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Tips para afrontar la soledad

¿Qué es la soledad?

La soledad, palabra que asusta, palabra que siempre queremos evitar, y es que. la soledad impuesta es uno de los mayores miedos que tienen los seres humanos. Soledad, según el latín, significa la “cualidad de estar sin nadie más”. Es curioso que el latín la exprese como una “cualidad”, pues, llegar a disfrutar de la soledad es una gran cualidad y habilidad.

No obstante, vivimos en una sociedad frenética, donde las redes sociales y el ritmo de vida nos impulsa a estar constantemente en movimiento o realizar actividades con otras personas. Los adolescentes y jóvenes adultos son los que principalmente se ven sometidos al estrés social, sintiendo un gran malestar si no consiguen tener un grupo de amigos con los que salir todos los fin de semana o realizar viajes entre otras actividades. Además, las redes sociales que encontramos en internet, dan una falsa sensación de realidad, donde las personas se muestran siempre contentas y activas, ya que, mostrarse apenado o estudiando no resulta atractivo. Esto incrementa la ansiedad por relacionarse.

La soledad emocional

Tampoco podemos olvidar que la soledad emocional está vinculada a la incomprensión e inseguridad. Es decir, podemos estar rodeados de gente que si no, nos sentimos comprendidos y valorados mantendremos esa sensación de soledad. Por otro lado, si tampoco hemos realizado un ejercicio de introspección y autocuidado, en muchas ocasiones, estaremos necesitando las valoraciones externas y el ambiente social para sentirnos queridos, de esta manera, cuando carecemos de planes que realizar en compañía, sentiremos una inmensa tristeza y abandono.

El COVID-19 y la aparición de sus constantes variantes nos ha obligado a bajar los ritmos de vida, disminuyendo significativamente el ocio y entretenimiento, alejándonos también de nuestros seres queridos. Esto está provocando que una de las mayores demandas en las consultas psicológicas, ansiedad ante la soledad.

Aprovecha la soledad

Los seres humanos somos sociales, pero también somos los únicos seres capaces de adaptarse a cualquier ambiente que se le plantee. Por ello, hay que comprender que realmente, la soledad, no es ni buena ni mala en sí, todo depende de como la abordemos. Es cierto que fomentar un circulo social tiene beneficios positivos en nuestra salud mental y física. Esto, no significa que la soledad no se pueda aprovechar e incluso disfrutar, ya que, nos permite tener más tiempo para nosotros mismos y autodescubrinos, permitiendo un espacio para cambiar todos aquellos objetivos que tenemos en la vida. Algunos tips que nos pueden ayudar para afrontar el sentimiento de soledad:

  • Reconoce tus miedos: Identificar ese miedo y validarlo nos permite poder utilizarlo para encontrar una motivación de vivir cada vez más el momento presente, de esta manera también nos damos cuenta que no estamos solos en este sentimiento y que hay muchos individuos que se encuentran con las mismas preocupaciones que nosotros.
  • Escucha a tu cuerpo y a tus emociones: Estos te darán la pista que necesitas para entender de donde vienen esos miedos y que es lo que puede subyacer a esa ansiedad ante soledad.
  • Organiza tus prioridades.
  • Tomate tu tiempo para crecer personalmente.
  • Hazte preguntas: “¿Qué quiero?”, “¿Qué necesito?”
  • Exposición a realizar actividades en solitario, por ejemplo, se puede empezar por ir al cine solo, comer en algún bar solo, o dar largos paseos por el parque e incluso, ¿Por qué no hacer ese viaje que tanto deseas, en solitario?

En ocasiones, este sentimiento de soledad se puede ver desbordado, por ello, no dudes en acudir a una profesional en Quiero Psicología que te pueda orientar y guiar, además de hacer ese ejercicio de autobservación que nos puede ayudar a comprender esas creencias que están causando los miedos ante la soledad.

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¿Qué estilo de apego tengo?

En numerosas ocasiones, escuchamos frases como “este niño está muy apegado a sus padres” o “mi pareja tiene demasiado apego hacia mí”, sin embargo, ¿en qué se traducen estas frases?, ¿el apego es algo bueno, o algo de lo que avergonzarnos?. ¿Qué definimos realmente como apego?

Para comprender esta teoría, en primer lugar, necesitaremos echar la vista atrás  y pensar en un bebe recién nacido. Cuando un bebé nace, todos coincidiremos en que estamos ante un ser dependiente. Este bebé dependerá de sus cuidadores para lograr cubrir sus necesidades, como ser alimentado, mantener su higiene y ser reconfortado.

En otras palabras, cuando nacemos, somos seres dependientes, necesitamos ser cuidados para sobrevivir, debido a la inmadurez de nuestro cerebro. De hecho, somos la especie que más depende de sus cuidadores para desarrollar estrategias de afrontamiento y lograr autonomía.

A consecuencia, el apego se define como el vínculo afectivo que se establece entre el niño y sus cuidadores. Este vínculo tiene como objetivo la supervivencia del niño, que como hemos dicho previamente, es inmaduro y dependiente.

Este vínculo comienza a desarrollarse ya desde la gestación y los estudios científicos coinciden en que aproximadamente termina de establecerse en torno a los 7 meses del bebé.

¿Cuál es el problema? Que no todos los cuidadores tienen la capacidad para desarrollar un vínculo afectivo adecuado con sus hijos.

Como hemos visto, el término apego suele utilizarse indistintamente para expresar una vinculación. Sin embargo, existen diferentes tipos de apego y no todos serán adecuados.

Estilos de apego

Apego seguro

Este estilo de apego se desarrolla cuando los progenitores establecen una base segura con su hijo, respondiendo adecuadamente y de forma coherente a sus necesidades. Para ello, se mostrará como una figura de cuidado disponible, capaz de atender y cubrir las necesidades físicas y emocionales de su hijo.

De esta forma, se establecerá una sintonía entre las demandas de los hijos y las respuestas de los padres. Se trata de progenitores que empatizan y conectan con las necesidades individuales de sus hijos, haciéndoles sentir atendidos y reconfortados.

Cuando un niño desarrolla un apego seguro, mostrará curiosidad y seguridad para explorar su entorno, pudiendo desarrollar así su propia autonomía y una base segura que le permitirá establecer en un futuro, más vínculos afectivos.

Apego inseguro

Si bien un niño dependerá de sus progenitores o cuidadores para poder cubrir sus necesidades y sobrevivir, porque no tiene la madurez suficiente ni las capacidades para poder hacerlo por sí solo, podemos encontrar estilos de crianza que no sean capaces de cubrir adecuadamente estas necesidades.

Anteriormente, explicamos que la parentalización se definía como el proceso de inversión de roles donde los hijos ejercían de cuidadores de sus propios progenitores. Estos niños, que no pueden recurrir a sus padres para cubrir sus necesidades y ven como estos no tienen la capacidad para atenderles, desarrollarán un tipo de apego inseguro.

Existen 3 tipos de apego inseguro:

Apego evitativo

Este tipo de vínculo surge ante progenitores con dificultades para manejar estados emocionales. Ante esta incapacidad, tienden a ignorar y desatender las necesidades emocionales de sus hijos, por lo que no conectan con las emociones de los niños, no etiquetan ni interpretan los estados emocionales que muestran y por tanto, no facilitan la expresión emocional.

A consecuencia, los niños desarrollan dificultades para entender sus propios estados emocionales, empatizar con las emociones de los demás y expresar cómo se sienten. Aprenden que para ser atendidos, deberán evitar temas de conversación con contenido emocional, por lo que se centrarán en actividades más lúdicas, el ámbito académico o en pasar desapercibidos.

Habitualmente se convierten en seres muy independientes y con miedo a relaciones que implican intimidad.

Apego ansioso-ambivalente

Este estilo surge cuando los cuidadores responden de forma inconsistente, caótica e incoherente a las demandas de sus hijos. Esto provoca que el niño no pueda predecir cómo van a responder sus padres, provocando por tanto, inseguridad y un elevado grado de ansiedad y angustia.

Muchas veces, estos padres atenderán a sus hijos en función de cómo se encuentren, dependerá por tanto, de su estado emocional. Son padres que también muestran dificultades para gestionar sus propias emociones, por lo que primero priorizan cómo se sienten ellos, sin tener en cuenta que como hemos explicado previamente, los niños son seres inmaduros y dependientes.

Un ejemplo de este estilo de crianza sería la sobreprotección, donde los padres priorizan sus propias necesidades, ignorando las de sus hijos, impidiendo que el niño explore el mundo de una forma segura.

Por ende, estos niños suelen ser vistos públicamente como niños miedosos, demandantes e insistentes. Sin embargo, esto es fruto de la angustia que sienten, al haber sido criados en un ambiente impredecible e inconsistente.

En la edad adulta, estos miedos repercuten en sus relaciones sociales, especialmente las de pareja, ya que se trata de personas con miedo al abandono, inseguridad y baja autoestima.

Apego desorganizado

Este vínculo ocurre cuando la figura de cuidado es por un lado, fuente de protección, pero a su vez, fuente de peligro y dolor para el niño.

Hablamos de padres con grandes dificultades para gestionar emociones, sin inteligencia inter ni intra personal, que en ocasiones padecen un trastorno psicológico, han sido también criados en ambientes hostiles y traumáticos, etc.

Este estilo de apego es el menos prevalente en la sociedad y el que mayor interferencia psicológica produce.

Nos referimos a padres con un estilo de crianza inestable, contradictorio, negligente y con ausencia de conexión con las demandas que requieren sus hijos.

El niño observará que sus padres, las figuras que deberían cuidarle y proporcionar una base de seguridad en su crecimiento, son paradójicamente las mismas que le provocan malestar y dolor. Por lo tanto, estos niños verán a sus progenitores como una amenaza.

Se estima que aproximadamente, solo un 60% de la población ha podido establecer un estilo de apego seguro con sus cuidadores. Si te has podido sentir identificado con estos patrones de crianza y reconoces dificultades a la hora de relacionarte con tus amistades o pareja, desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Los vínculos tóxicos con la familia

Muchas veces escuchamos, “Es que es tu padre, intenta hablar con él…..” “Es que es tu madre, seguro que lo hace por tu bien….” “Es familia, y la familia es lo más importante, pase lo que pase tienes que perdonar….”

¿Quién dice que hay que conformarse? ¿Es necesario tener que mantener una relación familiar que nos hace sentir malestar e inseguridades? La única verdad es que nadie puede elegir la familia en la que nace, así como podemos desarrollarnos en ambientes sanos y estructurados, también podemos encontrarnos en un ambiente desestructurado y tóxico.


En ocasiones, las características de vínculos tóxicos dentro de la familia pueden pasar desapercibidos, o bien porque se da por hecho la autoridad de determinados miembros como abuelos o padres, o por la propia cultura y sociedad que crea un tabú ante ello. Aquellas características más significativas dentro de las relaciones tóxicas en una familia son:

Nula privacidad:

No se respetan los espacios vitales de cada miembro ni sus propias necesidades. Suelen ser relaciones construidas desde la autoridad cuyo objetivo es satisfacer las necesidades propias. Esto llevara acabo actitudes de sobreprotección o de agresión que incapacitará el desarrollo emocional normal.

Comportamientos extremos:

En estos comportamientos extremos podemos encontrar la sobreprotección y el abandono, ambos pueden generar relaciones de dependencia con apego ansioso o inseguro que se manifestará en la manera de crear nuevas relaciones en nuestra vida adulta, semejantes a los que conocemos.

Falta de comunicación:

Evitar hablar tanto de los problemas como de los conflictos tiene un gran impacto en nuestras emociones. Se enseña que las emociones como la tristeza y el enfado se tienen que guardar como si no existieran, lo cual, acabarían acumulándose como una olla a presión que tarde o temprano puede explotar, conllevando consecuencias psicológicas y emocionales en un futuro. A veces, las familias evitan hablar de situaciones complicadas con intención de no preocupar o no generar malestar, no obstante, mirar hacía otro lado nunca fue una buena opción.

Rigidez mental:

Los miembros de la familia con conductas y pensamientos inflexibles en ocasiones no permitirán que los cambien. Suelen ser relaciones de dominación. Esto nos puede llevar a la frustración sin saber como podemos mejorar dichas relaciones.


En ocasiones nos vemos obligados a mantener la relación familiar por diferentes motivos como la
dependencia económica. Lamentablemente, no podemos cambiar a las otras personas, pero si
podemos cambiar nuestra manera de actuar ante ellos y posicionarnos.

¿Qué podemos hacer por nuestra parte para frenar el daño que se sigue causando?


Utilizar la empatía: ponerse en los zapatos de la otra persona no significa que tengamos que someternos, sino escuchar y aceptar la posibilidad de que no pueda se llegue a otros entendimientos. Esto no implica que dejemos de actuar por nuestra propia libertad.


Manifestar el respeto y proteger el propio espacio: es muy importante que le demos el valor que se debe a nuestro espacio personal.


Aprender a marcar límites, decir que NO: primero de todo, hay que comprender, que decir que “No”, no significa querer menos a alguien o hacerles daño. Si te sientes obligado a tener que realizar algo que realmente no te apetece, puedes decir que no y valorarte. Si esto genera a alguien malestar, cada persona es responsable de sus emociones y como gestionarlas.


Siempre respeto: el respeto hacía los demás y hacía uno mismo es fundamental. Con un lenguaje asertivo y respetuoso, evitando los conflictos, tenemos todo el derecho a comunicar aquello por lo que no estamos dispuestos a pasar. Ese lenguaje asertivo y firme permite que los demás entiendan tus necesidades y la nueva manera de relacionarte con ellos.


Paciencia: aprender a esperar y pensar antes de actuar es una gran habilidad que ayuda a relacionarnos de manera positiva y sana. Las actitudes impulsivas, los gritos y las exigencias tienen que dejarse de lado y no reforzarlas atendiéndolas, pues todo ello conlleva conflictos innecesarios.


Estas pautas no siempre son fáciles de poner en práctica y tendremos que pedir ayuda externa como los profesionales de la psicología para que nos guíen y llevarlas a cabo, en Quiero Psicología podemos ayudarte.

Recuerda que el autocuidado también consiste en poder desvincularte de aquellos lazos que puedan ser tóxicos sea o no sea en un contexto familiar.

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Volver a casa por Navidad

¿Cuántas películas tienen como gancho la vuelta a casa por navidad?, ¿cómo son las emociones que nos venden los anuncios en estas fechas? Felicidad, abrazos, nostalgia….

Si bien hace una semana exponíamos cómo los compromisos navideños y sociales de estas fechas podían afectar a nuestro estado de ánimo, pudiendo provocar emociones desagradables como enfado, ansiedad o vergüenza; hoy queremos centrarnos en la extraña sensación de volver a tu ciudad de origen o casa familiar por navidad.

Esto se da en personas que durante el resto del año viven en otro domicilio, y especialmente nos referimos a las personas que viven en otra ciudad o país, alejados de su familia. Este distanciamiento puede ser por motivos laborales, legales, afectivos o simplemente, por decisión personal.

Si bien no nos gusta etiquetar, esta sensación ha recibido el nombre de Síndrome de regresión navideña por la prensa. Esto no quiere decir, por tanto, que sea un diagnóstico, ni mucho menos una patología, sino que es una sensación más habitual de lo que creemos en la población.

Esta no es mi habitación.

Después de meses fuera de casa, de ser autosuficiente económicamente y tener tu propio alojamiento… llegas a casa de tus padres y te toca dormir en tu habitación de la infancia. Todavía quedan algunos peluches y posters de tus ídolos adolescentes en las paredes. La cama es pequeña y la decoración ya nada tiene que ver con cómo eres.

Incluso habrá familias que habrán dado otro uso a la habitación, quizás ahora sea un despacho o vestidor, por lo que ya no contarás con un espacio propio para ti.

Ante esta situación es habitual experimentar recuerdos del pasado, nostalgia, pero también vergüenza, tristeza o incluso enfado. Percibir esa falta de vinculación con tus antiguas pertenencias y ver cómo todo ha cambiado puede provocar un pequeño proceso de duelo.

¿A qué hora vuelves?

Una vez independizado, lejos quedan las preguntas de ¿con quién sales esta noche? o las advertencias del tipo “ten cuidado y vuelve pronto”. Sin embargo, la vuelta al hogar familiar puede traer de vuelta ciertas exigencias que quedaron atrás hace mucho tiempo.

Si bien tus estrategias de afrontamiento han cambiado, puede que tus padres sigan manteniendo las mismas rutinas y normas, que por alguna razón, dejaste atrás y afortunadamente, has olvidado.

Esto puede generar conflictos y provocar una sensación de regresión al rol de niño del que huiste.

Todo es igual, pero nada es lo mismo.

Quieres volver a ver a esas amistades que hace tiempo que no ves, poneros al día y disfrutar de un buen rato juntos. No obstante, resulta que algunos de ellos están fuera, otros están con su pareja y el otro grupo ya tiene planes.

Si bien esto puede resultar un tanto exagerado, al igual que tú has tenido la oportunidad de madurar, vivir nuevas experiencias y cambiar (como podemos apreciar cuando volvemos a nuestra vieja habitación), debemos asumir que nuestras antiguas amistades también lo habrán hecho.

Es muy común que el viejo círculo de amistades haya cambiado, quizás se haya reducido, o que ahora también se incluyan parejas, gente nueva, etc. También se podrán apreciar cambios de gusto, de identidad, de opinión política… no podemos pretender que todo siga igual que lo dejamos.

Esto no tiene por que suponer un límite, de hecho, puede resultar incluso enriquecedor. No obstante, es importante ajustar las expectativas previas al viaje, ya que si nosotros hemos cambiado, no podemos exigir que nuestro entorno social siga igual y gire en torno a nuestra vuelta.

¿Cómo afrontar la vuelta a casa?

Por mucho que los anuncios nos vendan felicidad, volver al hogar no tiene por qué ser algo placentero.

Regresar puede reactivar viejos estilos de apego, y hay que tener cuidado e identificarlo, deberemos poner en práctica todo lo trabajado hasta ahora en terapia.

  • Marca límites con asertividad: Ya no eres el niño que montó esa cama y decoró esas paredes. Explica tu necesidad de privacidad expresando tus emociones, a través de los mensajes yo, y no hace falta que respondas a todas las preguntas que te planteen.
  • Dedícate tiempo a solas y fomenta el autocuidado: Pasar de vivir de forma independizada y autosuficiente a convivir con la familia bajo sus normas, puede resultar estresante. Todos necesitamos un tiempo a solas para conectar con nuestras necesidades y emociones. Si ves que tienes dificultades para obtener esa privacidad en casa de tus padres, sal a dar una vuelta, haz ejercicio o practica alguna actividad que no podrías hacer en otro momento o lugar.
  • Aprovecha para compartir tus cambios y conocer los de los demás: Afortunadamente, las experiencias van moldeando nuestra personalidad y poco a poco vamos forjando nuestra identidad. Es probable, y beneficioso, que ya no seamos como nuestra familia o incluso viejas amistades nos recuerdan, lo mismo nos pasará con ellos. Dedica este tiempo para compartir ideas y si esto resulta una fuente de conflicto, recuerda, no estás obligado a estar de acuerdo con todos y tienes derecho a proteger tu intimidad.

Por mucho que nos vendan los beneficios de la navidad, para muchas personas supone toda una serie de obligaciones y un importante estresor. Es un periodo breve donde socialmente nos empujan a juntarnos con gente que habitualmente apenas vemos, desplazarnos a otras ciudades u hogares, etc. Sin embargo, debemos recordar que por suerte o desgracia, tiene fecha final.

Recuerda que no estás obligado a seguir esas tradiciones si no lo deseas, y si no eres capaz de poner límites a tu familia siempre puedes contar con nuestra ayuda experta.

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Aprende qué es el Mindfulness

Quizás conozcas a alguien a tu alrededor que te haya dicho que está practicando mindfulness, o incluso es posible que te hayan aconsejado realizarlo, pero…

¿Qué es Mindfulness?

En este post te lo explicaremos, veremos sus beneficios y de qué forma puedes empezar a incluirlo en tu práctica cotidiana.

Antes de explicar qué es Mindfulness, vamos a ver con unos simples ejemplos qué no es. Imaginemos que estamos en el trabajo y comenzamos a pensar en cómo organizar el próximo viaje que tenemos en mente y una vez que estamos en nuestro destino comenzamos a pensar en todo lo que tenemos que hacer a la vuelta. O estamos con un hambre voraz y al sentarnos a comer empezamos a pensar en aquello que nos dijo un amigo que nos molestó ¿Qué tienen de común estos dos escenarios? Un exceso de futuro y pasado y una absoluta desconexión del presente. Digamos que lo opuesto a Mindfulness es esa falta de conciencia plena, sería cómo esa tarde de domingo que no terminas de saborear por estar pensando en el lunes que se avecina.

Evolución del Mindfulness

“Mindfulness” en su concepción más antigua, datada en 1921, proviene de la traducción al inglés de la palabra Sati, que en el idioma pali (en que están escritos las enseñanzas de Buda) significa conciencia, atención y recuerdo. Todo ello se entiende como la intención de ser consciente y dirigir la atención a nuestra propia experiencia.

Desde su adaptación a la psicoterapia occidental, se han incluido otros elementos a esta acepción antigua considerando el no juzgar, la aceptación y la compasión. John Kabat-Zinn merece una especial mención, pues fue él quien extendió la aplicación de la práctica del mindfulness al campo terapéutico y lo definió del siguiente modo “es la conciencia que surge de prestar atención intencionalmente en el momento presente y sin juzgar, a las experiencias que se despliegan a cada momento”.

Mindfulness rema en dirección contraria al piloto automático que todos llevamos encendidos en mayor o menor medida. No obstante, a veces se puede caer en el error de visualizar esta práctica como una persona aislada meditando sin sentir ni padecer y es exactamente lo contrario.

No se pretende dejar la mente en blanco sino tomar conciencia de nuestros pensamientos. Tampoco pretende perseguir un estado de felicidad utópica, sino aceptar las emociones desagradables sin tratar de defendernos de ellas, lo que conllevará a no aumentar el sufrimiento innecesario que surge de la evitación del malestar.

Bajo el paraguas de la palabra “mindfulness” están englobadas diferentes meditaciones y ejercicios que complican entender qué es exactamente. Podemos encontrar la meditación basada en la concentración donde se centra la atención en un elemento central que a menudo suele ser la respiración o una frase/palabra recurrente. Es cierto que la meditación va implícita en la práctica del mindfulness, pero en vez de concentrar la atención en un punto se centra en ser consciente plenamente de nuestra experiencia. La meditación mindfulness hace referencia a un proceso de introspección (vipassana bhavana) que incluye observar cómo divaga nuestra mente y tomar conciencia para volver al momento presente. Es habitual que nuestra mente se vaya a otros lugares y en casos, volver a la respiración facilitará el proceso retomando la atención plena en nosotros.

¿Qué beneficios tiene la práctica de la atención plena?

Como hemos señalado, se potencia una apertura a nuestra experiencia interna sin juzgarla. Esto supone aceptarla y por tanto bajaremos nuestros escudos para dejar de defendernos de aquello que genera malestar (pensamientos negativos, emociones desagradables). Mediante este proceso disminuye la rumiación en torno a nuestros pensamientos, conlleva a menores niveles de ansiedad y a una mejor regulación emocional. Su práctica continuada conlleva en definitiva a un mayor bienestar y por ello es aconsejable que comencemos a emplearlo.

Trabajando tu yo-compasivo.

La práctica del mindfulness puede ayudarnos a trabajar las heridas emocionales que se reabren en nuestra vida actual incluso sin llegar a ser conscientes. Imaginemos que estando en el trabajo ante una elevación de voz vemos que un compañero se paraliza y desde una posición externa no entendemos lo desproporcionado de su reacción. Esto ocurre porque a menudo nuestro cuerpo responde de una forma instintiva obedeciendo a nuestra experiencia previa y a los esquemas que hemos ido construyendo. Nuestro cuerpo reacciona desde nuestros propios pensamientos como si fueran un hecho. Aquí puede comenzar una ardua batalla para tratar de suprimir esas sensaciones y emociones desagradables. Por ello hay que andar en dirección contraria, permitir que las emociones ocupen el espacio que se merecen y ser más bondados@ contigo.

Para favorecer este distanciamiento con los pensamientos y alejarte del dialogo de tu “yo problemático” (invalidante, critico etc.) primero adopta un rol de observador que te ayude a conectar con la realidad actual, centrándote en describir objetivamente lo que ha ocurrido. Luego mantén un dialogo más amable contigo mismo por ejemplo diciéndote las cosas que le dirías a tu mejor amig@ si se estuviera hablando de una forma tan negativa.

Aplicaciones en la vida diaria

La práctica del mindfulness es algo que se puede cultivar. Por ello, te proponemos una serie de ejercicios para que los incluyas en tu día a día.

  • Comer con conciencia plena: Como veíamos en el ejemplo del comienzo, a veces nos sentamos a comer y terminamos sin haber saboreado apenas la comida. Para disfrutar de este momento con plenitud te proponemos el siguiente ejercicio. Antes de tu próxima comida, siéntate delante del plato y haz varias respiraciones. No te apresures a comer, simplemente contacta con el momento, observa lo que te rodea. Elige un alimento sólido para poder hacer esta práctica, como por ejemplo una manzana. Cógela con la mano y observa el movimiento de llevarla hasta tu boca. Presta atención a la función de los dientes y la lengua, saborea, no tengas prisa, incluso puedes frenarte cumpliendo un mínimo de masticaciones (ej. 20) antes de tragar y finalizar el primer bocado. Es posible que te resulte difícil, pero seguro que tomarás conciencia de las veces que has dejado de “saborear” esta experiencia.
  • Meditación tumbada: Antes de comenzar el día puede ser un buen momento para realizar este ejercicio. Aprovecha para hacer unos estiramientos y luego pon atención plena a la respiración. Conecta con ella y recorre tu cuerpo centrándote en cada parte desde la cabeza a los pies. Si hay alguna zona que te moleste, respira y siéntela. Pon atención al momento presente, permítete sentir las diferentes emociones que aparecen y observa como van variando tus sensaciones.
  • Mindfulness visual: Póngase de pie delante de una ventana y elija un objeto. Durante la exploración no trate de ponerle una etiqueta a lo que ve, (ej. Un coche), simplemente aprecie sus características como por ejemplo qué color/es tiene, si emite algún sonido, qué forma tiene, qué textura imagina que tendría, si hay diferentes partes en él. Piense si alguna vez ha tocado ese objeto, qué sensaciones le podría transmitir. No abandone esta practica hasta que piense que ha conectado con él todo lo que podría. Si durante el ejercicio la mente sus pensamientos se dispersan a otro lugar que no sea el ejercicio, tome conciencia de ello y vuelva al presente.

La práctica del Mindfulness puede formar parte de la terapia. Si estas pasando por un mal momento desde Quiero Psicología podemos ayudarte a poner en práctica éstas o a encontrar las herramientas que te funcionen.

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¿Qué es terapia y qué no lo es?

Acudir a terapia es una decisión que puede resultar costosa ya que implica el reconocimiento de nuestro sufrimiento y nuestro dolor, que en muchas ocasiones llevamos arrastrando durante largo tiempo.

Pero una vez decidido iniciar un proceso terapéutico, nos encontramos con otra dificultad, dónde acudir.

Consultamos con amigxs y cada unx nos da su opinión y siempre hay alguien que comenta que se puede acudir a la sanidad pública y, claro, como es la opción con menor coste económico, optamos por probar suerte. Una vez acudimos a nuestro centro de salud y conseguimos que nos deriven a salud mental nos encontramos con otra piedra en el camino, no nos dan cita de forma inminente, con suerte (con mucha), nos atienden el mes que viene.

Por si acaso cogemos la cita que nos ofrecen, no vaya a ser, pero nosotrxs queremos que nos atiendan antes, estamos sintiendo el malestar en este momento y queremos, necesitamos que nos ayuden a aliviarlo lo antes posible, con lo que continuamos con la lista de opciones y optamos por acudir a un psicólogx privado.

Manos a la obra, cogemos el móvil o el ordenador, abrimos el buscador y escribimos “psicólogx y la zona en la que vivimos”.

Aparece un listado y ¿cuál elegimos?

Dentro de este listado en muchas ocasiones se cuelan opciones de menor coste económico y que aparentemente te ofrecen soluciones fáciles, rápidas y llamativas que simple vista pueden parecer la mejor opción. Pero en la mayoría de las ocasiones son pseudoterapias que desvirtúan la figura del psicólogx y que dañan tanto a profesionales como a pacientes.

Señales que te pueden ayudar a identificar qué es terapia y qué no es terapia

1. Detrás de una terapia psicológica siempre ha de haber un profesional titulado en psicología y colegiado.

2. Descarta aquellas opciones que te ofrecen soluciones en un breve espacio de tiempo. La terapia es un proceso relativamente largo, de varios meses o incluso años, por lo que frases como “en tres sesiones solucionamos tu problema” desconfía.

3. Otra de las frases que ha de hacerte desconfiar es “sin esfuerzo”. Todo aquello que implica un cambio supone un esfuerzo. No sólo se trabaja durante las sesiones, has de poner en práctica aquello que habéis hablado o abordado durante la cita.

4. Fíjate en la duración de cada sesión ya que una sesión en la que se pueda trabajar bien tiene una duración media de una hora. Menos, no es tiempo suficiente, más nuestros niveles de atención, tanto los tuyos como los del terapeuta disminuyen y se pierde eficacia.

5. Sesiones de orientación. Estas sesiones son las citas que se dan en primera instancia para que puedas conocer al terapeuta y su método de trabajo y suelen tener una duración menor de una hora. En esta primera cita podrás comprobar si conectas con el terapeuta y no es condicionante para iniciar terapia con esa persona.

6. Existencia de documentación y consentimiento informado. La existencia de este tipo de documentación es punto a valorar, puesto que en ella te indicarán e informarán de tus derechos y deberes si decides iniciar el proceso terapéutico y se te indicará que puedes revocar el acuerdo si así lo consideras. Una terapia nunca será efectiva si sientes que la estás realizando por obligación o que no hay mejorías.

Antes de iniciar un proceso terapéutico has de estar segurx y sentir confianza con el centro y con el psicólogx  que escojas, es una decisión importante, por lo que no dudes en preguntar e informarte bien.

Si ya has tomado la decisión de acudir a terapia pero no sabes dónde, te invitamos a que te pongas en contacto con nosotras, ya que estaremos encantadas de informarte y atender todas las dudas que te plantees.

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Trabaja con tu lado «más oscuro»

Celebremos Samhain

¿Qué es Samhain?

Samhain se celebra la noche del 31 de Octubre al 1 de noviembre y es una de las fiesta más importantes de la tradición Celta, en esta fiesta, como en muchas otras que conocemos (La noche de difuntos, el día de Todos los Santos, el Día de los Muertos, etc…) se cree que el velo que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se difumina y así te puedes reunir con tus antepasados fallecidos.

Pero Samhain, además, supone el «año nuevo celta», o como significa su etiología gaélica «el fin del verano», y por lo tanto el comienzo de lo que se llama «la época oscura». Y efectivamente todos comprobamos en nuestras carnes lo que significa esto: las horas de luz se acortan, dan más ganas de quedarse en casa, hay muchos días nublados o incluso nos levantamos más tristes o sin energía.

¿Puedo beneficiarme de esta «época oscura»?

En la tradición Celta, como en otras tradiciones o religiones se cree que hay un momento para cada cosa y este momento de la época oscura es propicio para meterse «hacia dentro», para parar, pensar, empezar a idear nuevos proyectos, empezar a tejer las cosas que queremos o necesitamos para nosotros mismos, para estar a solas con nuestras cosas, para analizar lo que ha ido bien y mal en nuestras vidas…

Es decir, en general, para estar tranquilos y empezar un trabajo más reposado y en la intimidad de nuestro hogar, por eso para los Celtas esta época es también estupenda para trabajar con lo que ellos llaman «la sombra».

¿Qué es tu sombra? aquello que no quieres mostrar al mundo, lo que has hecho inconsciente, tus traumas, tus heridas, las cosas de ti que te dan vergüenza y no has confesado a nadie, tus secretos, las cosas que consideras inaceptables o vergonzosas de ti mismo.

Todos llevan una sombra, y cuanto menos se encarna en la vida consciente del individuo, más oscura y densa es.

Carl Jung

Os pongo unos ejemplos para entenderlo:

  • De repente un día contestas a alguien de una manera que jamás le habrías contestado a otra persona y no sabes porqué.
  • Haces una cosa de un determinado modo y no puedes cambiar esa manera porque si no te da miedo y no entiendes a qué.
  • Te da vergüenza hacer algo y por mucho que te expones no se te pasa esa vergüenza y no sabes de dónde viene.
  • Situaciones parecidas que no sabes porqué haces o porqué sientes algo.

Ritual para trabajar con tu sombra

Hay mil millones de maneras de hacer conscientes esa sombra para que no influya en tu vida y te condicione, evidentemente una de ellas es ir a terapia y empezar a poner en palabras aquello que has estado callando (o que a lo mejor no sabes ni lo que tienes oculto por ahí), pero hoy te propongo un ritual para que trabajes con ella en casa.

  1. Si tienes claro que es lo que estás callando y no le cuentas al mundo escríbelo en una lista. Si no tienes idea de qué es lo que te pasa pasa escribe las situaciones que haces que no entiendes (reacciones que tienes con la gente, miedos que no sabes de dónde salen, etc…)
  2. El siguiente paso puedes hacerlo de 2 maneras:
  • VERSIÓN A CON MEDITACIÓN. Si eres capaz de concentrarte en la meditación o eres una persona que la practica siempre es recomendable esta opción. Busca un momento tranquilo, a solas, puedes decorar el espacio, por ejemplo poner inciensos, velas, una esterilla si tienes, etc… Pon esta música que te ayudará a concentrarte: https://www.youtube.com/watch?v=Tb8x0QbK0og. Y apaga la luz y cierra y los ojos. Respira hinchando en estómago en lugar del pecho. Coge aire, retenlo 1,2,3 segundos y suéltalo lentamente por la boca. Hazlo hasta que te sientas tranquilo, y después imagina que entras en una cueva y que está oscura, pero que, a medida que sueltas el aire por tu boca la estancia se hace más y más luminosa, así en cada respiración hasta que la cueva está totalmente iluminada. Y ahora piensa en la lista que has apuntado, piensa en cuándo te pasan las cosas que no entiendes, piensa en qué estas callando y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.
  • VERSIÓN B SIN MEDITACIÓN. Si no sueles practicar meditación y te pone aún más nervioso intentarlo, coge la canción del punto anterior, úsala en unos cascos y ve a caminar, es importante que sea caminar o correr o alguna actividad análoga. Y lo mismo que en el punto anterior, piensa en lo apuntado, en los situaciones de vergüenza o miedo o en las cosas que callas y déjate llevar por lo que te diga tu cabeza.

3. Apunta todas las conclusiones que saques o todas las cosas que te hayan venido a la cabeza (incluso a veces por poco sentido que las encuentres), si no ha salido nada nuevo, no desesperes, a veces se tarda más, lo importante es la constancia de poder ir entrando poco a poco en ti mismo, lo cual es una práctica que apenas hacemos. Vuelve a hacerlo mañana, coge las situaciones que te hayan venido a la cabeza, incluso aquellas que no sabes porqué te vienen o crees que no tienen relación y repite el proceso.

4. Si ahora tienes claro lo que está detrás de tus acciones, cuál es el secreto que estás guardando, párate, piensa sobre ello, piensa qué le dirías a una amiga que te cuenta lo que tú estás callando porque seguramente no la juzgarías tan duro como te estás juzgando a ti. Y piensa cómo te sentirías si contaras lo que te atormenta. Elige la amiga, amigo o pariente de más confianza, ese que sabes que no te va a juzgar y que siempre te ayuda (no elijas por favor aquel que te hace sentir mal cuando le pides consejo o le cuentas algo). Y atrévete a contárselo. Libérate de la carga. A lo mejor te lleva días planear cómo contárselo, no importa, a lo mejor se lo cuentas con miedo, no importa. Respeta tus tiempos y sé comprensivo contigo mismo.

Más trabajo con tu sombra

Si te quedas atascado en alguna parte del ritual, o si ves que son demasiadas las situaciones que no entiendes, o al intentar pensar en ellas te desbordas emocionalmente a lo mejor necesitas un trabajo más profundo contigo mismo, un proceso en al que alguien te acompañe, a lo mejor los traumas son más de los que creías y por eso tu consciente no te deja acceder a ellos y necesitas ayuda.

Para eso estamos en Quiero Psicología, llámanos, escríbenos y acepta todas las partes de ti, incluidas las «más oscuras». Porque no serías tú mismo sin tu sombra.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene ideación suicida?

En este post hablaremos sobre una parte de la realidad social silenciada como es el suicidio. Según los últimos datos del INE, en el año 2019 en España se produjeron 3671 suicidios. Estas cifras traducidas al día a día implican que hay 10 suicidios diarios (cada dos horas y media). Respecto a la diferencia en sexos, 900 personas eran mujeres y 2.771 hombres. No obstante, es necesario señalar que las mujeres realizan hasta tres veces más intentos autolíticos respecto a los hombres y ellos lo consuman tres veces más. Este dato es muy relevante ya que se considera un factor de riesgo el número de intentos autolíticos previos.

A nivel mundial, cada año hay 800.000 suicidios, lo que supone que cada 40 segundos una persona se suicida.

Viendo estas cifras, es evidente que se trata de un asunto de salud pública de gran magnitud.

¿por qué hay cierto reparo en hablar de ello?

Del efecto Werther al efecto Papageno

Vivimos en una sociedad con tintes tanatofobicos, donde en general hay cierta aprensión a hablar sobre la muerte y todo lo que le rodea. En el caso del suicidio, el Efecto Werther no ha ayudado a su visibilización. Este efecto está basado en la novela ”Las penas del joven Werther “(1974) tras cuya publicación aumentaron los suicidios de forma considerable. Por el lado contrario, nos encontramos con el Efecto Papageno, basado en un personaje de “La flauta mágica” donde se muestran opciones diferentes a la consumación del suicidio. Este efecto supone que mediante un trato adecuado de la información por parte de los medios de comunicación ( sin señalar el método y sin romantizarlo viéndolo como el fin del sufrimiento) se puede contribuir a la prevención del suicidio. Del otro modo, el estigma social conlleva al silencio y dilatan el sufrimiento de la persona.

Mitos

Por este mismo motivo que acabamos de mencionar, la sociedad tiene un papel fundamental para la prevención del suicidio. El primer paso tiene que ver con tener información sobre ello y desmontar los mitos que sobrevuelan al suicidio para no juzgar a las personas ni banalizar y /o deslegitimar sus actos.

Vamos a hablar sobre aquellos mitos más extendidos al respecto:

  1. Las personas que hablan acerca del suicidio no se hacen daño, solo quieren llamar la atención: FALSO. De cada diez personas que lo consumaron, nueve avisaron de ello y la otra insinuó de algún modo su intención. Toda manifestación relacionada con el daño a un@ mism@ debe tomarse en serio y entenderlo como una petición de ayuda.
  2. El suicidio no se puede prevenir, es un acto impulsivo: FALSO. Las manifestaciones verbales o conductuales que suelen realizar la mayoría de las personas que lo intentan son una muestra de momentos de ambivalencia respecto a considerar su decisión.

A nivel social, es posible trabajar en su prevención mediante la implementación de las políticas necesarias, del mismo modo que ha venido ocurriendo en el caso de los accidentes de trafico y la violencia de género, cuyas víctimas se han reducido en un 69,79% y un 12,7% respectivamente desde el año 2000.

  1. Al hablar con una persona en situación de crisis sobre el suicidio puede incitarle a que lo haga: FALSO. Hablarlo reduce el riesgo de cometerlo, pues este espacio de comunicación es una oportunidad de validación emocional que contribuye a disminuir su sufrimiento y puede convertirse en un momento de reflexión sobre sus intenciones.
  2. Las personas que se suicidan son cobardes (o valientes):  FALSO. No es un acto que se pueda juzgar. La consumación del suicidio es una manifestación extrema del sufrimiento de la persona.

¿Qué hago si estoy ante una persona con intento autolítico?

Como venimos hablando, es importante no juzgar a las personas ni ignorar o minimizar sus verbalizaciones. Resultará fundamental ofrecer un sostén adecuado en los momentos de crisis. ¿Cómo podrías actuar en esas situaciones? Veamos una serie de orientaciones básicas.

  • Es entendible que la situación te abrume, pero es necesario aportar calma a la situación mediante tu lenguaje no verbal y verbal.
  • Retira los objetos que sean potencialmente peligrosos para esas personas (elementos que pueda usar con un fin autolesivo, medicamentos etc).
  • Favorece la escucha de la persona. Pregúntale sobre los sentimientos que tiene, si había pensado antes sobre el suicidio. En el caso de que fuese afirmativa la respuesta, pregúntale cuales fueron sus frenos y anima a la persona a verbalizar sus razones para vivir actualmente. Realiza preguntas para saber si ha pensado en un plan sobre cómo consumar el acto (si lo ha planificado y es viable que lo realice, supone un alto riesgo).
  • En esos momentos, la persona esta desesperanzada ante su presente y futuro y solo contempla el suicidio como solución. Interésate por aquello que le está generando ese sufrimiento y habla con esa persona sobre alternativas a la muerte que le ayudarían a gestionar su situación.
  • Permanece a su lado sin dejarle sol@. Si no sabes qué decir sí puedes realizar una buena escucha permitiendo que hable contigo. Será un tiempo ganado a favor ya que es una oportunidad para sentirse escuchado, entendido y acompañado. Transmítele tu preocupación sobre su plan y dile de forma explícita que para ti y para otras personas es alguien importante.
  • No reproches su planteamiento ( ej. “Qué cosas dices”,” cómo puedes pensar eso”) ni lances mensajes sobre lo bonita que es la vida.
  • No asegure la confidencialidad y busque apoyo en la red social/familiar más cercana. En caso de riesgo potencial, es necesario activar las acciones preventivas necesarias como contactar con los diferentes Servicios de Emergencias Médicas mediante el 112.

Puede ocurrir que no se haya dado este momento de crisis, pero estés preocupad@ por alguna persona cercana a ti. Es importante tener en cuenta señales de alerta como: comentarios negativos sobre sí mismo y su futuro, verbalizaciones explicitas sobre la muerte o cualquier comportamiento que simbolice una despedida (tanto verbal como conductual). Ante alguna de estas señales invítale a hablar y ofrécele buscar ayuda juntos.

Si estas si estas viviendo esta situación o estas preocupado por alguien de tu entorno, desde Quiero Psicología queremos decirte: “no está sol@”.

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La autoestima y las redes sociales

Es innegable que se está viviendo una verdadera revolución digital y estos cambios tecnológicos han afectado a distintas escalas a un mundo cada vez más globalizado. A nivel individual ha impactado generando un cambio en la forma de relacionarse con los otros, el estilo de vida y condicionando en cierta medida el desarrollo de cada uno.

Te contamos unas cuantas claves de cómo repercuten las redes sociales en la autoestima.

Valgo en función de los likes

La autoestima es la relación positiva entre la valoración objetiva de uno mismo y el ideal de aquello que le gustaría ser. El factor sociocultural en la construcción de ésta tiene un papel fundamental, donde entran el juego los valores sociales que se premian en la sociedad y el éxito y el atractivo asociado a la popularidad. En este último punto se encuentra uno de los aspectos claves para entender la importancia de las redes sociales y su relación con la autoestima.

Los nativos digitales, es decir, aquellos que han crecido en una época donde los cambios tecnológicos estaban ya implantados, se han adaptado a vivir con redes sociales y de hecho va implícito en su forma de vida. Esto supone una ventaja en cuanto a los beneficios que implica la tecnología, pero se exponen también a riesgos que pueden pasar desapercibidos. Es muy importante considerar el impacto sobre los adolescentes.

En esta época de crisis vital, llena de contradicciones, inexperiencia y búsqueda de identidad, el criterio de su grupo de iguales será el baremo con el que se midan. En un futuro adulto, la comparación con los otros también estará presente como una forma de regulación. Este es el caldo de cultivo para que las redes sociales sea el lugar idóneo para ello.

De este modo, una publicación en una red social lleva consigo cierta búsqueda de aprobación donde un “like/me gusta” premiará el comportamiento. Además las redes sociales ofrecen la posibilidad de usar filtros, no solo para la imagen, sino que se puede seleccionar qué se muestra y qué no. Así, poco a poco, la persona puede ir construyendo su imagen social ideal (su “ yo online”), mostrando en función de lo que sea valorado y que servirá como una afirmación de su identidad.

Cuando llega el dislike

El espacio de las redes sociales no es simplemente un escaparate social, sino además ahora un lugar que es la fuente de ingresos para muchas personas que obtienen retribución económica, pero pagando el peaje de vivir con “los haters”. Éstos son personas que desde la sensación de invulnerabilidad que ofrece la pantalla digital dirigen comentarios negativos hacia otros, llegando a acosar a diario. Lamentablemente son un elemento instalado ya en las redes sociales.

El motivo de estos comentarios negativos puede explicarse (aunque nunca estará justificado) desde la defensa de otros valores contrarios a lo que la otra persona ha expuesto, desde una comparación que ha despertado inseguridades en el otro y desde un deseo deliberado de dañar. Recientemente se ha publicado que conocidas influencers se han retirado temporalmente por estos motivos en un gesto de cuidado de su salud mental.

No obstante, sin llegar a esos niveles de popularidad, este feedback negativo también ocurre a nivel usuario y aunque ocurra en menor medida es igual de dañino para la autoestima de la persona. Estos comentarios negativos (o ausencia de comentarios positivos) son potencialmente destructores si la persona termina explicando esa situación desde ella misma (ej. “Lo he hecho mal”, “ no soy tan valida como X” “ haga lo que haga me criticarán” ), obviando la acción del otro y exculpándole de su responsabilidad.

Yo online -vs- yo offline.

Las redes sociales posibilitan experimentar diferentes roles, así por ejemplo es habitual encontrar que una persona tenga diferentes perfiles (personal, laboral, proyecto personal etc) e interactúe en función del público al que se dirige.

Del mismo modo, la existencia de estos filtros comentados hace que el mundo virtual no tenga la autenticidad y espontaneidad propias del contacto cara a cara y ofrece por tanto un intervalo para pensar qué quieres decir y cómo.

Las redes sociales supondrán una ventaja para aquellos que no tengan habilidades para enfrentarse a las situaciones sociales y favorecerá la expresión de sentimientos, pensamientos y emociones que de otro modo no tendrían cabida en su vida. Será un arma de doble filo puesto que si recibe un feedback positivo, reforzará que continúe aislándose y relacionándose tras la pantalla.

A veces, este espacio virtual es el único lugar donde los niños/adultos encuentran la posibilidad de habla, en los adolescentes además cobra más importancia, porque será un mundo con sus propias reglas.

La otra cara de la hiperconexión

Otra de las características del mundo virtual es la inmediatez que ofrece para acceder a la información y contactar con los demás, favoreciendo en este último caso una hipersocialización.

Esto en la adolescencia supone una ventaja para poder acceder a los iguales, pero también despierta fenómenos como el ya conocido FOMO (Fear of missing out o Miedo a perderse algo). Este miedo causado por la sensación de estar quedando al margen de experiencias gratificantes de otros genera cierta ansiedad social que se palia mediante un exceso de conexión a las redes para permanecer en contacto con los otros. Este continuo contacto genera a su vez una constante comparación de la vida de los demás respecto a la nuestra, fijando la atención en lo positivo de los demás y en las carencias y aspectos negativos de nuestra vida.

¿Qué hacer desde el entorno?

Como hemos hablado, el mundo virtual es un refugio en ocasiones, pero desde los distintos sistemas en los que se mueve la persona se puede trabajar en pro de la autoestima.

Desde casa y desde la escuela es importante que por parte de los padres y profesores se generen espacios de escucha, que se ajusten expectativas en cuanto a la capacidad de las personas y se brinden las ayudas (tanto materiales como emocionales) que permitan el avance. Es igual de importante ayudar como resaltar esos avances, sin caer en comparaciones y sin dar por hecho que “es lo que tienen que hacer”.

Desde el entorno familiar, no hay que olvidar que los adultos sirven de modelo para los hijos y por tanto es importante demostrar y enseñar un uso responsable de las redes sociales. Es necesario fomentar pautas saludables como no usar el móvil mientras se comparten momentos familiares, enseñarles el uso que le das a las redes sociales, pedirle que comparta contigo lo que ve en redes sociales y sobre todo, advertirle de los riesgos que supone la exposición sin medida.

Cuidar los mensajes que se lanzan desde el entorno en edades tempranas es importante porque quedarán grabados e irán estableciendo los pilares sobre los que creará el autoconcepto la persona y los terminará interiorizando. En un futuro, las experiencias negativas inherentes a la vida, activarán estas viejas heridas relacionadas con estos mensajes negativos pasados sobre “no ser suficiente”.

¿Qué puedo hacer para que las redes sociales no afecten a mi autoestima?

Es posible que al meterte en una red social pienses “mi vida no es tan interesante como la de los demás”. Esto surge ante comparaciones respecto a las actividades que hacen los demás y al dirigir la atención al número de likes que tiene una persona ante una publicación o el numero de seguidores que acumula.

Estos pensamientos pueden aparecer y el objetivo no es que desaparezcan sino reconducirlos ya que pensar en lo que nos falta es devastador a nivel emocional. ¿Y cómo se logra esto?

Puede ser que estando en las redes sociales surja la comparación y comiences a tener pensamientos negativos y a sentirte mal. Revisa qué es lo que exactamente te genera malestar ante esa publicación. Si está relacionado con un área de tu vida que no estás atendiendo, piensa qué pequeño cambio podrías hacer para satisfacerla.

Puede ser que tengas un ideal utópico en cómo debería ser tu vida. No elijas como baremo la vida de los demás puesto que recuerda que en redes solo se muestra una pequeña parte de la vida y está muy lejos de la realidad.

No publiques pensando en lo que va a gustar, muestra aquello que para ti sea importante, que te represente y vaya de acuerdo a tus valores. Si esa publicación no recibe likes, recuerda por qué lo has subido.

Reduce el tiempo que le dedicas a las redes sociales ya que te aleja de los demás y de lo verdaderamente importante en tu vida.

Cambiar este dialogo interno será un pequeño gran cambio.

Si te has sentido identificado o conoces a alguien que puede estar pasando por esta situación, desde Quiero Psicologia podemos ayudarte.

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Cuidando al cuidador

Cuando estamos al cuidado de un familiar o amigo enfermo, tenemos la tendencia de organizar los horarios acorde a sus demandas. Sin embargo, si la enfermedad se cronifica, es habitual que progresivamente nuestra vida empiece a girar en torno a sus necesidades.

En este caso, llamamos cuidador a la persona encargada de cubrir las necesidades especiales de alguna persona ya sea por su edad, condiciones físicas o porque padece algún tipo de enfermedad. Por ejemplo, una persona que se dedica a cuidar a algún familiar anciano o a una persona con discapacidad física.

En España, se estima que el 90% de las personas dependientes se encuentran bajo la atención de algún familiar.

Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, existe el riesgo de que el cuidador acabe desarrollando una sensación de sobrecarga y fatiga, que a largo plazo, puede repercutir negativamente en su área laboral, social y emocional.

¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE EL ROL DE CUIDADOR?

Sobrecarga:

La gran mayoría de estas personas también han de hacer frente a su trabajo, tareas domésticas y cubrir sus propias necesidades. Es habitual que si nos encontramos en esta situación experimentemos la sensación de no poder llegar a todo.

Fatiga:

La sobrecarga de tareas y sobreimplicación en los cuidados provoca, inevitablemente, un elevado grado de cansancio que puede acabar generando lesiones musculares y problemas de salud.

Ansiedad por el futuro:

Muchos de los cuidadores se preguntan: ¿quién cuidará a esta persona cuando yo no esté? O ¿si yo enfermo, quién se hará cargo de sus cuidados?. Por lo que es muy habitual experimentar preocupaciones y desesperanza hacia el futuro.

Aislamiento social:

La sobrecarga puede dar pie a cancelar planes sociales, posponer compromisos laborales o médicos, evitar conocer a gente nueva, etc. Paulatinamente, esto provoca la limitación del contacto social y a largo plazo, el aislamiento.

Descuido de los hábitos de salud:

Cuando debes hacer frente a tantas demandas, puedes acabar dejando de lado los hábitos alimenticios, de higiene y de sueño. Cuando tu horario se centra en los cuidados de la otra persona es normal acabar adaptando toda tu rutina a al suya.

Tristeza por la pérdida de reforzadores:

Cuando la vida del cuidador se limita a cuidar a la persona dependiente y deja de lado a sus amistades y compromisos laborales, es normal experimentar una sensación de vacío y soledad.

La emoción de tristeza surge ante las pérdidas, por lo que estas personas pueden verse inmersas en una espiral constante de pérdidas, al focalizar su rutina únicamente en el bienestar de su familiar y descuidar su propia salud.

Culpa:

Esta emoción surge cuando la persona cuidadora antepone sus necesidades o compromisos a los de la persona cuidada, considerando, de una forma distorsionada, que está haciendo algo malo y actuando de forma desconsiderada por no estar dedicada exclusivamente al rol de cuidador.

LOS CUIDADORES DURANTE LA PANDEMIA

El Informe sobre el Bienestar de los Cuidadores de 2020, señala que todo este malestar se ha intensificado a raíz de la pandemia.

El hecho de tener que limitar los contactos sociales, la disminución de plazas en los centros de día y la sobrecarga de la atención primaria, han disminuido considerablemente los apoyos de estas personas y por tanto, reducido su autonomía.

A esto habría que sumarle el gran porcentaje de personas que afirma tener miedo de padecer COVID y por tanto, no poder hacerse cargo de la persona que cuida, aumentando así su hiperresponsabilidad y nivel de ansiedad.

Otro dato interesante de este informe, es la desigualdad entre sexos, ya que existe un mayor porcentaje de mujeres cuidadoras, que hombres cuidadores.

¿QUÉ PUEDES HACER? CUÍDATE

Recuerda tus derechos:

Tienes derecho a decir NO, a equivocarte, a descansar, a no poder con todo, a pedir ayuda y delegar responsabilidades.

Establece límites:

Prioriza las tareas importantes de las tareas urgentes pero no importantes. Veamos un ejemplo de este concepto para entenderlo mejor:

Imaginemos que yo tengo la costumbre de desayunar café con leche todas las mañanas y mi día establecido para hacer la compra son los jueves por la tarde. Resulta que un jueves por la tarde me invitan a una pequeña fiesta de cumpleaños que coincide con mi hora habitual de realizar la compra. Si no compro leche, no me podré hacer mañana mi café rutinario, pero si voy a hacer la compra a la hora de siempre, me perderé la celebración.

En este caso, quizás me compense más acudir a la fiesta, que es un evento único, y modificar mi rutina de desayuno. Es cierto que si no voy a la compra, no podré desayunar el viernes mi desayuno habitual, pero puedo hacer la excepción al no tratarse de un problema urgente, y desayunar fuera de casa o comer algo diferente.

Fomenta el autocuidado:

Una vez establecida una rutina realista, es imprescindible incluir pequeños momentos de autocuidado, siendo obligatorio contemplar como mínimo un momento al día para ello.

Con autocuidado no nos referimos a acudir a un spa a diario, sino realizar actividades que nos resulten gratificantes como escuchar música, leer, caminar, hacer ejercicio físico, dibujar, etc.

Mantén hábitos saludables de higiene, alimentación y sueño:

Trata de acostarte siempre a la misma hora y de mantener una dieta equilibrada, que incluya todas las comidas.

Apóyate en asociaciones o en grupos de apoyo:

Estos servicios permiten por un lado, obtener información sobre la enfermedad para establecer metas realistas y ajustadas, y por otro lado, establecer una red donde poder desahogarse y apoyarse ante una situación tan compleja.

En conclusión, no podemos cuidar a otra persona adecuadamente si no nos cuidamos primero a nosotros. Si te sientes identificado con este post y te gustaría recibir más información, en Quiero Psicología estaremos encantadas de atenderte y poder acompañarte en este proceso.