber gente con depresión que no tenga ideación suicida, ni mucho menos un plan intencionado.

Estas personas experimentan tal sufrimiento, que puede ser habitual que sientan la idea de acabar con este malestar de esta forma, pero puede ser un pensamiento pasajero motivado por el malestar, que no tiene por qué llevarse a cabo.

No obstante, deberemos estar atentos a estas señales y ofrecer ayuda de un especialista a estas personas.

En conclusión, la depresión no se limita a ser sinónimo de tristeza, hablamos de un conjunto de síntomas, y por tanto, de una enfermedad mental. Por lo que, al igual que en otras enfermedades, no podemos culpar a la persona de padecerla, será el resultado de un conjunto de circunstancias personales, sociales y químicas.

Si te has identificado con alguno de los síntomas anteriores o conoces a alguien que podría estar padeciendo una depresión, no dudes en solicitar ayuda. Desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Obsesión por comer sano

El Realfooding como ejemplo de Ortorexia

Antes de meternos de lleno con el tema, tenemos que definir qué es esto de lo que vamos a hablar, aunque seguro que muchxs ya lo conocéis. El realfooding es un movimiento que nace en el año 2013 de la mano del nutricionista Carlos Ríos y promueve una alimentación basada en alimentos reales, mínimamente procesados, evitando o reduciendo lo máximo posible los ultraprocesados, ya que no son beneficiosos para nuestra salud. 

Por otro lado la ortorexia es la obsesión desmedida por comer sano.

El realfooding clasifica los alimentos en tres grupos.

  • Grupo 1.VERDE: La comida real, alimentos no procesados, frutas, hortalizas, legumbres, carnes, pescados. Estos son los alimentos que llevan un solo ingrediente en la etiqueta o directamente no llevan etiqueta y debemos basar nuestra alimentación en ellos.
  • Grupo 2. AMARILLO: Los buenos procesados, alimentos procesados de forma industrial o artesanal en los que no intervienen más de 5 ingredientes. Según Carlos ríos, el buen procesado suele estar envasado y lleva etiqueta nutricional donde se lee más de un ingrediente, pero no se encuentran cantidades significativas (menor o igual al 5-10% del total) de azúcar añadido, harina refinada o aceite vegetal refinado. Además, dice que deben ocupar un papel complementario, sin que desplacen la comida real.
  • Grupo 3. ROJO: Los ultraprocesados, son el opuesto a la Comida Real, son alimentos que están muy procesados (más de 5 ingredientes en la etiqueta entre ellos azúcares añadidos, harinas y aceites vegetales refinados, aditivos y sal). Según el promotor de este movimiento, el consumo debe ser ocasional alguna vez al mes. Se recomienda no comprarlos ni tenerlos en lugares habituales como en casa o en el trabajo. Los ultraprocesados pueden formar parte de un consumo ocasional voluntario y sin remordimientos, relacionado con eventos sociales y culturales (10%), pero manteniendo una frecuencia baja sin desplazar una alimentación basada en comida real (90%).

Visto así parece que tiene bastante sentido, basar nuestra alimentación en comida real y evitar el consumo de ultraprocesados. El problema es que es muy difícil mantener este tipo de dieta si vamos a comer fuera o si no tenemos mucho tiempo para cocinar, además nos dice cuanto podemos salirnos de ahí, según él no debemos superar ese 10%.

¿Qué pasa entonces si me salgo de esos porcentajes?

Es normal que dudéis de la respuesta cuando hasta lo clasifica por colores.

Visto así empieza a tener ciertos paralelismos con las típicas dietas para perder peso, podemos sustituir el conteo de calorías por conteo de ingredientes. Pasa de ser un estilo de vida saludable a ser una dieta restrictiva. Y es que cualquier alimentación que vaya seguida de unas reglas estrictas, que no puedan o deban saltarse, deja de ser sana, porque entonces nuestra vida depende “hacerlo bien”.

¿Qué pasa si nos obsesionamos con estas restricciones y tratamos de seguirlas a rajatabla?

A muchos adeptos puede causarles culpa, enfado o incluso pereza y quizás un día dejen de seguir a este hombre y a todas las cuentas del estilo por redes sociales. Sin embargo, para otras personas, con un contexto y unas variables diferentes, puede ser un precipitante para desarrollar un problema con la alimentación.   

Aunque mencionamos el realfooding, en realidad uno puede obsesionarse con cualquier dieta que tenga unas reglas muy estrictas, otro ejemplo sería la dieta keto o la dieta paleo.

Puede que empecemos a demonizar ciertos alimentos porque no llevan el apellido “integral” y/o puede que dejemos de disfrutar de muchas situaciones en las que no podamos controlar exactamente que estamos comiendo y por tanto vayamos poco a poco evitándolas, hasta aislarnos socialmente.

En definitiva, está bien tener una alimentación saludable, priorizando alimentos reales, pero sin sentirnos culpables porque un día quedemos con nuestra amiga y nos comamos una pizza o nos apetezca comernos un helado mientras vemos la película de antena 3 del domingo por la tarde (si es que alguien ve la tele todavía).

Si te notas que te estas obsesionando últimamente ya sea con los ultraprocesados, con las calorías, con la grasa, con los hidratos o con cualquier otro tipo de alimentación quizá fuera una buena idea empezar por ti, por tu autoestima y tus niveles de estrés. Cuenta con nosotras si quieres empezar a tener no sólo un cuerpo sano sino una mente también.

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¿Vives con el piloto automático puesto?

Probablemente todos los días pases por las mismas calles, coges las mismas líneas de metro y pasas delante de los mismos árboles. 


¿Pero cuándo ha sido la última vez que te has parado a mirarlos? ¿Cuándo te has parado a mirar de qué color están las hojas de los árboles, las texturas de sus ramas y tronco? ¿Te has fijado en cómo pisas el suelo de forma diferente en distintas zonas de dónde vives? ¿Qué olores hay? ¿Con qué personas te encuentras, cómo visten y qué aspectos tienen?


¿En qué momento hemos perdido la conexión con nuestro día a día? 


El ser humano es la única especie que está constantemente viviendo en dos momentos que no existen: el pasado y el futuro. Rememoramos cosas que han sucedido, revisamos qué podríamos haber hecho distinto y anticipamos que podría suceder poniéndonos en todos los escenarios posibles. En definitiva, rumiamos sin parar, y hasta cierto punto tiene sentido y es adaptativo. Somos previsores y aprendemos de nuestros errores, pero a veces por el camino nos perdemos la vida. 


Nos privamos del sentir, del estar aquí y ahora, de conectar con el presente. Nos perdemos el conectar con el mundo sensorial porque a menudo estamos perdidos dando vueltas por nuestra cabeza. Y no nos fijamos en lo que sucede a nuestro alrededor, no conectamos con nuestro entorno y nuestros sentidos. 


Comemos viendo la tele o trabajando o hablando con más gente y no apreciamos los sabores, olores y texturas de la comida. Estamos en conversaciones más pendientes de que vamos a contestar o decir que de escuchar a la otra persona. No conectamos entre nosotres. 


Tenemos relaciones sexuales pensando: «¿le gustará?», «¿se verá bien mi cuerpo?» «¡A ver si llego ya al orgasmo!». Conectamos más con los pensamientos en nuestra cabeza que con el presente, con el sentirnos y sentir a la(s) otra(s) persona(s).


Tocamos buscando como le gusta ser tocada a la otra persona y no pensamos en cómo nos gusta acariciar. Buscamos gustar sin conectar con lo que me gusta a mí. 

Entonces si me estoy perdiendo la vida ¿qué puedo hacer?


Por eso hoy quiero invitarte a que te pares y te escuches. Que te fijes en ese recorrido que haces todos los días, pero que mires de verdad, como si fuese el primer día que pasas por ahí. Que te fijes en los colores de tu zona, en sus ruidos, olores… En la gente con la que te encuentras. 


Que escuches de verdad lo que están contando, que te dejes conectar con las personas de tu entorno sin prisa por saber qué contestar. Que comas la comida de hoy fijándote en cómo está hecha, en su temperatura, textura, olor, sabor, en el ruido que hace al masticarla… 


Te invito a sentir tu cuerpo y ver cómo te gusta conectar con él. Contigo, con otras personas, pero sobre todo contigo. Que te fijes en como te gusta abrazar, como te gusta ducharte, acariciarte y enjabonarte. Que te des mimos como si fueses lo más valioso y presente allá donde estés. 


Si identificas que te vas a otro lugar que no es el aquí y ahora, que conectas de nuevo con preocupaciones o saltas a otros momentos recuerda que eres humano, y que mereces paz y autocompasión. No siempre podemos estar presentes. 


No te juzgues por ello, es normal y difícil pararlo. Cuando veas que te enredas con un momento que no es el presente da un paso atrás y amablemente tráete de vuelta. Reconecta con el presente. Fíjate en la temperatura del aire, en que hay a tu alrededor, en que toca tu cuerpo, qué sensaciones te evoca…


A este ejercicio se le llama mindfulness, al pequeño acto de rebeldía de conectar con el aquí y ahora. El otro nombre que recibe es atención plena: se puede hacer mindful eating, pasear o hacer deporte mindful, mindful sex… Es una forma de escucharse y estar presente haciendo lo más pequeñito y cotidiano. 


Te invito a tomarte hoy un momento para salir de tu cabeza y quedarte en el presente contigo. Porque te lo mereces, para que te escuches y lo disfrutes. 

Y si te es absolutamente imposible salir de tu cabeza para escucharte, para saber lo que necesitas, para vivir el momento presente, saber que cuentas con nuestra ayuda.

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Operación bikini: frustración asegurada

Se acerca el verano y ya muchos se encuentran en la famosa operación “bikini”. Lo que podría ser un objetivo (como cualquier otra meta que podamos marcarnos), acaba derivando muchas veces en conductas desadaptativas y hábitos poco saludables como: dietas restrictivas y culpa al comer, ejercicio desmesurado, o expectativas poco realistas. No te preocupes…

Te damos 6 tips para rebajar tu nivel de ansiedad

Identifica si tu meta surge de ti o de tu entorno:

Como presiones sociales y estereotipos del “cuerpo ideal”:

¿Hay un cuerpo ideal para disfrutar de la playa o piscina? ¿Quieres cambiar tu cuerpo o es lo que se supone que se hace ahora?

¿Por qué es una meta ahora y no es un hábito que has querido implantar antes? Si tienes dudas al respecto, intenta limitar tu uso de redes sociales, especialmente con perfiles que normalicen este tipo de conductas desadaptativas, o al menos intenta seguir perfiles educativos y sanos. Por ejemplo, perfiles que fomenten el movimiento #bodypositive para normalizar todos los cuerpos e identificar estereotipos y mitos sobre la belleza y mensajes sociales de autoexigencia y odio hacia tu propio cuerpo.

Valora las expectativas que puedas tener:

Es cierto que un objetivo específico ayuda a motivarnos durante el camino, pero queremos ser realistas: Si crees que en unos meses puedes conseguir aquellos que en un año no has conseguido, puede que tengas que reajustar las expectativas del cambio esperado: “tal vez no tendré el estómago plano, pero puedo tener algo más hábito de deporte que antes”. ¿Qué es lo que quiero cambiar específicamente? ¿Mis hábitos alimenticios? ¿mi resistencia o nivel de ejercicio? ¿Mi cuerpo? Cuanto más medible y pequeños sea el objetivo mejor, siempre puedes aumentar tu objetivo si lo vas consiguiendo.

Ten en cuenta las resistencias:

Si no lo has hecho anteriormente, puede que sea porque es más complicado de lo que se pueda uno imaginar. Cambiar hábitos no ocurre de la noche a la mañana, sé consciente de los esfuerzos que estás dispuesto a hacer y del coste que tienen. Por ejemplo, puede que quiera adelgazar un par de kilos, pero si no estoy dispuesto a cambiar mi alimentación, ni mi nivel de actividad, ni experimentar emociones desagradables en ese reajuste, puede que esa estrategia no sea la ideal, o al menos de una forma extrema.

Sé compasivo contigo mismo:

Celebra los pequeños logros, si no ves los progresos que quieres, intenta averiguar si se trata de la estrategia que has utilizado (si puede cambiarse en intensidad o cambiar de estrategia por completo). No olvides que recurrir a un profesional, es una estrategia muy útil, especialmente si no se ven progresos. Puedes practicar esa autocompasión y aceptación con meditaciones o audios centrados en la aceptación y/o compasión. También, acepta las emociones como frustración o rabia que puedan surgirte, son señales que pueden ser muy útiles y luchar contra su aparición puede ser mucho más contraproducente.

Respecto a la alimentación:

Recuerda que no existe una solución mágica para perder peso, especialmente si la intención es no recuperarlo después: las dietas restrictivas pueden funcionar, pero pueden tener un gran impacto negativo en nuestra salud y ser poco efectivas a largo plazo. Intenta buscar una nutrición equilibrada o intuitiva: sigue perfiles de profesionales habilitados que promocionen ese tipo de alimentación o busca la ayuda de un profesional (nutricionistas, endocrinos…) que pueda conocer tus circunstancias específicas para aconsejarte mejor. Puedes probar comer con atención plena, para poder pausar la ingesta y ser más consciente de tus sensaciones físicas y sabor de la comida. No queremos obsesionarnos con la alimentación, solo aprender a alimentarnos con cariño y equilibro. Si crees que eso ya está pasando (cuentas calorías, realizas conductas de forma extrema para compensar, te privas de comer, etc.), es importante que busques ayuda profesional para trabajarlo.

Si estás intentándolo y experimentas alguna de estos síntomas, o simplemente crees que necesitas apoyo profesional para manejar todas aquellas emociones que se asocian a la ambigua “operación bikini”, desde el equipo de Quiero Psicología, estaremos encantados de ayudarte.

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La impaciencia cognitiva

Reinventarse es una cuestión que nos ha tocado hacer desde que empezaron los contagios por COVID-19. La vida, en ocasiones, nos da la sensación de ser frenética e imparable, haciendo malabares para llegar a todo tipo de planes posibles, entre lo social, lo laboral y lo personal.


Tomarnos una pausa y esperar pacientemente es bienvenido cuando se opta por ello de manera voluntaria. Sin embargo, estos nuevos tiempos nos ha obligado a frenar los ritmos de vida, modificar nuestros planes y manejarnos con lo único que tenemos claro, el presente.

No obstante, no vivimos desconectados y cada vez más, estamos aumentando nuestra focalización en las nuevas tecnologías y en las redes sociales. El mundo de internet sumado a la impaciencia de quererlo todo “ahora y rápido” esta ocasionando la denominada, Impaciencia cognitiva.


La impaciencia cognitiva hace referencia a la falta de atención sostenida, provocando el salto de tarea en tarea sin llegar a terminar ninguna. Los principales afectados por ella serían personas jóvenes y de mediana edad. La exposición continuada a los entornos digitales donde hay tanta información produce cambios dinámicos cognitivos en las personas.

La soledad ha dejado paso a una presencia permanente que nos interrumpe constantemente y en cualquier circunstancia, una presencia que se encarga en la mensajería instantánea, las redes sociales, el consumo compulsivo de información, etc.


¿Cómo nos puede perjudicar por lo tanto, este fenómeno?


• La falta de atención disminuye nuestra capacidad para tomar decisiones por nuestra propia cuenta y limita el pensamiento libre.


• La tranquilidad es necesaria para la concentración y la reflexión; estar en constante interrupción por el poder que ejercen las nuevas tecnología impide esa calma.


• Al ser víctima de la impaciencia cognitiva, resulta más complicado comprender ideas complejas.


La retención de información en la memoria también se ve afectada, si no hay focalización no se puede llegar a realizar el ejercicio de memorización.


• La falta de atención llega a afectar a las relaciones sociales.

Es importante resaltar que todo esto puede conllevar a una alteración de nuestro sistema basal, conllevando un trastorno ansioso. La impaciencia cognitiva ataca precisamente la atención superior, esa que potencia nuestra autoconciencia y las capacidades de crítica, deliberación y planificación.


Cuando saltamos de un estímulo a otro, solo capta nuestra atención aquello que consideramos peligroso o que tiene una gran repercusión emocional. De los 20 titulares por los que discurren nuestros ojos, solo nos atrapará aquel que genere una resonancia emocional. Por lo tanto, nos focalizaremos en aquello que consideraremos peligroso y se pondrán en marcha nuestro sistema de alerta fisiológico.


¿Cómo escapar de la cultura de la impaciencia?

Aprender a crear espacios de calma y tranquilidad en los que cultivar la paciencia.

No hace falta coger un fin de semana y escapar al campo para que seamos capaces de crear nuestro propio espacio de intimidad y relajación. Es decir, intentar buscar en los huecos disponibles de nuestro día a día un momento “refugio” aquella actividad, paseo o ejercicio que nos ayude a desconectar y centrarnos en el presente. Las técnicas de relajación y la respiración abdominal nos ayudarán a controlar las sensaciones fisiológicas y de ésta manera, también nuestra mente. Otros ejercicios que pueden ser beneficiosos son los relacionados con la atención plena. Por ejemplo, si notas ansiedad y la aceleración, céntrate en un objeto y descúbrelo como si fueras un niño pequeño, poniendo esa atención en la forma, color, olor, sabor, tacto, función, etc.


Reflexionar sobre nuestra vida y darnos cuenta de cómo esa ansiedad por tener resultados inmediatos nos puede llevar a veces a tomar decisiones precipitadas.

Una vez hecha las reflexiones y ser conscientes, necesitamos ponerlo en práctica. Poniendo fuerza de voluntad acabaremos consiguiendo un nuevo patrón de conducta, poco a poco. Elige un aspecto pequeño de tu vida cotidiana en el que hayas detectado que tienes poca paciencia. Regula la situación mediante auto-instrucciones que te permitan controlar el impulso nervioso (“no tengo motivos para tener prisa, puedo intentar hacerlo con calma”).


A medida que vayamos notando los efectos y beneficios de practicar la paciencia, nos iremos motivando y podremos pasar a ampliar el entrenamiento a otra actividad cotidiana… y luego a otra y luego a otra. De esta manera se estarán produciendo nuevos automatismos. Podremos observar la agradable sensación de tener el control y entonces no nos importara esperar para retomar determinadas actividades o planes que teníamos planificados.

Si necesitas ayuda para poder retomar el control, no dudes en acudir a un profesional de la psicología. Nosotras estamos aquí para ayudarte a ello.

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Maltrato psicológico: el gran invisible

¿Cómo lo identifico?

Muchas veces en esta sociedad seguimos pensando o asimilando que el maltrato grave es el maltrato físico. No es raro escuchar cosas como:

Ah ¿pero fulanito maltrata a fulanita? pero… ¿le pega?

Y esa pregunta se hace para saber si realmente es tan «terrible» lo que le ocurre a fulanita.

Pues empecemos por desbancar ese mito: el maltrato psicológico es uno de los más graves que puede ocurrir en una relación. Este tipo de maltrato cuando ya te han anulado, vejado y eres poco más que invisible es el que puede llevar (o no) a maltrato físico porque así ya no te defenderás, estarás totalmente sometido.

La violencia que hace que la persona, tu amiga, tu madre, tu amigo, tu hermana o tu primo desaparezcan delante de ti y ya no sean «ellas mismas» es el maltrato psicológico.

Ese maltrato puede ser más evidente, pueden ser insultos, comentarios terribles, desplantes delante de los amigos o de los compañeros de trabajo… Pero el más peligroso es del que hablaremos después que es el maltrato psicológico pasivo.

Pero ¿cuál es el mejor indicador de que estás sufriendo maltrato psicológico?: El cómo te sientes. Si sientes que todo lo que dices/haces está mal, o que hará enfadar a la persona que tienes delante, si te sientes juzgado, estás constantemente en tensión, ya no tienes la misma alegría, y te cuesta ser tu mismo, por no decir que has dejado de serlo… Plantéate qué o quién te está haciendo sentir así.

El maltrato psicológico pasivo: el más silencioso.

Puede que a pesar de que te estén maltratando y te sientas como te acabo de indicar nadie se está dando cuenta, y más aún, encima nadie te apoye, te digan que quizá exageras, que lo que le pasa a tu novio o a tu jefe es que estará estresado, y normalicen comportamientos que a ti te hacen muchísimo daño.

Esa es una de las grandes tácticas del maltrato psicológico pasivo: nadie lo verá, te sentirás aún más solo/a y lo peor de todo, te hará sentir que has perdido la cabeza, que te estás volviendo loca/o.

Pasivo significa que no hace cosas «activamente» sino lo contrario: que deja de hacer cosas (como hablarte) o que hay cosas que no cuadran unas con las otras.

Aquí te pongo alguna de las tácticas más frecuentes de este maltrato:

Rechazar la comunicación directa

Si no hablo contigo te doy a entender dos cosas: o que has hecho algo mal que me ha enfadado o que me has dejado de importar, que ya no cuentas para mi.

Si te dejo de hablar pero niego la existencia del conflicto «no pasa nada», «no sé qué me hablas», etc. Hago que el otro se plantee qué estará haciendo mal y rellene los huecos de información que le faltan echándose la culpa de todo.

Por lo tanto, acabo hundiendo a la persona en un mar de dudas y de culpa solamente con dejar de dirigirle la palabra, tardar mucho más de lo normal en contestarle a sus mensajes, estar de morros pero no decir porqué…

Normalmente esto hace que la víctima se intente comunicar por todos los medios, sobre todo el escrito y ponga grandes parrafadas que se pueden utilizar en su contra para tacharlo de loca/o.

Mentir

Pero si la mentira fuera directa y cruel la gente podría ver qué pasa y no sería un maltrato tan invisible. Normalmente las mentiras son difíciles de pillar y van disfrazadas de mensajes incoherentes.

Por ejemplo, alguien declarado feminista, que lanza grandes peroratas sobre la igualdad de la mujer pero luego maltrata a su pareja, o alguien que dice: «las mujeres son muy pesadas» para a continuación decirte «pero no es a ti en concreto, no sé porqué te pones así».

Por supuesto aquí debemos meter también a los infieles que niegan totalmente la existencia de dicha infidelidad, incluso aún cuando les están pillando hacen sentir a su pareja que son unos delirantes exagerados.

La paradoja

Hay una gran diferencia entre el discurso y lo que se hace. La gente menos allegada compra ese discurso y te hace sentir que eres tú el que está juzgando mal. Si todo el mundo dice que tu pareja es un tipo fantástico ¿cómo va a ser mentira? Dicen que es buena persona, si a ti te habla mal debe ser tu culpa o que le pillaste en un mal día… Si a todo el mundo le parece un jefe estupendo porque compra pizza, debe ser que tú eres muy estricta con quedarte más allá del horario laboral.

A veces la distancia de estos mensajes es también el tono, te pueden decir algo muy violento con una sonrisa en la boca, o se pueden burlar de ti en un tono serio.

Muchas veces no se produce ni si quiera una discusión a gritos, pero tampoco hay conversaciones reales para aclarar lo que ocurre. la víctima se va llenando de dudas y dudas y ya no sabe si es que ella está equivocada o si realmente le están maltrando.

Divide y vencerás

Ya sabemos la forma de maltrato clásico donde la víctima se la aísla de su entorno por los celos, el: «no veas a tu familia», «es que siempre estás con tus amigas», » si sales de fiesta eres muy puta»…

Pero hay otras formas de aislar ala víctima, por ejemplo dando pena, si cada vez que tú sales tu pareja se pone triste, o justo tiene un bajón ese día… Al final optarás por no salir para cuidarle.

Y otra de las formas es utilizar el sarcasmo, la burla o el desprecio, pero no solo para hablar de tu familia o amigos muy mal o para que acabes en su paranoia alejándote de ellos, si no al revés, puede inventar chismes sobre ti, o ponerte a parir o incluso usar bromas «anodinas» sobre lo histérica que eres, etc, que te hacen quedar mal con tus amigos o tu familia. Al final no es que tú te alejes de ellos sino que ellos también se alejarán de ti.

¿Qué hago?

Si has visto varias de estas tácticas y manipulaciones en una persona que tienes cerca, como tu pareja, tu amigo, tu jefe… debería plantearte bien esa relación, saca una lista de todas las cosas malas que te hace sentir, desenmascara sus artimañas, escribe sobre ello, cuéntalo a gente que pueda ser objetiva sobre esa persona…

Pero si crees que tú solo/a no puedes o que tienes ya consecuencias en tu estado de ánimo o tu autoestima en Quiero Psicología estamos para ayudarte.

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Enfermedades psicosomáticas: cuando el cuerpo habla

Es probable que al leer el título del post te hayas preguntado qué son las enfermedades psicosomáticas. Para entenderlo mejor, pondremos dos ejemplos.

Imaginemos a una mujer que durante unos meses ha sentido dolor en una mano. Ha sufrido un periodo de estrés agudo en el que ella no ha reparado. Ante esa preocupación, acude a diversos médicos y tras varias pruebas no hay explicación orgánica para su molestia. Es posible que continue por una peregrinación a diferentes especialistas sin obtener una respuesta.

Imaginemos ahora a un hombre recientemente separado. Su mujer ha roto la relación y él no se esperaba esta decisión. Se ha aislado de su entorno y siente mucha rabia constante desde que ocurrió. Ha sufrido un infarto de miocardio.

Estas situaciones se diferencian en que en el primer caso la persona está sufriendo una dolencia que no puede explicarse desde un diagnóstico médico. En el segundo caso, la afección psicosomática se presenta en forma de enfermedad (infarto). A su vez también tienen algo en común y es que ambas pueden ser abordadas desde la medicina psicosomática, puesto que en los dos casos los factores psicológicos están implicados.

No hay mente separada del cuerpo.

¿Qué es la psicosomática?

Inicialmente el término “trastorno psicosomático” se refería a aquellas enfermedades cuyo inicio estaba relacionado con factores psicológicos. En su concepción más actual, no se reduce a eso, sino que se considera que el desarrollo de una enfermedad surge en un sistema donde el cuerpo, el individuo y su contexto están en constante interacción. De hecho, la OMS define la salud, no como ausencia de enfermedad, sino como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”.

¿Cómo se presentan en nuestra vida?

Es más que probable que en determinado momento de tu vida hayas sufrido problemas de acné repentino. No es casualidad que muchos síntomas físicos sean dermatológicos, es la superficie que nos separa del entorno y donde se plasman las emociones. De ahí frases como “tienes la piel muy fina” “tengo la carne de gallina”.

En el siguiente listado, aparecen los tipos de enfermedades psicosomáticas más frecuentes.

  • Diabetes
  • Afecciones gastrointestinales: síndrome de intestino irritable, úlceras
  • Afecciones cardiovasculares: hipertensión, infarto de miocardio.
  • Dermatología: acné, eczemas, psoriasis, alopecia areata, dermatitis
  • Trastornos del sueño
  • Aparato respiratorio: ej. asma
  • Dolor crónico: Fibromialgia, artritis reumatoide
  • Migrañas, cefaleas tensionales

Factores influyentes en la vulnerabilidad a las enfermedades

Experiencias tempranas y estrés:

En las primeras experiencias vitales cualquier elemento resulta novedoso y requiere de una respuesta para su adaptación y posterior integración. Numerosos estudios han relacionado la importancia de las figuras de apego para la regulación de estas primeras experiencias. Si el cuidador principal no traduce esta experiencia en elementos entendibles para el menor, este evento generará miedo y desconcierto y asumirá creencias erróneas sobre sí mismo y el mundo. A veces afectará generando una hiperactivación del eje de estrés y también se ha observado que en función de la experiencia puede generar una baja activación del mismo como una forma de desconectar de la situación y tener cierta seguridad. Sea como fuera, su implicación futura es importante ya que, si tanto por exceso como por defecto el cuerpo no reacciona en proporción con la carga de estrés, no se produciría la adaptación adecuada dejando al cuerpo en una situación de alta vulnerabilidad.

Eventos traumáticos:

Cuando una situación supone un alto impacto emocional hay una desconexión con la parte del cerebro que integra toda la información de la experiencia, pero quedará recogida en el cuerpo en forma de sensaciones. El trastorno psicosomático es el lenguaje del cuerpo cuando no podemos poner en palabras algo que nos sobrepasa. Se bloquea el sufrimiento, pero se abre una puerta a la expresión mediante la enfermedad del cuerpo.

Red de apoyo social:

La red de apoyo es un factor de protección de la salud puesto que ayuda a disminuir los niveles de estrés y por ende disminuye la vulnerabilidad a enfermar. Indudablemente, si se ha desarrollado enfermedad tener una red de apoyo ayuda a soportar el impacto emocional que supone recibir un diagnóstico y puede contribuir favorablemente al curso de la enfermedad.

Factores de protección de la salud:  

Hace referencia a la relación de estilos de vida insanos y el desarrollo de enfermedades frecuentes como por ejemplo la diabetes.

¿Cómo puede ayudar la terapia?

Como hemos comentado el estrés juega un papel fundamental en el desarrollo y evolución de las enfermedades, por lo tanto, la terapia puede ayudar a adoptar estrategias de afrontamiento más adaptativas y adquiriendo herramientas para el control de la activación.

También se ha relacionado la presencia de trastornos psicosomáticos con la alexitimia (literalmente significa “sin palabras para las emociones”). Desde la terapia se puede abordar trabajando en la regulación emocional, puesto que ayudar a identificar y a gestionar las emociones va a contribuir a que disminuyan los niveles de estrés y malestar.

Señalamos al inicio del post, que la mente y el cuerpo son un todo en sí mismo. Desde esta visión podemos entender que trastornos comunes como la ansiedad y la depresión van a dejar al cuerpo en una situación de vulnerabilidad por el propio desgaste de hacer frente a la situación de malestar. Asimismo, desarrollar una enfermedad con frecuencia se relaciona con la presencia a posteriori de ansiedad y/o depresión. Por tanto, la terapia puede ayudar a abordar esta sintomatología con el fin de disminuir su interferencia en su día a día y aumentar la calidad de vida de la persona.

Es importante ver en qué contexto y momento se ha desarrollado la enfermedad, puesto que a veces el órgano dañado es un símbolo, como si el cuerpo supiera algo que la mente no.

En estos casos, la terapia puede ayudar a acceder a este evento traumático, poder procesar la información e integrarla con su propia historia.

Si ahora estas sufriendo una enfermedad y te has sentido identificado con lo comentado, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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El impacto emocional de la Guerra en Ucrania

La Guerra en Ucrania es una situación que nos está afectando, tengamos familiares o amigos en Ucrania, y seamos de la nacionalidad que seamos. Muchas personas, especialmente aquellas con lazos con el país y aquellas altamente sensibles, se sienten sobrepasadas por el clima actual.

Algunas consecuencias que se pueden experimentar son:

  • Pérdida de esperanza o fé en la humanidad. Para muchos, la rapidez con la que ha escalado la situación, así como la guerra en sí, parece surrealista. Es fácil que las creencias de que el mundo tiene sentido, la gente es buena o el mundo es seguro, se puedan quebrar en estos momentos.
  • Emociones desagradables intensas. Según obtenemos más información al respecto de los eventos, podemos experimentar emociones de impotencia, injusticia, rabia, tristeza o desesperanza. Aun siendo emociones muy desagradables, son reacciones adaptativas ante una situación tan excepcional como la que estamos viviendo. 
  • Miedo, inseguridad, incertidumbre y ansiedad. La cercanía del conflicto no quiere decir que éste no pueda impactarnos: desde pensamientos catastrofistas de cara al futuro o dejar de lado metas que teníamos planteadas, por la inseguridad creada por la situación.

¿Qué puedo hacer para gestionar estas emociones?

Intenta obtener información solo de fuentes fiables y evita la sobreinformación:

Puedes limitar las veces que lees noticias al respecto; o, si surge el tema de conversación en tu entorno, explica tus límites, si no te sientes a gusto hablando del conflicto. Puede surgirte culpa al respecto, pero recuerda que tienes derecho a no querer saber, especialmente si es información sensacionalista y dado el desgaste emocional que hemos tenido en los últimos años.

Se ha demostrado que el cerebro reacciona más intensa y rápidamente a los estímulos negativos y los recuerdos desagradables se guardan en la memoria a largo plazo más fácilmente que los recuerdos agradables. Nuestro cerebro está predispuesto a fijarse y recordar lo negativo, para protegernos. Sé amable contigo y recuerda que esas emociones de injusticia y de rabia son naturales ante la situación.

Esas creencias que pueden verse afectadas no tienen que ser tan extremas:

Recuerda que también existen personas que están volcándose para ayudar en este conflicto y que tú también puedes ayudar, si decides hacerlo y en la medida que desees: Puedes buscar asociaciones o entidades que estén colaborando: puedes ser voluntario, donar dinero, ropa u otros artículos de primera necesidad.

Intenta no anticipar consecuencias o futuros desenlaces de la guerra, céntrate en lo que estás viviendo tú en el momento presente y no dejes de realizar actividades agradables para ti o continuar con tus metas, aunque sea a un ritmo diferente.

Si tienes familiares o amigos en Ucrania, es natural que estas emociones que se han mencionado sean más intensas: Intenta ponerte en contacto con ellos, intentando no anticipar si la respuesta no es inmediata y centrarte en solo que sí sabes que está pasando. Si alguien de tu entorno tiene familiares o amigos allí, recuerda que solo estar acompañando o disponible para escucharlos y apoyarlos ya puede ser de gran ayuda (¡siempre mientras te sientas cómodo haciéndolo!).

Si te sientes sobrepasado por la situación, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo: en Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte.