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10 Hábitos para aumentar la autoestima.

Empieza el año nuevo con unos propósitos realizables.

¿Quieres aumentar tu autoestima?

¿Te has planteado algún propósito para este año nuevo?

¿quieres intentar cambiar tu modo de ver las cosas?

¿sientes que necesitas tomarte las cosas de otra forma?

Te ayudamos a establecer esos posibles propósitos.

Elimina los «tendría», «habría», «debería».

A partir de ahora presta atención al lenguaje con el que te hablas o hablas a los demás. Cada vez que utilices un “debería haber hecho…”“tendrías que haber dicho…”, o algo parecido, recuerda que hablar desde la exigencia o la necesidad puede hacer que interpretes la realidad de una manera que te genere más ansiedad o frustración.
Intenta ir sustituyendo poco a poco los deberías o tendrías que por un me gustaría, y de esta forma tu lenguaje y por lo tanto el trato a ti mismo/a y a los demás será más comprensivo y compasivo.

No te hables en absolutos.


¿Sueles ver las cosas en términos absolutos? ¿utilizas sin apenas darte cuenta palabras como “todo”,“nunca”, “siempre”, “nada”, etc. ? Recuerda que hay gris entre el blanco y el negro.
Piensa en porcentajes y contempla de una forma más realista las situaciones. Por ejemplo, en lugar de decir “nada me sale bien” sustitúyelo por “un 70% de cosas me han salido bien y un 30% mal».

No te tomes las cosas tan personales.


Recuerda esto: “las personas hacen cosas, no te hacen cosas”. Personalizar puede llevarte a tomar las cosas muy a pecho, como si cada palabra dicha por los demás fuera para ti. Cada uno/a tiene su mundo interior y a veces, actuamos proyectando nuestra propia situación sin que realmente tenga nada que ver con nadie más que con nosotros mismos.


Tomar distancia te ayudará a estar más relajado/a y ser más empático/a. Por ejemplo, imagina que alguien que suele hablarte mucho está poco hablador/a. Esto no quiere decir que tenga algún problema personal contigo, si no que quizás ha tenido un mal día y está triste. Probablemente comiences a darle vueltas a lo que has podido hacer para que se haya enfadado en vez de preguntar si le pasa algo. No personalizar es la clave: no todo gira en torno tuyo, a la gente le pasan muchas más cosas.

Intenta no anticipar.


¿Sueles agobiarte por lo que pasará sin saber realmente si ocurrirá o no? Esta anticipación catastrófica genera miedo y te hace vivir en estado de alerta constante.
Céntrate en el momento presente e intenta relativizar esos pensamientos intrusivos que lleguen, y de nuevo utiliza porcentajes para valorar el riesgo de que algo ocurra o no.

Evita generalizar.


¿Has pasado por una experiencia desagradable y ya piensas que todas las demás serán iguales? Una ruptura, un problema laboral, una discusión, etc. Esto hará que una situación concreta se sobregeneralice y afecte al resto de experiencias de tu vida. Por suerte, no todo es estático y el ser humano es capaz de volver a experimentar emociones o de sobreponerse a situaciones extremas.


Anímate a seguir viviendo con ilusión y con una visión esperanzadora del futuro. Ayúdate de hechos a favor o en contra que aprueben esa afirmación negativa ¿es completamente cierto que ninguna persona se volverá a fijar en ti? Comienza a probar tu hipótesis para ir desmintiéndola poco a poco.

No «adivines» lo que los demás piensan de ti.


¿Tiendes a adelantarte sobre lo que pensarán los demás e interpretar tú mismo la situación? Ten el propósito de, antes de crear la mayor película de la historia en tu cabeza, comunicarte para comprender lo que está pasando y ahorrarte malos ratos.
Pregunta, expresa tus miedos y tus dudas y, si te sientes incapaz de hablarlo, ponlo por escrito. Cambia la dinámica que se desarrolla en tu cabeza, esa que hace que cada pensamiento sea más catastrófico que el anterior, escribe los hechos tal cual los conoces, sin inventarte nada. Probablemente la «película» cambie mucho al verla por escrito.

Deja de criticarte.


¿Sueles atribuirte los fracasos y autocriticarte en exceso y, sin embargo, a los demás les minimizas sus errores haciéndoles sentir mejor? Comienza este año nuevo haciendo eso mismo que haces con los demás contigo mismo/a, valora los pequeños detalles positivos de cada día.
No magnifiques tus errores, dales la importancia que realmente tienen y date un buen consejo como harías con cualquier otra persona.

Céntrate en ti.


Escúchate, intenta dejar de lado el juicio sumarial en el que vives cada experiencia. Esto te ayudará a comprenderte para entender qué necesitas y así, poder hacerle llegar a las personas lo que realmente quieres sin dar mensajes contradictorios o movidos por la emocionalidad del momento.
Prestar atención a lo que sucede en tu interior, simplemente observando, descubriendo cómo funcionan tus pensamientos, te permitirá comenzar a cambiar poco a poco aquello que más te perturba. Practica el autocuidado, dedica tiempo a aquello que realmente te gusta o te llena, incluso si se trata de una actividad que has de realizar en solitario. Priorízate.

Pon límites.


Establece límites para no abarcar más de lo necesario, comienza a practicar el decir no y la comunicación asertiva en todos los ámbitos de tu vida (en el trabajo, con los amigos, en familia, con tu pareja, etc.).
Ten en cuenta que quizás necesites comenzar por ponerte límites a ti mismo. Encontrar el punto justo en el que tus prioridades estén por delante de las de los demás y que esto no te haga sentir mal.

Cambia tus rutinas.


Levantarte cada mañana y repetir lo mismos gestos una y otra vez no es nada estimulante. Intenta crear hábitos que te apetezcan y te motiven: cambiar la ruta para ir al trabajo, explorar otros supermercados…


Hacer ejercicio puede ser un cambio interesante y no hablamos de apuntarse al gym o aumentar las horas que estás allí, sino de buscar actividades motivantes (hacer boxeo, ir a clase de zumba, comenzar a escalar…) novedades estimulantes que llenan tu cerebro de endorfinas.
Comer más sano también te ayudará a sentirte mejor, algunos pequeños cambios son suficientes para marcar una diferencia.

¿Te parecen difíciles?

Anímate a la conseguir estos propósitos y si necesitas ayuda para llevarlos a cabo, en Quiero Psicología encontrarás profesionales con las que podrás trabajar para entender qué dificultad hay y solventarla. Contacta aquí.

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¿Qué inseguridades he podido heredar de mi familia?

Nuestra familia determina de muchas maneras quiénes somos

¿De verdad la familia me ha influido tanto?

Todas las teorías psicológicas dicen que nuestras relaciones con los demás modelan quiénes somos y, sobre todo, las relaciones con nuestros familiares, ya que son ellos los que nos enseñan cómo es el mundo, a través de ellos aprendemos a regularnos y a relacionarnos con los demás.


Estar expuestos desde pequeños a determinados comentarios, situaciones y dinámicas familiares, hacen que nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos afectan las cosas y cómo afrontamos lo que sucede, se vean influenciados.

¿Y que cosas he podido «heredar»?

¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

Sensación de alerta


No soportas que tu madre/padre sean unos pesados contigo, preguntándote a todas horas que donde estás, con quién estás, que qué vas a hacer, etc. Y cuando por fin te vas de casa, parece que esa sensación de ansiedad te acompaña, aunque ya no estén ellos para recordarte todos los peligros que puede haber, vives con una sensación de alerta constante pensando que te van a robar, que debes volver pronto a casa porque te puede pasar algo, etc. Esto sucede porque tu padre/madre te han mostrado que el mundo es que es un lugar peligroso donde tienes que estar siempre pendiente de todo.

Sentimiento de culpa


¿No te has sentido escuchado y te han cargado de responsabilidad en vez de quitarte carga? “Tendrías que haberlo hecho de otra forma”, “si te ha pasado eso es porque tú has hecho tal”… Hicieras lo que hicieras, la responsabilidad y la culpa eran tuyas, no has sentido que te escucharan, te comprendieran y te quitaran el peso de encima explicándote que tienes derecho a equivocarte y aprender de ello. Por eso, a día de hoy, te dedicas a pensar una y otra vez “debería haberle dicho que me ha parecido mal su comentario”, “no tendría que haberle dicho eso porque ahora seguro que lo está pasando mal”, “debería estar más triste ya que acabo de romper la relación”. Sientes culpa de lo que haces/dices en cualquier situación además de tener pensamientos insistentes sobre ello.

Inseguridad


Cuando somos pequeños, nuestros padres/abuelos son nuestros referentes, se convierten en nuestras gafas a través de las que comprendemos el mundo y a los otros. También se convierten en esas manos/brazos donde ir cuando tenemos miedo, estamos preocupados, enfadados, o incluso cuando no entendemos algo. Si te escuchan, te acogen, te validan y te explican lo que está sucediendo en ti, entenderás y podrás integrar lo que está pasando, por lo tanto sentirás seguridad. Si esto no ha sido así, es normal que hayas crecido dudando de ti y de todo lo que tenga que ver contigo: “Seguro que no lo he hecho bien”, “voy a suspender”, “seguro que no le termino de gustar”. Al final no te crees que tú puedas hacer algo bien.

¿Y si me pasa esto?

La familia de la que vienes y las situaciones que has vivido son las que son, y eso ha hecho que tú hoy seas la persona que eres. Tus miedos, inseguridades, sentimientos de culpa, etc. que te llevan acompañando durante toda tu vida buscan ser escuchados, comprendidos y entendidos.

Cuando nos hacemos cargo de lo que nos genera malestar y entendemos su origen, empezamos a conocernos más y a localizar donde tenemos que trabajar. Esto es lo que se hace en nuestras consultas, uno no puede volver atrás para cambiar el pasado pero sí podemos hacer que no nos influya en el hoy ¿Te animas a contarnos que es aquello que te acompaña y te genera malestar? Contacta aquí.

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Síntomas después de un ictus

Las consecuencias psicológicas son frecuentes

¿Qué cambia en el comportamiento de alguien que ha sufrido un ictus?

Son bien conocidas las alteraciones en la memoria, atención, movimiento, etc., que ocurren tras un ictus pero, ¿sabes cuáles son las consecuencias psicológicas?


¿Notas distinto a tu familiar?


¿Sientes que tu madre actúa de manera diferente a como era antes?


¿Te cuesta entender qué le pasa en determinadas situaciones?


Tras un ictus, se dan una serie de consecuencias que cambian la vida de la persona y de los de su alrededor. Estos cambios se observan a nivel emocional, de conducta y de personalidad pero no suelen ser tan conocidos y pillan por sorpresa a la persona que sufre el ictus o a sus allegados.

Consecuencias más comunes:

Según cada caso, las consecuencias no serán exactamente iguales para todo el mundo, sin embargo, a continuación leerás las más frecuentes:

Enfados:


¿Sientes que a tu familiar cualquier cosa le molesta? ¿contesta a las preguntas de forma agresiva? ¿ha llegado alguna vez a romper objetos? Los cambios producidos tras el ictus pueden generar bastante frustración y por ello, que sea más sencillo perder el control y estar más irritable.


Falta de motivación:

¿Las cosas que hacía antes ya no le apetecen? Puede ocurrir que le cueste trabajo programar actividades y que por ello se sienta desmotivado/a.


«Egoísmo»:

Quizás observes que tu familiar ahora imponga más sus necesidades sin tenerte en cuenta a ti o a los demás. Esto se debe a la alteración en la capacidad de reconocer las emociones del otro.


Insistencia:

¿Has llegado a pensar: “¡parece una niña chica!”? es probable que veas un comportamiento de persistencia similar a la que vemos en niños y que por ello, por ejemplo, sea más irresponsable respecto a cómo era antes.


Intensidad emocional:

¿Le pasa que de repente antes de hacer alguna actividad llora muchísimo? Estas emociones incontrolables de tristeza, miedo o enfado son comunes ante el nuevo cambio presente en su vida. Tolera menos la frustración y reacciona de forma más intensa y desmesurada.


Dificultad de adaptación:


¿Parece que le cuesta adaptarse a los cambios? ¿le propones que realice una actividad diferente a la que suele hacer y no sabe cómo empezarla? Esto se debe a la alteración producida a nivel cognitivo, es decir, los mecanismos que nos permiten añadir información nueva, gestionarla, ordenarla y ejecutarla, están dañados y por ello es mucho más difícil planificar de forma instantánea algo diferente a lo establecido. Es lo que se conoce como rigidez del pensamiento.


Reacciones emocionales:

¿Consideras que cambia su estado de ánimo de un momento a otro? ¿tiene reacciones que no corresponden con la situación, como por ejemplo, reír a carcajadas en algún lugar en el que el ambiente sea más serio? La labilidad emocional consiste en no regular las emociones, expresar emociones que no concuerdan con el contexto, o una expresión emocional alterada por la cantidad de veces que ocurre, la intensidad o el tiempo que duren las mismas.


Impulsividad:

¿Ha llegado a realizar conductas inapropiadas en lugares públicos? ¿Ha dicho algo que en una situación “normal” jamás diría? Es consecuencia de la desinhibición, ya que se ve alterado el control de impulsos.


Tristeza:

¿Sientes que está triste? ¿Qué el sentimiento de desesperanza le invade? ¿se siente rechazado/a? La sintomatología depresiva y/o ansiosa es muy común en personas que han sufrido un ictus bien por el daño sufrido, o por la adaptación que supone la situación presente frente a la vida pasada que se ha ido. Es posible también que tenga los síntomas de un trauma (que explicamos aquí).


Alucinaciones:

¿Ha tenido posterior al ictus alucinaciones o pensamientos sin mucho sentido? Es lo que se llama delirio: cambios en el comportamiento y confusión mental que puede llegar a la pérdida del contacto con la realidad viéndose afectada la conciencia y la atención.


Cansancio:

¿Está muy cansado/a, con falta de energía y motivación? La fatiga puede ocurrir entre otras causas, por el elevado estrés al que esté sometida la persona.


Falta de conciencia:

¿Te da la sensación de que no es consciente de lo que le ha pasado? Esto se llama anosognosia, es decir, la falta de conciencia sobre la situación actual ocurrida tras el ictus.

Si estoy viendo estas consecuencias ¿qué hago?

En Quiero Psicología ofrecemos terapia psicológica para trabajar todas las alteraciones ocurridas, de manera que complemente el tratamiento llevado a cabo por otros profesionales de la salud.


También ofrecemos terapia para los propios familiares y amigos que sufren así mismo las consecuencias emocionales de lo que le ocurre a su ser querido. Contacta aquí.

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¿Qué hago si alguien que quiero tiene depresión o ansiedad?

La empatía es la clave en estos casos.

¿Cómo puedo reconocer si un familiar o un amigo está mal?

Tu ser querido ya no está como antes, no tiene ganas de salir a la calle, ha dejado de hacer las actividades que parecían gustarle, no se preocupa tanto de su aspecto físico, repite frases como: “no tengo ganas de nada”, “me siento muy cansado”, “todo me supone mucho esfuerzo”, hay momentos en los que se muestra muy ansioso/a y parece que todo le genera agobio, va acelerado/a, no se concentra en lo que hace, tiene despistes, etc.
Si te suena lo anterior, es posible que tu familiar/amigo/pareja pueda estar padeciendo algún episodio depresivo o ansioso. Y tú te preguntarás, “¿qué puedo hacer yo?”, ver así a esa persona te preocupa y quieres que vuelva a ser el mismo que antes, pero no sabes qué hacer para ayudarle. Muchas veces se intenta ayudar pero en vez de hacer sentir mejor a la otra persona, se le genera una mayor carga y presión.

Qué no hacer

Bien, empecemos por los errores habituales que debemos evitar decir y que podemos sustituir por alternativas menos dañinas:

• “No puedes seguir así”


La persona que se siente deprimida o ansiosa no está a gusto con su situación, le está generando malestar y si por ella fuera no seguiría así, pero no puede o no sabe cómo salir. Por eso, podrías intentar decirle “entiendo que la situación en la que estás te está haciendo sufrir mucho, ¿qué te parece si buscamos ayuda profesional?”. En vez de generarle mayor angustia y frustración al hacerle sentir juzgado/a, se sentirá comprendido/a, acompañado/a y apoyado/a.

• El «tienes qué»


“Tienes que salir de casa”: ¿A alguien que se acaba de partir una pierna le dirías “venga hombre no te puedes quedar en casa, tienes que caminar”? ¿No, verdad? Pues cuando lo que se ha roto es una parte de nosotros que no se ve, sucede lo mismo. Pero como no se puede ver a simple vista, parece que no existe, cuando la realidad es que sí existe y que puede ser igual o más incapacitante que partirse una pierna.

El «tienes que»implica una exigencia que puede empeorar cómo se siente la persona. Qué tal si en vez de eso le dices “estando así entiendo que te cueste mucho salir de casa, ¿qué te parece si nos vamos poniendo objetivos para que poco a poco vayas recuperando las rutinas?”. En vez de exigir y por lo tanto invisibilizar cómo está, le estás validando y proponiéndole un cambio más ajustado, teniendo en cuenta sus limitaciones y el ritmo que necesita. Los «tienes que» están muy presentes en nuestro lenguaje: tienes que disfrutar, tienes que alegrarte, tienes que dejar de pensar en eso, tienes que…

• “Cambia esos pensamientos”


Las ideas que tenemos de los otros y del mundo pueden variar en función de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Si tu familiar está atravesando una circunstancia vital complicada, es normal que sus pensamientos acerca del mundo y los demás hayan cambiado.


Escuchar frases como: «el mundo no es un lugar bonito», «los demás siempre te van a hacer daño», «la vida no tiene sentido»,»hagas lo que hagas al final siempre acabas fracasando», etc. de una persona que quieres no es agradable, y puede que te preocupes porque no entiendes cómo puede estar diciendo algo así. Pero los pensamientos no son fáciles de cambiar cuando lo que estás viviendo te está haciendo sentir triste, enfadado, desesperanzado, etc. Como alternativa, le podrías decir “lo que estás viviendo tiene que ser muy doloroso, entiendo que te estés sintiendo así”.

¿Qué hago entonces?

Al principio, es importante acompañar a la persona con su emoción y más tarde se puede empezar a plantear una alternativa de pensamiento o soluciones. El hecho de ver a una persona cercana pasarlo mal no es agradable y al final tú también puedes acabar sintiendo malestar porque te preocupas e intentas ayudar y puedes experimentar culpa, frustración, rabia o tristeza, y por eso puede ser que presiones de más a tu ser querido cuando eso no le ayuda.


En Quiero Psicología sabemos que no sólo el que sufre de ansiedad o depresión lo pasa mal sino también sus familiares y allegados. Por eso te ofrecemos un espacio para que te dediques tiempo a ti y puedas expresar lo que estás sintiendo, para darte pautas para afrontarlo y ayudar. ¿Hablamos? Contacta aquí.

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¿Cómo me ha podido afectar la LGTBfobia?

Cualquier persona LGTBI+ crece sabiendo que no acata lo «normal».

No eres lo normativo

¿Alguna vez has ido de la mano con tu pareja y has notado cómo te observan? ¿Si os habéis dado un beso, han hecho comentarios despectivos? ¿Tu familia no cree que estés “seguro” de tu decisión? ¿Tus amigas te han preguntado que desde cuándo te gustan las chicas?

No ser heterosexual cisgénero (sentirse identificado con tu género biológico) tiene repercusiones que afectan a nivel personal, social, familiar y laboral. Existen estudios que evidencian la mayor exposición a situaciones estresantes por parte de personas LGTBI+ , especialmente aquellas cuya orientación sexual y/o expresión de género es más visible.

LGTBfobia, definición y tipos

LGTBfobia


Es cualquier manifestación de odio a personas LGTBI+ que surge del miedo o la antipatía, y que tienen la connotación de ver a esas personas como inferiores, anormales o diferentes. Según el colectivo al que vaya dirigido se clasifica en: homofobia, lesbofobia, bifobia, plumofobia, etc.
Diferenciamos también si la LGTBI+fobia viene desde fuera o desde dentro, es decir:

LGTBI+fobia externa o social

Son actos discriminativos por parte de gobiernos, empresas, comunidades, etc., que se realizan mediante conductas intolerantes, entre otras formas. Pongamos el ejemplo de una empresa que, tras conocer la orientación sexual de un trabajador, le despide por cualquier motivo sin tener una justificación real y que justo coincide cuando la persona ha expresado públicamente dicha orientación sexual.

LGTBI+fobia interiorizada

Implica la aversión a los propios sentimientos y comportamientos siendo uno mismo del colectivo LGTBI+, por ejemplo, rechazando o negando su expresión de género por vergüenza o teniendo actitudes hostiles hacia otros miembros del colectivo.

¿De qué manera la sociedad no me hace sentir «normal» si soy LGTBI+?

¿Sientes vergüenza a la hora de expresar tu orientación sexual porque no hay nadie en tu entorno que esté en la misma situación?


¿Te niegas a aceptar que, a pesar de que siempre te han gustado las chicas, ahora te gusta un chico?


¿Llevas tu relación en secreto por miedo al qué dirán?


¿Intentas controlar tu expresión corporal para que los demás no te insulten o te estigmaticen?


¿Inventas que tienes pareja del género contrario para que dejen de preguntarte si tienes pareja?


¿Has tenido ansiedad por no saber cómo contar a tus padres cuál es tu orientación sexual?


¿Te piden que no hagas pública tu relación hasta que ‘estés segura’?


¿Te han insultado o incluso agredido físicamente por la calle?


¿Has tenido que inhibirte por estar en algún lugar en el que no sabes si serás rechazado?

Todas estas preguntas son solo la punta del iceberg, cosas que una persona heterosexual cisgénero ni siquiera tendría que plantearse. Lo que hay detrás (y muchos estudios lo señalan) es la mayor vulnerabilidad a desarrollar trastornos del estado de ánimo y la ansiedad debido a la mayor exposición a una impredictibilidad y estrés constantes.

¿Cuáles son las consecuencias que sufro entonces?

Además de lo dicho anteriormente las consecuencias pueden ser:

Estrés al romper el modelo tradicional que se presupone (presunción de heterosexualidad).


– Problemas en la propia identidad o tardar más tiempo en formar la identidad de uno mismx.

– Relaciones de pareja fusionadas con el consiguiente aislamiento.


– Menor red social (y/o sentimiento de soledad).


– Mayor dificultad a la hora de independizarte con tu pareja, tener hijxs, etc.


– Falta de espacios específicos, de información en educación sexual y riesgos de ITS.


– Riesgo de no acceder a servicios sanitarios o que estos no se adapten a tu realidad: falta de diagnóstico y tratamientos.


– Violencia intragénero: riesgo de sufrir violencia en tu pareja del mismo sexo /género y que no seas atendidx.


– Consecuencias psicológicas como: culpa, tristeza, frustración, impotencia, rabia, miedo, etc., rechazo familiar, social, laboral. O incluso el de uno mismo, lo que implica mayor probabilidad de suicidio, de sufrir depresión, de tener trastornos de ansiedad y consumo de drogas, etc.


– Sufrir agresiones verbales o físicas por ser LGTBI+ (insultos, palizas, miradas hostiles, etc.). Todo ello contribuye a minar la autoestima de forma gradual llegando en muchos casos a hacer insostenible la situación. Si te identificas con algo de lo que has leído y consideras que necesitas ayuda profesional, en Quiero Psicología contarás con profesionales formadas para ayudarte a gestionar la situación en la que te encuentres. Pide ayuda ahora. Contacta aquí.

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¿Mi familia es tóxica?

No lo justifiques todo con un: «es que es mi madre.

Cuando se acercan las Navidades te sonará la típica escena donde hay un reencuentro familiar. Te toca compartir mesa, entrantes y conversación con esa tía que te genera tanta inquietud cuando te pregunta si ya tienes novio/a, o con tu abuelo que no tiene pelos en la lengua y dice lo que se le ocurre, o quizá sea tu prima increpándote sobre si sigues votando a los mismos. En definitiva, de una forma o de otra, te ves forzada a vivir determinadas escenas familiares que, muchas veces, no son del todo agradables. Pero una cosa es que tengas que lidiar con alguna que otra diferencia y otra es que se convierta en un verdadero tormento.

¿Cómo saber si tu familia es tóxica o son cosas típicas?

¿Te da miedo dar tu opinión?


Sientes que tu opinión no va a ser escuchada, tenida en cuenta e incluso que puede ser motivo de risa. “Ya está este diciendo tonterías”, cuando realmente para ti es importante lo que estás expresando y te gustaría que te escucharan y valoraran. Por otro lado, te das cuenta que las opiniones de otros miembros de tu familia sí son escuchadas con gran atención, por lo que puedes sentirte muy frustrado.

¿Sientes que eres invisible?


A veces piensas que tu presencia no se nota, que si no llegas a estar tampoco pasaría nada porque nadie te echaría de menos. Notas que no te preguntan cómo estás, cómo te está yendo en tu trabajo, si te está gustando la vida en esta nueva ciudad, etc. Pasas desapercibido y tienes la sensación de que no le importas a nadie y eso hace que te sientas solo.

¿Sientes que no puedes ser tú mismo?


Comportarte y expresarte como tú eres no está bien visto dentro de tu dinámica familiar, sientes que no encajas porque hay determinadas cosas que no terminan de gustar en tu casa, por ejemplo, el nuevo piercing que te has hecho, tus opiniones políticas, tu pareja, tu nuevo corte de pelo, etc. Recibes críticas indirectas relacionadas con aspectos de cómo eres y sientes que no te terminan de aceptar.

¿Nada de lo que haces es suficiente?


Todo lo que haces es insuficiente, si has sacado buenas notas podrían ser mejores (como las de tu primo), si te has sacado el carnet de conducir eres un peligro en la carretera, si has hecho un nuevo amigo seguro que opinan que es tonto, si tienes una nueva pareja lo que busca es engañarte. Ninguna de las cosas normales por las que la gente recibiría aprobación son bien vistas en tu familia, siempre podrías hacerlo mejor.

Cuidado, que no sea que…


Otra manera de maltratar es sobreproteger al extremo, algo que en las familias y en general no se ha visto como tóxico y muchas veces se ha visto como un «bueno es que es madre / padre, es que se preocupa», pero hay una gran diferencia entre preocuparse y tratar a la persona como si fuera de cristal o inútil. Ejemplos de esta sobreprotección sería: no dejarte salir, no permitir que estudies una cosa porque eso es una tontería, no dejar que vayas solo, evitar que hagas cosas que tendrías que hacer por ti mismo porque «pobrecito»…

Y si mi familia es así ¿qué hago?

No hay mayor verdad que la que dice que la familia no se elige pero sí puedes empezar a elegir dónde poner tus límites. Quizá sea el momento de que empieces a hablar de cómo te sientes cuando estás con ellos, de que entiendas que no eres tú la que genera incomodidad, que tú puedes ser como tú elijas, que son ellos los que no te están escuchando, entendiendo y aceptando.


La idea de lo que debe ser una familia viene, en parte, definida por el sistema cultural y educacional en el que has crecido. “La familia lo es todo, como te quiere tu familia no te va a querer nadie, tu familia es la que nunca te va a fallar, tu familia estará ahí pase lo que pase”. Esto puede hacer que el mero hecho de plantearte poner límites con tu familia te cueste mucho, te puede generar culpa porque va en contra de lo que se considera «lo normal». Todos estos años atrás te has podido sentir incomprendido ya que es difícil entender por qué te sientes así.


Por eso, si estás harto de esa situación y quieres empezar a vivir distinto, en Quiero Psicología tenemos la formación necesaria para entender lo que te está sucediendo y empezar a trabajar contigo en tus límites, tu culpa y tu autoestima ¿Vienes y nos cuentas? Contacta aquí.

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¿Sufro acoso laboral?

¿Qué es el acoso laboral?

¿Sientes que en el trabajo no te tratan bien? ¿crees que estás exagerando? ¿te sientes humillado/a? Quizás no quieras tomarte en serio las indirectas o ataques, o pienses que son “cosas tuyas”, pero, ¿sabes qué es el acoso laboral o mobbing?


Consiste en cualquier situación que implique conductas abusivas ya sea mediante actos, palabras, gestos, escritos, etc. que ataquen directamente tu integridad física o psíquica, dignidad o personalidad, e incluso, tu puesto de trabajo o el clima laboral.

¿Cómo sé si yo lo sufro?

Si estás siendo sometido/a a conductas degradantes de forma regular y que nada tengan que ver con los conflictos naturales que pueden darse en grupo, quizás te sientas identificada con las siguientes situaciones.

-Rechazo de la comunicación:


¿Esa persona que agrede, evita hablar del conflicto y así evita también buscar una solución al mismo? ¿sientes que te reprocha de forma sutil sin comunicar abiertamente lo que le ocurre?

-Descalificación:


Puede darse de forma verbal como bromas, burlas o sarcasmos, o de forma no verbal a través de miradas, silencios o suspiros. Es posible que te sientas ignorado por tu agresor o incluso que veas como habla con una tercera persona sobre ti con el propósito de humillarte.

-Desacreditación:


¿Crees que esa persona agresora manipula e intenta crear dudas a los demás sobre ti? Puede hacerlo con mentiras o motes ridículos o tomándose a broma alguna situación tuya personal (enfermedad, motivo de baja, etc).

-Aislamiento:


No te invitan a reuniones del trabajo, no cuentan contigo para comidas de empresa, celos por parte de otros compañeros de trabajo debido a “preferencias o insinuaciones” por parte del agresor. Toda una gama de comportamientos que te hacen sentir cada vez más rechazado en tu trabajo.

-Novatadas:


¿Te obligan a realizar tareas ridículas? ¿eres quien se queda la última siempre? ¿te encargan tareas que son imposibles de cumplir? ¿no te permiten nunca escoger alguna fecha concreta para tus días de descanso?

-Inducir a error:


Si en alguna ocasión debido a una provocación por parte de tu agresora has perdido los papeles, es posible que pretendiera ponerte en evidencia y que así los demás “observen” tu comportamiento con un, ¿habéis visto?

-Acoso sexual:


¿Has sentido que te tocaba de forma sutil? ¿sientes que te incomoda la manera en la que te mira? ¿realiza comentarios con alguna pretensión cuando estáis a solas o incluso, delante de los demás? ¿te trata de forma diferente por ser mujer o por ser hombre?

¿A quién se dirige la agresión?

Entre compañeros/as: celos, competencias, problemas personales, etc.


Por parte de un superior a un subordinado: suele ser el más común y se da cuando hay un abuso de poder o, por ejemplo, porque sea una persona que quiere quedar siempre por encima de los demás y destacar.


De uno o varios subordinado/a (s) al superior: este caso es menos común y puede darse cuando un compañero asciende ocupando un cargo superior, o cuando llega alguien del exterior a la empresa a ocupar un puesto que alguien creía que era para él o ella.


Es posible que hayas intentado pedir ayuda y que tanto tus compañeros como la propia empresa hagan oídos sordos, bien porque no te creen, bien porque no quieren implicarse en el problema. Es probable que tengas miedo a perder tu puesto de trabajo, tu posición, tu nivel económico, tu relación con otros compañeros, entre otras circunstancias.

¿Pero cómo puede esto afectarte?

El impacto a nivel psicológico puede ser brutal al estar sometido a fuertes niveles de estrés llegando incluso a sufrir un trastorno de estrés postraumático, trastornos de ansiedad y/o transtornos depresivos.


Además de poder verse afectada tu autoestima o presentar conductas de evitación (no ir al trabajo o aislarse) y en casos muy graves llegar al suicidio.


La salud física se resiente con problemas de sueño, gastrointestinales, migrañas, etc. A nivel familiar y social, los cambios en el estado de ánimo, silencios, etc, pueden afectar a la dinámica del hogar o con amigos. Finalmente, en el ámbito laboral puede que quieras dejar el puesto o en caso de conseguir un nuevo trabajo, puede que cargues conla situación anterior impidiendo una nueva y correcta integración.

¿Qué hacer?

Si sientes que estás sufriendo acoso laboral y que estás hundido, con ansiedad o deprimido y que ya no tienes fuerzas, pide ayuda experta, es importante tanto si aún permaneces en la situación como si ya has abandonado el puesto de trabajo pero sigues teniendo síntomas. Aunque te alejes del foco de la ansiedad el trauma no se va así como así.
En Quiero Psicología podemos trabajar para conseguir herramientas que te ayuden a gestionar la situación y recuperar el bienestar emocional. Anímate ahora a dejar atrás tu malestar. Contacta aquí.

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¿Sufro un trauma?

Trauma no es sólo ser soldado en una guerra.

¿Qué es un trauma?

Al contrario de lo que piensa la gente, un trauma no son sólo cosas que se ven objetivamente como terribles: que vivas una guerra, que te violen, que se mueran tus padres en un accidente de coche, etc.


Trauma es todo aquello que te marca emocionalmente de manera muy profunda. Por ejemplo, para un niño un trauma de manual sería perderse en el supermercado y no encontrar a sus padres, ese niño piensa que le han abandonado y que se muere. Esa sensación horrible puede quedarse atascada y hacer que ese niño no duerma, que no coma… pero no se sabrá qué le ha pasado porque no ha sucedido un hecho grave o excepcional, ¿cuántas veces se ha extraviado un niño yendo de compras? No parece que tenga mayor importancia.

¿Qué tipos de traumas son más frecuentes?

¿Te has sentido poco escuchada cuando eras niña?


¿Has sentido tristeza cuando te dejaban en el campamento de verano y se iban lejos, sin ti?


¿Tus compañeros del colegio te insultaban y te tiraban cosas y no se lo contabas a nadie?


¿Te reñían si expresabas miedo?


¿Sentías miedo y rabia cuando tus padres discutían?


¿Alguna vez te has sentido rechazado por los que eran tus amigos?


¿Te suenan? Son vivencias cotidianas con las que te has podido encontrar a lo largo de tu vida, quizá te han venido a la cabeza ahora porque ya ni te acordabas. Son situaciones desagradables que en el momento no supiste cómo afrontar y fueron muy dolorosas. Te hubiera gustado que alguien se acercara a ti para preguntarte qué te pasaba y así poder expresar lo que estabas sintiendo. Te hubiera gustado que la otra persona te acogiera, te explicara, le pusiera nombre y te apoyara. Pero al no poder entenderlo y ser tan doloroso, has decidido no volver a pensar en ello y se ha quedado atascado, enterrado en el olvido y te limita.


Aquí es importante explicar que hay dos tipos de traumas:

Trauma simple:


Es el que sucede de repente, un único evento, por ejemplo: mañana tu pareja te abandona sin explicaciones. Es como una taladradora que te destroza. Un hecho puntual que queda clavado en tu mente.

Trauma complejo:


Que sería como una gota que va cayendo, cayendo y cayendo hasta que hace un agujero. Por ejemplo: todos los días te insultaban en el colegio cuando tenías 8 años y esto hace que ahora sientas que eres un pringado.

¿Qué pasa cuando he sufrido un trauma?

Sientes que realmente hay una sensación o creencia que no se termina de ir y de alguna forma busca llamar tu atención para que te ocupes de lo que pasó. Y no solo la mente recuerda, también lo hace el cuerpo ¿cómo? En forma de emociones intensas, conductas irracionales, creencias falsas y síntomas.

Emociones intensas


Tus emociones tristeza/rabia/asco/miedo no fueron escuchadas ni entendidas ni aceptadas en su momento, por lo que aparecen en el presente de una forma muy fuerte y en situaciones cotidianas cuando no les encuentras sentido, por ejemplo:

Te genera mucha rabia que tu amiga quede con otra persona antes que contigo, llegando a experimentar sensación de abandono.


El estar solo en casa te produce una gran tristeza.


Te da miedo que lleguen las vacaciones y no tengas amigos para hacer un viaje.


Todo esto son emociones que están intentando llamar tu atención para que las escuches y las integres, ya que en su momento no supiste cómo o no pudiste hacerlo.

Conductas irracionales


Como las emociones son muy intensas, te llevan a hacer cosas que no encajan mucho con la situación, cosas que muchas veces son desproporcionadas con lo que está sucediendo en el presente. Por ejemplo:


Prefiero no pasar por esa calle porque me trae recuerdos, así que doy un rodeo aunque me haga tardar 8 minutos más para llegar a casa.


Cuando mi pareja me dice que no me puede acompañar hasta casa de mi amiga porque tiene cosas que hacer, le empiezo a gritar y a tirar objetos.


Cuando alguien me habla con un tono más elevado y fuerte, me pongo a llorar desconsoladamente porque no soporto los gritos.

Creencias falsas


Al no haber podido integrar la situación, el recuerdo se ha quedado fragmentado y hace que tengas una idea de ti mismo y del mundo errónea.


Cuando eras pequeño no te escucharon lo suficiente, por eso piensas que lo que te pasa no es lo suficientemente importante. Como los niños de tu clase se metían contigo, ahora te ves como una persona que no vale nada y que no merece que la quieran.


Estas creencias son erróneas y te llevan a verte de una manera distorsionada, por eso es muy importante revisarlas y ajustarlas a la realidad.

Síntomas


Por mucho que evites pensar en ello, el cerebro busca oportunidades para recordarte lo que ha sucedido, ya sea en forma de flashbacks y/o en modo pesadilla.


¿Hay veces que, de repente, te aparecen imágenes de algo que ha sucedido hace mucho tiempo y aún te genera inquietud?


¿Te has despertado sobresaltado porque estabas soñando con esa situación tan desagradable?


¿Tienes contracturas, dolores de cabeza, insomnio…?

Si tengo un trauma ¿qué hago?

Cuando somos pequeños no somos capaces de poner nombre a las emociones, por eso es importante la figura del cuidador, para que nos escuche, entienda, acepte y ponga nombre a lo que nos está pasando. Si esta figura no ha hecho su función, es posible que a día de hoy no sepas ponerle nombre a lo que te está sucediendo.


En Quiero Psicología te ofrecemos un espacio de confianza para que puedas hablar de aquello, para que puedas entenderlo, aceptarlo y darle un nuevo significado que te permita liberarte de toda esa carga. Trabajar con traumas suele ser muy complejo localizar el origen y saber tratarlo en profundidad, acude a nosotras como expertas si no sabes qué te está pasando en el presente y lo sientes distorsionado. No vivas toda la vida las limitaciones del trauma. Libérate ahora. Contacta aquí.

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¿Por qué es necesaria la perspectiva de género?

Y porqué es tan importante que tu terapeuta la tenga seas hombre o mujer.

¿Qué es la perspectiva de género?

Al contrario de lo que la gente piensa, la perspectiva de género no significa favorecer a la mujer por encima del hombre. Con la llegada del feminismo y la igualdad, hay muchos términos que han sido mal entendidos por miedo, desconocimiento o confusión. La perspectiva de género significa mirar al otro entendiendo el trato distinto que ha recibido por parte de la sociedad por el mero hecho de ser mujer u hombre.


Para nosotras la perspectiva de género es lo siguiente: imagina que la estructura de una casa está teniendo problemas de cimientos, la casa se hunde y hay que modificar esos cimientos ¿crees que bastará con cambiar sólo la mitad de ellos? ¿qué crees que pasará si sólo hacemos cambios en la mitad? ¿se solucionará el problema?


Esto ocurre con la mirada de género, la casa de la que hablamos es la sociedad en la que vivimos, por ello, para solucionar esta problemática hay que hablar de cómo la educación de género nos ha afectado a todas y todos.

¿Cómo nos afecta?

Hay que diferenciar aquí sexo de género: sexo son los atributos biológicos con los que naces en base a los cuáles se decide si eres hombre o mujer, pero la categoría género se refiere a cómo te educan, a cómo te socializan si eres chica o chico.


Todos tenemos atributos asignados por la cultura que nos limitan por ser hombre o mujer, por ejemplo:

Los hombres no pueden llorar:


Esto, aunque parezca una frase lejana, no lo es y tradicionalmente se ha entendido que los hombres no pueden expresar sus emociones, que expresar emociones era una cosa de mujeres (por lo tanto de débiles), sobre todo si estas emociones son tristeza, ansiedad, preocupación, etc.

Lo único que no ha sido tabú para los hombres es la ira. Un hombre podía (y debía) expresar su ira, pero no su tristeza. Esto ha tenido y tiene muchísimas repercusiones en el mundo actual, entre las personas que día a día atendemos en nuestras consultas, vemos hombres que no han sido escuchados en lo que sentían, que están muy tristes, que sienten que sus emociones no ha sido atendidas, que a veces ya no saben ni lo que sienten. Y que están crónicamente enfadados o frustrados consigo mismos o con los demás.

Las mujeres son las cuidadoras:


¿Quién cuida a los enfermos? ¿quién hace la comida? ¿quién reúne a la familia en navidad? de nuevo, aunque pueda parecer que esto es algo obsoleto no es así, nos sigue pesando.

Ser buena y cuidadora son adjetivos que han hecho que las mujeres tengan que resignarse, aguantar y basar su autoestima en lo que recibieran del mundo. La mujer no valía por sí misma, valía como ayuda del otro y para el otro. Esto ha condicionado a la mujer en su manera de actuar, de presentarse ante el mundo y de permanecer en él.


Esto sólo son dos pequeños ejemplos, podríamos seguir con un montón más. Lo que está claro es que nuestra educación nos condiciona y nos limita: nos condiciona para recibir más atención o menos, nos limita para permitirnos o no expresar nuestras emociones, para ser escuchados o no. Y en esa educación va a influir si eres hombre o mujer.

El cambio, la nueva perspectiva

Tener la mirada de una terapeuta con perspectiva de género, que sepa explicarte los porqués, que sepa identificar tu autoestima, tus traumas, tu expresión emocional y que sepa darte explicaciones y re-narrar tu historia vital (también según la educación de género) para que entiendas porqué ahora te encuentras así, es imprescindible.


En Quiero Psicología nos esforzamos por des-programar a las personas de los patrones aprendidos que les han hecho tanto daño, los de género, los de belleza, los de productividad sin límite y otros muchos. Porque la persona se entiende en su contexto, con todo lo que le rodea, con su familia, su género y su sociedad, porque creemos que si no, es como intentar navegar sin brújula.


Así que ya sabes, si sientes que necesitas un cambio, súbete a nuestro barco, estamos aquí para escucharte. Llama ahora.

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Consejos para cerrar tu duelo

Si parece que nunca superas el duelo de alguien que perdiste, te damos una serie de consejos para ayudarte con el cierre.

¿Cómo sé que no he cerrado un duelo?

Las señales de que un duelo no está cerrado son claras:


Pensar en esa persona te despierta un montón de emociones, con una intensidad muy elevada.


Estas emociones pueden ser sólo de tristeza muy intensa o puede haber otro tipo de emociones como culpa, rabia, etc. Estas últimas indican no sólo que el duelo no está cerrado sino que hay pensamientos erróneos que no se han superado y que te atormentan.


Ha pasado mucho tiempo y sigue siendo igual de intenso. Al principio es normal tener emociones muy intensas que con el tiempo se transforman en un sentimiento de aceptación (aunque siga existiendo la pérdida y la añoranza por no tener a esa persona, eso siempre es normal).


Sigues trayendo a esa persona a la mente una y otra vez, de forma demasiado frecuente.
No te engañes, los duelos superados no causan esto. Se puede sentir añoranza, un poco de tristeza o amor, o recordar a la persona de vez en cuando, pero no emociones intensas que no se corresponden con el tiempo presente.

¿Por qué puede pasar esto?

En un duelo donde aún sigas sintiendo una tristeza exagerada, un llanto incontrolable cuando hables o recuerdes a la persona que perdiste (a pesar del tiempo que pasó) lo que sucede es que esa persona te aportaba algo que aún no te has dado a ti mismo y por ello no puedes renunciar a ella. Por ejemplo: tu abuela era la que más te animaba, la que te daba importancia, la que te decía que tú podías hacer de todo. Y tú, a día de hoy, no sólo no te dices nada de eso sino que te machacas a ti mismo. Por eso no puedes despedirte de tu abuela, porque ella te hacía sentir una calidez y un amor que a día de hoy no has sabido interiorizar y sentir por ti mismo.


También puede suceder que la muerte haya sido compleja y se haya mezclado con otros sentimientos hacia la persona que ha fallecido, como rabia por irse pronto, por tratarme mal, o culpa porque si yo hubiera hecho esto y aquello lo mismo seguiría vivo… En este caso más que el ritual que te propongo, te recomiendo acudir a terapia para reconstruir el duelo y perdonarte o perdonar a la persona que se fue porque estás en un terreno complejo.

¿Cómo me despido y cierro mi dolor?

El ritual es tan sencillo como escribir una carta, una carta especial porque tiene que cumplir varios requisitos:

Dirígete a esa persona


Sé que te costará muchísimo porque al pronunciar su nombre te darán ganas de llorar, pero es importante que te despidas de ella, que le digas lo que sientes y sentiste.

Dile todo lo que te aportó


Haz una lista de todas las cosas que tienes que agradecerle, todo lo que bueno que suponía en tu vida y todo lo que aprendiste: que te enseñó a luchar por lo que querías o que te encantaba la forma en que te cuidaba….

Dile lo que no te gustó


Parece que siempre cuando una persona fallece se transforma en un ángel que no rompió un plato. Esto no es verdad. Seguro que tuvo cosas buenas y cosas malas, que hacía cosas que no te gustaban o que te hicieron daño. Es importante mencionar estas también y expresar el perdón. Aceptar que él o ella eran así.

Expresar lo que aprendiste de todo esto


Integrar lo que tú quieres hacer tuyo de esa persona, hacer que la huella que te dejó nunca se pierda es la mejor manera de honrar su muerte. En esta parte es importante decir lo que sacas de tu experiencia con él / ella y marcarte incluso objetivos de cosas que quieres hacer tuyas. Por ejemplo: tú me hacías sentir que valía mucho y que podía con todo y ahora quiero hacer eso yo en mi vida, o gracias a tu cabezonería aprendí que no quería ser así o educar a mis hijos así y te lo agradezco….

Gracias y adiós


Y por último la despedida final, donde aceptas, perdonas y te marcas objetivos para ti. Esta despedida no supone que ya no puedas recordar a la persona y que no puedas seguir integrando cosas de ella, sólo supone que ya no te sentirás fatal. No tengas miedo a decir adiós.

Otros aspectos del ritual


Después de escribir esta carta puedes leerla en voz alta y enterrarla, o ir a la tumba de la persona querida y leérsela, o leerla con alguien querido que te arrope, los detalles de cómo hagas esta despedida te los dejamos a ti, no hay una ley sobre esto.


Y si te ves incapaz de hacer este trabajo o hay sentimientos muy complicados o intensos en todo tu duelo, llámanos, somos especialistas en duelos y traumas y sabremos ayudarte con las mejores herramientas. Contacta aquí.