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¿Por qué no te sale decir «no»?

¿Qué síntomas puedo tener si no me sale decir que «no»?

¿Hay veces que no te apetece hacer algo y aún así lo haces por no decir que no?


¿Sientes culpa cuando le has dicho que no a alguien?


¿Te da miedo hacer daño a los demás cuando expresas lo que quieres?


¿Piensas que si das tu opinión es posible que te rechacen?


¿Te da vergüenza proponer algo?


¿Te da miedo que si propones algo y sale mal, te culparán a ti?

¿Te suenan los ejemplos de arriba?

Si la respuesta es sí, entiendo que sientas malestar en muchas ocasiones porque tus necesidades no están siendo escuchadas, lo que tú quieres se está ignorando y se termina haciendo lo que prefieren los demás.


Hay una serie de emociones que sientes que hacen que no puedas decir lo que te gustaría o que te impide poner límites. Estas emociones pueden ser:


– Vergüenza.


– Miedo.


– Culpa.

– Tú sabes si realmente quieres hacerlo o no, dudas de ti misma.


Al final, estás para todos pero nunca para ti. Esto tiene que ver con tu autoestima y con la importancia que has sentido que te han dado durante toda la vida, de hecho, es probable que en el fondo puedas sentirte un poco sola y no escuchada.

¿En qué te afecta todo esto?

Falta de confianza.

Las experiencias que has vivido influyen en cómo te ves y la imagen que tienes de ti misma.

Si has vivido situaciones donde no te has sentido importante, válida y suficiente para los otros, es posible que hayas pensado que realmente tú no vales lo suficiente, que no eres lo suficientemente importante y, por lo tanto, sientes que no tienes tu lugar en el mundo. Puede ser que te sientas pequeña, ignorada, apartada y que busques la aceptación constante de los demás para sentir que vales. Entras en un bucle, no sientes que vales hasta que alguien ajeno te hace sentir importante, aunque sea renunciando a lo que quieres y experimentando frustración.

Poner límites.


Es probable que te cueste poner límites en general. Poner límites es muy necesario porque te permite tener tu espacio personal. Poniendo límites estás haciéndote cargo de ti misma y a la vez le estás diciendo a los demás hasta donde pueden llegar, sin permitir que se excedan y te invadan. Pero a veces ni tú misma sabes lo que quieres, si tú no conoces tus límites ¿cómo van a hacerlo los demás?


Tienes derecho a escucharte y a atender tus necesidades, por mucho que sientas que eso podría hacerle daño a alguien. Al final, a la única persona a la que le estás haciendo daño es a ti. Una consecuencia que no se suele tener en cuenta es: si estás para todo el mundo y te destruyes a ti, al final no estarás para nadie.

Toma de decisiones.


Delegar en los demás la toma de decisiones te hace tener una actitud pasiva. “Que sean los demás los que decidan por mi” y así no tienes opción de equivocarte, de ser juzgada, de sentir vergüenza, de demostrar que realmente no eres tan buena… Y al final son los demás los que deciden por ti, lo que te hace sentir como una veleta que va y viene en función de los deseos de tu amiga, de tu amigo, de tu compañero de clase, de tu madre, de tu padre, de tu tía, de tu prima, de tu pareja…

Expresar lo que sientes es adecuado y si los demás llegaran a rechazarte por ello, será problema de los demás.


Comprobar si los demás respetan lo que decides, quieres y sientes será un gran paso para quedarte únicamente con la gente sana en tu vida y librarte de gente tóxica que jamás te va a compensar.

¿Qué hago entonces?

Te preguntarás, ¿por qué? ¿por qué soy así? Quizá nunca te hayas parado a pensar en el porqué. ¿Te has sentido escuchada? ¿cuando te has sentido triste o enfadada, ha habido alguien que te haya entendido y acompañado? ¿te han dicho que tú sí que vales? ¿te han dicho que lo que estás sintiendo está bien, que puedes dudar y que no pasa nada? ¿que no te vas a quedar sóla si te equivocas?

Quizá sea el momento de empezar a pensar en ti, empezar a conocerte, empezar a entender de donde viene tu falta de confianza, empezar a decir hasta aquí, empezar a tomar decisiones, empezar a permitirte equivocarte, empezar a quererte.


¿Te animas?¿Empezamos? En Quiero Psicología te esperamos para acompañarte en este cambio que tú elijes. Contacta aquí.

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Mini test de dependencia emocional

¿Soy dependiente emocional?

Si empiezas a sospechar que necesitas demasiado a tu pareja te voy a dar una serie de claves para saber si es posible que estés confundiendo el amor con la dependencia.

Mini test de dependencia emocional


¿Sientes que quieres estar todo el rato con tu pareja cueste lo que cueste?


¿Te pasa que, si tu pareja no te muestra en algún momento cariño, lo pasas mal?


¿Crees que inviertes la mayor parte de tu tiempo en tu pareja?


¿Ves nada, o casi nada a tus amigos/as?


¿Consideras que has reducido tu actividad laboral o de ocio por tu pareja?


¿El miedo a estar sin la persona amada te lleva a pasarlo mal, obsesionarte, preocuparte o incluso tener comportamientos celosos/controladores?


¿A pesar de las posibles consecuencias desagradables sigues repitiendo estos pasos una y otra vez?


¿Sientes que no estás nada bien con tu pareja pero sigues una y otra vez buscándola?


Si contestas a todo o casi todo con un sí, seguramente estés en una relación de dependencia.

¿Qué significa y de donde viene ser dependiente emocional?

El vínculo afectivo empieza a desarrollarse desde que nacemos. Recibir afecto y cuidado nos permite crecer de forma saludable. ¿Qué ocurre cuando este vínculo afectivo ha sido irregular o ha faltado? Puede que nos genere una carencia que posteriormente busquemos en los demás y nos lleve a la dependencia.

La dependencia es apegarse de forma insana, es decir, actuar según una necesidad.

¿Crees que es lo mismo decir, “me gustaría estar con mi pareja este fin de semana”, que decir, “necesito estar con mi pareja este fin de semana”?


Relacionarnos desde la necesidad, implica exigencia y miedo. Es como si eso que deseamos tuviera que ocurrir a toda costa. La consecuencia es la incapacidad de renunciar, es el sufrir constantemente si no se da aquello que necesitas.


Imagina que esta necesidad fuera una cebolla. Ve quitando capa a capa hasta quedarte en el centro, ¿qué es lo que queda? El miedo. Miedo que te invade y que se convierte en el gran protagonista de la dependencia. Miedo a sentirte solo/a, miedo a no ver en tu pareja esas “mismas ganas” que tú, miedo a que tu pareja encuentre otras formas de ocio que no sean contigo, en definitiva, miedo a que esa fuente de placer/seguridad se pierda.

Entonces ¿qué es lo sano?

Aprender a diferenciar el deseo de estar con tu pareja o incluso sentir miedo en algunas circunstancias, frente a la adicción, es fundamental para tener una dinámica sana en tu relación.


Los pilares para un vínculo seguro son la independencia, la no posesividad y la no adicción.

La independencia.


Tiene que ver con la autoestima ya que si sientes que tienes la capacidad de gestionar tu propia vida por ti mismo/a no necesitarás de manera imperiosa a otra persona para conseguir tus metas o desarrollarte. Es rellenar esa carencia contigo mismo primero.

La no posesividad.

Es la tranquilidad de saber que nadie te pertenece y viceversa, sin embargo, lo contrario implica vivir con el miedo a la constante incertidumbre de ver si esa persona se va o se queda.

La no adicción.


Es aquel acto de amor propio en el que eliminamos posibles sesgos o autoengaños sobre nosotros/as y nuestra pareja ajustando las expectativas con la realidad para no engancharnos de forma impulsiva e irracional que responden a necesidades no cubiertas del pasado.


Es decir, con amor, confianza, respeto y aceptación, podremos tener una relación de pareja en la que crecer individualmente, y con el otro.

¿Cómo lo soluciono?

Si sientes que te ocurre esto con tu pareja o con familiares y amigos/as, y quieres cambiar la dinámica, en Quiero Psicología podemos ayudarte. Trabajaremos sobre tu presente para cambiar las distorsiones y te daremos estrategias eficaces para actuar con la situación, pero, por otro lado, iremos al origen para erradicar esa carencia que ahora te hace necesitar a otra persona.


Sobre todo, no tengas vergüenza de pedir ayuda, nosotras tratamos a la persona, no juzgamos los síntomas nunca. Contacta aquí.

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¿Sufro violencia de género en mi pareja?

«Sin ti no soy nada, una gota de lluvia mojando mi cara…»

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¿Cuáles son las señales de alarma de que mi pareja me maltrata?

Las conductas que leerás a continuación pueden dar la sensación de que provienen de alguien que te cuida y te quiere, dado que los mitos del amor romántico han hecho mucho daño haciéndonos pensar que el sufrimiento, el control y la necesidad son inherentes a tener pareja. Estos mitos nos han llevado a pensar que si no veo a mi pareja me muero o se muere él, en que si insiste en verme a todas horas es que me ama con locura o que si pregunta una y otra vez lo que hago o donde estoy es porque se preocupa. Sin embargo, estos y otros comportamientos no son más que señales que indican posesión, desconfianza y sospecha.


Lo que al principio parecía un amor pasional se convierte en un infierno de control. Ahora, ten en cuenta que no todos los maltratos son iguales porque según la personalidad de tu pareja hará unas cosas u otras, no siempre encontrarás todas las características pero si te identificas en general con lo que describimos a continuación sospecha que tu pareja te maltrata. Algunas de las señales de alerta serían:

Intrusión.


Preguntas del tipo, ¿dónde estás? ¿con quién? ¿a dónde vas? ¿a qué hora vuelves?, o se presenta en tu lugar de trabajo, en tu lugar de reuniones con amigos/as sin previo aviso. Al principio puedo parecer muy «romántico», que te quiere tanto que te busca a todas horas pero luego te irás sintiendo invadida y sin control de tus espacios.

Celos.


¿Alguna vez has estado con un grupo de personas y tu pareja te ha comentado que un miembro del grupo te mira demasiado? ¿alguna vez tu pareja ha hecho comentarios sobre la ropa que llevas y lo provocativa que vas esa noche? ¿te ha prohibido salir o te ha chantajeado con la pena para que no lo hicieras?. Si tu pareja es celosa ten en cuenta que no dejará de serlo sólo porque le aportes pruebas tipo: enseñarle el móvil, dejar de salir con el amigo que le despierta celos, etc. Esto no mejorará la situación, de hecho la empeorará, dado que cuanto más control tenga sobre ti, más pedirá. Tú no tienes la culpa de que él sea celoso.


Posesión.

¿Te suena la frase, “eres sólo mía”? Frases de ese tipo pueden parecer románticas cuando lo que esconden es control, lo descubrirás cuando esas afirmaciones justifiquen aislarte del resto. Por ejemplo: «es que eres mi novia y tienes que estar conmigo, no salir a todas horas», «es que eres mía y no quiero que otros chicos te miren». En su mente «eres mi novia» equivale a «harás lo que yo diga».

Cambios de humor.


¿Te has sentido alguna vez desconcertada al ver que tu pareja, de estar contento pasa a estar enfadado en décimas de segundos? ¿Estos cambios de humor sin motivo aparente ocurren a menudo? ¿su enfado es desproporcionado con respecto a lo que ha sucedido? También puede pasar que (con o sin enfado, pero sin ser proporcionado) desaparezca, te deje de hablar y hasta que te deje como pareja durante días o semanas hasta que vayas rogándole. Cualquier cosa por descabellada que sea puede ser motivo de disputa: llegar 5 minutos tarde, limpiar una sartén con un trapo amarillo o la ropa que lleves. Además, como no entiendes el motivo del enfado tenderás a buscar la lógica aunque no tenga y por ello a culparte («a lo mejor si hubiera llegado antes…», «a lo mejor si no llevara esta falda…»). Así empezarás a limitar tu propia libertad sin entender que los cambios de humor son porque tu pareja tiene problemas emocionales no porque tú hayas hecho nada.

Aislamiento.


Pasar mucho tiempo solos tu pareja y tú, comentarios que desprecien actividades que a ti te gusta realizar, argumentar algo negativo sobre tus amistades de forma continuada, o cuestionar el número de veces que ves a tu familia, son formas de aislarte del mundo que te rodea.

Chantajes y amenazas


Si es frecuente que oigas «claro, porque no me quieres», «claro, es que no te preocupas por mi», o «si haces eso te dejo» tu pareja está intentando controlarte por medio de la pena o del miedo. Si tiendes a preocuparte más de cómo está él que de cómo estás tú sólo harás caso de su sufrimiento y de que no quieres perderle y cederás una y otra vez hasta que controle casi todo lo que hagas.

Consecuencias en tu salud


Las consecuencias presentes en ti pueden ser físicas (dolor abdominal, hematomas, fracturas, etc.), o psicológicas, como vergüenza, sensación de nerviosismo, pérdida de autoestima, ambivalencia al maltratador ( sentir “amor” y miedo al mismo tiempo por él), sentimiento de culpa, fracaso, retraimiento en todos los ámbitos de su vida, desvalorización, miedo, indecisión, etc.

¿Por qué decimos de género si esto son comportamientos presentes en cualquier maltrato de pareja?

La violencia de género es cuando ocurre violencia contra una mujer por el mero hecho de serlo (por ejemplo, entre otras cosas, violencia de género sería que una mujer cobrara menos salario que un hombre por el mismo trabajo, por tanto, no sólo se reduce a la violencia en pareja).


En la sociedad se asumen los estereotipos que nos han enseñado sobre los géneros (hombre fuerte, poderoso; mujer débil, cuidadora e histérica) y esto hace que veamos como más «normales» estos comportamientos de maltrato en la pareja heterosexual. Para abordar por lo tanto estas situaciones hay que «desprogramar» muchos aprendizajes de nuestro pasado incluidos estos estereotipos.


Por eso, la terapia, además de tratar todos los factores psicológicos, abordará cómo estos factores educacionales te influyen ¿cómo te ha afectado toda la vida que te llamaran exagerada porque eras más emocional?¿porqué sientes que eres débil o histérica por sufrir o mostrar emociones cuando estás mal?¿sientes que tienes que cuidar siempre y que tienes más en cuenta al otro que a ti? todo eso son aprendizajes sociales por ser mujer y que te pueden dificultar salir de tu relación. Por eso es importante que el terapeuta que aborde esta problemática esté formado en perspectiva de género, como lo estamos nosotras.


Si decides dar el paso (ya sea para dejar a tu pareja o porque la has dejado y aún estás mal) en Quiero Psicología te podemos ayudar ya que somos expertas en esta temática y en las secuelas que te pueda causar. Cambia tu vida ahora. Contacta.

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Cómo saber si tengo obsesiones

¿Qué son las obsesiones?

¿Hay determinados pensamientos que se presentan en tu cabeza de repente y te generan un gran malestar?


Puede que sean obsesiones o puede que sean otro tipo de pensamientos, por ello vamos a especificar en qué consisten las obsesiones.

No sólo son pensamientos:


Me he referido a las obsesiones en forma de pensamiento, pero eso es solo una manifestación más, también se pueden presentar como ideas, imágenes o impulsos. Por ejemplo:


– En formato idea sería pensar todos los días que no has cerrado la puerta y te van a robar.


– En formato imagen sería por ir paseando con la bici al lado de una verja y de repente verte en tu imaginación con un trozo de alambre atravesando tu ojo.


– En formato impulso sería estar en el andén del metro y venirte el impulso de querer tirarte (a pesar de que ni quieres hacerlo ni lo vas a hacer).

El contenido puede ser considerado desproporcionado, extraño y anormal:


Las obsesiones generan un gran malestar porque aquello que te viene a la cabeza es desproporcionado o desagradable.


A veces la persona sí siente que encuentra un razonamiento lógico en sus obsesiones con justificaciones de lo que está haciendo, aunque sea desproporcionado, por ejemplo: compruebo el documento que voy a enviar 6 veces pero digo que lo hago porque si no podría tener un error y lo encuentro muy coherente (a pesar de que eso me haya hecho llegar una hora tarde al clase).


O, a veces, el contenido se aleja de lo que la propia persona considera “normal” y “coherente” y se siente horrible, raro o un monstruo. Por ejemplo: puedes llegar a imaginar situaciones realmente grotescas, como la idea repentina de agredir a alguien con quien estás hablando o incluso la idea de coger un objeto dañino y clavártelo.

No sientes ningún control, te asaltan una y otra vez:


Este es uno de los primeros motivos por los que una persona viene a consulta, si las obsesiones avanzan pueden tomar el control de tu vida y asaltarte repetidamente causando muchísimo malestar y angustia. Sientes que no puedes pararlo.

Generan alerta:


La emoción que acompaña a las obsesiones es el miedo. La obsesión provoca un nivel de alerta exagerado llegando a creer que aquello que piensas o sientes es la realidad. Esto sucede porque pones al mismo nivel la realidad (hechos) con la fantasía (imaginación). Por ejemplo: sientes que si no ordenas por colores todas tus camisas serás una persona desorganizada y horrible que vive en el caos y no puedes no hacerlo, o, te viene a la cabeza la imagen de ti mismo empujando a alguien a las vías del metro y por eso crees que podrías ser capaz de hacerlo.

La estrategia para liberar tensión: las compulsiones.


Como el contenido de las obsesiones es muy desagradable, llegando a causarte mucha angustia, llevas a cabo estrategias defensivas que se traducen en forma de compulsión. Las compulsiones son conductas rígidas y repetitivas cuyo fin es reducir la ansiedad o tener la falsa sensación de que así se va a impedir que suceda aquello tan temido. En el primer ejemplo hablamos de un caso en el que piensas que todos los días que van a atracar tu casa porque no has cerrado la puerta, la compulsión sería volver a comprobar que está cerrada cada vez que sales (y en ocasiones varias veces).
En las compulsiones puedes realizar acciones como ordenar, comprobar, limpiar o lavarte, o por el contrario, actividades mentales como rezar, pensar en inglés o contar. Si tienes dudas de cuál es tu compulsión, respóndete a esta pregunta: ¿Qué haces cuando te pones nervioso?

Las obsesiones más comunes:

En función a las compulsiones que se llevan a cabo, encontramos diferentes tipos de obsesiones que son las más comunes. Aquí te las explicamos:

Limpieza

Cuando sientes que puedes estar contaminado, sucio o que puedes contagiarte de alguna enfermedad.

Comprobación


Con el fin de evitar que ocurra alguna catástrofe como un incendio, un escape de gas o ser robado. Intentas reasegurarte.

Orden


Cuando todo tiene que estar ordenado, las cosas tienen que cumplir una simetría.

Repetición


Haces cosas repetidamente como ordenar las llaves de un llavero o comprobar documentos o mails cuando tienes una sensación de alerta y sientes que de no hacerlo la consecuencia sería terrible (aunque racionalmente si lo piensas sabes que no tiene lógica y que no es para tanto).

Acumulación


Cuando temes tirar algo importante para ti o que en el futuro puedas necesitar. El ejemplo más representativo de este tipo de obsesión es el Síndrome de Diógenes: el estereotipo sería típica persona que sale en los programas de la tele que ha convertido su casa en un vertedero.

¡Cuidado! Solo hemos puesto algunos ejemplos pero, cada persona es diferente y por lo tanto puede que tú tengas otro tipo de obsesiones y de manifestaciones.

Creo que yo tengo obsesiones ¿qué hago?

Si te has sentido identificado con lo que acabas de leer es el momento de pedir ayuda. En realidad las obsesiones y las compulsiones son el síntoma, lo visible de lo que te está pasando emocionalmente. Quizá debajo de ello haya un duelo sin elaborar, una ansiedad que viene de otro lado (de la familia, del trabajo…) y por lo tanto no es sencillo que tú sólo puedas identificar y solucionar la causa de lo que te ocurre, pero en Quiero Psicología conocemos cómo funcionan este tipo de procesos y te ayudaremos a trabajarlo. Te esperamos con la puerta abierta. Contacta aquí.

¿Estoy en una relación tóxica?

Hoy en día todos podemos sufrir en una relación tóxica o incluso ser víctima de maltrato psicológico y/o físico en nuestra pareja.

Si he empezado a limitar mi vida, a dejar relaciones de lado, a estar intranquilo por lo que dirá mi pareja sobre lo que hago puedo estar en una relación tóxica.

¿Cómo identificarlo?

Aquí te dejo una lista de situaciones que te pueden indicar si estás en una relación así:

JUSTIFICAR SU COMPORTAMIENTO


Muchas veces la justificación está tan solo en encontrar la explicación del comportamiento agresivo y no hacer nada más. “Claro, es que él es así porque sé que ha tenido una infancia muy dura”, “bueno, es que yo también le hinché las narices”, “es que ayer tenía el día cruzado”. Pregúntate ¿realmente tiene justificación lo que te hace?¿es justo para ti?¿te ayuda en algo encontrarle la explicación?

CREER QUE VA A CAMBIAR


“Bueno, pero se da cuenta a veces y pide perdón”, “he visto algún cambio, lleva días sin haber un enfado”. ¿Pero ves un cambio real? ¿ha ido a un terapeuta? ¿está dando pasos reales para lograrlo o esto ya te lo ha prometido otras veces y ha durado dos días? Si él / ella es igual que ayer, si ninguno de los dos se está relacionando de manera distinta ¿cómo se va a producir el cambio?

CREER QUE ESTÁ EN TU CONTROL CAMBIARLO / CORTAR TU LIBERTAD


“Cuando yo dejo de hablar con chicos todo está bien”, “si yo no le digo que salgo no discutimos”, “cuando algo me molesta mejor me callo porque si no se lía”. Esto solo son parches, de repente saltará porque hoy no has contestado a un mensaje lo suficientemente rápido, porque un chico te ha hablado a ti y te ha sonreído, porque ha descubierto que ayer saliste, etc…


No vas a poder controlar todo lo que le produce enfado, y lo peor, cada vez habrá más cosas que le produzcan enfado, primero era solo un amigo en concreto, luego que salieras de fiesta y luego… Así mientras tú crees que controlas, otro va tomando el control sobre ti, pierdes tu libertad, tus intereses. Vives en un nerviosismo constante.

HIPERVIGILANCIA (ANSIEDAD)


Como crees que vas a poder cambiar o evitar su comportamiento agresivo, estás todo el tiempo pendiente de no hacer nada que pueda molestarle, vigilas todo lo que haces durante el día y cuando te enfrentas a una situación de “peligro” (entiéndase una en donde él/ ella pueda enfadarse) en lugar de actuar libremente guiado por tus deseos lo primero que piensas es en el lío que se podría montar.


Por ejemplo, tu pareja es celosa y unos amigos te invitan a un cumpleaños o a un festival y lo primero que piensas no es “qué bien, qué ganas”, sino: “mierda se va a enfadar si voy”. En definitiva, vives con ansiedad ante situaciones que deberían ser normales para ti, que podrían ser incluso alegrías. Pregúntate si esa es la calidad de vida que quieres.

SÍNTOMAS DEPRESIVOS


Has ido perdiendo el control de tu vida y todo el rato te sientes juzgado/a y culpable. Empiezas a pensar que no hay salida, que esto es así o que es todo a lo que puedes aspirar. Si piensas en salir de la relación te sientes impotente y te repites que no puedes, que lo habéis dejado 85 veces y aún seguís juntos.Eras una persona alegre y ahora te sientes una persona amargada, la gente te llega a preguntar que qué te ha pasado y tú no sabes bien qué contestar.

AGRESIONES, AMENAZAS, INSULTOS, SILENCIOS


La parte más visible de un maltrato es la física, los moretones se ven pero ¿y si es solo psicológico?


El maltrato psicológico incluye el menosprecio, las vejaciones, los insultos explícitos (puta, perro, cabrón, zorra, inútil…), las insinuaciones, el control (de dónde vas, lo que haces, lo que dices), las amenazas (“si sales de fiesta te dejo”, “si me dejas te quito a los niños”, etc). Muchas veces todo esto es muy sutil, es compararte con otra persona que “es mejor que tú” o con su ex “que era maravillosa”, o es contar tu intimidad a desconocidos o dejarte en ridículo delante de alguien, también puede ser repetirte lo mal que haces las cosas, etc. Hay infinitos comportamientos que pueden destruir tu integridad.


Pero el maltrato también incluye los silencios, ignorarte, dejarte con la palabra en la boca (el mensaje que hay detrás es: “no te hablo porque no eres importante, no eres nadie”). Todo esto hace que tu autoestima disminuya, empiezas a dudar de todas tus acciones, siempre piensas que podrías haberlo hecho mejor, te sientes sin herramientas porque ante un silencio, o cuando te ignoran no puedes hacer nada. A veces piensas que te vas a volver loco/a.
Cuidado con este punto, una cosa es un insulto puntual o un grito puntual, todo el mundo puede perder los nervios o hacer una crítica, pero otra cosa es una dinámica donde te acabas sintiendo controlado e inferior.

MALA AUTOESTIMA / DESEQUILIBRIO DE PODER


Aunque antes no lo pensaras, te llegas a creer que tú no puedes hacer nada, que no vales nada, que sus opiniones cuentan más. A veces no lo piensas conscientemente pero si tú tienes una necesidad o un deseo siempre queda relegado a lo que la otra persona desea. Sus planes son más importantes. Ellos tienen más derechos que tú, pueden salir, pueden ligar, pueden hablar con todo el mundo, o incluso te han puesto los cuernos, pero tú no podrías.

ALIMENTAR TU MALA AUTOESTIMA: TOMAR COMO REFERENCIA LO QUE TÚ HACES


“Es que yo también me enfrento y le chillo”, “Una vez hasta le dí un bofetón”, “Soy una histérica le llegué a llamar 20 veces seguidas”.


El maltrato no es una situación normal, por lo tanto tus reacciones son reacciones normales ante comportamientos anormales. Muchas víctimas se culpan porque también tienen ira, porque también chillan, porque incluso llegan a tener un comportamiento violento físico para defenderse (como un bofetón), también pueden empezar a tener celos (cuando a lo mejor antes nunca habías sido celoso/a) o porque muestran un comportamiento obsesivo (le llamas o le escribes cientos de veces para saber qué ha pasado, si él / ella sigue enfadado, etc). Todas estas conductas son normales cuando estás siendo víctima de un maltrato, pero no significa que ello te defina, que tú seas así, una histérica o un loco, no eres agresivo/a. Es que pierdes el control porque te sientes impotente ante una situación que se te escapa de las manos.

VERGÜENZA / INCOMPRENSIÓN


No eres capaz de contar lo que ocurre en tu pareja a la gente, te da mucha vergüenza reconocer todas estas cosas. O, si lo has contado, la gente no entiende porqué sigues en la relación, te dicen que lo dejes, que no merece la pena, etc. Muchas veces suele ocurrir que incluso se enfadan contigo porque no rompes con él /ella, pierden la paciencia y te hablan mal. Si esto ocurre probablemente dejes de contar lo que te pasa o que cuentes una versión a medias. Así te empiezas a sentir más aislado/a e impotente. “Es que tienen razón, estoy siempre con lo mismo, soy una pesada”, “ellos no lo entienden”.

SENTIRME CULPABLE POR COSAS QUE NO DEBERÍA


Me echa en cara muchísimas cosas que cuando lo pienso fríamente sé que no son mi culpa, pero me lo repite una y otra vez y cuando me lo está echando en cara me pregunto “¿será verdad que yo soy una histérica?”, “¿he sido yo el culpable del enfado?”, “¿este chico/a está intentando ligar conmigo y yo le habré dado pie?”


Llegas a dudar de muchas de las cosas que haces, o pides perdón por millones de cosas que no son tu culpa pero así el enfado se pasa, así las cosas se arreglan, si yo tengo que pedir perdón para que todo esté bien, lo hago. Pero… ¿bien por cuánto tiempo?

DEPENDENCIA O CODEPENDENCIA


Ambos sois dependientes en la relación porque a pesar de todo lo que pasa, no lo dejáis. “Si pienso racionamente los pros y los contras de la relación debería haberle dejado hace tiempo pero le quiero”. No encuentras ninguna razón más. A veces, a ratos, estáis bien, pero si hicieras balance de lo bueno y lo malo saldría ganando por goleada lo malo. Pero le quiero.


También puede pasar que te hayas convencido de que no puedes dejarlo, te pones mil excusas (“ahora me viene mal, no tengo trabajo”, “es que ayer todo estuvo calmado, quizá cambie”). Incluso piensas que dejarlo sería tan horrible y te causa tanta ansiedad que ni quieres pensarlo. En el fondo sabes que no te merece la pena.
A veces también puedes estar siendo manipulado/a con tus hijos, o con la casa, la familia, los bienes o los amigos. Te amenaza de tal manera que prefieres quedarte en la relación porque irte crees que sería peor.


Hay otro caso donde podrías mantener la relación a pesar de todo, la codependencia, pero ésta tiene otro matiz: soy su cuidador. “Si yo me voy ¿quién le va a querer?”,”¿quién le va a cuidar?”, “es una persona muy difícil (o con muchos problemas) y si yo no le apoyo y estoy a su lado acabará muy mal”.

SI DEJO LA RELACIÓN FRACASO


Has invertido tanto emocionalmente en la relación que ahora no puedes dejar que se acabe sin más. No puedes permitir que te deje así. Además, te tienes que defender de sus ataques, tienes que demostrar que anoche no estabas ligando, que no eres un mentiroso/a , que tú no le quieres engañar, o que no eres una puta… Tienes que explicarle todo, convencerle.
¿Alguna vez funciona? ¿Alguna vez reconoce que estaba equivocado/a? ¿Alguna vez te pide perdón por montarte el pollo? Si tu respuesta es no, vas a tener que preguntarte si la inversión de tiempo, esfuerzo y de nervios que supone explicarte sirve para algo ¿qué pasaría si dejaras de justificarte?

¿Qué hacer una vez identificado?

Puede que leer esto haya sido un jarro de agua fría, quizá ya lo sospecharas pero ahora te parece más claro todo. Ese es el primer paso para tu recuperación. Identificar lo que te ocurre, reconocerlo. Sin ese paso el resto de pasos no tendrían sentido. No hace falta que te sientas identificado/a con todos los síntomas, con que te veas reflejado/a en muchas cosas probablemente sea un maltrato.


No es fácil reconocerlo, implica mucho para ti. La sociedad lo trata como algo excepcional que parece que además solo le ocurre a personas “débiles”. Todo eso es mentira. Le pasa a un montón de gente, mucha más de la que tú crees, esos mismos amigos que te critican y se enfadan por estar en una relación así podrían acabar ellos mismos en una relación parecida.

Pida ayuda a una persona experta

No te vamos a juzgar, podrás soltar toda tu rabia, podremos mejorar la autoestima, trabajar la culpa, las ideas distorsionadas, etc. Es todo un proceso de curación pero con una recompensa tremenda.

Hazlo ya. Cuanto más se destruya tu autoestima más difícil te será dejarlo, cuanto más estás en la relación más difícil es salir. Piénsalo, al principio te hubiera sido muy fácil pero ahora es cada vez más duro ¿verdad?. ¡Escríbenos en el formulario de contacto!¿Cuánto tiempo más vas a ser infeliz?

¿Qué terapia necesito si tengo vaginismo?

El vaginismo consiste en la contracción involuntaria de la musculatura del suelo pélvico, una afección más común de lo que se piensa.

Son muchas las mujeres que presentan o han presentado a lo largo de su vida esta complicación, que consiste en una contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina, cuando mantienen relaciones sexuales con penetración.
Esta contracción produce un cierre casi total de la vagina, imposibilitando completamente la penetración ya sea con un dedo, con el pene, con un dildo o incluso un tampón. Aparecen también intensas molestias y dolores cuando se intenta.

La mejor solución para este problema es la terapia sexológica

La terapia sexológica identificará las posibles causas que pueden estar contribuyendo al mantenimiento del problema. El miedo a que una penetración duela, al embarazo, a las ITS, el desconocimiento sobre la anatomía genital femenina, la falta de educación sexual, etc. Son factores que aparecen siempre ante esta causa.

Una vez localizados, se empieza a trabajar con la paciente. Primero con ejercicios de relajación, ya que la anticipación y el miedo contribuyen al cierre de los músculos. Y segundo con el uso de dilatadores vaginales progresivos. Estos juguetes suelen venir en packs con diferentes tamaños de grosor y de longitud.

El tratamiento se iniciará con el dilatador más pequeño y más fino, acompañado de unas indicaciones a la paciente sobre como estar tranquila, relajada, siendo consciente del ejercicio y siempre con lubricante.


Con el uso de los dilatadores, la paciente verá y será consciente que de forma progresiva pueden ir introduciendo en su vagina distintos tamaños de dilatador.


El primer dilatador que se empiece a utilizar puede ser una bala vibradora que suelen tener un tamaño bastante reducido y además vibra, por lo que la paciente puede empezar a estimularse el clítoris y la entrada de la vagina y con la excitación y la relajación ir introduciéndolo poco a poco.


Lo bueno de hacer el ejercicio con algo que vibre y que estimule, es que no lo vuelve tan mecánico como el hecho de introducir un dilatador sin más. Después se irá aumentando el tamaño de los dilatadores, pero aun así la bala se puede seguir utilizando a la vez o antes para estimular.


Cuando ya se haya conseguido introducir sin molestias el ultimo tamaño de dilatador, se recomienda que la paciente busque una réplica del pene de su pareja (o lo más parecido posible) para que ella pueda acostumbrarse al tamaño y grosor antes de tener un encuentro sexual que vaya a incluir penetración.


Existen dildos y vibradores de muchos tamaños, el material más recomendable materiales es la silicona médica, incluso existen marcas que imitan el tacto real de la piel.

Estos últimos serian los más recomendados para esta última fase del tratamiento.


Como mantenimiento, se le recomendará a la paciente el uso de bolas chinas para hacer los ejercicios de Kegel, que consisten en contraer el suelo pélvico. De esta forma seguiremos teniendo conciencia de esta musculatura y podremos trabajarlos durante toda la vida.


El tratamiento del vaginismo es uno de los más eficaces y gratificantes para la paciente ya que los resultados se empiezan a ver relativamente pronto. Es importante hacer un tratamiento específico ya que de forma espontanea esta complicación no desaparece.


Por ello pide ayuda a nuestra especialista en terapia sexual si sufres de este problema.

Tips para afrontar la ruptura de pareja

Todo lo que un día empieza, otro día se termina. Y los motivos pueden ser varios. Motivos que, muchas veces, se escapan de nuestro control. Nos vemos inmersos en una situación que no conocíamos.

Cuando una persona con la que hemos compartido parte de nuestro tiempo y parte de nosotros se va, algo se nos rompe por dentro y no sabemos qué hacer.

Varias emociones nos pueden acompañar durante este proceso: tristeza, miedo, culpa, decepción, vergüenza, ira… todas ellas son útiles y debemos aceptarlas para así poder elaborar un correcto duelo. Toda experiencia nos aporta un aprendizaje y añade contenido a la narrativa de nuestra vida.

¿Qué pautas podemos seguir cuando estamos atravesando una ruptura sentimental?

Distanciarnos de nuestra ex pareja: retirar todo lo que nos recuerde y nos vincule a la relación. Por ejemplo, evitar frecuentar los mismos sitios.


Dejar de idealizar al otro y a la relación: dedicar unos minutos diarios a pensar dos cosas negativas de nuestra ex pareja y dos positivas sobre nuestra vida actual.


Incrementar las actividades agradables mejorando así nuestro estado de ánimo.


Cuidarnos: alimentación, sueño, deporte.


• Controlar la ansiedad: relajación, respiración…


Cuidar la manera en la que nos hablamos: tratémonos con cariño.


Perdonar y perdonarse: el odio y el rencor hacia los demás o uno mismo impide que nos sintamos bien.


Afrontar los miedos y preocupaciones: limitar el tiempo que dedicamos a darle vueltas a lo que nos preocupa.


Expresar adecuadamente nuestro malestar: expresar el dolor alejándonos del rol de víctimas.


Buscar el apoyo social: sentir el cariño y el apoyo de nuestros seres queridos.


Aprender a disfrutar de la soledad: nuestro mejor amigo, somos nosotros mismos.


Plantearnos nuevos objetivos personales y vitales: tenemos que reajustar nuestra visión del mundo y los objetivos vitales.

¿Y si no puedo seguir estas pautas?

Si no te ves capaz de llevar a cabo todas estas pautas puede ser que alguna variable psicológica pueda estar afectándote: baja autoestima, dependencia emocional, que tu pareja fuera una persona tóxica, etc…
Si es así no dudes en pedirnos ayuda. Contacta ahora


*La información extraída es de la lectura “Cómo afrontar la ruptura de pareja” de Montserrat Montaño.

¿Sufro de estrés laboral?

¿Sabías que el 51% de los empleados denuncia que el estrés laboral es habitual en su puesto?

El estrés laboral se da cuando ha de hacerse frente a demandas ambientales que sobrepasan los recursos (o al menos, esa es su percepción). BURNOUT es un tipo de estrés que se genera específicamente en aquellas profesiones caracterizadas por una relación constante y directa con otras personas.

¿Qué síntomas tendré si sufro de estrés laboral?

Los síntomas aparecen de forma gradual y se manifiestan de varias formas:

El comportamiento cambia.

Poco a poco te sientes insatisfecho o insatisfecha en el trabajo, disminuye el rendimiento, aparecen los retrasos, el absentismo y el aislamiento.

Pueden aparecer conductas evasivas.

Como el consumo de alcohol, de la medicación o de drogas ilegales.

Las alteraciones emocionales son comunes.

Pueden ser consecuencia de una falta de reconocimiento por el esfuerzo: aparecen la insatisfacción, la irritabilidad, cambios en las relaciones con los compañeros de trabajo, e incluso con la familia.

También surgen alteraciones psicofisiológicas.

Como astenia, somnolencia, cefaleas, artralgias y alteraciones digestivas de diverso tipo.

Puede afectar también a la atención y concentración, así como una disminución de la memoria.

Si estás experimentando alguna o varios de estas sensaciones, no las des por buenas, no las aceptes como normales porque no lo son. Contacta con nosotras y comenzaremos a trabajar para que las cambies.

¿Cómo son los psicópatas?

No todos los psicópatas son asesinos en serie como nos ha mostrado el cine, podría ser tu pareja, tu vecino o tu jefe.


¿Sabías que la mayoría pueden ser «gente normal» como abogados, catedráticos, políticos, funcionarios, policías, etc.? Los psicópatas integrados se presentan como personas encantadoras y maravillosas, dotadas con una impecable imagen pública. La mayoría de ellos no llegarán a matar nunca físicamente a nadie, pero si te cruzas en el camino de alguno de ellos conocerás su modus operandi.

La mayoría de víctimas nunca sabrán que ha pasado por su vida un psicópata ya que de cara a la galería son encantadores y es muy difícil desenmascarar su crueldad.

Puede ser alguien que tengas a tu lado, en tu vida, y que aún no sepas que es una persona cruel, o no puedes o no sabes cómo quitártelo de encima. O incluso, puede que no desees (aún) de verdad librarte de él/ella. Se caracterizan por entablar relaciones de subyugación, dominación, manipulación, chantaje, violencia y abuso emocional/psicológico.


Cuando el/la psicópata se marcha, deja a la víctima destruida y sin entender nada de lo que ha ocurrido, no puede poner en palabras qué es lo que le ha hecho sentirse tan mal. Sin embargo, la deja libre al fin, de sus estrategias y manipulaciones. En algunos casos, el/la psicópata se mantiene y en esta circunstancia, será la víctima la que tenga que desarrollar estrategias de salida.

Claves de si es un/ una posible psicópata

A continuación, dejamos una serie de claves que quizás te hagan sonar las alarmas y detectar al psicópata.


• Carisma y encanto personal.

• Repentinas almas gemelas.

• Magnetismo emocional y sexual.

• Bombardeo de amor al principio.

• Culpa a otros de todo e ignora toda culpabilidad propia.

• Mentiras y agujeros negros en sus versiones.

• Contacto visual hipnótico.

• Se muda a vivir contigo rápido.

• Se hace la víctima de sus víctimas.

• Doble personalidad.

• Frialdad y carencia de emociones.

• Rabia, ira, dominancia y agresividad si no se sale con la suya.

• Fase de desprecio: abandona fríamente cuando ya no le sirves.


Si crees que te estás relacionando con alguien que cumple muchas de estas características y no sabes cómo manejarlo o quieres que desaparezca de tu vida y te está costando más de lo normal, no lo dudes: contactanos y comenzaremos a trabajar para que lo consigas.

¿Eres el cuidador en tus relaciones?

Ocupar siempre el papel de ser el cuidador en tus relaciones puede llevar a no cuidar de ti mismo/a y a que tu autoestima y tu ánimo se vean afectados.

En jerga psicológica cuanto hablamos de una persona que siempre está más centrado en el bienestar de los demás que del suyo propio hablamos de codependencia.

El término surge por cómo se veía que algunas parejas de personas alcohólicas nunca les abandonaban aún a costa de dejar de tener su vida, pero hoy se extiende a cualquier persona que cuida más de los demás que de sí mismo/a.

Haz nuestro test

Como probablemente no has oído hablar de la codependencia, aquí te damos una serie de características que quizá te suenen más:

Eres el cuidador, ese es tu papel.

Con tu pareja, o con familia, o con tus amigos. A veces puede ser que solo sea con una persona y no haya sido tu patrón de conducta antes, pero de lo que se trata es de que cuidas a las personas. Si preguntas a alguien que te defina dirá de ti que “das mucho”, “que siempre te preocupas de los demás”.

Te haces responsable de la otra persona o personas


Te responsabilizas de sus fracasos, de sus reacciones emocionales, hasta de sus tareas y así experimentas más control sobre las cosas: si alguien está triste tienes que animarlo, si a alguien no le da tiempo a ir a un sitio ya vas tú por él, si alguien se enfada contigo ha sido tu responsabilidad enfadarlo y tienes que calmarlo (en esta situación te sientes especialmente mal, no puedes soportar que haya alguien enfadado contigo).
En general sientes que tienes que solucionar las cosas que van mal. Y esto empeora si además tienes alguien a tu cargo como un niño, una persona anciana o enferma, ahí, tu vida y hasta tus necesidades básicas prácticamente desaparecen.

Tratas de complacer a otros en lugar de a ti mismo.


Te centras en las necesidades de la otra persona hasta tal punto que las tuyas pasan a un segundo plano. Si te paras a pensar, te das cuenta de que a lo largo del día haces cosas por tu empresa, por tu pareja, por tus amigos, por tu familia pero tienes pocos ratos, por no decir ninguno, en el que haces cosas solo útiles o placenteras para ti.

Asumes una carga excesiva que no te satisface.


Porque nunca controlas plenamente lo que ocurre o cómo se te agradecen los esfuerzos que haces. Con frecuencia sientes que tú das mucho pero te preguntas porqué los demás no te dan lo mismo.

Si tú crees que tienes la razón no soportas que los demás no te hagan caso.


Empleas mucho tiempo en convencerlos de cosas (que es mejor no fumar, que hay que comprar esta cosa, que deberían ir a un gimnasio, etc) y aunque a veces te reconozcan que llevas razón, en general, si sientes que te ignoran te da mucha rabia. A veces la gente cercana te ha llegado a etiquetar de “controlador”o “cabezota”.

Has tenido relaciones donde tu pareja tenía problemas.


Pueden ser problemas emocionales, familiares, económicos, psicológicos o de cualquier otro tipo y tú te has dejado la piel en ayudarle, has dejado tu vida casi de lado. Si la relación ha acabado o la otra persona no ha solucionado sus problemas probablemente estés sufriendo mucho y lo achaques a que «si él/ella cambiara…».

¿Qué puedes hacer?

En resumen, si has cuidado tanto de los demás que ahora te estás empezando a dar cuenta de que no eres feliz, sería bueno que buscaras remedio, a veces ni siquiera sabes qué quieres ahora, solo que estás triste y que la situación debería cambiar.

Si es tu caso, si te sientes identificado o identificada con esta descripción (no hace falta que sea con todo, con que en general acierte ya se podría considerar codependencia) pídenos ayuda, estamos más que cualificadas para ayudarte.