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¿Qué es ASMR

?ASMR son las siglas de “autonomous sensory meridian response”, o Respuesta sensorial meridiana autónoma, esto quiere decir que es una respuesta disparada por un estímulo externo o interno, automática, ligada a los sentidos y que alcanza un clímax. Hace referencia a una sensación de hormigueo o cosquilleo cálido y agradable, pudiendo llegar a una sensación de euforia de baja intensidad, que es detonado por algunos sonidos e imágenes (desde susurros, diálogos suaves, movimientos de agua, al rasgueo de algún objeto).

Las personas que lo experimentan lo describen como una sensación expansiva relajante y placentera. Solo el 5 % delas personas sienten el ASMR como una estimulación sexual. Aunque suelen mostrarse en escenarios simulados (roleplay) como masajes o interacciones que se dan en servicios personales, a veces puede reducirse únicamente a la manipulación de objetos.

Las condiciones para un mayor efecto eran una atmósfera cálida y acogedora, sin colores brillantes, con sonidos realistas y de ser vídeos, presentando y manipulando objetos de forma clara y próxima (60 centímetros, siendo mayor o menor la distancia según la actividad realizada). Además, los estímulos más efectivos a la hora de inducir efecto son:

  • Susurros
  • Atención personal
  • Sonidos nítidos
  • Movimientos lentos
  • Tareas repetitivas

Es importante saber que el ASMR no es universal, ya que no todas las personas pueden experimentarlo, aunque se ha observado que las personas más susceptibles reaccionan a un grupo de estímulos similar, de ahí el éxito de los vídeos y audios ASMR en las redes sociales e Internet. Los estudios que han buscado la relación del ASMR con los rasgos de la personalidad, han encontrado que las personas sensibles a este fenómeno suelen presentar una alta apertura a la experiencia y al neuroticismo; así como bajos niveles de escrupulosidad, extraversión y agradabilidad, según el Big Five, Inventario de los Cinco Grandes Rasgos

¿Fenómeno cultural y viral o fenómeno real?

El ASMR se populariza a partir del año 2010, surgiendo una gran cantidad de contenido en Internet. Pero, al no ser un efecto experimentado por todos y viralizado, surgen muchas dudas respecto a la objetividad del fenómeno.

Según la definición del ASMR, se daría una actividad cerebral distinta en las personas que lo experimentan, ya que es una respuesta que conecta estímulos con sensaciones corporales. Aunque los procesos subyacentes siguen sin estar claro, sí parece haber esta actividad cerebral diferente, visible a través de un electroencefalograma. También se ha podido observar una disminución del ritmo cardiaco y aumento de la conductividad en la piel en las personas que refieren ASMR, pero al comparar esta reacción fisiológica con personas que no habían oído hablar del fenómeno, no se encontró diferencias, lo que sugiere que el efecto pueda ser atribuida a una relajación sugestionada por la propia personas durante la experiencia.

Por ello, se puede deducir que el ASMR es una experiencia subjetiva real y bastante compleja a nivel emocional, pero los procesos neurobiológicos quedan todavía poco claros.

Algunos han comparado el ASMR con la experiencia de sinestesia. La sinestesia es el fenómeno en el que un estímulo externo específico causa una experiencia interna en una otro sentido diferente del estimulado: por ejemplo, una persona puede escuchar una nota musical y ver un color, o que un color tenga un olor específico. Aunque algunas personas que sí experimentan sinestesia pueden experimentar también el ASMR, hablamos de fenómenos diferentes. Habría que destacar que las personas sinestésicas pueden experimentar emociones desagradables durante estas asociaciones sensoriales (sentir dolor al escuchar ciertos sonidos, etc.).

¿Herramienta para los síntomas de depresión y de ansiedad?

A pesar de la realidad de la experiencia subjetiva que ya hemos mencionado, algunas personas lo recomiendan como tratamiento para sintomatología más grave de depresión y/o ansiedad. De forma similar a algunas meditaciones o relajaciones guiadas, el ASMR puede evocar sensación de paz y tranquilidad, y permite además distraerse de pensamientos y preocupaciones que podamos tener más intrusivos. También, crea una sensación de atención individualizada, a pesar de que el espectador es uno de muchos miles, lo cual fomenta esa relajación y comodidad.

Un estudio de 2015 concluyó que, en una muestra amplia de hombres y mujeres que consumían ASMR, el 98% lo hacía para relajarse, el 82% con idea de luchar contra el insomnio y otro 82% también para librarse del estrés. Sin embargo, no es una herramienta eficaz y facilita que usuarios lo utilicen para evitar emociones como la ansiedad, tristeza o pensamientos, obstaculizando aprender a gestionarlos de otras maneras o acudir a terapia. De la misma forma, puede crear cierta dependencia del contenido o de los creadores de contenido, en los casos más extremos.

Si resultas ser una persona que siente el efecto ASMR, puedes recurrir a ello, por ejemplo, a la hora de dormir o potenciar un estado de relajación, pero este fenómeno no es sustituto de una terapia, ni de explorar qué puede estar sucediendo psicológicamente. Si te encuentras con síntomas o emociones desagradables leves o intensas, estaremos encantados en ayudarte desde el equipo de Quiero Psicología.

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4 tips básicos de autocuidado en una relación

El equilibrio entre mantener la estabilidad en una relación de pareja y no olvidarse de las necesidades de uno mismo puede a veces puede parecer realmente complicado.

Las relaciones sentimentales tienen diferentes espacios, los espacios en solitario donde cada uno tiene su independencia y por otro lado, tenemos el espacio y el tiempo donde se viven experiencias compartidas, así como generar un compromiso e ideas de futuro. Es necesario que para establecer una relación sana y madura se mantenga el autocuidado y se valore el tiempo personal de cada uno. Poder disfrutar de los tiempos individuales ayudará también a encontrar la reconexión emocional con la pareja.

Tener un espacio individual dentro de una relación no significa que no haya interés real por seguir con ella. Tomarse tiempo para mi mismo tampoco significa ser egoísta y no pensar en la otra persona. Un tiempo para uno mismo gestionado adecuadamente permite conocerse y evitar realizar actividades que puedan dañar o perturbar la relación o promover la desconfianza.

¿Cómo puedo fomentar mi autocuidado en una relación?

Buscar de manera consciente tiempo a solas.

Realizando algún hobby o actividad que podamos disfrutar. Esto permite mantener intereses personales y valorarnos, lo cual nos ayudará seguir con un balance equilibrado emocionalmente. Al realizar actividades que sean beneficiosas y nos sintamos satisfechos hará que disminuyan los niveles de estrés.

Cuidar nuestras relaciones sociales y familiares.

En ocasiones, una de las principales señales que pueden llevar a una dependencia emocional para centrarnos solo en la relación o en la vida y contexto de la pareja. Es necesario ese tiempo con otras personas de confianza para no sobrecargar la relación y sentir la desconexión de algunos conflictos que también puedan haber en la pareja.

Cuidar y ajustar las expectativas.

Es importante no esperar a que la otra persona sea la responsable de ayudar y gestionar las conflictos internos, ya que, esto conllevaría depositar fuera de uno mismo las propias responsabilidades. La pareja puede ser un apoyo, alguien que comprenda.

Es necesario la comunicación emocional y poder sentir la confianza de expresar la que uno considera

Y sobretodo ayude a entender determinadas conductas. Hacer participe a la pareja de los miedos internos también crea un vínculo fuerte, siempre y cuando se cuide la adjudicación de responsabilidades y se trabaje también de manera individual.

Y si siempre te ocurre que empiezas una relación con estas intenciones y no sabes cómo pero acabas fusionado con la otra persona y sin tus propios espacios y esperando demasiado de la relación quizá ha llegado la hora de plantearte si un proceso terapéutico puede ayudarte. En Quiero Psicología somos expertas en estas dependencias que pueden hacer que te olvides de ti.

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¿Por qué estoy tan a disgusto con mi cuerpo?

Antes de nada, vamos a aclarar algunos conceptos que todas tenemos en mente y que podemos utilizar asiduamente pero que quizás se entremezclen entre sí.

Para empezar, la imagen corporal es la representación del cuerpo que cada una de nosotras construimos en nuestra mente. La imagen corporal cuenta con una serie de componentes tanto perceptuales, que hacen referencia a la precisión para percibir aspectos como el peso, el tamaño o la forma; cognitivos, actitudes, pensamientos y valoraciones de partes del cuerpo y, además, conductuales, es decir aquellos comportamientos que se derivan de los otros dos componentes anteriores. Podemos exhibir nuestro cuerpo, evitar situaciones o contextos donde sea más visible, como por ejemplo playas o piscinas, comprobaciones recurrentes de nuestra imagen en un espejo, pesarnos varias veces al día…

Y aquí es donde entra en juego la insatisfacción corporal, que sería la discrepancia entre esa imagen corporal que percibimos nosotras mismas y la imagen corporal que consideramos ideal. Este constructo surge en la pubertad (cambios físicos que hacen que se llegue a la etapa de maduración sexual) y la adolescencia (cambios psicosociales que tienen como objetivo llegar al pensamiento adulto).

¿De dónde vienen todas estas discrepancias entre lo que tenemos y lo que nos gustaría tener?

Esto se debe a muchos factores, pero uno de ellos es claramente el canon de belleza que nos han transmitido los medios de comunicación y que no es más que un estereotipo que nos empuja hacia la idealización de una belleza que parece ficticia en la gran mayoría de las veces, y no representa una vida saludable en la gran mayoría de sus casos.

Muchas de nosotras hemos vivido la década de los 90 y los 2000, en la que colgábamos poster y forrábamos nuestras carpetas (y si no nosotras, nuestras hermanas mayores) con fotos de Paris Hilton, Lindsay Lohan, Avril Lavigne o Mia Colucci entre otras. Chicas estilizadas, esbeltas y algunas de ellas excesivamente delgadas que podían utilizar los vaqueros de tiro bajo y la camiseta de tirantes de lycra sin miedo a que les saliera un ápice de grasa. Por no hablar de lo que en esos años se consideraba la gorda de la serie/película, pista: una persona como la inmensa mayoría de nosotras que, por supuesto sólo puede ocupar el papel de amiga graciosa o con problemas, de la chica espectacular que tiene el papel protagonista.

Actualmente los cánones de belleza han cambiado y si en los 90 y principios de los 2000 ya era complicado por no decir casi imposible, conseguir esos cuerpos de una forma natural y saludable, ahora llegan las Kardashian y con ellas los cuerpos plurioperados.

Se pretende tener un culo y unos pechos enormes pero una cintura estrecha y unas piernas y brazos totalmente tonificados, además de los labios inflados y los pómulos y la nariz retocados. Cuerpos operados que cada día vemos en redes sociales (por no mencionar los filtros que te transforman la cara por completo) relacionados directamente con vidas idílicas y un estatus socioeconómico alto, lo que hace que queramos acercarnos más aún a esos cánones.

El origen de la insatisfacción corporal no se debe solamente al bombardeo de los medios de comunicación, sino que se va forjando en nuestros círculos sociales y familiares desde que somos pequeñas. Cuando nuestra abuela nos compara con la prima del pueblo, cuando criticamos a la gorda de la clase, cuando no entramos en una talla 38… Todas estas experiencias nos envían el mensaje de que nuestros cuerpos tienen algo malo y que hay que cambiarlos cueste lo que cueste.

Y es aquí donde se pueden empezar a poner en marcha métodos para el control de peso perjudiciales que poco o nada ayudan a conseguir ese ideal corporal que tanto deseamos.

Así que amigas, si sentimos que no encajamos, que evitamos situaciones sociales, que escondemos nuestro cuerpo bajo ropas anchas, sentimos rechazo o asco hacia nuestro propio cuerpo, es momento de pedir ayuda.

Desde quiero psicología podemos ayudaros.

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¿De qué depende la felicidad?

Parece obvio que todos queremos ser felices o “estar bien”: desde Aristóteles que habló de “eudaimonia” (traducido como bienestar o florecimiento humano) hasta libros de auto ayuda y perfiles en las redes sociales que venden el concepto de felicidad, siempre nos hemos preguntado ¿qué es la felicidad y cómo la conseguimos?

¿Qué es la felicidad?

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud es “un estado completo de bienestar físico, psíquico y social y no la mera ausencia de enfermedad o minusvalía” (WHO, 1948). Sin embargo, la psicología siempre había estado orientada a aliviar el malestar y al tratamiento de las enfermedades y síntomas psicológicos. En el 2000, Martin Seligman, profesor en psicología, y otros investigadores, empiezan a explorar esta corriente de la psicología centrada en el bienestar a la que llaman “psicología positiva”. Se trata del estudio científico de las experiencias positivas, las bases del bienestar, las emociones positivas, los rasgos individuales positivos y las instituciones que facilitan su desarrollo, con el objetivo de fomentar el crecimiento (o florecimiento), el bienestar y calidad de vida de las personas.

Lykken y Tellegen (1996) llevaron a cabo varios estudios y concluyeron que la felicidad (medida por factores como calidad de vida percibida y satisfacción) era en parte inmodificable: un 50 % depende de la herencia genética (físico, inteligencia, factores de salud heredados), un 10 % de nuestro entorno (tu barrio, tus experiencias, la educación que recibes …) y sólo el 40 % depende de lo que la persona realiza intencionadamente (pensamientos, actos, actitudes). Si solo podemos modificar el 50% de los factores que contribuyen a nuestra felicidad, es importante entender cuáles son, lo que aportaría la psicología positiva. Existen muchos modelos y teorías que se han desarrollado, pero hablaremos de dos.

Modelos sobre la psicología positiva:

En 2011, Seligman especifica los pilares del bienestar en el Modelo PERMA:

  • P – Positive Emotions o Emociones positivas: Aunque sentir emociones agradables no mejora tu bienestar de forma efectiva, sí es un factor importante, ya que disfrutas del momento.
  • E – Engagement o Flow (Absorción o dedicación): El Flow (fluir) hace referencia a un estado óptimo de motivación intrínseca, en el que se pierde la noción del tiempo (puedes olvidarte de comer, por ejemplo), estando absorto en una actividad que disfrutas.
  • R – (Positive) Relationships o Relaciones (positivas): Como seres sociales, dependemos de la conexión con otros para florecer, por lo que las relaciones significativas y profundas con otros son esenciales en nuestro bienestar.
  • M – Meaning o Significado: Dedicarse a una causa mayor que nosotros mismos, nos proporciona un significado, que ayuda a tener un bienestar más profundo.
  • A – Achievement o Logro: Cuando tenemos éxito y cumplimos metas, crecemos. Según Seligman, el impulso de lograr nuestros objetivos parece ser una parte importante del auténtico bienestar.

Trabajando los diferentes pilares, una persona podría alcanzar un mayor bienestar. Por un lado, existen terapias como la terapia centrada en la compasión que se orienta a la evocación de esa emoción hacia los demás y uno mismo, o terapias centradas en el mindfulness. Por otro lado, puedes invertir más tiempo en cuidar tus relaciones positivas, proponerte metas, o buscar causas con las que te identifiques o proyectos en los que quieras colaborar (de manera puntual o más largo plazo, económicamente o ayudando como voluntario, presencial o no…).

Más tarde, Seligman elabora el equivalente en positivo del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), que es el Manual de Virtudes y Fortalezas del Carácter, en el que se exponen 24 fortalezas que se dividen en seis virtudes (la sabiduría, el coraje, la humanidad, la justicia, la templanza y la trascendencia). Se tratan de fortalezas que son valoradas intercultural y mundialmente de la misma manera. Trabajar en estas fortalezas también permitiría obtener una mayor felicidad.

Nunca es tarde para florecer personalmente y mejorar tu calidad de vida. ¡Desde Quiero Psicología, estaremos encantadas de ayudarte a crecer y obtener el bienestar que te mereces!

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Mitos de la depresión

A menudo escuchamos la frase “estoy depre” con demasiada frecuencia. Solemos utilizar el concepto de depresión para referirnos simplemente a estar tristes, a tener un mal día o estar atravesando una mala racha.

Esto provoca que por un lado, las personas que realmente padecen una depresión se puedan sentir incomprendidas, y por tanto, aumentaremos su malestar; y por otro lado, que se llegue a minimizar el sufrimiento de este cuadro clínico.

¿Qué es la depresión?

Hablamos de depresión cuando una persona presenta 5 o más ítems de la siguiente sintomatología:

  • Bajo estado de ánimo la mayor parte del día
  • Falta de motivación y de disfrute en las actividades que se hacen o en el día a día
  • Cambios en el peso sin estar haciendo dieta o cambios en el apetito
  • Insomnio
  • Pérdida de energía
  • Ansiedad o inquietud
  • Sentimientos de inutilidad o culpa desajustada
  • Ideación suicida recurrente

Por lo tanto, no estamos hablando de tener un mal día o incluso una mala semana, ni podemos simplificar una enfermedad mental en un solo síntoma.

¿Qué mitos relacionamos con la depresión?

  • Estar triste las 24 horas del día: La depresión es un conjunto de síntomas y la tristeza es solo uno de ellos. Que no veamos el sufrimiento de la otra persona o no seamos capaces de percibirlo, no significa que la otra persona no esté sufriendo.
  • Debilidad: Al igual que no culpabilizaríamos a alguien por sufrir asma o cáncer, no podemos culpar a alguien de padecer una enfermedad mental. La depresión no afecta a la gente porque sea débil, es un problema más común de lo que creemos.
  • Se “cura” sola: Como hemos explicado previamente, la depresión no solo es estar triste, implica todo un conjunto de síntomas y que estos interfieran en el día a día. Por lo tanto, no solo no se “cura” sola, sino que si no se aborda adecuadamente, con el paso del tiempo, la sintomatología puede empeorar.
  • Es transitoria: Existen diferentes tipos de depresión. Por un lado, puede ser un episodio único, que remitirá con el adecuado tratamiento; pero también está la posibilidad de experimentar recaídas si no se recibe un tratamiento adecuado.
  • Tiene una causa: Lo más común en las enfermedades mentales es encontrar un origen multicausal, es decir, no es común encontrar una única causa o un evento traumático que provoque por sí solo depresión.

Es verdad que los eventos traumáticos y estresantes pueden ser el estímulo que acabe desencadenando esta serie de síntomas, pero también hay que tener en cuenta factores precipitantes, factores genéticos y las estrategias de afrontamiento de la persona que la padece.

  • Solo se cura con medicación: Esto dependerá de cada caso, ninguna intervención es excluyente de la otra, sino que se complementan. La depresión no se puede tratar únicamente con fármacos, necesitaremos cambiar los esquemas cognitivos de la persona, darle herramientas para poder afrontar mejor las situaciones, trabajar sobre actividades placenteras… pero en muchas ocasiones, la intervención farmacológica puede facilitar la intervención psicológica y lograr una mejor adhesión al tratamiento.

En relación a la medicación, cabe destacar que ha de ser prescrita por el médico de cabecera o por el psiquiatra, valorando la situación individual de cada persona, e identificando por tanto, qué fármaco es el más adecuado en su caso.

Esto significa que aunque conozcamos a alguna persona a la que un determinado fármaco le haya podido beneficiar mucho, no implica que las demás personas vayamos a experimentar el mismo efecto. Es fundamental que un especialista decida el tipo de fármaco, la dosis y la pauta concreta para cada persona en función de sus necesidades.

  • La depresión es un problema de adultos: Este mito es falso ya que también existe la depresión y el suicidio infantil. Sin embargo, los síntomas pueden ser diferentes a los de los adultos, ya que los niños tienden a experimentar más rabia o enfado que tristeza.
  • Depresión = suicidio: La ideación suicida es uno de los diferentes criterios que podemos encontrar a la hora de establecer un diagnóstico, pero puede haber gente con depresión que no tenga ideación suicida, ni mucho menos un plan intencionado.

Estas personas experimentan tal sufrimiento, que puede ser habitual que sientan la idea de acabar con este malestar de esta forma, pero puede ser un pensamiento pasajero motivado por el malestar, que no tiene por qué llevarse a cabo.

No obstante, deberemos estar atentos a estas señales y ofrecer ayuda de un especialista a estas personas.

En conclusión, la depresión no se limita a ser sinónimo de tristeza, hablamos de un conjunto de síntomas, y por tanto, de una enfermedad mental. Por lo que, al igual que en otras enfermedades, no podemos culpar a la persona de padecerla, será el resultado de un conjunto de circunstancias personales, sociales y químicas.

Si te has identificado con alguno de los síntomas anteriores o conoces a alguien que podría estar padeciendo una depresión, no dudes en solicitar ayuda. Desde Quiero Psicología podemos ayudarte.

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Obsesión por comer sano

El Realfooding como ejemplo de Ortorexia

Antes de meternos de lleno con el tema, tenemos que definir qué es esto de lo que vamos a hablar, aunque seguro que muchxs ya lo conocéis. El realfooding es un movimiento que nace en el año 2013 de la mano del nutricionista Carlos Ríos y promueve una alimentación basada en alimentos reales, mínimamente procesados, evitando o reduciendo lo máximo posible los ultraprocesados, ya que no son beneficiosos para nuestra salud. 

Por otro lado la ortorexia es la obsesión desmedida por comer sano.

El realfooding clasifica los alimentos en tres grupos.

  • Grupo 1.VERDE: La comida real, alimentos no procesados, frutas, hortalizas, legumbres, carnes, pescados. Estos son los alimentos que llevan un solo ingrediente en la etiqueta o directamente no llevan etiqueta y debemos basar nuestra alimentación en ellos.
  • Grupo 2. AMARILLO: Los buenos procesados, alimentos procesados de forma industrial o artesanal en los que no intervienen más de 5 ingredientes. Según Carlos ríos, el buen procesado suele estar envasado y lleva etiqueta nutricional donde se lee más de un ingrediente, pero no se encuentran cantidades significativas (menor o igual al 5-10% del total) de azúcar añadido, harina refinada o aceite vegetal refinado. Además, dice que deben ocupar un papel complementario, sin que desplacen la comida real.
  • Grupo 3. ROJO: Los ultraprocesados, son el opuesto a la Comida Real, son alimentos que están muy procesados (más de 5 ingredientes en la etiqueta entre ellos azúcares añadidos, harinas y aceites vegetales refinados, aditivos y sal). Según el promotor de este movimiento, el consumo debe ser ocasional alguna vez al mes. Se recomienda no comprarlos ni tenerlos en lugares habituales como en casa o en el trabajo. Los ultraprocesados pueden formar parte de un consumo ocasional voluntario y sin remordimientos, relacionado con eventos sociales y culturales (10%), pero manteniendo una frecuencia baja sin desplazar una alimentación basada en comida real (90%).

Visto así parece que tiene bastante sentido, basar nuestra alimentación en comida real y evitar el consumo de ultraprocesados. El problema es que es muy difícil mantener este tipo de dieta si vamos a comer fuera o si no tenemos mucho tiempo para cocinar, además nos dice cuanto podemos salirnos de ahí, según él no debemos superar ese 10%.

¿Qué pasa entonces si me salgo de esos porcentajes?

Es normal que dudéis de la respuesta cuando hasta lo clasifica por colores.

Visto así empieza a tener ciertos paralelismos con las típicas dietas para perder peso, podemos sustituir el conteo de calorías por conteo de ingredientes. Pasa de ser un estilo de vida saludable a ser una dieta restrictiva. Y es que cualquier alimentación que vaya seguida de unas reglas estrictas, que no puedan o deban saltarse, deja de ser sana, porque entonces nuestra vida depende “hacerlo bien”.

¿Qué pasa si nos obsesionamos con estas restricciones y tratamos de seguirlas a rajatabla?

A muchos adeptos puede causarles culpa, enfado o incluso pereza y quizás un día dejen de seguir a este hombre y a todas las cuentas del estilo por redes sociales. Sin embargo, para otras personas, con un contexto y unas variables diferentes, puede ser un precipitante para desarrollar un problema con la alimentación.   

Aunque mencionamos el realfooding, en realidad uno puede obsesionarse con cualquier dieta que tenga unas reglas muy estrictas, otro ejemplo sería la dieta keto o la dieta paleo.

Puede que empecemos a demonizar ciertos alimentos porque no llevan el apellido “integral” y/o puede que dejemos de disfrutar de muchas situaciones en las que no podamos controlar exactamente que estamos comiendo y por tanto vayamos poco a poco evitándolas, hasta aislarnos socialmente.

En definitiva, está bien tener una alimentación saludable, priorizando alimentos reales, pero sin sentirnos culpables porque un día quedemos con nuestra amiga y nos comamos una pizza o nos apetezca comernos un helado mientras vemos la película de antena 3 del domingo por la tarde (si es que alguien ve la tele todavía).

Si te notas que te estas obsesionando últimamente ya sea con los ultraprocesados, con las calorías, con la grasa, con los hidratos o con cualquier otro tipo de alimentación quizá fuera una buena idea empezar por ti, por tu autoestima y tus niveles de estrés. Cuenta con nosotras si quieres empezar a tener no sólo un cuerpo sano sino una mente también.

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5 «Red flags» o señales de alerta en una relación

Cuando una relación ha salido mal y ha pasado el tiempo ¿te has planteado o dado cuenta después de las señales de toxicidad que ignoraste en esa persona?

Imagino que si estás en una relación que no va bien, o si has tenido varias relaciones serias que no han acabado en buen puerto, tú mismo te has dado cuenta de unos cuantos indicios a los que tienes que prestar atención cuando conoces a una persona porque has comprobado que a la larga no suelen acabar muy bien.

A eso es a lo que se le llama en inglés «red flag», traducido literalmente: «bandera roja». Viniendo a indicar que el comportamiento de la persona es algo que no deberías ignorar y deberías marcar como dañino o tóxico, y, que si ves varias, que además, no cambian por mucho que se hable, deberías plantearte si quieres o debes continuar con esa persona.

¿Cuáles con esas «5 red flags»?

Desaparece sin dar más explicaciones.

Una cosa es que las personas tengan cada una su propio espacio, algo sano y necesario, un espacio que no se limite a la pareja, que cada persona tenga sus amigos, su ocio, su espacio personal. Y es más cierto que alguien no debe darte explicaciones sobre lo que hace en todo momento (más aún cuando apenas te conoce), pero alértate si esa persona te deja de hablar de repente durante periodos medianamente largos de tiempo sin interesarse ni por cómo estás tú ni qué te ha pasado. Te dice que te llamará y no te llama. Te cancela el plan en el último momento siempre. En general le da igual cómo te sientas tú con lo que haga él. No asume ninguna responsabilidad emocional y es completamente opaco, alega reiteradamente que «es que no quiere compromiso» y que «le estás controlando».

Si esto te hace no sentir tenido en cuenta y más aún, encima intenta culparte de que eres tú el que es una «histérica» o un «controlador». No luches contra ti mismo sintiéndote mal para que no te tomen por tal y restringas los mensajes que mandas o las cosas que dices. Aléjate. Esa persona no quiere el mismo compromiso o no tiene los mismos ritmos que tú. No lo fuerces, ni esperes algo distinto.

Es demasiado intenso.

La intensidad en este mundo de amor romántico pasa desapercibida o se pinta como el «amor verdadero». Si quiere darlo todo desde el momento uno sin conocerte, si no respeta tus ritmos y quiere involucrarse todo el tiempo en sus planes, te presenta a amigos y familia escasamente a la semana y tiene ya planes de futuro a los 3 días, peligro. Sé que a lo mejor se vive como el súper amor de la vida, pero deberías planteártelo.

Cuidado, es normal tener interés si la persona te gusta, querer que seguir involucrándose en la relación, desarrollar sentimientos cuanto más tiempo lleves en ella y querer que la relación sea pública y no secreta, pero no todo de pronto a los dos días. Aclaramos esto porque también es una red flag que explicamos en el punto siguiente.

Cualquier emoción normal la tacha de intensa.

Desde el principio no has podido hablar de tus emociones porque parece que le abruman o no le interesan. Incluso hasta tus emociones ajenas a la relación, sobre si estás triste o con ansiedad, es decir, las negativas, las intenta censurar. Te dice que no llores, que ya está, o te mira extrañado porque no entiende tus «intensidades». Sin embargo otras personas, sobre todo las que consideres referencia en tu vida, sí las entienden, sí las recogen y te dicen que son normales.

Aquí sí lo pondré en mayúsculas: HUYE. Esto además, es un comportamiento muy típico en parejas heterosexuales del hombre a la mujer ¿por qué? porque es evidente que el heteropatriarcado ha enseñado a los hombres a anular las emociones como algo de «débiles» y entonces no saben gestionarlas. Pero esto sólo hace que te sientas tú misma anulada, histérica y demasiado intensa. Spoiler: no lo eres.

No puedes expresar lo que te molesta de esa persona porque le da la vuelta a la tortilla.

Cada vez que le dices algo que hace te hace sentir mal (sea grande o pequeña la queja) siempre le da la vuelta al a tortilla, y en realidad el culpable eres tú. Hay varias tácticas para darle la vuelta a la tortilla: se enfada tremendamente (diciendo que lo que le dices es injusto, que eres horrible diciendo eso, o directamente derivando el tema hacia una tercera conversación que nada tiene que ver con lo que tú le has mencionado), otra manera es haciéndose aún más la víctima «que tú le has hecho daño acusándole de eso», y su drama acapara todo con lo que no obtienes ningún consuelo, ni eres escuchado, otro modo también sería el pasivo: haciendo como si nada, no teniéndolo en cuenta, o castigándote con la ley del silencio o retirando su afecto, al final haciéndote entender de otra manera que tú eres la que ha hecho algo malo.

Como he dicho en la anteriores: deberías re-pensarlo todo, deberías poder expresarte, si no, a la larga, acabarás completamente anulado, porque permanecer en la relación significará que tendrás que callártelo o resignarte a que jamás se tenga en cuenta lo que sientes.

Y un gran clásico: los celos.

Si al principio su amor simplemente te parecía muy entregado porque quería saber de todos tus amigos, o dónde estabas o lo que hacías (pero de buenas) y eso se ha convertido en una persecución extrema de dónde estás y con quién, te monta pollos por salir con amigos, por mirar a una persona por la calle, y por tener tu propio espacio porque entiende que todo el tiempo libre se lo deberías dedicar a él o ella. Te tengo una noticia: no va a ir a mejor, no se va a calmar porque le informes de dónde estás o porque le dejes tu móvil o las claves del mail. Sólo irá a más. La persona se comporta así porque es celosa, no porque tú hagas nada malo, y seguirá siéndolo después, y es más, cuando más controlada tenga a su pareja, más controlada querrá tenerla porque eso le calma.

Si tengo estas red flags ¿qué hago?

En todas estas situaciones siempre cuenta con un observador externo y medianamente imparcial que pueda ayudarte a dilucidar si son de la manera que tú las ves, habla con tus amigos o con alguien de tu familia y toma las decisiones buenas para ti. Habla con la persona en cuestión y plantea el problema tranquilo y fuera de una bronca o un reproche, lo primero. Pero si ves que no cambia nada da igual lo que se hable, recuerda: el amor no todo lo cura, y que la personas no pueden cambiar si ni quiera reconocen que tienen un problema.

Si aún así te enganchas a relaciones con estas, u otras, red flags, quizá tengas que sanar la manera en la que te relacionas para poder vivir plenamente una pareja, ya sabes que en Quiero Psicología podemos ayudarte, y de hecho, estamos especializadas en ello.

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¿Vives con el piloto automático puesto?

Probablemente todos los días pases por las mismas calles, coges las mismas líneas de metro y pasas delante de los mismos árboles. 


¿Pero cuándo ha sido la última vez que te has parado a mirarlos? ¿Cuándo te has parado a mirar de qué color están las hojas de los árboles, las texturas de sus ramas y tronco? ¿Te has fijado en cómo pisas el suelo de forma diferente en distintas zonas de dónde vives? ¿Qué olores hay? ¿Con qué personas te encuentras, cómo visten y qué aspectos tienen?


¿En qué momento hemos perdido la conexión con nuestro día a día? 


El ser humano es la única especie que está constantemente viviendo en dos momentos que no existen: el pasado y el futuro. Rememoramos cosas que han sucedido, revisamos qué podríamos haber hecho distinto y anticipamos que podría suceder poniéndonos en todos los escenarios posibles. En definitiva, rumiamos sin parar, y hasta cierto punto tiene sentido y es adaptativo. Somos previsores y aprendemos de nuestros errores, pero a veces por el camino nos perdemos la vida. 


Nos privamos del sentir, del estar aquí y ahora, de conectar con el presente. Nos perdemos el conectar con el mundo sensorial porque a menudo estamos perdidos dando vueltas por nuestra cabeza. Y no nos fijamos en lo que sucede a nuestro alrededor, no conectamos con nuestro entorno y nuestros sentidos. 


Comemos viendo la tele o trabajando o hablando con más gente y no apreciamos los sabores, olores y texturas de la comida. Estamos en conversaciones más pendientes de que vamos a contestar o decir que de escuchar a la otra persona. No conectamos entre nosotres. 


Tenemos relaciones sexuales pensando: «¿le gustará?», «¿se verá bien mi cuerpo?» «¡A ver si llego ya al orgasmo!». Conectamos más con los pensamientos en nuestra cabeza que con el presente, con el sentirnos y sentir a la(s) otra(s) persona(s).


Tocamos buscando como le gusta ser tocada a la otra persona y no pensamos en cómo nos gusta acariciar. Buscamos gustar sin conectar con lo que me gusta a mí. 

Entonces si me estoy perdiendo la vida ¿qué puedo hacer?


Por eso hoy quiero invitarte a que te pares y te escuches. Que te fijes en ese recorrido que haces todos los días, pero que mires de verdad, como si fuese el primer día que pasas por ahí. Que te fijes en los colores de tu zona, en sus ruidos, olores… En la gente con la que te encuentras. 


Que escuches de verdad lo que están contando, que te dejes conectar con las personas de tu entorno sin prisa por saber qué contestar. Que comas la comida de hoy fijándote en cómo está hecha, en su temperatura, textura, olor, sabor, en el ruido que hace al masticarla… 


Te invito a sentir tu cuerpo y ver cómo te gusta conectar con él. Contigo, con otras personas, pero sobre todo contigo. Que te fijes en como te gusta abrazar, como te gusta ducharte, acariciarte y enjabonarte. Que te des mimos como si fueses lo más valioso y presente allá donde estés. 


Si identificas que te vas a otro lugar que no es el aquí y ahora, que conectas de nuevo con preocupaciones o saltas a otros momentos recuerda que eres humano, y que mereces paz y autocompasión. No siempre podemos estar presentes. 


No te juzgues por ello, es normal y difícil pararlo. Cuando veas que te enredas con un momento que no es el presente da un paso atrás y amablemente tráete de vuelta. Reconecta con el presente. Fíjate en la temperatura del aire, en que hay a tu alrededor, en que toca tu cuerpo, qué sensaciones te evoca…


A este ejercicio se le llama mindfulness, al pequeño acto de rebeldía de conectar con el aquí y ahora. El otro nombre que recibe es atención plena: se puede hacer mindful eating, pasear o hacer deporte mindful, mindful sex… Es una forma de escucharse y estar presente haciendo lo más pequeñito y cotidiano. 


Te invito a tomarte hoy un momento para salir de tu cabeza y quedarte en el presente contigo. Porque te lo mereces, para que te escuches y lo disfrutes. 

Y si te es absolutamente imposible salir de tu cabeza para escucharte, para saber lo que necesitas, para vivir el momento presente, saber que cuentas con nuestra ayuda.

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¿Qué es ser una persona altamente sensible?

En el mundo en el que vivimos, nos han enseñado desde pequeños a camuflar las emociones. Si un niño pequeño se cae, enseguida aparece un adulto que le dice que no pasa nada, que deje de llorar y continúe jugando. Ese pequeño detalle enseña a que las emociones calificadas de “negativas” sean escondidas.

Las emociones no son negativas ni positivas, todas y cada una de ellas son adaptativas desde la mayor alegría hasta la peor de las tristezas. Cuando una persona tiene la habilidad de poder ser consciente de sus emociones, reconociendo aquello que le perjudica, se le llega a etiquetar de
una persona “muy sensible”, no obstante, a veces lo confundimos con una persona con alta sensibilidad

¿Acaso sabemos lo que realmente significa una persona altamente sensible?

Utilizar esa etiqueta a la ligera infravalora a las personas con que realmente tiene una alta sensibilidad.

Los últimos estudios sobre el cerebro señalan que el hemisferio derecho de las PAS (persona altamente sensible) es más activo. Es la zona relacionada con las emociones, los sentimientos y la creatividad. Dentro de ella, el área frontal y la amígdala están en un estado de alerta superior al de la media. Estas estructuras se iluminan más en las pruebas de resonancia magnética.


• El lóbulo frontal es un centro para el procesamiento de la información social y es una pieza clave en el circuito de la empatía. Su hiperactivación se traduce en personas muy empáticas con una capacidad superior para entender las emociones de los demás y ofrecer una respuesta adecuada a sus necesidades.
• La amígdala es el centro del cerebro emocional y quienes la tienen más excitada viven las emociones con mayor intensidad. Según las investigaciones de Elaine Aron y su marido Arthur Aron, llegaron a la conclusión de que el 20% de la población mundial son personas altamente sensibles, lo que conlleva un sistema neurosensibilidad sensorial más desarrollado que el resto de la gente, esto hace que reciban mucha más información sensorial.
Los estudios parecen indicar que las PAS reaccionan al entorno y a los estímulos sensoriales de forma distinta. Esta forma de gestionar la información acerca de los estímulos externos es más lenta debido al procesamiento profundo. La naturaleza es muy sabía, ya que, la posibilidad de observar detenidamente y no dejarse llevar por los primeros impulsos permite que el ser humano analice la situación y valore que camino es el más indicado.


Las personas altamente sensibles pueden tener las siguientes características:


• Se ven afectados por la iluminación intensa, olores fuertes y alto nivel de ruido.
• Pueden sentir mayor estrés por la carga laboral y las aglomeraciones.
• Se identifican con personalidad más tímidas.
• Mayor creatividad.
• Llegan a sentir una empatía desbordada.
• La empatía les genera la necesidad de ser más solidarios.
• Facilidad para el enamoramiento.
• Un umbral de dolor más bajo.
• Pueden tener dificultad a la hora de marcar límites.
• Más observadores.
• Dificultad a la hora de gestionar las emociones.


¿Cómo identificar si soy una persona altamente sensible?


• Es importante hacer una revisión general de tu vida, para comprobar cómo te sentías en comparación a otros niños y cómo recuerdas tu mundo emocional en las diferentes etapas de tu vida, así como el cómo te percibían tus familiares.
• Leer e informarte todo lo que puedas sobre el rasgo y hacer los test que puedes encontrar en internet en la página de Elaine Aron: https://hsperson.com/ es por el momento el test más oficial con respecto a esto. Es muy fácil de responder.
Acudir a Psicoterapia Especializada en PAS, Acudir a un profesional de la Salud Mental que pueda ayudarte e investigar si tu experiencia hace referencia al rasgo o a otros aspectos psicológicos diferentes (ej: hipersensibilidad como respuesta al Trauma).


¿Qué puedo hacer si me doy cuenta que soy una persona altamente sensible?

  • Aceptación: No es una enfermedad, forma parte de tu capacidad de ver el mundo.
  • Observación de uno mismo: Investiga cómo te afecta tu sensibilidad, focalizarse en aquellos momentos que notaste mayor tensión, ver que estaba pasando, te ayudará a reconocer las situaciones que más te pueden perjudicar.
  • Poner límites: Absorbes una cantidad de información que te satura, pon en práctica la comunicación asertiva y respeta tus tiempos para volver a recargar la energía.
  • Actividades que te ayuden a canalizar: haz ejercicio físico (mejor suave y en contacto con la naturaleza), practica la meditación (mindfulness), trabaja la respiración con técnicas energéticas, pinta, toca un instrumento, canta o haz teatro…
  • Socializar: busca un grupo y si no lo encuentras, organiza tú uno. Conocer a otras personas con las que te sientes identificado te mostrará que hay más gente capaz de sentir como tú sientes.
  • Crear un espacio seguro: Intenta estar completamente solo con la menor información sensorial posible, cuando necesites desconectar. Estar en silencio y a oscuras te permitirá desconectar.
    Te recomendamos sobre el tema una serie de libros:
  • “Personas altamente sensibles”:Karina Zegers Beijl
    • “Niños con alta sensibilidad”: Karina Zegers Beijl
    • “El don de la sensibilidad” Elaine Aron
    • “El poder de la sensibilidad: Cómo identificar a las personas altamente sensibles y qué
    podemos aprender de ellas”.Libro de Carmen Bas y Kathrin Sohst
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El apego y las relaciones de pareja

Hace unos meses, publicamos un post definiendo el apego y explicando cómo los diferentes estilos podían afectar en la vida adulta. Puedes leerlo aquí. Hoy, queremos explicar, concretamente, cómo el tipo de apego de cada persona puede influir a la hora de establecer y mantener relaciones de pareja.

Recordemos que dentro del apego inseguro, podemos encontrar 3 subtipos: El apego ansioso, el apego evitativo y por último, el apego desorganizado. Afortunadamente, el apego desorganizado es el menos prevalente en la sociedad, por lo que centraremos el post de hoy en el apego seguro, el apego ansioso y el apego evitativo.

Comportamientos según el estilo de apego

Para entender mejor la diferencia entre estos estilos, observemos 3 casos diferentes:

  • Pedro lleva saliendo con Víctor un par de meses, lo pasan muy bien juntos y siente que le apetece dar un “paso más” en la relación. Al ver que ya no ha vuelto a quedar con otros chicos y que cada vez le apetece pasar más tiempo con Víctor, se plantea comunicarle cómo se siente y proponer que sean pareja estable.
  • Luis tiene muchas ganas de tener pareja, ha probado en varias aplicaciones y aunque ha conocido a gente maravillosa, nunca ha logrado establecer una relación duradera. Cree que ha tenido muy mala suerte, pero empieza a plantearse que quizás sea él el culpable, se pregunta si hará algo mal para que las relaciones no se mantengan.
  • María se define como un “alma libre”, dice que le encanta conocer gente, mantener relaciones sexuales, pero eso sí, “sin pillarse”. Se define como una persona autosuficiente. Cuando percibe que la persona que está conociendo exige más compromiso, empieza a experimentar agobio y miedo, y acaba rompiendo el vínculo.

Como explicamos en el anterior post, en función de la relación que establezcan nuestros cuidadores con nosotros, y el grado de sintonía entre nuestras demandas y sus respuestas, desarrollaremos una serie de esquemas mentales y expectativas, que repetiremos en la edad adulta.

Es como si nuestro cerebro esperara que la gente nos trate igual que nuestros cuidadores nos han tratado, y que por tanto, deberemos comportarnos y socializarnos, acorde a las estrategias que hemos desarrollado para que nuestros padres nos atiendan.

Pedro muestra un estilo de apego seguro, ya que no teme al compromiso y pretende afrontar sus dudas mostrando sus emociones y comunicándose de forma asertiva. Sabe que tiene derecho a exponer su postura y que la mejor forma de conocer la opinión de la otra persona es preguntando y explorando.

Luis, en cambio, se ha criado en un entorno inconsistente. Muchas veces, se ha tenido que ocupar de mediar entre las discusiones de sus padres. Su madre se caracteriza por ser muy ansiosa, con el fin de “proteger a su hijo”, le obliga a cumplir un horario estricto de salidas, pregunta con quién sale y se preocupa cuando llega tarde. Su padre, en cambio, se limita a apoyar a la madre, dice que llega muy cansado de trabajar y no tiene tiempo.

María, por otro lado, es una persona muy estudiosa desde la infancia. Con el fin de contentar a sus padres, siempre se ha esforzado en ser “la niña perfecta”, no meterse en líos y mantener un expediente brillante. Sus padres mantienen una relación que se caracteriza por escasas muestras de cariño, discusiones y una vida dedicada al trabajo. Al estar tan ocupados y mostrar poca expresión emocional, cuando María tenía un problema, tendía a guardárselo y no compartirlo, ya que igualmente, sería ignorada.

¿Qué consecuencias tiene esto?

No es que Luis esté haciendo algo mal o que resulte una persona insoportable, el problema es que desde pequeño, le han hecho sentir eso. Luis ha desarrollado un apego ansioso.

Luis ha crecido observando las innumerables preocupaciones de su madre, lo que le ha llevado a pensar que el mundo es caótico e impredecible, que no te puedes fiar de nadie. ¿Qué hace su cerebro para poder enfrentarse a ese mundo impredecible? Controlar, intentar tener todo bajo control.

No es que María sea un alma libre, es que desde pequeña, ha tenido que cubrir sus necesidades por ella misma porque sus padres no le han ayudado adecuadamente. María ha desarrollado un apego evitativo.

Como sus padres no atendían sus necesidades y apenas expresaban su afecto, María tiende a evitar las situaciones que implican intimidad, como lo son las relaciones de pareja estables. Inconscientemente, y a modo de superviviencia, su cerebro no se permite pedir ayuda, expresar emociones o establecer vínculos comprometidos, porque no quiere reexperimentar la sensación de rechazo.

Pedro, a diferencia de María y Luis, y a pesar de darle vergüenza dar el paso de tener una conversación con Víctor acerca de su relación, no se siente responsable de las emociones de su pareja, ni cree que por expresar cómo se siente vaya a molestarle o ser ignorado.

Ansioso y evitativo, una mala combinación

Ante una amenaza, así como el ansioso se hiperactivará, el evitativo, en cambio, se desactivará. Por lo que cuando experimenten peligro, el ansioso tenderá a aproximarse más, preguntará, se reasegurará de la información, se mostrará más cerca; mientras que el evitativo, se alejará.

Imaginaos las parejas que están formadas por una persona ansiosa y otra evitativa: La excesiva proximidad del ansioso implicará una amenaza para el evitativo, por lo que se alejará aun más, algo que el ansioso percibirá como peligroso. A consecuencia, se aproximará más y se formará un círculo vicioso.

Si te has sentido identificado con alguno de estos comportamientos y experimentas malestar en tus relaciones, no dudes en escribirnos. Afortunadamente, el estilo de apego de cada uno no es irreparable y éste puede modificarse con psicoterapia.